El dedo roto de la información

Siempre me ha resultado muy descriptiva la metáfora del dedo roto. Toca el hombro y siente dolor, toca la pierna e igual, cuanto toca le duele porque es el dedo el origen. Gran parte de nuestras incertidumbres proceden del dedo roto de la información que ha tronchado a esa parte de la sociedad que suele dejarse llevar sin dar ni media vuelta a lo que le insuflan. En el mundo cambiante de hoy -vigilados, espiados, controlados casi imperceptiblemente- adquiere proporciones inquietantes. La buena noticia es que los dedos fracturados curan, la desinformación puede revertirse con información y la idiocia social, con compromiso por el bien común.

Estos días están trazando el círculo rotundo que lo muestra. Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros cobraron durante 8 meses sueldos de miembros del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, una organización considerada terrorista por EEUU hasta que se produjo un cierto cambio en las percepciones de la Casa Blanca, informa El País. Vox se fundó en 2013 ya con un millón de euros del CNRI, según la información que desde hace meses sigue este periódico. Le fueron ingresados el 17 de diciembre de ese año, el día que se inscribió en el registro de partidos políticos del Ministerio del Interior. Son informaciones documentadas y contrastadas. Y, sin embargo, los programas río de la mañana, tan atentos a la última hora para comentarla, centraban su interés en críticas al Gobierno, como Carlos Alsina (Onda Cero) o a Torra, Carlos Herrera (COPE). En papel, El Mundo seguía con su aquelarre contra Podemos y sus nunca probadas –por la justicia, incluido el Tribunal Supremo- financiaciones de Venezuela y Bolivia. Están en campaña, la que les funciona con una audiencia acrítica hasta el atontamiento. Si germina el «todos lo hacen», aunque sea falso, en las conciencias laxas ya les sirve.

Las tertulias espumaban hiel con Venezuela, otra vez Venezuela, per se y obviando de nuevo la situación en Chile y el informe demoledor de la Misión canadiense de los DDHH en Chile. Tras 100 días de conflicto, «Ninguna recomendación de la ONU ha sido cumplida«. Con un sobrecogedor balance de víctimas: 2.000 heridos de bala y 158 querellas por violencia sexual. De Arabia Saudí u otros países «amigos» del poder ya ni hablamos. La UE no les sanciona y prohíbe la entrada ni siquiera cuando descuartizan a periodistas críticos.

Pues así es todo. Si son capaces de manipular temas tan evidentes y significativos, que no harán, hacen, con los asuntos aparentemente menores de cada día. Lo peor es que son los que terminan afectando a la salud, la educación, la prosperidad, la vida de las personas.

Millones de ciudadanos, a tenor de las audiencias de la radio y la televisión sobre todo, se tragan la desinformación que les sirven. Sin hacerse una mínima reflexión.

Titular equívoco del periódico La Razón
Titular equívoco del periódico La Razón

 Si lo quieren creer ya nada más les importa. Cuando La Razón de Francisco Marhuenda, el sempiterno tertuliano, abre portada diciendo «La número dos de Maduro será la interlocutora de Iglesias en la ONU» ¿no les resulta siquiera extraño que se encargue la Agenda 2030 a dos políticos sean cuales sean? La realidad es que la Agenda 2030 fue aprobada por todos los países, salvo el Vaticano, que forman parte de la ONU, por 193. Trabaja por 17 objetivos y 169 metas que se distribuyen entre todos los participantes.

Según el último barómetro del CIS casi la mitad de la población, el 44%, no tiene siquiera una cuenta en redes sociales. Imaginen de dónde se informan, en el caso de hacerlo. Es de suponer que por medios convencionales, partiendo de una curiosidad mínima o nula por los avances de la tecnología de la comunicación.

Y sin embargo hay quienes van por la vida sin herirse con el dedo roto de la información. El 75 aniversario de la liberación de Auschwitz nos ha vuelto a situar ante el espejo de hoy. El símbolo trágico de los campos de concentración fue levantado por el nazismo, variante del fascismo, de la ultraderecha extrema, que torturó y mató a millones de víctimas. Ya no se recuerda que lo liberó el ejército soviético, aliado entonces de las potencias occidentales que luchaban contra el genocidio lanzado por Hitler desde Alemania. La historia da todas las vueltas que se quiere, pero es como es. Y no debe olvidar quién inicia las guerras, la mundial y la de España, puestos a mirar. Es realmente soez que se equipare a la izquierda de hoy con la ultraderecha de hoy y de siempre. Más aún, que la musa política de la lengua suelta, Isabel Díaz Ayuso, anuncie males infinitos a través del gobierno progresista, cuando es presidenta de Madrid gracias a Vox.

En la Italia que lanzó el fascismo que pugna por volver a dirigir el país, ha habido una reacción que abre la esperanza. La región de Emilia-Romaña ha parado los pies a Matteo Salvini por 8 puntos. Lo ha hecho la gestión eficaz del gobierno regional de izquierda y el movimiento de las Sardinas, combatientes del fascismo que llenó las plazas cantando el Bella Ciao, tradicional canto de combate en Italia desde la Segunda Guerra mundial. No la canción de una serie estupenda como piensan los afectados por el dedo roto de la información. Salvini apostó por ese triunfo para propulsarse al gobierno de Roma. Fue de puerta en puerta pidiendo el voto, malmetiendo contra los emigrantes y cuanto combate la extrema derecha. Pero tuvo más peso la realidad y el antifascismo. Fue en Emila-Romaña donde nació Mussolini, donde Bertolucci rodó la película Novecento, como cuenta Enric Juliana en esta excelente columna. Allí saben de qué les hablan y qué se juegan.

En España también, tanto o más, porque a la guerra le siguieron cuarenta años de dictadura con propina e impunidad. Es casi una proeza tener un gobierno progresista que resiste a los feroces ataques de otra derecha extrema apoyada por sucias estrategias mediáticas. Lo tenemos, una mayoría suficiente lo apoyó. A veces parece que lo olvidamos.

Son batallas ganadas, a mantener. Como en Italia, como en otros lugares, la guerra se libra cada día. Cada persona decide cuando le duele un hombro, una pierna, el contenido de un bulo que le encabrita, los agravios que no analiza, y no repara en el dedo roto de la información que los señala. A veces la solución es tan sencilla como evitar darse golpes contra la desinformación.

 

}Publicado en eldiarioes

La ultraderecha marca y controla la agenda

Día intenso en noticias que me interesan. Un informe de la ONU afirma que la desigualdad creciente pone en riesgo la estabilidad política y el progreso global. Y otro de Oxfam Intermón demuestra que las mujeres se llevan la peor parte. La mayor amenaza para el progreso es la desigualdad, y de ello prácticamente no se habla. De hecho se airean mucho más las opiniones que disuaden de esa realidad.

La desigualdad tiene consecuencias concretas. En España, la mitad de los alumnos pobres repiten curso. El porcentaje ha subido casi diez puntos en 12 años (los famosos años de la siempre mentada crisis). A Díaz Ayuso, la presidenta de Madrid, lo que le preocupa es el currículo académico de Historia para incluir más contenidos sobre la cultura y el «legado» judío.

Hay carencias también en residencias geriátricas. Se denuncia que la ratio actual es de 4,21 por 100 mayores de 65, lejos de la ratio que marca la OMS y que España necesita crear 70.000 plazas en residencias para cubrir la demanda actual de personas mayores.

eldiario.es abría este viernes con una noticia de envergadura: «La investigación judicial a la policía política alcanza al Gobierno de Rajoy». Es decir, las cloacas del Estado para ensuciar a sus rivales políticos y lavar sus delitos. La prensa convencional amanecía entregada a menesteres muy distintos de los mencionados.

Rosa María Artal

@rosamariaartal

La agenda mediática, tan lejos de la que preocupa a buena parte de los ciudadanos.

Ver imagen en Twitter
23 personas están hablando de esto

Las noticias –o no noticias- que destacan buena parte de los medios grandes parecen dedicadas, como vemos, a aquellos a quien les importa más perseguir a Torra o Puigdemont, mantener la cruzada del «a por ellos» contra los desobedientes catalanes que la desigualdad que tantos males acarrea.

Pero la derecha y sus voceros tenían otro de sus platos fuertes clásicos. Han decretado, poco después, que el tema principal en la agenda era Venezuela. La visita del autoproclamado presidente –que encima ha fracasado en su intento aun abrazado a los EEUU de Trump y Pompeo- es una cuestión de Estado. Ultraconservador y ultracatólico, es el perfil que gusta al poder para América Latina. Pedro Sánchez y la UE le reconocieron. Una UE algo diferente en su composición a la que salió de las urnas en mayo de 2019. La anterior había sancionado a Venezuela en sintonía con EEUU y prohibió la entrada en nuestro espacio Schengen, entre otros, a Delcy Rodríguez, vicepresidenta del país. Recibirla o no en Madrid en un ámbito privado es otro escándalo para la derecha tan selectiva. Porque, entretanto, el saldo de tres meses de represión policial en Chile deja más de 2.000 heridos de bala y 158 querellas por violencia sexual. Y no dicen ni media palabra. El problema es que Chile no sirve a los intereses políticos de una derecha cada vez más ultra, en donde Vox y PP son ya indistinguibles, Ciudadanos se acerca cuanto puede desde ya su exigua fuerza, y es masivo el apoyo mediático de su cuerda. Felipe González se ha sumado al grupo para disparar fuego amigo contra Sánchez, todo lo contrario que Zapatero, que ha apoyado el presidente del Gobierno. Y ha explicado –y merece la pena oírle– su visión del tratamiento dado a Venezuela.

La derecha extrema marca la agenda y por tanto los contenidos y los tiempos. Establece las prioridades y desplaza lo que no le interesa que se vea y apenas cabe en el hueco que deja su preciso programa. Es el de ellos, no se confundan. Esa derecha señala desde los titulares de los medios hasta de qué se habla en las redes y en la calle, lo copa todo. La ultraderecha fue sacada de su aparente hibernación precisamente por los medios afines ideológicamente, por la codicia de los que priman los réditos que produce su espectáculo, y la impericia de aquellos que simplemente se dejan arrastrar por la corriente. Sin duda por los errores del sistema convencional que estallaron en la crisis de 2008 y la tibieza de una parte de la sociedad. Ahora ya está normalizada para gran parte de los medios. Si añadimos la sobreabundancia de noticias, mezcladas con chascarrillos y fake news, se dibuja un panorama preocupante.

En la manoseada teoría de «los dos bandos» o «los dos lados«, del maniqueo y pueril blanco o negro, han logrado convencer a algunos ciudadanos de que todo es válido, especialmente lo que coincide con «los suyos». Hagamos la salvedad de que los «dos lados» son cada vez más la verdad y la mentira, la educación y la ignorancia, la superficialidad y la profundidad, la decencia y la trampa. Y en modo alguno hablo de adscripciones políticas de nuevo maniqueas sino del debate real que se está produciendo. ¿Que las trampas coinciden con esa derecha que ha colonizado hasta el criterio de muchas personas? Sí. Por afinidades y por su masiva presencia en los medios.

Las ya tres ultraderechas han logrado copar la actualidad con su PIN censor. Cargado de mentiras hasta niveles de no creer que personas inteligentes hayan entrado al trapo. Aquí también hay dos bandos: el del PIN y el del SMI ninguneado éste por los medios grandes cuando no criticado. Y no es tan difícil informarse de la realidad.

Cada día la amplia derecha elige sus prioridades en la agenda. Distraen, encabritan y quitan tiempo para ocuparse de lo importante que suele coincidir con lo real. Si volvemos a las portadas citadas más arriba, veremos que trabajan en bloque con los telediarios y gran parte de las tertulias, dañinas en su composición y objetivos. Aun así siguen acaparando la atención de quien las elige como diversión, para ver qué «equipo» gana.

Los bulos y noticias falsas han infectado las Redes. Vuelan por WhatsApp y rompen el diálogo en Twitter. Atacan como ejércitos organizados, por vocación o cobrando, a veces con bots programados. También eligen a personas a quien atacar. Con particular incidencia a las mujeres y más aún si son progresistas. A mano siempre, el armario con tuits viejos y a menudo manipulados. Se usan cuestiones personales o accesorias, cotilleos. A esta tribu no la verán criticando errores de envergadura, ni por supuesto el latrocinio de sus políticos. Todo les sirve. No me hablen, si se respetan a sí mismos, de que todos son iguales y compiten dos bandos con igual credibilidad. Denle un par de vueltas si van de buena fe.

La agresividad a la que están llegando merece respuesta judicial. El europarlamentario de Vox y antiguo periodista Hermann Tertsch pidió «una inevitable» intervención de las Fuerzas Armadas ante el «proceso golpista» de Sánchez«. IU y Podemos lo han denunciado por si ha cometido delitos de odio, provocación para la rebelión armada y amenazas al Gobierno de la nación. Seguramente deberían intervenir otras instancias judiciales de oficio ante cuanto estamos viendo.

Prioridad fija en la agenda de la derecha y asimilados, Catalunya. Por encima hasta de tener un Banco Central del Estado al que le preocupa se pongan topes del alquiler, cuando la vivienda se ha convertido en un crudo problema para muchos ciudadanos. Lean lo que cuesta tener un techo y lo que dice el Banco de España.

Catalunya y para atacar al Gobierno de coalición, por descontado. La justicia europea no cesa de evidenciar la diferente percepción que tiene con la española en este caso. El abogado Gonzalo Boye, defensor de algunos de los políticos independentistas, lo resumía así en este artículo: «Lo que está quedando en evidencia es una clara disfunción entre el ordenamiento jurídico nacional y el de la Unión (…) una visión del derecho contraria a la europea y una manera de aplicar la ley que repugna a las democracias consolidadas». Esta situación hay que solucionarla. Para hoy y para el futuro.

Y puede ser cierto que el Gobierno de Pedro Sánchez quiera modificar el Código Penal, contradiciendo anteriores declaraciones, por facilitar los acuerdos con los partidos catalanistas, pero no desvirtúen la necesidad de las reformas. Los delitos de rebelión y sedición son de la España de los Tercios de Flandes y de la derecha voxerizada. Y el contencioso con Catalunya mandando a la caballería como gustaría a estos políticos, no tiene lugar en este tiempo. Las leyes las cambia el Congreso si cuenta con mayoría, no el Gobierno. Los socios de Sánchez son Unidas Podemos, no la larga lista que atribuyen los medios conservadores, varios de los cuales apoyaron con su voto la investidura tanto de gobernantes del PP como del PSOE. Pero no es solo eso, Europa –visto que ahora tiene interlocutor válido en el Gobierno español- llama a reparar los daños a nuestros derechos que nos infirió el PP. Comenzando por la Ley Mordaza.

Si no sacamos a la ultraderecha de marcar la agenda española, vamos a acabar como Polonia que ya cuenta con unas 80 ciudades «libres» –ay- de la «ideología» LGTB, dicen. Y que ataca con similar furor al feminismo. Sus correligionarios aquí están en la misma batalla. Con sus censuras, sus bulos, sus ataques a las mujeres que osan hablar de sexualidad, mientras no cesa el goteo de asesinadas y agredidas por la violencia machista. Otra mujer hoy, en Casetas, Zaragoza, se ha salvado por poco, tras estar encerrada dos días por su pareja. ¿Cómo tienen el valor de negarlo?

El fascismo empieza así, o se muestra ya avanzado así. Y sigue por ningunear las noticias que marcan las huellas las políticas neoliberales sobre la desigualdad, a distraer visceralmente de lo importante. Y aquí igual sí que hay dos bandos clásicos. Frente a la única ideología que no los respeta y aún los combate, yo estoy en el bando de aquellos a quienes importa la democracia y los Derechos Humanos. Todos.

 

*Publicado en eldiarioes

La muerte enseña a vivir

Estos días he aprendido muchas cosas o recordado que tenía que aprenderlas. A pesar de mi profesión y de mi edad, no he asistido a demasiadas muertes en directo, aunque bien pensado siempre parece la primera. Estos días, el sábado 18 de enero en concreto, sí, y corroboré que morir en el fondo no es sino un sueño del que ya no se despierta; sin más dolor, ni gozo. No es ese tránsito igual para todos. Se dan grados en la intensidad o la extensión en el tiempo, en la consciencia del momento. Las hay desde inevitables como término de ciclo, a injustamente provocadas por las zarpas de la injusticia. Pero el final es siempre el mismo: un letargo profundo irreversible donde ya no se está. No se puede aspirar a mejor morir que hacerlo en calma rodeado del amor de aquel y aquellos que elegiste para vivir.

La muerte es para los que se quedan en el roto que deja la ausencia. Lloramos por nosotros. Y somos nosotros quienes precisamos racionalizarlo. La tierra no será leve, ni dejará de serlo. No habrá una ventana en un lugar determinado del cielo para que nuestro ser querido se asome. Pero sí la presencia de la huella que se ha dejado. La vida que, si produce ese vacío, es porque realmente nos llenó tanto que no sabemos qué hacer con él. De ahí las reacciones tan diversas de los seres humanos ante este hecho natural.

La muerte de las personas que consideramos valiosas lo que nos enseña es a seguir aprendiendo a vivir. El funeral de la periodista Alicia Gómez Montano, a cuya muerte me estoy refiriendo con estas reflexiones, fue como ella en toda su rotunda esplendidez. Con lágrimas y risas. Reencuentros. Abrazos. Abrazos con ganas o rompiendo barreras de papel. Necesidad de compartir el dolor, tanto como se hizo con la alegría. Para salir curiosamente reconfortados por ese calor vivido en compañía.

Para seguir aprendiendo a vivir incluso en la lección que aportan los detalles. Desde el bolso de mano sin el que no podíamos ir a parte alguna fuera de casa que se queda a un lado. Qué no pasará pues con tantas cosas que nos parecen trascendentales. Cuánto tiempo y energía perdemos en tareas inútiles. Vivos ante la muerte ajena pero cercana, se relativizan los exabruptos de los intolerantes, se ven con otra mirada los manejos. Casi no se mira dónde quedan los mezquinos o la importancia dada a las ausencias. Nunca somos más verdad que ante la muerte. En ese shock de los esquemas sale la verdad de las emociones y hasta se desnuda el rostro del fingimiento.

Y, desde luego, la certeza de un final invita a abrazarse a la vida, a la risa, al amor, a los afectos, saltando por encima de escollos que se vuelven insignificantes a la luz de lo que de verdad se quiere. Se enmarca en claridad que solo se vive una vez y cada momento es único e irrepetible. Para decir o poner en práctica lo que no debe quedar dentro.

También se aprende a morir y creo que no viene mal para ese empeño amar apasionadamente la vida. El miedo que nos inspira la muerte propia puede racionalizarse. No con libros de autoayuda, por supuesto. Mejor contemplándola con naturalidad, aunque cueste, que cuesta y de hecho eludimos hasta hablar de esto. La «Antología de Spoon River», poema casi satírico, real, irreverente, poema al fin, de Edgar Lee Masters, que se sigue atesorando más de un siglo después de ser publicada, la desdramatiza en su cotidianeidad. En uno de los epitafios que recoge, remite a Séneca para precisar que es básicamente «la anticipación» lo que desasosiega: «la memoria despierta en nosotros la angustia del temor y la previsión, la anticipa». Porque, en sí, es un momento. Y, entretanto, hay que seguir exprimiendo el jugo de la apasionante aventura de la vida. Sin duda, poniendo los medios para prolongarla en salud en cuanto quepa.

Que no nos ocurra como a George Grey, que sintió su vida tan marmorizada como la piedra donde escribió su propio epitafio, según Masters:

«He estudiado muchas veces el mármol que me han esculpido: un barco con velas arriadas anclado en puerto. En verdad no expresa mi destino sino mi vida. Pues se me ofreció el amor y temí su desengaño; el dolor llamó a mi puerta, mas tuve miedo; la ambición me reclamó y me asustó el riesgo. Anhelaba, sin embargo, darle un sentido a mi vida. Ahora sé que debemos desplegar las velas y encarar los vientos del destino dondequiera que nos lleven».

Aprender a vivir es a entender, a elegir, a priorizar, a valorar lo importante, a ser tan selectivo con el agujero por el que quieren entrar y anidar los odios a los que no les damos apenas cabida. A abrir los ojos para ver lo que tenemos al lado y más allá. Lo que vale la pena. Lo que queda por hacer… hasta dormir.

*Publicado en eldiarioes

Un fascismo impregnado de franquismo y estulticia

No hay duda ya ni en la primera semana: el mayor obstáculo para el Gobierno es un bloque granítico que suma las fuerzas conservadoras del país, se hayan presentado o no ante las urnas. Su peso es impropio de una democracia consolidada porque no se corresponde con las preferencias políticas de la mayoría. Así, vemos que las derechas no han ganado en ninguna de las últimas y múltiples convocatorias electorales pero están incrustadas con notable desproporción en órganos clave.

Los primeros pasos del Ejecutivo de coalición van renovando las cúpulas de las Fuerzas de Seguridad, se vive el acoso –más que el enfrentamiento en la terminología periodística- de la judicatura conservadora, la empresarial da «toques» y la política es un fiero desbarre, tanto o menos que la mediática a su servicio. La sociedad entre tanto vive preocupada por ese escenario y por el ascenso de la ultraderecha que está impregnándolo todo. ¿Hay motivos?

La «letra pequeña” del barómetro del CIS de diciembre nos dice que la mayor parte de los españoles se autoubican en el centro y el centro izquierda, hasta casi un 59%.  En 2011, se situaba a la derecha más del 50%, entre el 5 y 8 de la tabla. Otro aspecto es la subjetividad con la que se vive la propia adscripción ideológica. Ahora, prácticamente solo los votantes de Vox se sienten de derecha máxima. Y no se pierdan a cerca de un 10% que no saben de qué son.

Gráfico de recuerdo de voto en el último CIS
Gráfico de recuerdo de voto en el último CIS

El 85% de los encuestados por el CIS consideran que «la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno», frente al 5% que optaría por un gobierno autoritario en determinadas circunstancias. El desglose es curioso. El 21% de Vox, 750.000 de sus más de 3.600.000 votantes; el resto, al parecer, no es consciente del ideario de su partido. Hay un rescoldo por todo el espectro político.

Lo cierto es que el ruido de una derecha extrema se extiende sobre una ciudadanía que elige posiciones más templadas. El mundo entero esta sobrecogido por esta epidemia intencionada. De ahí que surjan numerosos análisis para enfrentarla. Su poder vírico es mayor que su realidad. Todavía. Múltiples análisis describen características comunes en los nuevos fascismos –a los que eufemísticamente llaman ultraderecha e incluso, en medios españoles, centro derecha-.

En España, es esencial enfrentar el problema. Aquí se agrava porque este fascismo de hoy convive con el franquismo, impune aún varias décadas después de su término oficial, y con una especial estulticia que entra casi en el terreno de los terraplanistas.

Todos los fascismos tienen en común apelar a un pasado mítico, el espíritu de Nación y la unidad de la Patria, según cita, por ejemplo, Jason Stanley, profesor de filosofía en Yale, EEUU, en su libro superventas «Facha». Otros le llamarían disfunción patriótica exacerbada. Vemos a Vox como genuino representante, incluso glorificando los Tercios de Flandes, pero Pablo Casado apeló, recién nombrado, al descubrimiento de América. Llegó a declarar que «la Hispanidad es la etapa más brillante del hombre junto al Imperio romano». Desde Trump a Bolsonaro, desde Orban a Le Pen, todos invocan esa misma grandeza idealizada.

El anti intelectualismo une a esta pléyade de ultras. Estorba la cultura, el mismo hecho de pensar. Jair Bolsonaro ha comenzado el año diciendo que a partir de 2021, los libros de texto distribuidos a las escuelas tendrán la bandera brasileña en la portada  y un estilo «más suave», porque hay «mucha escritura» en las publicaciones actuales. En Missouri, EEUU, han propuesto una ley para que los padres puedan censurar los libros de las bibliotecas públicas y mandar al bibliotecario a la cárcel si la incumple, según cuenta la periodista y docente Azahara Palomeque. En Arizona ya censuraron los libros que hablaban de la cultura mexicana, dice.

En la misma línea, Vox ha conseguido el apoyo del PP y Ciudadanos para introducir la ‘censura parental’ en Murcia que suprime contenidos a los escolares. Sobre feminismo y LGTBi de momento.  El gobierno lo va a recurrir. Pero, como vemos en otros países, hay una tendencia a criar niños «fachas» e ignorantes a imagen de sus progenitores y dirigentes

Porque el machismo como identidad en una lucha de sexos que impone la primacía del hombre y, en diversos grados, está en todo fascismo del siglo XXI. Múltiples ejemplos lo avalan. Por el Orden Público tienen obsesión como toda ideología autoritaria. Le dedicarían el grueso de los impuestos que paga el contribuyente, dado que desmantelar el Estado del Bienestar es otro de sus objetivos, algo más disfrazado en una presunta «libertad» de economía ultraliberal.

La propaganda, los bulos, las Fake News constituyen elementos fundamentales de la expansión ultraderechista. Algunos, como Rocío Monasterio, los llevan a la práctica.  Según El País, la factótum de Vox tramitó planos de obra con visados falseados hasta 2016, noticia que se une a las numerosas irregularidades detectadas en sus trabajos de arquitectura con su marido, Iván Espinosa de los Monteros.

El fascismo se refuerza en España con el franquismo impune, empapando soportes fundamentales del Estado. Seguimos conociendo datos espeluznantes de la represión que ejerció sobre los disidentes políticos. Esta exclusiva sobre el comisario Roberto Conesa, cuyas primeras víctimas fueron Las 13 rosas, es una muestra más del aparato nunca encausado.

 Y, además, la estulticia. Esa generación de políticos inauditos, diciendo una estupidez tras otra y que, como Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, abordan el cargo como un juego y hasta una pugna de triunfos que machaque al «enemigo» de su propio país. Un peligro público del que no es la única exponente y tanto como quienes ponen en manos de tales incompetentes asuntos esenciales de la vida de las personas.

Fascismo, franquismo y estulticia impregnan élites decisivas con notable desproporción sobre la realidad del país. Mienten, manipulan declaraciones y cargan sobre cuantos entorpecen su camino de abusos. A veces las cloacas se desbordan en actos que esta sociedad tolera mirando para otro lado como los asaltos a despachos de abogados incómodos o dilatan los procesos de figuras relevantes en tramas de alta alcurnia. Todo esto es lo que hay que limpiar y enfrentar.

A quienes creen solo lo que quieren creer, incluso lo mas absurdo, y ni la verdad consigue que varíen su opinión, aconsejan los expertos tratarles con cariño para que no se alteren más. No lo comparto. La seguridad del poder que han adquirido, unido a la falta de criterio, no hará sino acrecentarlo.

Para desmontar el grueso de la operación, con toda la batería ideológica cargada de mentiras, parece funcionar la técnica del bocadillo. Se expone la realidad, en medio el bulo tal como lo digan, y de nuevo la realidad demostrada.

El Estado del Bienestar debería defenderse por sí mismo. Y definir con ejemplos lo que realmente es la libertad. Amplia, de elegir, de pensar, de comer, de tener, de ser.

La España real es el país que vive en su tiempo, labrado con los logros del pasado y reconocido sus errores a erradicar. Una sociedad del siglo XXI, ha de vivir su presente. Limpio, con proyección hacia el futuro, trabajando por el bienestar de los ciudadanos que lo habitan. Y son esos mismos ciudadanos los que deben implicarse en los objetivos esenciales del país en el que quieren vivir. Y hoy por hoy no son -todavía- de la pesada derecha fascista, franquista y no muy espabilada. Todavía.

Sin poner la otra mejilla

Hablaron de trabajar al servicio de los ciudadanos. De repartir mejor los ingresos y pensar más en los que menos tienen. La toma de posesión de los miembros del nuevo Gobierno de coalición iba dejando en los objetivos ideas como equilibrio, participación, igualdad, pensar, ilusión, lucha colectiva, proyecto vital, cuidar, observar la realidad para saber entender las prioridades. Y dejarse la piel. Y poner la vida en el centro.

Enfrente seguían rugiendo las cavernas de todos los estamentos que temen ver disminuidos los privilegios de los que han gozado en algunos casos de forma secular. Redoblando insultos, mentiras y gritos, graznan anunciando querellas y todos los males del averno que tan bien conocen por su propia gestión. Y era un choque brutal, como para despertar al más engullido por la abducción que la derecha española promueve.

Isabel Díaz Ayuso se iba a blanquear al régimen autoritario de Arabia Saudí –bien es cierto que no es la primera- haciéndole mohínes a un príncipe local al borde del colapso para presumir de verdadero feminismo. Mientras, el Gobierno sumaba al equipo del Ministerio de Igualdad a mujeres como Beatriz Gimeno o Boti García Rodrigo, a quienes hemos visto luchando por los derechos en todos los escenarios durante décadas. Y no es lo mismo.

«Un Gobierno de acción, que haga política efectiva, política útil», ha dicho Pedro Sánchez en su primera rueda de prensa como presidente. Con un tono moderado y conciliador que no excluye la energía. Más le vale contar con ella. Es solo un gobierno moderadamente progresista pero la España ultra se propone hundirlo desde antes de empezar a andar. Sin tregua. Son muchos años de práctica, saldada en general con éxito, gracias fundamentalmente a la impunidad. La batalla es ardua y precisa del criterio de la propia ciudadanía que se atreva a quitarse las gafas de madera de no ver. Se necesita sobre todo un gobierno fuerte al que no le tiemble la mano.

Por los agujeros de la corrupción institucionalizada se nos fue yendo la democracia. Y puede que sea la última oportunidad de recuperarla. No hay otra salida, lo siguiente si esto fracasa es una derecha absolutamente cerril y voxerizada. El Gobierno parece ser consciente de esto y del tratamiento a aplicar. Con todas las buenas formas que se quiera, hay que dejar de poner la otra mejilla, generosa honestidad sin contrapartida al otro lado.

Se debe enfrentar la mentira con la verdad. Los ataques con la defensa legal a todos los niveles. Derogar leyes autoritarias y promulgar limpieza. Desmontar las mentiras sin entrar en batallas estériles que desgasten.

El nombramiento de la exministra Dolores Delgado como fiscal general del Estado es la primera batalla que ha prendido en «toda la prensa» como he leído. «Casa mal con el discurso de imparcialidad», escribía Ignacio Escolar, director de eldiarioes. La realidad es como es. «Hay mundos mejores, donde la Fiscalía no depende del Gobierno. Pero vivimos en este. El nuevo Gobierno ha decidido responder a la derecha con sus mismas armas». Se trata de una medida defensiva y ofensiva. Tras décadas de politizar y usar la justicia en su provecho, ver preocuparse a esa derecha española por la independencia judicial es casi una broma macabra. La labor ha de ser pues, en primer lugar, despolitizar la justicia. Con mano firme, de nuevo. Pedro Sánchez ha citado como tarea prioritaria renovar los órganos de gobierno de la justicia.

Toda esa derecha política, mediática, eclesiástica, judicial, militar, sociológica, que hoy ruge contra el nuevo Gobierno tragó sin oponer crítica al latrocinio y desvergüenza que hemos venido sufriendo. Sirva de ejemplo por todas sus extensiones un caso que ocupa mucho menos espacio mediático que las corbatas de los ministros. La gran prensa convencional apenas ha informado de los 5,5 millones de euros que Esperanza Aguirre pagó a Indra por un software que nunca desarrolló y que la Comunidad actual ha aumentado con otros 8 millones. Mientras,al entonces presidente de Indra, Javier Monzón, le ha archivado la causa el juez de la Púnica con la oposición de la Fiscalía Anticorrupción. Hoy, Monzón es Presidente de PRISA. La oposición mediática no para de hablar del gasto en ministerios del nuevo Gobierno.

Si se quiere regenerar en serio, es imprescindible contar con información veraz. No se puede seguir regalando subvenciones públicas para lograr aplausos o evitar críticas. Y hay que primar la información rigurosa en los medios públicos. La información enfermó de gravedad el día en el que se decidió contentar a todos los partidos por cupos. El periodismo es contar noticias, no ser portavoces políticos de un signo u otro.

A pesar de la profusa extensión de los ventiladores mediáticos, el PSOE de Pedro Sánchez no está implicado en las corrupciones de sus antecesores, ni en los nepotismos de algunos de sus barones regionales. En absoluto lo está Podemos. De ahí el interés obsesivo en pringarles por ese lado para retomar el «todos lo hacen» de su eterno salvoconducto para trincar. Y en algunos casos, en muchos, les funciona.

A Pablo Casado le regalaron un máster, según las conclusiones de la jueza instructora, por ser quien era: alguien válido para los intereses que persigue el Partido Popular al parecer. La noticia que está circulando ahora por las redes pone la voz en grito de algunos periodistas: «es vieja», argumentan. Sí, de agosto de 2018, pero Pablo Casado no ha empleado precisamente este año y medio en estudiar y aprobar su máster. Y, oh, casualidad, esa prensa peculiar a quien desprecia es a un vicepresidente con dos carreras auténticas, un doctorado y un máster.

La honestidad no vende en ciertos sectores. A menudo al bueno le llaman tonto. La información sí puede desmantelar leyendas. Como la del PP como mejor gestor. El de Rajoy llegó a perder el peso tradicional que España tenía en Europa. Hasta última hora, cuando colocó a Luis de Guindos en el Banco Central Europeo (BCE), más bien por lo que el antiguo presidente ibérico de Lehman Brothers representa en contactos; solo tenía una comisaría que ocupaba Miguel Arias Cañete, la de clima y energía.

La verdad de la gestión del PP tiene un nefasto plantel de medallas. Lo que llamaron crisis y la reforma laboral expulsó a millones de españoles a la emigración, sobre todo jóvenes. El PP fue el autor del medicamentazo y del copago farmacéutico. De la bajada de las pensiones, al cambiar el baremo para revalorizarlas.  De un sinfín de recortes que, sin embargo, lejos de equilibrar las cuentas del Estado aumentaron la deuda pública a niveles de récord, de récord histórico absoluto. Y que aún debemos. Creció la pobreza infantil. La ciencia y la investigación sufrieron drásticamente la feroz tijera del PP. Contaba Javier Lopez Facal en ReaccionaDos (Aguilar) cómo Rajoy recortó un 26.38% el presupuesto de 2012 y otro 6.23% en 2013, para decir ante las elecciones de 2014 que lo subía un 3,26%. Así funcionan. Ver la apuesta de este Gobierno por los avances científicos y tecnológicos es un alivio.

La del gobierno del PP de Mariano Rajoy ha sido la década en la que los ricos se hicieron más ricos y los pobres, más pobres. A partir de 2012, se puso España en venta. Fondos de inversión, fondos buitre, grupos organizados norteamericanos, chinos, rusos y venezolanos (ricos), encontraron en España el Edén para llegar, comprar y marchar. Para más información, preguntar a Ana Botella y familia, y al equipo de gobierno del PP. Hoy los fondos buitre reinan en España. Ante el mercado, cierto mercado, sucumbe el patriotismo. El Gobierno de coalición proyecta tomar medidas en vivienda precisamente, que en principio parecen alentadoras.

La labor más eficaz de la derecha española ha sido y es fomentar la desmemoria con el impagable apoyo de una gran mayoría de medios y comunicadores de sus mensajes. Los periodistas estábamos aquí, los que ejercemos como tales, y tenemos memoria y datos. El PP de Rajoy y sus sucursales en las entidades locales fueron muy precisos con los medios. Rajoy inauguró, no solo los sucedáneos de ruedas de prensa (sin preguntas) sino la comunicación vía plasma -por suerte conectado- con unos dóciles periodistas tomando notas ante un televisor teniendo al susodicho en la sala de al lado.

Pero el demoledor aviso a navegantes estalló con el cese de los directores de tres importantes medios en un breve espacio, 2014, así como por casualidad. José Antich en La Vanguardia, después de 13 años. El Mundo se deshace de Pedro J. Ramírez, quien ahora anda recogiendo algunas migajas hasta en TVE y el de Jesús Ceberio en El País, sustituido por Antonio Caño. Fue la época de los ERES drásticos, como el del diario de PRISA, que expulsó a una generación extraordinaria de periodistas. Tanto Caño como Juan Luis Cebrián salieron también después.

Es necesario recordar con datos y aprender del pasado. Porque así sigue esa derecha dirigida por la ultraderechista Vox, gastando el dinero en banderas, luces o estatuas de agresivos guerreros. Y, lo que es peor, haciendo desde el primer momento una guerra sucia donde las haya al nuevo Gobierno. La izquierda no es un sacerdocio religioso, lo último es ofrecer la otra mejilla a quien golpea con tal injusticia y saña. Mano firme e inflexible a todo atropello por la sociedad que lo espera. Porque hay una ciudadanía ilusionada y limpia que merece acción, política efectiva y útil, equilibrio, participación, igualdad, ilusión, lucha colectiva, ver cumplidos sus proyectos vitales, cuidados. Y un gobierno que se deje la piel y ponga la vida en el centro.

 

*Publicado en eldiarioes

«Lo que sabemos» del acoso que sufrirá el gobierno

Nunca hubo más capacidad de informarse que ahora, y nunca resultó tan difícil. Muchas son las causas que han propiciado esta era del periodismo pero la más nefasta de sus consecuencias es la inseguridad de que sean ciertas las noticias que se distribuyen. Las fake news están destrozando a una sociedad que pisa en falso en terrenos fundamentales de su vida y no es ni el mayor problema: lo es el sesgo subjetivo e interesado que se imprime a las auténticas para dejar de serlo. En el momento que vive España, esta doble desinformación puede alterar el proyecto democrático. Hay muchos trabajando para que no salga adelante. La trayectoria de quienes formarán el Gobierno prevé logros notables pero se van enfrentar con el escollo de una oposición turbia que viste un disfraz de periodismo.

Los titulares solían hacer una síntesis del contenido de las noticias, no dejarlos en ambiguo como un anzuelo para clicar. Este «lo que sabemos» que prolifera parece apelar a una complicidad en el cotilleo sin exigir el menor esfuerzo de pensar al lector. Utiliza la frivolidad como vehículo de sus mensajes. Pero el cotilleo y la dialéctica de la tertulia a modo de partido de fútbol han impregnado, infectado, la información. Y el cotilleo no es información y la mayoría de las tertulias no son debates, sino espectáculo y con intereses concretos. Grave gato por liebre para la audiencia, casi inerme ante estas formas. Ahora se precisa más que nunca un esfuerzo del lector que acuda a medios fiables y confíe en periodistas rigurosos. Contraste y se informe, en definitiva.

Con el presidente Sánchez investido, las especulaciones se dirigen al Gobierno y a las relaciones entre PSOE y Unidas Podemos. La intención de dinamitarlas es más que evidente. Desde afuera, desde luego. Procuren no contagiarse dentro. Varios medios afirman que las cuatro vicepresidencias son para devaluar la de Pablo Iglesias. La exclusividad parece ser imprescindible en ese alto cargo, porque otros ven debilitada a Nadia Calviño. Es vicepresidenta y tendrá –que se anticipe- todas las competencias en la dirección económica, como Pablo Iglesias en Asuntos Sociales, pero que haya otros al mismo nivel se ve como una merma. Carmen Calvo sería quien más competencias hubiera perdido y no se menciona. Las cuatro vicepresidencias es un tema que llevará horas y días de discusión mediática, por encima de los contenidos.

Este Gobierno suscita enormes preocupaciones entre quienes se afanan en preservar los privilegios de quienes siempre los han tenido y que comparten algunas de las víctimas de ese desequilibrio. Ocurre por esa rara solidaridad que encuentran en los sumisos, en algunos. Ofende a la lógica calificar a este gobierno de comunista y bolivariano, teniendo de vicepresidenta precisamente a Nadia Calviño en economía y otros nombramientos de su área como José Luis Escrivá, exjefe de estudios de BBVA, para Seguridad Social. Si las competencias son como se van avanzando supondrá, sin embargo, una suma interesante de progreso, sin alharacas. Mayor a la que estamos acostumbrados. La máxima que nos podemos permitir en este estado del país.

Una información rigurosa no puede basarse en las declaraciones yuxtapuestas de lo que dicen los políticos sin ningún contexto, como hacen muchos medios y en particular, dramáticamente, RTVE. No se pueden soltar a saco sus verdades y mentiras a una audiencia cada vez más desvalida si no se toma el esfuerzo de informarse de verdad para tener criterio. Abrir el grifo a la cadena de falsedades que sueltan por su boca los miembros de Vox y gran parte del PP y Ciudadanos no es objetividad, es –en el mejor de los casos- impericia. Tampoco es objetividad ni información, el este dice y el otro dice ¿Recuerdan aquel dicho?: «Si una persona dice que llueve y otra dice que no, tu trabajo como periodista NO es darle voz a ambas. Es abrir la puta ventana y ver si está lloviendo». Y cada vez hay menos ventanas para asomarse y contarlo. Es irritante oír el sembrado del «dicen» ante hechos confirmados y obvios. Dan ganas de decirles algunos comunicadores: ¿Y a ti qué te parece? ¿Has buscado los datos reales para saber si lo «dicen» con razón o sin ella?

Miente Vox prácticamente en cuanto habla. Miente Pablo Casado cuando dice que los partidos que votaron ‘no’ a Sánchez sumaron «un millón y pico más de votantes» más que los que votaron ‘sí’ y miente y miente sin cesar. Miente, desde la ya irrelevancia política, Inés Arrimadas al lanzar sus odios contra quienes «dieron un golpe de Estado en Cataluña», porque ni la justicia española siquiera, que ya es decir, le ha aplicado tal figura penal.

Por cierto, en un país serio y maduro tendría un exhaustivo tratamiento el escándalo de los tribunales españoles en el caso de Oriol Junqueras y otros independentistas catalanes. Por cómo siguen el criterio de un órgano administrativo, altamente politizado y contraviniendo el dictamen del Tribunal de Justicia Europeo. Ese pulso tan obcecado chirría. Desde luego precisaría mucho más espacio informativo que el número de vicepresidencias.

Es duro competir con las tendencias que diluyen lo que de verdad afecta a los ciudadanos. Con la sobreabundancia que termina sepultando lo importante bajo una pila en la que hay de todo, primando cada vez más lo accesorio, la anécdota, la frivolidad, la mala intención y los intereses también. Hay otro periodismo. En mi opinión, aquí, en eldiario.es y otros medios desde luego, se consigue. Pero las trombas que entran por las teles son arrolladoras.

La deriva es mayor si cabe en la militancia de medios, programas, y comunicadores –no llamo periodistas a quienes no lo ejercen- en este momento decisivo de la sociedad española. El tercer grado de acoso al que sometió Ana Rosa Quintana a Tomás Guitarte se inscribe en toda la campaña contra Teruel Existe por apoyar la investidura de Pedro Sánchez. Sonroja. Insisto en que tuvo que ser escondido y protegido por la Seguridad del Estado en la víspera de la votación, y eso no ocurre en los países democráticos. La Caverna mediática y política una vez que agarra presa ya no la suelta. Y en esa cueva de inmundicia hay un amplio pelaje, amparado por otros poderes. En varios casos también subvencionados con nuestros impuestos.

El machismo feroz se ceba en Irene Montero, la política que no debe ser ministra, dicen, por compartir su vida con Pablo Iglesias. Liderando la cacería un locutor de la COPE, la cadena de los obispos que a diario ensalza a la ultraderecha e insulta a la izquierda. De esos obispos que viven, por cierto, por mitad del siglo pasado en las telarañas franquistas y pontifican sobre el sexo tan fuera del tiempo y la realidad que asusta. Y que organizan, como el obispo de Castelló, cursos para hacer frente a las políticas del nuevo Gobierno.

Están las bombas incendiarias de los capataces de las cloacas informativas. En perfecto equipo, el PP presenta pregunta al Gobierno sobre «la financiación boliviariana de Podemos». Esto parte de Eduardo Inda y su OK Diario. Ejemplo claro de cómo la cloaca propaga sus excrementos al punto entrar en la cadena de alimentación informativa. Tras haber rechazado la justicia toda la anterior porquería vertida, no dejan de intentarlo. Y, a fuerza de insistir en promocionarles, hay quien se degrada al punto de prestarles atención.

Y las portadas que abochornan al periodismo, y las declaraciones en silla de plató cargadas de mentiras e insidias. No, la información no son las especulaciones, los chismes, los zascas, las ventas de lo que mande la empresa o la dirección al margen del periodismo.

El mayor peligro para los ciudadanos es que no les cuenten lo que saben les afecta de verdad sino lo que colocan en la «agenda informativa» para que lo consuman. El giro desinformativo del periodismo tiene consecuencias. Hay que reescribir los titulares y los sumarios. Complementar, dar contexto.

Si leemos: Aznar critica el Gobierno de coalición: «¿Qué futuro espera a una nación que pone su destino en quien la quiere destruir?». Retitulamos: Aznar ataca al Gobierno de coalición. Y colocamos de sumario: El ex presidente del PP, de ideolología ultraconservadora, tiene en su haber la firma de las Azores, las mentiras del 11M, la burbuja inmobiliaria o la privatización de las empresas consideradas cinco joyas de la corona.

Miremos los efectos de la desinformación en el terreno internacional, para saber lo que nos afecta de cerca aunque parezca estar lejos. Veamos los variados sesgos que adquiere el actual litigio entre Trump e Irán y toda su área de influencia. Las culturas diferentes crean prejuicios pero cabe poca duda que asesinar al General Soleimani ha sido un terrible error que ha desestabilizado la zona y anulado años de búsqueda de acuerdo. Hasta John Kerry, antiguo Secretario Estado de Obama, dice que Trump ha destruido todo el trabajo diplomático que ellos hicieron en Irán. Da argumentos sólidos pero no puede evitar arrimar el ascua a la sardina demócrata, ni de algún modo entender la ejecución, sin mediar guerra declarada, de un hombre clave en Irán porque no convenía a sus intereses. De aquí puede desencadenarse una guerra. Con armas nucleares. Los fans de Trump y la América Grande están encantados sin ver más allá. Algunos viven en un campo de juego, y mueren en la realidad de la miseria.

Arranca un gobierno más o menos progresista contra los huracanes de la manipulación. Y va a tener que afrontar los objetivos de gestión con el viento en contra de todas esas insidias, que no es el mejor escenario para trabajar. El ciudadano de a pie sigue teniendo una palabra decisiva tanto al elegir como al seleccionar con criterio. Lo que sé de la información y la democracia me indica que ese es un camino acertado.

 

Derrotadas las técnicas mafiosas de la derecha golpista

Ha sido una larga y angustiosa travesía que ha sacado a plena luz lo peor y lo mejor de España. Pero, al fin, España va a tener un gobierno de coalición progresista, superando la enorme presión de una derecha empeñada en derrotar por la trampa el resultado de las urnas. Días de intensas tensiones que culminaban en una noche de cuchillos largos que el Estado democrático ha impedido desenvainar. Con un diputado, Tomás Guitarte, de Teruel Existe, durmiendo en paradero desconocido para sus atacantes, y otros tan presionados que acabarán denunciando el acoso sufrido. Lo que este esforzado camino al gobierno ha demostrado es que España ha resucitado a su peor derecha y que los progresistas han sabido aguantar y vencer.

Se demuestra, por tanto, que la derecha –en toda su extensión- no estaba haciendo política sino su negocio habitual que disfraza de patriotismo. La que va desde el Señorito Iván de Miguel Delibes, pisoteando a sus santos inocentes, a la que estas navidades insólitas insultaba y obstaculizaba desde el Congreso la formación de un gobierno legítimo. Hace falta mucha convicción democrática para enfrentar sus técnicas que –hasta con un diputado escondido y protegido por Interior- no difieren de la mafia. Algo muy grave ocurre en este país cuando votar «en conciencia» se considera un acto de valentía. El PSOE de Pedro Sánchez, Unidas Podemos con Pablo Iglesias al frente, y todos cuantos han colaborado con su apoyo o abstención positiva se han mantenido firmes.

No quedaba otro camino. La derecha más extrema ha ido ganando terreno, con la ayuda eficaz de poderes al margen, desde los mediáticos a los económicos que en algunos casos vienen a ser lo mismo. Con el ruido de fusiles, de sotanas, y de togas que ya sabemos. Era formar gobierno o dejar que esa lacra siguiera creciendo. Y así lo han entendido los políticos que han hecho posible esta investidura y sobre todo los ciudadanos que una y otra vez han votado a quienes querían que les gobernasen. Para la mayoría -que es lo que cuenta- no era esa derecha salida de las catacumbas.

    No es posible emplear una falsa equidistancia, la objetividad hoy es señalar el peligro de esa derecha que no duda en utilizar procedimientos impropios para lograr sus propósitos. Ésos que solo los ingenuos creen son los de la ciudadanía. No hay derecho al sinvivir que han hecho sufrir a tanta gente. El miedo a sus reconocidos métodos que han llenado de pronunciamientos militares, intentos de golpes de Estado y Golpes consumados los dos últimos siglos.

Esto no parará aquí, pero no es lo mismo afrontar las trampas desde el poder que desde la inestabilidad. Los que temen la basura que expande esta derecha deben buscar su propio criterio, mirar y deducir. Anuncian un apocalipsis económico que no lo será ni siquiera para los protegidos de su sistema. Es un programa socialdemócrata, lo mínimo exigible en un Estado que quiera responder a lo que ya en la Constitución se dice que somos: un Estado social. Se van poner en marcha medidas para proteger a las mujeres y a sus hijos frente al machismo y la violencia de género, especialmente necesario tras el aumento de las asesinadas que coincide con el negacionismo de la ultraderecha. Lo peor son las zancadillas, la maledicencia, los acosos que rozan lo delictivo. El surtido de basura expelido no es propio de un país democrático.

Hemos asistido al matonismo de numerosos diputados, a la patética postura –de espaldas- de Adolfo Suárez Illana, diputado del partido amparado por personas que hicieron la vida imposible a su padre por cambiar el Movimiento dictatorial franquista -al que pertenecía- por una ley para la Democracia. A políticas desencajadas insistiendo en ver golpes de Estado donde no los hay, precisamente. Ni para el sentido común democrático en España –el gobierno de progreso- ni en Catalunya, dado que ni siquiera la justicia española se ha atrevido a sentenciarlo así. Las hemos visto desmoronarse camino de la nada como Inés Arrimadas, o camino de la furia y la venganza como Álvarez de Toledo. Desde los vertederos mediáticos y al más alto nivel en el escalafón se ha insultado con rabia renacida. Había dicho Pedro Sanchez: «Pueden hacer dos cosas, seguir con el berrinche o aceptar el resultado». Y parecen haber optado por el berrinche. Columnas calificando al Gobierno de CoProfagia progre o las lágrimas de Pablo Iglesias «en directo», al verse vicedpresidente de un gobierno progresista tras años de insultos y cloacas destinados a tumbar su imagen.

Lo del diputado Tomas Guitarte de Teruel Existe es inaceptable. Ha tenido que ser protegido por la Seguridad del Estado y ha de seguir conviviendo con sus acosadores. Teruel necesitaba que alguien luchara por él.   Sus caciques y beneficiarios clientelares la han tenido abandonada durante décadas. Gobernado tradicionalmente por la derecha, les cuadraba una vieja jota de La Bullonera: «Son los amos de mi tierra como el perro del hortelano, ni se atreven a salvarla ni nos dejan defenderla».

   Un tema a no desdeñar es el uso que la cada vez más extrema derecha hace de la monarquía. Han coincidido en expresar una grandilocuente defensa del rey, cuando la institución de la jefatura del Estado puede ser criticada como otras instituciones, tal como recordaba Aitor Esteban del PNV.    «Si quieren defender a la monarquía, eviten que la monarquía sea identificada con ustedes. Quizás se hayan convertido ustedes en la mayor amenaza para la monarquía en España», les había dicho Pablo Iglesias poco antes. El político vasco, por cierto, en la misma línea de argumentación, concluyó: «El rey ha propuesto la investidura del felón Sánchez, según su lógica, qué irresponsabilidad la del monarca». Cuando decimos que en España no hay una derecha civilizada y homologable a sus similares en Europa, nos referimos a los partidos nacionales. El PNV es esa derecha civilizada y homologable. Y desde luego esta sociedad precisa tener partidos conservadores que no den vergüenza.

Rosa María Artal

@rosamariaartal

El uso que la triple ultraderecha hace del Rey se explica en estas fotos.

Ver imagen en Twitter

La utilización de la figura del rey venía avalada por estas imágenes tensas de la Pascua Militar de la víspera. La monarquía habrá de cuidarse de quienes le adulan y asocian con la triple derecha y aún más de quienes podrían estar invocando su nombre en esas noches de cuchillos largos.

Se ha marcado de nuevo la brutal diferencia entre las dos Españas. Las de Antonio Machado, obligado «en conciencia», este sí, a exiliarse a Francia, donde murió. «Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza». Tal cual ha vuelto a ocurrir.

En el nuevo gobierno suenan muchos nombres a trabajo, prestigio y decencia. A firmeza habrá de ser también, porque un país con las trampas y amenazas sufridas y las que están por venir, es invivible. Cuando, en efecto, ya hay muchos españoles del siglo XXI, sin telarañas ni brillantina, felices por haber abierto esta ventana de esperanza. Muchos han esperado décadas.

 

*Publicado en eldiario.es

Pensar con la bandera y la cartera

Disculpen la licencia de resumir en un título una idea más compleja. El verbo sin duda alguna no es pensar, sino sentir, y obrar también. Una serie de dirigentes políticos han nacido el año 2020 ya en conflicto, y en algunos casos de proporciones mayúsculas. En la España que apura los días para formar gobierno rodeado de una oposición bélica y en el mundo con el ataque del ejército de Donald Trump buscando y logrando la muerte del general iraní Qassim Suleimani, la figura militar más relevante en Oriente Medio. Además de otros destacados miembros del propio Irán y de Irak. Se reactiva un avispero que afecta a la zona.

No hace falta salvar las distancias de ámbitos tan diferentes como España y ese mundo de intereses que estalla por la ofensiva de Trump, hay un punto esencial en común: los políticos que toman decisiones trascendentales y el carácter de sus votantes. Lo que define a unos sirve casi idéntico para otros.

351 mil personas están hablando de esto

El presidente republicano de EEUU, Donald Trump, ha saludado el asesinato selectivo del general Qassim Suleimani, ordenado por él, con un tuit que solo contenía la bandera norteamericana. Algún seguidor ha dicho: «bien, para que sepan quién manda», pero ¿saben de verdad quién manda, por qué y para qué? La otra pata de este tipo de ofensivas se da en la propaganda. Al general iraní se le endosa basura y así parece merecer ese linchamiento. Cuentan de otro lado, en cambio, que Suleimani era el azote del ISIS o Daesh, del terrorismo yihadista en resumen. ¿Imaginan que Irán hubiera asesinado al jefe del Pentágono estadounidense?

Desde luego otras poderosas razones están en el tablero: el impeachment de Trump –a pesar de que sus correligionarios en el Senado le salvarán con casi total seguridad- y la lucha de poder entre Estados Unidos e Irán. Hasta ahora el Imperio persa, Irán, nunca ha sido invadido, como contaba el periodista Ramón Lobo desgranando la génesis de este largo enfrentamiento. Hace meses ya que sonaban intensamente los tambores de guerra y crisis.

El Pentágono dice que buscaba «disuadir» futuros planes de Irán. Y, como era de esperar y ellos mismos saben, está ocurriendo al contrario: numerosas reacciones de protesta de mandatarios en la zona, manifestaciones masivas en Teherán, alerta máxima en Israel, llamadas a la prudencia en varios países. Estados Unidos ha mandado evacuar a su personal civil y se dispone a enviar a la zona «miles de soldados», hasta 3.500 de inmediato. Trump ya tiene su guerra de envergadura.  Aunque el Congreso se divida ante la alocada acción del presidente que promete ser dramática en consecuencias.

Trump es un ser ególatra y vanidoso, inculto, con escasos escrúpulos, aparentemente incapacitado para el cargo, que salió elegido por millones de personas gracias a su populismo y las fake news como arma. Rodeado de voces del ultraconservadurismo republicano, de los dioses del dinero y de las armas, incluso de los aires del cristianismo evangelista talibán. ¿Qué podía salir mal? ¿Qué puede salir mal con escenarios similares en otros lugares como España? Hoy no se puede alegar desconocimiento. «En la era de la información, la ignorancia es una elección», como tituló una exposición el artista visual californiano Donny Miller. Quien opta por la ignorancia es absolutamente responsable de lo que desencadena en el bien común.

Es evidente que millones de personas han logrado estar representadas por políticos incapaces para el puesto, ignorantes, fatuos, con escasos escrúpulos capaces de desencadenar conflictos de consecuencias incalculables. Se diría que sus votantes obran por emociones más que razonando y aparcando las consecuencias de un futuro absolutamente previsible. Es donde hay que actuar, con todas las fuerzas de la razón, la ciudadanía responsable está a la intemperie ante esta plaga.

Vamos en España hacia la investidura de un gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos a la que no cabe poner más trabas. En ese sentido puede interpretarse la decisión de la muy polítizada Junta Electoral Central de inhabilitar al President de la Generalitat, Quim Torra, por poner unos lazos amarillos fuera de la campaña, por 7 votos a 6, sin esperar al recurso en el Tribunal Supremo ni a que la sentencia sea firme. No contentos con semejante medida, se han lanzado a contravenir la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE y han  inhabilitado como eurodiputado a Junqueras. Sin siquiera esperar a que se pronuncie el Supremo, que fue quien le condenó, tome una decisión. Es evidente que España necesita un gobierno que afronte los gravísimos problemas que la pesada losa de una derecha que no pasa por ser de lo más homologable con las europeas de su corte.

Ese gobierno precisa del apoyo o abstención de otras fuerzas. Como vemos, la derecha y ultraderecha política, mediática y judicial, los poderes económicos, el talibalismo católico representado por el modelo cardenal Cañizares, andan con las armas en alto para evitarlo. Aunque no hayan ganado las elecciones como en el caso de sus partidos, o no se hayan presentado a las urnas, sino a través de «testaferros», algunos comprados a bajo precio. Ese compacto bloque hace ver que el triunfo es suyo y que le asiste la razón. No es así. Pero gran parte de sus seguidores piensan con la bandera para ayudarles a que ellos lo hagan primordialmente con la cartera. El anticatalanismo, en particular, obra prodigios en esas cabezas que prefieren alianzas la ultraderecha.

Un día la mayoría de los gobiernos pueden estar en manos de dirigentes como Díaz Ayuso, actual presidenta de Madrid. O como el alcalde, Martínez-Almeida. Como Inés Arrimadas o Pablo Casado. O Teodoro García Egea. O Albert Rivera. Desde hace un tiempo ya significativo, el nivel de un nutrido grupo de políticos españoles asusta. En realidad es el final de una escalada que se inició con una serie de políticos relevantes por su frivolidad. O con más precisión: un rellano en ese ascenso al poder de la inanidad con regustos torvos. Como ya ocurre en Estados Unidos con Donald Trump, en Brasil con Bolsonaro, o Bolivia con otra iluminada que se autoproclamó presidenta sin más miramientos. ¿No se han parado a pensar qué ocurrirá ese día en el que las decisiones sobre salud, educación, servicios, economía… supervivencia, como vemos, estén en manos de dirigentes de ese perfil? Spoiler: en algunos lugares ya lo están.

Detengámonos en Isabel Díaz Ayuso como paradigma. Afirmó que «nadie había muerto por contaminación» causando tal rechazo que la presidenta madrileña ha sido rebatida hasta por el Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero avisó desde el primer día. Su historial de declaraciones insólitas van desde considerar al «concebido no nacido un miembro de la familia» sin saber si cobraría o no en el caso de malograrse, a elogiar los atascos y el humo de los coches en Madrid o los empleos basura. Y todo ello no fue obstáculo para que la votaran directamente 714.718 personas y otras 625.039 que, inclinándose por Aguado de Ciudadanos, la eligieron a ella; más los de Vox como punto y aparte. La extuitera de Pecas, el perro de su antecesora Esperanza Aguirre, ha sobrepasado en sus ataques políticos toda ética calificando de etarras a posibles ministros. Doblemente espeluznante en un partido con su historial de corrupción. Lo peor es que a ese nivel están la mayoría de sus correligionarios.

Perdonen que insista ¿han pensado que ocurrirá si un día la mayoría de los dirigentes son de ese perfil? El resto del complejo, las filiales mediáticas, los ejércitos tuiteros y de WhatsAPP harán el resto de la faena. Un gobierno que siquiera se aleje de ese modelo y que de hecho se esfuerce en combatir, democráticamente, sus consecuencias es ya una exigencia vital. Todos hoy son responsables de lo que suceda y aquí seguimos expectantes esperando.

Horas de vísperas, de negociaciones, peticiones en las que unos cargan con la desmesura y otros la cardan, y el panal de avispas atacando. De rumores de «tamayazo». Más allá, Donald Trump alardea de bandera y su secretario de Estado Pompeo se deleita pensando que ya vio «algo evangélico apocalíptico, un éxtasis en el fondo» montando un conflicto con el imbatido y poderoso Irán. Veremos cómo acaba este estado de máxima tensión. Para quienes se sientan a decidir, bien, ya se lo anticipo.

Ayer me topé con un viejo libro de Milan Kundera y una frase que le dedicó otro escritor, Ítalo Calvino: «Esta novela demuestra que todo lo que elegimos por su levedad no tarda en revelar su propio peso insoportable». Tenemos que hablar mucho más de todo esto, pero sin duda pocas definiciones se ajustan mejor al signo de los tiempos que, por supervivencia, habría de ser revertido.

 

*Publicado en eldiarioes

Ruge la Caverna

Arremete la derecha política de todos los colores, los poderes económicos y mediáticos que no concurren a las urnas también, contra el gobierno progresista. Un ataque generalizado y a unos niveles de virulencia que rozan en más de un caso el terreno del golpismo. Es intolerable porque hay algo obvio que quieren disfrazar: la derecha no ganó las elecciones del 10N, no gozó de la confianza de los ciudadanos, ni siquiera con la batería de mentiras y apoyos lanzados desde sus filas y su ejército mediático.

No ganaron, pero una vez más se comportan como si lo hubieran hecho. Ahora, ante la proximidad de la investidura de Pedro Sánchez, se lanzan a una feroz campaña de oposición que no se parará ante nada, y decir «ante nada» es ante nada. Ocurre que la mayor parte de los grandes medios apoyan a la derecha, sin escatimar recursos tampoco. Solo una ciudadanía responsable puede detener semejante acoso.

La coalición del PSOE y Unidas Podemos ha presentado, finalmente, un programa de gobierno socialdemócrata, como proyectan sus homólogos alemanes para detener la caída electoral y como intentó, tarde, Jeremy Corbyn en el Reino Unido. No hay otro camino para frenar la deriva ultraderechista irracional, muy programada, que se está apoderando de la política y que prende en una ciudadanía vapuleada por la crisis y la falta de respuestas. Atrapada en esa banalidad que se ha apoderado de la sociedad que huye del pensamiento como de la peste. Es una parte de la sociedad, no la mayoría, de ahí los resultados electorales en España.

En la más pura lógica, la sociedad en general debería sentirse esperanzada con las medidas propuestas. Las más ambiciosas que pueden darse en el estado actual de nuestro país. Con cumplir tres cuartas partes de ellas ya sería un gran avance. Subir los impuestos, 2 puntos, a quienes ingresan 130.000 euros al año que son el 0,8% de los contribuyentes no debería incomodar a sus beneficiarios pero algunos se dejan cegar por la propaganda de quienes defienden precisamente a ese 0,8% nada más.  Por supuesto que había que derogar la Reforma Laboral del PP que convirtió en pobres a muchos trabajadores y que dotó de inseguridad al conjunto del mercado laboral. Y regular el precio de los alquileres que se ha disparado en los últimos años en un insostenible proceso especulativo. Estudiar un Ingreso Mínimo Vital, cuando existen colectivos que ni tienen, ni tendrán trabajo, es obrar con sensatez por la ciudadanía.

Pensar la política en clave feminista para paliar los desequilibrios existentes. Ver de poner freno a la violencia machista. Dar un no rotundo a los Vientres de alquiler. Intentar políticas ambientales que frenen el abrumador peligro que conlleva el cambio climático. Todas ellas y varias otras, son medidas imprescindibles. Merece la pena leer el programa completo para comprobar si hay motivo para tanta alarma y comprobar que la derecha española sigue sin estar por la labor de compartir ni un gramo de sus privilegios. Produce hasta un cierto estupor  leer medidas que soliviantan a ABC por ejemplo, porque las ve «puramente ideológicas», entre ellas ir contra Franco, dice. Se ve que los partidos ganan las elecciones para aplicar el programa del contrario. O con mayor precisión: el de la derecha, siempre el de la derecha.

Conviene recordar lo que perpetró José Ignacio Wert con la LOMCE que el próximo gobierno quiere derogar. Además de los aspectos de la enseñanza que la devaluaron, el ministro del PP le aplicó leyes fuertemente inspiradas por el ultracatolicismo que representa el Opus Dei del que es valedor.

El origien divino del Cosmos, en el BOE por ley del PP
El origen divino del Cosmos, en el BOE por ley del PP

Colegios segregados por sexo y financiados contra viento y marea, a pesar de sentencia en contra del Supremo. Si hay que cambiar la ley, se cambia, dijo, y ahí están. Las creencias religiosas fueron consagradas en el BOE de un Estado aconfesional como España en donde inscribió: «El alumno reconoce con asombro y se esfuerza por comprender el origen divino del cosmos».

La educación y la información son la base que crea ciudadanos responsables. Siglos en los que la enseñanza ha estado impregnada de ese catolicismo de misas y rosarios que ignora la justicia y a menudo hasta la caridad han formateado a una parte de la sociedad. Esta información que padecemos en defensa de un porcentaje mínimo de la población, y con fines ideológicos muy definidos, nos ha hecho mucho daño como país. Y en varios casos está subvencionada con nuestros impuestos.

La derecha cada vez más extrema arrecia en titulares en los que como Luis XIV viene a decir: «El Estado soy yo». El Estado, la Constitución y la Biblia. Casado, Álvarez de Toledo, Marcos de Quinto y todo el vocerío facha mediático, ven golpes de Estado por todas partes. A sus privilegios y de forma tan mínima que sonroja ver tan poca vergüenza. La España que reivindican ya la padecimos algunos, y jóvenes y  adultos del siglo XXI deberían huir de ese peligro. Los valores no están en una bandera, ni en un territorio, están en las personas, en la dignidad, la decencia, la valentía para acometer todo el resto de los retos.

Un gobierno progresista debe potenciar la educación y los cauces para una información rigurosa e independiente. Necesitamos ciudadanos a los que importe la ética, la decencia, que no les dé igual que los políticos que han elegido roben y prostituyan la verdad. Educar en valores que paradójicamente es lo que ha faltado en un país con tantas influencias torcidas. En el mundo actual, hablar de valores remite a provecho, beneficio, utilidad, bonos, acciones, títulos. Pero las sociedades serían más justas y felices basadas en la equidad, la justicia, la libertad, la ética, los derechos humanos, los derechos civiles, los que ayudan a disfrutar de la vida en salud, el compromiso social, la generosidad, y la justicia en lugar de la caridad. Elegir entre una y otra vertiente se enseña con el ejemplo en casa… y en el colegio. Solo esa ciudadanía honesta y con criterio puede rechazar los terribles cantos de sirena de «la caverna».

Parece que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias –y sus colaboradores– han aprendido la lección. Se han pertrechado de sólidos escudos y se diría que hasta han tomado algunas clases de esgrima. A Sánchez lo echaron sus propios compañeros, Iglesias soportó y soporta virulentos ataques de las cloacas, e internos en su día. Ambos parecen ser conscientes de que solo marcando la diferencia y luchando por el bien común, puede salir el proyecto pese a todas las invectivas. Portugal es un ejemplo, aunque nunca nada sea perfecto.

Es la España de intentar el progreso, el más elemental, o el que nos remite a aquella España franquista que describió el poeta Rafael Alberti: «Dura España terrible, temible, aborrecible, rostro desapacible, obstinada, infalible, irascible, insufrible. España inamovible, imposible, impasible, locura inextinguible».

Para ser imposible lleva décadas lastrando este. Y está empeñada en seguir, a toda costa. Aventar la caspa no es revanchismo, es salud democrática. Pero es el bien común el que está en juego y, al paso que vamos, la democracia. Si nada se tuerce –y lo van a intentar con todas sus armas– será ya, como tarde, en los primeros días de este 2020 que comienza.

 

 

*Publicado en eldiario.es

Historia de un espejo

Por más que tratemos de resistirnos a los balances vitales de fin de año, mezclados con el almíbar y el acíbar de las Navidades, se terminan haciendo de alguna manera. Parece que algo abocara a ese repaso; doblemente ahora, porque cambiamos el dígito de la década. Yo lo he hecho motivada por un hecho simple aunque significativo. Déjenme que les cuente la historia de un espejo. A veces, en ellos se ve pasar la vida desde otro ángulo. Casi «dentro y fuera de la realidad«, como una exposición de divulgación científica que se ofrece en Barcelona.

En 2010, cuando comenzó esta década, escribí en mi blog –esas cosas de los blogs sobre un espejo con luces para maquillaje que había resultado ser un antídoto contra la chapuza, según titulé. Lo compré en Nueva York en 1990 durante unos meses en los que residí allí y seguía luciendo 20 años después con los mismos neones de origen. Pensé en cómo había escapado a la obsolescencia programada, desafiado a su propio destino consumible. Máxime al estar construido en simple material plástico. En el post había más disfunciones que siguen hoy su marcha tan lozanas como el primer día. Así, le pasó durante mucho tiempo a mi espejo neoyorquino.

Espejo Clairol True-to-Light
Espejo Clairol True-to-Light

Pocos años después, quizás cinco años, en esos cuartos de siglo rotundos, le falló el sistema central giratorio que permite alternar una lámina de aumento y otra con la imagen normal, algo puramente mecánico. Busqué otros, más modernos, pero no lucían, ni servían como él.  Y en un taller artesano me lo arreglaron tras haberlo rechazado –con cara de qué está diciendo esta mujer– en un par de tiendas al verme llegar con un espejo viejo para reparar. El tiempo ha ido deteriorando la estructura, no su iluminación. Estaba fabricado para durar Claire true-to-light, se llama, al punto que veo se vende como vintage de segundo mano en Estados Unidos.

Llevaba unos días achacoso: el interruptor no se quedaba fijo y se apagaba uno de los neones al poco de encenderlo, y unos días más tarde, los dos. Ni cuñas, ni esparadrapo lo apañaban. El miércoles, en pleno día de Navidad, en un leve movimiento se desmoronó por el soporte. Y yo, aunque soy poco dada a los trabajos manuales, pensé en practicarle una operación completa a la desesperada. Desatornillé, busqué el mecanismo del interruptor, no hubo nada qué hacer y al intentar ensamblarlo otra vez, toda la estructura fue cayendo. Los neones siguen iluminando. Después de 30 años largos y de que ya todo lo accesorio ha caído, salvo la luz y el espejo. Ha llegado su final cuando mantiene lo básico.

Se han reunido varios aparatos domésticos para dar avisos o fenecer también, cada vez finiquitan antes. No son señales, es la obsolescencia programada, que vence precisamente para el final de un año y un cambio de dígito en la década. Un año muy especial, en muchas cosas inolvidable. Una década a la que entramos en el apogeo de una crisis económica que se llevaba gestando desde muchos años atrás y que no remedió para bien la tijera decretada. Lucía sin cesar la corrupción, la imprevisión.  Nos falló Zapatero, encañonado desde la Troika y los EEUU de Obama. Nos falló Rajoy porque se trataba de no fallar a los que mandan y organizan. Y la corrupción y la imprevisión y el férreo aparataje que las sustentan se mantuvieron.

La mayoría, en 2010,  todavía no usaba las Redes. Yo me inscribí en octubre de 2009, a los pocos meses de establecerse en España. Aunque algunos usuarios utilizaban antes las matrices internacionales. Twitter brillaba esplendoroso. Noticias al punto, conversaciones ágiles, la creatividad a la que obligaban los 140 caracteres, los contactos, los FF de los viernes para recomendar a quién seguir, los nuevos amigos. Después vinieron las imágenes y hasta los anuncios. Y el uso fraudulento de los datos en todas las Redes a las que entregamos nuestra privacidad para ser utilizada en negocios comerciales y políticos.

Y llegaron las tribus de trollshaters, y hasta bots pagados para infectar de discordia y de fake news la Red a ver si acallan y echan a quienes siguen aportando contenidos, especialmente si son críticos con el poder más rastrero y a la propia sociedad. Hay otras Redes, nació WhatsAPP hija de Facebook para conectar y enturbiar casi a partes iguales, pero no alcanzan el nivel de las plagas de mosquito tigre en Twitter que logran ocultar el sol. Así la verdad no luce, le cuesta lucir. Y de eso se trata, es lo que buscan.

En esas coordenadas, al hilo de los orígenes en crisis y de lo que viene fluyendo por los ríos de las redes sociales se han ido produciendo cambios de enorme entidad. En la información, en la forma de relacionarnos, en la sociedad. En la economía que acrecienta las desigualdades y en la política que así lo guía, mientras muchos ciudadanos, aturdidos por luces tóxicas, ni se enteran.

Por ahí transita la multiplicidad de partidos a los que la sociedad llamó ante el fallo de la política que no le daba respuestas. La complejidad del momento presente. La información veraz y la interesada, con los interruptores adecuados que no terminan de encontrar numerosos usuarios. La suprema desfachatez de la corrupción política que luce y luce deslumbrando a los idiotas. No tienen un final programado porque se alimentan de todo el engranaje.

Los finales de año se prestan a los balances y a ponerles el punto del adiós; el cierre de carpeta, al menos. Si dañan, inmejorable, pero son precisamente los que más resisten como el mal virus. Mi espejo neoyorquino, en cambio, ha llegado a su final después de una trayectoria muy útil, hasta reconfortante, como símbolo de resistencia. Todavía mantienen la luz los neones, aunque se apagan por el fallo del interruptor viejo, y el espejo impoluto no conoce el azogue. He tirado incontables veces objetos deteriorados y no sé por qué, me cuesta hacerlo con él.