“Lo que sabemos” del acoso que sufrirá el gobierno

Nunca hubo más capacidad de informarse que ahora, y nunca resultó tan difícil. Muchas son las causas que han propiciado esta era del periodismo pero la más nefasta de sus consecuencias es la inseguridad de que sean ciertas las noticias que se distribuyen. Las fake news están destrozando a una sociedad que pisa en falso en terrenos fundamentales de su vida y no es ni el mayor problema: lo es el sesgo subjetivo e interesado que se imprime a las auténticas para dejar de serlo. En el momento que vive España, esta doble desinformación puede alterar el proyecto democrático. Hay muchos trabajando para que no salga adelante. La trayectoria de quienes formarán el Gobierno prevé logros notables pero se van enfrentar con el escollo de una oposición turbia que viste un disfraz de periodismo.

Los titulares solían hacer una síntesis del contenido de las noticias, no dejarlos en ambiguo como un anzuelo para clicar. Este “lo que sabemos” que prolifera parece apelar a una complicidad en el cotilleo sin exigir el menor esfuerzo de pensar al lector. Utiliza la frivolidad como vehículo de sus mensajes. Pero el cotilleo y la dialéctica de la tertulia a modo de partido de fútbol han impregnado, infectado, la información. Y el cotilleo no es información y la mayoría de las tertulias no son debates, sino espectáculo y con intereses concretos. Grave gato por liebre para la audiencia, casi inerme ante estas formas. Ahora se precisa más que nunca un esfuerzo del lector que acuda a medios fiables y confíe en periodistas rigurosos. Contraste y se informe, en definitiva.

Con el presidente Sánchez investido, las especulaciones se dirigen al Gobierno y a las relaciones entre PSOE y Unidas Podemos. La intención de dinamitarlas es más que evidente. Desde afuera, desde luego. Procuren no contagiarse dentro. Varios medios afirman que las cuatro vicepresidencias son para devaluar la de Pablo Iglesias. La exclusividad parece ser imprescindible en ese alto cargo, porque otros ven debilitada a Nadia Calviño. Es vicepresidenta y tendrá –que se anticipe- todas las competencias en la dirección económica, como Pablo Iglesias en Asuntos Sociales, pero que haya otros al mismo nivel se ve como una merma. Carmen Calvo sería quien más competencias hubiera perdido y no se menciona. Las cuatro vicepresidencias es un tema que llevará horas y días de discusión mediática, por encima de los contenidos.

Este Gobierno suscita enormes preocupaciones entre quienes se afanan en preservar los privilegios de quienes siempre los han tenido y que comparten algunas de las víctimas de ese desequilibrio. Ocurre por esa rara solidaridad que encuentran en los sumisos, en algunos. Ofende a la lógica calificar a este gobierno de comunista y bolivariano, teniendo de vicepresidenta precisamente a Nadia Calviño en economía y otros nombramientos de su área como José Luis Escrivá, exjefe de estudios de BBVA, para Seguridad Social. Si las competencias son como se van avanzando supondrá, sin embargo, una suma interesante de progreso, sin alharacas. Mayor a la que estamos acostumbrados. La máxima que nos podemos permitir en este estado del país.

Una información rigurosa no puede basarse en las declaraciones yuxtapuestas de lo que dicen los políticos sin ningún contexto, como hacen muchos medios y en particular, dramáticamente, RTVE. No se pueden soltar a saco sus verdades y mentiras a una audiencia cada vez más desvalida si no se toma el esfuerzo de informarse de verdad para tener criterio. Abrir el grifo a la cadena de falsedades que sueltan por su boca los miembros de Vox y gran parte del PP y Ciudadanos no es objetividad, es –en el mejor de los casos- impericia. Tampoco es objetividad ni información, el este dice y el otro dice ¿Recuerdan aquel dicho?: “Si una persona dice que llueve y otra dice que no, tu trabajo como periodista NO es darle voz a ambas. Es abrir la puta ventana y ver si está lloviendo”. Y cada vez hay menos ventanas para asomarse y contarlo. Es irritante oír el sembrado del “dicen” ante hechos confirmados y obvios. Dan ganas de decirles algunos comunicadores: ¿Y a ti qué te parece? ¿Has buscado los datos reales para saber si lo “dicen” con razón o sin ella?

Miente Vox prácticamente en cuanto habla. Miente Pablo Casado cuando dice que los partidos que votaron ‘no’ a Sánchez sumaron “un millón y pico más de votantes” más que los que votaron ‘sí’ y miente y miente sin cesar. Miente, desde la ya irrelevancia política, Inés Arrimadas al lanzar sus odios contra quienes “dieron un golpe de Estado en Cataluña”, porque ni la justicia española siquiera, que ya es decir, le ha aplicado tal figura penal.

Por cierto, en un país serio y maduro tendría un exhaustivo tratamiento el escándalo de los tribunales españoles en el caso de Oriol Junqueras y otros independentistas catalanes. Por cómo siguen el criterio de un órgano administrativo, altamente politizado y contraviniendo el dictamen del Tribunal de Justicia Europeo. Ese pulso tan obcecado chirría. Desde luego precisaría mucho más espacio informativo que el número de vicepresidencias.

Es duro competir con las tendencias que diluyen lo que de verdad afecta a los ciudadanos. Con la sobreabundancia que termina sepultando lo importante bajo una pila en la que hay de todo, primando cada vez más lo accesorio, la anécdota, la frivolidad, la mala intención y los intereses también. Hay otro periodismo. En mi opinión, aquí, en eldiario.es y otros medios desde luego, se consigue. Pero las trombas que entran por las teles son arrolladoras.

La deriva es mayor si cabe en la militancia de medios, programas, y comunicadores –no llamo periodistas a quienes no lo ejercen- en este momento decisivo de la sociedad española. El tercer grado de acoso al que sometió Ana Rosa Quintana a Tomás Guitarte se inscribe en toda la campaña contra Teruel Existe por apoyar la investidura de Pedro Sánchez. Sonroja. Insisto en que tuvo que ser escondido y protegido por la Seguridad del Estado en la víspera de la votación, y eso no ocurre en los países democráticos. La Caverna mediática y política una vez que agarra presa ya no la suelta. Y en esa cueva de inmundicia hay un amplio pelaje, amparado por otros poderes. En varios casos también subvencionados con nuestros impuestos.

El machismo feroz se ceba en Irene Montero, la política que no debe ser ministra, dicen, por compartir su vida con Pablo Iglesias. Liderando la cacería un locutor de la COPE, la cadena de los obispos que a diario ensalza a la ultraderecha e insulta a la izquierda. De esos obispos que viven, por cierto, por mitad del siglo pasado en las telarañas franquistas y pontifican sobre el sexo tan fuera del tiempo y la realidad que asusta. Y que organizan, como el obispo de Castelló, cursos para hacer frente a las políticas del nuevo Gobierno.

Están las bombas incendiarias de los capataces de las cloacas informativas. En perfecto equipo, el PP presenta pregunta al Gobierno sobre “la financiación boliviariana de Podemos”. Esto parte de Eduardo Inda y su OK Diario. Ejemplo claro de cómo la cloaca propaga sus excrementos al punto entrar en la cadena de alimentación informativa. Tras haber rechazado la justicia toda la anterior porquería vertida, no dejan de intentarlo. Y, a fuerza de insistir en promocionarles, hay quien se degrada al punto de prestarles atención.

Y las portadas que abochornan al periodismo, y las declaraciones en silla de plató cargadas de mentiras e insidias. No, la información no son las especulaciones, los chismes, los zascas, las ventas de lo que mande la empresa o la dirección al margen del periodismo.

El mayor peligro para los ciudadanos es que no les cuenten lo que saben les afecta de verdad sino lo que colocan en la “agenda informativa” para que lo consuman. El giro desinformativo del periodismo tiene consecuencias. Hay que reescribir los titulares y los sumarios. Complementar, dar contexto.

Si leemos: Aznar critica el Gobierno de coalición: “¿Qué futuro espera a una nación que pone su destino en quien la quiere destruir?”. Retitulamos: Aznar ataca al Gobierno de coalición. Y colocamos de sumario: El ex presidente del PP, de ideolología ultraconservadora, tiene en su haber la firma de las Azores, las mentiras del 11M, la burbuja inmobiliaria o la privatización de las empresas consideradas cinco joyas de la corona.

Miremos los efectos de la desinformación en el terreno internacional, para saber lo que nos afecta de cerca aunque parezca estar lejos. Veamos los variados sesgos que adquiere el actual litigio entre Trump e Irán y toda su área de influencia. Las culturas diferentes crean prejuicios pero cabe poca duda que asesinar al General Soleimani ha sido un terrible error que ha desestabilizado la zona y anulado años de búsqueda de acuerdo. Hasta John Kerry, antiguo Secretario Estado de Obama, dice que Trump ha destruido todo el trabajo diplomático que ellos hicieron en Irán. Da argumentos sólidos pero no puede evitar arrimar el ascua a la sardina demócrata, ni de algún modo entender la ejecución, sin mediar guerra declarada, de un hombre clave en Irán porque no convenía a sus intereses. De aquí puede desencadenarse una guerra. Con armas nucleares. Los fans de Trump y la América Grande están encantados sin ver más allá. Algunos viven en un campo de juego, y mueren en la realidad de la miseria.

Arranca un gobierno más o menos progresista contra los huracanes de la manipulación. Y va a tener que afrontar los objetivos de gestión con el viento en contra de todas esas insidias, que no es el mejor escenario para trabajar. El ciudadano de a pie sigue teniendo una palabra decisiva tanto al elegir como al seleccionar con criterio. Lo que sé de la información y la democracia me indica que ese es un camino acertado.

 

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