Se reabre el caso Camps

El Supremo reabre la causa contra Camps para que pueda ser juzgado en Valencia por el regalo de sus trajes. ¿En Valencia que lo desestimó? El Supremo ordena la apertura de juicio oral y con jurado popular.  (Evidentemente en Valencia el jurado… será popular).

Pero a la vez, Varela pisa al acelerador para abrir juicio oral a Garzón.

En el mismo día.

1 comentario

  1. Es curioso esto. Por un lado tenemos el asunto de Camps; hay quienes dicen ¡bah, por unos trajecillos de nada! pero se olvidan del presunto fraude fiscal del PPPV, de las contrataciones amañadas, de los millones de euros sacados de la caja común y empleados ¿en engordar cuentas corrientes en paraísos fiscales?, algo especialmente grave con los vientos de gana la banca que soplan. Esto se dilata, ufff, se eterniza; es un partido de tenis pesado, largo y la pelota va y viene. El molt honorable era más que amigo del juez que lo juzgaba en Valencia y, además, amiguito del alma del sobrino del tío Don Vito; seguramente tenga amiguísimos también en el infierno. Y su partido le apoya y le apoya la ciudadanía que vota a ese partido. Y el proceso se dilata, se hace farragoso, es lento. Venga, dale, recurso, escrito, toma.

    Tenemos, por otro lado, a Varela: rápido como el rayo, autor de buena parte de los contenidos de los escritos presentados por la acusación privada a la que dio la gracia de plazos extraordinarios para la presentación de escritos y que, como si trabajara en realidad en la escudería de Ferrari, está haciendo todo lo posible (y lo que parece imposible e inverosímil) para defenestrar al que parece su enemigo Garzón. Cuánta velocidad, los que perdieron a su padre o a su hijo desaparecidos en hace 50 años deben flipar de vértigo.

    Qué actitudes tan distintas la tabarra judicial del toma y daca y venga y dale de los años que transcurren entre una cosa y otra y la urgencia de lo ipso facto… y, sin embargo, si nos preguntamos si existe algo en común ante ambas empleando el famoso quid prodest? nos encontramos en los dos casos a los mismos beneficiarios: los corruptos y sus acólitos ocupando sillón oficial (esos que llevan los dinerales fruto de rapiñas a las islas Caimán, por ejemplo, igual que deben hacer los putos amos del mundo).

    Los que perdemos somos todos los demás.

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