Antonio Machado en el cuaderno de viaje

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Nunca le faltan flores frescas, ni recuerdos españoles de sus visitantes. Hace 70 años que fue enterrado en esta humilde tumba del cementerio de Collioure, Sur de Francia. Hoy, Antonio Machado, recibía a un instituto de Barcelona y reconforta ver que no le hemos olvidado. Una veintena de jóvenes leían sus poemas con cierto nerviosismo por ser escuchados. Retomo los pasos del caminante que sabe que sólo así se hace camino, del que se fue ahíto de equipaje sin ambicionar la gloria, del intelectual que dejó España porque aquí nos estábamos matando y él mismo no era visto con buenos ojos. No era cosa de andar con bromas, Lorca acabó en una fosa común. Aunque fue llegar a Francia y morir, y no regresar ni en cenizas. Esas tumbas de ignominia que molestan y que llevan al Juez Garzón ante los tribunales, con la bendición del Partido Popular.

En el viaje hasta Coilluore, los pirineos catalanes hablan de Historia. Ancestral. Por aquí pasó el cartaginés Aníbal con sus 37 elefantes –200 años antes de la era cristiana-, vigilando la flota, perfectamente visible desde lo alto para conquistarnos tal como suena. De los exiliados españoles a Francia en el “apacible” franquismo, de los que vinieron huyendo de los nazis -aunque camino de Portugal-, que incluso tienen un monumento en la pista entre forestal y asfaltada que separa Francia de España en ese punto. Ya no hay aduanas en parte alguna, mucho menos donde nunca las hubo. Quizás entre un país que huele a terminado, pintado, ordenado, y otro al que le falta mucho por llegar a ese estado.

Querer enjuiciar al franquismo es materia de demanda al que lo promueve, me entero aunque –de vacaciones- quiera desconectar. Y la jurisdicción universal se suaviza, se abandona, porque molesta a muchos países esas inquinas de los jueces españoles, que –como la de Garzón- amargó los últimos días del dictador chileno Augusto Pinochet. Gracias a eso, a que otros sí “abren heridas”, otros países considerados por nosotros menos desarrollados tomaron fuerzas para acabar con la impunidad, y, por ejemplo, van a procesar al asesino de Víctor Jara, 36 años después de los hechos. Acuerdo de Psoe y PP, anunciado cuando Israel protestó -o así lo vimos el 1 de Febrero-, ya podremos dedicarnos a nuestras cosas que no es cierto lo del mundo globalizado y cada país entierra su mierda o le pone un marco, según le interese.

Pero El Ampurdá es maravilloso, el agua azul, verdosa, y transparente, y vivir aquí el triple título del Barça fue una experiencia impagable: la visualización de la felicidad. ¿Qué más se puede pedir?

Aunque

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3 comentarios

  1. Debió de ser muy duro para un poeta; que tomó como unica arma una pluma, que en vez de matar y destruir, da la vida y construye versos; y que desde su posición de intelectual en la Institución Libre de la Enseñanza hiciera todo lo que estuviera en su mano para que su país saliera del oscurantismo, la incultura y la ignorancia; tuviera que que salir del mismo, viendo el triste y deprimente espectáculo. No me extraña que al poco de cruzar los pirineos muriera de tanta tristeza y dolor.

  2. “¿Cuándo llegamos a Sevilla?”

  3. Toiquimao

     /  31 mayo 2009

    Visté la tumba a la vuelta de una Semana Santa en Carcassone, protagonizando una “espantaa” hacia Argeles-sur-mer, bajando luego a Cotlliure. Desangelado tras el infierno de los chalets en la playa, aparcamos facilmente -eso que se espera en un pueblo pequeño-, merendamos en una pasteleria donde fuimos saludados con complicidad por la mujer que atendía, hablandonos en ese catalan tan “egge” al distinguirnos barceloneses. Tan facilmente como llegamos al cementerio, tan céntrico, tan pequeño, al entrar en ese recinto trazando una L, a modo de subrayado, vimos un pequeño altar, y una tumba en el suelo a tan poquitos metros que casi la pisamos por entrar corriendo. Madre e hijo rodeados de papelitos con dedicatorias y pensamientos, esas banderas y las flores, y esa gente peregrinando. Yo creí llegar a un lugar medio olvidado, pero me encontré sin preveerlo con otra procesión interior, en busca de recogimiento, afrontando al poeta que murió de tristeza, con gente pequeña y no mucha, pero llenando ese espacio. Igual que nosotros, otros no muchos y la complicidad de la pastelera que no entendimos hasta que pudimos salir de la emoción que nos embargaba. Como solo tenemos el camino, lo hice con un nudo en la garganta que hoy me has devuelto, un retorno del estómago al nudo que te agradezco y que lleva el nombre de Febrero.

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