La Operación Ciudadanos cabalga de nuevo

arrimadas.rivera.EFE

Ciudadanos  ganaría las elecciones generales en España.  Así lo afirmaba la encuesta de Metroscopia para El País (13 de enero) que impactaba en el convulso momento que vivimos. Un 27% de los votos serían para el partido de Albert Rivera, debido a una drástica bajada del PP, el mantenimiento más o menos del PSOE y un descenso de Unidos Podemos. Una pieza antológica dado que se sustenta en “estimación de voto”, precisado de “cocina”, con las respuestas de 2.000 entrevistas telefónicas  a móviles seleccionados de forma aleatoria y porque, dentro de los muy precisos términos empleados en el texto, se advierte: “Los datos  [mejor sería decir los resultados] solo sirven para medir un estado de ánimo coyuntural”.  Con esta base, se lanzaron sin embargo las campanas al vuelo. Llegan los editoriales como “el auge de Ciudadanos”, la entrevista con el líder abriendo portada y viéndose presidente, los artículos de opinión.  Y la cadena de contagio en otros miembros del clan de la prensa convencional, algunas añadiendo más encuestas similares.

Portada de ABC
Portada de ABC

No escatiman elogios: talante pactista y pragmático, centrista, reformista y dinámico. Se nos avanza que, a pesar de “la identificación del líder y la victoria”, Albert Rivera debe “tolerar alternativas”,  en particular la de Inés Arrimadas, provista de “un carisma”  a su altura,  si  “Ciudadanos se atreve a abrir la cuestión sucesoria”. Tal cual.Si esto era en El País no desprecien tampoco la portada de ABC con Rivera iluminado en sepia y rostro angelical en el centro de un trío con los malcarados Pedro Sánchez y Mariano Rajoy a los lados.

La sentencia contra Rajoy ha llegado. “ La mitad del electorado del PP deja de creer en el partido” presenta El País en sus alegaciones, con el soporte de esa encuesta de ánimo que ya se ha convertido en veredicto inapelable.  Rajoy ha cometido muchos errores y ” el insensato sin escrúpulos” –como llamaron en un editorial a Pedro Sánchez- hace lo que cabe esperar de un insensato sin escrúpulos por más que se esfuerce en ganar puntos entre los jueces de esta contienda.

Hagan el favor de seguirme al año 2015 un momento. 30 de Noviembre, encuesta de Metroscopia para El País:

Portada de El País del 29 de noviembre de 2015
Portada de El País del 29 de noviembre de 2015

“Ya solo quedan en liza tres partidos:  Triple empate de PP, PSOE y Ciudadanos a tres semanas del 20-D. Los tres llegan con la misma opción de ganar. Podemos se descuelga de los vencedores”. Con un hermoso queso que se reparten a 22 puntos con diferentes restos tras las comas, las tres formaciones.

“Rivera llega en un momento dulcísimo”, “entrenado, fresco, sin mochilas del pasado”, explicaba Luis Arroyo, sociólogo y presidente de Asesores de Comunicación Pública, consultado por el diario de PRISA. Ciudadanos atrapa el voto joven y el de Podemos cae en picado, seguían los titulares.

Luego llegaron las elecciones y Ciudadanos obtuvo un 13,9% frente a ese 22,6% que le había dado Metroscopia tres semanas antes. El margen de error fue  como para retirarse de la profesión. El “hundido” Podemos cosechó un 20,6%,  Pero se crean “estados de ánimo”, del ascenso de Ciudadanos se contagió hasta el CIS, los consultados del CIS: “En vísperas de las generales del 2015 el CIS les llegó a otorgar entre 63 y 66 escaños y sacaron 40, y en 2016 vaticinó que se mantendrían igual y bajaron a 32″, cuenta Carmen Moraga en eldiario.es

Cuesta creer que no se esté recordando todo esto de forma masiva, que se de como dato incontestable la encuesta con estos antecedentes, repitiéndolo como un mantra, sin contemplar una sombra de duda. Y hay que hacerlo. Asistimos al que parece segundo gran asalto de la Operación Ciudadanos, animado por el éxito de Arrimadas en Cataluña y los errores del resto. Han sido 1.102.000 votos con un crecimiento espectacular en la Comunidad (367.000 desde 2015) pero es imprescindible valorar otros factores.

El principal error del PP fue concurrir con un candidato impresentable como García Albiol. El discurso de la mano dura era tan intenso en el PP como en Ciudadanos, los catalanes incómodos con el 155 lo estaban con cuantos partidos lo apoyaron, pero Albiol era un fiasco insuperable, en particular comparado con Arrimadas. Ciudadanos y PP compiten en ese nivel. El PSC nadó entre sus abultadas contradicciones y no salió a flote. Unidos Podemos se equivocó en Cataluña y no por pedir un acuerdo pactado. El principal fallo de la convocatoria a las urnas fue, muy por encima de las demás, celebrar unas elecciones bajo un estado excepcional, por no decir de excepción. Lo escribí de hecho: daría cifras alteradas y en absoluto extrapolables al conjunto de España.

El éxito demoscópico de Ciudadanos, o mediático, o publicitario, esconde contenidos graves. El partido no ha cambiado un ápice su programa, tiene el mismo que cuando las encuestas ya le habían bajado a porcentajes del 12%. No es su programa lo que se abraza. Su ascenso se debe a su postura radical y por métodos coercitivos de la unidad de España. Es decir su éxito actual está fundamentado en la exaltación del nacionalismo español. Doblemente reforzado al enfrentarse a una catalanofobia que puede calificarse de xenófoba.  Es un segmento ideológico que se inscribe en terrenos potencialmente peligrosos. Ciudadanos no es centrista, no es pactista salvo con sus correligionarios conservadores, no lo es como forma de resolver conflictos y bien lo ha demostrado en Cataluña. Girauta o Toni Cantó son ejemplos bien contundentes del “pactismo” ciudadano.

Albert Rivera se desdijo -sin mover un músculo- de cuanto había prometido. No iba a apoyar nunca un gobierno de Rajoy y lo hizo con todo su equipaje. Y bajó en expectativas electorales. Ha votado con el PP acciones conservadora s y vetado progresistas: se ha opuesto a tramitar una ley de vivienda con soluciones habitacionales, por ejemplo. La comisión de investigación de la policía política llevó mala vida con el acuerdo de ambos. En muchos casos concurre con ellos el PSOE para evitar se investiguen el Parlamento las  cargas policiales del 1-O o para rechazar  el veto a la venta de armas a Arabia Saudí e Irak. Ciudadanos intentó que el Congreso aplaudiera oficialmente la postura del PP frente al independentismo, y en esta ocasión el grupo del PSOE no se apuntó. No le ha pasado, nos dicen, ninguna factura. Sigue ¿cómo era?… En estado de gracia, en grandes momentos endulzados.

El éxito en las encuestas de Ciudadanos viene cargado de otras interrogantes. Es el partido más cuidado de España, prácticamente intocable. No se le pregunta por su financiación, y hasta las dudas del Tribunal de Cuentas se saldan con argumentos de problemas técnicos.  Nada, de sus conflictos internos y deserciones. Nada del machismo que aflora al menor raspado. O de cómo Rivera ha podido adquirir  un chalet de 1 millón de euros con las modestas cuentas que presentaba hace bien poco tiempo. Imaginen que sucediera con alguien de izquierda. No hace falta imaginar, recuerden. Las personas inteligentes, sensatas sin más, suelen hacerse preguntas esenciales. ¿Por qué este trato tan desigual? ¿Por qué los poderes apuestan ahora preferentemente por Ciudadanos?

De no producirse algún adelanto, las próximas elecciones son europeas y locales.  Ahí veremos lo que da de sí un programa ultraliberal basado en la unidad de España. En mi opinión poco. En asuntos municipales Ciudadanos ha tenido hasta ahora escaso éxito, aunque la gota malaya de su ascenso (demoscópico) vaya calando.  Al PP le está afectando tanto la Operación Ciudadanos como su propia y escandalosa actividad. Fuera, en el partido solo recibe aplausos y alguna ausencia.

El PSOE, nos dicen, anda viendo cómo retiene a los votantes que se pasan a Ciudadanos y al mismo tiempo  busca atraer a votantes de Unidos Podemos.Cuando se menciona y le mencionan como izquierda “arden las redes” en ironías. La izquierda tiene votantes en España, por mucho que quieran desmotivarlos, hay varios millones que ni siquiera atienden a lo que echan por los medios concertados.  Unidos Podemos deberá demostrar –todos deberían pero es una entelequia pedirlo- que la política es la búsqueda del bien común y que quién ocupe las sillas para lograrlo es accesorio.

Hace falta contar -desde donde quiera que estén- con quienes se atrevan a enfrentar el profundo agujero de corrupción con su mezcla de poderes y alteraciones de derechos, que subsume hasta las mejores intenciones de cambio. No es tarea fácil. De momento, cojan las gafas de mirar encuestas y recuerden: Metroscopia dio a Ciudadanos un 22,6% de intención de voto 3 semanas antes de las generales de 2015,  frente a ese 13,9% que logró realmente. “La lucha del hombre contra el poder [dejénme que inserte: turbio] es la lucha de la memoria contra el olvido”. Lo dijo Milan Kundera.

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¿Qué fue antes, el tuit o la violencia real?

“Que los padres hubieran venido antes a por su hijo y no por su cadáver”. Daniel Velilla, PP, Consejero de Bienestar Social de Melilla, hizo estas declaraciones en rueda de prensa, en vivo y en directo. Se refería a uno de los dos adolescentes marroquíes muertos mientras estaban bajo su tutela en un centro asistencial. Antonio Nogales, IU, alcalde de Pedrera, Sevilla, declara fuera de sí ante graves incidentes raciales en su municipio: “ A mí me gustaría ver a gente fusilada”.  Delante de un micrófono y una cámara. El País titula a cuatro columnas en portada: Puigdemont exige violar otra vez la ley para ser investido. En papel físico, del que se puede tocar.  Es la vida real.

Todo esto y mucho más sucedía cuando salió una  sentencia de cárcel para una mujer por desear en un tuit que Inés Arrimadas fuera víctima de una violación en grupo. Ocurrió el 3 de Septiembre, la líder de Ciudadanos en Cataluña la denunció y ya está resuelto el caso. No he dejado de darle vueltas en mi cabeza: una condena a prisión por “desear” un mal y hacerlo público. Fue un tuit horrible, nadie lo discute, su autora lo ha pagado con una dureza extrema. La despidieron ipso factodel trabajo, su nombre ha quedado grabado para su futuro laboral, tiene que hacer un curso para aceptar a quienes tienen ideas distintas y cuidarse de la mínima infracción para no ir al calabozo.  Leí algo de ella, sus problemas venían de antes.

En tuits, acompañados de ilustración gráfica impactante en ocasiones, han proferido gravísimas amenazas –incluso de muerte- a periodistas como Cristina Fallarás o Ana Pastor o juristas como Victoria Rosell. La lista es tan larga que no cabe en un artículo. De los tuits seriamente ofensivos pueden dar cuenta, podemos dar cuenta, un gran número de periodistas y no periodistas. No ha ocurrido nada, ni investigaciones, ni condenas, dudo que siquiera se les haya cerrado la cuenta de Twitter.

Las  graves intimidaciones a la entonces diputada de la CUP, Anna Gabriel, no fueron ni virtuales. Aparecieron numerosas pintadas en el mismo recinto donde iba a dar una conferencia por la tarde. La Facultad de Historia de la Universidad de Valencia. Aludían a un tiro para ella. Por cierto, Inés Arrimadas, preguntada en Al Rojo Vivo de La Sexta, dijo condenar las amenazas aunque añadió un fatídico “¿Qué esperaba?”, al parecer era lógico esperar algo así tras las actividades de un grupo juvenil de su formación, ni siquiera de ella. Ese día se definió, al menos para mí. Y el retrato se atragantaba.

Hay que dejar constancia de la abismal diferencia de trato a las agredidas, a los agredidos. Mediático y judicial. Hasta agresiones a botellazos a cargos públicos entran en el limbo si son a personas incómodas al sistema. O si los autores pertenecen al grupo del mucho españoles con bandera. Pero no debemos quedarnos solo en esa flagrante diferencia que lastra nuestra maltrecha democracia, hay que ir al quid de la cuestión: el alucinante cerco al tuit como la gran amenaza de nuestros días, convertido en enemigo público.

La caza del tuit como prioridad

Las redacciones añorantes de la máquina de escribir viven bajo el síndrome de los ejércitos de tuiteros que dañan la que fuera su preciada estabilidad al margen de la crítica. Personajes públicos se despiden de la red con altavoces y banda de música por lo mismo.  Otros se van hartos de ultrajes sin dar un ruido. Y, lo que es mucho peor,  poderes del Estado con capacidad inculpatoria  y sancionadora enfocan la persecución del tuit como asunto prioritario para la Seguridad.

Los tenemos a todos. A Cospedal, desde Defensa, fijando las supuestas noticias falsas en la Red en los protocolos. A Zoido, el inefable ministro de Interior, advirtiendo que el simple RT de un tuit puede ser un delito de terrorismo. En el saco legal que se mercaron PP, PSOE y Ciudadanos en el que cabe más que el terrorismo. Cabe la represión y la censura, cabe el castigo a la disidencia política.  No busquen la raíz del odio en Twitter porque está en la vida real. Es pura desfachatez circunscribir a las Redes sociales las noticias falsas y los insultos  desde poderes especializados en mentir, en diferido y en directo, o en declaraciones incendiarias, o en acciones que dañan. Repasen lo que han soltado por sus bocas desde Rafael Hernando a Pablo Casado, pasando por una extensa lista, y encontrarán odio y siembra de odio sin freno.

La prensa convencional que abomina de la falta de rigor de las redes sociales se presenta a diario como lo ha hecho este viernes sin ir más lejos: “La apostasía de Forn, los Jordis y Forcadell aísla a Puigdemont en la vía unilateral”, titula El Español, a modo de Gaceta de la Inquisición. Y en sintonía con las portadas de la prensa de papel editada en Madrid que parecen sentirse vencedores de la Cruzada contra el infiel catalán: Se retractan, reniegan, desbandada…

Lo penado es el tuit. La policía nacional ha informado en Twitter, precisamente, de la detención de un hombre  por injurias y calumnias contra la Corona y el fallecido Fiscal José Manuel Maza en Internet. Afirman, según ABC, que el arrestado utilizaba las redes sociales para publicar graves amenazas a responsables de las Instituciones del Estado e incitar al odio y acosar a agentes de la Policía Nacional.

La violencia y el odio están en la vida real

Cuesta creer que se pene con cárcel en la España de hoy hasta el deseo, por muy salvaje que este sea, cuando hay tanta violencia real que atajar. Y no solo, no solo, por procedimientos coercitivos. La violencia, el odio, el malestar, los más bajos instintos, están en la sociedad. Y en período de crecimiento, se palpa su ascenso. Habría que preguntarse por qué. Y cuánto los condiciona la injusticia, la desigualdad, el abandono, y las incitaciones desde las instancias provocadoras oficiales.

Twitter, es cierto, nos ha mostrado que existen seres bípedos que parecen de la especie humana aunque con unas carencias cognitivas muy graves. Incapaces de entender incluso lo que leen o de relacionar hechos con consecuencias.  Desparraman sus insultos en la Red, como autónomos o por cuenta ajena. Tenemos constancia –por investigaciones judiciales- de campañas de desprestigio pagadas incluso con dinero público por el PP de Madrid o por la que fuera alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, PP también.

En Twitter todo está bajo sospecha; en los medios de derechas, nada.

Aquí y ahora, depende de quién agrede y de quien es la víctima y del medio que se utilice. En Twitter todo está bajo sospecha; en los medios de derechas, nada. La impunidad es total si un comunicador ultra amenaza a alguien de izquierda. Va para dos años que Federico Jiménez Losantos confesó por las ondas que miembros de Podemos “le suscitaban odio”. Es verlos y le “sale el agro” y “ si lleva la lupara, dispara”. Lupara, una escopeta siciliana. Nada hizo la Administración de justicia y nunca oirán a sus colegas políticos y mediáticos mencionarlo siquiera.

Hay varios más de similar corte. Operan desde publicaciones que rebasan la prensa amarilla para entrar en un subgénero dedicado a divulgar falsedades con intencionalidad política y de lucro personal. Hay medios, televisiones de la TDT y en particular 13TV propiedad de la Conferencia Episcopal, que son fábricas de odio netas, destinadas a despedazar al que ven como contrincante sin pararse ante nada. Han provocado protestas de curas católicos. El círculo de tertulianos especializados en estas prácticas rotan en sus medios, televisión, prensa, radio, prodigando su veneno.

Tengo experiencia personal como víctima de estas campañas. En algún momento fueron miles y miles de tuits insultantes, manipulados, troceados, recompuestos, inventados. En sintonía con lo que emitía la caverna mediática como tal. Los amigos llegan a preocuparse de cómo puede una periodista responsable sufrir semejante trasmutación en un ser delirante de la noche a la mañana. La imagen se resiente. Basta saber la escoria de la que emana, sin asomo de credibilidad, pero todavía hay gente que cree en lo que ve escrito o sale en la tele.

El auténtico daño lo hace ese clima. Deberían existir colegios profesionales o asociaciones de la prensa con altas miras para evidenciar la falta de deontología profesional de quien miente y difama, y por interés. A los periodistas que compran indicios sin buscar la verdad yo les sitúo en el apartado de cantamañanas nefastos a obviar.  A los tuiteros se les silencia o bloquea, mejor sería cerrarles la cuenta, pero Twitter es muy selectiva con esta medida. Pensar en cárcel  son palabras mayores.  Hay que ser muy cuidadoso con lo que es delito y no lo es. El delito de odio se pensó para proteger a las minorías, no como instrumento indiscriminado del poder. Para proteger a una pareja de homosexuales a los que agredieron  al grito de “maricones” sin que, mira por dónde, la jueza haya visto delito de odio.

Vivimos tiempos tenebrosos. Al cesado vicepresidente de la Generalitat, Oriol  Junqueras, le mantienen en prisión preventiva como culpable –sin juicio siquiera- de la violencia policial en la manifestación del 1-O, de la reacción que provocó en las fuerzas de seguridad la convocatoria del referéndum. Lo relataba aquí el catedrático Pérez Royo sin que haya movido ninguna reacción. Este viernes el magistrado del Supremo le ha negado -y también a Sánchez y Forn-  asistir a los plenos.  Si hemos llegado a esto ¿qué más nos queda por ver? La libertad de expresión ya se ha visto reducida por las leyes vigentes y avanzan a extremos de establecer una policía del pensamiento, si no existe ya.

Da la sensación de que  -con un tropel de ladrones, corruptos y delincuentes de variada etiología- el gobierno detrae recursos para vigilar a los tuiteros que escriben cosas molestas. Si no fuera tan grave, podría parecer un chiste. Da la sensación de que según en que lado ideológico te sitúe tu conciencia, tienes las de perder o las de ganar en carroza alada.  Un indignación sorda se va extendiendo. Hay gente muy harta de ver a delincuentes convictos “de rositas”, rigores extremos por mucho menos motivo, y una sensación de libertad vigilada en el ambiente.

Preocúpense por quienes realmente siembran odio y daño a la convivencia. Por quienes amordazan y se aprovechan cuando se ven dueños de los instrumentos del Estado de Derecho y para el Estado de Derecho.  La violencia está en la vida real, Twitter es un pálido reflejo.  Preocúpense de lo que siembran.

Nos estaban dilapidando el Estado… y ahora nos reducen la dieta a la mitad

La noticia es de hoy y habla del dinero de todos.

El Gobierno impone un límite del 50% del gasto a los ministerios hasta que haya presupuestos.

Los criterios de la prórroga de los presupuestos para 2018 incluyen una cláusula para que los distintos departamentos no puedan comprometer la mitad de lo presupuestado el año pasado. Los gastos adicionales tendrán que contar con el visto bueno del Ministerio de Hacienda. El Ejecutivo aumenta así el control del gasto respecto a otras prórrogas presupuestarias.

Esto quiere decir que Montoro reduce a la mitad el exiguo “gasto” público español, a pesar de todas las advertencias. Debe preferir forzar a sus socios políticos para demostrar quién manda.

A costa de lo que sea. La limitación del presupuesto afectará , entre otras, a las inversiones, ayudas a la dependencia y políticas de género.

Esta misma semana publiqué en el diario.es este artículo. Grandes ahorros ha hecho con nosotros el PP, solo que las cuentas no nos cuadran, pero nada. Ahora la mitad.

Decía Rajoy en 2012, su primer año de mandato, que planeaba lograr “ el Estado más barato de Europa Occidental” y, desde luego, se ha dedicado con fruición a la tarea. Alguien como él, tan aficionado  a los dichos y refranes, debería saber que lo barato es caro. Y no solo para el bien público sino para la pura marcha económica. De ahí que grandes soportes del poder financiero y mediático estén empezando a advertirle que por ese camino están agostando el futuro de nuestro país y nuestra sociedad.  Así lo decía el editorial de El País del lunes, aun con toda su mirada neoliberal. Hablan de medidas de ajuste equivocadas, cuando no fue tanto “la crisis” –eterna excusa – como la decidida voluntad de recortar lo público. Causas distintas para un diagnóstico que comparto: Están dejando el Estado bajo mínimos y es peligroso. El paciente puede morir de inanición.

El Banco de España vuelve a reflejar que el descenso continuo de la inversión pública en España situó a 2017 en el mínimo de los últimos 50 años. Ha sido el 1,9% del PIB, la más baja proporción desde 1970 y la menor de toda Europa. Salvo Portugal que –con un gobierno de izquierdas – anda reponiéndose con sus propias recetas y con éxito. Aquí, Rajoy sigue encantado de su labor. Dando una versión desbordadamente triunfalista de su gestión. El PP ha reducido en un 60% la inversión en infraestructuras. Un 50% las educativas y un 37% las sanitarias.  Abultado porcentaje, aún descontando la previsible corrupción de aquellas obras. IVIV, la Fundación del BBVA, también alerta de los riesgos de tan enorme recorte.

El caos de la nevada, ejemplo del recorte en servicios públicos

El escándalo desatado por la nevada del día de Reyes guarda estrecha relación con haber minimizado el Estado. Con las privatizaciones. Muchos ciudadanos que no siguen la actualidad se habrán enterado de que depende de por dónde circulen para que el Estado se responsabilice de su seguridad.

Hemos llegado a la alucinante situación de ver al Director General de Tráfico culpar a los conductores de haberse quedado por miles – tirados en la nieve durante horas, hasta 18 horas. En carreteras a su cargo y en una autopista, la AP-6, Villalba-Adanero, abierta, no cerrada en su acceso, que se cortaba en un punto, abandonando a los viajeros a su suerte.  La diatriba entre a quién correspondía activar los quitanieves y distintos recursos quedará probablemente en nada o en poco. No puede decirse que el PP apriete a las concesionarias de autopistas que rescató con nuestro dinero. Obligados por los dadivosos contratos que suscribieron previamente sus administraciones.

La España tabernia y cuñada lo tiene claro: los conductores son culpables…  porque lo dice la autoridad ante la que solo cabe sumisión. En el siglo XXI existen medios para no tener que quedarse en casa a esperar que escampe, como en el XIX, si se van a utilizar carreteras nacionales.

El caos de la nevada es el ejemplo más gráfico de lo que está sucediendo en todos los sectores a los que el PP ha venido aplicando el rigor de su tijera cuando no su guadaña. Porque hay más. La inversión en carreteras ha caído a niveles de los años ochenta. Se preguntan por qué ha vuelto a crecer el número de víctimas de accidentes de tráfico. El deterioro de la red viaria influye decisivamente. Y la antigüedad del parque automovilístico que ha alcanzado la peligrosa media de 14 años. Solo el 35% tiene menos de 10 años que es lo aconsejable. El “pese a la recuperación” les queda muy lejos a buena parte de la sociedad. Abrir los ojos a mucha más.

Sanidad y educación, los otros dos grandes paganos

Hablamos también de recortes drásticos en las infraestructuras de Sanidad. No tienen más que ver el estado en el que se encuentran las  urgencias del Hospital de La Paz de Madrid que era un centro de referencia. Como ejemplo de muchos otros. Y el descenso en las valoraciones internacionales de nuestro Sistema Público de Salud considerado, hasta la llegada del PP, uno de los más eficientes del mundo. O en educación.

Recordemos que el recorte del monto global de estos ministerios fue el primer gran decreto del PP junto con la reforma laboral. Tres grandes pilares, tres grandes bocados. Los dejó temblando. Pero, oiga, si es usted un buen ultraliberal, ahorrando se puede pagar en EEUU  un tratamiento , por ejemplo, para evitar la ceguera por degeneración de la retina. Quién no tiene a mano 850.000 dólares para dedicarlos a ese fin. Además, el laboratorio lo vende a plazos.

Invertir en deseducación

Se preocupan de cómo afectará la falta de inversión en infraestructuras en nuestro futuro. Aún más nos dañará como sociedad la implacable apuesta por la deseducación, cuando no por un puro fomento de la burricie. Ha encontrado un campo fértil. Les salen cuatro charlatanes en la tele salpicando datos en una pizarra y hablando de lo malo y antiguo que es Papá Estado y lo compran. No cuentan entretanto que a Papá Estado lo tenemos a cuerpo de rey con nuestros impuestos y Papá Estado nos devuelve migajas. Pagamos más dinero por menos servicios y encima quienes pagamos, porque también hay privilegiados para el ministerio de Montoro.

Deuda pública en máximos

El gobierno de Rajoy ha logrado unos niveles de inversión en los ciudadanos mínimos y, paradójicamente, tiene la Deuda Pública en máximos. Más de dos tercios de la deuda pública española procede de gestores del PP, municipales, autonómicos y estatales. Medio billón de euros de los 753.000 millones que ha crecido el endeudamiento institucional en la última década. Los presupuestos de 2017 asignaron casi un 10% del total (un 9,4%) a pagar los intereses.  32.171 millones, solo en intereses, además de la amortización.

Pero no son temas que, como otros, colonicen los medios. Presumir de esta gestión y que se la aplaudan es un buen índice de la España de hoy.  El FMI acaba de alertar al gobierno del peligro que representa la descomunal deuda de España. Les recomiendo ver los  gráficos de su evolución comparada y así podrán admirar el garbo de esa flecha casi vertical al techo desde que manda Rajoy.

Crear un agujero en el sistema de pensiones de 100.000 millones de euros –no es un error: 100.000 millones de euros- es otro de los grandes logros de la gestión de este PP que ha llevado la inversión pública en España a mínimos.  Zapatero dejó la hucha con superávit:  de  66.815 millones de euros.

¿Por qué intentan imponer que no es sostenible ya el Estado del Bienestar?

Ignacio Escolar escribía en Actúa, uno de los libros que compartimos: “Si la Europa arruinada de la posguerra fue capaz de construir el Estado del bienestar, ¿por qué la Europa próspera del siglo XXI va a ser incapaz de mantenerlo?”.  Es hora de responder que porque volvió a cruzarse en nuestro camino la codicia de unos pocos, la desinformación, y el miedo y credulidad de una mayoría suficiente de ciudadanos.

Anticorrupción tiene bajo su foco a los cuatro políticos del PP que han presidido la Comunidad de Madrid: Gallardón, Aguirre, González y Cifuentes. Solo este dato, enorme, aunque gota de agua en el océano de la corrupción en España, da idea de lo que para las arcas del Estado supone el saqueo al que vienen siendo sometidas. No hay pan para tanto chorizo. No lo había, y sigue sin haberlo. Pero cada vez parece haber, también, menos ciudadanos hambrientos de dignidad. Y alguna trápala más se cuece en la sombra cuando contemplamos el silencio y la colaboración de partidos y personas en teoría progresistas.  De quien comparte al 100% la ideología del PP poco hay que esperar.

Se está aplicando con tan sistemática eficacia la destrucción del Estado que apenas  va a quedar ya remedio.  Con grandes complicidades.  Nunca pagamos tanto a cambio de tan poco. ¿Para qué sirven ahora nuestros impuestos? Se diría que, básicamente, para mantener los gobiernos varios, las oposiciones varias, la Monarquía y las fuerzas de seguridad. Recordemos que en este momento de inversión mínima en gasto social, el ministerio de Defensa se ha comprometido con la OTAN a aumentar el gasto militar en un 80% hasta 2024.

El recorte en educación, se paga. El PP y sus socios han sabido encumbrar a la España oscura que tiene su razón de ser solo en símbolos y tradiciones inamovibles. Esta etapa ha potenciado la caspa, la ha hecho emerger en sectores que ya la escondían por pudor. Lo cual es una condena para el conjunto si no adopta una actitud activa. Algo incumbe a la propia sociedad, dado que no toda ni mucho menos muestra carencias cognitivas y éticas que cada vez se airean más y con mayor orgullo. Se la culpa se quedarse atrancada en la nieve desoyendo que no hay gobierno serio que la ampare. Pero todavía es más grave que lo acepte y que dóciles colaboracionistas lo aplaudan.

Lo más grave es esta sociedad que se está dejando quitar las bases de un Estado social a cambio de nada, porque se ha dejado convencer de que este estatus de corrupción e ineficacia es a lo mejor que puede aspirar.

Déjenme que les cuente algo importante sobre los Reyes Magos

Les confieso que tengo buena mano con los Reyes Magos. Aposté por ellos desde la lógica y eso los seres de ficción lo agradecen doblemente. Ese día en el que –ya en el colegio- el rumor se hace insistente y asegura que “los reyes magos son los padres”, opuse que yo creía que no. Mi argumento fundamental era que no había dinero en casa para tal gasto año tras año, incluso para traerme regalos que ni siquiera había pedido. Así que unas navidades mis progenitores terminaron confesando. Una de las primeras sorpresas poco agradables de la vida.

Ni sé cómo logran ahora los niños engullir tanta cabalgata diferente y simultánea, tanta imagen en la tele de mayores comprando juguetes, sin hacer la mínima deducción. La mayoría vienen muy espabilados. Sin contar la afición de esta serie de señores –desde Santa Claus a Melchor, Gaspar y Baltasar, más sus pajes- a entrar por las ventanas de las casas en plena noche tal como están las cosas. Y para dejar regalos, no para saquearlas. No me negarán que estos contrasentidos chirrían mucho. Igual viene de ahí la tolerancia al robo de lo público en España, eclipsado por los envoltorios de colores de unos presentes que en realidad han sido pagados por los obsequiados.

La fiesta del 6 de enero viene siendo un campo de batalla desde que en algunos ayuntamientos se impusieran mayorías progresistas. Hubo unos cuantos millones de ciudadanos que quisieron probar gestores diferentes a los que lo hacían siempre. En Madrid, eligieron a Manuela Carmena, un cambio drástico respecto a Ana Botella, la que vendió viviendas sociales a fondos buitre y se gastó un pastizal en intentar que los deportistas olímpicos viniesen, básicamente, a tomar una relaxing cup of coffee en la Plaza Mayor, por no entrar en más detalles. A Carmena ya se lo dijeron: “no se lo perdonarían jamás”. ¿Los trajes de la cabalgata? No, cualquier cosa que hiciera.

Mi experiencia, como la de muchos de ustedes, constata que los Reyes Magos son poco exactos al cumplir los pedidos que reciben: eligen algunos de la lista y añaden otros que igual estaban de oferta. Sea como sea, conviene ser precisos y razonables en describir lo que se quiere. Para entendernos: “la paz del mundo” no se puede pedir. Se trata de buscar cimientos o caminos que conduzcan a nuestros objetivos. Lo de enseñar a pescar en lugar de dar un par de peces, que era bien sensato. Vean que me estoy aproximando a las tradiciones tan de moda en esta España del siglo XXI que no lo parece. Precisamente, sería deseable que –repartiendo el presupuesto- hubiera dos cabalgatas. Una, con Reyes Magos vestidos de turcos medievales, hombres los tres, uno de ellos negro aunque pintado con betún, acompañados de personajes bíblicos como Darth Vader y Bob Esponja. Y otra cabalgata para personas normales que les preocupen problemas reales a los que buscan soluciones reales y  una felicidad, siquiera bienestar, no basada en aplastar a alguien. Ya tenemos pues una petición. Seguirían armando gresca, pero al menos se verían más claras sus motivaciones.

El procedimiento podría ser útil para aislar a los reyes del trinque, los magos de la estulticia, la mentira y la manipulación. Aislar, evidenciar, dejar al desnudo cómo son, a ver si alguno recapacita y los abducidos espabilan. Porque con ellos viene todo un paquete añorante de un tiempo que nos succiona hacia atrás. Basta ya de mordazas, autoritarismos, telediarios, radios y periódicos llenos de promos y estómagos agradecidos. Los logros son como las cerezas de mi tierra que, según dicen,  si tiras de una, salen todas ellas.

No puedo evitar, por tanto, aunque engrose la lista, requerir trabajo, casa, comida, sanidad, escuela, luz, calor para el frío, varios de ellos son derechos constitucionales.  Pedir justicia, decencia, cordura, solidaridad; cuidado especial para los vulnerables, para los niños, los ancianos, las mujeres solas, los hombres solos.

Pido que saquen a los niños de las cocinas de la competición y los metan en el juego de preparar platos con sus padres. Y en el de crecer con fundamento. Pido que se preocupen de su futuro que lo tiene fastidiado, que les enseñen, les estimulen, les quieran, les digan la verdad y les faciliten el derecho a la fantasía.

Inaplazable, acabar con la aberración aceptada que nos coloca a las mujeres como ciudadanas de segunda. Para uso y abuso. Hay un día en el que te enteras de qué implica ser mujer, de tu lugar en las coordenadas del mundo y entiendes que no te ha tocado la parte más favorable. Pero, superadas algunas dificultades, llega otro día en que el ser mujer te llena del máximo orgullo y te aporta una fuerza poderosa. No es una conquista consolidada y obligará a seguir luchando para mantenerla y extenderla, pero sientes que vale la pena. Logremos que no nos lo pongan tan duro.

Hay que pedir que los políticos en, larga ya, prisión preventiva por hacer política, salgan a la calle y regresen a su casa. Que quienes insisten en amarrarles los grilletes desde León, Alpedrete o Huelva, por poner un caso, reflexionen sobre los delitos que se les imputan. No deja de sorprenderme esa pasión por la unidad de España, cuando Mallorca es prácticamente alemana sin que nadie diga nada. Indica que tienen un patriotismo de territorio, no de personas. Nuevos tiempos, nuevas fórmulas, reformas legales y constitucionales. Es lo que hace falta.

Nuestra vida presente y futura cambiaría notablemente si Rajoy y su PP no estuvieran en el gobierno. A ver si conseguimos que Melchor, Gaspar, Baltasar, Pedro siquiera o cualquier otro, cuenten por qué partidos que se dicen progresistas siguen manteniendo a este presidente en el cargo. Canta mucho y no precisamente la Traviata.

Ruego que dejen de darnos recetas de comidas con ajo y más ajo o de emplatados con una serpentina de color verde o marrón a los lados. Que dejen de hablar de la teta de Sabrina y de los ejércitos de tuiteros. De establecer las bases del futuro comprando lotería. Un amigo me pide que añada la caspa, que se lleven la caspa. Y una amiga que nos traigan volquetes de inteligencia.  Mis interlocutores más jóvenes solo piden a los Reyes que abdiquen. Pero eso, en este caso, que estoy ya a punto de contarles, no puede ser. 

Que no me falte la música ni los colores del verde en parques y campos ni el mar. Ni el mar, ni el mar. Las personas que logran hacer la vida mejor. Los afectos sinceros se presuponen, a salvo de sorpresas.

Vendrían bien, siempre que se precise, recambios para las piezas averiadas del cuerpo, y en ello se afana la investigación si no le siguen aplicando recortes. Y aguardar con esperanza que otros dolores no sean tan intensos que nos rompan. Se cumple aniversario de Albert Camus, premio nobel de Literatura de cuando eso importaba. “Bendito el corazón que se puede doblar porque nunca se romperá”, escribió. Pues eso, pero mejor que no lo tuerzan demasiado. No estaría de más pedir a los reyes magos que los corazones duros y secos se caigan por su peso y sus dueños se retiren a buscar los pedazos por el suelo. Indefinidamente.

A los Reyes Magos se les escriben cartas. Yo escribo dos por semana aquí, en la Zona Crítica de eldiario.es, y mando abundantes telegramas en Twitter, algo menos en Facebook. Y sé que son recibidos y leídos pero con una eficacia necesariamente limitada. Porque todavía hay muchos ciudadanos que discuten de las Cabalgatas a brazo partido en un país con el 40% de paro juvenil, el 90% de los nuevos contratos, temporales y parciales y copando el récord europeo en desigualdad. Porque aún hay muchas personas que se empeñan en creer en entelequias y fantasías. En venerables ancianos que entran por las ventanas de noche o en gobernantes mezquinos que cumplen lo que prometen. Es hora de entender que los Reyes Magos somos nosotros. Sin ser ni reyes, ni magos, ni hombres inexcusablemente, sabemos -como hicieron mis padres  e hicimos nosotros con nuestros hijos- llenar de ilusión la mañana del 6 de enero y muchas más. Aunque haya que quitar recursos de otro agujero por tapar o exprimir al máximo la imaginación. Por eso no podemos dimitir. Sería dimitir de nosotros mismos, como han hecho tantos ciudadanos.

Nos faltan más manos, mayor convencimiento y coraje. Solo con que piensen en qué creen los amantes de las tradiciones excluyentes encontrarán las razones para defender los logros posibles.

Bots humanos, aliados de los depredadores mediáticos

Empezó la semana y el año y los programas basura siguieron hurgando en la vida y muerte de Diana Quer y de su asesino confeso. Lo alternan con el independentismo catalán y agitan el cóctel. El último día del año nos trajo el hallazgo del cadáver de la joven madrileña desaparecida en la costa de Rianxo hace año y medio. Uno de los expertos mediáticos en venta de vísceras felicitó a los colegas a través de twitter por haber dejado lavando los gambones de la cena para ir a informar del hallazgo. El servicio público del espejo descarnado, lo primero. Y ahí siguen y seguirán.

De la sala de obsesiones compulsivas de un antiguo diario de referencia sale el enésimo artículo sobre “Las redes sociales, un inagotable surtidor de odio”. Hasta buenas periodistas van cayendo en el temor al fenómeno de los ciudadanos en red –de uso común – que se diría no llegan a comprender. Y, en el mejor de los casos, en la duda de si establecer mecanismos contra ese odio desatado en Twitter no será censura. Y mientras en las pantallas planas de la sala proyectan en bucle sin fin documentales sobre los “ejércitos de furibundos tuiteros”, las de todas las casas se nos llenan de lo que suelta la televisión, la radio y las propias páginas de los periódicos.

El tratamiento que se le aplicó a Diana Quer quedará para la historia de la infamia periodística. La  recopilación de barbaridades arrojadas sobre ella sonroja. Resultó que al final “ A la fresca de Diana Quer la mató la violencia machista“, relataba Raquel Ejerique.  Y ni han recogido velas. Para nuestro mal, no es la primera vez que sucede, ni será la última, si los propios ciudadanos no se toman en serio sus elecciones mediáticas.

La información ha sido devorada por el clic. El clic, el hecho de pinchar la noticia, manda. Muchos periódicos en papel –por no decir todos- dan ya prioridad a la distribución de la publicidad y rellenan huecos con las noticias. Hubo un tiempo en el que fue al revés (los periódicos se dedicaban al periodismo). La mayoría de los usuarios solo lee el titular. Por eso es decisivo: actúa de gancho. Por eso también los artículos de fondo incluso con asuntos vitales para la sociedad tienen menos clics que los escandalosos, morbosos o banales. Si lo pensamos bien es más decisivo tener los  datos de la desigualdad para afrontar soluciones que saber que el inefable presidente del gobierno español anda deprisa y se hace un selfie. Y eso que eldiario.es cuenta con unas prioridades de sus lectores infrecuentes en otros medios ya.

La tiranía del clic es el gran problema, sobre todo para las personas mentalmente más vulnerables. El botón del morbo y la gresca brilla más para clicarlo. También en televisión. Las elevadas audiencias de los diversos reinos de la mañana, y casi las 24 horas del día en algunos canales, nos sitúan ante una sociedad inerme en buena parte a lo que le insuflan. Este año, los agravios y vejaciones a las mujeres en varios programas, a la ciencia, a la cultura, al sentido común –en p rime time– han alcanzado cotas impensables. El País  recopilaba algunos, con gran éxito de clics. El odio a la cordura que en ellos se vierte no se contabiliza. Acompañado de frivolidad, gana audiencia en los medios. Pedroche, abanderada del feminismo –se dice ella misma- por salir en televisión como Norma Duval en los escenarios hace varias décadas. El sexismo de toda la vida, lo comentaba Argelia Queralt, a la moda reivindicativa y haciendo caja. Y, en efecto, el tema se debate entre pasiones como todo el que agita la visceralidad.

El procedimiento es el mismo para el tratamiento de los asuntos políticos, de las personas y acciones que condicionan absolutamente nuestra vida y nuestro futuro. El filón del independentismo catalán, de las banderas y el “a por ellos” lleva camino de enquistarse, dados sus réditos. Los odios y venganzas partidistas saltan a la arena mediática con toda intención. El bot anticatalán, como el antipodemos, da un juego tremendo en el mercado. La publicidad no solo es comercial, aunque algo de eso incluyen ciertas políticas.

Y es que miles de personas se apuntan a participar en los debates que nos afectan, como es lógico y saludable. Confrontar ideas nunca fue un problema. Lo es toparte con quien discurre, se expresa y tuitea como una máquina de repetición de intereses ajenos. Las redes surten el odio existente y puede que ni tanto como otros vehículos de comunicación humana, lo malo es cuando las personas se comportan como bots. Uno de los grandes temores del inmovilismo está, pero no en “lejanas estepas” sino movido por personas de carne y hueso de aquí mismo que actúan como zombies dirigidos. Eso es lo realmente llamativo.

Entre los ciudadanos que conversan, se cuelan esos que actúan como bots tomando partido. O los que siguen a líderes con dos neuronas más que ellos, las dos, empleadas en ganar dinero. A su costa. Sin escrúpulos. Esos tertulianos, esas publicaciones basura que van más allá de todo tabloide terminan atrayendo a sus fines a seres incapaces de discernir las contradicciones que apoyan. Al machista que una y otra vez les dirige hacia el machismo agresor, incluso.

La solución normalmente es no prestarles atención. Hay que discernir las auténticos insultos y amenazas del ataque de los clones unineuronales. Se les ve venir. Allá ellos con sus vacíos. La verdadera violencia está en las políticas que agreden la convivencia y los derechos humanos, y se aplican fuera de las redes, incluso con la nada virtual porra si es el caso. Pero el problema social existe de alguna manera. Si nos ponemos a imaginar, no descartaría que no existan políticos bots e incluso periodistas destinados a replicar los mensajes de quienes los programan. Sus declaraciones repetitivas y tediosas dan alguna pista.

2018 llega inspirando temores. Venimos escaldados y ninguno de los grandes obstáculos se ha superado. La ultraderecha norteamericana impone su programa de la mano de Donald Trump. Lo aplica implacable aquel destartalado magnate elegido en las urnas por seres tan abandonados que terminaron desertando de su entendimiento. Bots. La Europa de las libertades también se afana en ello a través de varios gobiernos electos.  Irán reedita las protestas y la represión brutal que ya contabiliza una veintena de muertos. En Turquía nuevas leyes afianzan la impunidad de la represión impuesta por Erdogan que legaliza la violencia policial, sin más requisitos. Es el tiempo de la irracionalidad aplicada a palos. Hay motivos para estar preocupados. Por las amenazas y por la incapacidad de la sociedad que las enfrenta.

Tantos puntos en común con la España del PP y sus socios. Solo bots, cargados de adoraciones o rechazos irracionales, mantendrían este estado de degeneración en el que vivimos. La España de la corrupción, la desigualdad, el autoritarismo, va a más. Es diario su ascenso. Bots que llegan a entender que el gobierno del PP es el principal responsable, no atan cabos del papel de Ciudadanos y PSOE en su mantenimiento y andan borrando cualquier otra solución.

Ejércitos de tuiteros cargados de odio no tanto como bots inconscientes de su misión de servir a intereses ajenos. Atascando las arterias de esta sociedad. A veces el remedio se reduce a una pura selección, a desechar divertirse embruteciéndose, y elegir informarse donde dan noticias.

2017: el año en el que cayeron las caretas

2016 fue el año que no vinieron venir como se cansaron de señalar porque cuesta ver desde los cenáculos del poder. A pie de calle, más cerca, se apreciaba mucho más la realidad. 2017 ha sido el que ha visto caer todas las caretas y algunos velos. Los años no son sino convencionalismos, periodos de tiempo, pero sirven para evaluar la marcha. Tras ir repitiendo elecciones y algún golpe de mano interno al efecto, 2017 se estrenó con Mariano Rajoy sin salir de la Moncloa. Al gusto del poder establecido. Unos partidos presuntamente de oposición iban a controlarle, nos dijeron, pero lo cierto es que Rajoy ha hecho, desecho y parado cuanto ha querido. Como si dispusiera de mayoría absoluta de nuevo. Hasta más legitimado por el consenso que le aportan quienes terminaron siendo sus socios. Una gran coalición de facto, a la derecha y a lo suyo. Es un primer dato significativo del año que termina.

A partir de ahí, el gran hecho distintivo de 2017 ha sido la caída de múltiples caretas. Algunas se habían ensamblado prácticamente con el rostro pero sus dueños las han despegado con soltura. Catalunya con todos sus avatares ha sido el catalizador para saber que hay personas capaces de defender un territorio por encima de las necesidades de una sociedad. Y vale tanto o más para el nacionalismo español que para el catalán. Esa fue la gran revelación, no el que salieran tantos mucho españoles o independentistas irrevocables, sino sus prioridades excluyentes.

Ha sido el año del “A por ellos”, a un alto coste. El campo de batalla quedó sembrado de heridos y de caudillos en pie más o menos averiados, pero ya todos sabemos dónde estamos, quién es quién. Un paisaje desolador que no deja de tener ese aspecto positivo,  al lado de tanta hipocresía congénita.

2017 nos trajo la revitalización milagrosa de Ciudadanos. Las uvas del 2016 les tenían prácticamente evaporados, al desdecirse de cuanto prometieron para apoyar a Rajoy y no ser esenciales en su investidura. Al PP le bastaba la abstención de aquel PSOE  de la gestora. Parece que hubieran pasado siglos y apenas son doce meses. La reina en el Sur -nominalmente socialista- fue derrotada por el Pedro Sánchez del No es No que también aparcó sus promesas de hacer dimitir a Rajoy y terminó de constitucionalista del 155 y del 135 ante “el desafío secesionista” ese del que hablábamos.

Con un PP tocado por la pésima gestión catalana, el premio de la lotería le ha correspondido a Ciudadanos. Aupados por las banderas de la unidad, sin haber cambiado ni un punto de su programa ultraliberal. Su líder en Catalunya, Inés Arrimadas, con un papel bien estructurado, gusta más que el del jefe nacional, el presidente Albert Rivera. La gran inversión de los medios concertados, los bancos, el dinero en sí, en Arrimadas, salió rentable y el pastel está en alto a la espera de saber si es suflé o masa sólida. El soberanismo catalán no está descabezado en absoluto y si algunos piensan que reivindicaciones seculares se agostan a palos es que andan muy perdidos.

A Unidos Podemos les ha afectado la otra campaña simultánea, la de derribo ejercida contra ellos, diaria, y sus propios errores. Se nota cansancio que resta la frescura que les llevó al éxito. En un país con tanta zancadilla a las izquierdas, con el nivel de exigencia de sus votantes, se precisa doble entusiasmo y doble imaginación. Los tuvo y seguirán ahí, se supone. Los ciudadanos de izquierda genérica tienen mucho qué decir, al PSC ya se lo han dicho.

Todo dependerá pues de las prioridades de la ciudadanía. Este año, altamente exaltada, también ha aventado las caretas para -en un gran número- expresar que prefiere banderas y territorio a sus propias necesidades vitales. Carencias e injusticias han desaparecido prácticamente de la agenda, solo se habla de Catalunya. Una sociedad madura, una democracia tan madura como nos contaba el Rey que tenemos, revisaría qué quiere para su vida y la de los suyos. Los más civilizados, incluirán lo que viene en llamarse el bien común. El Pacto Social, si atendemos a Rousseau, que lo tenemos hecho una pena.

Y es que cada día sale un pufo de corrupción, casi todos en el entorno del Partido Popular, que se los echa a la espalda con admirable soltura. Cuenta con la inestimable ayuda de buen número de medios, bien es verdad. En RTVE les hacen un lavado y planchado de exposición cada vez que lo necesitan. 2017 ha sido además el año de los robos de expedientes y pruebas, de casos que afectan al PP. El de Madrid sobre todo. Y no pasa nada.

Ya somos el país más desigual de Europa, hemos vencido en aquella batalla por ese liderazgo que nos disputábamos con alguna de las más famélicas repúblicas de la Europa oriental.  Vuelve a subir la luz y el gas, mientras las pensiones pierden ya poder adquisitivo. Baja, a la par, la base de cotización para que los nuevos beneficiarios vayan cobrado cada vez menos. Aprueban, con banda de música y fuegos artificiales, un incremento del salario mínimo –indigno aun así de la cuarta economía de la Eurozona- y meten Rajoy y Bañez una cuña que no nos contaron, Para llegar a los ingresos prometidos hasta 2020 se ha de dar una conjunción cósmica. Los contratos de trabajo son cada vez más cortos y más provisionales. Balance del año: temporales el 90,1%, el  25,8% de duración menor a una semana. Pero la mayoría solo se mueve al compás de las banderas ondeantes.

El partido de los recortes no dejó de usar la tijera en lo social.  Desde 2011, por ejemplo, ha recortado 3.000 millones de euros a la ayuda a la dependencia. 320.000 personas aguardan ahora en lista de espera. En 2016, 46.000 murieron sin recibirla.  La España ultraliberal, dirigida a que cada uno se apañe como pueda, pague lo que pague de impuestos, es lo que tiene. Y esperen si prosperan de verdad los políticos de diseño, de esos que se compran en nada un chalet de un millón de euros, en el exclusivo Pozuelo de Alarcón, Madrid. Idealista, uno de los mejores portales del sector, nos aclara que allí viven “personalidades como Cristiano Ronaldo o Borja Thyssen”.

En los finales de año se hace balance de fallecidos. Quisiera recordar a Rafael Luque, un trabajador que este verano se dejó la vida asfaltando la carretera A-406 a pleno sol -hasta a 45º- en Morón de la Frontera. Al anciano de 82 años al que, en primavera, se dejaron olvidado, muerto, en un banco del jardín de una residencia de Alcorcón, Madrid. Las quejas por la falta de medios en estos centros son continuas.  Y a la mujer que  acaba de morir, sola, en el Hospital de Úbeda tras estar aparcada en urgencias 12 horas sin que nadie la atendiera. Se llamaba Aurelia, tenía 64 años, y venía de otra residencia. Estas imágenes ilustran mejor que varios tratados el maltrato al empleo, a la sanidad y a los servicios públicos en general que ejerce el PP, con ayuda de sus socios. Y aún se propone bajar más el presupuesto para “gasto” social. Pero las banderas siguen en los balcones solo para exigir la unidad de España.

La vida de los desfavorecidos cada vez vale menos. 2017 ha avanzado en el egoísmo y menosprecio general por las personas que se arriesgan a huir del horror y acaban muchas veces en la barbarie desoladora. Un año  especialmente dramático que ha llenado campos, playas y mares de Aylanes abandonados y abusados. La indiferencia social a estas tragedias, la deshumanización manifiesta es otra de las características de 2017. La banalidad adormecedora como vía de eludir la realidad.  Y, a su calor, crece la ultraderecha que llega a los gobiernos. Crece en España, en medio de una tolerancia preocupante. Este viernes, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no ha sido capaz de llamar dictadura al “régimen no democrático” que precedió “a la democracia”, según ha preferido denominarlo con su repetición cacofónica y todo.

A finales de 2016 empezamos a conocer un concepto llamado posverdad –las mentiras de toda la vida, aceptadas-. Se implantaría con la elección de Donald Trump y se iría generalizando con las Fake news. Se ha instalado la inseguridad acerca de lo que es cierto y no lo es, para ganancia de pescadores. Capitalismo 3.0dijimos, más que bots rusos. A oídos taponados.

Miles de personas abarrotan Washington para una marcha por los derechos de las mujeres que puede ser histórica.
Miles de personas abarrotan Washington para una marcha por los derechos de las mujeres histórica. EFE

Los medios generalistas siguen su despeñe en credibilidad y aceptación. No saben siquiera que ya no son competitivos en los quioscos. De no ser tan dañina su labor, produciría hasta lástima ver su temor a los gigantes que pueblan las Redes, llenas de ejércitos de tuiteros. Al final, siempre son molinos.

Empezamos con la posverdad y acabamos con la memez conservadora de Tabarnia que viene con cuerda para rato.  Y el tedio anunciado de repetición hasta el infinito, difusión en tertulias, artículos, whatsapp. Ya no se puede ignorar, coincido con Carlos Hernández. Lo peor es que son los tabarnios los que mandan, los que han acrecentado su hegemonía en este 2017. Y, de ahí, que haya sido este el peor año para la libertad de expresión en España desde Franco. Preludio de días mucho peores si no variamos el rumbo.  Es el año del apogeo de la mordaza en nuestro país. El que ha instaurado el delito de odio, pensado para la protección de minorías o personas oprimidas ahora es otro instrumento del poder. Para despedir el año el Ministro del Interior avisa que será delito de terrorismo retuitear tweets, solo darle al RT, que quepan en el cajón de sastre que le dispusieron en el Pacto antiterrorista.

Tuvimos cruentos atentados en Catalunya. 15 muertos, entre ellos dos niños, y más de 130 heridos de distintos países. El mundo lloró con nosotros y nuestro desconsuelo. Pero, en pocos días, la marea de solidaridad fue ocultada por las banderas de guerra del “a por ellos”. Y el símbolo de la heroicidad de aquellos días amargos, el Mayor Trapero de los Mossos, fue destituido, degradado, y aún le buscan cómo meterlo en la cárcel.

Año terrible 2017, salvo porque, además de las caretas, cayeron algunos velos. Sobre la impunidad del machismo social y del machismo asesino. Millones de mujeres salieron a protestar recién llegado a la Casa Blanca Donald Trump.  Una inyección de coraje, del “Basta ya” inundó el corazón de los EEUU. 2017 ha registrado el fin del silencio sobre el acoso machista. Actrices de Hollywood fueron revelando las vejaciones y represalias de las que habían sido objeto, algunas durante años. Y grandes nombres del cine quedaron al descubierto como depredadores sexuales. Apenas empiezan a pagar sus ataques.

Y fueron emergiendo las víctimas en muchos otros países a contar sus historias, a denunciar las agresiones. En España también. El número de mujeres asesinadas por la violencia machista ha crecido pero ha de ser la última vez.  Si hay una esperanza  es que la mujer ha tomado conciencia del problema. Muchas han cambiado de actitud. Como nunca. “Feminismo” es la palabra del año. En eldiarioes el vídeo “ A mí también” de denuncia del machismo es el más visto del año.

2017 nos deja una herencia visceral y ultraconservadora que tapó la boca a todos los agravios que como sociedad padecemos. Un futuro preocupante, en consecuencia. Mucho. Habrá que recuperar al menos la racionalidad. Por supervivencia. Contamos con personas que lo saben y lo quieren, por supuesto. Hay un momento en el que ya no se puede más y salen fuerzas hasta de donde no se sabe existían.

A por… un año sensato y constructivo ¿Se apuntan?

La democracia madura del Rey en la que todos pueden hablar

Apagas el horno y vas a escuchar el discurso del rey en Nochebuena. Sonríe, ha apeado la dureza desplegada en octubre, tan decisiva en la forma con la que se afrontó la Cataluña del referéndum. Y le oyes decir: “ España es hoy una democracia madura, donde cualquier ciudadano puede pensar, defender y contrastar, libre y democráticamente, sus opiniones y sus ideas;  pero no imponer las ideas propias frente a los derechos de los demás “. Y ya no se va de tu cabeza, ni prestas atención al rosario de bendiciones que constituyen el país de las maravillas del relato. Luego llegarán, por días ya, los encendidos elogios de la prensa cortesana y esa constante reverencial de especular sobre el sentido de las palabras del rey como si se tratara del oráculo de Delfos. Aquel santuario de la antigua Grecia se convirtió en centro de consulta a los dioses basándose en interpretaciones de signos, hace muchos siglos. En octubre no hizo falta, la alocución real  se entendía con toda claridad.

No deja de ser curioso. España ha perdido libertades ostensiblemente desde que gobierna el PP. En particular desde que se aprobó la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana, conocida con razón como Ley Mordaza. Un empeño del PP, no justificado en ningún estado de alarma, que sacó adelante con su mayoría absoluta y que entraría en vigor el 1 de Julio de 2015. Junto con las reformas del Código Penal y la ley llamada antiterrorista que abre paso a otros controles, han mermado con certeza la libertad de expresión, manifestación y reunión. Es un hecho cierto que palpamos en el vivir cotidiano al ver denunciados y hasta condenados a tuiteros, raperos, humoristas y todo aquél a quien le toque la diana. La daga de la censura y del castigo pesa ya a la hora de ejercer cualquier crítica al poder o a una serie de sentimientos que no entran en la racionalidad de la convivencia en el Siglo XXI.

Este martes, las crónicas palaciegas andan ya pasando lista de adhesiones y censuras al mensaje del rey, demostrando precisamente que la libertad para “defender y contrastar, libre y democráticamente, las opiniones”  funciona mejor con las favorables a la tesis dominantes. Felipe VI, el conciliador; Felipe VI y el renacimiento de cataluña (en minúscula), La democracia madura del Rey, análisis de la coreografía en todos sus detalles, el lenguaje y hasta un “guiño del rey a Cataluña” por mostrar un trofeo de los premios Princesa de Gerona. “La nota discordante la pusieron Podemos y el PNV”, afirma El País, que en una edición anterior del artículo decía y destacaba: “Podemos y los secesionistas critican el discurso en el que el Rey llama a la convivencia.”  Suprema maldad criticar “una llamada a la convivencia”. Los matices, les sobran. Y no solo los matices. Algunos van más lejos, Zarzalejos, ex director de ABC, titula en El Confidencial: “ Acoso y derribo al rey“. Y es algo que conllevaría penas severas en el ordenamiento jurídico vigente. No para el autor, para los acusados.

Las consideradas como injurias y calumnias a la Corona, en concreto, están acarreando condenas en esa democracia madura en la que cualquier ciudadano puede hablar y expresarse. La más reciente, la multa impuesta por la pitada al himno de España en una final de la Copa del Rey, al que la justicia encontró promotor.  Años y años de pitadas en los encuentros de fútbol han hallado soporte legal para la condena. Si parecía que los gritos en los estadios eran escapes de la ansiedad habrán de repensarse. Lean el Artículo 491 del Código Penal revisado en 2015.  Hasta la utilización de la imagen del rey o la reina es punible, si la encuentran ofensiva.

La ley Mordaza tiene ya al menos 200.000 damnificados según el recuento que este verano hizo Amnistía Internacional y recogió el periodista Eduardo Bayona. Un tercio de ellas castiga delitos de manifestación, reunión u ofensas a la autoridad en distintas expresiones. Sin pasar por el juez, que fue la medida más alarmante de la Ley, en un conjunto temible.  Amnistía destacaba que “sus efectos están siendo negativos para el ejercicio de los derechos de reunión pacífica, expresión e información”.   Baste decir que 1.200 personas al mes son multadas por “falta de respeto” a los agentes. Con datos recogidos por  eldiario.es en el propio Ministerio del Interior.  Insistamos: según la opinión de los agentes y sin otro control.  Se ha dado el caso también de multar con  600 euros por darle al “me gusta” en redes sociales porque aparecía un policía en un vídeo viral.

Censurada por el Consejo de Europa, calificada de “ ley ominosa de España” por la prensa internacional como The New York Times, la Ley Mordaza sigue en vigor más de un año después de perder Rajoy su mayoría absoluta. Hasta el Defensor del Pueblo la cuestionó al pedir la anulación de la condena a una periodista. Los trámites en el Congreso lleva ya cerca de un año de dilaciones. Se encuentran literalmente bloqueados. El PP con ayuda de Ciudadanos y algunos miembros del grupo mixto consiguen ampliar plazos para las enmiendas y retrasar el debate. El PSOE, que presentó la solicitud, no quiere derogar la ley sino reformarla y regresar, con algunos añadidos, a la que su partido articuló en 1992, conocida como Ley Corcuera. Un prodigio de libertades, se diría al compararla con la que rige. Unidos Podemos apuesta por una reforma drástica de la Ley y por anular condenas impuestas con ella. Las maniobras, rivalidades y protagonismos políticos siguen manteniendo vigente esta ley.

No hemos llegado al punto de Turquía, por supuesto. Todo no se persigue, pero el mecanismo existe y depende de quién y por qué lo utilice. En la España actual, cualquier juez dispone de base legal para abrir sumarios y condenar por delitos que no lo eran hasta el acceso del PP al poder. Ahora se puede llegar a admitir una denuncia -seleccionando entre miles y miles de tweets- solo contra personas que le caen mal al denunciante. Y quedar al albur de cómo funcione el procedimiento. Normalmente con arreglo a derecho, pero con la consiguiente perturbación durante el proceso.  Sabemos que uno de los delitos más perseguidos en esta democracia madura son los tweets.

El retroceso de libertades en España es un hecho y empieza a pesar la autocensura. Hemos vuelto a los tiempos de usar la ironía, como ha hecho con brillantez Antón Losada en este “ Hay que volver a ver The Crown, Majestad”. Los tiempos que alumbraron a los Berlanga y Azcona para burlar y aliviar la realidad. Cuando no éramos una democracia madura a cuyos ciudadanos aún no se les permitía hablar de lo indebido, como ahora. Podemos hasta pensar lo que queramos.

Manel Fontdevila, cuya viñeta este martes resume a la perfección el estado de la libertad de expresión en España alabada por Felipe VI,  dio con la explicación perfecta en esta jugosa conversación. Hablamos de la valentía que actualmente se precisa para ejercer la crítica y cuyos yugos él ha padecido y afrontado: “Hoy contagiar valentía es una cuestión de responsabilidad”, concluyó. Así de madura nos tienen la democracia.

Viñeta de Manel Fontdevila
Viñeta de Manel Fontdevila

Cataluña y el regreso de Ovidio

Las elecciones catalanas eran trascendentales hasta que las ganaron los soberanistas. Todavía están colgados en la red los titulares que acariciaban, textualmente, el triunfo de los unionistas y el portazo al independentismo. La nueva variante de la posverdad es la vieja costumbre española de confundir los deseos con la realidad y desfondarse cuando se desbaratan sus sueños sin base. Al final, la cita con las urnas en Catalunya, pese a los intolerables condicionantes con los que se celebró, ha aflorado algunas revelaciones que podrían servir de cimiento para construir un futuro diferente. Es un punto y seguido con resortes a los que sujetarse.

Verán, he seguido esta fase del proceso con una noticia guardada para una mejor ocasión. Cuando la actualidad no obligara a salir zumbando con el coche de bomberos y las sirenas atronando, como ocurre siempre. Roma acaba de revocar el exilio del poeta Ovidio, 2.000 años después de que lo decretara el emperador Augusto. Uno de los más grandes creadores de la historia,  el autor de laMetamorfosis –obra capital de enorme influencia durante siglos-  y del primer tratado sobre El Arte de Amar.  Fue confinado por el emperador en una ciudad remota del Mar Negro y no cedió por más que le suplicó el poeta. La tierra tira mucho a numerosas personas, ya saben. Alguien se preocupó a través del tiempo de compensar esta injusticia. Ovidio, en su creatividad máxima, en el elogio del placer y la libertad, elaboró un tratado de la seducción que es pura racionalidad. Es lo que hoy y aquí nos falta y habrá que buscarla.

El viernes después del jueves los creadores de opinión siguen mirando al marcador para arrojarlo al otro. El independentismo no representa a toda la sociedad catalana, en efecto; el españolismo tampoco. Y es ya demasiado el tiempo de estar encallado en esa realidad sin buscarle salidas efectivas. No es cierto que los catalanes hayan votado República, como dijo el gran triunfador contra pronóstico: Carles Puigdemont. No lo han hecho todos. Y no es  verdad que Ciudadanos haya frenado la mayoría del bloque independentista como titula a todas las columnas la portada de El País. Han logrado 96.000 votos más.

Como en las fases del duelo, la negación da paso al enfado, la ira y el dolor. Como es habitual, aquí se saltan la “negociación” con los hechos. La prensa concertada habla de melancolía solo aliviada por el gran triunfo de Ciudadanos, véase el editorial de El Mundo. Si quiere, no lo enlazo.

El triunfo más evidente es el del pueblo catalán que no se ha dejado amedrentar ni por los palos de la policía que les mandó “Rajoy y el Partido Popular”, ni por las vergonzosas coacciones a las que ha sido sometido para que votara “batacazo al independentismo”.  Aún estaba en las portadas que “El Constitucional aplaza su decisión sobre  el recurso contra el 155 hasta después de las elecciones” (para no interferir), cuando la Guardia Civil -dependiente del ministerio del Interior del Gobierno del PP- manda al juez en plena jornada electoral un gran número de imputaciones. Considerar que la Diada, la fiesta oficial de Catalunya, incita al odio es entrar en un terreno que una democracia no se puede permitir. El magistrado del Supremo, Pablo Llarena, ha decidido este viernes ampliar la nómina  de investigados por rebelión a varias figuras destacadas del soberanismo. Sigue la confrontación. No sabemos si también la inspira, como dijo Soraya Sáenz de Santamaría, “Mariano Rajoy y el Partido Popular”.

García Albiol se queda en 3 diputados (4 tras contabilizar el voto exterior). Un fracaso rotundo del PP, de Rajoy y de su estrategia. Del 155. Lo ha pagado también el PSC que da la impresión de no conocer a sus votantes. El PP -que de tal forma ha alterado la vida de los catalanes- es la opción electoral de un 4,24% de votantes. Es otra de las grandes evidencias de la jornada.

Como el gran triunfo de Inés Arrimadas, con un porcentaje del 25,37% que la sitúa como la más votada . Gran o menos. Porque el éxito de Arrimadas ha sido de ella, sin duda, pero con ayudas. El suyo es también el triunfo de los medios concertados que llegaron a colocarla, como ABC, en portada hasta en jornada de reflexión. Con una insistencia diaria sin precedentes. Y de los bancos, el Ibex, y el dinero en general. Ese que este viernes demostrará en Bolsa cómo le han caído los resultados. Las previsibles caídas serán pasajeras. Pero semejante inversión, también en dinero gastado en campaña, no ha logrado la rentabilidad esperada. De momento, al menos, Arrimadas no será presidenta de la Generalitat. Pero habrá que esperar a sus réditos en el campo nacional.

En puro balance económico, la campaña de marketing, Ciudadanos ha cubierto gastos. No así el PP que recibirá  de subvenciones vinculadas a resultados solo 130.000 euros de los 1,8 millones presupuestados .  Ni la CUP (275.000 euros menos) y el PSC (174.000 en negativo) tampoco cubrirán gastos con las ayudas, según informa la Fundación CIVIO. 

“Tanto amor y no poder nada contra la muerte”. Recurro ahora al poeta César Vallejo. El mandato ahora es dejar morir al procés ¿ven? Olor a agua estancada. “Algunos” ganan, pero todos perdemos. Victoria moral y mayoría inmoral. ¡Inmoral! ¿Elecciones para esto?, son algunas de las columnas de opinión desesperada. Pura democracia en vena. “Pero el cadáver siguió muriendo”, insistía Vallejo.

Dos mil años han pasado para que Roma resuelva el exilio de Ovidio. Con calma y, probablemente, desinterés. De alguna forma hay conflictos tan enquistados como este en nuestro país. Tan injustos también, porque no se puede privar a una ciudadanía de lo que piensa y siente. Tanto odio y no poder contra la valentía y la dignidad.

Si al PP y a sus socios les interesa de verdad solucionar el tema de Catalunya, comiencen por arriar los tambores de guerra y aparcar por una vez sus propios intereses. Al PP le ha salido el tiro por la culata. Al PSC/PSOE también, a pesar de haber conseguido un escaño más. Son los que pilotan la batalla en España. Con Ciudadanos, que debería ser consciente de las circunstancias en las que se ha votado. Podemos debe espabilar.

Los caminos están claros. Déjense de judicializar hasta el aire que respiramos. Deshagan los entuertos que han formado, obren de una vez con inteligencia. Saquen de la cárcel a los politicos que hacen política, que si fuera por hacerla mal no habría calabozos suficientes. Abran vías de solución constitucionales que bien lo hacen cuando aprietan otros intereses. Aprenda la prensa al borde de un ataque de nervios que, de momento y al menos nominalmente, esto es una democracia y cada uno vota, piensa y siente lo que quiere.

Nos queda ver a quién echará el rapapolvo el Rey si decide hacerlo así, de nuevo, en su mensaje navideño. Y cómo reaccionará la sociedadd el odio visceral a los catalanes, no le vendría mal reflexionar porque algunos ejemplos notables están dando.

En una palabra, traigan a Ovidio a casa a tiempo, a la razón, a la cordura.

*Publicado en eldiarioes. 22/12/2017 – 

 

21D: La gran fiesta de la democracia devaluada

Llegamos, exhaustos, a la meta volante del 21D. Los catalanes han sido convocados a las urnas “por Mariano Rajoy y el Partido Popular”, según se escucha en un eco a la vicepresidenta del gobierno. En la cadena de despropósitos que surcan estas elecciones la confesión de Soraya Sáenz de Santamaría ha definido perfectamente la situación: Mariano Rajoy y el Partido Popular -y no los jueces- han  descabezado al independentismo y ahora llaman a “liquidarlo”.  Han mandado a varios candidatos a la cárcel y al presidente cesado fuera de España. Así han “descabezado” el independentismo. Dicen. Porque no parecen estar nada seguros a tenor de las fuertes apuestas del conglomerado que se hace llamar “constitucionalista”. El juego de intereses es tan ostensible que duele como pinchos que se clavan en la razón.

Estas elecciones en Catalunya están viciadas desde el principio.  Nunca debieron celebrarse con candidatos, cabezas de lista, encarcelados o huidos. Ni bajo un régimen de excepción como es el artículo 155. Órdenes de prisión, fianzas y embargos de viviendas: una campaña electoral a golpe de autos judiciales, según exponía en detalle José Precedo. La caótica gestión de Mariano Rajoy y el Partido Popular en el Procés la han coronado con esta cita anómala. Como la del 1-0 jugando al ratón y al gato, por orden del gato. Esta convocatoria viene acompañada de la exacerbación de una irracionalidad visceral nacionalista española y catalana, muchas veces inducida, que todavía complica más el panorama.

La campaña electoral sonroja

Aceptaron participar en ella los independentistas a los que se desautorizaba. Puigdemont cogió las maletas y se fue a Bruselas. Decisiones pragmáticas que no por ello dejan de ser mal sonantes. A partir de ahí la fiesta de la democracia se ha convertido en una aquelarre. Borrell hablando de desinfectar de independentistas las heridas en un lenguaje que no cabe más desafortunado. Erigido en tutor, junto con Zapatero y Sánchez, de un Miquel Iceta en la labor imposible de conjugar lo que le incomoda y esa misión histórica que tantos se atribuyen de ganar sin pararse en barras. Lo último, llamar a Junqueras “osito” a abrazar a ver si se le tranquiliza la mala conciencia de saberlo encarcelado.

La favorita de los medios, Inés Arrimadas, con un Albert Rivera permanentemente adosado, se lanza a un discurso de derecha neta, aunque no siempre. Destacan que habla distinto idioma político en La Sexta y en TV3, más centrista en la cadena autonómica. Y con tal poderío económico en campaña –hasta con comida y regalos para todos en el mitin final- que deja bien a las claras quiénes la avalan y por qué. Arrimadas es la candidata del dinero. Y la prensa concertada en el mismo objetivo la prefiere entre todos los demás como la madrastra a su hija propia. El apoyo a Arrimadas es el del poder hegemónico, el que nos ha dejado una democracia que da gusto verla… en plasma.

Portadas de El País, Abc y El Mundo
Portadas de El País, Abc y El Mundo

Xavier Domènech va de candidato bisagra, tras los feos asuntos que convulsionaron Podem y una campaña de bajo nivel de Podemos. Porque para relacionar el independentismo con ETA, como hizo Juan Carlos Monedero, mejor estar callados. Ada Colau apoya discretamente al candidato concitando los odios de la carcundia en plena veda abierta. CUP concurre con la radicalidad que nunca gana.  Y García Albiol de representante de Mariano Rajoy y el Partido Popular, con su desmesura exultante y su ultraderecha.  Si el PP es un partido residual en Catalunya, Albiol  es el candidato idóneo para explicarlo. Su sueño, mantener grupo parlamentario en el Parlament y que Mariano Rajoy y el Partido Popular sigan mandando en España para imponer sus criterios en una comunidad que apenas les vota.

Esta gran fiesta de la democracia española y catalana se celebra en medio de unas presiones descomunales, coacciones sin paliativos incluso. Los votantes no pueden asegurar que no les vuelvan a multar o moler a palos si van vestidos de amarillo, por poner un caso. Pero por encima de todo, los medios que actúan de portavoces de los intereses dominantes les están diciendo que peligra la estabilidad de la legislatura y hasta de España, si votan mal.

La estabilidad que nos jugamos

Y aquí llegamos. Vivimos en un país bajo una Ley Mordaza y un Código Penal reformado en el mismo sesgo. Un país en el que acudir a una manifestación –salvo que sea de extrema derecha –, o simplemente tuitearla, puede constituir delito. En el que hay que invocar la valentía para críticas que hasta hace poco eran las legítimas en cualquier país democrático.

Los ciudadanos de no estar abducidos o en el limbo – contemplamos atónitos e indignados cómo un juez ascendido por el PP redactará la sentencia de la Caja B del partido, que cada vez cuenta con más testimonios.  Ignacio González empieza a cantar de plano. Difícilmente se puede llegar a más, pero se llega cuando el CGPJ avala el cambio a este juez.  O vemos cómo  se releva al fiscal que quería investigara un alto cargo del Ministerio de Justicia.

Esta estabilidad nos jugamos, dicen; esta estabilidad se vota en Catalunya, aseguran. El paquete contiene esto y mucho más. La desigualdad, que lleva hasta a regatear un salario mínimo impropio de la que pasa por ser la cuarta economía de la Eurozona. Los gastos récord en Defensa, el destrozo de la sanidad pública, la amenaza a las pensiones, la manipulación mediática. La de los medios oficiales y la de los subvencionados con las regalías de la publicidad institucional. El que un ministro reprobado por el Parlamento español actúe usando los mecanismos de su cargo con fines políticos  como ha ocurrido en el Ayuntamiento de Madrid. Y hay que ver con qué soltura se lleva esta “estabilidad” a la espalda en España. Qué felicidad sería perderla de vista y construir otra más limpia. Porque bien cara nos la hacen pagar sus valedores.

Un dilema y en carne viva

Catalunya tiene un dilema que no se resolverá en las elecciones del jueves. Una parte de la sociedad es soberanista y otra unionista, y se mezclan con otra clasificación que separa a los valedores del sistema, con todo su lastre, de los indignados por el trato recibido. Con los matices que se quiera de por medio. De fondo hay mucho más en todo el territorio. Y tampoco se va a arreglar. Una animadversión patológica hacia los catalanes en grandes sectores del resto de España. Los hemos visto. Un odio que se da también entre catalanes de distinto criterio, al punto de querer desinfectar al otro, como hemos oído. Pensar que este germen abierto en carne viva se va a solucionar en unas elecciones celebradas con semejante entramado de condicionantes atípicos es no vivir en este mundo o querer engañar.

No han solucionado nada. No han cerrado heridas, las han abierto. Muchos deberían revisar sus posiciones y hasta sus afectos. Aprender a gestionar derrotas y éxitos y la sociedad en la que viven. Ojalá esta catarsis sirviera para evidenciarlo y no continuar avalando esta sonrojante marcha de país. Para usar algo más la cabeza que las vísceras. Porque el “cuando vinieron a por mí” de Martin Niemöller no puede estar más vigente.

Test: Dónde le sitúa su nivel de ingresos en el Nuevo Orden

La Administración estadounidense ha dado un nuevo y trascendental paso para consagrar el poder de las corporaciones poniendo fin a la neutralidad en la Red. Cada puntada que cose Donald Trump va en la misma dirección. De hecho, el ejecutor de la orden fue uno de los primeros nombramientos del magnate, llegado a la Casa Blanca. Ajit Pai es presidente de la  Comisión Federal de Comunicaciones desde enero. La medida supone un Internet para ricos y otro para pobres.  A partir de ahora, “las operadoras de Internet norteamericanas podrán discriminar el tráfico de sus redes como les parezca comercial y políticamente oportuno”, advertía  Marta Peirano. “La neutralidad de la Red es el principio que impide que Internet se convierta en un negocio”, explicó también  Ignacio Escolar alertando del “creciente dominio de las grandes empresas de Internet”.  Todavía no ha llegado a España pero sus consecuencias se dejarán sentir.

El Nuevo Orden establece una nueva brecha digital, una nueva brecha de conocimiento. Si paga, tiene.   Busque su lugar, según su desembolso.

Para tener o no tener, para acceder a cualquier servicio, lo primordial es estar vivo. En España 22 hospitales tienen colapsadas las urgencias, según denuncian los sindicatos. Las autoridades e incluso algunos medios dicen que es por la ola de frío. Las centrales sindicales argumentan que se han suprimido 50.000 plazas de personal sanitario. Faltan profesionales, faltan camas. Urgencias del Hospital de La Paz de Madrid, muy activos en la crítica, facilita fotos, como la del paciente que ha de orinar en una botella al lado de una enferma, mujer, sin cortinas, ni biombos. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, niega el colapso y culpa a los profesionales de estar generando alarma. Es un mal que no se reduce a Madrid. El PP, como en su día CiU, apuesta por una sanidad privatizada. El Sistema de Salud Español era uno de los más eficientes del mundo. Lo sigue siendo, pero los recortes le están haciendo mella. Y van a más. Los profesionales se esfuerzan pero, por ejemplo, en Gran Bretaña, los gobiernos conservadores dieron ya un tajo mortal a su servicio de salud, NHS.

Foto facilitada por Urgencias La Paz, Hospital de Madrid
Foto facilitada por Urgencias La Paz, Hospital de Madrid

El Nuevo Orden establece que si te haces una póliza privada puedes evitarte alguno de estos problemas. Cuanto más pagues, mejor. Luego puedes mirar tu futuro haciendo cuentas con la cartera.

El Correo informa que han tenido que poner freno a los  comedores sociales por el fuerte aumento de la demanda.  Avalancha, dicen. Darán dos comidas en lugar de tres. En el rico Bilbao se han saturado también los lugares para comer de beneficencia.

¿Ha calculado cuánto le falta para llegar a esto? ¿Cuándo le correspondería buscar estas soluciones en un mundo en el que todo sea de pago o repago?

Cuenta una joven en Twitter que tiene dos carreras y no gana para encender la calefacción. Es un caso que afecta ahora mismo a varios millones de personas. La ola de frío de nuevo, el frío del invierno, tiene ateridos a muchos ciudadanos que no pueden pagar el precio que cuesta la energía eléctrica. Y aún andan recurriendo los tribunales o el gobierno del PP -que a  veces se confunden- las medidas de varias comunidades o ayuntamientos progresistas que intentaron paliar el problema. Ciudadanos siempre ha ayudado al PP en esta tarea.

¿Qué grado de frío tiene usted ya para ir previendo el porvenir?

Dice el periodista y activista por la Memoria Histórica  Emilio Silva : “A qué nivel de deterioro habremos llegado como sociedad si hemos consentido que las familias sin recursos pagaran tres euros por calentar un tuper en el comedor del colegio mientras la consejera Lucía Figar se gastaba 122.000 euros en cuidar su imagen”. Lucía Figar era consejera de Aguirre y, como varios de sus colegas, está en los tribunales, investigada por corrupción.

¿Qué nivel de comprensión ha adquirido usted para  este tipo de desajustes? Este es un baremo básico,  decisivo. Sobre todo cuando se dan muchos y con grandes tragaderas. 

Vamos sumando pues y haciendo un tanteo de a qué sanidad podemos aspirar cada uno. A qué  necesidades básicas de confort, la de no estar helado por ejemplo. La de comer. La de comer caliente que es otro lujo para muchos. La educación también anda tocada. A qué información podremos acceder cuando todo vaya siendo de pago… o repago. Los tratados internacionales de comercio van en el mismo sentido. Primero el negocio de las empresas, después los seres humanos. No hace falta insistir en que en España esto ya lo ha establecido – de alguna manera-  en el artículo 135 de la Constitución, modificado a ese fin en 2011. La intocable Constitución. Prioridad absoluta, dice. Los acreedores. Cuántas multas y cuánta defensa jurídica podrá pagar si protesta y molesta al poder que para algo también se han reformado las leyes.

¿Qué tal colocado está en el Nuevo Orden? ¿dónde le sitúa su nivel de ingresos, su salario, su pensión? Anote. Sume.

Y ahora sigan mirando las fotos, leyendo las declaraciones, admirando las sonrisas, contrapesando los ataques y los “zascas” de unos y otros, instruyéndose con las portadas y titulares. De estas elecciones inminentes y de cuantas vendrán. Piensen si se pueden permitir ustedes y sus hijos obviar el paquete completo que votan. Etiquetas e ilusiones de este mundo trastocado que regresa al “tanto tienes, tanto vales”. Tanto puedes, porque valer es otra cosa.

 

*Publicado en eldiario.es 15/12/2017 – 

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