Dicen que se está poniendo en peligro el Estado de Derecho

El PP ha copado la cúpula judicial. El nombramiento de los jueces Concha Espejel y Enrique López –recusados en la Gürtel por su vinculación al PP–, para dirigir dos salas fundamentales de la Audiencia Nacional, ha producido un escándalo considerable. Ambos, desde Penal y Apelaciones, tendrán a su cargo precisamente dilucidar los casos de corrupción del PP. Ha sido posible por los votos de los vocales adscritos al PP en el CGPJ, el órgano de gobierno de los jueces. Disculpen la repetición de las siglas PP en el texto, es que se repiten igual en nuestras Instituciones.

“Se cierra el círculo”, decían desolados desde Jueces para la Democracia. “Hay un asalto enorme del poder político para colocar jueces y fiscales afines en órganos decisivos que juzgan la corrupción”, escribe su portavoz Joaquim Bosch. Se pone en riesgo el Estado de Derecho, concluyen expertos independientes. Hasta los prudentes o tibios habituales se muestran estupefactos.

No hay mayor problema. El PP ha podido comprobar que sus escándalos se diluyen en poco tiempo y les compensa pasar unos días rebatiendo acusaciones, limitadas, con cara de cemento. El mecanismo es siempre el mismo. Las operaciones que se avistan terminan confirmándose –imprescindible la serie de artículos de Elisa Benisobre justicia–. Se produce un alboroto, limitado, y el hecho consumado se queda. El tratamiento mediático ayuda mucho en la tarea. De los periódicos grandes –cada vez menos grandes– de tirada nacional solo El Mundo traía en portada este viernes el acceso a un puesto clave de la Audiencia de una jueza afín, muy afín, al PP. Pasen ustedes a las radios y televisiones y verán cuántas hablan de esto que nos afecta de forma concluyente. Igual el periodismo también está copado, colonizado.

Todo empezó mucho antes. Aquella mayoría absoluta del PP en 2011 desencadenó una contrarreforma judicial sin precedentes. Se ampliaron las funciones del Tribunal Constitucional para darle poder sancionador y fueron accediendo a cargos fundamentales profesionales de reconocida solvencia… en el PP. O, aunque en mucha menor medida, en el PSOE. Porque los relevos en el TC  a repartir entre ambos partidos, excluyendo a los demás, se realizaron en este marzo, en el curioso tiempo de prórroga del que disfrutaba Rajoy como presidente del Gobierno.

A la cúpula fiscal, en constante entredicho, se la considera diseñada al servicio de los intereses del PP. El ministro de Justicia ha sido hasta recusado en el Congreso. Se les sorprende en inexactitudes, por no decir mentiras, reiteradas, Moix, fiscal jefe Anticorrupción, es un claro exponente, y no pasa nada. Ayuda, insisto, el tratamiento mediático. La presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, Victoria Prego, se molestó en escribir un artículo laudatorio a “ Moix, el buen fiscal vapuleado“.

Preguntémonos como haría el Derecho Romano, fuente de todo el Derecho, a quién beneficia este estado de cosas. Más aún, preguntémonos qué tipo de organización monta esta estructura judicial y la acompaña de las leyes y códigos “Mordaza” para castigar las protesta. Fueron calificados de antidemocráticos por el Consejo de Europa. De Ley Ominosa por el New York Times y no fue obstáculo alguno para promulgarlos y para que permanezcan. La justicia española es una de las más desprestigiada de Europa.

La separación de poderes es la esencia del Estado de Derecho. ¿Está en peligro en España?

Pasemos a la política. El socio de gobierno del PP, Ciudadanos, calla sustancialmente ante esta situación. El tiempo ha confirmado lo que desde el comienzo se apreciaba: su objetivo prioritario es el mantenimiento en el gobierno del PP, de la derecha incluso corrupta. Sean cuales sean sus declaraciones, los hechos lo confirman.

El caso del PSOE merece una disección ordenada. El Gobierno de Rajoy ha cerrado ese círculo judicial en la actual legislatura. El golpe de mano interno que apartó a Pedro Sánchez de la Secretaría General el 1 de octubre fue esencial para ello. Imprescindible. Las nuevas primarias han demostrado que se obró en contra de la militancia. Que realmente la militancia era partidaria del No a Rajoy. Igual que sus votantes que recibieron el mismo mensaje antes de acudir a las urnas. Ateniéndonos a los hechos, el objetivo prioritario del PSOE que quedó era evitar un gobierno progresista y por tanto apostar por la continuidad del PP. Siguiendo el hilo del razonamiento fue una decisión que cambió el rumbo previsto. Una decisión que afectó a toda la sociedad.

Es el colmo oír en tertulias o ver en la prensa que Pedro Sánchez está haciendo “tragar sapos” a los susanistas. Después de lo sucedido. Todavía habrá que ver si la guerra no trae nuevos episodios. El Intermedio, de la Sexta, elaboró un resumen de declaraciones antes y después de las primarias del domingo, demoledor.

Tenemos que atender a otros elementos esenciales. Es inaudito en democracia, intolerable, digan lo que digan los reglamentos que se fabricaron que un presidente o una presidenta no responda a una moción de censura presentada legítimamente. Es lo que va a hacer Rajoy y también Cifuentes, presidenta de Madrid, señalada por corrupción. Ciudadanos lo ve bien, el PSOE no se opone.  El PP despliega esa prepotencia porque lo sabe.

Lo poco que permanece al margen de ese entendimiento tácito es el Parlamento. Algunos ayuntamientos también. Con Unidos Podemos entró un tipo de diputados y senadores al que los establecidos tratan como advenedizos. Por eso se niegan a responder personalmente a su moción Rajoy y Cifuentes. La endogamia es corta de miras, siquiera para ver al conjunto de la ciudadanía a la que las Cortes representan. La realidad española no admite esperas a una moción de censura a Rajoy y a cuantos le sustentan. Aunque venga mal al PSOE y sea comprensible en este momento.

El papel de la prensa afín es fundamental al objetivo, determinante. El silenciar o alterar noticias, el descomunal embudo con el que se aborda la información internacional por si influye en la política española. La protesta por la corrupción del presidente que echó a Dilma Russeff en Brasil y la represión con el ejército patrullando por las calles apenas se ha difundido o comentado.

La deuda pública, cebada como para un banquete de inversores y especuladores. Bruselas, sin levantar la vigilancia a otras desviaciones como ha hecho ya con Portugal. La desigualdad, disparada. Los recortes en lo esencial, inamovibles. Subvencionando con dinero público los errores de bancos, concesionarias de autopistas y operaciones como Castor. Y la justicia que escandaliza con sus nombramientos y deja voces grabadas de vergüenza, como la de un expresidente de Madrid hoy encarcelado y un exministro. Jueces que convienen o no convienen y hay que “poner a tomar por culo a Onteniente”, en la senda de lo que luego ocurre.

Y todavía es un “numerito” una moción de censura, o hay que esperar.

Con todo ello y mucho más, ¿se puede considerar que está en peligro el Estado de Derecho? Un riesgo es algo que se vislumbra y está por venir.

¿Ustedes qué opinan?

Lo que han demostrado las primarias del PSOE y lo que no

En España cuesta demostrar las trampas más evidentes, ocultas o mareadas bajo muchas trampas más, pero alguna vez se hace la luz. La reelección de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE ha revelado, en primer lugar, la escandalosa maniobra que culminó en el ominoso Comité Federal del 1 de octubre que le obligó a dimitir. Por mucho que hayan insistido en su normalidad, la mitad de la militancia no les creyó. Ni lo tragó. Y mucho menos que fuera inevitable abstenerse para dar el gobierno a Rajoy como también se han cansado de repetir. Para su mala fortuna, la corrupción, las maniobras judiciales, hacían y hacen más flagrante ese apoyo.

Hablamos de todos aquellos que han quedado con sus desvergüenzas al aire en una operación tan chapucera como solo sabe hacerse en España cuando se ponen a ello. Se trataba de entronizar en el mando a Susana Díaz y echar de la faz de la tierra –de ser posible– a Pedro Sánchez. Por distintas motivaciones. Agravios personales en algún caso y, fundamentalmente, para que nada cambiara en el sistema, a mayor gloria de sus promotores.

Los análisis más equilibrados coinciden en que el fallo principal fue la candidata. Cuesta entender dónde le veían las grandes aptitudes que describían los medios a su favor –casi todos–. Carisma, fuerza, liderazgo, capacidad de unión y una gran destreza en coser los rotos provocados. El día de la votación aún aseguraba El País que del Comité “había salido un secretario general muerto políticamente y una aspirante al puesto más viva que nunca”. Juicio clínico, como tantos otros.

Tan segura de su triunfo estaba Susana Díaz que ni preparó su campaña, ni algunas ideas con peso a transmitir. Ya no faltó más que su propuesta de futuro, en particular la de “cultura”. La teoría de las clases medias asiáticas y las playas que tienen su versión en España, para dar playa e impulsar clases medias locales, nos llenó de estupefacción. Venía precedida de un discurso clasista, reaccionario e insultante sobre el fenómeno indignado. La playa aparecía otra vez. Acusaba a los descontentos de querer una segunda residencia frente al mar, y, lo que es todavía peor, de pretender llevar a sus hijos a la Universidad. Levantó ampollas.

Y allí estaban suscribiendo esa candidatura expresidentes, barones de toda España en abrumadora mayoría, lo más granado del PSOE. Y, apoyando por la banda mediática, los principales medios con El País en cabeza. Con un cúmulo de insultos a Pedro Sánchez y todos los parabienes para Díaz. Todos han fracasado. Es una aplastante realidad.

La presión para que saliera la presidenta andaluza queda reflejada en que la avalaron con su nombre y firma personas que luego no la votaron. Perdió en todas las comunidades salvo la suya y el País Vasco.

Ante nuestros ojos desfilan –y es solo el principio– las miserias de la condición humana. Ya se ven los hipócritas habituales que no tienen ni el mínimo pudor para cambiar a la chaqueta del acercamiento, tras las puñaladas traperas. Lo que domina sin embargo es una mezcla de ira y desprecio, con un punto de temor. Dirigentes del PP dicen que no hay nada que cambiar en el rumbo de su España. Albert Rivera e Inés Arrimadas resucitan sus peores fantasmas no vaya a ser que a Sánchez le dé por ir a la izquierda como dice. Como le pide la militancia.

La militancia. Qué obscenidad. Podemos, Unidos Podemos, Pablo Manuel, ya tenemos de nuevo todo el repertorio completo. A unos niveles de patetismo insuperables. El conductor de los Desayunos de TVE, con expresión de no haber pegado ojo, conmina a un miembro del equipo de Sánchez a que, prácticamente, se comprometa a que no pactarán con Podemos. “Con Podemos, no”, ordena con tono severo. Muestran todos ellos una desolación que entra en la categoría feliz de la justicia poética.

La basura plena llega a bautizar a Irene Montero como Yoko Ono y a hacerla responsable de un peligroso pacto de izquierdas. “No sería bueno”, había sentenciado Albert Rivera, no aclaró para quiénes, aunque es evidente.

Lejos de reconocer su derrota, la derrota de toda su estrategia, El País siguió con sus artículos y editoriales incendiarios. Como decía Javier Gallego, Crudo, la elección de Sánchez ha demostrado la pérdida de influencia del que fuera el periódico de referencia español. Sus editoriales ya no son relevantes. A lo sumo para la camarilla que lo gestó todo y una corte de dinosaurios nostálgicos de un pasado que no volverá. Los pasados no vuelven por definición.

Consecuencia lógica en una audiencia crítica como ha tenido El País. Sus contenidos entran en terrenos preocupantes. Son ya demasiadas las veces que pone en cuestión el hecho de votar, y el lunes –en el amargo despertar en el triunfo del candidato detestado–, llegó a hablar de crisis de la democracia representativa. Puesto que Pedro Sánchez es, dice, igual que Trump y Podemos, y Podemos es lo mismo que la Falange por boca de su columnista Javier Marías, intranquiliza deducir el sistema que se está propugnando desde esas páginas. Las élites son las que saben. Sobre todo lo que conviene a las élites. Con Sánchez ven amenazada, dicen todos sus miembros, la estabilidad. La estabilidad de la corrupción y la desigualdad en la práctica.

Habrá que echarle otro ojo a Pedro Sánchez. La versión actual lo trae con un coraje y una tenacidad que aportan muchos puntos a su favor. Pero no está claro si ha cambiado realmente de intenciones, no se sabe qué va a hacer, como planteaba en preguntas concretas y decisivas Olga Rodríguez.

Quienes le siguieron en el NO es NO fueron apartados por la Gestora y hasta multados. El aparato copó los principales cargos, puede hacerle difícil la gestión. Y algunas primeras declaraciones tienen un cierto olor a déjà vu, a ya visto. Dos puntales del nuevo equipo, Adriana Lastra y Margarita Robles dicen en declaraciones a medios, que el NO es NO va también para la moción de censura de Unidos Podemos. Con un argumento de peso, sólido y racional como pocos: porque no apoyó a Sánchez (y su alianza con Ciudadanos) a la presidencia del Gobierno. El propio Sánchez resucitó esta versión en campaña. Igual volvemos al bucle, a dar vueltas en el tiovivo, aunque esto no está confirmado.

Al final, los ciudadanos responsables han demostrado que ya no son tan fáciles de engañar. Hay más medios que los tradicionales. E informan. De su paciencia sabemos: es mucha pero no infinita. A ver si por fin los tiempos cambian y la marea empapa y cruje los inamovibles muros. Lo decía Bob Dylan hace una eternidad. Aquí y hoy, al lado, en Portugal está siendo posible. También está demostrado.

El miedo es la principal derrota

Un nuevo atentado. En Manchester, Inglaterra. 22 muertos y medio centenar de heridos entre el público que asistía a un concierto de Ariana Grande, ídolo juvenil, provocadora cantante estadounidense. Por eso, el auditorio se componía de niños y jóvenes. Y de nuevo la tentación, cumplida, de extender el miedo. Ya nadie está a salvo, no hay padres que protejan de ese peligro que existe y por múltiples causas. Llenaremos de nuevo las pantallas de televisión, las radios, Internet, de expertos para explicar el terrorismo, aunque no se aporten todos los datos que cuentan. Trump acaba de hacer negocios multimillonarios con Arabia Saudí, España mismo se emplea con fruición en la misma tarea. Son negocios. Pese a que Arabia Saudí es un importante foco de apoyo al extremismo.

Dudo que alguien nos diga que el miedo es la principal derrota. No podemos sembrar en los niños el temor al atentado para que coaccione sus vidas. Es uno de los muchos riesgos de vivir, el más irracional quizás, pero los seres humanos han de estar preparados para afrontar cuantos se inscriben en su camino. La seguridad absoluta no existe y el miedo solo brinda la absoluta seguridad de una capitulación previa. Repliega las alas, corta los caminos. La prudencia es imprescindible, el miedo no. Hay que armar la prudencia hasta para combatir los temores que nos inculcan.

No es casual que un inmaduro de libro como Donald Trump esté impulsando la idea de armarse hasta los dientes. Son negocios. Además. Y hay un tipo de puerilidad que se siente más segura tras una pistola. Y nada puede hacer ante una bomba. Pero la violencia genera más violencia.

Vivimos de nuevo tiempos en los que se fomenta el miedo más allá de las razones. Todo es temible. Una elección política que se salga de la estabilidad que dicen aporta la corrupción, la injusticia y la desigualdad. Son negocios. También.  Y será mucho más probable que nos afecten sus consecuencias más intensas que un atentado. El desamparo de la infancia va en aumento. En Ceuta, noticia de hoy,  aumenta de forma desorbitada el número de menores emigrantes no acompañados.  Pero la distribución de los pánicos es muy selectiva. “Por su propia seguridad, tenga miedo” decía una histórica viñeta de El Roto. Son rachas. Coinciden con el recorte de libertades.

No asusten a sus hijos, no se asusten ustedes tampoco. Denles instrumentos para afrontar la vida, sus excelencias y sus riesgos. Fortalezcan sus recursos, su criterio, extremen la cautela, si quieren, la sensatez, la cordura pero no mueran en vida antes de tiempo. Nada ata más que el miedo, nada crece más que el miedo que no se combate.

La cultura según Susana Díaz

El Museo de Málaga, un viaje en el tiempo desde el Paleolítico al siglo XX
Imagen de archivo: Susana Díaz, en un acto en el El Museo de Málaga. EFE

La campaña de primarias del PSOE ha contado con una invitada no prevista, no a ese punto: la propuesta cultural de Susana Díaz. El formidable equipo que la apoya –en el partido y en los medios– no ha dicho ni media palabra, lo que añade alarma. Ese ingrediente fundamental está ahí. Con todas sus evidencias. Hay que leerlo para creerlo.

La “propuesta de futuro” en cultura de la aspirante a la Secretaría General del PSOE consta de 5 breves párrafos, en los que se centra en… la economía. Al punto que no cesa de hablar de turistas, en realidad. El desarrollo económico que propugna con –una lejana percha en la cultura– viene vinculado fundamentalmente al turismo. Y por un curioso razonamiento: “La mayor creación de clases medias se está produciendo en Asia. Asia tiene excelentes playas por lo que los turistas asiáticos que vienen a España y Europa buscan cultura”. La redacción es de este cariz de principio a fin. Digna de un ejercicio de “vuelta al cole” tras el verano, en Primaria.

Susana Díaz además hace suya la Marca España, seña de identidad del PP. Quiere mejorarla. El resto de las actividades culturales están en la tarea, “haciendo más atractivo (en singular en el texto) la llegada de turistas y nutren de contenidos la estancia de los turistas”. Ese espíritu monetarista se reflejaba en otra de sus propuestas: dar créditos a los jóvenes para estudiar en la universidad o establecerse como autónomos. A devolver. Como en Estados Unidos donde existen amplias referencias de la práctica: el drama de universitarios obligados a dedicar su vida a una actividad que, vocacional o no, les permita pagar sus deudas.

Propuesta de cultura del programa de Susana Díaz
Propuesta de cultura del programa de Susana Díaz

Pedro Sánchez desarrolla, con mucha mayor amplitud ( dos páginas), sus propuestas culturales. Alguien se tomó la molestia en el equipo de hacer un programa. El concepto básico plantea “la cultura, como eje del país, derecho fundamental y motor de desarrollo”. Para el candidato, “la educación es la clave del futuro”. Propugna extender las becas y bajar las tasas universitarias.

Patxi López habla de la cultura en tres breves apartados para afirmar que “la cultura es ante todo un derecho de los ciudadanos y sin creación cultural no hay cultura”. Añade que “la igualdad en el acceso a la cultura es y debe ser una seña de identidad de la política de los socialistas”. No detalla.

Es cierto que el mal de Susana Díaz está muy extendido en la política y la sociedad: la cultura no importa, es algo accesorio en el mejor de los casos. Pero ella alcanza un diagnóstico de máxima gravedad.  Y tiene todo el aparato y  los medios entregados al sistema detrás. Se afianza la idea de que solo es eficiente el beneficio económico. El exministro (de Cultura) José Ignacio Wert era otro entusiasta de la tendencia. Rajoy, sin duda. El PP arrasó hasta la Filosofía –que estructura el pensamiento–, extremo que ahora parece querer enmendar someramente.

Y ocurre al revés, un pueblo sin cultura se queda inerme para afrontar los retos de la vida. Es como un nacer sin referencias, sin contar con la experiencia y reflexiones de otros, con la creatividad que nos diferencia de otras especies animales. Privarse de segmentos imprescindibles de la belleza. Una aspiración humana innata de todos los pueblos, ir a más, desarrollarse, expresarse. Desde las cavernas prehistóricas lo hicieron cuando la supervivencia era más ardua. Ahora se afanan en igualar en la burricie.

Con consecuencias. Una sociedad vulnerable que traga todos los cuentos, bulos, manipulaciones, contra su propio bienestar incluso. Desde algunos que afectan a su salud a cuestiones trascendentales que implican su futuro y el de la colectividad.

Más aún, hay un nuevo “elitismo”: el de quienes desde la ignorancia promueven la ignorancia, y reivindican la falta de criterio como un valor. Los disidentes son perseguidos. No se le ocurra a usted mentar en España la palabra intelectual. No es como en otras épocas por falta de oportunidades. El desconocimiento carece de justificación en un país y un tiempo en los que se ha tenido y se tiene acceso a la cultura y la educación. Los medios existen.

Se está imponiendo el reinado de quienes sienten una aversión insuperable por el saber y la cultura. Volcados en sucedáneos de folclore y pachanga, contemplan la literatura de calidad, el arte o la música culta como una purga a engullir. De verse obligados a padecer alguna muestra, la sienten como una colonoscopia. A veces se llevan sorpresas: “Pues esto de la cultura no es tan rollo como me habían dicho”, comentó una concejala del sector al salir de un concierto de órgano en una catedral románica. Pertenecía al gremio de quienes fabrican la Marca España.

Cuando alguien de esa hornada llega al poder es un arma de destrucción masiva. Ahí tenemos a Donald Trump en la Casa Blanca para que consolide el elogio de la estulticia. Su universo estético anda entre oros y oropeles y citas de películas. La última de Una rubia muy legal: “Hay que aprovechar la oportunidad de ser un extraño”. Y ante un periodista de The Economist se atribuyó la autoría de una frase que tiene casi un siglo a sus espaldas.

España es de los pocos países en los que desde tiempo atrás se presume de la ignorancia. En el fondo, es origen fundamental de nuestros problemas. Ha sido un país pródigo en dirigentes de manifiesta mediocridad cuando no tarugos de marca. Marca España, naturalmente.

Francia por el contrario estima que la cultura es un signo de identidad de su país y un bien a proteger. De sus políticos se destaca que leen filosofía –como Macron–, o escriben novelas como el nuevo primer ministro, Édouard Philippe . Aquí nos cuentan las preferencias deportivas de los candidatos. Todavía debe tener Francia sin penalizar con IVA su industria cultural como hizo el PP desde que llegó al poder. Los países nórdicos también la protegen. Portugal, esquilmado hasta hace poco, salvó los libros de su descomunal IVA.

“La cultura es la mejor revolución. Seguramente por eso a los Gobiernos mediocres y dictatoriales les espanta la posibilidad de un pueblo educado, culto, con preparación, con criterio”, “hemos aceptado sin reservas que los líderes políticos transmitan ignorancia”, escribía el periodista Javier Pérez de Albeniz en Reacciona (Aguilar, 2011) en uno de los mejores diagnósticos que he leído. Ha ido a peor. A la incultura manifiesta se une una nula curiosidad intelectual. Al punto de presentar una propuesta “cultural” como la de Susana Díaz.

Las clases medias crecen en Asia. Asia tiene excelentes playas. Los turistas asiáticos que vienen a España y Europa buscan cultura. Con estos políticos, el futuro se presenta como un erial.

El Efecto Susana, el Efecto Patxi y la verdad tozuda

Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, antes del debate de primarias del PSOE.
Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, antes del debate de primarias del PSOE. MARTA JARA.

Cada vez que se da un hecho político de cierta trascendencia en España asistimos a una cascada de opiniones literal. Más que clarificar se diría que empujan en una dirección, arrollan y anegan. Lunes, 15M de la nueva era, los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE se enfrentan buscando el apoyo de la mayoría. Leyendo entre líneas, oyendo entre ruidos, parece claro que –en la confrontación– Susana Díaz no ha respondido a lo esperado. A lo esperado por quienes la promueven. De ahí que hayan pasado a ensalzar la figura de Patxi López que para algo estaba allí. Pedro Sánchez es, de nuevo, el enemigo a abatir.

Por supuesto que la presidenta andaluza recibe múltiples parabienes, con el vasco en la recámara por si acaso. Pesos pesados mediáticos mantienen que Díaz fue la ganadora del debate, con esa salvedad. Siempre nos quedará Patxi. El diario El País entra en la desesperación prodigando artículos y editoriales con idéntico mensaje. Saca a sus espadachines toreros para llamar poco menos que llorica a Sánchez, retuerce posverdades.

El culmen llega con el editorial Pasado frente a futuro, que otorga a Sánchez el pasado y el futuro a los otros candidatos. Según el diario de PRISA, “tanto Susana Díaz como Patxi López pusieron en evidencia la inconsistencia de las tesis sostenidas por Pedro Sánchez”. Para ellos quedó demostrado, demostrado, que la abstención del PSOE que hizo posible el Gobierno de Rajoy fue obligada por los malos resultados electorales. Tal como dijo Susana Díaz. Demostrado con la prueba del algodón. Más aún,”tanto Susana Díaz como Patxi López demostraron querer mirar hacia delante e incluso poder trabajar juntos el día después”, concluye. Sí, ahí está el quid: trabajar juntos.

De repente, muchos descubren a Patxi López, un peso pesado del PSOE, sin duda. Presidente del Congreso en la breve legislatura con Pedro Sánchez que luego votaría abstención. Porque son directrices del partido aunque no las comparta. El que fue lendakari con el PP. El que lideró, según contaba Ignacio Escolar, la revuelta que empujó el paso atrás de Carme Chacón en favor de Rubalcaba. Es el espíritu del PSOE, dicen con lágrimas en los ojos desde Victoria Prego a Iñaki Gabilondo y muchos otros. Con una puesta en escena de colega, moderado y conciliador, ha sido visto como la solución. Sobre todo para alejar a Sánchez.

Fue López quien más dijo saber lo que estaba ocurriendo en el socialismo europeo para, paradójicamente, reclamar seguir en lo mismo. El otro futuro, Susana Díaz, apuesta por hacer reformas manteniéndose en el 100% PSOE de toda la vida que dice representar. Algo no cuadra en la línea argumental.

Los alemanes daban, casi al mismo tiempo, otra prueba palmaria de hacia dónde va la socialdemocracia que colabora con la derecha. Y los “efectos” que se inflan hasta creerlos ciertos y se pinchan en contacto con la realidad. El “efecto Schultz” llegaba a una vergonzante derrota en  Renania del Norte-Westfalia. Es el Estado alemán con mayor población, donde ha gobernado –con una breve interrupción– durante los últimos 50 años. El SPD bajó 8 puntos, mientras subía 6 el partido de Angela Merkel y entraba… la ultraderecha. Es otro efecto de las políticas actuales.

Meses atrás ocurrió en Holanda con el partido de Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo. Y en Francia el socialismo ha entrado en barrena con Manuel Valls. No se ha privado ni de certificar que “ha muerto”, tras contribuir a ello desde el gobierno hasta hace poco. Su peregrinaje para obtener un puesto en las filas de Macron tiene a los franceses atónitos.

Lo que ocurre con el socialismo europeo es esto. La única vía positiva, y muy positiva, la ofrece António Costa en Portugal, presidiendo un gobierno de coalición de izquierdas, cuyos integrantes apuestan por salir del caos precedente y por el bienestar de los ciudadanos. Hiere escuchar voces en el PSOE pensando en beneficios diferentes, a modo de acusación. Sánchez beneficia a Podemos, dice Elena Valenciano –y otros–, pasando por alto con cuanta abundancia la abstención del PSOE “beneficia” al PP. Y apoya sus desmanes, que no es punto intrascendente.

España siempre parece ser una excepción. Un país donde gobierna un partido enfangado en corrupción, donde la Fiscalía es un agravio permanente, y medios potentes hacen política y más, sin el menor pudor. Pero, Europa, el mundo incluso, demuestran que por este camino no hay salida. Pedro Sánchez, su equipo, aportan al menos un cambio de tendencia, aún con algunos hándicaps de su líder. Giros de opinión o de estrategia y errores pasados producen menos intranquilidad que algunas certezas de sus contrincantes.

Hay que señalar que no quedó demostrado en absoluto que fueran los malos resultados electorales quienes motivaron la abstención del PSOE dirigido por la Gestora. No hay relación causa-efecto. El PSOE que realmente perdió apoyos, 4,3 millones de votos, fue el de Rubalcaba que sigue sentando cátedra. No dejaba de ser la tendencia europea ya, con un PASOK griego hundido, y por las mismas causas. Es cuestionable también ese “pasado de división y rencor” atribuido a cuatro columnas, que de estar más vivo y presente entra en la sala a morder también a los candidatos. Y ese “aferrarse a la abstención”, que sus detractores mediáticos afean a Sánchez, es actualidad plena y sigue dando su fruto: el PP está en el Gobierno ahora mismo.

Susana Díaz acusó a Sánchez de haber perdido apoyos en el partido, de ser él mismo su principal problema. “Hasta a Felipe González engañaste”, dijo. No es que el expresidente goce de su momento de mayor prestigio precisamente. Antonio Hernando, otro que dejó en la estacada a Sánchez, tampoco. Pasó del no es no al sí es sí y todo lo que haga falta, sin pestañear. Como otros tantos. Amores que matan, desamores que depuran y revitalizan.

Nunca se ha visto un debate político más sincero. Susana Díaz y Pedro Sánchez se tiraron a la yugular del contrario, con verdades y mentiras no repartidas por igual. Patxi López cumplía su papel con más retranca de la que muchos de mis colegas vieron. El partido socialista ha llegado a un estado lamentable. El PSOE que el viento se llevó, se lo llevó; lo echaron. Y, como decía el cantor, el tiempo que va pasando como la vida no vuelve más.

En la excepción española, columnistas sólidos siguen contemplando a pesar de todo al PSOE como alternativa de gobierno porque “Podemos ha tocado techo”. Entierros prematuros al margen, lo único cierto hoy por hoy es que ni uno ni otro cuentan con la posibilidad de formar gobierno como no sea con un acuerdo como en Portugal. Con Susana y Patxi no sucederá, con Pedro no se sabe, pero es más factible.

Quienes tumbaron a Pedro Sánchez de la Secretaría General con las armas que todos vimos difícilmente consentirán readmitirlo en el mando. España se juega pues mantener un futuro con el PP, con este PP que abochorna. Un gran apoyo trabaja para que nada cambie: buena parte de la prensa. Contra el tiempo y la realidad.

*Quisiera acabar con un recuerdo a otro periodista asesinado en México: Javier Valdez Cárdenas. Otro más. Su muerte, acribillado a tiros, ha causado hondo dolor en su país tan acostumbrado a estos desmanes que apenas se difunden, ni reciben condenas internacionales. En su Twitter había colgado un artículo escrito apenas 5 horas antes de salir la noticia de su muerte. Numerosos periodistas como él, arriesgan su vida –algunos la pierden– por informar incluso en localidades pequeñas. No cambian el mundo, aspiran a que sus conciudadanos sepan la verdad que les atañe. La verdad, no la posverdad. Merece la pena que recordemos que estos periodistas, este periodismo existe, frente a tantos individuos que denigran nuestra profesión a diario, incluso desde atalayas que no merecen. A los ciudadanos les cabe elegir. Para elegir con cordura, hace falta saber.

Trama, mafia o Heidi en las montañas suizas

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El circo de tres pistas en el que han convertido nuestro país se supera cada día. El más difícil todavía se ha convertido en marca de la empresa. Hoy sale a escena Alberto Ruiz-Gallardón, exalcalde, exministro, extodo cargo del PP, vigente defensor de falangistas familiares a ritmo del Cara al sol . “Alberto” y la operación para “comprar una sociedad que no valía ni treinta millones por 100”. Colombia, Panáma, Banco Mundial. El Canal de Isabel II, siempre el canal.  Está grabado en la voz de su colega Ignacio González. 

Y Moix, siempre Moix. Ahora fiscal Anticorrupción, en su día de la Comunidad de Madrid. Época en la que el acusado en otra trama –Aneri, por estafa de 17 millones de fondos para parados–, declaró al juez que logró “ un maravilloso acuerdo” con la Fiscalía de Madrid para salir de prisión a cambio de no acusar al Gobierno regional y “echar mierda” a cargos de la patronal y la Cámara de Comercio. Moix lo niega, niega todo lo que le implica, aunque haya pruebas atestiguando que miente. Como cuando dijo que no intentó echar a las fiscales del Caso Lezo.

Volviendo a la pista 1, tenemos al exdirector del Canal de Isabel II intentando destruir documentos. Y a Edmundo Rodríguez Sobrino, expresidente de Inassa, testaferro de Ignacio González y consejero de la empresa editora de La Razón. Sí, el mismo a quien consolaban Marhuenda y Casals, altos ejecutivos de la publicación. Sí, va a hacer falta una guía. Un hombre muy ocurrente Casals. De él fue la idea de inventarse una encuesta que emocionaba al director de La Razón: “Me gustaría ser tan listo. Joder, se le ocurrió ayer”. El objetivo estaba conseguido: “Le hemos hecho una putada a ‘Cifu’ poniéndola por delante de Soraya. La matarán las otras” contaba Marhuenda. En sus horas libres entre tertulia y tertulia. A las que sigue acudiendo contra toda lógica y en síntoma muy preocupante.

Cifuentes, presidenta hoy de la Comunidad de Madrid. Vicepresidenta en los días que firmó un contrato investigado en La Púnica. Ahí aparece Arturo Fernández,  expresidente de la patronal madrileña, condenado por corrupción. Y con él, la contrata para el servicio de comedor de la Asamblea de Madrid, y la presunta financiación ilegal del PP.  Agiten y listo.

Y casi se queda sin relevancia en el espectáculo la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, por un asunto en relación a Mercamadrid donde se paga por la cesión de unos terrenos en lugar de cobrar. Se paga aún, y hasta 2032. Ya ha sido imputada.

No es un circo, en realidad. Tampoco una serie del Chicago años 20. Es la vida cotidiana en España. La actuación se enriquece con Cajas B, y casi el abecedario entero para designar las tramas de corrupción. Con gestiones que ocasionan daños a personas inocentes, solo culpables de convivir con estos políticos y con muchos otros cómplices.

Y ante todo esto, las cabezas más señaladas son llamadas a explicarse en el Congreso y resulta que no ha pasado nada. Nada ven irregular ni Moix, ni su y nuestro fiscal en jefe, José Manuel Maza, ni Catalá, el ministro de Justicia. Ni el de Interior y sus subalternos de alto rango con reuniones inapropiadas. Con chivatazos de ida y vuelta.

Ni Rajoy, por supuesto. El jefe del PP nunca sabe nada, salvo que todo lo que hace es lo correcto. “Moix funciona muy bien”, asegura el presidente del Gobierno en el Congreso. Mientras idea cómo declarar en el juzgado por Cajas B y sobres, vía plasma. Mientras, el portavoz Hernando reprime con esfuerzo la carcajada. El ministro de Exteriores bosteza, y su predecesor, García Margallo, expone su idea para que no se celebre una consulta en Catalunya: quemar las urnas.

Los colegas de Marhuenda se reparten entre tanto por los medios, tratando todos ellos de disuadir las acusaciones judiciales, las evidencias. Siempre encuentran explicación o modo de sembrar la duda. TVE titula, desde que despunta el alba y en semejante día, que “Rajoy acusa a Iglesias de querer controlar a jueces y fiscales” y ya no nos queda espacio para más estupefacción.

Esta caricatura de país tenemos. Goya la hubiera plasmado como nadie, en su negrura tenebrosa, en sus muecas y risotadas. Lo curioso es la arrogancia con la que despachan las acusaciones y  las preguntas molestas. Se comportan con la seguridad, la certeza, de la impunidad. A otros les ocurrió antes, también lo hacía el propio Ignacio González por no ir más allá de país y de época.

Ocurre que para mantener este tinglado hacen falta varias manos y de las que tocan teclas clave. No hay explicación, excusa, ni causa admisible en decencia y hasta en democracia para haber dado a este PP la mayoría que no tenía y necesitaba. Protestas para la galería y la autocomplacencia aparte. Y es atronador el servicio mediático a la causa. Factores que lo cambian todo.

Se dan intensos síntomas de atrincherar el bipartidismo que ya solo responde a la mitad del electorado, por encima de cualquier consideración. PP y PSOE pactaron desde la renovación del Tribunal Constitucional, a la presidencia de las Comisiones de investigación del Congreso esta misma semana. Las de investigación precisamente. Crisis bancaria y financiación ilegal del PP. Pensar en abandonar el apoyo, vía abstención, al gobierno del PP es ciencia ficción.

Los ciudadanos disponen de más capacidad de la que creen. ¿De verdad se tragan votantes y espectadores que lo que pasa en España es normal? ¿Y que los actores y soportes de esta tragedia hacen lo posible para enmendarla? ¿De verdad hay millones de españoles cayéndose del guindo o saltando por las montañas suizas con Heidi y su abuelito sin ver las cuentas bancarias de tantos corruptos? ¿De verdad convivimos con decenas de miles de personas de la misma especie que todos estos?

El País se pregunta si lo de Fátima fueron apariciones o visiones

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Ha reparado en el titular mi querida colega Cristina Fallarás. Está en lugar destacado de la web de El País en la tarde de este 13 de abril, pero se va perdiendo la costumbre de consultar el periódico por sus creativas versiones de la realidad. Lo de hoy, es un claro ejemplo.

El Papa Francisco ha viajado hasta la localidad portuguesa donde hace un siglo tres pastorcillos dijeron ver a un ángel tres veces y después a la mismísima Virgen en 6 ocasiones. Como en otras presuntas apariciones, la Virgen les habría dejado mensajes para la posteridad. De no gran relevancia en este caso, otros visitados por María fueron agraciados con anuncios de mayor enjundia.

Nos cuenta el artículo de El País que Francisco es el cuarto Papá que acude al lugar. El primero fue Pablo VI, en los 60. Juan Pablo II, que era muy entregado para estas cosas, viajó 3 veces a Fátima. Y, una, Benedicto XVI, el hoy Pontífice retirado que, mira por dónde, fue muy crítico.

En un largo y puntilloso texto, hay tirones de orejas para la pastorcilla Lucía —que moriría en 2005—, para los otros dos niños, ahora santos, y también para Juan Pablo II. En su texto, el entonces cardenal Ratzinger nunca habla de “apariciones”, sino siempre de “visiones” y de “fenómeno”, dice el artículo.

El autor, un buen periodista, corresponsal en Lisboa, viene a sembrar la duda que apuntaba Benedicto XVI, pero el titular nos sume en las tinieblas.

Con ese tono de sentirse permanente agraviado, entregaban esta semana los premios de la editora. pais.premios.verdad

Debemos pues entender que cabe la posibilidad de que los tres niños de Fátima asistieran al descenso a la tierra mortal de un ángel tres veces y de la mismísima Virgen María, madre de Jesús y de Dios por tanto, en seis ocasiones. Y que conversaran con ellos. Profesionales del periodismo tan puntillosos -como debe ser- con el desprestigio de la verdad, con la impúdica relativización de los hechos veraces que se está produciendo en este momento no plantearían la duda de si fueron apariciones o visiones, de no ser alguna prueba o  pensar que es verosímil que tal cosa sucediera.

En estos tiempos de leyes mordaza y ofensa de sentimientos religiosos a la mínima -ni por los más remoto a los laícos-, igual el periódico ha preferido ser prudente, incluso timorato. Ayer mismo envíaron quienes gestionan una cuenta de Twitter  en homenaje a “El gran Perich”, una de sus viñetas de Franquismo y Transición.

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Será eso, no puede ser otra cosa. O sí: Que seguimos yendo hacia atrás. Sin pudor.

 

 

 

 

Macron y la orquesta del Titanic

Macron quiere "pasar página de los últimos 20 años" en Francia
Emmanuel Macron, en una imagen de archivo. EFE

No han entendido nada. El triunfo de Macron en Francia es, sin duda, un alivio. Ningún demócrata cabal facilitaría el acceso al poder del fascismo. Pero los problemas estructurales de nuestra sociedad permanecen y puede agravarse. Tomar a Macron como la última esperanza es peligroso, si fracasa. Marine Le Pen ha logrado para la extrema derecha un récord histórico de votos. Y la abstención no gobierna. El mayor problema puede centrarse en las inamovibles posiciones de los causantes de la crisis.

Como la orquesta del Titanic, continúan tocando aunque el barco se hunde. No por altruismo como aquellos, sino porque se niegan a ver la realidad. “Si era un barco imposible de hundir, si surcaba el mar sin problemas y las fiestas se celebraban cada noche”, se dicen. Aguardando, sin hacer nada, que se achique el agua y todo vuelva a ser como antes. Allí siguen empecinados en permanecer en un mundo que ya no existe. Y no existe por su nefasta labor, por fomentar la injusticia y la desigualdad, a menudo la trampa. Por su soberbia ingobernable.

Habrá que insistir en una obviedad concluyente. En la segunda vuelta de las elecciones se vota entre dos candidatos, los que han quedado, lo que no implica necesariamente el apoyo a todas sus políticas. Una encuesta de IPSOS cifra en un 43% los electores que votaron a Macron por rechazo a Le Pen.  A la candidata ultraderechista le dieron su confianza obreros, personas con ingresos bajos y problemas para llegar a fin de mes, de medio rural y baja instrucción, como detallaba Iñigo Sáenz de Ugarte. Igual que en todos los países en los que la ultraderecha ya está en el poder.

Son los que no cuentan para el sistema. Y en la cuarta cubierta del Titanic siguen sin verlos. O, a lo sumo, pensando que se volatilizarán o que declaraciones incendiarias, editoriales, portadas y  tuits los harán volver al redil. Es muy preocupante el uso del lenguaje político y mediático en España. Insisten en llamar populismo o radicalismo a lo que es fascismo, con una clara intención política local. Termina siendo trabajar por lo que formalmente rechazan.

Como el “populismo” –la demagogia para ser precisos–, no dudan ni en mentir ni en sacar conclusiones basadas en errores. A Macron le han votado más simpatizantes de Mélenchon que de Fillon pero nada cambiará el discurso que creen sirve a sus propósitos. Con enorme torpeza: desconocen ese hartazgo feroz del que ya ni les cree, ni espera nada de ellos. Mientras, el agua inunda la sala de máquinas del Titanic.

Macron sube enteros populares y dudas al aflorar informaciones. De su currículo lo más cierto es su admiración por Maquiavelo, su portentosa habilidad para las relaciones públicas y el saber estar con las personas adecuadas en el momento preciso. Le apoya lo más granado del poder económico y afamados mentores del partido socialista en el pasado. Tuvo la inmensa suerte de que la corrupción desbancara al conservador Fillon como favorito. “Macron ha demostrado poseer todas las cualidades y todos los recursos, desde los más brillantes a los más turbios”, relata Enric González, periodista de absoluta solvencia, en El Mundo.

Candidato de diseño, preparado e inteligente, puede que sepa también moverse en las altas cumbres de su nuevo cometido y termine redundando en algún beneficio para los ciudadanos, aunque no es lo más probable. Por delante, varios escollos de entidad. Las legislativas son entre el 11 y el 18 de este junio. Macron, sin partido, busca aún candidatos, que no le faltarán de cuantos se apresuran a correr en socorro del triunfador. El movimiento que fundó, ahora llamado La République en Marche, cuenta ya con grandes expectativas de voto pero no con mayoría, lo que le complicaría la gestión.

Macron dispone de muy poco tiempo inicial para demostrar su eficacia. Lo hará por decretosde ley urgentes. Varios para moralizar la vida pública y una nueva Ley del Trabajo, más agresiva que aquella que levantó a los franceses en huelgas y manifestaciones. Prácticamente silenciadas en los medios españoles, por cierto. Ya se perdieron empleos con la anterior y con las liberalizaciones varias de su etapa de ministro. A Hollande y Valls les costó caro. Otra de las prioridades del nuevo presidente de Francia es recortar el presupuesto social. Lo que llaman “gasto”. Francia le dedica el 57% de las cuentas del Estado, la cifra más alta de Europa junto con Finlandia. La media es 47%. España, por cierto, se ha quedado en un 42%.

De imparable triunfo del centro liberal, nada. Pero hoy todos quieren ser Macron. Hasta en Latinoamerica se reparten parecidos entre los líderes. En España, Ciudadanos se siente el hermano natural del nuevo presidente de la República francesa pese a las diferencias que les separan. Y olvida la inocencia perdida que le conferían algunos, con su apoyo incondicional a Rajoy y al PP de todas las corrupciones.

Manuel Valls, expresidente socialista francés, se ha ofrecido a entrar en la formación de Macron, al  grito de “El Partido Socialista ha muerto”. Con su inestimable ayuda. Hace una semana se publicó que Macron ofertaba un puesto a su antiguo jefe de gabinete. No es el único que pasará a las filas del ganador. Macron lanza un torpedo preciso a un partido muy dañado. Como el conservador. La corrupción de Fillon y Sarkozy le ha pasado factura. Una gran diferencia con España. En el barco que zozobra insisten en ignorar la pérdida de apoyos electorales. Y el agua ya corre por los pasillos y camarotes. Allí y aquí. Algunos, como Valls, eso sí, han salido nadando a toda prisa.

El candidato de Europa, la UE reforzada, dicen. Si la austeridad y los recortes han puesto entredicho la dirección de Bruselas, más austeridad y más recortes ¿la salvarán? Altamente improbable, más aún, sería paradójico. Pero Macron sí tiene ideas para reformar la UE. Retoma la vieja aspiración progresista de recortar los privilegios de los que disfruta Alemania desde los inicios. Insiste en los “eurobonos” para evitar los abusos con la deuda que lastran a los países del sur. Merkel ya dijo en su día que tal cosa no sucedería mientras ella viviera. Alemania pues rechaza las pretensiones de Macron. Está por ver el desarrollo.

Intenciones espurias al margen, asusta la frivolidad y falta de criterio con las que se están abordando los problemas de la sociedad global. Los partidos tradicionales se encuentran en un momento crítico, tras su fracaso. Por sus errores en buena medida. Persistir en ellos, los agrava. La facilidad con la que se engañan a sí mismos alcanza al punto de creer en efectos que se desvanecen en contacto con los hechos. Como el que iba a catapultar a la socialdemocracia alemana de la mano de Schulz.  No ha sido así. 

Todo el tiempo ningunean a las víctimas de sus políticas. Siguen ahí. Engrosando su número. Con sus trabajos precarios. Con su abandono. Proclamas y editoriales no les darán de comer, ni estimularán su optimismo.

La orquesta sigue tocando con el agua al cuello, con los músicos aguardando a ver si se evapora. De momento los ciudadanos miran, algunos toman fotos y selfies. Los hay que aplauden al final de las piezas si lo manda el regidor del estudio en la sociedad del espectáculo. Los mayores agredidos por las políticas de la desigualdad ya convierten sus señales en gritos. Un escenario trágico que se impone cambiar, por supervivencia. Urge tocar un himno a alegría, con efectividad y en suelo firme.

Lo esencial y lo urgente

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Escribía José Luis Sampedro en La senda del Drago (Plaza&Janes, 2006) acerca de una hora y un tiempo entre tinieblas y luz, en los que su personaje vislumbra mejor “lo esencial, siempre escondido bajo lo urgente”. Lo recuerdo a menudo, cuando aparco temas o corto párrafos enteros de un texto para guardarlos en un archivo de retales. La actualidad nos obliga a los periodistas a actuar como bomberos apagafuegos,  en todo momento hay noticias acuciantes que atender. Lo urgente. Lo que Sampedro nos dijo escondía lo realmente importante.

Hoy también hay, seguro, un político que ha metido la pata, o la mano en una caja de dinero público. Navajazos en las pasarelas del poder. Nuevas revelaciones de las tramas corruptas. Intereses cruzados cada vez más visibles. Algún opinador haciendo el ridículo. Los republicanos de EEUU demostrando que Trump no fue una casualidad. Y los franceses nos deciden si le dan el mando al fascismo y crujen Europa sin cabida a la regeneración que precisa.

Pero hoy voy a dar paso a lo que no suele parecer tan urgente, ni con un gran gancho popular. No desde luego, como los llamados “zascas” y “rifirrafes” de la sociedad del espectáculo o la disyuntiva transcendental sobre si es mejor futbolista Messi o Cristiano Ronaldo.

En la rueda sin fin de los días pasan ciudadanos que luchan por un hospital, aquí y allá. Un jefe de la UCI pediátrica, con 30 años de trabajo a sus espaldas, dimite harto de reclamar soluciones a la falta de camas. Millones de jóvenes se van, ya se han ido, y les va quedando poco sitio para permanecer en esta Europa insolidaria. Las victimas del machismo endémico que suenan –poco– cuando han sido asesinadas y no cuando se encaminaban a la violencia que decreta la permanencia de la plaga en las costumbres. El paro de larga duración que, bajando la edad, ha llegado a los trabajadores de 45 años con lo que implica de difícil salida.

Estacioné en los descartes hasta a un anciano al que se dejaron olvidado, muerto, en un banco del jardín de una residencia. Fue en Alcorcón, Madrid. Resultaron imputadas la jefa de planta y una auxiliar del turno de noche, ese trabajo tan sacrificado. Leí que hubo con anterioridad protestas por una abrumadora falta de personal y medios. En horario nocturno corresponde atender 80 residentes a cada auxiliar. Ahora resulta que varias residencias privadas, con plazas concertadas, cancelan los acuerdos porque les pagan menos y ya “no les sale rentable”. De modo que cientos de ancianos andan de traslado en Madrid adonde sí proporcionen ganancias.

Por cualquier lado que miremos encontraremos hechos similares. Tenemos el caso de una pareja que robó comida caducada de un supermercado en Alicante. El establecimiento no denunció, pero la Fiscalía pide cárcel para ellos. Habían forzado el candado de la puerta.

Cualquiera pensaría que lo esencial para buena parte del género humano es tener garantizados salud, educación, empleo, sustento y casa, como mínimo. Y, sin embargo, muchos no se comportan dando pasos para lograrlos. Los dan, para perderlos.

Lo esencial es lo que marca la diferencia entre lo indispensable y lo superfluo. Lo esencial es lo que intentarías hacer el último día de tu vida. De conocer la fecha, no sería la búsqueda de dinero el principal objetivo. Perderían relevancia las diatribas que se llevan horas y días. Ojos y oídos, puertas del cerebro, se agudizarían para detectar lo que importa y rechazar lo irrelevante. Quizás en lo esencial están los porqués de cuanto nos sucede, el hilo conductor.

Priorizando lo esencial, se adquieren nuevas certezas y se disipan muchas dudas. Que no se puede considerar un trabajo en condiciones gran parte de los empleos que se crean en España. Que aceptar un empleo precario es precarizar el resto, pan para hoy y hambre para mañana y para muchos. Que no es obligatorio mentir en periodismo por seguir los intereses de la empresa o la dirección. Que mentir no es opción en ninguna circunstancia, particularmente en trabajos de trascendencia social. Que las otras personas tienen derechos. Por citar algunas obvias que, sin embargo, se olvidan. Caerían ante nuestros ojos muchas caretas y gestos. Se verían con más nitidez culpas y causas.

Desnudos de prejuicios ante lo esencial ¿seguirían todos manteniendo que la corrupción en el PP son casos aislados? ¿Y que hubo alguna razón lógica para que volviera a gobernar sin tener la mayoría necesaria? ¿Y que la candidatura que apoyan con fruición los medios convencionales es la mejor para un partido socialista? ¿Y que lo que pasó y pasa en el PSOE es normal? ¿Y que las nuevas formas en políticas son realmente nuevas? ¿Y que lo peor que ha pasado en las  vidas de algunos es Pablo Iglesias? ¿Y que las declaraciones y luchas por el poder merecen ocupar tanto tiempo de información?

Una mujer llama esta semana a Radio Nacional de España. A un espacio, en la tarde, destinado a personas felices.

—”Era autónoma pero no me salieron las cuentas y lo perdí todo. Ahora tengo el 90% de probabilidades de conseguir un trabajo de barrendera y soy muy feliz, soy una persona feliz”, explica.

El conductor del programa le responde que, “según han contado los barrenderos, no es un trabajo tan desagradable como puede parecer. Están al aire libre”.

En verano y en invierto, ciertamente.

De la vida cotidiana a las grandes convulsiones. Al presente que pesa y el futuro que se angosta si no se vislumbran vías de apertura. Cuando el mundo se vuelve tan desesperanzador, se recurre a cosas tan poco urgentes como un árbol, el horizonte, el eterno ritmo del mar, una fotografía del viejo reloj de Pensilvania, de cualquier reloj, de ningún reloj. A los sabores, a los acentos, y por encima de todo a las personas que importan.

Imagino al personaje de José Luis Sampedro, a él, en esa hora en la que las tinieblas empiezan a clarear y lo verdaderamente urgente es buscar lo esencial.

*Publicado en eldiario.es

Caso Marhuenda, visto para tertulias… y para analizar seriamente

El País ha revelado nuevos fragmentos de conversaciones, dentro del caso Lezo, entre Mauricio Casals, Francisco Marhuenda y Edmundo Rodríguez, altos cargos del diario La Razón todos ellos, y, el último, Rodriguez Sobrino, testaferro de Ignacio González en Latinoamérica y detenido como él, en prisión sin fianza.
 La causa contra Casals y Marhuenda por coacción a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes , fue archivada, por la declaración de la aludida que aseguró en sede judicial que no se sintió coaccionada. El contenido de lo hablado por estos dirigentes de La Razón  deja lugar a dudas a pocas dudas, sin embargo. “Las pasará putas esta señora”, dice Casals, mientras Francisco Marhuenda afirma que “hay que asustar” a Cifuentes. Se trataba de que retirase un informe incriminatorio que había presentado, algo que no hizo.
Marhuenda declaró que lo grabado por la policía  eran mentiras piadosas a un amigo que lo estaba pasando mal y así lo entendió el juez Velasco que sobreseyó la causa. Cualquiera puede comprobar lo que se habló  y en qué tono en esta transcripción. 
A destacar:
F. M. : Hay una cosa que le va a asustar. Le voy a decir: mira ten en cuenta que cuanto más tiempo mantengas vivo este tema, más te puede perjudicar, porque tú eres la sucesora de… Que tú no eres de otro partido, ¿sabes? Y vete con cuidado porque al final pueden entrar a tocar los cojones los de la Asamblea… Y empiezan a tocar los huevinis y entonces. Hay que asustarla, tanto de grupo como de, decir, oye Pepe Creuheras (presidente de Atresmedia) está cabreado con el tema, Mauricio está cabreado con el tema y yo estoy cabreado con el tema. Estamos todos cabreados con el tema.
Casals: Somos más peligrosos en el boca-oreja nosotros que en el periódico.
 – F. M. : Bueno eso me ha contado ella, en confianza me ha dicho. Te lo cuento como amigo… Yo le he dicho que para nosotros tú eres fundamental, que eras el dueño del 30 por ciento… y que eres intocable. Entonces ella me ha dicho, oye entonces me has de decir porque oye yo no tengo ningún interés en que haya lío con esto porque a mí me perjudica…
Marhuenda presume de haber endurecido un editorial contra Cifuentes, pero hay un cambio de actitud, a la que él aludió tras declarar ante el juez. El País lo relaciona con que Atresmedia quiere las universidades de Cifuentes:

De otras conversaciones intervenidas durante la investigación se deduce que hubo una negativa por parte del Consejo de Administración de La Razón a publicar informaciones contra Cifuentes. Y que este cambio de actitud estuvo relacionado con el interés del grupo Planeta, máximo dueño de La Razón y del grupo Atresmedia, en ser adjudicatario de una de las dos nuevas universidades que el Gobierno de Cifuentes proyecta.

El 21 de Abril, cuando surgió el caso, publiqué un artículo en eldiario.es del que hoy mantengo el título: Caso Marhuenda, visto para tertulia. Como vemos, los manejos van mucho más allá, pero son visibles a poco que se preste atención. 
El PSOE exige la "revocación inmediata" de Marhuenda como comisario honorario
El director de La Razón, Francisco Marhuenda. EFE

La marea disuasoria ya ha llegado. Francisco Mahuenda, director del diario La Razón, vuelve a sentarse en las tertulias, como si una imputación judicial en un grave caso de corrupción fuera una gresca más de la sociedad del espectáculo. Marhuenda y Mauricio Casals, presidente de esta publicación, han declarado ante el juez por un delito de coacciones a la presidenta de la Comunidad de Madrid y su equipo.

Existen conversaciones grabadas por orden judicial que ambos reconocen como reales. En ellas hablan con Edmundo Rodríguez Sobrino, directivo del Canal en Latinoamérica y consejero de la empresa editora de La Razón. Pero Marhuenda le quita importancia porque considera que estaban ayudando a un amigo, es una forma de hablar, y con pedir disculpas por llamar “zorra” a Marisa González, la jefa de gabinete de Cifuentes, es bastante. Turno para otro, pasemos a otra cosa.

En su ayuda ha acudido la propia Cristina Cifuentes, que insiste en hacerse “la rubia” y se muestra ante el juez  más comprensiva con las presiones mal llamadas periodísticas.

Lo que asusta es esa concepción del periodismo. No se trata siquiera de si “nunca, nunca, nunca” Marhuenda coaccionó, sino de a qué se dedica. El trabajo es informar de asuntos que afectan esencialmente a los ciudadanos no ver cómo libra a un amigo, sobre el que pesan graves imputaciones, de responsabilidades judiciales. Para Edmundo Rodríguez Sobrino la Fiscalía Anticorrupción ha pedido prisión incondicional. Marhuenda es, como Casals, un alto cargo de un periódico y el juez Velasco habrá sopesado las pruebas. No son titiriteros o un rapero al que le pierden las palabras por la Ley Mordaza.

La hemeroteca, que invoca Marhuenda, está llena de portadas, editoriales y artículos insidiosos contra rivales del PP. El editorial del 19, el mismo día que se conocería su imputación, lo titulaba: “No es justicia, es política”. Y estaba plagado de las “verdades” de Marhuenda. Entre otras, que “Rajoy testificará, aunque no debería hacerlo”, “lo hará por una deriva política ajena a que la verdad sobre Gürtel se conozca”. O “mal que les pese a los inquisidores”, en referencia a los jueces que convocan a Rajoy como testigo y a la oposición política. Al periodismo, Marhuenda no se dedica.

Puede que el director de La Razón no sepa ya qué es periodismo, si alguna vez lo supo. Lo temible es que no lo sepan o no lo quieran saber quienes le convocan a las incontables tertulias en las que participa. A él y a los que comparten su peculiar sucedáneo del periodismo. Aquí reside el auténtico problema. El que puede confundir a los ciudadanos y afectar su derecho a la información. Estas actuaciones de parte terminan por convertir los delitos, la corrupción política, también en discusión de tertulia.

La pregunta insistente estos días es ¿cómo pudo pasar todo esto? ¿Cómo puede llegar un país a estos niveles de inmundicia? A añadir tramas sin fin al pozo de la escandalosa corrupción española. A ver cada poco a un político más, acusado de dirigir una red criminal para enriquecerse y vivir como un Marajá. A un Fiscal Jefe Anticorrupción que provoca un motín de los fiscales bajo el amparo de un artículo pensado para circunstancias extremas. Moix prohibió, por escrito, un registro de la operación y los fiscales no acataron la orden. Obligados a negociar con su jefe, aceptaron que los detenidos no lo fueran por “ pertenencia a organización criminal“, aunque sí figura en el sumario. A un ministro de Justicia como Catalá. A magistradas “de la casa” que avisan a los investigados. A alguien del Gobierno como se ha sugerido que también alertó a Ignacio González.

La justicia independiente es piedra angular de un Estado de Derecho. Y está demostrando que en gran parte funciona aunque no sin esfuerzo. A pesar de las interferencias. Pero hablamos de un país en el que ya cuesta discernir quién está limpio en las alturas. La detención de Javier López Madrid, yerno del empresario clave Villar Mir, amigo de los reyes a niveles de sonrojantes mensajes, relacionado con la trama Púnica también, nos habla de unas élites impropias.

Son cuestiones esenciales, a las que muchos ciudadanos empiezan a añadir con preocupación la responsabilidad de los medios. La información veraz es tan imprescindible como la justicia.

No se puede saldar la imputación de Francisco Marhuenda en una tertulia. En una, tras otra. Lo hará el juez. Pero periodísticamente no es sostenible. Los grupos de comunicación deberían ser exquisitos con esto. Y los ciudadanos también. No vale todo para distraerse, ni hacerse el distraído.

Tampoco es admisible el estado en el que se encuentra RTVE. De hecho, ha arreciado en sus prácticas manipuladoras desde que se llegó al acuerdo de que, algún día, se volverá a elegir a sus dirigentes por méritos profesionales y no por su servicio al PP.

En todos los casos, los ciudadanos están obligados a discernir cuándo les ocultan informaciones y cuándo les dan Venezuela por liebre o intereses empresariales por columnas de opinión. Ser responsables por el bien común.

Las andanzas de Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, han sido publicadas desde hace una década. Con su férrea resistencia, dado que le sobraba dinero para denunciar y pleitear contra periodistas. Espléndida la columna de Manuel Rico en Infolibre hablando, por cierto, de cuántos han salido a la palestra por “detener” a Ignacio González. Marca España.

Cada vez cuesta más tragar los apoyos del Gobierno a un PP en esta tesitura. Y creer que personas decentes duden de si la corrupción es cierta, a pesar de las abrumadoras evidencias y de los intentos por confundirles. Y sigue siendo irrenunciable que el periodismo informe de la verdad honestamente. Igual así, la corrupción pasa la factura que requiere y deja de ser la crónica de un olvido anunciado. A todos sus proveedores. La gente está que trina.

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