No ha matado solo el coronavirus

No solo ha matado la COVID-19. Han sido otras enfermedades insuficientemente atendidas por el colapso sanitario. Ha sido la deshumanización de algunos dirigentes y de la sociedad que los eligió. Ha sido el capitalismo feroz, al que dejó en cueros la pandemia y que se resiste a morir redoblando su virulencia. Que han fallecido muchas más personas del promedio histórico es un hecho, y que no todas son atribuibles al virus es más que probable. Los datos de esta otra pandemia soterrada levantan alarmas de enorme entidad pero no son suficientemente escuchadas porque ponen en cuestión lo que a algunos no les interesa sea advertido. Y se dispone además de “ganchos” mediáticos mucho más entretenidos.

El coronavirus se ha contabilizado mal, es cierto. Cada país usó los sistemas que le pareció, los cambió y añadió variables. Era un fenómeno nuevo para esta generación y en los países occidentales. Sí sabemos que han muerto y enfermado un número insoportable de seres humanos y vamos conociendo nuevos elementos para saber que hubo otras causas de muerte. El Informe MoMo, del ministerio de Sanidad español -que vigila los excesos de mortalidad por toda las causas y se nutre de los registros civiles- cifra en más de 43.000 personas las que murieron por encima de la media. En el último balance, a 22 de mayo. Un 55% más.

Gráfico de tasas de exceso de mortalidad en núcleos urbanos. Financial Times
Gráfico de tasas de exceso de mortalidad en núcleos urbanos. Financial Times

El ranking internacional, que se puede leer en abierto y a diario en el magnífico trabajo del Financial Times, se observa la importancia de determinados núcleos urbanos en el cómputo total de los países. Sabemos del desastre de EEUU, con más de 100.000 víctimas mortales ya, pero el foco principal es Nueva York, no solo en número sino en porcentaje: ha fallecido un 364% más de lo habitual. En Bérgamo, Italia, ha sido un 496% más, aunque eso implica “solo” 5.000 muertos. En España, Madrid es epicentro con 13.900 muertos más del promedio, que implican un exceso del 175%. Notables también los porcentajes en ciudades de Perú o Brasil, con los datos conocidos. Valoremos que hay otras zonas en los distintos países donde los contagios y muertes han sido infinitamente menores.

A los muertos de Madrid les vamos poniendo caras y causas. Fue en la Comunidad donde se ensañó la tijera y la fiebre privatizadora del PP a lo largo del cuarto de siglo que lleva en el poder. La pandemia ha supuesto un salto cualitativo descomunal. Para la extensión del virus influyen la densidad de población y los desplazamientos, pero está claro que la atención sanitaria ha sufrido graves carencias. Todavía hoy, a punto de entrar en la Fase 2 según pide la presidenta Díaz Ayuso, hay Centros de Atención Primaria cerrados o a medio gas. No funcionan o no al mismo ritmo las especialidades. Son tres meses sin vigilar como se debe enfermedades crónicas. Hay datos concretos denunciados por asociaciones médicas que indican por ejemplo que se ha reducido el ingreso en urgencias en enfermedades tan graves como ictus o infartos. Con seguridad, todo esto ha ocurrido también en otras comunidades. El sistema sanitario español, diezmado, no estaba preparado para una pandemia ni mucho menos. Ni en medios de protección. El esfuerzo de los profesionales ha sido sobrehumano y les ha costado caro, más de 51.000 han resultado contagiados.

El grueso de las víctimas está en los ancianos. Ha sido una masacre. Anunciada en noticias que íbamos contando sin mayor repercusión. Desde aquel octogenario que se olvidaron muerto en un banco del jardín en una residencia de Alcorcón (Madrid) a todas la carencias que se detectaban.

Más de 11.700 ancianos que vivían en geriátricos han fallecido por coronavirus o con síntomas compatibles en España durante la pandemia. La mitad, en la Comunidad de Madrid. Competencia de las CCAA aunque fueran privatizadas o privadas directamente, el entuerto empieza a descubrirse cuando, ante algunos datos alarmantes, el Gobierno recién establecido el estado de alarma envía al Ejército a ver qué ocurre. Es deleznable que hasta reputados presentadores de noticias intentaran cargar los muertos al vicepresidente Pablo Iglesias en una extendida maniobra de exculpación de los causantes. Entran los militares el 20 de marzo “para desinfectarlas“, dicen, y se encuentran un desastre.

Había indicios serios ya. 19 personas habían muerto en una residencia de Madrid. “Hasta ayer, los ancianos infectados no eran trasladados a ningún hospital y morían en la residencia”, informa El País el día 18 de marzo. “Las trabajadoras de la residencialloramos todos los días al ver cómo dejan morir a ancianos de esa manera”, publica en entrevista eldiario.es. La tarifa es de 2.730 euros al mes por una habitación individual con baño, pero falta personal. Han trabajado en este tema con ahínco muchos compañeros también. Manuel Rico en Infolibre, mostrando esos protocolos de desantención calculada. La propiedad especulativa de las residencias en CTXT.es o en Público y al final se destapó ese pozo de inmundicia.

Lo último en la escala de la degradación es saber, corroborar, que la Comunidad que preside Díaz Ayuso indicó, por escrito, a los médicos de Primaria que evitaran el traslado al hospital de mayores con COVID-19 y patologías graves. Desde marzo. Recomendaba dejarlos en casa. Ella, siguiendo el manual, o niega o dice que fue un borrador. Cuando hay pruebas escritas. El caso es que, por primera vez, el número de pensionistas ha descendido, se han muerto o no han podido inscribirse alguno de los nuevos por el confinamiento. Se han muerto muchos. Eran más vulnerables, población de riesgo, se acepta. Esperen, si esto sigue así, a que no les salgan las cuentas de la especulación y rebajen la edad de los que no les merece la pena atender.

Díaz Ayuso, más ocupada en la apertura de terrazas y centros comerciales, decidió a quién se daba o se le negaba oportunidad de vivir. Un consejero de Ciudadanos ve indicios de ilegalidad en esa orden. Es una de las más terribles actuaciones que puede tener un dirigente. Pero ahí sigue en el puesto, y los cómplices mediáticos no se apean en su campaña. Cada día hay algo con lo que atacar al Gobierno, sean vídeos robados u órdenes internas de ministerios. Son un peligro serio para la sociedad.

Sé de muchos mayores agobiados por un cúmulo de sensaciones negativas que nos rodean. El rechazo a la vida de quienes el capitalismo considera improductivos. No pintar nada, ya. Ser un estorbo. La realidad de los amigos y conocidos que se han ido por más causas de las que cabía esperar de una pandemia. Saber de los que aún aguantan, debilitados. Una crispación que cierra horizontes de cordura, se añade. Tan injusta y contra natura. Los peores balances del coronavirus se han dado en los países con presidentes neoliberales, incluso de ultraderecha, y una personalidad destructora. Trump, Bolsonaro, Johnson. Nada bien parados salen sus correligionarios españoles, como Díaz Ayuso. Como las cúpulas del PP de Pablo Casado. La insistencia del entramado que apoya este delirio en España es lo que nos diferencia. Por eso resulta doblemente incomprensible la cerrazón de los aporreadores de cacerolas o tuits, potenciales víctimas de sí mismos. Los ha criado y engordado esta gente en sus granjas de odio e ignorancia y salen a hacer sonar sus cencerros. También aquí como en EEUU o Brasil nos han plantado dirigentes que son ejemplos del fracaso del sistema.

“Qué descorazonador no tener esperanza en el horizonte”, decía un estadounidense ayer en las redes. Y ésa puede ser la frase del mes y del año como esto no cambie en los países más afectados por esa pandemia de la irracionalidad y agresividad ultra. Vivimos en una deriva incomprensible. Hay un montón de gente a quienes les producen desolación las batallas política y mediática tan alejadas de sus problemas. El coronel destituido vuelve a ser el tema estrella mientras se orilla el dolor y hasta la desesperanza de tantos ciudadanos. El coronel nunca debió ocupar ese puesto, dirigió una chapuza de informe malintencionado. Lo grave es que este tema solo le preocupa al PP que lo encumbró y a periodistas varios. El resto nos sentimos ajenos a este baile de esgrima en el que unos combaten con un florete y otros con un mandoble. Lo que inquieta es el resultado de ese desastre.

Por aquellos que no consiguió llevarse ni el coronavirus ni la codicia y la estupidez, por los que quedan y vendrán, ha de imponerse la lógica y rechazar esta perniciosa lacra.

 

 

*Publicado en Eldiario.es

La cápsula de odio

Hoy era, es, el día de hablar del ingreso mínimo vital que ha aprobado el Gobierno. De forma que España deja de ser el único país de la eurozona sin un sistema de rentas mínimas estatal para combatir los altos índices de pobreza que la pandemia ha agravado. Los sectores más vulnerables de la sociedad nunca superaron la crisis de 2008 que acrecentó las desigualdades.

Pero como cada día hay que lidiar con quienes están dispuestos a todo con tal de impedir la labor del Gobierno y sus políticas sociales. Crisis económica, enfermedad, muerte, en el ancho mundo afectado por el virus, y en España se agrandan los problemas con un germen maligno que pone en peligro la democracia. Su abordaje es, pues, de la máxima prioridad.

Lamentablemente, España ha tragado ya la cápsula del odio. Como todas las cápsulas, entra disimulando su real y ácido sabor para, disuelta la cobertura en el estómago, expandirse paulatinamente por el cuerpo entero. Cápsula envenenada que incluye añejos rencores podridos en su contumacia, la malignidad de siempre y eficaces tácticas de expansión en sus más modernos excipientes. Envenenada de fascismo, el actual usa todos los métodos disponibles para su labor.

La derecha política -toda ultraderecha- vierte su odio en el Congreso sin el menor miramiento o escrúpulo. Las interpretaciones mediáticas -afines al objetivo- contribuyen a su difusión. Es una bronca permanente, que se analiza con la más torticera equidistancia. Hoy es el día de celebrar el ingreso mínimo vital, pero los políticos son horribles, todos iguales, o mejor dicho, unos más horribles que otros, viene a ser el mensaje.

Las más sucias maniobras son convenientemente lavadas. La autoría de la trampa se diluye y carga su culpa contra las víctimas. Se manipula el dolor. Se procura acentuar la ansiedad y la incertidumbre. Y todo eso entra en el cuerpo social y cristaliza en el mamporreo de las cacerolas, estridente soniquete que termina de tensar los nervios y hacernos estallar.

No es nuevo. El fascismo se vale de esos procedimientos para sembrar el caos. El paso siguiente, dicen los expertos, es la confrontación social, la violencia. La llamada al cirujano de hierro en el caso de la triste y más turbia España, o de un vuelco político con lejana apariencia de legalidad.

La cápsula del odio entró como un divertimento de escándalo por los medios ávidos de audiencia a cualquier costo. Y fue creciendo hasta sentar a muchos más que 52 diputados en el Congreso. Las sesiones de control al Gobierno o para extender el estado de alarma en aras de preservar la salud de los ciudadanos, se han convertido en un auténtico aquelarre que esta semana consagró como suprema bruja oficiante a Cayetana Álvarez de Toledo, con el beneplácito de la cúpula del Partido Popular, como muestran las fotos. Y el regodeo de quienes más allá mueven hilos. Los que temen perder las aceitunas del aperitivo en el yate o en los chalets, si miles de familias logran un ingreso mínimo para vivir.

Los periodistas que, por acción u omisión, lavaron a la ultraderecha han llegado en algunos casos, muchos, a considerar que sus partidos forman parte del marco democrático en sí, y no como excepción. Sus asombros, cuando se comportan como ese germen de discordia que forma parte de su ADN, prueban como mínimo el despiste que anida en profesionales obligados a informar, y más en este momento crítico. Al final acaban en el mismo punto que los colaboracionistas decididos. Igual alguno reflexiona sobre su papel.

Llega a producir una indignación insuperable ver cómo pretenden equiparar las “broncas”, dicen, entre Álvarez de Toledo y Pablo Iglesias, o entre éste y el ultraderechista Espinosa de los Monteros. El padre del vicepresidente Iglesias no es un terrorista, fue un luchador por la democracia en la dictadura franquista que se limitó a distribuir propaganda, y la ultraderecha española sí querría dar un golpe, lo dice y escribe a menudo. Hay una radical diferencia entre la verdad y la mentira. Resulta irritante contemplar cómo, en crítica siempre sesgada, se exige cortesía política cuando nos enfrentamos a ataques muy serios a la estabilidad. Ellos no están tomando el té. Basta ver cómo trató el asunto Cayetana, el Telediario de TVE -y ver que los mandos de informativos siguen en sus puestos-, para estremecerse. Y no digamos de portadas de otros medios que parecen invitar a saltar echando chispas con un bidón de gasolina en la mano.

Solo con unir la línea de puntos que va desde el chapucero informe de la Guardia Civil sobre el 8M, su trámite judicial vinculado a la pandemia, la destitución del coronel Pérez de los Cobos y la explosión de rabia del PP y sus voceros mediáticos se llega a conclusiones que precisan muy clara explicación. ¿Se desmanteló algo? ¿Por completo? Lo analizaba este excelente artículo de Carlos Elordi, Un ambiente pre golpista, del que se pueden extraer ideas sólidas, ésta a modo de ejemplo: “La rapidez con se fabrican las patrañas con las que se pretende justificar cualquier ataque al Gobierno sugieren que existe un operativo muy bien articulado para vender a la opinión pública los movimientos destinados a desequilibrar la situación”.

No habrá tiempo en la historia para borrar la vileza de lo que este grupo de desaprensivos de élite está haciendo contra la sociedad española, en un momento de extrema vulnerabilidad. Lo peor es que el odio ya ha penetrado. Se ve en los ojos que aporrean las cazuelas, y en las manos que mueven los hilos de la irracionalidad. La rabia y el dolor que produce la impotencia de ver cómo se forja la tormenta tampoco está exento de visceralidad. En el mejor de los casos, habrá que pagar la factura psicológica de lo que el coronavirus y la gentuza que de él se vale para dañar al cuerpo social. Y es una cuenta que no se costea con dinero.

El odio tiene antídotos. El más eficaz como arranque, derrotarlo con la justicia; el amparo de un Estado de Derecho que ha de aislar y encausar a quienes atentan contra la estabilidad. No hay mejor amor -de antónimo- que luchar realmente por quien más lo necesita, ni otro tratamiento contra la perversidad que un contundente rechazo por todos los medios disponibles. El odio está y se expande, pero aún no nos ha colonizado.

 

 

*Publicado en Eldiarioes.

Mañana será tarde

Si algo ha acreditado la pandemia que sufrimos ha sido las gravísimas “patologías previas” de España: todos sus defectos estructurales han reverdecido con virulencia. El momento es extraordinariamente serio y alarma la pasividad con la que se afronta. Hace falta ser muy torpe para no ver qué hay detrás del descomunal acoso al Gobierno. En la idea de tumbarlo, o al menos la coalición, se unen diferentes intereses. Es así desde que el Gobierno arrancó y aún antes, el coronavirus ha sido el gran aliado que, quienes creen más en sus intereses que en las urnas, han encontrado para conseguir su objetivo.

La ofensiva viene por varios flancos, con mayor o menos intensidad y sutileza. Incluso cuenta con una sociedad reeducada en la banalidad para que las estrategias se filtren por ciertas zonas. Lo que está claro es que ahora sale lo que debió limpiarse y nunca se hizo. Ahora se ha abierto la Caja de Pandora, dicen algunos, y, o el Gobierno saca la basura y limpia, o nos va a sepultar. Un poder ejecutivo electo dispone de medios democráticos, luego será tarde.

Las patologías previas de España van desde quienes apostaron por un modelo económico que puso todos los huevos en la cesta del turismo y el ladrillo a la Transición que consagró tanta impunidad. Y anota en su debe ese hilo conductor de una corrupción endémica que infecta, peor que el peor virus, a estamentos y figuras esenciales. Es terrible tener que enfrentarse a este cáncer con una pandemia que ha causado miles de muertos y enfermos y un parón económico de envergadura, pero los depravados no se caracterizan precisamente por su humanidad.

El último episodio desestabilizador se centra en una supuesta actuación delictiva del Gobierno, precisa y no casualmente, el 8M, día internacional hoy de reivindicaciones feministas. En la judicialización del tema. Y en el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos como mando de la Guardia Civil en Madrid. Bajo este escaparate es donde nadan voraces las pirañas.

De entrada hay que volver a recordar que la COVID-19 es una pandemia mundial que sorprendió desprevenidos a todos los gobiernos, y que todos se deslizaron entre aciertos y errores para subsanarlos. Unos mejor que otros, el nuestro no está ni mucho menos entre los peores. Lo que ocurre en España con la llamada oposición no tiene nada que ver con el coronavirus, nada. Solo como arma de ataque. Ningún país ha llegado a este extremo. La peculiar justicia española, sí. Se han admitido a trámite denuncias que piden imputar por prevaricación al ministro Salvador Illa y al responsable de Emergencias sanitarias, Fernando Simón, al delegado del Gobierno en Madrid, o al presidente Sánchez. De seguir adelante, se ganaría en Estrasburgo, pero para entonces podríamos tener cambios indeseables en la Moncloa. Esta forma de acceder al poder, lo es en alto grado.

Ningún país ha llegado a este extremo. Veamos un ejemplo que nos concierne: el día 19 de febrero se disputó el partido Atalanta-Valencia de la Champions en el estadio de San Siro de Milán, capital de la Lombardía. 40.000 aficionados del Atalanta acudieron de Bérgamo a Milán (60 kilómetros) y unos 2.500 españoles se desplazaron desde Valencia. Apenas un mes después el alcalde de Bérgamo calificó aquel encuentro como “una bomba biológica“: el coronavirus azotó la zona con verdadera saña. Y no se les ha ocurrido demandar a nadie. Porque todos los países estaban en las mismas condiciones. Lo del 8M es otra burda excusa – muy precisa – en la involución que los desestabilizadores buscan. Otro factor de enorme gravedad.

Aquí, la maquinaria se pone en marcha. Denuncias que conocen bien el estado de la justicia española. Una jueza que encarga al jefe de la Guardia Civil en Madrid que le dé cuenta a ella en exclusiva. Un informe plagado, como detalla eldiario.es y merece la pena leer hasta casi sin respirar en las comas, de clamorosos errores, bulos ya desmentidos, tergiversación de frases de los responsables sanitarios, basado en publicaciones mediáticas del peor origen. Y eso es lo que dirigía el coronel Pérez de los Cobos, a quien la jueza exigía trabajara solo para él, saltándose sus competencias. Aunque, oh maravilla, acabó publicado hasta en los propios medios fabricantes de “noticias”. Y en los que han ofrecido la “exclusiva” de semejante bazofia, como TVE de nuevo, cuyos responsables deberían ser cesados de inmediato: mañana será tarde.

Lo absurdo es que el coronel Pérez de los Cobos, con su historial, ocupara algún cargo de responsabilidad, pero desde luego la chapuza de su informe es para darle unas largas vacaciones en el cuerpo. “En Catalunya, dice Neus Tomás, no sorprenden los informes con errores made in Pérez de los Cobos. Pero entonces no pasó nada”. No, los del “a por ellos” estaban encantados. La adscripción directa de Pérez de los Cobos con el 23F es un bulo, pero no las acusaciones de torturas en las que él fue absuelto por falta de pruebas pero condenados e indultados miembros de su equipo. Ni la actuación en el 1-O catalán, por el que todo el mundo pudo ver cómo se las gastaban en la represión las fuerzas del gobierno del PP en España. Eso, sí, el coronel es un héroe para el Partido Popular y su concepto arcaico, autoritario y excluyente de España. Su Agustina de Ayuso suelta una proclama inadmisible desde su puesto de presidenta de la comunidad de Madrid.

Rosa María Artal

@rosamariaartal

La soflama de Ayuso

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Se atreve el PP a pedir explicaciones sobre nombramientos y ceses, competencia del gobierno. Osa hacerlo una jueza. Y, ya, la “oposición” tiene armada otra escandalera en su paso firme a los objetivos de desestabilización del Gobierno, no sin ayudas. El papel de ciertos medios, mayoritario, abochorna a los periodistas decentes, pero no se trata de conceptos emocionales o morales, lo que muchos están haciendo es destructivo para la sociedad. Y se les ve el plumero a distancia. Ya lo saben muchos de ustedes. Otros aún anidan en el árbol del guindo. Incluidos informadores. Hace falta ser muy ingenuo, o fingirlo, para pedir explicaciones a Vox porque no respeta el derecho a la información y no deja trabajar a periodistas in situ. ¿Pero tienen remota idea de lo que es la ultraderecha? Mira que si después de haberla lavado y promocionado, resulta que no sabían de los fines del fascismo en general.

Ahora les preocupan –dicen y resaltan- los cambios de criterio al contar las víctimas, si fueron o no por coronavirus. También ha ocurrido en otros países. Lo cierto es que ha muerto un montón insoportable de gente, asfixiados y sin la compañía de sus familiares, por el colapso de la sanidad que cercenó la misma derecha que ahora lanza cantos de sirena a los votantes. Y prepárense, que habrá más. Es que la gente se cansa del confinamiento, quiere ser libre y tocar cacerolas, e ir a las terrazas y pegarse unos a otros.

Pues también por ahí atacan al Gobierno. Leo que “dónde están sus principios”. Oigo, en una de las mañanas punteras y tan demoledoras como la mayoría, que ahora el gobierno pretende que se ha acabado la pandemia y nos manda a todos a la calle. ¡Y son los mismos! Leo, oigo y veo que esto pasa por la “debilidad del Gobierno”. Claro, se empeñó en preservar la salud de los ciudadanos pidiendo sucesivas prolongaciones del estado de alarma y le han exigido un altísimo e interesado precio. Eso le ha debilitado. Si cada cual va a lo suyo y no va a contar con votos suficientes, no te quemes más. Los del no o la abstención tienen sus prioridades. Total solo van a perder los ciudadanos a los que les toque la breva de la COVID-19.

Pero fíjense lo “fuerte” que es la derecha que no reúne los escaños necesarios ni con la impagable ayuda de la prensa al servicio del objetivo común. Y ahí tienen al idílico partido en proceso de reciclaje, Ciudadanos, manteniendo a Díaz Ayuso, por ejemplo, contra toda lógica.

La pandemia no ha pasado, ni siquiera ha parado de morir gente por su causa, puede haber repuntes. Cuando piensen en ellos, y más si lo sufren en sus carnes, tengan claro el proceso que nos ha traído hasta aquí. Quizás sirva para que algún día dejen de repetirse errores trágicos. De momento es mucho lo que cada ciudadano puede hacer para no alimentar a las fuentes de la subversión.

España no puede seguir así. Se están traspasando todos los límites, hay alarma social –menos incluso de la que debería- y el Gobierno legítimo debe actuar con firmeza. No se ha hecho en décadas, pero ya es cuestión de ellos o la democracia y la estabilidad. Si se permiten cuestionar hasta nombramientos y ceses, si tienen a muchos ciudadanos con la piel erizada, no se pararán ante nada. Nunca lo han hecho, por cierto. En España gobierna la derecha, o transitoriamente, mientras le dan un golpe blando o duro, la izquierda. Han de entenderlo de una vez, han de afrontarlo por fin. Limpiar todo lo podrido que permanece. Saben bien donde están esos focos contra natura. Con energía y eficacia, sin miedo, ni tibieza. Mañana será tarde.

 

 

*Publicado en Eldiarioes

 

¡Es la economía, estúpido! y es la corrupción moral

He dudado si comenzar esta columna por el principio o por el final de lo que estimo se debe hablar. Lo haré por la conclusión, una de ellas, de la cadena que se inicia mucho más atrás. Se nos ha roto el alma –a quienes la tenemos – al ser cuantificada la cifra de 62 ancianos que han muerto en Madrid, solos, en su casa. Los han encontrado los bomberos. Atentos a los lances políticos o similares, no se prestó atención al parecer a todas las señales de alarma previas. Los bomberos de Madrid venían abriendo un 50% más de puertas en la capital desde marzo. Y encontraron dentro personas muertas o enfermas. Muchos ancianos entre ellos. Se sumaban a la masacre ejecutada en las residencias de ancianos. Más de 11.700 de los recluidos en geriátricos han muerto por coronavirus o con síntomas compatibles. La mitad en Madrid. En ellas, algunos pasaron de la cama a la morgue, sin tránsito siquiera por el hospital. En la Comunidad de Madrid han muerto en sus casas durante la pandemia 847 personas.

Es el final, en efecto, de una concepción de la vida basada en el egoísmo y en situar la rentabilidad económica como prioridad absoluta de las sociedades, relegando la búsqueda del bienestar de las personas que las componen.

Andrea Fabra, diputada del PP, 2012
Andrea Fabra, diputada del PP, 2012

Porque vamos ahora, si me acompañan, a uno de los comienzos, que no principios que de esos anda el Poder en la sombra bastante falto. A aquel día de julio de 2012, donde Andrea Fabra, diputada del PP por una familia de relevantes pringados por corrupción, dijo ante un recorte a las prestaciones de los parados: “Que se jodan“. En febrero, apenas llegado Mariano Rajoy al Gobierno, ya habían aprobado la Reforma Laboral contra los trabajadores más lesiva de la democracia. Consagró el despido barato, la supresión de derechos laborales consolidados y precarizó de forma alarmante el trabajo en sí. Llegaron los asalariados pobres, sin recursos para afrontar pagos esenciales pese a tener un empleo, y se intensificó el éxodo de muchos jóvenes a los que además se les exigió el voto rogado para poder ejercer su derecho.

Estamos asistiendo a una escalada brutal contra el Gobierno de coalición por haber anunciado la derogación de esa ley destructiva y haberse desdicho luego por presiones. Si esto viene ya así, se espera que la gota que colme el vaso sea el impuesto a las grandes fortunas. Y ya el desborde completo si además se aprueba un ingreso mínimo vital para gente muy necesitada. Son acciones que molestan mucho a los aposentados.  Es conveniente recordar, sin embargo, que en democracia, la política de los gobiernos no se dicta desde las direcciones de los medios, que en ciertos casos es lo mismo que decir las direcciones de entidades financieras.

El Gobierno de coalición está tratando de contener una emergencia sanitaria sin precedentes. Y ha de hacerlo avanzando sobre el alambre, presionado por piratas varios y rodeado de un foso de pirañas. La búsqueda de alianzas de consenso es para mantener el estado de alarma en aras de la salud. Para otros, la COVID-19 es como los accidentes de tráfico; si te toca, te tocó. Por cierto, Madrid ha conseguido pasar a la fase 1. Cualquiera se resistía a las coacciones. Aunque ni siquiera algunos centros de Atención Primaria funcionan al ritmo habitual. A mí no me extrañan las contradicciones del gobierno, porque en el clima que nos han fabricado a la sociedad decente lo raro es no estar dando alaridos todo el día. Veremos qué factura nos pasa. Emocional de un lado: es una estrategia perversa aumentar la ansiedad buscando el poder por malas artes. Y como sociedad: muchos medios -la televisión pública RTVE incluida- escriben “el relato” a la ultraderecha que es en este momento un llamativo gancho de desestabilización. Y es preocupante.

La frase de “Es la economía, estúpido” con la que titulo procede de la primera campaña electoral del demócrata Bill Clinton, en 1992, otro insigne precursor de lo que tenemos ahora. Y entiendo que esa prioridad es devastadora cuando se da con la corrupción moral que impregna a élites no electas en España. Ése es el drama. Le están diciendo al gobierno salido de las urnas que hay partidos “malos” como Bildu -que no es ETA aunque se diga torticeramente- y “buenos” como Ciudadanos, PP y ese Vox que no molesta en el paquete. Porque ellos deciden qué conviene a la economía de las empresas, no a la de los trabajadores.

La escandalera de los medios, este viernes, desde el alba, pide tumbar al Gobierno por querer derogar la Reforma Laboral que iba en su programa. Ese es el nuevo jirón que abre las carnes de los poderosos y sus voceros. Se han aplicado a fondo y no lo pueden decir más claro. El País (Hemorragias políticas y socios inadecuados), El Mundo (El problema es el narcisista sin escrúpulos) y ABC (Imposible continuar así), comparten la idea editorial y la estrategia, pueden clicar en cada uno. Hay que acabar con este gobierno y ya está.

El interés por mantener “el marco laboral” que interesa al poder económico de algunos periodistas no parece valorar el terrible momento de precariedad que muchos sufren. Las colas del hambre, dice Aznar, cuyo partido propició las condiciones que abocaban a esa pobreza, de la mano de su designado sucesor, Rajoy, bien es verdad. Ahí sí que dieron buenos tiros a los pies y al estómago de millones de ciudadanos. El Informe AROPE sobre el Estado de pobreza, aún mantenía en 2019 a más de la cuarta parte de la población española en esa situación de precariedad y riesgo de exclusión social. Las colas de la miseria ética son las que verdaderamente nos enfangan ahora. Y hay unas cuantas. Ojalá la justicia les llevara a experimentar las de la reparación.

Toda la basura patria aflora durante esta crisis sanitaria que se va solventando bien a pesar de las zancadillas. Por más que avisamos de que la teníamos apestando la cocina, en un remedo del síndrome de Diógenes, no hubo forma de tirarla a los contenedores. Y, llegada la riada, nos tiene el país perdido. Pero, con ganas, la basura se limpia.

El Consejo de Ministros no debe dejarse intimidar. Son ellos quienes gobiernan, por mandato democrático. Es una coalición, hay distintas orientaciones y hasta personalidades. Quienes quieren tumbar al Gobierno y por qué, es evidente: ya se han quitado por completo las caretas. La forma en la que se salga de esta crisis va a condicionar nuestro futuro. Sería suicida apostar por el neoliberalismo y la trampa que nos trajeron hasta aquí. A ese fondo donde anidó el coronavirus.

Y ahora volvamos al principio. A la muerte en soledad, en los hospitales saturados por la precarización, en los domicilios a los que no miró la codicia. El último estadio de la degradación a la que habíamos llegado es éste. Los ejecutores y secuaces de esta tragedia no tienen intención alguna de pararla. Es la economía, estúpidos; con una amplia dosis de corrupción moral.

 

*Publicado en Eldiario.es

Los colaboracionistas y el régimen de Madrid

Si hay algo que la pandemia del coronavirus ha dejado radicalmente claro es el fracaso del capitalismo. Solo la Sanidad Pública puede afrontar un problema de salud de la envergadura del que estamos sufriendo mundialmente, solo el Estado puede atender necesidades perentorias de los ciudadanos. Ya tiene su frase y todo. “Muy simple: se ha desmoronado el castillo de naipes. Un mundo entero de ilusiones, autoengaños y sofismas ha muerto”, rubricó el economista estadounidense James Kenneth Galbraith. Los gerifaltes del imperio neoliberal no quieren darse por aludidos y pelean para que todo siga igual, como mínimo. En varios países la sociedad está reaccionando con clarividencia, en España cuesta más porque el Régimen de Madrid tiene un potente soporte de colaboracionistas. Y desde hace tiempo se han trabajado a un sector de la sociedad francamente usable.

Porque hace falta ser muy poco despierto para ver cómo te tronzan la Sanidad Pública precisamente, precarizan al personal sanitario que puede atenderte, y lanzarte a aporrear cacerolas para que vuelvan los ejecutores y terminen de desvalijar lo que queda. Son un peligro vital para la salud. Todos ellos. La cadena completa de mando y obediencia.

Ya saben, el Régimen de Madrid -¿recuerdan este artículo de Ignacio Escolar de hace un año?- es el que viene gobernando la comunidad del mismo nombre desde hace un cuarto de siglo, fértil en corrupciones, mamandurrias y redes clientelares; abanderada en fomento de la desigualdad y reina de los recortes. Intentan formar una especie de gobierno en la sombra que rivalice con el nacional, especialmente si en La Moncloa se asienta un Ejecutivo progresista. Pablo Casado se lo ha tomado muy en serio, y acude a los actos de la Comunidad como si fuera el presidente que no es. Pero el Régimen de Madrid, el constituido ya como S.A., es mucho más que el PP. Suele poner a la persona que ocupa la gerencia de la empresa si saca más votos que el resto (el ahora trifachito para entendernos) pero acoge a diversos prebostes -con ética desviada- de los poderes que se concentran en la capital. Viejas glorias incluidas, de esas que nunca se sacian de dinero y capacidad de maniobra.

Y como es natural desde que se desencadenan las guerras contra la sociedad, cuenta con un notable paquete de colaboracionistas. Unos pertenecen al núcleo y otros simplemente se arriman, y los hay incluso que prestan sus servicios por pura dejadez e ignorancia.

La pandemia, la muerte y el dolor, el miedo, la incertidumbre, les han llovido desde los avernos morales donde habitan para ayudarles en su propósito. Ya saben, nada mejor que una crisis para aprovecharse de la ciudadanía más vulnerable, lo dijo su papa putativo, Milton Friedman. Y apuestan ya por un rápido desenlace del problema que tienen en La Moncloa. Quizás fue Pedro J. Ramírez, ese señor que sigue de tertuliano de TVE, quien mejor definió y ya el 17 de marzo lo que les preocupa: “Ministros del PSOE cierran filas en torno a Calviño frente a la obsesión social de los de Iglesias“. Qué estupidez tener obsesión social en lugar de furor por la rapiña y engordar las arcas de los amigos como practican quienes presentan esta disyuntiva.

Lo que ocurre es que los de siempre quieren solucionar esta crisis como ya hicieron en la de 2008: haciendo pagar las facturas a los ciudadanos. En aquel caso eran además sus facturas. Y hay otros medios. Desde luego, un ajuste fiscal más justo. El Régimen anda revuelto por si suben los impuestos un 2% a los ingresos que excedan de 1 millón de euros anuales. Lograr, también, que la UE se comporte como un club. Que preste a los países –no solo a los bancos- y no con contrapartidas de rescate. Los últimos en pedirlo son Macron y Merkel. España lo ha hecho reiteradamente. Y el ex primer ministro italiano y de la Comisión Europea, Romano Prodi, alienta así mismo una posición conjunta de su país, España y Francia, a la que seguro se uniría Portugal. Exprimir a los ciudadanos no es el único camino para salir de las recesiones.

El Régimen de Madrid y sus colaboracionistas tienen otros planes. De entrada, se ha de aclarar lo obvio: que hay una pandemia que cogió desprevenidos a los gobiernos de todo el mundo, y que el español no lo ha hecho peor que la mayoría ni mucho menos. Obviar la enfermedad en sí es hacer trampas. Buena parte de las críticas son desmesuradas, en algunos casos bestiales, gran parte injustas y utilizan una flagrante desproporción sobre lo que compete al gobierno central y a algunas comunidades, sobre todo la de Madrid. Entenderán ahora que goce de bula, dado que la gerente lo es de una unidad de destino en lo universal, en lo comercial, en lo financiero y en cuanto ofrezca rentabilidad.

En los medios, cadenas enemigas y amigas compiten por atizar el fuego de la crítica al Gobierno. Como ya sabemos, espero, el plan es tumbarlo, no enderezarlo a su gusto, porque su gusto va en contra de la Sanidad Pública y la “obsesión social”. Hasta el bueno de Carles Francino se pregunta con dulzura si no sería mejor “un gobierno de concentración o algo parecido“. Concentrar agua y aceite. Otros son más veteranos en la tarea. El periodista Matías Prats tuvo, al parecer, una sesión gloriosa en Antena 3 apuntándose a la información política para culpar a Pablo Iglesias hasta de la masacre de los ancianos en las residencias. Competencia de las CCAA, en Madrid sobre todo, muchas víctimas pasaron directamente del geriátrico a la morgue, sin dar posibilidad a la vida. Se ha confirmado que había órdenes de rechazar a los ancianos de residencias con síntomas de coronavirus. Esto es de orla de colaboracionismo. La situación se descubrió cuando el Gobierno mandó al ejército. La afición anotaba zascas repartidos mientras asistía al remedo de entrevista. Los zascas, algo aterrador para la concepción del periodismo.

Carlos Herrera, en la COPE de los obispos, dio una lección de historia a Pablete, según la publicidad de la emisora, al pretender comparar el escrache a un gobierno de Rajoy, en protesta por los recortes en los servicios sociales, Sanidad Pública incluida, al llevado a las puertas de la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero. ¿Por tener obsesión social y por defender el feminismo? Ese domicilio que toda España conoce por la labor de otro profesional que dice serlo del periodismo. Le ha salido un imitador que señala la residencia del ministro Ábalos del PSOE. De cualquier modo, también el asunto de los “escraches” se ha llenado de bulos hoy en los medios conservadores.

La Razón ofrece una APP para ayudar a las caceroladas al gobierno
La Razón ofrece una APP para ayudar a las caceroladas al gobierno

Los colaboracionistas no tienen empacho ni en mentir en portadas de sus diarios. Es una llamada diaria a las barricadas. En el caso de Francisco Marhuenda y su diario La Razón, textualmente. Ofreció una APP –chilena por cierto- para dar caceroladas contra el Gobierno “sin dañar sus ollas y sartenes”, y con consejos para la mejor audición. Este individuo se sienta con los señaladores de dianas, en tertulias, a dar su opinión. Y nadie se inmuta. Sería deseable que se tomara conciencia de cómo la presencia de periodistas auténticos termina confundiendo con ellos a quienes no lo son. Esas tertulias no tratan de aclarar nada de base.

RTVE sigue ofreciendo, hasta como apertura de sus telediarios, las caceroladas ultras. Llamativas pero porcentualmente minoritarias, que sin embargo alientan a los golpistas. Igual deberían complementar la versión unilateral que ofrecen con lo que opinan los sanitarios sobre sus manifestaciones. Aquí tienen un ejemplo. Existe un seguidismo muy preocupante en lo que se considera noticia. Algunos periodistas a los que valoro tienen esa misma sensación al escuchar, por ejemplo, las preguntas que se vierten en las ruedas de prensa de Fernando Simón en particular. Producen vergüenza ajena e inducen las mismas confusiones. Luego están los anotadores de zascas desde que hacer una entrevista incisiva se confundió con acosar al entrevistado. Repreguntar a un representante público no equivale a freírlo y hacerlo con un científico es ir completamente a la deriva. O no. Quizás es el futuro. Un futuro colaboracionista. Otra especialidad curiosa del periodismo, practicado por algunos de los que más cobran, es dar una de cal y otra de arena, para que se pueda decir de ellos que son muy buenos y sagaces. En realidad suele ser una coartada muy eficaz en el colaboracionismo.

Contaba María Ramírez, en un trabajo excelente, aquí, en eldiario.es, que el mensaje de los medios conservadores contra el confinamiento no ha calado en la mayoría de la población estadounidense. Y que allí y en otros países se está demostrando que “el show del absurdo puede acabar mal para la extrema derecha en tiempos de pandemia” porque los ciudadanos buscan certidumbres en momentos complicados. Vemos que ese rechazo a la ultraderecha alborotadora ocurre también en Italia. Sabemos que nuestros zotes pueden ser los más del mundo, pero ¿hasta ese punto? El último barómetro del CIS señala que el 95% de los españoles considera necesarias las medidas adoptadas frente a la pandemia. ¿A qué viene pues tanto ruido?

Históricamente, los regímenes de este cariz suelen acabar por la resistencia de los civilizados. El problema es que la masa de colaboracionistas es tan grande y pertinaz que cuesta llegar al meollo o no dejarse subyugar por las voces que llaman a un gobierno de concentración. Ya lo hay: el de PSOE y Unidas Podemos. Legal y legítimo. El otro, el Régimen de Madrid, S.A. anda centrado en cómo revienta la lógica, para hacer pasar como solución el rotundo fracaso, la enmienda a la totalidad, a lo que ellos representan.

 

 

*Publicado en Eldiarioes

Desprotegidos frente a la ofensiva ultra

La pandemia de coronavirus ha sacado a la luz todos los fallos estructurales de España y en su máxima intensidad. Desde el débil soporte de una economía entregada básicamente al turismo y al ladrillo, a la impunidad absoluta del fascismo-franquismo y cuanto abarca en medio. Sin duda hay bases positivas y gente estupenda en nuestro país, pero esos cimientos podridos nos lastran una y otra vez. Ahora mismo, la sociedad decente sufre el ataque de esos poderes egoístas y ultraconservadores que forman el peculiar sector facha español que viene a ser un fascismo cutre con olor a Chanel y ajo y de una cortedad mental notoria. Ese sector ha encontrado sus más acertados prototipos en Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado, dos seres absolutamente desaprensivos, por el tiempo que sus mentores los quieran seguir exponiendo.

Sufrimos un ataque de este fascio a la vez que una pandemia que se ha llevado ya a más de 27.500 personas, la mayoría de las cuales ha tenido que morir sola –con la única asistencia de unos sanitarios desesperados por el colapso del sistema que la avidez por el dinero de los gobiernos del PP diezmaron. Miles de contagiados, de enfermos, con graves secuelas, más de 11.000 internados en UCI, una crisis económica que el gobierno progresista intenta aminorar con el escudo social, y esta gente acribilla de la mañana a la noche, a través de sus infectos medios de propaganda sin un gramo de dignidad.

Un ataque a la convivencia del calibre del que estamos sufriendo es un síntoma inequívoco de fallos en el Estado de Derecho. Porque en absoluto se trata de críticas a la gestión del Gobierno, sino del deliberado objetivo de tumbarlo. El Ejecutivo lo está haciendo tan bien o mejor que la mayoría. Los que destacan en el mundo por sus errores son los correligionarios de los ultras españoles: Trump y Bolsonaro. Los que priorizan lo que llaman “la economía” a la salud de las personas. Hemos tenido que oír estos días a Ayuso y a Casado exigiendo abrir la actividad y convivir con el coronavirus. Convivir y conmorir,que todos los días siguen falleciendo personas en toda España, y en su Madrid en particular, mientras ellos se hacen fotos y no cesan de soltar su cadena de insidias.

Es de tal desmesura e irracionalidad lo que dicen Casado y Ayuso y buena parte de sus correligionarios ultras que cualquier persona con una mínima perspicacia constata que mienten, pero ahí nos encontramos con otro problema estructural: los estragos que una educación peculiar, la desinformación y la impunidad han causado en ciertos sectores de la población.

El periodismo del espectáculo ha encontrado un filón en los pijos fachas del barrio de Salamanca. Un número insignificante de seres, comparativamente, que están gozando de una promoción mediática espectacular. La que venía cosechando la ultraderecha y algo más. Los afines ideológicamente, los que participan del proyecto de derribar el Gobierno de Sánchez o la coalición al menos, han visto un rayo de esperanza que alivie sus devastadas cuentas por la falta de publicidad y su mal hacer. Hoy toda la caverna anda con el mismo mensaje: la policía actúa para frenar las protestas contra Sánchez. Los rebeldes del barrio de Salamanca. La revolución de las cacerolas. Mientras media España se burla de los cayetanos, los adictos lo tragan.  Si elementos tan descabezados como esta mujer, envuelta en fascismo, se han convencido de que esto es una dictadura y se están matando a miles de personas, denle al menos rigor legal máximo para que compare. Y cierren el grifo de las subvenciones a los medios de la desinformación, no hace falta mucho más.

Manifestantes en Nuñez de Balboa, sin guardar distanciamiento
Manifestantes en Nuñez de Balboa, sin guardar distanciamiento

Interior ha detenido a más de 8.000 personas e incoado expediente de sanción a casi un millón por vulnerar el Estado de Alarma. Es desorbitado, pero qué menos en este caso, que aplicar como escarmiento trabajos de Servicio a la Sociedad y que los infractores limpiaran, por ejemplo, letrinas y a los enfermos como hacen el personal sanitario a quienes quieren privar del aplauso que les seguimos dedicando los ciudadanos agradecidos.

Díaz Ayuso tuvo el valor de enardecer a estas turbas y de amenazar al gobierno: “Esperen a que la gente salga a la calle, porque lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”,  dijo. Como su asesor Santiago Abascal que así se presentó en la Asamblea de Madrid.  Ayuso desde el pedestal de su incompresible soberbia en alguien tan nefasto en cuanto dice, hace y toca. Qué casualidad, el negocio de alquiler de apartamentos del casero de Ayuso tiene matriz holandesa y recibió créditos millonarios del Gobierno del PP de Rajoy.  Ayuso, pese a la brutal pérdida de votos del PP, llegó a ser presidenta porque probablemente era la candidata idónea para dar la cara en el Régimen de Madrid, del que participan muchos y desde hace muchos años. De ahí que hoy se mantenga en el cargo contra toda lógica tras la cantidad de barbaridades que ha cometido. Desde Madrid el PP y todo el clan rivalizan con el gobierno progresista de España.

Pero todo esto es mucho más que una oposición legítima, con sus legítimas discrepancias, ni mucho menos libertad de expresión, es un ataque organizado que ahoga a una sociedad atribulada a la que no hay derecho a cargarle además con esta angustia fruto de la impotencia. Ha de tener el Estado de Derecho mecanismos para protegernos. Miren la que le montaron a Catalunya por votar civilizadamente en las urnas. La desestabilización que está promoviendo la derecha ultra española es mucho más grave. Esto sí atenta a los cimientos del Estado, porque sabe –y es lo terrible lo podridos que están algunos. Si no fuera así no estaría ocurriendo.

Actúen. Es un martilleo constante e insoportable mientras seguimos viendo las listas de muertos y contagiados. A la derecha española no les importan. Son daños colaterales. A los cayetanos en sí,  menos; no tienen ni cerebro, ni empatía. Y a las élites pues deduzcan de lo dicho por la patronal de Valladolid: lamentan que se retrase la desescalada por tener en cuenta las víctimas en residencias, a las que tacha de “colectivo no productivo”. A toda esta gente habría que exponerles los primeros a las consecuencias de sus consejos, y en todo caso como entrenamiento a limpiar letrinas hospitalarias.

Todo el peso de la Ley. Las medidas restrictivas del gobierno van destinadas a proteger nuestra salud. Claro que habrá que abrir la economía, pero, mejor, con garantías. Sin que la precipitación pudiera causar víctimas hasta en el turismo por ejemplo y hundir el sector por completo. Es casi lo único que modelaron como base productiva de todo un país las políticas neoliberales. Esa debilidad es la causa principal de la mayor incidencia de la crisis en España.

Hay que aplicar el Estado de Derecho. Les están acusando encima, de lo que no hacen. Como venía a decir el periodista Javier Valenzuela, ellos usan bates y zancadillas, veneno añado; y el Gobierno demócrata anda dándole a la pelota de tenis con guante blanco.

 

 

La ira de un PP a la deriva

El Partido Popular se desintegra en una cadena de despropósitos a la que asistimos estupefactos. No por no esperarlo, sino por ver cómo un partido que ha gobernado en España tantos años puede caer a niveles tan bajos. Lo peor es el plus de angustia y dolor que su delirio ha inferido a la sociedad en un momento crítico. Y la forma en la que entorpece la labor del gobierno, junto a los socios ultras que lo absorben. Y, como colofón, el potente grupo de poder y presión que actúa como si todavía el PP tuviera cierta entidad. Sin perder de vista a Vox  como sustituto.

Es tan escandaloso lo que está sucediendo que lo fácil sería limitarse a alimentar el morbo con los disparates que, día tras día, nos brindan los dirigentes del PP, pero el problema es serio y precisamente se inscribe en ese caldo de banalidad social en el que el PP aun cuece. La suma es alarmante.

En la cúspide tenemos a Isabel Díaz Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid, que anda despendolada haciendo y diciendo barbaridades cada vez de mayor calibre. Con una soberbia y seguridad que contrasta con su supina ignorancia, va soltando sus perlas ante los medios que las reciben con gozo y la distribuyen sin cesar. No hay dirigente de comunidad que salga más en los Telediarios de TVE, por ejemplo, que la de Madrid.

Ya no sabemos si Ayuso cree en realidad que el COVID-19 está entre nosotros desde hace años transportado por las gomas del pelo que vendían en los comercios chinos o si nació en diciembre y de ahí que le pusieran la D de Disease (enfermedad) que su cabeza confunde y el 19 por el año. O qué le llevo a descubrir que “los techos altos curan el virus”, basada en su experiencia en IFEMA adonde alojó solo casos leves o asintomáticos. Si la auténtica Ayuso es la que reparte cantarina bocadillos de calamares, como muestra una parodia sobre sus palabras auténticas, frente al hospital de campaña de la Feria o si es la doliente virgen y mártir inmaculada que consagró El Mundo. O si depende del aire que le dé cada día.

Al jefe de este desastre le gusta más lo del martirio. José María Aznar bendijo el lunes a Ayuso (bendijo, en serio). Y añadió: “es una satisfacción que sufras el ataque de los hijos de Chávez”. La ahijada aprende del padrino. Ayuso disfruta de un apartamento de lujo cuyo alquiler estaría valorado en 6.000 euros al mes propiedad de un hotelero con intereses en Madrid, el amigo Kike Sarasola. Aunque el empresario le va a hacer un buen precio y, según ha anunciado, le cobrará 80 euros por noche. Y luego resulta que hay un segundo apartamento en el mismo hotel también para la presidenta y un contrato de su gobierno con el hotelero que aparece y desaparece.

A Ayuso le faltó el tiempo además para anunciar un cambio en la ley del Suelo en plena crisis para que los promotores no tengan que pedir licencias y sirva una declaración responsable. Una idea que sin duda hará las delicias del que fuera presidente autor -a medias con Rodrigo Rato- de la ley que infló la burbuja inmobiliaria. La familia es muy aficionada a estos negocios. Hablando de hijos precisamente, el de Aznar se especializó en desahucios de viviendas sociales que gracias a su mamá habían pasado a ser propiedad de Fondos Buitres.

Un individuo que podría estar rindiendo cuentas a la justicia –por lo que se vio y por lo que no se vio de su gestión- mueve hilos en este PP desnortado. Aznar ansía que le llamen a ser, de nuevo, salvador de la patria pero no está ocurriendo. De ahí su incontenible rabia. Pablo Casado se le ha deshecho como un azucarillo. Casado es el modelo Ayuso en masculino. Personajes,  ambos, que no desluzcan a Aznar. Solo un ser carente de todo escrúpulo puede lanzar lo que Casado dice sin pestañear. Ahora resulta que ha hecho una de las más leales oposiciones de Europa.  Cuando le hemos oído insultos que duelen por su injusticia y desmesura a cualquiera que se tenga por honesto. Una tras otra, todos los días, a todas las horas. Y que fuera lo hacen bien, dicen, y aquí “no pueden hacerlo peor”. ¿Basado en qué certezas profiere semejante afirmación? ¿También en gomas del pelo que se estiran y encogen a conveniencia? No hay en Europa una actitud más deleznable e interesada de un partido contra el gobierno.

A Cayetana Álvarez de Toledo la han apartado de primera línea, pasada ya de vueltas. Y Casado airea a su fiel Teodoro García Egea: “Los españoles están solos ante la tremenda responsabilidad que ha dejado de ejercer el Gobierno“. Hablar les cuesta poco, en muchos casos perder el gramo de prestigio que pudiera quedarles.

Los ojos se vuelven entonces hacia Ana Pastor, vicepresidenta del Congreso, mano derecha de Rajoy, que goza de una inmerecida bula. Estos días ha hecho movimientos significativos. Asistir a Pablo Casado en su ruta de promoción y fotos, embozados los dos con mascarilla. Y lanzar un tuit que refleja quién es realmente. Carga culpas contra el gobierno, hasta de fallos que son del propio PP y… ¡Da las gracias a Ayuso! Todo vale en el Partido Popular. A unos niveles que sonrojan de vergüenza ajena.

Ana Pastor Julián

@anapastorjulian

Dos meses en estado de alarma, 26.478 fallecidos, 223.578 contagiados, 47.481 sanitarios con COVID-19, con un Gobierno que ha permitido manifestaciones, tardado en prohibir vuelos, comprado EPIs y test fake…¿Y ahora nos quieren dar lecciones de gestión sanitaria?

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Este martes, Pablo Casado ha presentado a su nuevo gobierno en la sombra, dice, con Pastor de figura destacada, y con el eterno magistrado Enrique López, con quienes asegura que va a “Activar España” . Y ha sobrepasado todo lo admisible al culpar al gobierno español de un problema terrible que tiene el mundo entero. No se puede actuar de una forma tan desaprensiva sin que tenga un coste.

Partido Popular

@populares

👉 @pablocasado_: “La mala respuesta del Gobierno ante la pandemia nos va a hacer convivir con el COVID-19 durante meses o años y además, por los cálculos que tenemos, hasta el 80% de la población no se ha inmunizado, por lo que hay mucho riesgo de repuntes”.

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El PP se les desmorona pero el aparato mediático al servicio de cuanto esa derecha representa, con sus dineros, togas, sotanas y coronas, sigue a pie firme. En las soflamas matutinas de los programas río. Y en las vespertinas y nocturnas. Y a toda hora. En los periódicos llamados así porque salen escritos con una determinada periodicidad. En opinión de un jefe de eso, “Casado es demasiado decente para llegar la Moncloa“. Nada de este delirio colaría en una sociedad adulta y honesta, pero hay una parte que se deja educar así.

Lo preocupante es la televisión pública que también se apunta de forma descarada a favorecer al PP, en los Telediarios básicamente. Sería imprescindible contar con información descontaminada en este gran medio de masas, que RTVE fuera un referente. “Se abusa de informaciones “declarativas”, cortes de voz e imagen de representantes políticos más destacadas cuanto más altisonantes; tras ellas se pasa a otro asunto hurtando al espectador un contexto, un mínimo análisis que complete las opiniones contrapuestas”, escribía Jaime Olmo, un crítico de toda solvencia en Infolibre.  El periodista Juan Tortosa insiste a menudo en el tema: “Ni en los informativos de las teles privadas, de propiedad conservadora todas ellas, gozan los desestabilizadores de tanta repercusión como en Televisión Española”.

Tortosa cuenta también que el equipo que se envió a Córdoba para cubrir la grave enfermedad de Julio Anguita y hacer un directo pero fue obligado a regresar a Madrid sin rodar y se limitaron a dar unas “colas” (imagen sobre voz de locutor). A mí que, a diario me alarman algunas desviaciones impropias, me sorprendió ver unas declaraciones de Casado en la misma promoción por laboratorios para abundar en la idea de preguntar por la lista de expertos para la desescalada. ¿Todo un equipo para esos apenas 15 segundos? ¿En ese escenario? El montaje sobre la cacerolada al gobierno que terminó siendo “al coletas” fue un episodio cumbre que descalifica a la dirección pero la lista es interminable. El ex director de El Periódico Enric Hernández, actúa como Director de Informativos, al no haber nombrado nadie para ese cargo en varios meses. Y, por ejemplo, la editora de “La Noche en 24 Horas” es Elena Sánchez, jefa de prensa de Zaplana en su etapa de ministro y de Ana Botella como  alcaldesa.

Lo peor es constatar que muchos ciudadanos, dudo si también periodistas, desconocen la labor del periodismo. No es objetivo ni plural, como me han dicho, que “dejen hablar a  todos”. Ni siquiera si salieran todas las opiniones y equitativamente. Eso es constituirse en oficinas de prensa de los partidos. El periodismo da noticias y categoriza la información.

La crisis del PP nos lleva a ver la crisis de la sociedad, de ésa que se lanza a las caceroladas desde el Barrio de Salamanca de Madrid, el más rico de la capital. O desde otras zonas menos favorecidas pero altamente abducidas y notoriamente ofuscadas, por el mismo odio ciego.  El que cierra los ojos ante el hambre que intentan paliar los movimientos vecinales, en Aluche, por ejemplo, otro barrio de Madrid. Y  tiene la osadía de criticar la Renta Mínima Vital. Como hace el multimillonario diputado de Ciudadanos Marcos de Quinto que termina llamando “payaso” al vicepresidente Pablo Iglesias. El aludido le contesta. Hay un abismo entre ambos mundos.

La ira de la derecha española, desnortada, hambrienta de poder y venganza es un grave problema a añadir a los que ya padecemos con la pandemia. A pesar de lo que dice, Arrimadas podría cambiar de opinión sobre los pactos que sustentan gobiernos del PP. Ha logrado revitalizar sus exiguos 10 diputados por la torpeza de Pablo Casado y  los intereses de los partidos catalanes. No sería a cambio de nada.

Lo cierto es que la situación de Ayuso es insostenible. Casado y su delirante equipo andan en la cuerda floja. Ha llegado la hora de que los jarrones chinos se dediquen exclusivamente a sus lucrativos negocios y a la buena vida que les paga, si les dejan sus estómagos que sí les dejan. Ayudaría mucho que al menos la televisión pública, RTVE, informara con ecuanimidad. Y que la sociedad extremara su exigencia con lo que mira, oye y apoya.

Hay una pandemia de coronavirus ¿lo saben?

A veces me hago esa pregunta al ver lo que dicen y hacen algunos políticos y periodistas. Y es vital porque tienen en sus manos capacidad de acción e influencia. Cada sesión en el Congreso para decidir sobre una nueva prórroga del estado de alarma o de control al Gobierno es un festival de disparates sobrecogedor. No es posible que sepan lo que está ocurriendo en España quienes usan esa tribuna para decir que la izquierda desprecia secularmente a los homosexuales o para mentar Paracuellos a estas alturas de la Historia. Hijos directos del franquismo y del fascismo, esta gente de Vox tiene una peculiar visión del pasado, pero por encima de todo es que hay que afrontar una enfermedad y sus consecuencias hoy.

Creo que otro diputado sacó al estrado a ETA. Y la guinda, dado que pasa por ser el líder de la oposición, la pone Pablo Casado. Escuché en TVE que había hecho “un discurso muy duro” contra el Gobierno y no quise quedarme a que me cayera en el estómago. Cada vez me irrita más que no se usen las definiciones precisas de los hechos: era una pataleta porque la decisión de Arrimadas de apoyar la medida había dejado al PP y su deseo de acabar con el estado de alarma en la irrelevancia. Pero sí leí lo que había dicho. En esta ocasión, acusó a “Señoría Sr. Sánchez” de querer implantar una “dictadura constitucional”. Casado se negó hace unas semanas, vean, a firmar una carta con 13 partidos del PPE que pedían expulsar a Orbán de la Unión Europea. El ultraderechista líder de Hungría se había cargado a la oposición, la Constitución, y la democracia, al decidir gobernar por decreto de forma indefinida. ¿Para quién habla Casado? ¿Cree que todos los españoles somos idiotas?

Parece una pregunta obvia pero ¿de verdad saben todos estos políticos que hay una pandemia de coronavirus y las consecuencias que está teniendo? Mantener en Madrid como presidenta a esa jaula de grillos que llena sus huecos de prepotencia es una temeridad y un auténtico agravio a los ciudadanos. Y se lo debemos a PP y Ciudadanos, lo de Vox se da por supuesto. A la desastrosa gestión en hospitales y residencias, se une ahora el episodio de la fase 1 del estado de alarma. Tras sus “ahora sí, ahora no”, Ayuso vuelve a pensar que hay que reactivar la economía sea cual sea el estado de la pandemia en Madrid. Le dimite la Directora de Salud porque no quiso firmar el informe para que Madrid entrara en la siguiente fase de la desescalada. Yolanda Fuentes cree que no cumple los requisitos y que habría riesgo de “colapso” de las UCI. Y Ayuso manda la petición, sin firma y concluido el plazo. En estas circunstancias, Sanidad no ha dado el pase a Madrid para el lunes. Mientras se divertía en el Hospital de IFEMA ¿no le alcanzó para ver que allí había enfermos con coronavirus y sanitarios dejándose la piel por curarlos? ¿Se ha enterado del balance de muertos de Madrid? Y sus señorías del Congreso, los de Paracuellos, gays o ETA, ¿saben lo que está pasando y cuál es su obligación?

No solo sufrimos una pandemia sanitaria sino que se avecina una crisis económica de entidad. Más dura aquí por haber fiado todo al turismo y al ladrillo. En tiempos de contagios, es una fatalidad.

Tenemos pues dos problemas de enormes dimensiones y los que de ellos se derivan. La incompetencia de políticos y periodistas no hace sino agravarlos. Porque cierto periodismo también tiene su cuota de responsabilidad en lo que ocurre y en lo que no se resuelve. Lleva demasiado tiempo categorizando la anécdota sobre la información sustancial. Y, tanto o más, sujeto a clichés.

Si por el periodismo con barniz de “progre” fuera, Ciudadanos tendría hace años mayoría absoluta. Aquel espíritu de la serie de encuestas que hundieron hasta el prestigio de la demoscopia para aupar a Albert Rivera se reproducen para elogiar a Inés Arrimadas. La que pedía votar en conciencia en enero para que este gobierno no se formase. Ahora ha sido más lista que Casado y ha pensado en práctico: sabe que en la ultraderecha hay overbooking. En la realidad, sigue sosteniendo a Ayuso, por ejemplo, a través de Aguado.

Acusar a Pedro Sánchez de falta de diálogo cuando tanto él como su gobierno han de operar entre zancadillas y navajazos es vivir en un país o momento inexistentes. ¿Qué tipo de democracia es esta que escenifica un juego parlamentario basado en empujones en busca del !quítate y me pongo yo” o “¿qué hay de lo mío?” Con una pandemia.

El coronavirus causa problemas de salud muy serios. Hay que escuchar a los recuperados y sus familias cuando relatan que a lo largo de las cuatro, o cinco o seis semanas de internamiento hay momentos que se cansan de forzarse a respirar. Ha consagrado además la mala muerte, en soledad, con las manos de muchos sanitarios que suplen por humanidad a la familia que no puede estar. ¿Qué saben de todo este sufrimiento los políticos y periodistas de salón?

Carmen Calvo ha pasado el coronavirus. La vicepresidenta del Gobierno ha dado sobradas muestras de dureza de carácter, demasiado muchas veces. Pues en una entrevista en Los desayunos de RTVE dijo: “He tenido que mirar de frente al COVID y siento lo que está sintiendo mucha gente ahora: miedo, inseguridad, mucho dolor por los fallecidos”. Y dejó como reflexión que “el reto debe ser rehumanizar la sociedad, tener más tiempo para cuidar de los mayores, de los pequeños, para ser más felices”.

Parece que no saben de ese dolor, de esa realidad, los políticos que nos avergüenzan con sus soflamas desde el Congreso o los periodistas que toman partido en los conflictos de intereses o que simplemente no son capaces de mirar lo que quieren, sienten y sufren las personas destinatarias de la información.

 

 

*Publicado en Eldiario el 8 de mayo de 2020

El virus de la derecha española

España vive sometida a dos terribles virus: el de la COVID-19 y una derecha depredadora. Miles de muertos e infectados ha causado el primero; un añadido para el desasosiego es esa oposición que ha atacado a la sociedad en uno de sus momentos más críticos. Porque es la sociedad la que sufre en esa estrategia inmisericorde de desestabilizar al Gobierno durante una devastadora enfermedad. No ha habido tarea similar en toda Europa. Sánchez y su equipo no lo han hecho peor que otros, ni mucho menos. No hay razones objetivas para semejante acoso.

Desplegada por todos los estamentos del poder, más que derecha es un ente que se protege y tapa, si es el caso, mentiras, incumplimientos y hasta corrupción. Debe su arraigo a la impunidad de la que ha gozado y goza. Un país que no puede siquiera investigar a su jefe del Estado anterior, aun sabiendo por la justicia extranjera de sus viajes con un maletín lleno millones de una más que dudosa procedencia para evadirlos, ya lo ha dicho todo.

En realidad, vivimos un espejismo al dar cancha al PP y al conjunto de ese compacto grupo de poder conservador. Todo cuanto representan ha quedado derrotado por el coronavirus, su propagación, tratamiento y consecuencias. La pandemia ha derivado en una enmienda a la totalidad del capitalismo más brutal que se ha adueñado del mundo y que añade un plus cerril en la derecha española. Es un espejismo. Sobrevive ante nuestros ojos por los fuegos fatuos que sus cómplices alimentan. Incluidas las masas de insensatos que les siguen carentes de todo sentido crítico y de toda capacidad para enjuiciar lo que ocurre. Lo que les ocurre también a ellos, y el futuro que les espera si logran mantener en pie al zombi. Las gentes bien intencionadas entre sus filas deberían percatarse de qué están secundando. Es obvio que no hablamos de negar el derecho a una ideología conservadora democrática y homologable, el problema es que no la tenemos. No a nivel nacional, al menos.

El conoravirus ha venido a demostrar que es el Estado quien cuida de la salud en los impactos realmente graves a través de su sanidad pública y que es el Estado el que provee de medidas compensatorias a los más afectados por una crisis así. La pandemia ha destruido muchos mitos. Ha mostrado la necesidad de una serie de profesionales, a menudo menospreciados y mal pagados, que nos han sacado de lo peor de la crisis; incluso salvando vidas, incluso poniendo las suyas en riesgo. Y la torpeza de una sociedad que aceptó que las transacciones financieras especulativas tuvieran más valor que las camas de Cuidados Intensivos y las mascarillas. De ahí que 43 mil sanitarios se hayan infectado de COVID-19, de los que todavía 10.000 están de baja. Se denuncia que hospitales y centros de salud son focos de contagios. ¿No podía Ayuso, por ejemplo, comprar desinfectantes con lo que ahorra en comida dando pizzas en los menús escolares? Y todo esto y más nos lo hemos dejado hacer mirando a las avutardas o a los pajaritos que salían por las ventanas de la tele.

Todo lo que ha destrozado la derecha española y sus cómplices, insisto, se revuelve contra ellos y todavía tienen el valor de ir sacando pecho, dando lecciones y seguir mintiendo. Solo una ciudadanía que escucha los consejos económicos y sociales de un tenista o un cantante trasnochado antes que de cualquier experto, es capaz de mantener este entramado insoportable.

La batalla ahora mismo es la versión neoliberal del viejo “la bolsa o la vida”. En Estados Unidos dice The New York Times que, con la apertura de la actividad, habrá el doble de muertos, pero para la derecha ultra nunca han sido un problema los daños colaterales. En el Estado de Ohio, gobernado por los republicanos de Trump, ya han avisado de que se trabaja sí o sí, cueste lo que cueste. En el Reino Unido, con un presidente desnortado, sindicatos y laboristas presionan para que los empleados puedan negarse a trabajar si ven riesgo para su salud.

Pablo Casado apuesta por primar “la economía” evidentemente y el estado de alarma la condiciona. Las élites empresariales le han dado el visto bueno. La CEOE no quiere ni el ingreso mínimo vital, ni el Decreto que prohíbe despedir durante el estado de alarma. Pide facilidades para la rescisión laboral y bajar salarios. Vivimos una crisis enorme a consecuencia de la pandemia, pero no la pueden pagar los más vulnerables, como sucedió a otro nivel en 2008. Suspender el estado de alarma implica desmantelar buena parte de las medidas de apoyo. Y demoler muchos diques de contención como el viajar por provincias con el virus puesto.

No deja de ser curioso que portadas, editoriales y columnas del 15 de marzo, tras la declaración de la alarma, se llenaran con titulares como “Sanchez, superado. Perdió horas vitales”, “La pugna Sanchez-Iglesias frena el plan antiepidemia”, “Más de 60.000 despidos temporales en España”, y ahora sean tan partidarios de volver a abrir todo, a riesgo de una recaída en los casos de COVID-19.

Casado alejó toda posibilidad de tener en España una derecha homologable. Prohijado por Aznar y Aguirre como Ayuso y Abascal, forman un modelo que ha debilitado al PP –con la ayuda impagable de los medios-. Recuerden que Casado llegó a quedarse con 66 diputados. Y que ahora actúa ya al unísono con Vox cada vez en más acuerdos. Del Vox que dice que las marroquíes varadas se pongan a recolectar fruta para no ser expulsadas.

PP y Vox se proponen desandar la lucha contra el coronavirus, si terminan prematuramente con el estado de alarma. El esfuerzo que nos ha costado, para nada. Más dolor, más incertidumbre. Esto sí que es imperdonable. Las heridas que deja el coronavirus ya son profundas. No hay derecho lo que nos han hecho a todos los ciudadanos no afectados por el virus de la insensatez, de añadir tanta crispación y malestar.

Los porqués del No de ERC tienen que ver más con la cogobernanza o el recorte de libertades que, dicen, implica el Estado de Alarma, con la actitud de Sánchez como cuentan Neus Tomás y Arturo Puente.

Se pregunta Íñigo Sáenz de Ugarte qué pretende el PP: “O parten de que una reaparición de la COVID-19 es imposible o un riesgo asumible. O eso o tienen acciones en las funerarias locales”. Ya se arrepienten los países o provincias que abrieron antes de tiempo. De ahí que el subdirector de eldiario.es concluya: “Evitar más cadáveres o ganar votos. Difícil elección“. Pero quien vota cadáver es el elector. Por cierto, Ayuso ha despejado la ecuación. A la pregunta de si dormiría tranquila en el caso de aumentar el número de muertos si decae el Estado de Alarma, ha respondido: “Todos los días hay atropellos y no por eso prohíbes los coches“.

No va por ahí la lógica que reflexiona sobre lo que nos está ocurriendo y la forma en que ha de venir el futuro. El sociólogo alemán Stephan Lessenich es uno de los muchos pensadores que cree que, con la vida en suspenso, cambian todos los parámetros:

“Tenemos que retomar el control, reivindicar una autoridad pública democrática por encima del sistema y hacer de las finanzas el criado, y no el amo, de las economías nacionales y regionales”, escribía en El País. La economista británica Anne Pettifore añadía que “la COVID-19 se encontró con el capitalismo en estado de zombificación”.

Nunca tanto como en España. La mortaja del dictador que les inspira asoma bajo sus trajes caros, sus corbatas negras y los modelitos para hacerse fotos con vivos y muertos, si se tercia. El capitalismo ha sido derrotado por la evidencia de un virus que ha golpeado en todos sus fallos. Son zombis pero ellos actúan como si no lo supieran. Pero basta un movimiento en el tablero, como el que ha efectuado Inés Arrimadas apoyando la nueva prórroga del Estado de Alarma para que su fuerza y bravuconearía se evaporen.

Es difícil de creer que la hoy presidenta de Ciudadanos  esté regresando al centro político donde nunca estuvo pero ha sido mucho más inteligente que sus socios de la triple derecha. Ya no hay más sitio allí y su deriva ultra les invalida. Arrimadas podría desbaratar numerosos gobiernos presididos por el PP, los de Madrid sin duda y representaría un auténtico vuelco. El fin de Ayuso sería un puro sueño.

De momento, la sucia y desalmada oposición, la desvergüenza de querer desestabilizar al Gobierno y aprovecharse de la vulnerabilidad de toda una ciudadanía, se ha detenido al borde del profundo pozo negro que esa derecha representa.  Habrá que ver los próximos pasos. Seguir vociferando puede ir en su contra. Estos días se ha demostrado que buena parte de la ciudadanía prefiere apostar  por la salud. Cegados de ira, y con pocas luces, tampoco se habían enterado.

 

La soledad y las malas compañías

“¿Logrará Sánchez completar la legislatura o habrá elecciones anticipadas?” Así consultaba a sus lectores el miércoles el ABC, un diario español con más de cien años de historia (fue fundado en 1903). Y daba dos opciones de respuesta. Atentos:

1) Sí, conseguirá completar la legislatura, porque su principal objetivo en política es perdurar en el poder a cualquier precio. Aunque la economía entre en coma, dará a los separatistas y a Podemos todas las concesiones que le pidan con tal de conservar una mayoría de Gobierno y seguir en el cargo. Además, cuenta con el apoyo de las televisiones y trabaja muy bien la propaganda.

2) No, será incapaz de completar la legislatura, porque el descalabro económico se llevará por delante su Gobierno y porque ya está tocado por el modo en que ha gestionado la epidemia de coronavirus. A pesar de que domina las televisiones y el CIS, los ciudadanos españoles ya están empezando a distanciarse de él y su Gobierno. La propaganda no lo salvará.

El viernes, confirmados los datos de la profunda recesión que el coronavirus y sus consecuencias han causado en el mundo entero, ABC remataba en portada con la peor foto que encontraron de la ministra de economía Nadia Calviño y centrando en España lo que es un caída global de la economía. Sus colegas hacían lo propio, uno de ellos mentando incluso un “rescate”.

Esther Palomera en eldiario.es hablaba de la soledad de Sánchez, bunkerizado en La Moncloa. Su plan unilateral de desescalada “provoca un alud de críticas entre oponentes y aliados”, dice. Iñaki Gabilondo en La SER criticaba la víspera que no estábamos sabiendo aprovechar “la extraordinaria estructura de nuestro Estado de las autonomías” y entre las causas estaba “la torpeza de Pedro Sánchez”. A la misma hora exacta de la mañana temprana, Carlos Alsina en Onda Cero utilizaba el comodín Gabriel Rufián para destacar que “hasta Rufián” le fallaba a Sánchez. En la COPE un tertuliano de Herrera, de voz cervecera, ampliaba el espectro para llamar ignorante a Pablo Iglesias entre risotadas, pasando por encima del brillante currículo académico del vicepresidente. Entender España hoy pasa por los resúmenes de prensa. Quizás, por los de “ayer” también.

Y aún faltan un par de apuntes más. Los nacionalistas vascos y catalanes se alejan del Gobierno y amenazan con dejar el decreto de alarma en manos del PP. Es cierto, lo dicen.

“Lo más inteligente es posicionarse en contra del estado de alarma y forzarlo al pacto con el PP o que, simplemente, la prórroga sea rechazada por el Congreso”, escribía el director de ElNacional.cat, José Antich. Según el periodista, anterior director de La Vanguardia, Pedro Sánchez está llevando a cabo “una recentralización en toda regla y un desmantelamiento del Estado de las autonomías”. Cree Antich que “el independentismo y el nacionalismo vasco y catalán, que tuvo en tres de sus formaciones -ERC, PNV y Bildu- un papel activo en la investidura de Pedro Sánchez, está obligado a dar un puñetazo encima de la mesa ya que están en juego cosas más importantes que el futuro político del presidente”.

A la vista de la oportunidad, Casado sondea a la élite económica a ver  qué le conviene más, por si el PP decide tumbar el estado de alarma, según Lainformación.com. Hecho que marcaría una excepción en el mundo entero. El único precedente parecido es el ultraderechista húngaro Orban quien, en el poder, decidió cargarse a la oposición y a la democracia, dado que ha dejado el Estado de Alarma sin límite de tiempo. 

Cosas más importantes. Los datos del coronavirus siguen siendo devastadores. Mucho más de tres millones de casos confirmados en el mundo. 233.000 muertos. De ellos, más de 24.500 en España. Este viernes han fallecido 281 personas. Y hoy, con seguridad, sucumbirán más y seguirán siendo ingresados muchos en los hospitales, pese a estar mejorando la situación. La curva afloja, pero el coronavirus sigue aquí. Y para quedarse por mucho tiempo. Cosas importantes.

La recesión económica también es un hecho. Nadia Calviño prevé una caída del PIB del 9,2%, y un ascenso del paro hasta el 19%, aunque con una salida en V asimétrica, una recuperación de los niveles. Pero hay quienes, en su análisis, olvidan un dato de radical importancia: se ha paralizado la actividad económica, productiva, de consumo, todo lo que era consustancial al modelo. Un parón así de la economía mundial es la primera vez que ocurre. De ahí que falten noticias esenciales para tener una idea más ajustada de la realidad.  El PIB de la Eurozona ha registrado la mayor caída desde que se tienen registros: España, Italia y Francia con cifras más profundas  Alemania anota aumentos del desempleo insólitos: un 13,2% en abril, según la agencia France Press. Más de 30 millones de personas han perdido su trabajo en Estados Unidos. Y esto es el principio. Según la OIT, Organización Internacional del Trabajo, más de la mitad de trabajadores del mundo podrían perder sus medios de subsistencia.

Y las víctimas no están solo en lejanas montañas, no. Hay gente pasando hambre en España, en Madrid probadamente con el aumento de la demanda en comedores sociales que han de ser atendidos con donaciones y voluntarios. Hay incertidumbre y miedo en quienes ahora mismo han visto mermados sus ingresos o no ven entrar dinero alguno en casa, a pesar del esfuerzo del gobierno por paliar  las necesidades de los más vulnerables. Es lo que principalmente incomoda a la derecha: actúan pisando la mano de Sánchez y su equipo hasta cuando activan las ayudas.

Aludir a un rescate sin explicar más ronda lo perverso. La Unión Europea no ha estado a la altura del grave momento que vivimos. No se comporta como un club de países, sino como lo que siempre pareció: un club de empresas. Los ricos del norte –en cabeza el paraíso fiscal holandés se niegan a los eurobonos más equitativos y pretenden seguir con la política de la tijera que dio un golpe fatal a la UE. Tal es así, que el BCE –que no actúa como banco público de la Unión, sino de los bancos privados y que no responde ante nadie-  sigue su tónica. Favorecer a las entidades financieras para que sigan dando crédito a familias y empresas, dicen muy ufanos.

Seguramente sufren más recesión los países con peor soporte económico. Recordemos que España lo fió todo al turismo y al ladrillo, las joyas de las políticas sin visión de futuro ni proyecto de país, pero sí del lucro en la cartera de unos pocos. Les aseguro que los fabricantes de mascarillas, guantes, respiradores no dan abasto a producir. Quién iba a pensar que serían más necesarios que las transacciones financieras especulativas que dieron la vuelta al mercado mundial ¿verdad? España tiene el problema de depender del exterior hasta para componentes de los productos que podrían ser hoy más útiles. Una de cada cinco empresas tuvo que reducir su actividad por falta de suministros del extranjero, como contaba este excelente artículo de Bernardo Bayona. Mucho han de cambiar las cosas si queremos salir adelante y han de hacerlo imprescindiblemente ante el fracaso del más de lo mismo, o algo peor. Otra economía, otra forma de vivir.  Si lo permiten, que claramente hay voluntades que no están por esa labor.

Vienen días duros que necesitan una ciudadanía templada, adulta, que piense por sí misma. Y razone por encima de lo que siente, que analice hasta sus emociones. No son lo mismo los haters descerebrados que quienes persiguen sus propios intereses a menudo torpemente disfrazados.

La soledad de Sánchez, dicen, de su gobierno, ante una pandemia con demoledoras consecuencias económicas mundiales, que no ha provocado. Errores que se magnifican. Y la evidencia de que tener el egoísmo como motor no funciona socialmente.  Para compañía solidaria la de la prensa española en los atentados del 11M, llegado a retocar portadas al gusto de los intereses de Aznar. Tuvimos que informarnos en los medios extranjeros.

A cuenta de miles y miles de vidas que se han quedado por el camino, hemos ido aprendiendo a pensar como adultos, algunos al menos. Un tanto desarbolados desde que, por salud, nos prohibieron abrazarnos. Una suerte de primavera tardía empieza para nosotros este 2 de mayo. Permitirá salir a respirar en las ciudades ese aire limpio que huele a pueblo y llenarnos los pulmones y empezar a sanar de lo que no es coronavirus. No vuelvan a enturbiarlo. Nos queda mucho trecho por andar y se precisan fuerza y lucidez.

 

*Publicado en Eldiario.es

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