The New York Times: el error de Rajoy es tratar a los españoles como a niños

Ha pasado desapercibido (salvo en twitter) el artículo que firmaba hace un par de días en The New York Times, Hugo Dixon. En él repasa las actuaciones de Rajoy como primer ministro y deduce que “tratar a la población como a niños podría causarle problemas”. Afirma que hay quienes “entienden que España tenía que reducir su déficit y aumentar su competitividad” pero que no ha sido franco con sus planes.

Explica Dixon cómo Rajoy ha hecho lo contrario de lo que prometió antes de las elecciones de Noviembre. Pero el presidente – dice el comentarista -, “no ve ningún problema en ello”. Más aún cree que “hubiera sido una tontería hablar mucho de la austeridad en la campaña de las elecciones generales, ya que podría haber asustado a los votantes. Por la misma razón, piensa que sería una tontería hablarles de la revisión del estado del bienestar antes de la elección en Andalucía”.

“A la larga, el hecho de no tratar a la población como adultos podría causarle problemas. Pero en el corto plazo, la estrategia ha dado sus frutos. El Partido Socialista perdió casi el 40 por ciento de sus votos en las elecciones generales, sobre todo porque había hecho un mal trabajo en el gobierno. Ahora se espera que pierda también Andalucía”, añade.

El articulista ve bien que sea más fácil despedir y que bajen los sueldos porque estima que así España gana competitividad y aplaude otras medidas igual de neoliberales, de las que, como todos los miembros de esa secta ideológica, esperan frutos que no se han dado en parte alguna. Lo que le preocupa es que en las siguientes medidas que el PP de Rajoy impondrá tras las elecciones del domingo -cuando dominé prácticamente todo el poder en España- siga siendo igual de insincero y “aumente su cinismo”. Escribe Dixon: “Los españoles ya tienen poca confianza en los políticos de todos los colores: como pudo verse en el movimiento de indignados del año pasado, cuando cientos de miles de manifestantes salieron a las calles para quejarse”.

“Esto no importaría si la economía, que el gobierno espera reducir un 1,7 por ciento este año, se estabiliza el año que viene (cosa que, añado yo… y el FMI, y Funcas y el BBVA, no ocurrirá). Pero si el PIB sigue cayendo, el desempleo (actualmente el 23 por ciento) sigue aumentando y el déficit sigue siendo obstinadamente elevado, España se enfrentaría a renovados temores del mercado de bonos y una mayor presión de sus socios del euro para reducir su déficit. El señor Rajoy tendría que vender otra dosis de austeridad a los votantes que no le creen” Y así concluye: “Después de haber sido tratados como niños, incluso podrían hacerle una pataleta”.

Actualmente, un gran número de españoles se encuentran encantados de ser, en efecto, tratados como niños. Evitan así pensar y tomar decisiones adultas. El padre estricto que conocieron sus ancestros -Rajoy incluido- está ahí para marcar el camino. Pero algo intuye el comentarista de The New York Times: no todos nos estimamos en tan poco y, si no hay resultados sobre la crisis –que no los habrá más que para los privilegiados del sistema-, el ser tratados como seres con un cerebro sin desarrollar puede ser en efecto el error más grande de Rajoy y su gobierno. Incluso podrían montar un número los bebés mentales si se quedan también sin chuches y pelotita (que todo se andará). Igual así entienden que nunca un papá neoliberal cuida de sus hijitos, sino de sus colegas de élite.

 

PD.

Merece la pena detenerse en las contradicciones de los mandamases actuales (como hago en La energía liberada). Este tipo de ideología aúna con enorme desparpajo el neoliberalismo económico con el más rancio e intransigente inmovilismo moral. Ultrarreligiosos de fachada cuando jamás lo fue el liberalismo original, defensores de la familia y las tradiciones aunque las transgredan buscando la redención en el confesionario o en un acto de contrición interna. En realidad se comportan como “el padre estricto” —en el genial estudio del lingüista George Lakoff  “No pienses en un elefante“— que cree en la maldad del ser humano en lugar de en la bondad o en los matices. Maniqueísmo en estado puro: “un bien absoluto, un mal absoluto”. Infantilismo. El mundo, a sus ojos, también es un lugar muy peligroso. Se necesita, por tanto, un padre fuerte, muy fuerte, e inflexible. Que los proteja e instruya en esas verdades inalienables. Que los castigue si yerran para que aprendan a no volverlo a hacer. Ah, y sobre todo que los obligue a buscarse la vida solos una vez correctamente adoctrinados. En la riqueza que identifica como el bien. “Es inmoral dar a la gente cosas que no se ha ganado porque entonces no conseguirán ser disciplinados y se convertirán en seres dependientes e inmorales”, explica Lakoff. Tan inmorales… como los programas sociales y el Estado mismo que no respeta iniciativas, y el bien superior del enriquecimiento privado.

Enormes balones… que les roban a otros.

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