La calle es mía

foto-calle1

Una plaza de Madrid, bajo el letrero “propiedad particular”. Está cerca del Estadio Santiago Bernabeu, patrimonio de un afamado club de futbol… privado. En realidad es una calle con forma de “ese”. Además de la cámara de vigilancia, está vallada por ambos extremos. ¿Cuándo la ha vendido el Ayuntamiento? ¿Lo permiten las leyes?

La viñeta de Forges, hoy, en el País, está patrocinada por REPSOL. O así lo parece. No sé si es la primera vez. Amarillo de rabia se advierte al gran personaje.

La mayor parte de las noticias en vídeo que ofrecen los periódicos digitales, obligan a pagar un peaje: unos segundos de publicidad.

Ya no hay quien vea la televisión convencional. Abruman tantos “consejos” y sugerencias de compra. La calidad de los programas se ha envilecido porque la irrupción de las cadenas privadas abrió a la voracidad eso que llaman la tarta publicitaria. Hay que repartir los ingresos, adocenemos al personal con mensajes triviales y será más vulnerable al consumismo.

La televisión concebida como negocio no ha sido inocua. España es el tercer país del mundo en consumo de anuncios de televisión, tras Estados Unidos e Indonesia. Más de 33.000 impactos al año, un 32% superior a la media mundial. El día que se “patrocinó” -respaldó, favoreció… pagó en definitiva- un informativo, llegó el fin de la información. Ahora es “otra cosa”, espectáculo, vehículo, reclamo.

Y, mientras, la privatización supera hasta las concepciones más esencialistas del concepto Estado, como “el monopolio de la violencia legítima” de Max Weber. Todo hoy se queda corto ante la realidad: ya se ha privatizado hasta la guerra. La principal empresa, Blackwater, dispone de 20 aviones de guerra y más de 20.000 soldados, entrena a 40.000 agencias privadas “listas para entrar en combate”, y en su página web se publicitan así: “la más completa compañía de militares profesionales para tareas de refuerzo de la ley, seguridad, pacificación y operaciones de estabilidad, en todo el mundo”. Dirigida por un ultraconservador cristiano, financió a Bush. Cuando él, con la ayuda de Blair y Aznar, invadió Irak, la proporción era de 10 soldados profesionales estadounidenses por uno privado, ahora, hay desplegados 180.000 contratados, frente a 160.000 militares, en palabras de Naomi Klein, autora de “La estrategia del Choque”.

Me niego -y todos deberíamos hacerlo, con todos los instrumentos de los que dispongamos- a que mi vida y hasta mi muerte se decidan en consejos de administración privados, pese a la ultramontana defensa que los liberales hacen de ese sistema. Todos pagamos ahora el fiasco económico mundial, dirigido desde las plantas nobles de los más grandes edificios. El fin de una empresa es el lucro privado, no el mío, no el tuyo.

En un Madrid cada día màs privatizado. uno puede, según la prueba gráfica -que, seguro, tiene alguna explicación ¿cómo va a ser lo que figura textualmente?-, y pese a que las leyes -¿qué leyes?- no lo permitan, plantar un letrero y hacerse con la tierra, igual que en el lejano Oeste. Como en la foto: propiedad particular… o “la calle es mía”.

Entrada anterior

2 comentarios

  1. Viator

     /  15 enero 2009

    Esa sensación de que nos van parcelando el solar hispano para convertirlo en propiedades privadas es algo que yo llevo viviendo desde hace años. Soy montañero y me gustan los espacios abiertos. Cuando caminas por los montes, sorprende la cantidad de alambradas, tapias, espacios acotados que uno encuentra. Cada año que pasa, un poco más. Pero la verdad es que nunca había visto que una calle del municipio y, por lo tanto, de todos los ciudadanos, cuelgue el cartel de “privado”. Supongo que, con nuestros impuestos, no pagaremos la limpieza de esa calle, ni el alumbrado, ni el alcantarillado, ni el asfaltado, ni la vigilancia policial, ni…
    Y me pregunto, si apenas nos quedan espacios de propiedad común y ciudadana, cuando nos hablan de patria ¿de qué patria están hablando?
    No sé por qué, pero empiezo a sospechar que, si todo viene a ser privado, no hay patria común que pueda intersar al común de las gentes.
    De momento, que me vayan devolviendo la parte proporcional de las tasas municipales de esa plaza de Manolete (que ni de Manolete es, porque tiene otros dueños), yo de mi bolsillo no les pago un puto euro.

  1. diari d’un insomne » Blog Archive » Tanta privatització…
A %d blogueros les gusta esto: