La banalidad del mal

Otra vez los refugiados vagando en la desolación. Otra vez miles de personas convertidas en moneda de cambio de intereses estratégicos y sobre todo económicos. La brutal represión del gobierno griego a los desplazados que acogía Erdogan -y que lanzó a las fronteras con engaños- ha mostrado la inhumanidad a cara descubierta, ahora ya sin asomo de disimulo. Casi cualquier noticia palidece ante la raíz que a tantas sustenta: crece la banalidad del mal, lo vemos en la nueva crisis de los refugiados y en actitudes patrias de feroz deshumanización. Detrás llega el abismo.

Antes están las guerras de la codicia, la hipócrita venta de armas, el tablero de poder mundial que se juega bajo las bombas que caen sobre poblaciones indefensas. La guerra de la Siria que también quiso hace más de diez años su primavera de libertad ha causado miles de muertos y desplazados. Terror infinito. Tras imágenes espeluznantes, la UE se sacudió –literalmente- el problema de los refugiados pagando a Erdogan, el presidente de Turquía, de corte autoritario, para que se ocupara de ellos. Nunca debió hacerlo, pero ocurrió así. Aquella viñeta de 2016 lo explicaba con total crudeza.

Erdogan quiere más dinero y más apoyo a sus estrategias de poder. Tras la –teórica- retirada de EEUU de Siria, lanzó la ofensiva turca contra las fuerzas kurdas. También ha mandado efectivos a Libia. Erdogan avisa desde hace tiempo de lo que quiere pero ahora acaban de matar a 33 soldados turcos en Siria y necesitaba un golpe de efecto en casa. Y mandó a los refugiados a vagar de nuevo hacia Grecia como entrada de la Unión Europea, diciéndoles que se habían abierto las fronteras.

Y Grecia, de nuevo en manos del partido conservador Nueva Democracia, los ha recibido salvajemente. Inclusoatacando a las lanchas de refugiados en el agua. Un niño que cayó al agua y un hombre-por disparos- han resultado muertos. Grupos fascistas han completado la labor de represión, agrediendo refugiados, a miembros de ONG y periodistas. De esos periodistas que nada tienen que ver con los voceros de las cloacas españolas, y que se juegan la vida, sin protección de quien debe prestarla, como cuenta entre otras muchas cosas Hibai Harbide. Con enorme generosidad, con el espíritu del periodismo puro, para que veamos este horror.

Viqui🎗@viquirepublica

📌Europa gasea niños

….(no tengo palabras)…

Video insertado

7.056 personas están hablando de esto

Y la UE acata y respalda las graves violaciones que se están produciendo. Pide a Turquía que cumpla el acuerdo y apoya a Grecia, que le sirve de escudo. Escudo ante la llegada de seres humanos desvalidos. Grecia -que sin duda ha recibido ya numerosos refugiados- se ha permitido decir ahora que suspende durante un mes el derecho a pedir asilo, uno de los que recoge, por supuesto, la DDHH. Mientras sabandijas de todo pelaje aplauden la medida y no se conmueven ni con la aterrada expresión de los niños gaseados y la impotencia de sus padres. Esta gentuza no tendría un lugar en una comunidad civilizada, el rechazo social sería explícito. Es consecuencia del error de confundir las banderas con lo que constituye un país: básicamente, una organización de personas reunidas por el bien del conjunto. De excluir a las personas de la ecuación en los hipernacionalismos. Como hace la triple derecha española.

El mal se ha analizado desde todos los puntos de vista posibles. Desde el moral, sin duda, y desde la psicología, la sociología, el derecho, la política o la filosofía. A través de los tiempos se ha venido dando una especie de justificación a la maldad, que estaría condicionada por un determinismo inexorable de la condición humana. El hombre es un lobo para el hombre, decía Hobbes. A lo largo del tiempo fue el ilustrado Rousseau quien mejor le refutó: el ser humano es bueno por naturaleza y es la sociedad quien lo corrompe. Maquiavelo hacía depender la maldad de las circunstancias.

La gran aportación la trajo Hannah Arendt, alemana de origen judío, controvertida en su momento incluso, que quiso indagar por qué había triunfado el nazismo en la idea de que nunca más se repitiera la barbarie que desencadenó. A ella se debe el concepto de “la banalidad del mal”. Es lo que ahora crece en los sectores infantilizados y egoístas de la sociedad. La trivialización de la violencia y el vacío del pensamiento llevan a esa banalidad donde el mal se asienta.

No es difícil ver que aquel deseo de que nunca más se repitiera lo que trajo el fascismo ha quedado en poca cosa, aún no en nada. Muchos intereses se trabajan ese sector de la especie humana donde la falta de criterio, la ruindad y la crueldad anidan. O en el que la indiferencia o la cobardía les dejan paso.

En España ahora mismo contamos con un gobierno progresista, atacado sin cuartel por fuerzas retrógradas y hasta por la estupidez más insoportable. Legiones de abducidos se prestan a confusiones flagrantes como equiparar a los agresores con sus víctimas, dando por hecho que están en el mismo plano y ambos tienen razones legítimas. En uno de los lados, el derecho a la vida y a la integridad, nada menos; en el otro, quien las agrede y las quita. Una ley de libertad sexual, en donde el consentimiento explícito es indispensable, ha sido aprobada este martes. Algo obvio que, sin embargo, se discute y se rechaza.

La polémica del día es que en Operación Triunfo una periodista ha defendido en una charla a los alumnos el feminismo y hay que cerrar RTVE, dicen. Inés Arrimadas, otros políticos y medios censuran que se haya criticado el “feminismo liberal” y que se haya calificado a la ultraderecha de “el mal”. El machismo mata: tres mujeres asesinadas en el mismo día, el miércoles pasado, son la prueba. Uno de ellos, es que “estaba enamorado” nos dice “la prensa”. Tenía sus “razones”, el hombre. Y el machismo agrede, abusa y humilla, en manada si se tercia. Y, sí, la ultraderecha es “el mal”, así entendido, cuando se desparrama. O mejor, el daño, la perversidad. Resulta inaudito que no se recuerde o no importe quién desató la Segunda Guerra Mundial. Y es que la ultraderecha procura ser banalizada para que cuele mejor.

Cayetana Álvarez de Toledo se multiplica negando la discriminación de la mujer y la violencia machista, aplicando en insulto su concepto de lo que es la agresión mediática a los valores de la Democracia. Ella, cabeza de tripartitos ultras. Ella, que escribe al presidente de la Asamblea Nacional Francesa para que actúe contra un eurodiputado en posesión de su acta legal, desde su residencia ideológica en tiempos de las Cruzadas. Habla de abdicación del Gobierno español y hace una llamada a levantamientos populares en contra. El franquismo en toda su crudeza revive en el PP. Su candidato a lehendakari, entretanto, acusa a Sánchez de pactar con asesinos y golpistas. Y no pasa nada. Rocío Monasterio por su parte parece tener el vicio compulsivo de hacer trampas, mientras desgrana su discurso ultra con cara impávida. Lo último de la líder de Vox, haber registrado varios planos ante el Ayuntamiento de Madrid con firmas falsificadas de una de sus clientas, que cuenta hoy Eldiario.es en exclusiva. Esos van siendo los gérmenes del mal que conducen a caminos indeseados. Los que ya se asientan en España con la ultraderecha en las instituciones y sus alianzas políticas cada vez más indiferenciadas de PP y Ciudadanos.

Este martes se cumplían 44 años de cuando, fallecido Franco ya, el gobierno de la Transición en el que eran ministros Fraga Iribarne –fundador de Alianza Popular, luego Partido Popular- y Martín Villa mandó cargar brutalmente contra una huelga en Vitoria Gasteiz. Cinco trabajadores resultaron muertos. Todo ha pasado antes. Y avisa desde la distancia o desde el propio presente. Lo que ocurre con los refugiados en Turquía y Grecia puede ocurrirnos a cualquiera de nosotros. De un lado y del otro de sus equidistancias. Ya se disparó en el Tarajal, Ceuta, en el agua, a emigrantes, con 15 muertos como balance. Al paso que vamos cabría vernos también nadando en las aguas de la desesperación. Hay al menos un intento de que aquí y ahora las cosas cambien.

Por supuesto que una sociedad no puede ser homogéneamente inmaculada. Qué espanto. Pero hay una drástica diferencia entre una sociedad plural y otra infectada de seres mezquinos, perversos, manipuladores, que pueblan la vida pública en busca de sus propios intereses y son lavados y promocionados por sus compinches mediáticos. El mal deja huellas mucho más allá de lo que se ve. Cuando tengan un rato vean este impresionante reportaje de En Portada, de TVE, El psiquiatra de Alepo. Miren en los rostros turbados y ausentes lo que vendrá de niños y padres gaseados, perseguidos, ahora mismo. ¿En razón de qué?

Vigilen la banalización del mal y a sus propagadores en particular. Se ha colado en nuestras vidas con su poder incomparablemente destructor.

 

*Publicado en eldiarioes

Para combatir los coronavirus, ¿qué elegiría? ¿decencia o trampas?

Las andanzas del coronavirus copan las informaciones de los medios, pero España alterna el temor a la pandemia con las preocupaciones locales que perturban a la derecha, obviado tropelías de enorme entidad. Hay informadores que se levantan por la mañana y se dicen ¿qué es lo que más me inquieta y más le puede interesar, por tanto, a la audiencia? Y concluyen que nada supera al hecho de que Oriol Junqueras vaya a salir tres días a la semana de la cárcel. Es lo que realmente afecta a sus vidas. Ni media palabra dicen de la escandalosa conducta de Ciudadanos que tenía a sueldo a un miembro de la Junta Electoral Central, Andrés Betancor. En esa doble actividad dictó y resolvió reclamaciones del partido y firmó cientos de resoluciones que afectaban a la formación que le pagaba. Andrés Betancor también votó en contra de que la Junta Electoral Central censurara una entrevista de Inés Arrimadas en ABC durante la jornada de reflexión de las últimas elecciones catalanas.

Betancor participó en todos los acuerdos de la JEC contra Carles Puigdemont, Toni Comin, Clara Ponsati y Quim Torra. En Ciudadanos no lo han negado –porque existe constancia– les da la impresión de que es legal, comentan, y afirman que no afecta a su independencia. Y es que para que un escándalo lo sea, precisa que perturbe conciencias y en este país hay gente que la tiene muy escondida.

Pero no hablemos de moral, lo sucedido con el juez y parte de Ciudadanos es un hecho de enorme trascendencia, que debería plantear una causa general sobre cómo ha afectado al procés y a las elecciones catalanas y europeas. Quim Torra ya ha presentado una denuncia. Enjuiciar este grave asunto debería ser una exigencia de la democracia.

Añadamos también las legislativas, con puntos modificados por la Junta Electoral Central, a petición del PP y a menudo de Ciudadanos. Recordemos cuando Pablo Casado anunció que la JEC había falladoen contra de que Junqueras fuera eurodiputado. Y cuando, después, el líder popular fue el primero con contar que la JEC inhabilitaba a Junqueras como eurodiputado. Y cuando el propio Casado presumió de haber conseguido que Quim Torra perdiera su escaño gracias a la Junta Electoral Central. El colofón llegó con la JEC proponiendo dejar sin sanción al PP por enviar millones de SMS en campaña. Y eso mientras inhabilita a Quim Torra por colgar un cartel con lazos amarillos. Que por eso ha sido.

Nos infectan amenazas de diversa etiología. Desde el coronavirus oficial al virus fascista, pasando por el de la desfachatez y el de la idiocia. Esta sociedad engulle unos sapos que más parecen salamandras. Y no se digieren en salud. Algunos dicen que muchos ciudadanos no se enteran. Desde luego, si cada día se desayunan con Junqueras, almuerzan con Venezuela, y cenan con todos los males que achacan los medios de la derecha al gobierno progresista, igual permanecen impermeables a la información que les atañe. Por desidia.

Toda selección de noticias implica un orden de prioridades subjetivo. En la historia del periodismo solía primar el interés general, pero ahora las noticias tienen marca de la casa y no se comparten tanto ni por esa causa superior. Era vender vino sin botellas, como dijo John P. Barlow, pero ya no, ahora vienen envasadas y con etiqueta. Y es imprescindible descorchar y servir venga de donde venga cuando atañen a todos. En mi caso, procuro hacerlo.

Preocupados porque políticos independentistas obtienen permisos carcelarios, no reclaman atención para condenados por corrupción que salen e incluso para los que no han llegado ni a entrar. Ninguna sociedad medianamente decente hubiera consentido la labor de las cloacas del Estado del PP y de sus voceros. El comisario Villarejo robando documentos estratégicos a Podemos que ha intervenido la Policía, no es una entelequia, y que luego fueron divulgados en dossieres falsos por algunos llamados periodistas. Ese comisario usado por varios partidos, por empresas, hasta por familias mediáticas, nos envilece como país si se acepta como un mal incurable. Toda la mugre que emana ese pozo nos afecta a todos, independientemente del partido que haya sido víctima o del medio que lance la exclusiva.

Debería dar mucho que pensar ver a Eduardo Inda, a Felipe González, al propio Villarejo, preocupados por si el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, forma parte de una comisión del CNI. Dicen que afecta a la seguridad. ¿De quién? ¿Los miembros del PP y del PSOE en esa comisión no afectaban a la seguridad y él sí?

Si seguimos el recorrido por lo intolerable, tenemos a un sacerdote, profesor de ética y moral en Toledo, acusado de abusar de la hija de su amante. Además de no respetar el celibato al que se comprometió, hacía pasar a la hija de su amante, de 14 años, por su despacho parroquial para ser penetrada cada 15 días. Y ahí tienen al poco ejemplar cardenal Cañizares diciendo: “No vamos a negociar sobre la clase de Religión, sino a exigir los derechos de los padres”. Preocupan esos padres que no exigen decencia en los educadores, que piden un pin parental y no es para los abusos. Y, mientras, también costeamos con dinero público entregado a la Conferencia Episcopal, estas insidias.

La vida sigue… de momento. Vemos a gente aterrorizada alrededor y tal angustia puede matarles. La actualidad nos brinda, precisamente, una prueba de fuego para calibrar lo que de verdad importa. El coronavirus ha irrumpido en nuestras vidas produciendo grandes alteraciones: bajan las bolsas, va a cambiar el comercio, las costumbres, el ocio,  los viajes, igual cierran hasta empresas; arruinará a unos y con seguridad enriquecerá a otros, sube el oro como valor refugio –está en su cotización más alta en toda la historia 1.500 euros la onza. 49 euros el gramo–. Está sacando a flote también lo peor del ser humano. Al punto de haber sustraído del Clínico de Valladolid unas 5.000 mascarillas y decenas de botes de gel de lavado de manos, que deja sin protección a quienes sí lo necesitan.

No es el coronavirus, es la histeria y la perspectiva de futuro con la histeria. La OMS ha elevado a “muy alto” el riesgo de expansión, que no la mortalidad. Si usted lo creyera letal, ¿qué consideraría realmente importante para su hora de la verdad? ¿Que Junqueras salga de la cárcel tres días o contar con una sociedad adulta, un periodismo que informe, una justicia imparcial y un gobierno competente y resoluto? Ante un temor supremo, qué elegiría ¿decencia o trampas?

Pues hay ciudadanos que nos sentimos permanentemente asediados por los virus de la desvergüenza y la estupidez, háganse idea.

 

*Publicado en eldiarioes 28/02/2020

Piden al mundo que se prepare para una “potencial pandemia” antidemocrática

Los titulares alarmantes sobre la epidemia del coronavirus pueden servir para ilustrar la ligereza con la que se abordan amenazas mucho más graves. No, no hay organismos que alerten de la extensión del fascismo, ni “planes de contingencia” para hacerle frente, ni se aísla a los portadores, ni bajan precisamente las bolsas. Por supuesto que hay que tomarse en serio el coronavirus, pero la percepción de peligro es muy selectiva, a menudo así inducida. Los mecanismos que funcionan en nuestra mente –aquí se explican con acierto- para prevenir el contagio de enfermedades, permanecen prácticamente desactivados ante males que son raíz de muchos otros. Profundos, desestabilizadores quizás a más largo plazo. Lo cierto es que hay una “potencial pandemia” antidemocrática, con varias sociedades ya afectadas, se extiende de una forma casi imperceptible para muchos, y gran parte de las víctimas no le prestan atención. Se exponen a las fuentes sin mascarilla.

En España, por ejemplo, el fascismo es un mal endémico. Rebrota de vez en cuando con distintas caras y estrategias. Llámese ultraderechización o defender un concepto peculiar de España, su uso de España. Abarca a mentes que tienen muy claros sus objetivos, tanto como a tibios y desinformados. A embaucados sobre todo.

España registra en este momento datos alarmantes de la pandemia reaccionaria. El golpe de mano de Pablo Casado en el PP de Euskadi, en el muy esforzado PP de Euskadi, indica la apuesta por fijar a todo el partido popular en la extrema derecha.  El nuevo candidato a lendakari, Carlos Iturgaiz, lo primero que propuso al ser designado fue: “aunar fuerzas” con Vox para hacer frente al Gobierno “fasciocomunista”.  Tampoco está lejos de esa idea lo que queda de Ciudadanos y comanda Inés Arrimadas que monta números ante la prensa contra su rival dentro del partido.

Luego tenemos los movimientos para “repensar” España con lo más florido de los reaccionarios de élite. La sociedad española ya pensó en España al votar un gobierno progresista, a ellos les ha caído como vinagre puro en el estómago y andan viendo cómo lo remedian. Repensar España para combatir la acción del gobierno. En cabeza, tenemos a Felipe González que, habitualmente con paneles de empresas detrás, no se siente representado por el ejecutivo de Pedro Sánchez, de su propio partido. Y pide “le expliquen” –a  él- qué hace Pablo Iglesias, vicepresidente de ese gobierno- en una comisión del Centro Nacional de Inteligencia. Hasta una comisión protocolaria, casi por cortesía, con el CNI, le incomoda.

En el I Congreso de Sociedad Civil Española –vean que se va a desarrollar esta semana en Madrid, está Felipe González y está José María Aznar, que viven ahora una enorme sintonía. Con Aznar, que se dice pronto. Y no es casual. Participan también Federico Trillo, Victoria Prego o Nicolás Redondo Terreros, “entre otros nombres destacados“, nos dicen. Y Rosa Díez que se multiplica estos días haciendo más asociaciones, como una con María San Gil y Savater. El Congreso donde repensaran España, será solemnemente inaugurado por Martínez-Almeida y García Ayuso.

En el lado de la comunicación de lo que quiera que hagan –que no suele ser periodismo se ha formado otra asociación “para defender España”. Con Negre, Segui, Cuesta, Merlos, Cárdenas y similares.  Twitter les ha cerrado la cuenta el primer día “por mentiras y vulneración de la privacidad“. En los medios siguen teniendo altavoz.

No es una epidemia, es ya pandemia. Un informe alerta del aumento de la propaganda supremacista y racista en EEUU: un 120% en 2019 más que el año anterior. Ocurre al mismo tiempo que ocho millones de estadounidenses recurren al crowdfunding para poder afrontar tratamientos y deudas médicas.  El coronavirus viene a agravar esa situación. Un joven que, tras viajar a China y regresar con síntomas de gripe, se hizo unos análisis para descartar el famoso virus, ha de pagar por él 1.400 dólares. No todos lo harán.  Esa es la doble vertiente del problema.  Si lo trasladamos a Madrid, vemos que –de extenderse la infección del coronavirus,, ya se estudia un caso la gestión sanitaria le corresponde a la presidencia de Díaz Ayuso, la que ha seguido la tónica de las listas de espera, cierre de camas y deficiencias en el Sistema de Salud Pública. La misma que ha elevado a más de un millón al mes el gasto en altos cargos. Porque como estipulan los mecanismos de la sensación de peligro,  hay uno en el que el creo desconecta las decisiones de sus consecuencias y se obra en contra de los propios intereses.

La pandemia antidemocrática es un hecho. Países, como Brasil, nos muestran cómo actúa, se implanta y se extiende el mal. La democracia en peligro, la de Brasil, fue uno de los documentales nominados al Oscar. Hay que verlo. Y el que se llevó la estatuilla, American Factory, también. Los documentales son ahora una de las mejores fuentes de información pero su acceso es mucho más reducido que aquél que se logra enchufando un televisor o una radio, sin esfuerzo.

Hay puntos comunes en el cuerpo social en el que anida el virus antidemocrático. El primero  y esencial, la corrupción y la tolerancia a la corrupción. La que termina impregnando los pilares del Estado. Contribuye a su permanencia, tener en el historial la dictadura y haberla dejado impune. Brasil la padeció 21 años (hasta 1985), España, 40. Y deja huella. Toda la trayectoria que lleva a la destitución de Dilma Rousseff -por una práctica contable que habían ejercido otros presidentes-, al encarcelamiento de Lula Da Silva bajo un  irregular procedimiento que condujo al juez instructor a un ministerio en el gobierno de Bolsonaro, tiene el mismo sustrato. A tal punto que permiten hacer casi un mapa que sirve para otros países afectados:

Los corruptos acusan de corrupción, se expanden sus insidias por las redes, montan manifestaciones. Dicen que “una organización criminal se ha instalado en la sede del Estado”, refiriéndose a un gobierno democrático elegido en las urnas. Cesiones o errores que aportan excusas. La relación promiscua del dinero con cierta política que nunca termina de salir a la luz. Espionajes y  cambios de chaqueta. La justicia con la balanza sesgada. Michel Temer, el sucesor de Dilma Rousseff que formó un gobierno de solo hombres, blancos y ricos fue pillado en escuchas en las que hablaba de cobros semanales y sobornos para comprar silencios. Las cloacas de Brasil. Pero se decidió que ya estaba bien de destituir presidentes y lo libraron.

La desinformación, la manipulación informativa, el resaltar unos hechos y no otros, el deformarlos, las mentiras, las portadas con gestos histriónicos, forman parte de las constantes que se aprecian cuando anida la antidemocracia. Y la gente: la que piensa y la que engulle. Turbas en las calles de Brasil para ensalzar o derribar presidentes. Una oclocracia de manual. Y en ella víctimas que se apuntan a ser verdugos. Y al final: Bolsonaro. El punto y aparte, el término  buscado. El ultra irracional. El que destroza como un elefante en una cristalería. A pesar de sus declaraciones, hechos y biografía, las élites pensaron que “era la mejor opción para defender los intereses del mercado”.

Hablamos de Brasil y  del mundo global que enfrenta culturas bajo la égida del beneficio y la desinformación. Donde es sospechoso y heroico luchar por los derechos laborales perdidos, por contar con representación sindical por ejemplo, como en la irónicamente titulada American Factory, la fábrica montada por un millonario chino en los restos de una planta cerrada de General Motors en Ohio.

El final del documental sobre Brasil, recuerda a Aristóteles sin nombrarlo directamente, para hablar de oligarquía y democracia. En la oligarquía, “unas élites controlan los medios, otras los bancos, otras las empresas, y de vez en cuando se cansan de la democracia”. Si molesta en exceso.

Nadie desata alarmas masivas, aunque se precisan”planes de contingencia” contra la propagación de los fascismos. Todo gobierno dispone en el poder de mecanismos legítimos para afrontar la amenaza antidemocrática. Déjense de hablar de la libertad de expresión de quienes hacen apología de las dictaduras. Oigan a Dilma Rousseff cuando perdió la confianza en la Humanidad y el sentido de la vida al ser torturada durante más de veinte días seguidos por la dictadura. Los fascismos torturan y matan, hasta las ideas si pueden; abandonan los restos en las cunetas y en ocasiones hasta se ríen. Manipulan la historia intentando incluso sembrar de basura el recuerdo de las víctimas asesinadas. Borran la memoria y hasta los versos de un poeta que murió en sus cárceles.

Si en este momento les parece que la alarma no es tanta, pongan los medios para evitar que avance porque se extiende. Involúcrese la sociedad, sopesando sus opciones hasta de entretenimiento. Desde el gobierno, deroguen leyes mordaza, refuercen derechos, castiguen el odio lento tanto como el golpe (proporcional y racionalmente). Supriman subvenciones a quienes las usan para envilecer la democracia. Hagan posible enseñar nuestra historia real, con sus errores y aciertos. Doten a  los medios de información públicos de la capacidad de dar información rigurosa que compita encendiendo un cómodo botón. Llénenlos de cultura y decencia. De entretenimiento que no burricie. Igual sería útil, para casos extremos, un Barrio Sésamo para niños y adultos que enseñara ideas básicas y, sobretodo, a relacionar conceptos y obrar con lógica. Así se piensa España.

Mano firme, implacable con los objetivos. No sirve de nada ceder en leyes, nunca estarán contentos. Hay un tiempo medido, aprovechen esa oportunidad que les han dado legítimamente los ciudadanos. Acaben de una vez con el mal menor, lo que viene después si no cumple las expectativas es el mal mayor. Ese que, asombrosamente, no inspira miedo a una gran mayoría que se muere en vida ante cualquier otro temor que ve más inmediato.

 

Publicado en eldiarioes

La derecha no encuentra ni la brújula ni el GPS

Grita, patalea, insulta, no se para en mentiras y trampas. La derecha española ha perdido La Moncloa, el poder político del gobierno central, y se muestra soliviantada. Junto a los medios que forman parte de su entramado, se lanzan a la estrategia del acoso y derribo del Gobierno con una agresividad que les desnuda. Cuentan con poderes extraparlamentarios notables en diversos estamentos. Pero lo cierto es que la derecha española vive una crisis grave, de la que se ha obstinado en no querer salir a la vista de sus comportamientos erráticos. La convocatoria de elecciones gallegas y vascas la ahonda.

Puntos clave de la debacle han sido la factura de la corrupción en el PP, saldada con la desafortunada elección de Pablo Casado como líder; el impulso y declive de Ciudadanos y la exitosa promoción de Vox. Todo va concatenado. El caso es que la derecha no suma en España por más que vocifere. Ha elegido la senda de la degradación y son de temer sus zarpazos doloridos. Más aún, representa un problema en el contexto internacional. España precisaría de una derecha racional y democrática, como la tiene Alemania, por ejemplo, que no deja de dar lecciones en ese sentido. Al contrario que la española que no puede estar más desnortada.

La irrupción de Ciudadanos en la esfera nacional marcó un nuevo modelo. Ciudadanos nunca fue otra cosa que un producto de marketing con obsolescencia programada. De ideología mutante, movida por la conveniencia y hasta a golpe de encuestas, pero siempre al servicio de la derecha y el ultranacionalismo español. La promoción de la que gozó Albert Rivera en los medios no tiene parangón en la historia reciente de España. Hecho que sorprendía por su poco elaborado discurso. El poder nos lo recetaba cada día, sin embargo.

Albert Rivera nos salía hasta abriendo el microondas de casa. Los sondeos le otorgaban resultados inflados que no confirmó la realidad, al punto de dañar el prestigio de alguna empresa demoscópica. Se prodigaban los artículos laudatorios a niveles de dar vergüenza ajena. Los “momentos dulcísimos” que “Rivera vivía con la sociedad española” pasaron a frases contradictorias: “Aun así se consolida la certidumbre de que Albert Rivera, y con él su partido, vive una auténtica luna de miel con buena parte de la sociedad española, al margen de que le vayan a votar o no“. Al margen de que le vayan a votar o no. Ahí estaba la clave. Siempre era el comodín para cualquier gobierno. Se le llegó a dar como posible presidente de un gobierno de consenso.

En mi opinión, Albert Rivera no era un líder político, estaba realizando un trabajo. La cuenta de resultados no obtuvo el objetivo y se fue a buscar otro empleo. Ciudadanos ha sido el ejemplo de una caída anunciada. Lo asombroso es que se consolidó ese modelo de joven guapito clásico sin estridencias, tanto en hombres como en mujeres, con un discurso de cuatro ideas básicas a repetir hasta la extenuación, con pocos problemas para mentir o, como dice el tópico popular, “montar pollos”. Inés Arrimadas es Albert Rivera en mujer y su impericia al seguir el mismo cliché va a terminar por hundir lo poco que queda de Ciudadanos. Le disputa el liderazgo –que los medios ya le han concedido sin más– Francisco Igea, vicepresidente de Castilla y León, que también tiene lo suyo.

Albert Rivera y Pablo Casado, Presidentes de Cs y PP
Albert Rivera y Pablo Casado, Presidentes de Cs y PP

¿Fue casualidad que el PP eligiera como presidente a Pablo Casado con un enorme parecido a Albert Rivera? A todos los niveles, desde el físico al intelectual. Eligió o lo que quiera que pasara en aquel batiburrillo de primarias. Lo esencial era que no saliera presidenta por ningún concepto Soraya Sáenz de Santamaría, una buena pieza que, en sus múltiples maniobras de todo calibre desdeñó trabajarse a los pesos pesados del partido. Y lo pagó caro.

En las elecciones de abril de 2019, el PP de Pablo Casado sufre el peor resultado de su historia, una auténtica hecatombe. Pierde tres millones de votos, se queda con solo 66 diputados, menos de la mitad de los que tenía desde 2016. En el Senado, se deja otros 74 escaños. En dinero supone 257.430 euros al mes en ayudas públicas. Un duro palo que le pone en apuros. Repetir elecciones en noviembre le ayudó a una modesta recuperación, a las claras insuficiente. Tocó techo.

En las elecciones municipales y autonómicas de mayo, el PP vuelve a perder un millón de votos. Pero juega sus cartas con habilidad. Con tanta como torpeza muestra Ciudadanos y, previamente, las disidencias de la izquierda. Ya ha cogido fuerza Vox –la versión “españolísima” de la misma simpleza del modelo– y logra colocar en la gestión a sus candidatos que, como Díaz Ayuso y Martínez-Almeida, son un auténtico lastre para la cordura. Evítenme el recordatorio de su sonrojante historial de despropósitos que ya conocen.

Las elecciones al Ayuntamiento de Madrid las ganó Manuela Carmena. Martínez-Almeida no llegó ni a 400.000 votos, perdiendo 170.000 respecto a 2015. Es alcalde gracias a Vox y, sobre todo, a Begoña Villacís, cuando Ciudadanos todavía tenía apoyo electoral. Es evidente que, si su partido quisiera desmarcarse de la caída en barrena en la que se encuentra, retiraría ese apoyo a semejante alcalde. Pero Villacís secunda a Almeida y hace falta tener muy perdida la brújula para apoyar el borrado de los versos de Miguel Hernández.

Isabel Díaz Ayuso tampoco ganó las elecciones a la Comunidad de Madrid. Fue la primera derrota del PP en esa circunscripción desde 1991. Ayuso obtuvo 18 escaños menos que Cristina Cifuentes en 2015 y 42 menos que Esperanza Aguirre en 2011. Y se quedó a solo 4 diputados de Ignacio Aguado (30 diputados frente a 26). El líder de Ciudadanos en Madrid le entregó, sin embargo, el cargo a Ayuso con la colaboración de Vox. Prefieren también esa combinación, y la siguen amparando. Estos son los datos. Es difícil conservar la memoria, hasta reciente, con una prensa dedicada a distraer la atención manipulando a diario.

La ascensión y ruina de Ciudadanos es un ejemplo a estudiar. Ni la más burda promoción mantuvo en el tiempo la realidad de lo que es: un partido de diseño, de carcasa y sin fondo. Muchos de sus votantes ya lo han entendido. “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”, dijo Abraham Lincoln y no viene mal recordarlo en tiempos de obviedades diluidas. Ciudadanos se ha quedado con 10 diputados y una desbandada histórica de sus miembros destacados. Y la líder oficiosa ni se inmuta. Inés Arrimadas no puede mostrar su acuerdo con Angela Merkel, inequívocamente antifascista, en su crítica al atentado ultra que mató a 9 personas en Alemania, mientras Ciudadanos pacta y alimenta gobiernos en España con la ultraderecha. Y lo hace sin pestañear. No se puede engañar a todos, todo el tiempo, pero ella insiste.

Lo del PP de Casado es aún peor por su tradicional peso en la política española. Volvieron votantes que se habían mudado a Ciudadanos, se fueron otros a Vox y Casado y su equipo parecen empeñados en engrosar al partido ultra que, además, marca la pauta. La estrategia de esa triple derecha y del PP en particular con Venezuela resulta ya patética. Que ése sea el principal tema de “cohesión” del Partido Popular da idea de la pobreza de sus ofertas. Y de su frivolidad. Cuando la realidad se muestra además tan paradójica. Sonroja oír hablar al PP de maletas, y a Venezuela además, cuando para allá se fue dinero público de ese que el Partido Popular confunde con el propio. La embajada española en Venezuela destinó dólares cambiados en el mercado negro para pagar favores electorales al PP en 2015 y 2016. Debería ser mucho más prudente un líder del PP hablando de valijas, maletas, baúles y sobres. Oír las peroratas de Casado, con todos sus emplastos encima, chirría en exceso.

Ni Casado, ni el equipo que se ha buscado. Con Cayetana Alvarez de Toledo, los cargos de Madrid Almeida y Ayuso, o el secretario General, Teodoro García. Esta intervención suya, con el nivel del orador, y los aplausos y sonrisas que le animan, define al PP actual como pocas:

María Navarro

@mariapuntoes

Sí, es real. Ha pasado en el Congreso.

Video insertado

1.722 personas están hablando de esto

La derecha se enfrenta en breve a dos elecciones de las que no le convienen. A Inés Arrimadas ya le han dicho que no necesitan para nada a Ciudadanos en Galicia por mucho que se empeñe. De hecho, hasta Feijóo le viene a decir lo mismo a Pablo Casado. ¿Le pasarán factura al líder gallego los trapicheos del PP…. con Venezuela? Mucho han tragado sus votantes allí, ya.

En Euskadi no tienen futuro electoral ni PP ni Ciudadanos, sumados probablemente aún menos. Ciudadanos sacó 0 escaños en la anterior cita autonómica y 0 en las generales. Y encima va a crear o ahondar el cisma entre el PP nacional y el vasco. Alfonso Alonso, el candidato a lehendakari, se niega a firmar con Ciudadanos.

C’s está ya fuera si no cambia, y mucho tendría que hacerlo. Unos malos resultados del PP en el País Vasco, muy previsibles, serán derrota de Casado, mientras que el triunfo de Feijóo en Galicia lo sería de Feijóo, que se trabaja su distinción del líder nacional. ¿Y Vox? Tarde o temprano podría ocurrir lo mismo que con Ciudadanos. Además de su bagaje ideológico difícil de engullir, cuenta su forma de abordar los problemas de la vida cotidiana. No se resuelven diciendo: Viva España y ya.

No, no se puede engañar a todos todo el tiempo. De hecho, la derecha no recupera poder político, por más vueltas que le dé. Hace ruido como si hubiera ganado, pero no es así. Y el futuro inmediato le viene problemático, porque ni encuentra la brújula tradicional, ni siquiera un GPS.

Peligros globales en ascenso

“Le diré que no siempre los gobiernos pueden hacer, en determinadas circunstancias, todo aquello que desde fuera parece que se puede hacer”. Era el histórico 12 de Mayo de 2010, con un hemiciclo casi desierto ya, cuando José Luis Rodríguez Zapatero contestaba así a los partidos minoritarios. La troika –Comisión Europea, BCE y FMI- y hasta Obama le habían conminado a hacer recortes en la Era de la austeridad. El panorama no ha cambiado… a mejor.

El gobierno progresista español ha aprobado este martes las llamadas Tasa Google y Tasa Tobin –impuestos a determinados servicios digitales y a algunas transacciones financieras- aunque no entrarán en vigor hasta final de año. Se trata de buscar fondos que no pasen por la tijera a la sociedad del bienestar como se ha venido haciendo. Y a los Estados Unidos de Trump no le gusta, como tantas otras medidas no gustaron a sus antecesores y movieron en embajadas, según supimos hasta por WikiLeaks. Ni a EEUU ni a los países que detentan más poder, ni a aquellos para quienes gobiernan, ni a la derecha española sin ir más lejos, que también tiene muy claras sus prioridades. Puestos, ni a la derecha de los demócratas estadounidenses que andan mirando cómo desactivan a Bernie Sanders por ser demasiado progresista.

El problema se ha incrementado. Donald Trump no es un presidente republicano al uso, parece más bien el Director Gerente de EEUU S.A., incluso de Trump S.A. Su director de ventas y gestiones, también conocido como Secretario de Estado, Mike Pompeo, anda advirtiendo a los países europeos que utilizan telecomunicaciones Huawei que eso “podría dañar sus relaciones con Estados Unidos“, según CNN. Insistió más bien. En diciembre había hecho la misma “advertencia” en Portugal. Las relaciones dañadas con EEUU suelen implicar sanciones y aranceles. Y la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China nos está haciendo asistir a nuevos e inquietantes capítulos.

Trump S.A. no se para ahí. También pone en el punto de mira a las misiones médicas cubanas que operan en más de 60 países, y no precisamente los más favorecidos. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, desde los años 60 han sido enviados a más de 160 países no menos de 600.000 cubanos como médicos, enfermeros y técnicos sanitarios. Una veintena de misiones trabajan en países que no pagan nada a cambio, pero el resto de naciones entrega un dinero al Gobierno cubano a cambio de los servicios médicos,informa eldiario.es. Lo que prima para Trump S.A. es presionar al gobierno cubano. La salud ajena le importa poco. Ni de sus propios ciudadanos, ni de aquellos que castiga con la terrible arma de las minas antipersonas que ha vuelto a autorizar.

No es la habitual dicotomía ideológica, es el dominio económico… si alguna vez fue otra cosa, bien es verdad. Ése que con fuerte tintes de fanatismos varios –religioso y de lucha contra el conocimiento- ya se encuentra el Brasil de Bolsonaro con medidas que alcanzan la categoría de espeluznantes para la razón. No anda lejos la Bolivia hoy golpista. El Salvador nos sorprendió con un presidente que lleva al ejército al Congreso porque le rechazaban que pidiera un crédito y que entretanto reza en trance en la tribuna. Falta la Venezuela que quieren para Guaidó.

¿En serio alguien es capaz de creer que la Venezuela de Nicolás Maduro supone algún peligro para nadie y menos aún para España? Pues así ocurre y más desde que el PP descubrió que Venezuela “da cohesión” al partido. Y en ello insisten, reprobando al ministro Ábalos, poniendo demandas junto a Cs y Vox. Si la mayoría de los adeptos a ese descomunal globo lo pensaran dos veces se avergonzarían de su falta de juicio. ¿Por qué y para qué iba a ser modelo Venezuela de España siendo dos países tan diferentes en sus estructuras?

Más aún, cualquiera de los mandatarios de los países citados, desde Trump a Bolsonaro, merecería las prohibiciones que implantó la UE a los dirigentes venezolanos, tanto o más. Añadan el México de los feminicidios, con 10 mujeres asesinadas por día; ahora ya hasta niñas, y la mayoría previa tortura. Y la prueba del algodón de la hipocresía internacional se centra en el país con un príncipe acosado por intensas sospechas de descuartizar periodistas críticos con el que se fotografian altos mandatarios sin oír ni una queja de la oposición ni prácticamente de nadie. Produce vergüenza ajena.

Recapitulemos, las Tasas Google y Tobin no gustan ni a EEUU ni a los países que detentan más poder. Presiones también por la guerra tecnológica. Vivimos tiempos de intereses indisimulados. Económicos y de poder. Abrumadoramente controlados y espiados los ciudadanos, como cobayas involuntarios. En el paraíso fiscal de Suiza acaban de descubrir que “en ese casino se juega” desde hace décadas. Desde antes de los Huawei, los Samsumg y todos los demás. La aterradora variable es quienes están gestionando este nuevo escenario. Dirigentes sin escrúpulos, con escaso o nulo respeto por los Derechos Humanos y lo más temible si cabe: sin demasiadas luces. Apoyados a menudo por el voto de ciudadanos con unas tragaderas intelectuales de niveles infrahumanos.

Y manejados por personajes mucho más inteligentes que sus jefes. No se pierden el nuevo Reino Unido, ya influencia externa, pero influencia al fin. Como en los viejos reinos el presidente Boris Johnson tiene una mano derecha, con los mismos pocos escrúpulos, en Dominic Cummings. Uno de los grandes artífices del Brexit. El que definió la técnica empleada como un hackeo del sistema político, según mostraba el documental “Brexit: La guerra incivil”, producido para la Plataforma de televisión HBO. “Muestra una capacidad alarmante para enfocarse en un objetivo con la exclusión de notar o preocuparse por cualquier daño colateral. Las emociones figuran principalmente como formas de distracción irracional”, cuentan en este extenso e interesantísimo análisis de The Guardian. Ya han obligado a dimitir a un asesor que se pasó de la raya: cuestiona la inteligencia de los negros, dice que el deporte femenino parece paralímpico y defiende la eugenesia para seleccionar bebés inteligentes. Numerosas críticas sitúan al temible Cummings como presidente en la sombra, dado el carácter de Johnson. Otro Bannon como en Trump, aquí cerca. ¿Qué puede salir mal? ¿Seguro que el peligro es Venezuela?

Como en España, otros países viven la distracción de las zanahorias desinformativas que gusten poner en servicio. Venezuela, aquí, y los políticos como Casado dando lecciones desde posiciones que hacen lo contrario de lo que predican. Arrimadas permanentemente impulsada por los medios en el mismo discurso. La supina torpeza de Martínez Almeida borrando el poema “Para la libertad” de Miguel Hernández del Memorial de la Almudena. Y los otros, socios y cómplices, infiltrados como un virus ultra por la actualidad. Y la derecha del PSOE alineada con esa deriva, como los demócratas norteamericanos de su cuerda. Y las dimensionadas disidencias en el antiguo núcleo de Podemos. Y los medios con sus objetivos más políticos que informativos en muchos casos, más económicos por ser precisos.

Y en este clima gobernar. Y para los ciudadanos. Con algunas cesiones que asustan. Ya lo dijo Zapatero: no siempre se puede hacer “todo aquello que desde fuera parece que se puede hacer”. Hemos perdido unos años preciosos por inacción y grandes distracciones. La situación es peor. No, en España, si el gobierno puede echar andar de una forma efectiva con presupuestos aprobados, vendrá al menos una estabilidad y unas acciones que pueden callar mucha propaganda. Se ven primeros pasos firmes con la subida del SMI y las pensiones o al anular, por ejemplo, el despido por bajas médicas que implantó el PP.

El problema es ese mar de fondo que ha vuelto a crecer en degeneración. Los ciudadanos han de ser más responsables que nunca: un mundo dirigido por personas con escasa inteligencia y todavía menos escrúpulos es peligroso para todos. Venga esa amenaza de fuera o de adentro. La única cohesión admisible para el bien común es la razón, y mucho mejor acompañada de decencia. Indispensablemente, diría.

 

*Publicado en Eldiarioes

La epidemia del miedo

«Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos;

ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven».

José Saramago, “Ensayo sobre la ceguera”

Supuestamente, el coronavirus se ha cobrado una víctima de entidad en España. O diremos mejor en Barcelona, que marca una diferencia. El brote epidémico desatado en Wuhan, China, a más de 9.000 km de distancia ha sido la causa esgrimida para cancelar el Mobile World Congress. Los primeros balances de pérdidas hablan de 490 millones de euros y 14.000 puestos de trabajo temporales en Barcelona. La llamada prensa de Madrid –y del resto, que no sea Catalunya- no le ha dedicado especial atención. El Congreso de los Diputados aún menos. Según la oposición de derechas nada hay más decisivo para los españoles que Venezuela. Ese punto de racismo destaca en la epidemia del miedo que asola a la sociedad.

No ha sido la alerta sanitaria la que ha suspendido el Mobile. Lo aseguran las autoridades españolas y la OMS, Organización Mundial de la Salud. Sería una precaución desmesurada en un país que solo ha registrado dos casos leves. La guerra comercial entre China, con su potente Huawei, y Estados Unidos y Europa no anda lejos. No ha sido impedimento sin embargo para celebrar otros eventos: la feria Integrated Systems Europe(ISE) en Ámsterdam, ahora mismo, entre otros. Todo son especulaciones que no se pueden confirmar. Es ése el factor precisamente que desata el temor y las interpretaciones variopintas, los bulos incluso. Una sociedad infantilizada está dispuesta a creer cualquier cosa para disipar sus temores. Periodistas incluidos.

Contemplar las imágenes actuales de Wuhan debería alertar a una sociedad consciente sobre la naturaleza del peor virus que se propaga incontrolado: el miedo. Wuhan es la novena ciudad de China en población. 11 millones de habitantes, en un país que ya ronda los 1.400 millones. Al parecer, en ella se desarrolla un potente foco de investigación e innovación tecnológica. Ahora es una ciudad desierta a la que han rodado a cámara lenta en día de niebla, como si el propio virus lo desatara. Sus habitantes aislados, su actividad, detenida. Y es que el miedo acarrea consecuencias, desde económicas –como vemos ya- a personales de todo tipo. Es mentira que sean miles los contagiados en todo el mundo como se dice. No todavía, al menos.

Es cierto que el oscurantismo de la dictadura china da poca confianza a los datos que aporta sobre el balance de víctimas del coronavirus, pero aun así, las cifras de 60.000 afectados, 1.426 muertos, y 1.100 personas que han superado la enfermedad, no daría lugar a la histeria desencadenada. Nos dicen también que va disminuyendo el número de contagios. Probablemente, por las medidas de prevención adoptadas. Pero ya se ha lanzado una sin par ola de racismo contra los ciudadanos chinos. Hay gente capaz de engullir que el coronavirus viene transportado en el hilo de coser o en los productos alimenticios. Restaurantes chinos andan bajando la persiana temporalmente antes de mandar a diario sus platos al congelador o la basura. Ser chino -y hay, repito, casi 1.400 millones-, es sospechoso para mentes calenturientas. Ésas que con sus decisiones son peligros a considerar para todos.

Los miedos son muy selectivos. Sobre todo cuando algunas batutas marcan el ritmo. La gripe en España registró en ejercicios recientes casi 800.000 casos, 52.000 ingresados y casi 1.000 muertes, si bien recientes estudios revelan que la gripe causa hasta tres veces más defunciones que las registradas80.000 muertos hubo el año pasado por la gripe común en EEUU y no pasó nada. Vayamos más allá, a los países que no cuentan. En la República del Congo ahora mismo se contabilizan 2.250 casos de muertos por Ébola con una altísima tasa de mortalidad entre los contagiados. Otra epidemia allí, de sarampión, ha matado ya a 4.000 niños. La vacuna cuesta 1 euro y se pide ayuda y no se da. El periodista Ramón Lobo citaba esos “mil millones de enfermos de 18 males ignorados que podrían prevenirse con una vacuna”. Estos, entre los más destacados.

Wuhan, hoy, es la imagen de la sociedad que han formateado llena de miedos inducidos y realidades disipadas. La imagen de un mundo que se anticipa y del que nos ha prevenido la experiencia. Y la literatura. Es La Peste de Albert Camus, publicada en 1947, sobre una hipotética plaga que situó en la ciudad argelina francesa de Orán. En los buenos pensadores como él, sirve para mostrar y aprender sobre la condición humana. Está en el Ensayo de la Ceguera, obra cumbre del Nobel José Saramago, publicada en 1995. Él mismo la definió como una crítica para desenmascarar “a una sociedad podrida y desencajada”. Y ya la vimos en Un enemigo del pueblo, de Ibsen, que salió a la luz en 1882 alertando de cómo en estas tragedias se tiende a matar al mensajero que entorpece planes económicos para eludir soluciones y responsabilidades. Así pasó con el pobre y joven médico de Wuhan que lanzó la voz de alarma sobre el coronavirus. Ha muerto e inicialmente fue obligado a pedir perdón por la alarma.

Y así pasa con quien avisa de peligros reales que no interesa difundir, tanto como los que atenazan en estornudos que se muestran potencialmente mortales. Mientras, vemos abrir la boca -todo lo que da de ancho- a lenguas viperinas y el veneno que transportan para que surtan sin control.

La sociedad del bienestar soporta cada vez menos el riesgo, pero éste no desaparece nunca. Seguramente ni en las casas cerradas de la cerrada ciudad de Wuhan. No se puede esterilizar cuanto nos rodea. Hay que tomar precauciones, por supuesto. En la medida que lo dicta la sensatez. Y desde luego una prevención básica es contar con un sistema de salud potente –no dedicado al lucro- y que atienda a todos los ciudadanos, evitando la extensión de cualquier enfermedad contagiosa. Y no van por ese camino los hechos del liberalismo desbocado.

No deberíamos engañarnos: miedo tenemos todos, humanos y animales (más nosotros que anticipamos temores). Malo el que dice no temer a nada. La valentía es simplemente racionalizar el miedo e intentar superarlo. Y, sin duda, advertir cuándo el miedo es utilizado como arma y control que cada vez ocurre más. Y oponerse con toda la energía posible a la peor plaga: la globalización del miedo. Y saber que el miedo crece cuando no se le combate.

Es preocupante ver a personas que no se ponen mascarilla alguna para prevenirse del odio, la xenofobia, la irracionalidad. Ni se alejan de dañinos focos de infección que constituyen algunas políticas y sus difusores mediáticos, de quienes trasmutan la realidad. Y estos virus sí que son contagiosos y letales.

 

*Publicado en eldiarioes

Apología del franquismo y apología de la estupidez

Anuncia el Gobierno su intención de tipificar como delito la apología del franquismo y la reacción nos muestra a qué niveles está infiltrado en la médula del cuerpo social español. Quizás no tanto en la ciudadanía como en sus estamentos esenciales, incluyendo medios y líderes de opinión. Y ocurre así, sin duda, por la impunidad de la que siempre ha gozado esta ideología tan fascista como la que asoló Alemania o Italia y que aquí desencadenó una guerra civil, una dictadura de 40 años más otros tantos de esa desgarradora comprensión.

España lo constata cada vez que el franquismo sociológico sufre el más ligero roce. Ha arraigado hasta en quienes muestran una decidida permisividad en aras de la libertad de expresión, según dicen. Qué gran labor educacional se ha venido haciendo. Porque los análisis en favor de dejar tranquilo al franquismo muestran lagunas de peso, nada raro por otra parte: siempre se dijo que si estrujas conveniente los datos terminan confesando lo que quieras.

Lo he buscado varias veces y no he encontrado un país que sufriera tan terrible lacra en sus cimientos y no exigiera ninguna responsabilidad —recordemos que aquí incluye provocar una guerra civil—. Argentina lo intentó con las leyes de Punto Final pero terminaron siendo derogadas y juzgados algunos responsables de crímenes de las dictaduras. Portugal, quizás. Los principales jerarcas se libraron. Aunque no tiene metido en sus genes la defensa de ideologías fascistas.

España, sí. Tan larga y potente presencia del franquismo impregnó la educación, las costumbres, los criterios. Y así nos vemos ahora con el renacer de la derecha extrema y con unos librepensadores de diseño que ven normal lo que no lo es, con un sector de la sociedad que les incluye aquejado de una preocupante falta de criterio. El franquismo persistente no solo dejó tirados en las cunetas a los muertos de segunda, hasta se mofó de ellos y los sigue manipulando. Prendió mucho más allá de los hechos denunciados, entró en el alma de una parte de España con la intensidad con la que otros lo rechazan, bien es verdad.

Lo peor hoy es la herencia mental. “Estamos hablando de luchar contra la idea de que una nación, una raza (sic), un género o una especie tiene el derecho de dominar sobre otra y hacerlo sin consecuencias”, y tomo las palabras del actor norteamericano Joaquim Phoenix al recibir el Oscar por su papel de Joker. Porque la ideología es la misma, y pervive, y se extiende, ante la ceguera nada inocente hasta de opinadores. Es igual, solo que aquí se configura más botijera y cutre si cabe.

Y está en la comprensión con las desigualdades, con los privilegios, con el machismo. Con las pautas que inclinan a no rebelarse ante la injusticia, y a tener miedo. La mujer fue convertida en un ser débil mental precisado de la tutela de un varón y caló de tal forma que la ultraderecha actual dice añorar el presunto paraíso en el que las mujeres se dedicaban solo a los hijos, gozaban todos de tres meses de vacaciones y de pisos baratos y todo tipo de comodidades. ¿Dónde estaba esta gente que no se enteró de lo que sucedía? ¿No vio siquiera películas que lograron pasar la censura como el Plácido de Berlanga? De ahí que un ideólogo de la derecha diga —en una tertulia, cómo no— que 10 mujeres asesinadas por sus parejas en un mes es “una casualidad estadística”. Casualidad que no se da con los hombres, por poner el caso.

Estamos viendo defender la libertad de expresión a algunos que genéticamente la rechazan y la impiden cuanto pueden. Vuelven a salir los estereotipos de motivaciones ideológicas que cargan —ideológicamente— contra enemigos políticos, con virulencia que se pertrecha de mentiras o medias verdades para sustentarse.

La apología del fascismo recibe la condena del Tribunal Internacional de Derechos Humanos. Porque contra ellos atenta. No metan en la cazuela otros ingredientes que distraen. Alemania persiguió y prohibió el nazismo porque lo sufrió en sus carnes y lo mandó a herir las carnes de los europeos, por la tibieza de quienes no los vieron venir. No mezclen. España lo que sufrió fue el franquismo y esas secuelas que continúan. No sumen peras y manzanas con ETA, con el comunismo o con cualquier otra cosa. Lo que sufrió España fue un golpe de Estado fascista, una guerra, una larga dictadura ha dejado terribles secuelas en los criterios y una herencia ética pavorosa.

Difícilmente la derecha en el gobierno condenaría la apología del franquismo, no insulten nuestra inteligencia. Recuerden, por favor, casi por piedad, el diferente trato que ha tenido con lo que quieren homologar. Aquellos titiriteros encarcelados de forma sumarísima, sin acabar casi de desmontar el escenario, por sacar un cartel que decía ‘Gora Alka-ETA’ como una parodia crítica, al ser considerado enaltecimiento del terrorismo. En España hay quien mira con la suciedad de su retina. Por contra, ataques de la ultraderecha como el perpetrado contra un acto en la librería Blanquerna en Madrid siguen en un limbo que al parecer no implica ingreso en cárcel. Y es que el franquismo impregna, no solo una parte de la justicia, sino las costumbres.

Tipificar como delito la apología del franquismo llega simplemente tarde, pero algo hará para quitarnos al menos esa sensación de impunidad insoportable. Hasta de ver cómo se permite y hasta subvenciona su protección. La del franquismo, que se dice pronto. Lo deben. Llega tarde, pero es un principio. En el trabajo para erradicar el franquismo y la “comprensión” que despierta. Desde luego la labor empieza en los colegios. Se ha evitado enseñar nuestra historia, nunca hay tiempo, dicen, no la conocen. De ahí quizás que personas adultas evalúen aquella etapa y ésta con tal frivolidad.

Enseñar nuestra historia. Y a pensar, a razonar, a separar lo importante de lo accesorio, a fomentar el espíritu crítico que se hace preguntas y cuestiona respuestas hasta llegar a conclusiones personales honestas con uno mismo. En los colegios, en los hogares, en los medios. Ésa fue y es la peor herencia del franquismo y la más difícil de erradicar: que fomenta la apología de la estupidez y la ignorancia.

 

El cordón sanitario al fascismo ¿se debilita?

La reacción de Angela Merkel fue inmediata y contundente: en apenas 24 horas el recién elegido presidente del land alemán de Turingia se vio obligado a dimitir. El liberal Thomas Kemmerich (FDP) aceptó los votos de la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) que sumó a los de la CDU de Merkel. La canciller no lo ha consentido. Era la primera vez que se rompía el cordón sanitario impuesto a los neonazis en el país que mejor los conoce. Supuso tal conmoción que miles de personas protestaron en las calles desde Hamburgo a Munich. Fue “un mal día para la democracia”, “imperdonable” dijo Merkel en Sudáfrica, donde se encontraba. Y desde allí solventó con energía el asunto. Un día después, la prestigiosa revista Spiegel habla de un golpe que ha afectado a la credibilidad del sistema democrático. “Incluso si el fantasma ha terminado por el momento, el daño sigue siendo inmenso”, dice.

Alemania ha superado el primer ataque. El cordón sanitario al fascismo parece debilitarse, pero a la vez refuerza su defensa como reacción. Otros países como España, lejos de combatirlo, le abren la puerta de par en par. Urge reconocer los síntomas de esta enfermedad invasora. Hay males, tanto en la salud humana como en el cuerpo social, que han de ser encapsulados o erradicados para evitar su expansión. El fascismo es uno de los más peligrosos. La propaganda de los emisores y la ignorancia o mala fe de los receptores lo intentan dulcificar minimizando sus daños, más aún: contando supuestas bondades.

Llámenle con el nombre que quieran, ultraderecha, fascismo nuevo o del de siempre, pero es la única ideología que propugna la desigualdad, la superioridad de unos seres humanos sobre otros en razón de su raza, sexo, procedencia, nivel económico o creencias. Es decir, combate cuanto representan los Derechos Humanos -según su Declaración Universal- y las Constituciones democráticas. Como ya ocurriera con el nazismo en la Alemania de Hitler, se vale de mentiras para subvertir la democracia en un período inicial y pasar a medidas más drásticas una vez implantado.

Vuelve a ser hora apremiante, por tanto, de romper presuntas analogías interesadas. De recordar una vez más que otros sistemas han podido desarrollarse con errores, pero ninguno ataca los cimientos fundamentales de la convivencia. No es lo mismo propugnar la igualdad que la desigualdad, partiendo ya del primer estadio ideológico. El fascismo desató la II Guerra Mundial. Vencido, por fortuna, mucho esfuerzo y mucha sangre, por los países aliados. Fue el ejército soviético quien liberó los campos de la muerte y la ignominia. Angela Merkel, la canciller criada en la Alemania comunista, con toda amplitud de conocimiento, teme y rechaza el fascismo en este sistema único que se está despeñando a la derecha.

La ultraderecha española, tanto como la derecha de toda la vida, es hija del franquismo y cuenta con las mismas anomalías antidemocráticas. Por supuesto que, dentro del Partido Popular, hay demócratas que bien caro pagaron en ocasiones esta apuesta, por eso cuesta creer que acepten la deriva impuesta al PP por Pablo Casado, pupilo fabricado por un Aznar reconcomido en la soberbia y el odio. Viene de lejos, sin duda. El PP está tiznado por fuertes cargas de la basura de la corrupción y el cinismo, pero la democracia debe ser más exigente. Lo que Merkel, su correligionaria sobre el papel, ha rechazado con la mayor contundencia es lo que el PP ha aprobado y sostiene en Andalucía, Madrid o Murcia. Ciudadanos, apéndice sin gas del PP, es ya la irrelevancia.

PP y Cs, desde el ayuntamiento de Zaragoza, aquejado del mismo mal, ha ordenado impedir la presentación del libro de Miguel Urban, europarlamentario de Podemos, “La emergencia de Vox”. Según cuenta el periodista Eduardo Bayona, lo encuentran “discriminatorio para el partido ultraderechista al que han convertido en su socio de referencia”.

En España, el fascismo-franquismo fue un cáncer expandido en metástasis que mantiene graves secuelas en la sociedad. Llámenle como quieran, ya digo; derecha antidemocrática y corrupta, si prefieren. Abarca pilares fundamentales del Estado, desde la justicia a los medios de comunicación. Las batallas individuales que vemos son muy meritorias, pero la decisiva para vencer este tipo de enfermedades degenerativas se libra en la lucha de las células sanas contra las malignas. Y el éxito precisa de medios racionales de ataque y voluntad de curación.

La libertad de expresión o de acción, no puede incluir la libertad de extorsión y de infección. Se precisarían filtros democráticos para evitar anomalías tan graves como presenta la ultraderecha. Si han enraizado ya, exige actuar sobre las piezas afectadas. No son tolerables tramas policiales –y políticas, en consecuencia- como las cloacas del Estado que impulsó el PP para tapar su sucia caja B. Ni retorcimientos judiciales como todavía se dan ahora mismo. Con Catalunya en el punto de mira, el caso del abogado Gonzalo Boye es de primero de venganza y abuso de poder, como voz para acallar por cualquier método. Sigue siendo imprescindible atajar la desinformación con información. Desde los medios públicos y revisando subvenciones encubiertas como las que se dan a la Conferencia Episcopal para defender cada día a la ultraderecha incluso y faltando a la verdad.

Imprescindible que el Gobierno no se amilane por la guerra turbia. Ni Torra, ni Catalunya, ni el feminismo, ni Venezuela son los problemas de la sociedad española. No lo es este Ejecutivo en sí. No pidan perdón. “Este Gobierno no necesita recibir un certificado de buena conducta de la ultraderecha, la patronal y el episcopado…” escribía hace unos días el periodista de toda solvencia Javier Valenzuela.

El cordón sanitario se ha roto en varios países, si alguna vez lo establecieron. Los Estados Unidos de Trump están ya invadidos. Se ríe el encausado de las tragaderas de su partido, el Republicano, en el impeachment. Y de la torpeza manifiesta de los Demócratas en su primera selección electoral en Iowa. Bolsonaro ya destruye la democracia, la cultura con listas de libros “inadecuados“, y cuanta razón encuentra a su paso en Brasil. Atentos, si quieren Venezuela, al pastel que Trump y toda la derecha insisten en preparar con Guaidó.

Por el contrario otros países lo mantienen o lo implantan de alguna manera. Suecia  estuvo 5 meses sin gobierno en 2018  antes que pactar con la ultraderecha. Aquí, por primera vez en mucho tiempo, el gobierno de España parece contar con el deseo y el poder para atajar algunos de nuestros males más perniciosos. Lo ha querido así la mayoría de los españoles, contra los vendavales del odio y el daño. Y lo ha hecho a través de su mayoría parlamentaria no permitiendo que Vox presida ninguna comisión, ni que sus diputados formen parte siquiera de ellas. 132 cargos quedan fuera de su alcance por acuerdos legítimos entre demócratas. Le ha aplicado el cordón sanitario. El PP quería negociar con Vox vicepresidencias pero, según se quejan, sus socios prefieren sacar rédito electoral de su “aislamiento”. Los demócratas también tomarán nota de la medida sanitaria en futuras elecciones.

No es fácil. Hay que resistir, luchar y cambiar. Hacer ver a la buena gente la necesidad de un cordón sanitario siquiera en su mente. Decenas de ejemplos, libros y películas nos muestran con hechos reales la profunda degradación a la que puede llegar una sociedad tomada por el fascismo. El estadio final de una barbarie que se va tejiendo con las cazas de brujas de todos los tiempos. Con injustas persecuciones toleradas. Con todas sus luces y sombras -no probadas-, Kirk Douglas rescató del injusto castigo de silencio al guionista Dalton Trumbo. Para escribir y ser Espartaco. La voz del esclavo rebelde, de cuantos gritaron con él, pervive.

Para no llegar a extremos indeseados, es mejor prevenir. El cordón sanitario preventivo puede, evitando la extensión de males devastadores, lograr una sociedad que viva en salud. Es arriesgado bajar la guardia.

El PP, la Monarquía, los medios y los vicios añadidos

Los problemas cuya solución no se aborda, se enquistan. Más aún, crean moho, nuevos vicios. Entramos en la semana conociendo, confirmando, que el PP de Rajoy utilizó 500.000 euros de los fondos reservados, fondos de dinero público, no solo para sus fines privados sino para encubrir su caja B. Ha sido al abrir los cajones del Ministerio del Interior. Jorge Fernández Díaz destinó esa cantidad entre 2013 y 2015 a la llamada “policía política”, para espiar a Bárcenas, asaltar su domicilio, y destruir pruebas que comprometieran al PP. Esa cloaca que también se utilizó para fabricar dossieres falsos contra quienes el PP consideraba sus enemigos. La información, acreditada en el ministerio, pone los pelos de punta de no ser porque la gente decente los tiene ya como escarpias por cuanto se conoce de esta pocilga que ha venido enturbiando el Estado de Derecho.

Conocido esto, ¿cabe imaginar que sean éstas las portadas del día?

Portadas del inicio de legislatura
Portadas del inicio de legislatura

¿Y que por la noche TVE ofreciera lo que llamó una entrevista al líder del PP, Pablo Casado, dentro del Telediario y en prime time sin hacer la mínima alusión al tema? Ni a ése ni a ninguno que comprometiera al Partido Popular, que volvió a hacer un paseo triunfal de la mano de Carlos Franganillo. Todos los asuntos en los que el PP se siente cómodo, todas las promociones de su programa, todas las falsedades demostrables de su gestión de gobierno, todas las acusaciones sin pruebas no merecieron ni una repregunta. Ni el Alfredo Urdaci de TVE –antes fue otra cosa- lo hubiera hecho más de su gusto.

Lo preocupante es que se ha dado por bueno, sin siquiera llamar la atención. Una parte de la sociedad ha entrado ya al trapo de cómo la educan cuando se deja. A modo tertulia, a modo espectáculo. Salta “el otro” con verdad o con las mentiras del manual. Tenemos un grave problema con estos vicios adquiridos. “Al otro”, a Pedro Sánchez, al menos le preguntaron –si me refiero a la entrevista de TVE en similar formato- por la idoneidad de la ministra Dolores Delgado para el puesto de Fiscal General. Claro que en la mesa estaba también Ana Blanco en aquel caso.

El periodismo no es fútbol. Cada entrevista es un reto per se y en interés de la audiencia. Debe buscar las respuestas a los temas candentes que interesa conocer a la sociedad y no el lucimiento del entrevistado en lo que le interesa contar. Y si un buen número de los medios tradicionales tienen esa tendencia a ser portavocías del PP –cuando no de la extrema derecha oficial- la televisión pública debería marcar la diferencia a favor del rigor en la información. Por el bien de la sociedad.

El mal es más profundo de lo que parece. Ya no es siquiera la diatriba partidista –por cierto, que ya no es bipartidista precisamente-, hemos entrado en una banalidad realmente dañina. La sesión que abría la legislatura nos aportó otra evidencia de los vicios adquiridos. Ya no sé cuántas veces aplaudieron los diputados al rey, pero debieron ser 10, 20, 30 o 40 las que no lo hicieron algunos. Las contradicciones se resaltan de forma significativamente selectiva pero, por encima de todo, priorizar el aplaudímetro y el saludómetro al inicio de una legislatura que, además, por primera vez en décadas, cuenta con un gobierno de coalición y progresista es desviar demasiado el interés.

Los Reyes presiden el inicio de la legislatura
Los Reyes presiden el inicio de la legislatura

Felipe de Borbón, Jefe del Estado español, rey por herencia, no puede ser tratado como un monarca medieval y menos aún como una deidad griega en función de gestos. Dejemos ya, por cierto, los pódiums en altura. Es el jefe de un Estado social y democrático del siglo XXI, trátenlo como tal.

El desbarre llegó al límite cuando múltiples medios, no solo uno, afearon a Pablo Echenique que no aplaudiera o no estrechara la mano a la Familia Real o de alguno de sus miembros. No puede. Las limitaciones de su minusvalía física se lo impiden, desee o no aplaudir y saludar de esa forma. Dados sus elogios al discurso del rey, no parece se hubiera negado, de contar con esa capacidad. A ver si es posible que la presencia destacada de Echenique en el Congreso ayude a visibilizar los problemas a los que se enfrenten miles de personas con hándicaps físicos -o mentales si fuera el caso- en su vida cotidiana.

Todas estas anomalías -en aumento- desplazan el foco informativo, el foco de la vida social. Tergiversan hechos para configurar una realidad distorsionada. La entrevista a Pablo Casado en TVE haría creer a mucha gente que los problemas de España se resumen en su irreal uniformidad y los presuntos socios de un gobierno sobre el que se vierten graves acusaciones indemostradas. A Pablo Casado y al resto de la derecha le interesa demonizar a los partidos nacionalistas que prestaron su voto a la investidura de Sánchez, cuando el PP ha configurado gobiernos locales gracias, imprescindiblemente, a la ultraderecha. Y practican políticas inspiradas por Vox. De repente se acuerdan de vetos parentales o del feminismo a pisotear. Cada cual elija su escala de valores.

Los 500.000 euros de dinero público usados por el PP para tapar de su caja B. Su propia caja B. La Junta Electoral Central, convertida últimamente en la máxima autoridad judicial del Estado español y de Europa a tenor de los hechos, que no sanciona al PP por mandar “millones de SMS” en campaña electoral, cuando ha logrado condenar a Quim Torra por no quitar una pancarta con un lazo amarillo. El secretario general de Vox jugando a matar terroristas con un fusil de asalto auténtico en una instalación militar. Las tramas financieras, comisario Villarejo de por medio, con las que convive este país sin inmutarse. Elijan la importancia de los hechos para la vida de cada uno y de la propia sociedad. Porque tiene trascendencia esa opción.

Personalmente, empieza a preocuparme que la crítica –necesaria, imprescindible- a estos vicios tan altamente contaminantes sean tomadas como una enmienda a la totalidad. Del periodismo y de la política. Y ya está sucediendo en esa educación para el espectáculo del todo o nada, los tuyos y los míos. Los héroes y villanos, los villanos solo ya con los que tiñen a todo el periodismo y a toda la política. Tomar el rábano por las hojas desmantela las evidencias razonadas. Hay un abismo de rigor entre las crónicas cortesanas de la sesión de apertura de la legislatura, y publicar los SMS por los que supimos del compi-yogui real tan afectado por trapicheos de enorme entidad. O la colección de regalos que se reciben en Palacio a los que hay que mirar el diente, en otro gran trabajo de Raquel Ejerique, como los hay de tantos y tantos periodistas y políticos.

Esperemos que los vicios adquiridos no sepulten el rigor y la honestidad que en el fondo es lo que más importa.

 

 

*Publicado en eldiarioes

Carta de amor al Reino Unido

Hubo un tiempo en el que Europa era otro mundo diferente al nuestro. España se había consagrado –por imposición de sus dirigentes– en una, grande, sometida, cautiva, aislada, católica, machista, represora, pobre de mente y de bienes bien repartidos. Aunque había otra, siempre la hubo, la hay y la habrá. Para la mayoría de la población –que apenas viajaba como ahora– fue la televisión la que nos abrió la ventana a otros lugares. No era una caja tonta, aunque así la llamaran, todo lo contrario. La televisión nos hizo ver, verlo, casi tocarlo –Internet estaba en el limbo– otras culturas y paisajes, otras forma de vivir. Por supuesto que ya habían llegado a España “las suecas” a abrir ojos y deseos. Los emigrantes españoles iban y volvían y contaban. Y definitivamente la libertad demostró ser, una vez más, un motor irrefrenable.

Algo supimos de los franceses que anduvieron buscando la imaginación bajo los adoquines del aburrimiento. La música italiana entró en cuña entre los pasodobles, las coplas y el Dúo Dinámico, en el imaginario popular al menos. Pero lo más moderno era la música anglosajona y el modo de vivir en Inglaterra. Algunos nos enamoramos del Londres que rompía moldes. Cuatro melenudos de Liverpool –melenudos porque les llegaba el pelo apenas por debajo de las orejas– revolucionaron la música pop. Avanzábamos por los días cantando las canciones de los Beatles, los Rolling Stones nos lanzaron a bailar con ganas y sin ellas, get o no get satisfaction y junto a todos los demás –los Kinks, Spencer David Group, los Who, Pink Floyd, Queen– nos internacionalizaron en la música para siempre. Muchos jóvenes de los 70 en España éramos british de corazón, sin dejar de adorar algunos las vanguardias francesas. La Inglaterra toda heredera del Oliver Twist de Dickens y también de Guillermo el Travieso con sus múltiples aventuras que narraba la escritora Richmal Crompton; Las cumbres borrascosas y la Jane Eyre de las hermanas Emily y Charlotte Brontë llenas de alma de mujer. La anticipatoria y crítica aportación de las novelas distópicas de Adouls Huxley y George Orwell.

Y el cine, y las series. Es inabarcable la espléndida aportación británica al séptimo arte. Desde las Women in Love de Ken Russell, de exhibición impensable en España entonces a un universo plagado de ideas. De mitos como El tercer hombre de Graham Greene, La huella de Mankiewicz, Lawrence de Arabia de David Lean, Barry Lindon, la Naranja mecánica y toda la obra de Kubrick, la que Hitchcock realizó en su país, la de Ken Loach, por situar tres hitos de un arco de brillantez espectacular. Los Arriba y abajo de las clases sociales. Series como Yo Claudio. Las películas históricas, diseccionando la raíces de la vieja Inglaterra. Personajes como el James Bond de Ian Fleming o Sherlock Holmes o Harry Potter. La base literaria de sus guiones en múltiples ocasiones. Su forma de lograr desde la tópica flema británica, describir las emociones en el cine como pocos. O dando geniales éxitos de taquilla como aquel rompedor Full Monty de los desempleados que buscan medios con un striptease irrepetible. O La Vida de Bryan con los Monty Phyton. O Love actually para sonreír cada navidad. Punto y aparte los documentales que en buena medida ha venido produciendo la BBC.

Londres 1973 archivo personal Rosa María Artal
Londres 1973 archivo Rosa María Artal

Londres termina por abrirse paso contra la rienda corta de los padres, como viaje iniciático, y enseña a tomar decisiones de calado sin teléfono móvil al que consultar, a perseguir horizontes –los de la mente sobre todo– en una búsqueda que no se cerraría nunca. Numerosos españoles trabajando de “au pair” –niñera bajo el eufemismo de sirvienta para todo–, Kellys o camareros para pagar manutención y estudios. Las mujeres, por supuesto, abrazamos la minifalda que inventó Mary Quant, la moda liberadora que, entonces, empujaba con fuerza desde Londres. Miramos a la izquierda antes que a la derecha para cruzar las calles, comprobamos que eran reales las cabinas rojas de teléfonos, los autobuses de dos pisos y los enormes taxis negros. Los chelines y los peniques. El té, los quesos, las mermeladas. Adoptamos los pantagruélicos desayunos para poder caminar largas horas en busca del Big Ben y el Támesis, las Casas del Parlamento, los Museos y Galerías, el mercadillo mítico de Portobello, las calles de casas bajas, Hyde Park y todos los parques, los pubs de luz tenue y música, siempre música.

Los pubs donde alguna vez, más de una, decir que eras española equivalía a recibir alguna imprecación despreciativa por llevar soportado cuarenta años a un dictador. Encima, bronca. Tanto era así, que el Reino Unido sí pertenecía al club europeo y España no, no le darían acceso hasta 1986. Con Portugal, hermana hasta en eso.

Lo cierto es que el Reino Unido había entrado en el precedente de la UE en 1973, tras 17 años de dar largas. Siempre hubo fricciones. Hasta en el decisorio Maastricht marcaron su impronta. Ahora ellos, el Reino Unido, se van de la Unión Europea. Son distintos y siempre han querido serlo, insulares natos, sin dejar de aportar su impresionante e impagable cultura a lo europeo. Aunque creo les han influido para el Brexit otras variables menos idílicas: nacionalismo populista, mentiras, exageraciones. Mucho más homogéneas con el mundo que rechazan, y no con su mejor parte. Pero hay que aceptar que cada cual acierta o se equivoca como le parece, y tiene derecho a decidir. Y revisar la deriva de la Unión Europa que ve marcharse a su primer miembro por los agujeros del barco común.

Este adiós oficial, la firma de la separación, revive recuerdos profundos de los buenos tiempos. Desde aquel primer viaje que tanto cambió mi percepción de la vida que quería cuando todos los caminos son posibles, hasta los encuentros en distintas situaciones. Como periodista, testigo de la historia una vez más, vi desmoronarse algunos logros sociales que atesoraba Gran Bretaña. Un Servicio Nacional de Salud envidiable que se fue desangrando o la desintegración de los poderosos Trade Unions, los sindicatos. Margaret Thatcher, la mano de hierro de los destrozos neoliberales –tan aplaudidos cuando accedió al cargo–, está en el origen de grandes descontentos que no lograron superar. Varios reportajes, palpados en la calle, muy de cerca, marcaron el reinado, caída y fin estrepitoso –según pude apreciar– de la Thatcher, que no de su huella ideológica. El descontento desinformado no pone el foco en quienes lo enturbian.

Paso por la corresponsalía de TVE más adelante para tratar los temas grandes y pequeños y vivir el trasiego cotidiano. Los barrios pobres, los barrios ricos. Los coletazos de una historia que, como todas las que se enfangan en sangre, cuesta superar, aunque se logra; sí, se logra. Lo profundo y lo frívolo. El papel de Londres en la política internacional. Las subastas donde se vende a buen precio una tostada mordida por John Lennon. 1.200 libras (unas 220.000 pesetas de 1991, 1.300 euros) por un pan seco con mitomanía. Las ardillas en los parques. La pasión por las antigüedades. La pompa y circunstancia alternando con la ropa de segunda mano y la vida de estreno.

Emocionalmente, Londres duele si se aleja, como el lugar que fue impulso donde crecer y ver brotar las alas: el escenario casual a través del tiempo de quebrantos y renacimientos personales. El destino a mostrar al hijo apenas entrado en la adolescencia al que fascinan los monumentos que ya ha visto cien veces en la televisión, pero no los ha pisado y tocado. El Museo de Ciencias Naturales. La tienda de juguetes más grande el mundo, dicen, Hamleys, como el culmen de los deseos de esa edad. Los escenarios que más tarde recorrerá también por sí mismo.

Cambió mucho. Inglaterra, Londres. Se llenó de emigrantes en trasiego por ese mundo que nos prometen sin fronteras y las tiene. Y les sacudió el odio, como en tantos otros lugares. La barra de pan no alcanza para todos, si unos pocos se llevan en una tajada la mitad. La BBC, el mito de la independencia y la calidad en televisión pública, en televisión, está en el punto de mira del gobierno conservador. De este y los anteriores. Y veo que el número 1 en las listas de éxitos es una espantosa canción de Eminem, llamada Godzilla. Nunca fue lo mismo la música y el top ten, bien es verdad. Sus series y su cine siguen siendo punteros. Hasta desmenuzar, por elegir una película, al Wiston Churchill que, de solución indeseada, termina estando a la altura de las circunstancias ante la guerra desatada por el fascismo. “Nunca vamos a rendirnos”. Cuánto que aprender en estos momentos.

En Hyde Park Corner era costumbre ver a oradores improvisados, los domingos por la mañana. Parque con vocación universal, un 30 de julio de 1991 acogió un concierto de Luciano Pavarotti al aire libre y gratis para quien quisiera ir. Lo rodamos desde la corresponsalía para Informe Semanal de TVE. A pie de escenario y andando entre un auditorio casi inabarcable. Un programa de éxito asegurado, con la TraviataNabucco, canciones populares napolitanas como Oh, sole mío. Con sonrisa italiana, un Pavarotti pletórico le dedica a Lady Di Donna non vidi mai. Está lloviendo y al poco diluvia. Nadie se mueve y el concierto acaba con el aria favorita de los ingleses, según cuentan los medios, Nessum Dorma de Turandot, de Puccini. Una multitud silenciosa hasta entonces hacía los coros, al alba vinceró. Para muchos, era su primera aproximación a ópera en directo; otros, acostumbrados a oropeles, bajaron al césped de Hyde Park ahogado de lluvia y emoción.

Recuerdos preciosos –en su más puro sentido– del país que se va pero sigue estando. Como nosotros que llegamos más tarde a Europa. Nos hemos tejido juntos. Nunca lo olvidaremos.

 

Publicado en eldiarioes

A %d blogueros les gusta esto: