Joan Baez, la voz de todas las causas justas

Nos dejamos melena como Joan Baez y Carole King, después. Larga, y morena sin duda. Rostros de adolescentes asombradas. Nos enamoramos de las canciones en inglés. Y de la arena imposible de los adoquines franceses, porque pedir lo imposible era precisamente ser realista. Supimos en la España constreñida, que el mundo era enorme y que abriríamos fronteras.

Eran los años 60, los 70, del siglo XX, cuando las canciones, algunas canciones, se llenaban de letras tan densas y apretadas que desbordaban la música. Joan Baez las cantaba en los Estados Unidos que poblaban las calles de protestas contra la guerra de Vietnam, contra toda injusticia y discriminación.

Joan Baez y Bob Dylan tuvieron un estreno mundial, por así decirlo, no literal, el 28 de agosto de 1963 en la Gran Marcha sobre  Washington que ha quedado para la historia como una de las mayores en la defensa de los Derechos Civiles. Frente al Lincoln Memorial, Martin Luther King  acababa de formular su I have aDream, el sueño de que todos los hombres nacen iguales y esa verdad acabará imponiéndose.  Joan Baez y Bob Dylan salieron a cantar en ese mismo escenario. We shall overcome.  Venceremos.

Cantante, compositora, activista de los Derechos Humanos, mujer de una voz cálida, clara y melancólica, Joan Baez nació en Staten Island, Nueva York, en 1941. De madre escocesa, de la que poco se sabe, y padre mejicano. Matemático y físico él, está considerado co-inventor del microscopio de rayos x.  Incorporado a la UNESCO, su trabajo llevó a la familia por numerosos países, España entre ellos, varios europeos más y Oriente Medio. En ese tránsito, en su mucho ver, Joan acabó involucrada en la defensa de múltiples causas sociales, en la no violencia y, también, la desobediencia civil. Y así ha seguido.

Una vida plena por la que pasó Bob Dylan de forma decisiva. Ella, ya famosa y con discos grabados, lo invitó al escenario como en las películas y lanzó su carrera. Juntos buscaron respuestas en el viento a muchas preguntas ¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza  y fingir que simplemente no ve?

En lo artístico su colaboración fue enormemente fructífera. En lo personal, dejó heridas. Tras el éxito desbordante  de Dylan, un día el escenario donde él cantaba se cerró para Joan,  la dama de ojos tristes de las tierras bajas, olvidando una partitura en un cajón que Baez robó, dice, y cantó “Amor es solo una palabra de cuatro letras“. Demasiado intensa quizás, como la Barbra Streisand de “Tal como éramos” para Robert Redford, Bob Dylan la dejó y reapareció casado con otra mujer de muy diferentes características. Su música dio el mismo giro. No volvió a ocuparse de los problemas sociales. Y siguió con la que sería una de las más brillantes carreras de la música.

Con un disco de oro tras otro, en casi todas sus grabaciones, Joan Baez continuó preocupada y ocupada en resolver problemas que la mala voluntad convierte en insolubles. De punta a punta del mundo, lucha contra los abusos y apoya diversas reivindicaciones. Ha estado detenida por ello. Contra la guerra de Vietnam y todas las guerras, contra los encarcelamientos injustos o los impuestos abusivos, contra las violaciones de los Derechos Humanos. Contra la pena de muerte, sin duda. A favor de las minorías, los colectivos LGTB, la lucha contra el deterioro humano del medio ambiente.

Como curiosidad, o no, Joan Baez ha cantado en euskera Txoria Txori, un poema escrito por Joxean Artze en 1957, al que puso música Mikel Laboa. Pájaro, pajarito.

Alas tiene también El Rossinyol de la canción tradicional catalana que quiere volar y vuela.

Joan Baez ha actuado esta semana en el Festival de Jazz de San Sebastian y en varios puntos de Catalunya con un éxito espectacular y lo hará este domingo en el Teatro Real de Madrid como término de su gira para despedirse de los escenarios.  Suiza, Bélgica, Alemania, Italia, Francia, España. Este viernes, visitó a la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, encarcelada en prisión preventiva desde hace casi 500 días porque, dijo, siempre ha apoyado movimientos no violentos y cree que es el caso del independentismo catalán.

Sigue cantando el No nos moverán, himno contra todas las dictaduras.  Y Gracias a la vida, patrimonio común ya, con Violeta Parra, Mercedes Sosa y la propia Baez. Así de satisfecha se muestra de cómo ha sido hasta ahora su vida.

Joan Baez tiene 78 años y lleva 60 en los escenarios. Su madre vivió más de 100 y ella sigue teniendo un aspecto muy vital. Pelo corto y canoso sin tintes, aparece como una venerable y serena mujer madura. Se casó, se divorció, “estoy hecha para vivir sola”, dijo.  Varias generaciones considera a Joan Baez un mito, las nuevas apenas la conocen, y su  canción de más audiencia ahora contiene “Diamantes y óxido” para Bob Dylan aún, de Bob Dylan.

Ella cogió la guitarra, otras la máquina de escribir, otras cualquier camino para “cambiar el mundo”. Aprendimos, juntas y en la distancia, a abrir los ojos y a luchar por las causas perdidas. Pocas cosas tan inútiles, pero alguien tiene que hacerlo a ver si un día se logra ganar alguna. En el fondo, sí se consigue. Más de lo que parece.

Fue una suerte plena empezar a vivir en tiempos de esperanza y futuro que poco a poco irían segando quienes siempre lo hacen para conservar y aun aumentar sus privilegios. Un tiempo que nos enseñó, quizás a vivir con las alas dispuestas para usarlas ante cualquier eventualidad.  Un punto a favor sobre quienes nacen o se hacen aves de suelo, de corral.  Por voluntad o a la fuerza.

“Farewell, Angelina” fue su primer o uno de los primeros éxitos de Joan Baez.  “Adiós, Angelina, las campanas de la corona están siendo robadas por bandidos. Las ametralladoras rugen, los títeres levantan rocas. Los demonios clavan bombas de tiempo en las manos de los relojes. Adiós, Angelina, el cielo está en erupción, debo ir a donde esté tranquila”.

Buen viaje, Joan.

 

Buen viaje, Joan.

*Publicado en eldiario.es

Sánchez solo se juega la presidencia

En toda relación fallida quien más pone, más pierde. El insensible gana la batalla, aunque en la victoria pírrica puede quedarse también sin lo que tenía. En el caso de Pedro Sánchez, la presidencia del Gobierno. El problema es que Sánchez no se juega su silla en la cabecera del Consejo de Ministros, sino las esperanzas de millones de ciudadanos progresistas, siquiera sensatos. Porque, a tenor del escenario conservador que se afianza, el futuro que se dibuja es para ponerse a temblar. Vuelve a abrirse una solución de gobierno, cada vez más enturbiada. O no. Las versiones van de un extremo al otro. En cualquier caso no resolverá lo esencial.

Asistimos estupefactos a una sesión parlamentaria que dejó desnudas las intenciones del candidato. No quiere pactar con Unidas Podemos que podría ser poco práctico pero legítimo. Lo peor es que se sintió obligado a humillar al presunto socio en una actuación que será estudiada por los psicólogos, si queda en España algún reducto de cordura con capacidad de gestión en el tiempo que, de no poner remedio, se avecina. Muchos intereses en juego, mucho apesebrado para lavar la realidad.

Pedro Sánchez desgrana, durante casi dos horas, sus proyectos de gobierno sin mencionar a Unidas Podemos hasta el final, como si dispusiera de mayoría suficiente con 123 diputados. Sánchez pide a Pablo Casado y a Albert Rivera, reiteradamente, que se abstengan para facilitar su investidura. Por sentido de Estado, pero no dependen de los nacionalistas a los que desprecia como si ni siquiera estuvieran en el hemiciclo.

Por más que se negaran Casado y Rivera, Sánchez seguía requiriendo ese voto de abstención con una  sonrisa entre beatífica e irónica. Rivera estaba cada vez más fuera de sí, como ya es habitual. Casado reaccionó con más sensatez, alucinando de lo que ocurría. Sus posibles socios deben estar estupefactos porque no ha contado siquiera con quién quiere hacer el gobierno, le dijo. Luego la emprende con el romper España y los cambios climáticos que nos devuelven a la realidad de quién es.

Rivera dio un recital completó. Mezcló, teatro, perdices, trucos, los huesos de Franco y mucha España suya. Comparó las protestas recibidas en su empeño de sacar rédito político a sus provocaciones al colectivo LGTBI con ETA. Llamó “banda”, repetidamente, a los apoyos de Sánchez. Aitor Esteban (PNV) le ha respondido este martes: “Cuando le miro también veo una banda, pero de mariachis dando siempre la nota desde la tribuna”.

Llegado el turno de Unidas Podemos, Sánchez desplegó su estrategia: “Si al final no llegamos a un acuerdo, hay otras opciones”, como un pacto de investidura, apoyos puntuales. El gobierno conjunto en cualquier variedad se desvanecía tras semanas de aparentes negociaciones. Iglesias respondió con las ofertas del PSOE que calificó de un mero decorado y que detalló. Llegó invocar el candidato a los “periodistas” de la manifestación ultra de la Plaza de Colón como arma contra Pablo Iglesias. Tres meses para llegar a esto y así. Aquí un resumen.

No iba a recibir lecciones el PSOE “tras 140 años de historia”. “Muy amplia”, apostilló el líder de Podemos. “Si nuestro partido existe fue por sus errores. Sin sus errores, no estaríamos aquí”. La voladura de puentes se produjo cuando Pedro Sánchez dijo y repitió: “Piénsese mucho votar con la ultraderecha en contra de un gobierno socialista”. Y remató con una frase que entra en el terreno del hooliganismo propio, precisamente, de esa derecha: “Por cierto, Ciudadanos, PP, Vox y ustedes suman. Mayoría absoluta. Ale, pónganse de acuerdo”.  Todo un canto de amor y respeto. “Si usted no llega a un acuerdo de coalición con nosotros, temo que no será presidente de España nunca”, concluyó Iglesias entrando ya en el terreno de la irritación.

Las palabras que se dicen quedan ancladas; el intento de humillación, a la vista de todos, ¿quién recompone esto? Incluso en el burdo fango de la política de partido, cuesta. Pide el PNV más esfuerzo al PSOE. “Nosotros votamos la moción de censura gratis. Hoy están jugando a la ruleta rusa con darles una segunda oportunidad a Casado y a Abascal para llegar a La Moncloa”, le dice Gabriel Rufián de ERC. El dirigente republicano ha traído de lleno a Catalunya y a los políticos catalanes encarcelados al debate que quería obviarlos. Y ha dicho que “eso no va de políticos independentistas sino de derechos  y por este camino un día serían 11 sindicalistas, 11 periodistas críticos, etc…”.

Se espera un acuerdo in extremis para no repetir elecciones. O no. Esto es así ya desde hace un tiempo. Unidas Podemos sigue estando proclive, dice, y ahora el PSOE teme perder “el relato” y que les culpen a ellos de volver a las urnas. La maquinaria les liberará de esa carga para echarla toda sobre Pablo Iglesias. Pero no se resuelve nada. Ni mucho menos se garantiza un nuevo triunfo del PSOE, y menos todavía una mayoría absoluta que le permita gobernar solo como quiere. El posibilismo quiere abrirse paso sin afrontar grandes cuestiones pendientes. Entre ellas no es menor la actual versión del candidato a presidente.

“Muerto” una vez Pedro Sánchez a manos del ala derecha de su partido, revive y logra la escueta cifra de 84 diputados. Una moción de censura le llevará al gobierno así y a la promoción que tan excelentemente supo aprovechar. Pero vuelve a alguna casilla más atrás con el aura de su actividad internacional que igual con sus oropeles le aleja de la realidad. ¿Se ha preguntado qué le dirán en Europa de su trato al aliado necesario? A ver si lo entienden. Depende de qué Europa, claro.

La amenaza vuelve a ser la triple derecha de estreno oficial en la sesión de investidura. Pablo Casado que, de cadáver político, se ha consolidado en líder, por abandono de sus contrarios. Rivera perdido en la senda de sus broncas ultramontanas y Abascal que es como un tebeo de Roberto Alcázar.  Y es una amenaza seria y a alejar por encima de todo. Aunque precisamente Pedro Sánchez no lo cree así. Ha dicho en el Congreso que los votantes no se movilizaron por esta razón sino por el deseo de cambio que veían en el PSOE.

Quizás ingenieros emocionales, muy experimentados en estas lides, sepan cómo se recomponen los puentes rotos tras vapuleos difíciles de asumir. El problema es más complejo aún. Una nueva era está aquí. Partidos especializados en ganar elecciones, sin más. Candidatos impresentables –como Boris Johnson en el Reino Unido que con un historial disuasorio llegan a presidir el gobierno porque se han hecho famosos por sus tropelías. Todo se convierte en juego, en distracción, en artificio, mientras los problemas y los anhelos reales persisten. Una parte de la sociedad perdida y manipulada, oscila entre el click obsesivo con la abstracción  de la responsabilidad colectiva y el retorno del fascismo teñido de cerriles telarañas.

En este contexto, ¿forman parte Pedro Sánchez y sus tácticas de la solución? ¿Hay solución?

 

Aun con gobierno ¿cómo salir de este pozo?

Lo peor de una relación fallida es cuando se descubre que no hay tierra a la que volver, que se había ubicado en coordenadas erróneas. En una insólita escalada de declaraciones agresivas, Pedro Sánchez colocó una potente carga de dinamita en el puente de la negociación con Unidas Podemos para la formación de su gobierno. Entrevistado por Antonio García Ferreras en Al Rojo Vivo de la Sexta TV este jueves, situó a Pablo Iglesias como principal escollo para un acuerdo. Con Iglesias no. La falta de empatía -cuando no la animadversión- con el líder de Unidas Podemos es evidente, pero de ahí a los insultos de grueso calibre que profirió hay una distancia. Sánchez llegó a negar las convicciones democráticas de Pablo Iglesias. Varios factores más nos llevan a la sensación de haber caído en un pozo al que no se ve salida sin daños.

Solo tres días después de haber respondido a Aimar Bretos en la Cadena SER que Pablo Iglesias “nunca le había pedido expresamente ser vicepresidente“, Sánchez comunicaba a su ejecutiva que sí se lo había requerido lanzando el titular. Una de las dos veces, mintió. Y aunque la mentira es contemplada como un deporte que practican con soltura muchos políticos españoles, hemos de ser conscientes de que jamás nada sano se edifica sobre la falsedad. Jamás. Es lo que desplaza esas coordenadas que no permiten regresar. Estos titulares de vídeos recopilatorios -a los que podrían añadirse muchos más- demuestran las declaraciones contradictorias de Pedro Sánchez. Una y otra vez las suelta sin pestañear.

El candidato a la presidencia ve en Pablo Iglesias el obstáculo insalvable para un gobierno de coalición. Ahora, la excusa toca ser Catalunya. Necesita “un vicepresidente que crea en la democracia española, que existe una clara separación de poderes y que nadie es detenido por sus ideas”. Hace bien en poner apellido a la democracia: española, en su singularidad. Con el dictador Francisco Franco en mausoleo de honores y su herencia impune perpetuada en múltiples estamentos del Estado. Su desprestigio fundado es un hecho.

El propio Sánchez así lo creía en su discurso del 31 de Mayo de 2018, cuando -con el apoyo imprescindible de Unidas Podemos y de partidos nacionalistas-, dijo “esta moción nace de la evidencia de que no queda otro camino para defender el prestigio de instituciones gravemente dañadas”. Argumentó, con razón, que “la corrupción actúa como un agente disolvente y profundamente nocivo para cualquier país. Disuelve la confianza de una sociedad en sus gobernantes y debilita en consecuencia a los poderes del Estado”. Ataca de raíz a la cohesión social, añadió, y “destruye la fe en las instituciones y, más aún, en la política, cuando no hay una reacción firme desde el terreno de la ejemplaridad”.

Algo han mejorado algunas instituciones: el gobierno, sin ir más lejos. Pero, en fin, podríamos hablar de cómo unos consejeros de la órbita PPrevocan una sentencia para librar a Ana Botella de pagar una cuantiosa multa por haber vendido pisos de protección oficial a fondos buitre en los que además trabajaba uno de sus hijos. O de las comisiones de investigación que se cierran. La suma de PP, PSOE y Cs s vetó que se abriera una sobre las graves acusaciones que vinculan al CNI con el Iman de Ripoll y los atentados de Barcelona y Cambrils. Es un asunto que merece explicación en el sentido que sea. Sigue en vigor una vergonzosa Ley Mordaza y la Reforma Laboral. Hay varias cosas más que no han devuelto la fe en las instituciones.

No fue Pablo Iglesias, precisamente, el más acérrimo defensor del procés catalán. Todo lo contrario. Mucho más apoyo mostró Iñigo Errejón a quien contemplan con simpatía en el PSOE. En estos días, Iglesias declaró que acataba por escrito lo que Sánchez decidiera al respecto como presidente del gobierno. Ni siquiera es ése el problema, cuando todo huele a excusa. Es como si precisara humillar al aliado y ganar con ello el aplauso de su grada. Porque está pasando.

Las aficiones de los contendientes –es lo que parecen- andan por los medios y las redes en un nivel de virulencia que asusta. Sin parangón al que les suscita nadie de la triple derecha, ni siquiera la ultraderecha declarada. Iglesias es el enemigo número uno y Unidas Podemos la cueva de la ignominia para ellos. Les niegan hasta su participación en la subida del salario mínimo o el aumento del permiso de paternidad. El síntoma más preocupante es esa visceralidad, ese odio sembrado al que se ve difícil terapia. En un presunto aliado, además. Habría que apelar a quienes dentro del PSOE no compartan esta táctica.

El gobierno de La Rioja es hoy piedra arrojadiza contra Pablo Iglesias. Directamente. Un ejemplo entre otros que parece el único. Podemos consuma su boicot a un Gobierno socialista en La Rioja, titulan. Una sola diputada, desmandada y en precario en su propio grupo, exige demasiado para dar su único voto y tumba en primera instancia un gobierno del PSOE tras años de derecha dura. Mal. Pero no tienen buena suerte en La Rioja. La aspirante… del partido de Pedro Sánchez, como se diría, califica en un argumentario a UPN (Unión del Pueblo Navarro) de partido independentista. Y casi nadie se ha querido enterar.

Firmamos un manifiesto una serie de personas pidiendo un gobierno de progreso porque nuevas elecciones traerían con gran probabilidad a esa triple derecha que ya campa en sus desafueros por diversos gobiernos municipales y autonómicos. Pero ¿cómo? ¿Se puede siquiera salir de este círculo de mentiras, traiciones, odios y sinrazón?

En buena parte, el freno a ese gobierno de progreso venía porque las encuestas pronostican éxitos y fracasos con mayorías más cómodas. Absoluta ninguna, que quede claro. No se puede jugar con las necesidades reales de la gente por cálculos interesados de poder. Y, mucho menos, apostar a la ruleta los resultados del 28A que hacían posible un gobierno socioliberal o socialdemócrata al menos. Hablar de radicalidades más allá de eso es mentir nuevamente. Y de forma interesada.

En el PSOE no parecen contemplar la posibilidad de no seguir en La Moncloa. La ministra de trabajo en funciones se lamentaba de no poder contar con Calviño si finalmente se coloca en el FMI. ¿Y si se van todos a la oposición? Asombra que no se lo planteen. Y es una posibilidad cierta porque los  votantes de esta derecha fichan, como dice el tópico, así les atoren la nariz los gases de la corrupción y el retroceso ideológico. Vemos lo que están haciendo ya allí donde gobierna esta alianza escorada, además, a la idiocia sin escrúpulos.

  Finalmente, Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos ha decidido apartarse. Acepta el veto de Sánchez y renuncia a formar parte del gobierno e impulsar negociaciones si no hay más vetos. Pero el daño ya está hecho y, visto lo visto, ni siquiera se descartan nuevas cortapisas. Máxime cuando la reacción de “fuentes del PSOE”, se diría que vuelve a ir en la línea de remarcar una supuesta derrota y claudicación: “No podía más que dar un paso atrás”, han dicho. Cuando seguidores de Iglesias – y no solo seguidores – han calificado su postura de generosa y valiente. Difícilmente hay un germen peor para colaborar en una tarea de enorme trascendencia que ese polvorín que todavía queda. 

Si algo fracasa aún y son capaces de entregar a esa triple derecha también el gobierno de España todo está perdido. Por mucho que jaleen los medios afines. La involución no se recupera en el mismo tiempo en el que trabaja su obra destructora. Pero ¿qué gobierno puede haber en estas condiciones? De coalición o en solitario. Pedro Sánchez ha quedado dañado con su actuación. Contradicciones, mentiras, virulentas declaraciones y actitudes no son avales que den seguridad. Más aún, como dijo el propio candidato del PSOE hace poco más de un año “destruye la fe en las instituciones y, más aún, en la política”.

¿Qué se puede hacer? ¿Cambiar de candidatos? ¿Buscar otras tierras? En los cuentos malos, al final resulta que todo fue un sueño, una pesadilla, y se vuelve a la historia posibilista. Lo peor es que esto ni siquiera es un cuento malo, ni siquiera es un cuento, es una preocupante realidad. Y dudo que, incluso con gobierno, haya respuestas a cómo salimos del pozo, al menos indemnes.

*Publicado en eldiarioes  el 19 de julio de 2019

Quién no confía en quién

Casi tres meses después de las elecciones generales seguimos sin nuevo gobierno y con este exasperante baile de declaraciones y cambios de opinión en las negociaciones. Aparentes. Cuando la voluntad es firme, las decisiones se adoptan de forma rápida, directa y clara. El patio público español es ya un gallinero de gritos, a favor y en contra de los contendientes. Eso parecen: adversarios, en lugar de dos partidos de izquierdas –dicen dispuestos a unirse para trabajar por los ciudadanos. Los que les han votado y los que no.

La responsabilidad no es la misma. Quien debe formar gobierno es el PSOE, aunque, por supuesto, el asunto sea cosa de dos. Pero el barro ha inundado la plaza y no se ve con claridad. Pedro Sánchez  irrumpe con un largo exabrupto en entrevista en la Cadena SER para anunciar que rompe con Pablo Iglesias. Y suelta la retahíla –que sabe inexacta– de cuando no le votó en 2016, de la mascarada que quiere rechazar su investidura o de que los malvados van a votar con la extrema derecha.  Los mantras habituales. En las gradas del PSOE y del  establishment  mediático la afición ruge y corea. Luego, Antonio García Ferreras entrevista a Pablo Iglesias en La Sexta y, a tenor de las repercusiones parece que haya habido dos conversaciones distintas. Las pasiones están enfrentadas y a flor de piel.

Confianza, decíamos. “Se constata que se deciden cosas en despachos que corresponderían a los ciudadanos”, le dijo el mismo Pedro Sánchez al periodista Jordi Évole cuando contó las presiones recibidas en 2016 para que no gobernara con Podemos y sí con Ciudadanos, aun sumando con estos un número corto e insuficiente de escaños. “Responsables empresariales trabajaron para que hubiera un gobierno conservador”, añadió. Habló incluso de amenazas.  ¿Qué Pedro Sánchez es el verdadero?

Abruma de vergüenza ajena leer que la corte de baronías y viejas y nuevas guardias del PSOE no confían ni en Pablo Iglesias ni en Unidas Podemos.  Ellos que frieron a Sánchez. En la misma reunión decidieron por unanimidad un gobierno monocolor de Sánchez, con distintas participaciones de UP, lo que ha sido menos destacado. A la liviana memoria se une la desfachatez que se apoya –no sin razón– en el seguidismo acrítico de muchos de sus partidarios. Aunque ése sea un mal extendido y bastante irracional dado el tema que nos ocupa.

¿Quién no confía en quién en España? Escaso anda el crédito por las alturas. Escuchen a los ciudadanos. Puede que sea una de nuestras mayores tragedias, teniendo en cuenta un dato que se olvida: la confianza es un cristal y se rompe solo una vez, sin posible componenda. En cualquier aspecto de la vida y cualquier relación humana. La picaresca (dicen con orgullo), la trampa, la mentira, es seña de identidad de españoles sin escrúpulos. Y, desde la dignidad, no se traga. Ni debería desde la prudencia y la lógica. Nada más arriesgado y absurdo que depositar  algo de valor en quien haya demostrado no ser fiable.

Hechos. 20 de Diciembre de 2015, elecciones generales convocadas por Mariano Rajoy a ver si cuela un triunfo entre los turrones de la despensa. Y no. Y, en vista de que ni intenta formar gobierno, se anima Pedro Sánchez  y firma ese pacto con Ciudadanos, tan de derechas ayer como hoy.

La Razón, portada enero 2016
La Razón, portada enero 2016

24 de enero de 2016.La Razón avanza en portada que Felipe González va a tomar las riendas: “Reunirá a la vieja guardia antes del Comité Federal para frenar a Sánchez”. La ejecutiva también le niega el pan progresista como declaró José Antonio Pérez Tapias. El País atiza fuerte. Llegará a llamar a Sánchez en editorial de portada “insensato sin escrúpulos”. Su demoscopia sigue ensalzando a Rivera, el líder político mejor valorado. No como “otros”. En ese contexto echan las culpas a Iglesias y Podemos de no haber votado a Sánchez.

En junio de 2016,  y tras una investidura de Rajoy fracasada por la firmeza de Sánchez, vamos de nuevo a elecciones. Demasiado para el cuerpo del PSOE. Llega el pavoroso septiembre. Cuatro días de asalto y derribo a Sánchez. Dimisiones para forzar su salida.  Verónica Pérez, secretaria general del partido en Andalucía,  se autoproclama “máxima autoridad del PSOE” ante la estupefacción de España entera. El País sigue en campaña y llega a decir que la salida de Pedro Sánchez será para salvar al PSOE. Es 1 de octubre de 2016. Y escribe: “se lanzó en tromba contra sus críticos, acusándoles —en la mejor tradición sectaria— de desviación ideológica y de trabajar para beneficiar al principal rival, el Partido Popular”.  Siguen lloros, gritos, puñaladas de acero, Sánchez salta. Y se va a resucitar campo adelante. Y lo consigue.

El PSOE se dividió e hizo posible el gobierno de Rajoy. Después vendría la moción de censura que le sirvió en bandeja Pablo Iglesias y Unidas Podemos, con la colaboración de nacionalistas varios de los que, ahora, el presidente candidato abomina. Alguna vez podían recordar que esta decisión fue la que condujo al PSOE  y a Sánchez a La Moncloa. La que le sirvió de campaña y trampolín de promoción. La tragedia es que quieran secar el agua bajo esa tabla. Y torciendo la verdad y exacerbando pasiones. Que también anda caldeado el ambiente en Unidas Podemos, sí, seguro.

Pedro Sánchez no es una marioneta, como comentan algunos. Lo demostró con un gesto tremendo al levantarse a hablar con el espontáneo que irrumpió gritando en el funeral de Rubalcaba. Y, antes, en esa trayectoria en la que no se dejó doblegar. Sabe lo que hace. Quienes  lo ignoramos somos los ciudadanos. ¿A qué viene todo esto? Tres semanas casi ya. Salidas de tono. ¿Quién y por qué influye?  Sin duda, la ideología del PSOE es muy difícil de definir. Socioliberal es la que mejor le cuadra. Se supone hay socialdemócratas bien intencionados pero contiene incluso ultraderecha en los Guerras y Leguinas furibundos y unos cuantos más. En todo este conjunto que incluye el contubernio con final de epopeya de 2016, el PSOE no es que sea precisamente de fiar.

A su lado, las ambiciones y los egos que han dañado Podemos parecen hasta infantiles.  Patéticos disidentes del Frente Nacional de Judea que se prestan a ser usados por los adversarios de la izquierda a cambio de un plato de focos. Otorgándose una autoridad que no avalan sus escasos éxitos o sus contradicciones, además. Más serio el errejonismo que declara al poco edificante jefe de opinión de El Mundo que “hay claramente un espacio para otra fuerza progresista no sectaria“. Qué feliz hubiera sido el establishment con un vicepresidente así, si no le hubiera cegado la prisa. ¿Se arregla con nuevas elecciones ignorando el enfado de  los votantes?  Casado ve en el “efecto Errejón” una posibilidad de asaltar él La Moncloa.

¿Quién es fiable en España? En el PP, bien protegido por su prensa empotrada, la guerra de facciones ha venido alcanzando cotas insuperables. Porque aquí se escribe, para más dolor, sobre la plantilla de negocios y corrupciones. Feroces y soterradas luchas. Soraya Sáenz de Santamaría y Cospedal. Aguirre y Rajoy. Aznar y cualquier demócrata. Cada vez que cae uno de los prebostes, asoma la mano del fuego amigo. Cifuentes que aguantó las graves revelaciones de su máster fraudulento, cayó cuando “alguien” filtró a medios de la familia el robo de unas cremas guardado en vídeo previsoramente.  Por no hablar de la mala salud de varios implicados o testigos de corrupción, que también es triste suerte.  Tramas  y cloacas del Estado impunes, en resumen. Con graves costos para la democracia.

Esta derecha española aguarda la indefinición de Pedro Sánchez para sentarse también en La Moncloa. Esta derecha, cada vez más reaccionaria,  distribuida en tres sensibilidades –la clásica, la pija y la ultramontana–  que tanto gusta a los poderes.  La que ha dado alas a que gente como el arzobispo de Burgos, que se permite pedir a las víctimas de violación “defender la castidad” hasta la muerte.

El 28 de abril una mayoría de electores votó contra un gobierno presidido por Pablo Casado, con Albert Rivera de vicepresidente y Abascal, ministro del Interior. Con listas de progresistas a perseguir. Comparen los “contendientes” la escena a ver si reflexionan de una vez y no esperan a verla en televisión desde su casa. Revertir de esta forma lo que han dicho las urnas es imperdonable. Agostar por cansancio y asco la voluntad de acudir a las urnas, supone una grave irresponsabilidad  a corto y largo plazo. Y olvidar a quiénes se deben los políticos honestos. Es intolerable, injustificable.

 

*Publicado en eldiarioes

España precisa un gobierno sin más dilación

La única opción que debería estar completamente descartada es la convocatoria de nuevas elecciones. La sociedad no aguantaría tener que acudir nuevamente a las urnas porque los partidos no logran un acuerdo de gobierno. Con más quórum además que en algunas ocasiones precedentes. Muchos ciudadanos progresistas están al límite de la paciencia viendo el espectáculo que se está ofreciendo para una negociación que se dilata más que en exceso.

Por fin, se anuncia que se abren vías tras varios encuentros entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias fallidos.El candidato del PSOE admite que haya miembros de Unidas Podemos en su gobierno pero con perfil técnico. Pablo Iglesias propone consultar a las bases. La luz se ha abierto el final del túnel pero vuelven a caer mamparas. Celaá, ministra portavoz, dice que el PSOE quiere “una negociación integral de proyecto”. Según el diario El País, es Iglesias el que “reclama una negociación integral”. Se diría que quieren ambas partes lo mismo, pero parece que hay alguna diferencia sobre el concepto integralidad. El periódico de PRISA añade que Iglesias”lanza” la consulta a sus bases sobre el gobierno que quieren.

Celaá pide con humildad sin par a los socios preferenciales que “abandonen orgullos y egos personales”. Es sabido que en el planeta Tierra cuando se alude al ego superlativo solo hay uno, como madre solo hay una. Los políticos destacados atesoran en nuestro país una modestia casi franciscana salvo uno que todos ustedes conocen. Pregunten en los ranchos de Texas o en los mares donde fondean los yates de lujo, y verán que solo dan un único nombre.

Unidas Podemos por su parte consulta a sus inscritos sobre qué tipo de acuerdo de gobierno quieren con el PSOE. Con no pocas críticas siguiendo la tradición. Las preguntas son ambiguas, ese clásico en nuestro país. Se trata de decidir si se quiere un modelo de gobierno de coalición como pide Unidas Podemos o el de cooperación que propuso el PSOE. En el segundo caso Sánchez no podría oponerse, pero sí en el primero que sería volver a la casilla de salida. Al PSOE, como se anticipaba, les parece que el lanzamiento de la consulta complica más el acuerdo.

Resulta un tanto extraño en los políticos preferir perfiles técnicos. Es como una negación de su propia esencia. Los gobiernos son políticos y hacen política. Sin contar con lo mal que entiende España la independencia.En igual sentido, parece que los partidos (preferentemente los de izquierdas ) emitan un perfume que resulta indeleble solo con la mera aproximación. La política, desde luego, está en horas muy bajas en España y puede que se lo haya ganado a pulso.

Ahora bien, no puede estar más claro que el PSOE no se siente cómodo con Unidas Podemos en la mesa del Consejo de Ministros. Cómo será que hasta la vicepresidenta, Carmen Calvo, volvió a sacar el mito de que Iglesias no apoyó un gobierno de Pedro Sánchez en 2016. Siendo conocedora de lo que realmente ocurrió, como muchos periodistas que también resucitan ahora aquella leyenda.

No han pasado varios lustros para haber olvidado el acuerdo firmado con Ciudadanos, que era tan de derechas como lo es ahora. La negativa del PSOE, que contó el ahora ex miembro del partido José Antonio Tapias. O las presiones que confesó Pedro Sánchez al periodista Jordi Évole en Salvados.

Volvemos al principio, España necesita apremiantemente un gobierno. Si van a mandar ministros de Unidas Podemos a debatir en la cocina, no parece plan. Los acuerdos integrales, sea cual sea la integralidad, deberían dejar muy claro ese punto. Sin duda, unir fuerzas para trabajar juntos en la misma dirección suma esfuerzos y los amplifica pero no siempre es posible. A veces es preferible una menor implicación y ser vigilante de los acuerdos prográmaticos. El gobierno en sí y sus principales decisiones son las del partido que lo preside. Nick Clegg, líder de los demócrata-liberales británicos, pagó cara su alianza con los conservadores de Cameron. Políticamente. En las siguientes elecciones no sacó ni su escaño y hundió al partido. Ahora el hombre es un jefazo de Facebook y vive en la soleada California a cuerpo de Silicon Valley.

El 28 de abril muchos españoles votaron en defensa propia ante el temor de que llegará la triple derecha a la Moncloa. Sin duda el PSOE recibió el voto del miedo ante semejante amenaza. El peligro era real como ha demostrado la formación de gobiernos municipales y autonómicos. Mucho más de lo previsto por algunos. Vox manda y sin problema para sus socios. Ignacio Aguado de Ciudadanos encuentra lógico que la ultraderecha pida listas de quiénes dan charlas en la Comunidad de Madrid sobre el colectivo LGTBI. Cree el ciudadano naranja que están en su derecho. Y, ellos con Arrimadas en cabeza, de ir a restregarles en la cara los recortes de derechos que toleran. Y encima de demandarlos y que lo admita a trámite la Fiscalía.

En el PP el sesgo ultraderechista viene con tintes pintorescos. Pablo Casado, como presidente, da la razón al alcalde Almeida. Y asegura, sin asfixiarse, que Madrid Central aumentaba la contaminación al no circular vehículos por la zona. El milagro del aire que se libera de tóxicos de los tubos de escape solo con una jaculatoria de la derecha. Esto está llegando a unos niveles que evitar un gobierno de estos ejemplares políticos se inscribe ya en la supervivencia de la especie.

Queda una reflexión más dura y no por ello menos cierta. Un país con la corrupción impregnando altas instituciones del Estado como es España, no puede aspirar a otro progresismo que el que representa el PSOE. Un partido de centro socialdemócrata europeo al que cabría pedirle la máxima responsabilidad y a ser posible que aligere algunas mochilas que le pesan demasiado.

No habrá gobierno marcadamente progresistas, no habrá “portugales” en España, mientras no se limpie la suciedad que impregna muchas instituciones esenciales, siquiera una parte. Saberlo es el principio de la solución. Trabajar para que poco a poco vaya siendo posible. Que lo es, que sí se puede, con decisión y no sin esfuerzo.

Un gobierno de esta triple derecha supone, insisto, un peligro para los derechos y las libertades y la propia madurez de la especie. Nuevas elecciones mandarían a muchos votantes de izquierda a la abstención. Formen gobierno ya y pónganse a trabajar por los ciudadanos que es lo que cuenta. Y mírense en los espejos a ver si se les ha caído algún ego al suelo y más de una sinrazón.

 

*Publicado eldiario.es

Arrimadas y la perniciosa estrategia de la crispación

Madrid acaba de asistir al lanzamiento de Inés Arrimadas como estrella de la crispación. Una tarea que se desarrolló, como tal, con éxito en Catalunya hasta quedar abrasada por los excesos de su actuación. Lo sucedido en el desfile del Orgullo LGTBI es un hecho de extrema gravedad, en efecto, pero por todo lo contrario a lo que ha sido destacado. Se demostró que Ciudadanos es capaz de usar precisas técnicas de manipulación, combinadas con un temible espíritu autoritario y el altavoz de unos medios que parecen “empotrados” en sus tropas políticas.

El presidente del partido, Albert Rivera, ha redondeado la faena este martes, anunciando que denunciará ante la Fiscalía los hechos. El colectivo LGTBI es insultado una vez más, como tantas veces en su historia, esta vez por el odio de un partido que dice ser democrático.

Es sonrojante la versión de los hechos. Ciudadanos se negó a firmar el decálogo de los organizadores que instaba a los partidos a no valerse de los votos de extrema derecha para gobernar. Aguado, líder en Madrid, argumentó que por ser un “manifiesto político”.  Los organizadores no les impidieron ir pero no vieron con buenos ojos que acudieran con pancarta de partido en ese contexto.

A partir de ahí todo fue premeditado. Un informe policial  contradice la versión de Ciudadanos. No hubo agresiones. Y parece claro que Ciudadanos acudió a provocar, pidiendo protección policial o “coartada”, previamente. No atendió a las indicaciones de los agentes y solo se constató el lanzamiento de una botella vacía de plástico, según ese informe. Sí fueron abucheados. La policía destaca, como pueden ver en el enlace, que Ciudadanos “maniobró para catalizar la atención mediática y publicitaria”.

A la marcha acudieron más de 400.000 personas, en datos de la policía, y 1,6 millones según los organizadores, “para homenajear a las primeras generaciones de activistas” LGTBI. Pero informativamente la manifestación fue desplazada ante “el pollo” montado por Arrimadas. La dirigente naranja se permitió llamar fascistas a quienes les increparon. Girauta, matón al Ministro Grande-Marlaska. He de colocarlo así, porque este servidor público a quien pago el sueldo, me tiene bloqueada. Y no. Quien calentó las calles fue Ciudadanos, no Marlaska. Ciudadanos pacta con partidos ultaderechistas y homófobos como Vox. Está suscribiendo acuerdos que incluyen la derogación de leyes LGTBI, entre otras. “Es incompatible luchar por la libertad y la igualdad de derechos en las calles y asociarse a quienes enaltecen el odio y la discriminación en las instituciones”, argumentan los organizadores del desfile.

ABC, 9 de Julio de 2019
ABC, 9 de Julio de 2019

Arrimadas viene haciendo desde entonces un tour de promoción en los medios incansable. ABC le ha dedicado dos portadas consecutivas a esta pobre mártir. Telecinco titulando “Nuevo acoso a Ciudadanos“, Antena 3 y hasta TVE en sus telediarios se han rendido a la miserable campaña del victimismo naranja. Porque lo es y lo sabemos gracias, precisamente, a la exclusiva de eldiario.es. Algo que no mencionan los medios, ni siquiera la televisión pública, desinformando una vez más al no aportar ese contexto imprescindible.

El informe de gestión de Ciudadanos es la gestión de su propaganda, de su siembra de odio. Ciudadanos se jacta de haber conseguido “titulares con fuerza” gracias a acudir a lugares donde provoca como Rentería o el pueblo de Josu Ternera, donde el partido naranja no se presentaba siquiera. O en la foto ultra de Colón. El mayor éxito se da en Rentería. Textualmente: “Apertura en gran parte de los informativos de TV protagonista del tema central en portadas (Abc y El Mundo) y fotos de portada (El País, La Vanguardia, La Razón). Se habla de ‘acoso’ y ‘cerco’ a los miembros del partido”. Dura obtención de ese despliegue… en unos medios que en buena parte parecen entregados a esa causa.

La triunfal gestión de Rivera se destaca también en su paso por El Hormiguero y el programa de Bertín Osborne. Y hasta por los tuits enviados en la muerte de Rubalcaba. Si todo esto no fuera patético, hay más.

Mucho más. Ciudadanos no difiere de la ultraderecha en sus técnicas de manipulación de masas. El Principio de la exageración y desfiguraciónque describía Joseph Goebbels, el padre de la propaganda nazi de Hitler podría encontrarse en Ciudadanos. Se trata de convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

Hay más Teoría Goebbels, en el mensaje corto, simple y repetitivo de Ciudadanos. En la concentración de los ataques en el enemigo único. Ahora le ha tocado al Ministro Marlaska. Matón, instigador, el que ha de dimitir como piden como una sola voz Albert Rivera, Arrimadas, Rafael Hernando del PP y el jefazo de Vox, Abascal.

Todos ellos dominan con maestría el Principio de la transposición de Goebbels: cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Van más allá: atacando de entrada. Han vaciado la palabra fascismo. Para Arrimadas, Rivera, Girauta y unos cuantos políticos de esta formación -y de sus correligionarios del PP- todo es fascismo salvo cuando se miran al espejo. La misma táctica de los medios a su servicio o de aquello a lo que representen. Vaciar las palabras venía también en la impresionante versión del escritor George Orwell en “1984”, pocos años después.

No toleran la crítica democrática. A la mínima tiran de querella. Como ellos mismos dirían, usan el dinero de nuestros impuestos para empurar a sus contrincantes, para fabricar odio. Amenazan a Marlaska  y a periodistas críticos –bien escasos, por cierto-. Un senador naranja pide echar a Nieves Concostrina de sus colaboraciones en RTVE. Y llegan al colmo amenazando a personas que libremente ejercen la libertad de expresión que por supuesto incluye la protesta. Ahora, también a las LGTBI. Lo escribí ya. La libertad de expresión y el derecho de manifestación están recogido en la Constitución española, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en los tratados internacionales y en cualquier conciencia democrática. Es lícito protestar, pacíficamente, ante políticos con los que se discrepa o que han insultado a su vez.

Visto lo visto, esta gente quiere imponer la represión de las ideas, propia de los regímenes autoritarios. ¿Qué harían en el poder? Súmenles a sus socios Vox y un PP tan escorado a la derecha. Recordemos que fuera de la imagen de diseño de sus líderes, de sus tupés y afeites, Ciudadanos nunca condenó el franquismo.

El colmo ha sido cuando este lunes, un senador de Ciudadanos se atrevió a comparar a Arrimadas con Rosa Parks, en la misma línea que ha seguido ella con su ABC de portada hablando de armarios. No cabe mayor indignidad y mentira que apropiarse de una figura mítica de la lucha por los Derechos Civiles como Rosa Parks. Tratar de envilecerla en la banalización. Arrimadas sería, en la equivalencia, la conductora del autobús que la echaría de su asiento. Ciudadanos, partido del que es portavoz, pacta y gobierna con quienes quieren degradar derechos fundamentales.

Por supuesto que conocemos a Arrimadas en Madrid desde que pisó la arena política, su levedad intelectual y su ingente mala uva. Cómo practica las lecciones de su asesor cuando le dice que lo único importante es cómo suelte sus mensajes, no lo que diga. Pero también cuenta el contenido, y es enormemente dañino. El modelo funcionaría mejor con una mujer menos agria y chillona, sin ese exasperante punto de burla cuando consigue su objetivo. Desbordada por su personaje, solo verla desata los resortes de la crispación. Pero no es la única. Arrimadas es imagen de Ciudadanos, es Ciudadanos al completo y a todos los efectos. Con Rivera a la cabeza.

Tenemos un problema. Serio. Manipular, crispar, confrontar, sin más debajo que obtener el poder a toda costa. Un tipo de poder no dirigido al bien común como se aprecia en el informe de sus éxitos.

Y añadan otro más: Pedro Sánchez quiere la colaboración de Ciudadanos. Y hasta del PP. Y planta cara a Unidas Podemos. La quinta reunión de Sánchez e Iglesias acaba en ruptura total. Nuevas elecciones en este escenario son algo imperdonable, suicida, tirar la sociedad por un barranco.

 

 

*Publicado en eldiarioes

La vida tiene un precio

Esta semana, pacíficos vecinos de un barrio de Londres recibieron el impacto de un gran bloque de hielo en su jardín. Se trataba del cadáver de un hombre que cayó al abrirse el tren de aterrizaje de un vuelo de Nairobi a Heathrow de la compañía Kenya Airways. Poco más se sabe de él. Investigarán en Kenia donde subió. Nueve horas de trayecto. Una bolsa, comida y agua para resistir, pero nada que le pudiera guarecer de las bajas temperaturas y la presión a esa altitud. El precio de un billete para viajar dentro del aparato supuso la diferencia entre la vida y la muerte.

Los periódicos londinenses, desde el Times a The Sun, andan muy preocupados por el susto que se dieron los vecinos. Uno de ellos “tomaba el sol” y el migrante clandestino le cayó a un metro. Hizo un buen destrozo en el suelo. Rompió un par de baldosas. Mucho más que el impacto sobre las conciencias. La prensa de nuestros días ha comentado la anécdota en términos como “el pájaro polizón” o “el hombre llegado del cielo”. A mí me causa especial desazón, como todos los grandes empeños que desembocan en rotundo fracaso. Tanto esfuerzo, para ese final.

No es la primera vez, nos cuentan. Hay gente rara que tienta a la suerte para viajar en un tren de aterrizaje, en los bajos de un camión o en patera por el mar. Les compensa el riesgo en la lucha por sueños que suelen ser los de la una vida mejor. Ya lo dice el magnate Donald Trump, llegado a Presidente de Estados Unidos de América: los migrantes a los que encarcela y enjaula están mejor ahí que en sus propios países. Que no vengan, dice también. Respondía así a las críticas que han suscitado las imágenes de los campos de concentración económicos y los dibujos desolados de los niños recluidos.

Almudena Ariza

@almuariza

Dibujos que hablan

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Algunos, por cierto, se le mueren ahogados en el Río Grande. Y el dibujante que lo denuncia en una viñeta es expulsado de su medio en Canadá.

Solo la simpleza de mente puede deducir que no hay causas profundas para las migraciones o búsquedas de refugio. Los trabajadores pobres del mundo, trabajadores, precisan tres siglos para ganar lo que los ricos ingresan en solo un año, en doce meses, dice la OIT. Porque ha seguido aumentando la desigualdad, un efecto buscado, una opción y no un resultado económico inesperado, como dijo el Nobel Joseph Stiglitz. Son las reglas del liberalismo salvaje que nos rige. El que termina cerrando los ojos a los miles de migrantes muertos. Y pretende detener y encausar a quienes, como Carola Rackete, capitana del Sea Watch 3, intentan salvarles la vida. Así lo ha hecho el fascista vicepresidente de Italia Matteo Salvini.  Otros, como el gobierno español, amenazan con multas esta tarea humanitaria.

Si la vida tiene un precio debería ser al menos el mismo para todos. Y el lema rige para la vida cotidiana lejos de las grandes tragedias migratorias. En la América grande de Trump un bote de insulina para tratar la diabetes cuesta 340 dólares, el mismo en Canadá, 30. Otro medicamento contra el VIH se paga a 1.700 dólares en Estados Unidos y a 8 dólares en Australia. Lo contaba la corresponsal Almudena Ariza en RTVE. Aquí, el precio entre la vida y la muerte, la salud o la enfermedad está en otros billetes, los que llevan a países donde no se especula con los fármacos.

No, no estamos tan lejos. Uno de los grandes males de nuestro tiempo es que gran parte de la gente no relaciona las consecuencias con los hechos, las políticas con sus votos. Un fondo de inversión domiciliado en Luxemburgo ha comprado el 16% de la concesionaria del hospital de Vigo. Es ya una práctica habitual. De modo que, por ejemplo, el 60,35% del gasto sanitario en la Comunidad de Madrid fue a parar –ya en 2017– a manos de empresas privadas muy relacionadas con lobbies sanitarios. Los lobbies no se mueven por altruismo, se mueven por negocio. La salud así termina teniendo un precio, aunque a algunos les parezca tan sutil que ni lo ven.

Aún no ha echado a andar la legislatura, aún crujen las tensiones buscando pactos, y Ciudadanos ya ha lanzado una de sus grandes prioridades: lo que llama gestación subrogada. Albert Rivera dice que estamos coartando la libertad de la mujer. Entre las libertades de la mujer, ya ven, está la de alquilar su vientre. El proyecto de ley se las trae. Como desgrana Ana Requena, las “mujeres gestantes” no podrán haber sufrido episodios de depresión, tener antecedentes penales o de abuso de drogas o alcohol. Nada de eso tendrían que cumplir los “padres subrogantes”. Además, el altruismo es un mero eufemismo, naturalmente. Ciudadanos prevé una “compensación resarcitoria” para la mujer que gesta que cubrirá gastos y conceptos genéricos como “proporcionar las condiciones idóneas durante la gestación y el posparto”.

En Ucrania, las fábricas de bebés tienen regulaciones similares para las mujeres gestantes, más o menos según el precio pagado. Solo que a veces se incumplen y los “productos humanos” salen defectuosos.

Se arguye para esta prioritaria petición de los naranjas que “todos los ciudadanos deben tener derecho a formar una familia”. Derecho no, ni deber, pero la voluntad, sí, desde luego. Hay miles de niños perdidos, a 1.600 se los tragó el mar en cuatro años sin que nadie les pusiera siquiera una lápida o un “que el agua te sea leve”. A esos no los quieren los alquiladores de vientres, los hijos han de tener sus preciados genes. La vida, en el universo liberal e insolidario, tiene un precio desde antes de la cuna.

Nunca he olvidado la carta de otros dos polizones que murieron también congelados en un tren de aterrizaje de un avión con destino Bruselas, capital de la Europa comunitaria. Fue en agosto de 1999 y en pocos días la noticia de su tragedia fue apisonada por el tanque de cualquier otra nueva actualidad.

Se llamaban Yaguine y Fodé. 14 y 15 años. Estudiantes en Guinea-Conakry. Decidieron ingenuamente cambiar el mundo y se lanzaron a la tarea. Por si algo salía mal, portaban una carta, escrita en correcto francés, con sus peticiones. Comenzaba así:

“Excelencias, Señores miembros y responsables de Europa :

Tenemos el honorable placer y la gran confianza de escribirles esta carta para hablarles del objetivo de nuestro viaje y del sufrimiento que padecemos los niños y los jóvenes de África.

Pero, ante todo, les presentamos nuestros saludos más deliciosos, adorables y respetuosos con la vida. Con este fin, sean ustedes nuestro apoyo y nuestra ayuda. Son ustedes para nosotros, en África, las personas a las que hay que pedir socorro”.

Y decían más. Dios  todopoderoso, “su” –nuestro– creador, nos ha dado a los europeos “todas las buenas experiencias, riquezas y poderes para construir y organizar bien su continente para ser el más bello y admirable entre todos”. Querían ser como nosotros, querían que les ayudásemos a ser como nosotros. Y pedían excusas por su atrevimiento.

Hoy ambos andarían por la treintena, plenitud de la vida. Pero había que pagar el precio… de un billete de avión. Al menos, y durante unos días, la opinión pública se conmovió. No se trata de compungirse: paraliza. El mejor desahogo a la injusticia es reaccionar para buscar la salida.

Hoy he querido escribir de estos inalcanzables precios, de estos injustos precios a los que condena el liberalismo vigente, sin cortapisas, y cada vez más virulento y cruel, más egoísta y desinformado. Porque andamos sin Gobierno en España y a la espera de pactos que se ponen cuesta arriba. Ha dicho Pedro Sánchez, el candidato a presidente por el PSOE que aceptaría por fin incluir personas propuestas por Unidas Podemos con la condición de que sean independientes de ese partido. Es un torpedo, otro más, a la política. A la política social progresista en particular.

¿De verdad puede alguien desde puestos de responsabilidad independizarse de la política y de la solución a los problemas candentes? Ni en tres siglos los pobres cobrarán por su trabajo lo que los más ricos ya reciben hoy en 12 meses, pero igual con una decidida voluntad de cambio nos llegaba para pagar un billete seguro a la valentía de luchar. E igual, con la política genuina al servicio de la sociedad, alcanzábamos a montar en una diligencia hacia el retiro a aquellos que anhelan los salvajes eriales de la involución.

 

 

*Publicado en eldiarioes el 5/7/2019

Dejen de soñar, el bipartidismo ha muerto

Sueñan con resucitar el bipartidismo. En España y en Europa, si pudieran. Pero al bipartidismo lo mataron los dos partidos que lo formaban. Sus políticas. Baste mirar, en el pasado reciente aunque va mucho más allá, el austericidio que obligó a pagar a los ciudadanos lo que ellos llamaron crisis. Su crisis, por cierto. Conservadores y socialdemócratas no dieron soluciones. El abanico se abrió. Con más actores, más partidos. Algunos tan chirriantes como los ultraderechistas que configuran el neofascismo de nuestros días.

La UE ha precisado la cumbre más larga de su historia a la par que la que alumbró tan malamente el Euro para elegir sus cargos por las tensiones entre los bloques. El grupo de los Populares europeos conserva la presidencia de la Comisión, con la alemana Ursula von der Leyen, apeando al candidato socialdemócrata. Lo que ya ha ocasionado críticas. La UE da la presidencia del Consejo a un liberal. El poderoso BCE a Christine Lagarde que deja el FMI. Para decir que hay dos mujeres en cargos de relevancia, si es que el talante de Lagarde difiere de cualquier tiburón masculino. Y Josep Borrell  llega a dirigir la política exterior de la Unión, con sus especiales dotes diplomáticas. Sánchez ha dicho en rueda de prensa al concluir que España debe aprender de estos pactos, precisamente.  Mucha derecha, y pocos cambios sustanciales.

En España el empeño de volver al bipartidismo es tan obtuso que más parece apelar a la ceguera mental de los votantes que a una realidad en la que crean PSOE y PP. Sería realmente grave si de verdad ignoran los signos y creen que es viable ahora. Si de verdad piensan que los felices días para ellos de su hegemonía y mandato alterno van a volver. En nuestro caso, se añade la singularidad de algunos territorios que se comportan de forma autónoma desde hace décadas, aunque no quieran verlo.

Las encuestas les dicen que en unas eventuales nuevas elecciones bajarían Ciudadanos y Vox. Y lo dan por bueno a pesar de la intensa cocina demoscópica. Así Pablo Casado aspira a desbancar a sus ahora socios de la triple derecha. Su objetivo es “restaurar” el bipartidismo. A pesar de haber obtenido el peor resultado de la historia del PP. Recordemos, dado como se disuade la memoria, que el partido de Pablo Casado ha perdido la mitad de los diputados del Congreso y dos tercios de los senadores y que eso le ha llevado a una bancarrota económica. En dinero (público) son 257.430 euros al mes. En Catalunya, el PP se quedó con un escaño, uno. Con ninguno en el País Vasco, perdió hasta los dos obtenidos en 2016.

El PP ha jugado bien sus cartas para obtener ayuntamientos y comunidades, a pesar de sus poco brillantes resultados también en esos comicios. A costa de pactar con Vox, que nadie lo olvide. El plantel que presenta para recuperar el bipartidismo cuenta como una de sus más fulgurantes estrellas con el alcalde de Madrid. La capital del reino, villa y corte siempre es un puntazo para el palmarés.

Almeida es el alcalde que mayor rechazo ha concitado en menor tiempo en la historia de España. Guiado por un afán vengativo y revanchista, solo parece pensar en barrer todo lo hecho por la corporación de Manuela Carmena. De ahí que se haya lanzado a suprimir Madrid Central, el área con tráfico restringido de Madrid. Ha aumentado el tráfico, la contaminación, el tiempo invertido por los autobuses en sus trayectos, las protestas ciudadanas. Tuvo el cuajo de no abrir espacio para los manifestantes que fueron entre vehículos. Y de reírse de Greenpace a quien acusó de ser unos desocupados por manifestarse. La arbitraria medida, contra el signo de los tiempos, contra la salud, es noticia internacional.

El dislate Almeida, plegado a Vox, carga contra los colectivos LGTBI, contra el feminismo, contra los desahuciados, contra los “chiringuitos” progres… que velan por los Derechos Humanos.

Almeida y Villacís revirtiendo una zona peatonal en Madrid. Foto publicada por el alcalde
Almeida y Villacís revirtiendo una zona peatonal en Madrid. Foto publicada por el alcalde

A cambio, ofrece a los madrileños recuperar el “sueño olímpico” que enterró ya 6.500 millones de euros. La vicealcaldesa de Ciudadanos, Begoña Villacís, vende los pianos Almeida con la mejor de sus sonrisas cómplices. Y se apunta hasta a aplaudir que reviertan una zona peatonal para que vuelvan a aparcar coches en ella.

En la Comunidad de Madrid, donde Vox fuerza acuerdo triple y firmado, la candidata Díaz Ayuso añade a su mirada despierta en luces tan Almeida, el pufo del piso paterno. Son las estrellas del PP, propulsadas por Pablo Casado, que dice va a restaurar el bipartidismo.

Los movimientos de Pedro Sánchez van en la misma dirección. En el baile de declaraciones de estos días textual: pasos adelante, pasos hacia atrás y media vuelta predomina la idea de gobernar solo y sin apoyarse ni para la investidura en los nacionalistas. Las matemáticas, sin embargo, son exactas, pocas cosas lo son tanto como los números. 123 diputados son 123 diputados los pongas del derecho o del revés. Y la mayoría está en 176. Con la suma de los 42 de Unidas Podemos la meta está más cerca: son 165 que pueden encontrar 9 apoyos sueltos para cualquier decisión de importancia.

No es difícil suponer que Pedro Sánchez tiene presiones internas dentro del partido y externas en el ámbito de los grandes poderes. El principal poder debería ser la sociedad soberana que vota a sus representantes. Puede haber, los hay seguramente, hasta desencuentros de piel con Unidas Podemos. Usen guantes, pónganse crema, crezcan. Porque no habrá mucho mejor resultado si se repiten elecciones. El bipartidismo ha muerto, dejen de soñar en su resurrección. Al menos inmediata y por este camino.

Los partidos tradicionales se han desplomado como evidenciaron las elecciones europeas, de ahí las tensiones para los altos cargos. La suma de PPE y socialdemócratas perdió la mayoría absoluta por primera vez en la historia. Pero es que ¿Ya nadie se acuerda de lo que hicieron a partir de 2008? Ni refundar el capitalismo, ni acabar con los países fiscales, ni con privilegio alguno de los causantes de la crisis. La tijera de los recortes se adueñó de la política europea, con mayor incidencia en los países que arrastraban sus propias crisis. Creció la ultraderecha a niveles preocupantes. Y los verdes, y los liberales. Esta convulsión es consecuencia de las políticas del bipartidismo. Nada va a cambiar. A mejor. El reparto de cargos no hará si ahondar el divorcio con la ciudadanía.

La mayor parte de los países europeos son gobernados por coaliciones de hecho o mediante acuerdos. Con pocas excepciones. En Grecia, se apunta una mayoría absoluta de los conservadores de Nueva Democracia. Abrasada por el bipartidismo, castigada a muerte por Bruselas al punto de haberle pedido disculpas, sometida la izquierda de un Tsipras que intento lo imposible poco, bien es verdad, retorna al redil para empezar otra vez.

La ultraderecha baja en Europa, al menos. Aunque está. Está para aquellos seres que culpan a la emigración de sus males o que ni siquiera los consideran en su universo, los que han alentado a quienes han dejado morir a 32.000 personas en el mediterráneo, 1.600 niños entre ellos, desde 2014. O para quienes, en España, vivieron al calor del franquismo genocida y sacaron provecho para sí y sus descendientes. Y está, aunque baje, para desestabilizar el sistema por cualquier procedimiento. Con el altavoz de las instituciones y de los medios.

Los ciudadanos buscan otros caminos al bipartidismo. Buscan en realidad a quien se encargue de sus necesidades. Es lo que cuenta aunque muchos de los implicados no actúan como si lo supieran. Y lo que es todavía más grave: sin ser conscientes del momento que vivimos y de adónde conduce este camino. Una ciudadanía no puede sobrevivir con estas frustraciones continuas, inacabables al parecer. Y ya tira por la apatía o por los delirantes neofascismos. Teman el día que se decante definitivamente por esa idiocia que, hueca y alumbrada por flashes, ya está llegando a las instituciones.

Por si no ha quedado claro: el bipartidismo ha muerto y repetir elecciones no hará sino matar la política, más de lo que está.

Hartos de estar hartos

Llevamos años estando hartos. Fue palabra de moda en el 2011. Junto con Indignados. Junto con Reacciona. Y seguimos hartos, cada vez más hartos. Estamos hartos de estar hartos. Hartas también en particular. Mucho. Hemos hecho varios masters en hartazgo y conocemos causas y consecuencias. La fundamental es que el tiempo no arregla nada si no se ponen los medios. En la mayor parte de los casos, lo empeora, siguiendo la tendencia natural.

Resulta que tras ocho años de dominio pleno del Partido Popular en todos los ámbitos del poder, se desbordó el pozo negro de la corrupción, el autoritarismo y los manejos y trampas. Hubo que presionar y consensuar mucho para llegar a una moción de censura que llevara el camión de mudanzas a La Moncloa. No sin ayuda. Insistente. Quedaron sucursales de ámbito local, algunas muy tiznadas.

Y aquí estamos de nuevo casi en el punto de partida. Hartos hasta más arriba del más allá. El PSOE ha ganado las distintas elecciones celebradas en el breve espacio de un mes primaveral. Como se gana ahora en numerosos países: sin mayorías suficientes. En municipios y comunidades ha habido lo suyo, y ahora queda pendiente nada menos que el gobierno de España. El espectáculo para formarlo es de dejar boquiabierto, e ir pasando por todas las fases desde el estupor a la ira. Que si gobierno de cooperación y no de coalición. Que si ahora que he tengo más diputados que antes te voy a dar a ti parte sustancial del pastel. Que si vamos a ir viendo pasar la vida mientras siguen las espadas en alto y la casa sin barrer. Y muchas despensas sin llenar lo suficiente y muchos sueños sin cumplir.

En las puertas de julio, el tradicional mes de las tradicionales vacaciones para quienes pueden disfrutarlas que no son todos, con la tradicional ola de calor, parecen dispuestos a agotar plazos y ver qué se hace cuando ya la tradición marque la hora de entrar en la tradicional depresión postvacacional para aquellos que hayan disfrutado de las vacaciones tradicionales, con sus maletas, sus atascos y sus in situ de las televisiones.

En este clima, se presiona desde el PSOE a Unidas Podemos con nuevas elecciones. Y Errejón, siempre al quite cuando ve un hueco, prepara ahora, según cuenta el periodista Pedro Vallín, la Operación “Más País” por el método habitual de las cuentas de Telegram y aprovechando el éxito sin precedentes de Más Madrid. Ese proyecto ni de derechas, ni de izquierdas tan evocador.

Y Rivera que reaparece desde su purgatorio retando, aparentemente a sus críticos, y lidiando con ellos en el campo de batalla de los tuits. Dice que funden un partido si quieren que “Sánchez campe a sus anchas”. Luego aseguran que se refería a Bancos, sindicatos y Empresas. Rivera aclara que quiere actuar “sin tutelas, ni presiones”. Es casi una confesión de un modus operandi. Él quiere quedarse y, de todos los objetivos posibles, el suyo es abatir al soldado Sánchez.

Y la grada mediática animando. Pitando al contrario –que es prácticamente siempre el mismo y mostrando las bondades del equipo de casa, en sus distintas vertientes.

Viéndoles moverse y hacer declaraciones pensamos si se dan cuenta de que debajo de ellos, de sus sillas y divanes, hay una sociedad esperando respuestas. Los más optimistas de la población, no nos engañemos. No conviene engañarse nunca.

En la otra banda, por así decirlo, tampoco están mansas las aguas ni mucho menos. Salvo para el feliz alcalde de Madrid y su corporación ultraderechista con Villacís y sus ciudadanos azules y los añiles de Vox. Lo que están disfrutando. Ni dos semanas en el cargo y ya se han cargado Madrid Central, pese a la alarma causada internacionalmente por devolver la capital a la contaminación. Han cerrado oficinas de Derechos Humanos. Han prohibido actos vecinales. Han mostrado su inquina al Orgullo de la diferencia sexual.

Banderas en el nuevo Ayuntamiento de PP, Cs y Vox en Madrid
Banderas en el nuevo Ayuntamiento de PP, Cs y Vox en Madrid

Han descolgado las pancartas contra la violencia machista, y a favor de los emigrantes, y han plantado una gran bandera española en el Palacio de Cibeles, debajo de otra que ondea. Una fija grande y otra que se mueve sujeta a un mástil. ¿Qué más podrían desear los madrileños?

En la Comunidad sobrevuela el muy feo pufo de la candidata popular Isabel Díaz Ayuso. La apuesta por ella y su deslumbrante talento debe venir de lejos, como la del presidente del PP, Pablo Casado, y su también mente preclara. El piso de Díaz Ayuso y el préstamo público que su padre no pagó es otro mayúsculo escándalo que habremos de sufragar los contribuyentes y el peor aval para gestionar nada. Lean los alucinantes detalles aquí.

El mismo PP de siempre, con sus trampas y su desfachatez apoyado ahora por el Vox de los impagos y las mansiones y las extravagantes querellas o el Aguado que pide al PSOE, la lista más votada y capaz de sumar más escaños, que se abstenga para que gobierne Ayuso. El mismo PP, el de los pisos buitre de Botella, el de la impunidad agobiante.

Paradigmático Madrid político, ombligo sucio de España, extrapolable a unos cuantos territorios más, numerosos, que muchos de ustedes conocen en detalle, de cerca, para su dolor. Con algunas excepciones periféricas.

Y la investidura de Sánchez como presidente del gobierno en el aire. Y el pulso. “No habrá segunda investidura” amenaza la ministra María Jesús Montoro. Sé que es otra palabra desgastada por los medios, pero en este caso se puede usar, creo, con precisión. Celaá piensa desde la portavocía que no se contempla esa opción a pesar de los sondeos con los que cuentan, por respeto a la ciudadanía.

Estar hartos de estar hartos es una constante española. Serrat lo cantó en 1971, imaginen. En los últimos años parece dominar en los altos despachos una caótica directriz que obliga a volver al punto de partida pero para dar vueltas, una y otra vez. De nuevo estamos en la desesperante rueda. No se entiende, sin explicación convincente, lo que está ocurriendo. Y la tiene. El candidato a la presidencia es el mismo Pedro Sánchez que contó al periodista Jordi Évole las presiones sufridas para no gobernar con Unidas Podemos, el que dos días antes de las elecciones de Mayo dijo esto que destaca Aitor Rivero:

Aitor Riveiro@ikaitor

Entrevista en El País a Pedro Sánchez, el 26 de abril de 2019. A dos días de las elecciones generales

“Que entre en el Gobierno Podemos no es ningún problema”https://elpais.com/politica/2019/04/25/actualidad/1556218285_890314.html 

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El hartazgo es una bolsa que se va llenando de una forma impredecible. Un proverbio de Oriente Próximo lo formula con más realismo que la gota que colma el vaso de dimensiones conocidas. Dice: “Nunca sabrás qué paja romperá la espalda del camello”. La saca al lomo acumula peso y una simple brizna de más puede quebrarla cuando llega al colmo, a la saturación.

Hartos, hastiados, enervados, enfurecidos, crispados, cansados, desencantados, agotados, desesperanzados… y vuelta a empezar la rueda a la que obliga la impotencia ante la incoherencia. O no, ya no.

Miren, Sr. Sánchez, ministros y ministras, barones y baronesas, cúpulas varias, portavoces mediáticos, subsidiarios o mantenidos, formen gobierno: realista, firme y duradero. Salvo esa derecha ultra, irracional e incongruente, que ve satisfechas sus ansias de involución, los ciudadanos estamos hartos, pero hartos de verdad.

 

*Publicado en eldiarioes

 

O gobierno progresista o triple derecha

Habrá que decirlo sin sutilezas porque sin sutilezas se maniobra. Pendientes de la investidura de Pedro Sánchez y de la formación de su gobierno, se multiplican los gestos para condicionarlo. Mientras, la triple derecha  llegada en pactos a las instituciones, da aplastantes muestras de lo que es y piensa hacer. Hay que elegir el bando, no hay otra. Pero en la mesa de negociación, o en la silla, o en el diván, se sientan más de los que se ven, siendo muchos los que se ven.

La cúpula y los barones del PSOE no quieren a Pablo Iglesias en el gobierno. Textualmente. Como mucho tolerarían,  desde su minoría insuficiente, a otros miembros de Unidas Podemos en algún ministerio, o en puestos administrativos de segundo nivel. Es lo que ofrece Pedro Sánchez a Pablo Iglesias. La cuarta reunión este martes entre ambos ha concluido sin acuerdo y con posiciones alejadas.

    Puestos a elegir, preferirían mejor a nadie de UP en ningún puesto. Así se deduce de la apasionada lucha por sumar a Ciudadanos al proyecto como siempre quisieron los que quieren estas cosas para sus fines. Lo que vienen a ser los mercados con piernas, o los poderes en general con manos largas. O la alta autoestima de quienes no quieren sombras. Inciso, Joan Baldoví de Compromís lanza la genial propuesta de incluir en ese bloque a Errejón y Carmena como ministros de Sánchez.  Nada podría hacer más feliz al aliado preferente, a Pablo Iglesias.

Gonzalez, Vargas Llosa y Bertín Osborne
Gonzalez, Vargas Llosa y Bertín Osborne

A los barones del PSOE con inclinaciones naranjas e incluso azules ya los conocemos en vida y obra. En la cúpula, reinando aún, tenemos a Felipe González que se queja de no haber recibido ni una llamada de Sánchez. Y se teme lo peor.  El que se sienta con Vargas Llosa y Bertín Osborne, proclamado periodista, como moderador. Este Felipe González que dice: “¡Hay que plantarse!” ante Isabel Preysler con “unas grandes gafas de sol a las nueve de la mañana en un local con no demasiada luz”, como cuenta Íñigo Sáenz de Ugarte. Porque lo más dramático de España hoy es el patetismo de algunas élites y de sus voceadores. Y este cuadro de ex presidente al que se le cayeron las tres primeras letras de las siglas del PSOE, Premio Nobel ultra enfurecido y cantante de derechas que entrevista es insuperable.

Y ese alborozo porque unos cuantos miembros destacados de Ciudadanos han descubierto que su partido es de derechas y se van incapaces de soportarlo. No les dio una pista ni la foto ultra de Colon. Ni los pactos suscritos con la ultraderecha. Toni Roldán, precisamente, el primer dimitido, aplaudió  el primer gran acuerdo PP-Cs-Vox: “Existe una ventana de oportunidad para un cambio de rumbo histórico en Andalucía”. El eurodiputado Javier Nart  tiene en su haber unas declaraciones sobre los nacidos con Síndrome de Down por las que tuvo que pedir disculpas su partido.  Francisco Igea, otro crítico,  ha mantenido al PP al frente de  Castilla y León tras 32 años tiznados de corrupción.  Y sigan sumando en otras comunidades.

¿A quién ha engañado Ciudadanos, por favor?  Proclives a abaratar el despido, no subir el salario mínimo, retrasar la edad de jubilación o bajar impuestos a los ricos. Añadan la promoción de los vientres de alquiler, suprimir el agravante por violencia de género o vetar a migrantes de la sanidad pública. Con un Albert Rivera al frente, fuera de sí, que ha perdido el favor de los medios que le alzaron al infinito. Si cae, tienen a Inés Arrimadas, que es idéntica con voz de mujer.

Pues el PSOE lo tiene claro. Aprovecha la crisis de Ciudadanos para presionar a Rivera: “Escuche a su alrededor y recapacite“.  Ábalos le insiste a Albert Rivera: “Salga de su laberinto, la realidad es tozuda“.

La realidad es muy tozuda en efecto, y el clamor que no parece escuchar el PSOE es el de sus propios votantes, de los que acudieron a Ferraz a gritar “Con Rivera no” o de los progresistas asustados de todo el país porque la triple derecha puede sentarse también en la Moncloa.

No se ocultan. Almeida y Villacís, con Vox en trino y uno, han emprendido una feroz política de ultraderecha que ataca los derechos de la mujer y de los colectivos LGTB. Suspende actos culturales, los Foros Locales y comienza una batalla contra los movimientos vecinales de Madrid. El de Córdoba lo primero que ha hecho ha sido reponer los nombres franquistas suprimidos de sus calles.

PP, Ciudadanos y Vox  tampoco incomodan a quienes ven un resquicio para volver al bipartidismo imposible. Se hunde en toda Europa y aquí no lo resucitarán ni las maniobras mediáticas. Un bipartidismo en el que se ha vuelto a salvar al PP de Casado con los peores resultados de su historia. Y que llega –en el caso de que no se trunque por la ruptura de los acuerdos trileros de PP y  Vox con las sombras de trapicheos o corrupción que le son  propias. Antes de ser Presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso ya viene con padre y pufo incluido.

Todo antes que Unidas Podemos, todo antes que Pablo Iglesias. Cómo se va a sentar en el Consejo de Ministros. Algunos tertulianos y periodistas de fuerte poder bajo mano anuncian cólicos misereres para sus intestinos si tal cosa sucediera. Uno, afín al PSOE, se desparrama en Twitter contra él de forma obsesiva: Veo que Pablo Iglesias vuelve a exigir sillones ministeriales. No aprenderán nunca. Pablo Iglesias, por un ministerio, MA-TA. Llevo 10 días viendo más a Pablo Iglesias que a mi marido. Pero está perseguidísimo por los medios. @Pablo_Iglesias_ ha hecho presidenta a Díaz Ayuso y alcalde a Almeida. @Pablo_Iglesias es el cáncer de la izquierda española. No me puede dar más asco.

Hemos vuelto ya a la fase en el que los sondeos sustituyen a las urnas. El 60% no quieren un pacto PSOE con Iglesias. ¿Entre qué muestra? Con todos los votantes de la triple derecha incluidos es un gran resultado que distrae el titular.

Todo empezó el día que se dejó impune al franquismo como no ha ocurrido en ningún país vuelto a la democracia tras una dictadura. Ni siquiera tan larga como padeció España. El franquismo, sus negocios, sus prebendas, sus lacras. Por eso siguen ahí pudriendo la legalidad y la convivencia.

Pedro Sánchez no tiene los escaños suficientes para gobernar. Es mucho más fuerte con Unidas Podemos. Y los nacionalistas son partidos democráticos y más presentables en general que Vox y hasta Ciudadanos y, desde luego, PP. Es cierto que “Por cada dos personas que han votado al PSOE, una ha votado a Unidas Podemos” como recalcó Pablo Iglesias en La Cafetera de @radiocable.

Dos y dos son cuatro por más vueltas que le den estrujando las cifras a derecha e izquierda. Visto lo que ya hace la tripe derecha, sería intolerable no formar un gobierno progresista, repetir elecciones y sentar a la involución declarada en La Moncloa. ¿Se entiende ya claro?

 

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