San Valentín y el té con pastas

San Valentín crece cada año en un mundo de consumidores, no de ciudadanos. Y no es extraño, porque representa la excusa perfecta para una celebración que nos satisface. Un día para el amor, uno de los más poderosos motores, un placer accesible a todos los bolsillos, un milagro que se produce por leyes desconocidas, incontrolable por tanto.

 Las mujeres cincuentonas apenas tienen San Valentín, sin embargo. Protagonizamos el mayor cambio que se produjo en España en el último cuarto del siglo XX. Un día, como dijo Vicente Verdú, hace muchos años, en una columna que atesoro, “nos cansamos de preparar judías verdes con patatas a nuestros maridos”, como habían hecho nuestras madres. La revolución era mucho más profunda. El franquismo redujo a la mujer a la consideración de una tarada mental. Nuestras progenitoras y toda la sociedad eran severamente adoctrinadas.

Triunfaba un texto del Dr. A. Clavero Núñez, editado en 1946, titulado “Antes de que te cases”. En él se daba este consejo a las mujeres:
“Es un imperdonable error la negación al esposo del débito conyugal. La mujer no debe, bajo ningún pretexto, negar a su marido lo que le pertenece. Muchas mujeres que se lamentan de las infidelidades de sus esposos no quieren darse cuenta de que fueron ellas las culpables de la traición por no haber conocido a tiempo la enorme trascendencia del consejo que antecede.”

La mujer debía ser tutelada por el varón -padre, marido- y, por sí sola, no podía ni disponer de una cuenta corriente, ni sacarse un pasaporte y viajar al extranjero, estuvo penado incluso el adulterio femenino -porque los hombres casados se “amancebaban”, no eran adúlteros- y no llegaron a lapidar a sus practicantes, pero casi. Los vientos de la Democracia nos alentaron: aquello no podía continuar. Se hizo sin gran ayuda externa. Con un Parlamento masculino, con hombres poblando todos -absolutamente todos- los centros de decisión.

Los progres de la época, una vez consolidados en el poder, abandonaron a sus esposas por mujeres más jóvenes y a menudo menos comprometidas. Algunas mujeres también se fueron, por propia iniciativa, impulsadas por el deseo de volar.

Vinieron después muchos años vividos, muchas experiencias. Cuando se conmemoran aniversarios, la costumbre es fijarse sólo en el día del pasado. Pero luego la vida sigue minuto a minuto. Y es fabuloso experimentarlo. Uno va cambiando, enriqueciéndose.

Mis coetáneas andan embutiéndose en botox como posesas. A precio de oro -algunas hasta se endeudan-, consiguen un rostro sin arrugas a costa de cambiar y endurecer su expresión… y estar mucho menos atractivas. El cambio es momentáneo, hay que repetirlo cada varios meses. Y la piel termina por tener zonas alisadas y arrugadas de forma artificial como la tierra erosionada.

La arruga no es bella, nos han convencido. En la mujer. Los cincuentones -en España, no en el centro y norte de Europa que además están mucho mejor conservados- buscan, con éxito, mujeres 10, 20 y 30 años más jóvenes. Dicen que ellas se sienten subyugadas por su experiencia, talento y madurez, no les importa al parecer su físico deteriorado. Lo mismo, o más, ofrecemos nosotras. Pero el mercado también ahí marca sus leyes: hay más mujeres que hombres. Bien escaso, aumento de demanda.

En mi primer libro, “Diario de una mujer alta” -ya descatalogado- me preguntaba cuándo llegaría el día del té con pastas. Veía a grupos de mujeres maduras solas en las cafeterías, merendando. El té con pastas representaba un cierto temor.

Hoy sé, que muchas mujeres, de todas las edades, han decidido prescindir de la relación de pareja porque no les compensa, porque el hombre disponible no está a la altura.  No derribamos la Muralla china para acabar con un mequetrefe. El amor debe ser una relación entre iguales.  Mujeres de todas las edades, insisto. Leer meneame por ejemplo, con`población joven, es un ejercicio sádico cuando toca estos temas: un puro machismo. Porque esa tendencia retrógrada permanece en la sociedad española.

Y, sin embargo, con el tiempo se aprende a convivir y perdonar, a no extremar las relaciones con el otro sexo. A degustar, no ya un té con pastas, sino una cerveza o un gin tonic, o un zumo de naranja, leyendo, sin pasión amorosa centrada en un sujeto, sin expectativas, serena y realizada, a Gioconda Belli:

NUEVA TESIS FEMINISTA

¿Cómo decirte
hombre
que no te necesito?
No puedo cantar a la liberación femenina
si no te canto
y te invito a descubrir liberaciones conmigo.
No me gusta la gente que se engaña
diciendo que el amor no es necesario
-“témeles, yo le tiemblo”
Hay tanto nuevo que aprender,
hermosos cavernícolas que rescatar,
nuevas maneras de amar que aun no hemos inventado.
A nombre propio declaro
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre,
que sé de ciencia cierta
que el amor
es mejor que las multi-vitaminas,
que la pareja humana
es el principio inevitable de la vida,
que por eso no quiero jamás liberarme del hombre;
lo amo
con todas sus debilidades
y me gusta compartir con su terquedad
todo este ancho mundo
donde ambos nos somos imprescindibles.
No quiero que me acusen de mujer tradicional
pero pueden acusarme
tantas como cuantas veces quieran
de mujer.

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3 comentarios

  1. romanbender

     /  14 febrero 2009

    Totalmente de acuerdo, pero hay cosas que no comentas, y que creo que deberían estar. Tendemos a hablar del sexo contrario imaginando el peor de los especímenes, y a nuestro propio sexo con nosotros mismos. Eso lleva a que estemos en una situación complicada, porque los hombres hablan fatal de las mujeres y las mujeres de los hombres. Cuando hablas con la gente sobre sus parejas todos dicen ser muy felices, pero esto no impide que vayan cayendo los matrimonios, con una caída que sólo la crisis está frenando. Cuando tienes confianza con ellos ya empiezas a notar comentarios de otro tipo, casi siempre quejándose de falta de libertad y exceso de responsabilidades en las que te has ido metiendo sin darte casi cuenta. Yo hablo por los hombres, ya lo haréis vosotras de las mujeres, pero la sensación generalizada es que los hombres se ven metidos viviendo el sueño de sus parejas, despertando de pronto en medio de una vida que no tiene nada que ver con lo que él desearía y atados de pies y manos a su situación. Sin salida. Si ellas sienten algo parecido o peor no sé qué hace la gente casándose. Cada uno tenemos nuestro tipo de mujer que encajaría en nuestras vidas. Yo repugno las mujeres que tratan a sus maridos como si fueran sus hijos, y supongo que ellas dirán que odian a los hombres que son como niños, y en el fondo no hay más que una mala decisión por parte de los dos, porque en lugar de convertirse en complementarios se tornan incompatibles. Vivir con una mujer puede ser la mejor de las cosas y la peor de tus pesadillas, según la suerte que hayas tenido al enamorarte, porque la mayoría de las parejas se forman por amor, y uno no se enamora de lo que le conviene sino de lo que le dejan. Yo, desde hace mucho tiempo, pienso que lo mejor es que cada miembro de la pareja viva por separado, criando sus “propios” hijos, de genética compartida, pero de responsabilidad única. Y si me aprietas yo erradicaría la pareja. Yo no puedo prometer volar, ni puedo prometer dejar de sentir deseo sexual por una persona y sentir nuevos deseos por otras diferentes. Somos monos y lo olvidamos siempre. Esta estructura del matrimonio sirve para confeccionar vidas de sufrimiento o resignación. Mi sexualidad es mía y no estoy dispuesto a regalársela en exclusividad a nadie. Y fuera del tema del sexo los otros aspectos de la pareja positivos son los de compañía, apoyo, proyectos comunes y sentir la falta de egoísmo en alguien distinto a tus padres. Eso es más fácil conseguirlo de un amigo (del mismo sexo o no) que en una pareja. Negar esto para la mayoría de la gente es no querer ver la realidad, porque tal vez sea más bonito el mito que la evidencia. En este caso y en casi todos.
    Dejad volar a vuestras parejas, es mi consejo, y la que regrese al nido es la que nos interesa.
    Espero crear polémica, pero me entristecería que empecemos con lo de machistas y tal, por favor.

  2. luis

     /  16 febrero 2009

    llevaba varios días sin darme una vuelta por aquí y me encuentro esto. romanbender, coincido en todo aún a riesgo de como dices tú que nos llamen machistas. Y creo que te quedas corto en una apreciación. Te cuento: hace dos años tomé la decisión de divorciarme (aunque parezca increible no hubo ninguna mujer por en medio como casi siempre nos achacan a los hombres que nos atrevemos a dar el paso porque sí) simplemente por cosas como las que tu expones: hastío, cansancio, falta de amor… Fue una decisión durísima y pospuesta durante un año ya que mis hijos aún eran muy pequeños.Pero finalmente no pude soportarlo más y me decidí a dar el salto. Dicen que las mujeres lo tienen muy difícil en muchas cosas en esta sociedad (y es cierto) pero…¿cuánta gente se pregunta lo que le cuesta divorciarse a un hombre que quiera seguir teniendo trato con sus hijos aunque ya no quiera nada con su mujer? Yo hubo momentos en que me sentí como un asesino o un terrorista: que si mal padre, que si abandonas a tus hijos, que si alguna tendrás por ahí, que si ahora todo el día de juerga con los amigotes…¿De juerga?Para empezar, sin casa (la guardia y custodia y por ende el domicilio son para uso y disfrute de la madre).Después pensiones (lógicas en el caso de los hijos, parasitismo en el caso de las mujeres que tienen estudios y han seguido trabajando durante los años de matrimonio.Obviamente no hablo de mujeres mayores que como bien dice Rosa vienen de otra sociedad y no están preparadas para el mundo laboral). En fin, se trata de un tema muy complejo que creo que debería de empezar a tratarse en nuestra sociedad de una vez si realmente queremos una igualdad efectiva entre hombres y mujeres en un tema tan sensible como es la educación de los hijos.
    De todas maneras, lo que quiero decir con esto, es que una vez me he metido en el mundo de los divorciados, tal y como dice romanbender,cada día me sorprendo más de los comentarios que escucho de gente que sigue casada. En cuanto empiezas a escarbar dentro de su “idílico” mundo matrimonial empiezan a salir las miserias de la vida en pareja en la mayoría de los casos reduciéndose al mínimo los que verdaderamente son felices sin reparos.

    Un saludo

  3. romanbender

     /  16 febrero 2009

    Ánimo Luis, pero piénsatelo dos veces antes de volver a cometer el error de casarte. Yo nunca lo hice, y no por falta de pretendientas, ni por lo que vi en casa (están “felizmente” juntos). Apuesta por la amistad verdadera, y si puede ser con sexo pues mejor, pero no dejes que te mezclen las cosas.
    Es sólo mi consejo, pero hasta mis hermanos, que se han casado los tres, me dan ya la razón. Hay que disfrutar la vida.
    Como dice Woody Allen “yo no quiero casarme, sólo quiero divorciarme”.

    nota: Woody Allen vivía con Mia Farrow en casas separadas. Los hijos de Mia Farrow eran SÓLO sus hijos, no de Allen. La presunta víctima del pederasta vino a casa de Mia Farrow con doce o trece años, no recuerdo, pero ya mayor. Y pese a eso los moralistas mira la que le montaron. Los periodistas con su desinformación y los hipócritas de siempre a punto estuvieron de destruir su carrera, que por cierto no lograron, pero se le ha quedado el estigma de pederasta para siempre.
    nota sobre la nota: Por cierto, los beatles ya tuvieron que abandonar la india porque Mia Farrow denunció al gurú que todos seguían por abusos sexuales. Se montó muy gorda, y George Harrison fue el único que creyó al acusado cuando proclamaba su inocencia. Después se supo que era todo mentira, pero el daño estaba hecho. Menuda pieza está hecha la ex mujer de Sinatra, con quien sólo duró dos años y muy tormentosos. Y aún hay gente que la cree.
    un saludo.

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