Fiesta ultracatólica con dinero público

Con los impuestos de los ciudadanos que residimos en Madrid, la cadena pública de la Comunidad ha dedicado dos horas de su programación a la marcha antiabortista celebrada en la capital. La convocaban más de 40 asociaciones ultracatólicas, con subvención preferente del gobierno regional y los de otras autonomías, empresas, y particulares. “Una marea humana” llenaba el, cortado al tráfico, centro de Madrid, nos decían, incrementada por los llegados en 600 autobuses, un tren y 3 aviones.

Cuatro o cinco enfervorizadas portadoras de micrófonos de Telemadrid seguían la marcha en distintos puntos de su recorrido, jaleando a los entrevistados y opinando tanto como ellos. Presa de un arrebol, una de ellas ha contado que había hablado con el miembro de una familia de 8 hermanos de los cuales casi todos eran sordos, menos él que hablaba mal y no ha querido hacer declaraciones. “Los padres siguieron insistiendo”, ha dicho la informadora entusiasmada… insistieron evidentemente sin poner en manos de la ciencia su caso. En el estudio, con la presentadora, dos expertos en contra de la ley, porque quienes se muestran a favor –aclaran- han declinado su participación. Uno de esos expertos, como habréis visto en el vídeo, ignora la definición de salud de la OMS, debido probablemente a que es profesor de Derecho y no se ha molestado en ampliar su cultura general. La otra, una catedrática de bioquímica de la Universidad de Navarra, y presidenta de alguna asociación relacionada con la ética médica. “Una mujer española tiene más afectividad que una nórdica”, ha soltado entre sus muchas perlas, al situarse ante la evidencia de que toda Europa dispone de leyes similares a la española, salvo Malta que prohíbe el aborto. La catedrática ha dicho también que “el aborto deja irreversiblemente dañado el cuerpo y el cerebro de la mujer” y que “el 80% de los suicidios femeninos corresponden a mujeres que han interrumpido su embarazo”. Y la presentadora no ha pronunciado una palabra  ante semejantes barbaridades.

Por supuesto han presentado lo que afirman son argumentos científicos y médicos, pero no han explicado –porque nadie tampoco se la ha preguntado- por qué, entonces, celebramos el cumpleaños el día que nacemos y no el de la concepción y qué ocurre con ese embrión, sin bautizar durante nueve meses, a riesgo de ir al infierno -dado que el limbo lo ha suprimido la jerarquía católica-. Y no me he aclarado mucho en un reportaje lleno de criaturas formadas a punto de nacer, que se hacían pasar por embriones de 12 semanas, si 2,5 cms son “como el puño de un hombre” o no. La mezcla de conceptos inducía a la confusión.

El festejo ha culminado en la Puerta de Alcalá. Un violonchelista ha tocado lo que la presentadora ha calificado como “homenaje a las víctimas de la ley del aborto”. Y el profesor de derecho ha resaltado “la alegría de los jóvenes participantes en la manifestación, a pesar de que son unos supervivientes, dado que muchos como ellos no llegaron a término”.

Tres musas de la caverna han leído el manifiesto. Y tantos ellas, como la antigua actriz Verónica Mengod y Benigno Blanco, el artífice del magno acontecimiento, han repetido que perseverarán hasta lograr que no haya un solo aborto en España, hasta que se prohíba.

La vieja y nueva guardia del PP, con De Cospedal, Mato, Aguirre, Aznar, Mayor Oreja, y hasta medio centenar de parlamentarios, han acudido a apoyar la manifestación. Todos ellos, y el propio Benigno Blanco, tuvieron cargos de responsabilidad en el gobierno del PP, que nunca osó retirar la ley del aborto, y en cuyo transcurso se practicaron medio millón de abortos legales. La ley lleva en vigor casi un cuarto de siglo.

Millones de mujeres han abortado durante toda la historia de la humanidad, tanto si está prohibido como si no. En la España que lo impedía, morían a manos de cualquiera que se aprestara a practicarlo, o viajaban a Londres a interrumpir su embarazo. Nunca conseguirán acabar con el aborto, a menos que se prioricen la información preventiva y la educación sexual que, por el contrario, siguen encontrando serios impedimentos en España. ¿Las metemos entonces en la cárcel? Es a lo que conduce incumplir la ley.

Tener un hijo es, en mi opinión y en mi experiencia, uno de los mayores privilegios que asisten a una mujer, pero ha de ser para cuidarlo y darle los mecanismos óptimos para que se desarrolle como ser humano.  Procrear no puede ser obligatorio. Millones de niños en todo el mundo esperan, por otro lado, mejores condiciones de vida y hay muchas formas de dársela. Pero esos ya no importan, han salido del vientre de sus madres. Son personas y no pequeñas agrupaciones de células.

Forma parte de la eterna estrategia represora que produce, por ejemplo, el espectáculo, aún impune, de guardias civiles irrumpiendo en los domicilios de mujeres que habían interrumpido su embarazo, cuando el Juez no ha visto indicio de delito alguno, y ha culpado directamente a los agentes del fiasco. El magistrado ha señalado incluso que “el modo de acusar a la clínica se convirtió en una especie de “causa general” sobre el centro privado, de una “investigación ilimitada sobre abortos imaginados” y que se “instrumentaliza al servicio de fines espurios con perfiles publicitarios intimidatorios”.

Los talibanes católicos, en destacadísimos puestos de responsabilidad aún en España, y en Europa -que no sé si me produce más dolor ver quiénes nos representan fuera-, tienen un incomprensible problema con el sexo y con la libertad de la mujer. Porque también es “pecado” –y delito, sobre todo- robar -y sus eufemismos: la corrupción política/económica, la picaresca-, y jamás se han manifestado en contra.  A la vista de su neoliberalismo militante, tampoco les preocupa el derecho a la vida de quienes mueren de hambre tras salir del útero materno, ni media palabra han dicho del Día mundial contra el hambre que se celebraba. Ni tampoco, las víctimas -de todas las edades- de la guerra de Irak que ellos apoyaron. Ni la hipocresía manifiesta y la manipulación, que no parecen virtudes muy morales, o éticas. Igualmente, es pecado mentir. Si los manifestantes han alardeado de dos millones de participantes, el Gobierno de Esperanza Aguirre ha dado la cifra de 1.200.000. En el siglo XXI, con satélites y sofisticados medios, no es de recibo. Fuentes municipales han calculado la asistencia en 250.000 personas,  EFE, que ha contrado a una empresa para concretarlo con precisión, 55.316 personas, cifra que prácticamente confirma el manifestómetro en su elaborado trabajo. Subvencionados, publicitados, llegados “de todo el mundo”, a esa España que lejos de condenar los males que nos hacen impresentables como país civilizado, enjuicia a quien osa tocar el franquismo. Algo se remediaría si la próxima vez, se reunieran en una pradera, pagando de su bolsillo todos los gastos. Es lo que hacemos el resto de los seres humanos con nuestras aficiones. Y, en general, por muy perniciosas que sean, no perjudican a la salud social de la ciudadanía. Los políticos que contribuyen, alientan y practican el fanatismo no existirían en una sociedad educada y responsable.

Actualizazión:

Veo,en meneame, cómo caldeaba el ambiente Telemadrid, la televisión pública de la comunidad:

Ágora, ayer, hoy, y siempre

agora

Aunque Alejandro Amenabar no obtuviera otro resultado, sería encomiable su esfuerzo por volver a situarnos ante la eterna lucha entra la razón y la religión. Con la historia de Hypatía pone ante nuestros ojos la evidencia descarnada de este dilema que encoge y expande el desarrollo de la Humanidad como un chicle. Finales del siglo IV, Alejandría. Egipto forma parte de un Imperio romano en degradación. Una mujer, una pionera, imparte sus clases de filosofía y matemáticas. Escribe también de geometría, álgebra y astronomía y, sobre todo, se esfuerza por pensar, no darlo todo por hecho, e inculcar en sus alumnos ese positivo espíritu. La vemos hacerse preguntas, buscar respuestas, no conformarse, casi ajena a un mundo de insidias que se cierne a su alrededor. La pasión por la ciencia en estado puro.

De alguna manera fue Alejandro Magno el impulsor de la biblioteca de Alejandría, la más grande de su tiempo, porque sólo lo escrito afianza el saber. Fue quemada, no sé sabe con precisión cuándo, llevándose consigo los avances logrados por los pensadores. Amenabar vincula en Ágora la destrucción de la biblioteca a la época en la que vivió Hypatía y a la expansión del cristianismo. El hecho es que el fuego y los cuchillos nos han hurtado datos precisos de gran parte de lo que sucedió entonces y había sucedido hasta entonces, por ejemplo, lo relacionado con Hypatía, entregada su figura a recreaciones literarias, más o menos basadas en los textos de sus contemporáneos. Sobre todo los de su exalumno, el obispo Cirilo de Alejandría que, en la corriente vencedora, sí vio conservada su obra literaria.

Hypatía ha pasado a la Historia porque fue brutalmente asesinada y ultrajada. No parece inverosímil que el golpe de gracia se lo diera la consideración subordinada que de la mujer tenía el cristianismo. Ni que el fanatismo religioso hiciera arder el conocimiento escrito confiando la existencia humana a los designios de Dios. “Tu no puedes cuestionarte tus creencias”, le dice a Cirilo sabiendo lo que estas palabras le cuestan, “yo debo”. Entre sus hallazgos una mejora del astrolabio -instrumento que permite determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste-, o la invención del hidrómetro.

Vendrían poco después mil años de oscurantismo donde el saber se detuvo. Los pensadores tuvieron que empezar de nuevo, sin apenas referencias, transcurrida la negra noche de la Edad Media. Se habían borrado no menos de 10 siglos. Toda innovación registró una caída en picado entregada a la religión y su fe sin pruebas, a sus crueles métodos para imponerla a toda la población. De veinte siglos de Historia supuestamente civilizada, la mitad nos llevaron a negro.

La película de Alejandro Amenabar ya reaviva posiciones. ABC, hoy, en su Tercera Página, aporta una visión que pretende ser sosegada aún diciendo cosas como estas:  “De no ser por el modo en que fue asesinada, Hypatía habría pasado discretamente por la historia de la filosofía, pues lo poco que escribió fueron meros comentarios de tratados compuestos por otros: Tolomeo, Apolonio y Diofanto” (…) “Esta falta de originalidad es propia del final de la Escuela de Alejandría, cuyos miembros son calificados por Ferrater Mora de «epígonos» de los grandes maestros de la antigüedad. Por ello, cuando se habla de los «últimos helenos» no hay que interpretarlo en sentido romántico, sino en el de que son los últimos cultores de un modo de entender el helenismo, devotos que se resistían a aceptar que el cristianismo fuese capaz de inyectar savia nueva a paradigmas que periclitaban. De la vitalidad intelectual de la nueva fe rinden cumplido testimonio los abundantes escritos legados a la posteridad. Un ejemplo de ello, sin ir más lejos, por contemporáneo, es el de Cirilo de Alejandría, cuya producción literaria es amplísima. Diez volúmenes del Migne contienen dieciocho tratados y numerosos sermones, epístolas y cartas pascuales”. Repito “numerosos sermones, epístolas y cartas pascuales”, una gran fuente de pensamiento racional.

El Ágora de hoy -la plaza del pueblo, de enseñar, conversar y pensar-, vive un nuevo parón. Entregada al dinero, al consumo, el hedonismo, la trivialidad, la pérdida de los valores éticos –acrecentada ésta en España por la práctica y aceptación social de la corrupción-, la falta de pensamiento crítico, la exaltación de la “equidistancia” -en consecuencia- que enfrenta opiniones frente a razones, la sociedad está inerme ante los poderes organizados. El capitalismo que nos maneja -los oligarcas de siempre-, y también las vieja fe en la creencia que aumenta su poder. Un solo ejemplo patético: Carod Rovira, Rouco y Moratinos, se encuentran hoy de festejo en Roma para asistir a la santificación de dos beatos españoles, una celebración que debería quedar en el ámbito privado de los católicos a quienes asiste el derecho de organizarse como quieran, costeándolo de su bolsillo y difundiéndolo únicamente entre sus seguidores. Uno de los nuevos santos fue un beato que murió de diabetes, a los 29 años, en 1938 –casualmente, en plena guerra civil-. Fue proclamado beato por Juan Pablo II, “como modelo para todos los jóvenes del mundo”, en 1992. A partir de hoy es santo. Pues muy bien. La comitiva española se compone además de 80 personas que disfrutarán de una cena, con cargo, al igual que viajes y hoteles, al erario público.

Lo terrible del Ágora de Amenabar es que nos alerta de lo que nunca cambia.

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