Me regalan un repelente eléctrico de roedores

Reviso el correo postal atrasado, esas montañas que crecen en pocos días que no tengas tiempo o ánimo de afrontarlas. Para mi es uno de los más duros e innecesarios trabajos a los que me somete esta organización social “que nos hemos dado”. Y lloro por los árboles que mueren como tributo.

Entre los papeles, una invitación –a mi nombre y apellidos ¿de dónde los han sacado?- para hoy, a un “lujoso” hotel de la zona de Ventas, donde, sólo por asistir, me van a regalar…

¡Un juego de dos bolígrafos y llavero!

Ahora bien, si me acompaña mi cónyuge –un jueves laborable-, entonces recibiré totalmente gratis –subrayan-…

Un elegante juego de pendientes de plata con auténticas perlas cultivadas (en sus talleres, no en el mar a cargo de una sufrida ostra).

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                                   (es un más, no una cruz funeraria)

¡¡¡ Un repelente eléctrico de roedores e insectos!!! ¡¡¡Anunciado en televisión!!!

Debemos ir el con el DNI y no sé si con un certificado de matrimonio.

Recuerdo los tiempos en los que proponía a mi amigo Juanjo que me hiciera de marido prestado para repartirnos un viaje de 3 días a un hotel en la playa, un televisor o una cámara de fotos con teleobjetivo, un juego de maletas incluso. Nunca fuimos en realidad, pero nos reíamos mucho. ¿Pedirían el libro de familia que entonces sí existía? creo que ahora lo han quitado.

Me llaman la atención varias cosas. Esa opción por la “familia” como ente de solvencia. La fascinación social por el “gratis“. Y, sin duda, la rebaja de los incentivos para acudir a escuchar un rollo de descomunales dimensiones, con el exclusivo objeto de venderte algo (innecesario) que cueste más que lo que te dan, si te lo dan.

Al parecer presentan “una de las colecciones más emblemáticas de Alta Joyería –con mayúsculas”. Y me pregunto si habrá alguien que elija esa opción para pasar la mañana o la tarde. Y qué marido se animará a asistir al evento, con tan jugosa recompensa.

Pero lo del repelente eléctrico de roedores me ha llegado al alma. A través de un post en el que puse una foto de una preciosa rata –pensando en cierta asociación que fundé-, he descubierto (realmente asombrada, lo confieso) el irresistible atractivo que ejerce este animal –no hay día que no entren 40 ó 50 personas en el periscopio buscando fotos de ratas-. Era una monada, mirad:

Así que igual no es ninguna tontería regalar un repelente para estos bichos. O mejor unas jaulas para conservarlos. ¿Hay ratas en Madrid? ¿Al punto de necesitar repelentes eléctricos para el hogar? Familiar por supuesto.

Pero no, la incitación al consumo se vende ya de saldo, de mercadillo. Por cierto, estuve el martes en el de Majadahonda -que pase por ser el más “chic”-. La “Alta Joyería” se ofertaba a dos o tres euros la pieza. Diez sí era “De marca. “¡Gargantilla de Bulgari!”, susurraban en voz baja -y agarrándote del brazo- vendedores que eludían a la policía.

Hay oferta porque hay demanda. Y hay “mercados” y “mercadillos”, hijos de un mismo tronco.

Pues que no voy a ir a por mi repelente de roedores –dado que carezco de marido-, ni siquiera a por los dos bolígrafos y llavero, reservados a las parias sin pareja. Pero sí voy a salir a respirar la deliciosa contaminación de Madrid. Miraré bien a dónde pongo el pie, a ver si tengo que sortear ratas.

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