La política igualitaria de Pérez Reverte

Relata Arturo Pérez Reverte, en una de sus muy seguidas crónicas, lo acontecido a un amigo suyo llamado Manolo en Vigo. Pretendió cubrir un puesto de auditor en su empresa. Para ello, publicó un anuncio en la prensa local diciendo: «Se necesita auditor para empresa solvente». Y, según Pérez Reverte, “empezó el circo”: Inspecciones y consultas por no haber especificado el sexo.

El afamado escritor comienza por llamar “pava” a una inspectora de Trabajo. Y sigue con este párrafo: “No añade, porque es chico educado y tampoco quiere broncas, que no es asunto suyo, ni de su empresa, que una pandilla de feminazis oportunistas, crecidas por el silencio de los borregos, la ignorancia nacional y la complicidad de una clase política prevaricadora y analfabeta, necesite justificar su negocio de subvenciones e influencias elevando la estupidez a la categoría de norma, y violentando a su conveniencia la lógica natural de un idioma que, aparte de ellas, hablan cuatrocientos millones de personas en todo el mundo”.

Malo es que haya de ser especificado el género de un optante a trabajo, salvo que sea de paridera –caso de existir como a veces creo el empleo-, o de que se pretenda pagarle menos por la misma labor –hecho que sucede en la práctica-. Irrelevante en mi opinión asirse al léxico para cambiar situaciones sociales. Las primeras juezas de la historia de España en la Transición, eran llamadas “la Juez” y el femenino terminó por imponerse. Inútil pérdida de ese espacio vital que paga el dinero y la escasa atención del lector –a juzgar como criterios a valorar o no-, distinguir entre “vascos y vascas”, “compañeros y compañeras” o, sí, incluso, la frase convertida en chiste de “miembros y miembras”. Pero de ahí, a utilizar la excusa de la semántica para llamar “pava”, “feminazis”, “oportunistas”, “creadas por el silencio de los borregos”, «prevaricadores» y demás calificativos, a quienes alteran su tranquilidad masculina, va un abismo. Claro, que el machismo se cultiva en círculos endogámicos. Cada uno tiene los amigos que tiene, generalmente afines en algún aspecto. “El pobre Manolo” –relata el escritor- le dice, «lo mismo voy a juicio, colega, me toca una juez feminista y encima me jode vivo».

Arturo Pérez Reverte, además de machista de rancio poso, un crianza gran reserva, es académico de la lengua. Y nos explica el funcionamiento de tan insigne institución: “la norma no se impone por decreto, sino que son el uso y la sabiduría de la propia lengua hablada y escrita los que crean esa norma; y que las academias, diccionarios, gramáticas y ortografías se limitan a registrar el hecho lingüístico, a fijarlo y a limpiarlo para su común conocimiento y mayor eficacia. Porque no es que, como afirman algunos tontos, las academias sean lentas y vayan detrás de la lengua de la calle. Es que su misión es precisamente ésa: ir detrás, recogiendo la ropa tirada por el suelo, haciendo inventario de ésta y ordenando los armarios”. De ahí, que aceptaran palabras como guay, jope, tropecientos, currante o flipar, poner algunos ejemplo, y se resistan a otras que, en efecto, impondrá la costumbre, pero que duelen algo más.

El sábado, en Informe Semanal, un magnífico reportaje de Juan Antonio Tirado nos mostró por primera vez –decía- imágenes de una sesión de la Academia. El plano recogió a personas conocidas –aunque luego las entrevistas buscaran contenidos-. Teníamos a Luís María Ansón, Antonio Mingote, o el propio Pérez Reverte, en ese universo de trajes y corbatas masculinas que es la RAE. No dudo de los méritos de casi ninguno para estar allí, pero tampoco les otorgo a todos, por trayectoria y resultados, categoría de sabios ex cátedra. Ni me parece que ordenen demasiado bien los armarios, tras recoger la ropa tirada por el suelo, ni que no les fuera exigible algo más de iniciativa. Él es un ejemplo. Pero es que no debo entenderlo. Seguramente Pérez Reverte utiliza el lenguaje de la calle, de la calle española cargada de prejuicios y tan inculta como la que él vitupera al escribir: pava, feminazi, silencio de los borregos, contribuyendo a afianzar la carga en profundidad que en numerosas ocasiones revela una discusión semántica.

Pérez Reverte viene a concluir así su alegato: “Esto es España, líder de Europa y pasmo de Occidente: el continuo disparate donde la razón vive indefensa y cualquier imbecilidad tiene su asiento”. Y en ese punto estoy absolutamente de acuerdo con él, aunque no en la misma dirección.

  Si alguien tiene algún interés en ver el artículo completo de Pérez Reverte, está aquí.

Actualización 16,15

  El asunto suscita aún -siglo XXI- una alta controversia por lo que veo. Se aprecia en los comentarios del blog. Y, muy aumentada, en meneame, estado de opinión social anónima. En este portal, el artículo de Pérez Reverte, es el más votado del día superando los 200 comentarios, muchos de ellos incendiarios:

http://meneame.net/story/chantaje-genero-arturo-perez-reverte

El mìo ha tenido que ser cerrado hundido por los comentarios y votos negativos:

http://meneame.net/story/politica-igualitaria-perez-reverte

  Afortunadamente, en los comentarios argumentados e informativos de este blog, se encuentran bastantes claves. En el de Gabriel, por ejemplo.

Ah, y yo me reafirmo en todo lo dicho punto por punto, especialmente en la carga ideológica que suelen llevar las discusiones «semánticas».

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