Los atascos llegan a la cima del mundo

Filas interminables de escaladores que quieren coronar El Everest, la montaña más alta del planeta Tierra, situada en la cordillera del Himalaya, entre la República Popular China y Nepal. Son 8.848 metros de altitud. Una proeza para deportistas muy entrenados que ahora se ha masificado. Allí vemos cordadas de hasta 200 personas queriendo cumplir ese sueño. Es tal la aglomeración, que 11 personas han muerto en el intento, según los últimos balances que se actualizan cada poco. Está siendo uno de los nuevos símbolos de la sociedad en la que vivimos.

Los expertos relatan que llegar a lo más alto del Everest exige una adaptación paulatina a los límites de oxígeno en altura. Lleva como mínimo dos o tres meses ir aclimatándose en diversos campamentos. El Everest a su alcance, masticado. La comercialización del fenómeno ha propiciado atajos. De un lado tenemos el deseo de una serie de humanos de conseguir metas poco accesibles, la simplificación de los procedimientos, no informarse bien de en quién se confía, no prever las consecuencias y, del otro lado, hacer negocio con un buen trabajo… o con un mal trabajo.

La foto la tomó, alarmado, el alpinista nepalí Nirmal Purja. Se vio literalmente tropellado por la marabunta tal como relató a El País. Han llegado a poner bombonas de oxígeno a los clientes, en lugar de aguardar su acomodación progresiva a las circunstancias ambientales. Las marchas de varias cordadas juntas, al ritmo del más lento, terminan en ocasiones agotando el aire embotellado. Añadan atasco puro y duro que obliga a esperar hasta dos horas para llegar a la cumbre.  La mayor parte de las víctimas han sido por insuficiencia respiratoria. Se relatan espectáculos puramente dantescos.

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Mientras tanto, en la Fosa de las Marianas, ubicada en el Océano Pacífico, el lugar que pasa por ser el más profundo del mundo 10.927 metros–, un submarinista ha encontrado una bolsa de plástico. Hasta ahí ha llegado la basura no degradable que consume la población masificada.

Somos víctimas de este siglo peculiar en el que la población mundial ha alcanzado los 7.700 millones de personas. Asia cuenta con 4.600 millones en un crecimiento espectacular. Europa con 800 y un ritmo mucho más lento. En 1987 el mundo celebró con gran énfasis el nacimiento del niño 5.000 millones de la Tierra. El escritor uruguayo Mario Benedetti le dedicó a ese hipotético niño un poema deduciendo por calculo que probabilidades que le tocaría pasar hambre, el hambre de su madre y de sus ancestros. En Informe Semanal me tocó hacer un reportaje in situ en el Hospital de la Paz con conexiones durante todo el programa con Ramón Colom, el director y presentador, para ver nacer a una niña, la vida real, en un programa salpicado de datos. La población mundial se ha incrementado desde entonces más de un 50%.

Hay menos inseguridad, sin embargo, que en las sucesivas masificaciones de la historia. Se ha democratizado el acceso a bienes. Al turismo. El turismo nació por hacerse más asequible a la población viajar,  privilegio del que disfrutaban prioritariamente los ricos. Los que veraneaban de por vida, hasta que el resto empezó a hacer vacaciones. Hay una diferencia fundamental entre veranear e irse de vacaciones.

De ahí, llegar al Everest. De ahí, organizar atascos mortales. De ahí, tener que cerrar el Museo del Louvre en París por las protestas del servicio de seguridad que se siente incapaz de contener las avalanchas de visitantes, como acaba de ocurrir esta semana. O el haber convertido en una fila tras otra la contemplación de muchos monumentos de enorme valor estético. La Alhambra de Granada se ve así, en fila, en masa. Aquella en la que, hasta hace no muchos años, nos paseábamos para sentarnos un rato en el alfeizar de alguna ventana contemplando el exterior, como lo hicieran sus primitivos inquilinos. Lo positivo es que la belleza esté al alcance de tantos; lo negativo, el cómo.

¿Se ve aún al mirar? Esas grandes afluencias, cámara o móvil en mano, para captar el momento. Llegan, bajan de algún vehículo, fotografían, difunden, siguen. Ven a través del visor que siempre interpone una pantalla, un obstáculo. ¿Cómo harán en lo alto del Everest para lograr un ángulo en el que mostrarse épicos ganadores de la cima sin que entren en la imagen el tumulto humano que les acompaña? Se podría pensar que es la fila para entrar a un concierto de rock, en exceso abrigados.  Se diría que el nuevo ciudadano del Siglo XXI precisa imperiosamente mostrarse. Cuanto hace, especialmente sus hazañas.

¿Mostrar sin reflexionar?  No se entiende que en un mundo masificado se vote, se elija, el liberalismo salvaje del sálvese el que pueda en lugar de tejer una red social que dé cobertura. Porque nos dicen que “no hay para todos”. No aclaran que no hay… para todos los que no son ese 1% que acumula tanto dinero como el resto de la población mundial. Que no llega lo que se produce para alimentar lo suficiente a cuantos lo precisan porque se especula con la comida y se presiona con el hambre.

¿Se piensa aún? Los atascos han llegado a las neuronas. La candidata que por las sumas y restas de votos y segmentos ideológicos cuenta con más posibilidades de ser presidenta de la Comunidad de Madrid es Isabel Díaz-Ayuso, del Partido Popular. Una apasionada de los atascos, por cierto. Un cometido anterior la ascendió en el escalafón: llevaba en Twitter la cuenta de Pecas, el perro de Esperanza Aguirre. Es casi un sarcasmo, un atasco de la cordura.

Tobogan "de la muerte", Estepona, Málaga.
Tobogan “de la muerte”, Estepona, Málaga.

El alcalde en funciones y candidato a la reelección a la Alcaldía de Estepona (Málaga) ha sido el más votado de España entre municipios mayores de 50.000 habitantes. Más aún que Abel Caballero, del PSOE, en Vigo que se dijo ostentaba el récord. José María García Urbano, del PP, logró el 69,04% de los votos emitidos en la localidad y, con ese porcentaje, 21 de los 25 concejales. Este venerado edil fue el que puso en marcha un tobogán conocido como “el de la muerte”.  Se trataba de cubrir un desnivel entre calles para bajar sin esfuerzo (a diferencia de las escaleras, los toboganes solo sirven para bajar). Y se construyó  demasiado vertical. Con todos los parabienes técnicos. Y no funcionó. Hubo de ser clausurado por los varios heridos causados en su breve espacio de funcionamiento. Los vecinos han desagraviado a su alcalde con esa masiva votación. El humorista Gila lo hubiera contado mejor que nadie, lo que han disfrutado a pesar de las lesiones.

Y el Estado español, tras dos elecciones sin mayorías absolutas en general. Se atascan los egos, las rivalidades, las prepotencias, los desprecios, los agravios. La eterna constante de los días. La paciencia.

Una población que crece diversa e indiscriminadamente. No habrá trabajo para todos. No habrá ingresos para todos. Al menos mientras no se alivien siquiera las desigualdades. Una ciudadanía que a veces mira tanto que no ve. Y le cuesta relacionar hechos con consecuencias. Que se atasca por llegar a cimas en masa. Que vive anudada a la cuerda del grupo. Que muere por nada. Cuando el dolor y la felicidad se experimentan de uno en uno. Y todavía se buscan y se encuentran lugares donde disfrutar sin colapsos. En un mundo en el que, bien repartido, caben todos.

Un pacto PSOE y Ciudadanos sobre el desplome de Podemos

El poder acaricia conseguir el pleno. El dios de las urnas puede convertir en realidad sus sueños más acariciados. PSOE y Ciudadanos bajan las líneas rojas que impedían los acuerdos. El presidente de la CEOE lo llama el triunfo de la moderación. El Banco de Santander ya dijo, al día siguiente de las elecciones generales, que un acuerdo PSOE-Cs caería mejor en los mercados. Todo va confluyendo hacia el asentamiento del socioliberalismo. Unidas Podemos se ha desplomado en las municipales y autonómicas. Hay planes tan perfectos que parecen diseñados.  Añadan que debemos darnos por contentos dado que se atenúa la amenaza de la ultraderecha neta. De los populismos que prefieren decir, dulcificándolos.

En apenas 24 horas, nos encontramos, como verán aquí, con que Pedro Sánchez se ha ido a ver al presidente francés Emmanuel Macron en busca de una alianza entre socialdemócratas y liberales. El PSOE enfría la coalición con Podemos y presiona a Ciudadanos. Cs crea un comité para alianzas y se abre a pactar con el PSOE. Las diferentes portavocías mediáticas recalcan que los ciudadanos han puesto a cada uno en su lugar y, con fuerte énfasis, que Unidas Podemos ha salido muy debilitado. Eso es cierto, preciso que recalcan. Metan en el paquete a nacionalistas, a ser posible asimilados con Vox –que ya es asimilar- y sírvase el pastel. Miel sobre hojuelas.

Ocurre, sin embargo, que este tipo de planes en su conjunto suelen tener sus fisuras como viene acreditando la historia. Ciudadanos ya ha advertido que se aviene a negociar como lo hace la derecha: con rendición incondicional. Al punto que “exigirán en sus pactos con líderes del PSOE que renieguen por escrito de las políticas de Sánchez y apoyen el 155”. Claro que Ciudadanos se desdice con suma facilidad cuando le conviene.

   Más Madrid, la plataforma que formó como alcaldesa Manuela Carmena,  promovida en su día por Podemos, ha perdido 15.000 votos. Ha sido el PSOE, que presentaba al entrenador de baloncesto Pepu Hernández, el que se ha dejado más: 25.000, aunque no se destaca. Lo tremendo es que al PP se le han ido casi 169.000 y es su candidato el que puede ser alcalde. El golpe duro es la pérdida del ayuntamiento de la capital. Y señalar sus culpables. Y sus soluciones.  Quién no firmaría, nos vienen a decir, una alcaldesa como Begoña Villacís, de Ciudadanos, a cambio de alejar a Vox, y de compensar con la presidencia de la Comunidad a Ángel Gabilondo, del PSOE. Villacís pasa por la derecha a Vox, pero el mal menor es una tradición en nuestro país.

   El PSOE venía dilatando el acuerdo de gobierno estatal con Unidas Podemos hasta después de las elecciones locales. UP sigue teniendo 3.700.000 votos para el Congreso pero el resultado municipal les lastra, se asegura. El primero Pedro Sánchez que ha pedido a Iglesias reconsidere su postura de un gobierno de coalición, tras “lo que ha pasado” el 26M.

Para que esta situación tan idílica para el poder se produjera fue necesaria previamente la debacle del partido que lidera desde el principio Pablo Iglesias. A la que han contribuido ataques desde el exterior y desde el interior de grueso calibre. Las cloacas del Estado maquinando acusaciones falsas contra rivales políticos son algo que ninguna democracia se permitiría, pero este país lo ha engullido como normal. Sobre las rupturas y traiciones internas cada cual, parece, tiene su opinión. Se suceden acaloradas discusiones sobre el tema, incluso públicamente en las redes sociales. En cualquier caso no hay un único y absoluto culpable.

En la noche electoral, Íñigo Errejón salió diciendo “Ha nacido una izquierda diferente que ha devuelto la esperanza”.  Errejón, el brillante político que conocimos, pareció sufrir una transmutación. Como si Manuela Carmena se le hubiera aparecido en una zarza. A Carmena se la añora ya, y más será cuando vuelvan los atascos y la contaminación  y cuanto adora la derecha. Trabajó por un Madrid más humano, aunque su indudable viraje le restó apoyos en ese sector de la ciudadanía a quien importan esas actitudes. Los barrios del sur se han sentido peor tratadosque los del centro. La abstención de aquellos a los que defraudó ha sido decisiva en el resultado. Muy ajustado por cierto. La desolación de hoy indica que no se previó lo que se pasaba.

   En la política convertida en partido de fútbol apenas caben los argumentos. Los sentimientos fundamentados, sí. En el relato de lo acontecido desde el 15M de 2011 vemos un masivo movimiento de repulsa ciudadana a las injusticias del orden establecido. Podemos no creó ese movimiento, lo recogió. Y las políticas sociales le deben mucho. Especialmente desde el día en el que la carambola perfecta apoyó la moción de censura a Rajoy que llevó al líder del PSOE a la Moncloa. Pedro Sánchez no hubiera sido presidente sin la decidida actitud de Pablo Iglesias –buena parte de sus rivales ya no estaban-.

  El gobierno del PP y sus cloacas policiales y mediáticas se dedicaron a fondo a destruir a los líderes de Podemos, con especial hincapié en el secretario General. Era osado, destacaba su ego sobre todos los egos,  ocasionó agravios y llevaba coleta. Hasta eso pesó, hay gente muy conservadora, muy cuadriculada en asuntos de estética. El chalet hipotecado en la Sierra se convirtió en “casoplón” a diferencia de otros, mucho más suntuosos de diversos políticos. Los medios de la familia hicieron el resto. Con un trato desigual donde los haya. Entiéndanme. Por encima de simpatías y antipatías, debe existir en las personas decentes un respeto prioritario por la justicia y la verdad. Y Pablo Iglesias no lo ha tenido. Y no tolerar esto entra, más que en los sentimientos, en el terreno de los principios éticos.

Es difícil ya remontar semejante campaña. Apenas cabría otra cosa que resetear  el partido y evitar que entren de nuevo “troyanos”.  Claro que el propio Pedro Sánchez demostró cómo el coraje puede remontar la adversidad. Lo hizo desde el fondo de la más sucia jugada. Le echaron los mismos que siempre quisieron este acuerdo socioliberal con Ciudadanos que ahora se quiere reeditar, a pesar de la manifiesta antipatía que se profesan los líderes implicados: Sánchez y Rivera.

  Los votantes del PSOE, sin embargo, siempre han ido por delante de sus líderes. Apoyaron al Sánchez del “no es no” –a la investidura de Rajoy que sin él se consumó- y le ayudaron a  volver a la secretaría general empujándole en su nado contracorriente. En las elecciones de hace un mes, temerosos de los designios inapelables del poder, regresaron a Ferraz y advirtieron: “Con Rivera, no”. Y ahí estamos.

     El acuerdo con Errejon hubiera sido más fácil que con el proscritoPablo Iglesias. Podía haber sido vicepresidente de un gobierno de coalición con el PSOE de Sánchez, si no le hubiera podido la prisa, como formuló Pedro Vallín, periodista de la Vanguardia. Ya no es nada moderno, vaya por dios, ocuparse como objetivo rotundo de los desfavorecidos, ocultos bajo esa crisis superada (especialmente entre los creadores de opinión). Toda la izquierda bendecida tiende al socioliberalismo.

  Ciudadanos es liberalismo agudo. Villacís se parece más a Esperanza a Aguirre que a la Carmena a la que puso todo tipo de trabas. Su cruzada es contra los vendedores del top manta, no contra los abusos del poder. Y así esparcen su ideología por el territorio nacional. Albert Rivera muestra evidencias de marcado tinte autoritario. No ha logrado superar al PP. Y está cada día más crispado. Ha sido obligado a virar de opinión tantas veces que ha quedado torcido. Atentos a cómo Inés Arrimadas, nueva portavoz del Congreso, ha dulcificado –a ratos- su actitud. Atentos.

  Ampliemos el campo de mira. Europa se felicita porque la ultraderecha no haya logrado sobrepasar el 33% del Parlamento europeo al que aspiraban, “solo” han crecido hasta el 22%. Eso al parecer es un éxito.  El PSOE español es el partido socialdemócrata más votado. Nos venden como un avance que Sánchez vaya a ver a Macron. En límites críticos de popularidad, el presidente centrista francés se ha visto superado en votos por la extrema derecha de Le Pen. Tiene la protesta en pie de guerra en la calle, con una brutalidad irracional, hija de hartazgos absolutos. Su liberalismo no les sirve a los franceses. A veces la realidad se escapa por las fisuras de los planes ideales.  Y merece la pena tenerla en cuenta.

Quienes celebran alborozados el hundimiento de Unidas Podemos tienen una visión muy corta o muy interesada de la realidad. El socioliberalismo es una entelequia en el que la segunda parte engulle a la primera. No hay izquierda moderna y bucólica cuando los problemas de millones de personas persisten por mucho que se las ignore. La pobreza más repartida no deja de ser pobreza. Las políticas sociales y progresistas siguen siendo de imperiosa necesidad. La realidad no desaparece mirando para otro lado.

Queda mucho por ver.  Y será la imprescindible alianza del PSOE con otros partidos  -está en minoría- la que marque el signo de las futuras políticas radicalmente.

*Publicado en eldiarioes 29/05/2019

Esto va de nuestras vidas

Llegamos al final de este interminable periodo electoral, exhaustos. Hemos recorrido años de continua campaña hasta este tramo desde las generales a hoy. Particularmente, desde que el centro izquierda osó derribar a la derecha de Rajoy por una más que justificada moción de censura basada en la corrupción del PP. Nos vemos a término de trayecto, a principio de trayecto. De otro que, con seguridad, viene ya marcado por nuevos intentos de la ya muy escorada triple derecha por cuestionar el poder adquirido en las urnas y tumbarlo con marrullerías. Es algo así como Al final de la escapada, una película mítica del francés Jean-Luc Godard, con vividores a ras de suelo y altruistas con ideales por alcanzar, sinvergüenzas e ingenuos, amores y muertes, que acaba À bout de souffleSin aliento, como dice su título original. Así estamos  los españoles.

Se habla mucho ahora de las historias. Es lo que atrapa la atención. Nada une más, ni las banderas, que una buena historia.  La nuestra se ha poblado de seres como los de À bout de souffle que vienen a ser los de la mayoría de las historias. No son ficción, nunca lo son. Tampoco sus tramas y sus objetivos. No cabe mayor realidad que la vida de toda una sociedad. Las elecciones nos convocan a elegir quiénes se van a ocupar de tan importante cometido. Y, comprobamos, sin aliento, que la política española se nos ha llenado de grotescos mequetrefes  que pueden gobernar. Indigeribles mamarrachos, guiados por claros intereses. En todo un entramado que hace política también desde la propaganda disfrazada de información. Y da la sensación que a veces desde la judicatura.

Por supuesto que hay políticos altruistas imbuidos de espíritu de servicio a la sociedad, se les nota. Y periodistas y medios rigurosos, gracias a eso se desmantelan algunos montajes. Pero sí es cierto que nos hallamos en la última etapa de una larga carrera con demasiados accidentes que exceden el ámbito de la lucha legítima y limpia por el poder. Y que dependerá de la ciudadanía el rumbo que tomen los acontecimientos. También desde el ineludible, preferible, voto en las municipales, autonómicas y europeas. Todas ellas con sus circuitos de poder y gestión decisivos.

En octubre de 2018, ya alarmaba la necedad de los nuevos líderes de la derecha. Se había alumbrado un preocupante modelo de político: un ser desinhibido, cínico, mentiroso compulsivo, irresponsable, con escasas luces, profundamente inculto y conservador hasta las médula, comenté en un artículo. Y solo era el principio. De aquel Pablo Casado que celebraba la Hispanidad como el hito más importante de la humanidad, solo comparable a la romanización, hemos desembocado en candidatos como Díaz Ayuso, Martínez Almeida, Álvarez de Toledo.

Del Rivera que llamaba “podemización” al Estado del Bienestar simple y puro, a él mismo insultando a los vascos que no le veneran, en sus propios pueblos. Y sembrando candidatos de susto. Esa concejala que, en la serie de cartelitos para la cámara, saca una foto de Lenin torcido y habla que dan ganas de meterse debajo de una mesa. O ese alto cargo de Coca Cola, muñidor del ERE, Marcos de Quinto, que millonario él y pagando impuestos fuera, se va a la puerta del Sol de Madrid a acusar a los manteros. A los vendedores del top manta. En serio.

Vox llegaba en octubre –amplificado por decenas de cámaras y altavoces- con el brindis de los Tercios de Flandes: “Que el traidor a España no encuentre perdón”, según contaba muy  emocionado El Español de Pedro J. Ramírez. Ahora ya tiene 24 escaños en el Congreso y ha hecho bulo sus malsanas obsesiones con las feministas feas, la zoofilia o la homosexualidad. Sus testas más preeminentes difunden que se enseñan en los colegios. El objetivo es lograr titulares. Lo aconsejan sus propios manuales.

En Septiembre de 2016 el mapa europeo de la extrema derecha dejaba fuera a España debido a su “ínfimo peso” en nuestro país. El lunes ya podemos empezar a  estudiar y resolver que pasó en estos menos de tres años. Partiendo de los movimientos de la internacional fascista, sin duda, y el descomunal apoyo mediático que han recibido. Cómo se infló a conciencia esta anomalía democrática.

En la izquierda o centro izquierda, al margen de movimientos magdalenienses, las cosas han estado más calmadas. Los que dan juego mediático –audiencia, dinero- son esa tropa de esperpentos, máquinas de mentir, crispar y sembrar odio de la derecha. Los debates, sin tiempo para exponer y confrontar la mínima idea, se han basado en los zascas de las tertulias y el ridículo risible de los más descaminados. ¿Cómo es posible que hayan presentado a esos candidatos? Nos preguntamos. Porque la gente se sienta a verlos como en un espectáculo y lo comenta como el chascarrillo del día.  Las tertulias han formateado la política y la sociedad, a la parte susceptible a esa influencia. La que luego se desparrama en bulos por WhatsApp.

La cruzada de la derecha contra el gobierno y la mayoría progresista de las Cortes se ha centrado desde la formación del Congreso el martes en la inhabilitación como parlamentarios de los presos independentistas catalanes encarcelados. Tras un juego de ping pong entre el Tribunal Supremo y la presidencia del Congreso, la Mesa -visto el informe de los letrados, no basado en el reglamento– , se ha decantado por suspender como diputados a  Junqueras, Sánchez, Rull y Turull. Con el rechazo, únicamente, de Unidas Podemos.

De nada han servido los argumentos. “No cabe la suspensión pretendida, al menos no hasta el dictado de la sentencia condenatoria”, escribía el abogado Gonzalo Boye. “El Supremo no puede transferir su responsabilidad a nadie. También así se atenta contra la división de poderes”, decía el catedrático Javier Pérez Royo. Se han saltado el suplicatorio y la votación en el Pleno. Y les retiran a ellos y a sus decenas de miles de votantes sus derechos políticos. Sin juicio. Y con la turbia sensación que emana de lo que está sucediendo. Será muy difícil explicarlo en Europa donde ni siquiera han considerado delito lo que mantiene en prisión a estos diputados. Esto forma parte de esta carrera de obstáculos que nos llevan a este final… sin aliento.

La derecha apretaba fuerte, con amenazas continuas hasta de derribar y llevar a los tribunales a la recién nombrada presidenta del Congreso Meritxell Batet. Es un arma que se juega a fondo desde el populismo conservador y ultranacionalista de Ciudadanos y Partido Popular. Pero la masa se enardece con el tema como en el Circo Romano, al punto que Catalunya es punto clave de los debates para las elecciones europeas o de las municipales en pueblos de la otra punta del país. Lo peor es que ceder solo es la antesala de ceder más.

Quedan muchos escollos por pasar, mucha basura que limpiar. Asquea ver de continuo muestras de la España sucia e impune que soborna a sus dirigentes sanitarios en algunos hospitales especialmente proclives  según ha declarado la propia multinacional alemana que los corrompió. Saber que la Iglesia gasta sin control fiscal más de la mitad de los mil millones de su presupuesto por sus acuerdos con el Estado.  La defensa del impago de impuestos, a compensar con la caridad de los señoritos que de antiguo esquilman a todos los ‘Paco el bajo’ que se presten.

La sociedad española estuvo a la altura de las circunstancias hace un mes en las generales. Consciente del peligro que nos acechaba salió a votar y, de entrada, frenó a la ultraderecha. Puso al PP de la corrupción y los despropósitos en el lugar que le iba correspondiendo, con el mayor varapalo de su historia. La mitad de diputados, casi dos tercios menos de senadores. Y  el Ciudadanos de la crispación y los montapollos no recogió la caída de sus correligionarios. Esperemos que la sociedad no se relaje en la nueva cita electoral. La última por un tiempo, es de esperar, aunque la bronca continúe.

Sin aliento, À bout de souffle, los esperpentos, los vividores, los soñadores, los comprometidos con la verdad y con el servicio al bien común. Hay que elegir. Lo que está en juego no es una historia para entretener al personal ni llenar bolsillos equis. No iremos al circo con las paridas de los esperpentos políticos. Esto va de nuestras vidas. A veces lo olvidamos.

*Publicado en eldiarioes 26/5/2019

Una relación oblicua con la verdad

La frase la dijo Ángel Gabilondo, candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid por el PSOE, en un debate electoral. Iba dirigida a Ignacio Aguado, de Ciudadanos, pero le encaja como un guante a las tres derechas españolas. Mantienen una relación sesgada, torcida, con la verdad. Como catedrático de Filosofía, antes de entrar en política Gabilondo impartía clases de Metafísica, Hermenéutica y Teorías de la Retórica y de Pensamiento Francés Contemporáneo. Hay un abismo alucinado entre Gabilondo -incluso entre una joven progresista como Isa Serra en el debate de Telemadrid que yo vi-, y esas criaturas voraces y depredadoras en las que ha degenerado la derecha española. Ése es uno de nuestros principales problemas, de todos los ciudadanos.

Tienen una relación oblicua con la verdad. Es decir, mienten como bellacos, para entendernos, como seres sin escrúpulos. Una y otra vez.  Sustentan sus éxitos en datos falsos o inexactos con el fin de embaucar a la ciudadanía y aprovecharse de su buena fe o su estupidez. La sociedad precisa  soluciones que se relacionen de forma recta con la verdad, directa. Las necesidades se cubren con realidades, no con cuentos.

Las tres derechas se manifiestan de forma similar, lo hacen sus líderes nacionales en los debates. Sus mentiras son extrapolables allá donde hablen. No es lo mismo tener deudas que no y cuando  Díaz Ayuso (PP) miente al decir que “Madrid es la región menos endeudada de España” cuenta con un presupuesto irreal. Miente de hecho, con enorme frecuencia. Vox parece basar su propaganda en falacias, doblemente peligrosas, al entrar de lleno en temas esenciales como sanidad, educación, o derechos. Vean la respuesta de un cirujano, destacado defensor de la sanidad pública, a las mentiras de Monasterio que han encontrado un público.

Aguado, como el resto de portavoces de Ciudadanos, ha tomado el papel más agresivo en la pugna por liderar la derecha. Con múltiples datos falsos que se exhiben en patéticos cartelitos. Es mentira que Gabilondo le diera “el mayor tajo a la educación en España” como afirma. Por el contrario  las becas universitarias “subieron a los 1.500 millones de euros. Sigue siendo el récord histórico en España, aún por superar”, escribe Ignacio Escolar, director de eldiario.es en este nuevo recuento de engaños. Añade que, por el contrario, “la Comunidad de Madrid es la que menos gasta por alumno de toda España, aun siendo la más rica”. Así funcionan. Para su auditorio.

Algo muy grave ocurre cuando los medios han establecido detectores para las mentiras de los políticos como sección fija. Y cuando la sociedad víctima de sus falacias no reacciona como sería lo natural. Llama la atención ese rasgarse las vestiduras por si se usan formas diferentes en la sesión inaugural de la legislatura, y se vea tan poca alarma por las mentiras que utilizan los políticos que tienen mucha mayor trascendencia en la vida social. Algunas falsedades nos han salido muy caras. Las de José María Aznar y la guerra de Irak, por ejemplo. La gran mentira que le costó la vida a muchos ciudadanos. Y desde ahí, elijan en todos los campos. 

Caminar sobre la mentira es hacerlo sobre un cenagal de arenas movedizas. Plantar una estructura de vida sobre ese suelo conduce al fracaso. Es ir a la despensa, a colegios y universidades, a hospitales, creyendo que se nutren de lo necesario y no encontrarlo. Enfilar un objetivo consultando un mapa en que faltan datos esenciales. Conducirse con el GPS o la brújula averiados y toparse con una verdad indeseada que hubiera precisado conocimientos previos para afrontarla. Y, por encima de todo, está dando la confianza en asuntos esenciales a gente que no lo merece, capaces de engañar a quien sea por lograr sus objetivos personales.  Ya sé que mentir se entiende como un juego político, ese es el problema. El juego es entre políticos indecentes o con la moral laxa.

Y los medios de sus empresas S.A. o limitadas en la ética. Siguen las portadas, los artículos, desde los más zafios a los medidos y titulados a conveniencia del proyecto. Proclive a la derecha o en el mejor de los casos al “sistema”.  Al que da de comer a sus corporaciones y a ellos mismos. Cada noche, Gonzalo Semprún recopila primeras y segundas páginas en Twitter. Simplemente echen un vistazo para deducir, en verdad, para quién o para qué trabajan muchos de ellos y si tienen una relación oblicua o directa con la verdad. Hay mucho poder municipal y autonómico en juego.

Se dice que la derecha española es la única en Europa que no venció al fascismo. Lo cierto es que comulgó con el franquismo, se fundó en el franquismo. Y nunca se ha limpiado. Hasta regresar a este momento en el que nos plantan en las instituciones a la ultraderecha oficial otra vez. La imagen de diputados de Vox en el Congreso al abrirse la legislatura es dolorosa al límite. Y a la derecha de los Casado y Rivera no les molesta. A casi nadie ya. Los han colocado en las pantallas, en los debates, como una opción más. El artículo de Iñigo Sáenz de Ugarte, aquí, señala esos debates, como “un escaparate para las ideas xenófobas de Vox sin que los demás candidatos creyeran necesario contestarlo”. Las diatribas sobre espejos equidistantes es otra de las falacias de este momento.

Está inscrito ya en la costumbre y tradiciones de la derecha española y asimilados usar lo que llaman mentiras piadosas. Enmascarar la realidad, dilatar en el mejor de los casos lo que en todo caso llegará, privando al afectado de los medios que hubiera necesitado para preverlo. Desde pequeños. Educa mejor el carácter y la conciencia explicarle a un niño, con palabras acordes a su edad, por qué no puede beberse un vaso de champú que engañarle con que lo hará más tarde.

Y sin embargo falsear la realidad es un recurso ampliamente utilizado. Aquella película, La vida es bella, de Roberto Benigni, Oscar de 1997, que tanto gustó, lo mostraba a la perfección. El padre ahorró al hijo pequeño algunos tránsitos del fascismo para acabar de bruces en él y huérfano de toda mano. Estaba basada en un hecho real. Aquel niño sobrevivió y vivió hasta los 91 años. ¿Por el sacrificio del padre? No. Por azar. No suele haber relación causa/efecto en casi ningún paño caliente. Al contrario, incluso.

La vida vuelve a teñirse de peligrosas sombras de fascismo, y no es nada bella la idea. Se afrontan mejor con la verdad, sin duda. Cuesta entender las mentiras interesadas y la tibieza y la indefinición. Desde el rigor y el coraje.

Una delgada línea de separación entre mundos casi opuestos. Aquí y ahora, nos vemos inmersos en la veta española. La derecha tiene una relación oblicua con la verdad, porque, en muchos casos, tiene una relación oblicua con la democracia.

 

*Publicado en eldiarioes 21/05/2019

El PP en ruina y demolición

Es de imaginar la escena. El patriarca de la familia de rancio abolengo –alta cuna, baja cama, diría Cecilia– reúne a sus miembros y, con gesto circunspecto, expone la situación de quiebra. “Andrea, tienes que dejar el escaño. Hay que repartir lo poco que queda, y José Ignacio y Mari Mar necesitan un sueldo”. El drama del PP es que la lucha ya no es siquiera por el poder sino por las gachas de cada día. O el jamón “pata negra”, entendámonos. El Partido Popular ha obtenido solo 66 diputados –la mayor debacle de su historia–, perdiendo 68 respecto a 2016 en el Congreso. En el Senado se han dejado 74 escaños, 74 sueldos menos. Más otros cargos que se derivaban de ellos. Demasiado ERE de golpe. En dinero son 257.430 euros al mes en ayudas públicas para, entre otras cosas, pagar a sus 451 empleados.

La pérdida de tanto poder implica que ya no hay puertas giratorias para todos. No todos pueden colocarse bien y menos con el futuro que se les avecina. El economista Daniel Lacalle, que ha renunciado a su escaño, tiene la vida resuelta en sus muchos empleos y asesorías. Iba para ministro de Economía y sentarse en una silla del Congreso no es lo mismo. Mari Mar Blanco, que quedó fuera, no encontraría, en cambio, nada mejor. Y Echániz, el consejero de Sanidad de Cospedal que desmembró la pública en Castilla-La Mancha, es muy querido en la casa y tenía un asunto pendiente de sus tiempos en el gobierno de Gallardón en Madrid. El acta de diputado le libraría, de momento, de ser imputado en la Operación Lezo. Para ello iba en el puesto número 8 por Madrid, nadie pensaba que no fuera a salir.

Andrea Levy sacrifica su carrera ascendente. Su puesto como concejala de Madrid está asegurado al ir en el número 2 para apoyar la liviana candidatura de Martínez Almeida y le hacen dejar el acta de diputada en el Congreso. Levy es una política fiel al partido, sin reparar en nada. Le pidió Rajoy ir a apoyar la reelección de Baltar en Ourense y allí se plantó pese a un turbio asunto que podríamos denominar sexual y laboral del cacique gallego.

La carambola o jugada maestra ha sido convocar elecciones generales apenas un mes antes de las municipales, autonómicas y europeas. El PP tenía que gestionar su derrota en el Congreso y el Senado para no seguir perdiendo votos también en los comicios de mayo. Otra debacle en ayuntamientos y comunidades autónomas sería dramática. Y en las europeas, que son las mejor remuneradas. Pero parecen incapaces de cambiar el rumbo. No se puede con los candidatos que han presentado.  Inexplicablemente, como si no hubiera nadie más.

El PP ha emprendido una carrera suicida a la mentira y el despropósito que ahora enarbolan Díaz Ayuso y Martínez Almeida en Madrid, con la inestimable ayuda de Cayetana Álvarez de Toledo, a quien le ha sabido a poco quedarse como única diputada del PP en toda Catalunya. La penúltima de la insólita candidata Díaz Ayuso la ha llevado a decir que “el PSOE necesita multiplicar la pobreza para vivir de ella” porque  están “en contra de quienes peor lo pasan”. Esto, después de ejercer el PP durante un cuarto de siglo como ‘el régimen de Madrid’, con los datos que sintetizaba Ignacio Escolar, da idea del personaje.

El suelo español se llena de ejemplos. Hemos visto hasta renegar de la marca PP.  Comprensible, en el donostiarra Borja Sémper, pero chirría al máximo en el caso de Xavier García Albiol, que ve hundirse el barco y demuestra no ser de los que se quedan a mantener el estandarte, con lo mucho que debe al partido.

Pablo Casado tiene bula, porque la tiene el PP, y aún han de reorganizar su salida. Por mucho que sea el caos en el partido, la ruina la ven con claridad. Hay que apretarse el cinturón y con la mayor discreción posible, tarea en la que cuentan con los medios informativos de la empresa. Una demolición como la que está atravesando el Partido Popular, con estas renuncias tan evidentes, tan de salvar los muebles, apenas ha sido destacada en la prensa generalista. Van en el mismo barco.

Comparemos el tratamiento dado al PSOE cuando las baronías y vieja guardia se reventaron a Pedro Sánchez a pocos días de cumplir el objetivo de dar el gobierno a Mariano Rajoy. Los más abyectos insultos eran para el secretario general, acosado por no cumplir las normas interiores y exteriores. O con las crisis de Podemos, amplificadas hasta el infinito y en la eterna letanía de su pérdida de votos. El PP de Casado se ha quedado en menos de la mitad de los escaños del Congreso y en el Senado ha sido una razia. ¿No es extraña la delicadeza con la que se aborda su caso? No hay puertas giratorias para tanto desocupado, ni –en su caso- sobres que lo alivien.

Los navajazos por las esquinas deben de ser para hacer una saga. Casado se hizo con el triunfo por el odio que despertaba entre muchos de sus compañeros Soraya Sáenz de Santamaría. Mucho más lista o mejor informada, por cierto, en hacerse con un empleo de lujo antes de las elecciones. Este PP, el de Casado, es hijo del que presidían Rajoy y Aznar, que nadie lo dude. La corrupción y los desvaríos comenzaron hace muchos años. Y, como todas las épocas de días de vino y rosas, acaban en derrota. De alguien, al menos. Más aún, el desastre del PP es el de la derecha española, ha contagiado incluso a quienes obraban con rigor en este desbarajuste.

Ciudadanos sufre también el lastre de la deriva de todos ellos hacia la extrema derecha. No ha recogido los votos perdidos por el PP apenas. Y lo saben, pese a sus proclamas. Se nota. Albert Rivera aparece cada vez más tenso, histriónico e hiperventilado. Contagiado del ayusismo incluso. Insistiendo en pactos de Sánchez “con los separatistas” –inexistentes hoy, miren la composición de la Mesa del Congreso– o con “los podemitas” o como guste llamarlos. Parece incapaz de entender que son opciones políticas legítimas y democráticas, lo que no ocurre con sus asociados –de facto– en Andalucía, o donde surja, de Vox. Villacís ha dicho que no tiene ningún problema en pactar con ellos la alcaldía en Madrid. Lo mismo que muchos otros candidatos de Ciudadanos y el PP. Vox les ha fagocitado porque se abrieron a las ideas que forman parte de su ADN también. La caricatura, peligrosa caricatura, de la derecha.

No está boyante Vox tampoco. Empieza a verse cómo funciona el pacto de la triple derecha en Andalucía, el laboratorio de pruebas. El gobierno de PP y Ciudadanos, apoyado por Vox, ha bajado impuestos a los ricos, pagan a 38 altos cargos la ‘casa gratis’ que querían suprimir desde la oposición y no se cortan en lanzar duros ataques a los derechos sociales y las libertades. En particular, los de la mujer o la Memoria Histórica. La UE no entiende esas alianzas, menos en el caso de Ciudadanos, a quienes vendieron con otra etiqueta.

La derecha, en estado de ruina y probable demolición. Sus líderes se encuentran en la cuerda floja. Habrán de operar cambios. La familia del PP reparte lo que va quedando. Con la cabeza alta y soberbia de Álvarez de Toledo, la sonrisa estirada en mueca de Pablo Casado o los ojos desvariados y lengua desatada de Díaz Ayuso. Pero todavía hay mucho interesado en que este nefasto equipo siga en las cuotas de poder que le queden. Y, sobre todo, mucho Paco ‘el Bajo’ y mucha Régula, nada santos inocentes, dóciles sirvientes de las tradiciones que marcan los señoritos sin el menor cuestionamiento.

 

 

*Publicado en eldiarioes 17/05/2019

Va por ti, 15M

Siempre en la encrucijada decisiva. Con más voz que peso. Con más silencio, cuando se apaga. La ciudadanía española se despierta a ver si esta vez no la sepulta la costumbre, todas las costumbres. Aquel 15 de mayo de 2011 era como siempre San Isidro, la fiesta del patrón de Madrid. Las dos Españas. Las rosquillas convivieron esta vez con la indignación sosegada de las plazas.

En el mando oficioso del mundo, reinaba Barak Obama con su Premio Nobel de la Paz en la estantería de la Casa Blanca. Obama, Bruselas en pleno, el FMI, habían conminado a Zapatero a realizar “reformas” neoliberales en España. Lo que nos faltaba, aplastados como estábamos por la burbuja inmobiliaria y seculares deterioros. Hoy tenemos a Donald Trump en ese trono. Preparando guerras donde gastar lo invertido en armamento. Sus preferencias actuales –Venezuelas aparte se decantan por confrontar con Irán. Ya tiene desplegado poderío marítimo en la zona y dicen en The New York Times que los planes incluyen el envío de 120.000 efectivos. La UE rechaza la escalada bélica del trumpismo pero ya veremos. El presidente imposible suele salirse con la suya. España ha tomado la iniciativa de retirar la fragata “Méndez Nuñez” a un alto coste. “Se arriesga a pagar un precio político, militar y sobre todo comercial”, escribe Jesús A.Nuñez. Quedarse también tiene notables riesgos. Trump es el riesgo. Y Europa ya no es aquella del 2011 que acogotaba la tijera de Merkel, ahora extiende sus garras la ultraderecha filofascista. Precisamente,Trump y Orban la sellan en Washington en temible alianza.

No queríamos ser mercancía en manos de políticos y banqueros aquel 15M. Lo somos. Y peor aún sería de no haber sufrido la derecha la catarsis que, arrojándoles a un agujero negro, nos ha servido esta purria de impresentables líderes. La indignación de las plazas entre tanto se desmembró en los diversos imperios de la coma que no encaja o los egos por domesticar. Incluso por el desencanto. Los establecidos con etiqueta progresista nunca perdonaron la rebelión y el cuestionamiento de su poder.

Bajo la égida del PP de Mariano Rajoy, convertido en “el deseado” hoy a tenor de lo que vino, sufrimos mayores quebrantos. En sanidad pública, en educación. La Reforma laboral logró sus objetivos: sueldos más bajos, menos derechos, trabajo más precario. Y sigue en vigor. Huyeron en masa de España los jóvenes en busca de empleo. Y no han vuelto. Los que se quedaron viven un viacrucis. España es el segundo país europeo con más becarios: dos de cada diez tiene más de 30 años. Se dieron hachazos brutales a la investigación y a la cultura, y ahí seguimos. Podía ser peor. Se dan pasos positivos como el aumento del salario mínimo a 900 euros, pero queda buscar bienes mayores e ir superando el eterno mal menor.

Ideológicamente, la marcha atrás desde 2011 propició alientos indeseados: la ultraderecha emergió orgullosa de aquellas cloacas nutridas por un franquismo que nunca se erradicó.

Cartel del 15M
Cartel del 15M

“I don’t believe you”. “No te creo”, no creo en ti, un vacío blanco sobre fondo de sangre. Pero el toro, la caza y las pistolas regresan con fuerza, con la que les alienta y les permitimos, en las nostalgias de la España empeñada en atascarse. El torero Morante de la Puebla lo rubrica secando las lágrimas de un animal torturado y herido, antes de matarlo. Qué gesto, dicen los aficionados al sádico espectáculo. Ha ocurrido en la Feria de Sevilla. Maldita crueldad ante el miedo y el dolor que provocan lágrimas hasta en un toro. “I don´t believe you”.

Frente a la involución, los avances. El feminismo emergió como nunca en este período. Acosado por el Trump que no cesa y todas la manadas sueltas. Las mujeres somos fuerza decisiva si se ahuyentan los cantos de sirena de las que, desde la política, trabajan a favor del machismo. Son las menos. Tal vez.

Desde aquel 15M, la justicia hizo caer –o fue más evidente la careta de los grandes corruptos, quizás no de todos. Convirtió en mercancía también la libertad de algunas personas incómodas. El periodismo independiente se asentó dejando en evidencia al que está al servicio del poder. No a todo, tampoco. San Isidro es muy persistente. El pobre labrador, no me malinterpreten, no tiene culpa de repoblar el mes de las fiestas madrileñas más castizas, casi siempre con unas elecciones que aprovechar.

En 2011 leíamos al premio nobel de economía Joseph Stiglitz, a Naomí Klein con sus alertas decisivas, a José Luis Sampedro y a Stéphane Hessel. Hoy Juan Ramón Rallo marca tendencias y repite que alguien es mentiroso. Se destacan sin matices y fisuras los logros de Donald Trump en los Estados Unidos. Aunque persistan focos de pobreza extrema contada por millones de personas. Y nos cuenten desde allí que los trabajadores de la mayor cadena de supermercados, Walmart, cobran sueldos por debajo del límite de la pobreza. Los gerentes, 175.000 dólares al año de promedio.

El Twitter que hervía de noticias y comunicación se ha llenado de pirañas. Y medio mundo como mínimo, ve la serie Juego de Tronos y la comenta apasionado. Los exquisitos no, porque hay que distinguirse. Dejemos un margen también a los rebeldes con causa. Ve la serie, previo pago. Juego de poder, amor y muerte. Se estrenó en EEUU y Canadá en abril de 2011, siempre 2011. Amor impoluto ardiendo entre las cenizas. Y odio, el que crea el fuego que abrasa. Los más mayores vamos teniendo ausencias tronzantes, y también encuentros inspiradores que nunca faltan mientras se mantienen abiertos los ojos del corazón.

El poso de la información compartida, de la avidez por saber, quedó. Y la certeza de que, si nos ponemos a ello, somos muchos más de los que dicen que somos. Los que buscamos cemento bajo los adoquines, en vez de arena de playa pero seguimos apostando por entronizar la imaginación. Aquellos que luchamos con flores contra la guerra y la tiranía, pero no desdeñamos plantar cara con energía. Los que nos unimos en protesta masiva cada vez que algo se tuerce de forma insoportable. Ahora ya solo en lo insoportable, dadas las leyes mordaza vigentes todavía. Los que nos empecinamos en seguir creyendo que los sueños vuelan más alto arrancados desde el suelo. Los que siempre empezamos otra vez.

Va por ti, 15M, de cuando fuimos innovadora y libre Marca España. Así lo vio France 2

Por Europa, por la democracia, por nuestro papel en el mundo

Los europeos apenas tienen interés por Europa, o por la UE para ser más exactos. La coincidencia en España de las elecciones al Europarlamento con las municipales y autonómicas aún devalúa más los comicios a una Unión que decide sobre nuestras vidas. Líneas maestras de la economía y los sectores productivos,  sueldos, política fiscal y contable, decisiones y normas de todo tipo que se traducen en hechos consumados.  Europa sigue siendo una buena idea, la mejor idea, aunque no esta Europa. De hecho las elecciones del 26 de Mayo son decisivas para darle un giro. Y poner freno, también en Europa, al fascismo.

Necesitamos una Europa fuerte en un momento que vuelve a ser tan convulso como el de los años 30 del siglo XX. La UE pierde voz ante los envites de los Estados Unidos de Trump y, lo que es peor, esa especie de internacional neofascista que ha colocado a Bolsonaro en Brasil y a varios otros en países latinoamericanos, algo menos tiznados pero en la misma onda. La ola que se extiende por la propia Europa como respuesta a las nefastas políticas que se han seguido. Económicas y en derechos y libertades.

La Europa organizada en un club de países era intensamente roja socialdemócrata cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. En 1995, en la decisiva Europa de los 15 que aprueba en esa fecha el “euro”, 11 de ellos tenían gobiernos de este color. Hoy, por el contrario, predomina con intensidad el azul. El grupo de los Populares Europeos es el mayoritario, seguido de los socialdemócratas. Su gestión ha desembocado en una crisis que hace temer por las estructuras de la propia UE. Las elecciones del 26M prevén un aumento potente de la ultraderecha que puede darle el golpe definitivo.

La Unión Europea es un mastodonte burocrático. Con un presidente fijo de la Comisión (el gobierno) y otro rotatorio de países por semestres (que viene a ser de promoción casi turística), quien realmente decide es el Consejo Europeo formado por los Jefes de Estado y de Gobierno. Quienes mandan son los diferentes nacionalismos y de una forma desproporcionada en función de su peso.

Desde la entrada del euro como valor contable –con abultados errores de previsión- ha aumentado la distancia entre los países ricos y pobres de la UE. En todos los terrenos. Los ciudadanos salieron perdiendo, salvo alemanes y holandeses. Los más perjudicados fueron  italianos y franceses, con más de 70.000 euros y casi 56.000 euros por cabeza, respectivamente. España, también, en cuantía menor: 5.031 euros por habitante. Son datos del artículo de Andreu Missé en eldiarioes. Añade las caídas del PIB per capita desde la crisis. La de España ha sido de las más intensas:  ha pasado del 104,1% al 92%.

Nos cuentan que el número de personas en riesgo de pobreza o exclusión social en la Unión Europa ha disminuido en 2017 respecto a 2016.  Han pasado a ser 118 millones de personas las que se encuentran en esa situación atenazante. Más de cien millones de europeos, aunque sean otros 5 millones los transferidos a otros apartados: los que tienen algunas o muchas dificultades.

El triunfo del PSOE español ha alentado a sus colegas europeos. Todas las encuestas siguen dando ganador al PPE y manteniendo el equilibrio de fuerzas tradicional. Pero no se descartan cambios influidos por España. Euforia socialdemócrata y pesimismo conservador por la debacle del PP español.  Preferible, al menos, el llamado socioliberalismo que el ultra y con posiciones altamente conservadoras. Objetivo fundamental conjurar la amenaza que supone la ultraderecha. Y que hace estas elecciones doblemente decisivas.

Ultraderecha, Brexit británico, el mantenimiento de la estructura de poder, la primacía del Consejo, la salida anunciada de pesos pesados como Angela Merkel, la apuesta por viejas glorias de las políticas nacionales para el Parlamento. Todo influye en un barco que zozobra en sus fines aunque se mantenga por inercia.

La austeridad y las desigualdades que propician las políticas neoliberales han dañado a la UE, como muestran los datos, pero más aún el abandono de sus señas de identidad. El trato a los refugiados ha abierto una brecha lacerante en el corazón de Europa. Los vimos llegar ateridos de frío y miedo, y los encerraron o los echaron a patadas. Los vimos morir y volvieron la vista para otro lado -los dirigentes y multitud de ciudadanos, no todos-. La UE encargó a la Turquía de Erdogan, previo pago, que se ocupara del embrollo y siguieron cerradas multitud de conciencias. Ningún europeo de raza, ningún demócrata de verdad, puede entender cómo la vida humana perdió todo valor, atendiendo a alguna cuenta de resultados contables.

Desde hace años se venía viendo que el gran peligro de Europa era el auge del fascismo. Se hizo oídos sordos también a cómo se sacrificó incluso a los propios ciudadanos de la Unión Europea. Con Grecia empezó todo. Lo destaco a menudo porque es esencial. No paran de pedir disculpas los responsables. Se pasaron un poco, dicen, y costó vidas y bienestar, costó democracia.  Hay que hundir a Grecia, para salvar a España, llegó a decirse. De las políticas sociales que llamaban -y llaman- despectivamente populismo, mientras se les llenaba Europa de ultraderechistas sin alma y sin cerebro.  Había que preservar además a los bancos –principalmente franceses y alemanes- expuestos a la deuda griega. Un informe interno del FMI confesó en 2018 que sacrificó a Grecia por presiones políticas. A cambio de devaluar a los ciudadanos griegos. Y a los de otros países como demuestran ya las estadísticas. El nuestro en un grado notorio.

La importancia de las elecciones es enorme, mucho mayor de cómo los votantes la aprecian.  No es una urna accesoria. Para los más de 500 millones de personas que componen la UE. Recuerden que hay más de 100 millones riesgo de pobreza o exclusión social, y que podemos darnos por contentos porque se ha reducido la cifra.  Voten de nuevo por la cordura y contra el fascismo. Contagien al resto de los socios, si pueden.

Pensar en Europa es pensar en cada uno de nosotros y en nuestro papel en el mundo, el de los europeos. Los equilibrios se han alterado con las nuevas viejas tendencias. . Los intereses cruzan mares para convulsionar las relaciones con China o los poderosos países de Oriente Medio. Riesgos a afrontar, sensatez por la que luchar. Hay que fortalecer Europa, la Europa democrática y hacerla de verdad de los ciudadanos.

 

 

*Publicado en eldiarioes

 

La soberanía nacional no reside en “los mercados”

Los líderes políticos se reúnen para ver quién y con quién es presidente del gobierno y quién se hace con el título de consuelo: líder de la oposición. Una figura desfasada cuando, roto el bipartidismo, es escasa la diferencia entre los segundos del podio. La novedad de la temporada es el pronunciamiento de Albert Rivera que, tercero en escaños, se ha autoproclamado precisamente Líder de la Oposición, como si de un Guaidó se tratase.

Un juego en el que ocupamos mucho tiempo, comentando posturas y anécdotas, aunque sea el fondo lo trascendental porque decide pautas políticas que nos afectarán a todos. En principio. A salvo de injerencias, que también pueden ser previstas en los acuerdos y que desplazan nociones básicas. “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, según el artículo 1º de la Constitución española en su epígrafe 2. En ninguna parte figura que resida en “los mercados” o que los países sean empresas mercantiles, como se está imponiendo por la ideología dominante de la derecha.

Los mercados opinan como entidades en los medios, los ciudadanos lo hacemos con el voto. Cada día ellos, nosotros cada cuatro años como norma que se rompe a menudo. El líder de la sanidad privada en España, dueño de Quirón Salud, ha sido uno de los últimos en comparecer para decir que confía en que la derecha siga gobernando en la Comunidad de Madrid (dado que era en Madrid donde hablaba). La derecha ha favorecido en gran modo su expansión en toda España. Este “mercado” pues opta por la derecha. Por los partidos que defienden sus intereses, que no suelen coincidir estrictamente con los de los ciudadanos.  Y muchos otros mercados y promotores. No pasa el día en el que nos cuenten lo mucho que agradaría a “los mercados” una alianza de Gobierno entre PSOE y Ciudadanos.

Vivimos en sociedad y, en consecuencia, nos organizamos en una serie de objetivos comunes. Con reglas, derechos y obligaciones para su mejor logro y, desde luego, a través de la cooperación. En las sociedades hay temas mucho más valiosos que ganar dinero por encima de todo. El bien común, la salud, la educación, la defensa de los propios derechos, el marco institucional para desarrollarlo, son infinitamente más importantes que la cuenta de beneficios de una empresa u otra, necesarias en su justo lugar. Los beneficios de las personas no se evalúan en euros. Mírense algo tan de uso habitual como el Índice de Desarrollo Humano para comprobar que las personas cuentan mucho más que las anotaciones contables.

El partido de Albert Rivera y él mismo son destacados defensores de que los países se comporten como empresas. Hasta fichaje de talentos hacen. De talentos liberales. En el marco, eso sí, de un españolismo febril, acosado por separatistas y malvados de similar pelaje. Como el PP,  pero los populares andan ahora perdidos en la inmensa estepa de la sinrazón sin parar de dar vueltas a sí mismos y se han moderado levemente.

Pablo Casado ya ha elegido en estos días de tanteos negociadores ser cabeza de la oposición y que Rivera se abstenga para elegir a Pedro Sánchez presidente del gobierno sin que tenga que depender de Unidos Podemos y lo que sería peor: de los temibles separatistas, rompedores de España y asimilados. Los españoles de mal y sus votantes, para entendernos.

Pero Rivera quiere ese puesto. Si hay que saltarse trámites democráticos –el porcentaje de votos-, se saltan. Él se siente líder de la oposición y no hay más que hablar. Rivera ha dicho al salir de hablar con Sánchez  que “Ciudadanos va a hacer una oposición para que “venza España”, esa España compuesta solo por españoles “de bien” como él.  Ciudadanos va a estar al quite para librarnos de los desmanes del Gobierno de Sánchez. El “presidente fake”, según la segunda voz naranja, Inés Arrimadas. De Okupa pasan a Fake, que no falte la juvenil K para distinguirse de las otras derechas que no son tan modernas. ¿No dan ganas de llorar?

Pablo Iglesias ha salido de la reunión con Sánchez diciendo que si en algo han estado de acuerdo es en ponerse de acuerdo, en que la fuerzas progresistas alcancen acuerdos. Que llevará tiempo pero que hay buena voluntad y empatía, que se ha labrado en estos meses de cooperación desde la moción de censura. Ha pedido paciencia. En la España de las cloacas pesa más una palabra sincera fuera de tono  de la izquierda en pasados remotos que todos los abusos de esta derecha desnortada.  Iglesias propuso ser vicepresidente  en un gobierno de Sánchez en su día y desató las críticas de la jauría,  Rivera iba en el mismo puesto y con el mismo presidente y se vio con muy buenos ojos. Creo que la soberanía nacional tampoco reside en los trajes masculinos de chaqueta y pantalón oscuros.

El domingo por la noche media España se emocionó con el Salvados que suponía la despedida de Jordi Évole de este programa estelar de La Sexta TV. Y decidió hablar de su barrio, abriendo el micrófono a la gente corriente.  La que vive en la mayor parte de los barrios, pueblos y ciudades de España.  Emociones cotidianas que se encierran en las paredes de la propia historia.

Me besó antes de ir a trabajar y aquel día se acabó la felicidad“, contó una mujer. Perdió a su marido aquel día, cuando se cayó del andamio. Cada año, el andamio, la obra, la carretera, y otros arriesgados oficios se llevan a un elevado número de trabajadores: 652 en 2018, con un repunte, por cierto. Añadan más de 600 mil accidentes laborales con baja. Las familias rotas por la violencia machista, las desarraigadas por los desahucios.  Las que vuelven a pedir por la calle para dar de comer a sus hijos. Las que vieron partir a sus hijos a la emigración.  Las que viven con grandes carencias o padecen severa injusticia en primer grado. Y también las que ven llegar los regresos. Y los caminos de mejora a sus problemas cotidianos.

La gente corriente va en las carteras de los líderes políticos que negocian el gobierno en la Moncloa. Para usarlos políticamente o en la búsqueda de las soluciones que precisan. Para esto último pagamos impuestos, no para que nos privaticen los servicios a cambio de nada.  Cuando a Rivera, Arrimadas, Casado, Álvarez de Toledo, les dan arcadas al pensar en gobiernos progresistas, están despreciando la voluntad de una buena parte de la soberanía nacional, mayoritaria si hay acuerdos.

Bolsonaro, hombre del año. Cena suspendida por las protestas
Bolsonaro, hombre del año. Cena suspendida por las protestas

A “los mercados” les gustan los gobiernos como el de Bolsonaro en Brasil. Textualmente. Lo más granado del sector le organizó un homenaje como hombre del año para el 14 de mayo. Compañías áreas, bancos, firmas como Merrill Lynch, Credit Suisse, Morgan Stanley, Citigroup e HSBC  patrocinaron el evento que iba a celebrarse en el Marriot de Nueva York.   Finalmente ha sido suspendido por las protestas hacia el presidente ultraderechista de Brasil.  Sus recortes sociales, de libertades y de sentido común, no cuentan para los mercados pero sí para muchos ciudadanos.  Un gesto pero altamente significativo.

La soberanía nacional no reside en los mercados, sino en el pueblo español. De él emanan sus representantes en todos los estamentos de toma de decisiones. A través de la política. Para los ciudadanos. Con los impuestos de los ciudadanos. Por el bien común. Con este bastidor de libertades, obligaciones y derechos, la danza de líderes y medios negociando su papel muestra una imagen más nítida.

Y si lo correcto, los principios básicos de la Constitución -todos, no solo el reducido paquete que enarbola la derecha- parecen demasiado utópicos, que se elija al menos lo más parecido. No, lo opuesto.

*Publicado en eldiarioes 7/05/2019

corte.ingles.madre

Las madres de El Corte Inglés son las hijas de las hijas de sus primeras clientas. Y se diría que aquel concepto de la mujer quedó prendido de sus paredes por más que esas estancias hayan visto en tantas décadas, precisamente el cambio de las modas. El grupo se creó en 1935, cuando Ramón Areces compró una sastrería fundada en 1890 en la Calle Rompelanzas de Madrid. Los grandes almacenes, que llegaron a ser los primeros de España, echaron a vender en 1940. En el muy sombrío 1940. Tras la guerra civil y el inicio de la dictadura, el régimen franquista –éste sí era “el régimen”- se dedicó con pasión a cortar las alas de las mujeres, muchas de las cuales habían emprendido fructífero vuelo en la República agostada.

Las mujeres supieron que su misión en la vida se resumía en ser esposas y madres. Secundariamente, “amas de casa”, y, de no disponer de medios económicos, también trabajadoras fuera. Aunque los maridos lo veían como un desdoro y difícilmente lo aceptaban. Varias series española que hemos visto en los últimos años mostraban ese papel y esas dificultades para cualquier otro desarrollo al margen del hogar.

Así pues, las madres de la época fueron y serán para siempre, al parecer, 0% quejas, 97% entrega –no dedicación, entrega- y un 3% egoísmo dejando una pincelada humana de imperfección del modelo. La suma da un 100%… de madre. Fue una mentalidad que se trabajó a fondo y que, con excepciones, iba adiestrando a la descendencia femenina y de paso a la masculina en su superioridad. La misión histórica de las mujeres impregnó las costumbres de forma que ha sido difícil sustraerse a su influjo en sectores conservadores, como se puede apreciar.

Una labor abnegada donde las hubiera. Una de las primeras cosas que aprendían las hijas era que el estado de pulcritud del hogar estaba por completo a su cargo. Que si, por cualquier desgracia, llegaban extraños a casa y había un plato sin lavar el estigma caería sobre el honor de las mujeres de la familia. A pensar en un futuro que incluía el matrimonio. De ahí, que las chicas “no necesitaran estudiar”. Para conseguir casarse, ayudaba ser “como la mujer del Cesar”, no solamente honrada sino parecerlo.

Hasta el 21 marzo 1963 -con media juventud mundial prendida de flores e ingenua bohemia-, no se derogó la ley que permitía a maridos y padres matar a sus esposas o hijas si las sorprendían en adulterio, y también a sus parejas en venganza. El argumento se basaba en que se había quebrado la certidumbre del marido sobre la paternidad de los hijos que  nacieran. Es decir, se protegía la paternidad. Si se ejecutaba o no, ni se sabía.  La restricción no fue solo de no poder ni abrir una cuenta corriente sin permiso del varón al cargo, como tanto se ha contado y ha costado creer. Para viajar al extranjero, incluso para tener pasaporte hacía falta “licencia marital”, que no se suprimió hasta 1975. Y España no era el Tercer Mundo, era Europa. La que entonces acababa en los Pirineos.

El cuidado de los hijos durante varias décadas correspondió en exclusiva a las madres. Alimentación, cambio de pañales, aseo, lavado de la ropa, levantarse a los lloros. 97% entrega. 0% quejas.  Muchos músicos dedicaban canciones a sus madres. Diciéndoles por ejemplo que eran las más bellas del mundo y ellas se emocionaban mucho.

Se diría que la mayor parte de las letras, incluso las melodías, en homenaje a las progenitoras han venido teniendo un marcado cariz cursi. Manolo Escobar le puso su ritmo característico y de hecho se le hizo su querer canto campero, y saturado de ripios,  al decirle cuanto la quería a su madrecita.

Así crecimos. Así se formateó esta sociedad. Vedando a las mujeres hasta la educación que es el principal pilar del progreso. Éramos en torno al 35% cuando yo estudié Ciencias de la Información. Si lo pensamos bien, los avances obtenidos –la mayor parte debidos a la voluntad y lucha de las propias mujeres- son espectaculares. Avances y retrocesos, con balance positivo, que hemos ido viviendo y sufriendo. Fue la mayor revolución del último cuarto del siglo XX, y sigue y se reaviva masivamente. Así se explica nuestro presente y así las involuciones que se intenta volver a imponer desde el fondo de las simas de un pasado con grandes telarañas.

El vínculo es enorme, en general. De las madres a los hijos, y de los hijos a las madres. Personal y no excluyente de cualquier otra actividad. Ya está bien de misiones históricas, de madres abnegadas.  O de mujeres incompletas si han renunciado por cualquier causa a la maternidad, no lo olvidemos.

El Día de la madre se organizó para mayo, el mes de las flores y de la Virgen María en 1965 como una fiesta comercial. Ese año se trasladó de fecha desde el 8 de Diciembre. El Día de la Madre se había asociado durante décadas a la Inmaculada Concepción, que es todo un síntoma.  Yo lo celebro, secretamente, en cada cumpleaños de mi hijo.

 
 

Unas elecciones que cambiarán nuestra historia

España va a votar con la mayor incertidumbre desde la Transición.  Algunos factores han cambiado sustancialmente. Aquel clima de euforia y esperanza tras la larga dictadura es ahora temor y desconcierto por si llega otra etapa tenebrosa. El mundo es otro, España es otra, los seres humanos hemos cambiado y , sin embargo, para nuestra sociedad la inquietud política tienen el mismo origen, idénticos genes.  Pase lo que pase en las elecciones de este domingo es seguro que la ultraderecha entrará en las instituciones españolas oficialmente. En el Congreso y, de triunfar en votos la triple derecha, también en el gobierno tomando las riendas del Estado. La Europa democrática contiene la respiración como avanzan los medios internacionales. Casado ha sacado del armario al PP y  ha ofrecido a Vox formar parte de su hipotético gobierno si lo permite el resultado de las urnas.

La historia dará una vuelta atrás. España volverá a sentar en el hemiciclo la ideología franquista, aprovechando los resortes de la democracia en la que no cree y quiere destruir. A la torre de Babel en la que se va a convertir el poder legislativo, se incorporan además una serie de personajes pintorescos, ídolos de la sociedad del espectáculo y la involución. Desde toreros a estrellas mediáticas y famosos de sucesos, a cazadores y pistoleros. Un tema serio de reflexión porque la historia también puede cambiar si se decide echar el freno a la palanca del retroceso.

No nos engañemos, la jornada de reflexión ha dejado de existir. A esta hora y durante todo el día millones de ciudadanos seguirán siendo objeto de propaganda política indiscriminada, bulos y bots incluidos, aunque lo prohíban las leyes electorales. Obsoletas, sin duda, e inadecuadas para el momento que vivimos.  Algunas portadas se saltarán las normas, como hacen sistemáticamente a modo de tradición de la caverna mediática. Los medios traerán declaraciones destinadas a influir en el voto. Las tertulias hablarán de mensajes políticos. Y en las redes públicas y privadas se actuará políticamente con total arbitrariedad. La jornada de silencio desapareció ya pero es más necesaria que nunca la de reflexión.

Reflexión activa. Así la tendrán las redes de WhatsApp cuyos 28 millones de usuarios hacen de España el país líder de Europa y uno de los primeros del mundo. La red tiene una cuota de penetración entre nosotros del 70%, al nivel de Brasil, Sudáfrica o Singapur, mientras en Francia solo la usan el 6%. Probablemente la gratuidad de los mensajes frente a otras plataformas que exigen un pago ha influido. Detrás hay auténticos medios de comunicación, partidos y organizaciones difundiendo mensajes sin contrastar. Como ocurrió en Brasil, serán decisivo el bombardeo de los últimos días, de esta jornada de reflexión. Circularán millones de envíos diciendo con múltiples admiraciones: ¡¡¡HAY QUE DIFUNDIRLO!!! ¡¡¡POR OBLIGACIÓN!!! La ultraderecha es experta en su uso. Y el caldo de transmisión se nutre de mucho oscurantismo y pensamiento conservador. 9,6 millones de personas han recibido por WhatsApp bulos contra la izquierda, según un estudio. A eso nos enfrentamos en la… reflexión.

A los mensajes selectivos también, como ya comentamos en otro artículo acerca de las nuevas estrategias que llevaron al triunfo del Brexit: Ni conspiraciones, ni paranoias,  computación aplicada a fines concretos. De alguna manera, se está hackeando el sistema político. Así llegó a definir la táctica,  Dominic Cummings, el asesor político que  fraguó el triunfo de los eurófobos para la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

En España nos lastra un notable número de ciudadanos que se tragan las mentiras como si fueran píldoras satinadas. Nuestros políticos usan la mentira como arma: no todos, una buena parte de ellos. Los líderes y equipos de PP, Ciudadanos y Vox ,en cabeza,  vienen diciendo una sarta de falsedades, de barbaridades fuera de toda norma, que suponen un insulto a la inteligencia. Demostrar con datos que mienten no les hace la menor mella y  siguen divulgando los mismos un día tras otro. Lo hacen porque saben que les funcionan con sus graneros de votos. Con los cronistas que dan lustre a sus apariciones en los medios. Se ha admitido como buena actuación discursos radicalmente inexactos, voluntariamente erróneos. Sucede en otros países pero aquí la laxitud moral es notable e hija de mucha dictadura, sacristía y fingimiento.

Y, sin  embargo, un punto básico de reflexión es la certeza de que quien ha decidido entregarnos a la barbarie  con sus votos no cambiará su intención. Es inútil perder el tiempo. Se pueden encontrar explicaciones en la falta de respuestas de la política, en el resentimiento, en añoranzas idealizadas sin base, en pensamientos primarios. En la pervivencia de un franquismo impune que ni siquiera conocen a fondo las nuevas generaciones. Explicaciones que no razones, porque no hay “ciudadanos honrados” que abracen la involución de la ultraderecha, o no son honrados o no son ciudadanos. El concepto de ciudadanía no les cuadra. Hay que apelar a los otros sectores de la población que, con su abstención, pueden dejar camino expedito a la gangrena del sistema.

Debíamos hablar de estas cosas cada día para no llegar tan desprotegidos a las puertas de una elecciones que pueden cambiar la historia de España en un sentido que se aleje de la democracia. Es una posibilidad cierta. Tiempo habremos de tener para preguntarnos –de nuevo- cómo llegamos hasta aquí, por qué se desoyeron todas las advertencias. Hay razones profundas y claras. Para de una vez, por tanto, responder y actuar en consecuencia. No es nada fácil. Cuando la historia se pone cuesta arriba lo hace a plenitud. Con tantos intereses de por medio, con tanta cloaca sin limpiar, la¨fiesta de la democracia” queda un tanto devaluada. Pero siempre existe la posibilidad de enriquecerla mientras siga en pie. De eso hablamos.

La reflexión troncal ha de llevarnos a pensar en lo que queremos para nuestra propia vida, personal y ciudadana. Con estas elecciones nos jugamos nuestro futuro y –lo que es más cierto- nuestro presente. Lo hacemos todos los días en las decisiones que nos definen como personas. Aquí y ahora, para mañana o nunca. Para todos siempre. “Son dos días”. Nos lo recordaron, me lo recordaron de alguna forma, hace pocos días en un blog que firma MartaEme, mientras iban cayendo los días cargados de hechos. Texto tan vital y hermoso que merece hacerse un sitio en nuestros pensamientos. Para saber detectar qué es lo importante.

Si son dos días, que sean con quien nos hace sentir vivos; si la vida es un vuelo, que sea libre y con nuestras propias alas; y si estamos de paso, que sea un baile con una gran banda sonora. Lo vemos cuando le ocurre a otro, en el momento en el que casi perdemos a alguien querido y vemos a la muerte que asoma. Es entonces cuando lo sabemos, aunque suene obvio y manido, que lo único real es el aquí y el ahora“.

Aquí y ahora. La historia personal y la colectiva cuando lo de todos importa. Para desenmascarar los proyectos de país guiados por el odio. Dando los pasos justos para hoy y más allá. Apenas quedan unas horas para ver cómo amanecerá el lunes España.

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