
La odisea se repite año tras año, si se trata de buscar regalos de cumpleaños singulares (en justa correspondencia a los que se reciben). De un lado, los libros. Algunos lugares supuestamente habilitados para su venta resultarían más propios si los ofrecieran mezclados con tomates, pepinos y papel higiénico. Y las personas encargadas de buscar la aguja en el pajar de la basura literaria, estarían mejor ubicadas en la sección de charcutería, dado su conocimiento del material con el que tratan. Pero hay que ser positivo, al final está el premio, aunque cueste encontrarlo. O casi siempre está.
No enlazo el post de la camiseta del año pasado, fue complicado hacerla pero lo conseguí gracias al pundonor de una chica que se rebeló contra la incompetencia reinante. Volví este año: ya no trabajaba allí, por supuesto.
Intenté que quien me atendía hiciera la misma labor de su predecesora. En mi ingenuidad, llevaba en un pen drive la imagen del sombrero de El Principito de Saint Exupery capturada de google y coloreada, en la única forma que la encontré. Así.

Lo que sí comprendimos ambos, mi interlocutor y yo, es que tratábamos asuntos extraterrestres e iba ser difícil llegar a una conclusión. No perdí demasiado tiempo, me fui. Y lo mismo me ocurrió en 3 sitios más.
Tras profunda investigación en Internet, encontré una tienda recomendada. Metro Sol. Aparqué el coche en la Plaza de Oriente. Ya en Sol pregunté a un guardia y me indicó que la calle buscada cruzaba Espoz y Mina. La cruzaba, pero muy arriba, casi en Atocha. De lejos vi en los escaparates unas camisetas preciosas, bien hechas. Sin resuello ya, llegué a la puerta: un andamio, dos albañiles, cascotes por el suelo y nada más, estaban en obras.
Un cartel en la puerta remitía a otra tienda de la misma empresa en Malasaña. Llamé por teléfono. Con el libro tal cual y ampliando fotocopias podían hacerme el diseño, pero… no sobre camiseta negra, sólo posible en la tienda de Sol, ahora desmantelada.
Nueva búsqueda en Internet. Noes con profusión. Hasta un señor muy majo que me explica que él no es la persona indicada para el trabajo: solo hace planchas, de uso interminable, es cierto, pero cuestan 40 euros.
-¿Y dónde podría grabar la camiseta?- suplico.
Me cita, para mi sorpresa, unos grandes almacenes. En la sección de deportes. Llamo y así es. Pero nada qué hacer con fotocopias, he de llevar el diseño exactamente como lo quiera. Y en pen drive o cd.
Es justo el trabajo de mi hijo -o uno de ellos-, pero no puedo pedírselo, se trata de una sorpresa. Acudo a mi bombero de guardia para estos asuntos: Javier Barrera. Y me remite de inmediato a Juanpi quien en pocos minutos me hace el diseño. La Red ha funcionado una vez más. Gracias, gracias.
El resto fue coser y cantar. El chavalito que culminó el objetivo, fotógrafo de profesión, se emociona con llevar a cabo este diseño en lugar de poner números sobre camisetas de fútbol para papas y sus retoños de todos los tamaños. No conoce la historia del sombrero. Él ve una montaña, no está mal. He de hacerla en este tamaño. Cuesta 12 euros y si la quiero un poco más grande son 37, creo. No puede hacer más.

A mi hijo y a mí nos entusiasma esta imagen. Como El principito no podemos entender que no sea todo el mundo quien vea que en realidad es una boa comiéndose un elefante. El sombrero solo sería admisible para freírlo. Y que no hace falta ser tan explícito como para atravesar a la boa con rayos equis. Porque bien claro está.

Pero es lo que tiene distinguir entre la superficie y el contenido. Parece que esta percepción se da más en lejanos planetas. Menos mal que empiezan a abundar los extraterrestres que ya habitan entre nosotros.
Feliz cumpleaños David, compañero de ilusiones. Vamos a ver si en la calle hay semáforos como éstos (y que también he conseguido por la mano humana en Red, gracias a Javiergaviero)





