La lotería de El Niño

El fenómeno se desata en cuanto el reportero acciona la cámara y se enciende el piloto. Ayuda que el periodista –generalmente mujer- comience a hablar. Un grupo de seres humanos comienza a saltar y a vociferar, con una botella de cava o champán entera -a veces con una copa- en la mano. El mecanismo es inmediato. Como un bucle de demora, la conexión se inicia en un relativo silencio, para dar paso a los brincos acompasados del personal.

El sujeto que porta el micrófono también sufre una metamorfosis. Tiene que contarnos un acontecimiento tan novedoso como que  uno o varios bombos han sacado un número al que le corresponde premio y esos señores, señoras y niños que están detrás poseen algún ejemplar del décimo agraciado. Pero no lo cuentan así. De su boca emana todo el repertorio de tópicos de la lengua castellana: se ha desatado la locura, lo van celebrar por todo lo alto o a lo grande, no es para menos,  quien mas quien menos no va a olvidar este día, la fiesta está asegurada, hay barra libre, el premio está muy repartido, todos han recibido un pezquillito, con él, taparán agujeros,  y han cumplido un sueño. Quienes no han conseguido ninguno de esos billetes disponen de salud –mucho suponer- y de nuevas oportunidades en posteriores sorteos.

¡52 años así! En Navidad y en Reyes. Un tal Sr. Fabra, de Castellón, a quien suele tocarle la lotería con frecuencia, jamás aparece saltando en la tele ¡ni mucho menos! Pero el reportero de premios siempre encuentra concurrencia.

Este 6 de enero de 2009, se ha producido una novedad: había un beneficiado un extranjero, aparentemente francés. No sabía, el pobre, que debía saltar. Así que, con serenidad, ha contado que empleará el dinero en comprarle una prótesis a su hijo que sufrió un accidente.

El gordo lo han cantado Vanesa y Brandon. Vanesa, como la mayor parte de las nuevas reporteras de la televisión.  Ayer hizo un año justo que, quien esto escribe, emitió su último plano por TVE, en Informe Semanal, y su último mensaje inadvertido: luz para los años vividos, calor para el futuro que llega a partir del próximo segundo.

Pasa el tiempo sin embargo y aquí no cambia nada. Al menos, a mejor.

Reyes Magos en 2009

Evolución histórica de Israel

Evolución histórica de Israel

Los niños españoles contemplan ahora la cabalgata de los Reyes Magos. Se disponen a pasar una de sus muchas noches de ilusión. Llevan 3 semanas de fiesta continua. Las tiendas se encuentran desabastecidas de juguetes, al punto que en una, según mostraba hoy un informativo, han rellenado las estanterías con cajas vacías para no dar mal aspecto. Los niños españoles están estragados de juguetes, alegrías y halagos. Por eso, quizás no entienden lo que leen, según demuestra el último informe PISA. Por eso, sacan vergonzantes notas en matemáticas. Por eso, no querrán comer otra cosa que pasta y golosinas.

El pueblo al que Dios prometió una tierra donde asentarse fue brutalmente gaseado por el nazismo. El mundo se conmovió, aún nos conmueve y nos irrita aquella atrocidad perpetrada hace más de 70 años, pero el tiempo ha convertido a Israel en mano exterminadora. Otro Dios alienta a los palestinos -según arengan sus líderes-, pero no hay nada ni nadie más, realmente eficaz, de su lado. El holocausto no puede servir de coartada para justificar acciones similares. Y, menos aún, el silencio cómplice de todos los gobiernos supuestamente civilizados. Cuando el «querido gobierno» israelí mata, está quitando la vida. No hay dos versiones, dos lados, dos visiones. Treinta y cinco resoluciones de la ineficaz ONU y sus antidemocráticos derechos de veto piden a Israel volver a las fronteras iniciales y nadie les obliga a cumplirlas. Menos aún debería justificarse su sangrienta expansión. Riqueza frente a pobreza desde el principio, ilustración frente a incultura, poder frente y con el odio ciego, fanatismo a partes iguales.

Algo no funciona en el mundo. No podemos vivir en el siglo XXI con la ley del más fuerte, o la del talión. Con Obamas soñados que callan ante el lobby judío.

Llegan los Reyes Magos esta noche. A estragar y entontecer, más aún, a los niños españoles y a los padres que así los crían. Una sociedad que no reacciona, que mira hacia otro lado en su ceguera y su miedo. No me quito de la cabeza las dos imágenes infantiles de los telediarios de hoy: lluvia de juguetes para unos, lluvia de muerte para otros. Es evidente que ninguno de ellos podrá lograr un mundo mejor.

 

Mi primera entrada

No es un deseo ni proyecto de año nuevo, porque este año sabe cada vez más viejo antes casi de nacer. Esto arranca de la necesidad de comunicarme, algo que he hecho durante décadas por mi profesión. Se abre un  nuevo cauce. 5 de Enero de 2009: empiezo un blog.