Cotización bursatil de los pecados capitales

El Parlamento catalán está debatiendo –con auténtica pasión- prohibir las corridas de toros en la comunidad, como creo que casi nadie ignora en este momento. Un auténtico juicio a la llamada fiesta nacional en el que se pide la opinión incluso de filósofos. Uno de ellos; Jesús Mosterín, ha revolucionado al auditorio con sus afirmaciones (hasta los políticos, cómo no, hacen airadas declaraciones al respecto). Lo que el filósofo catalán dice parte de la distinción entre moral –costumbre adoptada por una tribu- y ética –costumbres de varias tribus adoptada como norma común-. ¡Qué cosas -¡y cómo!- se debaten en Cataluña! La Comunidad de Madrid se ha apresurado a declarar la lidia bien de interés cultural. No sabemos si privatizada o no.

Sea moral o ética, las religiones suelen condenar lo que la católica llama “pecados capitales”. Algo realmente serio, dado que “destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente”. Pues bien ¿nos atreveríamos a asegurar que estos pecados permanecen inmutables a través del tiempo o son tan relativos como los toros?… según los mire una buena parte de Cataluña o la otra parte con Madrid abanderando a un sector español que los estudios cifran en el 26,7%, con mayoría de varones y edad superior a 45 años. Vamos a verlo.

LUJURIA. Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales. Me atrevería a asegurar que este pecado ha sufrido una fuerte devaluación como tal pecado.

GULA. Apetito desordenado de comer y beber. Algún autor moderno ha añadido el consumo desorbitado. No sé si estaréis de acuerdo conmigo pero este pecado es irrelevante en estos momentos, como tal, como infracción.

AVARICIA. Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. Es evidente que la avaricia lejos de ser hoy un pecado ni venial siquiera se ha convertido en virtud. Más aún, en la raíz de nuestro sistema económico. Sus máximos practicantes, además, gozan del mayor respeto y consideración. Y de gran poder.

PEREZA. Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados. Sin comentarios. Demasiado obvio.

IRA. Sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo. Estos sentimientos se pueden manifestar (describe Wikipedia) como una negación vehemente de la verdad, tanto hacia los demás y hacía uno mismo, impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial, fanatismo en creencias políticas y generalmente deseando hacer mal a otros. Una definición moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros por razones como raza o religión, llevando a la discriminación.  Parece evidente que políticos y medios informativos –paradójicamente con más ahínco los conservadores- se encuentran en gravísimo pecado mortal. Ah, pero resulta que la IRA también cotiza a la baja, siempre como transgresión, no como práctica, ni mucho menos.

ENVIDIA. Tristeza o pesar del bien ajeno. Buena definición también la de Dante Alighieri: «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos». En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer. Cotización irrelevante asimismo. Y menos en España.

SOBERBIA. Viene a ser la madre de todos los pecados. Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros. “En casi todas las listas de pecados”, dice la Wikipedia -lo que me hace ver que esta relativización del pecado no es nueva-, “la soberbia (en latín, superbia) es considerado el original y más serio de los pecados capitales, y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros”.

Varias personas, muy conservadoras y defensoras por tanto del capitalismo actual, han respondido a mis requerimientos sobre qué entonces explica las injusticias de tan desequilibrado sistema, con la misma respuesta: la maldad humana. Un concepto moral ¿ético? ¿Le espera la condenación eterna o se resuelve con un supuesto arrepentimiento confesado en privado o no? Porque ya sabemos que tanto El infierno de Dante como los griegos, estas cosas las saldaban de forma mucho más cruenta.

Dado que los pecados ya no son lo que eran, propongo que se llame a las cosas por su nombre: delitos, en varios de los casos. Y que, en consecuencia, se extreme la aplicación de la justicia sobre los infractores.

Y digo yo, el parlamento catalán –que, en mi opinión hace muy bien en enjuiciar a los toros- ¿no podría plantear también algunas de estas actitudes mencionadas? No sé si tendrían el mismo eco mediático. ¿No debería hacerlo la sociedad? ¿O es que las considera virtudes a imitar? ¿Cuál más?

Vamos a echarles una mano, tanto a la iglesia católica (por si decide revitalizar nuevamente la condena vía pecados), como a los poderes públicos y la propia sociedad.

(admite selección múltiple)

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