Libertad de difamación y de extorsión

No se puede negar que el cambio de gobierno ha supuesto un terremoto. Aun aguardando ver materializarse las medidas anunciadas, muestra un cambio notable en la poza de corrupción y retroceso en la que hemos vivido.  Pero esa podredumbre sigue ahí, no hemos salido, y persiste en su actitud como las arenas movedizas que succionan y empujan hacia el fondo.

RTVE ha sido la prueba. Las casualidades apenas caben en tema tan serio y menos por parejas. Podría ser pero suena especialmente raro. En todo caso, utilizable. Aviso a navegantes. Ya redoblan, por supuesto, las alusiones a la “fragilidad parlamentaria” de Pedro Sánchez, en busca de la profecía autocumplida.  El gobierno podría caer, por más “despistes” de estos o de otros. Ésa es la clave.

Curiosamente, ocurre con un PP al que el impacto de su expulsión del gobierno -por la sentencia de la Gürtel-  ha dejado con todo su hedor al aire. En su línea, caminan tiesos y perfumados como si nada ocurriera, pero los navajazos entre las distintas facciones rasgan el aire. Completan el cuadro sus militantes de quita y pon y su competición por la derecha de la derecha.

Los Ciudadanos de Albert Rivera hacen cabriolas cada vez más estentóreas siquiera para que se les vea. También a ellos los ha desplazado el nuevo gobierno, de ministras y ministros con peso propio, y un tono del siglo XXI.  Con apoyos parlamentarios de progreso. Para una mayoría de ciudadanos que aspiran a ver sus problemas resueltos y que no participan del soez sostén de las tramas que nos invaden.

RTVE era la clave, quién no los iba a decir. Ni Defensa con su costoso armamento siquiera. En la que dicen nefasta gestación del Consejo, metieron la cuchara para agitar las aguas muchos más de los que parece. Y la alucinante campaña de desprestigio para derribar a los candidatos brinda todo un tratado de las formas que imperan en este país. Merece la pena analizarlo como fenómeno en sí mismo, como muestra del modus operandi.

En España funciona algo que no tiene que ver con la libertad de expresión: es la libertad de difamación y de extorsión. Le pasó desde al Juez Castro a los denunciantes de la Gürtel, y a cualquiera que tuerza mínimamente su posición dominante. Y en impunidad. Una especie de Omertá cuajada de silencios. Se da por aceptado que, a quien le toca, le tocó. Siempre a los mismos, con preferencia a las mismas. Mencionar ciertos temas es como pinchar en un nido de avispas.

Son ataques destinados a destruir el honor de las personas a quienes contemplan como obstáculos. El problema no es solo el PP, es todo el entramado que rige en España. Que se siente incómodo con el nuevo gobierno y sus apoyos. O solo con sus apoyos. O con una parte del PSOE.

De ahí que, como fugaz consejera de RTVE -llegaron a enviarme por carta certificada el nombramiento del Congreso-,  te puedas ver en el renovado diario El País con un artículo en el que reducen tu extensa biografía profesional a los tuits recopilados por Inda y similares hace un par de años, manipulados o descontextualizados de los hilos de Twitter. Ni siquiera se menciona tu trabajo en el propio diario desde hace más de 30 años. Ni siquiera el conjunto responde a la estricta realidad.

Las agresiones diarias en forma de “alertas de Google” –que ya ni lees pero guardas, según la moda – llegan a este esperpento, nada inocente.  “Comunicado de prensa” de todo un conglomerado televisivo por un tuit de hace 4 años, difundido ya hasta el colmo.

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Son un par de ejemplos, entre decenas. No se acierta a entender por motivaciones profesionales tanta inquina. El sistema –como en otras muchas víctimas–  se ayuda de la difusión por las tribus wasaperas. La maledicencia de toda la vida propagada por las zonas del oscurantismo social. En tiempos de Fake News y con esa falta de criterio el daño que se infieren a sí mismos se amplifica. Cuesta creer que seres adultos no se hagan preguntas esenciales. Incluso sobre su participación activa en los matonismos.

Habría alguna cuestión más que lanzar. Los recolectores de tuits, los vendedores y compradores de ecografías que porta en la mano una joven embarazada y tantos otros colegas ¿Cómo les explican a sus hijos a qué se dedican y consiguen el dinero que traen a casa?

La afinidad de muchos periodistas con el PP y, sobre todo, con la corrupción, nunca se menciona como apellido de múltiples periodistas. Marhuenda y poco más. Tampoco demasiado las afinidades del PSOE u otros partidos. Solo las presuntas con Podemos. El concepto “independiente” no se contempla.

A estas alturas de la historia, con las revelaciones o reediciones mejor diseñadas, de cómo operan las cloacas del Estado, cualquier ciudadano racional tiene las respuestas a casi todas las preguntas. Mafias policiales enfrentadas. Dosieres. Grandes fortunas edificadas ofertando, textualmente, “medidas mediáticas y judiciales”. ¿Hace falta traducción para este servicio?

Y ya nos hemos “olvidado” de la trama Ausbanc y Manos Limpias, por la que, presuntamente, durante una década -¡una década!- se extorsionó a bancos y grandes empresas. Que pagaron. Por algo.

Hasta en El Corte Inglés, tan familiar, nos relatan tramas de dosieres.

Y en medio el rey emérito y su amante convertida en testaferro, según las grabaciones “que desvelan”, nos dicen, dos adalides del periodismo de investigación y la ética profesional como Eduardo Inda y Pedro J. Ramírez.

Y voces oficiales diciendo que es mejor dejarlo todo como está. Incluso hemos leído que España no está preparada para una República. Lo que implica que estamos mucho más preparados para los Borbones.

Un viejo amigo sueco, al que menciono a veces, profesor de Ciencia Política, se asombraba del gran número de periodistas conservadores que detecta en España. Es una excepción en democracias avanzadas. El periodismo real actúa como vigilante del poder y es difícil asistir impávido a las injusticias que se producen. Colaborar con ellas se aleja por completo del espíritu del periodismo.

El panorama es como para echar a correr y no parar hasta Copenhague. No he dejado de insistir en mis artículos en la dificultad de salir de este sucio pozo que tan gravemente ha afectado a la sociedad española. Pero no a toda, hay muchas personas con ganas de cambio e ilusiones. Con derecho a tenerlas.  Y lo maravilloso es ver que sí es posible.

La osadía y la reinvención de Pedro Sánchez y la unión de políticos para echar la corrupción de las Instituciones siguen siendo prometedoras. Pero el enemigo acecha, lo lleva en su ADN de escorpión, en las cuentas corrientes permanentemente hambrientas.

RTVE se ha convertido en la pieza del engranaje que más temen, al parecer. En ningún otro ministerio u organismo ha habido tanto ruido. Ojalá sea cierto que nada tuerza un concurso público y  que sea una mayoría de progreso, con ganas de limpieza y reconstrucción, quien decida.

 
 
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El periodista blanco inmaculado

Son días extraños. De nuevo las matemáticas se retuercen para convencer a lectores, oyentes y televidentes que 166 diputados son más que 177. Y  que el pacto de 166 es óptimo y, por el contrario, el que reúne a una mayoría de diputados, golpista y usurpador.  Todavía más impactante es la búsqueda del periodista blanco inmaculado para cargo de responsabilidad, un espécimen de laboratorio. Y las sorprendentes clasificaciones que van colocando al osado u osada candidata en un tablero que sitúa el centro político a la altura del 8. El 5 viene a ser ya extrema izquierda. El 4 se hunde en un abismo insondable de “izquierdidad”

Durante 6 años, RTVE ha manipulado a unos niveles insostenibles… salvo en España. El PP ha hundido la televisión pública en un pozo de indignidad. Sus dirigentes no han cedido a ninguna crítica: aumentaban sus tropelías cuanta mayor era la desesperación de algunos de sus trabajadores y de espectadores críticos. El presidente estaba en los papeles de Bárcenas y lo confirmó con todo descaro, como un reto. La vida dentro de la empresa se ha convertido en un infierno según  demostraban estos datos.  Acabar con esa situación era, es, una exigencia ética. Y el Decreto Ley la única vía posible cuando el PP mantiene sus trampas y Ciudadanos le secunda. Limpiar mientras se sigue manchando no suele funcionar.

RTVE es una empresa pública, sus dueños son los españoles. De todas las ideologías. Conservadores también por supuesto, pero conservador no puede ser sinónimo de corrupto  y manipulador. Al PP no se le echa por su ideología sino por lo que ha hecho.  Nadie ha tomado RTVE, está en vías de ser rescatada por la mayoría parlamentaria que es lo que cuenta en una democracia representativa.

Pero esa trama tan bien trabada no lo tolera. El peaje que exigen pagar a cualquiera al que atribuyan una ubicación a partir de 7 en su tablero es indigno de un país democrático. Y se asume porque parece que funciona una especie de Omertá.  Se pide hasta resignación altruista. Y el nivel de los insultos va en crescendo. La parodia de las vidas de sus víctimas, parece encargada a la mujer que recreó en Ecce Homo el Cristo de Borja. Toda la trayectoria queda resumida a una caricatura grotesca. Dicen que todo el mundo sabe las bocas sucias que paren estas astracanadas, pero no es cierto, las familias lo sufren especialmente, la buena gente sin armadura también. Lo principal es que el matonismo y las Fake News son un obús cuando caminan juntos. Cada andana es ya letal, necrosa donde impacta.

Las personas de izquierdas a quienes la jauría hinca el diente sin soltar la presa han de sufrirlo en silencio, en elegancia, gajes del oficio. Aunque cada vez se degrade el conjunto del periodismo. No entra dentro de ninguna normalidad aceptar estas tácticas.  Cuando se asiste a una agresión, no se puede mirar para otro lado sin tiznarse.

Una manera de contribuir a parar esta perniciosa deriva puede ser una televisión pública rigurosa, independiente, al servicio de los ciudadanos. Que rescate el viejo lema de los medios: informar, formar y entretener, convertido en dar noticias con elementos de juicio, distraer sin embrutecer y cautivar por sus contenidos creativos. Que se olvide del llamado periodismo de declaraciones. Noticia es lo que tiene interés. Los periodistas no somos oficinas de prensa de los partidos. De ninguno. Servimos a la sociedad.

Es dramático que profesionales del periodismo consideren de “extrema izquierda” contar la verdad. Se ha convivido tanto con el servicio a un partido que igual algunos pierden la perspectiva. Un periodista serio no se puede permitir descalificar por tendencioso a diarios que sirven información, sacan exclusivas decisivas y producen cambios. No se puede permitir no leerlo, no informarse. Cuando, para mayor contraste, tienen en sus mesas de cabecera panfletos, huecos de información, de tendenciosidad máxima.

Revisen criterios. El periodista blanco inmaculado no existe. El periodismo es compromiso. Con la verdad. Con la sociedad, repito. Y en la calle, en la injusticia y el dolor, los periodistas se manchan hasta de lágrimas. En los despachos del poder no existe ese riesgo. Cuando Kapuscinski asegura que para ser periodista hay que ser buena persona, no yerra. Así que cuenten cuantos sobran en el cómputo.

La televisión generalista convive hoy con plataformas bajo demanda, la oferta se amplia y cambian las costumbres. Pero  TVE mantiene plena vigencia como servicio público.  Y exige respuestas. Su historia es la historia de nuestra vida, de la de varias generaciones, cuando fue una caja mucho menos tonta de lo que decían.  Fuerte y con credibilidad es una competencia temible. Y atacan perdiendo los papeles.

Están intentando destruir carreras y prestigios de profesionales excelentes, por el temor a perder privilegios inmerecidos y mal ganados. Las mismas personas que no han sacado ni portadas ni han esgrimido enlutadas quejas por corrupciones inconmensurables. Lo auténticamente escandalosos es que solo sean considerados partidistas los cercanos a una cierta formación o simplemente los independientes, desde claras filias y fobias partidistas. Hay más “redacciones tomadas” por varios partidos que no se citan y por intereses diversos que filiaciones en un Consejo profesional.  ¿Desde qué ideología creen que se trabaja en esas portadas, artículos y peroratas de espanto impropias del periodismo de un país desarrollado?

No son buenos los prejuicios en esta profesión, hay que mirar, tocar, sentir, saber y contar.  Y leer. Leer lo que han escrito periodistas como la copa de una secuoya antes de soltar la tinta de calamar que embadurna sus tentáculos. ¿Sabrán leer 20 líneas seguidas quienes lo hacen? A veces me lo pregunto.

El retrato del Ecce Homo borjano se rompe con la periodista argentina que atesoraba los Informe Semanal españoles mientras estudiaba en Buenos Aires en los 90 y, cuando ahora los busca en Google para repasarlos, solo le salen Indas con sus insidias. Aunque no hay que caer en ese estadio ínfimo para toparse con cargas de profundidad. Los ataques no logran empañar esos “suerte, porque tu suerte es la nuestra”, la alegría sincera, el sentir que estás en el gran grupo social de quienes te consideran como “una de los nuestros”. Que se ha articulado un mecanismo para que sea posible poder.

Esto es un tránsito. Ojalá hacia un buen término. Sin mochilas, sin ataduras.  ¿Saben que se llegó a escribir sobre el afán de gran despacho de un candidato que después se apearía tapándole la boca, si es que alguien lo vio? Bastaba mirarle a los ojos, y sobre todo leer lo que escribe. Prueben, el gran poder de la información es que rompe prejuicios. Puede que al punto de animarse a estudiar matemáticas para andar por la democracia. Para no escorar los tableros. Para ser de todos los ciudadanos. Hasta de los que odian por haber sido abandonados y usados.

Rosa María Artal es una de las  nuevas consejeras de RTVE elegidas por el Congreso el pasado 4 de julio. 

 
 

Llamar populismo al fascismo y otras confusiones

Volvemos a ver niños desolados entre uniformes que les arrancan de las manos de sus padres. En la América grande de Donald Trump no caben y son separados de sus progenitores y conducidos a jaulas. Son los rehenes que utiliza el magnate llegado a presidente estadounidense para disuadir la inmigración ilegal. “Que venga a recogerme mi papá” gime una niña en el vídeo rodado por la agencia Propublica en un paso fronterizo, mientras el resto no deja de llorar,  llamar y urgir “lo más pronto posible”. Una orquesta de llantos para los agentes.  Trump no siente el menor arrepentimiento, ha dicho. Millones de norteamericanos le encargaron sus destinos y los de su país para que hiciera esto y cuanto le viniera en gana. A otros no, pero a  la dinastía Trump  y sus negocios les está yendo francamente bien. 

Matteo Salvini, vicepresidente de Italia, tras cerrar los puertos a los refugiados del Aquarius que recogió España, anda listando gitanos para echar a los que no hayan nacido en el país. Tampoco caben en los límites de los nacionalismos de ultraderecha. La lista de dirigentes de este sesgo es larga y crece. Suelen ser botarates sin escrúpulos, seguidos y aupados por personas similares a ellos bastante inconscientes, en su caso, de las consecuencias de sus apoyos.

La palabra de moda para definir esta barbarie es “populismo”. Cientos debienpensantes oficiales la tienen en la boca todo el tiempo. Dicen populismo cuando habrían de decir fascismo porque -consciente o inconscientemente-  de este modo asimilan sus actos con todo tipo de políticas que se alejan de las establecidas: desde la derecha dura a la socialdemocracia. De hecho el Sistema tiene una especial permisividad con los neofacismos porque estos no alteran el status quo. La propia UE anda pidiendo a Polonia o Hungría que se moderen en sus derivas. Llevan “perdiendo la paciencia” ya varios años. Y siempre encuentran una tila que les sosiegue.

Definiciones adaptadas para dulcificar los viejos fascismos. Estamos ante el momento que vivieron generaciones pasadas en los años 30 del siglo XX por una crisis de civilización parecida, la provocada por los abusos del capitalismo. Es bien notorio que el fascismo saca lo peor del género humano incluso en personas que se creen muy juiciosas. Especialmente cuando se han dejado vaciar la mente con ignorancia e irracionalidad.

Oficialmente, el populismo es una tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo. ¿A quién defienden pues las otras tendencias políticas?

No llames populismo a lo que es demagogia. No llames populismo a lo que es fascismo. No llames cordura al egoísmo ni a la estupidez. No digas que no cabemos todos o que se nos llena el país de negros sin hacerte mirar tu inhumanidad. No permitas que te lo cuelen.

Jamás he entendido –dentro de la estricta lógica- por qué hay personas que consideran suya una tierra por haber nacido en ella por pura circunstancia. Lo grave es cuando algunas de esas personas encima se consideran superiores a los migrantes, siempre que no vengan con un balón de fútbol bajo el brazo. Creerse superior, por estas razones, por haber nacido en determinado trozo de tierra, es nazi de libro y sobre todo de primero de estupidez.

La perversión del lenguaje, a menudo interesada, está vaciando de contenido las mayores amenazas que nos acechan, que ya están aquí. El fascismo y sus asimilados. Hay que volver a poner nombres precisos a los conceptos.

Lo que hace Trump con los niños centroamericanos es un crimen de lesa humanidad.  Su ideología es de extrema derecha. A negociar y establecer acuerdos con Trump se le llama relaciones internacionales. O pragmatismo. Encaja mejor, hipocresía. En realidad, aislarle sería lo más justo, de no participar en sus emboscadas a la justicia.

Y así, bordeando esta Europa con graves brotes de ultraderecha, nos llegamos hasta España, donde tenemos más nombres que definir.

Mantener la tumba de Franco en un mausoleo descomunal y con todos los honores es impropio de un país democrático. Resistirse a cambiarlo también. Decir, como ha dicho Albert Rivera,  que sacar de allí el cuerpo exige consenso para respetar emociones –las de los admiradores del dictador se entiende- es apología del franquismo. Y una ofensa a las víctimas de la dictadura que llevan toda una vida viendo pisoteadas sus emociones. Y un signo más de ideología ultraderechista.  Como ya venía avisando.

Que se cuele la bandera del aguilucho en la presentación de la candidatura de Cospedal a la presidencia del PP, está en la misma línea. Como también venía avisando.

Desinformar o informar falsamente de forma voluntaria es manipular. Hacer trampas para seguir manipulando –como en RTVE- es corrupción. Conviene etiquetar los conceptos más usados en estos tiempos no vaya a ser que se nos olviden y caminemos en el error. Todos los fundamentales que más lavados llegan: fascismo, franquismo, oportunismo, hipocresía, odio, abuso, negocio. No desdeñen la palabra pifostio (lío enorme), ausente todavía del diccionario, encaja con el futuro inmediato de los partidos de la derecha.

Y aquí estamos muchos otros. Llaménnos ilusos por pedir la luna y la tierra y positivos por embarcarnos en la esperanza con cualquier punto de apoyo…

 

¿Qué ha hecho con el dinero el PP?

Rajoy renuncia a su acta de diputado. Es el último episodio del momento que vive el PP. Un partido que, sin cabeza aún, ya ha pedido la dimisión de Pedro Sánchez, presidente desde hace 2 semanas, y estudia una moción de censura. Ha presentado 9 preguntas para la próxima sesión del Congreso y prepara más acciones. El gobierno apenas ha echado a andar. Se encuentra en fase de nombramientos, atender asuntos urgentes presupuestarios como la paga extra de los pensionistas y poner en marcha medidas llamativas –y positivas-. Como la devolución de la Sanidad universal a los residentes en España que tardará unas semanas en ser efectiva.

Con todo el lío de los emigrantes que les van a comer el pan a los mucho españoles, la Catalunya que quiere romper España y la búsqueda enfebrecida de ministros a los que pillar en falta y echar, pasan desapercibidas noticias a tener en cuenta. Por ejemplo, que  el BCE cierra el grifo. Ha anunciado que dejará de comprar deuda pública europea en Diciembre. Y de ahí viene una cascada de cuestiones.

Confirmamos la inyección que el Banco Central de la UE ha venido suministrando a las economías de la Eurozona. Los datos facilitados nos dicen que  ha invertido a ese fin 2,5 billones de euros desde 2015. De ellos, casi 250.000 millones le han tocado a España. En realidad, falta un buen lote de dinero por contabilizar. Fue en 2012 cuando Dragui anunció que  “haría todo lo posible por salvar el euro” y se lanzó a comprar deuda. Casualmente, la ayuda del BCE empezó con la llegada de Rajoy a la presidencia de España. Recordarán  que con él se alcanzó el top de la prima de riesgo:  650 puntos en julio de 2012. Y, ahora, cesa ese soporte extra cuando se va o lo echa una moción de censura. Le llamaron “Programa de Expansión Cuantitava”. Fue cualitativa también, en la práctica. A nuestro afortunado dirigente le vinieron de cara los vientos de millones europeos. Pero ¿qué se hizo con ellos o con la Deuda que sufragaban?

Miremos a ese foco de atención: 250.000 millones de euros confesos en 3 años y  poco. Y a la vez aumento récord de la Deuda Pública. Rajoy la cogió en 743.530 millones de euros y el 69,5% del PIB.  La ha dejado en más de 1.000.000 millones de euros y casi el 100% del PIB. Tan abultado endeudamiento consume una media de 31.000 millones de euros en intereses cada año. Son créditos y hay que pagarlos. Es hora de preguntarnos ¿dónde  metió el dinero el gobierno de Rajoy?

Numerosos miembros del PP aludieron como causa a facturas que se encontraron sin pagar en los cajones. Con ese dineral, habremos adquirido ¡quien sabe! si países enteros de esos que arruinan sus colegas ¿saben ustedes de alguno o de otra inversión que justifique semejante desembolso?

Se añaden varios agujeros más como el consumado a la Hucha de las pensiones. El PP la ha dejado temblando al punto de acudir a créditos para cumplir.  El gobierno del PSOE, recién llegado, ha tenido que pedir otro para pagar la extra de verano. No ha debido encontrar las arcas llenas de la recuperación. El PP no bajó impuestos, subió algunos inicialmente. Y  los recortes al Estado del Bienestar rozan lo escandaloso. ¿Dónde ha metido el dinero el PP?, insisto.

Muchos ciudadanos prefieren ocuparse de banderas, les hiere profundamente en su corazón mucho español que se ayude a los refugiados, el gasto que, según ellos, cuesta tener más ministras, pero no les hables de dinero en serio porque se aburren. O no se lo creen. Los pensionistas sí se han enterado ya. Las mareas se comprenden mejor cuando el agua moja los pies.

Los hogares con pobreza energética (que es una forma de denominar a la pobreza completa) han aumentado con Rajoy un 62%. Han pasado a hundirse en esa limitación más de 700.000 personas. Este dato forma parte de un trabajo muy completo de Emilio de la Peña en Ctxt.es. En él destaca cómo el salario real en euros ha bajado un 5%, han aumentado los trabajadores pobres, ha disminuido la inversión en sanidad o educación.  Hemos perdido en consecuencia puestos en el ranking de los sistemas sanitarios públicos más eficientes. Los ricos son cada vez más ricos. También con datos.

Por cierto, cabe preguntarse dónde habrá metido el PP el presunto ahorro de restringir la sanidad pública. O del copago y el medicamentazo que dejó fuera del sistema de salud más de 400 fármacos.

Más de medio millón de niños pasaron a engrosar  la pobreza infantil desde que entró Rajoy en el gobierno.  En tiempo récord además. En noviembre de 2011 había en España 2.226.000  viviendo bajo el umbral de la pobreza. La misma organización que lo evaluó, Save the Children, ya daba la cifra disparada en  2014: 2.826.549. Periodistas a sueldo, muy buen sueldo, para lavar la cara al PP, de los que vemos chillando en las tertulias, cuestionan estas cifras. A saber qué entenderán por riesgo de exclusión social, repiten, desde sus orondas vidas.

El alza de tasas universitarias, los créditos que entrampan e hipotecan la vida, las becas en rebaja. El éxodo de jóvenes y mayores por falta de trabajo. La vivienda cara, los alquileres en ascenso prohibitivo, los desahucios.   De los de tirarse por la ventana cuando llega la policía a echarlos de casa por orden judicial de un banco y de un Fondo Buitre.

¿Qué ha hecho con el dinero el gobierno de Mariano Rajoy? La justicia está certificando los ladrones que albergan en su seno. Esos que “hace mucho tiempo ya que no están”. Sabemos de los rescates. De despilfarros a la brava. En infraestructuras, especialmente.  La propaganda hizo de su gestión económica la mejor baza del PP, pero no salen las cuentas.

Y aún así hemos de aguantar a Rafael Hernando, a quien en Twitter me permito calificar de portacoz del PP, dada su virulencia verbal. O a su colega Martínez Maíllo tergiversando el papel del Congreso que es quien otorga las mayorías. A sus voceros.

Queda mucho por hacer en España. Empezando por la educación de esos millones de personas que no saben ni dónde les aprietan los zapatos.

Rajoy… Y al final fue despegado

  Rajoy se va. Ha dejado el acta de diputado. Ha estado con nosotros toda una vida. Cierto día, en el preludio de Eldiario.es, cuando solo funcionaba Zona Crítica, escribí sobre su estrategia: la del percebe. Tópico usado después con cierto éxito. Rajoy ha basado su vida en la constancia, en aferrarse a lo que consigue contra viento y marea. Su máxima, inspirada en otro gallego Camilo José Cela: “En este país, el que resiste, gana”, se convirtió en un mito. Que se niega a sí mismo, porque como diría también cualquier gallego, gana a veces y a veces no. A Rajoy le ha funcionado, hasta el día que ha entendido ganada la partida.

Hijo del que fuera presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra, el joven Mariano estudió Derecho como él y, ya desde el último año de carrera, preparó oposiciones a registrador de la propiedad. Las aprobó para convertirse a los 24 años en el titular de ese cargo más joven de España. Siempre se citó este hito en la derecha mediática como muestra de sus virtudes. Múltiples sospechas llegaron de otra banda. La derecha a veces tiene atajos en esto de los estudios y los títulos, como hemos podido ver.

 Un viejo  amigo, ingeniero, resaltaba que la de registrador no es una profesión para pensar y deducir sino para dejar constancia escrita de títulos. Exige perseverancia, no brillantez. De antiguo goza de privilegios impensables en el resto de Europa. España es el único país en el que cobran directamente al ciudadano que quiere inscribir algo. Fuera es un servicio público, gratuito, que llevan a cabo funcionarios.

 Mariano Rajoy se ha dedicado a la política durante más de 35 años. Pero mientras pudo mantuvo su plaza de registrador en Santa Pola (Alicante). Otro profesional de Elche colaboraba con él, hacía el trabajo. Una larga vida política llegó después. En la que ha logrado cargos muy relevantes en los que no destacó. Casi por descartes, se ve aupado a candidato a la presidencia por el PP, tras ser designado por Aznar. Sufre dos derrotas electorales. Nadie apuesta por él. Salvo una Comunidad Valenciana que hoy sabemos, ya por sentencia judicial, que dopó el apoyo a su elección.

La revuelta marea de la crisis le da aire y lo catapulta a la Moncloa cuando las calles están llenas de protestas por lo que su partido representa. Y logra, además, la mayoría absoluta, a pesar de contar solo con los votos del 30,37% del electorado, por los azares de nuestra también peculiar ley electoral. Zapatero no la consiguió con un 32,18% en 2008, ni con el 31,89% del 2004 y más papeletas a su favor que el PP en 2011 en ambas ocasiones.

  Durante años gozó de una sorprendente benevolencia de la prensa, en general, no solo consevadora. El señor de los hilillos, el de los lugares comunes, el gris gestor, despertaba una cierta compasión. Ya presidente, se subió en muchas ocasiones a una prepotencia inaudita que tampoco se le afeó.

  Sin piedad alguna, fue mermando los pilares del Estado del Bienestar. Cree -y ejerce- en la superioridad de unas clases sobre otras, como cuando, joven, escribió sobre la bondad por la estirpe que da la cuna. Ha mentido como ningún otro dirigente, si descontamos a miembros destacados de su partido. Las hemerotecas están desbordadas de sus frases y promesas falsas, de sus guiños que anticipaban inexactitudes. Avivó el conflicto con Catalunya por su intransigencia y búsqueda de votos. Destrozó RTVE como nadie hizo antes, ni siquiera José María Aznar. El Rajoy resiste en su esplendor.  Los medios han salido tocados. Los periodistas que se plegaron a tomar notas ante un plasma. Las instituciones se han visto seriamente resentidas. La involución y el recorte de libertades nos ha devuelto a negras noches del pasado.

Dice su gente del PP que ha sido el mejor presidente de la historia de España. Así la escriben.

   La corrupción ha tumbado a Rajoy.  Se ha podido comprobar la poderosa organización de la que forma parte el PP, el Sistema, el Régimen del 78. Precisa todo el entramado tal regeneración, que sería deseable una renovación más amplia, que Rajoy fuera ese punto de partida.

Es de valorar su acierto al reconocer que la batalla estaba perdida. Ojalá hubiera sido antes. Resistió. Ojalá se pueda recomponer el daño. En aquel artículo de 2012 concluí que, en muchos casos, los mariscadores terminan por hallar un resorte que desprenda al percebe de la roca a la que con tanto ahínco se sujeta contra todo pronóstico y toda lógica. El mar y la tierra son de todos, no solo del percebe.  Pero Rajoy se va con la frente alta y entre continuos aplausos, de forma que casi no parece que la mayoría del  Congreso le ha despedido. Fue despegado de la roca, y parece que se soltó para seguir nadando a su aire.

Al rescate de los refugiados y de la democracia

Cada vez que se produce un episodio con refugiados atrapados en el mar se desencadenan las mismas diatribas. Y con los mismos falaces argumentos por parte de la derecha xenófoba que engloba a muchos más de los que se cree.  Lo que está en cuestión es la confrontación entre ser humanos o inhumanos.  Y, una vez tras otra, se demuestra la proporción que nutre cada lado.  Es una batalla crucial. Con posturas irreconciliables y excluyentes. La diferencia es que una de ellas ataca los cimientos de la convivencia democrática.

En las leyes internacionales, por muy contradictorias que sean sus competencias, prevalece, como máxima prioridad, la atención a las personas cuyas vidas están en peligro. Más aún, la omisión de socorro a náufragos es un delito. Cierto que se viola impunemente mientras, desde la Unión Europea a sus ciudadanos, miran para otro lado. Están dejando pasar atropellos intolerables, impensables en la condición humana al menos en períodos menos siniestros que los actuales.

Hemos visto pasar en este último tiempo no solo numerosas víctimas mortales sino rostros atravesados de espanto de niños y adultos. De dolor, de impotencia. Los hemos visto caminando en el barro, durmiendo en el suelo, con lluvia y nieve, tras barrotes con los que premiaron su llegada a la Europa prometida, bajo las miradas de botas militares. Y  nuestra vida ha seguido su curso, ignorándolo. La UE pagó nada menos que al presidente turco Erdogan para desembarazarse de ellos. Países miembros  de la Unión cerraron sus fronteras.

Niña refugiada en el campo de Idomeni, Grecia. Eduardo Rivas
Niña refugiada en el campo de Idomeni, Grecia. Eduardo Rivas

¿Quieren abordar a fondo el problema?  Pues lo primero es revisar la  venta de armas a países en conflicto –como mínimo-. Y ya les aseguro que eso no va a ocurrir. Hay demasiada gente ganando cantidades obscenas de dinero con ese negocio. Otro punto esencial a examinar nos sitúa ante los intereses estratégicos y económicos de Occidente en países de procedencia de los refugiados. Su papel incluso en provocar conflictos. Ardua tarea. Con ese lastre de partida habrá que ir a buscar soluciones a las derivas de esta sociedad.  Quizás en el fondo es el quid de la cuestión.

Xenófobos y neofascistas consiguen mayorías ya en algunos países europeos. Personas aparentemente normales han colocado con sus votos a dirigentes de extrema derecha en los gobiernos. Por alguna incomprensible causa, esos seres obtusos y despiadados se creen superiores a los migrantes.  Es al contrario, el auténtico peligro para la convivencia son ellos.

Hemos de analizar qué ha podido llevar a una parte de la sociedad  a permanecer impasible ante tanta inhumanidad, a callar, a menospreciar el dolor exacerbando su egoísmo. Entre los rescatados por Médicos Sin Fronteras y acogidos en el Aquarius, hay siete mujeres embarazadas y 123 menores que viajan solos. Los hombres han dormido a la intemperie, las mujeres y los niños a cubierto, cuentan los periodistas que viajan con ellos. Escasea la comida.  Ayuda a entender ponerse en el lugar del otro, imaginarlo por un momento.  Verse en una situación crítica, con peligro vital, y que salvo unos pocos nadie mueva un dedo. Y el mundo entero siga con sus charlas incluso sobre ti. Experimentar la sensación de sentirse tan abandonado. Temer el después. Niños y adultos vagando, usados, prostituidos. ¿No lo han pensado?

Lo asombroso es que no se vea la sociedad que se está creando y la ceguera con la que comienza a abrazar el fascismo creyéndolo solución. No lo es. Por el contrario, hoy es nuestra principal amenaza.

A tener un ministro del Interior como Matteo Salvini no se llega ni en un día ni por casualidad. Y de hecho en esa senda hay numerosos países en este momento, por distintas vías. La de Italia pasa por la corrupción mafiosa incrustada en las instituciones y en una parte de la sociedad. Por la falta de respuestas políticas a la precariedad. Por las reacciones de una ciudadanía educada en la frivolidad y la idiotización televisa. Problemas que reconocemos bien como propios. El caos italiano ha llevado al poder a una coalición entre el movimiento -antisistema pero menos-  5 Estrellas y la ultraderechista Liga, llamada ahora así, sin apellidos. Tan singular que su  propio líder, Matteo Salvini, fue elegido por Calabria, situado abajo, justo en la punta de la bota de Italia, tras haber combatido en sus discursos al Sur perezoso. La Calabria, trufada de mafia, que paga 25 euros por 12 horas de trabajo a los emigrantes y en la que, no por casualidad, acaba de morir asesinado un jornalero de Malí de 29 años.

La ultraderecha, los Salvini de turno, los Albiol, hace crecer el odio sin aportar soluciones. Sus falaces discurso calan sin embargo en mentes proclives. Les podemos garantizar que no han sido los emigrantes los que han precarizado su vida, han sido las políticas del abuso y fomento de la desigualdad que precisamente ellos practican. Ese capitalismo salvaje cuyos excesos han vuelto a embarcarnos en el ascenso del fascismo. Puede afirmarse  también, con rotundidad, que el fascismo no soluciona problemas. Los acrecienta.

Es cierto que Italia se ha comido la mayor parte de la crisis migratoria. El problema no es solo suyo, es de todos. Hay que tomar medidas, estudiar soluciones conjuntas dentro de la Unión Europea.  Eficaces y urgentes. La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de traer a España a los refugiados a los que el gobierno italiano cerró los puertos es un paso importante que les conmina a ello.  No se acaba el gran cisma sin embargo entre los demócratas y la chusma inhumana con la que convivimos y se destapa a la menor oportunidad.

No me digan, como andan por los medios los “expertos” de turno, que aprueban por humanidad y por mandato de la legalidad internacional la decisión del gobierno español pero que si las mafias, que si el efecto llamada y la maldad de las soluciones particulares.  ¿Qué es pues lo que aprueban? ¿Qué mueran las personas rescatadas en el Aquarius, como han muerto ya miles, mientras volvemos a aplazar las salidas?

Van “creciendo” en las referencias  los miles de refugiados que han llegado a Italia o Europa en su conjunto. Al final, se diría que toda África y toda Asia residen entre nosotros. Cualquier demócrata preferiría, si lo piensa bien, tener a su lado a esos miles de seres humanos tan valientes como para arriesgar su vida por vivir realmente que a los millones que votan ultraderecha xenófoba, aunque se autojustifiquen llamándola incluso centro-derecha. Y no digamos ya, en España, a ladrones que nos han expoliado. Con lo que nos han robado podíamos vivir decentemente, nosotros y los miles de miles de migrantes.

Los españoles, algunos,  empezamos a ver un punto de luz entre tanta tiniebla que nos apagaba. Gestos si se quiere, pero algo en otra dirección. Mucho por hacer.  Y a fondo. Quizás, de ese sector de la sociedad que no cree en la democracia, que la combate y le pone zancadillas, habrá una parte rescatable entre los tibios, al menos.

El fascismo se combate leyendo y reflexionando. Abriendo la mirada. Porque ya está aquí.  Uno de los pensadores que más se está empeñando en denunciarlo y combatirlo es el filósofo holandés Rob Riemen.  Aconseja llamar al fascismo por su nombre. No es “populismo” como se desliza por los medios, en busca a veces de réditos electorales. Ese populismo es la demagogia de toda la vida, Y el fascismo es el fascismo. Y llega, advierte Riemen,  cuando se pierden los valores. Pasó en los años treinta. No puedo estar más de acuerdo.  Propone como solución centrarse, regresar, a un Humanismo europeo. Salvar vidas humanas es el primero capítulo.

Cultura para abrir los ojos, decencia como motor, empatía con los otros seres humanos. Y proa directa a los que no lo son.  A la ultraderecha xenófoba, al fascismo, a quienes les apoyan y escuchan. Ahí tenemos a los verdaderos enemigos de la democracia. Y son tantos ya los que la secuestran que se precisa también rescatarla.

Feria de autores (de libros o no)

Acaba la Feria del libro de Madrid y llegan los datos. El primero, las ventas. Es una Feria. 8,2 millones de euros, lo que implica un descenso  del 7% respecto a 2017.  Los organizadores lo atribuyen a la lluvia y el viento que ha azotado la capital como a otros muchos lugares de España. 2,2 millones de visitantes. Y un récord de autores firmando: más de 2.000.

Si se mira bien, es una Feria de autores en la que se venden libros. La megafonía no deja de recitar los nombres y las casetas en las que se encuentran. Es como unFarenheit 451 paradójico. Una voz señala en tono monótono dónde encontrar al ídolo. En un universo tan variado como la propia vida.

Los visitantes, tantos en fin de semana que entorpecen el paso, buscan quién tiene la fila más larga. Este domingo de cierre, el título andaba entre María Dueñas, Miguel Ángel Revilla, Sandra Barneda, Leticia Dolera, Carme Chaparro y una tertuliana de ultraderecha. Todos aparecen en la tele, en programas estelares u ocasionalmente. Enorme expectación también Roberto Santiago, cineasta y autor de éxito de libros para niños y jóvenes.

El escritor Manuel Rivas dialoga con lectores
El escritor Manuel Rivas dialoga con lectores

Veo a Benjamín Prado. Un poco más allá a Manuel Rivas charlando relajadamente con los lectores que se han acercado. Muchos escritores señalan que ese contacto directo les enriquece y estimula. No queda tanto tiempo cuando la fila da vueltas a la caseta, como le ocurrió el primer día a Jiménez Losantos. O a los youtubers que un año más acaparan la máxima atención.  La autoayuda sigue arrasando. Y está el autor al que no le llega casi nadie, mientras pasan los visitantes y miran.

 La Feria del libro nos sitúa ante la propia estructura de la sociedad actual. Sigue habiendo ciudadanos interesados en la ficción de calidad o el ensayo que aporta análisis de interés. Pero tiene esa otra cara: la búsqueda del famoso, escriba lo que escriba, haga lo que haga. Para verle de cerca, mirar la dedicatoria, seguramente colgar su libro en la estantería sin leer. En algunos casos, por fortuna. Y es de temer, de haber un pulso, quién ganará.  Los  famosos de la peor televisión de la historia andan formateando a la  sociedad.

La Federación del gremio de libreros hizo público un barómetro en enero. Se lee más pero peor, señalaron. Con menos tiempo y reflexión. Casi el 65 % de las mujeres leen algún libro al año. Los hombres, diez puntos menos, el 54%. Los niños leen o les leen de forma habitual. Los jóvenes también, pero a partir de los 25 años van abandonando paulatinamente la lectura. Las mujeres recuperan el hábito a partir de los 35 años. Estos porcentajes se han dado en la Feria de Madrid, en su presencia. Gran número de mujeres buscando libros de mujeres sobre todo. En muchos casos por su fama. Los contenidos son esenciales. Siempre.

Se habló de no dar el top de ventas. Irá parejo a las librerías. La autoayuda -pseudo ayuda, pseudo literatura- convive con ensayos de entidad. El secuestro de la justicia: Virtudes y problemas del sistema Judicial, de Ignacio Escolar y Joaquín Bosch Grau, es uno de los libros más vendidos. María Dueñas vende siempre. Leticia Dolera  ha entrado arrasando con su libro feminista Morder la manzana.Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes es otro de los grandes éxitos de la temporada. Breves historias de mujeres buenas y malas que pueblan la historia.

La vida real se abre paso también en la literatura. Si las ferias son de autores, el escaparate diario lo protagonizan los libros. Para quedarse a solas, incluso en medio de la gente, con sus historias. La selección, una vez más, en esencial. Si es de mujeres para las niñas rebeldes de todas las edades, hay un buen surtido. Desde la emperatriz japonesa Jingū (Circa 169-269) que quería apoderarse de la tierra de los tesoros, a Maya Angelou, la escritora  norteamericana, fallecida en 2014, que permaneció muda hasta que encontró su voz. Previamente se hizo con la base: memorizando palabras.

Como los libros en  Farenheit 451. Palabras, ideas, sueños, nombres –por favor- que merezcan la pena.

 

*Publicado en eldiarioes 10/06/2018 – 

Gobierno Sánchez: Del júbilo a la cautela

Ha sido una jugada maestra. Pedro Sánchez ha aprovechado los cauces que abre la sociedad actual, sensible a los golpes de efecto, a ilusionarse y desanimarse sin pensarlo dos veces. Lo ha hecho en el momento perfecto, cuando La Moncloa, el Parlamento, las instituciones supuraban corrupción insostenible. Incluso algo más tarde, con la podredumbre ahogando a las personas decentes hasta la impotencia. Tan larga impotencia.  Para los partidos con un mínimo de sensibilidad por el bien común resultaba imperioso apoyar la salida del PP. Expulsar al PP del gobierno era una exigencia ética. Ha quedado demostrado que sí se podía… bajo determinadas condiciones.

Una sociedad -y más la española- no puede pasar de llenar sus calles de procesiones con ministros que cantan El Novio de la muerte a un gobierno de izquierdas. Pero sí podía saltar, de la involución en todas sus manifestaciones, a romper ciertos moldes. Este gobierno con mayoría de mujeres ha dejado boquiabierto al mundo. Con un astronauta, dicen, en realidad un apasionado de la ciencia y la lógica frente a la promoción de la homeopatía.

Cambiar del PP a un gobierno presentable era fácil. Si se sabía hacer, como en todo. Pasar de mediados del siglo XX -adonde nos había devuelto el PP-  a esta modernidad no podía más que ser un éxito. Apenas esbozado, no lo olvidemos. Solo ha pasado una semana desde que Pedro Sánchez quedó proclamado presidente del Gobierno español. Y hemos recuperado el interés por la política, por la información. En muchos casos, la esperanza. En particular, hemos sentido alivio. Sin la tenaza al cuello es más fácil respirar.

Soñemos primero pero sin separar los pies del suelo. Está todo tan medido, tan pensado, que, por pura racionalidad, se impone mantenerse atento. Los abundantes relatos sobre Pedro Sánchez y el desarrollo de la operación, van desde la épica a la tragedia. Estos últimos, los menos, dado que gran parte de la derecha está encantada con este gobierno. Avancemos que una sociedad ilusionada como está, no tolera ahora agoreros ni plañideras. Agoreras y plañideros, si prefieren. Quiere disfrutar. Que ya toca. Quiere “darle una oportunidad a Sánchez”. Sobrevolando los condicionantes de quiénes en la práctica otorgan las oportunidades.

Pocos políticos, salvo los de izquierdas, han sido vapuleados por la prensa como Pedro Sánchez. Y no solo por la prensa. En el PSOE hicieron con él una carnicería. Hasta con aquel innoble fusilamiento un 1 de Octubre, fecha de grandes hitos en este país. Su saco de los agravios debe estar a rebosar. Y, sin embargo, habla de diálogo y humildad. Parece haber modelado su carácter de forma extraordinaria. El hombre que eligiera a César Luena y Antonio Hernando en su primera andadura, nos ha llenado el gobierno de profesionales de gran solidez. Salvo alguna cosa.

De los relatos de la peripecia, llama la atención la coincidencia en que Sánchez llamó a Grande-Marlaska, su fichaje más polémico precisamente, hace meses. No ha sido ninguna improvisación. Preocupa su trayectoria y más para el ministerio del Interior. Como Borrell frente al independentismo catalán. Ha previsto, señalan, equilibrios con otros miembros del gabinete. Y está claro que Máxim Huerta está ahí para hacer de sparring y señuelo que se lleve los golpes de atención.

La maniobra se pensó al detalle. Durante meses. Nombres claves entraron en escena. Sobre todo Iván Redondo, nombrado hoy director del Gabinete de la Presidencia. Experto asesor que trabajó para Garcia-Albiol en su campaña de “limpiando Badalona”, para Monago, PP, Extremadura, o Basagoiti, PP vasco.  Una labor profesional, eficaz. No son tiempos para la lírica.

Se trataba de escuchar el sonido de la sociedad. No de hacer encuestas telefónicas como el partido de Albert Rivera. De escuchar a las mujeres, las demandas sociales, la incomodidad con la corrupción. Y al mismo tiempo a Cataluña y a sus detractores, parciales y totales. A quienes demandan “Orden” y a quienes se quejan de las mordazas.

El gobierno de Pedro Sánchez es sobre todo un cartel electoral. Aprovechando la coyuntura que obligaba a tumbar al PP. Para decir: estos somos, esto hemos hecho, si quieres más, vótanos. Para señalar a quien interfiera. Al nuevo gobierno le llueven las peticiones.  Se ha abierto la puerta de un mausoleo cerrado a cal y canto. Y es un gobierno que suena bien, sin apartarse de la línea que previamente mantenía Pedro Sánchez. Aprobará medidas de efecto, difíciles  de rebatir salvo quedar tocado. Habrá gestos en temas conflictivos. Como el levantamiento del control previo de las finanzas de Catalunya de este primer consejo de gobierno. Pero es más complejo. No debe abusar, como el PP, del Decreto Ley. Algunos apoyos le van a costar. Las zancadillas son seguras.

Pedro Sánchez  tumbó al Partido Popular  y, a la vez, a Ciudadanos, como ya señalé. Aún ha sido más rotundo en esta semana trepidante. Cada medida deja más noqueado al partido de Rivera. El tuit de Garicano, que parece una de las cabezas de más entidad, fue demoledor:  “Esto es parte del cambio que hemos querido traer”. Ellos, Ciudadanos. El gobierno de Sánchez ofrece además mujeres y hombres con unas carreras espectaculares que empequeñecen a los modelos de diseño de Ciudadanos.

No se debe olvidar quiénes mandan en España desde hace décadas, por no decir siglos. La alternancia del bipartidismo. La hábil maniobra tiende a reforzarlo.

Unidos Podemos debe reflexionar, a fondo y con sagacidad, sobre su estrategia. Lamentarse porque Sánchez les ha desplazado –como se preveía- no es táctica que funcione ahora. Esa parte de la ciudadanía que vive un cuento de hadas está en lo alto del suflé.  No quieren aguafiestas. También existen quienes aspiran a medidas profundas de cambio. Incluso a la lírica de la política.

La sociedad se ha transformado. Le gusta oír que las deferencias son “guiños”. Que la igualdad de oportunidades puede llevar al espacio a un chico de San Blas con enorme coraje. Y también que se triunfa por ser parte de la cultura… del espectáculo. Todos debemos saberlo. Ser conscientes de los votos que hay tras las pantallas, tras la frivolidad, tras las estrategias, para usarlo o cambiarlo. De las herramientas que existen. De las prioridades, siempre.

Confirmarnos que sí, se podía. Y es la base para seguir pudiendo.

Suerte y acierto para las buenas intenciones. Soñar y mantenerse alerta. Tener la cabeza en las nubes, sin separar  los pies del suelo.  Hace años descubrí que era la forma de ser alta. Esa altura que permite mirar con la amplitud de los ojos de águila.

Pedro Duque, mente lógica y abierta

Es el nuevo ministro de Ciencia de Ciencia, Innovación y Universidades del gobierno de Pedro Sánchez. El astronauta e ingeniero aeronáutico español Pedro Duque, tendrá a su cargo lo que probablemente son tres de sus grandes pasiones. Lleva en las venas la lógica, el premio al esfuerzo y la igualdad de oportunidades. Por tanto combate la pseudociencia.  “Defender la homeopatía es más sangrante que negar que pisamos la Luna”, ha declarado. Y cree que no todo es opinable. Algo que tanto cuesta entender.

Nació el 14 de Marzo de 1963 en Madrid, en el Barrio obrero de San Blas. Hijo de un controlador aéreo, pronto reveló su vocación y sus extraordinarias aptitudes para el estudio. Se licenció con matrícula de honor –y nota media de 10- en Ingeniería aeronáutica en la Politécnica de Madrid. Mientras estudiaba, trabajó como becario en diversos proyectos del Laboratorio de Mecánica del Vuelo. Contratado por una empresa privada, empezó a colaborar con la Agencia Espacial Europea en 1986, en Alemania. Se especializó en programas de órbitas de naves espaciales y participó en el control de vuelo de los satélites ERS-1 y EURECA.

Fue seleccionado como astronauta entre 6.600 aspirantes y se preparó en EEUU, en la NASA. Voló al espacio por primera vez en 1998 durante 9 días, en el Trasbordador espacial ‘Discovery’. Se trataba de investigar el Sol y la falta de gravedad. Cinco años después regresó al espacio a bordo de la nave rusa ‘Soyuz’, que le llevó a la Estación Espacial Internacional. El astronauta español desarrolló un extenso programa experimental -25 trabajos- en las áreas de biología, fisiología, física, observación de la tierra, educación y nuevas tecnologías.

Era el año 2004 y Pedro Duque apenas acababa de regresar a establecerse de nuevo en España. Mi pasión romántica por la ciencia me llevó a llamarle para un libro en el que pregunté a hombres muy diversos sobre la mujer. Fue una entrevista en la que nos costó entrar por la temática infrecuente para un científico, pero muy ilustrativa. Duque es una persona que responde con absoluta racionalidad y puede resultar demoledor por ello, y a la vez tiene un punto de ironía en la mirada y hasta una cierta piedad por las preguntas que no le encajan.

Como todo, su feminismo es resultado de la lógica, del equilibrio también como solía repetir. “Yo no entiendo cómo se puede decir que el 50% de la población es raro, desde el punto de vista estadístico es una contradicción muy grande. Es imposible”, me dijo sobre los grandes tópicos de los hombres sobre las mujeres.

Le había visto rodeado de centenares de niños, celebrando el Día de la Ciencia en el Recinto Ferial Juan Carlos I de Madrid, atendiendo sus preguntas y primándolas sobre las de los periodistas. Feliz de ese contacto. Duque cree que todo empieza en el colegio, en la familia, de niños. Desde luego, la prevención del machismo.

– “Los únicos esfuerzos que van a valer de algo son los que se hagan en los colegios de primaria. Todos los demás, son solo parches y paliativos. Lo que hay que hacer es enseñar a los niños y a las niñas a convivir de otra manera y a no tener relaciones jerárquicas entre ellos. Hay que empezar desde pequeño. La labor del maestro es fundamental y de tías y abuelas, de tíos y  abuelos…”

A sus alumnos les contaba cosas tan interesantes y prácticas como que, si la tecnología espacial se extendiera a la aeronáutica, se podría volar de Londres a Nueva York en 35 minutos, saliendo de la atmósfera y volviendo a entrar. A mí me pareció fascinante.

No le asustan las mujeres inteligentes como a otros muchos hombres, lo que sin duda le va a venir muy bien en el Consejo de Ministros.  Al pedirle que me citara un nombre de mujer a la que admirase, Pedro Duque no recurrió, como se hacía hasta hace poco única e invariablemente, a Marie Curie. Recordó a una de las más injustamente olvidadas: Ada Augusta Byron, hija del escritor con el que apenas convivió, condesa de Lovelace, la precursora de la programación informática por intuición y deducción. A mediados del XIX.

– “Lo que sí es admirable es que personas, sean hombres o mujeres, a quienes no les han dado formación, se hayan impuesto a sí mismos disciplina, tirar para adelante y demostrar que podían llegar a grandes cosas”

En sus tuits recientes sigue en la misma tónica: “La educación pública y realmente gratuita es la base para el desarrollo. No perdamos a los genios, una de esas niñas podría ser muy grande”.

La mujer, su mujer, el apoyo de alguien, el contrapunto. “Es completamente innatural estar todo el tiempo tratando de tomar las decisiones solo. Siempre tiene que haber alguien que tenga otro punto de vista. Es interesante contrastar todas las decisiones. Contar con quien tengas confianza absoluta”.

Pedro Duque ha saludado su nombramiento como ministro con un tuit que le resume y que emociona.

Pedro Duque@astro_duque

Ojalá estuviera mi madre. Siempre @forges

Sed de cambios y trampas para frenarlos

Un 5 de junio espectacular. Era cuestión de mover una ficha para provocar cambios. Un gobierno del PSOE, con mayoría de mujeres, la suma de partidos que lo han hecho posible, puntos de partida impensables hace solo unos días. La retirada de Rajoy de la política activa es otro hito notable y podría constituir el fin de una época. Mejor o peor según aprendan las lecciones. A otro nivel, hasta el periodismo entra en giros decisivos si se confirma el relevo en la dirección de El País, diario de referencia español.  Soledad Gallego-Díaz, periodista de enorme solvencia, podría acabar con la deriva de este medio. La marcha se ha emprendido ya, aunque hay que  consolidar los nuevos rumbos enfocando con acierto los riesgos.

No es porque Pedro Sánchez no le haya echado valor y avance buenas intenciones, pero sería suicida no tener presentes las inercias de este país y las mochilas con las que cargan los políticos. La composición del gobierno atrapa por el protagonismo de las mujeres pero da también algunas señales de alarma. El futuro vendrá determinado por lo que los protagonistas de este momento histórico consideren prioritario: si el gobierno de Sánchez debe funcionar y cuáles son las alternativas.

La primera cuestión a no olvidar es que el líder del PSOE no sería presidente sin el apoyo de los 180 diputados que dijeron sí a su moción de censura. Este gobierno no es como el de Portugal, convertido en modelo ejemplar. Aquí la suma de fuerzas fue para echar a Rajoy, no lo es –de entrada- para sustentar el gobierno.  Fue una labor ineludible, tras la sentencia de la Gürtel como punta de un iceberg monumental.

Acreditados periodistas de la prensa internacional explican a sus lectores que lo auténticamente raro es que Rajoy aguantara tanto tiempo en el poder. Lo hace desde  Giles Tremlett en The Guardian  a  Olle Svenning en  Aftonbladet, el diario que lee la cuarta parte de la población en Suecia. La corrupción en España es una lacra que nos sepulta, está muy arraigada y vinculada al franquismo sociológico que encarna el Partido Popular.  Con cómplices necesarios que se mencionan menos.

Cultivado a fondo el sustrato con medios afines, con Ciudadanos y algún famoso con tirón popular y nulo conocimiento de la Constitución, aparece Rajoy para despedirse y deslegitimar al Gobierno con las mismas consignas de sus colaboradores oficiosos. Mienten. Una vez más. Hay mucho en juego y lo han perdido. El gobierno de Pedro Sánchez es absolutamente legítimo por los apoyos de los que dispuso. España es una monarquía parlamentaria, no un sistema presidencialista.

A Sánchez, dicen, no le ha votado nadie, no representa a nadie  y la falacia cuaja en algunos sectores. Algo que nos muestra hasta qué extremos alarmantes de ignorancia y oscurantismo se enseñorean de sectores de la sociedad. Hasta qué punto prácticas de corrupción,  políticas y mediáticas, hacen mella en una parte de la población que ni conoce, ni valora, ni ama la democracia. Dado que la democracia es fundamento del sistema, no debemos consentir que también se pervierta. Más de lo que está. El paso siguiente ya lo están dando algunos países y está muy cerca del fascismo.

Es comprensible que Pedro Sánchez apueste por un gobierno monocolor de su partido. El primer campo de batalla en el que lidiar lo tiene en el propio PSOE. Ese segmento del PSOE que no parece ser consciente de su derechización y que le puso zancadillas de muerte hasta echarlo. Cualquiera se hubiera desanimado y, bien es cierto, Sánchez siguió en la brecha lo que es un aval a tener en cuenta.

Un gobierno del PSOE, sí, pero sin coces a quienes le han ayudado a sentarse en la Moncloa. Preocupa oír a periodistas que pasan por ser progresistas menospreciando gratuitamente a soportes imprescindibles de este gobierno. Las ilusiones independentistas han apoyado a Pedro Sánchez, lo quieran ver o no. Lo mismo que el partido de Pablito o Pablo Manuel es imprescindibles para la continuidad del gobierno del PSOE. Nunca oímos hablar, por cierto, de Pedritos, Albertitos o Marianitos; de Sorayitas, sí, pero esto es por ser mujer. Algo que tampoco alcanza a las Inesitas. Siempre hay clases.

El gobierno de Sánchez avanza objetivos altamente positivos para cualquier progresista, para cualquier persona sensata. La apuesta por las mujeres y en carteras de peso. La igualdad, la lucha contra la pobreza infantil y los grandes desequilibrios que el PP propició. El fin – debería ser total- de las leyes Mordaza. La apuesta por el derecho a la información, liberando a RTVE de las garras letales del PP, al menos. Recuperar la sanidad pública y atemperar la salvaje reforma laboral que dejó a la intemperie a los trabajadores españoles. Aunque el PSOE carga con su mochila de responsabilidades, se podrían revertir. Educación, ciencia, cultura, progreso. Suena mejor. A poco que dure y a pocos que sean sus aciertos, el gobierno de Pedro Sánchez  lo cambiaría  todo, aunque también puede patinar mañana.

Sin el apoyo catalán ni hubiera sido posible, ni funcionará. Claro que es posible encontrar el de PP y Ciudadanos para acciones puntuales. Lo justificarían en aras de los intereses de su concepción de España. Han votado juntos muchas veces, pero ahora el PSOE les ha desbancado del gobierno. Su ayuda vendría envenenada. Su  alma escorpión nunca defrauda.

Más aún, fuera de intereses partidistas, lo sucedido en Catalunya exige diálogos y reparaciones inaplazables. Entre los juegos semánticos no cabe ser progresista y demócrata y mantener encarcelados en larga prisión preventiva a políticos por hacer política. Aquí sí que no se puede nadar y guardar la ropa.

El nombramiento de Josep Borrell como ministro de Exteriores es un agravio a los partidos nacionalistas catalanes. Inteligente, preparado, Borrell tranquiliza en Europa y a los más apasionados de la unidad de España, incluso a los a por ellos. Con lo que quita todavía más fuerza -de la ya perdida- a Ciudadanos. Pero sus insultos a los soberanistas y su presencia en aquel infausto festejo de Social Civil Catalana, no son nada fáciles de tragar.

Pedro Sánchez se encuentra con múltiples dificultades que acomete con valor. La prensa convencional al degüello. Los poderes alerta con la zancadilla preparada. PP y Ciudadanos compitiendo en bajeza como reacción insana al revés sufrido.  Incluso el gélido acto de la toma de posesión, marcó las diferencias con ocasiones anteriores. ABC se encargó de resaltarlas. Se ha iniciado una especie de cohabitación, entre el gobierno y la Jefatura y poderes del Estado que en rigor no debería de existir. Esa confrontación solo ocurre, nos dicen, en los países donde el más alto cargo lo es por elección. Y en Portugal ni siquiera: el jefe del Estado actual, conservador, colabora con el proceso progresista.

España es un país enfermo, con una sociedad enferma, por convivir y tragar tanta corrupción. Las mochilas del pasado pueden regenerar sus errores  con limpieza y buena voluntad. Hay mucha gente sana, con ganas de luchar, de salir adelante, de echar una mano con generosidad en esta tarea. Políticos también. Nadie debe olvidar la influencia de las movilizaciones de pensionistas y de las mujeres. Desde distintas ideologías se dio la unión ante situaciones inadmisibles. La corrupción también lo es.

Lo mejor es que este país enfermo ha empezado su terapia. Lo peor es que puede recaer.

Un presidente que gobierne en minoría no es una goma de la que se pueda tirar en todas las direcciones. Salvo el de Rajoy que hasta la sentencia de la Gürtel vino a gobernar como si dispusiera de mayoría absoluta redoblada por sus apoyos políticos y mediáticos. Lo normal es que tirando desde direcciones opuestas, la goma se rompa. Es lo que algunos intentan. Otros priman otros intereses y exigencias legítimas. Igual no es el momento del qué hay de lo mío, ni de los reproches, tampoco de las provocaciones, ni de los cheques en blanco. Complejo, no imposible.

Quienes quieren que este gobierno marche deben ser racionales y pragmáticos para lograr los objetivos. Lo secundario ha de esperar  para abordar primero lo importante: que el gobierno de Pedro Sánchez funcione. Con esta oleada que trae consigo, fruto de muchas ganas contenidas. En caso contrario, lo que la moción de censura ha derrotado puede renacer y desandar lo andado. El efecto rebote sería el peor de los zarpazos.

 
 

 

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