Políticos, tenemos un problema

Vergara en Público

Zapatero y Rajoy están a punto de reunirse por fin. Y esa noticia que como tal nos sirven los medios, provoca la mayor indiferencia ciudadana que pueda esperarse. Hasta un 95% de los lectores de “El Mundo”, piensan que no servirá para nada. Uno se imagina a Zapatero ensayando su optimismo irreductible  y a Rajoy redactando ya el catastrofista y victimista mensaje que soltará en las escalerillas de La Moncloa. Nunca antes hubo mayor desafección a la política de la que vivimos ahora, según reflejan encuestas con tan elevados porcentajes de hastío que uno no entiende cómo los dedicados a esa profesión no se meten debajo de un ladrillo… o reaccionan.

Como es muy lógico, algunos ciudadanos niegan a los políticos autoridad moral para cargarles el coste de la pandemia económica, contemplados en sus sueldos, pensiones y prebendas, y el espectáculo de los hemiciclos semivacíos. O en la crispación artificial, tan alejada de los problemas reales de la sociedad. Para mí no son “todos iguales“, aprecio sensibles diferencias, pero entrar en el saco de la mierda que unos más que otros propician, embadurna al conjunto. La política cae en barrena en la desesperada búsqueda del héroe justiciero que restablezca al menos la aparente estabilidad anterior, aunque era absolutamente ficticia. ¿Quién lo hará? Por primera vez en nuestra reciente historia democrática, nadie desata esperanzadoras pasiones. Un gobierno desbordado (y acosado) y una oposición mayoritaria predicando lo que no cumple en las corporaciones que gobierna, ya que, en ellas, ostenta importantes cifras de paro, además de prácticamente liderar la Comunidad –Valencia- y el Ayuntamiento –Madrid- más endeudados de España. Sin contar el altísimo grado en el que le atañe el engrosamiento de la largamente inflada burbuja inmobiliaria y especulativa, talón de Aquiles de nuestra economía. En el desasosiego, surgen tentaciones populistas (desde un híbrido ideológico a la reina del desparpajo y el cinismo). Siempre sucede así cuando la política defrauda. Y aún puede ser peor. Todavía más.

El ciudadano tiene que lidiar con una corrupción insostenible pero aceptada; prácticamente, la mayor economía sumergida de la UE y un  grupo que parece lucrarse, a gran escala, sangrando nuestros impuestos. Y le asalta la duda, a tenor de los datos, de si la persecución del fraude fiscal deja fuera los bocados más gruesos.

Victor Lapuente, un joven español, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, vuelve a escribir del tema del que es experto, la corrupción con esa visión comparativa imprescindible que da las auténticas dimensiones del problema.

Tras explicar las reacciones ante la corrupción en diversos países del mundo (nosotros estamos al nivel, dice, de Italia, India, Tailandia, y México, donde el corrupto gana votos),Lapuente habla de lo que en realidad lastra todo nuestro sistema político:

 1) El clientelismo. “Los políticos corruptos sobreviven en sus cargos gracias a que ofrecen bienes particularizados a miembros de redes clientelares, ya sean legales, como puestos en la Administración pública, o ilegales, como tratos de favor en contratos públicos. Los países donde los políticos corruptos se consolidan a perpetuidad en el cargo suelen tener términos específicos -padrino, cacique, o jao pho (en Tailandia)- reservados para designar a los cabecillas de las redes clientelares que distribuyen trabajos en la Administración, accesos preferenciales a servicios públicos, contratos públicos o licencias de negocios. Los políticos corruptos exitosos electoralmente son aquellos que, cuando llegan al poder, no llegan solos sino que son capaces de colonizar la Administración pública con los miembros de una red clientelar. Y en España es bastante sencillo”

2) El sistema electoral. “Tenemos lo peor de cada sistema electoral: listas cerradas y escasa proporcionalidad”. Así lo argumenta Lapuente: Si los votantes te pueden echar a ti directamente, intentarás mantener tu reputación intacta. Esta es una característica buena de los sistemas electorales denominados “mayoritarios” (como los anglosajones) y que nosotros no tenemos, pues votamos a una tribu entera. Por otra parte, la falta de responsabilidad individual se compensa en muchos países europeos -que, como nosotros, tienen sistemas electorales denominados “proporcionales”- con un instrumento para limpiar la política de partidos corruptos: diseñar circunscripciones electorales que elijan simultáneamente a muchos representantes. En otras palabras, en esos países hay pocas “barreras de entrada” para que una opción política nueva pueda entrar en la vida política, pues incluso un modesto porcentaje de voto te garantiza representación. Esa característica está muy limitada en España, donde abundan las circunscripciones electorales minúsculas y los incentivos para favorecer el bipartidismo.

3) Los medios de comunicación. “El mayor paralelismo entre medios de comunicación y partidos políticos que existe en España hace que, al contrario que en otros países, las noticias de corrupción se perciban como el resultado de intereses políticos encubiertos. Podemos discutir cuáles son las causas -aunque, la alta discrecionalidad política que tienen los Gobiernos, sobre todo autónomos, para moldear a su imagen y semejanza canales públicos regionales y para asignar subvenciones, licencias de radio y televisión u otras vías de subsistencia a grupos privados de comunicación es una seria candidata-.

¿Soluciones?

“Si los dirigentes políticos españoles estuvieran realmente interesados en eliminar la corrupción, deberían proponer tres acciones opuestas a las que han estado implementando en los últimos años y que, en un ejercicio de ignorancia o de cinismo, siguen postulando hoy día como solución. En lugar de “prestigiar la política”, deberían aspirar a prestigiar la Administración. Y enfatizo que eso no nos acercaría al franquismo, sino a las democracias más avanzadas. En lugar de dar más fuerza a los partidos, deberían dar más peso a los políticos individuales. Y en lugar de fomentar una pluralidad externa y sectaria de los medios de comunicación, deberían mimar la pluralidad interna. O esto o, sin ánimo de ser Casandra, nos deberíamos ir preparando para una tragedia griega”.

   Es decir, ellos conocen la soluciones, pero la corta visión de mantener y conseguir más poder, les ata a mantener las cosas como están. Mientras, a los ciudadanos nos va mucho en la historia. Islandeses y griegos ya lo están viendo.

4 comentarios

  1. apajerabierta

     /  4 mayo 2010

    La crónica de la reunión entre ZP y Rajoy, se puede redactar ya, copiándola de cualquier otra anterior. A su falta de soluciones unen un enorme y carísimo tedio y falta de creatividad. Más que por otras cosas habría que denunciarlos por aburridos.
    Es curioso que estamos en una situación crítica, solo las cifras del paro son escalofriantes y más escalofriante es que no se sepa como reducirlas, y todo sigue tranquilo, nada se altera, los políticos vegetan tranquilamente en sus pastos pagados a alto precio por unos ciudadanos que lo consideramos como las cosa más normal del mundo.
    ¿Qué soluciones hay para reducir el paro?. Los más creativos hablan de una reforma laboral.Se habla de reducir prestaciones por desempleo. Liberalizar más el despido. Algo así como acabar con el aborto liberalizádolo. Se habla de incrementar la productividad… ¿Cómo? ¿bajamos los salarios por debajo de los chinos y subimos la jornada laboral a las 16 horas/día? A lo mejor así atraemos inversores que quieren, dada nuestra productividad, fabricar en este territorio. Se reduciria el paro. Se cobraría una misera, eso sí, pero es que todo no es posible. Las empresas tendrían sus sedes en paraisos fiscales y así no tendrían que dejar aquí parte de sus beneficios. También podriamos reducir los impuestos a algo tetimonial para las grandes empresas y mayores fortunas. Se establecería aquí sus sedes y atraeríamos más inversión. Un chollo, vamos.
    No se oyen voces de la pésima gestión de los ayuntamientos y de las comunidades autónomas que con su morosidad han hecho cerrar cientos de empresas y han mandado a un buen número de sus administrados al paro. Nadie pide cuentas a los responsables por ésto.
    El otro día Elena Salgado nos decía que habían ahorrado unos poco smillones de euros por reducir ciertos puestos de la administración. Y se quedaba tan contenta.
    Todo aquel que tenga que lidiar todos los días con la administración sabe que conseguir un permiso, una licencia… etc con todo en orden, es una especie de “misión imposible”, que con todas las excepciones que se quiera está gestionada por unos ineptos adictos al café y en algunos casos, contados, pero reales, “al maletin”. Productividad.
    La obra cumbre, es un parlamento, compuesto por unos señores elegidos por los ciudadanos de cada provincia, con las que no tienen nada que ver, ni son de allí, que de vez en cuando discuten, hasta de mala manera, sobre problemas que a veces generan ellos y votan no por la lógica de los argumentos, si no por la dictadura ferrea del partido al que pertenencen, que a lo mejor defiende de paso intereses, muy concretos, contrarios a los de los ciudadanos que los mantienen…
    Jo! no sigo que me estoy poniendo malo!!
    Con lo fácil que es echarle la culpa a Zapatero…!!!

  2. Galgo de Casalarreina

     /  4 mayo 2010

    Sinceramente creo que la clase política en España ha perdido el control de la situación, así de triste, así de dramático.
    Ahora no es cuestión de poder, es necesidad de agarrar el toro por los cuernos, y me temo que vamos detrás de Grecia, sin freno, sin ideas, desnortados.
    Y sicaemos en las garras del FMI adiós soberanía popular.

  3. Víctor

     /  4 mayo 2010

    Muy interesante el artículo de Víctor Lapuente. Coincido con él. Trabajo como funcionario y, realmente, las horas de trabajo son de trabajo duro. Sé que esa no es la imagen de los funcionarios, considerados por la mayoría como los causantes de la mala Administración, cuando son las victimas (junto con los ciudadanos). Debido a las causas que enumera, la Administración está en un desprestigio tremendo. Así, medidas que son lamentables para el buen funcionamiento de los servicios del Estado, como cubrir una vacante de cada diez, congelación salarial, privatización de servicios, son aclamadas. Deberíamos reflexionar sobre la importancia de la Administración Pública. Su mal funcionamiento recae, fundamentalmente, en aquellos que más necesitan sus servicios pues no pueden recurrir al mercado para cubrir sus necesidades más elementales (educación, sanidad, servicios sociales). Esto no debería olvidarse nunca.

  4. Los que trabajamos en la Admón. Pública conocemos de primera mano el clientelismo de que habla el Sr. Lapuente como uno de los pilares de la corrupción. Recientemente el TSJ de Asturias ha anulado el nombramiento de 250 puestos de funcionario (de los niveles más altos, por supuesto), colocados a dedo por los dirigentes políticos de la CC.AA. de Asturias (http://www.expansion.com/2010/05/04/funcion-publica/1272962767.html). Es un cáncer que se ha extendido por todos los niveles de la Admón., que alcanza a todos los colores políticos y que nos conduce irremediablemente a una degradación inaceptable que tendrá consecuencias muy graves a medio plazo. En una Consejería cualquiera de una CC.AA es habitual que la mayoría de los que allí trabajan estén ocupando plaza de interino, colocados a dedo sin que nunca hayan realizado una oposición ni tengan el más mínimo conocimiento requerido. El acceso es siempre a dedo, colocados por X o Y. Y no hablamos de cargos de confianza ni de altos cargos, sino de todos los niveles. Por supuesto los cargos de confianza son caso aparte. Vamos muy mal…

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