Entendido: ni democracia imperfecta, ni reino medieval

Rosa María Artal

Fue sobrecogedor. La reacción inmediata con un despido y una destitución sumarísimos. Por un rótulo de las decenas que se emiten al día. Quizás inadecuado, nada más. Ocurría que Casa Real anunció que la heredera al trono estudiaría dos años de bachillerato en el UWC Atlantic College de Gales. Rosa María Mateo, administradora única y provisional (durante casi tres años) de RTVE, surgió lívida pisoteando los palos del sombrajo que se le habían caído. En pantalla, según acababa de emitirse, se leía: “La princesa se va de España como su abuelo”. Una frase que, al parecer, atacaba los cimientos democráticos de todo un país y los preceptos constitucionales.

La reacción de los medios cortesanos fue pareja. “El rótulo es el refugio del cobarde, de quien no se atreve a decir según qué cosas en antena, pero las cuela como quien pintarrajea la puerta del baño del instituto”, escribía un tal Sergio del Molino en El País como destacaba su CEO en Twitter. Despliegue en ABC, que osa manipular el logo de TVE con una hoz y un martillo. Y el campo de orégano se abre para culpar a Podemos, sin el menor respeto por volver a dejar en cueros las obsesiones y proyectos políticos que -no informativos- de algunos medios.

 Y todo en plena “polémica” –forzada- por si España vive en ‘normalidad democrática’ o no, algo cuyo solo enunciado enerva a patriotas de cazo y bandera. En fin. Y para completar el cuadro, periodistas del establishment que vuelven a constituirse en un ente profundamente corporativo, guardián de las esencias del periodismo (del que ellos practican).

Fue sobrecogedor, sí. Un reino feudal hubiera reaccionado de la misma forma ante tamaña ofensa, incluso avanzando un punto más allá, en vez de las destituciones inmediatas habría ajusticiado a los culpables y expuesto sus despojos en la plaza pública. Y no estamos muy lejos si pensamos que se castiga con cárcel las ofensas a la Corona, a ritmo de rap, aunque incluyan verdades como puños. Cómo será el asunto que hasta acribillan y exhiben a quienes ni pasaban de lejos por el control de realización de La Hora de la 1 de TVE.

Es una broma de pésimo gusto decir que los informativos de RTVE están en manos del gobierno o de la izquierda. A algunos periodistas nos repugna su servidumbre a los postulados del PP, la promoción incesante de la ultraderecha ocupando silla frecuente en los programas, el cierto ninguneo al gobierno y los ataques sistemáticos a Podemos. No por otra razón que por la defensa del periodismo y el derecho a la información de los ciudadanos. Jaime Olmo, Javier Valenzuela, Olga Rodríguez, Juan Tortosa, periodistas de toda solvencia, lo denuncian como yo misma a menudo. Por lo demás, el mismo programa había lanzado un par de días antes el bulo de la niñera con su rótulo preceptivo y no había pasado nada. El periodista de ElDiario.es Aitor Riveiro lo contó.

La reacción al rótulo no beneficia en nada a la causa monárquica que promueve esa corte oficiosa. A la causa monárquica o a los privilegios y excepciones crecidos a su amparo. Se han retratado de cuerpo entero. Sumisión, veneración, desmesura teatral. Algo impropio del siglo XXI en el que vivimos. Máxime a una jefatura del Estado hereditaria y familiar que recae además en los Borbones, cuya ejemplaridad no atraviesa sus mejores momentos. No se entiende a estas alturas de la historia esa devoción reverencial, cierta o fingida, por un jefatura del Estado de estas características.

Para acabar de confirmarlo mandan a la princesa Leonor, la heredera, a un colegio que por las informaciones que llegan parece un laboratorio de seres principales. Nos dicen que es “el centro predilecto de algunas realezas, millonarios californianos e intelectuales bohemios, por su empeño en fomentar la responsabilidad individual de los alumnos, su capacidad de descubrir, experimentar, colaborar y servir a los demás.” Que son 350 alumnos de 90 países. Tres cuartas partes con “becas y ayudas de benefactores privados” y que llevan ¿como muestra? a desfavorecidos del mundo que se verán diferenciados en ese ambiente de riqueza: “un 5% de los alumnos de UWC son refugiados procedentes de zonas conflictivas como Palestina, Yemen, Irak o Afganistán”. “El sitio que Dios habría construido si hubiera tenido dinero”, dijo del castillo medieval el dramaturgo George Bernard Shaw. Ya lo han hecho los nuevos dioses ricos. Los reyes son altos patronos de la organización que seleccionó a la princesa Leonor para estudiar en Gales y la financiación corre a cargo de miembros del equipo habitual. Leonor parece una chica inteligente y con ideas propias, ojalá humanamente salga con bien de la experiencia.

Un eurobarómetro del Parlamento europeo publicado este viernes revela que el 53% de los españoles no está satisfecho con la evolución de la democracia que tenemos. Y que estamos entre los más descontentos, dado que en la UE27 son el 57% los que se muestran entre satisfechos y muy satisfechos con su democracia y aquí el 46% . Sin duda Felipe González, Margarita Robles, y los más punteros medios y periodistas del clan de los establecidos se encuentran en ese grupo precisamente.  

Igual la valoración mejoraría si en este país se dejara de robar aprovechándose del cargo político y de enaltecer la corrupción; si algunos de sus próceres no mintieran con tres de cada cuatro palabras; si el poder judicial abandonara su situación de okupa; si no se obligara a votar en un momento crudo de una pandemia y no llevaran años de cárcel algunos políticos por votar; si los medios y periodistas se dedicaran a informar prioritariamente; si todos los cargos de la democracia fueran electos. Si se ejercieran todas esas labores para la sociedad, desde ella, a pie de calle, sin privilegios, ni trampas, ni mentiras.  

*Publicado en ElDiario.es el 12 de febrero de 2021

El Efecto Draghi y su onda expansiva

Mario Draghi ha sido encargado de formar gobierno en Italia, tras una nueva crisis de su laberinto político. Sus efectos pueden afectar a Europa y, sin duda, a España. Ex presidente del Banco Central Europeo, su designación ha sido acogida con alborozo por el mundo del dinero y todo el establishment. Destacan de él que es un prestigioso economista y que salvó al euro. Ahora, a sus 73 años, se apresta a “salvar Italia”, su país, nos dicen. Sin embargo, se presenta una biografía de Draghi marcadamente incompleta. Es curioso, desalentador, cómo se borran pasajes de la historia que hemos vivido y sufrido.

Una Italia presidida por Draghi pone en Roma una segunda cabeza a la altura de Bruselas y condicionaría las políticas de la UE, ya entusiasmada con la posibilidad. Y las de España, porque los partidarios de un gobierno de “salvación nacional”, con PSOE y un PP pringado de corrupción, no pueden disimular su euforia. Sus portavoces mediáticos, exultantes, dan toques a Sánchez en ese sentido, de nuevo. El maná de millones de euros a gestionar y recortes patrocinan la operación.

Y es que la nueva crisis de gobierno en Italia se ha producido por los Fondos Covid de reconstrucción europeos, sin tapujos. El botín que ansían gestionar quienes siempre lo hacen y de la misma forma. El ejecutor, entroncando tácticas de la Italia ancestral, ha sido Matteo Renzi, un presunto centrista de trayectoria turbia que forzó la crisis del gobierno de Giuseppe Conte. El Renzi que pactó con Berlusconi una reforma electoral que le salió por la culata. Renzi tumbó la coalición de gobierno al retirar a sus dos diputados y avanza que le gustaría ser Secretario General de la OTAN.

Sin duda, era un momento delicado para convocar elecciones en Italia. Crítico por la pandemia, crisis económica y división política. Draghi habrá de contar o con el Movimiento 5 estrellas (M5S), bastante dividido, o con la Liga neofascista de Salvini que ya fue vicepresidente y que cayó por sus desmanes en la crisis de los refugiados. Y parece que no va a tener problemas, a cambio de ministerios, dicen. Y faltan los “Hermanos de Italia” –posfascistas declarados– que no apoyarán a Draghi en principio y tienen en Giorgia Meloni a una líder con gran tirón para tener en cuenta en una eventual cita con las urnas. Conte, el erudito con un currículo de méritos académicos de 12 folios, y propuesto en su día por M5S ha dicho que adelante con lo de Draghi, tras los avatares sufridos. Pero no habla por todo el movimiento. Berlusconi –que aún alienta en política– también apoya a Draghi, evidentemente.     

Pero ¿quién es el Mario Draghi completo? Es cierto que ha desarrollado una brillantísima carrera. Lo encontramos en los años 80 como director ejecutivo del Banco Mundial. De ahí pasó a la vicepresidencia de Goldman Sachs que es mucho más que un potente “banco de inversión”. Gobernador del Banco de Italia después. Y presidente del BCE desde 2011, un año crucial, y hasta 2019.  

La que llaman “crisis del euro” está en 2011 en pleno apogeo. En realidad el euro –al que no se acompañó de una unión fiscal y política– es una moneda vulnerable. El euro sufrió hasta fuertes ataques especulativos durante el período del árbol caído del capitalismo, cuando el desplome de Lehman Brothers marcó la caída del sistema financiero mundial. El desencadenante es, sin duda, ese derrumbe de 2008, la crisis del neoliberalismo por sus excesos. Los mandatarios del G20, tras algunos momentos de incertidumbre y grandes promesas, decidieron que mejor la pagaran los ciudadanos. Levantaron de nuevo el entramado con los recortes y la austeridad por decreto. En ese tiempo, se materializa, se ahonda, la división de la UE entre países de primera y de segunda. Los del sur en la diana.

Mario Draghi llega en 2011 para sustituir a Jean Claude Trichet. Será el presidente del BCE más político de su historia. Como político actuó al frente de él. Lo había hecho antes. Si el euro se estaba rompiendo, decían, era por la crisis de la deuda y empezó por Grecia. Por las abultadas deudas públicas de varios países, a menudo fruto de movimientos especulativos. Lo de siempre. Los gobiernos conservadores griegos de Nueva Democracia habían recurrido al Draghi vicepresidente de Goldman Sachs en su día, para que maquillara sus cifras y poder entrar en el euro. Hecho determinante en la crisis posterior. Draghi no es tanto tecnócrata como un neoliberal de libro, el candidato del “partido” del dinero.

El BCE formaba parte con el gobierno de la UE y el FMI de la temible Troika vigilante de los rescates. Decidieron ejecutar a Grecia, con apenas un 2% del PIB de la UE, como advertencia por haber votado a la izquierda de Syriza, que para nada se comportó como la coalición radical de izquierdas con la que era nombrada con temor, era demasiado el destrozo griego. Al punto que tiempo más tarde, mandos de Bruselas pidieron disculpas. Tampoco Zapatero gozó de los favores de la Troika, de la justicia de la Troika. Draghi llega y realiza su papel –político– cortando el grifo a Grecia, por completo, y apoyando a países como España en el mismo día. Emprendió una nueva política de compra masiva de deuda pública, por esto es por lo que le consideran salvador del euro. Compró títulos de deuda pública y privada por valor de 200.000 millones de euros. Según el mismo declaró, España, el gobierno de Rajoy ya fue el mayor receptor de fondos del BCE con el 30% del total. Algo que suele recordarse muy poco. O nada. El BCE fue con Draghi más que nunca el Banco Público de los bancos privados: prestó 489.000 millones de euros a 523 bancos para un período inusualmente largo de tres años a un tipo de solo un 1%, para que los bancos privados lo prestaran a su vez a los Estados con intereses.

Y se volcó en pedir recortes en franca sintonía con el gobierno del PP. Bajada de sueldos, “desproteger” el empleo y los subsidios de desempleo –dijo– y liberalizar aún más el sector servicios, “retirando obstáculos a la libre competencia”. Había hecho lo mismo en Italia, impulsando la mayor ola de privatizaciones en el país.  

En aquellos días de la crisis, de la salida de la crisis, Goldman Sachs logró colocar a tres grandes puntales para que presuntos técnicos sustituyeran a políticos para realizar las labores “de ajuste”, de “austeridad” que creían necesarias. Y así aparecen en centros neurálgicos del poder europeo Mario Monti, jefe de Gobierno italiano a dedo como presidente tecnócrata;  Lucas Papademos, jefe de Gobierno griego a dedo también; y Mario Draghi, jefe del BCE, por el procedimiento habitual. No resultó en Italia y en Grecia, volvieron a la democracia de las urnas en cuanto pudieron; en el BCE sí, al punto de elevar a Draghi a los altares.

La pandemia de coronavirus ha causado enormes estragos, en la salud de las personas y en la economía. Los que siempre manejan los hilos buscan nuevas oportunidades para seguir en lo mismo. Probablemente Italia no tiene muchas más salidas ahora, pero un Draghi allí influirá en la política europea reforzando lo que él representa, y presionará al gobierno español de coalición para que se avenga a ser un obediente chico neoliberal. Los daños colaterales no suelen importar en estas operaciones.

*Publicado en ElDiario.es el 5 de febrero de 2021

El virus de la irracionalidad

Rosa María Artal

Se veía venir y hoy es ya una gruesa bola que se desliza por la pendiente engrosándose a cada vuelta. La pandemia la ha hecho crecer exponencialmente. La irracionalidad se abre paso como motor de acción. El trumpismo que asaltó el Capitolio fue el estreno estelar de la tendencia que lleva gestándose varios años. Es un fanatismo que se mueve solo por lo que siente, sin atender a hechos y razones, y que usado por políticos desaprensivos y amplificado por ciertos medios, adquiere ya caracteres de grave problema social. Que no está levantando suficientes alertas. 

Los primeros signos alarmantes datan de no menos de tres años. Se empezó entonces a definir este tiempo de los idiotas para el que ya se avanzaban tratamientos. No hay que molestarles. Un gran número de personas están dispuestas a creer lo que quieren creer y guiados tan solo por sus emociones. Borran lo que no les gusta. Nada les hace cambiar de opinión, a no ser la persuasión, explicaba en El País el periodista científico Javier Salas ya entonces.  Argumentarles con múltiples cautelas para que no se replieguen recelosos. Emocionalmente. Estamos en estas manos. Se veía venir y ha ido a más. Desde la última vez que escribí sobre ello, el pasado septiembre, hemos visto síntomas tan preocupantes como el trumpismo volcado en acción violenta. Y lejos de atemperarse, las llamadas de una congresista republicana, estos días, para matar demócratas

“La gente se fía más de sus sentimientos que de los hechos”, dice al jubilarse Marty Baron, el director del Post y en su día de The Globe con su Pulitzer en las manos. “No aceptan ninguna presentación de los hechos que contradiga sus sentimientos”, añade, “y, cuanto más les damos hechos que contradicen sus creencias, más creen que somos su enemigo”.

En España el fenómeno se advierte como problema político de enorme envergadura en las actuaciones de Isabel Díaz Ayuso, en particular, Pablo Casado y otros representantes de la derecha extrema y sin demasiados escrúpulos. Ayuso suelta cada poco una parida que, eso sí, es repetida en bucle por los medios, por si alguien no se ha enterado bien. Vamos desde “el ser de Madrid” a la propuesta de vacunación prioritaria para la hostelería. Lo que dice Ayuso no resiste el análisis. Si, según ella y su Gobierno, la gente no se contagia en los bares sino en su propia casa ¿para qué dispone una urgente vacuna? Pero con su táctica consigue propaganda y confrontar a colectivos sociales. Y, sobre todo, ha logrado hacer olvidar que ella obtuvo el peor resultado electoral del PP en Madrid en toda su historia y trabaja para remontarlo sin reparar en medios.

Casado, el jefe, miente con la misma desfachatez, habla de pagos escandalosos de Europa sin pruebas mientras no ha dejado de maniobrar en contra del Gobierno de España, o sea, de España y de los españoles, porque no tiene consecuencias. Ni siquiera se amilana por esa sombra de mafia que acompaña la pésima salud de los implicados y denunciantes de la corrupción del partido que preside.

La ultraderecha oficial que les inspira es capaz de pedir al mismo tiempo que censuren al estilo franquista las series de ficción de TVE, y que se prohíba y en su caso sancione  a las Redes, empresas tecnológicas internacionales, si borran sus proclamas como han hecho con Trump, una vez que el desastre estaba fuera de control.

No resisten ningún análisis lógico, pero son seguidos por personas irracionales que se mueven por lo que sienten. Con la contribución indispensable de sus voceros mediáticos. Hoy han colado en la actualidad un artículo de supuestos sabotajes al Zendal de sus amores –de los amores de Ayuso y de los claros intereses que representa–. Y personas hechas y derechas, hasta un señor que dice ser catedrático, se lo come sin reflexionar siquiera que un medio acostumbrado a mentir ha de ponerse al menos en cuarentena. Y que son profesionales de la Sanidad quienes denuncian las carencias de ese centro.

La pandemia que no logran entender muchas personas aún exalta más las emociones debilitando la razón. Se constata que se han hecho con gurús mediáticos –uno especializado en cuentos de misterio y algunos médicos “famosos por salir en la tele”– a quien siguen con fe ciega, insultando con auténtica furia a quien les mueve a una mínima reflexión.

Y añadan a los negacionistas cada vez más activos. Un cantante cuya madre murió por coronavirus se apunta a las demenciales teorías de chips incrustados en las vacunas. La idiocia está alcanzando peligrosas cotas de influencia. Porque ya actúan, como los trumpistas. Un negacionista se cuela en el hospital de Miranda de Ebro y entra en zonas prohibidas para grabar “la gran mentira”. Están llegando a hostigar a una empresa de escenarios para series por un bulo en redes: el COVID no existe y los hospitales son falsos. Ya en septiembre se decía que crecían mucho y eran muy agresivos.

Con un universo extremadamente pequeño, apenas distinguen entre los buenos y los malos, puro maniqueísmo y encima devoto que se enciende en pasiones a favor y en contra. Culpan a quienes, desde los gobiernos intentan afrontar los enormes problemas que ha ocasionado la pandemia, hasta de las causas que los han agravado en España. Un país en el que las políticas neoliberales debilitaron la sanidad pública, deliberadamente, en busca de negocio, y que han seguido la misma tónica incluso con el virus campando entre nosotros. Los que priman con aplastante claridad la economía sobre la vida de las personas. El que apostó por el turismo y el ladrillo como únicos motores económicos. El que descuidó la protección social de sus ciudadanos en agravio comparativo con la Europa a la que pertenecemos en todos los apartados.  Esta gente cree que los problemas nacieron ayer y se resuelven mañana.

Cómo afrontar semejante pandemia. El reduccionismo del pensamiento, la inmediatez que les rige, las emociones que excluyen la racionalidad. El machaqueo constante de los medios que refuerzan sus sentimientos, sus “creencias” no sustentadas en la realidad. Están buscando la vuelta de las políticas más devastadoras. Si en semejante panorama se cometen errores –desde la buena voluntad al menos–, entregarse a los trumpismos sería suicida. Lo ha sido en EEUU. El ‘chamán-bisonte’ del ataque al Capitolio ahora se arrepiente, o se lo han aconsejado así sus abogados: “Fui horriblemente embelesado“, dice.

La pandemia de la irracionalidad está extendida, de ahí el ascenso de los fascismos, eufemísticamente llamados, algunos de ellos, populismos. El Brexit británico ha traído ejemplos reveladores. Los pescadores británicos se encontraron con la sorpresa de que salir de la Unión Europea implicaba burocracias de control aduanero y sobre todo reducir el mercado del que habían dispuesto. Y no pasaron más de 15 días para comprobar que no vendían sus productos. El líder de los conservadores Jacob Rees-Mogg terminó de arreglarlo al decir: “al menos ahora los peces son mejores y más felices porque son británicos“. Los felices peces británicos andaban pudriéndose en los hangares. Y el gobierno pensando en subvencionar a los pescadores por sus pérdidas.

 ¿A dónde vamos por este camino que se afianza, lejos de diluirse? Guiarse por sentimientos o creencias sin base es un virus para el que no está actuando ninguna vacuna. El coronavirus llegará a controlarse gracias a ellas, a la ciencia. Se recuperará la actividad y habrá que reparar los enormes destrozos causados por el virus, pero con esta gente enloquecida que adquiere cada vez más poder, ¿qué se hace? Este lunes, un psicólogo, Adam Grant, escribía en The New York Times del problema. Según él, la ciencia del razonamiento con personas irracionales se basa en no intentar cambiar la opinión de otra persona, sino en ayudarle a encontrar su propia motivación para cambiar. Esto a diario se ha evidenciado como darse cabezazos contra un muro de cemento.

Los asuntos de gran envergadura, como este, no tienen una solución fácil ni inmediata. De entrada habría que ir a las raíces. No difundir las mentiras políticas y mediáticas, no nutrir la irracionalidad bajo ninguna excusa, saber que quienes lo hacen buscan su beneficio. Y sobre todo atajar con la ley, la firmeza, todas esas desviaciones que ponen en peligro la convivencia y hasta la vida. Ya no nos falta más que, con cuanto nos ocurre de base, esta masa de insensatos. Al menos no alimentarlos, en la medida de lo posible.

*Publicado en ElDiario.es el de febrero de 2021

S.O.S

Es la señal internacional para pedir socorro. Se eligió ésta a principios del siglo XX por lo fácil que podía ser radiada en el código morse, a través de pulsaciones cortas. Lo mejor es que todo el mundo la entiende. Y es que en días como estos se tiene la sensación de estar viviendo en un planeta diferente al que habitan quienes tienen foco en la actualidad. En los altos estrados y zumbando a ras de suelo. Mientras la sensación de peligro crece.

Llevamos ya cerca de un año conviviendo con un virus que amenaza nuestra integridad y que ha matado y enfermado a millones de personas. Entre restricciones que, en efecto, son difíciles de llevar. La ciencia se vuelca en buscar antídotos y tratamientos en un tiempo récord –gracias a sus años de esfuerzo en la sombra-. Son la vía para inmunizar a la población y recuperar paulatinamente una normalidad. Y entonces irrumpen con fuerza los males del sistema. Las vacunas se ralentizan. Algunas farmacéuticas andan vendiendo al mejor postor, según leyes de la oferta y la demanda del mercado… y de tener enorme desfachatez con contratos firmados. Pero ya se hizo hasta con los respiradores. 

Y además las vacunas se convierten en arma, privilegio y uso político. Todo sirve en una sociedad regida por valores como el egoísmo, el lucro desmedido, altos grados de impunidad y dejación de responsabilidades. Pocos definieron mejor la esencia del capitalismo que John Steinbeck en “Las uvas de la ira”, cuando en el crack del 29, un yankee neto, desahuciado de sus tierras, amenaza con presionar con su rifle al responsable pero en la cadena del daño no encuentra quién es. Ahora, si lo pensamos, encima desvían la diana los auténticos culpables. Los hay. Un sistema social operativo resolvería el problema para que vacunas y tratamientos llegaran a la población. Alguien, muchos en realidad, está haciendo dejación de sus funciones. A costa de nuestra salud.

Las olas de la pandemia suben y bajan y vuelven a subir. Se ha demostrado que las curvas se aplanan con confinamiento estricto, no con toques de queda ni teniendo todo abierto. Pero la economía se ve muy afectada –a pesar del Escudo Social del Gobierno en nuestro caso, que sin él aun sería peor- y los ánimos también. Y tenemos la sensación de que se está jugando en otro campo que no busca en todos los casos la solución a nuestros problemas reales.

Lo de Madrid, como símbolo del desbarre máximo, sume en la indefensión. No dejamos de decirlo, de gritarlo, pero es que nadie hace el menor caso. Resulta que después de haber protagonizado no sé cuántos milagros, de que “Ayuso hubiera vencido al virus” como declaró su colega Maroto, vuelve a tener colapsado el sistema sanitario y se ve en la obligación de contratar más servicios en la privada a la que Madrid ya viene regando con generosidad. A razón de 734 euros diarios por cada enfermo en planta y 2.084 en UCI, precios muy por encima de los establecidos por la Alianza de la Sanidad Privada Española (ASPE) y encima usa el eufemismo “interviene la sanidad privada”, por favor, si casi es al revés.

La desolación llega al saber, mejor diremos confirmar, que según un informe de Audita Sanidad y el sindicato de técnicos de Hacienda, se está produciendo un “deterioro programado” de la sanidad madrileña para facilitar el avance de los fondos de inversión. La salud es un negocio. Y ante la enfermedad propia o de nuestros seres queridos se cede lo que sea.

Además, en esta tercera ola derivan a la privada, previo pago naturalmente, también en Andalucía, Extremadura, Navarra, Castilla y León y la Comunitat Valenciana. Y se ha sabido que la Generalitat de Catalunya pagó durante la primera ola de la pandemia 43.400 euros por cada paciente que hubiera estado en la UCI (15 días de media) y 5.000 euros por 72 horas de paciente ingresado. Y todo ello después de haber diezmado la sanidad pública con las privatizaciones que ahora descubre la UE mermaron hasta la capacidad de los gobiernos para afrontar la pandemia.

¿A alguien le parece que todo esto puede ocurrir y sin el menor control? ¿Lo de Madrid en particular, tras gastar 150 millones de dinero público en los ladrillos del Zendal? Estamos hablando de la salud de los ciudadanos, de los ingresos que facilitamos con nuestros impuestos y los vemos volar en garras que huelen a viejas y pertinaces corrupciones. Y, con problemas acuciantes, hemos de soportar a Pablo Casado yendo a sacar tajada del Zendal precisamente, de un Madrid del que no es presidente por mucho que se empeñe.

Y el Congreso vive una situación de bochorno en la que votan no al Decreto de los Fondos europeos, nada menos, porque andan pescando en sus propios ríos de votos. Es dinero para soluciones que necesitan los ciudadanos, y resulta irritante ver cómo priorizan el reparto de su pastel. Y Casado, ciego hasta para echar la caña, vota no, y ERC vota no. Y votan no Ciudadanos, el PDeCAT, Junts, UPN, la CUP, el BNG y Foro Asturias. Y Vox se abstiene en abrazo envenenado que ahonda en su táctica de avance en el poder. Y que alentará a quienes se dedican a promocionarles en los medios –públicos incluso-.

La economía española se desplomó un 11% en 2020 por el impacto de la pandemia y ya salen gritando como si fuéramos nuevos ellos y nosotros. Lo previsto. Ha habido una paralización mundial de la economía. Hasta EEUU, con muchos más resortes, ha bajado 3,5% su PIB en un descenso histórico. En nuestro caso ahí vuelve a aparecer el lastre de haber confiado el grueso del modelo productivo al turismo y al ladrillo, que funcionan muy mal en tiempos de pandemia. Precisamente los Fondos europeos están condicionados a ahondar en “la transición digital, la transición ecológica y la mejora del capital humano” plasmada la frase en proyectos reales.

Los medios, algunos de ellos, también van a lo suyo, que no parece ser lo del común de los mortales. Seguir estos días la actualidad es ir dando saltos de indignación, por lo que ocurre y por lo que cuentan o no cuentan. La apuesta informativa por el ruido está en máximos, tanto como la sordina a los hechos que interfieren su proyecto. Lo ocurrido con Pablo Iglesias de nuevo denigra la profesión periodística. Los hechos son que el juez García Castellón se empecinó en culpar a Pablo Iglesias en el caso de la tarjeta robada a su colaboradora Dina Bousselham, al punto de mandarlo al Tribunal Supremo. Este se lo ha devuelto con un sonoro rapapolvo. Primero algunos medios jugaron a la confusión como si hubiera motivo de investigación -el juez ya ha desistido de seguir por ese camino- luego firmaron en negro esta bochornosa página del antes y el después.

Este martes desaparecía Bankia dentro de La Caixa, sin habernos devuelto los 24.000 millones oficiales del rescate que les entregó Rajoy. Para colmo. Como un símbolo de esa España a superar tan presente en el hoy que nos abruma.

Un hoy con sus propias preocupaciones latentes. En un estado de derecho han de existir mecanismos para que se cuide prioritariamente de la salud de los ciudadanos, para que no nos roben recursos, para que no se intoxique impunemente a la ciudadanía con mentiras hambrientas de lucro.

Estamos muy cansados. Llevamos cerca de un año con restricciones muy duras. El coronavirus vuelve a estar en ola devastadora. La frenaría con seguridad el confinamiento estricto, en tanto se vacuna por fin. Urge hacerlo. Parece que no se puede o no se quiere confinar en serio. Los virus de la oposición política y sus brazos mediáticos atizan con virulencia. Las excepciones privilegiadas son más bofetadas añadidas. 

En situaciones como ésta, y sabiendo que las soluciones existen y no se aplican, queda seguir gritando ¡socorro!, desistir de nadar, o montar un cirio que se oiga en la Galaxia de Andrómeda.

*Publicado en Eldiario.es el 29 de enero de 2021

Todos mis artículos en ElDiario.es, también con los no incluidos en el blog en este enlace.

Un 2021 para aplicar lo aprendido

Como todos y cada uno de los años, 2020 repetirá el rito de verse repudiado en su final, tanto como fue saludado alborozadamente en su inicio. Esta vez hay sobradas razones para darle un adiós sin contemplaciones pero, para que 2021 sea mejor, habrá que poner los medios. Los deseos nada sirven si no se apoyan en fundamentos. 2020 nos deja un lastre terrible que todos conocemos pero también puntos de apoyo para remontar y hasta construir como no se ha hecho antes.  

81 millones de infectados por COVID en el mundo y cerca de 1.800.000 muertos después, la ciencia ha logrado vacunas y en un tiempo récord. La maltratada ciencia. Los investigadores se pusieron a trabajar compartiendo conocimientos. Algunos llevaban décadas sin ser escuchados. El potencial del ARNm en el que creían la científica húngara Katalin Karikó en el eje de Moderna, una de las empresas fabricantes de las primeras vacunas. El matrimonio de inmigrantes turcos Ugur Sahin y Özlem Türeci que crearon BioNTech en Alemania y que, unida a la potente farmacéutica Pzifer, sacaron la suya. Todos ellos y muchos más lograron la clave para inmunizarse contra este coronavirus tan puñetero y contagioso.

Es evidente, rotundamente claro, que la ciencia necesitaba y necesita más inversión. Las políticas neoliberales la han recortado en los países con menos visión de futuro, de progreso. La España de Rajoy le dio un tajo mortal. Todavía hoy es insuficiente la inversión aunque el presupuesto para ciencia e innovación del gobierno progresista haya subido un 59%, hasta 3.232 millones, el mayor de la historia. Recordemos que el presupuesto para la Iglesia católica que gestiona la Conferencia Episcopal es de 11.400 millones y, por ejemplo, a los profesores de la escuela concertada les paga el Estado ¡aparte.

Esos que llaman genéricamente “los expertos” dicen que las vacunas y los estímulos fiscales y económicos pueden lograr la recuperación dejando atrás muchos sinsabores. Aunque irá por barrios que se verán influidos por esos defectos estructurales que han quedado al desnudo y por la voluntad de hacer o no hacer lo más conveniente.

La sanidad pública se ha revelado esencial en este 2020. Gran parte del colapso –y por tanto de las víctimas- durante la primera ola se debió a la precarización de un sector al que se sometió a grandes recortes y privatizaciones. Hemos aprendido en la práctica que son mucho más necesarios a la sociedad los sanitarios, los empleados de supermercados, quienes cuidan de nuestra seguridad que quienes hacen anotaciones contables especulativas. No solo se precisa blindar la sanidad, es imprescindible potenciarla. En todo su campo de acción desde la Atención Primaria a las especializaciones. Va a hacer falta mucha terapia de la salud mental tras los durísimos golpes sufridos. Los Presupuestos Generales, aprobados con el mayor consenso en muchos años, han incrementado la partida de sanidad en un 75% y en un 70% la de educación. Los ingresos para todas las inversiones (o “gastos” como dicen) aumentan pagando más quienes más tienen, como estipula la propia Constitución en uno de sus artículos ignorados, el 40, y por los fondos europeos.

Contar con esos Presupuestos en un gran logro y los dos partidos coaligados deben entenderlo como un punto de partida y no de final, desechando tentaciones que no nos podemos permitir en el clima político de España.

Es cierto, sin embargo, que las costumbres han cambiado y que nada volverá a ser igual a corto o medio plazo, quizás nunca, por mucho que se empeñen. Estamos viendo que el turismo ha sufrido una auténtica debacle. En España y en todos los países. Aquí, no se alcanzaron ni los 20 millones de viajeros, cifras desconocidas desde finales de los 60, con un desplome en ingresos superior al 75%. La gente se lo piensa con una pandemia y al final ni se salvó el turismo, ni la salud. El problema, como ya hemos comentado, es que España se apoya como todo motor productivo en el turismo precisamente y la construcción asociada a él. Hay que racionalizar y diversificar el modelo. La apuesta por la innovación de los nuevos Presupuestos va en ese sentido.

El coronavirus ha cambiado las costumbres claramente y muchos negocios habrán de adaptarse. Muchos oficios y comercios saben que será rara una vuelta atrás. Las grandes cadenas de ropa inician el nuevo año con decenas de cierres. Lidera Inditex de Amancio Ortega. Las ventas han caído en general, se “viste” menos si se sale menos y se trabaja en casa, y se ha producido un auge de la venta on line, incrementando una tendencia que ya venía de atrás.

Con el coronavirus o con la excusa que aporta, se han perdido derechos consolidados. Se han adoptado modalidades que no han demostrado aún el balance entre inconvenientes y ventajas como trabajar en casa. Unos pocos en cambio han ganado mucho. Ha habido empresarios que se han enriquecido a lo grande: Jeff Bezos, el dueño de Amazon, es el primer humano en poseer una fortuna de 200.000 millones de dólares él solo. Seguro que existen más sectores que la distribución para lograr beneficios y empleos.

Las perspectivas económicas son positivas aunque dependen de cómo fluyan las cosas. En España están condicionadas en alto grado por las feroces zancadillas de una oposición político-mediática única en el mundo. Lejos de entender la prioridad de la salud y colaborar como han hecho otros países con los gobiernos de toda orientación política, la derecha española no ha hecho más que entorpecer el camino tratando de sacar tajada de la situación y de sus insidias. Es un hecho. Han llegado al extremo, algunos medios también, de contribuir a las campañas antivacunas, destacando efectos secundarios, errores mínimos, como si les dolieran más las vacunas que el coronavirus. Y es al contrario: las vacunas, los presupuestos, los fondos europeos les han hecho entrar en una desesperación que roza el patetismo. Pablo Casado ha vuelto a contraprogramar el balance de fin de año del Presidente Pedro Sánchez, con la colaboración de los medios que lo sacaban en una ventanita gesticulando, en lugar de darlo después si es el caso. Para decir que España es una “república bananera” -él, amante fervoroso de la monarquía borbónica- ente otros de sus dislates habituales.

Solo ha habido un comportamiento parecido en 2020 al del PP y sus socios, el de un Trump aunque en el gobierno y contra sus oponentes demócratas en año electoral. El pelaje es ése, especialmente en algunas comunidades españolas. Y una de las grandes noticias del año es que los estadounidenses han echado al magnate de la Casa Blanca.

Se puede salir revirtiendo los destrozos de la austeridad que hace ya más de una década hizo un roto considerable a la economía del bien común. Las contrataciones se han reducido hasta ser las mismas de entonces. Es decir, los daños de una pandemia que ha paralizado la actividad mundial se parecen a la crisis del capitalismo por sus errores desencadenada aquel septiembre de 2008 con la caída de Lehman Brothers. En España se perdieron entonces 3,5 millones de puestos de trabajo y se tardó una década en recuperar el empleo desaparecido, según detallaba Nacho Álvarez, un economista serio de antiguo, hoy Secretario de Estado de Derechos Sociales por Podemos. En la crisis actual, dice, los ERTE han evitado una destrucción de empleo similar. Ahora han sido 940.000 puestos de trabajo que ya se están recuperando en parte. Aunque quede un largo trecho por andar, es el camino.

El futuro va a depender de si se apuesta por la innovación y se afronta con racionalidad o se deja embarrar en las habituales marañas españolas, ajenas a lo esencial para el conjunto. Decidir lo que vale la pena y lo que sobra y obrar en consecuencia por fin. El éxito en la tarea podría hasta permitir afrontar algunos de los grandes errores enquistados. Es preciso para eso, trabajar desde la concordia,  apagar el ruido y dejar en su reducto a los miserables empeñados en la obstrucción.

Hay que hablar más de Katalin Karikó que de Ayuso, y, en el caso de la presidenta de Madrid, hacerlo desde la justicia y no desde la propaganda. No, no nos podemos permitir las distracciones. El coronavirus sigue aquí, matando mientras no se le contenga. Hay que oír la voz de la razón y la prudencia y no la del miedo. Por primera vez en mucho tiempo la Unión Europea sale de su ostracismo para echar una mano. Porque haca falta. Tenemos allí y aquí expertos y buena voluntad. Lean lo que informa y da argumentos. Están ahí, en los medios que no se dedican a embrutecer o medrar a cualquier precio. El futuro depende de cómo se aborda desde el hoy. De hasta qué punto somos capaces de aprender de lo vivido, de lo bueno y lo malo.

Estos días que he leído mucho y bueno, en prensa también, me quedé entre otros con este artículo del periodista británico Jonathan Freedland, columnista de The Guardian, que publicó elDiario.es el 19 de diciembre. Con todo, pero sobre todo con el final:

“La pandemia se ha llevado demasiadas vidas, pero también nos recuerda para qué sirve la vida: la alegría más simple, la de estar con los demás lo suficientemente cerca como para tocar y que te toquen. Como si hubiese una lupa sobre cada uno de nosotros, el virus ha revelado nuestra mayor debilidad, pero también nuestra fortaleza más preciada: la necesidad de estar juntos”.

Por encima de todo es eso: la pandemia se ha llevado demasiadas vidas, pero también nos recuerda para qué sirve la vida… Cada cual sabe.

*Publicado en ElDiario.es el 29https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/2021-aplicar-aprendido_129_6629694.html de diciembre de 2020

Pudo ser en el Mar Muerto

Pudo ser en el Mar Muerto donde una visionaria encontrase un pergamino en cuyo texto manuscrito leyó que la Cristiandad empezó en la Puerta del Sol de un ciudad llamada Madrid, que era España al igual que España era Madrid. Y quizás fue aquel día cuando se detuvo la civilización tal como se conocía. Aunque quién sabe si fue mucho antes, o algún tiempo después. Hoy en día cuesta estar seguros de casi todo: lo fundamental se banaliza y lo accesorio se magnifica.

La pandemia mundial de un virus especialmente contagioso lo complicó todo. La actividad productiva casi se paralizó para frenar los contagios que avanzaban enfermedad y muerte. Y todo se descarnó, dejando al aire el esqueleto apenas disimulado por los diferentes atuendos. Empezaron a ocurrir cosas extraordinarias y la frontera esencial entre lo real y lo ficticio se desdibujó. Vean si no.

Donald Trump –que también debió pasarse por el Mar Muerto- concluye cuatro años como presidente de los EEUU, aferrado desesperadamente al sillón. Como un niño septuagenario, usa su poder en decisiones estentóreas. Ha venido cambiando el mapa de fuerzas de Oriente Medio. En septiembre avaló el acuerdo de paz entre Israel, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos. Este jueves ha reconocido, por su cuenta, la soberanía de Marruecos en el Sáhara Occidental. Irán una vez más como objetivo a abatir. Y tener poder de decisión sobre muchos intereses en juego. España, afectada, pide respetar las resoluciones de la ONU sobre el Sáhara. Y de momento ha suspendido un muy aireado viaje a Marruecos el día 17. Por la pandemia, dicen.

Trump es un presidente que se despide matando: ha acelerado las ejecuciones de los condenados a muerte. Desde julio han consumado 13 sentencias y de hoy al 20 de enero -que deja el cargo- le quedan cinco condenados más en la recámara. Hechos reales.

Tangible y de gran influencia es el desbloqueo – largamente demorado- del Fondo anticrisis de la UE y de los Presupuestos, incluso de un acuerdo para la reducción de gases contaminantes. Hungría y Polonia han cedido por fin a cambio de concesiones mínimas, dicen, que les permiten salvar la cara a su falta de respeto a los Derechos Humanos, que era el escollo. Los 140.000 millones de euros van a venir a España pese a las trabas que ha insistido en poner el PP de Pablo Casado o las inquietudes que planteaba la presidenta Arrimadas del partido mínimo que no quería dejar en manos “populistas” un dineral así. Ahora se ha sumado también la CEOE. Ha dicho que habrán de ser las grandes empresas las que lideren los proyectos de fondo europeo y que, de momento, el Gobierno debe olvidarse de aumentar la cuantía del salario mínimo. La pena es que tampoco ganaron las elecciones. De hecho, no se presentaron.

Además –y esto es casi milagroso- el BCE garantiza financiación barata a los gobiernos al menos hasta marzo de 2022. El BCE presidido por Christine Lagarde que es aún más prodigioso. Su antecesor, Mario Dragui, fue muy selectivo en este punto. Ayudó por ejemplo a la España de Mariano Rajoy, mientras oprimía a la Grecia de Tsipras.

No acaban aquí los hechos extraordinarios. España coloca por primera vez deuda pública a 10 años con tipos de interés negativos (-0,016%). Ayuda el cambio radical de actitud de Bruselas y del BCE, porque esto solo le pasaba a Alemania. En la crisis-estafa de 2008 fue especialmente relevante.

Pero nos toca pasar al ruido, a lo que ocupa con mucho más espacio y fulgor a los medios. Los militares y civiles que sueñan con un golpe, o echar a Unidas Podemos del Gobierno al menos, buscan amedrentar fundamentalmente, que la sociedad tenga miedo y trague. Ni siquiera anidan en un mar sino en las cloacas oscuras de su mente.

El rey emérito tiene mucho que ver en las zozobras que se han desatado en España. Por hechos reales. Si me permiten el tópico fácil y plebeyo, es que Juan Carlos de Borbón se lo ha llevado muerto durante su reinado. La regularización fiscal de estos días no hace más que confirmarlo, aunque sus más fieles adeptos en los medios sigan con el calificativo comodín de “presunto”.

Bien, pues probablemente de regreso del Mar Muerto, de la mortandad neuronal, la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha defendido a Juan Carlos I con fervor: “Por supuesto que la ley es para todos la misma pero no todos somos iguales ante la ley. El Rey Juan Carlos no es como usted”, ha dicho. Esta última frase hecha suele acabarse con un “o yo” (usted o yo), pero no debe ser el caso. Su consejero de justicia, el magistrado Enrique López, trató de arreglarlo y dijo: “Es tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales”. Y Ana Pastor Julián, mano derecha de Rajoy, recurrió al “esa persona de la que usted me habla” para referirse a Juan Carlos de Borbón. Muertas las fuentes del entendimiento. Unidas Podemos dice que es una vergüenza nacional y Pedro Sánchez que hay que separar la figura del rey Juan Carlos de la institución monárquica pero no la de Felipe VI, que es un rey moderno con gran comprensión de los problemas de nuestro tiempo. El debate queda en punto muerto, aunque lo sigan agitando. Siquiera si fuera sin tantos privilegios y coros de vasallos… tendría mejor pase.

A la derecha, al PP en particular, no le gusta la igualdad, no cree en ella. Otro consejero de Ayuso dice que mejor gastar en el Hospital Zendal (sin camas, ni médicos) que en “mamarracherías” de campañas de igualdad. Y la presidenta vuelve a hacer ostentación de su clasismo y racismo al insultar a los vecinos del asentamiento de la Cañada Real a los que tiene sin luz eléctrica. Para ella todos son delincuentes. Idolatra a los de guante blanco. 1.812 niños de esos barrios y de pueblos de la Comunidad denuncian por carta ante la ONU la situación insostenible -e injusta- que viven.

Badalona. Provincia de Barcelona. Siglo XXI. Un incendio sacude una nave industrial en la que vivían unas 200 personas procedentes de la emigración. Mueren tres, hay 27 heridos, la mayoría lo pierde todo, lo poco que tenían era todo. Viviendo entre cartones, frío y a menudo sin luz. El alcalde es el acreditado xenófobo del PP García-Albiol. El desastre estaba anunciado. Llevan en estas infraviviendas, así ,desde hace unos 12 años, fueron llegando tres años después de que el edificio quedase abandonado. Con la pandemia han ido llegando más personas sin hogar. “Cada vez éramos más y teníamos menos”, explican: ni para comer. Dicen los afectados que el origen del fuego fue una vela: no, fue la inhumanidad, la injusticia. Claman las oenegés para exigir que se flexibilicen los permisos de residencia a los emigrantes: les son imprescindibles para tener trabajo y vivienda. Si todos los humanos merecemos oportunidades, con más mérito los valientes que se arriesgan por una vida mejor a pesar de la intolerancia.

Seguramente son los racistas, los indiferentes, los crueles, los clasistas, codiciosos, ladrones y aprovechados, los manipuladores y mentirosos quienes viven en un mar muerto que les permite flotar contranatura en esta sociedad.

*Publicado en ElDiario.es el 11 de diciembre de 2020

*Los artículos de ElDiarioes algunos no publicados en este blog, se pueden ver en este enlace.

La “democracia” que les dio Franco

Los derrotados por la democracia rugen contra el Gobierno nacido de las urnas que, esas sí, nos dimos todos bajo los parámetros que rigen en un Estado de Derecho. Nunca un Gobierno en los últimos tiempos ha tenido tal apoyo a sus presupuestos y con el acuerdo entre posiciones heterogéneas. No ha habido proyecto de cuentas públicas más progresista desde la Transición. Y, sin embargo, el clima que se vive en España es prebélico, de crispación máxima y extrema zozobra. “Pensar en un golpe es ciencia-ficción”, declaraba Adolfo Suárez el 23 de noviembre de 1980, tres meses justos antes de que, con Tejero al mando, militares golpistas asaltaran el Congreso de los Diputados a punta de pistola, como atestigua esa portada que conservo.

Las tripas de España albergan siempre el monstruo de la involución que jamás se ha castigado siquiera. Se dieron su ‘democracia’ franquista y punto. El bipartidismo lo lavó exitosamente, en particular el tándem González-Guerra tan hábiles en modernizar el país sin tocar un pelo de la estructura. Bien es cierto que se había negociado en enorme desigualdad de fuerzas.

El diagnóstico del problema no puede estar más claro. Y se afianza con los años, los meses y los días de impunidad. Mañana será tarde, venimos diciendo y pasa el tiempo y la situación empeora. El “ruido de sables” está presente desde el día de enero de este año de pandemias que se formó el Gobierno progresista. Recordemos que el diputado Tomás Guitarte, de Teruel Existe, tuvo que dormir la víspera oculto y custodiado por la Seguridad del Estado. Los tres partidos de la derecha española apelaban a la “responsabilidad” de los psoeístas tibios. De alguna manera la treta con ellos podría funcionar como en el golpe interno contra Pedro Sánchez. Pero este tenaz Gobierno superviviente salió a flote mal que les pese.

El ruido de sables no ha cesado durante todo el año y es fácil rastrearlo a lo largo de los meses. Hoy tenemos ya haciendo sus proclamas a un número notable de militares golpistas jubilados –aunque con derecho a uniforme y armas–. Algunos han escrito al Rey Felipe VI para que tome cartas en el asunto. Son precisamente los que quieren fusilar a “26 millones de hijos de puta”. Mandan la carta el 10 de noviembre, hace casi un mes: trasciende ahora. La primera, que también envían nada menos que al Presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli. Hay una segunda carta del otro grupo para Felipe VI que sale el 25 de noviembre. Escriben al Capitán General de los ejércitos, su jefe, y él no dice nada. Ni siquiera para jugar la baza de su padre el 23F. Por cierto, otro dato de hemeroteca de octubre de 1981: el juez denegó la prueba de declaración de los reyes Juan Carlos y Sofía.

Texto sobre la investigación del 23F

Isabel Díaz Ayuso apoya el manifiesto golpista desde el Madrid-Estado que quisiera. Pablo Casado, presidente del PP, llamó “a defender la libertad”, su concepto de libertad, como el bien por el que “merece arriesgar la vida“, citando la retahíla de opositores de cubanos y venezolanos que suele funcionarle con sus adeptos. Tiene 88 diputados, más ayuntamientos y comunidades autónomas, y los eurodiputados que maniobran contra el Gobierno español en la UE. Los 52 diputados de Vox son franquistas-fascistas sin duda. El centrismo del ya mínimo partido de Ciudadanos es un espejismo, a tenor de su papel real en las administraciones en las que gobierna.

La prensa del clan rezuma tal odio y amargura que ya bordea el ridículo en sus portadas y artículos. Es una actitud suicida, porque se están hundiendo económicamente. La publicidad huye, con pandemia y sin pandemia, los suscriptores no llegan para todos, y la oferta informativa o desinformadora es tan abundante que el mensaje se diluye en el conjunto. Aunque dejando un ambiente de confusión y hiel del que encima apenas se benefician. Ésa es la gran variable.

Mil veces nos hemos preguntado por qué hay gente que vota a quien le engaña y le roba, por qué se enganchan a basura mediática de leer, oír, ver y esnifar. Por qué obran contra sus intereses, que es definición ajustada de la estupidez. El ser humano tiene un cierto gusto, a veces, por la basura y el morbo, pero ni siquiera eso lo explica. No explica a Trump en EEUU, que aunque la mayoría lo haya echado, mantiene la fe ciega de 77 millones de seres. No explica que llegara a ser presidenta de Madrid y que aún se mantenga una mujer con muy pocas luces y mucha osadía y ganas de bronca, responsable con sus órdenes de la tragedia en las residencias de ancianos. El escritor Benjamín Prado no pudo decirlo mejor: “Será que de condenar a morir a ancianos en las residencias a fusilar a 26 millones de hijos de puta no hay mucha distancia“. No explica a Pablo Casado con su tibieza democrática y sus hiperbólicos saltos de opinión. No explica que millones de seres crean de alguna forma las mentiras de los políticos y las de los medios falaces. Porque se puede sentir visceralmente antipatía por alguno de ellos, pero hay un abismo a cuando existen motivos objetivos en los que entra hasta el peligro de la integridad.

Ya no es lo peor que la pandemia de coronavirus haya caído sobre una sociedad infantilizada, las evidencias la muestran noqueada y perdida con un tumulto de noticias reales y mentiras que crean un caos en sus cabezas, sin que siquiera lo perciban. Y son tiempos de estar muy lúcidos. No podemos estar al albur de las memeces de algunos políticos, de sus odios interesados, de los gritos de Twitter, y de patéticos medios, pero lo estamos.

Gran parte de los medios han renunciado a tener influencia real fruto de su credibilidad que eso sí es lo más valioso que puede tener un periodista. Se lucha por triunfar en la Industria de la Atención. A tiro de clic. O de audiencia. En un universo masivo de contenidos que nos ha hecho perder la facultad de atender. “Tenemos la capacidad de atención de un pez de colores. Mejor dicho, la teníamos, pero ya no. La capacidad del pez es de nueve segundos, mientras que en este preciso momento la del humano medio es de ocho”, explicaba, si recuerdan, Marta Peirano en su libro El enemigo conoce el sistema. Añadía el dato de que el 40% de los usuarios abandonan una página web si tarda más de tres segundos en cargar”. Por eso triunfa el ruido, los brillos, los gritos, aunque con un éxito relativo y efímero.

La mayoría de la gente ve la televisión con el móvil en la mano. Miran con un ojo a la pantalla grande y con otro la pequeña, desde las plataformas o YouTube al WhatsApp de bulos indiscriminados. Hasta no saber dónde has visto u oído tal cosa. Porque en realidad están borrando la pantalla de la información y no son conscientes de los trucos. Algunas preguntas se responden si lo que la gente ve es a una mujer voluntariosa que inaugura un hospital, sin camas ni personal sanitario porque las pondrá más tarde, y encima la critican. De informar seriamente se ha de aportar algún contexto: que nos ha costado 100 millones de euros, el doble de lo presupuestado por las grandes constructoras contratadas, y con ese dinero podría haberse mejorado mucho la dotación de hospitales ya existentes. Igual que influye la permanente culpabilización de partidos democráticos que no entran en sus esquemas. Igual que cala el incesante goteo de portadas, reproducidas en radios y televisiones, en las tertulias, en las redes, presentando a Pablo Iglesias como el ser más imputado y perseguido por la justicia en denuncias que van siendo sobreseídas. Mientras los pufos multimillonarios de Juan Carlos I o la corrupción del PP no pasa de ser “lo normal”.

Lo normal, de hoy, es que hasta los nietos ultras del rey emérito se han beneficiado de las tarjetas opacas para comprar en El Corte Inglés, Uber o pagar clases de piano. El Museo que se montó en el Pazo de Meirás la familia Franco con piezas de gran valor, fruto de un expolio continuado del patrimonio público. Es la familia y el ideario que inspira a los patriotas que añoran la democracia que el sanguinario dictador nos trajo. Lo dicen tan tranquilos en la televisión. Lo de hoy es confirmar el sesgo del PP de Aznar, Trillo y los demás, que condecoraron dos veces por su “intachable conducta” al general de la XIX del Aire que sueña con fusilamientos masivos, precisamente a ése. Mientras Marhuenda se saca una de sus encuestas de la manga para titular barbaridades a toda portada. Incluido el desliz de llamar “el régimen” a lo que rige en España. ¿Cómo quieren que estemos con todo esto? Con lo que ignora, confunde o come manipulado tanta gente. Ellos son el peligro.

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Pensar en un golpe es ciencia-ficción. O qué quieren que les diga. Estamos en Europa y en el siglo XXI. Aunque la UE haga dolorosas concesiones a Hungría y Polonia para que sigan pisoteando el Estado de Derecho en sus países. Como repito con envidia, la conservadora Angela Merkel es inequívocamente antifascista y obra en consecuencia cuando disuelve un grupo de élite del ejército aquejado de ese mal. La mano firme no es autoritaria sino autoridad cuando se defiende la democracia. O la información rigurosa. No subvencionemos las mentiras y el odio, al menos.

Supuran furia por la realidad que les quema y se llevan tragando a disgusto casi un año pese a sus titánicos esfuerzos por tumbar al Gobierno, sin empacho de usar incluso una pandemia. Pero se sienten heridos y son peligrosos. Las turbas desinformadas que les siguen precisarían criterio, quizás se imponga con el tiempo de evidencias. Difícil es, desde luego. Pero hay que romper por algún lado ese círculo que se envicia a sí mismo.

*Publicado en ElDiario.es el 8 de diciembre de 2020

España sin eufemismos: la verdadera historia

… y he visto que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos”.

León Felipe(Zamora 1884–Ciudad de México 1968)

Se diría que la historia de España que oficialmente prevalece está plagada de eufemismos para esconder y dulcificar la realidad. Y, sin duda, es mucho más descarnada. Las trampas, hasta los timos de trileros, afloran en un retrato insoportable para la decencia, para la conciencia democrática e incluso la madurez como pueblo. Una historia que se llena también de mitos que a menudo recaen en quienes menos lo merecen. Francia juzga al expresidente de la República, Nicolás Sarkozy, por corrupción y tráfico de influencias. Le pillaron con las manos en la masa pidiendo trato de favor a un juez para otro chanchullo. Habrá que ver a colegas españoles de altas instancias, muertos de risa: España sí que lo ha sabido hacer. Magistralmente. Y con la complacencia y colaboración de una buena parte de la sociedad. Y, desde luego, de medios de comunicación y periodistas concretos.

A Juan Carlos de Borbón, ex jefe del Estado español, le salen pufos de envergadura de continuo. Hasta casi perder la cuenta. Se ha revelado como una especie de yonqui del dinero (y el sexo) que utilizó su cargo para hacerse con una inmensa fortuna y sin siquiera pagar al país que tanto ama los impuestos reglamentarios. Dicho sin eufemismos, ahora salpiquen el texto de “presuntos” y “presuntamente”. Desde que supimos, a comienzos de marzo –por la investigación de la justicia suiza–, de los 100 millones de dólares ingresados en una cuenta de ese país “por cortesía del rey de Arabia Saudí”, los hallazgos similares se han multiplicado. Regalos multimillonarios a sus amantes, en particular a su favorita, Corinna Larsen, que se transforma para la crónica cortesana de princesa a pelandusca en cuanto empezó a contar. Y más cuentas y cuentas. Lo de hoy es que Juan Carlos, rey, escondió en Suiza durante dos décadas millones de euros en acciones de compañías del Ibex. Lo más florido: Iberdrola, BBVA, Santander, ACS, Acciona, entre otros. Algunos de ellos también tienen cuentas en paraísos fiscales que nos sangran.

La historia de Juan Carlos I sigue con la huida al paraíso de la autocracia de Abu Dabi en Emiratos Árabes Unidos. O con las cartas y movimientos estratégicos de la Casa Real –o sea, de su hijo y heredero Felipe VI– que renuncia a la herencia (no de la Corona) el mismo día de marzo que entra en vigor el Estado de Alarma por la pandemia. O que comunica en un texto de un folio la fuga del emérito un lunes de agosto.

El funcionamiento de España, casi como un reino medieval, quedó bien patente con las firmas y adhesiones a las tropelías de Juan Carlos por los grandes servicios a España que había prestado de más de 70 exministros y altos cargos. Muestra de una laxitud ética con la que un país no puede funcionar correctamente. Porque corrobora, una y otra vez, que quienes mueven los hilos en España comparten con Juan Carlos de Borbón una moral plagada de excepciones, atajos y privilegios, donde el fin que buscan justifica los medios.

Y que va mucho más allá en la práctica. Fernando González, Gonzo, en Salvados, entrevistó el domingo a José Bono, ex presidente del Congreso por el PSOE y a García Margallo, ministro de exteriores con el PP. Ese teléfono en la misma mesa de la sede de la soberanía popular que suena –¡durante la sesión!– para que el rey u otros opinen y hasta agradezcan que no se investiguen sus cuentas, sonroja a niveles insoportables. Y la comprensión de estas actitudes. Un ministro de exteriores que se reúne con la amante del jefe del Estado, para hablar “de asuntos privados” cuyo contenido, dice, no recuerda. Esta es la verdadera historia de España.

¿Y de dónde parte? A muchos les parece extraño “el cambio” de Felipe González y Alfonso Guerra, presidente y vicepresidente del gobierno del PSOE que, con su triunfo en 1982, dio el giro definitivo a la historia. ¿Y si no hubiera tal cambio? Aquel gobierno histórico aportó una hasta entonces impensable alternancia bipartidista en el poder y consolidó lo que había de ser el régimen del 78. Verán, un insobornable Nicolás Sartorius declaró esta semana: “No sé si hay pacto con Bildu, pero en la Transición pactamos con quien nos fusilaba“. Comunista y aristócrata, intelectual y comprometido, pasó seis años en la cárcel condenado en el Proceso 1001 por pertenecer al sindicato CCOO. Con toda autoridad moral señala esa clave. Se firmó un contrato con los asesinos, con los tiranos, con los que destrozaron la ética de un país por varias generaciones. Porque nunca hubo dos partes: hubo un golpe, una guerra y una larga y terrible dictadura, hubo agresores y víctimas. ¿Y si la modélica Transición es otro eufemismo, y hay que hablar de un pacto en altura para maquillar y no cambiar?

En Felipe González tenemos a otra figura a la que hay que agradecer un sinfín de cosas que son normales en los países democráticos. Incluso más, sí. Entrar en la Comunidad Europea, sanidad y educación universal y aquella modernidad que el presidente vestía con una brillantez intelectual extraordinaria, mientras su segundo mordía “a la derecha” como el poli malo de la función. Dos personajes tan magistralmente elegidos para sus papeles que asusta constatarlo. Algo ayudaría a saber, a ver la certeza o falsedad de los supuestos dosieres, si España acabara con la anormalidad democrática de la Ley de Secretos oficiales. Pero eso no va a ocurrir en modo alguno.

Capa de modernidad, sin duda. Logros, importantes. Pero el bipartidismo dejó en sus puestos a quienes habían sustentado el franquismo en todos los estamentos esenciales para que fuera posible. Y ahí siguen muchos, y por supuesto sus herederos. Eso era el “atado y bien atado”. Nadie pagó, nadie fue relevado siquiera por su complicidad con la dictadura. De aquel manto de impunidad, resurgen florecientes los franquistas y fascistas, los aprovechados, cosechando dinero y medios para su labor. La corrupción del franquismo sigue en la columna vertebral de España. Y reparte y atesora sus beneficios.

Cada vez es más evidente, que las batallitas políticas y mediáticas con las que los medios entretienen al personal son el señuelo que distrae de lo que realmente se cuece. Los “zascas” y “repasos” enardecen a la afición pero terminan siendo diabólicos. Podría admitir que, en algunos casos, sea solo seguidismo de una corriente de frivolidad que no profundiza en las causas. Pero el daño es igual de devastador. Y Twitter, Facebook y WhatsApp les vinieron a ver para ayudar en la tarea, como mero vehículo por supuesto. Con este panorama que, a diario los Trending Topic marquen lo que quiere destacar y molesta a la derecha, no lo hubieran imaginado ni en sus mejores sueños.

En definitiva, nos encontramos con un ex Jefe del Estado, rey, huido de su país y pringado a niveles de república bananera. No hemos despejado ni la X de los GAL, ni las historias fantásticas de hechos durísimos que hemos vivido. Ni siquiera saben los jueces quién es M.Rajoy en los papeles de Bárcenas. Hubo un presidente de igual nombre que, si nos dejamos de eufemismo, ha sido el mejor gerente, el más discreto y eficaz, que ha tenido la organización. Metió mano en la forma de elegir el Poder Judicial, aupó a jueces estratégicos y reformó los Códigos penales con la inclusión de la Ley mordaza. Implantó, solo con votos del PP que le daban mayoría, una Ley de Educación, la de Wert, cercana al creacionismo religioso, favoreció a las confesiones católicas en un país aconfesional, según la Constitución. Rajoy se propuso y consumó el mayor destrozo del Estado del bienestar de la historia, con durísimos recortes en sanidad, educación o investigación, ciencia y cultura. Mermó derechos laborales y el subsidio del paro. Hasta el IVA que había presuntamente combatido, lo aumentó del 18% al 21%. Con particular ensañamiento en la cultura. El IVA cultural español pasó a ser el mayor de la zona euro, con diferencias abismales. Lamentablemente muchos de los estragos de Rajoy continúan vigentes.

Pablo Casado sigue la misma senda, con las medidas que anuncia contra la ley de educación o el veto (consentido) a la renovación del Poder Judicial. Con esos eufemismos como el de buscar “la libertad de las familias“. De no ser por lo que hizo y hace el Partido Popular parecería que solo quiere imponer su programa sin haber ganado las elecciones. “Solo”. Pero el componente tramposo está bien a las claras. Igual es que la sociedad no es consciente de todo esto, no lo sabe o lo ha olvidado. Algunos medios y periodistas hacen una labor espectacular en ese sentido: en el de vender la moto, dicho sin eufemismos.

¿Qué es eso de “la pluralidad”? Supuestamente el intercambio de ideas, la confrontación de voces distintas en busca de clarificar los temas. En la práctica es un continuo uso de la zancadilla para el pensamiento, una distracción premeditada, una exaltación de las vísceras que no apela a la razón. Sería enormemente constructivo tener en España una derecha democrática y unos periodistas conservadores que expusieran con limpieza sus argumentos. Lo que cambiaría todo. Pero es que todo viene del mismo origen. El que tiende a expulsar a una parte del gobierno de coalición de decisiones importantes como el reparto de los fondos de reconstrucción europeos para contentar al bipartidismo clásico, que luego obliga a rectificar tras haber hecho el feo.

Es con lo que cargamos. La pluralidad habría ser en clave de honestidad y no lo es. Una democracia admite desde luego voces turbias, es la condición humana, pero los propios ciudadanos deben exigir limpieza, si son limpios. No sabemos en qué medida ha contaminado a la sociedad la porquería incrustada en su esqueleto.

En pocas palabras y sin eufemismos: la verdadera historia de la España actual, hija de sus trampas, nos aboca a deducir que nos han timado y nos siguen timando. Déjense de viejas guardias, guardias viejas, de privilegios y males menores que no han hecho otra cosa siempre que tapar inmensos daños. Somos ciudadanos de un país del siglo XXI, en un mundo atribulado, que quiere salir adelante afrontando sus problemas. Es lo que la mayoría vota. Se puede. Seguro. Para mí es esencial prescindir del ruido. Y huir de los cuentos que paralizan.

*Publicado en ElDiario.es el 24 de noviembre de 2020

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La letra pequeña

Rosa María Artal

Olvídense por un momento de los “zascas” y los “repasos” que algunos colegas dan a los gobiernos que no les gustan, o los “rifirrafes” con el que resumen la confrontación política. Aparten el foco unos minutos de las portadas. Les propongo fijarnos hoy en la letra pequeña. Los periódicos de papel vienen con la euforia de las noticias que asocian vacuna y bolsa. Las buenas perspectivas –de salud y recuperación económica- que podría ofrecer el hallazgo de las farmacéuticas Pfizer y su socia alemana BioNTech, que parecen alumbrar la luz al final del túnel, o a medio camino en la buena dirección. Dejemos sin embargo siquiera que el ensayo concluya antes de desmenuzar los pormenores de lo que en realidad no se sabe. La vacuna, el optimismo de los mercados, el goteo de víctimas del coronavirus –convertido ya en estadística monótona- y las habituales declaraciones de políticos ocupan la primera plana de una actualidad que viene también con mucha letra pequeña. Y con temas de envergadura que cada medio aúpa y quedan ocultas, total o parcialmente, bajo el marasmo del conjunto.

Este martes ha comenzado por ejemplo el juicio por los atentados del 17-A en Barcelona y Cambrils que parece tratarse, informativamente, como un asunto local y de Catalunya para colmo, pensarán. Es cierto que los miembros de la célula yihadista fueron abatidos por los Mossos o murieron en la explosión de Alcanar, pero son demasiados los interrogantes que quedan. Desde el comienzo fue un asunto intensamente politizado que pasó por encima de un terrible balance que nos dejó sobrecogidos: 16 muertos y más de 130 heridos de distintas nacionalidades. Y quedaron demasiadas sombras en el aire.

Hemos sabido que el dolor de la pandemia fue por barrios. Las empresas del Ibex repartieron más de 9.500 millones de euros entre sus accionistas. Los trabajadores ganaron 121 veces menos que los altos directivos. Son datos del Informe Anual de Oxfam Intermón. Los medios generalistas, sin duda la televisión, nos contarán sus quejas acerca de lo que son o no son avisados por el Gobierno o sobre lo que éste decide. La patronal no está de acuerdo con la subida del sueldo a los funcionarios de 0,9%. Prefieren “premiar” a los sanitarios a costa de otros.

Sabremos profusamente de los llantos de los restauradores y hoteleros por el cierre o recorte de horario de sus negocios. Con toda razón: hay una pandemia que ha matado solo en España a más de 39.000 personas, más de 1.200.000 en el mundo. Pero apenas tendremos noticia de los asalariados despedidos en esos mimos sectores, o en el comercio o los que vivían de actividades informales. Este gobierno se ha ocupado preferentemente de los más vulnerables pero es demasiado amplio el campo de esta tragedia. Porque muchos ciudadanos han pasado “De la economía sumergida y la precariedad al desamparo” como cuenta en Público el periodista Eduardo Bayona. Oenegés y colectivos sociales alertan sobre los nuevos pobres de la pandemia. Los mayores, las familias monoparentales, los jóvenes sin recursos se van sumando al colectivo de invisibles para el periodismo convencional. Son letra pequeña. Que sí, que de vez en cuando hay un lugar para ellos aunque no arrasa en el interés de la audiencia.

Los ancianos. La mitad de las muertes en la segunda ola de la pandemia vuelven a darse en las residencias de mayores. Mónica Zas en ElDiario.es suma, con los datos aportados por las comunidades autónomas, que son 23.125 los ancianos fallecidos en geriátricos. Y ahora mismo hay 137 brotes activos con casi 1.900 contagios. Oímos cosas espeluznantes cuando ya había pasado la ceremonia del horror, pero las investigaciones de la Fiscalía por la gestión en las residencias se desinflan. Dice la de Madrid que la tendencia general es el archivo. Algunas familias han optado por llevar sus denuncias directamente a los tribunales, anotaba Laura Galaup.

Desde luego, no hay un manual de pandemia desconocida que establezca de por vida si es conveniente o no usar mascarilla, pongamos por caso. Pero lo que hemos sabido de la gestión de las residencias en algunas comunidades se pasa largamente de incompetencia. No voy a cansarme de repetir que el gobierno Ayuso no ejecutó ninguna de las tres alternativas que tenía ante el colapso de la red pública de hospitales: ni trasladó a los mayores enfermos al Ifema u otros hospitales (lo prohibió por escrito), ni usó la red hospitalaria privada para atenderlos, ni medicalizó las residencias. Lo vimos entre otras informaciones en las de Manuel Rico con pruebas documentales. ¿No sabían a qué conducían esos protocolos? ¿No oyeron los gritos de los ancianos encerrados? ¿Ni siquiera prestaron atención a lo que vieron y contaron Médicos Sin Fronteras? Miles de ancianos, intensos dolores y angustia, letra pequeña.

Y de adultos. El desastre de la sanidad madrileña desde los tiempos de Esperanza Aguirre desembocó en las manos de un ser como Isabel Díaz Ayuso y su gobierno. El periodista Fernando González “Gonzo”, mostró este domingo la sala de UCI con 16 camas en el hospital Infanta Sofía, en San Sebastián de los Reyes, que permaneció cerrada porque adecuarla era “incompatible con las necesidades inmediatas que marcaba el ritmo de expansión de la pandemia”, dice en la Consejerìa de Sanidad. En su lugar se montó el hospital de campaña de IFEMA para que la presidenta Ayuso saliera en los medios feliz. El programa emitido el domingo en La Sexta, tuvo un récord de audiencia para esta nueva etapa: 1,7 millones de espectadores. Los mismos que “La casa fuerte” en Telecinco. En la 1, 2,3 millones veían a Bruce Willis en El Justiciero.

En este corte pueden oír los gritos del silencio, de 80 enfermos exhaustos y de una de las tres enfermeras que los cuidaban, de su impotencia. Emociona mucho, aviso. Y es real, trágicamente real.

 ¿Y saben que ha dicho el consejero de Sanidad? Vean cómo lo contó un médico.

En la letra gruesa están los bulos incesantes de la prensa. Contra Podemos sobre todo, contra el gobierno progresista en su conjunto. Las quejas de muchos de sus creadores y difusores por la supuesta censura que quiere implantar el gobierno. No importa que sea mandato de la UE, sobre legislación que ya existe y sin capacidad sancionadora. Lo esencial es preservar y consolidar la libertad de calumniar y manipular.

Esteban González Pons, que lo sabe como eurodiputado del PP,  suelta en La Razón: “Solo Rusia tiene un organismo similar al Ministerio de la verdad de Sánchez”. El Gobierno hace una interpretación “inaceptable” de los trabajos europeos, afirma. En la UE inquieta la mala relación del presidente con el Estado de derecho, asegura, y que por ello están en juego los fondos europeos. Es mentira. Todo. En Bruselas no creen que peligre el Estado de Derecho en España y menos por el Gobierno. Lo que preocupa en Bruselas es la deriva de Hungría. Enorme.

Hungría amenaza con vetar el fondo de recuperación europeo porque no quiere que se vinculen las ayudas al respeto al Estado de Derecho que ellos se pasan por el forro. La Vanguardia le dedica artículo y editorial al tema. Gravísimo. Dado lo que el ultraderechista húngaro Viktor Orbán quiere consagrar en Europa. La hipocresía infinita de González Pons, Casado y el PP en su bloque no cuenta con que el periodismo guarda la letra pequeña de sus acciones. En abril, Casado se negó a firmar una carta con 13 partidos del PPE, Partido Popular Europeo, que pidieron expulsar a Orbán de la Unión Europea. Sus medidas autoritarias “diluyen en la práctica el estado de derecho en su país”, argumentan. El PP español lo avala, lo defiende frente a otros y tiene el valor encima de lanzar esas acusaciones contra España que sería víctima de su amigo.  No era la primera vez. En Febrero, como contaba Andrés Gil, el PP de Casado ‘sostuvo’ ya al ultra Orbán mientras se codeaba con los líderes de la extrema derecha europea. En aquella ocasión, lo hicieron otros líderes del PPE que en abril cambiaron de postura.

Publicado en ElDiario.es el 10 de noviembre de 2020

Crónica de un ataque a la democracia

Varias cadenas, ABC, CBS y NBC, cortaron el discurso falaz de Trump. Alienta la reacción de la prensa ante un patente asalto a la democracia. Imprescindible, porque Trump es la caricatura extrema de un patrón de conducta ya implantado en otros lugares.

Rosa María Artal

Ha cuestionado el sistema norteamericano, lanza –sin pruebas- graves acusaciones de fraude electoral, pide detener los recuentos de votos, Donald Trump ha roto todas las barreras. Como era previsible e incluso anunció. Llama a los ciudadanos a “luchar por su presidente”. Acuden muchos de ellos a los colegios electorales hasta con armas en la mano. La Asociación Nacional del Rifle las ofrece sin sutilezas: Ven y tómalas. Steve Bannon, el artífice del triunfo de Trump en 2016, pide que el Dr. Fauci (reconocido experto en enfermedades infeccionas e inmunología) y el director del FBI, Wray, sean decapitados y colgadas sus cabezas en picas “como una advertencia a los burócratas federales”. Un hijo de Trump, Eric, crece en virulencia cuando comparece: habla en bucle de fraude, ha llamado a la “guerra total” y dice que su padre no saldrá de la Casa Blanca. No olvidemos que el magnate actúa en clan como si de un imperio se tratase. Su hija y su yerno han sido a menudo enviados en su nombre a actos internacionales. Para contemplar el cuadro, una tal Paula White, asesora espiritual de la presidencia, reza de esta curiosa manera “para asegurar la reelección de Trump”.

Ninguna sorpresa. Por el contrario, el cumplimiento de las peores predicciones. Nadie ha hecho más daño a los Estados Unidos que Donald Trump. Cada cuatro años, en cada elección, Trump grita fraude y siembra dudas sobre el proceso, incluso el año que ganó, reseña con ejemplos el periodista Johnattan Bilancieri. Si ahora presenta demandas es porque siempre lo hizo. “La idea no era nunca ganar el juicio, sino convertir el proceso en una maraña interminable en la que al rival sólo le quedaba la opción de llegar a un acuerdo extrajudicial para poner fin a la tortura. En 30 años, participó o apareció en 3.500 demandas en los tribunales”, recordaba Iñigo Sáenz de Ugarte. Es una estrategia que comparten dirigentes similares en el mundo. Apunto que la derecha española es también muy aficionada a las querellas y recursos, al uso y mal uso de la justicia como arma política. La triple derecha.

De lo visto, se explica que Donald Trump se haya preparado a conciencia los nombramientos de afines en la Corte Suprema que habrá de dilucidar los litigios. Lo hizo desde que llegó al cargo y ha conseguido tener seis jueces conservadores frente a tres progresistas , en el mayor desnivel de la historia estadounidense desde los convulsos años 30. Es lo mismo que hizo el PP de Mariano Rajoy con la reforma para la elección del Consejo General del Poder Judicial, que es la que el Consejo de Europa ha cuestionado duramente durante siete años. Recordemos también que el PP no cambia de abogados cuando las cosas van mal, sino de jueces. Son daños profundos. Todos ellos.

Si había un pueblo defensor de la democracia como valor incuestionable era el norteamericano, según nos mostraba el cine, las series, la literatura. En ese punto, la ficción, ha sido de los pocos países que ha entrado de lleno en la Casa Blanca y todos los accesos a su poder. En la vida real es constatable. A diferencia de nuevo de un sector notable en España que no siente especial apego por  la democracia. Pero Trump evidencia que, como también recordaba Sáenz de Ugarte en boca del periodista y profesor Fred Kaplan, “quizá esto es lo que somos”. También. Hay, probadamente, 70 millones de seres que se tragan las reiteradas mentiras de Trump. Les recuerdo, al menos han sido 20.000 en su mandato, y que parecen avalar su ejercicio antidemocrático de la política, su misoginia y su racismo. Sí, ellos también son “América”.

A pesar de todo, 69.669.704 personas han votado al Trump de 2020. El mismo día que casi mil muertos engrosaban la cifra de 231.000 víctimas del coronavirus. Una pandemia ante la que el presidente ha tenido una actitud escasamente proclive a su prevención, pese a, según se dijo, haber resultado contagiado. Casi 10 millones de infectados han convertido a EEUU en el país líder en el mundo sin ser el más poblado. Y con un muy deficiente sistema de sanidad pública debido a la concepción ultraliberal del cuidado de la salud.

La televisión norteamericana cambió el rumbo de este desastre. Varias cadenas, ABC, CBS y NBC cortaron el discurso falaz de Trump en la madrugada (para nuestro huso horario) de este viernes. Y otras que sí lo dieron, advirtieron como CNN en un rótulo, que Trump acusaba sin pruebas. Hasta su cadena amiga, Fox, lo ha hecho. Algunos líderes republicanos muestran su malestar también por las acusaciones de fraude vertidas por Trump sin pruebas. En el agónico recuento de votos, en los días de querellas que vendrán, alienta la reacción de la prensa ante un patente asalto a la democracia. Imprescindible, porque Trump es la caricatura extrema de un patrón de conducta ya implantado en otros lugares.

Impensable en España, salvo minoritariamente. Al tiempo que todo este drama sucedía en Estados Unidos, la prensa española convencional se apuntaba a la información capciosa. Las portadas de medios que tan a menudo estampan en ellas mentiras comprobables, hablaban de un plan del Gobierno para vigilar a los medios. En Twitter se abría paso el hashtag “Dictadura”.

El Telediario de las 21.00 de TVE había informado sobre la polémica originada por una ley contra la desinformación. Contaba su origen en una decisión de la UE y la ambigüedad –cierta- de sus objetivos que podrían alcanzar a la lucha contra los bulos. Pero, una vez más, Vox ocupó lugar estelar en la televisión pública estatal: “Vox acusa al Gobierno de censura”. El artículo 20 de la Constitución española garantiza el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Y precisamente Vox prohíbe la asistencia a sus actos y ruedas de prensa a ciertos medios que no le gustan. Vox tiene como asesor a Steve Bannon desde que trasladó su labor de adoctrinamiento ultraderechista a Europa. Así se cierra el círculo que hay que saber y, para saber, contar.   

El programa de subversión de la democracia de la ultraderecha populista, incluye llegar a la calle, a la violencia desestabilizadora camuflada -con escasa credibilidad- de protestas. Porque quienes llaman libertad de expresión a lo que hacen y practican los fascismos y los tratan como iguales a los demócratas, les están haciendo la campaña. Obviando lo que realmente son, y terminan demostrando de una forma u otra. Ultraizquierda no hay en los arcos parlamentarios. Como será que Trump y sus partidarios consideran así a Biden y Harris.

Lo que está ocurriendo con Trump en Estados Unidos amenaza con desequilibrar su país e incluso el planeta. Él y sus seguidores son la “dinamita tras cada puerta” de la que habló en febrero al mítico periodista Bob Woodward. La de Trump está todavía en la Casa Blanca. Pudre instituciones que parecían inquebrantables. Divide a la sociedad. Lanza un ejército de embestidores sin cerebro a defender sus extravíos. Es la crónica del asalto a la democracia de un ser que nunca debió llegar a tener el control de un país democrático. Un ejemplo trágico de lo que puede ocurrir en otros lares. La crónica aporta el contexto y anuncia lo que puede llegar, pero no está escrito ni decidido aún. Algunos pilares se refuerzan para evitar que se cumpla. Todos los demócratas del mundo deben ponerse a ello.

Publicado en ElDiario.es el 6 de noviembre de 2020

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