Europa en Suma

Ha nacido Europa en Suma. Después de meses de darle vueltas y crear ilusiones, ayer tuvimos la Asamblea Constituyente. El núcleo de esta asociación lo formamos un grupo de trabajadores de RTVE, apartados del empleo por un ERE que decidió que no les éramos útiles al tener más de 50 años. «Somos viejos -¿tanto?, me pregunto yo-, pero no cansados» como me resumía el multicorresponsal Daniel Peral. Lo mejor de la profesión se fue en ese expediente de regulación de empleo. Junto a Dani, Luís de Benito, Rosa María Calaf o Enrique Peris, por citar los nombres de excelentes periodistas que veíamos con asiduidad en pantalla. Pero también se llevó a realizadores y cámaras «pata negra» que crearon una imagen con sello propio. Pero eso fueron otros tiempos, empezamos de nuevo.
Europa en Suma ha salido del granero que creó Isabel Martínez Reverte con los Descartes -«descartes», además del filósofo que inclina al pensamiento, son las imágenes que no sirven al montar una pieza en televisión-. Mantenemos tertulias interesantísimas, otro día os hablo de ellas. Ése es el núcleo pero algunos amigos de la Universidad o de la publicidad, de la cultura en general, se están apuntando.
EEUU bulle en estos momentos, mientras Europa dormita, mucho más con una Presidencia -la checa- que se ha propuesto «amargarle la golosina a Europa», según rezan sus carteles. Esa presidencia -prima hermana de Aznar- es europea a su pesar, sin que nadie les obligue a formar parte de la Unión.
Abrir fronteras abre la mente. Y la suma tiene más fuerza que la división. Apostamos por Europa. Aprisionados en el Sur, hemos vivido -en la práctica- un poco de espaldas a ella, y eso tiene que cambiar. Por nuestra supervivencia, por el progreso. Los grandes avances de España -espectaculares desde la llegada de la Democracia- no pueden hacernos olvidar que aún andamos rezagados respecto a países de nuestro nivel.
   Con datos contrastados, se puede asegurar que trabajamos más horas que muchos de nuestros vecinos, con menor productividad, pagamos un nivel medio-alto de impuestos -a cambio de menores prestaciones que en otros países-, hemos de afrontar elevados precios de consumo, y, sobre todo, cobramos mucho menos que otros. Sólo tienen un menor salario griegos y portugueses -dentro de la llamada Europa de los Quince- pero… no son «la octava potencia mundial». Un enorme escollo, porque nadie apuesta por subirnos los sueldos ¡Todo lo contrario! la tendencia es, exactamente, la opuesta: ante la crisis, todas las voces exigen moderación salarial.
Los impuestos costean prestaciones. Las suecas pueden acogerse a más de un año de baja maternal, una parte con el 67% del sueldo. Y en muchos países las administraciones pagan las gafas y el dentista, que no son un lujo. El gasto social, aún habiendo subido con Zapatero, está en poco más del 19%. Por debajo, sólo Malta, Eslovaquia, los países bálticos y Chipre.
Fomentar Europa puede enriquecer de contenidos a todos sus miembros. Y ayudar a erradicar posiciones extremas en lo político, a beber de una democracia que en nuestros vecinos no ha sufrido tan graves alteraciones como en España. La hoy conservadora Francia condenó al ultraderechista Jean Marie Le Pen, ayer mismo, a tres meses de cárcel -exentos de cumplimiento- y a 10.000 euros de multa, por minimizar el nazismo. Había dicho tan sólo que la ocupación nazi de Francia «no fue particularmente inhumana». Jaime Mayor Oreja declaró que la dictadura de Franco trajo «una placidez extraordinaria a Euskadi». Y el PP… le presenta de candidato a defender nuestros intereses en Europa. Esas diferencias habría que limar. Limpiar y airear el gran pozo de caspa que aún nos impregna.
Y, sobre todo, acercarnos y, al tiempo, mostrarnos a los ciudadanos de Europa, a los de a pie, a quienes todos olvidan. Para construir algo juntos, para sumar, como dice nuestro nombre.
Hemos dado un primer paso decisivo al constituir la Asociación, tenemos planes, ilusión. No sé si podrá con nosotros el virus burocrático que enferma a este país, pero estamos decididos a dar la batalla por Europa. Moderna, creativa, imaginativa, dialéctica, profunda e incluso lúdica. Con este espíritu, al menos, afronto nuestro futuro.

El día en el que me convertí en una paria

Fue el 30 de Septiembre de 2008. Ese día un «cruce informático» decidió que yo estaba trabajando como autónoma y que no me correspondía el subsidio de desempleo, derivado del ERE de RTVE. Mi mala cabeza con los números y los papeles, hizo que me enterara hace nada, el 13 de Enero, cuando ya la cuenta bancaria gritaba.
Pero la historia no iba a acabar ahí. Lo que parece un pequeño desajuste puede provocar un cataclismo. La mala nueva de ayer fue que, por esa razón -no cotizar al sistema- y haber transcurrido 90 días, estaba excluida de la Seguridad Social. Me lo contaron, tras dos horas de cola -nadie, ni el impreso de la ventanilla exigía fotocopias de los documentos, el Centro de Salud carecía de fotocopiadora, y tuve que dejar la fila, volver, y hacerla otra vez-. Había compartido charla con un jubilado que atribuía todos los males posibles a Zapatero, incluso la espera en una dependencia gestionada por la Comunidad de Madrid que preside Esperanza Aguirre.

Absolutamente presente en mi charla con la funcionaria, gritó para ayudarme: ¡Pero cómo no va tener derecho a médico esta señora si Vds atienden a todos esos que vienen a España! Hay excepciones, pocas, pero una de ellas es la «mía»: no ser asalariada ni estar en el paro. También había hablado con una chica que me antecedía, a quien contaron que su número de DNI lo tenía también otra persona. La mandaban a aclararlo a la policía. Ella razonó que hablaran con esa otra persona, no fuera a haber un error.

Experimenté qué es un ataque de nervios. Y, como decía aquel verso, «entonces comprendí porqué se llora, entonces comprendí porque se mata». El poeta aseguraba que era por amor, también puede suceder por IMPOTENCIA.

El martes os contaba que disponemos de 2.500.000 funcionarios en España, frente al millón que había antes de la descentralización del Estado. Loable empeño que, como tantas cosas en España, se ha hecho mal. Un artículo de El País cuenta con detalle como «Las 17 Españas no se entienden», especialmente en la Sanidad con feroces agravios comparativos. Pero esa historia es para otro día.
Un certificado de Hacienda asegurando que no trabajo ni para mí ni para nadie, y que por tanto me corresponde el subsidio de desempleo, viaja estos días porque su conducto reglamentario de entrega es el correo certificado. Con él habré de ir a la Tesorería de la Seguridad Social a recuperar mi derecho a asistencia sanitaria, al Centro de Salud a por la Tarjeta, y al INEM. El martes fueron 3 horas de espera, con otros desgraciados como yo que no tienen trabajo -y que seguramente tampoco disfrutan de la beca que al menos a nosotros en RTVE nos ha correpondido-. De pie. El número de parados ha aumentado, sin duda, pero el sistema adolece de graves fallos.
No se puede hundir la moral de un parado diciéndole que su tiempo no vale nada, cuando en activo sí lo valía. No se pueden tolerar errores que privan del subsidio -y en mi caso sin avisar como es reglamentario-, cuando todo el mundo tiene compromisos que cumplir con el dinero con el que cuenta cada mes. No es de recibo que el pesado engranaje no funcione y que no se subsane el error de un día para otro. No es entendible la celeridad para comunicar a todos los organismos que una no tiene derechos, cuando cumple sus obligaciones, y ha sido el error de quien ha hecho dejación de ellas, el culpable de su situación.

La chica del DNI duplicado me dijo un tanto inquieta: ¿Y si un día todo el sistema informático se cae, se colapsa y desaparecemos? Podría suceder. Nos quitarían todo y las oficinas seguirían expidiendo números -donde los hay- para comunicar las decisiones, no para solventar los problemas.

Quizás me convertí en una variente de los parias el día que nací en España. Hubiera sido peor hacerlo en Zimbabue, en el Congo, en Myanmar, en muchos otros lugares, sin duda. Pero mucho mejor, hacerlo en Suecia, por poner un caso.
España ha dado pasos de gigante desde que vivimos en democracia, pero es incapaz de conseguir hacer las cosas bien. Organizarse, planificar, ejecutar con precisión y orden. Tener respeto por los demás. Con un enorme potencial, mi queja -y la de muchos otros que se resignan diciendo que no tiene remedio- es que no nos encontramos ante un mal IRREMEDIABLE. Un sector corporativista pone estos días en jaque al Gobierno por espurias razones. Lo cuenta muy bien Juan José Millás, también en El País. Seguramente habrá que echar la casa abajo y construir de nuevo, mucho desperdicio a la basura, buena mano de pintura, abrir bien las ventanas, mesas nuevas, trabajadores motivados, ordenadores bien conectados. El siglo XX nos trajo el milagro informático. Sólo hay que querer, y priorizar las inversiones hacia lo que hace más fácil la vida a los ciudadanos. Es nuestro derecho.

La basura burócratica

Este martes y 13 me he desayunado con que el subsidio de desempleo que cobraba había sido dado de baja. RTVE decidió prescindir de sus trabajadores mayores de 50 años -sin tener piedad de quienes desde la realización, la imagen o el periodismo han marcado y dirigido la historia del medio en este país- en un ERE «voluntario». Para no engrosar la cuenta de resultados de la Corporación, una parte la pagaría durante dos años el INEM. Pero mi subsidio ha desaparecido.

Cuando he llegado a la oficina del INEM aguardaban un par de centenares de personas. De pie la mayoría. Faltaban más de cien números para que me correspondiera turno. Cuando, transcurrida la hora de cierre del establecimiento, una amable -sin duda- funcionaria me ha atendido, ha argumentado que se había producido un cruce informático en el que yo figuro en activo, trabajando, y que «suponía» se resolvería. «¿Para el mes que viene?», he preguntado con candidez. «Supongo» ha respondido evidenciando que no era ese tiempo el estimado para solventar el error. Y entretanto ¿de qué como?

Por la tarde he intentado resolver la carencia de médico de la Seguridad Social, no vaya a ser que la angustia me provoque un espasmo. En los Presupuestos Generales del Estado y en no sé cuantos Reales Decretos, con sus barras y todo, se han derogado las colaboradoras, era el caso de nuestra ex empresa. Me han dicho que precisaba un justificante de empadronamiento. Que no servía el carné de identidad -donde figura mi domicilio- porque eso era de otro negociado. Ni la tarjeta censal para votar, ni recibos del piso, nada… Hay que acudir a la Junta Municipal. Lo haré, de forma «presencial», y aguardaré más números y más colas, si quiero resolver pronto el asunto.

En los albores de la Transición, España contaba con un millón de funcionarios, ahora tiene dos millones y medio, de los cuales, la mitad pertenecen a las Comunidades Autónomas. El porcentaje es de un funcionario cada dieciocho habitantes, similar al resto de los países europeos, y algo menos que en Francia que, sin embargo, es puro centralismo. Pero ¿ha mejorado el funcionamiento del Estado? No lo parece, por el contrario se diría que ha aumentado la burocracia y la ineficacia, por no hablar del gasto.

Las aglomeraciones de desesperados, las interminables esperas parecen querer doblegar la voluntad del usuario, hacerle saber que es un número sin dignidad y sin apenas derechos.

Hoy se cumple un año del asesinato de Mari Luz, la niña de Huelva a cuyo presunto asesino no mandó el Juez Tirado enviar a la cárcel por una sentencia anterior, error -si se nos permite llamarlo así- sancionado con 1.500 euros. Nos enteramos entonces que había casi millón y medio de sentencias sin ejecutar. Y de que los Juzgados apenas disponen de ordenadores, trabajan con legajos escritos a mano como en el siglo XVI. Los Jueces se plantean ir a la huelga en solidaridad con su compañero expedientado, y España debate si la Constitución se lo permite o no.

¿Y nuestros derechos? Mientras España no erradique la basura burocrática -gusano que entorpece la digestión democrática, cáncer que nos pudre-, no será un país civilizado. La octava potencia económica mundial no puede permitirse, en el siglo XXI, este funcionamiento administrativo. En días como estos, una llega a pensar que se trata de un sistema deliberado.  Como aquella versión de la Ley de Clark que utilizó un empleado de la NASA:

       » La incompetencia suficientemente avanzada es indistinguible de la mala voluntad»