Políticos que afectan gravemente a la salud

El caso del brote de listeriosis originado en Andalucía ha venido a confirmar el peligro de confiar los asuntos serios de nuestra vida a políticos ineptos. La cadena de despropósitos que está rodeando este tema llega a provocar estupefacción. Y lo peor es que ni siquiera se trata de un asunto aislado. Es la crónica de los fiascos anunciados, las profecías cumplidas.

Ya hay una tercera víctima mortal. Unos doscientos afectados, casi la mitad de ellos han tenido que pasar por hospitalización. Un aborto al menos a causa de la enfermedad, 15 embarazadas más en observación por este riesgo. Extensión a otras provincias e incluso algún posible contagiado fuera,  en el Reino Unido, tras ingerir la carne en España. Y las autoridades de la Junta que comanda la triple derecha, declaran que “ven impecable su gestión” dada “en tiempo y forma”.  La ministra de Sanidad asegura que España es uno de los países más exigentes  y rigurosos con la seguridad alimentaria y que habrá que analizar más serenamente lo ocurrido.

  El caso de la carne mechada infectada de listeria ha demostrado que fallaron los controles previos y los posteriores. Se dilató la respuesta, al punto de seguir el producto a la venta varios días después de detectada la infección. Carne que se saca y se mete en otro envase sin etiquetar bien y se vende como marca blanca. Un pestilente hedor a negligencia, pero también a amiguismos y laxitudes rodea a la listeriosis infecta. Con epicentro en la Junta y salpicando a otros niveles de la Administración.

   Y la prensa. Entendiendo por tal más el artefacto que sirve para comprimir algo que el periodismo que de hecho se ha venido seriamente constreñido por algunos artículos. ABC publicó un memorable artículo en el que -de todo el caso- eligió para sus iras a Rubén Sánchez, presidente de la organización de consumidores FACUA que advirtió desde el primer momento de la gravedad del brote. Sánchez había cometido importantes delitos: hacer pesas y estar musculado por ello, y ser hijo de un sindicalista de CCOO.

 Y ahí tienen a ese marchoso gerente de Magrudis, la empresa fabricante, que declara: «Si hay bacterias en un quirófano, cómo no va a haber en mi empresa». Con lo que él se ha gastado en lejía, añade. Pues tenía bien puercas varias herramientas de la producción.

   Algunos dirigentes afectan gravemente a la salud. Y sus cómplices en los medios también. Vivimos momentos con una gran parte de los ciudadanos hastiados de las incongruencias de la política, mientras unos cuantos se muestran encantados con su elección. Ciudadanos que votan vísceralmente, a colores y banderas, a pasados inaprensibles, olvidando el presente y el futuro, y los elementos fundamentales en los que se basa la vida: atender a la salud, la educación, el rigor, la dignidad.

  Ver salir a los “irresponsables” del caso de la listeriosis diciendo que  aún hemos tenido suerte. Minimizando a las víctimas. Total un señor enfermo que se iba a morir de todos modos. Otra, la última, que “tenía patologías previas”.  ¿Cómo con “patologías previas” osa comer carne mechada? ¿Los embarazos? Pues tampoco es para tanto, que se fabriquen otro. Sobre todo, que la gente sin circunstancias de riesgo no tiene nada que temer. Solo los débiles, los mayores, los enfermos. Fascismo puro.

Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad de Madrid en el metro. Foto publicado por él mismo
Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad de Madrid en el metro. Foto publicado por él mismo

   ¿Y Madrid? Los nuevos –y viejos dirigentes, Garrido repite en otro partido- de visita en el metro, felices como chavales con su juguete, el mismo día que unas feroces tormentas dejan el  suburbano como el primero del mundo navegable. Este ejemplar hilo en Twitter del periodista Alejandro Melgares lo muestra en toda su crudeza. Llovió mucho es verdad, pero al metro de Madrid le bastan cuatro gotas para ahogarse. Son 25 años de PP de las mamandurrias, el de Madrid.

Alejandro Melgares@elentrometido

🛶🚇Navegando por el Metro de Madrid

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  Ese que sigue en el poder, con una nueva presidenta que viene anegada desde el minuto uno, mientras sus colegas sonríen. Un mail revela que Díaz Ayuso medió ante Avalmadrid sobre la empresa de su padre horas antes de ser diputada regional. Y, a la vista del resultado,  se diría que le arreglaron el problema ¿bajo mano? Llegó ya falseando datos de casa y mezclando lo público en sus asuntos personales. Y no pasa nada.

   Los dirigentes impresentables se extienden ya por doquier. Jair Bolsonaro ha superado los peores pronósticos, si alguien tuvo la mínima esperanza. La Amazonía, pulmón del planeta Tierra, se quema. Nunca le dio el menor valor y mientras irrumpe, vía Facebook, en la Cumbre del G7 y se comporta como un patán machista, sección gerontofobia, insultando a la mujer de Macron. Compitiendo en el mismo muestrario con Donald Trump y Boris Johnson, fue el brasileño el que dio la nota. En España, ni los destrozos de las tormentas han abierto una luz en los cerebros de Vox:  no han secundado un apoyo a las damnificados por los incendios de Gran Canaria porque mencionaban a uno de sus belcebús: el cambio climático.

    Es el principio de una deriva que se engrosa a enorme velocidad. ¿No se dan cuenta de quiénes pilotan y adónde nos llevan?  Y habrán advertido quiénes los han puesto ahí. Toda esta gente ha sido votada por seres que conviven con nosotros.

    Entretanto,  el PSOE de Sánchez, deshojando la margarita, con soberbia y displicencia. Descarta, pone condiciones, otorga poco y con desgana, como haciendo un favor, como si no necesitara apoyos.  Ésta es ya otra historia, pero también daña.  Gran parte de la sociedad progresista está desesperanzada, enfadada, harta. Mientras los felices votantes de esta derecha extrema y torpe se sienten protagonistas y dueños de la historia. Con las consecuencias que vemos. Para todos, los riesgos son para todos.

 Lo último. En Andalucía de nuevo. A 16 bebes que les dieron omeprazol para el reflujo, criaturas, les ha salido pelo por todo el cuerpo.  Le llaman el Síndrome del hombre lobo. “Sanidad suspende la actividad del laboratorio que importó de la India el principio activo, que contenía un producto anticalvicie”, aclaran. Qué bien.  Y, oigan, hay que ser positivos: al menos han encontrado un crecepelo que funciona. Aunque parece que tiene que atinar la zona donde hacerlo.

 ¿Somos conscientes todos de en qué manos estamos?

*Publicado en eldiarioes

Los refugiados del Open Arms y la política sucia

“Las manos rotas a martillazos: así descubrí cómo empieza el drama del Open Arms“. Lo explicaba aquí Juan Cervera, médico del contingente de la ONU en Mogadiscio, Somalia. Una de tantas personas que se juegan la vida cada día por arreglar un trozo de este mundo cada día más inhóspito. Mientras, políticos sin escrúpulos juegan en los tableros de la ambigüedad o, directamente, se desentienden de las víctimas desde cómodos sillones.

El Dr. Cervera describía lo que vemos cada día en los informativos decentes. Las mujeres sistemáticamente violadas por sus captores,  porque asaltar a la mujer, torturarla y humillarla, sigue siendo un preciado botín de guerra. Siempre lo fue, se diría que va a más. Incluso en las guerras de todos los días. Ofreciéndose una a cargar con todo para ver si salva de ese suplicio a sus hijas o a sus hermanas. Y toda la caterva de horrores que impelen a dejar la casa y el país para emprender la aventura incierta de llegar a un puerto civilizado. Los que huyen de ser extorsionados para inmolarse, de la tortura o el hambre, perseguidos hasta por ir al colegio. Y ello a resultas, en buena parte, de arbitrariedades consentidas por diferentes intereses desde el poder. Soluciones habría.

Ese puerto seguro en principio es Lampedusa. Y allí han pasado varios días un centenar de refugiados a bordo del barco español de la ONG Open Arms, hacinados y desesperados. Hemos podido verlos presos del abatimiento, la ira o la incredulidad. La tensión aumentó, se tiraron al agua. Tenían la costa a 800 metros y no les permitían bajar. El Gobierno español ha enviado, por fin, un buque de la Armada a Lampedusa, para hacerse cargo de ellos y  “acompañar” al Open Arms a España. A Mallorca. Desde Rota son tres días hasta Italia y luego el trayecto a la isla balear. La urgencia no es la misma para las víctimas que para los gobiernos. Quizá el buque de la Armada nunca llegue. Finalmente, la Fiscalía italiana ha ordenado el desembarco de los migrantes en Lampedusa.

Cada una de esas personas -que tuvieron el coraje de afrontar grandes riesgos para buscar una vida mejor, una vida siquiera- valen lo que cien ratas del oscurantismo juntas. Las que prestan oídos a los propagadores  de la insolidaridad. Y de la injusticia, de la injusticia también. Hemos descubierto o corroborado la calaña de algunos “compatriotas”. Esos seres que pasan por ser ciudadanos normales y no les importa dejar morir a personas en aras del más pernicioso nacionalismo. Esta tierra es suya porque la casualidad quiso que nacieran en ella, una tierra a la que degradan con su actitud. Luego les verás tragar con los rescates de poderosos banqueros a costa de todos, o con las peripecias de una sola persona atrapada en una coyuntura mediática. Española, eso sí.

Los cabecillas marcan las pautas. “Los bien alimentados pasajeros”, dijo el millonario De Quinto, alto diputado de Ciudadanos, muy bajo en la escala humana. Hay quien les ve musculados, ¿quizás de batirse en el sofá por teclear improperios como ellos Pablo Casado advierte de un “efecto llamada” en la oferta de Pedro Sánchez de un puerto. ¿Qué oferta real hasta el día 19 del calvario? Ah, pero Casado nos ha confirmado “el efecto llamada” a corruptos, desaprensivos  y cínicos varios con el gobierno formado en la Comunidad de Madrid. El PP y sus aliados, piña de triple ultraderecha, saben de impunidades  cuando se atreven a plantar semejante ejecutivo. Los piopios ultras de esto no dicen nada.

Carmen Calvo, vicepresidenta en funciones, actúa entretanto de portavoz de marrones del gobierno de Pedro Sánchez. Ya tiene un enemigo nuevo: Oscar Camps fundador de Open Arms. En sus rondas mediáticas  asegura que “el ‘Open Arms’ pudo haber entrado perfectamente en Malta y no quiso”. Y es incierto. Malta denegó el acceso del #OpenArms a su puerto y advirtió que debían contactar con el país de su pabellón (España) para que se encargara de la situación, asegura Camps, aportando email.

Oscar Camps

@campsoscar

El buque no rechazó nunca ir a Malta. El pasado dia 12, contactamos con las autoridades de Malta, las cuales declinaron aceptar la recepción de las 151 personas que estaban a bordo.
El día 15, varios medios publicaban que 6 países llegaban a un acuerdo de reparto.

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Oscar Camps

@campsoscar

El mismo dia 15 Malta, por segunda vez, denegaba el acceso del a su puerto y nos advertía que debíamos contactar con el país de nuestro pabellón (España) para que se encargara de la situación.

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Osan hablar de permisos para el rescate, cargarles de bulos, llamarles negreros y acusarles de practicar el tráfico de personas, igual que Salvini y su partido fascista a cuantos pretendan ejercer labores de salvamento. Es una cuestión de justicia. El Derecho internacional,  el convenio internacional sobre salvamento marítimo (Londres, 1989) que España suscribió, el artículo 98 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 y otras legislaciones obligan a prestar auxilio “a toda persona que se encuentre en peligro de desaparecer en el mar”. Este comunicado lo explica en detalle. Es de Garrigues, un bufete que no pasa por ser precisamente “una organización de ultraizquierda”, como ven ahora todo desde los extremos del fascismo.

Con las vidas de los refugiados varados en el mar de moneda de cambio, ha habido un pulso entre el ultraderechista y desalmado ministro del Interior Matteo Salvini –que busca ser presidente de Italia- y Pedro Sánchez que no se sabe bien qué quiere. A tenor de algunas declaraciones de él mismo y de sus portavoces, sigue más interesado en lograr apoyos del partido de De Quinto y Rivera y del de Pablo Casado, Ayuso, Aznar o el juez condenado por conducir borracho, Enrique López,  que de Unidas Podemos. Con diferencia. La permanente siembra de insidias, lo deja bien claro.

La UE no mueve un dedo. Sí, la inacción lo mueve en contra. Bruselas y los gobiernos europeos evitan activar los mecanismos existentes para sancionar a Salvini. A la Grecia de Tsipras la machacaron, pero su tibieza contra la ultraderecha, racista, cruel, injusta, la están dejando bien clara.

Cada mano rota, cada mujer violada, cada niño ahogado en una playa, cada llanto y desesperación que pudieron haber sido evitados, son agravios a los nuestros. Ajenos y hostiles, en cambio, los que nos han metido en esta deriva que lleva camino de sepultarnos a todos. A no ser por el valiente trabajo, por el tesón y la generosidad de muchas personas que lo dan todo por remendar siquiera un trozo de este mundo viciado.

 

*Publicado en eldiarioes  20/8/2019

 

 

Ayuso, la musa del negocio del PP

Le gusta posar y, solo cuando en su postura explota las armas de mujer en el más lamentable sentido tradicional, su mirada vacía cobra expresión. La están convirtiendo en la Musa del negocio neoliberal del PP de Madrid, emblema del español. Si destaco la ridícula afectación, tan “femenina”, ante las cámaras es porque Díaz Ayuso, nueva presidenta de la Comunidad de Madrid, tuvo el valor de decir que es víctima de una campaña machista, al ser preguntada por sus irregularidades inmobiliarias.

La pobre niña mimada de Esperanza Aguirre, community manager de su perro Pecas, “solo” recibió de su padre un piso para evitar perderlo ante sus acreedores. Un hecho que, en sí mismo, sería sospechoso del delito de alzamiento de bienes. Al padre de Díaz Ayuso le había dado un crédito Avalmadrid, financiera semipública de la Comunidad, que regaba a empresarios del PP de la región donde lleva gobernando un cuarto de siglo, desde el Tamayazo. Como aval del crédito, pusieron una nave industrial de un pueblo de Ávila que era una construcción ilegal. El dinero prestado por Avalmadrid nunca fue devuelto. Todavía se advertían más irregularidades, como pueden ver aquí. La nueva presidenta de Madrid además no pagó en 5 años el IBI de otro local de oficinas en Madrid. Y dice Ayuso que señalar sus trapicheos es machista. Ella que posa de esta guisa nada casual.

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Ni siquiera son los turbios antecedentes lo peor, la tragedia es cómo la lavadora mediática se dispone a subir a Ayuso a los altares. TVE en su telediario del jueves dio entrada a la sesión de investidura diciendo: “Ayuso también se ha defendido de las sospechas de corrupción de las que le acusa la izquierda“. Y no, son investigaciones periodísticas basadas en datos. A veces, no querer molestar a los partidos con poder hace un flaco servicio a la información.  Por supuesto que la carcundia oficial fue más allá. “Errejón, atónito y soliviantado ante una mujer a la que creyó incapaz de defenderse”, escribió uno de los medios. Se trataba de ahondar en la burda y falsa estrategia de Ayuso y su mentor Pablo Casado. La nueva presidenta, en un lamentable discurso, había soltado todos los tópicos y falsos dossieres al uso. Es la guerra. Sucia.

La ascensión promocionada de Ayuso al estrellato ha llegado al colmo al ser bautizada como “la nueva dama de hierro del PP“.  Dama y de hierro, cuando Ayuso viene a ser el instrumento, carente de escrúpulos, para salvar el negocio del PP. En Madrid y en toda España sí se puede. Del PP y de sus socios de la derecha extrema. “No debe ser tan tonta  -dicen los siempre bienintencionados-, ha logrado negociar muy bien el cargo”. Ha logrado salvar los muebles con el edificio en ruinas y en eso la derecha es experta. Tiene muy claras sus prioridades.

De Ayuso se espera que coloque a cuantos pueda de los 263 cargos que quedaron descolgados de sueldo por la debacle electoral de Pablo Casado en las generales. ¿Recuerdan que el PP sufrió la peor derrota de su historia? No es que los medios ayuden mucho a fijar esa idea como sí hacen con otras. El problema es que la ultraderecha oficial, Vox, la que quiere adelgazar el Estado, también quiere colocar a los suyos. Y hay más demanda de sillas que asientos reales remunerados. De momento, hay mucho presupuesto del que tirar.

Sin escrúpulos, decía, dado que al margen de todo lo visto y apuntado, hace falta mucho valor para declarar –todos ellos, Ciudadanos también- que Madrid nace a no sé qué libertades y logros como si hasta ahora hubiera gobernado otro partido en la Comunidad. Más aún, sin pestañear, Díaz Ayuso llegó a presumir de la herencia de Aguirre que ha acabado en los sumarios de la Púnica.

Hoy habría que seguir hablando de los emigrantes varados en Lampedusa a bordo del barco Open Arms. Desesperados, mirando la tierra a la que no pueden bajar porque no les dejan. No lo permite el neofascista ministro del Interior, Salvini. De los muchos otros del Ocean Viking a los que no se da ni siquiera esa prerrogativa de estar cerca de suelo firme. De la crisis económica que se cierne sobre todos por los negocios de Donald Trump con China o de China con Donald Trump. De la amenaza de recesión en la locomotora alemana que renquea. Y de muchos otros temas esenciales. Pero estamos en el puente de mitad de agosto. Tranquilos. Mejor ver a Ayuso posar y contemplar cómo la elevan y cómo desata risas y preocupación entre quienes saben lo que supone ese perfil en ese cargo. Más recortes, más trampas, más mentiras, listas y persecuciones o mermas de derechos a colectivos vulnerables. Desde luego, bajar los impuestos -preferentemente a los más ricos y aplauden los medios afines-  lo paga en servicios esenciales todas la población.

Y es que las Ayuso del mundo, tampoco ella en particular en su nimiedad, como los Salvini y sus votantes, hacen posible en el fondo el drama de los refugiados, la injusticia de los gobiernos y de la UE, las crisis económicas cíclicas que al reasentarse dejan más ganadores en un lado y muchos más perdedores en el otro. Ayuso, como cara del negocio neoliberal, tan tiznado de corrupción y abusos en España.  Y encima machista para cumplir a rajatabla el programa de ultraderecha al que se ha comprometido. Encima mujer que juega a la terrible ambigüedad calculada de los posados que contradicen sus palabras. Modelo ya vetusto, cuando la gran mayoría de las mujeres ha conseguido que no se nos identifique con él.

Pablo Casado va camino de convertir en triunfo su aplastante fracaso. Al calor de los intereses, las tres derechas se han unido. Lo dramático es que todo esto ha sido posible también por la actitud de Pedro Sánchez y el PSOE y hasta sus acólitos. Se han dejado comer el terreno de forma incomprensible. Y se aprestan, con una cerrazón inaudita, a culminar la tarea: la derrota, la social desde luego. Hubo una parte mayoritaria de la ciudadanía que votó por un gobierno progresista y que supiera afrontar los retos como cabe esperar de un gobierno progresista.

 

*Publicado en eldiarioes

Hoy voy a escribir del tiempo

Hoy voy a escribir del tiempo. Se habla del tiempo cuando no se quiere decir nada, ni comprometerse en nada. Así lo dice la costumbre, pero no tiene por qué ser una regla fija. No hay tiempo más muerto en todo el año que la mitad de agosto, aunque esté igual de vivo. Y, sin embargo, el reloj hace como que se para en este punto crucial del crucial mes del verano. Las personas ociosas hablan del tiempo, de si hace calor o frío. Eso es clima, no tiempo propiamente dicho. A otras nos consume el tiempo que pasa sin resolverse problemas enquistados.

Más de 150 emigrantes siguen en el barco de la ONG española Open Arms, sin puerto donde atracar. La principal iniciativa ha sido que Bruselas “apela“. A la solidaridad. Esto debería funcionar en términos de justicia y derechos. Otros 356, rescatados en el mar, aguardan en el Ocean Viking de Médicos sin Fronteras (MSF) y SOS Mediterranée. Y el tiempo pasa sin soluciones.

Sorprende, eso sí, el poco tiempo transcurrido entre el día que Pedro Sánchez dijo: “haber salvado la vida a 630 personas me hace pensar que vale la pena dedicarse a la política” y el hoy que cierra puertos y sensibilidad a los actuales náufragos de la justicia varados en los barcos. Lo recuerda Angels Martínez Castells. 14 meses. No es tiempo suficiente para haber borrado el recuerdo de ese renuncio. Ni de otros drásticos cambios de opinión de Sánchez que, más que en tiempos diferentes, parecen haberse dado en estadios de física cuántica.

Hoy tocaría analizar la inexorable elección de Isabel Díaz-Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid. La triple ultraderecha –por sus hechos les conoceréis– sabe hacer una piña como nadie cuando median intereses muy precisos. Sesión de pantomima para darle la silla acordada y que todo siga igual –de mal– en Madrid. Ayuso promete lo que contradice el programa de ultraderecha que ha firmado con las otras dos ídem. Un clásico. Y hace guiños a Vox –guiños dicen las crónicas– para rechazar el machismo diciendo que ella “no quiere enfrentar a hombres y mujeres”. Hablar de la política sucia nos mancha. No perdamos la fuerza por la tecla que tiempo habrá de analizar las consecuencias de esta elección. Pero ¿han reparado en cómo el PP y sus socios acortan los plazos del pringue en sus candidatos? Ayuso viene tiznada de sospechas de corrupción, de evidencias palmarias como pueden leer aquí en detalle, antes siquiera de tomar posesión. Esa aceleración en el tiempo de los fiascos debería hacernos reflexionar hacia dónde nos lleva.

Un agosto atípico con ministros en funciones esparcidos por doquier haciendo declaraciones y proyectos como si fueran a gobernar toda la vida, sin tener cerrada la investidura. Hablando de asombros ante “propuestas irresistibles” que graciosamente dio el PSOE a quien en la moción de censura le ayudó a llegar al trampolín de La Moncloa. Tampoco ha pasado el tiempo mínimo para el olvido de los hechos pero sí para que se agiten en el turbo de las pasiones.

La piscina de pirañas de Twitter que les contaba se encuentra ahora como si los contendientes llevaran una semana sin comer y tuvieran que alimentarse del otro a dentelladas. Bien es verdad que, como vemos, algunos de sus políticos hacen lo mismo y les sirven de inspiración y acicate. Este tipo de política hiede de tal forma que aleja. Salvo a muchos de sus partidarios que acuden al cuadrilátero de las redes a discutir como si fuera un trabajo.

Rata, racista, mierda, delirio, son términos frecuentes. Entre los feroces haters del socio político imprescindible, al que detestan más que a nadie en el mundo. La bazofia mediática contribuye, a niveles inmundos, con vídeos trucados, titulares manipulados y un insultante apoyo a la ultraderecha. Inacción y mentira son fecundos campos de bacterias de la sinrazón. Así, también se han soltado los que llaman barcos negreros a los que salvan personas,y los que presumen de salvajismo y de no respetar ni los Derechos Humanos.

Mientras el tiempo pasa. Y llegará septiembre, y octubre y noviembre y, solo con suerte dejará las cosas igual en política. Eso dicen las encuestas. Es desolador.

Hablemos pues más a fondo del tiempo. La idea me la dio un artículo de mi gran amigo el periodista Juan Tortosa. Rescató la entrevista que hace tres años le hizo Pablo Iglesias a Iván Redondo, el hoy todopoderoso asesor de Pedro Sánchez. “El tiempo en política es lo más importante, porque todo el mundo acaba cadáver. Solo es cuestión de tiempo. El que controla el tiempo gana“, sentenció. ¿Diríamos que Sánchez controla el tiempo o es ya cadáver?

El tiempo. Pasa muy despacio cuando se espera y demasiado rápido en la felicidad. Se habla de minutos eternos cuando todos tienen 60 segundos. Es la pasión lo que lo condiciona. Se dice que el tiempo pone todo en su lugar, cuando queremos referirnos a la distancia. Y a veces la distancia tampoco aclara nada. La mirada de lejos, quizás. Para actuar con la razón descontaminada, cuando en determinadas ocasiones es el corazón el que acierta.

Pero el tiempo no hace nada por sí mismo, si no se llena de argumentos y hechos. Siquiera de relax. O de reflexión. A veces se gana, cuando parece que se pierde. El tiempo es vida, dijo José Luis Sampedro para responder al mercantilismo que hizo furor de “El tiempo es oro”.

El tiempo no deja de ser una muy pragmática magnitud física. Medirlo en los parámetros acordados e iguales, permite ordenar los acontecimientos y establecer un pasado y un futuro. En medio y fugaz está el conjunto de hechos que vivimos y al que llamamos presente. Por eso es tan estúpido perderlo en estupideces.

Estudiado por los filósofos como una de las primeras interrogantes, se suele convenir que el mundo está en permanente transformación y la medida del tiempo va fijando su camino. No se previó que los relojes marcharan hacia atrás y hay momentos en la historia en los que sí lo hacen. Como este. A lo visible aquí y allí, añadimos inquietantes noticias sobre misiles que explotan por error y lanzan radiaciones que habrán de competir con las culebrillas de verano.

Lo cierto es que el tiempo no vuelve, se desparrama ya inaccesible cuando se desperdicia. Habrá otro, si lo hay. MartaEme, la misma que escribe “si son dos días, que sean con quien nos hace sentir vivos (…). Es entonces cuando lo sabemos, aunque suene obvio y manido, que lo único real es el aquí y el ahora“.

Se sabe. Y que solo tenemos tiempo. Si lo tenemos. Y que los problemas esperan soluciones. Y las esperas, respuestas.

 

*Publicado en eldiarioes

“Tirar palante”, un concepto genuinamente español

Se asombra el diario francés Le Monde, en su editorial, de cómo “la extrema derecha española ha obtenido un peso político y una ventana mediática que supera con creces sus resultados electorales”. Y al ver que un PP bajo mínimos ha revivido en los pactos y un partido que venía de centrista, Ciudadanos, forme trío inquebrantable ultra. Y se extraña de que un PSOE que ganó con ventaja las elecciones de abril haya sido incapaz de formar mayoría de gobierno y se plantee mandar a los españoles a las urnas por cuarta vez en cuatro años. El anuncio de este viernes de aplazar la reunión con Unidas Podemos a “finales de agosto o principios de septiembre”, se inscribe en el mismo contexto. Todo esto puede tener una explicación aún poco definida.

España posee una inaudita capacidad de querer mantener vivo lo que está muerto. Y no por altruismo o coraje alguno, sino por el empecinamiento en no torcer su camino aunque sea erróneo. No es arrojo, es ofuscación. En la Castilla antigua le llamaban al fenómeno “sostenella y no enmendalla”, un nombre que no se puede mantener en tiempos de “relato” y demás simplificaciones de etiqueta. El apelativo que mejor le cuadra es “tirar palante”, título poco refinado pero el más adecuado a la obcecación tosca y cutre de seguir y seguir por la senda equivocada contra toda lógica. Llegar al extremo del “patadón parriba” del término futbolero igual es pasarse.

El concepto español de “tirar palante” debería estudiarse como fenómeno. Viene de lejos, ahí tenemos al Cid Campeador que -en el caso de haber existido realmente- se tiró un par de siglos cabalgando después de muerto. Y muchos más siglos en las mentes pegadas a los tópicos. O a la Santa Inquisición, otro de los inventos españoles más significativos, que se resiste a desaparecer. Traído ahora por esa triple derecha que tapa mentes y cuerpos, y amordaza voces e ideas.

Nos invadió Napoleón y los españoles no se dieron por enterados. Me dirán que sí, que Agustina de Aragón y los madrileños castizos lo supieron y combatieron. Pero España no, al punto de mandar traer al trono al Rey felón Fernando VII que abolió todas las libertades como ejemplo de adónde  conduce el sofisticado método de toma de decisiones de “tirar palante”.

El franquismo sigue muerto pero vivo en 2019, 44 años después de ser enterrado el titular. En honor y pompa, donde continúan también sus restos. Y su ideología fascista igual. Cuando los demás países, dando tumbos, acaban otra vez en esa fosa de la cordura, encuentran a la ultraderecha española como guardiana de sus  esencias. Por eso prende tan pronto aquí. Porque está en la ideología de los partidos conservadores capaces de volver azul el naranja.

“Tirar palante” después de muerto implica volverse zombi. Y volver zombis aspectos fundamentales de la vida española. No es mérito alguno. Refleja una grave incapacidad porque cuando las cosas no pueden ser, han terminado, seguir y seguir no lleva más que a la frustración y a la desesperación.

Estamos viviendo un viacrucis. Una elección tras otra, sin mayorías –lo que no es un problema en otros países nos  mete en un túnel sin final. Andas, parece que se ve la luz de la salida, pero no, la meta se aleja de nuevo, una y otra vez. Lo peor es el cansancio, el agotamiento al que someten a la ciudadanía, mientras los protagonistas andan a pleno desvarío en insultos y hasta en chistes.

El PSOE recibió votos de ex electores de sus propias siglas que regresaron, de Unidas Podemos en aras del voto útil y de quienes no solían ni acercarse a las urnas. El objetivo común superaba todas las diferencias: había que evitar el triunfo de la triple derecha. Se vio la noche electoral pero parece que Sánchez ha preferido olvidarlo. Ir a unas nuevas elecciones con candidatos muertos por incapacidad no tiene ningún sentido. En el estado anímico que tienen a los votantes progresistas, los resultados pueden ser iguales o peores. Si un camino está agotado, hay que probar otro. Diferente.

Catalunya es ejemplo exacto de ese “tirar palante sin resolver en años, en décadas, en siglos, un problema que la cordura debería haber solucionado hace mucho tiempo. Y  ahí sigue también enquistado en errores cada más graves.

Ufano anda Pablo Casado, “tirando palante” con su máster y carrera exprés bajo el brazo, que ya pasó a la historia de la atención mediática. Ayuso, en Madrid, pringada desde antes de llegar al cargo hasta las pestañas de esos ojos que reflejan la nada dentro. Como anduvo Esperanza Aguirre toda su carrera política y aún veremos qué pasa con su imputación.

Los Hernando reviven en Cayetanas Álvarez de Toledo, tan agotados sus cerebros como boyantes sus cinismos. Toda una caterva de zombis políticos para ciudadanos zombis. Unos sueltan carnaza, otros les escuchan y oyen, tragan y difunden aberraciones y bulos que no tienen cabida en mentes vitales.

Los científicos rectifican si la investigación registra errores. Los ratones o cualquier cobaya de laboratorio, cuando encuentran un camino cerrado, dan la vuelta y emprenden otro. Prueben a poner un obstáculo a una fila hormigas cargadas de comida: se girarán para evitarlo, en lugar de precipitarse todas encima. En cambio, un número significativo de españoles, como ya se dijo, se topan contra un muro y embisten. Lo peor es cuando son los dirigentes lo que nos llevan hasta él. Estamos ya exhaustos y doloridos.

No se trata de seguir en modo “palante” si no hay salida. Algo habrá qué cambiar  para dar con el camino.

*Publicado en eldiarioes

Juegos de burla y muerte

“Lo mejor es encontrar una solución antes de ir a elecciones”, dijo Felipe VI durante el posado veraniego de la familia real en el Palacio de Marivent, Mallorca. La prensa ha destacado cada detalle de las fotografías. Un rey, jefe de Estado hereditario, no debería entrar en esos comentarios, dado el papel que le atribuye la Constitución. A tenor de la ideología que manifiesta a través de numerosos detalles y en particular su famoso discurso del 3-O, el acuerdo que aconseja el monarca no será ni con los nacionalistas, ni con Unidas Podemos. Pero, palabra de rey, esa frase ha sido aprovechada por la política patria.

El PP se apresuró primero a pedir que Felipe VI designe a otro candidato. Esto en democracias parlamentarias no funciona exactamente así. Para nada, vamos. Y ya, en otro subidón, plantea que sea Pablo Casado el candidato con sus 66 diputados, el peor resultado en la historia del PP. Contarían, nos anuncian, con “los constitucionalistas” (selectivos, de un par de artículos) que ahora han quedado reducidos al propio PP y Ciudadanos. A los que pactan con Vox como si fuera lo más natural del mundo. Ni siquiera el PSOE es ya constitucionalista para esta triple ultraderecha tan rumbosa. Y le piden abstenerse, devolviendo la pelota.

Con amplia sonrisa, Pedro Sánchez responde al quite y dice: “el Gobierno tampoco quiere nuevas elecciones pero “habrá que ver si es factible“. Porque ya han anunciado que “el gobierno de coalición” (con Unidas Podemos) ha fracasado. ¿Cuándo? ¿Antes de empezar a andar? Lo factible es el gesto que piden al PP, la vicepresidenta Carmen Calvo sobre todo: que se abstenga y permite gobernar al PSOE.  Democracia a base de favores y no de mayorías.

Es un momento idóneo para que los Anticapitalistas cuestionen el liderazgo de Pablo Iglesias, dado por otra mayoría: la de los inscritos. El desgajado Íñigo Errejón, en su tercera entrevista en El País en 15 días -amén de las emitidas por otros medios-, suelta la frase certera: “Yo sí habría aceptado la oferta de Pedro Sánchez”. Y otra, en crítica a los estragos de la política “viril”. ¿Cómo?

Este simpático juego de intereses políticos se desarrolla ante millones de ciudadanos, españoles y extranjeros, con sus propios problemas, en algunos casos de necesidades esenciales. Y no hay derecho. Las víctimas se resienten. Victimas de todo tipo, de la banalidad también, del desamparo que produce ver algunas de las manos en las que estamos. No es un juego, ni da risa.

Hay que sobrevolar las redes sociales para comprobar las dimensiones de la irritación que se respira. Sobrevolar solo, poner la punta del pie siquiera es como meterlo en una piscina de pirañas.  Las tropas de adictos a los diferentes contendientes –algunos periodistas incluidos- hurgan en lo más recóndito de su vocabulario para buscar insultos. Ven defectos y agravios exclusivamente en los otros. Vuelan piedras con machos alfa,  caudillos  y “la collares” de antiguos fans del partido primigenio. No hay en el mundo gente más detestable que los “podemitas” o los simpatizantes del PSOE, según el bando.

Entretanto, la ultraderecha asiste a sus días de mayor gloria desde el franquismo. El sector azul y naranja lavan y lavan a sus socios de Vox. Una de las noticias más graves del año es ésta: “PP y Ciudadanos apoyan que Vox esté en la comisión de Secretos Oficiales del Congreso“. Los asuntos de tal envergadura que ocultan a la sociedad en manos de los neofascismos apenas remozados. Para su disfrute y uso. A meter en la bolsa de las mentiras continuas que desgranan varios de ellos y que difunden en bulos sus seguidores.  Si apoyas a la ultraderecha, compartes gobiernos y tareas, eres ultraderecha. Por eso hablo de tres ultraderechas.  Que no se ocultan en verdad. Dice Villegas que Ciudadanos quiere aplicar ya el 155 en Cataluña: “No hay que esperar al asesinato para detener al asesino”. “Justicia” preventiva. Asesinos. Tiras la piedra y escondes la mano.

Asesinos. 80 años después de su fusilamiento por el régimen golpista de Franco, recién terminada la guerra civil que provocaron, las 13 rosas han sido cuestionadas por esas hordas de descerebrados que fomenta la incorporación ultra a lo cotidiano. Lo merecían y un tribunal las condenó, dicen.

Las violaciones en grupo dependen para su catalogación de la nacionalidad de los agresores. Porcentaje y autoría no se rigen por los datos, sino por el “me lo creo” o “no me lo creo”. Y ya está. Se atribuyen delitos y se llegan a publicar fotografías de inocentes. Si la chusma lo cree, ya sirve.  Mientras, en el balance diario, 6 hombres violan a una chica de 18 años en Bilbao que termina en un hospital. Otro sujeto, en L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona,  mata a su ex pareja por lo que le venga en gana.  Y la junta de la triple derecha en Andalucía se merca un anuncio de modelos extranjeras, exultantes de felicidad, tipo Viva la vida, en una campaña contra los malos tratos a las mujeres. 

Estados Unidos se está viendo sacudido por  un peligroso terrorismo, el más tolerado, el de los supremacistas blancos, alias “casos aislados”.  Trump señaló las dianas del racismo.  Trump, el que insulta hasta el llanto de periodistas sosegados. El “loco” nuevo gendarme del mundo, en pelea económica ahora con China y de réditos electorales también con Venezuela.

No sé si en las playas pelean los veraneantes por el mínimo espacio para la toalla. No sé si trabajando con este asfixiante calor en las ciudades está justificado dejar en tierra a las 12 de la noche a una niña de 15 años en el autobús Madrid-Las Rozas porque no llevaba cambio y el conductor cumplía el reglamento al no dárselo de un billete de 20 euros, según responde la empresa de la Comunidad de Madrid.

Contamos con otras certezas rotundas, sin embargo. Aumenta el desencanto y la crispación. El dolor no se evapora haciendo daño, transfiriéndolo a quien está más cerca o más lejos: lo expande. Lo mismo la rabia que añade un efecto bumerán. Todavía la lucidez se mantiene a cargo de la situación en una serie de puntales. Sin gritos, ni brillos, igual es lo que logra que todo esto siga funcionando.

De la caverna de Platón a la España de las cavernas

Los líderes de las tres derechas han llegado a un acuerdo de gobierno en la Comunidad de Madrid. El 1 de agosto. Han elegido el día perfecto, la víspera de que la Fiscalía Anticorrupción pidiera imputar a dos de sus ex presidentas, Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, por la financiación irregular del PP de Madrid. Mientras España sestea en vacaciones. Los que disfrutan de ellas cuando quieren, los que solo tienen unas, los que ni a ésas llegan, verán pasar con sordina informativa que se ha consumado una tragedia: la entrega a la ultraderecha de la gestión de instituciones. Algunas tan potentes y decisivas como la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Tienen cuatro años para enterarse a fondo.

Era absolutamente previsible. El PP siempre ha sido una empresa más que un partido político. Una empresa con métodos laxos de negocio que tiene claras sus prioridades. 25 años en la Comunidad de Madrid, casi los mismos en el Ayuntamiento –con el lapso de Carmena-, han creado una estructura sólida que por nada del mundo se podía perder. Es el “régimen de Madrid” como lo definió este artículo de Ignacio Escolar. “Madrid es el epicentro de la Gürtel, de la Púnica, de la Lezo. Es la capital del Tamayazo, de la quiebra de Caja Madrid, de las tarjetas Black”.

La Comunidad de Madrid es la más rica de España y la que menos invierte en educación pública. La segunda que menos invierte en sanidad pública. Un paraíso fiscal para los más ricos. 373 multimillonarios viven en Madrid, con patrimonios por encima de los 30 millones cada uno, según los datos de Escolar. Y este gobierno, estos gobiernos, son “los que ha votado la gente”, dicen. “A disfrutar lo votado”, dicen.

Algunas personas, unos cuantos millones si lo vemos, acudieron a las urnas pensando que votaban a un partido centrista liberal al introducir su papeleta para Ciudadanos. Los hay así de ingenuos o distraídos. Pero tanto Aguado como Villacís rebosan felicidad por sus acuerdos con PP y Vox en Madrid. Y la apuesta de Albert Rivera es idéntica si no más radical aún.

Añadamos -punto decisivo- que algunos medios son muy selectivos en sus críticas y “olvidos”. Miren cómo jalea la COPE, emisora de la Conferencia Episcopal, que subvencionamos con nuestros impuestos, a un ultraderechista, condenado por no pagar las obras de su mansión. El alto cargo de Vox no quiere ni huelgas, ni sindicatos. Y ve a Errejón con manos menos duras que las de ellos. “Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”, escribía el gran pensador José Luis Sampedro, argumentándolo.

¿Libertad de expresión? Ya ni eso y, al paso que vamos, cada vez menos. El distrito de Aravaca, Madrid, ha prohibido esta semana una actuación del cantautor Luis Pastor con su hijo. PP y Ciudadanos vuelven a prohibir una actuación programada durante la gestión del anterior consistorio y lo hacen por unanimidad, con Vox.

Ignacio Aguado, Rocío Monasterio e Isabel Díaz Ayuso
Ignacio Aguado, Rocío Monasterio e Isabel Díaz Ayuso

Vox marca pauta ideológica en la triple derecha. Con su sarta de bulos e involución. Los acuerdos, en Madrid por ejemplo, incluyen bajar los impuestos, a pesar de la deuda de la Comunidad. Es la mayor de la historia de la región: 35.150 millones de euros cuando hace una década se situaba en los 11.380 millones.

“Lucharán” contra la inmigración y marcarán su impronta en la educación, aun cuando eufemísticamente dicen que no lo harán los poderes públicos. Violencia intrafamiliar, control de la “educación moral” y la “aportación de España a la civilización” son pilares del acuerdo “trifacha” en Murcia.

Almeida y Villacís revirtiendo una zona peatonal en Madrid. Foto publicada por el alcalde
Almeida y Villacís revirtiendo una zona peatonal en Madrid. Foto publicada por el alcalde

El Medio Ambiente es otra de las víctimas de las políticas ultras que han llegado a Madrid. La felicidad con la que Martínez-Almeida, alcalde PP, y Begoña Villacís, vicealcaldesa de Ciudadanos, levantaron setos para poner asfalto y coches da idea de lo que puebla estas cabezas.

Lo hacen, dicen, “Por España”. Es el emblema que figura en las carpetas de Vox. La frase que lleva permanentemente en la boca la ultraderecha titular, la azul y la naranja. El PP ha soltado a Cayetana Álvarez de Toledo, nueva “portacoz”, para decir que “ETA está detrás de la investidura de Chivite [candidata del PSOE] en Navarra”, Es una ignominia, absolutamente inadmisible. Ante la que el coro mediático calla. Por España, la banda y el plan, vienen Albert Rivera y los suyos.

Por España. ¿Qué España? Esta derecha se apropia de cuanto le place, hasta del nombre del país en el que vivimos todos. Su España es la del lejano Imperio y la Conquista y la Reconquista y las Cruzadas y, siguiendo para atrás, la de los “trogloditas” de Atapuerca. La España de la caspa, la mordaza, las clases, machista, aprovechada. La que alimenta “las manadas” depredadoras de mujeres, como la ocurrida este viernes en Bilbao. La franquista sobre todo. La caverna de Platón que solo alimenta lo oscuro, dejando el mundo de la razón a otros. Porque existe otra España luminosa y de progreso. De la que forman parte conservadores y progresistas.

Los de Ciudadanos, los más cínicos, protestan y acuden a la Fiscalía si les increpan en las manifestaciones en las que se plantan buscando votos, y no han dicho ni media palabra de los conciertos suspendidos con sus votos y de todos los recortes de libertades. La derecha extrema ha convertido libertad en una palabra de uso restringido: solo existe la libertad de mercado y la libertad de represión. Las de comer suficiente, tener un hogar, vivir o expresarse son secundarias.

Con este panorama –del que se pueden dar muchos más ejemplos-, España está sin nuevo gobierno. Y el PSOE se pasea por los medios con declaraciones que nos llenan de hastío. Por decir lo más suave.

Inolvidable verano el de 2019, para borrar si se pudiera. Poblado de constataciones lamentables. Y le seguirá el otoño y el invierno. El futuro se puede cambiar, si existe voluntad de hacerlo. Las prioridades para quienes disponen de esa capacidad deberían estar por encima de cualquier interés espurio.

*Publicado en eldiarioes 02/08/2019

La supervivencia del PSOE está a la izquierda

Objetivo: volver al bipartidismo. Desenterrarlo de entre los muertos. Con mayor énfasis en el PSOE y su área mediática de influencia, que en los conservadores. Para Sánchez parece un empeño personal. Acreditado ya el nulo interés por compartir el gobierno con Unidas Podemos, las llamadas a la derecha, sin embargo, han sido continuas. Sánchez apela de forma insistente a la responsabilidad del PP. Al mismo PP al que se desalojó de La Moncloa por sus casos de corrupción. Y a Ciudadanos, parte imprescindible del triángulo de derecha extrema.

El diario británico ‘Financial Times’ se ha sumado a la empresa y ha pedido a Cs que reconsidere su posición y forme un Gobierno de coalición con el PSOE. Da por hecha esa oferta y de coalición, nada menos. Por la negativa de Rivera, no ha tenido otro remedio el “Sr. Sánchez que entrar en conversaciones con la extrema izquierda Podemos”, dice. Extrema izquierda, dice. Como él, biblias y misales neoliberales, entran en política directamente defendiendo las posiciones del mercado.

En cambio, el influyente Süddeutschen Zeitung alemán, liberal progresista, se sorprendió al ver la actitud de Pedro Sánchez. De ser la esperanza de la izquierda de toda Europa, explica, no logró una alianza con Unidas Podemos, reanimando a la derecha. La derecha, en lugar de la izquierda. Es cierto, el PSOE fue el partido socialdemócrata más votado en las elecciones europeas, al punto de encargarle la gestión de la presidencia del Consejo, que por cierto no contentó a todos sus socios.

En España surgen artículos donde anticipan “El entierro de la ex ‘nueva política“. O editoriales en la misma línea críticos con la actuación de los dos grandes partidos que han conducido a que “el bipartidismo imperfecto sea más imperfecto todavía, pero no que deje de ser bipartidismo”.

Esta insistencia choca con los datos de la realidad. Pero de alguna manera es una apuesta firme para ver si se logra volver a los felices tiempos en los que todos ellos vivían muy bien a su sombra. Era tan cómodo. Ahora manda el PP, ahora el PSOE, y vuelta a empezar.

Los detractores de lo que llaman “nuevas políticas” olvidan de entrada el desigual tratamiento que han tenido Ciudadanos y Podemos. No ha habido en la historia un líder más amado por el establishment, sus medios y su demoscopia que Albert Rivera, en un favor extensible a su partido. Pablo Iglesias y Podemos les gustaron en principio. Daban audiencia y dinero en consecuencia. Cuando sacaron 5 millones de votos y, con el susto en el cuerpo como coincidían Esperanza Aguirre y Carmen Calvo por ejemplo, cambiaron de estrategia. Si, estos días aún, han llegado a usar para atacarla –en portada– a una prima tercera de Irene Montero. Mientras, por cierto, nada dicen de los pufos inmobiliarios de Begoña Villacís o Díaz Ayuso. Por situar el tratamiento en similar nivel.

Punto esencial. Hablan de las nuevas políticas como si un día, en un ataque de locura, hubieran surgido para fastidiarles la vida. Y no, no son causa, sino consecuencia. Podemos, no Ciudadanos nacido para lavar la cara a la corrupta derecha del PP –quién lo diría–. Insistamos, es resultado de los muchos desmanes cometidos por los gobiernos convencionales, en particular desde la crisis de 2008 que obligaron a pagar a los ciudadanos.

Porque lo esencial nos lleva a un análisis mucho más profundo y más necesario. En rigor, ni cabe ya hablar de capitalismo –ha sido sustituido por el gobierno de las corporaciones y las empresas–, ni de partidos socialdemócratas. Surgidos a partir del socialismo en el siglo XIX, tuvieron su mayor expresión en la segunda mitad del XX y, no por casualidad, solo en Europa. Porque se trataba de ganar la partida a las grandes bondades que presumían ofertaba –no sin cierto error en la práctica- el comunismo tras el Telón de acero–. Caído el Muro no había lugar para la socialdemocracia. O mejor, no había necesidad de ella. La “ideología” hegemónica ahora viene a ser el dinero, en ese gobierno de las corporaciones al que los partidos nominalmente socialistas han dejado campar a sus anchas, sin control.

De ahí que surjan “nuevas políticas” y no al revés. Calificar de extrema izquierda a Podemos ofende a la inteligencia de los destinatarios del falaz discurso. A este paso, las ideologías se van a despeñar de tan sesgadas al mismo lado.

El fin del bipartidismo es un hecho lo quieran o no. Por eso es tan osada la postura de Pedro Sánchez de intentar resucitarlo en lugar de reforzar la que se supone es su ideología con Unidas Podemos: la socialdemocracia. O lo era antes de plegarse al liberalismo. Ha “muerto” más la vieja política que la nueva. Por primera vez el grupo del Partido Popular Europeo no suma con el socialdemócrata mayoría absoluta. Los socialistas han sido barridos de Francia o de Italia. Registra un bajón histórico en Alemania. Hasta el bipartidismo ancestral del Reino Unido se ha resquebrajado. Las encuestas les dan pérdidas impensables de entre 14 y 20 puntos. La elección de Boris Johnson es consecuencia, causa, revulsivo feroz para ciudadanos que conserven su cordura. Se habla de futuras alianzas de gobierno entre laboristas y demócrataliberales.

Así quiere Sánchez revivir el bipartidismo con un PP que ha cosechado los peores resultados de su historia, perdiendo dos tercios de los diputados que tenía. El aparato mediático es muy selectivo al hablar de catástrofes electorales.

Por supuesto que la ideología es una opción libre y legítima pero conviene definirla por sus actos. El descalabro de la política tradicional, su alejamiento de la sociedad, su falta de respuesta a los problemas que ha causado, está teniendo consecuencias dramáticas. Otra vez el regreso de los fascismos. Ya los usaron una vez en su provecho hasta que fue demasiado tarde. Desde luego les incomodan menos que la izquierda.

No hay espacio para una socialdemocracia que no quiere molestar a las corporaciones y se limita a tibias políticas sociales, que no frena el recorte de libertades. Pero siguen estando ahí las necesidades de millones de personas, desde los parias de la tierra a los que cantan aún en La internacional, hasta ese vivir cotidiano en donde ni un trabajo cubre acceder a lo imprescindible. Como ejemplo simbólico y de hoy mismo, sabemos que los trabajadores de la cafetería de Facebook en San Francisco necesitan varios empleos para llegar a fin de mes. De la milmillonaria Facebook. De los parias de la tierra al rendibú al poder de las corporaciones hay un buen trecho.

Lo que importa es resolver los problemas de los ciudadanos, no la resistencia vital de los partidos. Pero, a estas alturas, al menos debe quedar claro algo: la supervivencia del PSOE no está en un bipartidismo muerto, la tienen… a la izquierda. Por justicia. Por decencia. Por coherencia.

 

*Publicado en eldiarioes 30/07/2019

Pedro Sánchez no oye desde su pedestal

El PSOE no escucha. Ni a la sociedad, ni siquiera a partidos que podían haber ayudado a la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Por si quedaba alguna duda, tras la lamentable sesión parlamentaria de estos días, la vicepresidenta Carmen Calvo ha descartado una coalición con Unidas Podemos: “Esa vía está cerrada”, ha dicho.

Seamos precisos. No es una “fractura entre el PSOE y Unidas Podemos”, como titulan, ni  “los  puentes están rotos” porque ambos contendientes hayan colocado explosivos en sus respectivas orillas. Se trata de una voladura ejecutada por Pedro Sánchez y su staff con todo tipo de metralla. Léase, mentiras, desprecios, soberbia, voluntad inequívoca de humillar, apoyo logístico de la prensa empotrada en sus filas contra el aliado necesario convertido en enemigo. Que las reacciones del asediado no fueron de la más afinada estrategia puede ser, pero olvidan que se trataba de formar un gobierno, siquiera de cooperación, entre escollos y ataques. Lo trágico, lo irresponsable, lo imperdonable, es el profundo daño que se ha inferido a las esperanzas de una sociedad que ha acabado asqueada y con ello al crédito de la política. La prensa internacional se hace eco de este rotundo fracaso. Y llegan a hablar de “negociación a garrotazos“, según recoge radiocable.com.  El influyente Süddeutschen Zeitung, en un duro artículo, dice que Sanchez ha caído en su propio ego. Y que, de ser la esperanza de la izquierda de toda Europa, no logró una alianza por vanidad y puede abrir paso a la derecha. 

Vivimos tiempos en los que un magnate sin escrúpulos, que llegó a adquirir la infecta fama que da la televisión del embrutecimiento, a este nivel, preside la primera potencia del mundo. Otro, con similares dotes de esperpento y de falta de escrúpulos y moralidad, ha sido elegido para comandar el Reino Unido de ancestrales tradiciones democráticas. España, entretanto, incorpora en tres meses como normal a la ultraderecha en las instituciones y en los tablaos mediáticos. Y no puede tragar, sin embargo, un partido de izquierda moderada que no otra cosa es, por más que insistan, Unidas Podemos.

Cuando Pedro Sánchez dijo con voz emocionada que “entre sus convicciones y las exigencias que ha planteado Iglesias, elegía sus convicciones” y el grupo del PSOE aplaudió a rabiar varios minutos puestos en pie en el hemiciclo, cualquiera pudo pensar que se refería precisamente a la ultraderecha que se sienta ya allí mismo. ¿A qué convicciones ataca, por cierto? Fue el comienzo de un nuevo desencuentro buscado. Pablo Iglesias llegó a descolocarse, al punto de plantear una salida para dar el sí a Sánchez allí mismo, si Unidas Podemos podía gestionar las políticas activas de empleo. Y encima invocando el consejo de “un socialista con peso“.

Carmen Calvo, la vicepresidenta, había filtrado a la prensa las peticiones de Unidas Podemos cambiando la palabra “Propuestas” por “Exigencias” como se ha probado. Y, no solo lo envió a la prensa y lo negó, lo hizo desde la vicepresidencia del Gobierno de España, como publicó eldiario.es, entre otros, pocos, medios. En la rueda de prensa de este viernes nadie le ha preguntado por este grave hecho. Podemos ha denunciado la “falsificación del documento“. Calvo insistió también en que “Podemos quería todo el Gobierno” como algunos de sus compañeros, lo que evidentemente es incierto.

Desde Sánchez a todo el staff y aparato mediático se han cansado de afirmar que “es la segunda vez que Iglesias impide un gobierno progresista“. Volvió a decirlo el candidato en Telecinco. Sin contar los acuerdos con Ciudadanos, la negativa de la ejecutiva del PSOE y sus propias declaraciones al periodista Jordi Évole, obvian que la única vez que Pedro Sánchez ha sido presidente fue por la moción de censura para echar a Rajoy y la corrupción del PP, en la que Unidas Podemos tuvo un papel decisivo . Falsear la verdad y ocultar una parte esencial no es el camino. Pero los mensajes calan y mucho. Impulsados por algunos medios y en ciudadanos especialmente entusiastas que se paren poco a reflexionar.

Hubo una espita de esperanza en la sesión que abrió la sensatez de los partidos nacionalistas –tan preteridos y menospreciados también por el pensamiento oficial españolista. Dieron una lección de madurez llamando a la concordia. Aitor Esteban, del PNV, aconsejó a Iglesias paciencia y rebajar las peticiones porque solo lleva cuatro años en política. Y pidió un esfuerzo al PSOE para llegar a acuerdos. O Gabriel Rufián que, de niño terrible se ha convertido en prudente negociador. “Señor Sánchez, fue un error el veto a Iglesias“, y creo que a estas alturas lo sabe. Lo único que ha hecho ha sido subir el precio”, le dijo a Sánchez que se arrepentirá de haber preferido la abstención de Casado y Rivera. Y a Pablo Iglesias que se arrepentirá de no haber aprovechado esta oportunidad.

Parecía tan fácil. Solo había que hacer un gesto en esa línea. Y entonces llegó Adriana Lastra, la portavoz del PSOE, para echar un jarro de agua fría. Leyendo un texto elaborado de antemano, reinició el debate, la humillación, la cerrazón. La bancada seguía aplaudiendo. Se olvida que no era una contienda, aunque lo parece, que se buscaban aliados. Hasta agradeció Lastra la colaboración de quienes habían apoyado al candidato. Un diputado, del partido de Revilla en Cantabria. Nadie más. Pero hay que contar con las versiones mediáticas:

La historia se repite: la izquierda fracasa y Podemos evita por segunda vez un Gobierno del PSOE“, tituló la Cadena SER. “Podemos tumba la investidura de Pedro Sánchez, TVE.

Entrevistado en Telecinco al final de la jornada de la investidura fallida, Sánchez no hace la menor autocrítica. Sigue culpando a Pablo Iglesias. Y dice que hablará con todos explorando nuevos caminos. Todos. El PP desde luego, como ha venido insistiendo. En el aire, la reforma de la Constitución. Para forzar el bipartidismo dopando a la lista más votada con votos que no ha recibido de los electores. Un atajo que han usado algunos países como Grecia en sus peores días. Porque en España hay una democracia parlamentaria, no presidencialista, que tiene otros mecanismos y equilibrios.

Albert Rivera sigue en el “rap de la banda”. En la primera frase “usted y su banda”. En la segunda, “el plan”. Y, en la tercera, “la banda no se ha puesto de acuerdo en repartirse el botín”. Y Pablo Casado hasta evidencia en su gesto la estupefacción de ver cómo la “izquierda” le pone en bandeja la presidencia del Gobierno, a gestionar con Rivera y Abascal, el inenarrable.

Cuando todos los signos son de desencuentro, y no llega señal alguna que indique otra dirección, es que se trata de… un desencuentro e intencionado. Torpe hasta la médula. Salvo esa reforma de la Constitución, poco avance logrará el PSOE en unas nuevas elecciones. Al contrario. Que la sociedad desista de intervenir ni con su voto en ese espectáculo que han montado y que descorazona a muchos ciudadanos. Y que suba la derecha.

Pese al enorme disgusto que esta situación produce, creo que se debe intentar formar ese gobierno encabezado por Pedro Sánchez. Probablemente hasta sin la participación directa de Unidas Podemos. A la manera de Portugal. Aunque en el caso nuestro el cheque en blanco a este PSOE sea un problema. En tiempos tan críticos es preferible obrar con la cabeza, no con las vísceras. Apelemos mejor entonces a la sensatez y la coherencia que pueden residir aún en algún lugar. A la moderación en todo caso por ambas partes. Más partes no hay disponibles. Pero la responsabilidad de formar gobierno es de Pedro Sánchez, él mismo se lo dijo a Rajoy.

Urge que el PSOE aclare sus posibilidades y su estrategia, comenzando por apearse del pedestal en el que se ha subido. Desterrar por completo los insultos y los tonos suficientes y despectivos. Apear, sin duda, de cualquier negociación a Carmen Calvo, que ha quedado invalidada para ese cometido. Revisar el papel de la portavoz. Y de otros destacados miembros que acreditan largos episodios de patinaje y que se sumaron a difundir los bulos de campaña. Hay gente muy válida en el PSOE de donde echar mano.

En definitiva, habría que afrontar el problema de frente, aprendiendo humildad y pensando en los ciudadanos en los que reside la soberanía nacional. Si todos los signos siguen indicando desencuentro y voluntad nula de solucionarlo, habrá que volver a las urnas y que cada cual quede en su lugar. Siempre que se eviten en lo posible las manipulaciones mediáticas, lo que no es nada fácil. Porque poder, sí se puede.

 

*Publicado en eldiarioes

Joan Baez, la voz de todas las causas justas

Nos dejamos melena como Joan Baez y Carole King, después. Larga, y morena sin duda. Rostros de adolescentes asombradas. Nos enamoramos de las canciones en inglés. Y de la arena imposible de los adoquines franceses, porque pedir lo imposible era precisamente ser realista. Supimos en la España constreñida, que el mundo era enorme y que abriríamos fronteras.

Eran los años 60, los 70, del siglo XX, cuando las canciones, algunas canciones, se llenaban de letras tan densas y apretadas que desbordaban la música. Joan Baez las cantaba en los Estados Unidos que poblaban las calles de protestas contra la guerra de Vietnam, contra toda injusticia y discriminación.

Joan Baez y Bob Dylan tuvieron un estreno mundial, por así decirlo, no literal, el 28 de agosto de 1963 en la Gran Marcha sobre  Washington que ha quedado para la historia como una de las mayores en la defensa de los Derechos Civiles. Frente al Lincoln Memorial, Martin Luther King  acababa de formular su I have aDream, el sueño de que todos los hombres nacen iguales y esa verdad acabará imponiéndose.  Joan Baez y Bob Dylan salieron a cantar en ese mismo escenario. We shall overcome.  Venceremos.

Cantante, compositora, activista de los Derechos Humanos, mujer de una voz cálida, clara y melancólica, Joan Baez nació en Staten Island, Nueva York, en 1941. De madre escocesa, de la que poco se sabe, y padre mejicano. Matemático y físico él, está considerado co-inventor del microscopio de rayos x.  Incorporado a la UNESCO, su trabajo llevó a la familia por numerosos países, España entre ellos, varios europeos más y Oriente Medio. En ese tránsito, en su mucho ver, Joan acabó involucrada en la defensa de múltiples causas sociales, en la no violencia y, también, la desobediencia civil. Y así ha seguido.

Una vida plena por la que pasó Bob Dylan de forma decisiva. Ella, ya famosa y con discos grabados, lo invitó al escenario como en las películas y lanzó su carrera. Juntos buscaron respuestas en el viento a muchas preguntas ¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza  y fingir que simplemente no ve?

En lo artístico su colaboración fue enormemente fructífera. En lo personal, dejó heridas. Tras el éxito desbordante  de Dylan, un día el escenario donde él cantaba se cerró para Joan,  la dama de ojos tristes de las tierras bajas, olvidando una partitura en un cajón que Baez robó, dice, y cantó “Amor es solo una palabra de cuatro letras“. Demasiado intensa quizás, como la Barbra Streisand de “Tal como éramos” para Robert Redford, Bob Dylan la dejó y reapareció casado con otra mujer de muy diferentes características. Su música dio el mismo giro. No volvió a ocuparse de los problemas sociales. Y siguió con la que sería una de las más brillantes carreras de la música.

Con un disco de oro tras otro, en casi todas sus grabaciones, Joan Baez continuó preocupada y ocupada en resolver problemas que la mala voluntad convierte en insolubles. De punta a punta del mundo, lucha contra los abusos y apoya diversas reivindicaciones. Ha estado detenida por ello. Contra la guerra de Vietnam y todas las guerras, contra los encarcelamientos injustos o los impuestos abusivos, contra las violaciones de los Derechos Humanos. Contra la pena de muerte, sin duda. A favor de las minorías, los colectivos LGTB, la lucha contra el deterioro humano del medio ambiente.

Como curiosidad, o no, Joan Baez ha cantado en euskera Txoria Txori, un poema escrito por Joxean Artze en 1957, al que puso música Mikel Laboa. Pájaro, pajarito.

Alas tiene también El Rossinyol de la canción tradicional catalana que quiere volar y vuela.

Joan Baez ha actuado esta semana en el Festival de Jazz de San Sebastian y en varios puntos de Catalunya con un éxito espectacular y lo hará este domingo en el Teatro Real de Madrid como término de su gira para despedirse de los escenarios.  Suiza, Bélgica, Alemania, Italia, Francia, España. Este viernes, visitó a la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, encarcelada en prisión preventiva desde hace casi 500 días porque, dijo, siempre ha apoyado movimientos no violentos y cree que es el caso del independentismo catalán.

Sigue cantando el No nos moverán, himno contra todas las dictaduras.  Y Gracias a la vida, patrimonio común ya, con Violeta Parra, Mercedes Sosa y la propia Baez. Así de satisfecha se muestra de cómo ha sido hasta ahora su vida.

Joan Baez tiene 78 años y lleva 60 en los escenarios. Su madre vivió más de 100 y ella sigue teniendo un aspecto muy vital. Pelo corto y canoso sin tintes, aparece como una venerable y serena mujer madura. Se casó, se divorció, “estoy hecha para vivir sola”, dijo.  Varias generaciones considera a Joan Baez un mito, las nuevas apenas la conocen, y su  canción de más audiencia ahora contiene “Diamantes y óxido” para Bob Dylan aún, de Bob Dylan.

Ella cogió la guitarra, otras la máquina de escribir, otras cualquier camino para “cambiar el mundo”. Aprendimos, juntas y en la distancia, a abrir los ojos y a luchar por las causas perdidas. Pocas cosas tan inútiles, pero alguien tiene que hacerlo a ver si un día se logra ganar alguna. En el fondo, sí se consigue. Más de lo que parece.

Fue una suerte plena empezar a vivir en tiempos de esperanza y futuro que poco a poco irían segando quienes siempre lo hacen para conservar y aun aumentar sus privilegios. Un tiempo que nos enseñó, quizás a vivir con las alas dispuestas para usarlas ante cualquier eventualidad.  Un punto a favor sobre quienes nacen o se hacen aves de suelo, de corral.  Por voluntad o a la fuerza.

“Farewell, Angelina” fue su primer o uno de los primeros éxitos de Joan Baez.  “Adiós, Angelina, las campanas de la corona están siendo robadas por bandidos. Las ametralladoras rugen, los títeres levantan rocas. Los demonios clavan bombas de tiempo en las manos de los relojes. Adiós, Angelina, el cielo está en erupción, debo ir a donde esté tranquila”.

Buen viaje, Joan.

 

Buen viaje, Joan.

*Publicado en eldiario.es

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