Pudo ser en el Mar Muerto

Pudo ser en el Mar Muerto donde una visionaria encontrase un pergamino en cuyo texto manuscrito leyó que la Cristiandad empezó en la Puerta del Sol de un ciudad llamada Madrid, que era España al igual que España era Madrid. Y quizás fue aquel día cuando se detuvo la civilización tal como se conocía. Aunque quién sabe si fue mucho antes, o algún tiempo después. Hoy en día cuesta estar seguros de casi todo: lo fundamental se banaliza y lo accesorio se magnifica.

La pandemia mundial de un virus especialmente contagioso lo complicó todo. La actividad productiva casi se paralizó para frenar los contagios que avanzaban enfermedad y muerte. Y todo se descarnó, dejando al aire el esqueleto apenas disimulado por los diferentes atuendos. Empezaron a ocurrir cosas extraordinarias y la frontera esencial entre lo real y lo ficticio se desdibujó. Vean si no.

Donald Trump –que también debió pasarse por el Mar Muerto- concluye cuatro años como presidente de los EEUU, aferrado desesperadamente al sillón. Como un niño septuagenario, usa su poder en decisiones estentóreas. Ha venido cambiando el mapa de fuerzas de Oriente Medio. En septiembre avaló el acuerdo de paz entre Israel, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos. Este jueves ha reconocido, por su cuenta, la soberanía de Marruecos en el Sáhara Occidental. Irán una vez más como objetivo a abatir. Y tener poder de decisión sobre muchos intereses en juego. España, afectada, pide respetar las resoluciones de la ONU sobre el Sáhara. Y de momento ha suspendido un muy aireado viaje a Marruecos el día 17. Por la pandemia, dicen.

Trump es un presidente que se despide matando: ha acelerado las ejecuciones de los condenados a muerte. Desde julio han consumado 13 sentencias y de hoy al 20 de enero -que deja el cargo- le quedan cinco condenados más en la recámara. Hechos reales.

Tangible y de gran influencia es el desbloqueo – largamente demorado- del Fondo anticrisis de la UE y de los Presupuestos, incluso de un acuerdo para la reducción de gases contaminantes. Hungría y Polonia han cedido por fin a cambio de concesiones mínimas, dicen, que les permiten salvar la cara a su falta de respeto a los Derechos Humanos, que era el escollo. Los 140.000 millones de euros van a venir a España pese a las trabas que ha insistido en poner el PP de Pablo Casado o las inquietudes que planteaba la presidenta Arrimadas del partido mínimo que no quería dejar en manos “populistas” un dineral así. Ahora se ha sumado también la CEOE. Ha dicho que habrán de ser las grandes empresas las que lideren los proyectos de fondo europeo y que, de momento, el Gobierno debe olvidarse de aumentar la cuantía del salario mínimo. La pena es que tampoco ganaron las elecciones. De hecho, no se presentaron.

Además –y esto es casi milagroso- el BCE garantiza financiación barata a los gobiernos al menos hasta marzo de 2022. El BCE presidido por Christine Lagarde que es aún más prodigioso. Su antecesor, Mario Dragui, fue muy selectivo en este punto. Ayudó por ejemplo a la España de Mariano Rajoy, mientras oprimía a la Grecia de Tsipras.

No acaban aquí los hechos extraordinarios. España coloca por primera vez deuda pública a 10 años con tipos de interés negativos (-0,016%). Ayuda el cambio radical de actitud de Bruselas y del BCE, porque esto solo le pasaba a Alemania. En la crisis-estafa de 2008 fue especialmente relevante.

Pero nos toca pasar al ruido, a lo que ocupa con mucho más espacio y fulgor a los medios. Los militares y civiles que sueñan con un golpe, o echar a Unidas Podemos del Gobierno al menos, buscan amedrentar fundamentalmente, que la sociedad tenga miedo y trague. Ni siquiera anidan en un mar sino en las cloacas oscuras de su mente.

El rey emérito tiene mucho que ver en las zozobras que se han desatado en España. Por hechos reales. Si me permiten el tópico fácil y plebeyo, es que Juan Carlos de Borbón se lo ha llevado muerto durante su reinado. La regularización fiscal de estos días no hace más que confirmarlo, aunque sus más fieles adeptos en los medios sigan con el calificativo comodín de “presunto”.

Bien, pues probablemente de regreso del Mar Muerto, de la mortandad neuronal, la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha defendido a Juan Carlos I con fervor: “Por supuesto que la ley es para todos la misma pero no todos somos iguales ante la ley. El Rey Juan Carlos no es como usted”, ha dicho. Esta última frase hecha suele acabarse con un “o yo” (usted o yo), pero no debe ser el caso. Su consejero de justicia, el magistrado Enrique López, trató de arreglarlo y dijo: “Es tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales”. Y Ana Pastor Julián, mano derecha de Rajoy, recurrió al “esa persona de la que usted me habla” para referirse a Juan Carlos de Borbón. Muertas las fuentes del entendimiento. Unidas Podemos dice que es una vergüenza nacional y Pedro Sánchez que hay que separar la figura del rey Juan Carlos de la institución monárquica pero no la de Felipe VI, que es un rey moderno con gran comprensión de los problemas de nuestro tiempo. El debate queda en punto muerto, aunque lo sigan agitando. Siquiera si fuera sin tantos privilegios y coros de vasallos… tendría mejor pase.

A la derecha, al PP en particular, no le gusta la igualdad, no cree en ella. Otro consejero de Ayuso dice que mejor gastar en el Hospital Zendal (sin camas, ni médicos) que en “mamarracherías” de campañas de igualdad. Y la presidenta vuelve a hacer ostentación de su clasismo y racismo al insultar a los vecinos del asentamiento de la Cañada Real a los que tiene sin luz eléctrica. Para ella todos son delincuentes. Idolatra a los de guante blanco. 1.812 niños de esos barrios y de pueblos de la Comunidad denuncian por carta ante la ONU la situación insostenible -e injusta- que viven.

Badalona. Provincia de Barcelona. Siglo XXI. Un incendio sacude una nave industrial en la que vivían unas 200 personas procedentes de la emigración. Mueren tres, hay 27 heridos, la mayoría lo pierde todo, lo poco que tenían era todo. Viviendo entre cartones, frío y a menudo sin luz. El alcalde es el acreditado xenófobo del PP García-Albiol. El desastre estaba anunciado. Llevan en estas infraviviendas, así ,desde hace unos 12 años, fueron llegando tres años después de que el edificio quedase abandonado. Con la pandemia han ido llegando más personas sin hogar. “Cada vez éramos más y teníamos menos”, explican: ni para comer. Dicen los afectados que el origen del fuego fue una vela: no, fue la inhumanidad, la injusticia. Claman las oenegés para exigir que se flexibilicen los permisos de residencia a los emigrantes: les son imprescindibles para tener trabajo y vivienda. Si todos los humanos merecemos oportunidades, con más mérito los valientes que se arriesgan por una vida mejor a pesar de la intolerancia.

Seguramente son los racistas, los indiferentes, los crueles, los clasistas, codiciosos, ladrones y aprovechados, los manipuladores y mentirosos quienes viven en un mar muerto que les permite flotar contranatura en esta sociedad.

*Publicado en ElDiario.es el 11 de diciembre de 2020

*Los artículos de ElDiarioes algunos no publicados en este blog, se pueden ver en este enlace.

La “democracia” que les dio Franco

Los derrotados por la democracia rugen contra el Gobierno nacido de las urnas que, esas sí, nos dimos todos bajo los parámetros que rigen en un Estado de Derecho. Nunca un Gobierno en los últimos tiempos ha tenido tal apoyo a sus presupuestos y con el acuerdo entre posiciones heterogéneas. No ha habido proyecto de cuentas públicas más progresista desde la Transición. Y, sin embargo, el clima que se vive en España es prebélico, de crispación máxima y extrema zozobra. “Pensar en un golpe es ciencia-ficción”, declaraba Adolfo Suárez el 23 de noviembre de 1980, tres meses justos antes de que, con Tejero al mando, militares golpistas asaltaran el Congreso de los Diputados a punta de pistola, como atestigua esa portada que conservo.

Las tripas de España albergan siempre el monstruo de la involución que jamás se ha castigado siquiera. Se dieron su ‘democracia’ franquista y punto. El bipartidismo lo lavó exitosamente, en particular el tándem González-Guerra tan hábiles en modernizar el país sin tocar un pelo de la estructura. Bien es cierto que se había negociado en enorme desigualdad de fuerzas.

El diagnóstico del problema no puede estar más claro. Y se afianza con los años, los meses y los días de impunidad. Mañana será tarde, venimos diciendo y pasa el tiempo y la situación empeora. El “ruido de sables” está presente desde el día de enero de este año de pandemias que se formó el Gobierno progresista. Recordemos que el diputado Tomás Guitarte, de Teruel Existe, tuvo que dormir la víspera oculto y custodiado por la Seguridad del Estado. Los tres partidos de la derecha española apelaban a la “responsabilidad” de los psoeístas tibios. De alguna manera la treta con ellos podría funcionar como en el golpe interno contra Pedro Sánchez. Pero este tenaz Gobierno superviviente salió a flote mal que les pese.

El ruido de sables no ha cesado durante todo el año y es fácil rastrearlo a lo largo de los meses. Hoy tenemos ya haciendo sus proclamas a un número notable de militares golpistas jubilados –aunque con derecho a uniforme y armas–. Algunos han escrito al Rey Felipe VI para que tome cartas en el asunto. Son precisamente los que quieren fusilar a “26 millones de hijos de puta”. Mandan la carta el 10 de noviembre, hace casi un mes: trasciende ahora. La primera, que también envían nada menos que al Presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli. Hay una segunda carta del otro grupo para Felipe VI que sale el 25 de noviembre. Escriben al Capitán General de los ejércitos, su jefe, y él no dice nada. Ni siquiera para jugar la baza de su padre el 23F. Por cierto, otro dato de hemeroteca de octubre de 1981: el juez denegó la prueba de declaración de los reyes Juan Carlos y Sofía.

Texto sobre la investigación del 23F

Isabel Díaz Ayuso apoya el manifiesto golpista desde el Madrid-Estado que quisiera. Pablo Casado, presidente del PP, llamó “a defender la libertad”, su concepto de libertad, como el bien por el que “merece arriesgar la vida“, citando la retahíla de opositores de cubanos y venezolanos que suele funcionarle con sus adeptos. Tiene 88 diputados, más ayuntamientos y comunidades autónomas, y los eurodiputados que maniobran contra el Gobierno español en la UE. Los 52 diputados de Vox son franquistas-fascistas sin duda. El centrismo del ya mínimo partido de Ciudadanos es un espejismo, a tenor de su papel real en las administraciones en las que gobierna.

La prensa del clan rezuma tal odio y amargura que ya bordea el ridículo en sus portadas y artículos. Es una actitud suicida, porque se están hundiendo económicamente. La publicidad huye, con pandemia y sin pandemia, los suscriptores no llegan para todos, y la oferta informativa o desinformadora es tan abundante que el mensaje se diluye en el conjunto. Aunque dejando un ambiente de confusión y hiel del que encima apenas se benefician. Ésa es la gran variable.

Mil veces nos hemos preguntado por qué hay gente que vota a quien le engaña y le roba, por qué se enganchan a basura mediática de leer, oír, ver y esnifar. Por qué obran contra sus intereses, que es definición ajustada de la estupidez. El ser humano tiene un cierto gusto, a veces, por la basura y el morbo, pero ni siquiera eso lo explica. No explica a Trump en EEUU, que aunque la mayoría lo haya echado, mantiene la fe ciega de 77 millones de seres. No explica que llegara a ser presidenta de Madrid y que aún se mantenga una mujer con muy pocas luces y mucha osadía y ganas de bronca, responsable con sus órdenes de la tragedia en las residencias de ancianos. El escritor Benjamín Prado no pudo decirlo mejor: “Será que de condenar a morir a ancianos en las residencias a fusilar a 26 millones de hijos de puta no hay mucha distancia“. No explica a Pablo Casado con su tibieza democrática y sus hiperbólicos saltos de opinión. No explica que millones de seres crean de alguna forma las mentiras de los políticos y las de los medios falaces. Porque se puede sentir visceralmente antipatía por alguno de ellos, pero hay un abismo a cuando existen motivos objetivos en los que entra hasta el peligro de la integridad.

Ya no es lo peor que la pandemia de coronavirus haya caído sobre una sociedad infantilizada, las evidencias la muestran noqueada y perdida con un tumulto de noticias reales y mentiras que crean un caos en sus cabezas, sin que siquiera lo perciban. Y son tiempos de estar muy lúcidos. No podemos estar al albur de las memeces de algunos políticos, de sus odios interesados, de los gritos de Twitter, y de patéticos medios, pero lo estamos.

Gran parte de los medios han renunciado a tener influencia real fruto de su credibilidad que eso sí es lo más valioso que puede tener un periodista. Se lucha por triunfar en la Industria de la Atención. A tiro de clic. O de audiencia. En un universo masivo de contenidos que nos ha hecho perder la facultad de atender. “Tenemos la capacidad de atención de un pez de colores. Mejor dicho, la teníamos, pero ya no. La capacidad del pez es de nueve segundos, mientras que en este preciso momento la del humano medio es de ocho”, explicaba, si recuerdan, Marta Peirano en su libro El enemigo conoce el sistema. Añadía el dato de que el 40% de los usuarios abandonan una página web si tarda más de tres segundos en cargar”. Por eso triunfa el ruido, los brillos, los gritos, aunque con un éxito relativo y efímero.

La mayoría de la gente ve la televisión con el móvil en la mano. Miran con un ojo a la pantalla grande y con otro la pequeña, desde las plataformas o YouTube al WhatsApp de bulos indiscriminados. Hasta no saber dónde has visto u oído tal cosa. Porque en realidad están borrando la pantalla de la información y no son conscientes de los trucos. Algunas preguntas se responden si lo que la gente ve es a una mujer voluntariosa que inaugura un hospital, sin camas ni personal sanitario porque las pondrá más tarde, y encima la critican. De informar seriamente se ha de aportar algún contexto: que nos ha costado 100 millones de euros, el doble de lo presupuestado por las grandes constructoras contratadas, y con ese dinero podría haberse mejorado mucho la dotación de hospitales ya existentes. Igual que influye la permanente culpabilización de partidos democráticos que no entran en sus esquemas. Igual que cala el incesante goteo de portadas, reproducidas en radios y televisiones, en las tertulias, en las redes, presentando a Pablo Iglesias como el ser más imputado y perseguido por la justicia en denuncias que van siendo sobreseídas. Mientras los pufos multimillonarios de Juan Carlos I o la corrupción del PP no pasa de ser “lo normal”.

Lo normal, de hoy, es que hasta los nietos ultras del rey emérito se han beneficiado de las tarjetas opacas para comprar en El Corte Inglés, Uber o pagar clases de piano. El Museo que se montó en el Pazo de Meirás la familia Franco con piezas de gran valor, fruto de un expolio continuado del patrimonio público. Es la familia y el ideario que inspira a los patriotas que añoran la democracia que el sanguinario dictador nos trajo. Lo dicen tan tranquilos en la televisión. Lo de hoy es confirmar el sesgo del PP de Aznar, Trillo y los demás, que condecoraron dos veces por su “intachable conducta” al general de la XIX del Aire que sueña con fusilamientos masivos, precisamente a ése. Mientras Marhuenda se saca una de sus encuestas de la manga para titular barbaridades a toda portada. Incluido el desliz de llamar “el régimen” a lo que rige en España. ¿Cómo quieren que estemos con todo esto? Con lo que ignora, confunde o come manipulado tanta gente. Ellos son el peligro.

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Pensar en un golpe es ciencia-ficción. O qué quieren que les diga. Estamos en Europa y en el siglo XXI. Aunque la UE haga dolorosas concesiones a Hungría y Polonia para que sigan pisoteando el Estado de Derecho en sus países. Como repito con envidia, la conservadora Angela Merkel es inequívocamente antifascista y obra en consecuencia cuando disuelve un grupo de élite del ejército aquejado de ese mal. La mano firme no es autoritaria sino autoridad cuando se defiende la democracia. O la información rigurosa. No subvencionemos las mentiras y el odio, al menos.

Supuran furia por la realidad que les quema y se llevan tragando a disgusto casi un año pese a sus titánicos esfuerzos por tumbar al Gobierno, sin empacho de usar incluso una pandemia. Pero se sienten heridos y son peligrosos. Las turbas desinformadas que les siguen precisarían criterio, quizás se imponga con el tiempo de evidencias. Difícil es, desde luego. Pero hay que romper por algún lado ese círculo que se envicia a sí mismo.

*Publicado en ElDiario.es el 8 de diciembre de 2020

España sin eufemismos: la verdadera historia

… y he visto que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos”.

León Felipe(Zamora 1884–Ciudad de México 1968)

Se diría que la historia de España que oficialmente prevalece está plagada de eufemismos para esconder y dulcificar la realidad. Y, sin duda, es mucho más descarnada. Las trampas, hasta los timos de trileros, afloran en un retrato insoportable para la decencia, para la conciencia democrática e incluso la madurez como pueblo. Una historia que se llena también de mitos que a menudo recaen en quienes menos lo merecen. Francia juzga al expresidente de la República, Nicolás Sarkozy, por corrupción y tráfico de influencias. Le pillaron con las manos en la masa pidiendo trato de favor a un juez para otro chanchullo. Habrá que ver a colegas españoles de altas instancias, muertos de risa: España sí que lo ha sabido hacer. Magistralmente. Y con la complacencia y colaboración de una buena parte de la sociedad. Y, desde luego, de medios de comunicación y periodistas concretos.

A Juan Carlos de Borbón, ex jefe del Estado español, le salen pufos de envergadura de continuo. Hasta casi perder la cuenta. Se ha revelado como una especie de yonqui del dinero (y el sexo) que utilizó su cargo para hacerse con una inmensa fortuna y sin siquiera pagar al país que tanto ama los impuestos reglamentarios. Dicho sin eufemismos, ahora salpiquen el texto de “presuntos” y “presuntamente”. Desde que supimos, a comienzos de marzo –por la investigación de la justicia suiza–, de los 100 millones de dólares ingresados en una cuenta de ese país “por cortesía del rey de Arabia Saudí”, los hallazgos similares se han multiplicado. Regalos multimillonarios a sus amantes, en particular a su favorita, Corinna Larsen, que se transforma para la crónica cortesana de princesa a pelandusca en cuanto empezó a contar. Y más cuentas y cuentas. Lo de hoy es que Juan Carlos, rey, escondió en Suiza durante dos décadas millones de euros en acciones de compañías del Ibex. Lo más florido: Iberdrola, BBVA, Santander, ACS, Acciona, entre otros. Algunos de ellos también tienen cuentas en paraísos fiscales que nos sangran.

La historia de Juan Carlos I sigue con la huida al paraíso de la autocracia de Abu Dabi en Emiratos Árabes Unidos. O con las cartas y movimientos estratégicos de la Casa Real –o sea, de su hijo y heredero Felipe VI– que renuncia a la herencia (no de la Corona) el mismo día de marzo que entra en vigor el Estado de Alarma por la pandemia. O que comunica en un texto de un folio la fuga del emérito un lunes de agosto.

El funcionamiento de España, casi como un reino medieval, quedó bien patente con las firmas y adhesiones a las tropelías de Juan Carlos por los grandes servicios a España que había prestado de más de 70 exministros y altos cargos. Muestra de una laxitud ética con la que un país no puede funcionar correctamente. Porque corrobora, una y otra vez, que quienes mueven los hilos en España comparten con Juan Carlos de Borbón una moral plagada de excepciones, atajos y privilegios, donde el fin que buscan justifica los medios.

Y que va mucho más allá en la práctica. Fernando González, Gonzo, en Salvados, entrevistó el domingo a José Bono, ex presidente del Congreso por el PSOE y a García Margallo, ministro de exteriores con el PP. Ese teléfono en la misma mesa de la sede de la soberanía popular que suena –¡durante la sesión!– para que el rey u otros opinen y hasta agradezcan que no se investiguen sus cuentas, sonroja a niveles insoportables. Y la comprensión de estas actitudes. Un ministro de exteriores que se reúne con la amante del jefe del Estado, para hablar “de asuntos privados” cuyo contenido, dice, no recuerda. Esta es la verdadera historia de España.

¿Y de dónde parte? A muchos les parece extraño “el cambio” de Felipe González y Alfonso Guerra, presidente y vicepresidente del gobierno del PSOE que, con su triunfo en 1982, dio el giro definitivo a la historia. ¿Y si no hubiera tal cambio? Aquel gobierno histórico aportó una hasta entonces impensable alternancia bipartidista en el poder y consolidó lo que había de ser el régimen del 78. Verán, un insobornable Nicolás Sartorius declaró esta semana: “No sé si hay pacto con Bildu, pero en la Transición pactamos con quien nos fusilaba“. Comunista y aristócrata, intelectual y comprometido, pasó seis años en la cárcel condenado en el Proceso 1001 por pertenecer al sindicato CCOO. Con toda autoridad moral señala esa clave. Se firmó un contrato con los asesinos, con los tiranos, con los que destrozaron la ética de un país por varias generaciones. Porque nunca hubo dos partes: hubo un golpe, una guerra y una larga y terrible dictadura, hubo agresores y víctimas. ¿Y si la modélica Transición es otro eufemismo, y hay que hablar de un pacto en altura para maquillar y no cambiar?

En Felipe González tenemos a otra figura a la que hay que agradecer un sinfín de cosas que son normales en los países democráticos. Incluso más, sí. Entrar en la Comunidad Europea, sanidad y educación universal y aquella modernidad que el presidente vestía con una brillantez intelectual extraordinaria, mientras su segundo mordía “a la derecha” como el poli malo de la función. Dos personajes tan magistralmente elegidos para sus papeles que asusta constatarlo. Algo ayudaría a saber, a ver la certeza o falsedad de los supuestos dosieres, si España acabara con la anormalidad democrática de la Ley de Secretos oficiales. Pero eso no va a ocurrir en modo alguno.

Capa de modernidad, sin duda. Logros, importantes. Pero el bipartidismo dejó en sus puestos a quienes habían sustentado el franquismo en todos los estamentos esenciales para que fuera posible. Y ahí siguen muchos, y por supuesto sus herederos. Eso era el “atado y bien atado”. Nadie pagó, nadie fue relevado siquiera por su complicidad con la dictadura. De aquel manto de impunidad, resurgen florecientes los franquistas y fascistas, los aprovechados, cosechando dinero y medios para su labor. La corrupción del franquismo sigue en la columna vertebral de España. Y reparte y atesora sus beneficios.

Cada vez es más evidente, que las batallitas políticas y mediáticas con las que los medios entretienen al personal son el señuelo que distrae de lo que realmente se cuece. Los “zascas” y “repasos” enardecen a la afición pero terminan siendo diabólicos. Podría admitir que, en algunos casos, sea solo seguidismo de una corriente de frivolidad que no profundiza en las causas. Pero el daño es igual de devastador. Y Twitter, Facebook y WhatsApp les vinieron a ver para ayudar en la tarea, como mero vehículo por supuesto. Con este panorama que, a diario los Trending Topic marquen lo que quiere destacar y molesta a la derecha, no lo hubieran imaginado ni en sus mejores sueños.

En definitiva, nos encontramos con un ex Jefe del Estado, rey, huido de su país y pringado a niveles de república bananera. No hemos despejado ni la X de los GAL, ni las historias fantásticas de hechos durísimos que hemos vivido. Ni siquiera saben los jueces quién es M.Rajoy en los papeles de Bárcenas. Hubo un presidente de igual nombre que, si nos dejamos de eufemismo, ha sido el mejor gerente, el más discreto y eficaz, que ha tenido la organización. Metió mano en la forma de elegir el Poder Judicial, aupó a jueces estratégicos y reformó los Códigos penales con la inclusión de la Ley mordaza. Implantó, solo con votos del PP que le daban mayoría, una Ley de Educación, la de Wert, cercana al creacionismo religioso, favoreció a las confesiones católicas en un país aconfesional, según la Constitución. Rajoy se propuso y consumó el mayor destrozo del Estado del bienestar de la historia, con durísimos recortes en sanidad, educación o investigación, ciencia y cultura. Mermó derechos laborales y el subsidio del paro. Hasta el IVA que había presuntamente combatido, lo aumentó del 18% al 21%. Con particular ensañamiento en la cultura. El IVA cultural español pasó a ser el mayor de la zona euro, con diferencias abismales. Lamentablemente muchos de los estragos de Rajoy continúan vigentes.

Pablo Casado sigue la misma senda, con las medidas que anuncia contra la ley de educación o el veto (consentido) a la renovación del Poder Judicial. Con esos eufemismos como el de buscar “la libertad de las familias“. De no ser por lo que hizo y hace el Partido Popular parecería que solo quiere imponer su programa sin haber ganado las elecciones. “Solo”. Pero el componente tramposo está bien a las claras. Igual es que la sociedad no es consciente de todo esto, no lo sabe o lo ha olvidado. Algunos medios y periodistas hacen una labor espectacular en ese sentido: en el de vender la moto, dicho sin eufemismos.

¿Qué es eso de “la pluralidad”? Supuestamente el intercambio de ideas, la confrontación de voces distintas en busca de clarificar los temas. En la práctica es un continuo uso de la zancadilla para el pensamiento, una distracción premeditada, una exaltación de las vísceras que no apela a la razón. Sería enormemente constructivo tener en España una derecha democrática y unos periodistas conservadores que expusieran con limpieza sus argumentos. Lo que cambiaría todo. Pero es que todo viene del mismo origen. El que tiende a expulsar a una parte del gobierno de coalición de decisiones importantes como el reparto de los fondos de reconstrucción europeos para contentar al bipartidismo clásico, que luego obliga a rectificar tras haber hecho el feo.

Es con lo que cargamos. La pluralidad habría ser en clave de honestidad y no lo es. Una democracia admite desde luego voces turbias, es la condición humana, pero los propios ciudadanos deben exigir limpieza, si son limpios. No sabemos en qué medida ha contaminado a la sociedad la porquería incrustada en su esqueleto.

En pocas palabras y sin eufemismos: la verdadera historia de la España actual, hija de sus trampas, nos aboca a deducir que nos han timado y nos siguen timando. Déjense de viejas guardias, guardias viejas, de privilegios y males menores que no han hecho otra cosa siempre que tapar inmensos daños. Somos ciudadanos de un país del siglo XXI, en un mundo atribulado, que quiere salir adelante afrontando sus problemas. Es lo que la mayoría vota. Se puede. Seguro. Para mí es esencial prescindir del ruido. Y huir de los cuentos que paralizan.

*Publicado en ElDiario.es el 24 de noviembre de 2020

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La letra pequeña

Rosa María Artal

Olvídense por un momento de los “zascas” y los “repasos” que algunos colegas dan a los gobiernos que no les gustan, o los “rifirrafes” con el que resumen la confrontación política. Aparten el foco unos minutos de las portadas. Les propongo fijarnos hoy en la letra pequeña. Los periódicos de papel vienen con la euforia de las noticias que asocian vacuna y bolsa. Las buenas perspectivas –de salud y recuperación económica- que podría ofrecer el hallazgo de las farmacéuticas Pfizer y su socia alemana BioNTech, que parecen alumbrar la luz al final del túnel, o a medio camino en la buena dirección. Dejemos sin embargo siquiera que el ensayo concluya antes de desmenuzar los pormenores de lo que en realidad no se sabe. La vacuna, el optimismo de los mercados, el goteo de víctimas del coronavirus –convertido ya en estadística monótona- y las habituales declaraciones de políticos ocupan la primera plana de una actualidad que viene también con mucha letra pequeña. Y con temas de envergadura que cada medio aúpa y quedan ocultas, total o parcialmente, bajo el marasmo del conjunto.

Este martes ha comenzado por ejemplo el juicio por los atentados del 17-A en Barcelona y Cambrils que parece tratarse, informativamente, como un asunto local y de Catalunya para colmo, pensarán. Es cierto que los miembros de la célula yihadista fueron abatidos por los Mossos o murieron en la explosión de Alcanar, pero son demasiados los interrogantes que quedan. Desde el comienzo fue un asunto intensamente politizado que pasó por encima de un terrible balance que nos dejó sobrecogidos: 16 muertos y más de 130 heridos de distintas nacionalidades. Y quedaron demasiadas sombras en el aire.

Hemos sabido que el dolor de la pandemia fue por barrios. Las empresas del Ibex repartieron más de 9.500 millones de euros entre sus accionistas. Los trabajadores ganaron 121 veces menos que los altos directivos. Son datos del Informe Anual de Oxfam Intermón. Los medios generalistas, sin duda la televisión, nos contarán sus quejas acerca de lo que son o no son avisados por el Gobierno o sobre lo que éste decide. La patronal no está de acuerdo con la subida del sueldo a los funcionarios de 0,9%. Prefieren “premiar” a los sanitarios a costa de otros.

Sabremos profusamente de los llantos de los restauradores y hoteleros por el cierre o recorte de horario de sus negocios. Con toda razón: hay una pandemia que ha matado solo en España a más de 39.000 personas, más de 1.200.000 en el mundo. Pero apenas tendremos noticia de los asalariados despedidos en esos mimos sectores, o en el comercio o los que vivían de actividades informales. Este gobierno se ha ocupado preferentemente de los más vulnerables pero es demasiado amplio el campo de esta tragedia. Porque muchos ciudadanos han pasado “De la economía sumergida y la precariedad al desamparo” como cuenta en Público el periodista Eduardo Bayona. Oenegés y colectivos sociales alertan sobre los nuevos pobres de la pandemia. Los mayores, las familias monoparentales, los jóvenes sin recursos se van sumando al colectivo de invisibles para el periodismo convencional. Son letra pequeña. Que sí, que de vez en cuando hay un lugar para ellos aunque no arrasa en el interés de la audiencia.

Los ancianos. La mitad de las muertes en la segunda ola de la pandemia vuelven a darse en las residencias de mayores. Mónica Zas en ElDiario.es suma, con los datos aportados por las comunidades autónomas, que son 23.125 los ancianos fallecidos en geriátricos. Y ahora mismo hay 137 brotes activos con casi 1.900 contagios. Oímos cosas espeluznantes cuando ya había pasado la ceremonia del horror, pero las investigaciones de la Fiscalía por la gestión en las residencias se desinflan. Dice la de Madrid que la tendencia general es el archivo. Algunas familias han optado por llevar sus denuncias directamente a los tribunales, anotaba Laura Galaup.

Desde luego, no hay un manual de pandemia desconocida que establezca de por vida si es conveniente o no usar mascarilla, pongamos por caso. Pero lo que hemos sabido de la gestión de las residencias en algunas comunidades se pasa largamente de incompetencia. No voy a cansarme de repetir que el gobierno Ayuso no ejecutó ninguna de las tres alternativas que tenía ante el colapso de la red pública de hospitales: ni trasladó a los mayores enfermos al Ifema u otros hospitales (lo prohibió por escrito), ni usó la red hospitalaria privada para atenderlos, ni medicalizó las residencias. Lo vimos entre otras informaciones en las de Manuel Rico con pruebas documentales. ¿No sabían a qué conducían esos protocolos? ¿No oyeron los gritos de los ancianos encerrados? ¿Ni siquiera prestaron atención a lo que vieron y contaron Médicos Sin Fronteras? Miles de ancianos, intensos dolores y angustia, letra pequeña.

Y de adultos. El desastre de la sanidad madrileña desde los tiempos de Esperanza Aguirre desembocó en las manos de un ser como Isabel Díaz Ayuso y su gobierno. El periodista Fernando González “Gonzo”, mostró este domingo la sala de UCI con 16 camas en el hospital Infanta Sofía, en San Sebastián de los Reyes, que permaneció cerrada porque adecuarla era “incompatible con las necesidades inmediatas que marcaba el ritmo de expansión de la pandemia”, dice en la Consejerìa de Sanidad. En su lugar se montó el hospital de campaña de IFEMA para que la presidenta Ayuso saliera en los medios feliz. El programa emitido el domingo en La Sexta, tuvo un récord de audiencia para esta nueva etapa: 1,7 millones de espectadores. Los mismos que “La casa fuerte” en Telecinco. En la 1, 2,3 millones veían a Bruce Willis en El Justiciero.

En este corte pueden oír los gritos del silencio, de 80 enfermos exhaustos y de una de las tres enfermeras que los cuidaban, de su impotencia. Emociona mucho, aviso. Y es real, trágicamente real.

 ¿Y saben que ha dicho el consejero de Sanidad? Vean cómo lo contó un médico.

En la letra gruesa están los bulos incesantes de la prensa. Contra Podemos sobre todo, contra el gobierno progresista en su conjunto. Las quejas de muchos de sus creadores y difusores por la supuesta censura que quiere implantar el gobierno. No importa que sea mandato de la UE, sobre legislación que ya existe y sin capacidad sancionadora. Lo esencial es preservar y consolidar la libertad de calumniar y manipular.

Esteban González Pons, que lo sabe como eurodiputado del PP,  suelta en La Razón: “Solo Rusia tiene un organismo similar al Ministerio de la verdad de Sánchez”. El Gobierno hace una interpretación “inaceptable” de los trabajos europeos, afirma. En la UE inquieta la mala relación del presidente con el Estado de derecho, asegura, y que por ello están en juego los fondos europeos. Es mentira. Todo. En Bruselas no creen que peligre el Estado de Derecho en España y menos por el Gobierno. Lo que preocupa en Bruselas es la deriva de Hungría. Enorme.

Hungría amenaza con vetar el fondo de recuperación europeo porque no quiere que se vinculen las ayudas al respeto al Estado de Derecho que ellos se pasan por el forro. La Vanguardia le dedica artículo y editorial al tema. Gravísimo. Dado lo que el ultraderechista húngaro Viktor Orbán quiere consagrar en Europa. La hipocresía infinita de González Pons, Casado y el PP en su bloque no cuenta con que el periodismo guarda la letra pequeña de sus acciones. En abril, Casado se negó a firmar una carta con 13 partidos del PPE, Partido Popular Europeo, que pidieron expulsar a Orbán de la Unión Europea. Sus medidas autoritarias “diluyen en la práctica el estado de derecho en su país”, argumentan. El PP español lo avala, lo defiende frente a otros y tiene el valor encima de lanzar esas acusaciones contra España que sería víctima de su amigo.  No era la primera vez. En Febrero, como contaba Andrés Gil, el PP de Casado ‘sostuvo’ ya al ultra Orbán mientras se codeaba con los líderes de la extrema derecha europea. En aquella ocasión, lo hicieron otros líderes del PPE que en abril cambiaron de postura.

Publicado en ElDiario.es el 10 de noviembre de 2020

Crónica de un ataque a la democracia

Varias cadenas, ABC, CBS y NBC, cortaron el discurso falaz de Trump. Alienta la reacción de la prensa ante un patente asalto a la democracia. Imprescindible, porque Trump es la caricatura extrema de un patrón de conducta ya implantado en otros lugares.

Rosa María Artal

Ha cuestionado el sistema norteamericano, lanza –sin pruebas- graves acusaciones de fraude electoral, pide detener los recuentos de votos, Donald Trump ha roto todas las barreras. Como era previsible e incluso anunció. Llama a los ciudadanos a “luchar por su presidente”. Acuden muchos de ellos a los colegios electorales hasta con armas en la mano. La Asociación Nacional del Rifle las ofrece sin sutilezas: Ven y tómalas. Steve Bannon, el artífice del triunfo de Trump en 2016, pide que el Dr. Fauci (reconocido experto en enfermedades infeccionas e inmunología) y el director del FBI, Wray, sean decapitados y colgadas sus cabezas en picas “como una advertencia a los burócratas federales”. Un hijo de Trump, Eric, crece en virulencia cuando comparece: habla en bucle de fraude, ha llamado a la “guerra total” y dice que su padre no saldrá de la Casa Blanca. No olvidemos que el magnate actúa en clan como si de un imperio se tratase. Su hija y su yerno han sido a menudo enviados en su nombre a actos internacionales. Para contemplar el cuadro, una tal Paula White, asesora espiritual de la presidencia, reza de esta curiosa manera “para asegurar la reelección de Trump”.

Ninguna sorpresa. Por el contrario, el cumplimiento de las peores predicciones. Nadie ha hecho más daño a los Estados Unidos que Donald Trump. Cada cuatro años, en cada elección, Trump grita fraude y siembra dudas sobre el proceso, incluso el año que ganó, reseña con ejemplos el periodista Johnattan Bilancieri. Si ahora presenta demandas es porque siempre lo hizo. “La idea no era nunca ganar el juicio, sino convertir el proceso en una maraña interminable en la que al rival sólo le quedaba la opción de llegar a un acuerdo extrajudicial para poner fin a la tortura. En 30 años, participó o apareció en 3.500 demandas en los tribunales”, recordaba Iñigo Sáenz de Ugarte. Es una estrategia que comparten dirigentes similares en el mundo. Apunto que la derecha española es también muy aficionada a las querellas y recursos, al uso y mal uso de la justicia como arma política. La triple derecha.

De lo visto, se explica que Donald Trump se haya preparado a conciencia los nombramientos de afines en la Corte Suprema que habrá de dilucidar los litigios. Lo hizo desde que llegó al cargo y ha conseguido tener seis jueces conservadores frente a tres progresistas , en el mayor desnivel de la historia estadounidense desde los convulsos años 30. Es lo mismo que hizo el PP de Mariano Rajoy con la reforma para la elección del Consejo General del Poder Judicial, que es la que el Consejo de Europa ha cuestionado duramente durante siete años. Recordemos también que el PP no cambia de abogados cuando las cosas van mal, sino de jueces. Son daños profundos. Todos ellos.

Si había un pueblo defensor de la democracia como valor incuestionable era el norteamericano, según nos mostraba el cine, las series, la literatura. En ese punto, la ficción, ha sido de los pocos países que ha entrado de lleno en la Casa Blanca y todos los accesos a su poder. En la vida real es constatable. A diferencia de nuevo de un sector notable en España que no siente especial apego por  la democracia. Pero Trump evidencia que, como también recordaba Sáenz de Ugarte en boca del periodista y profesor Fred Kaplan, “quizá esto es lo que somos”. También. Hay, probadamente, 70 millones de seres que se tragan las reiteradas mentiras de Trump. Les recuerdo, al menos han sido 20.000 en su mandato, y que parecen avalar su ejercicio antidemocrático de la política, su misoginia y su racismo. Sí, ellos también son “América”.

A pesar de todo, 69.669.704 personas han votado al Trump de 2020. El mismo día que casi mil muertos engrosaban la cifra de 231.000 víctimas del coronavirus. Una pandemia ante la que el presidente ha tenido una actitud escasamente proclive a su prevención, pese a, según se dijo, haber resultado contagiado. Casi 10 millones de infectados han convertido a EEUU en el país líder en el mundo sin ser el más poblado. Y con un muy deficiente sistema de sanidad pública debido a la concepción ultraliberal del cuidado de la salud.

La televisión norteamericana cambió el rumbo de este desastre. Varias cadenas, ABC, CBS y NBC cortaron el discurso falaz de Trump en la madrugada (para nuestro huso horario) de este viernes. Y otras que sí lo dieron, advirtieron como CNN en un rótulo, que Trump acusaba sin pruebas. Hasta su cadena amiga, Fox, lo ha hecho. Algunos líderes republicanos muestran su malestar también por las acusaciones de fraude vertidas por Trump sin pruebas. En el agónico recuento de votos, en los días de querellas que vendrán, alienta la reacción de la prensa ante un patente asalto a la democracia. Imprescindible, porque Trump es la caricatura extrema de un patrón de conducta ya implantado en otros lugares.

Impensable en España, salvo minoritariamente. Al tiempo que todo este drama sucedía en Estados Unidos, la prensa española convencional se apuntaba a la información capciosa. Las portadas de medios que tan a menudo estampan en ellas mentiras comprobables, hablaban de un plan del Gobierno para vigilar a los medios. En Twitter se abría paso el hashtag “Dictadura”.

El Telediario de las 21.00 de TVE había informado sobre la polémica originada por una ley contra la desinformación. Contaba su origen en una decisión de la UE y la ambigüedad –cierta- de sus objetivos que podrían alcanzar a la lucha contra los bulos. Pero, una vez más, Vox ocupó lugar estelar en la televisión pública estatal: “Vox acusa al Gobierno de censura”. El artículo 20 de la Constitución española garantiza el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Y precisamente Vox prohíbe la asistencia a sus actos y ruedas de prensa a ciertos medios que no le gustan. Vox tiene como asesor a Steve Bannon desde que trasladó su labor de adoctrinamiento ultraderechista a Europa. Así se cierra el círculo que hay que saber y, para saber, contar.   

El programa de subversión de la democracia de la ultraderecha populista, incluye llegar a la calle, a la violencia desestabilizadora camuflada -con escasa credibilidad- de protestas. Porque quienes llaman libertad de expresión a lo que hacen y practican los fascismos y los tratan como iguales a los demócratas, les están haciendo la campaña. Obviando lo que realmente son, y terminan demostrando de una forma u otra. Ultraizquierda no hay en los arcos parlamentarios. Como será que Trump y sus partidarios consideran así a Biden y Harris.

Lo que está ocurriendo con Trump en Estados Unidos amenaza con desequilibrar su país e incluso el planeta. Él y sus seguidores son la “dinamita tras cada puerta” de la que habló en febrero al mítico periodista Bob Woodward. La de Trump está todavía en la Casa Blanca. Pudre instituciones que parecían inquebrantables. Divide a la sociedad. Lanza un ejército de embestidores sin cerebro a defender sus extravíos. Es la crónica del asalto a la democracia de un ser que nunca debió llegar a tener el control de un país democrático. Un ejemplo trágico de lo que puede ocurrir en otros lares. La crónica aporta el contexto y anuncia lo que puede llegar, pero no está escrito ni decidido aún. Algunos pilares se refuerzan para evitar que se cumpla. Todos los demócratas del mundo deben ponerse a ello.

Publicado en ElDiario.es el 6 de noviembre de 2020

La Era Trump de la mentira

Hoy ya no se elige al, siquiera oficiosamente, presidente del mundo como solía ocurrir. La hegemonía absoluta de Estados Unidos en pasadas décadas ha quedado un tanto dispersa. China le planta cara, Rusia sigue inequívocamente presente y el divorcio con Europa es cada vez más hondo. Donald Trump fue su resultado. Y el origen de entender la política como un negocio, con apariencia democrática, en el que cabe toda trampa. Ni mucho menos es Trump el inventor de la mentira como forma de gobierno, pero sí el que la ha consolidado con rotundidad.

Todos mienten, pero Trump es un experto“, publicaba ya en 2017 The New York Times. “Parece haber llevado lo que la escritora Hannah Arendt alguna vez llamó el conflicto entre la verdad y la política a un nivel totalmente nuevo”, alertaban. Y así fue. Bulos, mentiras, fake news, recibieron el aval presidencial para constituirse en una bomba que ha estallado en el cuerpo del propio sistema, alterando partes sensibles. Y lo prueba, ese vallar la Casa Blanca, tapiar los comercios, votar con temor por la violencia que ha desatado la ruptura de valores fundamentales. Incluso temer las trampas del presidente para atrincherarse en el poder. Trump ha sido y es un Atila para la democracia.

Desde Goebbels en los años 30 como símbolo, antes y después, la mentira ha formado parte de la política, a partir de Trump se acepta sin asomo de escrúpulo. Dirigentes desaprensivos en Europa, en España desde luego, la practican con soltura. En alianza con los medios de comunicación en una de las peores etapas de su historia.

Un memorable artículo de Javier Valenzuela de 2018 en Tinta Libre repasaba las mentiras que desde Procopio en el siglo VI al trío de las Azores en 2003, desde el visionario magnate de la prensa amarilla William Randolph Hearst -que prendió la mecha de la guerra de 1898-, a la conspiranoia del 11M de Pedro J. Ramírez en El Mundo han existido y, añado, causado un daño inmenso. Con Trump se dio el pistoletazo de salida para una nueva fase que encuentra un aliado impagable en las redes sociales. Y una sociedad infantilizada en amplios sectores, crédula, que prefiere engullir mentiras a buscar razones a lo que le cuesta entender.

Trump partió su singladura hacia la Casa Blanca con los bulos contra Hillary Clinton en la anterior campaña electoral. Llevaron al ataque a una pizzería buscando “esclavos sexuales” en 2016. Ya presidente, se inventó en 2017 un atentado terrorista en Suecia para justificar su racista veto a los emigrantes, con “Lo que ha pasado esta noche en Suecia. ¡En Suecia!” que nos dejó estupefactos. Mintiendo sin tregua, se le han contabilizado a Donald Trump unas 20.000 mentiras. Al menos son las que se exponen en un mural en Nueva York de 15 metros de largo y 3 de alto, distribuidas por temas y colores. Se calcula que miente en el 69% de lo que dice como mínimo. Y, gane o pierda, veremos que millones de personas lo avalan. De momento, le llevaron a dirigir EEUU durante 4 años.

Pablo Casado en España estrenó su presidencia del Partido Popular mintiendo a saco, como había practicado de portavoz. Al igual que su colega Díaz Ayuso, en algunos casos lo que dicen es un puro dislate pero la mayor parte vienen con una fuerte intencionalidad. Nada más llegar, en 2018, Casado dijo que la Transición fue “un pacto entre ambos bandos” que incluía respetar a Franco. No es cierto, ninguna democracia, por muy imperfecta que sea, incluye admitir y venerar a un dictador pero, tanto el PP como su apéndice Vox y los medios a su servicio, han logrado desfigurar la dictadura con este tipo de declaraciones.

La ley del aborto de 1985 “se hizo por consenso” de PSOE y PP, dijo Casado. Cuando en realidad el PP votó en contra y la recurrió al Constitucional. Sus bulos racistas contra la inmigración –ese clásico de la ultraderecha-  provocaron que ACNUR pidiera a PP y Ciudadanos una reunión en 2018  para aportarles los datos reales y advertirles del daño a los Derechos Humanos que causa falsear los hechos en este tema.  La última, llamar al opositor de ultraderecha Leopoldo López, “El Mandela venezolano” hace saltar los oídos. Con la pandemia lo hacen a diario, incluyendo voces “moderadas” como Ana Pastor Julián o Cuca Gamarra, a quienes no les tiembla la voz para soltar bulos y hasta calumnias contra sus adversarios políticos. Lo de la marca Vox es ya un auténtico delirio de invenciones interesadas.

Sembrar de mentiras la vida real, más allá de las promesas incumplidas, acarrea consecuencias indeseables. No solo es caminar sobre aguas pantanosas, edificar en falso, vivir en la irrealidad, es lo que esta actitud irracional conlleva. La profunda inseguridad que crea sentir falseados los datos de la incidencia del coronavirus, por ejemplo. Y, sin duda está en la causa que ha alentado las teorías negacionistas del coronavirus y de cuanto sus abducidos consideren molesto. Esos medios que mienten en titulares de forma tan flagrante coexisten con programas de ciencia ficción a cuyas fantasías se les da verosimilitud, con las tertulias distorsionados y con los haters enfebrecidos de redes. Es gravísimo lo que ocurre: un cóctel explosivo.

Como Olga Rodríguez, espero que una eventual derrota de Trump, provoque “una importante pérdida de fuelle del populismo neofascista no solo en EEUU, también en Europa”, a pesar de que no cambie las estructuras. La España profunda es tan honda como la América profunda de Trump, y añadimos ese gusto por la corrupción con solera en quienes votan corrupto sin mayor miramiento. Aunque no quede mucho más atrás la de quienes mueven los hilos con trampas allá y más aquí hasta para alterar el curso de la Historia.

Leo en uno de los archivos consultados (el artículo de The New York Times) que un asesor político republicano, Whit Ayres, gustaba decir a sus clientes que existen tres claves para lograr la credibilidad: “Uno, nunca defiendas lo indefendible. Dos, nunca niegues lo innegable. Y tres, nunca mientas”.

Ojalá regresen al menos los tiempos de esas buenas intenciones, o de los votantes que las valoren. 

Publicado en ElDiario.es el 3 de noviembre de 2020

Susto y muerte

Nunca hubo un puente de máscaras, difuntos y santos como éste, tan real. Los fallecidos no pueden ser más ciertos y las caretas caen a poco que se raspe, mostrando algunas dignidades en esqueleto que sí dan mucho miedo

Rosa María Artal

Extraña fiesta llega en la noche de este sábado para morirse de miedo y de gozo con la muerte como eje. Eso parece ser el Halloween que los sajones han ido extendiendo por el mundo. De origen celta, apocopa la expresión “All Hallows evening” para encontrarnos con la misma idea de la religiosa Víspera de Todos los Santos, “tan nuestra”, que dirían. Puente de muerte, en un año de muerte, y de lucha por vivir buscando salidas en dificultad que agrava el desconcierto.

Como si nada ocurriera, vuelven a anunciar la fiesta que parece irrenunciable. “Para pasarlo de miedo en Madrid no hacen falta más de seis personas” cuenta uno de los portavoces oficiales de nuestra peculiar derecha. Díaz Ayuso ha autorizado esas reuniones a seis “no convivientes” que, eso sí, habrán de permanecer de jolgorio o refocile hasta las claras del día. De 00.00 a 6.00 no se sale (si no han vuelto a cambiar las normas). En diversas localidades confinadas, habilitan también medidas de seguridad para ir a los cementerios a visitar las tumbas de los seres queridos. Vivimos una normalidad asustada que intenta seguir con lo de siempre y choca con la evidencia de que no puede ser.

Nunca hubo un puente de máscaras, difuntos y santos como éste, tan real. Los fallecidos no pueden ser más ciertos y las caretas caen a poco que se raspe, mostrando algunas dignidades en esqueleto que sí dan mucho miedo. Desde el 14 de marzo, incluso desde primeros de año, estamos celebrando el Halloween, el pánico, el terror a diario, de una pandemia mundial y de malignos locales con vocación carroñera. Demasiados trucos con tratos bajo mano, bajo el cordón que ata y ata firme. Este año la disyuntiva en oferta es, más que susto o muerte, susto y muerte, según en qué manos se caiga.

Leo que venden disfraces “con descuentos espeluznantes”. Maléfica, niña tenebrosa, arpía ataviada de mesa camilla en el papel de hechicera vudú. Todas las brujas y todos los demonios. Payasos asesinos, enmascarados de Joker, matan la verdad y todo resquicio de ella. Semillas diabólicas son sembradas en campos proclives donde crece esa sociedad de muertos vivientes. Un universo social zombi los mantiene en sus puestos. Para verlos, sin miedo, y enfrentarlos tratando de salir indemnes de la casa de los horrores.

También se brinda esperanza en el esfuerzo. A cara descubierta, la realidad mantiene a sanitarios agobiados por la avalancha de contagios que pronto volverá a dejarles sin medios suficientes y no abandonan, sin embargo. A los profesores. A cuantos nos cuidan. A políticos que sí trabajan por el bien común, porque no es cierta la interesada etiqueta de que todos son iguales. No son “los políticos”, son algunos políticos. No son “los periodistas” quienes fallan, son ciertos periodistas inciertos.

Dice una voz en Canal Sur televisión que hay en Sevilla dos millones de contagiados por COVID-191 Es un lapsus, pero hasta los lapsus tienen un número de veces que pasan de ser admisibles. En el periódico de un tertuliano disfrazado de periodista, oyen las voces de una UE en alerta, que entrecomillan sin dar nombres de personas, únicos seres que hablan. Se oye en realidad a Pablo Casado sembrando discordia hacia el Gobierno que él mismo perturba con el horizonte de gestionar 140.000 millones de euros pendientes de asignación.

La presidenta de Madrid, muy aficionada al truco que desbarata tratos, oye voces. Lo dijo en su comparecencia con los presidentes de Castilla-La Mancha y Castilla León. Son las de sus expertos. Estos le aseguran que el confinamiento no sirve para nada. Dando un salto con pértiga sobre los datos de la primera oleada. Ella confina por días y el Gobierno de España le deja hacer. ¿Por qué? El supino hartazgo que todos padecemos, es cierto, no justifica dejar a más de seis millones y medio de personas en esa indefensión. Los ancianos muertos en los geriátricos, sin ser trasladados siquiera al hospital, 7.291, ya no lo cuentan. Y no pasa nada. Porque una cosa es un virus sin remedios conocidos, las carencias del sistema de salud tras la poda con tijera neoliberal, y otra no dar ni la oportunidad de atención siquiera. Y así seguimos denunciándolo, disfrazados de voz que clama contra un muro.

Casi 40 millones de personas confinadas, perimetralmente solo, en el puente del Halloween y los difuntos y los santos. Y no solo en España, Francia, Alemania, Italia andan por sendas parecidas. Temiendo por el futuro económico en las restricciones de tan larga pandemia, aunque alguna garantía ofrece no tener gobiernos para la usura cubriendo todo el territorio. El PIB español registra un crecimiento histórico del 16,7% en el tercer trimestre, empujado por el consumo. No echemos las campanas al vuelo, sin embargo la travesía no es fácil con estas turbulencias.

Sustos intensos, muertes auténticas que andan prendidas en nuestras emociones. La enfermedad sobrevolando para caer en un descuido o en las puertas que les abren y distribuyen los zombis escupiendo sobre todos. Miedos lógicos. A veces los conjuros son tan elementales como contratar sanitarios en vez de palabras huecas, potenciar el transporte público para viajar sin riesgos o elegir a personas capaces y honestas para la gestión y echarlas si no funcionan.

El terror atrae a muchas personas, en el cine, en la literatura, en fiestas como la de Halloween. Quizás este año suma demasiado con los motivos reales tan sobrecogedores. Las muertes de seres y cosas, como diversión, como miedo. 

La vida, siempre la vida. Hasta con sustos. En lo más profundo encontraremos vestuario de energía para seguirla amando y luchando por ella.

Publicado en ElDiario.es el 30 de octubre de 2020https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/susto-muerte_129_6376339.html

Se estrella un Covid-19 y mueren 267 persona

En realidad, 267 personas muertas es el balance de víctimas del coronavirus durante las últimas 24 horas en España, cifra récord desde las desescalada. En el fin de semana fueron 279. Si hubieran viajado en el Boeing 787 Dreamliner, en ruta Miami-Madrid -que dispone de esa capacidad para albergarlos-, todas las portadas nos hablarían de la tragedia. Radios y televisiones tendrían informadores apostados en el Aeropuerto de Barajas para contarnos las vidas truncadas de cada uno de los pasajeros y nos mostrarían el drama, las protestas, la histeria, de los viajeros detenidos en la terminal al no poder subir a bordo en sus vuelos hasta que no se recojan los restos esparcidos de los muertos. Así funciona esta sociedad y quienes la educan.

Este símil lo empleamos en el primer impacto de la pandemia –la ola que nunca terminó y ahora se agrava-. Y conviene recordarlo como impactante imagen visual. En la terminal, hoy, políticos de la oposición –como Casado y Feijóo-, portavoces mediáticos del clan, empresarios… se muestran críticos y airados por no poder embarcar, a todo ritmo, en eso que llaman “la economía”. Es su prioridad. Hosteleros se manifiestan en el exterior por la misma causa.

Pero esto no es siquiera un accidente puntual. Durante la semana pasada han sido 628 muertos por coronavirus, como dos aviones escacharrados. Según datos oficiales, la pandemia deja ya un balance de 35.000 víctimas mortales en España y más de un millón de infectados. Y se nota una clara reactivación: el récord de contagios se batió de viernes a domingo, con 52.888 registros.

Crece la pandemia otra vez en Europa y en América y prácticamente en todas partes, salvo unas pocas excepciones, y por similares causas. El millón de casos lo compartimos con varios países, algunos de mucha mayor población. En cabeza, EEUU, que se acerca ya a los 9 millones de contagios y ha visto morir a 225.700 personas. Es que COVID-19 es el causante del fallecimiento de 1.159.708 personas, al menos.

Y esta variable, la pandemia de coronavirus, es la que no parece entrar en las protestas por las medidas de prevención –menores para lo que sería necesario- de los adalides de “la economía”.  Periodistas serios se preguntan “si tampoco se pudo prever esta segunda ola”. Son de la cuerda de los que escribieron que “nos dábamos una tregua durante el verano”. Lo peor es que el coronavirus no se enteró. Tal como algunos previmos, en atención a datos y tendencias, por ganar el verano se iban a perder varias estaciones. Y encima no se ganó verano alguno. Maldita suerte de país que basó su economía en el turismo, y lo puso completo en la misma cesta de huevos que el coronavirus ha pisoteado. La temporada veraniega ha sido un desastre. No en Asturias, por ejemplo, que tenía entonces una bajísima tasa de contagios. Pero ya en julio se aportaban datos rotundos: el turismo sufrió su peor verano con un 75% menos de viajeros extranjeros.

A la “tregua” del verano se apuntó hasta la UE, que urgió a abrir fronteras. Pero los más responsables con su salud se lo pensaron dos veces. Todos los países sufrieron un drástico descenso de turistas, y así siguen y confinando de nuevo. Prácticamente vacías de viajeros continúan capitales tan punteras como París o Roma. Otros países disponen de modelos productivos más diversificados, pero la paralización mundial que ha traído el virus también les ha lastrado.

La relajación del verano se ha pagado cara. Pero la gente “se cansaba” del coronavirus y había que reactivar la economía. En España, el Banco de Santander hacía campaña con nuestro tenista de fama internacional Rafa Nadal. Los Reyes se pasearon por distintos lugares, hasta al Barrio de las Tres Mil Viviendas de Sevilla fueron o al tradicional Benidorm, y con trajes de rebajas Letizia, como destacaban las crónicas.

La curva de contagios, que había descendido a cero incluso, fue volviendo a subir. Y ahora protestan porque a muchos pobres ciudadanos no les avisaron de que la pandemia no había acabado. Nadie dijo que lo hubiera hecho, nadie desde el Gobierno. En junio, Fernando Simón recomendó no cambiar de provincia salvo que fuera necesario aunque el 21 acabara el estado de alarma. Es cierto que el presidente Sánchez comentó que no había que “dejarse atenazar por el miedo a los rebrotes” y era importante recuperar la economía pero añadió también que habría que aprender a convivir con el virus. Se convive con lo que vive, lógicamente. Las presiones eran y son enormes, y hasta lógicas, pero no podemos ni siquiera autoengañarnos: el COVID-19 enferma y mata y más cuando confluyen una serie de factores indeseables. El sistema sanitario español ya no está entre los más eficientes del mundo, debido a la salvaje poda que le propinó el Partido Popular para empezar.

La prensa conservadora ataca con el Estado de alarma diciendo, a la vista de todos que, si se implanta es una “dictadura constitucional”, para pasar a convertirse en dejación de funciones si lo asumen las Comunidades como pidieron. Ahora se vuelve a negar su necesidad. Aunque a ratos y por zonas. La gresca siempre a punto. Cada prórroga del estado de alarma era un parto con fórceps. Sesiones en el Congreso, cuajadas de insultos, hablando hasta de ETA y Venezuela y no de soluciones. La salud de los ciudadanos como algo secundario. En el debate de la moción de propaganda de Vox, los portavoces demostraron un infrecuente nivel político, pero en este tema se mezclan intereses más prosaicos: básicamente, defender “la economía” de unos agentes determinados, y ver de tumbar al Gobierno y hacerse con la gestión de los 140.000 millones de ayuda de la UE.

La Comunidad de Madrid, una vez más por desgracia, se evidencia como ejemplo de los intereses perseguidos. El gobierno de Ayuso no buscó dotar a la sanidad pública de personal o contratar rastreadores, sino construir un hospital en tres meses, en el terreno que le dejó un fiasco de su exjefa Esperanza Aguirre. Y dando negocio a los empresarios habituales: once constructoras –entre ellas Dragados o Ferrovial – para batir un récord… de rapidez. Porque los médicos y personal de enfermería los va a sacar desvistiendo otros hospitales de estos profesionales imprescindibles. Esto es utilizar dinero público para propiciar el negocio privado sin dar seguridad de eficacia en la función de salud que se le supone.

Y ahora otra vez el horizonte de las Navidades. Alemania cancela el mundialmente famoso mercado navideño de Nuremberg por la pandemia, pero en España no se pueden perder las Navidades. ¿La vida, sí? ¿De quiénes? ¿De los que no tienen más remedio que trasladarse en transporte público atestado de gente? ¿O de quienes tienen que seguir trabajando sin los medios precisos en la sanidad de todos o en los centros educativos? ¿O de las víctimas de aquellos que se quieren divertir y… contagiar al que le toque? ¿O de los que acuden a fiestas de forma tan irresponsable? Terrible lamparón asistir al festejo de Pedro J. Ramírez, como hicieron con nula prudencia cuatro ministros y una vicepresidenta del PSOE, la plana mayor del PP y numerosas celebridades del poder.

El confinamiento nocturno es una medida simbólica, supongo, dada la poca gente a la que afecta. Lo que bajó la curva anterior fue recluirse en casa y parar actividades no esenciales. Pero, ciertamente, es una decisión muy difícil por los perjuicios que también causa. Económicos y hasta emocionales. Y menos mal que contamos con un gobierno progresista que se ocupa de las personas. El proyecto de Presupuestos aprobado este martes lo demuestra, para su pase a Congreso y Senado. Realmente progresista, hay 3.000 millones más para sanidad pública entre otras partidas de similar tendencia. En particular, las destinadas a reconvertir el sistema productivo como la transición tecnológica. El PP los rechaza. Bueno, el conservador británico Boris Johnson se niega hasta a financiar las comidas de escolares en riesgo de pasar hambre.

Dar garantías de salud, reales, en la atención médica, en el transporte, en los trabajos, o ver de retomar la educación de los afectados por el virus de la idiocia, ayudarían a no tener que imponer las medidas más drásticas. Algo grave le ocurre a una sociedad cuando se mete entre decenas de personas, pegados unos a otros, para tomar copas… o para comprarse algo tan poco esencial como una colección de velas o un paquete de servilletas de papel, con la mirada fija en el objetivo sin ver nada más alrededor. Cuando no se entera ni de lo que le conviene, cuando no ve ni a quienes les usan y dañan.

El coronavirus sigue aquí, aunque algunos no quieran asumirlo. Ha cambiado tanto la sociedad que no se volverá a “lo de antes”. Algunos negocios no van a tener continuidad porque es prescindible su necesidad, habrá otros. Tendremos que hablar de ello. De momento, van a seguir despegando los aviones COVID-19 y alguno se estrellará como mucho en dos días, o en uno solo, mañana, y al otro y al otro. Con seguridad. Vuelen a la sensatez y eviten subirse al aparato maldito. Voluntariamente o, de no haber otro remedio, exigiendo al menos medidas de protección eficaces.

*Publicado en ElDiario.es el 27-1o-2020

Hay vida detrás del ruido

Es casi imposible creer en un cambio real del PP, al que se perdonan gestiones desleales en el exterior o la inmensa bolsa de sus corrupciones. Romper con Vox es romper con Vox. En las alianzas sin duda, y el PP no va a hacerlo.

La moción de propaganda le salió a Vox por la culata guerrera. La gran sorpresa fue asistir a un debate parlamentario de una altura casi desconocida. Esta vez no eran las grescas estériles para dar audiencia al espectáculo, se sustentaban asuntos serios que se clarificaron. La principal novedad y esperanza es que bajo el ruido hay vida. Y hay que aflorarla.

El aspirante a presidente quedó triturado por sí mismo. La imagen de aferrarse al estrado, subiendo una y otra vez para responder hasta a los suspiros imperceptibles, era el mejor resumen de su derrota. Como en una obra de varios finales, salía una y otra vez para prolongar su efímero protagonismo. En varios registros emocionales, que concluían con una cita sobre valentía y cicatrices extraída del acervo cultural del partido. Resultó ser del actor chino Bruce Lee, como paradoja.

El plato fuerte llegó cuando Pablo Casado escenificó el presunto giro al centro del PP y “rompió con Vox” “rompió los puentes sin vuelta de hoja“, para “devolver el orgullo al PP” y “¡ganar la moción de censura!”. La que Vox había presentado al gobierno progresista de Pedro Sánchez, sí. La que dio el mayor apoyo de la historia a un presidente en similar tesitura. Siquiera por rechazo al oponente. Ahí llegó una de las primeras revelaciones de la sesión: el centro añorado es una fuerza centrípeta que, impulsada por los intérpretes de la realidad, nos envuelve y arrastra en su giro para no ver más allá de la centrifugadora. Es comprensible hasta un sano entusiasmo ante el “nuevo” Casado, por la necesidad que España tiene de una derecha nacional homologable y civilizada, europea, pero el PP no lo es por el momento y la experiencia nos aboca a deducir que difícilmente lo será.

Es decir: hay vida tras el ruido y, cuando quiere, hasta Pablo Casado es capaz de hacer un brillante discurso en el que demuestra saber lo que es una derecha democrática y honesta. Es curioso cómo a los políticos de esa ideología conservadora y neoliberal se les da ese título –además de otros- con unos minutos de discurso, y a los de izquierda no les bastan ni años de ideas y obras. Hay que aposentar las palabras antes de otorgarles carta de certeza. Y admirar el trato que dispensa la madrastra a los hijos propios que difiere del que da a los hijastros.

De hecho, el giro al centro de Casado le duró apenas cinco minutos, cuando Pablo Iglesias, como vicepresidente, le situó ante unas cuantas realidades. Porque endulzado en halagos y cuando todavía el presidente del PP sonreía, le dijo “ustedes no son una derechita cobarde”, relatando los ejemplos que van desde los recursos ante el Tribunal Constitucional, a aplicar con mano de hierro la austeridad recortando los servicios básicos, o desde crear una policía política contra sus adversarios a bloquear la renovación de las instituciones. Y el Casado de siempre volvió en el acto, hablando de financiaciones irregulares e imputaciones inexistentes, desde un PP tan tocado por la corrupción auténtica.

Inmediatamente declararon en el PP que la oferta para renovar el Consejo del Poder Judicial que hacía Sánchez pasaba por que esté fuera de la negociación la parte que más les molesta del Gobierno. Por cierto, las críticas del Consejo de Europa a la reforma que se había planteado se habían servido un tanto adulteradas. La principal censura del GRECO ha sido durante años a la reforma del PP de Rajoy.

Eso sí, Pablo Casado fue tajante con Vox: “Hasta aquí hemos llegado”, dijo. Aunque según se mire, porque puede gobernar sin  problemas en Madrid, Andalucía y Murcia. Un Abascal titubeante garantizó que, pese a esa ingratitud, no rompería los gobiernos y que bastaba con que Casado le diera las gracias. Lo primero es lo primero en los pactos de gestión de las tres derechas.

Europa flotaba sobre el cambio de actitud verbal de Casado. Abascal había insultado a la UE y a Merkel. Y eso no puede ser cuando España está pendiente de recibir los famosos 140.000 millones para la reconstrucción. Casado, el nuevo centrista, acaba de reunirse con embajadores de la UE para sembrar la desconfianza en el Gobierno de España. Pero sí parece haber entendido, como le recordó Iglesias precisamente, lo mal que se vería en la Unión Europea un gobierno conservador aquí apoyado por la ultraderecha. Abascal estaba especialmente quejoso de Angela Merkel, que pone cordones sanitarios a gente como su partido.

Es casi imposible creer en un cambio real del PP,  al que se perdonan gestiones desleales en el exterior o la inmensa bolsa de sus corrupciones. Romper con Vox es romper con Vox. En las alianzas sin duda, y el PP no va a hacerlo. No se vislumbra por tanto que no siga oyendo a Vox para derribar la memoria de los demócratas (Madrid) o firmando contra la prevención de la violencia de género (Andalucía) o contra la educación (Murcia). Y que mantenga en Madrid a la autoproclamada oposición al Gobierno de España, Isabel Díaz Ayuso que, a la misma hora del debate, decía que Unidas Podemos basan sus políticas de infancia en “abortar a espaldas de los padres” y llegar a casa “solas y borrachas“. El Ciudadanos de Arrimadas ha quedado residual en la moción, y pide “altura de miras” a Vox para mantener los pactos autonómicos. En Andalucía, el vicepresidente Juan Marín se muestra preocupado por la pelea de las derechas en la capital. Y en Madrid, Ayuso ha pasado de contar a Ciudadanos sus medidas restrictivas para la pandemia. Se han enterado en la rueda de prensa.   

Hoy, sin embargo, vemos que la derecha sabe que la senda ultra no le conviene. Probablemente hará lo mismo, pero con educación. O al revés: mantendrá el insulto mientras colabora en lo que le venga bien. Nos ha hecho mucho daño el ruido. Los ecos han llegado lejos, incluso para leer en Le Figaro, de un buen corresponsal, que España es el enfermo de Europa y hasta echa el cierre a los tablaos flamencos

Lo que escuchamos en el debate nos aleja de los tópicos sobre España. Discursos de una altura casi inédita en el Congreso. Un Pedro Sánchez con mesura, ideas y hasta ironía suave para recordar la gestión demostrada por el candidato a sucederlo. Oímos hablar de la vida real. De una economía vapuleada por la pandemia, como todas o más que todas por las fallas estructurales de España, que se dispone a abordar con este gobierno otros modelos más avanzados y acordes a las necesidades del tiempo presente.

Oímos a mujeres portavoces responder al machismo casposo de los ultras. Hablar de proyectos tangibles y “de los sueños que cruzan generaciones de mujeres que sueñan”. De una sociedad que busca ampliar sus derechos civiles. De robustecer el Estado del Bienestar, de la modernización del sistema educativo como clave para un futuro mejor. De la renovación tecnológica. Ideas sin crispación que aislaban los gritos de la intolerancia. Una España centrífuga que ha de expandir lo que realmente es y puede ser. Y muy necesaria para el difícil momento que vivimos cuando, a todos los problemas, se añade una grave reactivación de los contagios por coronavirus.

Porque constatamos también que la España oscura es más pequeña de lo que parece cuando nos la sirven digerida los medios y periodistas a su servicio, o demasiado cómodos para salir de la visión dominante. Por eso, a pesar de tantos y tan intensos intentos de desestabilización, no terminan de conseguir su objetivo.

El postdebate –y a falta de instrucciones concretas del más allá- nos muestra un paisaje mediático inquieto. Predomina la exaltación de un Pablo Casado que gana, como la leyenda del Cid, una moción contra otro, pero no falta la cloaca pura y dura, para quien es ETA hasta el PP. Desahuciados de Vox buscan en el líder excelso de la derecha un engrosamiento viril de su voz desatado el nudo de su antiguo tono aflautado. Lean, no es broma. Incluso hay quien, por los nervios quizás, quitan el sonido de la retransmisión y creen mudos a los que hablan. Y es que evadirse de lo que no se quiere saber o lo que daña es tan simple como cortar el acceso. Los ciudadanos responsables de su futuro deberían primar sus propias conclusiones sobre la comodidad de las interpretaciones, especialmente si se advierten sesgadas.

Hay futuro tras el ruido y, a pesar de los graves desafíos que nos circundan, cabe hasta el humor y algunos gramos de constructiva esperanza.

Publicado en Eldiarioes el 23 de octubre de 2020

Moción de propaganda

Si Vox ha crecido con la propaganda, si su moción es propaganda, la medicina que hay que aplicar es algo muy cercano al silencio: respuestas mínimas, información escueta. Y no será así

Lo llaman moción de censura, pero es una oportunidad inigualable de propaganda gratuita. No tiene ninguna posibilidad de prosperar en la votación, pero hay un entramado que facilitará sus planes. El show de Vox en el Congreso no tiene otro fin que publicitar la doctrina ultraderechista de la formación y ver de socavar a los rivales ( socios incluidos).

Un cúmulo de despropósitos llevaron a la extrema derecha franquista al Congreso en número suficiente de diputados para poder organizar estos saraos. La repetición de las elecciones de abril de 2019, a ver si el PSOE lograba por fin una mayoría que le librara de apoyos molestos. Cosa que no iba a ocurrir en seis meses, pero que consiguió doblar los diputados ultras. Un desnortado PP en manos de Pablo Casado, tutelado por Aznar, con un plantel de figuras de derribo, mentiroso hasta el sonrojo, y tan radical que resulta indistinguible de Vox.

Como factor esencial de la propagación del virus ultraderechista en España está el brazo mediático que, por ideología o en busca de audiencia sin escrúpulos, apoyó y apoya al partido de Abascal. Hay diarios que estos días actúan como oficinas de prensa de Vox mientras radios y televisiones, con TVE a la cabeza, los tienen casi a diario en pantalla. En general, la apuesta por los conservadores es abrumadora en los medios convencionales.

Demostración fehaciente, este martes. La hora de La 1, tras entrevistar en los últimos días a Esperanza Aguirre, Cayetana Álvarez de Toledo, Rocío Monasterio o Espinosa de los Monteros, ha protagonizado esta escandalosa entrevista a Cuca Gabarra, portavoz del PP de Casado, en un alarde de extremismo descarado como para competir con Vox.

Aún ha caldeado más el ambiente el PP por la tarde a través de la senadora Adela Pedrosa, al interpelar con inusitada violencia a la ministra de Igualdad, Irene Montero, en un ataque personal inadmisible. El PP ha establecido una pugna con Vox a ver quién insultaba con peores modos, dado que el partido de Abascal también ha vejado a Pablo Iglesias.

Por supuesto el auge de los fascismos en una tendencia mundial que se aprovecha de las crisis, causando alta preocupación en las democracias. La ultraderecha preside países tan potentes como EEUU y Brasil. En Europa la tenemos en cinco gobiernos y 22 parlamentos, incluido el de la UE. Se encuentra en declive sin embargo en Alemania o Italia con datos actualizados. Grecia ha juzgado y sentenciado hasta con 13 años de cárcel a la cúpula de los neonazis de Amanecer Dorado, claro que este caso se han probado incluso cargos de asesinato.

La ultraderecha ha llegado a manipular la historia. El fascismo es el responsable de la II Guerra mundial y toda su carga de destrucción y muerte. Y le han dado la vuelta al punto de meter en cabezas poco exigentes que fueron otras ideologías las culpables. Los nuevos fascismos no son iguales que aquellos, admiten de base las reglas de juego que les llevan a los parlamentos, pero su doctrina preconiza ideas incompatibles con la democracia y los DDHH. Sobre todo la desigualdad entre las personas, racismo, machismo. Ése es el problema y es muy grave, la democracia no debería dar cabida a quienes la atacan en contra del conjunto de la sociedad y el fascismo es la única ideología que lo propugna.

Los métodos de la ultraderecha actual son explícitos: usan la manipulación de las emociones que suscitan irracionalidad y odio, y los bulos y fake news como método de desestabilización. Ese cóctel que hace saltar a sus adeptos como una plaga de pirañas hambrientas. Tener que explicar a estas alturas qué es el fascismo o qué fue la dictadura franquista es realmente trágico. “Los pueblos que desconocen su historia se condenan a repetirla”, dice el viejo adagio. Y el nuestro es un ejemplo sin igual.

Se toman a broma las bravuconadas de Vox, del PP tan cercano, pero, como escribía aquí Olga Rodríguez, hay que desechar la tentación de jugar con el fuego de Vox porque “cuando la crispación se enciende existe el riesgo de que traspase los límites previstos”. Así ha venido haciendo. Porque, de hecho, no es solo Vox quien hoy actúa en el Congreso, son los brazos mediáticos y del poder judicial a favor de una derecha extrema, poco escrupulosa con los instrumentos a emplear.

La derecha española no tiene nada que ver con la alemana, la francesa o la sueca, no es inequívocamente antifascista como ellas. Algunos países europeos han establecido un cordón sanitario que evita las alianzas con los ultras a costa de perder gobiernos en ocasiones. Por el contrario, en España, el PP y Ciudadanos gobiernan con el apoyo de Vox en Madrid, Andalucía y Murcia. España tiene una derecha claramente antifascista sin embargo: el PNV. Las fuerzas democráticas unidas mantienen en el País Vasco un cordón sanitario a Vox que entró con un escaño en su parlamento, “una pica en Flandes” dijo Abascal. Han reducido sus tiempos de intervención y de presentación de iniciativas, algunos no debaten siquiera con ellos. Se cuenta poco, casualmente. Algunos priman las reacciones de Vox convertido en sujeto de la noticia. Y no nos equivoquemos, no es “fascista” frenar al fascismo, lo hacen países muy serios y convencidos de su daño.

Porque luego está la propaganda mediática: “No es verdad que como la ultraderecha tiene 52 diputados haya que darle amplia presencia en la televisión pública. Salvo Hungría, en pocos países se otorga tanta cancha a los mensajes de la ultraderecha en los medios del Estado”, escribía Juan Tortosa, hace meses, basado en informes internacionales.

La ambigüedad mantenida por el PP sobre la propia moción le dañará en favor de sus socios de Vox. El gobierno progresista saldrá reforzado, dicen, a un alto precio en crispación social. Con una pandemia que se reactiva, con una crisis económica fruto de múltiples errores de pasado y presente, hemos de soportar esta astracanada que quita tiempo y energías. Convertido ya el Congreso en un circo, el show de Vox tendrá un eco desmedido los medios afines. Habrá risas de superioridad y reforzamiento de fans poco amantes de la reflexión y la democracia. Superar el enorme emplasto de impunidades fascistas durante décadas, de deseducación de una parte de la sociedad, no se logra en un día. La democracia se mama como la vida y se la cuida como algo valioso.

Ahora bien, si Vox ha crecido con la propaganda, si su moción es propaganda, la medicina que hay que aplicar es algo muy cercano al silencio: respuestas mínimas, información escueta. Y no va a ser así. En las actitudes mantenidas tendrán los ciudadanos la guía de en qué lugar están todos..

*Publicado en ElDiario.es el 20 de octubre de 2020

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