La basura burócratica

Este martes y 13 me he desayunado con que el subsidio de desempleo que cobraba había sido dado de baja. RTVE decidió prescindir de sus trabajadores mayores de 50 años -sin tener piedad de quienes desde la realización, la imagen o el periodismo han marcado y dirigido la historia del medio en este país- en un ERE “voluntario”. Para no engrosar la cuenta de resultados de la Corporación, una parte la pagaría durante dos años el INEM. Pero mi subsidio ha desaparecido.

Cuando he llegado a la oficina del INEM aguardaban un par de centenares de personas. De pie la mayoría. Faltaban más de cien números para que me correspondiera turno. Cuando, transcurrida la hora de cierre del establecimiento, una amable -sin duda- funcionaria me ha atendido, ha argumentado que se había producido un cruce informático en el que yo figuro en activo, trabajando, y que “suponía” se resolvería. “¿Para el mes que viene?”, he preguntado con candidez. “Supongo” ha respondido evidenciando que no era ese tiempo el estimado para solventar el error. Y entretanto ¿de qué como?

Por la tarde he intentado resolver la carencia de médico de la Seguridad Social, no vaya a ser que la angustia me provoque un espasmo. En los Presupuestos Generales del Estado y en no sé cuantos Reales Decretos, con sus barras y todo, se han derogado las colaboradoras, era el caso de nuestra ex empresa. Me han dicho que precisaba un justificante de empadronamiento. Que no servía el carné de identidad -donde figura mi domicilio- porque eso era de otro negociado. Ni la tarjeta censal para votar, ni recibos del piso, nada… Hay que acudir a la Junta Municipal. Lo haré, de forma “presencial”, y aguardaré más números y más colas, si quiero resolver pronto el asunto.

En los albores de la Transición, España contaba con un millón de funcionarios, ahora tiene dos millones y medio, de los cuales, la mitad pertenecen a las Comunidades Autónomas. El porcentaje es de un funcionario cada dieciocho habitantes, similar al resto de los países europeos, y algo menos que en Francia que, sin embargo, es puro centralismo. Pero ¿ha mejorado el funcionamiento del Estado? No lo parece, por el contrario se diría que ha aumentado la burocracia y la ineficacia, por no hablar del gasto.

Las aglomeraciones de desesperados, las interminables esperas parecen querer doblegar la voluntad del usuario, hacerle saber que es un número sin dignidad y sin apenas derechos.

Hoy se cumple un año del asesinato de Mari Luz, la niña de Huelva a cuyo presunto asesino no mandó el Juez Tirado enviar a la cárcel por una sentencia anterior, error -si se nos permite llamarlo así- sancionado con 1.500 euros. Nos enteramos entonces que había casi millón y medio de sentencias sin ejecutar. Y de que los Juzgados apenas disponen de ordenadores, trabajan con legajos escritos a mano como en el siglo XVI. Los Jueces se plantean ir a la huelga en solidaridad con su compañero expedientado, y España debate si la Constitución se lo permite o no.

¿Y nuestros derechos? Mientras España no erradique la basura burocrática -gusano que entorpece la digestión democrática, cáncer que nos pudre-, no será un país civilizado. La octava potencia económica mundial no puede permitirse, en el siglo XXI, este funcionamiento administrativo. En días como estos, una llega a pensar que se trata de un sistema deliberado.  Como aquella versión de la Ley de Clark que utilizó un empleado de la NASA:

       ” La incompetencia suficientemente avanzada es indistinguible de la mala voluntad”

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2 comentarios

  1. PACO AUDIJE

     /  20 enero 2009

    “If your white, that’s alright,
    if you are brown, take a round,
    but if you’re black, get back, get back”.

    Eso decía la letra de un blues que solía escuchar en el pasado.
    Hablaba de la época de la depresión en Estados Unidos.
    Ahora, al leer tu relato, aquella canción se me viene a la cabeza.
    En efecto, podríamos estar peor en Zimbabwe. Tampoco estoy
    seguro de que estaríamos mejor en Suecia. La idealización de los
    otros países europeos se desmigaja cuando vivimos en ellos. Pero lo cierto es que -en cualquier momento- podemos convertirnos en el “black” de la cola del desempleo. Get back, get back…

  1. El día en el que me convertí en una paria « El Periscopio
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