Me parece mentira…

"A la sombra del toro", mi último reportaje "mío", según lo considero. Está en los archivos de www.informesemanal.tve.es

"A la sombra del toro", mi último reportaje "mío", según lo considero. Está en los archivos de http://www.informesemanal.tve.es

Alguna mañana, si salgo temprano a hacer cualquier gestión, me acomete un cierto sentimiento de nostalgia al acercarme a mi coche. El portero trajina como antes, la dueña de la floristería coloca sus plantas, ya han abierto la farmacia y el videoclub, y hay una fila inmensa para sacar dinero del cajero automático. Yo voy a conducir pero no adonde solía ir a esas horas.

Ya no tengo que aguardar largo tiempo para entrar en el aparcamiento de Torrespaña, pero tampoco me espera fumando un cigarrillo y sonriendo José Manuel Falcet, el gran realizador, ni Andrés Menéndez, el enormísimo reportero gráfico. Aldo, su ayudante de sonido, no gasta bromas preparando el coche. Tampoco llega corriendo mi adorado Carlos Alonso, otro realizador con el que logré la armonía absoluta, ni Mariano Rodrigo o Juanjo Mardones, con quienes mantenía discrepancias pero resultaba un gozo viajar. Ni el encantador y excelente cámara Ramón Senent. Ni llamaré a Pilar porque no viene el coche de producción, si es el caso de un rodaje en Madrid.

No treparé por los montes calcinados buscando razones del fuego, ni sentiré el dolor de la emigración al punto de afectarme personalmente, ni podré asombrarme cada día con los hallazgos de las entrevistas y las pesquisas. Tampoco atoraré mis neuronas pensando un enfoque distinto al gran peñazo político o económico. No me desfondaré trascribiendo entrevistas, ni pasaré 10 ó 12 horas montando un reportaje que se esfuma en 10/12 minutos. No discutiré detalles con el siempre constructivo Manuel Sánchez Pereira. Alicia no me dirá que el resultado es excelente, comentando secuencias con pasión como si no hubiese leído antes el guión. Sólo habrá sido igual -parecido- el momento solitario de quedarme ante la página en blanco del Word en el ordenador.

Hoy cumplo un año fuera de RTVE, de mi inolvidable Informe Semanal. Salí en volandas de algún sueño. Y con gran empuje. Hasta he logrado estar tres meses y medio sin fumar, aunque al final haya vuelto a caer. Las cosas me han ido muy bien, quizás mejor nunca. He publicado un libro del que me siento satisfecha -hasta orgullosa-, y, como dice Juanjo, he colgado un par de cuadros o tres en el Prado -las colaboraciones en El País y Público-, porque alguien siguió creyendo en mí.

He abierto también un blog que registra un número de visitas que me asombra. Visitas… y comentarios de gran calidad. Me siento arropada de alguna manera, en red. Ayer -otros días también- incluso salí con la cámara de fotos a montar una historia para contar. Me reproducen en otros muchos blogs y páginas web. El apoyo de Nacho Escolar y de El Plural -incluyendo algunas de mis entradas o alertando sobre ellas-, de otros a quienes no conozco siquiera, ha aumentado la difusión de lo que sigo escribiendo… porque lo necesito. El periodismo forma parte de mi sangre como los hematíes.

En este día gris y lluvioso, de elecciones decisivas que no podré contar en ningún medio con amplia difusión -como no he contado otras muchas cosas que sucedieron en este intenso año-, me ha dado, sin embargo, un bajón. Parece que empiezo a enterarme de que ya no trabajo en Informe Semanal, dada mi insultante edad -más de 50 años-. Y, como en la vieja canción de amor,  me parece mentira no poder acudir, como decía, a Torrespaña y encontrar a Falcet, Andrés, Carlos, Ramón, Mariano, Juanjo, y a muchos otros. He recordado hoy más a éstos por lo que sea. El problema -y nos pasa a varios compañeros “descartados” de RTVE- es que, entre la rabia y la nostalgia, nos invade un sentimiento raro y el convencimiento de que apenas sabemos hacer otra cosa que informar, con imágenes o palabras. Y por las condiciones leoninas del ERE, por la cláusula que añadieron los sindicatos para conseguir sendos puestos en el Consejo, tampoco podemos trabajar en otro sitio de forma remunerada y constante, al menos en los dos primeros años de paro. Los jóvenes son más baratos y más manejables -en ocasiones a su pesar-.

Y hay otro problema mucho mayor: ya no están allí casi ninguno de mis amigos, los mejores profesionales, los que crearon un sello que, hoy, parece, a veces, desvanecerse. Atienden sus hobbies y sólo los Descartes de Isabel Martínez Reverte nos mantienen en contacto a algunos. Pronto pondremos en marcha Europa en Suma -estamos a punto de presentarnos-. Serán nuevas actividades, nuevos contactos. Otra forma de sentirnos útiles, vivos. Somos unos privilegiados, comparados con miles y millones de personas, pero hay algo que falta, un agujero a llenar. Y se hará.

Añoro -añoramos más de uno- lo que ya no existe. Apenas me reconozco en lo que sale por las pantallas. No de RTVE sólo, de todas las televisiones, salvo cuando veo a Iñaki Gabilondo y en algún reportaje de Informe Semanal. Extraña sensación añorar una tierra batida y quemada sobre la que se asentó gran parte de nuestra vida. A ese presente no quisiera volver.

Tengo escasas añoranzas. Pocas personas como yo miran más al presente y al futuro, y menos hacia atrás. Hoy ha cruzado una nube sin embargo. Un año justo sin obligaciones diarias. Daré mucha guerra -espero-, pero me parece mentira que tampoco hoy encontraré a mis queridos compañeros para salir a ejercer una de las cosas que más amo: el periodismo.

Aquí está ese “último” reportaje. Con Carlos Alonso, realizador. Andrés Menéndez, cámara y Jesualdo G. Box, sonido.

El reportaje “a la sombra del toro” en rtve.es

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