El tabaco y los impuestos (directos e indirectos)

Acabo de comprar mi primer cartón de Ducados después de la subida de impuestos. 30 euros. Cada paquete 3 euros, las antiguas 500 pesetas. Con una fortísima adicción, intenté dejarlo en serio en Octubre del año pasado. Un excepcional equipo médico en un hospital de Madrid logró lo que ninguno de mis conocidos podía creer: no fumé en tres meses. Pero una noche encendí un cigarrillo, y, en los días de impotencia administrativa, cuando por un error burocrático dejaron de pagarme el paro preceptivo al ERE y me suprimieron los médicos de la Seguridad Social, emprendí, de nuevo, la loca carrera.

Lo cierto es que respiraba mejor sin fumar, desapareció de mi vida el humo y el apestoso olor del tabaco, y dejé de dañar a quienes me rodean y más quiero –que fue uno de los motivos que más me ayudaron a contenerme-. Eso fue todo. El dinero del tabaco tuve que invertirlo en parches y chicles –a precio de oro ¿por qué?-,  debido a que la Comunidad de Madrid suspendió, al menos en ese Hospital, el tratamiento gratuito para los pacientes. Ninguno de los achaques que invariablemente fueron atribuidos al tabaco desaparecieron sin embargo. Y no dejé en ningún momento de sufrir -grandes o algo más llevaderos- deseos de fumar. Transitoriamente tuve falta de concentración y gran dificultad para escribir. Me invadió el sueño de día y de noche. Y engordé nueve kilos, al punto de no reconocerme a mí misma. Entonces surgieron nuevos problemas de salud, atribuidos esta vez… a los kilos. No comía mucho más. Me sabía a gloria, eso sí. Pero el metabolismo había cambiado y cada día la báscula arrojaba unos 300 gramos más. Diarios. Sí entendí que el tabaquismo es una enfermedad. Y dejarlo otra. Más, seguramente, en unos casos que en otros. Sé que puede lograrse. Ahora sí. Y, tomando medidas que me dicta la experiencia, puede que lo vuelva a intentar, pero, ambas, son labores perjudiciales de alguna manera.

Personas que, probablemente, no despliegan demasiados matices al enjuiciar problemas que no padecen, aseguran que el tabaco no es un bien (o un mal) de primera necesidad. Se quejan de que sube la gasolina –con razón-, pero encuentran que es voluntad mía quemar un dineral, mientras daño mi salud… algo más que con la abstinencia del tabaco. Yo me lo merezco, en una palabra. Y aquí sitúo en primer lugar a la antigua ministra de Sanidad y hoy vicepresidenta de Economía. Es política del mundo desarrollado erradicar el consumo del tabaco –aunque entre tanto se estimule su producción y no se evite la incorporación de sustancias que crea más adicción-, pero los precios deben ser proporcionales a los sueldos.

“En España el tabaco es más barato que en otros países”, argumentan. Y la gasolina también es –muy ligeramente- menos costosa. Pero, fuera, cobran el doble que nosotros. “Es que allí les fríen a impuestos”. Bien, el 34% de media no es poco, en un tramo corto que deja con el 42% a las rentas más elevadas, cuando en Dinamarca u Holanda –dentro de Europa-  pagan el 60%, los demás no. Y en Grecia, por ejemplo, cuyo pico alto está a la par que el nuestro, las rentas bajas no llegan a pagar el 10% de sus ingresos.

Ahora bien el 34 % de media en España son los impuestos directos ¿Y los indirectos?

Reino de los intermediarios, donde según datos de los consumidores, los productos que ellos fabrican quintuplican su precio al llegar al consumidor… País con políticos –de izquierda y derecha- que cobran varios sueldos, porque conservan la remuneración de sus cargos anteriores… Exijo que con mis impuestos directos e indirectos trabajen y lo hagan con efectividad. Que mi país funcione. Que lo terminen. Que se acaben las desigualdes y los privilegios.

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5 comentarios

  1. Va para 10 años que dejé el vicio. Fué después de las campanadas de fin de año, después de tomar las uvas, brindar con cava y darlas fecilitaciones y los besos correspondientes; a una de las chicas a quien besé le regalé medio paquete de Camel que me quedaba: toma esto para tí.

    Anteriormente hice dos intentos, pero al cabo de 6 u 8 meses volvía a fumar. Pero ésta vez fue la definitiva. No seguí ningún tratamiento ni los sufrimientos fueron muchos, excepto tres o cuatros semanas de mono; simplemente me mentalicé, cambié el chip y me olvidé. Aunque, al igual que tú, cambié el metabolismo y engordé algunos kilos; me siento mucho mejor: mi salud mejoró.

    Aún así, sigo fumando pasivamente en mi trabajo y el los bares donde frecuento. En unas pruebas pre-operatorias en un hospital que me hicieron hace dos años me preguntó el médico si yo fumaba o trabajaba en una fábrica con algún tipo de contaminación atmosférica; sí en un restaurante.

    Te invito a leer una entrada de mi blog que hablo sobre ello y que también tiene un enlace blog de Paco Nadal que trata sobre lo mismo:
    http://born-to-run-runaway.blogspot.com/2009/05/espacios-libres-de-malos-humos.html

    Los argumentos del tipo: de si los fumadores somos unos apestados, que si estamos perseguidos, que si atancan nuestros derechos…puro victimismo irracional.

    Esté al precio que esté; lo que está claro es que, a nadie se le pone una pistola en la sien o una navaja en el pecho para obligarle a comprar y consumir tabaco. Y el que, con total libertad quiera comprarlo, y no pueda permitirselo, no es ningún drama; el tabaco es un vicio y no un artículo de primera necesidad como pueda ser los alimentos, la ropa, la asistencia sanitaria, las medicinas o la educación para los hijos.

    En el bar que frecuento cerca de casa estaban hablando hace unos días sobre ello para avisar al de la máquina expendedora y cambiar los precios, comentando que ojalá pusieran la cajetilla a 50 euros.

    Los componentes de la familia que llevan el negocio no fuman ninguno, pero permiten fumar en el local por miedo a quedarse sin clientes, porque todos los demás bares lo van a permitir.Prefieren que sea el gobierno el que tome la decisión de prohibirlo totalmente en todos los negocios de hostelería sea cual sea los metros cuadrados que tenga.

    Cada cual tiene todo el derecho y la libertad de fumar, a matarse lentamente o a pegarse siete tiros en la cabeza si le apetece; pero ese derecho y esa libertad acaban cuando son atacados los derechos de los demás a no ver atacada su salud.

    Y por otra parte justificar que el tabaco está legalizado y que el Estado hace negocio con él; es como el que justifica su derecho a pasar con su coche por el centro del pueblo a 200km/hora porque permiten al fabricante que corra a esa velocidad. El que quiera imitar a Fernando Alonso, que se vaya a un circuito.

  2. Mati

     /  19 junio 2009

    Soy plenamente consciente de que el tabaquismo es una adiccion dificil de frenar, yo fumaba y voluntariamente lo deje, como ha hecho mucha gente.A unos les cuesta mas que a otros pero siempre es cuestion de la voluntad que cada uno tenga.
    La persona que fuma lo hace voluntariamente…los no fumadores si van a un local de ocio tragan humo involuntariamente.Considero que soy permisiva con las personas que fuman….jamas he impedido a ningun amigo/a que fumen cuando han estado en mi casa….valoro mucho la amistad y el tabaco nunca ha sido un impedimento
    El tabaco como el alcohol o las drogas no son articulos de primera necesidad. si pienso en que es una pena que con tantos avances de la ciencia no tengamos medios eficaces para que se pueda dejar definitivamente.

  3. Alguna vez ha venido a mi casa algún amigo que fuma. Nos tomamos unas cervezas y bueno, él tiene ganas de encender un pitillo. Vale, a veces sale a la puerta o abro las ventanas. No pasa nada ni a mí me va a causar ningún perjuicio.

    Ahora bien, sopongamos que doy una fiesta e invito a una docena de amigos en mi pequeña casa, todos fumadores y todos echando humos como chimeneas. El que me tendría que salir fuera era yo si no quiero tener los ojos hichados y rojos como tomates; todo eso sin contar con que me dejarían la casa apastada de humo durante una semana y las paredes amarillas hasta que diera una mano de pintura.

  4. Hola.

    Entiendo perfectamente lo que dices. Yo también dejé de fumar un puñado de meses y acabé volviendo cuando cierta situación extraña tomó mi vida. Los meses que no fumé los pasé con una serie de molestias desconocidas e inesperadas que me llevaron a pensar que fumar era algo beneficioso para mi salud física (curiosamente la mental se fortaleció ese tiempo).

    Ahora mismo me esfuerzo por no pasar del paquete diario y sospecho que mi mente se perjudica con el tabaco que sin él.

    Un saludo.

  5. Rosa, tú has estado sin fumar 3 meses. Pablo, tú también “un puñado de meses” (supongo que no más de 6).

    No creo que sea realista pretender que después de “un tiempo” (seguramente bastantes años) agrediendo y envenenando al organismo a base de inhalar directamente productos de una combustión la recuperación sea total en tres o cuatro meses. Claro que habrá efectos secundarios, rebotes, cambios. El milagro es que en tan poco tiempo ya notéis mejoras.

    Tenéis suerte de poder decidir, no obstante. Yo no he fumado nunca… salvo en el trabajo, y de ahí (estoy convencido) he cogido cierto grado de asma que viene de cuando en cuando. Hace ya casi un año que no se me va. Así que he quedado jodido permanentemente. No salgo casi nunca, porque sólo puedo comer en dos o tres sitios, y “tomar algo” prácticamente en ninguno. (Pero los perseguidos son los fumadores, cómo no.)

    Respecto a los impuestos, creo en los impuestos directos y abomino los indirectos. Eso sí, los impuestos sobre el tabaco están los últimos en mi lista de prioridades para indignarme.

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