Ni un recorte más sin acabar con las estafas financieras

Lo más granado de las “personalidades” españolas figuran en la lista Falciani. Este ex empleado  del HSBC de Ginebra relata en una entrevista para El País sus vicisitudes desde que decidió delatar a evasores fiscales. Mafia de altos vuelos para frenarle incluso con peligro de asesinato.

Ya conocemos desde hace un tiempo las abultadas cifras de ese robo al erario público en distintos países. Se cifra entre 18 y 33 billones de dólares. Y, mientras, las Haciendas pública son inflexibles con los asalariados. Olvidad una partida y veréis. O sed sujeto de la ojeriza, muchas veces probablemente ideológica, de algún empleado de la Agencia tributaria. A mí en concreto  la revisión obsesiva de todas las declaraciones no prescritas por parte de una tal Raquel -con la aquiescencia de sus jefes-, sin atender a ninguna objeción o justificación, me obligó a sacar el plan de pensiones para pagar multas e intereses de demoras que abultaban con enorme desproporción lo requerido. Trabajando desde los 13 años.  La solución era recurrir a la vía judicial lo cual es largo y muy caro.  No pudo ser. Enfocado sin pasión, se entiende mal ese celo en algunos y esa manga ancha para quien realmente saquean a manos llenas. Todos conocemos casos o los hemos vivido, y contemplando en duro agravio comparativo la impunidad dedicada a esos sujetos que gozan de todo prestigio. Ellos son quienes nos obligan con su impago a cotizar más al resto y a sufrir recortes. Al menos en la justificación de los gobiernos que dicen: “no hay dinero”. Inmensa trola, intolerable falacia.

Pero hay más. El Premio Nobel de Economía Paul Krugman nos explica hoy muy bien eso que hemos escuchado del “Error Excel”. Unos presuntamente sesudos profesores que se equivocaron en unos cálculos y así llegó “la austeridad”. ¿Puede un error en una hoja de cálculo haber destruido casi por completo la economía de Occidente?, se pregunta Krugman. Y se responde:  ¿Servirá de algo que se haya hecho caer a Reinhart y Rogoff de su pedestal? Me gustaría pensar que sí. Pero preveo que los sospechosos habituales simplemente encontrarán algún otro análisis económico cuestionable que canonizar, y la depresión no terminará nunca“.  Esto conviene que lo sepan los crédulos natos que aseguran que “un día” la crisis acabará. Como mínimo prevén una década hasta las fuentes oficiales más optimistas, los autores de la patraña, vamos. Y, por este camino, ni aún entonces. No olvidemos que ellos, los de la lista Falciani y todas las listas posibles lejos de sufrir austeridad alguna, se están forrando.

Aún lo analiza mejor que Krugman la periodista española  Soledad Gallego-Díaz:

“Nos jugamos más en los debates de economía que en cualquier otra discusión. Esta semana ha sido espectacular. Primero, nos avisan de que la “biblia” que demostraba científicamente que a partir de un 90% de déficit era imposible crecer contiene cálculos equivocados. Quienes difundieron la teoría, los profesores de Harvard Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, tenían problemas para usar la hoja de cálculo de Excel (no es broma) y tendencia a desdeñar datos que no apoyaran sus premisas”, dice.

Y, tras explicar el proceso, datos de esta semana de otros grandes “expertos” en economía, concluye:

“A propósito, ¿no convendría recordar que Alemania paga el 27,14% de los 10.000 millones de euros que se prestan a Nicosia, pero que España e Italia juntas vamos a pagar un 29,81%? Es decir, ¿por qué se organiza tanto escándalo en la rica Alemania y ninguno en países empobrecidos como España? ¿Por qué Alemania se hace oír y los demás no? Quizás porque en Alemania esos 2.700 millones de euros los tiene que aprobar el Parlamento y en Italia y en España nadie sabe siquiera que estamos pagando lo que nos corresponde, (1.790 millones y 1.190 millones, respectivamente)

“La rápida corrección de los errores” nos permitirá la vuelta a la normalidad. Por el momento, la “normalidad” incluye que el 10% de los niños griegos sufran “inseguridad alimentaria” y que Amanecer Dorado siga enviando al hospital a unos seis inmigrantes diarios. El jueves, como en Novecento, un capataz disparó contra jornaleros inmigrantes que reclamaban salarios atrasados”.

Aquí también nuestro gobierno –ya claramente ultraderechista- camina a la involución implacable como en la ley del aborto. Y otras muchas. Y mientras cada día nos empobrecemos más y son mayores las ofensas a la inteligencia. Soledad da la clave: aquí mucha gente ni se entera de lo que pasa.

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