El “efecto llamada” del fascismo

El ultraderechista detenido con un arsenal de armas, tras declarar su intención de matar a Pedro Sánchez, “era un buen deportista y una buena persona”. Nos lo cuenta un medio, citando fuentes de su entorno”. Suponemos que también saludaba a los vecinos. Con el brazo en alto. Los presidentes de gobierno del PSOE son como las mujeres asesinadas por el machismo: algo habrán hecho. Exactamente igual. Buenísimas personas las matan como  correctivo a lo que merecen. Una tertuliana, ex subdirectora de informativos de Antena 3, entendía en RTVE la reacción del francotirador. Al sujeto le encendía que vayan a ser exhumados los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos.  Fátima Iglesias dijo, como pueden ver y escuchar esto: “Al final decisiones como ésta (…)  lo que despiertan es mucha crispación y cosas que estaban dormidas. Y cuando pilla a un señor que tiene problemas psicológicos y que tiene el permiso de armas porque se dedica a la seguridad…” ocurre esto, sí.

Problemas psicológicos, la gran coartada que sería aplicable a buena parte de la derecha mediática entonces. Desde Carlos Herrera y sus tertulianos a Jiménez Losantos que siempre tiene dispuesta la lupara con total impunidad. Están tan crecidos, de hecho, que este viernes Losantos ha cargado contra la denunciante del francotirador, una dirigente de Vox. Supone que la expulsarán del partido “por lerda”, según informa El Plural. Lo describía a la perfección Carlos Hernández en eldiario.es en un artículo del que suscribo hasta las comas. Quiero pararme precisamente en la reflexión ante las reacciones de los medios y buena parte de la sociedad: “Mientras callamos, ellos hablan; mientras hacemos como que no existen, ellos siguen creciendo”. Empecemos pues con el relato como es.

Manuel Murillo Sánchez, 63 años, planeaba atentar contra el presidente como venganza por la orden de exhumación de los restos de Franco. Fue detenido en su domicilio de Terrassa, por la denuncia en efecto de una dirigente de Vox a quien pidió ayuda para la operación en un chat. Disponía de un arsenal de 16 armas de fuego, incluidos rifles de alta precisión y un subfusil de asalto. Todo ello, según la exclusiva de Público. Buscar ayuda para la comisión de un atentado es intentar crear una cédula. Terrorista. De terrorismo fascista. Pretender atentar contra un presidente de gobierno técnicamente es un magnicidio. Si así lo considera la justicia tras la evaluación de los hechos, por supuesto. Blanquearlo es otro problema. El tipo carecía de permiso para esas armas, nadie con presuntos problemas psicológicos debe tener permiso de armas. Cuatro rifles con alcance de 1,5 Km no son ninguna anécdota. Pero así se lo han tomado quienes blanquean el fascismo cada día como quien echa leche al café.

Y otra complicación que arrastramos, la justicia. Aunque inicialmente se dijo que la Audiencia Nacional rechazó el caso, lo que se explicó después es que no se le dio traslado. Pero, en un nuevo giro, ha terminado reconociendo que sí lo supo. Para no reponerse del bochorno, se argumentó que el arsenal de armas y la intención manifestada por el detenido no era una amenaza terrorista. Solo una “proposición de homicidio de autoridad”. Solo. Espeluznante figura jurídica cuya existencia ignoraba.

Imaginen la situación en otras personas. Es de suponer que la “proposición de homicidio de autoridad” se aplica por igual tanto para Pedro Sánchez como para Felipe VI pongamos por caso. O para cualquier líder de un partido de derechas. Especulemos con qué hubiera pasado si este tipo hubiera manifestado la intención de matarlos y dispusiera de semejantes medios para hacerlo.  Cambiemos de autor.  Imaginemos que, en lugar de un franquista, fuera un catalán partidario de la independentista con problemas psicológicos. Un árabe. Alguien de cualquier minoría. El tratamiento sería completamente distinto. Los gritos y portadas atronarían los medios. Pero no, la bula es para el terrorismo de extrema derecha. Siempre es la misma coartada. Siempre.

Y no nos hace falta ninguna imaginación para saber que han sido considerados reos de terrorismo tuiteros y raperos. Ni para asistir a las campañas de acoso y amenazas a cualquiera que incomode al franquismo y la derecha más reaccionaria. Hasta logran que se quite publicidad a programas como ha sucedido con El Intermedio.

Hace años que se ve venir. Lo sabe quien lo justifica diciendo que está dormido y presume que es mejor no despertarlo y vivir bajo su amenaza permanente. Ha habido múltiples casos, pero quiero destacar uno que cumplió todos los pasos del ritual.

En julio de 2011, un joven noruego, Anders Behring Breivik, siembra el terror en un país que jamás había conocido el terrorismo, paradigma de la democracia y el Estado del Bienestar. 77 personas murieron a sus manos gracias a la potente bomba que colocó. Después fue tiroteando, uno por uno, a los supervivientes que se encontraban en un campamento de juventudes socialdemócratas en la isla de Utoya. La mayoría de las víctimas tenía entre 14 y 19 años. En los primeros momentos la prensa occidental atribuyó el atentado al islamismo radical. Localizado Breivik, resultó ser un hombre alto, rubio, blanco, cristiano… y de extrema derecha. Entonces el discurso cambia: se trata de un loco aislado, un lobo solitario. Lo resalté en un libro publicado en 2011. Desde entonces los nuevos fascismos, fascismos de siempre, han crecido de forma exponencial. Se sientan ya en los centros de poder de numerosos países. Alentando en jauría a sus lobos solitarios.

Con esta justicia no vamos a parte alguna. No regenerar a fondo los órganos de poder, repartiéndose la composición entre PSOE y PP, parece seguir en la misma senda. Con la impunidad de los medios que se dedican con fruición al “Efecto llamada” del fascismo tampoco se abordan soluciones. Cierren el grifo de una vez.

Con unos dirigentes incapaces de ver la amenaza que supone el fanatismo de ultraderecha estamos vendidos. No se trata de personas, no, toda la sociedad es rehén. Esa, precisamente, compuesta “por buenas personas”. Aquellas a las que vio venir Martin Luther King cuando dijo para los tiempos que se avecinaban: “No nos parecerá lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”. No me cansaré de repetirlo. El gran activista de los derechos civiles lleva 50 años muerto,  tras haber sido asesinado, mientras en su país manda Donald Trump, por votación en las urnas. El que envía tropas contra los desesperados, separa a los niños de sus padres, y ha convertido la verdad en un inmenso fake. Las mujeres le están poniendo coto, algo está cambiando, pero el gran ejército de apoyo al fascismo es una decisiva barrera ya en la mayoría de los países desarrollados. Se le minimiza, se lava.

Cabaret (1972) es para mí una inolvidable película. Se desarrolla en Berlín durante la República de Weimar, en 1931, y refleja el auge del nazismo. Esta secuencia es especialmente significativa. El mañana nos pertenece, cantan. Un anciano ladea con preocupación la cabeza. Los americanos se preguntan ¿Y aun creéis que podréis pararlo?

¿Y ahora, aún creemos que se puede parar? ¿Quieren? Frente al efecto llamada, está el efecto rechazo.

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Su única patria es el dinero

Todo se resume en esa máxima absoluta. El dinero, como prioridad. Su patria, su nación, su emblema. Sucio. Desmedido hasta lo innecesario. A cualquier precio, por encima de quien sea. Parece el hilo conductor de la actualidad, de sus grandes atropellos. El dinero. El poder que da acceso a obtenerlo bajo mano, a torcer la ley, a comprar voluntades. El poder en sí de mover los hilos, de atar con ellos. La vida limpia late a otro nivel. Tan anulada en las decisiones que a veces sucumbe y se rinde.

Durante décadas la seguridad del Estado ha albergado en su seno, sin problemas, a un comisario  –al menos uno que sepamos- que utilizaba su cargo para extorsionar por voluntad personal o por encargo con fines lucrativos, según se deduce de la acusación que lo mantiene en prisión a la espera de juicio. La lista de relaciones de Villarejo cuenta con nombres sonoros de la vida pública. Era el villano que encaja en esa España tramposa. Grabó a potenciales clientes, contactos, “confetis” de alto rango, que se soltaban la lengua como si no supieran con quién trataban.

La difusión dosificada del arsenal de bombas conspiratorias de Villarejo forma parte de la misma operación. Aquí de periodismo no hablamos. Sí, en posteriores investigaciones y análisis.  No, de nuevo, en esas cortes de exculpaciones y paños calientes que se prodigan. Villarejo tuerce el Estado, argumentan. Viene ya bien torcido. Pero no se pueden paliar con nada –ni comparar con otro caso- las conversaciones en el filo de la navaja de la número dos del partido en el Gobierno entonces con un comisario inequívocamente conocido. Asistida por su cónyuge y empresario en calidad de tales, y avanzando la connivencia de la jefatura de esa empresa llamada PP.  El dinero. El poder. La familia. Tan amplia y bien colocada en lugares estratégicos.

Cuando se descubre a un miembro que se ha dejado la piel o la cara en la organización, se le deja caer. Mejor si no hubiera sucedido, mejor cuando todavía no ha sucedido, mejor trabajar porque nunca suceda, pero lo básico es mantener el proyecto.

La justicia española pasa por Estrasburgo

Todo en línea. El Tribunal Supremo anula su propia sentencia y  dicta a favor de los bancos. Había bajado la bolsa. Tras dos jornadas discutiendo sienta el precedente histórico de echar para atrás su decisión y beneficiar a la banca en el litigio: los clientes deberán pagar los impuestos de sus hipotecas. En la excepción española, junto al IBEX debería anotarse el TS como nuevo indicador de referencia bursátil. La justicia europea ya obligó a la banca a devolver todo lo cobrado por ‘cláusulas suelo’. Habrá que volver a su amparo. Los afectados lo anuncian. El descrédito de la alta justicia española registra un nuevo hito.

 Estrasburgo va a precisar una sección para nuestro país. Como el Tribunal Superior europeo –que lo es-  se está encargando de expurgar las sentencias españolas de la ideología que las contamina, de las salvedades no válidas en el sistema judicial. Lo ha hecho con la sentencia de Arnaldo Otegi. Los condenados de antemano del procés catalán se verán libres allí probablemente, aunque tras años de prisión.

Un ático de 10 millones de euros

El dinero. Me había quedado con ganas de comentarles, con esto de las prisas apagafuegos que nos gastamos en el convulso día a día, un tema desengrasante. Han venido en Madrid un ático por 10 millones de euros. En el complejo Canalejas de Madrid, que permanece aún como zona cero en obras que disuade el paso y la respiración. Este artículo es entrañable en los datos que nos aporta. Aquí tenemos a OHL, del amigo Villar Mir, y al millonario canadiense-israelí Mark Scheinberg de constructores. Las viviendas -22 de las que ya hay prevendidas 16- tienen un precio de 14.500 euros por metro cuadrado. Pero no los venden sueltos para colocar una minitienda de campaña con saco de dormir y camping gas pongamos el caso. No sería ninguna tontería porque los residentes disponen de los servicios del hotel adjunto si lo desean. “Pueden solicitar ropa de cama y mantelería, mayordomo, chófer, chef privado, llenado de la nevera, personal shopper, asesor de imagen, cuidado de mascotas” entre otros.

¿Y a que no saben quiénes están invirtiendo en esos pisos tan estupendos? Pues, según leo en las informaciones, la familia de Henrique Capriles “líder opositor venezolano” se encuentra en ellos y también detrás de varios complejos de viviendas de lujo de Madrid. Tienen todo el derecho, por supuesto, pero ¿a qué vamos atando cabos de las pasiones políticas de algunos ultranacionalistas españoles? Con suerte, Albert Rivera y Pablo Casado no tendrán más que cruzar un par de calles y la Puerta del Sol para consolar a su amigo, azote de Maduros.

Las élites

¿Y el pobre Mario Vargas Llosa, miembro destacado de las élites? Pues que Hacienda le reclama dos millones de euros impagados y, mientras litiga, ha tenido que embargar “su mansión en Madrid” a nombre de una compañía holandesa. Lo cuenta Vanitatis que es la publicación idónea para  un premio Nobel de literatura, neoliberal de extremo centro, españolista en naranja.

No deja de ser curiosa la fijación de los patriotas más activos y entusiastas por el dinero y el poder, por el amor a las grandes fortunas y a los grandes afortunados. Por la evasión si se tercia. En ese Olimpo van entrando todos. Ya está Trump. Y Bolsonaro para, como los demás, despojar de sus bienes públicos a los ciudadanos.  Alabados por sus medios. Por sus empresas. Por la Unión Europea que le felicita sin matices. Y está Macri. América se está llenando de ellos. Y, aquí,  afilan los dientes en la banda Rivera y Casado, si no le tumban los trapicheos familiares. Por el bien de la derecha sería. Que una decente ayudaría.

A la familia le llegan refuerzos desde Francia. Manuel Valls declara: “ Soy el candidato de las élites”, para responder con aparente ironía a sus críticos. De todas. Económicas, sociales, políticas y culturales. Con su ser mayestático. Nadie como las élites para ocuparse de las necesidades de la ciudadanía. Luis XVI y sus homólogos lo hacían de forma sin igual.

Dos años después, en Monessen, Pensilvania,  los obreros que, desencantados, votaron a Trump ya saben que  su ciudad no lleva el menor camino de ser “grande otra vez”. Lecciones que se pagan en ruina y dolor.  Otros siguen soñando u odiando. Mientras la ciclópea resistencia a la destrucción intenta abrirse paso. La que sabe y practica que la sociedad con la que convivimos,  poblada de personas,  es nuestra patria.

Defender la democracia con absoluta firmeza

El 31 de Mayo de este mismo año, Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, presentó una moción de censura a Mariano Rajoy que, con el concurso de 180 votos, le llevó a la presidencia del gobierno. “Esta moción nace de la evidencia de que no queda otro camino para defender el prestigio de instituciones gravemente dañadas”, dijo en su discurso el candidato. De ahí que invitara a los diputados, a los españoles a los que representan, “a que abran una ventana de esperanza desde la convicción de que, entre todos, podemos construir una España distinta. Con una democracia sana. Fuerte. Ejemplar”.

Bien, pues, no la veo, no la vemos, seguimos sin verla. Cinco meses después.

Es cierto que el gobierno del PP fue nutritivo caldo de cultivo de toda involución, alimento de una ultraderecha impune, de las cruzadas mediáticas. Y que la corrupción constituyó la sustancia, el hueso y el tuétano de esta pócima nociva. Pero esto no se arregla añadiendo zanahorias al caldo, ni una patata que absorba los excesos. Hay que actuar con firmeza.

Catalunya, para empezar. El proces. El descomunal problema con el que hoy nos encontramos. Hijo directo de un Rajoy que antepuso sus perspectivas electorales a la cordura, a la política de hecho.  Tenemos hoy todos los datos, las reuniones, los desacuerdos, la festiva campaña de firmas, el recurso de inconstitucionalidad al Estatut. Porque esto viene de lejos. Por supuesto, que el soberanismo ha cometido errores, el primero no calcular con quién trataba. Y, desde luego, embarcar a los ciudadanos en un camino de improbable final satisfactorio.

El hecho es que allí, en Catalunya, donde había un PP residual han venido a pacer muchos otros para quienes la unidad de un territorio y una sola bandera es el único objetivo político confeso. Ya nos conocemos todos mucho para saber que eso es más bien el reclamo. Viejos resquemores, un punto de xenofobia, desataron el virulento “a por ellos”.

Pueden añadir matices, aportar explicaciones, distintos puntos de vista, pero el hecho es que la Fiscalía del Estado, haciendo suyas las tesis del cuestionado juez Llarena, acusa de rebelión a Junqueras, los ‘Jordis’ y Carme Forcadell. Y les pide penas de entre 25 y 16 años. Por la consulta del 1 de Octubre de 2017 y antecedentes. Por haber puesto urnas para votar. Todos ellos, y algunos otros ex consellers, llevan en torno a un año de prisión preventiva.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional  acusa a Trapero y a sus superiores de rebelión también, y les pide 11 años de prisión.  Un delito que la justicia europea no ve aplicable a lo sucedido en Catalunya. De hecho ha negado la extradición de los políticos huidos, demostrando que si todos los acusados se hubieran marchado, estarían libres. No hubo ningún golpe de Estado, los golpes de Estado no son así. En España sabemos de eso, por desgracia.

La abogacía del Estado se inclina por el delito de sedición y pide la mitad de las penas. Enorme agravio para los medios que van a su guerra. El Mundo como ejemplo destacado hoy.

Rosa María Artal💜@rosamariaartal

De esta guisa viene la Caverna mediática. El “A por ellos” en toda regla.

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¿Claudicar es pedir sedición en lugar de rebelión? El abogado Gonzalo Boye, que logró internacionalizar la persecución de los líderes del procés, no lo ve así precisamente.

Gonzalo Boye

@boye_g

Acusar por sedición, en lugar de por rebelión, no es un gesto sino una trampa para legitimar un proceso judicial impropio de cualquier estado democrático. El 20-S y el 1-O solo se produjeron hechos que toda democracia debe tolerar… libertad de expresión, reunión y manifestación

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Estos terribles sucesos forman parte de la contienda de fondo. Las dos Españas siguen ahí. Quienes  socavaron “el prestigio de instituciones gravemente dañadas” lo siguen haciendo.

Pasemos si no a ese PP que en el que su secretaria general entonces, Dolores de Cospedal maniobra y negocia con un comisario regente de una organización criminal, según la acusación que le ha llevado a la cárcel.  Con ayuda de su marido, Ignacio López del Hierro, activo participante en las reuniones,  a quien sepamos nadie eligió para esa función. Lo que estamos conociendo es flagrante. No traten de equipararlo con ningún otro caso. La número dos del partido en el gobierno en reuniones clandestinas. Sabiendo de la destrucción de pruebas de corrupción. Haciendo encargos mafiosos.

La democracia española está seriamente pervertida. Lo vemos a diario en múltiples manifestaciones. A salvo de algunas disfunciones, el Parlamento no. Y a ellos compete preservar la acción de un gobierno que no puede pararse en buenas intenciones. Es cuestión de supervivencia. De la democracia. De la decencia incluso. Y con ellas del futuro de toda una sociedad.

La justicia española no puede ser una excepción de la propia Justicia que se gana unas mayúsculas. Lo que humilla a España -que tanto preocupa en sus acusaciones  a Casado y Rivera y sus voceros- es el ridículo internacional de pedir rebelión y sedición por poner unas urnas. Y apalear a los votantes, no lo olvidemos. Todo el mundo lo vio. Apliquen la justicia homologada y saquen a estos políticos de la cárcel de una vez.

Una justicia independiente se miraría muy en serio las andanzas del PP para poner en marcha los procesos pertinentes que limpiaran semejante historial de corrupción. Pero, en este y otros casos, difícilmente puede lograrse cuando el poder judicial se elige “a dedo”. El libro de Ignacio Escolar y Joaquim Bosch lo demuestra claramente. Existen pues mecanismos que eviten tentaciones de parcialidad.

Las subvenciones camufladas a una prensa que no informa sino que manipula y que incita al odio deben terminar. Cierren el grifo hasta que ejerzan el periodismo.

Si la jerarquía católica se empeña en permitir que nos incrusten los restos del dictador Francisco Franco en el centro de la capital de España, revisen el concordato. Cierren el grifo si no cumple los estándares democráticos en este punto.

Cierren el grifo a las organizaciones fascistas y filofascistas como ya pide el parlamento europeo. ¿Qué pito tiene que tocar en España lo que opinen los Franco? Hasta de respeto se ha oído a hablar.

La  Guardia Civil escribe en twitter lo que debemos hacer con la bandera de España. Añadiría una reflexión a las críticas. La bandera no es lo que mueve al orgullo y es susceptible de ofensa. Los valores de paz y libertad están en la sociedad, o deben estarlo. A mí no me cabe la menor duda de que hay gente que se esfuerza por defender esos valores hasta con riesgo de su vida. Desde el Mayor Trapero a muchos otros.

La Sexta retira el vídeo de El Intermedio que ofendió a los que ven España solo en una enseña de tela.  TVE se disculpa con la Falange a quien se ha faltado al respeto en OT.  Léanlo dos veces quienes no lo sepan. ¡al respeto!  ¡A Falange! Y no es lo más grave. Los continuos ataques de la derecha política y mediática se van notando en los telediarios. Acaben con los cupos, con las declaraciones opinativas, los espectadores precisan información. Claro que aquí atacan los medios con igual virulencia hasta con campañas de difamación en las que tienen larga experiencia. Sus víctimas poblamos los ceniceros de sus ganancias.

Miren Brasil, como último ejemplo. Con paños calientes no se soluciona este conglomerado. Este tipo de adversario emplea los usos del maltrato clásico.  Contemporizar les supone un avance. Ceder solo es la antesala de ceder más.  Dijo Pedro Sánchez : “una época de la que hay que pasar página”. No se ha pasado. Atiendanel gobierno y sus apoyos. Miren a la sociedad. Actúen. Con firmeza. “Todos, podemos construir una España distinta. Con una democracia sana. Fuerte. Ejemplar”, sí. No hay excusa. En España siempre hay ruido de sables y de sobres. Hasta que el potente sonido de la democracia los apague con fuerza atronadora.

¿Cómo tratar a los votantes suicidas?

Van cayendo, una tras otra, las bolas de esa lotería que entrega el poder a los nuevos, eternos, fascismos. Brasil es la más reciente. 58 millones de seres han elegido un presidente, Jair Bolsonaro, que se propone destruir hasta las bases de la democracia. Incluso dañar, vender, parte del pulmón del mundo, la Amazonía, que cayó en su territorio. Nadie debería sorprenderse puesto que lo ha anunciado, pero hay un ingente número de personas que creen en la imagen que se han forjado del personaje  y obran por sentimientos sin utilizar la lógica. Sin dar la importancia esencial que tiene la razón en el comportamiento humano.

Brasil es el último ejemplo, pero otros 62 millones de electores entregaron su confianza a Donald Trump y ahí sigue bastante estable. La lista en Europa empieza a ser larga, desde el húngaro Viktor Orbán y el polaco Andrzej Duda, pasando por Austria, Eslovaquia, hasta la Italia de Salvini. O la desnortada derecha española. La temible peste ultra avanza sin pausa impulsada por una población –cuesta llamarla ciudadanía- que vota con una obcecación impropia de seres racionales. No hay excusas. No son ideologías del juego democrático.

Me dirán, y estoy de acuerdo, que partimos de democracias imperfectas. En muchas de ellas, el peso de la corrupción altera todos los esquemas. Por cualquier campo que se indague –escribí del  narcotráfico en el artículo anterior – vemos el dedo que duele en cuanto toca. Y que hay circunstancias, quizás consecuencias, diferenciales en este momento histórico.

La impunidad viene instalada en la esencia del capitalismo pervertido ya en la anterior crisis del 29. No hay ni en Tulsa, ni en parte alguna, a quien reclamar por Las uvas de la ira.  La crisis actual ha ahondado las desigualdades, ha expulsado del sistema a muchas personas, las ha abandonado. Y las ha manipulado a niveles desconocidos. Sí, siempre hubo quien ejerciera esa labor. Pero ahora, se multiplican los púlpitos mediáticos plegados al poder, los mensajes uniformes y masivos, y las fake news operan con inusitada fuerza.

Es indispensable marcar la diferencia, cada vez con mayor rotundidad, entre el periodismo y la propaganda. Los medios a los que ataca Trump, por  ejemplo, son los que cumplen su labor de informar. El magnate norteamericano supo utilizar esa baza para identificar el descontento ciudadano con los medios críticos. Les llama “los enemigos del pueblo”. Según contó Almudena Ariza, corresponsal de RTVE en Nueva York, “en un sondeo reciente de CBS, el 91% de sus “strong supporters” opinan que la información que Trump proporciona es precisa. Y solo el 11% cree en los medios como fuente fiable”.

Trump ha usado las fake news a discreción en su campaña y en su ejercicio de gobierno. Bolsonaro le ha imitado, con éxito. En España hace tiempo que funciona la estrategia contra la izquierda. Hay millones de seres dispuestos a creer cualquier falacia malintencionada, siempre que conecte con algo que anide en sus intestinos. A creer cualquier explicación simplista. Insisto en que las tribuswasaperas están teniendo una influencia decisiva en la involución. Se tragan y difunden lo que sea como si fuera verdad absoluta.  Creen. Quieren creer. Da más trabajo pensar.

Hay razones para el descontento. El error se da al abordar las soluciones, cegados por influencias que no descartan ni el odio. Lo priorizan. El rechazo al Partido de los Trabajadores de Brasil ha llevado a muchos de esos 58 millones de votantes a creer que sus problemas los arreglará un régimen fascista. Así sucede en otros países. Así pasó ya en la trágica Europa de Hitler y Mussolini. En España, se impuso por las armas.

Toda la historia de la filosofía se puebla de esa incógnita por la que algunas personas obran en contra de sus propios intereses. Es una de las primeras definiciones de la ignorancia. Siempre acompañada de osadía y autosatisfacción.  El caso es que la irracionalidad gana terreno. Y vuelven las críticas a lo que no ha sabido hacer la izquierda. A que no convence. Explorando causas y soluciones,  llegamos a la conclusión de que insultar a los votantes de Trump no sirvió de nada. El país de los 200 millones de habitantes, algo más abajo, se entrega a Bolsonaro. Igual todas son tácticas fallidas.

España elige un líder de la derecha oficial, el PP, que produce sonrojo. Su desfachatez, su incultura, sus mentiras descomunales. Los discos sin fin con las cuatro ideas repetidas de los líderes de Ciudadanos se inscriben en similar contexto.  Y ya no nos falta más que la promoción de la ultraderecha neta con ese cortejo de los horrores con el que aumenta sus filas. Y todo ello alentado, y al menos lavado por buena parte de los medios.

Al ciudadano que se siente a gusto con esta situación le molestan las críticas. Es consciente de su poder. Existe, en ese sector y en la izquierda exquisita, una autentica apología de la ignorancia que acusa de clasista cualquier apelación al conocimiento. Siempre recuerdo a José Luis Sampedro cuando hablaba de los votos tan condicionados como para pervertir su sentido. “Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”, concluía.

A este ser escasamente lógico, los datos contrastados le sobran, le convencen más los mensajes emocionales, viscerales. Lo  que mejor funciona, decían los expertos, es ganarse su confianza y desplegar la persuasión, con múltiples cautelas para que no se replieguen.

A la ultraderecha troglodita que alcanza el poder le basta con mentirles y decirles lo que quieren oír. En algunos casos, hundidos en la miseria, les seguirán creyendo. Se trabajó y se trabaja mucho para que así sea. Tenemos un problema grave y creciente.  Porque perturba la convivencia de todos. El futuro.

La condescendencia tampoco funciona. Poner la otra mejilla nunca resultó para las víctimas. Hay que enfrentar la verdad, decir las cosas claras, y mover las teclas con efectividad.  “Es hora de aullar”, dijo José Saramago hace 14 años. “Se presentan tiempos de oscuridad, el fascismo puede regresar y llegar a la paradoja de que  -por ejemplo, en la Unión Europea-  haya un país en el que el pueblo decide elegir un gobierno fascista. ¿Qué vamos a hacer después?”.

¿Qué vamos a hacer antes, ahora, cuando aún hay tiempo para nosotros?

Los narco negocios y el lavado de imagen

Con asombrosa exactitud, grandes problemas de nuestra sociedad aparecen como el dedo roto que duele cuanto toca. Pautas comunes para satisfacer el imperio de la codicia, sin mirar más. Las soluciones, complejas, bajo el mismo reinado. La indefensión de las víctimas resignadas a serlo, ignorantes de cuánto lo son, incluso. Todo es susceptible de compra y venta. Turbias, si es preciso.

El narcotráfico es uno de los negocios más rentables que existen actualmente. Equivale al 1% del producto interno bruto global y forma parte del circuito mundial de la economía, según se estima. Un negocio en toda regla, con enormes beneficios que goza de estabilidad en la demanda y en la oferta. Se recompone a pesar de las detenciones. Utiliza los adelantos más sofisticados de la ingeniería financiera. Se beneficia de debilidades institucionales. Y, por el dinero que maneja, compra complicidades en cuantos estamentos necesita. Llega a influir en  la toma de decisiones políticas.

Una mesa redonda, un panel, en el Seminario Internacional sobre “Drogas, políticas y violencia”,  puede llegar a suscitar interrogantes comunes a los diversos daños que nos aquejan. Se desarrolló esta semana en Barcelona. Con expertos auténticos.

El sur produce y el norte distribuye y se lleva el beneficio. Hasta el 65% en el menudeo de las calles estadounidenses, explicaba el economista colombiano y director del Observatorio sobre Redes Ilícitas Transnacionales, Luis Jorge Garay. “Sin lavado de activos, la economía de los Estados Unidos podría contraerse un 15%”, concretó. Con la droga ocurre casi como en el cultivo del tomate o los limones de cualquier parte del mundo. Solo que los sueldos de los productos que acaban en estupefacientes quintuplican el salario medio del país de origen.

Una tonelada de hoja fresca de coca sale, tras la elaboración, a 800 dólares el kilo. Se pone a 2.200 tras su distribución y  exportación por contrabando. Terminará vendiéndose a 50€ el gramo en España (solo con el 44% de coca real) y a 137 en Finlandia por ejemplo, con un 48.5% de “pureza”. Los datos los aportó Marco Antonio Jiménez, Sargento de Mossos, policía autonómica catalana.

“Pero los muertos los pone México”, resumió la periodista Ana Lilia Pérez, cuyas investigaciones le han merecido premios internacionales y temporadas de exilio de su país. Más de 180.000 víctimas mortales se vinculan al narcotráfico en México. Y luego están las víctimas de su consumo en cualquier parte,  en la salud pública y en la individual, en la calidad de vida.

“Los cárteles tienen un problema importante en la división de Recursos Humanos, no pueden contratar a los mejores”, decía el sargento Jiménez con ironía. Tampoco pueden acudir a la policía a resolver sus conflictos, robos incluidos. De ahí, la violencia mafiosa como método de relación laboral.

De ahí, la existencia de una zona gris, un híbrido de aparente legalidad que trabaja para la ilegalidad, detallado en la exposición de Luis Jorge Garay. Impregna el esqueleto de la sociedad hasta la cooptación del Estado. En creciente expansión.

Los datos fluían apabullantes. Los paraísos fiscales como máquina de lavado. Las bitcoins. El Pitufeo. Las discotecas. La instrumentalización de algunas ONGs como tapadera. Los binladens, o billetes de 500 euros. Un millón de euros en esa moneda, solo pesa 2,2 kilos, se pueden llevar en un bolso. Y, en billetes de 50€, 22 kilos, caben en una maleta. 

Cultivo ilegal "indoor" en Murcia. Archivo. Guardia Civil
Cultivo ilegal “indoor” en Murcia. Archivo. Guardia Civil

La marihuana que ya da cuatro cosechas al año, con uso abundante de electricidad  en el cultivoindoor para no ser detectados por la investigación área. Los errores pueden provocar facturas tan elevadas que levanta sospechas y  llevan a detenciones.

El lavado… de imagen, a cargo de ese ejercito de colaboradores del gris en todos sus tonos. Socialmente admitido, objeto de chanzas, hasta políticos esnifan. En México los capos regalan juguetes a los niños por navidad, apunta Ana Lilia Sánchez. Sito Miñanco sigue siendo un héroe en Galicia, sabemos. La coca no mata, no es como la heroína,  comentan.  Sí mata, sobre todo las conexiones neuronales. Lo constaté en algún reportaje. A menudo está adulterada con anfetaminas y otras sustancias irreconocibles. Pero la cocaína pura es nociva en sí misma, va directamente al cerebro  y al sistema cardiovascular. Sus adictos son considerados enfermos neurológicos. Los efectos son perfectamente detectables en resonancia magnética.

Hay cuestiones pujantes y comunes a cuanto narcotiza a la sociedad. Para lucros ajenos, no conviene olvidarlo.

La legalización o regulación de las drogas, miradas desde un punto de vista pragmático, acabaría con buena parte del negocio al suprimir la clandestinidad. Pasó con el alcohol. En el Seminario hubo consenso casi total en avanzar hacia esa regulación. Canadá ya lo ha hecho con la marihuana. En España lo ha propuesto Pablo Iglesias, en nombre de Unidos Podemos. Porque hay grados. No es lo mismo el cannabis de cuyas flores se produce marihuana y hachís con la resina, que la heroína, otros opiáceos, la cocaína incluso. Cuestión aparte son las metanfetaminas, enorme problema actualmente por su más fácil acceso.  Los daños a la salud física y mental de afectados podrían ser tratados. Los narcos se dedicarían a otros contrabandos, oponen para no mover nada. Pero ya lo hacen. A todos y más que se incorporan. Vuelve con fuerza la minería ilegal.

Grandes dilemas éticos sí se dan y se saldan del lado oscuro, en mi opinión. Producir drogas como modo imprescindible de vida, fabricar armas o barcos de guerra para preservar el pan de los hijos. Es el estadio primario del  lavado de negocios manchados de dolor. El que haya muerto por su causa ya no tiene ese problema. Sus hijos, sí.  Ha de haber, hay, otros trabajos que no impliquen esas cesiones. La organización de los países ha de prever otras salidas. Imprescindiblemente.

Pero eso nos lleva a la clave fundamental. ¿Quién lo lleva a cabo, quién le pone el cascabel al gato? Todos los negocios ilícitos se nutren de la impunidad que llega por complicidades compradas.  Muchos de los lícitos, con graves consecuencias sociales también. “El gran reto es fortalecer las instituciones y atacar los mercados negros generados por el narcotráfico”, apunta Ana Lilia Pérez.

Luis Jorge Garay tiene la respuesta global: La solución está en la mano de las élites. Ellas pueden operar los cambios necesarios. Lejos de hacerlo, caminamos hacia sociedades cada vez menos democráticas, con menos derechos. El capitalismo termina fracasando por esa vía . “Todas las medidas deben ir forzosamente acompañadas de la construcción de sociedades incluyentes, cuyos sujetos sean “ciudadanos y no meros habitantes”, concluye.

No las tenemos. El narcotráfico con su ingente volumen financiero, de daños y beneficios, es un síntoma de un problema más complejo. Sociedades compuestas por un número suficiente de personas adictas a la ignorancia, al odio, a la irracionalidad, a la banalidad, a un hedonismo destructor, a la cesión de sus libertades, al olvido de sus obligaciones, al egoísmo. Sus propias frustraciones les hacen sujetos vulnerables y más proclives a evadirse por cualquier método y se alimenta el círculo. Drogados con narcóticos que no detectan (seguramente el negocio más eficaz y lucrativo). Los que expanden desde la zona gris quienes no tienen escrúpulo alguno en lucrarse a su costa, a costa de toda desgracia.

 

¿Quién compra este futuro?

El banco ‘millennial’ inglés Revolut busca un responsable de negocio para España. Los aspirantes deben conseguir, en una semana, que 2 00 personas abran una cuenta y metan diez euros. Es la prueba decisiva. Pero no les pagarán por la gestión consigan o no el puesto. Ha sido una de las noticias más vistas en este medio al inicio de la semana. Al mismo tiempo, la cadena de supermercados Dia, comercio tradicional, cae en picado. En una semana ha perdido el 55% de su valor en Bolsa. Y sigue bajando. No supone el hundimiento del sistema pero sí potentes síntomas de los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad. Y, justo, cuando electores obnubilados se prestan a escuchar los cantos de las orcas asesinas de los fascismos.

El mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa, sin que muchos sean conscientes de cuánto implica. Lo hace ahora mismo. Impelidos cada semana a apagar algún fuego, los periodistas terminamos dejando a un lado las grandes transformaciones que se cuecen. Un tsunami que arrasa con las formas de lo conocido, creando nuevas normas. Las preocupaciones de hoy dejarán paso a otras que se desarrollan en terreno desconocido.

Nos están marcando otra manera de vivir. Pisos nicho sin apenas espacio para moverse, escasez brutal de empleo cargado de incógnitas y formas diferentes de funcionar y relacionarse. Coexistiendo con el inmovilismo y la regresión y un frívolo desentenderse de todo. Tendiendo a la precariedad. En un campo en el que viene a pastar y cazar la ultraderecha.

Soluciones “habitacionales”

El hogar, de entrada. Vamos leyendo las ofertas de “soluciones habitacionales” -toda una declaración de intenciones- que del globo sonda pasan a la realidad. Se están alquilando ya “estudios”, cuatro paredes, de 15 metros cuadrados. “Aunque no hay cocina, la habitación viene equipada con un microondas, una placa de inducción y una nevera”, recogía un reportaje de la Cadena SER. Y, todavía más espectacular, por entre 510 y 550 euros al mes. Auténticos zulos, armarios, como pude comprobar en el Manhattan de los 90 que se fue extendiendo en tendencia. Hay otros, por supuesto. Los de 120 metros cuadrados ya andan por 1.700 euros de alquiler y la derecha política afirma que cobrar 900 euros de salario mínimo es un derroche. El modelo neoliberal se impone y se acrecienta. Se reafirma en su función especulativa, no social. Y hasta Alemania que la había preservado, cae en las alzas de precios. Habría que revertir la tendencia.

La crisis del comercio

El empleo es la otra gran variable. No salen las cuentas. La burbuja que ahora mismo está explotando es la del comercio, el minorista en particular. Un sector que da trabajo a millones de personas en todo el mundo. EEUU, el paradigma del consumo, viene cerrando establecimientos desde la gran crisis de 2008. El año pasado fue una hecatombe. Ahora mismo, al gigante SEARS le quedan 900 tiendas de las 3.500 que tuvo y prevé cerrar 188 de aquí a primeros de año. Ha presentado ya su expediente de quiebra. Los centros comerciales, el gran símbolo de esta fase del capitalismo, se encuentran en un momento difícil.

Cada vez desciende más la actividad comercial en tiendas físicas. La tendencia ya ha pasado a Europa. Se escriben libros sobre el apocalipsis del retail. Artículos que, sin duda, quedarán postergados por alguno de los ataques de los políticos sedientos de poder, algún zarpazo de los medios, alguna boutade de cualquier de los actores de ese gremio. La vida real sigue su marcha entretanto.

Antonio M. Vélez contaba hace unas semanas en eldiario.es las firmas europeas que ya están sufriendo la debacle experimentada en Estados Unidos. La británica Marks and Spencer, la sueca H&M, están cerrando tiendas, como ya lo hiciera la alemana C&A. Inditex también se está viendo afectada en su comercio internacional. Pérdidas millonarias en Carrefour que atribuyen a la compra de Día en Francia. A la propia cadena Dia ya la vemos. Visibles problemas en El Corte Inglés, inconfesos. Rumores de fusiones. De todos con todos. Ya no venden lo que vendían: venden distinto, es el comercio el que ha cambiado y lleva camino de cambiar más. Se citan como causas principales, los avances tecnológicos y la demografía. La robótica. La uberización. La compañía que da nombre al movimiento planea alquilar por horas, como los coches, a camareros, azafatas o guardas de seguridad. De momento, llegarán por su propio pie, se supone. Uber ya planea repartir comida con drones para resolver el problema del tráfico, dice. Habla de “hamburguesas voladoras”. Son dos noticias del día. Cambian los gustos también: clientes jóvenes que prefieren adquirir experiencias y productos menos habituales. Hubo una alocada sobreabundancia de tiendas. Algunos países todavía van en la fase de abrir sin tino.

Todas las grandes superficies se están adaptando. Los usuarios ya no acuden tanto a la tienda física como a Internet, convertida en la vía preferida para buscar antes de adquirir. El comercio electrónico está arrasando, entre los jóvenes sobre todo. En Media Markt de San Sebastián de los Reyes, Madrid, pude comprobar que el espacio para recoger pedidos está ganando terreno, enorme terreno, en la tienda. De un modo casi exponencial. Aún se recoge en las tiendas. Aún. Amazon, la gran cadena de distribución, se multiplica en los envíos. Todos quieren ser Amazon, con lo suyo y lo ajeno. Empezamos a ver un futuro de empleos de repartidores masivo… hasta que sean sustituidos por drones. Habrá empleo para constructores de drones, programadores de drones. De momento.

Los trabajadores del comercio afectados son, según los datos, 42 millones en EEUU, el 25% de la población activa. El 20% en el Reino Unido y en España entre el 16% y el 18%. Pero en el fondo afecta a muchas más profesiones alrededor, al empleo indirecto.

Otra forma de vivir

Lo estamos viendo. Los cines desaparecen de las calles que se llenan de tiendas de ropa barata. Todavía. Se mantendrán algunas solo, lo más probable es que pasemos a las plataformas de distribución que proliferan. Para ver en el metro. En el parque. En el bar. En el gimnasio. En casa. En las que merman. Según el alquiler o la compra que podamos pagar con los empleos que habrá o no habrá pero están cambiando.

Trabajando en casa también. O en el metro, el parque, el bar, la biblioteca. Con la información y hasta la educación que nos llega por los medios. En donde ya se ve a bancos aconsejando sobre la educación de los hijos en vídeos que ofrecen entre las noticias los periódicos. Vigilados, desde en las compras hasta en los pensamientos escritos. Otra forma de relacionarse. Donde lo virtual toma gran protagonismo.

Son solo apuntes del futuro que ya tenemos en la puerta, que la ha traspasado en muchos casos. La Cuarta Revolución Industrial está aquí, la Industria 4.0, I4 también la llaman. Están aquí cuando algunas cabezas no han pasado de la primera o la segunda. A todas se fue adaptando la Humanidad.

Nada previsto para los menos hábiles y competitivos

Lo que parece seguro es que no habrá empleo para todos o no el que conocemos. Ni suficiente población activa para sostener a la inactiva. No por este camino. Los afamados expertos, citados para todo, avisan sin cesar de estos cambios pero no tanto de cómo resolver la ecuación. No, por este camino. Y tampoco contemplan muchos más. Hablan de mejorar las habilidades, los talentos, de especializarse y ser competitivos. De Skills Revolution, Talent Magnet, Digital Leader. Mientras tanto se educa en el adormecimiento. Y no se prevé nada para los menos hábiles y competitivos. Hay otras vías, más sociales, más humanas de abordar el tiempo que viene.

Buena parte de los jóvenes lo tienen claro: les hemos preparado un futuro que no hay quien lo compre ni con regalos de oferta. No parece que les interese adquirirlo y menos sufragarlo con estas cargas. Buscarán sus soluciones. ¿Y los demás? ¿Todos?

España ocupa  el último lugar en inversión pública en I+D de la OCDE en datos de 2015. España ha descendido con Rajoy al puesto 26 en el Índice de Desarrollo Humano desde el 13, en el que estuvo con Zapatero.

¿Usted les dejaría la gestión a los chicos de los másters fantasma y las acusaciones fraudulentas? ¿A los que enfangados en sus intereses ni se enteran de lo que realmente debería ocuparles? ¿A quienes agitan banderas por todo proyecto de país? ¿Somos conscientes del futuro que viene?

El mundo cambia, como es su obligación. Lleva haciéndolo desde el comienzo de los tiempos. La involución lleva a la barbarie que ya vemos. Y solo los peces muertos siguen la corriente, como dice un proverbio foráneo que ha terminado siendo internacional.

¿Hasta dónde puede llevar el ejercicio abusivo del poder y el silencio que lo ampara?

Un periodista decente acaba de ser asesinado con crueldad extrema. Troceado en vivo hasta la muerte, según indicios concluyentes. Jamal Khashoggi, saudí, entró en el Consulado de su país en Estambul para gestionar los papeles de su boda y ya no salió. Espeluznantes detalles de la tortura sufrida. Sus artículos en The Washington Post eran críticos con el Príncipe heredero y viceprimer ministro de la poderosa petromonarquía, Bin Salmán, de 33 años. Un aperturista, nos contaban. La identificación de  Maher Abdulaziz Mutreb en la escena del crimen vincula el caso al Príncipe a cuyo servicio de seguridad pertenece. La última columna de Khashoggi decía: “ Lo que más necesita el mundo árabe es libertad de expresión“.

Y no pasa prácticamente nada. Trump no sabe cómo quitarse el muerto de encima. “Puede perjudicar sus relaciones con Arabia Saudí”, escuché en una crónica de un telediario. Y a nuestro Ministro de Exteriores le da justo por echar a cónsules contrarios a su cruzada, sin nada que decir del asesinato de Khashoggi. Todos miran para otro lado, sí. Hasta periodistas. Las gentes acaudaladas tienen muchos negocios por hacer. Y el resto mucha impotencia que asumir.  Pero con Khashoggi  ha sido asesinada la libertad de expresión y los derechos de todos. Una vez más.

El Príncipe heredero de Arabia Saudí, Bin Salman Abdulaziz al Saud (c), a su llegada a la Base Aérea de Torrejón, Madrid, con motivo de su primera visita oficial a España. EFE/Emilio Naranjo.
El Príncipe heredero de Arabia Saudí, Bin Salman Abdulaziz al Saud, a su llegada a España. Descendiendo del avión, Maher Abdulaziz Mutreb. EMILIO NARANJO / ELDIARIO.ES

Hoy sabemos que el presunto cabecilla del asesinato de Khashoggi acompañó al príncipe saudí en su visita a España  en abril para cerrar la famosa compra de cinco corbetas de los astilleros públicos de Navantia por 2.000 millones de euros. Y otros cuatro contratos.

El dinero, en grandes cifras, siempre en el centro.

La prensa convencional española acababa la semana desolada por el fallo del Tribunal Supremo contra los gastos hipotecarios que cobraron indebidamente los bancos. “Batacazo de la banca tras la sentencia de las hipotecas” dice ABC. “Los bancos en “shock” al endosarle el TS el tributo a las hipotecas” titula El Mundo. “Mazazo a la banca: podría llegar a peligrar hasta la mitad de su beneficio en España”. Los programas radiofónicos del bloque instruían en el mismo espíritu. Quizás confiaban en el sacrificio de sus lectores y oyentes hipotecados. En sus renuncias por un bien superior. Pero l os llantos  por el “mazazo” a la banca   han llegado más alto y más al corazón de la efectividad, al parecer.

A mediodía,  el Supremo comunicaba la paralización de su sentencia  para revisar “con urgencia”  la decisión sobre el impuesto de las hipotecas debido a su repercusión económica y social. Una reacción insólita, sin precedentes. El anuncio del Supremo dispara las ganancias de los bancos en bolsa. No cabe mejor titular de esta España en la que ocurren cosas tan insólitas. 

Es un escándalo que ha causado impacto. El dinero mueve algunas solidaridades más. Pero la semana acaba con otra cadena de tropelías  que mañana o pasado a más tardar habrán entrado ya en el Purgatorio informativo de los justos o limbo. Éste aún existe a diferencia del ubicado en el reino de los cielos.  Allí donde la jerarquía católica española pone al frente de su Comisión antipederastia al obispo que ocultó el caso de abusos de La Bañeza, León.

Y el gobierno, el presidente Sánchez en persona, nombra Consejera de Estado a Soraya Sáenz de Santamaría.  Hace poco más de un año inició el proceso de solicitud de reprobación como vicepresidenta del gobierno del PP por su gestión de la represión en Catalunya contra los votantes del 1-O. Luego lo retiró como pedían “voces críticas” del PSOE.   Ahora, le ha dado un puesto de honor.

A nadie puede extrañarle lo que ocurre en España. Vivimos en un país poco transparente. Un país de dossieres, sin duda, como puede conocer cualquiera que siga las andanzas judiciales del Comisario Villarejo, sus tramas labradas durante años. Con ramificaciones. Con tramas parejas.

No salimos de nuestro asombro, dicho sea en frase retórica. Un alto cargo del gobierno de Mariano Rajoy se reunió fuera de agenda con el presidente de Andorra una semana después de la confesión de Jordi Pujol.  Ese país que acogió la fortuna amasada por la familia del ex president catalán.  Y a quien se le ocurrió decir cuando comenzó la investigación sobre  el origen de sus cuentas: “Si caigo yo, caemos todos”. Y ahí lo tienen ustedes al fresco cuatro años después.

Es un país en el que ni los atentados más terribles que ha sufrido España paralizan el afán depredador de algunos desaprensivos. El 11M precisamente, Francisco Granados  (PP) y López Madrid, el famoso compiyogui real,  amañaron un contrato de Ifema, donde iban llegando los cadáveres, por cierto. Según la investigación de la UCO manipularon la adjudicación de un aparcamiento de la gran Feria de Madrid para dársela a una modesta constructora que solo hacía viviendas residenciales.

Ya no se deroga la Ley Mordaza tampoco. Van a estudiar su reforma. Ciudadanos llevará al Congreso como asesor de los cambios a un policía que vincula inmigración y terrorismo. “Me cago en la ideología de género” asegura en sus redes sociales, además.  No puede estar en mejores manos ¿verdad?

El PP on fire entretanto.  Pablo Casado hastía a Angela Merkel a la que ido a ofrecerse para presidente del gobierno español. La ex ministra Tejerina insulta a los niños andaluces y a la izquierda  desde el pedestal de su soberbia y su ignorancia.  Dolors Monserrat presume ella misma de su ridículo. Y, ya en plena efervescencia, el PP  pide al Supremo que ordene repetir el juicio de Gürtel con un tribunal “sin apariencia de parcialidad”. Oiga, que visto lo visto, nunca se sabe. 

La derecha tiene crítica y chanza para rato con la visita de Pablo Iglesias a Oriol Junqueras en la cárcel para hablar de los presupuestos. En la cárcel, en donde  lleva casi un año de prisión preventiva bajo cargos discutidos en sectores judiciales de Europa y de España.  Los políticos que intentan actuar les hacen mucha gracia a los parásitos.

Como buena parte de los refranes, el que habla de sacar las castañas del fuego se inventó en un tiempo sin guantes aislantes y, al parecer,  casi sin cucharas o pinzas. Pero las castañas o las patatas calientes, los derechos conculcados, siguen abrasándose en la lumbre y alguien habrá de afrontar la tarea de sacarlos. Hablamos de responsabilidades con lo propio.

Hemos llegado a un punto en el que a quienes, en su dejadez, permiten que pisotean sus propios derechos y los de todos, aún hay que contemplarles, mimarles e intentar convencerles.  Los peores son los que siempre encuentran una buena coartada para callar: hay casos parecidos y peores, no se habló en é ste o aquél.

¿Hasta dónde puede llegar el ejercicio abusivo del poder y el silencio que lo ampara?, también es retórica la pregunta pero cada cesión es una necrosis de la democracia, más aún de todo aquello que nos permite considerarnos seres humanos.

La necedad de los nuevos líderes de la derecha

Los nuevos liderazgos en la derecha y ultraderecha han alumbrado un preocupante modelo de político. Un ser desinhibido, cínico, mentiroso compulsivo, irresponsable, con escasas luces, profundamente inculto y conservador hasta las trancas. Tanto, que no les queda apenas espacio para un hilo de luz que ilumine las zonas oscuras. Lo alarmante es que deben responder a un prototipo de ciudadano votante que se siente identificado con ellos, capaz de creerles y subirse a su carro.

En la línea de Donald Trump que, mirando para sí al menos tiene claros sus negocios, surgen los Bolsonaro en Brasil y esta caterva de ultraderechistas europeos, españoles también, desmedidos, desaforados, encabritados, sin un gramo de complejo o pudor por lo que dicen y hacen. Tras años viendo cosas que no íbamos a creer, la realidad nos ha sobrepasado y sabemos que esto es solo la antesala de lo que está por venir, si los cuerdos no reaccionan a la amenaza.

Pablo Casado, presidente del Partido Popular, lo es porque en el tándem final de unas extrañas primarias, los compromisarios preferían al diablo antes que a Soraya Sáenz de Santamaría. Dicho sea en términos coloquiales, no textualmente satánicos. Tantos años de Gürtel y el abecedario de la corrupción llevaron al PP a esa tesitura. Casado apuntaba maneras desde el principio. Ahijado de Aznar y Aguirre, capaz de defender lo indefendible con esa expresión un punto cínica que exhibe cada vez que suelta una astracanada de entidad.

Casado carece de todo complejo, de toda prudencia. El joven líder se nos ha ido a Bruselas a “tranquilizar” a la UE ante los Presupuestos del gobierno y Unidos Podemos y a decirles que él está “preparado para gobernar”. Intimó con Juncker el presidente de la Comisión, al abordarle en un pasillo para soltar que España es un “desastre” con este gobierno socialista. Y ahora va a pedir la venia porque al parecer no somos los españoles los que votamos sino las manos del mercado y del mando de la UE.

Su segundo, Teodoro García Ejea, otro brillante lumbreras, encuentra a Casado un hombre sensato. Y cree muy acertado que vaya a la capital comunitaria a informar de que “no toda España está representada por el señor Sánchez e Iglesias (sin señor) y es bueno que se sepa en Bruselas”. Hasta ahora, allí no tiene ni idea de los resultados electorales en nuestro país, del gobierno actual, ni de nada. Es lo que tiene volver a ser la Reserva Espiritual de Occidente y cocer el espíritu en privado. O pensar que todos son de su condición.

“¿Qué otro país puede decir que un nuevo mundo fue descubierto por ellos?”, dijo Pablo Casado provocándonos un hipo incontrolable. “La Hispanidad celebra el hito más importante de la humanidad, solo comparable a la romanización”, añadió  henchido de orgullo. Mostrando esa incultura honda que caracteriza a su modelo político. Y un patrioterismo de citas de almanaque. Toda la historia de la humanidad, desde las expediciones prehistóricas a los grandes hitos del progreso, reducida al imperio español. Los latinoamericanos más benevolentes se mofaron de él: “Ahora puedo comprar carne en el supermercado en vez de ir a cazar”, comentaron en El Intermedio, de la Sexta. Los historiadores serios le dicen a Casado:  “Es el relato del franquismo”. Hace falta osadía para decir y para oír esto sin pestañear.

 

Casado incurre en graves irresponsabilidades. Puede darse el caso de que alguien le escuche con atención creyendo que es un líder político con aspiraciones de gobierno. Insultó a los andaluces a quienes ofertó banderas que todo lo enjugan. Casado es más de nacionalismo castellano, de Santa Inquisición y Reyes Católicos. Contó que “En Cataluña no se puede vivir en las calles sin el riesgo de que te insulten o amenacen por el idioma en el que hablas”, algo rigurosamente falso. Pero que calienta un conflicto del que, junto a Ciudadanos, busca réditos electorales, sin pensar en las víctimas que ocasiona. Políticos presos por un año ya en algunos casos bajo acusaciones cada día más cuestionadas.  Acaba de sumarse el ex presidente del Tribunal Constitucional. Pascual Sala no ve los delitos de rebelión y sedición en la causa del ‘procés’.

Albert Rivera, el presidente de Ciudadanos, se ha convertido en una especie de bot que repite cuatro ideas, con gesto agrio, mirando a derecha e izquierda, inmune a todo argumento que le demuestre lo erróneo de sus afirmaciones.  Que el acuerdo de presupuestos no “podemiza” la economía, no es de extrema izquierda, se llama Estado del Bienestar y lo disfrutan desde hace años varios países europeos, como explicó detalladamente el director de eldiario.es Ignacio Escolar. Que la subida de impuestos no está dirigida a “la clase media trabajadora”. Afecta a quienes ganan más de 130.000 euros. “A uno de cada doscientos contribuyentes españoles, poco más de 90.000 personas: el 0,5% del total”, escribe Escolar. Luego están los que rompen España y liquidan la democracia y Sánchez,  okupa en la Moncloa. Albert Rivera termina su discurso y vuelve a empezar,  una y otra vez.  Una y otra vez. Su colega Inés Arrimadas dice exactamente lo mismo y en el mismo tono. Algo más sobreactuada en su exposición. Como Rivera, igual te corta un lazo amarillo que te saca una bandera rojigualda de debajo del bolso. Tiene un registro algo más amplio.

Ofende la inteligencia escuchar estos eslóganes en una letanía continua. Falta mucha racionalidad, reflexión, en el contexto. Respeto por la verdad y por la dignidad del engranaje político. En este punto, no son los únicos, bien es verdad.

PP y Ciudadanos, junto a sus medios de apoyo, han creado mecanismos ya indelebles. La palabra “Venezuela”, por ejemplo, se ha incrustado en las conexiones neuronales de una serie de votantes españoles de forma que la escuchan y reaccionan con odio soltando la clave programada: Podemos. Y, encadenado, comunista, Maduro, China. ETA, a veces. Y ya no hay cabida para más. Producen vergüenza ajena. Todos ellos, sus líderes más aún, permanecen impermeables a otros códigos como Arabia Saudí, Yemen, Siria, Brasil, México, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Austria, Bulgaria, Rumanía, etc… donde elegir tienen para acabar siempre en la misma obsesión. Tan eficaz con su gente. Habrán observado que Rivera ya no nombra a la Argentina de Macri, después de visitarle y convertirle en modelo, el país se ha ido a pique, y ha tenido que pedir créditos al FMI resucitando los fantasmas del corralito.

Vox, en su paseo triunfal por el paraíso de los nostálgicos del fascismo, ha recuperado el brindis de los Tercios de Flandes: “ Que el traidor a España no encuentre perdón”, según nos cuenta un emocionado El Español de Pedro J. Ramirez.  Por este camino llegamos a Atapuerca, aunque allí encontraríamos una apuesta decidida por la evolución.

Todo esto no es un juego. Es hora de saber el peligro que entraña. No valen paños calientes, medias tintas, eufemismos, ni las falsas objetividades del dar una de cal y otra de arena. Hay razones de peso. En mayor o menor medida, mantienen un inquietante extremismo. Aunque ellos crean lo contrario.

El actor Harrison Ford lanzó un poderoso discurso en la reciente Cumbre contra el cambio climático: “¡Dejad de dar el poder a quienes no creen en la ciencia!”, clamó. Lo que lleva a otras exigencias asociadas: Dejad de darle el poder a quienes no creen en la Democracia. Y en quienes no creen en la decencia ni la practican.

Nunca se puede dejar el poder en manos de necios, cínicos y déspotas.

 

*Publicado en eldiarioes 16/10/2018 – 

España y Fiesta Nacional: apropiación indebida

España ha vuelto a celebrar la fiesta de la desunión. El presidente legítimo del Gobierno Pedro Sánchez ha sido abucheado intensamente en el desfile, al punto de ser la noticia de la Fiesta Nacional de España. Fuera, fuera, Okupa, okupa, Elecciones ya. El discurso calcado de quienes los alimentan. Y están en una ofensiva creciente de intoxicación contra el gobierno –legítimo- de España y sus apoyos -legítimos-. Nos han hecho, siguiendo su larga tradición, una apropiación indebida en toda regla. Solo vale su España, sus colores, sus reglas. Su uniformidad.

Organizadores 12-O en Barcelona piden "largos años de prisión para golpistas"
Organizadores 12-O en Barcelona piden “largos años de prisión para golpistas” EFE

Debería preocupar a los responsables de esta inquietante tensión que un sector se apropie de una España que no les pertenece en exclusiva. A la que agreden y ensucian de hecho. Esa que grita, abuchea, envenena en sus declaraciones a la sociedad, y se quiere imponer por la fuerza a la otra mucho más versátil, al menos más plural. Lejos de eso, la derecha ultra –PP, Ciudadanos y Vox-  se manifiesta junta en Barcelona “por la unidad de España”, dicen. Con amplia cobertura mediática.

Rostros serios en el desfile. Notable desapego entre las autoridades. El rey corea los himnos militares y la más distendida parece la Infanta Sofía, que sabe desde niña de prelaciones jerárquicas por orden de nacimiento. El Parlament de Catalunya ha reprobado a Felipe VI. Un país democrático no se rasga las vestiduras por una crítica, ni a la figura de máximo rango: éste, sí. El Rey Felipe entró hace tiempo en actuaciones políticas. Conservadoras. Muchos no lo sienten como el árbitro neutral de una jefatura del Estado.

La familia real en la tribuna durante el desfile del 12-O
La familia real en la tribuna durante el desfile del 12-O

En la recepción, el presidente Sánchez y su esposa rompen el protocolo y se colocan al lado de los Reyes: un drama nacional. Un nuevo gancho para los agraviados por el cambio de gobierno. Si la institución de la monarquía es ya de por sí arcaica, el encorsetamiento no le ayuda nada. Y luego resulta que no lo ha roto que han sido indicaciones de Casa Real. Y no apean las críticas.

Los líderes de PP y Ciudadanos se multiplican para, desde manipulaciones de grueso calibre, enardecer a sus seguidores. El acuerdo para implementar medidas sociales en los Presupuestos del Estado entre el PSOE y Unidos Podemos les tiene descompuestos. El falaz mensaje de ambas formaciones se resume en  este tuit de Albert Rivera (Cs) que se atreve a decir sin pestañear que la subida de impuestos ataca a “la clase media trabajadora”. Cuando afecta a quienes ganen más de 130.000 euros. Apenas representan el 1% de los contribuyentes. El sueldo más habitual en España es de 16.500 euros anuales. Y se aplica a la pertinaz insistencia en que este gobierno no es fruto de las urnas.

Miles de personas poco escrupulosas con la verdad y el conocimiento de la democracia, lo compran como si se lo regalaran. A ambos. A PP y a Ciudadanos. “Lo que tenemos ahora mismo no está elegido por los españoles, se ha metido como un okupa en la Moncloa”, declara a eldiario.es una abucheadora de Sánchez.

Han llegado a convencer a muchos de que subir el salario mínimo a 900 euros mensuales es un cataclismo. Una desvergüenza,  desde sueldos abultados y regalías varias oponerse a un salario que ni llega de lejos a los que disfrutan en la Europa de nuestro nivel económico. Al poder adquisitivo de nuestros vecinos. Hace falta estimarse en muy poco para tragar estos abusivos bulos de la derecha. Y hasta del FMI, ejecutor del neoliberalismo. El conjunto de las medidas previstas –si llegan a salir- es muy positivo para los ciudadanos que no vivan de las rentas o delos sobres. Eso sí, obliga a contribuir más a quienes van sobrados de prebendas. Y ni siquiera en el nivel que sería más justo.

abc.sanchez.cede

Cuentan con una valiosa ayuda. Los medios al servicio de esta derecha azuzan desde sus noticias fuertemente ideologizadas e inexactas. Sánchez no ha cedido la Moncloa a Iglesias como titula a toda portada ABC. Nunca hablaron en similares términos del apoyo de Ciudadanos para que gobernara Rajoy sin tener mayoría. Lo lanzan como si fuera, en su caso, una grave infracción. Con destino a una audiencia que se atemoriza con esa idea. Es la definición de sectarismo excluyente.

Critican también la rebaja de las penas por injurias a la Corona y a la Iglesia. La rebaja solo, no la abolición. Sin duda serían partidarios de reponer una especie deSanta Inquisición medieval –y más allá, porque ejecutó hasta el siglo XIX-. Su modelo es la España que espanta a cualquier demócrata.

Forman un equipo compacto. Con la jerarquía católica española en lugar destacado. La del atroz colaboracionismo con la dictadura y sus crímenes. No se puede tolerar, por cierto, en un país democrático –insisto- enterrar en una catedral a un genocida, dictador por cuarenta años, porque era un buen católico, dicen. Es delirante. E inadmisible de todo punto. Revisen legislaciones, concordatos, privilegios, y pongan a esa organización eclesial en el lugar que le corresponde. Y a Franco fuera de todo reconocimiento. Es de no creer cómo el fascismo regresa a España sin haber abandonado nunca del todo nuestra sociedad. Mientras no erradiquemos este problema, peligra todo progreso.

España también es del resto de los españoles. La conocemos bien, sus virtudes y sus defectos, porque también hemos nacido y vivido aquí, crecido, sufrido, gozado, y seguimos en la brecha. Somos capaces de apreciar sus valores e intentar buscar solución a sus deterioros. Queremos conservar lo que merece la pena ser conservado y prescindir de lo que nos lastra. Y cada vez es más evidente la rémora de la involución y las trampas que despliega una derecha que, desde luego, no es homologable con la europea. Con la que en Europa no ha virado a extremismos ultras.

Y ahí está el bloque al completo: la derecha política, su ejército mediático y sus abucheadores en punta de lanza. Nadie como los ultras disfruta en España de la libertad de abuchear a políticos a los que detestan. Nadie. A trancas y barrancas el resto de España apuesta por la convivencia y elige a sus representantes. A políticos proscritos por su régimen excluyente.

España tiene más colores que el rojo y el gualdo. Todo el arco iris, toda la paleta cromática. Toda.

 

El votante es la empresa a cortejar (todavía)

Si la histriónica sonrisa de Jair Bolsonaro hiela la sangre de cualquier demócrata, aún preocupa más el júbilo de los seguidores de este ultraderechista masivamente votado para ser el próximo presidente de Brasil.  Racista, homófobo, machista al punto de considerar a su única hija entre cuatro varones “una debilidad” de sus capacidades, le entregan sus destinos sus propias víctimas. Miles de mujeres salieron a la calle contra Bolsonaro pero otras muchas le aclaman. “Solo” uno de cada tres electores de Bolsonaro es mujer, nos dicen. O con más precisión: un tercio de los electores es mujer a pesar de que considere a algunas “tan feas que no merecen ser violadas”. Defensor de la pena de muerte, de la muerte sin reglas porque el error de las dictaduras en torturar en lugar de asesinar, de los golpes de Estado. De destruir la democracia en la que no cree, en definitiva. Brasil es el ejemplo más claro de un pueblo que va a lar urnas para autodestruirse, como ya ocurriera con la Alemania de Hitler. En mayor número -un 46% de los votantes- que quienes auparon al nazismo en los años 30.

Los mercados aplauden el éxito de Bolsonaro, suben las bolsas y el apetito por sus bonos y ya se relamen por la anunciada venta de sus empresas públicas.  Una entidad bancaria española, Bankinter, se suma a la causa y  manda un mail a sus inversores en el que se felicita por la victoria de Jair Bolsonaro por ser “pro-business”.  En cómo lo haga, no entran, aclaran.

Y esta realidad que nos abofetea no es para contemplarla entre receta y receta de un programa de cocina que incluya a unos cuantos despojos sociales famosos, un revolcón en camas a la intemperie televisiva o el más reciente chascarrillo del último idiota con aspiraciones de poder. El futuro se nos viene encima y tiene color de destrucción. De estupidez y odio en mezcla letal.

Es el modelo que ya aupó a Donald Trump a la Casa Blanca para que ampliara sus negocios. El tiempo ha confirmado los temores. La economía global se resiente por el proteccionismo que aplica y que, dicen, a la larga perjudicará también a EEUU. Su política contra la inmigración, con la separación de familias, con niños arrancados de los brazos de sus padres, podría considerarse un delito de Lesa Humanidad. Está pudriendo las instituciones. Acaba de verse con el forzado nombramiento Brett Kavanaugh como miembro vitalicio del Tribunal Supremo. Quienes en el Partido Republicano, su partido, le ayudan a cometer estos destrozos son sus cómplices, como cuantos callan pudiendo hacer oír su voz.

A este lado del Atlántico, los fascistas franceses e italianos –éstos en el gobierno con Salvini – firman alianzas para las próximas elecciones europeas. La UE se pudre con los gobiernos ultras que crecen en su seno. Hungría, Polonia, Eslovaquia, Malta, Bulgaria, Austria, netamente, y con fuerte presencia en otros muchos, hasta los nórdicos. Y si alguien en extremo iluso – cree con estos gobiernos acaba la corrupción, no tienen más que ver Bulgaria. Una periodista de 30 años ha aparecido violada, desfigurada y asesinada. Investigaba desvío de fondos de la UE. Es la tercera periodista asesinada en poco menos de un año dentro de la Unión.

La derecha española borra memorias y se sube al carro destructor. ¿Saben cuál es, según sus declaraciones, “el ideal” de Pablo Casado? “Para mí el mundo ideal es que Foro, PAR, UPN, Ciudadanos, y Vox estemos unidos o en coalición”, ha declarado. Comparte el líder del PP muchas ideas con Vox, dice.  Y aún lo ha concretado más en la COPE: “Casado cree que Vox defiende, como PP y Cs, los mismos “valores esenciales”. De temblar. Sentir como propios los “valores esenciales”  de la ultraderecha, muchos de ellos fuera de la Constitución.  No hay motivos aún para la alarma, dicen. Estas perlas sueltas no bastan, pero flota un insistente rumor de ola, una tendencia, una moda a abrazar que no es ninguna insignificancia.

¿Cómo es posible que personas adultas y presuntamente decentes crean estas soflamas y se apunten a su propia autodestrucción? Causas hay, pero ha llegado la hora de insistir en que informarse es un deber de ciudadanía. Y el tiempo de reclamar lo más obvio: que pensar es un valor irrenunciable del ser humano. Solo la inmadurez grave inclina a actuar únicamente por emociones, sin un gramo de racionalidad.

Razones para el descontento, soluciones suicidas

La historia se repite, sí. Los abusos del capitalismo volvieron a desembocar en una crisis (2008) que empezó siendo económica y acabó siendo social por lógica matemática. Lo que llaman recuperación se ha hecho a base de esquilmar a los sectores más vulnerables. Los datos lo demuestran. Una vez más.  “El 10% de la población española más rica ha pasado de acumular un 44% de la riqueza neta total en 2008 al 53% en 2014, según un estudio del Banco de España”, cita el fundador de Alternativas Económicas Andreu Missè. Lo ha hecho a costa del 20% más pobre. El empleo crece, aunque no para pagar las facturas. Y mucho menos alquileres de 1.700 euros. Según adelantó, casi al principio de esta senda, el Premio Nobel Joseph Stiglitz “la desigualdad ha sido una opción elegida, no un resultado económico inesperado”. Esto implica que existe otra opción: la de priorizar los intereses de los ciudadanos. Aunque parece que buena parte de los interesados no están por la labor.  Hundiéndonos al resto.

La devaluación más devastadora de esta crisis ha sido la del ser humano. Personas responsables se preguntan cómo tratar a los ciudadanos ante esta ola creciente del fascismo. No como a niños. Hay que evidenciar, como hacía el periodista de La Vanguardia, Pedro Vallín en Twitter, las informaciones sesgadas y alarmistas de los medios. Saber que con ellas hacen caja.  Antes de que Trump fuera elegido presidente de los Estados Unidos, Les Moonves, destacado directivo de CBS dijo: “Donald Trump quizás no sea bueno para los estados Unidos pero es una bendición para las televisiones”.

Esas bendiciones se vuelven veneno cuando no se digieren.  El electorado aún es la princesa a cortejar –ya sabemos que la realeza queda fuera de toda consideración machista que se aplique a la plebe –. Se multiplican los análisis para saber si ha fallado la izquierda o la derecha tradicional en enamorarla para que esté cayendo rendida en brazos de los nuevos fascismos. Que son los de siempre, por cierto. Votan a Le Pen, por ejemplo, porque “l a izquierda solo se preocupa de buscar el voto de  jubilados y funcionarios”. La derecha y la ultraderecha, no, al parecer. Vean la pasión de Rivera y Casado por el funcionariado policial.

Inés Arrimadas, líder Cs en Cataluñaa. EFE
Inés Arrimadas, líder Cs en Cataluñaa. EFE

Amplios sectores de la sociedad española se levantan enaltecidos por una bandera utilizada ya para la crispación y el odio. Con políticos lanzados a por su silla de poder a cualquier precio. Con la furia en el gesto y la mirada. O la risa desencajada de los bolsonaros del mundo. El PP no ha querido perder la ocasión y ha presentado su campaña, España en tu balcón. España es una bandera. Enseñas varias, emblemas de los nacionalismos. Sus seguidores creen, al parecer, que les llenarán sus despensas, y les darán casa, empleo y futuro. O ni siquiera eso. Con las banderas, basta.

La gran diferencia entre el Crack del 29 y la crisis actual es que tras el ascenso de los fascismo y la guerra mundial que provocaron – se aplicaron medidas correctoras. El presidente  Franklin D. Roosvelt, aconsejado por el economista John Maynard Keynes, ya había separado la banca privada de la de inversión, la hucha del casino. Hoy desregulada otra vez. La Administración norteamericana elevó los impuestos hasta tasas del 90% para las rentas más altas durante más de dos décadas. Igual que el Reino Unido. Los gobiernos neoliberales los rebajaron. En España se llegó a cotas del 65%. Eran gestos más que realidades netas pero ahora no nos pueden decir que los beneficiarios  de la crisis “se resisten” a una justa retribución. A subidas mínimas que nos deben al resto. Una política de redistribución fiscal es imprescindible.  Y acabar con las trampas toleradas de la elusión y la evasión fiscal.

Y eso es competencia de los gobiernos. ¿Alguien con dos dedos de frente cree que estos problemas los van a resolver los políticos reyes de la demagogia?

En los cuentos de hadas en los que muchos parecen vivir la princesa preside los torneos en los que sus pretendientes luchan por su mano. Allá van con la bandera que carga la rabia desde los hombros, las ojeras, la burla de los valores esenciales degradados, cada cual con lo que le funcione para seducir. Pero la ultraderecha no cree en la democracia, no es demócrata, habrá que recalcar esa obviedad. No buscan conquistar a la princesa de los incautos, sino su reino.  Se aconseja hablar claro a este electorado Para que no se queme en su propio incendio y arda nuestra vida con sus llamas.

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