Sintiendo los colores del parado 5.000.000

Rostros desencajados… y exultantes; llantos, desgarro… y saltos, brazos en alto para atrapar la gloria. Cara y cruz que dicen. Mucho. Dicen mucho. El parado 5 millones de España ha entrado en la portería. En la suya. En la que le roba presente y futuro. La sociedad española se cubre de mantos negros. Una parte, la otra festeja el triunfo del neoliberalismo, de sus dioses en la tierra, y la parcialidad del árbitro. Los mercados más cerca del cielo. El parado, todos los 4.999.999 anteriores, han perdido. Ha sido un absoluto robo, en un partido podrido, sucio, bronco… ¿bronco en serio? Sí, el empresario le ha clavado el tacón al parado en el gemelo derecho, aunque involuntariamente –al decir de los comentaristas parciales-. La estrategia era de una importancia vital –digo vital- pero ha fallado. Veamos otra vez la escena, ralentizada, el parado cinco millones entrando irremisiblemente debajo del larguero, entre los dos palos, en puerta, ante la mirada desolada de sus compañeros de equipo, y la desbordada alegría del rival.

El juego no ha sido brillante. Al fin y al cabo, parados atraviesan todos los días el marco de su infortunio, se esperaba algo más de espectáculo. Se esperaba del parado una remontada, algo más de raza. Pero no. Ahora se entiende tanto salir a pasear la sin hueso en las vísperas. Por uno y otro lado. Intentaban los hombres amenizar esto en vista de lo que luego se iba a ver: nada, la nada más absoluta, una bacalá de encuentro arruinado por la actitud de los contrincantes. Así que ruina total, con la audiencia en un bostezo gigante y escasas, por no decir ninguna, ocasión de escapar al destino prefijado.

Al parado le bastaba empatar aceptando una merma del sueldo pongamos por caso, solo que con eso corría el riesgo de meterse un tiro en el pie. Dejar la iniciativa en posesión de los mercados y el árbitro, sin presionar al doscientos por cien, dejándoles hacer y sin morderles las canillas era comprar papeletas al por mayor para que en una de esas apareciese la UE y mandase a la cuneta los planes de cualquier asalariado.

El parado ha sido requerido por todos los medios informativos para servir sus impresiones a una audiencia ávida. Conocemos a sus novias, su familia completa, lo que come y lo que compra, necesitamos saber más: cuantas hipotécas, créditos, tarjetas y manos han intervenido en su caída, cuantos puntapiés. Ahora faltaba conocer qué pensaba de su entrada en el paro: “No quiero hacer declaraciones, porque si digo lo que pienso acabaré ya no solo mi carrera de parado, sino de posible futuro contratado por un sueldo de mierda”.

Del vencedor también sabemos qué restaurantes y amistades frecuenta, dónde adquiere o le regalan los trajes, adónde evade sus ganancias para no pagar impuestos, cómo ha labrado su poder. “No es una final limpia, los mercados cuentan con favores arbitrales”, se lamentan quienes esta noche no dormirán porque han perdido los asalariados, porque ya ha entrado en meta el parado 5 millones. Están de luto. Ha sido la sentencia final. Al menos hasta el próximo encuentro.

El dinero que dilapida el fútbol es similar al PIB de algunos estados y serviría para pagar fuentes de trabajo que harían remontar a cualquier país. Pero tiene emoción y conocemos todos sus entresijos. Sabemos del ceño fruncido de algunos de sus entrenadoras horteras o del señorío de otros, el mecanismo de las jugadas, la gloria suprema de ver entrar un balón en portería empujado –o no evitado- por alguna de los 22 jugadores sobre el césped. Sabemos de qué hablamos –yo no, realmente, pero me fijo mucho- y sentimos los colores de los nuestros. ¿Tanto costaría informarnos de lo que realmente nos afecta y vivirlo con pasión? El fútbol inoculado en altas dosis, nos está costando tan caro, tan sumamente caro. Nos distrae (una barbaridad), nos evade… mientras nos devalijan posesiones y derechos.  Suelo mantener que tenemos derecho a la felicidad pero procurando que no nos dañe la conciencia. ¿Qué nos queda sin el fútbol? me han preguntado en twitter de donde he sacado por cierto –además de otras crónicas desgarradas de los perdedores- alguno de los lastimeros tópicos del enésimo Barça-Real Madrid… ¿Qué nos queda? la cordura, la dignidad, el coraje dos dedos de frente ¿Los hay? De momento ya somos campeones del paro.

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