Padres y madres de las patrias hijas

Pregunté una vez en el colegio, en una clase de historia, por qué había sido tan diferente la trayectoria de los pueblos que componen el continente americano, según hubieran sido sus conquistadores –norte sajón, centro y sur español-. No corrían tiempos en los que un profesor pudiera dar respuestas críticas, me quedé con la duda. Ciertamente, los conquistadores de habla inglesa, llegados a lo que hoy es EEUU, liquidaron expeditivamente a toda la población autóctona, nosotros –además de una buena sangría, aunque no total, en vidas y haciendas- les engendramos hijos, los convertimos al catolicismo y les exportamos nuestra cultura y valores.

Nacho Escolar cita hoy “el ejemplo inglés”, la airada reacción -con seria exigencia de responsabilidades- por los gastos personales de diputados británicos -de todos los partidos-, cargados al fisco. Su ley se lo permite –primera diferencia-. Segunda y más aleccionadora: política y ciudadanía no lo toleran. Es la mayor crisis institucional en décadas. Y consecuencias: dimite el presidente de la Cámara de los Comunes por primera vez en 300 años, los líderes de los principales partidos piden disculpas a la población y exigen que los implicados devuelvan el dinero, dos tercios del partido laborista piden tambén el cese inmediato de Gordon Brown y estudian sanciones a sus miembros implicados. ¿Se imagina alguien esa actitud en España? La opinión pública británica no tolera las actitudes poco éticas, tercera y decisiva diferencia.

Álvaro Colom, presidente de Guatemala, –como decíamos ayer– arguye algo así como la posibilidad de sacrificios humanos por parte de la oposición para derrocarle -así podría traducirse-. La muerte del abogado Rosenberg sería “un montaje” de sus detractores. El caballero está muerto y bien muerto ¿se ofreció en inmolación para desprestigiar al presidente? ¿Se reunieron los partidos contrarios a Colom para elegir a quién sacrificaban y luego le pegaron un tiro? Pues bien, una parte de los guatemaltecos parece creer una versión aproximada, porque han salido a la calle para apoyar al político acusado.

La misma sensación -salvando las distancias- sentí al ver al presidente valenciano, Francisco Camps, arropado por alcaldes y gitanos, por la plana mayor de su partido, y por los dirigentes nacionales. Cuando declare ante el Juez se aclararán “las insidias”, dicen. ¿Cómo que “insidias”? Todo nace de una investigación judicial, hay datos, pruebas, documentos, ha sido llamado a declarar por un Juez como imputado. Otra cosa son los resquicios legales de nuestro ordenamiento jurídico, pero las “insidias” son “engaños o artificios para hacer daño a alguien”, y parece que en la “conspiración” se han juntado varios jueces, papeles, y numerosos testigos.

Padres y madres de una cultura que se nubla en creencias y actos de fe, las evidencias sajan gran parte de nuestro territorio nacional. Madrid huele a podrido, más aún con nuevos datos fundamentados en documentos. La larga lista de la impunidad apenas ha cambiado desde esta entrada de Febrero, si no ha sido para añadir nuevos escándalos. Pero la sociedad no se inmuta.

¿Qué más tiene que pasar para que la sociedad española reaccione? Muchos guatemaltecos, hartos, lo están haciendo en su país. El cáncer está en nuestra cultura de picaresca, chapuza, amiguismo, clientelismo, trampa y robo, de pensar en el provecho propio y no en el bien común como hacen las personas bien educadas. Mientras, los asuntos sustanciales quedan aparcados. El gobierno suizo –me contaba ayer el periodista Antonio Delgado- paga subsidio de pobre a quien gana menos de 1.500 euros. En casi toda Europa el Estado costea las gafas o permisos de maternidad ¡y paternidad! hasta de un año. Seguimos siendo uno de los países con menores ayudas sociales, pese al incremento estipulado por Zapatero, y a cómo el liberalismo las quiere cercenar. Nuestro sistema educativo –del gobierno y las comunidades autónomas- produce bochorno.

Y la pescadilla se muerde la cola. Sólo una ciudadanía educada e informada, con una ética que no dirime sus pecados y delitos en un confesionario sino en la razón y ante la justicia, está preparada para prosperar. Y puede tener algo edificante que exportar.

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