
Vitus Bernward Dröscher, zoólogo, etólogo y escritor, fue uno de los divulgadores científicos más prólificos y exitosos del siglo XX. Un gran innovador también que destruía mitos sobre el comportamiento de los animales buscando deliberamente su comparación con la humana.
Nacido y criado en Alemania del Este sus más de 30 libros fueron traducidos a 20 idiomas, incluido el chino… y el español. Cuestionó el liderazgo del macho en los felinos, sobre todo; demostró que ninguna hembra animal deja llorar, tener miedo o pasar hambre a sus crías, y que los abrazos y cuidados en los tres primeros meses de vida forman adultos más estables. Que cuando vienen mal dadas por la fortaleza del adversario es mejor “aullar con los lobos“ –aunque se sea humano- que enfrentarse a ellos.

Cada cierto tiempo se rescata su experimento sobre las ovejas (real o atribuido). Explicaba Dröscher el carácter gregario extremo de esta especie que sigue al líder hasta la muerte y en manada. El pastor interpone un bastón al cabecilla del grupo y el resto salta en el mismo punto aunque ya no esté el impedimento. El caso alucinante fue el que aconteció cuando irrumpió un paseante con dos perros sueltos que atacaron a la oveja guía. Presa del pánico se arrojó al río y… fue seguida por todo el rebaño. Se suicidaron. Sin saber ni lo que hacían, claro está.
El espíritu gregario de los humanos es uno de los comportamientos que más me llaman la atención (probablemente porque carezco en absoluto de él). Me sucede con harta frecuencia en el coche. El conductor posterior me sigue (sigue a quien vaya delante, vaya) aunque se meta en una zanja –me ha ocurrido-. Entonces le sale el carácter y pita desaforado porque le estoy impidiendo… que caiga de lleno en ella, él quiere seguir por donde iba: tras del vehículo anterior.

Lo explica también de alguna manera la Campana de Gauss: hay una tendencia humana hacia ir donde otros van –el centro en este caso- para sentirse arropado y no destacar. No destacar para no situarse a la intemperie de la soledad o la escasez de grupo. El humano gregario, eso sí, allí, en el calor del rebaño, grita para asentar sus reales.

Las ovejas mantienen esta actitud por condicionamiento genético, en los humanos es una elección. En el amplio horizonte de caminos que se le ofrecen, algunos optan por no cuestionar, no tomar iniciativas arriesgadas (aunque finalmente lo sean mucho más) y sigue a quien dirige el cotarro, bien o mal.
Con la que está cayendo dos encuestas coinciden que el PP consolida su posición entre sus votantes de forma abrumadora, e incluso aumenta su distancia con el PSOE. Veamos ésta más detallada. Será que los erráticos líderes socialistas que elige su militancia se topan con unos potenciales seguidores menos gregarios, no sé. El caso es que la manada del PP nos está arrastrando a todos al abismo. Por succión 🙂






