… Y sin embargo, la tierra, se mueve

El 22 de junio 1633, en el convento dominicano de Santa María sopra Minerva, Roma, Galileo Galilei es condenado por su herejía y se prohibe su obra. Ha osado contravenir la doctrina biblíca afirmando -tras largos y revolucionarios estudios- que la tierra gira alrededor del sol y no al revés como siempre se había asegurado. La teoría geocéntrica situaba al planeta Tierra en el centro de la creación y todos los astros daban vueltas en torno a ella. El salmo 93 (92) lo da a entender al afirmar » Tú has fijado la tierra firme e inmóvil». A Galileo un rival le  llamó textualmente: «imbécil con la cabeza a pájaros». Alguno de sus colegas y antecesores fueron a la hoguera por mandato de la Inquisión, pero Galilero se retractó de cuanto había visto para salvar la vida. Pasaría casi siglo y medio hasta que se aceptaran sus teorías. La tierra se movía.

 Se mueve, y cruje, y engulle vidas y personas como ha demostrado un nuevo terremoto: el ocurrido en l,Aquila, en el centro de Italia. Ahora toca rescatar a quien se pueda, desescombrar, ayudar a los heridos y damnificados… y aparcar la polémica. Lo ha dicho Berlusconi, el jefe de Gobierno italiano. Porque la hay. En la entrada anterior veréis como Giampaolo Giuliani, un geofísico de la zona, alerta de la proximidad de una gran terremoto en vídeos fechados el 31 de Marzo. Había vivido una larga peripecia. El científico ha desarrollado un método, en parte propio, midiendo la presencia de gas radón en la atmósfera, hecho que se ha observado se produce antes de los seismos. Científicos norteamericanos trabajan también en los cambios atmosféricos aparejados a un cataclismo de estas características. Al parecer, ya desde los primeros movimientos de la tierra en el interior se liberan gases.

   Inmediatamente, Giuliani acudió a las autoridades pero no le prestaron atención. A los medios informativos. Tampoco. Lo difundió por Internet. Y ya se empezó a enterar la población. Salieron a la calle con coches y furgonetas y altavoces pidiendo la evacuación. Y llegaron los periodistas. Y… llegaron los políticos. Hicieron reuniones. Preguntaron a otros científicos. «No se puede prever». En algunos casos se ha hecho. El Tsunami de Indonesia, por ejemplo. Y todos los que son previsibles ante síntomas anormales, por mostrar indicios, en lugares de alto riesgo, como era el caso de esa zona de Italia.

A Giuliani le llamaron «imbécil» -casualmente y salvando las distancias con Galileo-, le amonestaron y le obligaron a quitar sus investigaciones de Internet porque estaba causando alarma en la población. En el siglo XXI, aunque… en la Italia de Berlusconi. El experto empresario televisivo ha sentenciado: «no existen datos científicos que permitan prevenir las sacudidas». El jefe del Instituto Italiano de Geofísica, Enzo Boschi, ha desacreditado, también, las predicciones de Giuliani. «Cada vez que hay un terremoto hay gente que dice haberlo predicho. Hasta donde yo sé, nadie puede predecir un terremoto con exactitud».

Sólo que Giuliani sí lo hizo con anterioridad y el hecho probado es que ha habido un terremoto e Italia llora sus muertos y pérdidas económicas.

¿Tanto costaba escuchar sus argumentos? ¿Y activar, por si acaso, un plan de emergencia previo? Era caro, supongo. No hay que alarmar a la población, además. Es mejor enterrarla y socorrerla. Y decirle que no piense, con la ayuda de una prensa «equidistante», la del «este dice, el otro dice y yo no trabajo» y el manto de olvido de actualidades más perentorias.

Giuliani espera que alguien le pida disculpas. No creo que suceda. Más bien, será proscrito en su trabajo. Han pasado siglos y nada ha cambiado. Y siempre es la misma ideología la que cercena el progreso, y siempre la sociedad la que paga y calla. Pero la tierra se mueve, por fuera y por dentro.

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