Las elecciones británicas y el jorobado de Notre-Dame

Un amigo inglés, extraordinariamente bien informado por su profesión, me decía que Gran Bretaña ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Sí, incluso premian con votos a los corruptos que tanto les indignaron en su día. Y la ciudadanía pide “el cambio” con la boca y concede su confianza a quien conoce, huyendo de experimentos. El fracaso de Cleeg, se inscribe ahí, con el potente añadido de su ley electoral. Son tiempos de mirar el bolsillo, sólo el bolsillo. Sus conservadores renuevan el mito de la singularidad británica, para acercarse a la concepción del nacionalismo que tienen los nuestros. Para ellos, Gran Bretaña es Inglaterra, sobre todo en sus zonas rurales y menos educadas. Pero resulta que no obtienen mayoría para gobernar, y les va a resultar muy difícil conseguirla. Resulta que los Estados no son un convencimiento moral, sino una realidad. Y Gran Bretaña tiene ahí a Escocia, Gales e Irlanda, que también son Estado (lo son, como Cataluña y Euskadi son España, salvo que saquen unos y otros una sierra y se separen). Los dos primeros no votan tory. Sus partidos nacionalistas y los conservadores se detestan mutuamente. Les quedan por ahí diputados ultraderechistas que los tories ven con simpatía, de hecho fueron sus más potentes aliados en las europeas. Como cuenta Giles Tremblet, corresponsal de The Guardian en España, los conservadores británicos -de Cameron-, se acercaron en las votaciones para la UE incluso a una formación española heredera de Blas Piñar. A pesar del apoyo que aparentemente le van a prestar los liberal democrátas para que forme gobierno, muchos prevén elecciones anticipadas en un plazo razonable de tiempo.

Por tener, tienen hasta un líder conservador mediocre que fue calificado por Obama como un “político light”, a pesar de cuánto babeó al poderoso en su visita a Londres. Sabe hablar, ha bajado a la calle a rozarse con el vulgo que ya es un mérito para los británicos -¿será verdad que han cambiado?-, pero Cameron no tenía nada que hacer contra Blair, nadie daba un penique por él hace bien poco. Sí, al parecer, contra el desgastado Brown, que ésa es otra. Se diría que por primera vez, se ha votado en Gran Bretaña “contra el otro”. Y que ningún líder desata pasiones, como en España, a salvo del espejismo de Cleeg, que hubiera necesitado del inevitable aparato de partido del que disponen conservadores y laboristas -menospreciado, cada vez menos digerible-  pero “seguro en tiempos de crisis“. Crisis, se vota con el bolsillo. Y con ceguera.

Los británicos, sin embargo, nos ganan por la mano en democracia. Los ciudadanos eligen a “su” representante no a una entelequia. Le conocen, le hablan, le exigen, le piden cuentas. He sido testigo presencial de ello.

Gritaba el jorobado de Notre-Dame en la revolución francesa:

– ¡Igualdad, igualdad, igualdad!

– ¿Qué quieres? –cuentan que le respondió alguien con poca sensibilidad para las diferencias- ¿jorobarnos a todos?

La tabla rasa de la política, de la sociedad, se está igualando a la baja. La deformidad de espíritu bajo trajes de seda o chanclas.

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5 comentarios

  1. Que razón tienes Rosita…Te admiro que bien lo explicas.

    Creo en España nos encontramos en “pelelín” en lo que refiere a democracia.
    El caso es que nos llenamos la boca de ella, alardeamos y ya sabes…
    Díme de qué presumes…
    Lo vemos a diarío. Por no hablar del enmarañamiento al que tienen sometido a los tres poderes.

    En definitiva no es más que falta de educación, de cultura y esa picaresca que irremediable e intrínsecamente se halla unida a la ideosincrasia de lo espñalol.

    ¿A que si?.
    Saludos

  2. Soto

     /  7 mayo 2010

    Hola Rosa y amigos contertulios:
    Pues, es muy interesante y asi debia ser en todas las democracias lo que tu matizas::(“Los británicos, sin embargo, nos ganan por la mano en democracia. Los ciudadanos eligen a “su” representante no a una entelequia. Le conocen, le hablan, le exigen, le piden cuentas”).Aqui ,estamos a años luz de esa sensata y noble practica de la politica,la verdadera,la que le da sentido a la misma.Ahora bien ,los episodios de corrupcion habidos,destapados el año pasdo en el parlamento Inglés ,nos parecen mostrar que la politica se va degradando cada vez más en todos los sitios,ya que Ingalterra fué la cuna de la buena democracia y buenos habitos del buen hacer democratico.
    Apertas agarimosas

  3. juasss

     /  7 mayo 2010

    Qué tristeza lo de Clegg. Para una vez que había alguien decente con posibilidades de hacer algo grande..

    Me temo que aquí nunca tendremos un Clegg. Como mucho más ZPs que prometerán mucho y se difuminarán como azucarillos ante bancos y empresarios cuando lleguen al poder.

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