Crónica sobre la presentación de Derribar los Muros. “La gran frustración de la gente está trayendo el ascenso de los fascismos”

La periodista Rosa María Artal estaba en el puente de Bornholmer, en Berlín del Este, cuando en 1989 se abrió el muro. Recuerda la lluvia y el frío, y que sintió que el mundo sería diferente a partir de entonces. 30 años después, ha presentado este lunes un libro en el que relata, junto a otros autores, las claves de lo que ha ocurrido en estas tres décadas. Derribar los muros, de Roca Editorial, analiza “los nuevos muros levantados”: “Es un libro que habla del presente, pero hay que saber cómo hemos llegado hasta aquí y los caminos que se escriben ahora para saber adónde iremos”.

“Yo estuve ahí, era la única periodista con un equipo de Informe Semanal, de Televisión Española”, ha recordado Artal, que es colaboradora de eldiario.es. La coordinadora de la publicación ha compartido un panel con algunos de los autores de la obra este lunes en Fnac Callao, en Madrid, ante unas 80 personas.

La editora Blanca Rosa Roca ha presentado la publicación, que cuenta con textos de Violeta Assiego, Pablo Bustinduy, Pedro de Alzaga, Lourdes Lucía, Àngels Martínez Castells, Javier Pérez de Albéniz, José Antonio Pérez Tapias, Javier Valenzuela y Carmen Madorrán, y con prólogo de Federico Mayor Zaragoza, analiza los cambios más significativos de las últimas tres década. “Drásticos, buena parte de ellos; algunos vertiginosos; otros, impensables”, afirma en el primer capítulo Artal. 30 años después describe una sociedad con “desencanto y apatía”: “La gran frustración de la gente está trayendo el ascenso de los fascismos”.

Portada del libro 'Derribar los muros', de Roca Editorial
Portada del libro ‘Derribar los muros’, de Roca Editorial

“Había más libertad en los años 80, en España y en el mundo, que ahora. Si aceptamos recortes de derechos y libertados, creamos el terreno para los fascismos 2.0, que vienen a decir lo mismo que los de años 30”, ha reflexionado Javier Valenzuela, que en esos años era corresponsal de El País en Oriente Próximo. Para el autor, lo que triunfó en 1989 fueron “el capitalismo salvaje y el neoliberalismo”. “Hoy tenemos un mundo en el que si eres pobre es por tu culpa”, ha destacado y señalado: “Somos pocos divididos, ellos son muchos y unidos. Tenemos que ser listos y empezar a tejer nuestras redes de resistencia”.

El periodista Pedro de Alzaga ha recordado en su intervención que en aquellos años comenzaba a existir la web, “la herramienta más poderosa, un monstruo maravilloso”. “Los medios estaban bastante bien. Pero justo en ese noviembre del 89 había un ingeniero informático en un laboratorio de suiza que estaba creando la web. Nacía esa plataforma y empezaban a producirse una serie de cambios que nos han traídos hasta aquí”, ha explicado de Alzaga.

“En 1989 había 15 muros”, ha apuntado la abogada y editora Lourdes Lucía. “Ahora hay 70”, ha incidido. “El peor muro es el muro de la xenofobia, del igual, del que viene afuera y crees que te puede quitar el puesto de trabajo”, ha explicado. “Creo que la esperanza puede vencer al medio. Esto es una muestra de que algo está cambiando”, ha dicho y señalado al panel, compuesto en su mayoría por mujeres.

“La conquista de derechos que hemos tenido las mujeres en estas tres décadas no se hubiera podido producir sin la lucha de las mujeres que vinieron de todas las partes del mundo”, ha destacado la abogada Violeta Assiego. “De todas las mujeres: pobres, académicas, transexuales, bolleras”, ha precisado. La autora, sin embargo, ha advertido: “El debate sobre nuestros cuerpos y decisiones, con quien queremos tener hijos, si los queremos tener, sigue levantando muros. Es una de las armas usadas por las derechas y fundamentalismos ideológicos y religiosos para dividirnos”. Assiego ha expuesto un desafío para el presente: “Hay que pasar del feminismo a los feminismos. Tenemos que tener en cuenta que la consecución es muy desigual”.

Es uno de los “puentes” que se han tendido más allá de los muros, según ha señalado Artal. Otro tiene que ver con la “conciencia” ante la emergencia climática. Carmen Madorra, que nació después de la caída del muro de Berlín, ha puesto el foco allí. “Sería miope no preguntarse qué ha pasado en estos 30 años para que ahora estemos hablando de emergencia climática”, ha reflexionado. “Algo pasa con el planeta y tiene mucho que ver con nosotros. Hay que buscar formas de modificar nuestra presencia en el planeta. Tenemos que cambiarlo prácticamente todo”, ha zanjado.

El libro, de 232 páginas, se presentará próximamente en Barcelona y Zaragoza, los días 28 y 29 de octubre, respectivamente. Antes de terminar Artal ha leído la dedicatoria del libro: “Para quienes creen que otro mundo es posible, porque este así se va a pique”.

Elecciones al límite del riesgo con exhumación incluida

Por supuesto que había que sacar los restos del dictador del mausoleo en el que nunca debió estar. Conforme avanzaba la ceremonia se me confirmaron, sin embargo, las dudas sobre la oportunidad del momento. Y la satisfacción por ver a Franco fuera del Valle de los Caídos se fue enfriando. Ya no era tiempo de brindar con champagne  -que así se llamaba entonces,- después de 44 años está avinagrado y, aun así, la exhumación del caudillo franquista nos sirvió la esencia de sus posos.

No comparto en absoluto que hemos asistido a los últimos vestigios del franquismo. Es como cuando dicen que ya no hay nazismo porque Hitler murió. El franquismo fue un fascismo a la española, chaparrudo y tosco, tramposo con lo peor de todas las dictaduras de su signo. Represión, venganza, trampa, hasta niños robados (no le faltó detalle). Y muerte: ejecutó disidentes hasta septiembre de 1975. Una férrea involución autoritaria que anuló a las mujeres, que echó a las cunetas o de España valentía y pensamiento crítico. Ha evolucionado, claro. Pero está el alma de la ultraderecha española actual, la que ha impregnado a las tres de ámbito nacional. Y goza de un gran predicamento en muchos medios que la han lavado y perfumado a conciencia.

Esa esencia de franquismo sigue en reductos de algunas instituciones, y en la forma de comportarse la sociedad de la alta y baja trampa. Las evidencias son diarias. No deja de ser relevante que la exhumación coincidiera, por ejemplo, con la cacería del abogado incómodo Gonzalo Boye que relataba en todos sus extremos aquí Elisa Beni. Un registro “con los periodistas pertinentemente avisados en la puerta”. Y una certeza inquietante: “No hay nada que dé más miedo que la capacidad incontrolada de determinados individuos con poder institucional de destruir a un ciudadano sin la más mínima consecuencia”.

Nos pasamos la mañana del día de la santa exhumación haciendo zapping por los medios. Con banderas que llamaban ambiguamente preconstitucionales, siendo exponentes de una dictadura, fuera cual fuera su origen previo. Oyendo voces sensatas y franquistas apenas reciclados. Vimos al golpista Tejero vitoreado por trasnochados ejemplares añorantes de la dictadura, fascistas de ayer y de hoy, pero lo peor era saber cuántos más temibles hay detrás. En los silencios y medias palabras de los partidos de la derecha española, por ejemplo, y del conjunto social.

Y vimos salir el féretro enterrado hace 44 años a hombros de familiares, con un Borbón, biznieto de Franco también, en primer lugar, al lado del nieto al que exonera la justicia tras haber encañonado –alguien en su coche al menos- a dos guardias civiles. La sobria presencia del Gobierno, sí, presencia al fin y al cabo. Y todo profusamente televisado. Una familia con desmedidos privilegios que no tendría en ningún país tras haber protagonizado su patriarca un alzamiento militar contra el orden constitucional, una guerra de tres años y otros 40 más de dictadura. Cuarenta, que se dice pronto, oxidando las raíces de una sociedad.

Y luego a Pedro Sánchez dando un discurso a la hora del telediario y yendo a poner flores a las 13 rosas con cámaras que lo contaran. Loable reivindicación, aunque quizás mejor menos personalizada. Y, más allá, la mezcla de emociones de los ciudadanos; los insultos, si se tercia, a quien no siente como ellos tras haber pensado a la vez. Y el todo o nada, blanco o negro, de una gran parte de la ciudadanía educada en el pueril maniqueísmo.

Y que sube Vox en las encuestas, y el PP de Casado que debe andar pensando de qué material le hará a Pedro Sánchez un monumento por la impagable oportunidad que le ha dado al repetir elecciones, en el fondo y forma que se ha hecho. Y el propio Sánchez ante la mesa del Casino, ¿rojo o negro?

Por supuesto que había que sacar al dictador del lugar de honor donde nunca debió estar. Tuvieron 44 años para hacerlo. 22 el propio PSOE, de hecho los primeros trámites los inició el presidente Zapatero. Pero cuestiono el momento, justo en campaña electoral. Con el conflicto en Catalunya en plena efervescencia. Cuatro días antes de que el PSC y el PSOE se unan a Casado y Rivera, Álvarez de Toledo, Arrimadas, -y veremos si no va Vox- en una manifestación en Barcelona de Societat Civil Catalana, españolista y conservadora a la que dicen “constitucionalista”. Constitucionalista de los artículos 2, 155, y 99 y, desde luego, del 135 y poco más. Realmente a Pedro Sánchez o a sus asesores, les gustan los riesgos.

La exhumación de los restos físicos de Franco –los otros siguen ahí en parte- es otro factor extra que, con la sentencia del procés, incide en la campaña electoral para el Parlamento y Gobierno de España. La exhumación, ahora, y no a partir del 11 de noviembre, si quieren, que están en funciones, apela a reacciones viscerales, con su dosis implícita de irrealidad que suele sosegar el tiempo.

Pedro Sánchez ha conseguido pasar a la Historia. Quedará en los libros que sacó a Franco del Valle de los Caídos. Esperemos que la historia no se complique demasiado por toda esa amalgama que hoy confluye. Elecciones al límite del riesgo. Estos días ando citando mucho a Zygmunt Bauman, el sociólogo y filósofo de los mundos líquidos. Decía: “la inseguridad está en proceso de ser convertida en el sujeto principal (quizás en la razón suprema) que moldea el actual ejercicio del poder”.  Y justo ha sido ahora, estos últimos días, cuando mejor he entendido esta idea.

*Publicado en eldiarioes 25/10/2019

Surge una nueva ola de indignación social

El poder instalado en su pedestal nunca entiende lo que ocurre más abajo. No ve, porque no mira. Y ni mucho menos siente y empatiza con los problemas que en muchos casos genera. De repente, el mundo se ha vuelto loco atacado del virus de la protesta. Ahora, con brotes de violencia. Algunos de una agresividad como nunca vieron, dicen. Brotes, no violencia generalizada –y me refiero aquí al caso concreto de Catalunya- como dan a entender cuando sitúan el foco sobre los altercados, sin abrir el plano donde miles de personas protestan pacíficamente. Porque es un derecho amparado en muchas Constituciones y hasta en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La libertad de expresión y la de manifestación incluyen la crítica, por supuesto. Limite usted su arrogancia y su mano dura, y deje tranquilos los derechos democráticos.

Protestan en Catalunya y, en solidaridad en otros lugares de España, por una sentencia con duras penas de cárcel a los dirigentes independentistas que consideran injusta. Chile ahora, Argentina y Ecuador hace poco, arden en protestas altamente airadas, en estos casos, por medidas que suponen recortes de lo poco que tienen. Bolivia también salta disconforme por dudas en el proceso electoral. Nicaragua es un polvorín desde hace tiempo. Hay muertos en las manifestaciones. Hong Kong sigue presionando a pesar de haber logrado, en teoría, sus reivindicaciones. Algunos gobiernos están cediendo, sí. Tarde. Lo hizo en parte Francia con los chalecos amarillos, uno de los movimientos de protesta más agresivos que se han visto en tiempos. ¿De verdad hay quien cree que no está pasando nada excepcional y podrán controlarlo con sus métodos?

Lo grave es que ni se enteran de que esta vez parece algo diferente: hartazgo máximo. El 15M y las primaveras árabes fueron la Revolución de los Claveles de la indignación, lo de ahora puede llegar a parecerse a la Toma de la Bastilla y veremos qué viene después. Desde cómodas y bien pagadas e influyentes poltronas, aconsejan cesar las protestas y pararse a negociar primero las reivindicaciones con unos gobiernos que como el de Piñera en Chile llegó a declararse en guerra contra los manifestantes. Siéntense, tómense unos pasteles y ya, en la sobremesa del ágape, hablamos. No, esto no funciona así. La gente no protesta por entretener su ocio, no protesta por nada.

Busquen antecedentes. Llevan mucho tiempo estirando de una cuerda que no da más de sí. Al romperse, golpea a veces, solo a veces. Son muchos los abusos. “La gran frustración de la gente está trayendo el ascenso de los fascismos“, destacaba en titular la crónica de Constanza Lambertucci en Eldiario.es sobre las tres últimas décadas que nos han traído hasta aquí. Vividas con desigual fortuna por otros muchos pueblos. Es la forma más irracional de reaccionar, otra es la indignación que se hace protesta, otra el acatamiento, pero hasta ése se acaba algún día cuando el agua llega al cuello. El lucro desmedido de unos condena a otros a la pobreza. ¿Saben aquel que dice que el número de millonarios se ha quintuplicado en España en los últimos nueve años, según Credit Suisse? Pues no es una broma. Ya son casi un millón de millonarios, los recortes en sanidad, educación, etc… han valido la pena, como dice Antón Losada. Claro que es de entender que para un buen número de españoles es mucho más importante que los condenados en el procés cumplan íntegras sus penas, y no digamos ya que arda un contenedor. En Catalunya, naturalmente.

La Primavera Árabe de 2010 y 11 nació -como germen desencadenante- de un incremento del precio del pan. Un clásico. De todos los factores que confluyen en la precariedad, el alza especulativa de los precios de productos básicos es la más controlable. Hay una primera subida en 2008, casualmente previa al derrumbe financiero que llamaron crisis. En Túnez y en Egipto, el pan subió un 50% y no podían comprarlo. Y comenzaron la protestas. En 2010 subió el pan otra vez. Y la revolución se disparó. El resto ya lo conocen.

En el estallido social de 2011, convivieron las primaveras árabes, con el 15M español, Occupy Wall Street, protestas en Wisconsin, Islandia, Grecia, Portugal, Chile, China, Indonesia, Rusia, Tailandia, Azerbaiyán, Israel, la India. Apagarlo sin soluciones, enquista el descontento.

Ningún problema previo de quienes protestan ahora se ha resuelto, se han agravado por el contrario. El malestar no se disuelve si no desaparecen los agravios. Los criterios no se imponen a palos. Suele funcionar, piensan. Hasta que deja de hacerlo.

Sea cual sea el motivo de las quejas que lanzan a una ciudadanía a la calle, la represión y las cargas policiales violentas son gasolina para el fuego de la ira. Penas de cárcel desmesuradas, violencia institucional. Por no añadir las puercas trampas de la cloacas. Si te revientan un ojo por protestar hasta pacíficamente, si te encarcelan y denigran con condenas equivalentes a haber cometido asesinato ¿qué más queda?

Tenemos en la España ordenada nuevo motivo de alarma: Torrent, el president del Parlament, tramita la resolución sobre autodeterminación de JxCat, ERC y CUP, pese a la advertencia de que puede incurrir en un delito de desobediencia. La resolución rechaza la sentencia, propone volver a reprobar al rey Felipe VI y avala la autodeterminación. ¿Creían, en serio, que iban a hacer otra cosa impresionados por el castigo? No les conocen. Lo mismo que Oriol Junqueras. Ha dicho respecto a un eventual indulto: “Se lo pueden meter por donde les quepa”.

Ver al presidente del Gobierno en funciones ir a Barcelona a visitar solo a los agentes heridos, y no a las ciudadanos también hospitalizados en el mismo centro donde estuvo, en ese balance que parece de una guerra (unos 600 heridos y 200 detenidos en una semana), es una declaración de principios. Contemplar a un escolta en el coche del presidente con un subfusil de asalto, corrobora amargamente la impresión. Y rechazar cuatro llamadas de Torra -que será como sea pero es el presidente del Govern- e irse de Barcelona sin tener una reunión con él, es otra bofetada más de la serie. Hay que gobernar, no echar pulsos.

En serio, conviene en ciertos puestos de responsabilidad, salir a la calle y oler las necesidades de las personas. Enterarse del dolor y la rabia que les producen. Claro que toda la violencia es indeseable, apáguenla con la razón no a gritos. Con soluciones, no con desplantes. Por el bien de todos, gobiernen, hagan algo por los ciudadanos que les han elegido. Aquí, en Francia, o en media Latinoamérica. Y esperen a que despierte por completo el África agraviada. La indignación está cambiando y podrán detenerla algún tiempo pero no parece que eternamente sin solucionar las demandas.

 

*Publicado en eldiarioes

La sentencia del procés nos condena a la España eterna

No por esperada, la sentencia del procés a los políticos independentistas catalanes es menos demoledora. En varios sentidos. Hay uno general que nos cae como una losa a todos, de punta a punta del país: saber que en las decisiones de poder, España siempre derrapa por el mismo sesgo, o siempre carga del mismo pie. Es una mezcla de autoritarismo, involución y torpeza que no mejora con el tiempo y el desarrollo. Pedro Sánchez y su gobierno vinieron a demostrarlo este lunes, cuando a las 8 de la mañana, empezaron a tuitear una campaña, en varios idiomas, contando que España es una democracia consolidada. ¿Se imaginan algo igual en cualquier parte del mundo civilizado? ¿Les cabe en la cabeza que Francia, Alemania, el Reino Unido, Portugal… hicieran esa proclamación que nadie les pide? La pluma del complejo asomaba con sonrojante desmaña. Y el martes le dan otra vuelta de tuerca contando lo felices que son los extranjeros en España. Aunque no incluyen a los que trepan por las vallas con púas de Ceuta y Melilla.

La Sala de lo Penal del Supremo se puso a opinar sobre sus decisiones, lo que parece fuera de lugar en su cometido, al decir de algunos expertos. Pero lo que sí dijo sobrecoge. Los líderes independentistas hicieron “un simulacro” que engañó a los ciudadanos. Un simulacro. Y eso está penado con entre 9 y 13 años de cárcel. A Carme Forcadell, como presidenta del Parlament, la sentencian a 11 años y medio de cárcel porque tuvo la responsabilidad principal a la hora de aprobar “el cuadro normativo” inconstitucional que creó una legalidad paralela e hizo posible todo lo demás. Primer caso en la historia democrática de condena por presidir la aprobación que un tribunal penal considera anticonstitucional. Cuesta seguirlo. Los ‘Jordis’ “alentaron a ocupar los colegios” y a “impedir la actuación policial” el 1-O con sus tuits y declaraciones. Con sus tuits. Personas especialmente pacíficas como valora la propia sentencia. Parece una pesadilla pero es cierto. No hubo ni violencia organizada, ni rebelión, ni secesión, ni golpe de Estado. El Supremo aplica la sedición, como explica Ignacio Escolar, una figura penal de origen autoritario y que no aparece como tal en buena parte de las legislaciones europeas.

El Supremo, además, nos obsequia con una teoría sobre la desobediencia civil que convierte en sedición cualquier protesta. Lejos de derogar las leyes y códigos mordaza con un gobierno declarado progresista, se da un recorte a las libertades civiles francamente preocupante.

La España eterna bulle en este marco. No deja de ser curioso repetir innecesariamente –en apariencia- elecciones justo cuando se esperaba la sentencia del Supremo y en los duros términos que ha sido rubricada. Se preveían las consecuencias que iba a provocar.  Fue una sentencia tan anunciada que todos tomaron posiciones. Para sacar provecho en varias de ellas. Pablo Casado confirma la afirmación de, entre otros, Oriol Junqueras: No es justicia, es venganza. Ofende oír al presidente del Partido Popular decir que “quien la hace, la paga”, conociendo la historia de corrupciones e impunidades de su partido. Y pedir un cambio en la  tipificación de los delitos para que se ajusten a su voluntad.  Por la misma línea andan sus correligionarios.  La afición de la derecha –desde el centro derecha a la extrema derecha- a legislar según sus apetencias parece ser endémica.

Las reacciones han sido las esperadas. Disturbios, represión policial, heridos, tensión. Con una amplia cobertura mediática, con retransmisiones dramatizadas en directo, culpabilizaciones al gusto. A protestar no salen solo los independentistas sino los agraviados por unas “sentencias despiadadas“, según las calificó textualmente el periódico francés Liberation. “Encarcelamientos draconianos” que “avergüenzan España”, según el editorial de The Guardian. Lo son.

No olvidemos que la violencia la vimos en la represión de octubre de hace dos años. Los españoles con los ojos abiertos y el mundo entero escandalizado por mucho que la vistan de no se sabe qué modernidad en campañas de lavado. Es como reacciona la vieja España, la que no arranca al progreso pasen los años que pasen.

Luego están los que se atrincheran en odios y rencores, ideas preconcebidas,  y ese destructor “A por ellos” con el que se llenan las tripas muchos de quienes tienen el cerebro vacío. Un sector de la sociedad que no cree en la democracia, hemos de ser conscientes de ello, de esa gravísima realidad en la que vivimos.

Como aragonesa, descendiente de la Corona que compartimos en la Edad Media nada menos, sé desde niña que “el problema” catalán no nació ayer. La identidad catalana es una aspiración muy arraigada; abochorna ver cómo la simplifican. Fue el rey Borbón Felipe V quien, vencedor en la Guerra de Sucesión contra la Casa de los Austrias, suprimió en los Decretos de Nueva Planta leyes e instituciones de varios territorios, fundamentalmente los que componían el reino de Aragón (entre 1707 y 1716). Como harían Casado, Rivera y Abascal ahora mismo, y quién sabe si alguno más. Y es esa pugna lo que alimenta votos. En ciertas personalidades, las dignidades y patriotismos auténticos no dejan de ser una presunción.

En esa progresión del uso de los sentimientos de muchos catalanes, Rajoy se aplicó a fondo y logró que el independentismo catalán se triplicara con creces pasando del 15% al 48% en una década. Más poder para aquello que hagan cuando están en los gobiernos. Artur Mas también lo utilizó, creyendo que los miles que salían en la Diada lo hacían por él. Unos más, otros menos. Ahora, a toda máquina con nuevas elecciones a la vista.

Una cuestión, discrepancia, aspiración, llámenle como quieran, que sin duda habría que resolver de una vez por cauces políticos. Es un tema muy dificil, de ahí, los años, los siglos que lleva sin resolverse. Lo piden jueces progresistas, cualquiera con dos dedos de frente y todos los de las dos manos de demócrata. Por supuesto que no se puede declarar la independencia sin más. Para eso era necesario un referéndum con todas las garantías. Con luz y cámaras, que los taquígrafos son ya de los siglos de los que no nos dejan salir. Con libertad. Negociando. Pero había que sacar tajada. Y hay que seguir en esa tarea que da beneficios. No precisamente de los más limpios.

La sentencia, con todas las dudas que ofrece, ha ahondado las heridas en multitud de catalanes. “Casi la mitad no quieren seguir en España. Más de dos tercios de ellos quieren votar. Una mayoría absoluta –superior al movimiento independentista– cree que el juicio no ha sido justo y que los presos deberían estar en libertad”, informa el artículo del director de Eldiario.es.

El caso es vivimos en una Europa, organizada en Unión, que cierra los ojos hasta a genocidios. O en una España que viene usando las poltronas de gobierno para intereses particulares, incluidos los saqueos de las arcas públicas. Una que soporta la degeneración de instancias esenciales para la democracia, amiguismos, privilegios, trapicheos sin fin. Con una parte de la sociedad que se ciega como si le pusieran la bandera por capote –como hacen algunos especímenes en su delirio-.

Todo eso y más pasa. Incluyan la estupefacción, el dolor de ver que, de las dos Españas, casi siempre lleva las riendas la misma. Así pasen los días, los meses, los años, las décadas, las centurias. Y en ese marco, unos políticos van a estar años encarcelados por hechos que en nada se parecen a los auténticos destrozos de la convivencia. Nos dicen, en la típica trampa española, que pronto saldrán con permisos, que hasta podrían ser indultados por las leyes catalanas -que por cierto los políticos de la amplia ala ultra querrían cambiar también-. Pero no, la justicia exonera. Sus familias merecen esa justicia. Entre rejas y con estigma de condenado sin haber usado –que lo vimos-  la violencia que la injusticia insoportable aplica. Siempre que los Tribunales superiores, europeos, no le pongan remedio. Que por algo se hacen “promos” en idiomas foráneos. O que la política de verdad, limpia y abierta, se decida de una vez a buscar una solución.

 

*Publicado en eldiario.es 15/10/2019

Banderas de cordura

Nos llega el 12 de Octubre -Fiesta Nacional de España oficialmente- en un momento caldeado al máximo. La tradición de este día marca exaltar los símbolos patrios y abuchear a todo progresista que se acerque al evento. Sobre este día planean además dos grandes temas: la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco -enterrado con honores desde hace 44 años- y la sentencia del procés que enaltece con particular fervor al ultranacionalismo español. Y solo es el marco de un momento político denso y explosivo. Uno envuelto de banderas que -a veces y a algunos- impiden ver más allá.

Pedro Sánchez metió en la coctelera estos ingredientes previstos y los que se han ido añadiendo para repetir elecciones, jugando a la ruleta rusa con sus resultados de abril que le dieron mayoría relativa. La campaña se nos ha llenado de España, más España, Más país, más bandera, más derecha, más ganas de serla o parecerla, más apariencia, menos fondo. Más desvergüenza en algunos casos enjuiciando la realidad.

El monstruo crece entretanto en este caldo de cultivo. El franquismo, el fascismo por tanto, la ultraderecha, vive días de gloria en España. Con un prior atrincherado en su delirio amarrado a la tumba del dictador, saltándose las leyes que le obligan. Con líderes de una ideología antidemocrática, xenófoba, machista, irracional, torpe, paseándose por los medios y hasta haciendo gracietas y encontrando el sonrojante apoyo de los equidistantes en apariencia. Este año y con el traslado de Franco justo en medio, la fiesta de este 12 de octubre va ser especialmente sonada.

Añadamos la resurrección mediática del terrible ministro de las cloacas de Rajoy, Fernández Díaz, impune y redivivo para seguir dictando su doctrina y sus tintas de calamar. Con el jefe Mariano de charla con el jefe Felipe aconsejando pactos “incómodos”.

Y el procés, cuya sentencia está al caer. Como una losa –por lo que vienen avisando sin pudor de entresijos judiciales- sobre esta maltrecha democracia. No habrá rebelión, advierten, pero sí sedición que entrega a muchos de los líderes independentistas a una vida en la cárcel, por convocar un referéndum o declarar lo que no se llevó a cabo.

Buitres leonados buscan carroña y beneficio. Con largo gaznate para albergar todo el odio o tic: nervioso izquierda, derecha, ni rojo, ni azul. O púlpitos de campaña o tertulias o lo que sea. Extensa y laxa conciencia moral.

Nos dicen que los niños ya no quieren ser bomberos sino votantes de Vox y que algunas niñas han vuelto a desear ser princesas rubias de ojos azules. Ahora lo provocador es salir de la caverna troglodita con el “cierra España” que hasta el Santiago le sobra. Y si de paso cae algún negocio inmobiliario fraudulento, qué más dará.

La bandera que envuelve hasta tapar la vista y cualquier horizonte de sensatez es la banalidad a la que se abraza gran parte de esta sociedad. La del clic, y el titular por toda información. La que se motiva por un “lo que sabemos de tal cosa” más por curiosidad que por interés y no tiene empacho en dar audiencias millonarias a un ultra para cotillear lo que diga.

Mascarilla capilar de nueces de macadamia. Precaución: no ingerir
Mascarilla capilar de nueces de macadamia. Precaución: no ingerir

La que precisa que le adviertan que una mascarilla para el pelo con nueces de Macadamia no se puede ingerir. Porque los cretinos compran también. Y acuden a las urnas desinformados. A Trump que ha conseguido, con los votos de clase media y desahuciados del sistema, que los ricos paguen menos impuestos que ellos.

Donald Trump, sí. También llegó con Más América, mucho América, grande América, más bandera, más engaños, más irracionalidad. Y resulta que en su guerra comercial ha dispuesto aranceles a multitud de productos europeos, entre ellos algunos básicos de la economía española: aceite, vino, conservas, quesos, frutas, jamón, embutidos, mariscos, entre otros. Y, no solo eso con ser mucho, está a punto de provocar una recesión económica mundial, ralentizando el 90% de los países, que afectará a toda una generación, ha advertido la nueva titular del FMI, Kristalina Gueorguieva.

Oír a Pablo Casado, representante genuino de la ideología conservadora que ha propiciado este desastre, echar la culpa ya de la nueva crisis al gobierno de Pedro Sánchez, desborda todas las expectativas de la cordura. Entendámonos, los liberales han rechazado siempre el proteccionismo pero ahora callan ante las políticas de Trump. Dedicar horas, días, páginas y páginas a las fascistadas de políticos antediluvianos con este panorama real que tenemos encima es francamente -francamente, sí- de una irresponsabilidad cósmica. Por mucha que sea la querencia ultra de muchos divulgadores mediáticos.

La ola que votó Trump llega en tsunami a Europa y al resto del mundo. Y hay una regla de tres que, salvo los que se comen las mascarillas para el pelo, entenderán: lo de Más América y Más España a la vez casan mal. Ir cada uno a la suyo no suele funcionar. Y andamos en tiempo de involución económica que suele acarrear la ideológica. Con todos los tambores de guerras interesados que ya suenan desde el Mar Rojo a los negocios de sangre del Erdogan turco, con decenas de victimas mortales.

Lo peor del momento que vivimos es ver desactivada en la banalidad a la ciudadanía que debe afrontar problemas vitales. La cortedad de miras de esa sociedad a la que dirigen malamente quienes solo quieren usarla en su provecho. Sin ver mucho más allá tampoco.

Menos de un mes ya para las elecciones. Necesitamos menos oropeles y distracciones. Y, de enarbolar banderas, que sean de cordura, responsabilidad, criterio, verdad, valentía, conciencia.

Trazos para el retrato de su España ejemplar

Llevan a España en la boca de la mañana a la noche, en un retrato del que escapan gruesos trazos de la verdad. Se diría que quieren derrotar a los ciudadanos por agotamiento, hastío, asco. El alongamiento de la campaña electoral para formar gobierno ha tenido el resultado degenerador que produce en los órganos vitales del cuerpo. Hay que ponerse una pinza en la nariz para atender a una buena parte de las noticias de la actualidad política. Si me siguen, con ella bien colocada y haciendo pausas para respirar, llegaremos a la conclusión del grave problema que nos aqueja. Y de ahí a la toma de alguna decisión efectiva.

Empecemos por el PSOE, Pedro Sánchez y el flamante Gobierno en funciones. Ellos mismos resumen en un tuit el eje de su campaña: “Nos han hecho trampas porque nos han hurtado un resultado electoral que no querían asumir y así han bloqueado este país”. Ni Rajoy llegó a tanto cuando obtuvo mayoría relativa, insuficiente para gobernar. Ni el propio Sánchez en persona se planteó similar argumento cuando se animó a escuchar a quienes le pedían que presentara una moción de censura. En sus molinos ideológicos o tácticos se contradicen a sí mismos.

Pero sí han llegado al extremo del PP de Aznar, cuando –en los atentados del 11M- se dedicó a “hacer campaña exterior” por embajadas para convencerles de lo que no era. Ahora, “España Global”, que dirige Irene Lozano, “organiza actos en embajadas y en el Cervantes para ensalzar la modernización del país”, nos dicen, “sin aludir expresamente al desafío independentista”. Y para ello cuentan hasta con Manuela Carmena. Lean de nuevo el titular: “una campaña exterior para defender la democracia“. Créanme que si el ordenador fuese un espejo verían mi sonrojo de pura vergüenza ajena.

José Luis Ábalos, como portavoz, lanza un tuit de un discurso –que luego borra- glosando la españolidad del PSOE. Ahora, España, más España. Parafraseando a Antonio Machado, canten menos a la España del madero, y más a la que anda en la mar. Mucha más a la que vive con sus problemas en suspenso mientras se prolongan las campañas electorales para ver si unos y otros consiguen más y mejor silla, o menos y peor.

Por cierto, el Gobierno en funciones, a través de la Abogacía del Estado, ha recurrido el procesamiento de 16 guardias civiles por la muerte de 14 personas en el Tarajal, en la frontera de Ceuta. Explican que los fallecimientos por los disparos “no se produjeron en España“.

En esta semana de enorme alongamiento de las conciencias, hemos visto que un tribunal ha absuelto a Francis Franco, nieto del dictador, por un hecho ocurrido en 2012. Su vehículo circulaba de noche, en sentido contrario y con las luces apagadas. Agentes de la Guardia Civil lo persiguieron durante 30 km, y, al detenerlo, fueron encañonados con una escopeta desde el interior, y su coche, el de la Guardia Civil, empujado y arrastrado. Estos agentes sí que precisan amparo.

En otra hazaña de esa España tan de moda hoy en la campaña, la Audiencia Nacional ha apartado al juez progresista de Gürtel, José Ricardo de Prada, del tribunal que juzgará la caja B del PP. Por 8 votos contra 7. Porque acreditó la existencia de esa Caja B del PP. Y no pasa nada.

Entretanto, los ultras de ‘España 2000’ interrumpen una proyección de la película de Amenábar en Valencia como en los peores tiempos de… España. Y la policía multa, al amparo de la aún vigente Ley Mordaza, a una activista de Femen por irrumpir en un acto franquista de Falange en 2018. Esto es España también. Y se juzga por ofensa a los valores religiosos a quienes incluyeron una figura de un vagina en un procesión, en un país europeo y en el siglo XXI. En España, vamos. ¿Estará alongada también España?

Recomiendo soltar la pinza de la nariz unos segundos, respirar, y seguir con el PP, la gran alternativa alimentada para que vuelva a crecer desde sus catacumbas electorales. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid se ha preguntado – leído y dramatizado- ante la exhumación de las cenizas de Franco: “¿Qué será lo siguiente? ¿La cruz del Valle? ¿Todo el Valle? ¿Las parroquias del Valle? ¿Arderán como en el 36?”. Si pensamos que no cabe mayor indignación, su vicepresidente y socio de gobierno por Ciudadanos, Ignacio Aguado, va más allá para afirmar que “van a hacer todo lo posible para que no vuelvan a arder iglesias”. Y luego llegan las matizaciones captando interminables micrófonos. Realmente lo que está ardiendo es la democracia y es responsabilidad en gran parte de la degeneración del ejercicio de la política.

¿Qué será lo siguiente? Más madera. La directora general de Educación Concertada, Becas y Ayudas al estudio, de Ayuso ha tenido que dimitir al publicarse que ha plagiado su tesis doctoral hasta de “el rincón del vago“. Esta España tenemos, sí. Bien lustrosa.

Y para redondear, el alcalde de Madrid, Martínez- Almeida, aterroriza a unos escolares con su peculiar visión de los que son nuestros valores que pasan por reconstruir Notre Dame antes que por salvar la Amazonía. Y luego obliga a cambiar la ruta de la manifestación por el derecho a la vivienda para que pase una procesión. Ya dicen Felipe Gónzalez y Rajoy que mejor un gobierno estable aunque implique “coaliciones incomodas”.

La manifestación convocada por la derecha no logró alcanzar sus expectativas.
La triple derecha en la manifestación de Plaza de Colón EFE

Pablo Casado se dispone, según informan, a presumir de los gobiernos de Madrid, precisamente, y de Andalucía, como aval de las políticas que llevará a cabo desde la Moncloa con ayuda de Ciudadanos y Vox. Lo que la prensa afín llama centroderecha. ¿O en “coalición incómoda” con el PSOE? Todos y todo por su España.

Los fichajes irradiadores, los altamente destacados tropiezos o no, de la fuerza a abatir, nos llegan cuando estamos exhaustos. Con falta ya de oxígeno. La dura batalla se libra en la propaganda, en los medios, en las encuestas, en los hallazgos del marketing. Sobre todo en la pasividad, en la confusión si quieren, de la sociedad que no entiende lo que está pasando.

¿De qué España hablan? ¿De la que olvidan mientras buscan sus intereses? Porque lo peor es que las campañas electorales eternas desplazan los problemas reales de la sociedad y trapicheos graves que algunos dirigentes quieren tapar. Una inercia maldita, cuando no es deliberada, que nos lleva a hablar, en 2019, de absurdas quemas de iglesias y no de las trampas del PP y de Ayuso con Aval Madrid. Y, dramáticamente, de las maniobras de distracción de una serie de políticos en busca de sillón, posponiendo una y otra vez las necesidades reales de las personas reales.

 

*Publicado en eldiarioes

Las raíces de la crispación

Cuesta asimilar el profundo nivel de crispación alcanzado en España, equiparable solo a cuando el PP perdía el poder y el uso partidista de ETA era una  importante baza política. El tiempo pasa y la España de los poderes no cambia en lo sustancial. Quizás ayude a desenmarañar la madeja analizar cómo hemos llegado a esto otra vez, partiendo de algunos parámetros en apariencia distintos.

Pedro Sánchez ha convocado nuevas elecciones por, tal como ha dicho, disponer de una mayoría suficiente para gobernar a su gusto. Más aún, como declaró el lunes en La Razón la disyuntiva está en “gobierno progresista o más bloqueo“, entendiendo por “gobierno progresista” el suyo. En consecuencia, si los españoles tampoco votan bien ahora pero le mantienen al menos su mayoría relativa igual recurre a las urnas de nuevo.

Esta vez la maniobra de estimular el miedo a la violencia, tan útil en la ciudadanía proclive a atemorizarse, se centra en los catalanes. Se está produciendo una campaña brutal para asociar el independentismo a la violencia. Y es injusta y preocupante. Los catalanes no son en modo alguno un pueblo violento y los están asimilando en las tácticas de criminalización con un grupo terrorista, algo parecido a ETA.  Los catalanes no son violentos, tampoco sumisos en su mayoría. Y cada vez están más indignados, como lo está cualquier demócrata con los ojos de la conciencia bien abiertos.

Está por ver qué queda de las acusaciones a detenidos de los CDR que abren informativos como si hubiera estallado la III Guerra mundial. No es la primera vez que luego solo sale caldo de col lombarda, pero, aunque hubiera fundamento, tratar de tiznar con grupúsculos las manifestaciones pacíficas de miles de personas huele desde lejos.  En campaña electoral y con la sentencia del procés inminente viene a ser especialmente oportuno. Y toda la derecha lo está utilizando a fondo de forma impúdica.  Desde el centro-derecha a la ultraderecha. Pere Aragonés, vicepresidente del Govern denuncia que Lorena Roldán, la nueva líder de Ciudadanos en Catalunya, ha sacado imágenes de un atentado hace 20 años en Vic, como si fuera ahora del independentismo. La líder única del PP allí también procura sacarle partido.

En el Día D, 1 de Octubre, el independentismo llama a la “lucha no violenta y a la desobediencia civil” para responder a la sentencia. Pedro Sánchez advierte al independentismo en vísperas de la sentencia con un contundente mensaje: “Un Gobierno en funciones puede aplicar el 155”.

Leemos, como hechos sin más, que el PSOE busca el centro disputando a Ciudadanos esa parcela del nacionalismo español beligerante con el catalanista ahora que las encuestas dan al partido de Rivera una caída en picado. Es un interés electoralista, partidista. De igual modo, se apoya el resurgir del PP de Pablo Casado desde los peores resultados de su historia para recomponer el bipartidismo. Casado retorna también “al centro”, con barba y sonrisas, pretendiendo que la desmemoria olvide sus declaraciones ultras de todo este tiempo atrás. Y nombramientos como el de Cayetana Álvarez de Toledo o Almeida y Ayuso.  Casado no engaña a nadie que no se quiera entregar a la propaganda con los ojos vendados.

Intentan tumbar a Ciudadanos por un lado y a Unidas Podemos por el otro.  La felicidad bipartidista retorna, con su alternancia, sus periodistas de cabecera, su marcha contra la historia tan demostrada hoy. El fracaso del bipartidismo, siquiera en sus respuestas a la crisis, y, en particular, el abandono real de la socialdemocracia han abierto una peligrosa vía a los fascismos. Por supuesto que se mezclan intereses  y trampas superiores, manipulaciones en las campañas electorales, publicidad segmentada, desinformación en una palabra, como ha quedado demostrado en el Brexit, en la actividad de compañías como Cambridge Analytica que aún colea. El marketing, el moverse por encuestas. Ya nada es tan simple como los me gusta ésteodio al otro, que pueblan las redes, hay una ingenua ignorancia que roza lo patético.

Faltaba un ingrediente que pareciera aportar un cambio en el paisaje. Un nuevo partido. Más País -conocido como el Partido de Errejón- viene a sumar y combatir la abstención. La previsible por el hastío del electorado, dado que en abril la participación fue del 75,75%, que no está nada mal.  Y, para sumar, va exactamente a las circunscripciones donde Unidas Podemos sacó 36 de los 42 escaños obtenidos en abril.

Los 1 de Octubre son sonados en España como suelo constatar ya casi cada uno de ellos. En 1823,  Fernando VII abolió todas las leyes progresistas del Trienio Liberal y reinstauró la Inquisición, en forma de Juntas de Fe. En 1931, las españolas fueron autorizadas a votar cual si fueran hombres. Por poco tiempo todos, dado que en 1936, el 1 de Octubre, Franco fue proclamado Jefe de Estado, los ejércitos y las libertades, tras capitanear el levantamiento militar. Y ahí lo tienen vivo todavía en el alma turbia de España. En 2004, menos mal, el gobierno de Zapatero aprueba el matrimonio homosexual, en una acción pionera. En 2016, el PSOE echa a Pedro Sánchez de la Secretaría General en golpe de mano sumario con lloros, gritos y autoridades máximas y ahí lo tienen hoy convocando elecciones.  Sánchez dividía al PSOE, nos decían, Albert Rivera era el político más valorado e Íñigo Errejón todavía un detestable bolivariano podemita, aunque apuntaba maneras. En 2017 los catalanes son convocados a un referéndum por la independencia que es considerado ilegal y sufren una represión cuyas imágenes dan la vuelta al mundo.  En 2019, gobernantes de entonces y altos cargos, se enfrentan a presumibles duras sentencias por aquellos actos, mientras surgen detenciones por terrorismo, sin presunto ni nada, y peligrosas campañas de asociaciones malintencionadas. Y sigue la otra campaña, la eterna para acudir a las urnas. España empieza curso los 1 de octubre.  Y éste viene fino.

Más España, Más País, más “Constitucionalistas del 155 y del 135 y pare de contar”.  Preferible priorizar la estima, el amor,  a las personas que habitan los territorios y luchar por sus derechos.

 

*Publicado en eldiarioes

Sánchez, republicano, monárquico y de izquierdas

“Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad y, si nada es verdad, todo es espectáculo”. Interesado, añadiría de entrada. La cita procede de ‘Sobre la tiranía‘ del historiador estadounidense Timothy Snyder. Pedro Sánchez ha estado en Nueva York en la Asamblea General de Naciones Unidas y ha hecho allí varias declaraciones sobre España. Algunas tienen un difícil encaje con los hechos. Y no puede ser casualidad.

En entrevista con CNN, el presidente en funciones ha dicho que los valores de la II República se han recuperado “con la monarquía parlamentaria que representa el rey Felipe VI”. Algunos dirigentes españoles tienen la costumbre de creer que fuera de España no están informados sobre nuestro país, ni, al parecer, sobre conceptos básicos como república y monarquía. Aunque es significativo que insista en ese argumento que ya expresó aquí.

Otra de las afirmaciones muy relevantes de Pedro Sánchez fue: “La extrema izquierda en cuatro ocasiones rechazó la formación de un gobierno progresista”. Vayamos primero a refrescar la memoria de los hechos. Pedro Sánchez llegó a la secretaria general del PSOE en 2014. En sus primeras elecciones (diciembre 2015) cosecha uno de los peores resultados de la historia del PSOE: se queda con 90 diputados. Y casi empatado a votos con Podemos, ambos a más de 5 millones. Pero será a Ciudadanos y sus 40 diputados a quien Sánchez elegirá como socio para intentar una primera investidura de la que Mariano Rajoy se ha retraído (en otro patético momento de la política española). Ese acuerdo se firma y rubrica con un Albert Rivera tan conservador como hoy y ya la mayoría ha descubierto. 90 y 40 suman 130, no son suficientes y piden a Podemos sus votos. Y no se los dan, juzguen ustedes si con razón o no. Ahí tienen los dos primeros rechazos de los que habla Sánchez. En sesiones consecutivas como marca el reglamento.

En junio de 2016, cuando se repiten elecciones, todavía consigue el PSOE menos escaños: 85, que se quedarán en 84. Es entonces cuando, en uno de los sorprendentes giros de Sánchez, se niega a investir a Rajoy que tiene mayoría pero también insuficiente y el PSOE le monta la defenestración del 1 de octubre. Sánchez confesará al periodista Jordi Évole después que los poderes financieros y el grupo Prisa le presionaban para mantener a Rajoy.

Vuelve con aureola de remontada épica, coherencia y progresismo, las bases le aplauden y le aúpan. La condena de la Gürtel que incluye al Partido Popular marca un punto de inflexión decisivo. El PSOE presenta una moción de censura contra Rajoy. Pablo Iglesias la apoya y, con el concurso del PNV y otros grupos nacionalistas, saldrá triunfante. El papel de Iglesias es determinante, como se dice en el momento antes de los borrados de memoria. Sin todos los apoyos aglutinados, el líder del PSOE no hubiera sido presidente.

El Gobierno supone para Pedro Sánchez una plataforma de visibilidad inigualable, dentro y fuera de España. Las elecciones que adelanta para el 28 de abril, le dan ya 123 diputados. Siete menos de los que dispuso en su primer intento de investidura con Rivera, pero ahora cree haber obtenido algo así como la mayoría absoluta y con ella el derecho a gobernar. Puede ser el síndrome de la Moncloa, que altera algunas percepciones incluidas las matemáticas. Y, en una decisión que ha indignado a gran parte de la sociedad, convoca otras elecciones para el 10 de noviembre pidiendo a los votantes que hablen más claro. Ahí tienen los otros dos noes de los que presume Sánchez, eludiendo toda responsabilidad por la falta de acuerdo, si alguna vez existió tal intención.

Las relaciones de Sánchez e Iglesias pasaron por distintas fases. Y están muy relacionadas con los enfoques sobre decisiones sensibles. Aquel mismo 11 de octubre que Iglesias y Sánchez firmaban en la Moncloa el acuerdo presupuestario, el presidente del Gobierno se reunía en secreto con el embajador de la teocracia árabe. El contexto: la crisis por el asesinato del opositor Jamal Khashoggi y por la venta de un lote de misiles al reino saudí, que primero no se iba a autorizar, pero que “finalmente se llevó a cabo”, anotan Irene Castro y Aitor Riveiro en Eldiario.es entre divergencias.

Vayamos ahora a la ideología. Calificar de extrema izquierda a Unidas Podemos es una falacia. A menos que desde el lado derecho del tablero cualquier ideología que se aleje mínimamente de esa zona de confort en boga se sienta como un peligroso extremismo. Si se ve con buenos ojos a Ciudadanos, coaligado con un PP ultra y con Vox, está claro que todo lo que haya más allá se contempla como el borde del abismo izquierdista.

Lamentablemente apenas quedan partidos socialdemócratas en Europa –donde nacieron-, si exceptuamos al sueco, hoy en el gobierno. Camuflados en el término socioliberalismo se han plegado a los principales postulados de neocapitalismo. Esa es la gran factura que está pagando toda la sociedad. Muchos acusan a UP de excesiva comprensión con esta realidad. Pero todavía no es bastante. De hecho, Pedro Sánchez declaró también en rueda de prensa en Nueva York, como experto en tendencias de la izquierda, que Podemos es “el pasado” y Errejón, el impulsor de la recomposición de ese espacio.

En el debe del Gobierno de Sánchez quedan incumplimientos de promesas básicas como la derogación de la Reforma Laboral o de la Ley mordaza que entrarían, al menos, en lo que queda como distintivo de la socialdemocracia nominal con el liberalismo conservador de los actuales partidos de derechas. Y estos extraños sucesos que ocurren en España ahora, como los de tener a 7 personas encarceladas acusadas de terrorismo, pero cero víctimas, cero atentados y cero armas. Punto en el que coincido con nuestro compañero Arturo Puente. La ministra portavoz ha declarado que El ejecutivo no tiene nada que ver, que en España existe separación de poderes.

Seguía escribiendo Timothy Snyder que la verdad muere por “la hostilidad declarada a la realidad verificable”. O por “la aceptación descarada de las contradicciones”. O por “la fe que se deposita en quienes no la merecen”.

Me hubiera gustado escribir hoy de las imágenes captadas por la NASA en las que un agujero negro se traga una estrella del tamaño del Sol. Pero, no sé, creo que lo he hecho igualmente.

Hubo un día en el que vimos una tierra llamada libertad

La otra noche, el domingo, constaté que aquello no fue un sueño. Un programa en la 2 de TVE dedicado al cantautor, profesor, escritor y político aragonés José Antonio Labordeta, me permitió recordar que en aquella época decisiva fuimos valientes y luchamos por la democracia y la libertad. Y no es un sueño edulcorado: fue así, y de ahí que resulte tan incomprensible, como seres humanos simplemente, la pasividad y el acatamiento a la involución que estamos padeciendo.

La alabada y denostada Transición desde la dictadura tuvo pilares tan sólidos –aunque hayan pasado más desapercibidos para la historia– que por fuerza han de estar ahí para volver a ser soporte y levantarnos. Al menos como referentes. Ocurría que nos había ahogado la dictadura y nos importaba la democracia. ¿Qué ocurre ahora? ¿Que no se la ve peligrar o decaer a una calidad ínfima a pesar de los preocupantes síntomas? Es un asunto clave. Nada haremos saltando de rama en rama de los estímulos que oferta la confusión, si no nos asiste el convencimiento absoluto de querer y luchar por los valores fundamentales de la convivencia democrática, por la justicia y la honestidad irrenunciables.

En Aragón, un terreno casi despoblado con apenas 1.300.000 habitantes, mucha gente se apuntó a luchar por un futuro distinto, como estaban haciendo otras comunidades. José Antonio Labordeta fue el cantautor aragonés, de la tierra y las ideas. Raimon, desde la Nova Cançó catalana, nos ayudó a decir con voz alta y firme un NO rotundo. No al miedo, a la tiranía, a las injusticias. Lluís Llach explicaba que unidos, tirando unos de aquí y otros de allá, la estaca caería. Y, Raimon de nuevo, rememorando un 18 de Mayo en Madrid del mítico 1968, aportó una verdad concluyente: “El que ha sentido la libertad tiene más fuerzas para vivir”.

Quizás es lo que nos ocurrió a un gran número de españoles de aquella época. Tras padecer en el alma su ausencia, nos sentimos tan libres como para saber que eso es lo que verdaderamente importa. Les ha sucedido a muchos ciudadanos a lo largo de la historia. Y, desde luego, una vez que se sabe no sirven los remedos de libertad, ni la libertad tutelada, guionizada, encorsetada.

Vimos la tierra de Labordeta en la que ponía libertad, tuvimos ese privilegio ganado a pulso, bien es verdad. Con la fuerza de quererlo que ahora falta hasta para esfuerzos mínimos. El periodismo se abrió pasó desde antes que muriera el dictador. La revista Triunfo o Cuadernos para el diálogo y varios otros medios abrían ventanas que la dictadura cerraba. En Aragón fue el periódico Andalán. Con Labordeta también entre sus fundadores. Profesores, intelectuales –cuando pensar no estaba demonizado por la estulticia y la mediocridad–. No cobraban. Se solidarizaban en editoriales conjuntos, diciendo que lo habían escrito todos como en Fuenteovejuna, por si caía el secuestro y la condena. Eloy Fernández Clemente, su director, pasó por la cárcel. Comparen con el periodismo actual, amenazado también, más por la precariedad o por el miedo. Aunque no solo.

Y los políticos. Labordeta fundó con Emilio Gastón el PSA, el Partido Socialista de Aragón, que llevó un diputado al primer Congreso de la democracia. Al poeta Gastón. Para la campaña habían traído a Enrique Tierno Galván, a quien en 1977 llamaban ya “viejo profesor”, con 59 años. El que sería un alcalde (de Madrid) sabio, socialista, llano, auténtico, molde irrepetible. En la plaza de toros de Zaragoza proclamó la disposición de “servir al pueblo hasta la última gota de nuestra sangre”, dijo. Duro contraste con el momento político actual en donde vemos a líderes dispuestos a servir a sus intereses hasta la última gota de nuestra sangre, la de los ciudadanos.

Hay que ir por la vida muy ciego o atolondrado para no ver las gruesas cuerdas que mueven los intereses partidistas o personales. Las realidades y la propaganda. Las dianas y los pedestales. Esa fiesta que se apunta al follow the leader sin saber siquiera programas, financiación, ni equipos. A repetir elecciones porque casi cuatro millones de ciudadanos votaron mal –de izquierdas naturalmente, los demás están admitidos en el club–. La culpa la tienen cuatro millones de gilipollas (casi). Como escribe Jorge Armesto ¿A quién se le ocurre repetir elecciones tras ganarlas, para neutralizar a la izquierda desde presuntamente la izquierda? O a saquear las arcas públicas y la democracia, si se tercia, desde una triple derecha que trabaja para lo suyo. Y ¿cómo se asimilan las aparentes construcciones terroristas interesadas? Ver por uno mismo es esencial.

Decía Juana de Grandes, la sólida viuda de Labordeta, que las principales banderas rotas de José Antonio fueron el fracaso final del PSA y el cierre de Andalán. Pero, por el contrario, fueron un triunfo y un ejemplo. Como su paso por el Congreso para ser un diputado –esta vez por la Chunta Aragonesista– cercano, firme, infrecuente. Fueron aquellos años de la Transición muy difíciles. Baste decir que hubo más de 700 asesinados por la violencia política, de ETA, de la ultraderecha, de GRAPO, aunque la vicepresidenta Calvo, en una de sus versiones de la realidad, diga que, salvo ETA,  fue una balsa de aceite.  Hubo de abordarse además la tarea ingente de reconstruirlo todo. Y aun así –con todos sus defectos nacidos del tutelaje y alguna cosa más– echó a andar la democracia, y los derechos, el feminismo, el periodismo también, sí, hasta el de TVE, esencial en los cambios. Cierto que al final es el poder político, limpio o contaminado, quien decide en gran parte. No en toda. Quien pone o quita es el pueblo sobre todo cuando es sabio. No me hablen ahora de que se ahogan en un vaso de agua.

La batalla por la democracia nunca está ganada mientras existan intereses sin escrúpulos ajenos al bien común y no funcionen los diques de contención de sus abusos. Sin olvidar los que han de poner los ciudadanos afectados. Timoratos, constreñidos, resignados, vencidos sin resistencia, nada positivo cabe esperar. A pensar con criterio se aprende; a querer, no. Con rotundidad y desde el fondo de las entrañas, no. El convencimiento democrático no admite apellidos ni edulcorantes, atajos, posibilismos y males menores. Ese es el problema que no se entiende, que no se siente.

Esa tierra en la que ponía libertad, sí la vimos, limpiando parte del camino de siglos de destrozos contra ella. Y siempre ha habido, hay y habrá –esperemos– quien la empuje para que pueda ser. Pero para verla, como cantaba Labordeta, hay que levantar la vista; toda la cabeza, bien alta.

 

Cuando la política se convierte en problema

Durante muchos años, las sociedades confiaban en la política para afrontar sus grandes problemas. Por mucho que fuera el escepticismo, incluso el espíritu ácrata, sabíamos que ante una catástrofe estaban los gobiernos, las administraciones, para ocuparse de ello. La política se ha convertido ahora, por el contrario, en una losa con la que cargamos. En un avispero que nos vemos obligados a atender para calmar los ánimos y buscar salidas. Los llevamos en brazos, a la guardería incluso, en lugar de tenerlos como referentes para los problemas reales, algunos graves y urgentes de muchas personas. Ahora mismo, la política no es una solución, es un problema. Los barómetros del CIS lo reflejan textualmente.

Tras el espectáculo dado con las investiduras fallidas, la forma de abordarlas y las declaraciones adyacentes, volver a convocar elecciones para noviembre ha  indignado a la sociedad. Se lo diré con algo más de precisión. Las personas dicen estar, además de indignadas, desencantadas, tristes, abochornadas, ofendidas, airadas, pesimistas, cansadas, aisladas, hartas, asqueadas… sin poder dormir (casualmente). Algunos, todavía con la ilusión de luchar. Los calificativos los he recogido en Twitter y responden tanto o más a las hoy indispensables encuestas que surgen como setas en otoño. Y en la calle, al teléfono, al eco del viento.  Que dimitan, que se vayan todos, se oye insistentemente.

Estos estados de ánimo son un caladero para las ideas más involucionistas. Quienes los provocan están haciendo un peligroso ejercicio que no tiene que ver con la política, sino con su forma de llevarla a cabo. La política se definió ya en la Antigua Grecia para abordar cuanto se relaciona con los ciudadanos. Es la que dicta las normas generales. Es el trabajar por el bien común. Se ha escrito tanto de la política que igual hemos olvidado su esencia y su papel. Y, desde luego, los políticos que hacen mal su labor hacen mala política, o no hacen ni siquiera política.

España evidencia la falta de cultura política e incluso democrática. Actualmente, el franquismo pesa en las instituciones y la ultraderecha oficial se ha abierto paso con la facilidad del que hace un paseo triunfal por terreno amigo. Quizás éste sería el primer punto a resolver. Los países nórdicos se trabajan su democracia de forma cotidiana, y aun así les alcanza también el virus ultra. Menos.

No es de recibo que todo un ministro portavoz como José Luis Ábalos diga que siente que le han robado el voto y le han usurpado la victoria electoral. Un pensamiento que parece compartir el propio presidente en funciones, Pedro Sánchez. Eso equivale a decir que el PSOE robó el triunfo electoral de Rajoy con el acuerdo para la moción de censura. Eso induce a pensar que los altos mandos del PSOE desconocen u obvian el funcionamiento de la democracia parlamentaria. Porque así no funciona.

La entrevista al presidente saliente en La Sexta fue otro jarro de agua fría para quien esperara soluciones. “No podría dormir con un ministro de Economía o Energía de Podemos”, dijo Sánchez, ofendiendo a quienes padecen severos insomnios por problemas que los gobiernos, el suyo incluido, no resuelven. Tras De Guindos, Montoro o Rato en el puesto, hace falta tener el sueño muy selectivo.

Es el PSOE con estas salidas, la vicepresidenta Calvo en el grupo, y es el PP con Casado diciendo “tenemos que reclamar que se pueda ir por Barcelona sin que te acuchillen por la calle” desde su peculiar viaje al “centrismo” o Cayetana Álvarez de Toledo adherida a la altanería, la mentira y la ultraderecha como forma política. O la ocurrencia de Albert Rivera intentando tomar aire demoscópico con un apoyo a Sánchez a cambio de un 155 para Catalunya –antes de que se produzcan delitos- fuera de los cauces de la Constitución y de la democracia.  En ellas, la justicia “preventiva” no se contempla.

Una política ejercida, además, con trampas. Facebook y Twitter han detectado cientos de cuentos falsas “operadas por el PP” para manipular el debate político. Twitter ha confirmado ahora que se manejaba desde el partido, como denunció eldiario.es

La sociedad está teniendo la impresión de que solo van a lo suyo. Los votantes y medios afines al PSOE y, menos, de la derecha atribuyendo parecidas motivaciones a Unidas Podemos. Y en medio vuelve Íñigo Errejón diciendo que no va a concurrir pero que se lo piensan sectores de su partido, y los medios entran en ebullición.

Nos estamos resintiendo todos. El malestar se contagia, se mira cada palabra, se producen equívocos. Estado de hiperexcitación a causa del clima creado por unos políticos que en lugar de resolver nuestros problemas, crean otros añadidos.

Y ahora la travesía al centro en objetivo común de PSOE y PP, tras echar la corrupción y la moción de censura como pelillos al mar, en virajes ideológicos de quita y pon. Para regresar a aquel paraíso añorado que perdieron por su mala cabeza y sus muchos incumplimientos con la ciudadanía.

Esto solo se resuelve con una regeneración profunda y estamos muy lejos del camino que la trae. Han estirado demasiado la cuerda de la mala política, está ahogando demasiados valores esenciales. Esperemos que la lógica ciudadana busque salidas positivas. De exigencia, inexcusablemente.

 

 

*Publicado en eldiarioes

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