Ser madre en la España de la triple derecha

La derecha extrema –no el centro-derecha como viene saliendo de las lavadoras mediáticas se ha atrevido a lanzar propuestas  sobre la maternidad que llegan a atacar los derechos humanos. Y lo hacen, desde distintos flancos, los tres pilares en los que ahora se sustenta esta ideología cada vez más escorada en el arco político y más ultraliberal en la economía. Como un todo que se complementa. Un bloque unitario con posibilidades de gobierno que nos llevaría a una situación de la que muchos no son conscientes.

Le llaman el “invierno demográfico”, con razón. Los recortes y la precariedad consiguiente han frenado los nacimientos, ha aumentado también la mortalidad –que se habla menos- y España registra una caída de crecimiento poblacional. Lo hizo la tijera del PP aquí. Y la crisis del capitalismo internacional que,  resuelta a favor de unos pocos, nos tiene ahora mismo al borde una nueva recesión mundial.

Niños hay. Los pueden encontrar en los campos de refugiados, vagando por países europeos, llorando de impotencia, usados muchos hasta extremos indigeribles para la conciencia humana.  Pero las gentes de “bien” de la derecha prefieren pagar por hijos propios gestados en vientres de alquiler o robarlos –en sus distintas facetas-  de genes más o menos controlados.

Yendo a la raíz, la maternidad no estaba en discusión en España, pero ha entrado en el terreno mercantil y hasta de apropiación indebida, al situarse en términos de escasez. De esa escasez provocada por el reparto desequilibrado de tareas y responsabilidades y por la falta de medios.  Con vivienda y trabajo las parejas no se pensarían tanto traer hijos al mundo.

El partido ultraderechista con X quiere a los inmigrantes fuera, con sus niños y sin sus niños. Fuera. “España en el corazón” -que dice su líder- resolverá el problema por sí misma, como lluvia caída del cielo. Ciudadanos plantea una maternidad no muy lejana del negocio. Por imposibilidad física o por comodidad se acude a gestación subrogada –es tiempo de eufemismos- con genes de los progenitores. El altruismo como señuelo.  El PP ha ido mucho más allá para completar el flanco: las inmigrantes embarazadas entregan su hijo en adopción para evitar por un tiempo ser expulsadas de España.

La salvaje propuesta de Pablo Casado ha causado un escándalo enorme. Tanto que le ha hecho rectificar como él y su partido saben: negando las evidencias con una desfachatez que enerva. Lo dijo. Lo corroboró el Partido Popular por escrito. Aquí tiene los datos, los expone Ignacio Escolar. El colmo es que el rey de las Fake News se presente como víctima de ellas para esconder su error; el de decirlo, porque la propuesta parece acorde con su pensamiento. El de la España eterna de los señoritos de su casta que, esta vez y en este siglo, ha desbordado todas las barreras. Imaginen a este sujeto en La Moncloa, gobernando con Ciudadanos y Vox.

No es difícil visualizarlo. Lo que está ocurriendo me ha recordado el famoso artículo de Jonathan Swift. Ya saben, el escritor irlandés autor de “Los viajes de Gulliver”. En 1729, publicó un artículo titulado una “Modesta proposición” para acabar con el hambre en Irlanda. Éste era el nudo de su tesis:

“Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres que un tierno niño sano y bien criado [por supuesto pobre, hijo de mendigos] constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo de que servirá igualmente en un fricasé o un ragout”.

El artículo fue un auténtico revulsivo en su época –no hay más que leerlo. Hablamos de una Irlanda paupérrima que ya se entregaba al desgarro de la emigración. Luego vendría el liberalismo y, más tarde, la degeneración del liberalismo, los paraísos fiscales y las mantas que parecen taparlo todo. La “modesta proposición” de Swift  escandalizó a la sociedad, operó cambios en Irlanda. No tenían televisiones con jabón ultra de tertulia.  No tenían sobre todo esta sociedad que parece engullirlo todo.

Los ciudadanos actuales han ido tragando medidas que parecían inaceptables, en recortes de derechos sobre todo. En conciencia, en particular. Vueltas de tuerca que nos han traído a las puertas de unas elecciones en las que la triple derecha puede ganar. Imaginen una España así. Con esos conceptos de maternidad, negando la violencia de género, anotando los nombres de quienes, desde las instituciones, la combaten. Sin contar sus propuestas económicas.

Ciudadanos con los vientres de alquiler, Casado con las adopciones de hijos de emigrantes forzadas por la necesidad, Iglesias –con Irene Montero- solucionando la repoblación por la vía directa: teniendo hijos. La derecha, por cierto, ha puesto el grito en el cielo. Tampoco les gusta el procedimiento. Donde esté un buen laboratorio o una inmigrante sana que se quite la pasión que engendra vida. “La rojería de chupete”, escriben. “La izquierda clásica y la rojería de chupete“, en concreto, que “podrían gobernar en verano”.

Y es que en verano, sí, podría gobernar quien sirva los derechos  humanos en ragout y los de las mujeres, en particular, estofados. La mentira como estrategia y nubes de verborrea escandalosa  para ocultarlo.

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