… el espejo del alma

Este señor era Robert Culp. Ha muerto.  Actor muy popular en EEUU, nos dicen, cuando he visto su rostro, no le he reconocido. La dictadura de la juventud –la estética, la superficial, no nos engañemos- debió obligarle a someterse a plancha y bisturí para intentar borrar las huellas del paso del tiempo. Con escaso éxito. Esa tensión junto a las aletas de la nariz, esa mueca en la sonrisa que no tiene piel para explayarse, revela que la falta de arrugas no implica necesariamente juventud.

El rostro es nuestra tarjeta de presentación. En alguna parte leí que uno envejece conforme ha vivido, que –sobrepasada apenas la veintena-,la cara muestra lo que somos. Refleja por ejemplo reiteradas sonrisas o enfados que dejan marca, placidez, zozobra, indiferencia. Pero una nueva raza se abre paso: los operados. Todos con la misma fisonomía. El cine, sobre todo el norteamericano, está lleno de muestras. Casi todos los estamentos de la vida social.

El líder republicano McCaín tuvo al parecer un problema de piel. Pero lo solventaron al modo que lo hacen con los demás. Observad en todas las voluntarias víctimas del quírofano cómo, la piel estirada de la cara, se repliega en el cuello, mostrando la verdadera edad.

Muchas veces, al ver a la presidenta argentina, Cristina Kirchner, me pregunto si un ciudadano se puede sentir satisfecho con esa representación. Qué personalidad reflejan los labios de pato o de embutido. Luego vemos que los ingresos particulares se engrosan del mismo modo.

O los atuendos y aditamentos elegidos para aparentar ser alguien distinto de quien se es, o precisamente, quién sí se es.

La ideología parece marcar una fisonomía también. Origen o repetición del modelo deseado.

No sé si el alma, pero el carácter, las intenciones, todo lo que nos configura, sí suele salir a la cara. ¿Qué nos dice ésta?

Lamentable, otros sufren por su aspecto no convencional. El rostro, el atuendo, la piel, marcan para ser detenidos en un andén sin preguntar más, para obstaculizarles el paso a algún lugar adonde quieren ir. El nazismo fue el máximo defensor de la envoltura. ¿Hasta qué punto refleja cómo somos en realidad? ¿Quién traduce con acierto lo que ve?

De cualquier forma, lo auténticamente generalizado, es el ansia de parecer joven, que ya ataca casi por igual a hombres y mujeres. Porque lo demanda la sociedad vacía en la que vivimos. Porque también eso está programado con fines económicos y políticos. Y pocos se libran de su tiranía, máxime si de ello dependen ciertos logros –profesionales, sentimentales-. El tal Robert Culp se ha ido a la tumba con su cara de muñeco. Hace unos cuantos siglos, el genial escritor alemán Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), tan preocupado por la eterna juventud como demuestra su obra cumbre, Fausto, dijo “Al envejecer, el hombre construye su rostro y la mujer lo destruye“. Ahora es regla para todos, y quien “construye” es la cirugía. Y a donde no llega o “deconstruye“, corre en auxilio el photoshop.

Borrar los años de una cara de mujer {y de un hombre} es borrar su identidad, su poder y su historia“, escribió Naomi Wolf en “El mito de la belleza”. Pero el mito nos lo han incrustando en el alma. Hoy, más que nunca, la cara es su espejo.

cirujía + photoshop extremo

La "vejez" de la plástica

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