La clave: derribar los pirineos

Actualización 16,30

             Los periódicos franceses atribuyen la derrota electoral de Sarkozy al debate suscitado en el país vecino por el llamado “impuesto del CO2”. Lo he escuchado en el resumen de prensa internacional de la SER e inmediatamente he buscado información. En resumen: Sarkozy pretendía gravar a las empresas contaminantes, pero la oposición de izquierdas pensaba que dejaba fuera los casos más graves. Una vez perdidos los comicios, el presidente francés ha dicho: pues ahora ni para unos ni para otros, nada de impuestos, el futuro del planeta que se apañe por sí solo, que además mientras no lo regule Europa –que se eternizará en ello y no llegará a ninguna conclusión- ¡quién me manda a mí hacerme el héroe!, que ni me lo agradecen. En traducción libre y coloquial, por supuesto. Las pesquisas me han llevado por ejemplo al periódico conservador Le Figaro que dedica todo esto a informar del tema.

En la extrema precariedad democrática que representa vivir en España, la realidad francesa me ha dejado perpleja y, al mismo tiempo, esperanzada. Existe un país, nada más cruzar los pirineos, donde a los ciudadanos les influye el medio ambiente en su voto. Poseen una derecha que plantea al menos un impuesto a las industrias contaminantes. Sus periódicos conservadores dan todas las claves de ese debate arduo de asimilar -al menos en España-. La ciudadanía reacciona.

Nuestros asuntos noticiables van por otros derroteros, nuestra realidad es muy distinta. Dejemos al margen –que es mucho dejar- las paridas malintencionadas del máximo representante de España en Europa, el más votado, el que considera el franquismo una etapa de extraordinaria placidez, el que sale mano en pecho a protestar por leyes españolas al lado de la extrema derecha, dejémoslo que la capacidad de resistencia no es infinita. O las peleas de declaraciones de los políticos con las que nos bombardean los medios en tarea desinformadora. En particular las televisiones públicas.

Lo que llena de estupefacción hoy es enterarse de que “El Tribunal de Madrid anula el grueso de las escuchas en la cárcel del ‘caso Gürtel’”. Asunto al que se le está quitando importancia a lo largo de la mañana, pero que es síntoma claro del espíritu que impregna el esclarecimiento de la verdad. ¿El proceso por la trama corrupta vinculada al PP podría llegar a quedar sobreseído por defectos de forma? Existe un pendrive milagroso –fruto del trabajo policial y judicial- con sustancial información, esperemos que no se pierda. Y las grabaciones que dieron lugar a la investigación efectuadas por un miembro del PP que fue quien denunció la trama -esta maldita memoria que olvida ese dato fundamental-. La única persona realmente en apuros hoy por investigar la Gurtëll y por el intento de enjuiciar al franquismo es Baltasar Garzón. Muchos de sus colegas “se la tienen jurada”, y la imparcial justicia española lo consiente.

 Justicia, política y periodismo son las profesiones peor valoradas por los españoles. En uno de mis reportajes “de despedida” de Informe Semanal, abordé el tema: “Los jueces y magistrados en activo, consultados por el Consejo General del Poder Judicial, le dan una nota de 2,7 sobre 10 al propio órgano director de la judicatura como garante de su independencia”. El CGPJ, hoy renovado, con la misma estructura de reparto político y con la oportuna elección del beato Dívar como presidente, debida a Zapatero, prepara las maletas para dilapidar 80.000 euros en viaje de cinco estrellas, como informaba ayer El Mundo.

  Me pregunto si todo esto lo consentirían los franceses, sin ir más lejos. Y me respondo: no.  Pero se puede. Ellos lo hacen. No hay más que derribar los pirineos y dejar que pase el aire. O, más civilizadamente, con pico y pala, abrir unas buenas brechas al efecto.

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