Hubris, el síndrome de los políticos

Soberbia, desmesura, huida de la realidad. Son los males que invaden a los políticos en el ejercicio del poder. David Owen, antiguo ministro de exteriores británico y neurólogo en su vida cotidiana, invirtió seis años en estudiar el cerebro de los líderes de la clase dirigente.  Con los resultados publicó un libro titulado “En la enfermedad y en el poder” -Abril de 2008-. Según el político inglés, hay una razón para el desvarío de quienes alcanzan altas cotas de mando o/y notoriedad: el “síndrome Hubris”, no admitido por la medicina pero con una larga historia en nuestra civilización. Y con ejemplos tan palpables que deberíamos proponer se estudiara como enfermedad… y contara finalmente con un tratamiento.

Bush, Blair y Aznar se reunen en las Azores, con el portugués Barroso como convidado aquiescente de piedra, y deciden invadir un país: Irak. Están poseídos por Hubris. Les acomete una exagerada confianza en sí mismos, ya no escuchan a sus asesores ni a sus ciudadanos, se creen en posesión absoluta de la verdad, con capacidad para hacer y deshacer según su voluntad, no reconocen sus errores. Para Owen el poder intoxica al punto de afectar la mente. Todo se ha gestado con técnicas de manual. En otras profesiones y áreas de relevancia, se suele llegar a la cima por méritos. También se ven afectados por Hubris –ahí tendríamos a estrellas de la música y el cine pidiendo agua del Nilo para desayunar-. Pero los gobernantes con mayor motivo porque no se han impuesto solamente por su valía personal, sino por una lucha de intereses, triunfo sobre sus contrarios, más palpable que en otros campos. No está asegurado que sean los mejores de su partido, sólo se presupone.

La mecánica es prácticamente igual siempre: salen de sus hogares anónimos, de sus cátedras, de un despacho de abogados –con frecuencia-, o de una fábrica, y en un principio se sienten incrédulos de su propia capacidad. Una nube de aduladores se apresura a convencerles de sus excelencias. La mayoría espera sacar provecho.

El líder ya está seguro, llega la megalomanía, acometer obras faraónicas –desde desatar una guerra a taladrar media ciudad-. La M30 de Gallardón en Madrid, como ejemplo palpable de lo segundo. Los hay a cientos. Se construyen edificios “emblemáticos” que lleven su nombre y su sello para la posteridad. Los rascacielos de Manhattan inmortalizan poderes económicos. La Torre Trumps, el edificio Chrysler, MetLife Building -nacido como Pan Am Building- entre los más conocidos. El placer de entrar allí y decir: “Es mío”. En su vida personal, se dotan también de lujosos chalets e incluso palacetes. Lo primero que proyectó el ex presidente de la Corporación RTVE, Luís Fernandez, nada más llegar al cargo, fue una nueva sede que se identificara con él. Las clínicas,  distintos organismos, cuentan al menos con una lápida de quien los inauguró. Para las posteridad -o hasta que llegue la piqueta-.  Ellos ya no son “iguales” a los demás mortales, son superiores.

Es entonces cuando se desata el miedo a perder lo obtenido. Todos son enemigos a evitar, incluso en los consejos. Rodearse de mediocres en su círculo más cercano, apenas atenúa su temor. El rival brillante, precisa su desactivación por cualquier método. Esperanza Aguirre y su “inexistente” red de espías para controlar a oponentes de su propio partido. Los “hijodeputa” a desplazar. El “¿Qué arma tenemos contra él?” “¿En la caja?” “Contra él”.

Nerones, Calígulas, Claudios que se encierran en su castillo. El síndrome de la Moncloa, de Génova, de Ferraz, de la última planta de cualquier empresa. Por eso José Luís Rodríguez Zapatero dijo la noche de su primera victoria electoral: el poder no me va a cambiar. Por eso, tampoco lo ha cumplido.

Los expertos aseguran que afecta más a los varones y a personas de corta capacidad intelectual. El varapalo de las urnas, el cese, la pérdida del mando o la popularidad en definitiva, sume al afectado por el Hubris en la siguiente fase: desolación, disimulada con rabia y rencor en algunos casos. El ex presidente Aznar, abrupto correcaminos del odio, es una clara muestra.

Hubris -Hibris para el español- nació, como casi todo, en Grecia. Esa vanidad desmesurada –que competía con los dioses- acarreaba un castigo que proporcionaba Némesis, la diosa de la justicia retributiva. Sin piedad, volvía al descarriado a los límites de su realidad. No se andaba con miramientos. Sus afectados podían llegar a ver cómo un águila se comía a diario su hígado –regenerado, inmisericordemente, por su condición de inmortal-. Es decir, véase Vd. en esa desagradable tesitura una mañana, para que se repita todos los días, eternamente. Le sucedió a Prometeo, benefactor de la Humanidad, pero que se extralimitó de sus funciones, invadiendo el terreno de las deidades; entes, que como ya se sabe, no se caracterizan por tolerar críticas o sublevaciones. Hubris en sí mismas, son las únicas con derecho a hacer lo que les plazca. No así los titanes, ni, mucho menos, los mortales. El cristianismo, en la misma línea, habla de pecado y opone sanción a la soberbia. Claro que es un pecado capital, mortal, que conlleva la condenación eterna.  Y desde luego al ángel arrogante lo convirtieron en demonio y lo mandaron a los infiernos para siempre jamás. O los generales romanos que -con técnicas de prevención- , eran seguidos por una corte de esclavos en su entrada triunfal a la ciudad, los cuales les iban repitiendo: “Memento mori” que significa “¡recuerda que eres mortal!”. No es necesario aclarar, que no les hacían ningún caso. Véase Julio Cesar.

 2.700 años desde la primera formulación, multitud de avances técnicos, y el ser humano y sus relaciones no han cambiado absolutamente nada. Solo que hoy, la sociedad hueca y hedonista ha suprimido la despiadada “Némesis” e incluso el “Recuerda que eres mortal“, mucho menos cruento. El castigo de las urnas a lo sumo, el cese, la pérdida del favor del público en los famosos, como mucho… y como poco. Y lo peor es que los rivales políticos, o los nuevos ídolos actuarán previsiblemente igual. Ya lo hacen en muchos casos antes de alcanzar la cota máxima a la que aspiran. Sufren de Hubris hasta  depredadores de intrascendentes ideas. Ningún águila justiciera pide cuentas. En nuestros días, reina la impunidad. Salvo la pena que lleva implícita su propio síndrome: el miedo a perder lo conseguido.

( Este texto, que he actualizado, lo publiqué el 19-04-2008 a las 12:23, en el malogrado SOITU, que estimulaba el bien hacer y al que tanto añoramos).

PD. Escuchando el debate del Congreso, me temo que Rajoy padece de Hubris prematuro, desde ya.

Anuncios

23 comentarios

  1. Es el principal problema de la concentración de poder. Ya ocurría con las monarquías y ocurre ahora que nos gobierna una aristocracia (la clase política). La única solución contra el Hubris es la verdadera democracia, esa en la que la soberanía pertenece al pueblo y no a sus representantes.

    No te puedes fiar de los representantes, son humanos y pueden caer en la soberbia y la locura.

  2. La mejor anticipación a lo que ha sido el gobierno de Zapatero fue la portada de “El jueves” a la semana siguiente de su primera elección: una multitud de jóvenes aclamándole al balcón ¡No nos falles! ¡No nos falles! y el monigote del jueves gritando ¡No nos folles! ¡No nos folles!…

  3. A usted, Constantine, debieron suspenderle siempre en urbanidad en el colegio.

    Interesante artículo de New York Times. No sólo en España los que gobiernan andan a tortas con la economía. Cabe preguntarse que con qué propósito.

  4. Eliecer

     /  17 febrero 2010

    Asi somos los humanos, zafios hasta el final.

  5. Trancos

     /  17 febrero 2010

    A parte de la Némesis y el “memento…”, el “ostracismo” tampoco estaba nada mal; desterrarlos a Brueselas, o al FMI, o a la UNESCO, o a la Caixa/Caja de Tal… con un sueldo del copón como se hace ahora con los políticos desplazados y derrotados que, presumiblemente, se van a dedicar a tocar las narices a sus nuevos jueces no valdría, naturalmente. Si es que sobre “democracia” los griegos ya lo habían inventado todo.

  6. Soto

     /  17 febrero 2010

    Hola Rosa Maria y amigos ciber-contertulios:
    Es sumamente interesante el contenido del Post,pues es adentrarse un poco más que las criticas habituales ;es importante llegar al estudio del porqué de la mayoria de lo que toca el ser humano fracasa ,y,esto es debido a la soberbia y a la patologia que nos “endosa” el poder;entonces quiere decir que el problema está en nosotros.Creo que es muy importante pensar y plantearse que pasaria si los mismos que criticamos este comportamiento tuviesemos la posibilidad de “sentarnos en el sillón”……..¿no nos visitaria esa “sombra ” que nos va llevando a pensar solamente en nostros y por lo tanto la soberbia y la adoración al poder se converterian en una patologia que nos quita el sentido común y el pensar para lo que fuimos elegidos?¿Porqué cuando las clases emprobecidas y por lo tanto reivindicativas cuando llegan a la clase media sus ideales se paralizan?.si,somos nosotros, la especie humana la que constitucionalmente poseemos esos “duendes”.El ser humano tiene que bucear mucho en si mismo para desde ahi pasar a ser un ser mejor,creo yo.
    No me acuerdo que compañero escribia el otro dia en su correspondiente comentario matizando que al ser humano le hace falta una “vuelta de tuerca más ” en su proceso evolutivo,me sumo a esa inteligente reflexión.
    Moitas apertas agarimosas

  7. Trancos

     /  17 febrero 2010

    Pues no, Soto. El problema no está en nosotros. O por lo menos, no está en todos nosotros. Así como los indios navajos no sienten el vértigo de las alturas, a algunos no nos afecta el vértigo del poder. Algunos, por no aspirar, no aspiramos ni a la presidencia de nuestra comunidad de vecinos. Algunos, incluso soñamos con un mundo sin dioses, sin patrias y sin patronos, y por lo tanto sin pontífices, sin políticos y sin sindicatos ni confederaciones de empresarios. Ya lo sé. Pura utopía. Pero puestos a soñar y a aspirar… No me molesta (incluso lo veo legítimo) que los que mandan tengan orgasmos en el disfrute de su cuota de poder. Lo que no les perdono es la eyaculación precoz y el onanismo. A parte de sodomizarnos (con perdon) deberían garantizarnos a los demás una cuota mínima de placer y vaselina.

  8. Galgo de Casalarreina

     /  17 febrero 2010

    Síndrome que aqueja también a mi CEO

  9. Si yo tuviera el mismo resentimiento, rabia u odio que siente usted cuando se critica al PSOE, señorita Difusa, también podría conjeturar las asignaturas que usted suspendía en el colegio. Me abstengo. Y le informo de que me he limitado a transcribir literalmente la portada. Supongo que si por Ud fuera se prohibiría la misma, igual que se hizo con la portada de los príncipes de ASturias en esa revista.

  10. En el colegio, Constantine, mi nota media solía ser matrícula de honor. Vaya conjeturando

  11. Viator

     /  17 febrero 2010

    Casi siempre que leo los comentarios en esta bitácora saco la misma comclusión: una especie de desánimo antropológico. De una forma inconsciente, todos nosotros parecemos estar inmersos en esa edad donde la justicia ( la “diké”) y la equidad han desaparecido, para dar paso a la desmesura, la injusticia y la soberbia (la “hybris”) que es, según nos dice Rosa, la característica de nuestros políticos; y de nuestros financieros y de todos aquellos que controlan los resortes del poder. habría que añadir.
    Aparte esa percepción del desánimo, la lectura de este artículo me ha hecho recordar viejas lecturas de época universitaria, en las que el estudio de los clásicos daba sentido al pensamiento actual. Ayudaba a entender por qué la sociedad sigue pensando con esquemas que ya pusieron de manifiesto los antiguos pensadores griegos. Y sus conceptos siguen vigentes y explican actitudes como la soberbia de los poderosos.
    Me he salido del debate, pero he recordado que la Cultura (con mayúsculas) es un patrimonio sometido a expolio con el ¿inconfesado? propósito de infantilizar a las gentes y hacerlas manipulables… y temeroras.

  12. Matrícula de honor en modestia y respeto a las opiniones de los demás, eso seguro.

  13. A además, Constantine (no le voy a llamar señorito), me va a perdonar pero que dado su estilo habitualmente faltón yo opine que usted no pudo sacar buena nota en urbanidad y que, como consecuencia, haga usted esa asociación de ideas vinculando opiniones personales mías con la portada del El Jueves que menciona (opinones que usted no conoce y que se está inventando y que son sólo suyas) y, además, con no sé qué vainas de otra portada de la misma publicación con la imagen de los príncipes de Asturias y que diga que si por mí fuera se prohibiría es para que se lo haga mirar.

    Imaginarse cosas y creerlas tiene un nombre médico

  14. apajerabierta

     /  17 febrero 2010

    En Murcia dicen algo así como “si quieres conocer a fulanico, dale un carguico”
    La horadez se pone a prueba, cuando existen grandes y” fundadas” razones para perderla.
    Yo creo que existen grandes intereses creados, con mucho poder, que al político le explican como dejar de ser honrado, sirviendo a la comunidad y además, sacando tajada. Muchos lo entienden.
    Pero creo que este mal sigue actuando en cualquier tipo de organización política que exista

  15. Neófito

     /  17 febrero 2010

    Que asco me dan los políticos. Cada día mas. En algun lugar leí: “Si votar sirviera para algo… ya estaría prohibido.” Pue eso… Cada día estoy más convencido.

  16. Eliecer

     /  18 febrero 2010

    Si claro para que vamos a votar, y que asco dan los políticos, es mucho mejor un señor con bigote a caballo, que nos diga lo que hay que hacer, sin fisuras, ni dudas, un amado lider, un lider fuerte y todos detrás haciendo la ola. Los políticos son lo que son pero de momento el sistema permite correcciones, pocas pero las permite, así que mientras no tengamos un sistema mejor, creo que deberiamos centrar nuestros esfuerzos (esfuerzo civil) en mejorar lo que tenemos. Que visto en perspectiva histórica, lo que tenemos no es poco.

  17. Neófito

     /  18 febrero 2010

    Elicer relaaaajate. No se de donde te sacas que prefiera una dictadura a nuestro sistama actual. Se ve que sabes leer, pero la comprensión lectora no es tu fuerte. Que me den asco nuestros políticos no signifca que me gusten los dicatodres. Por supuesto que un sistemas totalitarios como los de Cuba, Iran, Venezuela (que no es una democracia), China, Coreal del Norte, etc., son mucho perores, pero no por eso tienen que gustarme nuestros políticos. Que no me gusten nuestros políticos no significa que no me guste la democracia. Lo dicho, aprende a comprender lo que lees y no tergiverses lo se escribe en este foro.

  18. Soto

     /  18 febrero 2010

    Entrañable Trancos,quizas(lo más seguro) tendria que haber matizado mi comentario anterior,ya que esto daria para un debate extenso,intenso y sumamente enriquecedor.Tu ,suponte que a parte de no querer nada de lo que a muchas gente “les quita la razón” de repente te ves insertado en el poder….¿estás seguro de que tu noble utopia no se veria resquebrajada por los duendes del poder?.Yo ,Soto,me “desnudo” intentado ser autocritico y sincero (lo cual es bastante dificil en los humanos) y no siendo amigos de los lujos ni de las artificialidades de esta infantil sociedad no pondria la mano en el fuego porque desconfio de “las entrañas”( por no concerlas) del ser humano.Como matizaba ayer ,al crebro humano le hace falta un poco más de desarrollo en su campo evolutivo(lleva su grant iempo).
    Trancos,es para mi un placer debatirr contigo..
    Apertas agarimosas

  19. Trancos

     /  19 febrero 2010

    Hola, Soto. Así, votepronto, se me ocurren dos ejemplos de personas que antepusieron sus principios y convicciones (acertados o no, en eso no entro) al ejercicio del poder: Nicolás Salmerón, presidente que fue de la I República, sólo durante 2 meses, cargo del que dimitió al negarse a firmar una serie de condenas a muerte al ser defensor a ultranzas de su abolición. Y Ernesto Che Guevara, que una vez logrado el triunfo de la revolución en Cuba, renunció al cargo de ministro que le ofreció Fidel (a este sí que le ha gustado el poder más que a un tonto un palo) y se marchó a extender la revolución a otras latitudes de América Latina. Tú podras argumentar que son excepciones que confirman la regla. Pero mejor regla que ley, porque estas sí que no admiten más excepciones que el estado de excepción. No seré yo quien diga “de este agua no beberé” (“ni este cura no es mi padre”, añadimos en mi tierra para más inri). Pero en más de una ocasión me han ofrecido puestos golosos en listas electorales y siempre los rechacé. Bueno, miento: una vez fui concejal… durante una semana. Dimití aterrado (y asqueado) cuando me enteré de lo que se esperaba de mí y desde entonces no he vuelto ni a militar ni a simpatizar con ningún partido. Siempre voto, pero casi siempre voto a un partido sin posibilidades de alcanzar el poder para que tampoco tenga posibilidades de defraudarme. ¿Voto inútil? Vale. Pero mejor eso que contribuir a que los inútiles alcancen el poder. También conocí a un médico en tiempos del franquismo que, el pobre hombre, se pasó media vida cambiando de destino, huyendo de un cargo, porque en cada pueblo, sin comerlo ni catarlo, el gobernador de la provincia le nombraba alcalde (a dedo en aquellos tiempos) sin comerlo ni catarlo. Aunque él sólo quería que lo dejaran en paz ejercer su profesión, no estaban los tiempos para desairar al generalísimo y sus monaguillos

  20. Trancos

     /  19 febrero 2010

    Hola, Soto. Así, votepronto, se me ocurren dos ejemplos de personas que antepusieron sus principios y convicciones (acertados o no, en eso no entro) al ejercicio del poder: Nicolás Salmerón, presidente que fue de la I República, sólo durante 2 meses, cargo del que dimitió al negarse a firmar una serie de condenas a muerte al ser defensor a ultranzas de su abolición. Y Ernesto Che Guevara, que una vez logrado el triunfo de la revolución en Cuba, renunció al cargo de ministro que le ofreció Fidel (a este sí que le ha gustado el poder más que a un tonto un palo) y se marchó a extender la revolución a otras latitudes de América Latina. Tú podras argumentar que son excepciones que confirman la regla. Pero mejor regla que ley, porque estas sí que no admiten más excepciones que el estado de excepción. No seré yo quien diga “de este agua no beberé” (“ni este cura no es mi padre”, añadimos en mi tierra para más inri). Pero en más de una ocasión me han ofrecido puestos golosos en listas electorales y siempre los rechacé. Bueno, miento: una vez fui concejal… durante una semana. Dimití aterrado (y asqueado) cuando me enteré de lo que se esperaba de mí y desde entonces no he vuelto ni a militar ni a simpatizar con ningún partido. Siempre voto, pero casi siempre voto a un partido sin posibilidades de alcanzar el poder para que tampoco tenga posibilidades de defraudarme. ¿Voto inútil? Vale. Pero mejor eso que contribuir a que los inútiles alcancen el poder. También conocí a un médico en tiempos del franquismo que, el pobre hombre, se pasó media vida cambiando de destino, huyendo de un cargo, porque en cada pueblo, sin comerlo ni catarlo, el gobernador de la provincia le nombraba alcalde (a dedo en aquellos tiempos) sin comerlo ni catarlo. Aunque él sólo quería que lo dejaran en paz ejercer su profesión, no estaban los tiempos para desairar al generalísimo y sus monaguillos.
    Encantado de debatir contigo, Soto.

    Salud y saludos… agarimosos 😀

  21. Soto

     /  19 febrero 2010

    Trancos,me lo pones dificil….ja,ja,ja.Tu comentario está extraordinariamente elaborado,conjuntado ,argumentado y con justificaciones conocidas.Mira en estos momentos (me estoy escarallando de risa sana,sanisima) y te digo el porqué,me pregunto…¿como salgo de este atoalladero? ¿le doy a Trancos una de cal y otra de arena? y asi quedo yo bién !Que importancia se le da a quedar bién! !El duende de la soberbia!.Es el duende interior que no “se desnuda en la objetividad a tope”.Sinceramente ,yo me debato muchas veces en que la mayoria de los humanos (hay que tener en cuenta, por supuesto,”al hombre y su circunstancia) tenemos una parte de nuestra “constitucionalidad existencial”jodidilla”.Yo no milito en ningún partido por que no me llena mis espetactivas de un mundo más puro,humano,espiritual e intelectual,una busqueda de una sociedad donde los autenticos valores que debe desarrollar el ser humano no lo persiguen los actuales partidos politicos.En su dia me ilusionó el PSP de Tierno Galvan ,claro, fué engullido por el sistema de partidos reinante y además no tenia apoyos economicos (en su momento el Pais le dedicó editoriales que en nada lo ayudaban ,claro el ideario de Tierno iba contra la ideologia privada del periodismo).Me estoy liando ,mejor dicho llendome del tiesto.a mi me pasa lo mismo que a ti y a los personajes que tu mencionabas ,pero a pesar de ello veo en el ser humano una cantidad de “egoismo vicioso” que origina los obstaculos para que camine con humanismo y racionalidad.Tu me pones a Che Guevara ante el cual “me inclino” pues su proceder rozaba con la “patologia del bien y de la autoexigencia”.lograr ese “desnudo integral” corresponde a gente de un perfil fuera de lo comun, de todo lo que nos rodea;otro personaje que me causó una impresión mayuscula fué León Tolstoi,cuando decepcionado de la conducta humana se desprende de todos sus bienes y muere en una estación del Ferrocarril.Maravillosa ambas conductas….¿porque se ven truncadas?Uno asesinado y otro abandonado y decepcionado del mundo…….¿porque no somos los demás humanos capaces de ese
    esfuerzo de de coherencia y auntenticidad? ¡ Porque el noventa por ciento restante de la humanidad es diametralmente opuesta ?..¿maldad? ¿ignorancia? ..¿cobardia¿..¿comodidad?
    No di una de cal y una de arena ,he mostrado mi perpegjlidad y confusión ante un tema que me apasiona y me descoloca al mismo tiempo.Te vuelvo a felicitar por tu concienzudo comentario.
    Moitas apertas

  1. Hubris, el síndrome de los políticos
  2. Hubris, el síndrome de los políticos « Ó Consultores – Comunicación Política y Electoral en Red
A %d blogueros les gusta esto: