Ruge la Caverna

Arremete la derecha política de todos los colores, los poderes económicos y mediáticos que no concurren a las urnas también, contra el gobierno progresista. Un ataque generalizado y a unos niveles de virulencia que rozan en más de un caso el terreno del golpismo. Es intolerable porque hay algo obvio que quieren disfrazar: la derecha no ganó las elecciones del 10N, no gozó de la confianza de los ciudadanos, ni siquiera con la batería de mentiras y apoyos lanzados desde sus filas y su ejército mediático.

No ganaron, pero una vez más se comportan como si lo hubieran hecho. Ahora, ante la proximidad de la investidura de Pedro Sánchez, se lanzan a una feroz campaña de oposición que no se parará ante nada, y decir “ante nada” es ante nada. Ocurre que la mayor parte de los grandes medios apoyan a la derecha, sin escatimar recursos tampoco. Solo una ciudadanía responsable puede detener semejante acoso.

La coalición del PSOE y Unidas Podemos ha presentado, finalmente, un programa de gobierno socialdemócrata, como proyectan sus homólogos alemanes para detener la caída electoral y como intentó, tarde, Jeremy Corbyn en el Reino Unido. No hay otro camino para frenar la deriva ultraderechista irracional, muy programada, que se está apoderando de la política y que prende en una ciudadanía vapuleada por la crisis y la falta de respuestas. Atrapada en esa banalidad que se ha apoderado de la sociedad que huye del pensamiento como de la peste. Es una parte de la sociedad, no la mayoría, de ahí los resultados electorales en España.

En la más pura lógica, la sociedad en general debería sentirse esperanzada con las medidas propuestas. Las más ambiciosas que pueden darse en el estado actual de nuestro país. Con cumplir tres cuartas partes de ellas ya sería un gran avance. Subir los impuestos, 2 puntos, a quienes ingresan 130.000 euros al año que son el 0,8% de los contribuyentes no debería incomodar a sus beneficiarios pero algunos se dejan cegar por la propaganda de quienes defienden precisamente a ese 0,8% nada más.  Por supuesto que había que derogar la Reforma Laboral del PP que convirtió en pobres a muchos trabajadores y que dotó de inseguridad al conjunto del mercado laboral. Y regular el precio de los alquileres que se ha disparado en los últimos años en un insostenible proceso especulativo. Estudiar un Ingreso Mínimo Vital, cuando existen colectivos que ni tienen, ni tendrán trabajo, es obrar con sensatez por la ciudadanía.

Pensar la política en clave feminista para paliar los desequilibrios existentes. Ver de poner freno a la violencia machista. Dar un no rotundo a los Vientres de alquiler. Intentar políticas ambientales que frenen el abrumador peligro que conlleva el cambio climático. Todas ellas y varias otras, son medidas imprescindibles. Merece la pena leer el programa completo para comprobar si hay motivo para tanta alarma y comprobar que la derecha española sigue sin estar por la labor de compartir ni un gramo de sus privilegios. Produce hasta un cierto estupor  leer medidas que soliviantan a ABC por ejemplo, porque las ve “puramente ideológicas”, entre ellas ir contra Franco, dice. Se ve que los partidos ganan las elecciones para aplicar el programa del contrario. O con mayor precisión: el de la derecha, siempre el de la derecha.

Conviene recordar lo que perpetró José Ignacio Wert con la LOMCE que el próximo gobierno quiere derogar. Además de los aspectos de la enseñanza que la devaluaron, el ministro del PP le aplicó leyes fuertemente inspiradas por el ultracatolicismo que representa el Opus Dei del que es valedor.

El origien divino del Cosmos, en el BOE por ley del PP
El origen divino del Cosmos, en el BOE por ley del PP

Colegios segregados por sexo y financiados contra viento y marea, a pesar de sentencia en contra del Supremo. Si hay que cambiar la ley, se cambia, dijo, y ahí están. Las creencias religiosas fueron consagradas en el BOE de un Estado aconfesional como España en donde inscribió: “El alumno reconoce con asombro y se esfuerza por comprender el origen divino del cosmos”.

La educación y la información son la base que crea ciudadanos responsables. Siglos en los que la enseñanza ha estado impregnada de ese catolicismo de misas y rosarios que ignora la justicia y a menudo hasta la caridad han formateado a una parte de la sociedad. Esta información que padecemos en defensa de un porcentaje mínimo de la población, y con fines ideológicos muy definidos, nos ha hecho mucho daño como país. Y en varios casos está subvencionada con nuestros impuestos.

La derecha cada vez más extrema arrecia en titulares en los que como Luis XIV viene a decir: “El Estado soy yo”. El Estado, la Constitución y la Biblia. Casado, Álvarez de Toledo, Marcos de Quinto y todo el vocerío facha mediático, ven golpes de Estado por todas partes. A sus privilegios y de forma tan mínima que sonroja ver tan poca vergüenza. La España que reivindican ya la padecimos algunos, y jóvenes y  adultos del siglo XXI deberían huir de ese peligro. Los valores no están en una bandera, ni en un territorio, están en las personas, en la dignidad, la decencia, la valentía para acometer todo el resto de los retos.

Un gobierno progresista debe potenciar la educación y los cauces para una información rigurosa e independiente. Necesitamos ciudadanos a los que importe la ética, la decencia, que no les dé igual que los políticos que han elegido roben y prostituyan la verdad. Educar en valores que paradójicamente es lo que ha faltado en un país con tantas influencias torcidas. En el mundo actual, hablar de valores remite a provecho, beneficio, utilidad, bonos, acciones, títulos. Pero las sociedades serían más justas y felices basadas en la equidad, la justicia, la libertad, la ética, los derechos humanos, los derechos civiles, los que ayudan a disfrutar de la vida en salud, el compromiso social, la generosidad, y la justicia en lugar de la caridad. Elegir entre una y otra vertiente se enseña con el ejemplo en casa… y en el colegio. Solo esa ciudadanía honesta y con criterio puede rechazar los terribles cantos de sirena de “la caverna”.

Parece que tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias –y sus colaboradores– han aprendido la lección. Se han pertrechado de sólidos escudos y se diría que hasta han tomado algunas clases de esgrima. A Sánchez lo echaron sus propios compañeros, Iglesias soportó y soporta virulentos ataques de las cloacas, e internos en su día. Ambos parecen ser conscientes de que solo marcando la diferencia y luchando por el bien común, puede salir el proyecto pese a todas las invectivas. Portugal es un ejemplo, aunque nunca nada sea perfecto.

Es la España de intentar el progreso, el más elemental, o el que nos remite a aquella España franquista que describió el poeta Rafael Alberti: “Dura España terrible, temible, aborrecible, rostro desapacible, obstinada, infalible, irascible, insufrible. España inamovible, imposible, impasible, locura inextinguible”.

Para ser imposible lleva décadas lastrando este. Y está empeñada en seguir, a toda costa. Aventar la caspa no es revanchismo, es salud democrática. Pero es el bien común el que está en juego y, al paso que vamos, la democracia. Si nada se tuerce –y lo van a intentar con todas sus armas– será ya, como tarde, en los primeros días de este 2020 que comienza.

 

 

*Publicado en eldiario.es

Historia de un espejo

Por más que tratemos de resistirnos a los balances vitales de fin de año, mezclados con el almíbar y el acíbar de las Navidades, se terminan haciendo de alguna manera. Parece que algo abocara a ese repaso; doblemente ahora, porque cambiamos el dígito de la década. Yo lo he hecho motivada por un hecho simple aunque significativo. Déjenme que les cuente la historia de un espejo. A veces, en ellos se ve pasar la vida desde otro ángulo. Casi “dentro y fuera de la realidad“, como una exposición de divulgación científica que se ofrece en Barcelona.

En 2010, cuando comenzó esta década, escribí en mi blog –esas cosas de los blogs sobre un espejo con luces para maquillaje que había resultado ser un antídoto contra la chapuza, según titulé. Lo compré en Nueva York en 1990 durante unos meses en los que residí allí y seguía luciendo 20 años después con los mismos neones de origen. Pensé en cómo había escapado a la obsolescencia programada, desafiado a su propio destino consumible. Máxime al estar construido en simple material plástico. En el post había más disfunciones que siguen hoy su marcha tan lozanas como el primer día. Así, le pasó durante mucho tiempo a mi espejo neoyorquino.

Espejo Clairol True-to-Light
Espejo Clairol True-to-Light

Pocos años después, quizás cinco años, en esos cuartos de siglo rotundos, le falló el sistema central giratorio que permite alternar una lámina de aumento y otra con la imagen normal, algo puramente mecánico. Busqué otros, más modernos, pero no lucían, ni servían como él.  Y en un taller artesano me lo arreglaron tras haberlo rechazado –con cara de qué está diciendo esta mujer– en un par de tiendas al verme llegar con un espejo viejo para reparar. El tiempo ha ido deteriorando la estructura, no su iluminación. Estaba fabricado para durar Claire true-to-light, se llama, al punto que veo se vende como vintage de segundo mano en Estados Unidos.

Llevaba unos días achacoso: el interruptor no se quedaba fijo y se apagaba uno de los neones al poco de encenderlo, y unos días más tarde, los dos. Ni cuñas, ni esparadrapo lo apañaban. El miércoles, en pleno día de Navidad, en un leve movimiento se desmoronó por el soporte. Y yo, aunque soy poco dada a los trabajos manuales, pensé en practicarle una operación completa a la desesperada. Desatornillé, busqué el mecanismo del interruptor, no hubo nada qué hacer y al intentar ensamblarlo otra vez, toda la estructura fue cayendo. Los neones siguen iluminando. Después de 30 años largos y de que ya todo lo accesorio ha caído, salvo la luz y el espejo. Ha llegado su final cuando mantiene lo básico.

Se han reunido varios aparatos domésticos para dar avisos o fenecer también, cada vez finiquitan antes. No son señales, es la obsolescencia programada, que vence precisamente para el final de un año y un cambio de dígito en la década. Un año muy especial, en muchas cosas inolvidable. Una década a la que entramos en el apogeo de una crisis económica que se llevaba gestando desde muchos años atrás y que no remedió para bien la tijera decretada. Lucía sin cesar la corrupción, la imprevisión.  Nos falló Zapatero, encañonado desde la Troika y los EEUU de Obama. Nos falló Rajoy porque se trataba de no fallar a los que mandan y organizan. Y la corrupción y la imprevisión y el férreo aparataje que las sustentan se mantuvieron.

La mayoría, en 2010,  todavía no usaba las Redes. Yo me inscribí en octubre de 2009, a los pocos meses de establecerse en España. Aunque algunos usuarios utilizaban antes las matrices internacionales. Twitter brillaba esplendoroso. Noticias al punto, conversaciones ágiles, la creatividad a la que obligaban los 140 caracteres, los contactos, los FF de los viernes para recomendar a quién seguir, los nuevos amigos. Después vinieron las imágenes y hasta los anuncios. Y el uso fraudulento de los datos en todas las Redes a las que entregamos nuestra privacidad para ser utilizada en negocios comerciales y políticos.

Y llegaron las tribus de trollshaters, y hasta bots pagados para infectar de discordia y de fake news la Red a ver si acallan y echan a quienes siguen aportando contenidos, especialmente si son críticos con el poder más rastrero y a la propia sociedad. Hay otras Redes, nació WhatsAPP hija de Facebook para conectar y enturbiar casi a partes iguales, pero no alcanzan el nivel de las plagas de mosquito tigre en Twitter que logran ocultar el sol. Así la verdad no luce, le cuesta lucir. Y de eso se trata, es lo que buscan.

En esas coordenadas, al hilo de los orígenes en crisis y de lo que viene fluyendo por los ríos de las redes sociales se han ido produciendo cambios de enorme entidad. En la información, en la forma de relacionarnos, en la sociedad. En la economía que acrecienta las desigualdades y en la política que así lo guía, mientras muchos ciudadanos, aturdidos por luces tóxicas, ni se enteran.

Por ahí transita la multiplicidad de partidos a los que la sociedad llamó ante el fallo de la política que no le daba respuestas. La complejidad del momento presente. La información veraz y la interesada, con los interruptores adecuados que no terminan de encontrar numerosos usuarios. La suprema desfachatez de la corrupción política que luce y luce deslumbrando a los idiotas. No tienen un final programado porque se alimentan de todo el engranaje.

Los finales de año se prestan a los balances y a ponerles el punto del adiós; el cierre de carpeta, al menos. Si dañan, inmejorable, pero son precisamente los que más resisten como el mal virus. Mi espejo neoyorquino, en cambio, ha llegado a su final después de una trayectoria muy útil, hasta reconfortante, como símbolo de resistencia. Todavía mantienen la luz los neones, aunque se apagan por el fallo del interruptor viejo, y el espejo impoluto no conoce el azogue. He tirado incontables veces objetos deteriorados y no sé por qué, me cuesta hacerlo con él.

Navidad con los tópicos justos o menos

Hoy es una de las pocas fechas en las que parece pararse el mundo, aunque en modo alguno lo haga. Para muchos  será aún más patente la zozobra de todos los días ante la alegría decretada. Es una proclama de gozo universal, o casi. Como daño colateral logra que a algunos les haga sentirse más solos de lo que están. Ocurre, sin embargo, mientras no se ha sobrevolado y dejado atrás la intensa propaganda que convierte los ríos libres en canales para llega a destinos predeterminados.

Y es que, claro, la Navidad deja todos los tópicos en carne viva. Créanme, las Nochebuenas del pasado no fueron tan idílicas como recuerda. También disertaban imparables los cuñados. Mamá y las mujeres de la casa se cargaban con todo el trabajo. Y había lágrimas de nostalgia por los que se habían ido. La enfermedad se ha cruzado en los hogares sin respetar el calendario.  Muchos hemos cenado o comido solos alguna Navidad, dándole importancia o quitándosela por completo. Con luces y sin ellas. Hemos estado lejos y más lejos, o demasiado cerca. Hemos echado de menos y de más. Personas, cosas, logro de sueños si nos quedaba hueco en el mantra navideño.

Pero, eso sí, de celebrarla, se echaba la casa por la ventana en el menú, cada cual según “la casa” que tuviera que a veces no andaba boyante ni mucho menos. Al menos, el pollo sabía pollo. Y hubo tiempos en los que hasta las angulas llegaban pródigas a la mesa, porque no se pagaba el duro coste de su obtención y no se pensaba en extinciones de nada. Los más afortunados, cenábamos sin la televisión encendida porque todavía no había invadido los hogares. Y se conversaba, y se contaban chistes, y se discrepaba igualmente si venia el caso.

Este año la Navidad ha venido dura. Los cuñados de Ciudadanos se han vuelto de Vox y, diciendo las mismas incongruencias, se sienten doblemente orgullosos de sí mismos. El tiempo, o mejor, la deseducación, la propaganda, los problemas mal entendidos, les han dado la razón, creen. Y el monstruo de siete cabezas lleva además coleta: los demonios saben mejor que nadie cómo meter miedo a los niños de todas las edades, desde los bebés hasta la ancianidad. En las calderas de Pedro Botero nada puede ofender más que la diferencia a la cuadrícula de las tradiciones hecha norma. Tal es así que a los cuñados se les habrá atragantado hasta la propia cabeza de las gambas, obstruyendo momentáneamente el precario riego que llega a las suyas. Lo peor es que esta Nochebuena también se habrán visto platos casi vacíos y temores por el futuro más esencial que no se contemplan en la religión de los tópicos.

“Nunca toca, pero hay que mantener la ilusión”, dicen invariablemente para iniciar el día 22, con la lotería, las celebraciones. Mantener la ilusión a expensas del azar puro y duro. Se diría que muchas personas se comportan con ese rigor en asuntos cruciales de su vida, a tenor de lo que comprobamos. Para lograr objetivos es mucho más efectivo poner los medios que comprar un billete de lotería a ver si toca. “Sueña de forma pragmática”, dicen que dijo Aldous Huxley, el autor inolvidable de “Un mundo feliz”.  Una medida aconsejable si se intenta convertir los sueños en realidad.

Por eso, no cabe ilusionarse con que se imponga la paz en el mundo y se erradique el hambre y la injusticia –no va a suceder-, pero sí en establecer caminos eficaces para avanzar algo en su logro. Ni siquiera, si no se quiere, hay obligación de estar alegre porque toque hacerlo en unas fechas concretas y menos no creyendo en que se vaya a conseguir algo. Ahora bien, la ilusión viene a ser como las alas y con ellas rotas es imposible volar.

Así que, siquiera por compensar lo de estos días, o porque son estados fijos cuando no se decae, mantengo algunas ilusiones que quiero compartir con ustedes, mejor que el prosaico turrón envuelto en un Feliz Navidad.

Para empezar que los ciudadanos miren y que, al mirar, vean. A los demás, a los que no mira nadie en particular, a uno mismo y las preguntas que tenga sin responder. Que las evaluaciones vengan de observar la realidad sin prejuicios. Que lean mucho más allá de las memorias inventadas y recortadas de un ex presidente convertidas en best sellers. Para informarse, documentarse, o lanzarse sin cortapisas a las emociones literarias que enriquecen. Que miren y sigan mirando sin dejarse engañar. Que oigan y que, al oír, escuchen.

Sueño, espero, que haya el gobierno progresista que este país tan lastrado de fallos estructurales se puede permitir antes de profundizar más. Que cubra los objetivos imprescindiblemente necesarios. Destrabando nudos y celdas de barrotes oxidados. Y que las políticas sociales que benefician a la ciudadanía tengan más valor que las soflamas de falso patriotismo (la patria está en las personas). Que corten de raíz los ruidos de sables, sotanas, togas y cuentas sepias, aplicando la pertinente respuesta que prevé la democracia. Pidamos que la más alta jerarquía del Estado, por mor de la Constitución, hable con franqueza y hable para todos. Y, a ser posible, que erradique precisamente los tópicos, profusos en su discurso de Navidad. Los tópicos siempre transportan una cierta oquedad.

Sueño con las mujeres sentadas a la mesa de la igualdad y el respeto. Con detener, por completo, la doble violación de las víctimas atacadas por el machismo salvaje con el que cerramos este año en el que, precisamente, crecimos las mujeres en la masiva seguridad de nuestros derechos. Exijo, absolutamente, terminar con el abandono mortal de los desplazados.

Aguardo, quiero, que, como venimos diciendo unos cuantos, se animen a derribar el muro del miedo porque, tras él, caen todos los demás. Que abran la mente, que dejen que entre lo nuevo. Y que vuelen los tópicos, que se vayan como esos papeles que salen por la ventana y desaparecen volando sin ruido, en caída libre.

Con alas para ayudarnos, elevemos los sueños más alto y busquémoslos más cerca del corazón. La Navidad emociona en los abrazos del regreso temporal de los seres queridos que tuvieron que irse lejos por falta de oportunidades. Evitemos que quienes las cercenan sigan haciendo daño. Rompamos la cadena de hipnosis venenosa de sus ojos, apartando la vista. Brindemos por las emociones, si es el amor quien las guía; derrotemos el odio. Completamente no es posible siquiera, pero aislarlo, sí.

Abracen las realidades que les ilusionan. Y los sueños que las películas buenas nos acercan como posibles, dado que alguna vez ocurren. Eso ya echando las alas a volar por las ventanas, ahora de las ilusiones menos vinculadas a las certezas que al azar.  Si no está ya, soñemos con ver llegar una noche por las calles de Lisboa, o de cualquier otro lugar, a quien se espera con la emoción temblando, sin temor a expresar los sentimientos ante una multitud. Porque a veces lo que realmente hace la Navidad de todos los días es el tú de cada uno.  O el uno mismo. Con o sin almíbar. La ilusión viene a ser, ya les digo, como las alas y con ellas rotas es imposible volar. Con las alas en forma es algo más fácil alcanzar los sueños.

 

*Publicado en eldiarioes

Poner en los Pirineos la puerta de Europa (otra vez)

Hubo un tiempo, largo tiempo, en el que se dijo que Europa comenzaba en los Pirineos o que África terminaba en esa cordillera. La frase, con tintes xenófobos sin duda, respondía en origen a las drásticas diferencias entre la Europa democrática y la que vivía bajo el Régimen dictatorial franquista. Las actitudes de la derecha española –ya apenas indistinguible en sus gradaciones de extremo a extremo- parecen añorar aquella época, a la que se diría nos quieren retornar.

El Tribunal de Justicia de la UE acaba de dar un tremendo varapalo a la justicia española al confirmar la inmunidad de Oriol Junqueras como eurodiputado. La astucia y tenacidad del equipo jurídico que ha asistido a los independentistas catalanes procesados, ha logrado imponer la lógica que emana de la pura democracia que tiene sus procedimientos. Vemos interpretaciones en varios sentidos. Vivimos tiempos en los que surgen los expertos en derecho, titulados en Facultades Universitarias y en las “academias” de las creencias, las tertulias y el WhatsApp.

Lo cierto es que los tribunales españoles han dado la impresión de obrar más por emociones y venganzas que por los estrictos trámites jurídicos. “Esta sentencia del TJUE profundiza en el refuerzo de garantías, derechos y valores democráticos. Ante dicha resolución no valen falsos patriotismos irracionales”, escribe el magistrado Joaquim Bosch, uno de los expertos que pueden encontrar apostando por la racionalidad en este tema.

El problema es la justicia española, inscrita en parte dentro de esa misma derecha con  fondo más retrógrado que conservador. Por espíritu, mecanismo de elección de los cargos decisivos o la falta de renovación que se viene arrastrando. Afortunadamente, hay muchos otros juristas con mentes más abiertas que deberán llegar a órganos ejecutivos y regenerar la justicia, o, si lo quieren, la confianza de los ciudadanos en la Justicia.

Las reacciones a la sentencia del TJUE de los dirigentes de los tres partidos conservadores están siendo el más claro ejemplo de lo que define a un ultranacionalismo de derecha extrema. Nada que envidiar a Salvini, Orban o Le Pen; al contrario, oído lo que declaran, parecen dispuestos a resucitar los Tercios de Flandes. Dicen en el Vox que les impregna que es una humillación para España y un ataque a la soberanía nacional. García Egea, PP, afirma que Junqueras ha de seguir en la cárcel “lo diga quien lo diga”. Porque además -añade- un tribunal “belga” no puede enmendar la plana a un tribunal español. Y no ha sido un tribunal belga el que ha sentenciado el caso, sino el Tribunal de Justicia de la UE del que forma parte España.

Ése es el problema, que la derecha española más obtusa y reaccionaria ve a Europa como “el extranjero” y rivalizan con ella como queriendo imponer sus humores. En Vox ya les han increpado varias veces en un patetismo sin medida, pero que debe calar en algunas cabezas ilusionadas con doblegar tanto  a los “malvados catalanes” como a los foráneos que no entiendan la grandeza de su concepto de España. El Mundo lanza una portada incendiaria. Y los servicios informativos de Onda Cero, una encuesta con esta pregunta: ¿Cree que la decisión de la justicia europea sobre Junqueras debilita al Estado español? Lógicamente, con semejante planteamiento, la mayoría dice que sí, que se debilita nada menos que el Estado español.

Incluso se está intentando lanzar la amenaza de un Spexit, una salida de la UE, más con apoyo mediático que real. Regresar a un país gobernado, por supuesto, por los nuevos héroes de las cruzadas de la España grande, una sin la menor fisura y tan libre como disponga esa derecha. La misma que anda denunciando a profesores por hablar de violencia de género, por mostrar en un documental a Ana Orantes, asesinada por su marido en 1997 tras denunciar en televisión que era víctima de malos tratos durante años. Ésa es la España que les gusta, sin injerencias de la  Europa a la que pertenecemos.

Repetir elecciones fue una decisión nefasta, tal como no dejamos de advertir algunos. Esta derecha se creció y se añadieron dificultades al proyecto de un gobierno progresista. Todo tipo de influencias y presiones se sientan en las mesas de la negociación. La derecha atiza con toda su carga, hasta la iniquidad como Díaz Ayuso la presidenta de Madrid -gracias a Ciudadanos y Vox- que se ha atrevido -ella sí- a hacer terrorismo ideológico al soltar que “el próximo ministro de Hacienda puede ser un etarra”. No tienen medida. Verborreas de mala vid que no hacen sino evidenciar lo lejos que está la derecha española de las homólogas en Europa, a excepción de los nuevos fascismos a los que aventaja en franquismo y en, si cabe, menor cordura.

Pablo Casado, el dirigente de las carreras y máster exprés, dice que “nada ha cambiado jurídicamente” con Junqueras y Puigdemont.  Mientras el Parlamento europeo les ha reconocido ya como eurodiputados y les ha entregado la acreditación como tales.

El presidente de la Eurocámara David Sassoli “ruega a las autoridades españolas competentes a que cumplan la sentencia”. Su antecesor, Tajani, confundador de Forza Italia con Berlusconi y premio Príncipe de Asturias a la Concordia 2017, tuvo en cambio una actitud beligerante contra los independentistas catalanes. En la justicia a la carta, la Fiscalía española pide al Supremo que inhabilite a Junqueras como europarlamentario y que no lo excarcele. Propone solucionar así el problema creado.

Y el mismo día de la sentencia del Tribunal de la UE, el TSJC , de Catalunya, condena a Torra a año y medio de inhabilitación por desobedecer a la Junta Electoral y no retirar unos lazos amarillos. Repito: un presidente de un Gobierno autónomo es inhabilitado 18 meses por no retirar unos lazos amarillos en campaña electoral. Sí, está pasando. En España.

Los procedimientos del Tribunal Europeo son algo más laboriosos y templados de lo que han demostrado en la práctica los españoles. Menos mal que estamos en la UE. En estos casos sigue siendo un alivio. Porque esta España que busca la derecha en todos sus campos de influencia no tiene un valor de especial aplauso por ser bravucona e irracional, sentar sus reales embistiendo y creerse mejor que nadie. Todos los pueblos lo hacen. Bien mirado, quizás España es meritoria por haber sobrevivido durante decenios con dignidad y no pocos logros a esta derecha castradora. Catalanes incluidos, por supuesto.

 

*Publicado en eldiarioes

 

Crueldad

Son, dice, “sin raza reconocible, viejos, enfermos, potencialmente peligrosos”. Julio Calvo, veterinario de profesión, concejal del Ayuntamiento de Zaragoza por el partido ultraderechista Vox, propone matarlos porque sale cara su manutención estando vivos. De momento, habla de los perros de la perrera  “inadoptables“. De momento. Sacrificio humanitario, añade. Se propone revertir la normativa que regía en anteriores corporaciones progresistas porque ellos son más de gastar el dinero en banderas, promoción de la tauromaquia –tan humanitaria también- o luces de navidad. Es el sentido utilitarista de la vida que se ha enseñoreado de la sociedad, lo que no sirve se desecha. Pero no solo: indica una personalidad potencialmente peligrosa.

Discúlpenme por la dura escena que voy a describir. Han pasado ya más de 15 días y no consigo olvidar a Alma, una perra que acababa de parir seis cachorros. Su dueño le disparó, la apaleó y arrastró anudada con una cuerda por el cuello, causándole la muerte tras unos días de sufrimiento. Ocurrió en Chantada, Lugo. Unos ciudadanos lo vieron, grabaron la escena y denunciaron al individuo ante la Guardia Civil. Cada poco vemos a otros indeseables ensañarse de similar forma con sus mascotas o animales a su cargo. No es ninguna enfermedad, como no sea social, de la sociedad que lo tolera. Es puro sadismo, disfrutar causando daño a otros seres vivos. No hay excusas. Mucho más allá de frustraciones personales que lleven a la ira irracional, pagarlo con víctimas débiles e indefensas es de una bajeza sin límites. Y nada lo justifica. Nada. El tipo contestó a los vecinos que le vieron: “Yo disparo a quien me sale de los cojones”. A su perra, de momento. En estos casos se añade al sadismo el derecho de posesión que este tipo de seres creen tener sobre otros. Con lo suyo hacen lo que les viene en gana.

En la clara involución que sobrecoge al mundo, se están normalizando características humanas absolutamente detestables, hasta la crueldad. Matar animales para que no gasten o porque son “suyos” y hacen con ellos lo que les place es, por supuesto, extensible a los humanos más pronto o más tarde. Los renacidos fascismos no están muy lejos de quitarse de en medio cuanto señala el concejal de Vox en Zaragoza: sin raza (valorada por ellos), viejos, enfermos, potencialmente peligrosos (para sus privilegios), y añadan género “inferior” (según su criterio) o cualquier factor fuera del patrón oro que se atribuyen a sí mismos.

Acaba de suceder en Pozo Alcón, Jaén. Un hombre de 31 años fue depositado en el centro de salud, ya cadáver. Era un inmigrante marroquí que se desplomó en una finca olivarera mientras recogía aceituna sin contrato. Supuestamente fue el dueño de la instalación quién lo dejó en una camilla del centro médico y se fue. El individuo ha sido ya detenido.

De ahí, de la creciente inhumanidad, que se siga viendo admisible que tres hombres adultos, o cuatro o cinco o los que sean, actúen en manada para violar a una mujer, a una niña de 15 años incluso. O que salgan a defender a los condenados, vejando a la víctima, decenas de personas en su pueblo. O que se difundan vídeos y detalles personales de la agredida, incluidos un par de ejemplares mediáticos que denigran el periodismo, como Cristina Seguí y Alfonso Ussía. O que tantos justifiquen la violación, como hace cualquier talibán de cualquier fanatismo. O que, como un diputado de Murcia, de Vox también, menosprecie en el siglo XXI a los hijos de mujeres solteras llamándoles “conejos“.

Lo doblemente preocupante es que dispongan de altavoz mediático, que estos temas vayan a las tertulias y debates de televisión por puro espectáculo y búsqueda de audiencia en el morbo. Que se pretenda debatir con opiniones a favor y en contra la pertinencia de que sea un derecho violentar a una mujer o degradarla, si “les sale de los genitales” de su cerebro. Que “expertos” en derecho vía Google, creencias y prejuicios, se monten sus juicios paralelos. Pónganse siempre en el lugar de otros ¿imaginan que se juzgara popularmente con igual rasero a todo tipo de delincuentes, asesinos, ladrones, y, en particular, a hombres agredidos sexualmente? ¿Que fuera analizado si dio o no la víctima su consentimiento a que le atracaran o si se negó con la suficiente contundencia?

Estos sujetos han existido siempre, lo que no se daba es la tolerancia o el apoyo explícito. Sí en la práctica, no en vano violentar a mujeres suele ser botín de guerra, y hasta se capturan para convertirlas en regalos al vencedor. Hablan ahora mismo de reparar ese atropello con las surcoreanas secuestradas en su día para disfrute del ejército japonés.

Estamos asimilando que un ser como Rocío Monasterio, con su expresión de iluminada en trance, cargue contra los menores emigrantes sembrando un odio que germina en torvas mentes proclives. Seres como ella y los ultraderechistas de su ralea han establecido ya las fronteras humanas que separan a las personas según procedencia, raza, religión, edad o sexo. Sin la menor empatía humana, siquiera un mínimo de humanidad del que carecen al situar en el punto de mira incluso a niños y adolescentes.

Cuando Aylan quedó varado en una playa mediterránea pareció el final de la historia, pero fue el principio como he dicho otras veces. La sociedad hipócrita cumplió con él su cuota de lágrimas de cocodrilo y miró para otro lado. Desde la muerte de Aylan Kurdi en 2015 han perdido la vida igual centenares de niños y adultos. Y otros han sido encerrados tras barrotes por la Europa inhumana que se desentiende de ellos. No creímos que llegara a suceder, pero hasta ese punto han llegado. También son, al parecer, “inadoptables”, “inatendibles”, costosa su manutención. Las Rocío Monasterio y toda su cordada de sonrisas huecas y mal de alma tienen esa misión.

Y siguen siendo entrevistados en los medios y siguen saliendo en las televisiones y hasta se vuelve a discutir la basura que propagan. Ni esta tierra ni otras son suyas. Seres agujereados como los quesos de Gruyere por cuyos huecos huyó la empatía, una emoción que se creía primordialmente humana. Es la base de la vida social, pero esta gente solo se entiende entre aquellos con quienes comparte coordenadas como la supuesta superioridad, la posesión, el egoísmo, el utilitarismo que desecha cuanto no le sirva.

Hay ya millones de votantes que les han encargado los asuntos de todos. Porque o son increíblemente ignorantes o participan de su doctrina y culpa. Y están los allegados, los que pactan con ellos, los que engañan y roban basados en su cargo, echando al viento el daño que causan. Se apuntan a su corte individuos perdidos, sin otra vida social que las redes virtuales, donde expulsan su malestar desde que apunta el alba. Hacer daño por hacer daño, repetir campañas sucias puestas en marcha por quienes más que políticos o medios parecen formar parte de una delincuencia organizada para que nada cambie en sus privilegios.

El cáncer de esta sociedad es ya la falta de empatía, de solidaridad, la apuesta por la crueldad sin el menor escrúpulo. Y que va desde disparar a la perra recién parida porque les sale de los cojones, a señalar a los emigrantes como peligro, a robar de las arcas públicas, a dejar sin empleo a quienes enferman, a manipular para defender los intereses de su empresa mediática, a difamar para recoger el pago en un plato de lentejas, a cuestionar que no sea condenable violar a una mujer y menos “si se lo ha buscado”. Todo ese universo de excusas para no mirar a los otros, a todos, como iguales en dignidad y derechos. Salvo a aquellos que perdieron el alma en la ambición, e incluso a esos.

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Niño en un campo de refugiados. 2015. Fotomovimiento.org

Días de Navidad, de felicidad, amor y consumo programados. El Portal de Belén volverá a ser en muchos lugares del planeta, una caja de cartón sobre el suelo mojado por la lluvia. Como el de aquel otro niño refugiado que nos miró a los ojos en 2015 cuando se abrió por completo la mano a la inhumanidad en la Unión Europea y más allá. Esta criatura debería haber añadido, por tanto, otros cuatro años a su vida. Y comer e ir al colegio y tener techo y cerca a su familia. ¿Dónde estará? ¿estará?

Los que matan perros, secan vidas, señalan dianas o dan altavoz a todos los miserables son quienes ponen trabas en su camino y en el de muchos otros, en realidad a la especie humana en su conjunto, trabas a veces insuperables. Crueldad es también ignorarlo deliberadamente, ser cómplices sin asumir la responsabilidad, no aislar la barbarie. La empatía es saberlo, contarlo y hacer cuanto sea posible por ponerle remedio.

 

*Publicado en eldiarioes

 

From lost to the river

“From lost to the river” es una traducción, literal y sin sentido alguno, del refrán español “De perdidos, al río”. Despierta la hilaridad de los angloparlantes cuando se les explica. Y, sin embargo, se presenta casi como un símbolo de la preocupante realidad del mundo en el que vivimos. Lo ha confirmado el triunfo, previsible e ilógico, del conservador Boris Johnson en las elecciones del Reino Unido. Deja al desnudo las grandes fallas que han llevado a la degradación -cercana ya a la descomposición- del sistema. Los ciudadanos votan emocionalmente, con rabia incluso, con motivos para ella y sin la menor esperanza de construir. Demasiados factores ajenos al interés común marcan el tiempo de hoy.

En el Reino Unido han votado Brexit a un altísimo precio, pero Brexit de una vez. De perdidos, al río. Voto visceral, primario, que, de paso, evidencia el fracaso de la Unión Europea del que sus gestores siguen sin querer enterarse, de la política de hoy, de los ciudadanos inermes ante presiones externas y ante sí mismos. Ante los conciudadanos que embisten y nos llevan por delante. Demuestra las consecuencias del entontecimiento de la sociedad a través de los medios. Hasta la duda existencial de lanzar columnas de opinión que se perderán en un inmenso marasmo que exige voluntad para ser abordado. El giro experimentado por la escala de valores. De perdidos, al río.

Todo ese cúmulo no es atribuible por supuesto a Boris Johnson y sus votantes, pero sí aparece como el revulsivo final –o punto y seguido- de la situación actual. Los hechos concretos nos sitúan ante un presidente que ha logrado una mayoría absoluta de los conservadores británicos que no conocían desde Margaret Thatcher, lo cual es otro gran síntoma. Experiodista, provocador, pendenciero, con un punto de fantoche, se aupó por ser famoso gracias a esas características. Prometió un Brexit, una salida de la UE, a ciudadanos hartos y a los convencidos de la singularidad british. Los laboristas se han hundido, con su peor resultado en décadas: desde 1935. La indefinición de Jeremy Corbyn hasta su ya inútil reacción de última hora, el continuo plegarse de la presunta socialdemocracia al neoliberalismo, lo explican. Las campañas de los medios, como apuntaba la periodista Olga Rodriguez, como parte del problema. Los medios en sí, batuta de estos tiempos y no solo en el Reino Unido.

Olga Rodriguez

@olgarodriguezfr

No puede dejarse de lado el papel de muchos diarios británicos a la hora de analizar los resultados en . Titulares estigmatizando a Corbyn día tras día, infundiendo miedo o llamándolo antisemita día tras día, cuando ha luchado contra la discriminación toda su vida

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Los escoceses -que pueden celebrar referéndums de independencia sin problema alguno y hasta con los parabienes de la singular Reina Isabel- han votado en masa a nacionalistas escoceses (48 de 59 escaños). Escocia ya ha anunciado que va a solicitar otro formalmente. Porque quedarse en el Reino Unido para salir de Europa no era el trato. Recordemos que uno de los argumentos que se les dio fue el frío helador que hacía fuera de la UE. En Irlanda también han votado más católicos que protestantes unionistas (partidarios del Brexit) por primera vez desde la firma de la paz de 1998. Escocia e Irlanda quieren ser independientes de Londres y seguir en la UE. La convulsión es notable.

Boris Johnson, electo como presidente por primera vez tras suceder a May, ahondará en el recorte de servicios de sus predecesores, en particular al ya maltrecho sistema público de salud. Pero hay una mayoría de ciudadanos que así lo prefieren por sentimientos varios que poco tienen que ver con la razón.

Boris Johnson y Donald Trump. EFE
Boris Johnson y Donald Trump. EFE

Johnson se une así en la cúspide del poder a Donald Trump, sujeto de impeachment por los demócratas que, sin embargo, será exonerado con gran probabilidad por sus correligionarios en el Senado donde tienen mayoría. Trump puede hasta ser reelegido para desesperación de la lógica.

El tema crucial es la falta de respuestas a los problemas reales de la sociedad. La salida del Reino Unido de la Unión Europea es una vuelta atrás, al mundo que dibujó en Yalta el fin de la II Guerra Mundial, con fascismos sin derrotar. El capitalismo hegemónico desde la caída del Muro de Berlín con la socialdemocracia plegada a sus postulados, han hecho regresar a los fascismos. La banalización de la sociedad, impartida por los medios de masas, cierra el círculo. Así están llegando al poder una serie de dirigentes insólitos. Y la tendencia va a peor.

En España, en Madrid de forma marcada, tenemos un alcalde inenarrable en Martínez Almeida, que a diario obsequia con gruesos insultos a la inteligencia, y a una presidenta de la Comunidad, Díaz Ayuso, que también se cae del guindo cada poco con una nueva insensatez y siempre del mismo sesgo. Ayer aseguraba que “un día sabremos qué hay detrás de las ‘emergencias climáticas“. La investigación, la realidad, les sobra. Ambos gobiernos –como otros en España- están sustentados por la ultraderecha oficial. Y con el apoyo de los restos de Ciudadanos que, lejos de haber aprendido tras la debacle electoral, siguen en la misma línea. Inés Arrimadas cree que el rey puede proponer la combinación de gobierno que más le convenga. Ella le dio la opción hecha con PSOE, PP y Ciudadanos

De perdidos, al río; ha llegado la hora que empodera a los idiotas de “tornillo” retorcido. Saltan, orgullosos de sí mismos en las redes: empachados de bulos, sin enterarse ni de lo que leen, felices y esperanzados en sus odios y venganzas. Monasterio, la arquitecta por intuición, se graba vídeos con ignorancia flagrante. Contra la periodista Julia Otero, por ejemplo, que le responde y los medios titulan: “La discusión de Julia Otero y Rocío Monasterio por el cambio climático” y van detrás las huestes y aclaman. No, es el ataque indocumentado de Monasterio y la precisión de Otero. Por política, por adocenamiento. El cambio climático es la excusa. Sin embargo, toda esta ralea que viene, que ha llegado ya, se oponen “al cambio climático” y a cuanto sea razonable.

Han resucitado e instaurado la desigualdad, el racismo, la homofobia, el machismo. La sentencia por agresión sexual en grupo a una niña de 15 años a cargo de tres exjugadores de fútbol en Burgos, llevó a las televisiones hasta al abogado de “La manada” de Pamplona que dio origen a la lamentable popularización de los protagonismos en esta lacra. Mucho que aportar… para extender el morbo. Y para criminalizar al feminismo de nuevo.

La solución llega rectificando. La izquierda ha de hacer política de izquierdas y efectiva. Absolutamente distinguible de la derecha cómplice de las patrañas. La información es básica para intentar revertir esta deriva. No se puede seguir mintiendo, promocionando la bazofia, ni siquiera con el desinformador “periodismo” de declaraciones. Al menos en la televisión pública, deseable sería en todas y en todos los medios. Sueltan a los políticos uno tras otro, a Cayetana Álvarez de Toledo, insistiendo en que ahora es peor que cuando ETA mataba y que lo repite por hacer pedagogía. No se puede seguir con informaciones parciales, ni con tertulias casposas. Porque se está reviviendo todo lo atávico. Un mayor nivel de autoexigencia de ciudadanía es elemento crucial.

De perdidos, al río, los ciudadanos del Reino Unido han votado a Johnson, sus recortes y necedades, a cambio de una bandera, de salir de una UE que naufraga sin enterarse tampoco. Y han elegido a Trump, a Bolsonaro y a Orban, que anda despiezando todos los derechos. Y espera en la antesala Salvini que, como gane las elecciones en Italia, pondrá la rúbrica a la descomposición del sistema. Por un puñado de share, por una ideología que beneficia en primer lugar a sus difusores, nos han metido en las instituciones españolas a inenarrables cretinos. Vociferan sus seguidores. Los de las banderas, los comedores de trolas, los odiadores.

Y probablemente es tiempo de combatir como David contra Goliat. Un emigrante, Rachid Bouikou, ha ganado a Goldman Sachs en el Supremo con un abogado de oficio. El Supremo ha anula la venta de 3.000 viviendas sociales de la Comunidad de Madrid a un fondo buitre. Perpetrada esta vez por Ignacio Gonzalez (PP). Son luces que marcan una salida, aunque la tarea es tan ingente como necesaria e inaplazable. Porque, si seguimos tirándonos al río cuando estamos perdidos, no habrá otro horizonte que al agua fría, los pies que no tocan el suelo.

 

El PP, ETA y las zancadillas a los gobiernos progresistas

Cayetana Álvarez de Toledo, la lenguaraz portavoz del PP de Pablo Casado, ha irritado a un buen número de ciudadanos al opinar que “el momento político es más difícil que cuando ETA mataba”. Desde un intolerable desprecio a la gran herida que el terrorismo infligió a nuestro pueblo, al enorme esfuerzo hecho para lograr finalmente la paz, a las víctimas de su propia formación política, la voz en el Congreso del Partido Popular vuelve a usar el terrorismo para sus fines electorales. Es ya una larga historia con unos soportes potentes que tiene en ETA uno de los principales, aunque no el único. Lo que está pasando ahora, lo que pasará si la cordura de la sociedad no lo impide, ha ocurrido ya antes. Muchas veces. Y se apoya en la desmemoria de los votantes.

Se recuerdan a menudo, como evidencia del más puro cinismo, las negociaciones del propio PP con los etarras partiendo de José María Aznar a los que llamó “movimiento vasco de liberación“, pero han sido tantas las mentiras, los renuncios y los torpedos a las políticas progresistas que convendrá refrescar la memoria con algunos hechos puntuales, constatados y perfectamente documentados. En los anales de la más absoluta ignominia está el haber usado la Fundación Miguel Ángel Blanco para, en datos de la policía, financiarse con la Gürtel. Y hay más.

La derecha mediática publica este martes un artículo con este titular que atribuye a una víctima de ETA: «A Pedro Sánchez se le han olvidado todos los muertos de ETA por seguir en La Moncloa». Esto es, además de mentira, una auténtica vileza. Incluye declaraciones del alcalde Almeida en la misma línea o peor, con afirmaciones falsas de grueso calibre. Con un PP que anda metiendo a Vox y a Házte oir en las instituciones para completar ese mapa de ultraderecha e integrismo religioso que amenaza ya en varios países la estabilidad democrática.

El PP y sus extensiones solo entienden el poder si lo ostentan ellos. El 14 de Marzo de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero, candidato del PSOE, gana las elecciones generales frente a Mariano Rajoy. Solo han pasado cuatro días de los atentados de Atocha, Santa Eugenia y el Pozo con un aterrador balance de víctimas. La manipulación del gobierno de Aznar para desviar la atención de la autoría hacia ETA –que piensa puede favorecerle más electoralmente que la yihadista que ya conocen- le cuesta las elecciones.

Portadas de prensa internacional sobre los atentados del 11M.
Portadas de prensa internacional sobre los atentados del 11M.

La prensa internacional lo destaca ampliamente, aquí pasa algo más tapada, pero el dolor y la indignación provocan desafección ante el PP. A partir de ese momento, Zapatero es considerado por los populares un presidente ilegítimo, porque les ha salido mal la jugada.

La lista de insultos que Mariano Rajoy dedicó a Zapatero -hoy tan añorado por su presunta prudencia y señorío-, es toda una ya histórica letanía del oprobio. Le llamó acomplejado, agitador, ambiguo, antojadizo, aprendiz de brujo, bobo solemne, chisgarabís, cobarde, débil, frívolo, grotesco, hooligan, impreciso, imprudente, incapaz, inconsecuente, indigno, inestable, inexperto, insensato, insolvente, irresponsable, maniobrero, manipulador, mentiroso, oscuro, perdedor complacido, radical, rastrero, sectario, taimado, traidor, turbio, veleidoso y zafio. En el Congreso le dijo: “traiciona a los muertos y ha revigorizado a una ETA moribunda”. Cuando fue con el gobierno de Zapatero cuando cesaron los atentados terroristas, a pesar de las trabas puestas por el PP.

En las manifestaciones contra el gobierno del PSOE gritaban al presidente: asesino, mentiroso, anticristo. Incluso querían mandarlo “con su abuelo”…. que fue ejecutado en el paredón franquista. La vieja guardia socialista también les apoyaba desde la banda. Uno me dice que elegir entre Zapatero y Rajoy es hacerlo entre despeñarse por un acantilado o tomarse una botella de cianuro. ¿Les va sonando el parecido?

ETA es una baza esencial para el PP. El 19 de abril, poco más de un mes después de los atentados, el Partido Popular presenta 215 preguntas al gobierno, basadas en la teoría de la conspiración urdida por el diario El Mundo dirigido por Pedro J. Ramírez y que sigue impune profesionalmente. El diputado Jaime Ignacio Del Burgo publica un libro titulado: “11M, demasiadas preguntas sin respuesta”. Cuando saben de sobra lo ocurrido. Rajoy a la cabeza, acude el PP a manifestaciones de la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) con el lema “queremos saber la verdad”. Todo ello acompañado de manifestaciones en la calle, con sus banderas y sus aguiluchos como es de rigor en la derecha española. Ultra, apenas hay otra. Con el rojigualda en gorros y gafas de sol. Cantando el “Cara al sol”. Vox ya estaba en el PP.

Unas veces protestan contra la política antiterrorista del PSOE y otras contra sus leyes, en algunos casos de la mano de la jerarquía católica. Desde 2004, se suceden no menos de 13 protestas masivas en la calle, fletando autobuses para traer a Madrid gente de fuera. Un clásico. Rajoy acude y cierra con discurso por ejemplo en las de AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) con el lema “queremos saber la verdad”. Tan despistado el hombre que nunca se entera de nada.

Rajoy y otros miembros del PP en una manifestación contra la política de Zapatero en 2007. EFE
Rajoy y otros miembros del PP en una manifestación contra la política de Zapatero en 2007. EFE

El PP sabe la verdad, pero eso no importa. Rajoy llega a pedir la anulación del juicio –y por tanto la puesta en libertad de los detenidos- según lo que lee en la prensa, y no precisamente en el Marca. En El Mundo, que sigue presionando con las dudas sobre la Mochila de Vallecas, táctica que tan graves consecuencias tuvo para el valiente comisario que con su actuación encauzó las investigaciones. Zaplana apuntó la posibilidad de desenterrar a los muertos para comprobar el tipo de explosivos utilizado. Francamente lo que se hizo aquellos días es uno de los más terribles atropellos que quepa imaginar en un país democrático, perpetrado además desde el partido que estaba en el gobierno cuando se produjeron los atentados. Con consecuencias desestabilizadoras porque mentes débiles u obtusas aún siguen manteniendo dudas que el PP no se molestó en disipar.

De ETA, a las guerras de la codicia y a las protestas positivas o despreciables según les convenga. José María Aznar, sobrevoló por las masivas manifestaciones del NO a la Guerra de Irak, a las que no hizo caso alguno, acusando al líder del PSOE de “pancartero”. Luego el PP le pilló gusto a echarse a la calle para protestar contra Zapatero, como hemos visto. En la táctica habitual, los populares quitaron importancia, después, a la Guerra de Irak porque “es algo del pasado”, aunque siguiera estallando la violencia todos los días.

Cuando el PP ve flaquear la baza del terrorismo, acude a la unidad de España. Por aquellos días –y ya andamos ante la segunda legislatura de Zapatero- se nos andaba rompiendo el idioma. De ahí que salga un manifiesto de intelectuales “por una lengua común”. Esto sucede ya cada poco ya. Y por cierto, Cayetana Álvarez de Toledo suele pasar por intelectual cuando va de la mano de Vargas Llosa, y encabeza esas listas del ultranacionalismo español. Desde las Argentina y el Perú de sus nacimientos, que no deja de ser curioso.

Para ir constatando la dimensión de las zancadillas del PP a toda política progresista, es imprescindible recordar algunas de sus abstenciones señaladas y recursos de inconstitucionalidad. Su precedente Alianza Popular se opuso a la Constitución, a la Ley de amnistía para los represaliados del franquismo, al divorcio –al igual que lo haría UCD que también nutrió las filas de los populares en su momento-. Por cierto, la destrucción del Memorial a las víctimas del franquismo en el cementerio de la Almudena por el Ayuntamiento de Almeida y Villacís, es equiparable a los que suelen llevar a cabo los talibanes en otros lugares del mundo.

El PP de Rajoy, por su parte, rechazó varias leyes progresistas del PSOE de Zapatero. La Ley de Igualdad y de Conciliación de la vida laboral, conocida también por algunos otros de sus apéndices. Se abstuvo en la votación y ya en vigor la recurrió al TC. También la Ley que reguló los matrimonios entre personas del mismo sexo, que fue una de las que echó a la calle a gritar contra Zapatero al PP y votantes del PP y a los fieles Obispos a los que jamás hemos visto manifestarse por la pobreza o la desigualdad, y siguen poniendo el “cepillo” a nuestros impuestos.

El PP de Rajoy hizo campaña y presentó recurso de inconstitucionalidad al Estatuto de Catalunya, y a la ley de Educación de Catalunya. Hechos que están el germen del conflicto actual, que, sin duda, el PP exacerbó. El TC avaló la ley de Educación y en líneas generales, con algún recorte, el Estatut.

El mayor traspiés de Zapatero fue aceptar el mandato de la conjura internacional –porque prácticamente fue eso- en Mayo de 2010 para que redujera el gasto público. Hasta Obama le llamó, además evidentemente de la Troika y media Europa. Aquí le dejaron solo. Había intentado ponernos al nivel de nuestros vecinos en la inversión en los ciudadanos (como ocurría en Alemania, Francia o los países nórdicos que llegaba al 30% del presupuesto total) y le hicieron echar marcha atrás, cuando las culpas fundamentales eran de los agujeros negros de la economía y las finanzas españolas. En pugna con su ministro de economía Pedro Solbes, el PP, y una legión de comentaristas que ya apoyaban “la austeridad”, Zapatero llegó incluso a excusarse: “sólo restan unas dos décimas al superávit actual del 1,8% del PIB” (…) “no van a costar ni un euro al bolsillo de los españoles”. Y esta vez era mucho más verdad que el rescate bancario que nos vendió Rajoy.

El PP le hacía campaña en contra del gobierno del PSOE en la UE. Pablo Casado se animó a seguir esa senda y, apenas nombrado presidente del PP, se fue a Bruselas, a colocarse al lado del entonces presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, mientras caminaba y soltarle que España era un desastre. A mí personalmente todavía me produce vergüenza ajena este episodio. Y pavor que este tipo de personas tengan en sus manos asuntos serios de los ciudadanos.

Nada nuevo pues. Un gobierno de PSOE y Unidas Podemos no se librará de esa lacra. Hay que estar prevenidos. El pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla, se dice desde antiguo porque es una verdad rotunda. Y hoy una batalla principal es, recordando al escritor checo Milan Kundera, la lucha de la memoria contra el olvido. Porque lo que está por llegar, se libra en ese terreno.

 

*Publicado en eldiarioes 10/12/2019

La elevada autoestima de los “constitucionalistas”

Día de trajes nuevos, sonrisas recién estrenadas y viejas retrancas en la sede del Congreso de los Diputados. Celebran 41 años de la Constitución de 1978 que puso fin, formalmente, a la extensa e intensa dictadura franquista. Es el día de las críticas y los tópicos, de los elogios y los vacíos. Una Constitución no debería servir solo para llenarse la boca sino como norma de obligados cumplimientos. Dudo que haya una en el mundo entero que lo haga. Hay algunos textos henchidos de ideales. Incluyen hasta la búsqueda de la felicidad. Nuestros compañeros de historia, los portugueses, apelaron en la suya (1976), tras la correspondiente dictadura, a bases de dignidad en el empeño de construir “una sociedad libre, justa y solidaria”.

Nuestra Constitución fue mucho más sobria. Invocó justicia, libertad y seguridad, le dio la forma de monarquía parlamentaria con el candidato a la jefatura del Estado que había designado el propio Franco y fue escrita solo por hombres, como solía pasar en aquellos tiempos. Sin duda, además, fue redactada bajo la presión de los vencedores de la guerra civil, la que habían desatado y de la que salieron por completo impunes. Pero, asombrosamente, al calor de los tiempos, al calor de las inmensas ganas de democracia que muchos españoles tenían, resultó un texto con medidas sociales mucho más progresistas de lo que ahora se incluirían. Desde hace años, desde la hegemonía, abusos y crisis del capitalismo la tendencia va a rebajar derechos. La involución es un hecho que en algunos países intenta revertir tímidamente el centro izquierda. Léase el Reino Unido, Portugal, España; hasta la socialdemocracia alemana se está poniendo las pilas para que no termine de engullirle la ola.

Recordaba este 6 de diciembre en las redes algunas ideas del periodista Ignacio Escolar, todavía sin nacer eldiario.es, en uno de los libros colectivos que escribimos: “Si la Europa arruinada de la posguerra fue capaz de construir el Estado del bienestar, ¿por qué la Europa próspera del siglo XXI va a ser incapaz de mantenerlo?” Y la constatación de que la redistribución de la riqueza que propugna la Constitución ya en 2012 parecía propia de peligrosos antisistema. Y la bola siguió creciendo y hoy nos vemos como nos vemos, con alguna esperanza que hay que trabajarse “para que pueda ser”, dicho sea remedando a Labordeta.

Ahora bien, de las peores trágalas del momento actual es escuchar que son “constitucionalistas” gentes que solo creen en menos de media docena de sus artículos. A saber: el 2, que afirma la “indisoluble unidad de la Patria”, los que se refieren a las fuerzas del orden para mantenerla, el 155 para coartar la libertad de los catalanes independentistas o no, y el 135, que fue el único que se modificó en este periodo –a salvo de una pequeña corrección en otro momento–. Para cortar derechos ya. En 2010, cuando, tras el derrumbe financiero, nos hicieron pagar sus platos rotos a los ciudadanos. Con aval constitucional, se estableció la prioridad del pago a los acreedores sobre cualquier necesidad de los ciudadanos. ¿Y no saben? Sí saben, la deuda, ya con Mariano Rajoy al frente del Gobierno, se disparó a niveles de récord histórico.

Mariano Rajoy es un gran “constitucionalista”. Ha vuelto dando lecciones y ha sido muy aplaudido por los desmemoriados. Aquí, en las nuevas evaluaciones del rescate bancario (66.577 millones de euros) que les dieron casi a fondo perdido encontrarán unos cuantos pilares más de los “constitucionalistas”.

El PP está lleno de ellos. De estos, del 2 y el 155 y el garrote, y del 135. De Argentina se vino su portavoz, Cayetana Alvárez de Toledo, que rezuma democracia en cada una de sus intervenciones. Y en Madrid nos plantaron a Martínez Almeida en el Ayuntamiento y a Díaz Ayuso en la Comunidad. Muy elogiada por medios como TVE en sus telediarios, por haber tosido a la ultraderechista Monasterio antes de no firmar, al igual que ella, una declaración de condena al lanzamiento de una granada contra el centro de menores migrantes de la calle Hortaleza en Madrid. De no firmarla.

Begoña Villacís e Inés Arrimadas van de airosas “constitucionalistas” por el escaso recorrido de la representación política en la que ha quedado su partido, Ciudadanos. Desde esa convicción patriótica, los votos reales no cuentan, se pisa fuerte y ya está. Se es “constitucionalista” de palo y recortes y no se hable más.

Se ha llegado a la osadía de llamar “constitucionalistas” a los miembros del partido ultraderechista Vox. Una formación que arrasa con numerosos preceptos constitucionales, partiendo de los que explicitan que no se admite “discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Hoy, su líder, Santiago Abascal, según nos cuentan, no ha estado en la recepción del Congreso porque se ha ido “a defender la Constitución” en una manifestación en Barcelona. Ahí los tienen, un ultra “constitucionalista”. Claro que quiere reformarla para suprimir las autonomías. Hoy en Barcelona han exhibido una pancarta pidiendo la derogación de la Ley de Violencia de Género. Su España y su “constitucionalismo” son así.

Pablo Casado en cambio no quiere ni tocar la Constitución. El precedente de su partido, Alianza Popular, votó en contra aquel 1978, pasados 40 años ya les gusta. Las constituciones se reforman para la convivencia, no para desecarlas como Vox. La Primera Enmienda de la norteamericana fue en 1791, a los 4 años de promulgarse.

Lo realmente espectacular es la elevada autoestima de la que alardean gran parte de quienes se autodenominan “constitucionalistas”. Con la soberbia que caracteriza esa sensación irreal de superioridad, creen que todos desprecian como ellos a cualquiera que valore el potencial perfeccionamiento o cambios en la Constitución. Incluso el texto completo con tanta literatura accesoria.

Gentes como Aznar y la mayoría de los citados se sienten elegidos por la gloria de lo que llaman ser “constitucionalistas” sin defender los valores que la norma básica incluye. De su aprecio por la Constitución, de su lucha por lograrlos, quedarían fuera más de un centenar de artículos de los 169 que tiene, siendo generosos con ese cómputo. Esperanza Aguirre, por ejemplo, cree que el PP debe hacer un esfuerzo, para evitar que “el Gobierno caiga en manos de independentistas y comunistas bolivarianos”. Ellos son mucho mejores.

Unidos a ese coro político, numerosos periodistas y medios de este camino perdido defienden ese peculiar “constitucionalismo”. Todo cuanto quede al margen de este estereotipo les parece condenable. Con ese plantel y su historial, pasado hasta por los tribunales, el hoy presidente del PP acusa a Pedro Sánchez de haber elegido “a los enemigos de la Constitución”. De lo que todos ellos interpretan es su Constitución, la que se deja fuera un buen número de derechos y servicios que afectan a la vida diaria de los ciudadanos.

Y así nos vemos con un Pablo Iglesias, consciente de que de nuevo van a por él y todos ellos, abrazado al Mal Menor y proclamando hasta la buena salud de la monarquía. Mucho parece pesar el rey que solo reina, sin gobernar, según dicen. El legítimo pragmatismo de lo que se puede hacer desde un gobierno progresista y el peligro de lo que, sin él, nos vendría encima, quizás no debería aparcar, al menos, los desajustes mostrados por esa institución.

Singular España y variopinta sociedad que celebra este puente, luchando por el clima, de vacaciones o abarrotando a niveles de colapso las tiendas, el símbolo de un descomunal contrasentido. La Constitución española y la Inmaculada Concepción de la Virgen elevada a fiesta nacional. No es de extrañar que los “constitucionalistas” del séptimo día se hagan notar tanto.

 

 

*Publicado en eldiarioes 

Con los pies en el suelo

Va a ser una legislatura bronca e incomprensible para quienes sueñan con una apacible representación de los ciudadanos, que no se corresponde con la realidad.  España es un país plural y ha habido demasiadas convulsiones y presiones y hasta corrimientos de tierras no previstos. Es algo más que la vida que se mueve, es un país con problemas. Lo importante será no sacar conclusiones equivocadas que llevan a pasos erróneos. La ultraderecha ha llegado a las instituciones, con nutrida representación y por la puerta grande que le han abierto los pactos anteriores con sus colegas de PP y Ciudadanos y multitud de medios por diferentes razones, primando las ideológicas y las crematísticas. Desde hoy, Vox ocupa una vicepresidencia en la Mesa del Congreso. Siendo un trago grueso, no es el único.  Ante la imposible tarea de adivinar el futuro, lo esencial ahora es no engañarse, una afición extraordinariamente extendida ahora.

Escribió Calderón de la Barca que “todos sueñan lo que son aunque ninguno lo entiende”. El tiempo ha ido cambiando algo esa percepción y se entiende hasta más de lo que hay. El gran autor del Siglo de Oro da en un punto y seguido la clave. Lo peor es despertar del sueño y ver una realidad que difiere de los “estados lisonjeros” en los que uno se ve.  Uno de los primeros en aterrizar en el suelo ha sido Marcos de Quinto, el millonario autor del ERE en Coca-Cola que soñó ser ministro con Ciudadanos, se ha visto en una pelea a empujones con un diputado de Vox, por ocupar el escaño.

Otros aún flotan en sus ensueños. La tendencia a autoengañarse se dispara en estos tiempos cuando famosos de todo tipo viven en un escaparate en el que quieren mostrar sus mejores galas. Sueña Martínez Almeida que es un alcalde de los tiempos franquistas, con capacidad para reescribir la historia, tapar y encumbrar al gusto, envolver en la bandera española hasta el buey la mula del belén. Sueña que es el alcalde más ecologista del planeta y que todos se lo reconocerán así al ver las calles de Madrid llenas de tráfico y ostentosas luces.

Sueña Pablo Casado con ser el líder del centro-derecha español, mientras aúpa e incrusta en puntos de decisión del Estado a la ultraderecha, hija predilecta de su partido. Sueña Inés Arrimadas que tiene 70 u 80 diputados, que ya es la presidenta de Ciudadanos, de extremo centro, ultranacionalista española y lo que convenga. Con el mismo aplauso mediático, si no más, que el recibido por Albert Rivera, hoy abrasado por las urnas. Sueña que podrá engañar sin fin usando la realidad como moneda de cambio: Se mezcla, se agita y se sirve al consumo.  Soñar por soñar, viejas glorias del PSOE también sueñan que son socialistas, Carmena que perdió el Ayuntamiento de Madrid “por ser demasiado innovadora” y el poder atrincherado en insolidarios privilegios que Unidas Podemos es de ultraizquierda.

Sueña Pedro Sánchez que esta vez sí podrá jugar un juego doble con los nacionalistas catalanes y con el propio asunto enquistado de Catalunya. Y Esquerra que estirando la cuerda resolverá sus problemas internos. En ambos casos, tratando de sortear un fiasco que lleve a otras elecciones. Pablo Iglesias sueña probablemente que habrá que estar en el gobierno, si lo hay, para afianzar algunas políticas de progreso, aunque será haciendo cesiones, circunstancia que será entendida o no.

Sueñan los empresarios, la jerarquía católica, los medios dominados por sus empresas conservadoras, con que no haya gobierno y que, si lo hay, se vaya al cuerno lo más pronto posible. Un tipo que preside una cadena de hoteles es el último en expresarlo así. Desean despiertos y dormidos, y trabajan por materializar sus sueños.

Y hay muchos más deseos y autoengaños. Tenemos a la venta otra piadosa autobiografía de un famoso político: Mariano Rajoy. Como su compañero José María Aznar, como José Bono y tantos otros, saca libro de memorias a su gusto para regalar en navidades con esas habituales historias de ficción plenas de interpretaciones benévolas y tantas lagunas que recogen a cientos las hemerotecas. Lo peor es que figuren en la listas de ensayos sobre la realidad.  Con lo interesante y útil que sería el análisis sobre cómo la distorsionan, si son personalidades disociadas que se creen lo que sueñan, o van directamente a vender la moto. Es una duda que me inquieta últimamente cuando veo presumir de lo que carecen a un buen número de personas populares. Importa porque desde su posición tienen influencia sobre la sociedad.

A ver, todos elegimos la mejor fotografía para mostrar, en lugar de aquella en la que salimos con  la boca hecha una mueca o los ojos cerrados: forman parte de la realidad pero optamos por la mejor cara. Lo de obviar episodios flagrantes de una trayectoria, perdonándose en el silencio, es otra cuestión. Es engañar a otros.

Creen periodistas que soñaron ser reporteros de guerra o enviados especiales en grandes hitos internacionales que han conseguido su objetivo al salir en pantalla y ser reconocidos en la calle, aunque se presten a vender infumables proclamas. O anuncios, directamente. Sueñan tantos en que todos lo hacen y no son tiempos de tirar, como piedras, ninguna crítica…

Los ciudadanos también sueñan. Con el legítimo deseo de conseguir sus objetivos. No reparan a veces en la relación directa entre sus elecciones y las consecuencias sobre sus proyectos. Y así terminan distorsionados también, creyendo que todo es negro o todo es blanco muchos de ellos, sin prestar atención a las tonalidades del gris.

La tendencia al autoengaño amenaza con ser una de las peores cargas de profundidad para la ciudadanía actual. Los estudios van demostrando que las fake news se engullen mejor que la realidad ya en muchos casos. “Las noticias falsas en redes sociales llegan a 100 veces más personas que las verdaderas, y duran mucho más tiempo“, confirman los datos. Influye que coincida con su percepción previa, con lo que “creen”.  Y si una mentira se repite, les da sensación de consenso, de que todo el mundo piensa así.

Si creen que esta va a ser una legislatura limpia, con partidos responsables de centro-derecha, centro-izquierda y nacionalistas de ambas tendencias no pisan tierra firme. Si creen que ser español, español, es envolverse en una bandera y múltiples carencias, prueben a repensarlo a ver si así no nos llenan las instituciones de ultras con escaso cerebro. Si prestan oídos a quienes auguran una debacle histórica con un gobierno de progreso y suponen que les advierten por el bien de los ciudadanos, decididamente más que flotar en la irrealidad, levitan. Si imaginan que los sueños son realidad, se engañan, pero si saben soñar con los pies en el suelo serán conscientes también de que  esos sueños pueden ser los únicos que estimulen la lucha por lograrlos.

Portugal no tiene un arzobispo como Cañizares

Titulo con el ejemplo más grotesco para que resulte más claro. Grotesco, pero real. Arzobispo de Valencia, Cardenal de la Iglesia Católica, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, cargado de títulos y reconocimientos, Antonio Cañizares, 74 años, es un tipo al que le gusta disfrazarse con ostentosas vestimentas y lanzar apocalípticas soflamas contra todo progreso. Es uno más en proclamar la -a su juicio- “grave emergencia” que sacude a España con el preacuerdo para un gobierno de centro-izquierda.  Bien, pues, Portugal, por ejemplo, no tiene un arzobispo así. Y tampoco tiene un VOX ni ha exportado a Bruselas  ningún europarlamentario de extrema derecha. De los pocos países. Aun habiendo sufrido la misma dictadura fascista que España.

Portugal tiene un gobierno socialista, presidido por António Costa, en solitario ahora,  con apoyos puntuales de los que han sido sus socios de izquierda  -el Bloco y el Partido Comunista- desde 2015.  Los logros de Portugal para salir de la crisis y revertir hasta el rescate en este período han sido ejemplares. Hoy nos avanzan un dato más y no menor: Portugal ha recortado  su factura de la luz a precios inferiores a la media europea y aumenta la brecha con España.  Nuestro país comparte con Portugal  su pertenencia al Mibel (Mercado Ibérico de Electricidad) pero, en cambio, pagamos la quinta factura más cara de la UE, superior a la media por tanto, y hemos sufrido un aumento récord de precios de casi el 67% en la última década, según Eurostat.

Este contraste es lo suficientemente gráfico para que nos hagamos unas cuantas preguntas. Al margen de la evidencia de que las eléctricas españolas han empleado a políticos de lujo como José María Aznar o Felipe González. Españolas, o en suelo español, recordemos el empecinamiento del presidente del PP por vender ENDESA a la Italia de Berlusconi con tal de evitar que la adquiriera la catalana Gas Natural, que fue el inicio de su desastre posterior.

A los medios españoles les gusta mucho compararnos con “otros países”. Es una buena medida que comparto, si no fuera por su muy selectiva elección.  Por ejemplo el TD2 de TVE nos vendió la liberalización del mercado ferroviario con entrevista en estudio, de pie y todo, mintiendo sobre las bondades que ha supuesto en Italia, e ignorando el caos que se produjo en el Reino Unido que ahora los laboristas querrían revertir. Hay que mirar las actuaciones ciertas y efectivas. La rebaja de la factura de la luz en Portugal o el discurso antifascista neto de Angela Merkel. La diferencia de la conservadora alemana con el PP o el Ciudadanos españoles es sangrante. El propio programa laborista que en España parecería estalinista-bolchevique-bolivariano a los propagandistas de este estado de cosas en el que vivimos al que ya faltan calificativos.

No, en Portugal no tienen a Cañizares, ni una Iglesia que se ha “inmatriculado” – es decir, apropiado, poniendo a su nombre terrenos e inmuebles que no le pertenecen-. Son 30.000 en las últimas dos décadas, según datos del Colegio de Registradores.  Parece ser que son también una patata caliente en manos del gobierno, otra de las anomalías que no comparten otros países.

Los ciudadanos acarreamos un cúmulo de mochilas ajenas cargadas de no se sabe qué. Porque al peculiar peso de la Iglesia Católica en España, financiando por ejemplo, la COPE que a diario promociona a la ultraderecha, unimos otra serie de lobbies que ejercen una poderosa presión. Ahí tienen a los empresarios sobrecogidos por un gobierno de PSOE y Unidas Podemos que no llegaría a ser ni siquiera el de los laboristas británicos. Metiendo tralla a diario. Los empresarios se plantan y no quieren a Yolanda Díaz en Empleo, dicen ahí hoy. ¿Tienen en Portugal o en parte alguna un empresariado que se atreva a esto? Presionan para que el PP facilite el gobierno a Pedro Sánchez y hasta una Inés Arrimadas ofrece  desde sus escuetos 10 diputados un gobierno de derechas con un par de partidos como Ciudadanos y PP que no tienen empacho alguno en pactar con Vox y encima se atreven de hablar de sus principios y valores.

¿Y los medios? En los últimos tiempos, hasta Fox News ha debido sentir la llamada de un lejano periodismo porque su adorador número 1 Donald Trump se ha enfadado con ellos. ¿Qué pasa en España? Un zapping de radio nocturno te depara escuchar que “los de Puigdemont” son malísimos y la derecha, estupenda, porque ha salvado el decreto de control de Internet del gobierno de Sánchez. Las mañanas son bombas de relojería. El que llegue templado al quiosco, o a las webs de derechas, puede sentir la tentación de montarse una barricada si no sucumbe de un infarto. Luego están las tertulias televisivas como punto y aparte, haciendo estallar el diapasón de los nervios. Hasta los telediarios, dicho como nombre genérico, demuestran en sus entradillas sobre todo que no dan ni una puntada sin hilo. Hay formas de decir y de decir, los maestros de la manipulación han dejado sus huellas hasta en la televisión pública.

El colofón lo ha puesto la publicación diaria  que edita Pedro J. Ramírez, asiduo en las tertulias de TVE, atribuyendo al “bloqueo político” el dolor de espalda del Rey Felipe VI. Sin despeinarse la calva.

¿Y los políticos? Un tipo, diputado en las Corts valencianas, pide, atención, la lista de las Iglesias “profanadas” en la Guerra Civil del 36, y la de miembros de la División Azul que fueron a ayudar a la Alemania nazi en la II Guerra Mundial que desencadenaron. ¿Cómo el Estado de Derecho permite semejantes especímenes en las Instituciones? No sabemos qué querrá hacer el diputado de Vox con las reliquias de aquellos combatientes, pero sí vas viendo las consecuencias de haber dejado impune las del franquismo. Las que llevan a este gesto terrible de tirar al suelo la defensa de la lucha contra la violencia de género.

Juan Miguel Garrido@Juanmi_News

Fascistas consiguen en Les Corts Valencianes que se quite la pancarta desplegada por una diputada de Podem con la lista de los nombres de las mujeres asesinadas víctimas del terrorismo machista este año. Hoy Les Corts han declarado la Emergencia Feminista en Comunitat Valenciana.

Video insertado

Por supuesto que cada país aguantas sus velas. Pero las hay de algodón y de plomo. Esta Iberia que se desgajó por cuestiones monárquicas, es un buen ejemplo de lo que se puede hacer sin grandes ataduras y lo que coartan hasta las que no se ven. La coacción para que no cuaje el gobierno progresista en España está siendo abrumadora, abusiva e intolerable. Cualquier persona medianamente sensata y sobre todo totalmente decente se preguntaría qué esconde y teme ese poder que guía todas estas injerencias.

 

*Publicado en Eldiario.es

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