La actualidad de la mañana o cómo no salir de la perplejidad

«¿Quién dice la verdad? ¿El embajador israelí o los «molestos» testigos?”, el “presunto” periodista, se queda tranquilo con su osadía: la ironía al calificar a los testigos. Equidistania en estado puro. La desinformación.

El mensaje va calando. Ya hay dos versiones. Ya puede uno elegir sin contaminarse… de criterio.

Hace unos días, en una cena de cumpleaños, la amiga de una amiga –rusa por más señas-, habló de que “la mejor época de España fue cuando mandaba Franco: os sacó de la crisis”. Ante mi firme respuesta, la homenajeada dijo que había que ser demócratas y escuchar todas las opiniones. Pronto veremos a asesinos y todo tipo de delincuentes argumentar sus razones en paridad con sus víctimas –que “algo habrán hecho”-. ¡Qué digo! Ya los vemos.

Y no hablo de la pura basura «informativa» y casi -y sin casi- delictiva. No, que se me alteran los jugos. Y están para pocos trotes.

Por lo demás, las gentes de bien –excepto los titulares del concepto: el PP- saludan la valentía de Zapatero. En la pugna entre el neoliberalismo salvaje y la sociedad a la que se debe, ha optado por ser buen chico y hacer lo que le mandan. Así está “homologado”. Él. Ciertamente, apenas se puede hacer otra cosa en el equilibrio de fuerzas actual, pero en la tesitura de tener que  ser “valiente” así, debía haber puesto todo patas arriba en lugar de seguir la senda.

En El País una encuesta: ¿Estás dispuesto a reducir tu horario y sueldo para contener el paro? La mayoría dice que sí. ¿Insólitamente solidarios? No, Desinformados. Una reducción del sueldo español, no es lo mismo que una de un europeo de primera división.

Un aliento en el paseo mediático. Fontdevila en Público. El humor más lúcido e informativo que nada.

O Bernardo Elrich, en El País:

Y ahora lo que textos que he guardado hoy como documentación para mi novela –si decide salir de su gestación-:

Ésta sumamamente interesante a tenor de los planes de «reforma» laboral:  Se les habían extraviado 161 entes públicos autonómicos. Con sus sueldos y demás.

Aguirre se gastó 1,4 millones de euros en poner la primera piedra de la paralizada «ciudad de la justicia«. Ésta es de ayer, pero ayer estaba malita disfrutando de la sanidad madrileña.

Cohechitos en Galicia. Juicio. «Financiaremos la ruptura del PSOE para que no impugne el plan general». Las escuchas policiales revelan manejos para sobornar a los socialistas. Ay, pero ¿las escuchas no crean indefensión? recordemos que Garzón se enfrenta a juicio demandado por ¡Correa! por esto mismo. (Lamento recordar a Garzón, ya no es noticia).

Un testigo revela al juez que Trillo se reunió con el jefe del sastre de Camps. ¿Iría a encargarse un traje?

Ah, pero también he guardado un artículo de un peligroso bolchevique: Alain Touraine. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades:

El neoliberalismo está llevando a la Unión Europea al fracaso. El modelo occidental cruje en manos de especuladores voraces y bancos todopoderosos. Es imprescindible devolver al trabajo la parte del producto social que le ha quitado el capital y restablecer el vínculo saludable entre la función financiera y las funciones de producción.

 Y a nuestro José Luis Sampedro le han dado el premio Menéndez Pelayo. ¿Ayudó que parte del jurado estuviese en México?

Me voy a desayunar:

Periodismo, objetividad y compromiso

Pascual Serrano, periodista y escritor, escribe hoy un artículo imprescindible para periodistas, y para la sociedad receptora:

«Los teóricos neoliberales centran su análisis sobre la información en la necesidad de elementos como la imparcialidad, la objetividad, la independencia, la neutralidad… El ejemplo más claro de que, en términos absolutos, no existe la neutralidad informativa se evidencia desde el momento en que se elige lo que es noticia1. Cuando un periódico selecciona como noticia principal de portada la concesión de un oscar en Hollywood o un informe de Amnistía Internacional, está tomando una posición editorial determinada. Ya dijo Ryszard Zapuściński que no puede ser corresponsal quien “cree en la objetividad de la información, cuando el único informe posible siempre resulta personal y provisional”.

Algo similar podríamos decir del concepto de equilibrio informativo. El veterano periodista experto en Oriente Medio Robert Fisk criticó ese falso discurso del equilibrio y afirmó que “los periodistas deberíamos estar del lado de quienes sufren. Si habláramos del comercio de esclavos en el siglo XVIII, no le daríamos igualdad de tiempo al capitán del navío de esclavos en nuestros reportes. Si cubriéramos la liberación de un campo de concentración nazi, no le daríamos igualdad de tiempo al vocero de las SS”3. José Ignacio López Vigil ha dedicado toda su vida al periodismo comunitario en América Latina, al lado de la gente pobre y sencilla. Él también reivindica el compromiso frente a las injusticias:

Frente a un panorama tan cruel, ninguna persona sensible, con entrañas, puede permanecer indiferente. Es hora de poner todos nuestros esfuerzos personales, toda nuestra creatividad, para mejorar esta situación. No caben mirones cuando está en juego la vida de la mayoría de nuestros congéneres, incluida la del único planeta donde podemos vivirla.

López Vigil va todavía más lejos:

Ni el arte por el arte, ni la información por la información. Buscamos informar para inconformar, para sacudir las comodidades de aquéllos a quienes les sobra y para remover la pasividad de aquéllos a quienes les falta. Las noticias, bien trabajadas, aún sin opinión explícita, sensibilizan sobre estos graves problemas y mueven voluntades para resolverlos.

No faltan periodistas jóvenes de última generación que también reniegan del mito de la equidistancia, como Olga Rodríguez, curtida en los conflictos de Oriente Medio: “huyo de la equidistancia porque creo que es una trampa: no se puede tratar igual al que bombardea que al que es bombardeado, al invasor que al invadido, al opresor que al oprimido… Vivimos en un mundo plagado de desigualdades, injusticias y desequilibrios y creo que una de las misiones de los periodistas es buscar que la balanza se equilibre”6. Decía el poeta español Gabriel Celaya, “maldigo al poeta que no toma partido”, y hoy el recién fallecido ensayista estadounidense Howard Zinn afirma que “no se puede ser neutral viajando en un tren en marcha que se dirige a un despeñadero”.
(…)
«El discurso de la neutralidad se utiliza inteligentemente desde los medios de comunicación neoliberales. Basta con observar los nombres con los que gustan denominarse en sus cabeceras: El Imparcial, Informaciones, ABC, La Nación, El Mundo, El País, La Razón. Todos son asépticos y neutrales, como desean que creamos que son sus contenidos. Su celo por aparentar ausencia de ideología les lleva incluso a prohibir a sus periodistas que tengan ideas hasta fuera de la redacción, en su vida privada.

La ciudadanía se indigna ante cualquier intento de dirigismo político e ideológico. Sabedores de eso, la estrategia actual de los medios es disimular a toda costa la intencionalidad para que pase inadvertida a las audiencias y pueda ser efectiva. El objetivo es proporcionar (u ocultar) al lector, oyente o espectador determinados elementos de contexto, antecedentes, silenciamientos o métodos discursivos (en el caso de los medios audiovisuales las posibilidades son infinitas) para que llegue a una conclusión y posición ideológica determinadas, pero con la percepción que es el resultado de su capacidad deductiva y no del dirigismo del medio de comunicación. De ahí la importancia de denunciar las falsas objetividades y neutralidades para dignificar un periodismo de principios y valores.

Los grandes medios comerciales hablan de neutralidad periodística mientras tienen periodistas empotrados entre las filas del ejército estadounidense en Iraq, de pluralidad informativa cuando sus redactores no salen de la sala de prensa de la Casa Blanca y nunca han visitado un suburbio de Washington o Nueva York, de imparcialidad mientras siguen estigmatizando en sus informaciones a los gobiernos que cometen el delito de recuperar sus recursos naturales de las manos de transnacionales. Alardean de objetividad, pero sus páginas y espacios informativos se reservan al oropel, el lujo y el glamour de famosos y grandes fortunas que identifican de esta forma como modelos a admirar. No es verdad que los medios de comunicación comerciales sean soportes neutrales de información. Ellos militan y hacen apología de un modelo económico concreto en el que se desenvuelven y del que obtienen beneficios, bien para su propia empresa o para la casa matriz accionista. Frente a ello, no se trata de que desde el compromiso del periodista el periodismo se convierta en panfleto, la ciudadanía rechaza los intentos de un periodismo militante que no aporta rigor ni información contrastada y sólo incluye ideología. Lo que reivindicamos es la recuperación de la dignidad y el servicio a la comunidad, a la justicia social, a la soberanía de los pueblos y a las libertades. No será periodismo si no se hace así, como no es medicina curar sólo a quienes tienen dinero para pagarla. No se debe confundir periodismo comprometido con servir incondicionalmente a un partido político o a un gobierno con el que se simpatiza. El compromiso es con unos principios y unos valores no con unas siglas o un determinado órgano de poder. Y, sobre todo, dar la voz a quienes tantas veces tiene vetado el acceso a los medios de comunicación«.

El artículo completo aquí. Lo recomiendo encarecidamente.