La derecha empieza a preocuparse

La imagen del presidente de Andalucía Juanma Moreno Bonilla doblado en reverencia ante el Rey, la propia actitud de Felipe VI ante ese saludo, reflejan la España que gustaría a la derecha. El político conservador, aupado por un partido ultra y por otro elástico, se inclina ante un jefe de Estado hereditario en el Siglo XXI. Todo era más fácil para ellos así, para el tiempo al que pretenden devolvernos.

Conforme avanzan los días, las opciones de un triunfo electoral de la alianza PP, Ciudadanos y Vox van mermando. El feminismo sepultó Colón y les dejó en cueros.  El poderoso bloque político y mediático está inquieto cuando preveía un paseo triunfal. Algunas encuestas rebajan sus expectativas. Es una percepción que se agudiza al observarles. Los discípulos de Losantos lanzan fatwas desde sus medios que muestran temor y rabia. El jefe de Opinión de El Mundo,  Jorge Bustos, publica una columna asegurando que la campaña electoral va de «aniquilar» a Albert Rivera. La malvada estrategia parte de Pedro Sánchez, naturalmente. Un ser casi diabólico a tenor por lo que Bustos cuenta a sus seguidores. Antonio Caño, ex director de El País, debe andar tomando notas.

«Cada mañana Pedro Sánchez besa el póster de Santiago Abascal que tiene en el despacho y clava otro alfiler en el muñeco vudú que representa a Albert Rivera», así comienza Bustos. Y sigue como un ciclón: se trata de una «salvaje operación de desinformación y descrédito del rival». Con  dinero público para inocular propaganda, redoblando la publicidad en «medios cautivos». Que esto lo diga El Mundo se las trae. El futuro, si el malvado Sánchez, «un ser amoral», consigue culminar sus planes es apocalíptico: «España se partirá en dos mitades». Gobernará «de espaldas a la Constitución». «Serán años de bloqueo, guerra cultural y cesiones de soberanía. Luego vendrá la recesión que otra vez destruirá al PSOE junto con los empleos de muchos de sus votantes comprados con cargo al déficit». No sigo, se hacen idea. En contra mis principios de publicitar basura de grueso calibre, lo enlazo para que puedan comprobarlo.

No es cuestión de reírse, aunque den ganas. La caverna ultra española es muy peligrosa cuando pierde poder; la historia de nuestro país está llena de ejemplos. Ahora el pastel empieza a desinflarse porque fallan los ingredientes. Una buena parte de los medios han promocionada a la triple derecha hasta la náusea. El problema son sus líderes: endebles y con evidentes signos de nerviosismo. Vayamos a Albert Rivera que es quien les preocupa fundamentalmente.  Lo consideran el más presentable frente a ese pollo sin cabeza que preside el PP y los sueños húmedos de llevar a Abascal a caballo a la Moncloa todavía no lo ven viable, al menos de momento.

A Rivera se le ha caído de bruces al lodo el fichaje en Castilla-León. Silvia Clemente ha sido apeada tras un flagrante hinchado de votos en las primarias, en las que salieron más papeletas que votantes. Este dechado de virtudes que Ciudadanos arrebató al PP tiene un amplio historial –lo resumía aquí Ignacio Escolar. Y no es nada desdeñable lo que cuenta al final del artículo: la presidenta de las Cortes de Castilla y León gastó más de 700.000 euros en publicidad y reportajes pagados en 2016. Y, en 2018, un jurado compuesto por los directores de los principales medios de comunicación de Castilla y León premió a Silvia Clemente como «comunicadora del año». Lo de Ciudadanos en Castilla y León le pasa a Podemos y el auto sacramental no se apaga hasta abril del 2020, comentó el periodista Enric Juliana.

Cuando el jefe de opinión de El Mundo habla de dinero público para estos fines sabe lo que dice. Pero normalmente quien usa esas tácticas es la derecha con los abundantes medios de la derecha.

Rivera fue entrevistado –es un decir por TVE en el telediario de las 9 el lunes. También, como Casado, dijo a placer lo que le convino. El rigor había sido más severo para Pedro Sánchez y, sobre todo, para Irene Montero.

Rivera miente al decir que ha habido un golpe de Estado en Cataluña. Si realmente fuera «constitucionalista» lo sabría. Sánchez no ha pactado con Torra y Bildu, apoyaron la moción de censura. El colmo es no pronunciarse sobre si Vox, con quien Ciudadanos ha pactado de facto en Andalucía, es constitucionalista, pero afirmar que «Sánchez, desde luego, no lo es«.

Se les desinfla Albert Rivera, mientras Casado sigue su despendolada gira soltando insensateces. Grave la de volver a la teoría de la conspiración en el 11M, en donde tan grave responsabilidad tiene su partido, dando otra bofetada a las víctimas. «El problema ahora es que el PSOE lo maneja Torra directamente», soltó en 13Tv. Y ni se inmuta.

Al PP le sale también su fondo de armario con una Soraya Sáenz de Santamaria que ficha por el bufete de Cuatrecasas. Su líder fue condenado por ocho delitos fiscales pero evitó la cárcel tras pactar con el fiscal y la Abogacía del Estado que dependía de Santamaría. Cuatrecasas se convirtió en asesor de la Sareb, el banco malo, tras ayudar al gobierno del PP a crear un fondo de liquidez para proveedores por la cifra simbólica de un euro. El bufete pasó a trabajar para inversores internacionales que compraron activos tóxicos a la entidad. La firma es la segunda del mundo y la primera española que más denuncias de inversores extranjeros contra España ha logrado captar tras los recortes del PP a las renovables. Aquí, en Eldiario.es, la información completa.

La tercera pata de la derecha viene con X. Se ratifican los vínculos con la Fundación Francisco Franco. En España todavía hay un gran número de ciudadanos que no comulgan con el fascismo pleno, menos mal. El fascismo asesino y cruel que sigue arrojando las evidencias de su terrible legado. Nuestro compañero Carlos Hernández ha documentado la existencia de casi 300 campos de concentración que el régimen mantuvo hasta finales de los 60. Entre 700.000 y un millón de españoles pasaron por ellos, hasta 5 años, sufriendo torturas y trabajos forzados. Lo cuenta en el libro que acaba de publicar. Quienes votan fascismo agreden a la sociedad, por tanto.

La derecha está preocupada y se nota. La derrota en las urnas ha de ser contundente. Por supervivencia. Por esperanza de futuro, aunque sea imperfecto. La otra opción son las catacumbas. Pero nos esperan tiempos en los que esgrimirán todas sus armas y, visto el material, sabemos que no se paran ante nada.

Es tiempo, urgente, de saberse ciudadanos libres y ejercer de tales. Con la cabeza bien alta.

15 veces 11M

Quince veces 11M. Lo peor de la historia de España son los muertos que resurgen una y otra vez en el camino, los errores impunes de la política indeseable. Quince veces 11M. Así los va contando la madre de una de las víctimas mortales. Marisol Pérez Urbano, filóloga y profesora de literatura, publica una intrahistoria de los atentados del 11 de Marzo de 2004, en este nuevo aniversario. Su hijo, Rodrigo, de 20 años, cayó en Atocha, muerto en el acto.

El terror irracional mató e hirió con saña, el poder político manipuló y usó, algunos medios fueron cómplices y difusores. Lo tremendo es que todos esos factores siguen ahí.  Para los familiares de los fallecidos el dolor no caduca porque no caduca la ausencia ni las secuelas. Pero un fuerte componente de su sufrimiento sigue siendo pensar cómo el PP camufló sus responsabilidades manipulando la verdad. El temor para los afectados directamente y para cualquiera con conciencia es ver que siguen ahí, con sus tácticas, sin haber respondido a culpa alguna. La pérdida del poder durante dos legislaturas, a las que volvió sin regenerarse en absoluto.

El tratamiento de los atentados del  11M en Madrid es una de las más potentes páginas negras protagonizadas por la derecha española. En tiempos como estos, en los que se la relanza con grandes apoyos, conviene refrescar la memoria de sus mayores destrozos. El 11M lo fue. Y muchos, como dice Marisol Pérez Urbano, ni siquiera saben ya lo que pasó, tras haber sido sometidos los hechos a intensos procesos de lavado y lejía, tinte y vuelta a lavar.

La madre de Rodrigo edita en su libro «Dinos dónde estás y vamos a buscarte» un diario que fue escribiendo con los hechos que se iban sucediendo, las sentencias judiciales probadas, numerosos artículos de prensa y de blogs de solvencia. De un lado es un valioso registro, casi notarial. Del otro, desnuda sentimientos personales con los que cualquiera se sentiría identificado en su lugar, plasmados en textos escritos durante esos 15 años.  Pena, rabia, melancolía, desesperación, angustia, duelo, búsqueda del sosiego y también de la reparación. Es lo que no llegan a entender las almas muertas indiferentes a los daños que causan.

El libro recoge la historia de factores significativos como las presiones que el PP ejerció hasta con los corresponsales de medios internacionales en España. La manipulación probada que llevó a dimitir a Jorge Dezcallar, jefe del CNI, a los siete días del 11M, como se supo mucho después. El Ejecutivo desclasificó informes de los servicios de inteligencia de forma «parcial y selectiva» para mantener la tesis que le interesaba sobre la autoría de la masacre, buscando  salvar la imagen personal de un presidente, declaró  a El País en 2015.

Y está el relato que se contaba allí y el que se contaba aquí.

«12 de marzo de 2004.

«Escribo estas líneas a la una de la mañana cuando aumentan las dudas sobre la autoría de la matanza de hoy en Madrid ya se sabe que en una furgoneta robada encontrada en Alcalá de Henares la policía ha encontrado siete detonadores y una cinta con versículos del Corán», decía íñigo Sáenz de Ugarte en Guerraeterna.com

La indignación que fue saltando.

Escolar.net, 14 de marzo de madrugada, actualización.

«Escribo a doscientos metros de la calle Génova, en Madrid. Cerca de 2.000 personas se están manifestando frente a la sede el Partido Popular. pidiendo explicaciones sobre los atentados al grito de «queremos la verdad».

Actualización

«Mariano Rajoy considera las manifestaciones que ya son por toda España como ‘antidemocráticas’ e ‘ilegitimas'».

«Mientras sucedía, nosotros seguíamos en shock. Solo llegamos a ver fragmentos de algún informativo cuando nos avisaba de que había sucedido algo importante. No aguantamos mucho tiempo, las noticias nos hacían daño», escribe Marisol.

Hay un momento en el que tras la vorágine de las condolencias, los allegados de las víctimas se quedan solos con su pena.  Y llegan las cospiranoias (impunes), las comisiones, el juicio, las lejanas montañas, las risas de testigos políticos y la dignidad de las víctimas. La mochila vital de Vallecas, la persecución del comisario que la encontró. Las interrogantes planteadas en la vista oral del proceso, las respuestas y conclusiones. La sentencia. El caso cerrado. Las sombras que no dejan de esparcir los surtidores interesados.

«18 de julio de 2008

La sentencia del Tribunal Supremo lo deja todo cerrado.

Al horror de perderte se ha sumado la continua cantinela de las pruebas falsas, los intentos de manipulación, los insultos recibidos por ser víctimas incomodas para los intereses de algunos. Ha sido durísimo. No nos han dejado llorarte en paz».

Marisol Pérez Urbano observa la realidad en cada minuto, sin hacer ruido, como detrás de la ventana. El 17 de Agosto de 2017 sufre un nuevo mazazo. Otro atentado yihadista de envergadura. Doble. En Barcelona y Cambrils. 13 muertos y más de un centenar de heridos. Vehículos que arrasan vidas. Los recuerdos rebrotan intensos.  Aquí se mezclará con el procés catalán. Los políticos están enfrentando a los cuerpos de seguridad, se utiliza a las víctimas, lo hicieron el 11M y aquí también. Son declaraciones de Pilar Manjón que recoge Pérez Urbano.

El problema de España es que sus fiascos, sus abusos, son de tal envergadura que nunca terminan de taparlos, por mucho que lo intentan y embarran. Se quedan en todas las cunetas de la impunidad.  El otro, enorme, inquietante en estos momentos, la facilidad con la que consiguen borrar algunas memorias para que se olvide que el mal sigue ahí con todos sus métodos.

Intensos meses los que vivimos ahora en España. La derecha se ha desgajado en tres. Una derecha brutal en muchos extremos, inyectada de ingresos y de apoyo mediático, lanzando bulos y mintiendo sin parar. El feminismo se despliega firme por las calles diciendo que no tolerará una involución. Y llega otro 11M con algunas facturas sin pagar y con el dolor inconsolable de quienes lo sufrieron en primera persona.  Poderosas fuerzas en desarrollo, con base suficiente para alimentar la cordura y vencer a las tinieblas.

Rodrigo, el hijo de otra de las madres coraje que nos descubrió el 11M, dejó anclada esta magnífica reflexión en su Messenger:

«La dicha de vivir consiste en tener siempre a quien amar, algo que hacer y algo que esperar».

Rotundas en un vibrante 8M, disminuidas para los empresarios

Los empresarios españoles han decidido contribuir a la celebración del día Internacional de la Mujer Trabajadora con un informe que ayudara a explicar la brecha salarial. Y han encontrado una de las posibles razones de que se pague menos a las mujeres por el mismo trabajo que realizan los hombres. Textualmente, es por «las diferencias en los rasgos psicológicos y habilidades no cognitivas de hombres y mujeres (diferencias en la propensión a asumir riesgos y a negociar)». Esas diferencias «pueden acabar afectando a los salarios de unos y otros», precisan.

La CEOE,  Confederación de Española de Organizaciones Empresariales. agrupa a más de tres millones de empresas y autónomos de todos los sectores. Y es y se comporta como un potente lobby. Cuando hablamos del poder que no se presenta a las elecciones, tenemos en mente a buena parte de los grandes empresarios, que, como vemos, no tienen el menor empacho en soltar unas ofensivas afirmaciones, supremacistas y arcaicas, a las que presta su aval la famosa auditora PwC que ha elaborado el informe.  Conocemos a PwC. «Asesoran a gobiernos sobre cómo cumplir los requisitos del FMI e implementar la gobernanza de la mano y a gusto de las grandes firmas multinacionales», escribía Angels Martínez Castells en Reacciona (Aguilar, 2011). Todo queda en casa.

Las mujeres no tenemos propensión a asumir riesgos y no sabemos negociar, dicen. Precisamente, somos unas pusilánimes, torpes para los acuerdos. No sabemos en qué reductos han transitado para llegar a estas conclusiones. Pero sí estamos al tanto de las tendencias ultraconservadoras de las élites que dirigen el granado empresariado español. En 2011, presentaron propuestas para una reforma educativa nada menos, al gobierno del PP que llegaba a la Moncloa. La CEOE veía entonces la clave del éxito escolar en los genes. Y cuestionaba la presencia femenina en la docencia. Ese pensamiento que ya adelantara el propio Rajoy: la herencia genética de los ricos hace a sus vástagos más listos. En la patronal española tenemos la prueba de su excelencia, unos auténticos lumbreras, abiertos de mente para enriquecer su inmensa materia gris. Y parece que prefieren excluir de labores pedagógicas a esos seres timoratos y ofuscados que,  según el informe que nos han regalado este 8 de Marzo, somos las mujeres.

No cabe la menor duda de que los nuevos tiempos de ultraderecha cerril que soplan en España han animado a la CEOE a hacer público su pensamiento. Nos servirá para saber qué se cuece en la sombra en cuanto a directrices laborales y de todo tipo, dado que estas gente de calva, pantalón y traje gris -también- suelen mantener reuniones con las más altas instancias del Estado.

No son tan nuevos los tiempos. La derecha carpetovetónica española se regenera poco dada su endogamia. Juan Rosell, el presidente anterior de la patronal, era un conservador de tomo y lomo, sin complejos en sus declaraciones. Y, su sucesor, Antonio Garamendi, va más allá. Es partidario de la línea dura con los independentistas y llegó a decir se habían acabado las visitas a la cárcel para ellos.

El menosprecio de los empresarios a las mujeres llegaba en otro 8M esplendoroso de reivindicación feminista. Y esta vez con la triple derecha avisada de lo que les venía. Un día que había empezada con información abundante sobre la huelga. Y con muchos más extras. Los medios y las redes recogían resúmenes de debates «plurales». En el mismo plano, políticas que luchan por la igualdad, a diario, y, para desactivarlas, presunto feminismo de diseño, hasta con X ultras. La dama de verde y naranja insiste en el eslogan del machismo cuñado: un día se dijo «portavozas», ábranse de carnes que todo está permitido ya ante tan terrible agravio.  La labor de la derecha es combatir el feminismo, toda igualdad, desmantelar los hechos como termitas. La caverna mediática estima que «debe ser denunciado» todo lo que difiere de su concepción de la mujer. El Mundo, La Razón y ABC publicaron ayer a página completa un anuncio de la ultraderechista HasteOir contra las leyes de violencia de género. Pocas veces como ahora es tan patente la pugna. Hay mucho poder en juego. Poder y uso del dinero público. Diría que, por ello, los piquetes mediáticos contra el feminismo actúan sin cesar.

Nunca se repetirán suficientes veces los motivos de la protesta. Pero el lado oscuro de España sigue negando la violencia, la discriminación, la precariedad. Cómodo con la asignación de tareas femeninas, como pueden ser los cuidados.  Añadiré otra estadística, precisamente ésa de la que habla la CEOE y que es una clave básica: la brecha salarial. Christine Lagarde, directora gerente del FMI, ha dicho que cerrar la brecha de género elevaría un 35% el PIB. Pero tiene un elevado coste para los empresarios. Si, en España, se ha puesto el grito en el cielo por subir el salario mínimo a 900 euros, cubrir el 23% en que se estima cobran menos las mujeres les parecería un cataclismo, aunque a la larga fuera mucho más positivo para la economía. Todo encaja, para que las cuentas salgan se paga menos a las mujeres, que hasta ahora lo han permitido.

Pues bien, España descendió 5 puntos en las estadísticas de Brecha de Genero del Foro económico Mundial de 2017 a 2018.  La aumentó. Ha pasado del puesto 24 al 29. Otros países nos han adelantado. Algunos que pueden parecer insólitos como Burundi, dado el despegue que están registrando algunos países africanos, impulsados por asociaciones de mujeres. Rwanda y Namibia están entre los diez con menor brecha salarial. España el 29, repito.

Algunos países, como Portugal, se han apuntado este año a celebrar el 8M contagiados del ejemplo de las españolas en 2018. La batalla en España no es de cifras, ni de evidencias. Sigue siendo de modelos de sociedad, y de métodos. La derecha, y menos aún la ultraderecha que la ha impregnado, no quiere una sociedad igualitaria. No hace más que decirlo a quien lo quiera oír. Se saca estudios de la chistera que les justifiquen. Sabe que le basta exacerbar instintos primarios en personas proclives, para que prefieran la mujer subordinada, en «su papel», con la balleta o con la cartera de ejecutiva en la mano.  Estimula la política que impulsa la diferencia de clases y la consolidación de privilegios. Las trampas que llevan a desatinos de gran repercusión como vemos en instituciones altamente tiznadas.  Y todo, en nuestro caso, tapado con la rojigualda.

Salimos. A pie, en bicicleta, a grito, a júbilo, a bufanda, a cacerola de las que suenan, anudando delantales a las estatuas masculinas de piedra, a determinación. Muchas adolescentes, niñas, completamente vestidas de feminismo y democracia que nunca dejarán les quiten los derechos que a todas nos costó tanto conseguir. Ellas seguirán la senda.

España ha sido este 8 de Marzo una fiesta de mujeres firmes que plantan cara a la involución que viene, que quiere venir. A la ultraderecha. Un huracán ha barrido los cuatro estandartes pijos y ultras de la Plaza de Colón. Sus altavoces no han dejado de amplificarlo. Ahora tratarán de minimizar el feminismo que les combate. Atentos todos para hacer valer en su justa medida el logro de las mujeres.

Alerta: machismo encubierto

Arrimadas con lazo violeta en 2018
Arrimadas con lazo violeta en 2018

Quizás la mejor metáfora del feminismo oportunista, machismo apenas camuflado, la dibujó Inés Arrimadas con el lazo violeta más grande de la red a las 15.11 del 8M de 2018. Tanto ella como el presidente de su partido, Ciudadanos, Albert Rivera, se habían declarado en contra de la huelga de las mujeres por considerar que atacaba los fundamentos del capitalismo, pero al constatar su éxito arrollador se apuntaron sin el menor reparo. Muchos otros lo hicieron a lo largo de aquel histórico día.

Hace un año, España culminó en alta cumbre la reivindicación de las mujeres por nuestros derechos que se venía gestando desde muchos otros movimientos. Los de siempre y como siempre, no lo vieron venir. Habían escrito, incluso, que las mujeres se morirían de vergüenza al conocer el manifiesto, «monjil y putrefacto». Solo entre periodistas y comunicadoras en general, lo habíamos firmado 8.000 mujeres, organizadas en una cuenta de Telegram que fue una gloria, aún lo es. No hay nada como conocer los datos para «prever» el futuro.

Fue de esas veces en la vida que los hechos te dan la razón y en horas para ser más contundente el efecto. Y vas viendo cambiar la chaqueta al hilo de la codicia malsana de votos o audiencias. Cuando la hipocresía muta esa aspiración lógica en una vergonzante maniobra. En la Plaza de Callao de Madrid apareció alguna reina de la mañana mediática, muy propia sin maquillar, convertida en feminista urgente. Algunas periodistas de base pugnaban por hacerse selfies con ella en esas escenas que se vuelven paradojas de la vida.

Albert Rivera se atribuyó, naturalmente, el éxito de la huelga feminista. En serio, vean. Y se permitió dar la bienvenida a Mariano Rajoy al nuevo mundo. Porque, sí, hasta el entonces presidente del gobierno apareció con lacito morado. Incluso Pablo Casado que iba a ser llamado a altos destinos en el PP se descolgó a las 19.05 con una declaración feminista de esas de «mis mujeres» son lo más. Su madre, su mujer y su hija.

Rajoy con lazo feminista el 8M de 2018
Rajoy con lazo feminista el 8M de 2018

Mucha atención, porque en un año se han producido cambios sustanciales. Ahora Casado manda a su hija a ese reducto en el que la mujer es un potencial peligro para el hombre. Ahora toca reivindicar los derechos del hijo varón amenazado. Vean. Ahora toca competir en territorio cómodo ideológicamente. ¿Leyeron ayer al director de eldiario.es Ignacio Escolar?: «A Casado le ‘parecería cínico hacer un discurso de mi hija contra mi hijo». Abascal quiere «una ley que proteja a mis hijos de la denuncia falsa de cualquier desaprensiva».

La derecha se ha trufado de ultraderecha si alguna vez dejó de estarlo. Y demuestra una vez más su portentosa capacidad para replegarse y retornar a las posiciones que le convienen como si de una goma se tratase. Las mujeres del PP se están batiendo por demostrar al líder que defenderán el antifeminismo con ardor. A Díaz-Ayuso, candidata a la Comunidad de Madrid, antifeminista de vox feroz, le ha salido una rival que no quiere perder comba. Y busca su momento de notoriedad para medrar. Se dedica a la «comunicación y telegenia» del PP. Y posa, brazo en pared, mirada seductora al suelo, reivindicando a la mujer- mujer pera-pera de los Aznar-Botella. No tendría precio una foto así de Pablo Casado, hombre-hombre níspero-níspero, en aras de la telegenia igualitaria.

Nadie como ella, sin embargo. Ella, Inés Arrimadas, entra en la política nacional presentando el «feminismo liberal» de Ciudadanos. Nunca encontró el marketing mejor comercial de cualquier producto. Ejemplo para los asesores de imagen, como pudimos comprobar. Arrimadas sería capaz de vender, con énfasis precisos, la Guía telefónica como si fuera la «Kritik der reinen Vernunft» de Kant, filósofo y obra de cabecera de Ciudadanos. Y el «Cuento de la Criada» de Margaret Artwood como «El segundo sexo» de Simone de Beauvoir o como Blancanieves y los siete enanitos. El lazo morado ya viene con tintes azules y sepias, al presentar como logros de «la libertad de la mujer», los vientres de alquiler y el derecho a prostituirse. Para la historia quedará este diálogo con la periodista de la Cadena SER, Pepa Bueno, que feminista de verdad es un rato.

Video insertado

Javierito Stone 🔻@javieritostone1

Arrimadas: Hay quien dice que todos los hombres son unos maltratadores.
Pepa Bueno: ¿Quién dice eso?
Arrimadas: Lo dicen.
Pepa Bueno: ¿Quién?
Arrimadas: No lo sé.
Pepa Bueno: Lo dice solo Vox.
Arrimadas: ¿Ah, lo dice Vox?…

Las mujeres españolas han parado el mundo, titulaba en 2018 la prensa internacional. Lo reactivamos, en realidad. Alababan una España prodigio de madurez, creatividad y afán constructivo. Ahora la regresión la quiere sepultar, vestida de eufemismos que no tapan sus costuras. Y se emplea en ello con todos los medios.

Estos doce meses trajeron un cambio de gobierno que ha impulsado leyes progresistas, con el PSOE en la Moncloa y el apoyo indispensable de Unidos Podemos y los nacionalistas que tanto molestan a la derecha crisol de la españolidad. Menos de las necesarias, quizás por la regla del «poco tiempo, mucho miedo» en la cúspide. Por el freno que supone la guerra sucia continua de una oposición política y mediática que juega más a la imposición de intereses que a la confrontación de programas.

La mujer es mucho más visible que hace un año. Las librerías se han llenado de libros sobre mujeres y feministas tratando de suplir en aluvión el enorme atasco de desconocimiento. Se impone seleccionar. Ir a historias que nos expliquen a todos, fuera de fuegos vacuos. Y permanecer alertas, con todos los sentidos, a la involución que nos amenaza realmente. Al rearme machista vestido incluso de estudiadas sonrisas de mujer. Empeñados en que machismo es lo opuesto al feminismo, y que la igualdad quita injustamente derechos a quienes los poseen por encima de la otra mitad del mundo.

Queda mucho por avanzar, quedan muchas reivindicaciones concretas que conseguir, queda apartar morralla del camino y centrarse en los objetivos. Este año los enemigos de los derechos de la mujer se han preparado. Y hay que trabajar cada día, con firmeza, alertas. Tras la explosión del hartazgo y el júbilo por el encuentro, la madurez. Quizás sea útil aquello que dijo la escritora Virginia Woolf: «Estoy enraizada, pero fluyo»

 

*Publicado en eldiarioes. 5/03/2019 –

La ofensiva machista se intensifica

A la niña, de 8 años, le escuece cuando tiene que «hacer pipí». Y no es por una infección de orina. En el centro de salud cuenta que papa le mete los dedos en la vagina cuando la baña con jabón.  Ocurrió en julio, tras pasar 15 días de vacaciones con su padre. Aquí, el testimonio horrorizado de la madre en Radio Zaragoza. La niña no quiere volver a estar con él.  Pero los tribunales de justicia mantienen el régimen de visitas. Varios informes confirman las agresiones del padre, condenado por malos tratos a la madre. El tema ha pasado prácticamente desapercibido. Debe parecer normal, quizás por habitual, que un hombre abuse sexualmente de su hija pequeña, tras haber maltratado a su madre, según condena judicial.

Casi mil mujeres han sido asesinadas por la violencia machista desde que hay estadísticas ( 2003 ). Por ser mujeres. Por ser consideradas por  los hombres que les quitaron la vida «sus mujeres». Y 27 menores, en algunos casos hijos de ellos, para castigar así a «sus mujeres».  Han muerto a palos, a cuchilladas, a hachazos, degolladas, arrojadas por la ventana. Es el final de una cadena que se inicia con controles e imposiciones, y sigue con todo tipo de agresiones y abusos, con violaciones, de uno en uno y en grupo. Pero al machismo feroz no le inquieta, niega los hechos, les da vuelta, altera estadistas.  Le sobra la verdad.

No se puede razonar con quien no quiere ver. Sus fieras mentes están ocupadas por el rencor de haber sido cuestionado su papel supremacista. Incluyamos aquí a mujeres que dan la razón a este machismo. Es el caso, sin ir más lejos, de Isabel Díaz-Ayuso, la candidata por el PP a la Comunidad de Madrid. Y otras varias de su partido y del resto de la triple derecha. Todos, ellos y ellas, utilizan un léxico fuerte, como grito de sinrazón: dictadura, feminismo radical. Desde su radical machismo que quieren imponer a la fuerza. Sí funciona mejor romper la equidistancia  que la misoginia actual utiliza cuando sitúa al mismo nivel, como extremos, feminismo y machismo. Es el mismo sistema que emplean para lavar el fascismo que muchos de ellos practican, equiparándolo a ideologías progresistas. Hacen falta apenas dos dedos de frente para verlo, pero algunos no los tienen o no los usan.

El machismo se agiganta como reacción a los millones de mujeres que en todo el mundo se han cansado de aguantar. Desde la América mínima de Trump a los países árabes que sojuzgan a las mujeres al límite, pasando por la España que no erradicó el franquismo. La ultraderecha en expansión tiene mucho que ver con eso. Con el roto económico que hace al capitalismo en sí –recuerden a Arrimadas rechazando la huelga feminista del 8M de 2018 a la que se apuntaría una vez conocido su éxito-. Y con los propios sentimientos atávicos de superioridad de los machos que no han dado el paso de ser hombres integrales.

Créanme que para mí es agotador el continuo resurgimiento de estos mastuerzos. Duele desde el fondo de la infancia de esa España franquista que de tal forma se ensañó con las mujeres, al día de hoy que otra vez pretende campar por sus fueros. A estas alturas ya se sabe que nunca se puede bajar la guardia.  Desde la racionalidad no es fácil entender que se cuestione lo evidente.  Que los hombres no son superiores, ni lo son las mujeres. Nadie debe dominar a nadie.  Nadie realmente valioso se impone a otro.

Solo desde la estupidez suprema, trufada de sucias intenciones, se pueden lanzar los consejos que Pablo Casado, PP en vena, dedica a las mujeres.  La causa se encuentra, sin duda, en ese sector de la sociedad española tan dramáticamente maleducado, aunque escriba best-sellers. Embrutecido de franquismo y, por tanto, de autoritarismo y sumisión. Complementándose, o en fatídico sadomasoquismo.

«Machismo con faldas» se ha atrevido a proferir el Pontífice de la Iglesia Católica que pasaba por progresista, mientras los Obispos españoles, en permanente ostentación de su ideología retrógrada, anuncian que no investigarán los casos de abusos sexuales, al menos por propia iniciativa. Todo machismo tiene un trágico componente de desviación sexual acomplejada, voluntaria, consciente y responsable.

El machismo ha sido un factor fundamental del voto a la ultraderecha en Andalucía. Vox convoca  una manifestación dos días después del 8M –en alguna parte del territorio que no seré yo quien lo publicite- contra el «feminismo maquinador y supremacista». Y sigue insistiendo en acciones parlamentarias de lucha contra las políticas de igualdad.

Inflados de fervor machista -y de los ingresos y exenciones fiscales facilitadas por el gobierno de Rajoy que el PSOE anuló este pasado febrero-, una agrupación ultraderechista y ultracatólica saca a las calles un autobús contra las que llama Feminazis apoyado con la imagen de Hitler. En Alemania hubieran dormido en los calabozos. Apela, por escrito, a sus políticos de referencia: Casado, Rivera, Abascal.  Para que se deroguen las leyes de violencia de género. En ello están para «reformarlas» al gusto.

El machismo se combate con educación y apertura de miras. El fascismo se quita leyendo y enterándose de lo que se lee.  Las medidas de gobierno progresistas ayudan a construir y visibilizar  igualdad.  –y este viernes hemos visto algunas, sacadas adelante por PSOE y Unidos Podemos. como pueden ver en los enlaces-.

Apenas en una semana #8M, huelga feminista. Reivindicación de la igualdad, de los derechos. De la sensatez, del coraje. El machismo aún no sabe qué es tener a las mujeres del siglo XXI enfrente. Las urnas esperan para aventarlo de la vida pública. En caso contrario, lo siguiente sería un remedo de El cuento de la criada.

España, el rompecabezas que no encaja

España se ha convertido en uno de esos problemas enquistados cuyas variables no logramos enjaretar. Las evaluamos una por una, sumamos, restamos y no cuadran. Cuesta doblemente con  productos cada vez más grotescos. Parece haberse adueñado del espacio político la estupidez. Recalcitrante, competitiva en el logro del trofeo en la categoría. No es normal afrontar unas elecciones con el plantel de políticos que tenemos. Con buena parte de los medios haciendo campaña de intereses. Y con un sector de la sociedad entregado a la pasión irreflexiva. Los les gusta y no les gusta se han convertido en valores supremos en la toma de decisiones de entidad.

Si Rajoy, muy españoles, mucho españoles, había dejado el listón a niveles difícilmente superables, llegó Pablo Casado a demostrar que siempre se puede ir a más. El actual presidente del PP es un ser que nos deja atónitos en su descabellada verborrea. Resulta incomprensible que alguien le haya elegido para puesto tan destacado, siquiera que le escuchen sin sentir auténtico bochorno. Su lección magistral a las mujeres sobre nuestra obligación de saber qué llevamos dentro al estar embarazadas nos dejó boquiabiertas… e indignadas. Pero el hombre fue a más en la presunta entrevista en RTVE al asegurar que se habían transcrito mal sus palabras. “Hay que leerse las entrevistas enteras”, dijo. Cuando está grabado y en su propia voz  su fatídico: “Creo que es bueno que las mujeres sepan lo que llevan dentro”, mientras parecía espantar moscas con las manos. TVE se limitó a decir que lo había negado. Y le dejó soltar mentira tras mentira. Sobre el paro, sobre todas sus fake news en las que insiste con total desparpajo: las mentiras sobre el programa de Unidos Podemos, las 21 de Torra en la que el que la triple derecha fundamentó su soflama de Colón. Es una máquina de mentir. Obvia.

La oferta estelar del PP se completa con otro circo de los horrores en los que hay lanzadores de huesos de aceituna con la boca, mujeres que enarbolan la bandera del machismo, racistas sin complejos, compitiendo también entre ellos mismos para ver quién suelta la peor idea.

De su cantera precisamente salen fichajes estrellas de Ciudadanos, la otra pata destacada de este tremendo panorama. Silvia Clemente, factótum en Castilla-León, acredita una gestión plagada de sombras que incluyen pasar como gastos “de representación” joyería, ropa y pastas de té, y haber concedido subvenciones a las empresas de su marido. Este ejemplar político ha merecido que el partido naranja pugnara para hacerse con su candidatura.

Igual que Casado, Albert Rivera sigue, inasequible al desaliento, con los 21 de Torra, aunque la verdad lo haya desmentido. Inés Arrimadas deja la Catalunya de sus amores a la que no pensaba abandonar por venirse a Madrid. Y se estrena con un patético viaje a Waterloo. Ruth Toledano le dio aquí su dimensión más exacta: “Lo que pudo ser grandeza fue patetismo, lo que pudo ser elegancia fue zafiedad, lo que pudo ser construcción fue nada. Porque Arrimadas no fue a Waterloo a hacer gran política sino ínfima campaña electoral. Y la hizo mal”.

Políticos como Toni Cantó o Girauta figuran como nombres naranjas de postín. Girauta, quien dice que Catalunya le echa cuando le mandan presentarse por Toledo. En Madrid tenemos a Begoña Villacís y sus trampas en su sociedad mercantil.  Un documento notarial prueba que falseó su cese en esa sociedad.  ABC avanza que negoció con VOX para entrar en sus filas, en alguna de las guerras familiares que se lleva esta derecha.  Es cierto que personajes así se han dado en la política española, pero no tantos, llenando sus cúpulas.

Abundantes medios y periodistas trabajan entre los jardineros de este tinglado. Lo de Villacís está pasando por encima de los informativos como suele ser habitual en el caso del partido naranja que goza de una especie de bula. Todo lo contrario que Unidos Podemos. Muchos medios y periodistas son parte activa de la política en sus decisiones. Ante la inminente campaña han resucitado a sus clásicos, para captar al electorado menos exigente con sus propios razonamientos. Son campañas masivas, y es solo el principio.

Antena 3 decide hacer un debate a 5, inspirado en las encuestas, dado que Vox no tiene representación en el Congreso, solo un senador en el Senado por el parlamento andaluz. El problema principal es que se trata de un partido de ultraderecha y rechaza numerosos principios democráticos, no es uno más. La idea de que puede disuadir a sus votantes es no conocer a sus votantes. En estos momentos, los políticos de este cariz aspiran primordialmente a ser conocidos. Forzar su presencia en estas condiciones favorece su difusión. Y es desproporcionada a su presencia real.

TVE, embarcada en las duras y a menudo injustas críticas y presiones de la derecha, parece haber caído víctima de ellas. La entrevista a Pablo Casado fue un paseo triunfal del candidato del PP, cuando la de Pedro Sánchez había sido incisiva y rigurosa. En el tema Venezuela TVE está inequívocamente a favor de Guaidó,  lo que implica apoyo a la injerencia de la América grande de Trump. Una toma de partido en un medio público.

Igual era esto lo buscado. Porque ¿dónde inscribimos la carta de la presidenta del PSOE  a Albert Rivera, con la mano tendida pese al cordón sanitario que dice haber puesto Ciudadanos? Los deseos de las buenas gentes que ostentan el poder sin pasar por las urnas salen una y otra vez en el fondo de todo movimiento: un gobierno PSOE-Ciudadanos, tan centrista como es el socio de Vox en Andalucía y en el futuro español como ha anunciado.  Pero el asunto está crudo al menos hasta el próximo giro de la veleta naranja. Ciudadanos responde a Narbona a nivel menor de escalafón y con esta coz: «Después de nueve meses de desgobierno de la mano de Podemos, ERC, EH Bildu y la antigua Convergencia, el PSOE sigue dedicándose a ofender al consitucionalismo

Las radios de la mañana que apoyan a la derecha andan en el agip prop a saco. Este martes, el programa de Alsina en Onda Cero criticaba con dureza el gasto en pensiones, el gasto, lo que se invierte en las personas, es un gasto para la derecha. El gobierno en uso de sus atribuciones quiere decretar que las subidas anuales sean de acuerdo con el IPC, y eso no lo toleran. Era así hasta que, en 2014, el gobierno del PP sustituyó el referente del IPC por el llamado Índice de Revalorización (IR) que suponía una merma de lo percibido, a pesar de que trataron de disimularlo.  Me produce una especial rechazo que los colegas “olviden” puntos esenciales como éste.

Es factor esencial, porque después dos ministras han comparecido «sugiriendo» que el gobierno iba a renunciar a esa medida estrella, según algunos medios. Algo que ha llevado a un titular sin sugerencias: categórico. «El Gobierno renuncia«… En este país estamos. Y la pugna es que ni la Guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas.

Las elecciones no están decididas

Las elecciones no están decididas. De hecho, lo más probable es que todo quede como está. Solo unas décimas pueden determinar el gobierno. En minoría de nuevo. El signo puede ser radicalmente distinto. Y hay que encajar las variables imposibles. Hay políticos dignos y políticos indignos. Los hay que reciben un máster regalado, lo sabemos gracias al periodismo, y unos pagan y otros van a la presidencia de un partido.  Los pensionistas que gritan en los parques que lo único importante es la unidad de España parecen no oír ni cuando se les habla tan claro sobre las pensiones como lo ha hecho el colaborador de Alsina. Algunas mujeres obviarán el machismo violento que encarna la triple alianza de derecha extrema. Algunos hombres, también. Muchos intentarán aliviar sus complejos odiando a los catalanes independentistas. Todavía quedará quien prefiera tapar con la bandera rojigualda las enfermedades que no le atenderá la sanidad ultra, y el resto de los derechos y libertades amenazadas. Hay quien responde que el Rey hace muy bien en no detenerse en el pabellón de Catalunya en Mobile Word de Barcelona porque eso es defender la Constitución.

Y luego están los españoles de todos los puntos del país que quieren vivir con tranquilidad, en un ambiente sano que propicie el crecimiento. Los que miran y reflexionan con datos fundados.  Y ahí andamos unos y otros sumando, restando, encajando. Este partido, el otro, las carencias, los deseos, las trampas, la honestidad. Cuesta encajar las variables, pero lo que cae al suelo en desecho nos está pudriendo la tierra que pisamos.

Sé feliz

Las sospechas se confirman, nos han decretado ser felices. Una vez comprobado que consumir compulsivamente aporta un bienestar pasajero y siempre ávido de más, toca buscar nuevos caminos. El hecho cierto es un malestar patente, irritación, agresividad, angustia, entre buena parte de los ciudadanos. Apatía en algunos casos. Sensaciones extendidas entre cuantos experimentan el temor por la deriva tenebrosa de los acontecimientos. Incluso por quienes permiten ser convertidos en meros juguetes de esos vaivenes.

Todo el día oyendo una letanía de palabras clave –reclamos– insertadas de mentiras e insultos. La retahíla de algunos candidatos a la presidencia del gobierno y de sus voceros se hace chirrido insoportable. Y llega hasta el vértigo al ver qué puede ser de nosotros si en el barco no hay capitán que pilote con la mínima responsabilidad. Qué podría ser de los españoles si cayéramos en estas manos.  Si quienes comen y distribuyen bulos llegan a decidirlo.

Cambiemos una vez más el foco. Hablar de las personas es hablar de política. La desazón y el desconcierto llevan a buscar atajos de soluciones mágicas, a creer que es posible lo que no cuenta con la certeza de serlo, ni siquiera una base posible. Creer, no saber.  En la reflexión encontraremos el camino para ver en la oscuridad y oír en el ruido.

Una de las noticias más vistas estos días, en eldiario.es también, fue la que daba cuenta de un youtuber, neoyorquino al parecer, que lleva desde 2013 sentándose delante de la cámara y limitándose a sonreír en silencio durante horas. Ha completado 1.200 horas de grabación en 300 vídeos. Su éxito es arrollador. No solo sonríe el muchacho, tan positivo él, sino que crea misterio y morbo, elementos esenciales para la diversión.

Invitar a sonreír y ser feliz parece un acto positivo. Saludar con expresión acogedora es bien recibido, contagia. El problema es que no siempre es posible si una realidad dura pesa más. Es preferible buscar motivos de felicidad que sonreír sin causa. Pasa al vuelo una noticia sobre un manual de Recursos Humanos: «Contrata empleados que sonrían y no tendrás que enseñarles a sonreír».  Te fastidian durante 8 horas y te añaden dos más por ejemplo. Sé feliz que tienes trabajo. Sé feliz que no son 12 las horas.

Un artículo de The Guardian ha reparado también en la tendencia. Llega fuerte. Coinciden en el Reino Unido libros y programas que decretan la alegría. En uno de ellos se recomienda rechazar cualquier posesión que no «genere alegría». Compre, siga comprando, pero solo lo que le genere alegría. Si no le gusta la verdura aunque la necesite, prescinda de ella. Compre, la clave que no cesa, fuente de permanente insatisfacción porque nunca dejará de reclamar más.

Ordene su casa y su vida. Es otro de los lemas de esta campaña. Y la última moda, todo el mundo a ordenar. Viene quemado por problemas a los que  no encuentra solución, distráigase colocando el cajón de la ropa interior que viene a ser más fácil que los compartimentos defectuosos de la vida. Cuando acabe con los calcetines, las causas de sus angustias y miedos seguirán intactas.  La autoayuda elevada a teoría filosófica. Muy propio de esta sociedad que así no encontrará su norte.

La felicidad por decreto ya la inventó el escritor británico Aldous Huxley en Un mundo feliz, publicada en 1932. La primera de las grandes novelas distópicas y premonitorias del tiempo que vivimos, como conviene recordar frecuentemente. Lo primero es la felicidad artificial, en buenos bocados de «soma», un compuesto de drogas, para ir después a las granjas de cerdos, las cortapisas o la neolengua de Orwell. El camino para llegar al Cuento de la Criada son sin duda las mujeres neumáticas del Mundo feliz. Y nada igual para retornar al fascismo que crear en el laboratorio epsilones, la casta ínfima del mundo de Huxley, escasos de entendimiento y destinados a los trabajos más arduos. Quemar libros, cultura y memoria vino añadido por Ray Bradbury con su Fahrenheit 451. Poco o nada falta para llegar a todo ello. Y hay que advertirlo una y otra vez.

Cuando el profesor del futuro explique a los nuevos alumnos cómo era el Mundo no Feliz que erradicaron, los niños repetirán al igual que en el libro de Huxley: «Había algo que llamaban derechos». Y otro paso más allá dirán a coro: «Había libertades». Ya se encargará el instructor de aclarar que se han convertido en potestad de las castas superiores. «Hubieron de ser suprimidas para todos, como el amor a la Naturaleza, porque masivamente creaba muchos problemas», argumentará probablemente.

Se crean hoteles en Suecia que pueden salirle gratis si no se entra en las redes sociales, si no usa el móvil. Una bombilla espía si se sucumbe a las tentaciones y sube la factura. Porque lo importante es estar relajado, no sufrir ni incomodarse.  Y competir. Se ha ganado un precio barato.  No sería igual hacerlo por decisión propia y en silencio.

En la misma línea, el artículo de The Guardian nos recuerda: «Todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del hombre para sentarse en silencio en una habitación sola». Lo dijo el filósofo francés del siglo XVII Blaise Pascal. Imaginen si entonces ya andaban tan agobiados por las distracciones exteriores, cómo es ahora.

Las setas solo precisan agua, tierra y que no las pisen para desarrollarse a gusto. Igual ser un hongo no es la aspiración de todos los humanos y, si acaso, se puede alcanzar un nivel ligeramente superior. Los nuevos gurúes de la felicidad distribuyen los sentimientos de culpa, tanto para eludirlos como para despojarse de ellos endosándolos a otros. La gestión del rechazo, el afán de la aceptación. Lo clásico y… permanente.

Han descubierto otra vez la importancia de saber decir NO. Un dilema eterno. Es muy difícil decir no, y un trabajo arduo aprenderlo. Una valenciana espléndida, Fani Grande, lo definió como nadie en su libro El Fémur de Eva (ALGAR, 2014) al explicar que decir no a tiempo esculpe más la personalidad que cualquier otra palabra en el mundo. «El No tiene un potencial brutal de transformación en tu entorno más inmediato a corto y a largo plazo, sobre todo cuando lo que se espera de ti es que articules un sí complaciente como respuesta, un sí dócil, un sí-bwana», escribió.

Saber decir sí también es esencial, por cierto. La búsqueda de la felicidad pasa, como todo, por la realidad que la provoca.  Cuando se sustenta en un globo suele pincharse. Hay personas que no dudarían en implicarse en un proyecto aun sabiendo de antemano su inevitable final. Piensan que es preferible vivirlo. Que el miedo a morir no es nada comparado con el miedo a no vivir. Varias películas, con mensaje también aunque más elevado, vienen formulándolo. Inadmisibles son los dolores innecesarios, gratuitos. Dañar por dañar.

En eso estamos, en la locura que ha poseído a esta sociedad. En los barcos a la deriva. En las setas cultivadas. En la felicidad de todos los «soma» que tampoco llenan. En los gurúes de un tiempo de destrucción. En los bulos como guías. Bastaría apreciar el privilegio de vivir con cuanto conlleva. Pensar como una luz que atraviesa el ruido y las tinieblas. Desnudar a los fantasmas.

Y, sin duda,  vivir en un Estado social, que priorice el bienestar de las personas y la defensa de la justicia y  todos los valores elevados, da más fundamentos a la felicidad personal que basarse en el odio, el clasismo, la mentira y una identidad basada en el folclore.