Asco

Salimos de las restricciones por el coronavirus –que no de la presencia de la pandemia- con un enorme pesimismo social y con toda una gama de sensaciones sobre lo ocurrido. Los disconformes con la gestión del Gobierno son una minoría pero jaleada con tal amplitud por los medios que va calando en la sociedad. “¿Qué tal has llevado el confinamiento?”, oyes en la calle al camarero que prepara una terraza. “Bien, salvo por los políticos”, responde el amigo. “Los políticos”, el gran mantra que han colado también. Unos trabajan y otros entorpecen y agreden, pero en épocas de “equidistancia” parcial y culpable, esa simplificación funciona para los objetivos.

El Rey Felipe VI “se vuelca en reparar la imagen de España en el exterior”, leo. Mientras “en el exterior” se informa de la escandalosa conducta del “El Rey caído“, como hace, abriendo portada,  el diario británico The Times. Es decir, del padre y predecesor del actual jefe del Estado. Al mismo tiempo, el PP encabeza –con Vox y Ciudadanos- una batalla en la Unión Europea para que nos pongan caro a España acceder a los fondos comunitarios de ayuda a los destrozos de la pandemia, como quiere el paraíso fiscal holandés y la ultraderecha. No me canso de insistir: el coronavirus nos ha dejado con el esqueleto al aire de nuestras miserias.

Cualquiera que “en el exterior”, o en el interior, mire lo que está pasando en España y vea el clima de crispación creado por quienes quieren tumbar al Gobierno no entenderá los anuncios promocionales de lo majos que somos. Hay que limpiar detrás del escaparate porque muchos ciudadanos magníficos se han dejado la piel por todos. A pesar de la ingente labor de enfangar la imagen de España para sacar tajada. La reserva espiritual del franquismo y la corrupción sigue ignorando que más allá de nuestras fronteras la gente lee y se informa.

Las fallas arrancan bien alto, produce desasosiego la explicación del terrorismo de Estado -que no tiene cabida alguna en un país democrático- y por una ministra actual.  O que se saque el tema –la creación del GAL que un informe desclasificado de la CIA atribuye a Felipe González- desde un diario como La Razón.

Da asco ver los insultos y amenazas al Gobierno a cargo de la ultraderecha y de la estupidez, que no comparten su labor de proporcionar un escudo social a los más desfavorecidos. Asco profundo a un concejal del PP en Aragón que quiere dejar “vegetal” a Pablo Iglesias porque dos tiros es demasiado rápido y es considerado ejemplar por su partido al haber rectificado, según dicen ellos. Las prácticas de tiro con fotos de miembros del Gobierno que corren por los chats de la policía,  denunciadas por algunos de ellos. Los acosos a los domicilios, diarios. Las agresiones a personas y bienes de destacadas feministas. No me vengan con “equidistancias”  que justifiquen todo esto que, sobradamente, saben que el acoso actual no tiene precedentes al menos en democracia. El clima de violencia ya desatado, la impunidad con la que actúa, la baba gozosa de quienes la alientan. Qué repugnancia, qué problemático.

Apestosa la concienzuda misión de culpabilizar al Gobierno de la pandemia por intereses que se ven por las costuras. Asco a la labor de la prensa –en genérico- lavando la imagen de Díaz Ayuso a pesar de la masacre de ancianos en Madrid. Cada detalle que sale nuevo es más escalofriante que el anterior. Fue una selección que implicaba condena a muerte, por no disponer de medios, por haberlos cercenado antes, aplicando las políticas de tijera y privatización neoliberal y de compadreo. Asco oírles en el Congreso. Asco redoblado a las versiones mediáticas tan sesgadas que parecen ciencia ficción. Uno de estos días el ideario que lanzó el PP y que fue distribuido obedientemente por los medios fue “la mano tendida” de Pablo Casado al Gobierno. Bernardo Vergara en su viñeta fue quien mejor lo definió.

Y honda preocupación –sin abandonar el asco- por esa parte de la sociedad que ha demostrado tener la cabeza a grillos y no sabe ni relacionar conceptos. Un 90% se muestra a favor de reforzar la Sanidad Pública y blindarla. La pandemia ha demostrado su necesidad vital y hasta ahí dices “bien, menos mal que se enteran”. Pero no, porque a tenor del clima que se advierte parecen dispuestos a seguir votando a los partidos que dieron el hachazo a la sanidad, y que hoy, como la inefable Ayuso, continúan privatizándola.

Los cacerolos abandonan su campaña por el fútbol y las terrazas. Los cayetanos, de entre ellos, ya se van a sus segundas residencias, yates y fiestas. Desde las ventanas de los siervos sin dinero aún se intenta mantener en pie el fuerte. Ya no deben saber ni por qué protestaban. Por los iconos que les mandaron odiar, ahora que desescalados al completo ya disponen de su libertad de contagiar.

La mitad de la sociedad no teme al coronavirus, cree, imagina, sueña, que no le afectará. En la otra mitad hay distintos grados de acojono, si se me permite la expresión. El confinamiento funcionó, fue lo que detuvo el avance del virus, que de otra forma hubiera causado casi 400.000 muertos y hubiera precisado 110.000 camas de UCI en un país al que los gobiernos dejaron con 4.000 para apañarse en toda la primera ola de la pandemia. Y ya se ha levantado. Ya se puede vivir “como antes”, solo que con el coronavirus entre nosotros.

Tiempos confusos que envenenan el cuerpo social. Si algo se ha podido hacer para frenar la COVID-19, ¿no es posible detener –incluso en sentido estricto- el veneno ultra de la turbia masa opositora?

Hoy se ha graduado en la Universidad de Oxford Malala Yousafzai, aquella niña pakistaní a quien trataron de matar en su país por querer estudiar, una actividad prohibida a las mujeres por el Régimen Talibán. Sufrió heridas de bala en el cráneo y el cuello y se temió por su vida. Por ella escribo hoy en particular, por cuantos obligan a ser héroes porque no les dan las condiciones lógicas para desarrollarse. Como los políticos acosados por el odio por hacer una labor social en países como España, en el que se vive una clara forma de talibanismo. Como el personal sanitario. Más medios, y no digo menos aplausos porque hasta eso decretaron les fuese quitado. Como tantos que han de trabajar remontando la corriente mientras se da pista libre y viento a favor a tantos indeseables. Que se trata de trabajar con normalidad, no de opositar a un puesto entre los mártires.

Al borde de la saturación a veces pero con asideros. Concluyo con el periodista Javier Valenzuela, quien abogaba estos días por la concordia, por “Seguir sumando“. Se suma con la buena gente. Evocando a Lorca escribió todo un antídoto para el asco: “El periodista debe llorar y reír con su pueblo, debe bajar al fango para ayudar a los que buscan azucenas. Lo contrario, la equidistancia entre víctimas y verdugos, es ser palanganero de los malvados”.

 

*Publicado en Eldiarioes el 19 de junio de 2020

El periodismo en liquidación

El mundo de la información anda revuelto por el cese de Soledad Gallego-Díaz en la dirección de El País, diario de referencia internacional durante varias décadas. Será sustituida por Javier Moreno, el ejecutor de los ERE que diezmaron el periódico y muchas credibilidades. Nada conmueve en España más que una censura –real o aparente- en el periodismo, aunque eso vaya tan por barrios que más de uno se quedó en el camino con su paro y su hambre sin más contemplaciones. A otros les sirvió para levantar toda una carrera. Para empezar a hablar de este espinoso tema habría que dejar sentado que nadie es imprescindible en periodismo y que es el periodismo lo que hay que preservar.

El problema es extremadamente grave: el coronavirus también ha sacudido a los medios de comunicación porque sufrían de patologías previas de enorme entidad. Lo lógico sería que el periodismo resistiera y se expandiera en nuevas formas, conservando su esencia eterna de contar lo que se debe saber. Pero para ello habría de superar la propia degradación a la que ha abocado a la sociedad.

La creación de grandes emporios que vendían desde noticias a libros, cuberterías y toallas no es ajena a la génesis de la gran crisis, porque les hipotecó. En dinero y en su propio fin. Sucedió en un momento crítico: al tiempo que se propagaba Internet con los cambios vertiginosos que ha supuesto. La prensa -en genérico- ha sido un factor determinante de la crisis social que vivimos. En España de forma alarmante. ¿Cómo pudieron crecer tantas corrupciones y de tal altura sin que la prensa fuera testigo y denuncia masiva? Fueron también los difusores de la banalización de la sociedad que la hizo mucho más vulnerable.

El hoy de los medios es de vértigo. Sumidos en una crisis económica  anterior, que ha agravado la pandemia, se ahogan. Se han acogido a ERTEs muchos de ellos, han pedido  ayuda económica al gobierno, al mismo que varios de ellos agreden con sus mentiras. El proselitismo ideológico no es periodismo, dejémoslo claro.  El problema es tan serio que ya ni ese elemento clave se distingue con nitidez.

El periodismo ha derivado de tal forma que en numerosos medios se busca el clickbait por encima de todo, por encima de la información, sin duda. Lo que cuenta es poder ofrecer al anunciante sus visitas. En los medios audiovisuales, la audiencia; lograda en gran medida por hechos escandalosos. Esto ya ha matado prácticamente al periodismo. Desde luego anda en rebajas, en liquidación.  Una dura competencia para los medios y periodistas que buscan mantener el periodismo y aún revalorizarlo por su importancia esencial.

Explicaba el periodista Pedro de Alzaga en “Derribar los Muros” que han aparecido nuevos puestos de trabajo en los medios para localizar lectores y darles lo que buscan: “perfiles cada vez menos periodísticos, pero muy pendientes del rendimiento de la información y de su retorno en clave de cifras de audiencia”. Hoy el principal negocio mundial son los datos, nuestros datos, los que aportamos.

Este complejo panorama ha sido caldo de cultivo para -en lugar de información y con intereses espurios desde luego-, servir a discreción bulos y fakenews. Sabiendo como ya sabemos que se expanden por las redes a mayor velocidad y con mayor permanencia que las noticias auténticas y tienen una trascendencia enorme.

La llegada a El País de Soledad Gallego-Díaz, avalada por su sólida trayectoria en el periodismo,  suscitó enormes esperanzas que, en mi opinión personal, no se cumplieron plenamente. Era una muy difícil tarea, eso es cierto. Darían para una serie los ejemplos de la palmaria animadversión a Podemos y a un Pablo Iglesias, sobre todo, que “no es capaz de comprender su papel institucional” . El in crescendo va subiendo hasta el demoledor e impaciente editorial del 20 de Mayo, “A la intemperie“, en donde El País dirigido por Gallego-Díaz no ve en el gobierno la virtud de la credibilidad, pide que rueden cabezas y casi amenaza a Sánchez: “Esta vez las cosas han ido demasiado lejos, y la única manera en la que podría contener la hemorragia política provocada por el acuerdo sobre la reforma laboral, en un contexto impropio y con un socio inadecuado, es depurando responsabilidades. De no hacerlo con urgencia, será el propio presidente Sánchez el que se arriesgue a perder toda cobertura”. Las hostilidades ya habían saltado por los aires con un artículo de Juan Luis Cebrián en el que pedía responsabilidades penales y denuncias al gobierno por su gestión de la pandemia. El 23 de marzo ya, un adelantado de la campaña de la derecha.

El colmo se superó este lunes cuando el primer director de El País se despachó con un artículo en el que vuelve a  la carga con su amada Venezuela, intenta tiznar hasta a Zapatero que no ha tratado como debe a Felipe González, y en el que llega a escribir algo tan atroz como que “La pandemia ha sido en ciertos aspectos una bendición para Sánchez”. Un espectáculo deplorable que ha sido aplaudido por la caverna política y  mediática. Y es que como pueden ver en detalle en esta información de eldiarioes, Cebrián y Felipe González marcan la pauta en esta guerra cruenta de intereses de los asociados en PRISA. Pensar que Javier Moreno puede revertir la trayectoria en declive de El País es bien extraño.

El País había sido, junto con El Mundo, el periódico con mayor bajada de audiencia entre los grandes medios. Un 16% en marzo sobre 2019 –la media fue de 9%- y un 38% la publicidad en papel. El efecto Covid-19 le sacudió como a todos. Ha logrado, según sus datos, 52.000 suscriptores en este período, muy lejos de las grandes antiguas cifras de ventas.

Lo cierto es que por la deriva del periodismo, por su extensión en redes, y en comunicaciones de WhatsApp, la gente está engullendo cuentos impensables. No se puede entender que se lo crean a menos, como suelo decir, que pensemos que en EEUU han llegado a  beber lejía por consejo del presidente Trump. Hoy leía, en ese surtido del espanto mediático que ofrece Google al abrir la página, que Sánchez urdió una campaña de ataque a Ayuso, gracias a sus medios afines. ¿Cuáles? La mayoría de los grandes se ha volcado en exculparla de toda responsabilidad en la tragedia de las residencias de ancianos.  Un faltar a la verdad que acarrea consecuencias graves. Como toda la desinformación. Los medios de la caverna profunda, o los que dan aliento a sus provocadores, han logrado despertar una especie de circo de los horrores con unos especímenes que nunca creímos existieran a ese punto. Pero son muchos más los que han caído en las garras del difama que algo queda. Cómo será el problema que la basura mediática ha llegado a la cadena alimenticia de la Democracia en los que Javier Melero califica de “una dependencia estrafalaria de los medios más reaccionarios del país” en los informes de la Guardia Civil.

  En ese clima, los medios -de forma genérica- han sido un soporte extraordinario para el crecimiento de la ultraderecha y el amparo de conductas altamente desviadas de políticos, medios y altas esferas.

La tendencia internacional ha buscado medios fiables de información, como contaba este artículo de María Ramírez que he citado en alguna ocasión. Aquí, de alguna forma, el periodismo serio también se salva. Pero marca matices preocupantes si se analizan de forma crítica y ponderada la clasificación de Reuters de los medios más leídos. Algunos en los que confía la gente surten lejía mucho más que información.

Esta época delirante habrá de acabar. No se puede construir absolutamente nada chapoteando entre mentiras. Estar bien informado es un fundamento crucial de la democracia y no puede haber gente tan atolondrada como para guiarse por bulos e intereses ajenos por mucho tiempo. Ayudaría cortar el hilo de las manipulaciones, desenmascarar a quienes traicionan a su audiencia y a los Derechos ciudadanos en sí. Y alimentar al periodismo de periodismo, de compromiso con la verdad y altitud de miras. La información es una necesidad y un derecho y, como hay periodistas que así lo entienden y ejercen, el periodismo sobrevivirá. Espero.

 

*Publicado en Eldiarioes el 16 de junio de 2020

Desmontado el “caso 8M”, no la fábrica de bulos

Es la historia de una infamia que aprendió del uso de tragedias como los atentados del 11M para perfeccionar su vileza. No hay “caso 8M”. Nunca lo hubo y lo ha archivado la jueza que lo admitió a trámite, pero hay caso masacre de ancianos, hay caso trama desestabilizadora. Han sido casi tres meses de extender el bulo, en el que hemos asistido a momentos sonrojantes como el hecho de la declaración judicial del delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, o a las declaraciones de “testigos” sobre convocatorias de manifestaciones.

Parte del objetivo está logrado. La idea –diseminada por políticos y periodistas del clan- ha logrado calar en mentes huecas y torvas, que la fijarán de por vida en el imaginario español. Lo mismo que aún andan buscando a autores intelectuales que el jefe, señor de las Azores por la puerta de atrás, diseminó para el 11M de 2004. Para ellos, la manifestación feminista el 8 de marzo fue responsable de la extensión de la pandemia y no se prohibió –ningún país lo hizo- con intención delictiva. Es tan delirante que cuesta hasta verbalizarlo.

Andaban firmándose manifiestos solidarios para inculparse en la convocatoria del 8M, que termina siendo entrar en el juego desplegado. Mejor habría que ir pensando en exigir responsabilidades a una jueza que ha generado un cuantioso gasto de dinero público por razones que desconocemos pero sin ningún fundamento. Y por los informes recabados y recibidos, tanto los de la Guardia Civil con recortes de prensa y bulos –a cargo del tan acertadamente destituido coronel Pérez de los Cobos- como los del terapeuta guiado por emociones e impresiones asombrosas, sin ningún rigor científico. Es tal disparate que en cualquier país serio produciría un clamor popular y desde luego de la prensa. Lo es en la que nos dedicamos a informar. Y duro competir con esa maquinaria sucia que, a sabiendas, ha convertido en “caso” el 8M.

Apenas una hora después de conocerse el archivo de la jueza, ya han salido más bulos, hasta rescatar y llevar a TT de Twitter una noticia de 2016, terrible, de mujeres asesinadas por el Estado Islámico en Mosul y preguntarse “dónde estaban las perras del 8M”. Y esto no parará aquí. La fábrica que gestiona el PP y Vox, con la complicidad de diversos altavoces mediáticos, no se ha desmontado en absoluto.

Han logrado ese triunfo ya. El machismo, incómodo por el éxito del 8M los dos años precedentes, por la reafirmación del feminismo, enfiló con fiereza ese día como causa de la pandemia. Y machistas de todo pelaje y descerebrados varios lo compraron. Cuando esta semana un comentario -de esos que huelen a cadenas de WhatsApp- lo unió a las manifestaciones antirracistas, entendí de qué fuentes “informativas” bebe. Trabajan a pleno rendimiento, como el resto del aparato. Desde infames portadas a muy pringados editoriales, y a ese festín de la manipulación que en modo alguno son –en su mayoría- “mesas de debate”. Ahí se cuecen las condenas mediáticas como las de los CDR, que luego quedan en nada.

 Pero no parecen dispuestos a prescindir del tema ni aunque lo haya archivado la jueza. El telediario de las 21.00 de TVE, en la trayectoria que sigue durante la pandemia,  ha dado la medida de lo que va a ocurrir: quieren vivo el no-caso.  Este viene a ser el resumen, tras aportar la noticia del archivo, intervenciones del resto de esta forma.

En este caso el ruido intenta tapar la masacre de Madrid en las residencias de ancianos. Con una alteración flagrante de la verdad que se sitúa en niveles máximos de la técnica. Existen pruebas contundentes, documentos, testimonios, y les da igual, confían en su público. El gobierno de Ayuso ordenó no enviar ancianos con síntomas de las residencias a hospitales: fallecieron en los geriátricos sin ninguna oportunidad de curarse. Más de 6.000  muertos. Los detalles que se van conociendo por el trabajo del periodismo independiente aportan agravantes insoportables. Como que sí se derivó a quienes tenían seguros privados. Personas muertas en las camas al lado de las vivas desde al menos el día anterior, recogidas en actas de inspecciones policiales. El PP y con él todo el clan son una piña en defensa de Ayuso y en tratar de culpar a Pablo Iglesias, cómo no. Incluido el vicepresidente del gobierno de Madrid por Ciudadanos, Ignacio Aguado. Este diario ha publicado el argumentario que divulgan, tanto el PP como quienes distribuyen las mentiras del PP. Las competencias eran íntegramente de las Comunidades Autónomas, demostrable también.

El Secretario General del PP García Egea con una portada de El Mundo sobre el no caso 8M
El Secretario General del PP García Egea con una portada de El Mundo sobre el no caso 8M

La expresidenta del Congreso Ana Pastor –que dio el pego en el pasado a mucha gente con poca visión- rematando la faena al decir que la culpa es de Pablo Iglesias en Madrid, mientras su colega Feijóo ha hecho una excelente gestión con las competencias en Galicia, donde también ha habido ancianos muertos en demasía, por cierto.

Y cuando ya no puedes más de estupor, sale Ayuso con una larga lista ¿de la compra? diciendo que cómo se alteran tanto por la muerte de los ancianos si Unidas Podemos y el PSOE son partidarios de la eutanasia. La eutanasia, la buena muerte, es una decisión del individuo que la elige. Ayuso y su gobierno decidieron por miles de ancianos a los que dieron una muerte horrible, sin sus familias, asfixiados. Una angustia espantosa a quienes quedaron allí viendo impotentes la tragedia. A quienes lo sabemos fuera, ahogados de tanta miseria moral. Por primera vez, Ayuso reconoció el colapso de los hospitales, fruto de los recortes de su partido, pero esto ya es casi otra historia.

La que quieren repitamos, si el clan desestabilizador logra sus propósitos. ¿No es hora ya de tomar las medidas posibles para parar sus ataques? ¿no es hora de que la gente decente rechace con firmeza a los indeseables?

 

*Publicado en Eldiarioes el 12 de junio de 2020

En busca de la España soñada

Lograr la España soñada exige una estrategia, colaboradores y tenacidad. Y hay gente entregada a esta gloriosa misión cada vez con más ahínco. Rafael Hernando, por ejemplo. No hay que tenerle en cuenta al antiguo “portacoz” del PP, caído hoy en desgracia con sueldo del Senado, que llame “coletas” al vicepresidente del Gobierno. En su partido, son mucho de apodos, el albondiguilla, el bigotes, la cremas, el masters, la víbora, el huesos, el comisario, la rociera, o la campechana y el hombrecillo insufrible. Son prácticas útiles en ciertas organizaciones para poder referirse a los miembros sin dejar huellas para su identificación. M.Rajoy, por ejemplo, en los papeles de Bárcenas en un dechado de ingenio.

Así que el coletas puede ser incluso un signo amistoso. Para intentar ganarlo a su causa. De ahí que los fans del PP y su prolongación voxera, los cayetanos todos, vayan día tras día, noche tras noche, envueltos en rojigualda, a aporrear cacerolas que hurtan a sus domésticas filipinas, a la casa de Iglesias y Montero y sus tres hijos pequeños. Otro miembro de la banda o grupo, el cloaquero, facilitó la dirección y hasta la ecografía de la madre en ciernes en servicio a los intereses del clan.

Se trata de ver si llega a presidir el Gobierno Pablo Casado, ese muchacho, sensato y templado, fiable, comprometido a fuego con la verdad como si lo hiciera con sus propios hijos. Cosechó el peor resultado del PP en toda su historia en 2019, al quedarse con 66 diputados y cargados de deudas. Pero ahora se ha hecho un equipo a su altura. De la mano de sus colaboradores más apreciados, diría como Rajoy con Camps en su día: “El modelo de Madrid es el que yo quiero para España”. Diezmar la sanidad pública –más aún de lo que ya lo han hecho-, privatizar lo que quede rentable para los amigos y hacerlo mientras todavía hay más de un centenar de personas ahogándose en las UCI. Los tragos intensos cuanto antes. Nuevos usos fatídicos para los palacios de hielo. Si se produce un rebrote fuerte de coronavirus, confinar en muerte a los improductivos, los ancianos en primer lugar. Y contar con los miembros mediáticos que laven, exculpen e inculpen a conveniencia. Con los broncas de oficio, los sibilinos, los esgarramantas, los no tengo más remedio, o los agentes dobles del tertulianismo.

Experto en numerosas materias, Pablo Casado dictó hace unos días una clase magistral al descubrir que, cuando se detiene la actividad económica a causa del confinamiento para frenar la extensión del coronavirus, ¡empresas y autónomos cierran! ¡Y los trabajadores acaba en ERTE¡ El hallazgo ha cruzado fronteras. Y Angela Merkel, que ha visto sufrir por la misma causa que España, la mayor caída en 30 años de la producción industrial alemana, no encontrará mejor asesor que el presidente del PP.

En la organización, hay partidarios de encargar al rey que disuelva las Cortes, convoque al Ejército y tome el mando. Ahora que su padre y predecesor está siendo homenajeado por las investigaciones judiciales como ese ejemplo impagable de honestidad y servicio al interés de su patria. Pero como estamos en Europa y, a veces, en Bruselas molestan los golpes de Estado, mejor será apañar algo más blando en formas, un 23F pequeñito de verdad. De los que hacen los Tejero y dan tanto relumbre a nuestra democracia.

Puede estar avalado con informes del Cuerpo (sección Pérez de los Cobos), basados en la modélica prensa española y juzgado por la crème de la crème de la judicatura, si le queda tiempo en el aluvión de trabajo sobrevenido con las demandas con las que la orquesta distrae. Un periodista solvente en estas cosas, oferta ya un gobierno de gente moderada. Faltan Bertín Osborne y algunos otros humoristas de su cuerda. Legionarios de Cristo, numerarios del Opus, y algún reconvertido del Palmar de Troya. Master Chef pondrá las cacerolas. Y la programación de TVE ofrecerá escenas brillantes del toreo. Mientras, Pablo Casado, Cayetana Álvarez de Toledo, o Isabel Díaz Ayuso saldrán todos los días en los telediarios, como ahora. Y siempre habrá una puya para el coletas.

Los informes que elaboren las cloacas para tumbar al enemigo político irán a titulares. Desarmado y cautivo el gobierno progresista en su caso, se dedicarán a seguir practicando la emisión de falsedades rentables. Serán tan creativos como éste, demoledor, que desmonta a Illa y Simón con “la hecatombe que se veía venir” que pretende culpabilizar al 8M de los males del universo. Carece por completo de fundamentos científicos, lean y compruebeny se lo debemos a un psicoterapeuta, sin conocimientos epidemiológicos, del grupo integrista ultracatólico Legionarios de Cristo. Le fue encargado por la eficiente jueza que instruye la causa del 8M desde una semana después de producirse la manifestación de Madrid, la que ha rechazado archivar la investigación como le habían pedido Fiscalía y Abogacía. Con el PP, los medios afines y el propio Telediario de TVE ha dado por bueno el creativo y subjetivo informe en apertura. Debe ser saludable para los manipuladores reírse a carcajadas de su impunidad.

Los empresarios podrán hacer contratos realmente beneficiosos para sus cuentas de resultados. Se ahorrará mucho en sueldos, y no digamos ya en gabelas de bienestar social. En los palcos de los estadios se harán contratos ventajosos para seguimiento de enfermos de coronavirus, servicios de ambulancias, servicios de limpieza a medias, comedores infantiles, o camas hospitalarias. España, S.A, será la empresa en la que siempre han soñado sus mentores.

Se prohibirán, por supuesto, las manifestaciones feministas, germen de todos los males. Grabarán a fuego en las mentes que aún queden limpias que fue el 8M español, de todos los del mundo, quien infectó a la humanidad de coronavirus y conseguirán que olviden quienes un día lo supieran cómo Ortega Smith pringó de babas a sus fieles en Vistalegre, el mismo día, o cómo volvieron de Bérgamo los alegres seguidores del Valencia casi un mes antes. Un espacio cerrado, como autobuses y metros, atestados de personas, ahí sí que se siente a gusto el virus, pero no vende propaganda. Si es que hay que ir a las “manis” en descapotable y con chófer. El 8J, tres meses después, salen los que protestan por el racismo, proclaman en un grito mientras cargan cajas o mordisquean chocolate ante un televisor rosa y amarillo. Feminismo, antirracismo, ¿a dónde vamos a llegar? ¿A romper España? faltaba más que consentir estas moderneces de los derechos humanos

Los medios del clan ya no harán cábalas con las cifras de afectados. Cuando lleguen los rebrotes, todavía menos. Verán de culpar a Fernando Simón si no ha emigrado a Tahití.

No sabemos entender a esa trama que hoy llaman oposición. Pero miles, quizás millones de personas, sí. Resuenan demasiado los tambores, especialmente en las cabezas huecas. Hagan algo para detener esto. La democracia ha de poder con esta barbarie. Porque empiezas a escribir tirando de ironía para encarar la rabia y acabas llorando.

 

*Publicado en Eldiarioes el 9 de junio de 2020

Lo que el ruido esconde

El problema es que detrás del ruido está el silencio y, detrás del silencio, la impunidad. Un par de ejemplos de manual se juntan para observar el perfecto mecanismo con el que el mal actúa en estrategia conjunta para manipular a la sociedad. Estamos ante unos intereses que se anteponen, con todo tipo de trampas, al bien común sin importar el daño que causan. Y que terminan desembocando en tragedias como la masacre practicada sobre los ancianos de la Comunidad de Madrid o los informes manipulados de la Guardia Civil sobre el 8M. Ambos con un tratamiento político y mediático que es determinante para el éxito de la operación.

El día 8 de marzo, casualmente, Díaz Ayuso firma la orden por la que se restringe la visita de familiares a las residencias de ancianos de la comunidad de Madrid en vistas a prevenir, dice, contagios de un virus, la COVID-19 aún sin ese nombre ni ser declarado pandemia hasta el 11, pero del que todo el mundo tenía noticia, evidentemente. El 18, según el muy documentado trabajo de Manuel Rico en Infolibre, llega a los centros un protocolo con los requisitos para el tratamiento de los residentes, complementado con otro el día 20, donde se fijan con total crudeza los “criterios de exclusión de derivación hospitalaria”: no tenían escapatoria prácticamente. Se enviarán más documentos, excusas y distracciones, pero el resultado fue que, como cita Rico, el día 19 “los fallecidos que vivían en residencias eran 138, el 25 de marzo ascendían a 1.101 y el 30 de ese mes eran ya 2.465”. Llegarían a ser más de 6.000, la mitad de todos los ancianos muertos en residencias en España en ese mapa del horror que dibujaron. Y que varios medios más fueron completando para dar cuenta de ese entramado de intereses que habían convertido las residencias de ancianos en un suculento negocio.

Como ya comenté, establecido el estado de alarma, el día 14 de marzo, y ante preocupantes indicios, el gobierno de España manda al ejército a algunos geriátricos donde se encontrará un auténtico caos.

Tras desviar la atención cuanto pudo, la Comunidad de Madrid confiesa este jueves que sí envió los protocolos y dice que fue “por error”. ¿Se pueden escribir borradores de ese calibre “por error”? Las órdenes de Ayuso siguieron en vigor hasta al menos el día 25, tras ser descubierto el problema por la UME enviada por el Gobierno.

Es un repaso escueto de los hechos. Ahora vamos a observar, el ruido y el silencio. ABC titula una noticia en abril: “Iglesias acusa a Vox de representar la inmundicia para evitar hablar de los 15.000 ancianos fallecidos“. Ya le han adjudicado la autoría de los fallecidos al vicepresidente. El Confidencial se presenta así un 7 de mayo ya: “Los muertos en residencias son ya 17.576 y Carmen Calvo mira a Pablo Iglesias“. Se trataba del cómputo de datos pero el titular inducía al equívoco. Ataca el presentador de Antena 3 noticias, Matías Prats, el 17 de mayo aún. Todos los muertos son del Gobierno y en particular del entrevistado: Pablo Iglesias. Esta misma mañana hemos podido escuchar entradas de programas hablando de “los unos y los otros” en el caso de los muertos en las residencias. Tras haber escuchado la contundente intervención de Pablo Iglesias en el Congreso sobre el tema, con la confesión del consejero de Madrid. Las actuaciones de los unos fueron bien diferentes a las de los otros.

Así funciona el mecanismo. El ruido es esencial a la estrategia. Sacamos a una alocada mente de Vox diciendo alguna estupidez mayúscula, a algún periodista ultra con otra astracanada. Suben a TT y a tertulia, se habla y se habla pero detrás está el silencio. De esos periodistas que juegan a la presunta equidistancia. De los que son capaces como Carlos Franganillo, al frente del Telediario de las 21.00 de TVE, de hablar, sin torcer un gesto, de “errores” por ejemplo en los informes de la Guardia Civil. En titulares que dan tiempo a meter la basura del off de record robado a Irene Montero y sospechas sobre Fernando Simón. No me digan que no es posible exigir una información objetiva.

Porque el 8M es la otra gran estrategia del ruido y la desestabilización estos días. En la práctica, el ruido tapa hechos de enorme gravedad como el protocolo para dejar morir a ancianos sin pasar por el hospital o sin medicalizar las residencias como se prometió.

Es verdaderamente delirante atribuir intención culposa al Gobierno por haber permitido las manifestaciones del Día de la Mujer. Solo en un país en el que impera de tal forma la trampa tiene cabida y es incluso admitida a trámite judicial. Es mentira que otros países -afectados como todos- suspendieran las manifestaciones. Francia por ejemplo prohibió las concentraciones de más de mil personas, salvo que tuvieran interés social como el caso de las manifestaciones, y salieron el 8M. En Alemania también hubo manifestaciones feministas, era mentira lo que dijo Pablo Casado. La testa dirigente del ultradrechista Vox, soltó que “Gritar ‘viva el 8M’ es como gritar ‘viva la enfermedad y la muerte'”. Y la portavoz del PP de largo graznido se marcó algo similar. Todo esto es ruido. Para distraer del machismo que preconizan, de la involución. Para manipular las emociones –en pura estrategia nazi- y sembrar crispación de la que aprovecharse para sus intereses.

El hecho, gravísimo, son los dos informes de la Guardia Civil, elaborados con recortes de prensa de escaso rigor y, a lo que se puede apreciar, la misma intención desestabilizadora. Es inaudito que un país puede tener un cuerpo de seguridad capaz de elaborar semejante barbaridad y encima contra el Gobierno legítimo. Como documenta Ignacio Escolar aquí, es un cúmulo de errores y falsedades flagrantes. Y también han orquestado campaña contra la destitución –más que justificada de sus responsables-. Tanto en este caso como en la masacre de los ancianos de Madrid creo que cesar en el cargo es una tirita para lo que se requiere.

Lo peor es el silencio, sin embargo. El que ha permitido siglos de racismo e impunidad de la violencia policial en Estados Unidos y ahora estalla en indignación. Algunos vídeos de lo que está sucediendo nos muestran la deshumanización del eterno totalitarismo fascista que le abre la cabeza a un manifestante y lo deja en el suelo envuelta la cabeza en sangre y el resto de la manada policial pasa como si lo hiciera ante una maceta.

El mismo silencio que aprisiona la verdad en pretendida equidistancia y ampara atropellos injustificables. Volvamos al premio nobel de la Paz, el surafricano Desmond Tutu, cuando decía: “si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Y, precisamente, al héroe de los derechos civiles Martin Luther King, para seguir recordando: “No nos parecerá lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”. No, no hay bondad alguna en quienes manipulan la realidad. Y está teniendo consecuencias graves sobre la sociedad.

El clima político de agresividad, mentira y trampa que impone la oposición con sus cómplices mediáticos está extendiendo la tristeza entre mucha gente. Cada vez se escucha más incluso entre personas que no tienen grandes problemas, no digamos en quienes han sufrido el zarpazo del coronavirus. Añadir esta angustia coronada de impunidad corta mucha esperanza. Es la manipulación de las emociones con fines precisos. Ignoro cuál es el antídoto. Rechazarla, no darle pábulo ni oídos, pero no basta cuando otros lo hacen y expanden su hiel. De nuevo sería precisa una respuesta firme ante tanto atropello. Exigirla.

ABC.4 de Junio 2020
ABC.4 de Junio 2020

No sé si la rabia funciona. Quizás lo mejor sería la conciencia. Medítenlo si les parece mientras echan un vistazo al humor del ABC, ABC Premium además, que se burla de los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital. Creo que esto lo explica todo.

A veces no les hace falta ni esconderlo tras el ruido.

*Publicado en Eldiarioes el 5 de Junio de 2020

 

No ha matado solo el coronavirus

No solo ha matado la COVID-19. Han sido otras enfermedades insuficientemente atendidas por el colapso sanitario. Ha sido la deshumanización de algunos dirigentes y de la sociedad que los eligió. Ha sido el capitalismo feroz, al que dejó en cueros la pandemia y que se resiste a morir redoblando su virulencia. Que han fallecido muchas más personas del promedio histórico es un hecho, y que no todas son atribuibles al virus es más que probable. Los datos de esta otra pandemia soterrada levantan alarmas de enorme entidad pero no son suficientemente escuchadas porque ponen en cuestión lo que a algunos no les interesa sea advertido. Y se dispone además de “ganchos” mediáticos mucho más entretenidos.

El coronavirus se ha contabilizado mal, es cierto. Cada país usó los sistemas que le pareció, los cambió y añadió variables. Era un fenómeno nuevo para esta generación y en los países occidentales. Sí sabemos que han muerto y enfermado un número insoportable de seres humanos y vamos conociendo nuevos elementos para saber que hubo otras causas de muerte. El Informe MoMo, del ministerio de Sanidad español -que vigila los excesos de mortalidad por toda las causas y se nutre de los registros civiles- cifra en más de 43.000 personas las que murieron por encima de la media. En el último balance, a 22 de mayo. Un 55% más.

Gráfico de tasas de exceso de mortalidad en núcleos urbanos. Financial Times
Gráfico de tasas de exceso de mortalidad en núcleos urbanos. Financial Times

El ranking internacional, que se puede leer en abierto y a diario en el magnífico trabajo del Financial Times, se observa la importancia de determinados núcleos urbanos en el cómputo total de los países. Sabemos del desastre de EEUU, con más de 100.000 víctimas mortales ya, pero el foco principal es Nueva York, no solo en número sino en porcentaje: ha fallecido un 364% más de lo habitual. En Bérgamo, Italia, ha sido un 496% más, aunque eso implica “solo” 5.000 muertos. En España, Madrid es epicentro con 13.900 muertos más del promedio, que implican un exceso del 175%. Notables también los porcentajes en ciudades de Perú o Brasil, con los datos conocidos. Valoremos que hay otras zonas en los distintos países donde los contagios y muertes han sido infinitamente menores.

A los muertos de Madrid les vamos poniendo caras y causas. Fue en la Comunidad donde se ensañó la tijera y la fiebre privatizadora del PP a lo largo del cuarto de siglo que lleva en el poder. La pandemia ha supuesto un salto cualitativo descomunal. Para la extensión del virus influyen la densidad de población y los desplazamientos, pero está claro que la atención sanitaria ha sufrido graves carencias. Todavía hoy, a punto de entrar en la Fase 2 según pide la presidenta Díaz Ayuso, hay Centros de Atención Primaria cerrados o a medio gas. No funcionan o no al mismo ritmo las especialidades. Son tres meses sin vigilar como se debe enfermedades crónicas. Hay datos concretos denunciados por asociaciones médicas que indican por ejemplo que se ha reducido el ingreso en urgencias en enfermedades tan graves como ictus o infartos. Con seguridad, todo esto ha ocurrido también en otras comunidades. El sistema sanitario español, diezmado, no estaba preparado para una pandemia ni mucho menos. Ni en medios de protección. El esfuerzo de los profesionales ha sido sobrehumano y les ha costado caro, más de 51.000 han resultado contagiados.

El grueso de las víctimas está en los ancianos. Ha sido una masacre. Anunciada en noticias que íbamos contando sin mayor repercusión. Desde aquel octogenario que se olvidaron muerto en un banco del jardín en una residencia de Alcorcón (Madrid) a todas la carencias que se detectaban.

Más de 11.700 ancianos que vivían en geriátricos han fallecido por coronavirus o con síntomas compatibles en España durante la pandemia. La mitad, en la Comunidad de Madrid. Competencia de las CCAA aunque fueran privatizadas o privadas directamente, el entuerto empieza a descubrirse cuando, ante algunos datos alarmantes, el Gobierno recién establecido el estado de alarma envía al Ejército a ver qué ocurre. Es deleznable que hasta reputados presentadores de noticias intentaran cargar los muertos al vicepresidente Pablo Iglesias en una extendida maniobra de exculpación de los causantes. Entran los militares el 20 de marzo “para desinfectarlas“, dicen, y se encuentran un desastre.

Había indicios serios ya. 19 personas habían muerto en una residencia de Madrid. “Hasta ayer, los ancianos infectados no eran trasladados a ningún hospital y morían en la residencia”, informa El País el día 18 de marzo. “Las trabajadoras de la residencialloramos todos los días al ver cómo dejan morir a ancianos de esa manera”, publica en entrevista eldiario.es. La tarifa es de 2.730 euros al mes por una habitación individual con baño, pero falta personal. Han trabajado en este tema con ahínco muchos compañeros también. Manuel Rico en Infolibre, mostrando esos protocolos de desantención calculada. La propiedad especulativa de las residencias en CTXT.es o en Público y al final se destapó ese pozo de inmundicia.

Lo último en la escala de la degradación es saber, corroborar, que la Comunidad que preside Díaz Ayuso indicó, por escrito, a los médicos de Primaria que evitaran el traslado al hospital de mayores con COVID-19 y patologías graves. Desde marzo. Recomendaba dejarlos en casa. Ella, siguiendo el manual, o niega o dice que fue un borrador. Cuando hay pruebas escritas. El caso es que, por primera vez, el número de pensionistas ha descendido, se han muerto o no han podido inscribirse alguno de los nuevos por el confinamiento. Se han muerto muchos. Eran más vulnerables, población de riesgo, se acepta. Esperen, si esto sigue así, a que no les salgan las cuentas de la especulación y rebajen la edad de los que no les merece la pena atender.

Díaz Ayuso, más ocupada en la apertura de terrazas y centros comerciales, decidió a quién se daba o se le negaba oportunidad de vivir. Un consejero de Ciudadanos ve indicios de ilegalidad en esa orden. Es una de las más terribles actuaciones que puede tener un dirigente. Pero ahí sigue en el puesto, y los cómplices mediáticos no se apean en su campaña. Cada día hay algo con lo que atacar al Gobierno, sean vídeos robados u órdenes internas de ministerios. Son un peligro serio para la sociedad.

Sé de muchos mayores agobiados por un cúmulo de sensaciones negativas que nos rodean. El rechazo a la vida de quienes el capitalismo considera improductivos. No pintar nada, ya. Ser un estorbo. La realidad de los amigos y conocidos que se han ido por más causas de las que cabía esperar de una pandemia. Saber de los que aún aguantan, debilitados. Una crispación que cierra horizontes de cordura, se añade. Tan injusta y contra natura. Los peores balances del coronavirus se han dado en los países con presidentes neoliberales, incluso de ultraderecha, y una personalidad destructora. Trump, Bolsonaro, Johnson. Nada bien parados salen sus correligionarios españoles, como Díaz Ayuso. Como las cúpulas del PP de Pablo Casado. La insistencia del entramado que apoya este delirio en España es lo que nos diferencia. Por eso resulta doblemente incomprensible la cerrazón de los aporreadores de cacerolas o tuits, potenciales víctimas de sí mismos. Los ha criado y engordado esta gente en sus granjas de odio e ignorancia y salen a hacer sonar sus cencerros. También aquí como en EEUU o Brasil nos han plantado dirigentes que son ejemplos del fracaso del sistema.

“Qué descorazonador no tener esperanza en el horizonte”, decía un estadounidense ayer en las redes. Y ésa puede ser la frase del mes y del año como esto no cambie en los países más afectados por esa pandemia de la irracionalidad y agresividad ultra. Vivimos en una deriva incomprensible. Hay un montón de gente a quienes les producen desolación las batallas política y mediática tan alejadas de sus problemas. El coronel destituido vuelve a ser el tema estrella mientras se orilla el dolor y hasta la desesperanza de tantos ciudadanos. El coronel nunca debió ocupar ese puesto, dirigió una chapuza de informe malintencionado. Lo grave es que este tema solo le preocupa al PP que lo encumbró y a periodistas varios. El resto nos sentimos ajenos a este baile de esgrima en el que unos combaten con un florete y otros con un mandoble. Lo que inquieta es el resultado de ese desastre.

Por aquellos que no consiguió llevarse ni el coronavirus ni la codicia y la estupidez, por los que quedan y vendrán, ha de imponerse la lógica y rechazar esta perniciosa lacra.

 

 

*Publicado en Eldiario.es

La cápsula de odio

Hoy era, es, el día de hablar del ingreso mínimo vital que ha aprobado el Gobierno. De forma que España deja de ser el único país de la eurozona sin un sistema de rentas mínimas estatal para combatir los altos índices de pobreza que la pandemia ha agravado. Los sectores más vulnerables de la sociedad nunca superaron la crisis de 2008 que acrecentó las desigualdades.

Pero como cada día hay que lidiar con quienes están dispuestos a todo con tal de impedir la labor del Gobierno y sus políticas sociales. Crisis económica, enfermedad, muerte, en el ancho mundo afectado por el virus, y en España se agrandan los problemas con un germen maligno que pone en peligro la democracia. Su abordaje es, pues, de la máxima prioridad.

Lamentablemente, España ha tragado ya la cápsula del odio. Como todas las cápsulas, entra disimulando su real y ácido sabor para, disuelta la cobertura en el estómago, expandirse paulatinamente por el cuerpo entero. Cápsula envenenada que incluye añejos rencores podridos en su contumacia, la malignidad de siempre y eficaces tácticas de expansión en sus más modernos excipientes. Envenenada de fascismo, el actual usa todos los métodos disponibles para su labor.

La derecha política -toda ultraderecha- vierte su odio en el Congreso sin el menor miramiento o escrúpulo. Las interpretaciones mediáticas -afines al objetivo- contribuyen a su difusión. Es una bronca permanente, que se analiza con la más torticera equidistancia. Hoy es el día de celebrar el ingreso mínimo vital, pero los políticos son horribles, todos iguales, o mejor dicho, unos más horribles que otros, viene a ser el mensaje.

Las más sucias maniobras son convenientemente lavadas. La autoría de la trampa se diluye y carga su culpa contra las víctimas. Se manipula el dolor. Se procura acentuar la ansiedad y la incertidumbre. Y todo eso entra en el cuerpo social y cristaliza en el mamporreo de las cacerolas, estridente soniquete que termina de tensar los nervios y hacernos estallar.

No es nuevo. El fascismo se vale de esos procedimientos para sembrar el caos. El paso siguiente, dicen los expertos, es la confrontación social, la violencia. La llamada al cirujano de hierro en el caso de la triste y más turbia España, o de un vuelco político con lejana apariencia de legalidad.

La cápsula del odio entró como un divertimento de escándalo por los medios ávidos de audiencia a cualquier costo. Y fue creciendo hasta sentar a muchos más que 52 diputados en el Congreso. Las sesiones de control al Gobierno o para extender el estado de alarma en aras de preservar la salud de los ciudadanos, se han convertido en un auténtico aquelarre que esta semana consagró como suprema bruja oficiante a Cayetana Álvarez de Toledo, con el beneplácito de la cúpula del Partido Popular, como muestran las fotos. Y el regodeo de quienes más allá mueven hilos. Los que temen perder las aceitunas del aperitivo en el yate o en los chalets, si miles de familias logran un ingreso mínimo para vivir.

Los periodistas que, por acción u omisión, lavaron a la ultraderecha han llegado en algunos casos, muchos, a considerar que sus partidos forman parte del marco democrático en sí, y no como excepción. Sus asombros, cuando se comportan como ese germen de discordia que forma parte de su ADN, prueban como mínimo el despiste que anida en profesionales obligados a informar, y más en este momento crítico. Al final acaban en el mismo punto que los colaboracionistas decididos. Igual alguno reflexiona sobre su papel.

Llega a producir una indignación insuperable ver cómo pretenden equiparar las “broncas”, dicen, entre Álvarez de Toledo y Pablo Iglesias, o entre éste y el ultraderechista Espinosa de los Monteros. El padre del vicepresidente Iglesias no es un terrorista, fue un luchador por la democracia en la dictadura franquista que se limitó a distribuir propaganda, y la ultraderecha española sí querría dar un golpe, lo dice y escribe a menudo. Hay una radical diferencia entre la verdad y la mentira. Resulta irritante contemplar cómo, en crítica siempre sesgada, se exige cortesía política cuando nos enfrentamos a ataques muy serios a la estabilidad. Ellos no están tomando el té. Basta ver cómo trató el asunto Cayetana, el Telediario de TVE -y ver que los mandos de informativos siguen en sus puestos-, para estremecerse. Y no digamos de portadas de otros medios que parecen invitar a saltar echando chispas con un bidón de gasolina en la mano.

Solo con unir la línea de puntos que va desde el chapucero informe de la Guardia Civil sobre el 8M, su trámite judicial vinculado a la pandemia, la destitución del coronel Pérez de los Cobos y la explosión de rabia del PP y sus voceros mediáticos se llega a conclusiones que precisan muy clara explicación. ¿Se desmanteló algo? ¿Por completo? Lo analizaba este excelente artículo de Carlos Elordi, Un ambiente pre golpista, del que se pueden extraer ideas sólidas, ésta a modo de ejemplo: “La rapidez con se fabrican las patrañas con las que se pretende justificar cualquier ataque al Gobierno sugieren que existe un operativo muy bien articulado para vender a la opinión pública los movimientos destinados a desequilibrar la situación”.

No habrá tiempo en la historia para borrar la vileza de lo que este grupo de desaprensivos de élite está haciendo contra la sociedad española, en un momento de extrema vulnerabilidad. Lo peor es que el odio ya ha penetrado. Se ve en los ojos que aporrean las cazuelas, y en las manos que mueven los hilos de la irracionalidad. La rabia y el dolor que produce la impotencia de ver cómo se forja la tormenta tampoco está exento de visceralidad. En el mejor de los casos, habrá que pagar la factura psicológica de lo que el coronavirus y la gentuza que de él se vale para dañar al cuerpo social. Y es una cuenta que no se costea con dinero.

El odio tiene antídotos. El más eficaz como arranque, derrotarlo con la justicia; el amparo de un Estado de Derecho que ha de aislar y encausar a quienes atentan contra la estabilidad. No hay mejor amor -de antónimo- que luchar realmente por quien más lo necesita, ni otro tratamiento contra la perversidad que un contundente rechazo por todos los medios disponibles. El odio está y se expande, pero aún no nos ha colonizado.

 

 

*Publicado en Eldiarioes.

Mañana será tarde

Si algo ha acreditado la pandemia que sufrimos ha sido las gravísimas “patologías previas” de España: todos sus defectos estructurales han reverdecido con virulencia. El momento es extraordinariamente serio y alarma la pasividad con la que se afronta. Hace falta ser muy torpe para no ver qué hay detrás del descomunal acoso al Gobierno. En la idea de tumbarlo, o al menos la coalición, se unen diferentes intereses. Es así desde que el Gobierno arrancó y aún antes, el coronavirus ha sido el gran aliado que, quienes creen más en sus intereses que en las urnas, han encontrado para conseguir su objetivo.

La ofensiva viene por varios flancos, con mayor o menos intensidad y sutileza. Incluso cuenta con una sociedad reeducada en la banalidad para que las estrategias se filtren por ciertas zonas. Lo que está claro es que ahora sale lo que debió limpiarse y nunca se hizo. Ahora se ha abierto la Caja de Pandora, dicen algunos, y, o el Gobierno saca la basura y limpia, o nos va a sepultar. Un poder ejecutivo electo dispone de medios democráticos, luego será tarde.

Las patologías previas de España van desde quienes apostaron por un modelo económico que puso todos los huevos en la cesta del turismo y el ladrillo a la Transición que consagró tanta impunidad. Y anota en su debe ese hilo conductor de una corrupción endémica que infecta, peor que el peor virus, a estamentos y figuras esenciales. Es terrible tener que enfrentarse a este cáncer con una pandemia que ha causado miles de muertos y enfermos y un parón económico de envergadura, pero los depravados no se caracterizan precisamente por su humanidad.

El último episodio desestabilizador se centra en una supuesta actuación delictiva del Gobierno, precisa y no casualmente, el 8M, día internacional hoy de reivindicaciones feministas. En la judicialización del tema. Y en el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos como mando de la Guardia Civil en Madrid. Bajo este escaparate es donde nadan voraces las pirañas.

De entrada hay que volver a recordar que la COVID-19 es una pandemia mundial que sorprendió desprevenidos a todos los gobiernos, y que todos se deslizaron entre aciertos y errores para subsanarlos. Unos mejor que otros, el nuestro no está ni mucho menos entre los peores. Lo que ocurre en España con la llamada oposición no tiene nada que ver con el coronavirus, nada. Solo como arma de ataque. Ningún país ha llegado a este extremo. La peculiar justicia española, sí. Se han admitido a trámite denuncias que piden imputar por prevaricación al ministro Salvador Illa y al responsable de Emergencias sanitarias, Fernando Simón, al delegado del Gobierno en Madrid, o al presidente Sánchez. De seguir adelante, se ganaría en Estrasburgo, pero para entonces podríamos tener cambios indeseables en la Moncloa. Esta forma de acceder al poder, lo es en alto grado.

Ningún país ha llegado a este extremo. Veamos un ejemplo que nos concierne: el día 19 de febrero se disputó el partido Atalanta-Valencia de la Champions en el estadio de San Siro de Milán, capital de la Lombardía. 40.000 aficionados del Atalanta acudieron de Bérgamo a Milán (60 kilómetros) y unos 2.500 españoles se desplazaron desde Valencia. Apenas un mes después el alcalde de Bérgamo calificó aquel encuentro como “una bomba biológica“: el coronavirus azotó la zona con verdadera saña. Y no se les ha ocurrido demandar a nadie. Porque todos los países estaban en las mismas condiciones. Lo del 8M es otra burda excusa – muy precisa – en la involución que los desestabilizadores buscan. Otro factor de enorme gravedad.

Aquí, la maquinaria se pone en marcha. Denuncias que conocen bien el estado de la justicia española. Una jueza que encarga al jefe de la Guardia Civil en Madrid que le dé cuenta a ella en exclusiva. Un informe plagado, como detalla eldiario.es y merece la pena leer hasta casi sin respirar en las comas, de clamorosos errores, bulos ya desmentidos, tergiversación de frases de los responsables sanitarios, basado en publicaciones mediáticas del peor origen. Y eso es lo que dirigía el coronel Pérez de los Cobos, a quien la jueza exigía trabajara solo para él, saltándose sus competencias. Aunque, oh maravilla, acabó publicado hasta en los propios medios fabricantes de “noticias”. Y en los que han ofrecido la “exclusiva” de semejante bazofia, como TVE de nuevo, cuyos responsables deberían ser cesados de inmediato: mañana será tarde.

Lo absurdo es que el coronel Pérez de los Cobos, con su historial, ocupara algún cargo de responsabilidad, pero desde luego la chapuza de su informe es para darle unas largas vacaciones en el cuerpo. “En Catalunya, dice Neus Tomás, no sorprenden los informes con errores made in Pérez de los Cobos. Pero entonces no pasó nada”. No, los del “a por ellos” estaban encantados. La adscripción directa de Pérez de los Cobos con el 23F es un bulo, pero no las acusaciones de torturas en las que él fue absuelto por falta de pruebas pero condenados e indultados miembros de su equipo. Ni la actuación en el 1-O catalán, por el que todo el mundo pudo ver cómo se las gastaban en la represión las fuerzas del gobierno del PP en España. Eso, sí, el coronel es un héroe para el Partido Popular y su concepto arcaico, autoritario y excluyente de España. Su Agustina de Ayuso suelta una proclama inadmisible desde su puesto de presidenta de la comunidad de Madrid.

Rosa María Artal

@rosamariaartal

La soflama de Ayuso

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Se atreve el PP a pedir explicaciones sobre nombramientos y ceses, competencia del gobierno. Osa hacerlo una jueza. Y, ya, la “oposición” tiene armada otra escandalera en su paso firme a los objetivos de desestabilización del Gobierno, no sin ayudas. El papel de ciertos medios, mayoritario, abochorna a los periodistas decentes, pero no se trata de conceptos emocionales o morales, lo que muchos están haciendo es destructivo para la sociedad. Y se les ve el plumero a distancia. Ya lo saben muchos de ustedes. Otros aún anidan en el árbol del guindo. Incluidos informadores. Hace falta ser muy ingenuo, o fingirlo, para pedir explicaciones a Vox porque no respeta el derecho a la información y no deja trabajar a periodistas in situ. ¿Pero tienen remota idea de lo que es la ultraderecha? Mira que si después de haberla lavado y promocionado, resulta que no sabían de los fines del fascismo en general.

Ahora les preocupan –dicen y resaltan- los cambios de criterio al contar las víctimas, si fueron o no por coronavirus. También ha ocurrido en otros países. Lo cierto es que ha muerto un montón insoportable de gente, asfixiados y sin la compañía de sus familiares, por el colapso de la sanidad que cercenó la misma derecha que ahora lanza cantos de sirena a los votantes. Y prepárense, que habrá más. Es que la gente se cansa del confinamiento, quiere ser libre y tocar cacerolas, e ir a las terrazas y pegarse unos a otros.

Pues también por ahí atacan al Gobierno. Leo que “dónde están sus principios”. Oigo, en una de las mañanas punteras y tan demoledoras como la mayoría, que ahora el gobierno pretende que se ha acabado la pandemia y nos manda a todos a la calle. ¡Y son los mismos! Leo, oigo y veo que esto pasa por la “debilidad del Gobierno”. Claro, se empeñó en preservar la salud de los ciudadanos pidiendo sucesivas prolongaciones del estado de alarma y le han exigido un altísimo e interesado precio. Eso le ha debilitado. Si cada cual va a lo suyo y no va a contar con votos suficientes, no te quemes más. Los del no o la abstención tienen sus prioridades. Total solo van a perder los ciudadanos a los que les toque la breva de la COVID-19.

Pero fíjense lo “fuerte” que es la derecha que no reúne los escaños necesarios ni con la impagable ayuda de la prensa al servicio del objetivo común. Y ahí tienen al idílico partido en proceso de reciclaje, Ciudadanos, manteniendo a Díaz Ayuso, por ejemplo, contra toda lógica.

La pandemia no ha pasado, ni siquiera ha parado de morir gente por su causa, puede haber repuntes. Cuando piensen en ellos, y más si lo sufren en sus carnes, tengan claro el proceso que nos ha traído hasta aquí. Quizás sirva para que algún día dejen de repetirse errores trágicos. De momento es mucho lo que cada ciudadano puede hacer para no alimentar a las fuentes de la subversión.

España no puede seguir así. Se están traspasando todos los límites, hay alarma social –menos incluso de la que debería- y el Gobierno legítimo debe actuar con firmeza. No se ha hecho en décadas, pero ya es cuestión de ellos o la democracia y la estabilidad. Si se permiten cuestionar hasta nombramientos y ceses, si tienen a muchos ciudadanos con la piel erizada, no se pararán ante nada. Nunca lo han hecho, por cierto. En España gobierna la derecha, o transitoriamente, mientras le dan un golpe blando o duro, la izquierda. Han de entenderlo de una vez, han de afrontarlo por fin. Limpiar todo lo podrido que permanece. Saben bien donde están esos focos contra natura. Con energía y eficacia, sin miedo, ni tibieza. Mañana será tarde.

 

 

*Publicado en Eldiarioes

 

¡Es la economía, estúpido! y es la corrupción moral

He dudado si comenzar esta columna por el principio o por el final de lo que estimo se debe hablar. Lo haré por la conclusión, una de ellas, de la cadena que se inicia mucho más atrás. Se nos ha roto el alma –a quienes la tenemos – al ser cuantificada la cifra de 62 ancianos que han muerto en Madrid, solos, en su casa. Los han encontrado los bomberos. Atentos a los lances políticos o similares, no se prestó atención al parecer a todas las señales de alarma previas. Los bomberos de Madrid venían abriendo un 50% más de puertas en la capital desde marzo. Y encontraron dentro personas muertas o enfermas. Muchos ancianos entre ellos. Se sumaban a la masacre ejecutada en las residencias de ancianos. Más de 11.700 de los recluidos en geriátricos han muerto por coronavirus o con síntomas compatibles. La mitad en Madrid. En ellas, algunos pasaron de la cama a la morgue, sin tránsito siquiera por el hospital. En la Comunidad de Madrid han muerto en sus casas durante la pandemia 847 personas.

Es el final, en efecto, de una concepción de la vida basada en el egoísmo y en situar la rentabilidad económica como prioridad absoluta de las sociedades, relegando la búsqueda del bienestar de las personas que las componen.

Andrea Fabra, diputada del PP, 2012
Andrea Fabra, diputada del PP, 2012

Porque vamos ahora, si me acompañan, a uno de los comienzos, que no principios que de esos anda el Poder en la sombra bastante falto. A aquel día de julio de 2012, donde Andrea Fabra, diputada del PP por una familia de relevantes pringados por corrupción, dijo ante un recorte a las prestaciones de los parados: “Que se jodan“. En febrero, apenas llegado Mariano Rajoy al Gobierno, ya habían aprobado la Reforma Laboral contra los trabajadores más lesiva de la democracia. Consagró el despido barato, la supresión de derechos laborales consolidados y precarizó de forma alarmante el trabajo en sí. Llegaron los asalariados pobres, sin recursos para afrontar pagos esenciales pese a tener un empleo, y se intensificó el éxodo de muchos jóvenes a los que además se les exigió el voto rogado para poder ejercer su derecho.

Estamos asistiendo a una escalada brutal contra el Gobierno de coalición por haber anunciado la derogación de esa ley destructiva y haberse desdicho luego por presiones. Si esto viene ya así, se espera que la gota que colme el vaso sea el impuesto a las grandes fortunas. Y ya el desborde completo si además se aprueba un ingreso mínimo vital para gente muy necesitada. Son acciones que molestan mucho a los aposentados.  Es conveniente recordar, sin embargo, que en democracia, la política de los gobiernos no se dicta desde las direcciones de los medios, que en ciertos casos es lo mismo que decir las direcciones de entidades financieras.

El Gobierno de coalición está tratando de contener una emergencia sanitaria sin precedentes. Y ha de hacerlo avanzando sobre el alambre, presionado por piratas varios y rodeado de un foso de pirañas. La búsqueda de alianzas de consenso es para mantener el estado de alarma en aras de la salud. Para otros, la COVID-19 es como los accidentes de tráfico; si te toca, te tocó. Por cierto, Madrid ha conseguido pasar a la fase 1. Cualquiera se resistía a las coacciones. Aunque ni siquiera algunos centros de Atención Primaria funcionan al ritmo habitual. A mí no me extrañan las contradicciones del gobierno, porque en el clima que nos han fabricado a la sociedad decente lo raro es no estar dando alaridos todo el día. Veremos qué factura nos pasa. Emocional de un lado: es una estrategia perversa aumentar la ansiedad buscando el poder por malas artes. Y como sociedad: muchos medios -la televisión pública RTVE incluida- escriben “el relato” a la ultraderecha que es en este momento un llamativo gancho de desestabilización. Y es preocupante.

La frase de “Es la economía, estúpido” con la que titulo procede de la primera campaña electoral del demócrata Bill Clinton, en 1992, otro insigne precursor de lo que tenemos ahora. Y entiendo que esa prioridad es devastadora cuando se da con la corrupción moral que impregna a élites no electas en España. Ése es el drama. Le están diciendo al gobierno salido de las urnas que hay partidos “malos” como Bildu -que no es ETA aunque se diga torticeramente- y “buenos” como Ciudadanos, PP y ese Vox que no molesta en el paquete. Porque ellos deciden qué conviene a la economía de las empresas, no a la de los trabajadores.

La escandalera de los medios, este viernes, desde el alba, pide tumbar al Gobierno por querer derogar la Reforma Laboral que iba en su programa. Ese es el nuevo jirón que abre las carnes de los poderosos y sus voceros. Se han aplicado a fondo y no lo pueden decir más claro. El País (Hemorragias políticas y socios inadecuados), El Mundo (El problema es el narcisista sin escrúpulos) y ABC (Imposible continuar así), comparten la idea editorial y la estrategia, pueden clicar en cada uno. Hay que acabar con este gobierno y ya está.

El interés por mantener “el marco laboral” que interesa al poder económico de algunos periodistas no parece valorar el terrible momento de precariedad que muchos sufren. Las colas del hambre, dice Aznar, cuyo partido propició las condiciones que abocaban a esa pobreza, de la mano de su designado sucesor, Rajoy, bien es verdad. Ahí sí que dieron buenos tiros a los pies y al estómago de millones de ciudadanos. El Informe AROPE sobre el Estado de pobreza, aún mantenía en 2019 a más de la cuarta parte de la población española en esa situación de precariedad y riesgo de exclusión social. Las colas de la miseria ética son las que verdaderamente nos enfangan ahora. Y hay unas cuantas. Ojalá la justicia les llevara a experimentar las de la reparación.

Toda la basura patria aflora durante esta crisis sanitaria que se va solventando bien a pesar de las zancadillas. Por más que avisamos de que la teníamos apestando la cocina, en un remedo del síndrome de Diógenes, no hubo forma de tirarla a los contenedores. Y, llegada la riada, nos tiene el país perdido. Pero, con ganas, la basura se limpia.

El Consejo de Ministros no debe dejarse intimidar. Son ellos quienes gobiernan, por mandato democrático. Es una coalición, hay distintas orientaciones y hasta personalidades. Quienes quieren tumbar al Gobierno y por qué, es evidente: ya se han quitado por completo las caretas. La forma en la que se salga de esta crisis va a condicionar nuestro futuro. Sería suicida apostar por el neoliberalismo y la trampa que nos trajeron hasta aquí. A ese fondo donde anidó el coronavirus.

Y ahora volvamos al principio. A la muerte en soledad, en los hospitales saturados por la precarización, en los domicilios a los que no miró la codicia. El último estadio de la degradación a la que habíamos llegado es éste. Los ejecutores y secuaces de esta tragedia no tienen intención alguna de pararla. Es la economía, estúpidos; con una amplia dosis de corrupción moral.

 

*Publicado en Eldiario.es

Los colaboracionistas y el régimen de Madrid

Si hay algo que la pandemia del coronavirus ha dejado radicalmente claro es el fracaso del capitalismo. Solo la Sanidad Pública puede afrontar un problema de salud de la envergadura del que estamos sufriendo mundialmente, solo el Estado puede atender necesidades perentorias de los ciudadanos. Ya tiene su frase y todo. “Muy simple: se ha desmoronado el castillo de naipes. Un mundo entero de ilusiones, autoengaños y sofismas ha muerto”, rubricó el economista estadounidense James Kenneth Galbraith. Los gerifaltes del imperio neoliberal no quieren darse por aludidos y pelean para que todo siga igual, como mínimo. En varios países la sociedad está reaccionando con clarividencia, en España cuesta más porque el Régimen de Madrid tiene un potente soporte de colaboracionistas. Y desde hace tiempo se han trabajado a un sector de la sociedad francamente usable.

Porque hace falta ser muy poco despierto para ver cómo te tronzan la Sanidad Pública precisamente, precarizan al personal sanitario que puede atenderte, y lanzarte a aporrear cacerolas para que vuelvan los ejecutores y terminen de desvalijar lo que queda. Son un peligro vital para la salud. Todos ellos. La cadena completa de mando y obediencia.

Ya saben, el Régimen de Madrid -¿recuerdan este artículo de Ignacio Escolar de hace un año?- es el que viene gobernando la comunidad del mismo nombre desde hace un cuarto de siglo, fértil en corrupciones, mamandurrias y redes clientelares; abanderada en fomento de la desigualdad y reina de los recortes. Intentan formar una especie de gobierno en la sombra que rivalice con el nacional, especialmente si en La Moncloa se asienta un Ejecutivo progresista. Pablo Casado se lo ha tomado muy en serio, y acude a los actos de la Comunidad como si fuera el presidente que no es. Pero el Régimen de Madrid, el constituido ya como S.A., es mucho más que el PP. Suele poner a la persona que ocupa la gerencia de la empresa si saca más votos que el resto (el ahora trifachito para entendernos) pero acoge a diversos prebostes -con ética desviada- de los poderes que se concentran en la capital. Viejas glorias incluidas, de esas que nunca se sacian de dinero y capacidad de maniobra.

Y como es natural desde que se desencadenan las guerras contra la sociedad, cuenta con un notable paquete de colaboracionistas. Unos pertenecen al núcleo y otros simplemente se arriman, y los hay incluso que prestan sus servicios por pura dejadez e ignorancia.

La pandemia, la muerte y el dolor, el miedo, la incertidumbre, les han llovido desde los avernos morales donde habitan para ayudarles en su propósito. Ya saben, nada mejor que una crisis para aprovecharse de la ciudadanía más vulnerable, lo dijo su papa putativo, Milton Friedman. Y apuestan ya por un rápido desenlace del problema que tienen en La Moncloa. Quizás fue Pedro J. Ramírez, ese señor que sigue de tertuliano de TVE, quien mejor definió y ya el 17 de marzo lo que les preocupa: “Ministros del PSOE cierran filas en torno a Calviño frente a la obsesión social de los de Iglesias“. Qué estupidez tener obsesión social en lugar de furor por la rapiña y engordar las arcas de los amigos como practican quienes presentan esta disyuntiva.

Lo que ocurre es que los de siempre quieren solucionar esta crisis como ya hicieron en la de 2008: haciendo pagar las facturas a los ciudadanos. En aquel caso eran además sus facturas. Y hay otros medios. Desde luego, un ajuste fiscal más justo. El Régimen anda revuelto por si suben los impuestos un 2% a los ingresos que excedan de 1 millón de euros anuales. Lograr, también, que la UE se comporte como un club. Que preste a los países –no solo a los bancos- y no con contrapartidas de rescate. Los últimos en pedirlo son Macron y Merkel. España lo ha hecho reiteradamente. Y el ex primer ministro italiano y de la Comisión Europea, Romano Prodi, alienta así mismo una posición conjunta de su país, España y Francia, a la que seguro se uniría Portugal. Exprimir a los ciudadanos no es el único camino para salir de las recesiones.

El Régimen de Madrid y sus colaboracionistas tienen otros planes. De entrada, se ha de aclarar lo obvio: que hay una pandemia que cogió desprevenidos a los gobiernos de todo el mundo, y que el español no lo ha hecho peor que la mayoría ni mucho menos. Obviar la enfermedad en sí es hacer trampas. Buena parte de las críticas son desmesuradas, en algunos casos bestiales, gran parte injustas y utilizan una flagrante desproporción sobre lo que compete al gobierno central y a algunas comunidades, sobre todo la de Madrid. Entenderán ahora que goce de bula, dado que la gerente lo es de una unidad de destino en lo universal, en lo comercial, en lo financiero y en cuanto ofrezca rentabilidad.

En los medios, cadenas enemigas y amigas compiten por atizar el fuego de la crítica al Gobierno. Como ya sabemos, espero, el plan es tumbarlo, no enderezarlo a su gusto, porque su gusto va en contra de la Sanidad Pública y la “obsesión social”. Hasta el bueno de Carles Francino se pregunta con dulzura si no sería mejor “un gobierno de concentración o algo parecido“. Concentrar agua y aceite. Otros son más veteranos en la tarea. El periodista Matías Prats tuvo, al parecer, una sesión gloriosa en Antena 3 apuntándose a la información política para culpar a Pablo Iglesias hasta de la masacre de los ancianos en las residencias. Competencia de las CCAA, en Madrid sobre todo, muchas víctimas pasaron directamente del geriátrico a la morgue, sin dar posibilidad a la vida. Se ha confirmado que había órdenes de rechazar a los ancianos de residencias con síntomas de coronavirus. Esto es de orla de colaboracionismo. La situación se descubrió cuando el Gobierno mandó al ejército. La afición anotaba zascas repartidos mientras asistía al remedo de entrevista. Los zascas, algo aterrador para la concepción del periodismo.

Carlos Herrera, en la COPE de los obispos, dio una lección de historia a Pablete, según la publicidad de la emisora, al pretender comparar el escrache a un gobierno de Rajoy, en protesta por los recortes en los servicios sociales, Sanidad Pública incluida, al llevado a las puertas de la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero. ¿Por tener obsesión social y por defender el feminismo? Ese domicilio que toda España conoce por la labor de otro profesional que dice serlo del periodismo. Le ha salido un imitador que señala la residencia del ministro Ábalos del PSOE. De cualquier modo, también el asunto de los “escraches” se ha llenado de bulos hoy en los medios conservadores.

La Razón ofrece una APP para ayudar a las caceroladas al gobierno
La Razón ofrece una APP para ayudar a las caceroladas al gobierno

Los colaboracionistas no tienen empacho ni en mentir en portadas de sus diarios. Es una llamada diaria a las barricadas. En el caso de Francisco Marhuenda y su diario La Razón, textualmente. Ofreció una APP –chilena por cierto- para dar caceroladas contra el Gobierno “sin dañar sus ollas y sartenes”, y con consejos para la mejor audición. Este individuo se sienta con los señaladores de dianas, en tertulias, a dar su opinión. Y nadie se inmuta. Sería deseable que se tomara conciencia de cómo la presencia de periodistas auténticos termina confundiendo con ellos a quienes no lo son. Esas tertulias no tratan de aclarar nada de base.

RTVE sigue ofreciendo, hasta como apertura de sus telediarios, las caceroladas ultras. Llamativas pero porcentualmente minoritarias, que sin embargo alientan a los golpistas. Igual deberían complementar la versión unilateral que ofrecen con lo que opinan los sanitarios sobre sus manifestaciones. Aquí tienen un ejemplo. Existe un seguidismo muy preocupante en lo que se considera noticia. Algunos periodistas a los que valoro tienen esa misma sensación al escuchar, por ejemplo, las preguntas que se vierten en las ruedas de prensa de Fernando Simón en particular. Producen vergüenza ajena e inducen las mismas confusiones. Luego están los anotadores de zascas desde que hacer una entrevista incisiva se confundió con acosar al entrevistado. Repreguntar a un representante público no equivale a freírlo y hacerlo con un científico es ir completamente a la deriva. O no. Quizás es el futuro. Un futuro colaboracionista. Otra especialidad curiosa del periodismo, practicado por algunos de los que más cobran, es dar una de cal y otra de arena, para que se pueda decir de ellos que son muy buenos y sagaces. En realidad suele ser una coartada muy eficaz en el colaboracionismo.

Contaba María Ramírez, en un trabajo excelente, aquí, en eldiario.es, que el mensaje de los medios conservadores contra el confinamiento no ha calado en la mayoría de la población estadounidense. Y que allí y en otros países se está demostrando que “el show del absurdo puede acabar mal para la extrema derecha en tiempos de pandemia” porque los ciudadanos buscan certidumbres en momentos complicados. Vemos que ese rechazo a la ultraderecha alborotadora ocurre también en Italia. Sabemos que nuestros zotes pueden ser los más del mundo, pero ¿hasta ese punto? El último barómetro del CIS señala que el 95% de los españoles considera necesarias las medidas adoptadas frente a la pandemia. ¿A qué viene pues tanto ruido?

Históricamente, los regímenes de este cariz suelen acabar por la resistencia de los civilizados. El problema es que la masa de colaboracionistas es tan grande y pertinaz que cuesta llegar al meollo o no dejarse subyugar por las voces que llaman a un gobierno de concentración. Ya lo hay: el de PSOE y Unidas Podemos. Legal y legítimo. El otro, el Régimen de Madrid, S.A. anda centrado en cómo revienta la lógica, para hacer pasar como solución el rotundo fracaso, la enmienda a la totalidad, a lo que ellos representan.

 

 

*Publicado en Eldiarioes

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