Assange, el hombre que informó demasiado

Ese hombre, enterrado en el silencio de una embajada en Londres, fue un hito hace ahora 9 años. Julian Assange despertó de un modo altamente provocador al periodismo. La revelaciones de Wikileaks, organización de la que era alma y portavoz, supusieron un auténtico aldabonazo. Los ciudadanos tuvimos acceso a una masiva información confidencial que dejó en cueros a muchos gobiernos. La publicaban, a cuentagotas, a jarros de agua fría y pasión ardiente, 5 grandes diarios del mundo. En España, El País. Y además The New York Times, The Guardian, Der Spiegel y Le Monde. Volvimos a estar pendientes, ávidos, de la información como no ocurría desde hacía mucho tiempo.

Es en 2010 cuando Wikileaks irrumpe con fuerza. Aunque había comenzado su andadura 3 años antes. El impacto mundial de Wikileaks se produce con un vídeo, Collateral Murder, en el que muestran una grabación tomada por el ejército norteamericano en Bagdad. En él se ve a varias personas caminando por la calle. Una de ellas es un reportero de la agencia de noticias Reuters con una cámara que los militares confunden con un arma. Inician un tiroteo en el que matan al periodista, a su colaborador y a diez iraquíes; entre ellos, un niño. Como en la peor película bélica, los soldados les gritan: “Bastards”. Cuatro millones de personas lo vieron en YouTube en apenas tres días. Era la tarjeta de presentación.

 Le sigue la revelación de muchos más secretos. Por ejemplo, los documentos que prueban la quiebra y el fraude del banco islandés Landsbanki, que iban a sacudir al país nórdico y en cierto modo dar origen a las revoluciones pacíficas que llenaron el mundo de luces de esperanza en 2011.  En 2010 pues llega toda una batería de secretos ocultos. Primero los 92.000 documentos clasificados sobre los crímenes de guerra en Afganistán con atrocidades que hubiéramos tenido que conocer y no fue así.  Wikileaks hizo temblar al Pentágono, comparecer a Obama, temer a los poderosos.  Hillary Clinton declara: “Estas revelaciones son un ataque a la comunidad internacional”. El gobierno francés asegura que son “un atentado contra la soberanía de los Estados”. Tom Flanagan, asesor del primer ministro de Canadá, en una entrevista a la CBC, propone asesinar a Assange “por el bien de la seguridad mundial”. La seguridad albergaba muchas trampas y muertes de inocentes.

   Las reacciones son las del manual. Wikileaks “sólo cuenta trivialidades y cotilleos”. “Son demasiados impactos, la gente se cansará”, “Por encima de la información está la seguridad nacional”. “Total no dicen nada nuevo, ya lo sabíamos”. “¿Alguien pensaba que la diplomacia y el mundo funcionan de otra manera?”.

  La mayoría de los periodistas estamos encantados. Quiero recordar a un gran compañero fallecido, Pepe Cervera, que escribe en RTVE: “El hecho de que las élites de poder (e incluso cierta prensa) estén reaccionando con virulencia parece confirmar que la teoría política del hacker australiano (Assange) es correcta, y que los poderes fácticos se sienten verdaderamente amenazados”.

 En septiembre de 2011 Wikileaks  publica miles de  cables diplomáticos, sin proteger los nombres de los informantes. Divulgar las fuentes no es periodismo. El peor error de Assange, sin embargo, fue espiar al país que más espía del mundo: Estados Unidos. Y el segundo mostrar un auténtico desprecio por los periodistas. Los rasgos de su filosofía se resumían en tres:  que “los secretos existen para ser desvelados”, que es necesario hacerlo para frenar “la muerte global de la sociedad civil de la que algunos se están aprovechando para acumular riqueza y poder” y porque “los medios de comunicación no cumplen su labor”. Más aún, llega a decir: “Dado el estado de impotencia del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista”.

España sale en los papeles de Wikileaks. Dicen que la embajada norteamericana presionó a jueces, ministros y empresarios. Que maniobró y, sobre todo, amenazó para lograr sus fines, como que no se investigara el flagrante asesinato del cámara de Telecinco, José Couso, en el hotel Palestina de Bagdad. El Gobierno español protestó y negó esas presiones, pero todavía no se han dirimido responsabilidades por aquel atentado terrible que segó la vida de Couso e hirió a otros periodistas. Hace 16 años de aquello.  Se supo también que la Embajada en Madrid colocó desde 2008 la propiedad intelectual como tema prioritario en su agenda para lograr en España una ley antipiratería que favoreciera los intereses de la industria estadounidense: la Ley Sinde.

   Surgen divisiones en Wikileaks. Se desencadena una denuncia por violación en Suecia, con intenso sabor a montaje. Fue retirada el año pasado, como confirma Baltasar Garzón, uno de los abogados de Assange. Siete años encerrado en la Embajada de Ecuador en Londres, asilado por el entonces presidente Rafael Correa, que argumenta lo hace por “falta de garantías” que preserven la vida de Assange. El actual, Lenín Moreno lo entrega “a petición de Estados Unidos”.

   Las aguas vuelven al cauce donde las quieren. La publicación de secretos de Estado llevada a cabo por Assange fue periodismo y libertad de expresión, valiente y osada. Pero resultó intolerable. La opacidad es indispensable en la democracia, decían, y hay que atenerse a lo que llaman “la Realpolitik”, así fue mencionada varias veces aquellos días.  Siempre me he preguntado ¿Es de extrañar que se terminara clamando por una democracia “realmente” real? A partir de entonces fueron segando tantas flores…

Encuestas, cloacas e intereses bastardos

Un clásico en las elecciones son los sondeos de opinión, constituidos cada vez más como promotores de tendencias. Con cierto éxito como influencia, a pesar de sus muchas equivocaciones. Y entre ellos sobresale la macroencuesta del CIS, realizada con más de 16.800 entrevistas. Buena parte de las restantes suelen tener entre 800 y 600, aunque copen titulares. El Centro de Investigaciones Sociológicas nos avanza que… todo puede pasar, a tenor de las anchas horquillas que ofrece. Para cumplir el rito al completo, sus barómetros son ampliamente criticados y objeto de chanzas.

Sí llama la atención la espectacular bajada del PP: pierde uno de cada dos votantes. El PSOE crecería hasta obtener 138 diputados desde 85. En porcentajes el partido de Pedro Sánchez (30,2%) dobla al de Pablo Casado (17,2%). A Unidos Podemos y a Ciudadanos el CIS los deja en 13,9% sumadas confluencias y 13,6%. Y lo más impactante es la estimación que el CIS da a Vox que pasa de un voto directo expresado de 3,8% a una estimación del 11,9%, triplica la intención de los encuestados. Cuando la estimación  incluye el recuerdo de lo votado. Dado que en las últimas elecciones Vox no llegó a ni a las 50.000 papeletas y se quedó fuera del Parlamento parece un tanto excesivo. Subiría de la nada en línea vertical. Aunque sin duda influye la intensa promoción mediática de la que goza el partido de ultraderecha nata.

Las tendencias sí seguirán influyendo. El triunfo del PSOE  y la bajada del PP son más que probables, dentro de la más estricta lógica. Los primeros disponen de una excelente atalaya desde el gobierno que propició la moción de censura y la aprovechan con una acertada estrategia de moderación. El PP está inmerso en una alocada carrera al despropósito. Varios candidatos participan en ella. Suárez Illana haciendo continua proclama de su soñado paraíso franquista. Cayetana Álvarez de Toledo mirando por encima de sus hombros de marquesa a todos los plebeyos y castas inferiores que no están a la altura que cree tener. Y Pablo Casado en un puro delirio que debería desencadenar denuncias explicitas por injurias y calumnias.

Hablamos del partido que alojó, premió y condecoró a la policía sucia por hacer trabajos sucios contra sus contrincantes políticos a niveles inadmisibles en un país democrático –según la investigación, y con dinero público. El partido de la Guerra de Irak, el del Yak 42, el del 11M y mucho más, y tiene el cuajo su presidente hasta de acusar a Sánchez de preferir las manos manchadas de sangre a las manos pintadas de blanco. Repasen los chanchullos gurtelianos para ver qué pasaba mientras toda la España con alma lloraba por los asesinados en Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. Pablo Casado es un peligro público. Imaginen a esos cerebros de cabras montesas –a tenor de lo que andan soltando por sus bocas al frente de un gobierno. Es raro hasta que haya un 17% pensando en votar al PP.

La triple derecha no obtendría mayoría absoluta, según el CIS. La querencia demoscópica por Ciudadanos es otra de las claves fijas. Pero Albert Rivera no debe ver nada claro su futuro cuando se ha situado en el mismo desvarío que Pablo Casado. “No se puede moderar a Sánchez, echarlo es una emergencia”, grita en El Mundo mientras el aludido sonríe. Los separatistas, rompedores de España y demonios varios, le salen a Rivera por los ojos en chiribitas. Ciudadanos remata con un vídeo pueril hasta el sonrojo en el que dicen y –lo que es peor para la pura estética escenifican que los malos pueden esperar sentados que suene el teléfono para pactos. 

Todo está por ver. La guerra sucia contra Podemos sigue de alguna manera en las cloacas mediáticas. Aunque puede darles una sorpresa. La cámara de vigilancia para la protección de Pablo Iglesias e Irene Montero ante las amenazas sufridas ha terminado emitiendo en abierto para quien lo quisiera ver. La Guardia Civil no cifró la señal hasta después del hackeado. El famoso teléfono robado a la colaboradora de Iglesias acabó en manos de Eduardo Inda para su difusión –la policía requisó una copia en OkDiario el viernes–, se lo habría entregado el entonces director de Interviú, Alberto Pozas. Hasta su dimisión este lunes era director de información nacional de Moncloa. Dimitió al ser llamado por el juez de la Audiencia Nacional y salió imputado.

Lo atronador es el silencio o la tibieza con la que el asunto pasa por los partidos y medios. No es un ataque a políticos, es un atentado contra la democracia. Hay que insistir en decirlo. Ha alterado ya el panorama político de forma irreversible como era el propósito. El remate llegó de una columna de la presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, Victoria Prego, titulada El cuento chino de Pablo Iglesias. No ha sido la Audiencia Nacional, ni todos los procesos judiciales, nada. El culpable que se inventa todo para promocionarse en elecciones es Pablo Iglesias, según ella. Desde su posición en la APM es doblemente grave.

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La prensa tiene clara su apuesta. Esa vuelta al españolismo de toros y procesiones, a recentralizar el Estado, a privatizar los servicios esenciales y proteger la tauromaquia a cambio. Las pensiones –complementadas, dicen eufemísticamente, con ahorro privado o dejadas en el mínimo, según el programa de Vox que es quien dirige la orquesta de esta derecha. La mujer tutelada. Y sobre todo un 155 perpetuo para Cataluña. Casado y Álvarez de Toledo, Rivera y Arrimadas, Abascal y cualquier otro tipo de Vox lo tienen como acto prioritario.

Se llaman a sí mismos constitucionalistas, y solo ven en nuestra ley de leyes tres artículos: el 2 de la unidad de España, el 155 para anular las instituciones catalanas y someter  a sus ciudadanos al gobierno de Madrid. Y, desde luego, el 135 que prima el pago a los acreedores a cualquier necesidad de los ciudadanos. Unos constitucionalistas muy precisos y escuetos, pero constitucionalistas porque se han colgado esa etiqueta. No como otros.

Este martes, en una radio he escuchado al despertarme que Unidos Podemos había hecho un programa basado en cada artículo de la Constitución –para que se cumplan a pesar de que cuestiona el Régimen del 78. Se ha instalado la costumbre. En mi opinión se puede estar de acuerdo con la Constitución y criticar la deriva del régimen que nació entonces. Actualmente, ofrece el panorama nauseabundo que vemos. Huele mal, apesta, viene el hedor de las múltiples cloacas y no lo quitan los continuos pasos por la lavadora, ni los perfumes caros.

Los periodistas que no abrían la ventana

Si uno dice que llueve y el otro dice que no, abre la ventana ¡y compruébalo! en lugar de dar las dos versiones. Es lo que una brillante viñeta viene a decir como regla fundamental del periodismo. Sobre todo del actual, en exceso basado en declaraciones. Numerosos periodistas no abren la ventana, algunos la cierran fuertemente y unos pocos la utilizan de vertedero. Vivimos un momento en el que las cloacas han reventado quién sabe si incapaces de acoger tanta porquería. O por pura guerra de facciones. Tramas sucias políticas, policiales, mediáticas, económicas. Para tumbar rivales. Una sociedad no puede funcionar así. Nuestro turbio pasado sin lavar, estalla ahora por estas costuras.

Dejemos un punto de partida bien claro: los ciudadanos no tienen ninguna culpa de los problemas de los periodistas y desinformar por la causa que sea conculca sus derechos. Los ciudadanos son parte dañada en estas contiendas.

Entre demócratas, al menos, han causado alarma social las revelaciones –constataciones, para ser precisos de que existió un complot para fabricar dossieres falsos sobre Podemos que, dañando su imagen, impidieran su acceso al poder. Bajo mano, de forma ilegal, con presiones, con dinero público e interés privado, al más alto nivel –se cita al Ministro Fernández Díaz y al propio presidente entonces Mariano Rajoy, y, todo ello, expandido con divulgadores mediáticos. No menor espanto produce ahora la reacción de algunos políticos y medios. Es un atentado al sistema. Los detalles son espeluznantes. Y hay demasiados silencios y demasiado ventilador. Aún siguen enmarañando. “Aquí se juega”, como dicen, sí, pero con fuego real. A la ruleta rusa o al canibalismo.

El último en sumarse a la confesión de irregularidades de gran calibre ha sido David Jiménez, que fuera durante un año director del diario El Mundo, justo en 2015 cuando irrumpe con fuerza ya Podemos en la política. Publica un libro, El Director, contando su experiencia que acabó en despido. Es un inesperado tirar de la manta que seguro levantará contra él al corporativismo. Claro que hablar tras haber callado y ser expulsado ofrece algunas dudas. Algunas cosas de las que dice Jiménez pueden obedecer a una visión subjetiva, pero otras son verdad y una verdad aterradora.

La intensa entrevista que le ha realizado al ex director de El Mundo José Precedo en eldiario.es arroja titulares terribles, desestabilizadores. Confirma la operación contra Podemos. La participación de las élites económicas. Relata las presiones de ministros y directivos del IBEX. Ofertas económicas que le hicieron a él mismo algunos de estos empresarios. Habla de prebendas, de influencias y sobresueldos, vinculados a informaciones precisas y titulares grandilocuentes. Acuerdos por encima de la dirección del periódico. Llamadas hasta para promocionar el fiasco de Bankia. Periodistas a sueldo. Tertulianos impuestos por el poder político. “Información vaginal”,  obtenida con prostitutas y modelos, a élites y políticos. Y siempre los nombres fijos: Villarejo, Eduardo Inda, BBVA, López Madrid y otros clientes que resalta Victoria Rosell.

Y es que la jueza canaria Victoria Rosell fue víctima directa de otra campaña particular de desprestigio que la apartó de la carrera política como diputada de Podemos. Villarejo había sido, desde hacía al menos dos décadas, una de las principales fuentes de El Mundo y facilitador de la mayor parte de nuestras “exclusivas”, escribe David Jiménez. El Mundobajo su dirección participó en difundir esas falsas noticias que eran guerra sucia. Detengámonos ahí. Las informaciones al dictado y con fines interesados no son ni “exclusivas”, ni noticias. Ni es periodista quien las emite sino portavoz o sicario de la trama. Es importante señalarlo. Hay muchas víctimas. Nunca pueden ser verdad total cuando surgen de esa forma, vienen contaminadas.

Cometió errores, dice David Jiménez. Reprueba los ataques a Pablo Iglesias también. Aunque en un exceso de celo escribiera una columna editorial como director en la que lo comparaba con Stalin y Kim Jong-un, el dictador de Corea del Norte. A David Jiménez le machacarán pero por corporativismo periodístico, no por esto.

Y algo mantiene de la actitud cuando en el “pero” reglamentario al enorme atropello cometido, acusa al líder de Podemos de haber ironizado –es lo que ocurrió- sobre un periodista de El Mundo en un acto en la Universidad. Hubo un gran revuelo entonces. El aludido se levantó y se fue, otros compañeros le secundaron. Nunca antes o después lo hicieron. Aquí, en Los verbos que acabaron con el periodismo, incluí un amplio surtido de titulares tendenciosos de aquellos días nefastos, varios de ellos con la firma del periodista. Esa crítica a Pablo Iglesias, en un solo párrafo, fue destacada en la entrevista de El Objetivo de La Sexta.

Y es que el corporativismo no discrimina. El corporativismo hace daño a cualquier profesión. En el caso del periodismo, a la sociedad por lo que representa. Una cosa es defender el buen periodismo -que sí, totalmente- y otra las malas prácticas -que no, en absoluto-. El corporativismo ampara las malas prácticas. Y se defiende con uñas y dientes de cualquier crítica.

Muchos ciudadanos están asustados e indignados por lo que ven y algunos tienden a meter a toda la profesión en el mismo saco. Y no es justo. La inmensa mayoría hace su labor con honestidad y no cobra  bajo mano, cobra su salario. La inmensa mayoría no son millonarios. Por el contrario, el periodismo es una profesión cada vez más precaria, lo que induce miedo a perder el empleo. Y más en ese caldo de presiones.

Más aún, decenas de  periodistas sufren las consecuencias de su labor de informar a la sociedad, persecuciones y amenazas –en España también-. Decenas de periodistas mueren incluso, a lo largo del mundo todos los años. Háganme el favor de no confundir a los periodistas con Eduardo Inda, o con cualquiera de sus similares. Resulta ofensivo. Ni con quienes combinan la propaganda política con el “periodismo” carroñero. Este viernes Susana Griso, en Antena 3, le ha preguntado a Ángel Hernández, el marido que ayudó a su mujer a morir tras 30 años de invalidez y sufrimientos, si lo había hecho para influir en la campaña electoral. Pero, insisto, los ciudadanos no tienen la culpa y no deben pagarlo.

Todos pagamos este estado de corrupción. Insostenible. Con técnicas que pueden calificarse ya a la luz de los datos de mafiosas. Con daños irreparables. Con implicados que gozan de una relevancia que no merecen. Con  partidos responsables que deberían ser llevados a los tribunales, que ya deberían estar intervenidos y dirigidos por una gestora y no malmetiendo a voces en la campaña electoral. Un país que mantiene vivo el franquismo al punto de ir a las urnas el 28A. Con Instituciones como la jerarquía de la Iglesia católica paradigma de la involución mundial, sin un gramo de piedad hacia sus víctimas, sean los homosexuales, o los miles de niños sodomizados. Con un sector de la sociedad sin respeto siquiera por la democracia.

Hay periodistas que atrancan la ventana, sí. Y otros, pocos y poderosos, que abren rendijas para volcar basura contaminante. Pero, les aseguro, que también los hay -aquí en este medio sin ir más lejos y en muchos otros-, que levantan las persianas, abren las contraventanas y miran y se lo cuentan aunque amenace un vendaval.

Vota en defensa propia

El 28 de Abril los españoles nos enfrentamos a unas elecciones cruciales. Está en juego el modelo de país y el modelo social, a decidir por muy pocos votos.  La derecha se ha partido en tres, radicalizándose, y con un redoblado apoyo mediático. Y la izquierda, o el centro izquierda más progresista, ha sufrido avatares fuera de programa. Las encuestas dan casi un empate entre los bloques o se decantan por uno u otro por la mínima.  Puede ocurrir incluso que, de no haber un triunfo nítido, haya que volver a las urnas en no mucho tiempo.  Por eso, resulta esencial volcarse en estas elecciones.

Hemos llegado a un punto en el que hay que votar, ineludiblemente, y votar en defensa propia. La frase surge de esas tormentas de ideas que se desencadenan en Twitter. Votar por supervivencia supone una actitud más pasiva que en defensa propia, con voluntad y arrojo.  Si gana la triple derecha, todas las mujeres estamos en peligro. Esta vez no les ha hecho falta ni el uso de eufemismos. El lumbreras en jefe del PP, Pablo Casado, y los dos vicelumbreras, García Ejea y Suárez Illana, han sido explícitos. Más aún sus socios en Andalucía, el partido ultraderechista Vox. Ciudadanos tampoco se queda atrás en algunas propuestas.

Existe, en opinión de PP y Vox, una dictadura feminista.  Las mujeres gestantes son como  taxistas que llevan un pasajero, según el libro entrevista entre Abascal  y Sánchez Dragó, el que presumiera de acostarse con niñas de 13 años. Pablo Casado ya nos dio un docto consejo al hacernos pensar en lo que llevábamos dentro al estar embarazadas. García Egea, PP, declara que quien quiera abortar tiene muchas opciones “incluso salir fuera de España”, evocando los nostálgicos viajes a Londres en el franquismo y posfranquismo. Suárez Illana hace el ridículo internacional al hablar de una ley en Nueva York que permite abortar a niños nacidos. Sí, abortar a nacidos. Y pide disculpas porque es mentira. Y se lía con los neanderthales que cortan la cabeza al nacer. Y no pide disculpas aunque también es mentira.  Rivera, mucho más moderno, prefiere el uso mercantil de la mujer y aboga por los vientres de alquiler y “una prostitución con luz y taquigráfos”, dijo textualmente. Ya puestos con IVA ¿verdad, Albert? Para  cualquier mujer es imprescindible votar en defensa propia en la idea de preservar los derechos que tanto nos costó conseguir. Cualquier mujer, salvo varias de las filas conservadoras que se apuntan diligentes al machismo, remedando el papel de la mujer del Comandante en “El Cuento de la criada”.

Quien desee mantener al menos el Estado del bienestar ha de votar en defensa propia también. Vox propone privatizar la sanidad y la educación, desmantelar el sistema público de pensiones y denuncia la discriminación fiscal de los ricos. Marcos De Quinto “número dos” de Rivera en Madrid, promotor del ERE de Coca-Cola, cotizante en Portugal para pagar menos, declara que “si se cerró ese centro algo de culpa tendrían los trabajadores”. El ultraliberal Daniel Lacalle, por el PP, propone bajar impuestos a los que más ganan pero le parece un error que se paguen 900 euros de salario mínimo. Comparte la privatización de la sanidad y la educación y nombra, aunque desmiente la intención, el recorte de las pensiones, bajo determinadas circunstancias, que puede estar entre el 20%, el 30% e incluso el 40%.

Esta derecha estima que los jubilados se pondrán gustosos al borde de la inanición, o que la sociedad completa afrontará pagarse sus propios tratamientos médicos y la educación de sus hijos, por la grandeza del nacionalismo español tal como ellos lo entienden: de represión y atraso. Sueñan con un 155 eterno para Cataluña (los tres). Con degradar a Mossos y Ertzainas (Casado) o suprimirlos (Abascal). Los tres quieren cerrar la televisión autonómica, TV3. La marquesa Cayetana Álvarez de Toledo (PP) habla de “ver arrodillados” a los independentistas, con esa altanería  proclive a la  humillación del inferior propia de su casta. Prácticamente todos los españoles con dos dedos de frente y los cinco de ética han de votar y votar contra la derecha en defensa propia.

Quieren devolvernos a la ley de la Selva de la que ellos, en su inmensa cortedad intelectual y moral, no salieron jamás. Cadena perpetua, mili obligatoria, cine patriótico, en la mente de Abascal en la que solo cabe España y ni una idea de progreso. Con mayor o menor intensidad esta derecha admira o no rechaza el franquismo. Abascal califica el golpe del 36 de “movimiento cívico militar”, aunque ocasionara una guerra y una dictadura fascista de 40 años. Suárez Illana también admira a Franco. Cs ha evitado condenar el régimen. En los países serios la apología de la dictadura está prohibida y penada. Los ultraderechistas ya han logrado de sus colegas del PP la promesa de suprimir la Ley de Memoria histórica andaluza. Uno de los más destacados prebostes de Vox promete en un acto público que “quién dispara y mata a un ladrón será premiado con la Medalla del Mérito Civil“.

Los ultras quieren suprimir el Ministerio de Cultura. Materia con la que desde luego no parece simpatizar la triple derecha vigente. Pablo Casado no tiene ni la más remota idea de geografía del país que aspira a presidir. Y su pereza mental es de semejante calibre que ni se prepara en sus visitas presenciales, en qué provincia está Getxo o que existe Ceuta. Rivera suelta “motu propio” oyendo campanas sin saber de dónde vienen. A los de Vox no hay más que verlos.  Una de sus portavoces se queja de que “hay mucha ciencia y poco bandera”.  Vota en defensa propia, porque si esta derecha llega al poder, España podría contagiarse de su burricie, su incompetencia, su ignorancia, su bajeza de miras.

Las mentiras de Casado se han convertido en un clásico. Las exporta con total impericia, haciéndose daño. Se va a Bruselas a afirmar que “Torra está el mando del gobierno de Sánchez”, como si en las Instituciones Europeas fueran lerdos. Pablo Casado ha llegado a mentir a los niños diciéndoles que la caza “es para que los animalitos no se pongan enfermos”. Sí, muerto el animalito, muerta la enfermedad. Y ya se ha esbozado el primer duelo de miradas y testosterona entre dos luminarias de primer orden: Aznar y Abascal por aquello de la “derechista cobarde”.

El triunfo de uno u otro bloque va a depender de mínimos. Los poderes que no concurren a las urnas no son nada proclives a permitir un gobierno realmente progresista en España. Se precisa recorrer un camino previo, ya iniciado.  Europa, las democracias occidentales que se dice o como quieran, apuesta por Pedro Sánchez. La moción de censura le ha propiciado una excelente campaña electoral. Y nadie en su sano juicio daría un gobierno al mentecato de Pablo Casado. Sin mayoría del PSOE, la gran decisión está entre Unidos Podemos o Cs para sumar fuerzas. El capital apuesta por Albert Rivera, no puede estar más claro, pero empieza a asumir que Pablo Iglesias es una opción. Como segunda fuerza. Muchos en el propio PSOE prefieren al naranja, azul, y ahora verde Rivera pero se ha tiznado demasiado.  Fuera de sí, asegura que “Sánchez es un problema para España, y echarlo es una cuestión de Estado“. Nada crítico dice de los ultra de Vox.

El poder mediático no quiere a Iglesias ni en pintura, no hay más verlos. El poder mediático, digo. No el periodismo. Precisamente, conocer  la guerra sucia de las cloacas del Estado ha mostrado en radiografía los perfiles de periodistas y políticos. Hasta Iñaki Gabilondo dice que esto es un escándalo y que Pablo Iglesias es “uno de los nuestros”. No lo son desde luego quienes habitan las alcantarillas mugrientas. Las encuestas pueden darles una sorpresa.

Vota en defensa propia. Sin confusiones. La derecha también anda preocupada. Temen no les salga su proyecto de país de banderas, toros y toreros, y famosos de la tele. De volver a la mujer “a sus labores”, sin rechistar, y los privilegios a las clases de las que nunca debieron salir. De sanidad, educación y pensiones de beneficencia.  De mucho embestir y  poca  cabeza. De involución y autoritarismo.  Promotor de miedo. Todas las trampas son esperadas. Hay que sortearlas.

Votar en defensa propia es asegurar un gobierno fuerte progresista. Impelido a exigirse el cumplimiento de medidas progresistas si se dan desviaciones. Sabiendo en qué país estamos. Pongámonos en el camino posible para un día poder mejorar esta democracia imperfecta. Evitar caer en el abismo ultra es prioritario. Empezar a remontar. Interiorizarlo, difundirlo. Votar, como obligación con los ciudadanos demócratas. En defensa propia.

Watergate contra Podemos

Durante décadas, numerosos periodistas soñaban emular a Carl Bernstein y Bob Woodward, dos colegas del Washington Post que lograron desenmascarar  y hacer dimitir al presidente de EEUU, el republicano Richard Nixon. Se confirmó que era el responsable último de una trama contra el partido demócrata, con todos los ingredientes que fija el manual. A saber, espionaje político, escuchas ilegales, sabotajes, sobornos, y un sin fin de actividades ilegales ejercidas desde el Estado. Claro que Nixon lo negó. Y se resistió. Y cesó y persiguió a quienes pretendían esclarecer la verdad, por todos los métodos a su alcance. Legales y sucios. Finalmente, se vio obligado a dejar el cargo. Ocurrió entre 1972 y 1974. El Watergate quedó como mito romántico de la profesión periodística.

La campaña de acoso y derribo contra Podemos y, en particular contra su líder Pablo Iglesias, se inscribe en los mismos parámetros de guerra sucia desde el Estado. Desde quien lo gobierna. Ni “policía patriótica” ni zarandajas. Según las pruebas sobre las que trabaja la justicia, el ministerio de Interior del PP de Rajoy puso en marcha con recursos públicos una trama policial para desprestigiar a Podemos, en cuanto consiguió un notable potencial en las urnas. De la mano de Fernández Díaz. De Soraya Sáenz de Santamaría también, sugieren ahora, cuyo enorme poder y presiones sobre los medios fueron evidentes. Y de portavoces mediáticos muy precisos como Eduardo Inda, y su OK Diario creado con dudosas subvenciones justo en aquellos momentos.

La trama sucia habría actuado contra Podemos, contra los independentistas catalanes y para lavar la propia corrupción del PP. Con esos tan sospechosos ataques a su propio tesorero Luis Bárcenas. Recuerden que un falso cura allanó su casa, “secuestró a su mujer, a su hijo y a la asistenta, y les amenazó para que le entregaran las pruebas que el extesorero del PP escondía”.  Lean este artículo de Ignacio Escolar, y consérvenlo porque son tiempos de borrar la memoria.

Ni Venezuela, ni Irán, como ya dictaminó reiteradamente la justicia. Informes falsos, invasión de comunicaciones privadas, tergiversación, sí. Miembros del partido que ejecutó la trama siguen utilizándolo como arma. Hoy mismo Rafael Hernando, sabiendo perfectamente lo que hace. Las calumnias se extendieron, el perjuicio fue cierto, y tribus enteras de wasaperos llegarán a la tumba convencidas de su veracidad. El daño es irreparable. Lo mínimo es al menos decirlo e intentar una difusión que nunca será igual a la que tiznó la trayectoria de varios políticos incómodos. La tinta negra de los intereses ha sido lanzada contra cuantos amenacen ciertos privilegios.

La corrupción provocó la moción de censura contra el PP que llevó al PSOE a la Moncloa, con el apoyo de diversos partidos. No hay que olvidarlo. Pero España sigue operando con este PP y sus cómplices como si nada hubiera ocurrido. La impunidad que sentían les llevó hasta a premiar oficialmente a un confidente que les amañó falsos dossieres. Se sabía de las cloacas del Estado, con meritorias investigaciones que incluyen el documental así titulado de Publico.es. El periodismo informó.  Y tapó, también tapo o ignoró. La justicia está actuando. Ahora con el magistrado García Castellón de la Audiencia Nacional. Antes hubo hasta comisiones parlamentarias que no llegaron a término. Nadie ha pagado culpas aún.

El poder siempre pone trabas a la información independiente. Vean el caso sin ir más lejos de Raquel Ejerique e Ignacio Escolar, periodistas de eldiario.es a quienes piden cinco años de cárcel por la denuncia de Cristina Cifuentes, aún con su máster falso.  Una de las definiciones de noticia dice que es lo que el poder no quiere que se sepa. Hay más noticias que no entran en ese concepto. Pero lo terrible de España es la connivencia de muchos medios con las propias tramas sucias. Portadas y programas que actúan como brazos mediáticos de esa derecha corrupta. Con tibiezas de parte otros. Es la gran diferencia con Estados Unidos donde terminan por entender que este tipo de ataques afectan a la libertad de información y a la sociedad, a los derechos, a las raíces del sistema democrático.

El tratamiento informativo del tema puntero ahora, el robo del móvil de una colaboradora de Pablo Iglesias con información sensible, deja mucho que desear también. Algunos medios lo ignoran. TVE llega a cambiar y cortar frases.  Un periodista no debe actuar por simpatías y antipatías, y menos sabiéndolas fundamentadas en falsedades. La asociación de Al Rojo Vivo de la Sexta entre Vox y Podemos fue otro golpe bajo, plagado de soberbia y de poder, tras la entrevista en La Sexta Noche a Pablo Iglesias. No es fácil, no.

Protestar, informar también, tiene consecuencias en una profesión que se ha precarizado al límite. Y se ha vuelto mucho más dócil. No debería tratarse de valentía,  pero tampoco de sumisión. Y se han visto estos días a alguno que recuerda a Paco, el Bajo, de ‘Los Santos Inocentes”, defendiendo lo indefendible.

No es edificante leer a periodistas que saben de presiones de las que se charla en círculos informados y ver que se acepta como irremediable. Nada sano crece en magma podrido.  Lo preocupante es que se dan demasiadas desviaciones por asumidas. Presiones hay. La Asociación de la Prensa de Madrid repite año tras año resultados alarmantes en su Informe de la Profesión Periodística. ¿Recuerdan? En el de 2016, el 75 % de los periodistas admitía ceder a las “presiones” y el 57 % que se autocensura. Imaginemos que se dijera lo mismo en la cadena alimentaria, escribí entonces en eldiario.es. Que el 75% de los procesadores confesaran que ceden si sus jefes les piden meter gato por liebre en los productos, en todas sus aceptaciones. Las manipulaciones informativas causan mucho más daño a veces que una gastroenteritis.

En EEUU, llegó a haber unas elecciones en pleno Watergate, salió reelegido Nixon, se bloqueó el sistema judicial, y por fin cayó.  Ir a las urnas con una trama política, policial, mediática, empresarial, ensuciándolas, las altera. En cualquier país serio, hubieran caído todos los capos de esta mafia. Aquí,  hemos llegado a un mes de las próximas elecciones con un panorama político desolador. Con un PP cuajado de mentiras y bravuconadas que diseminan ocurrencias temibles si llegaran al poder. El mismo PP de la trama sucia policial aún impune. El mismo. El PP de Casado es hijo del de Rajoy y Aznar. El folclórico desbarre de las listas electorales es hijo de este tiempo de degradación de los valores, de la banalidad que se propicia desde los medios, de los intereses que la mayoría no advierte. Todo tiene consecuencias.

El Watergate contra Podemos supone una noticia esencial porque altera el sustrato político, los objetivos como sociedad. Ocurriría igual con otros partidos democráticos. No es batalla electoral, es guerra sucia, que se ejerció desde el gobierno. Con cómplices. Muy grave y no se le está dando la importancia que requiere. Por la propia dignidad de la democracia.

Recuperar el control… perdiendo el control

Plagas de fake news, candidatos que llaman por teléfono en mensaje grabado sin haberles facilitado el número, precampaña irritante para provocar rechazo a la cita con las urnas del que sacar beneficio.  Las elecciones ya no son lo que eran.  No dejamos de oír que  la campaña electoral se juega en WhatsApp. No solo, hay más  vías. Lo que resulta imprescindible conocer es el porqué, las motivaciones últimas de los votantes en este momento histórico, las influencias que sufren y cómo afectará a la sociedad en su conjunto. Más aún, a los seres humanos que la componen.

Desde la elección de Donald Trump en 2016 como presidente de EEUU se han sucedido resultados en las urnas tan sorprendentes como aquél. El que llevó al poder en Brasil al ultraderechista Bolsonaro en lugar estelar. O el Brexit, el referéndum para una salida o no del Reino Unido de la UE. Los votantes no se habrían vuelto locos en masa como dedujeron algunos analistas. Atando cabos, vamos sabiendo que sus opciones no fueron ni tan improvisadas, ni tan aleatorias como se pensó, sino que pudieron responder a nuevos métodos de la estrategia electoral.  No siempre limpios.  No advertidos, sobre todo.

Ni conspiraciones, ni paranoias,  computación aplicada a fines concretos. De alguna manera, se está hackeando el sistema político. Así llegó a definir la táctica,  Dominic Cummings, el asesor político que  fraguó el triunfo de los eurófobos para la salida del Reino Unido de la Unión Europea. “Brexit: La guerra incivil“, película producida para la Plataforma de televisión HBO, narra la metodología empleada. Y en ese sentido es todo un Tratado de ciencia electoral que vienen confirmando otras informaciones.

Métodos dudosos, sin duda.  Han sido denunciadas algunas de las empresas de consultoría participantes como la canadiense AggregateIQ (AIQ), Cambridge Analytica  o la propia red de Facebook  al chocar con el Reglamento Europeo de Protección de Datos. Estamos ante nuevas formas de abordar al votante. En Europa no terminan de ponerle freno.  En España los propios partidos se fabricaron una habilitación legal para recopilar datos personales sobre ideología política de los ciudadanos y enviarnos… propaganda. Los recursos aún no han fructificado. Los detalles aquí. Están llegando a pedir y dar autorización -incluso plataformas electorales que pasan por progresistas- para emitir tuits en nombre de los asociados sin conocer su contenido previo. A estas alturas, el cartel y el mitin parecen decimonónicos. La libertad individual también.

Las estrategias más sofisticadas usan algoritmos para la selección de la población en campañas electorales.  Básicamente, a través de empresas que utilizan minería de datos para saber dónde están los votantes a los que se puede captar y qué mensajes pueden convencerlos. El camino es doble. De un lado, analizan al electorado; del otro le llenan con los contenidos que interesan.  Steve Bannon,  uno de los artífices fundamentales de la victoria de Trump, empleó este tipo de estrategia.  Para Bolsonaro fue base absoluta de su campaña. Y en el Brexit, de la mano de Cummings, desde luego.

Existe actualmente un conocimiento sociológico sin precedentes.  Solo en Facebook  se juntan dos mil millones de personas alimentando sin parar la base de datos. Actualizándola varias veces al día. Facebook funciona como funciona. El Congreso de los Estados Unidos y el Parlamento británico llamaron a testificar hace un año a su fundador y CEO, Mark Zuckerberg, por la fuga de datos de 50 millones de usuarios. Se dan criterios  preocupantes de censura, de quitar voz y de amplificarla, como mostró esta exclusiva de eldiario.es  AñadanWhatsApp que también pertenece a Facebook, otras plataformas como Twitter. Así, fijan y estudian patrones de  conducta. Saben cada uno de nuestros gustos y preferencias, los estados de ánimo, cuánto dormimos, qué nos motiva. Nos conocen mejor que nosotros mismos.

Los datos son poder y las emociones un flanco vulnerable, según sean utilizadas.  El conocimiento previo lleva al diseño de mensajes individualizados incluso. Los algoritmos aprenden, se adaptan,  predicen y diseñan. La programación, así, sirve lo que se quiere oír y lo que conviene a su estrategia. Convierten en realidad las pesadillas, y dan alas a los sueños. Dos tercios del electorado no suelen cambiar de opinión, ni de partido haga lo que haga, estiman los expertos. El campo donde actuar  es el otro tercio donde habitan los influenciables y los que dudan entre lo que les dicta el corazón y la cabeza. Entrarían ahí hasta las apelaciones al voto útil.

Se pueden encontrar, como ocurrió en la campaña del Brexit, a ciudadanos que no votaban, de los que no se ocupan los partidos, ni están en su base de datos. Ciudadanos que en muchos casos se sienten abandonados. Enfadados por la precariedad que les dejó la crisis y por el futuro que les espera a sus hijos. Importante: Rechazan los datos.  No se creen las cifras que les dan oficialmente. No confían en los políticos ni en las instituciones, desde luego menos que en generaciones precedentes.  Signos comunes en muchos países. Auparon a Trump, aúpan –no sin interesada ayuda mediática- a la ultraderecha española. Cocidos en un cóctel de miedo y odio, como llegan a definir los estrategas, están cayendo en los extremismos que les dan aliento, ilusoriamente, con repuestas falsas.

WhatsApp es en efecto la base esencial de propagación de los mensajes. De las fake news como es sabido y también de la propaganda política más o menos camuflada. Hay gente que confía más en su cuñado, en un amigo, en ForoCoches, que en lo que diga ningún candidato o medio. Es una sociedad que se mueve más por emociones que por la razón. Lo que representa un peligro para la toma de decisiones de envergadura. Ya pesa más lo que sienten y “creen” que “la economía”, como anticipan los partidos. No les mueven  los recortes, el empleo, los sueldos, los servicios sociales, ni las pensiones al parecer, aunque lo digan, sino lo que apela a sus sentimientos. Y ahí, en todos los países afectados, funciona sobre todo lo que entienden por pérdida de identidad nacional.

Incluir en el mensaje un factor emotivo, repetir el mensaje una y otra vez –oigan a Ciudadanos, por ejemplo, todas las horas de todos los días repitiendo cuatro conceptos en bucle- e invocar la pérdida de identidad, son pilares básicos. “Recuperar el control” es  el lema que mejor funciona, se usó para el Brexit del Reino Unido. El Make America Great Again, hacer grande América otra vez, en Estados Unidos. El amor a España -que resuelve los problemas por sí solo como el bálsamo de fierabrás- prescrito por Vox. Aunque las evidencias de la farsa salten por los cuatro costados. Ocultar donaciones con el uso de testaferros. Vivir de lo público sin haber dado un palo al agua.  Es el caso de Abascal, que estuvo un año al frente de una fundación pública, cobró 82.000 euros de sueldo y no hizo ni un solo proyecto, con la connivencia ya del PP de Esperanza Aguirre.

A un grupo notable de votantes les suena bien “recuperar el control”, lo que solo existió en sueños muchas veces. El Brexit precisamente lo demuestra: tanto correr para no llegar a parte alguna. Y, sin embargo, ahí siguen los adeptos, a querer volver a una época en la que todo tenía sentido. En España, nada menos que el franquismo puro y duro que una democracia imperfecta no erradicó. Flagrante falta de información y de espíritu democrático.

La triple derecha española es pródiga en la apelación emocional, sobre todo a la identidad española que oculta los problemas reales.  En “Brexit: la guerra incivil“, aconsejan utilizar a los grandes estrategas de la historia porque las tácticas no cambian se ejecuten con lanzas o con peleas en Twitter o en un circo televisivo.  Se cita El Arte de la Guerra, escrito por el General chino Sun Tzu varios centenares de años antes de la Era Cristiana. Evita combatir en el terreno del contrincante porque en ese ganaran, hay que llevarlos a otro escenario en el que estén fuera de lugar y sean vulnerables, viene a decir. Y, ése, sí es un buen consejo.  Desmentir, rebatir en su terreno las mentiras y los ataques de esa derecha unida y nociva, PP, Vox y Ciudadanos, por tanto, les favorece.

No es derecha contra izquierda, es lo nuevo contra lo viejo, dicen, mientras una imagina escenarios menos bucólicos ¿Adónde vamos como sociedad por este camino?  Las elecciones pasan, aun con sus decisivos cambios de orientación política. Lo peor es cómo se está infiltrando el tutelaje y la vigilancia de las votaciones, de la propia vida.  Dejar que otros decidan por nosotros. Acabar con el derecho a decidir que sí existe y como pilar fundamental del ser humano. Hasta en el  acto que parece simple y no lo es de emitir libremente un voto.

Es hora de recuperar el control, sí. De los seres humanos que piensan y sienten, y hacerlo desde luego con la pasión que exige hacer frente al peligro que nos acecha.

*Publicado en eldiarioes 19/03/2019 – 

Ser madre en la España de la triple derecha

La derecha extrema –no el centro-derecha como viene saliendo de las lavadoras mediáticas se ha atrevido a lanzar propuestas  sobre la maternidad que llegan a atacar los derechos humanos. Y lo hacen, desde distintos flancos, los tres pilares en los que ahora se sustenta esta ideología cada vez más escorada en el arco político y más ultraliberal en la economía. Como un todo que se complementa. Un bloque unitario con posibilidades de gobierno que nos llevaría a una situación de la que muchos no son conscientes.

Le llaman el “invierno demográfico”, con razón. Los recortes y la precariedad consiguiente han frenado los nacimientos, ha aumentado también la mortalidad –que se habla menos- y España registra una caída de crecimiento poblacional. Lo hizo la tijera del PP aquí. Y la crisis del capitalismo internacional que,  resuelta a favor de unos pocos, nos tiene ahora mismo al borde una nueva recesión mundial.

Niños hay. Los pueden encontrar en los campos de refugiados, vagando por países europeos, llorando de impotencia, usados muchos hasta extremos indigeribles para la conciencia humana.  Pero las gentes de “bien” de la derecha prefieren pagar por hijos propios gestados en vientres de alquiler o robarlos –en sus distintas facetas-  de genes más o menos controlados.

Yendo a la raíz, la maternidad no estaba en discusión en España, pero ha entrado en el terreno mercantil y hasta de apropiación indebida, al situarse en términos de escasez. De esa escasez provocada por el reparto desequilibrado de tareas y responsabilidades y por la falta de medios.  Con vivienda y trabajo las parejas no se pensarían tanto traer hijos al mundo.

El partido ultraderechista con X quiere a los inmigrantes fuera, con sus niños y sin sus niños. Fuera. “España en el corazón” -que dice su líder- resolverá el problema por sí misma, como lluvia caída del cielo. Ciudadanos plantea una maternidad no muy lejana del negocio. Por imposibilidad física o por comodidad se acude a gestación subrogada –es tiempo de eufemismos- con genes de los progenitores. El altruismo como señuelo.  El PP ha ido mucho más allá para completar el flanco: las inmigrantes embarazadas entregan su hijo en adopción para evitar por un tiempo ser expulsadas de España.

La salvaje propuesta de Pablo Casado ha causado un escándalo enorme. Tanto que le ha hecho rectificar como él y su partido saben: negando las evidencias con una desfachatez que enerva. Lo dijo. Lo corroboró el Partido Popular por escrito. Aquí tiene los datos, los expone Ignacio Escolar. El colmo es que el rey de las Fake News se presente como víctima de ellas para esconder su error; el de decirlo, porque la propuesta parece acorde con su pensamiento. El de la España eterna de los señoritos de su casta que, esta vez y en este siglo, ha desbordado todas las barreras. Imaginen a este sujeto en La Moncloa, gobernando con Ciudadanos y Vox.

No es difícil visualizarlo. Lo que está ocurriendo me ha recordado el famoso artículo de Jonathan Swift. Ya saben, el escritor irlandés autor de “Los viajes de Gulliver”. En 1729, publicó un artículo titulado una “Modesta proposición” para acabar con el hambre en Irlanda. Éste era el nudo de su tesis:

“Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres que un tierno niño sano y bien criado [por supuesto pobre, hijo de mendigos] constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo de que servirá igualmente en un fricasé o un ragout”.

El artículo fue un auténtico revulsivo en su época –no hay más que leerlo. Hablamos de una Irlanda paupérrima que ya se entregaba al desgarro de la emigración. Luego vendría el liberalismo y, más tarde, la degeneración del liberalismo, los paraísos fiscales y las mantas que parecen taparlo todo. La “modesta proposición” de Swift  escandalizó a la sociedad, operó cambios en Irlanda. No tenían televisiones con jabón ultra de tertulia.  No tenían sobre todo esta sociedad que parece engullirlo todo.

Los ciudadanos actuales han ido tragando medidas que parecían inaceptables, en recortes de derechos sobre todo. En conciencia, en particular. Vueltas de tuerca que nos han traído a las puertas de unas elecciones en las que la triple derecha puede ganar. Imaginen una España así. Con esos conceptos de maternidad, negando la violencia de género, anotando los nombres de quienes, desde las instituciones, la combaten. Sin contar sus propuestas económicas.

Ciudadanos con los vientres de alquiler, Casado con las adopciones de hijos de emigrantes forzadas por la necesidad, Iglesias –con Irene Montero- solucionando la repoblación por la vía directa: teniendo hijos. La derecha, por cierto, ha puesto el grito en el cielo. Tampoco les gusta el procedimiento. Donde esté un buen laboratorio o una inmigrante sana que se quite la pasión que engendra vida. “La rojería de chupete”, escriben. “La izquierda clásica y la rojería de chupete“, en concreto, que “podrían gobernar en verano”.

Y es que en verano, sí, podría gobernar quien sirva los derechos  humanos en ragout y los de las mujeres, en particular, estofados. La mentira como estrategia y nubes de verborrea escandalosa  para ocultarlo.

La derecha empieza a preocuparse

La imagen del presidente de Andalucía Juanma Moreno Bonilla doblado en reverencia ante el Rey, la propia actitud de Felipe VI ante ese saludo, reflejan la España que gustaría a la derecha. El político conservador, aupado por un partido ultra y por otro elástico, se inclina ante un jefe de Estado hereditario en el Siglo XXI. Todo era más fácil para ellos así, para el tiempo al que pretenden devolvernos.

Conforme avanzan los días, las opciones de un triunfo electoral de la alianza PP, Ciudadanos y Vox van mermando. El feminismo sepultó Colón y les dejó en cueros.  El poderoso bloque político y mediático está inquieto cuando preveía un paseo triunfal. Algunas encuestas rebajan sus expectativas. Es una percepción que se agudiza al observarles. Los discípulos de Losantos lanzan fatwas desde sus medios que muestran temor y rabia. El jefe de Opinión de El Mundo,  Jorge Bustos, publica una columna asegurando que la campaña electoral va de “aniquilar” a Albert Rivera. La malvada estrategia parte de Pedro Sánchez, naturalmente. Un ser casi diabólico a tenor por lo que Bustos cuenta a sus seguidores. Antonio Caño, ex director de El País, debe andar tomando notas.

“Cada mañana Pedro Sánchez besa el póster de Santiago Abascal que tiene en el despacho y clava otro alfiler en el muñeco vudú que representa a Albert Rivera”, así comienza Bustos. Y sigue como un ciclón: se trata de una “salvaje operación de desinformación y descrédito del rival”. Con  dinero público para inocular propaganda, redoblando la publicidad en “medios cautivos”. Que esto lo diga El Mundo se las trae. El futuro, si el malvado Sánchez, “un ser amoral”, consigue culminar sus planes es apocalíptico: “España se partirá en dos mitades”. Gobernará “de espaldas a la Constitución”. “Serán años de bloqueo, guerra cultural y cesiones de soberanía. Luego vendrá la recesión que otra vez destruirá al PSOE junto con los empleos de muchos de sus votantes comprados con cargo al déficit”. No sigo, se hacen idea. En contra mis principios de publicitar basura de grueso calibre, lo enlazo para que puedan comprobarlo.

No es cuestión de reírse, aunque den ganas. La caverna ultra española es muy peligrosa cuando pierde poder; la historia de nuestro país está llena de ejemplos. Ahora el pastel empieza a desinflarse porque fallan los ingredientes. Una buena parte de los medios han promocionada a la triple derecha hasta la náusea. El problema son sus líderes: endebles y con evidentes signos de nerviosismo. Vayamos a Albert Rivera que es quien les preocupa fundamentalmente.  Lo consideran el más presentable frente a ese pollo sin cabeza que preside el PP y los sueños húmedos de llevar a Abascal a caballo a la Moncloa todavía no lo ven viable, al menos de momento.

A Rivera se le ha caído de bruces al lodo el fichaje en Castilla-León. Silvia Clemente ha sido apeada tras un flagrante hinchado de votos en las primarias, en las que salieron más papeletas que votantes. Este dechado de virtudes que Ciudadanos arrebató al PP tiene un amplio historial –lo resumía aquí Ignacio Escolar. Y no es nada desdeñable lo que cuenta al final del artículo: la presidenta de las Cortes de Castilla y León gastó más de 700.000 euros en publicidad y reportajes pagados en 2016. Y, en 2018, un jurado compuesto por los directores de los principales medios de comunicación de Castilla y León premió a Silvia Clemente como “comunicadora del año”. Lo de Ciudadanos en Castilla y León le pasa a Podemos y el auto sacramental no se apaga hasta abril del 2020, comentó el periodista Enric Juliana.

Cuando el jefe de opinión de El Mundo habla de dinero público para estos fines sabe lo que dice. Pero normalmente quien usa esas tácticas es la derecha con los abundantes medios de la derecha.

Rivera fue entrevistado –es un decir por TVE en el telediario de las 9 el lunes. También, como Casado, dijo a placer lo que le convino. El rigor había sido más severo para Pedro Sánchez y, sobre todo, para Irene Montero.

Rivera miente al decir que ha habido un golpe de Estado en Cataluña. Si realmente fuera “constitucionalista” lo sabría. Sánchez no ha pactado con Torra y Bildu, apoyaron la moción de censura. El colmo es no pronunciarse sobre si Vox, con quien Ciudadanos ha pactado de facto en Andalucía, es constitucionalista, pero afirmar que “Sánchez, desde luego, no lo es“.

Se les desinfla Albert Rivera, mientras Casado sigue su despendolada gira soltando insensateces. Grave la de volver a la teoría de la conspiración en el 11M, en donde tan grave responsabilidad tiene su partido, dando otra bofetada a las víctimas. “El problema ahora es que el PSOE lo maneja Torra directamente”, soltó en 13Tv. Y ni se inmuta.

Al PP le sale también su fondo de armario con una Soraya Sáenz de Santamaria que ficha por el bufete de Cuatrecasas. Su líder fue condenado por ocho delitos fiscales pero evitó la cárcel tras pactar con el fiscal y la Abogacía del Estado que dependía de Santamaría. Cuatrecasas se convirtió en asesor de la Sareb, el banco malo, tras ayudar al gobierno del PP a crear un fondo de liquidez para proveedores por la cifra simbólica de un euro. El bufete pasó a trabajar para inversores internacionales que compraron activos tóxicos a la entidad. La firma es la segunda del mundo y la primera española que más denuncias de inversores extranjeros contra España ha logrado captar tras los recortes del PP a las renovables. Aquí, en Eldiario.es, la información completa.

La tercera pata de la derecha viene con X. Se ratifican los vínculos con la Fundación Francisco Franco. En España todavía hay un gran número de ciudadanos que no comulgan con el fascismo pleno, menos mal. El fascismo asesino y cruel que sigue arrojando las evidencias de su terrible legado. Nuestro compañero Carlos Hernández ha documentado la existencia de casi 300 campos de concentración que el régimen mantuvo hasta finales de los 60. Entre 700.000 y un millón de españoles pasaron por ellos, hasta 5 años, sufriendo torturas y trabajos forzados. Lo cuenta en el libro que acaba de publicar. Quienes votan fascismo agreden a la sociedad, por tanto.

La derecha está preocupada y se nota. La derrota en las urnas ha de ser contundente. Por supervivencia. Por esperanza de futuro, aunque sea imperfecto. La otra opción son las catacumbas. Pero nos esperan tiempos en los que esgrimirán todas sus armas y, visto el material, sabemos que no se paran ante nada.

Es tiempo, urgente, de saberse ciudadanos libres y ejercer de tales. Con la cabeza bien alta.

15 veces 11M

Quince veces 11M. Lo peor de la historia de España son los muertos que resurgen una y otra vez en el camino, los errores impunes de la política indeseable. Quince veces 11M. Así los va contando la madre de una de las víctimas mortales. Marisol Pérez Urbano, filóloga y profesora de literatura, publica una intrahistoria de los atentados del 11 de Marzo de 2004, en este nuevo aniversario. Su hijo, Rodrigo, de 20 años, cayó en Atocha, muerto en el acto.

El terror irracional mató e hirió con saña, el poder político manipuló y usó, algunos medios fueron cómplices y difusores. Lo tremendo es que todos esos factores siguen ahí.  Para los familiares de los fallecidos el dolor no caduca porque no caduca la ausencia ni las secuelas. Pero un fuerte componente de su sufrimiento sigue siendo pensar cómo el PP camufló sus responsabilidades manipulando la verdad. El temor para los afectados directamente y para cualquiera con conciencia es ver que siguen ahí, con sus tácticas, sin haber respondido a culpa alguna. La pérdida del poder durante dos legislaturas, a las que volvió sin regenerarse en absoluto.

El tratamiento de los atentados del  11M en Madrid es una de las más potentes páginas negras protagonizadas por la derecha española. En tiempos como estos, en los que se la relanza con grandes apoyos, conviene refrescar la memoria de sus mayores destrozos. El 11M lo fue. Y muchos, como dice Marisol Pérez Urbano, ni siquiera saben ya lo que pasó, tras haber sido sometidos los hechos a intensos procesos de lavado y lejía, tinte y vuelta a lavar.

La madre de Rodrigo edita en su libro “Dinos dónde estás y vamos a buscarte” un diario que fue escribiendo con los hechos que se iban sucediendo, las sentencias judiciales probadas, numerosos artículos de prensa y de blogs de solvencia. De un lado es un valioso registro, casi notarial. Del otro, desnuda sentimientos personales con los que cualquiera se sentiría identificado en su lugar, plasmados en textos escritos durante esos 15 años.  Pena, rabia, melancolía, desesperación, angustia, duelo, búsqueda del sosiego y también de la reparación. Es lo que no llegan a entender las almas muertas indiferentes a los daños que causan.

El libro recoge la historia de factores significativos como las presiones que el PP ejerció hasta con los corresponsales de medios internacionales en España. La manipulación probada que llevó a dimitir a Jorge Dezcallar, jefe del CNI, a los siete días del 11M, como se supo mucho después. El Ejecutivo desclasificó informes de los servicios de inteligencia de forma “parcial y selectiva” para mantener la tesis que le interesaba sobre la autoría de la masacre, buscando  salvar la imagen personal de un presidente, declaró  a El País en 2015.

Y está el relato que se contaba allí y el que se contaba aquí.

“12 de marzo de 2004.

“Escribo estas líneas a la una de la mañana cuando aumentan las dudas sobre la autoría de la matanza de hoy en Madrid ya se sabe que en una furgoneta robada encontrada en Alcalá de Henares la policía ha encontrado siete detonadores y una cinta con versículos del Corán”, decía íñigo Sáenz de Ugarte en Guerraeterna.com

La indignación que fue saltando.

Escolar.net, 14 de marzo de madrugada, actualización.

“Escribo a doscientos metros de la calle Génova, en Madrid. Cerca de 2.000 personas se están manifestando frente a la sede el Partido Popular. pidiendo explicaciones sobre los atentados al grito de “queremos la verdad”.

Actualización

“Mariano Rajoy considera las manifestaciones que ya son por toda España como ‘antidemocráticas’ e ‘ilegitimas'”.

Mientras sucedía, nosotros seguíamos en shock. Solo llegamos a ver fragmentos de algún informativo cuando nos avisaba de que había sucedido algo importante. No aguantamos mucho tiempo, las noticias nos hacían daño”, escribe Marisol.

Hay un momento en el que tras la vorágine de las condolencias, los allegados de las víctimas se quedan solos con su pena.  Y llegan las cospiranoias (impunes), las comisiones, el juicio, las lejanas montañas, las risas de testigos políticos y la dignidad de las víctimas. La mochila vital de Vallecas, la persecución del comisario que la encontró. Las interrogantes planteadas en la vista oral del proceso, las respuestas y conclusiones. La sentencia. El caso cerrado. Las sombras que no dejan de esparcir los surtidores interesados.

“18 de julio de 2008

La sentencia del Tribunal Supremo lo deja todo cerrado.

Al horror de perderte se ha sumado la continua cantinela de las pruebas falsas, los intentos de manipulación, los insultos recibidos por ser víctimas incomodas para los intereses de algunos. Ha sido durísimo. No nos han dejado llorarte en paz”.

Marisol Pérez Urbano observa la realidad en cada minuto, sin hacer ruido, como detrás de la ventana. El 17 de Agosto de 2017 sufre un nuevo mazazo. Otro atentado yihadista de envergadura. Doble. En Barcelona y Cambrils. 13 muertos y más de un centenar de heridos. Vehículos que arrasan vidas. Los recuerdos rebrotan intensos.  Aquí se mezclará con el procés catalán. Los políticos están enfrentando a los cuerpos de seguridad, se utiliza a las víctimas, lo hicieron el 11M y aquí también. Son declaraciones de Pilar Manjón que recoge Pérez Urbano.

El problema de España es que sus fiascos, sus abusos, son de tal envergadura que nunca terminan de taparlos, por mucho que lo intentan y embarran. Se quedan en todas las cunetas de la impunidad.  El otro, enorme, inquietante en estos momentos, la facilidad con la que consiguen borrar algunas memorias para que se olvide que el mal sigue ahí con todos sus métodos.

Intensos meses los que vivimos ahora en España. La derecha se ha desgajado en tres. Una derecha brutal en muchos extremos, inyectada de ingresos y de apoyo mediático, lanzando bulos y mintiendo sin parar. El feminismo se despliega firme por las calles diciendo que no tolerará una involución. Y llega otro 11M con algunas facturas sin pagar y con el dolor inconsolable de quienes lo sufrieron en primera persona.  Poderosas fuerzas en desarrollo, con base suficiente para alimentar la cordura y vencer a las tinieblas.

Rodrigo, el hijo de otra de las madres coraje que nos descubrió el 11M, dejó anclada esta magnífica reflexión en su Messenger:

“La dicha de vivir consiste en tener siempre a quien amar, algo que hacer y algo que esperar”.

Rotundas en un vibrante 8M, disminuidas para los empresarios

Los empresarios españoles han decidido contribuir a la celebración del día Internacional de la Mujer Trabajadora con un informe que ayudara a explicar la brecha salarial. Y han encontrado una de las posibles razones de que se pague menos a las mujeres por el mismo trabajo que realizan los hombres. Textualmente, es por “las diferencias en los rasgos psicológicos y habilidades no cognitivas de hombres y mujeres (diferencias en la propensión a asumir riesgos y a negociar)”. Esas diferencias “pueden acabar afectando a los salarios de unos y otros”, precisan.

La CEOE,  Confederación de Española de Organizaciones Empresariales. agrupa a más de tres millones de empresas y autónomos de todos los sectores. Y es y se comporta como un potente lobby. Cuando hablamos del poder que no se presenta a las elecciones, tenemos en mente a buena parte de los grandes empresarios, que, como vemos, no tienen el menor empacho en soltar unas ofensivas afirmaciones, supremacistas y arcaicas, a las que presta su aval la famosa auditora PwC que ha elaborado el informe.  Conocemos a PwC. “Asesoran a gobiernos sobre cómo cumplir los requisitos del FMI e implementar la gobernanza de la mano y a gusto de las grandes firmas multinacionales”, escribía Angels Martínez Castells en Reacciona (Aguilar, 2011). Todo queda en casa.

Las mujeres no tenemos propensión a asumir riesgos y no sabemos negociar, dicen. Precisamente, somos unas pusilánimes, torpes para los acuerdos. No sabemos en qué reductos han transitado para llegar a estas conclusiones. Pero sí estamos al tanto de las tendencias ultraconservadoras de las élites que dirigen el granado empresariado español. En 2011, presentaron propuestas para una reforma educativa nada menos, al gobierno del PP que llegaba a la Moncloa. La CEOE veía entonces la clave del éxito escolar en los genes. Y cuestionaba la presencia femenina en la docencia. Ese pensamiento que ya adelantara el propio Rajoy: la herencia genética de los ricos hace a sus vástagos más listos. En la patronal española tenemos la prueba de su excelencia, unos auténticos lumbreras, abiertos de mente para enriquecer su inmensa materia gris. Y parece que prefieren excluir de labores pedagógicas a esos seres timoratos y ofuscados que,  según el informe que nos han regalado este 8 de Marzo, somos las mujeres.

No cabe la menor duda de que los nuevos tiempos de ultraderecha cerril que soplan en España han animado a la CEOE a hacer público su pensamiento. Nos servirá para saber qué se cuece en la sombra en cuanto a directrices laborales y de todo tipo, dado que estas gente de calva, pantalón y traje gris -también- suelen mantener reuniones con las más altas instancias del Estado.

No son tan nuevos los tiempos. La derecha carpetovetónica española se regenera poco dada su endogamia. Juan Rosell, el presidente anterior de la patronal, era un conservador de tomo y lomo, sin complejos en sus declaraciones. Y, su sucesor, Antonio Garamendi, va más allá. Es partidario de la línea dura con los independentistas y llegó a decir se habían acabado las visitas a la cárcel para ellos.

El menosprecio de los empresarios a las mujeres llegaba en otro 8M esplendoroso de reivindicación feminista. Y esta vez con la triple derecha avisada de lo que les venía. Un día que había empezada con información abundante sobre la huelga. Y con muchos más extras. Los medios y las redes recogían resúmenes de debates “plurales”. En el mismo plano, políticas que luchan por la igualdad, a diario, y, para desactivarlas, presunto feminismo de diseño, hasta con X ultras. La dama de verde y naranja insiste en el eslogan del machismo cuñado: un día se dijo “portavozas”, ábranse de carnes que todo está permitido ya ante tan terrible agravio.  La labor de la derecha es combatir el feminismo, toda igualdad, desmantelar los hechos como termitas. La caverna mediática estima que “debe ser denunciado” todo lo que difiere de su concepción de la mujer. El Mundo, La Razón y ABC publicaron ayer a página completa un anuncio de la ultraderechista HasteOir contra las leyes de violencia de género. Pocas veces como ahora es tan patente la pugna. Hay mucho poder en juego. Poder y uso del dinero público. Diría que, por ello, los piquetes mediáticos contra el feminismo actúan sin cesar.

Nunca se repetirán suficientes veces los motivos de la protesta. Pero el lado oscuro de España sigue negando la violencia, la discriminación, la precariedad. Cómodo con la asignación de tareas femeninas, como pueden ser los cuidados.  Añadiré otra estadística, precisamente ésa de la que habla la CEOE y que es una clave básica: la brecha salarial. Christine Lagarde, directora gerente del FMI, ha dicho que cerrar la brecha de género elevaría un 35% el PIB. Pero tiene un elevado coste para los empresarios. Si, en España, se ha puesto el grito en el cielo por subir el salario mínimo a 900 euros, cubrir el 23% en que se estima cobran menos las mujeres les parecería un cataclismo, aunque a la larga fuera mucho más positivo para la economía. Todo encaja, para que las cuentas salgan se paga menos a las mujeres, que hasta ahora lo han permitido.

Pues bien, España descendió 5 puntos en las estadísticas de Brecha de Genero del Foro económico Mundial de 2017 a 2018.  La aumentó. Ha pasado del puesto 24 al 29. Otros países nos han adelantado. Algunos que pueden parecer insólitos como Burundi, dado el despegue que están registrando algunos países africanos, impulsados por asociaciones de mujeres. Rwanda y Namibia están entre los diez con menor brecha salarial. España el 29, repito.

Algunos países, como Portugal, se han apuntado este año a celebrar el 8M contagiados del ejemplo de las españolas en 2018. La batalla en España no es de cifras, ni de evidencias. Sigue siendo de modelos de sociedad, y de métodos. La derecha, y menos aún la ultraderecha que la ha impregnado, no quiere una sociedad igualitaria. No hace más que decirlo a quien lo quiera oír. Se saca estudios de la chistera que les justifiquen. Sabe que le basta exacerbar instintos primarios en personas proclives, para que prefieran la mujer subordinada, en “su papel”, con la balleta o con la cartera de ejecutiva en la mano.  Estimula la política que impulsa la diferencia de clases y la consolidación de privilegios. Las trampas que llevan a desatinos de gran repercusión como vemos en instituciones altamente tiznadas.  Y todo, en nuestro caso, tapado con la rojigualda.

Salimos. A pie, en bicicleta, a grito, a júbilo, a bufanda, a cacerola de las que suenan, anudando delantales a las estatuas masculinas de piedra, a determinación. Muchas adolescentes, niñas, completamente vestidas de feminismo y democracia que nunca dejarán les quiten los derechos que a todas nos costó tanto conseguir. Ellas seguirán la senda.

España ha sido este 8 de Marzo una fiesta de mujeres firmes que plantan cara a la involución que viene, que quiere venir. A la ultraderecha. Un huracán ha barrido los cuatro estandartes pijos y ultras de la Plaza de Colón. Sus altavoces no han dejado de amplificarlo. Ahora tratarán de minimizar el feminismo que les combate. Atentos todos para hacer valer en su justa medida el logro de las mujeres.

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