Me llamó mi hermano Pepe desde Zaragoza: había un atentado en Atocha, e inmediatamente otro, y otro más en el Barrio de Santa Eugenia, y de nuevo explosiones en El Pozo del tío Raimundo. Me encontraba en Almería, de donde iba a regresar aquella misma tarde a Madrid en un tren que para, precisamente, en cercanías de Atocha -nunca entendí porqué, dado que median entre ambos núcleos 700 Kms-. Fue una mañana de teléfonos, de televisión, de radios. Vista la magnitud de los atentados, sospeché pudiera tratarse de los islamistas. Pero comparece el Ministro del Interior, Ángel Acebes y afirma categórico: «No hay duda, ha sido ETA». Regresé a Madrid en el primer avión -de hélices-.
Al día siguiente, recorrí para Informe Semanal -que daría un reportaje elaborado por todo el equipo del programa- los tanatorios. La peor misión, que consiste en hurgar en las heridas de los deudos. Me avergoncé de esa faceta del periodismo actual y fue un gran revulsivo para mí. Los datos caían como losas y el Gobierno del PP seguía empecinado con la autoría de ETA. El día 14 -mi cumpleaños- José Luís Rodríguez Zapatero, gana las elecciones. 4 días intensos, con cambios trascendentales en España. Pedí vacaciones en TVE y durante 3 semanas -y con ayuda de mi hijo- estuve reconstruyendo todo lo sucedido, leyendo prácticamente todo lo publicado en España y en el extranjero. Todo se mostraba con diáfana claridad casi desde el principio.
El diario «The New York Times», considerado el más influyente del mundo, decía en su editorial algo similar al del resto de los más prestigiosos periódicos occidentales:
«Al parecer, Al Qaeda ha conseguido derribar a su primer gobierno democrático. Por supuesto ha estado ayudado por la actitud furtiva, asustadiza e inepta con la que el gobierno de Aznar ha manejado la investigación de los atentados del pasado jueves. En el desesperado intento por mostrar que el terrorismo vasco de ETA era el responsable, ofendió a muchos votantes que se sintieron manipulados».
Pasé esas tres semanas leyendo…Y escribiendo, en jornadas de 16 horas. Mi libro «11M-14M, onda expansiva» fue el primero en salir a la calle, justo un mes después de los atentados. Logró un elevado número de ventas, pero no tanto como todos los que trataban de las teorías conspirativas.
Sobre el dolor de las victimas y de todo el pueblo español, el diario El Mundo elaboró una patraña, secundada por la emisora de los obispos, la COPE, y por el PP. Partamos de las 215 preguntas del PP al gobierno el 19 de Abril, basadas en la teoría de la conspiración. El diputado Jaime Ignacio Del Burgo publicando un libro titulado: «11M, demasiadas preguntas sin respuesta». La plana mayor del PP, con Rajoy a la cabeza, acudiendo a manifestaciones de la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) con el lema «queremos saber la verdad». El mismo líder popular, Rajoy, pidiendo la anulación del juicio -y por tanto la puesta en libertad de los implicados- tras leer en El Mundo dudas sobre la mochila de Vallecas. O su compañero Eduardo Zaplana apuntando la posibilidad de desenterrar a los muertos para comprobar el tipo de explosivos utilizado. O el mismo Aznar y su teoría de «los desiertos lejanos»
En menos de 3 años -a diferencia de lo ocurrido con el 11S, que sólo juzgó a un implicado, y 5 años mas tarde- España enjuicia a los 29 supuestos autores del 11M a través de la investigación policial y judicial recogida en 226 tomos que hacen un total de unos 90.000 folios. El 31 de octubre de 2007, el Tribunal dicta sentencia en el proceso del 11M. Son más de 700 folios. El Juez Gómez Bermúdez lee un resumen en el que se molesta en desmontar uno por uno todos los puntos de la llamada Teoría de la Conspiración que ha alimentado la derecha mediática y el propio Partido Popular. Lo hace de forma explícita y basándose en pruebas y hechos al definir el modus operandi de los intoxicadores:
«Como en muchas otras ocasiones de este proceso, se aísla un dato, se descontextualiza y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta de los datos -prueba- que permita, mediante el razonamiento, llegar a una conclusión según las reglas de la lógica y la experiencia».
La sentencia asegura sobre todo -es el eje de la patraña- que ETA no tuvo ninguna relación con los atentados, algo que el Gobierno del PP sabía desde el mismo jueves 11 de Marzo de 2004 y que muchos españoles intuían por las evidencias. No entra en las responsabilidades, por error u omisión, del entonces Gobierno del PP.
En el quinto aniversario del peor atentado de la Historia de España, El Mundo ha decidido resucitar la teoría que le ayuda a vender su periódico y tratar de sembrar inquietudes con un interés político. Al lado de una necrológica, de un «poeta del nazismo», una encuesta sobre dudas en torno a si el 11M está aclarado. El 86% de sus lectores opina que no. En los países civilizados, los lectores saben distinguir entre un tabloide panfletario y un periódico. Pero es la eterna desgracia española -de un sector inculto y retrógrado- de la fe ciega en contra de la razón.
La número dos del PP, María Dolores De Cospedal, debe ser una de esas lectoras de El Mundo. Al poco de ser elegida, declaró que la sentencia del 11 M no prueba la «autoría intelectual» del atentado. A una persona de su posición debería exigírsele que, al menos, lea sobre la ley y las autorías intelectuales. Porque para empezar ni siquiera existe esa figura en el Código Penal español.
Tras cinco años de insidias que desestabilizan el sistema, ha llegado la hora de exigir responsabilidades. Un país democrático hubiera encausado a los autores del atropello mediático y a todos quienes les han amparado. En su lugar, algunos de ellos son recibidos incluso por el Rey. Y una ciudadanía madura no otorgaría sus votos a partidos con tan dudosa calidad democrática. O/y, tan escasa valía ética y/o intelectual.
Aquella mañana del 11 de marzo de 2004, trabajadores que habían de madrugar para acudir a sus empleos en la capital, estudiantes, estallaron por los aires. 191 murieron y sus familias no se quitan de encima el dolor. Muchos heridos mantendrán secuelas de por vida. Un juicio ejemplar y su sentencia, elogiados en estamentos internaciones, ahondó sobre la autoría de los atentados cometidos por fanáticos o estraperlistas de poca monta a quienes también elogió El Mundo. De delincuentes nunca estaremos libres, pero una sociedad del siglo XXI no se puede permitir la impunidad en las mentiras interesadas -y remuneradas de alguna forma- de una parte de sus pilares sociales. Porque sin castigo no dejarán de practicar sus maniobras desestabilizadoras. Y no es inocuo. Y lo saben.








