Urkullu y la democracia

Iñigo Urkullu, presidente del PNV, considera que un pacto entre PSOE y PP, supondría un golpe institucional. Su partido ha ganado las elecciones -como lleva haciedo desde hace 30 años- y nadie va a desalojarles del sillón. En tono serio, casi amenazante, se atreve a dudar de las mayorías parlamentarias, que son las que mandan en democracia. Y el PNV no dispone de esa mayoría. La sinceridad de su planteamiento no ofrece dudas: ¿Quien osa “quitarles” el País Vasco? El País Vasco es suyo. Y lo que opinen los vascos, irrelevante. Como algún lejano pariente, Urkullu decide lo que les conviene.

      Los resultados electorales del PNV son atribuíbles en buena parte a su gestión como presidente. Combatió y venció a Josu Jon Imaz de planteamientos mucho más moderados y realistas. Imaz lo anunció, en su despedida: estamos perdiendo un tiempo precioso.

Algunas de las reflexiones de Imaz esos días:

    “El PNV ha tenido los peores resultados de su historia y tiene las mayores cotas de poder. Y no se va a ocupar de las carreteras o el bienestar social. Se van a poner a trabajar al 100% en sacar adelante la consulta popular y el Plan Ibarretxe”. “Las fronteras desaparecen y el concepto de independencia y soberanía está cambiando”. “No puede ser que cada vez que alguien avanza en este camino sea inmediatamente acusado de michelín” -en referencia a una frase ideada por Xabier Arzallus-. “Nadie tiene derecho a hacer pasar a nadie la prueba del algodón como nacionalista. Desconfiad siempre del que lo haga. Normalmente esconderá otro tipo de intereses particulares”.

     Urkullu -el aficionado que iba con Rusia en su partido con la selección de España- no reconocerá sus errores. Dueño absoluto de la verdad, sería de temer encontrarlo en un callejón oscuro.  Pero los votantes vascos no le secundan en mayoría suficiente.

     Y mientras Patxi López -nuestro Obama casero-, tienta al destino tratando de llevar a la práctica su idea de Euskadi o -visto el tono con el que se acoge su osadía- perecer en el intento.

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4 comentarios

  1. Nacho

     /  4 marzo 2009

    Se les acaba el chollo. Su red de favores, amigos y despachos.
    Su modus vivendi. Pobrecitos.

    No entienden de democrácia, pues jamás han vivido en ella.

    Un saludo

  2. Nacho

     /  4 marzo 2009

    Acabo de leer sobre ti, y me parece vergonzoso el ERE que RTVE a hecho con profesionales, que están posiblemente en su mejor momento.

    Por otro lado es lógico, no interesa el periodismo serio y con valores.
    No estáis en el perfil…

    Pan y circo…

    Un saludo.

  3. Viator

     /  4 marzo 2009

    La relación clientelista es algo que, si no inventaron los romanos, la utilizaron en sus relaciones de estructura social: el patrono recibía pleitesía y apoyo en defensa de sus intereses políticos, y a cambio daba de comer a sus clientes más necesitados (la célebre “espórtula”), les prestaba su influencia política y social en sus negocios. Una situación piramidal que funcionó durante siglos. Al PNV le ocurre lo mismo: instalado en lo alto de la pirámide política, económica y social de ese minúsculo país vasco, es el patrono que todo lo controla y otorga favores a sus adeptos. No entiende de democracia, ni considera que los votos de los no nacionalistas valen tanto como los suyos. Instalados mentalmente en la aldea primigenia euskaldún, defienden sus fronteras mentales como el paraíso de las esencias vascas. Fuera de ellos, el caos. A lo mejor, si en el euskadi ese llega quien abra las ventanas, entra un poco de aire fresco y los de dentro se dan cuenta que el nacionalismo es una mordaza.

  4. MACGO

     /  5 marzo 2009

    Lamentablemente, el clientelismo no es patrimonio del País Vasco. Lo padecemos en todos los lugares y de una manera más fuerte cuando el ámbito se va haciendo más pequeño. Si no, no se explica que determinadas conductas no sean sancionadas con más contundencia. Recordad las palabras de Carlos Fabra hace unos días.
    Lo realmente interesante es el nuevo tablero político que se plantea a partir de ahora. Dos resultados electorales que deberían afectar sólamente a dos comunidades van a afectar sensiblemente al resto. Lo que no soy capaz ahora mismo es de aventurar cómo. Y eso me intranquiliza sobre todo con los tiempos que corren.

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