Banderas de cordura

Nos llega el 12 de Octubre -Fiesta Nacional de España oficialmente- en un momento caldeado al máximo. La tradición de este día marca exaltar los símbolos patrios y abuchear a todo progresista que se acerque al evento. Sobre este día planean además dos grandes temas: la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco -enterrado con honores desde hace 44 años- y la sentencia del procés que enaltece con particular fervor al ultranacionalismo español. Y solo es el marco de un momento político denso y explosivo. Uno envuelto de banderas que -a veces y a algunos- impiden ver más allá.

Pedro Sánchez metió en la coctelera estos ingredientes previstos y los que se han ido añadiendo para repetir elecciones, jugando a la ruleta rusa con sus resultados de abril que le dieron mayoría relativa. La campaña se nos ha llenado de España, más España, Más país, más bandera, más derecha, más ganas de serla o parecerla, más apariencia, menos fondo. Más desvergüenza en algunos casos enjuiciando la realidad.

El monstruo crece entretanto en este caldo de cultivo. El franquismo, el fascismo por tanto, la ultraderecha, vive días de gloria en España. Con un prior atrincherado en su delirio amarrado a la tumba del dictador, saltándose las leyes que le obligan. Con líderes de una ideología antidemocrática, xenófoba, machista, irracional, torpe, paseándose por los medios y hasta haciendo gracietas y encontrando el sonrojante apoyo de los equidistantes en apariencia. Este año y con el traslado de Franco justo en medio, la fiesta de este 12 de octubre va ser especialmente sonada.

Añadamos la resurrección mediática del terrible ministro de las cloacas de Rajoy, Fernández Díaz, impune y redivivo para seguir dictando su doctrina y sus tintas de calamar. Con el jefe Mariano de charla con el jefe Felipe aconsejando pactos «incómodos».

Y el procés, cuya sentencia está al caer. Como una losa –por lo que vienen avisando sin pudor de entresijos judiciales- sobre esta maltrecha democracia. No habrá rebelión, advierten, pero sí sedición que entrega a muchos de los líderes independentistas a una vida en la cárcel, por convocar un referéndum o declarar lo que no se llevó a cabo.

Buitres leonados buscan carroña y beneficio. Con largo gaznate para albergar todo el odio o tic: nervioso izquierda, derecha, ni rojo, ni azul. O púlpitos de campaña o tertulias o lo que sea. Extensa y laxa conciencia moral.

Nos dicen que los niños ya no quieren ser bomberos sino votantes de Vox y que algunas niñas han vuelto a desear ser princesas rubias de ojos azules. Ahora lo provocador es salir de la caverna troglodita con el «cierra España» que hasta el Santiago le sobra. Y si de paso cae algún negocio inmobiliario fraudulento, qué más dará.

La bandera que envuelve hasta tapar la vista y cualquier horizonte de sensatez es la banalidad a la que se abraza gran parte de esta sociedad. La del clic, y el titular por toda información. La que se motiva por un «lo que sabemos de tal cosa» más por curiosidad que por interés y no tiene empacho en dar audiencias millonarias a un ultra para cotillear lo que diga.

Mascarilla capilar de nueces de macadamia. Precaución: no ingerir
Mascarilla capilar de nueces de macadamia. Precaución: no ingerir

La que precisa que le adviertan que una mascarilla para el pelo con nueces de Macadamia no se puede ingerir. Porque los cretinos compran también. Y acuden a las urnas desinformados. A Trump que ha conseguido, con los votos de clase media y desahuciados del sistema, que los ricos paguen menos impuestos que ellos.

Donald Trump, sí. También llegó con Más América, mucho América, grande América, más bandera, más engaños, más irracionalidad. Y resulta que en su guerra comercial ha dispuesto aranceles a multitud de productos europeos, entre ellos algunos básicos de la economía española: aceite, vino, conservas, quesos, frutas, jamón, embutidos, mariscos, entre otros. Y, no solo eso con ser mucho, está a punto de provocar una recesión económica mundial, ralentizando el 90% de los países, que afectará a toda una generación, ha advertido la nueva titular del FMI, Kristalina Gueorguieva.

Oír a Pablo Casado, representante genuino de la ideología conservadora que ha propiciado este desastre, echar la culpa ya de la nueva crisis al gobierno de Pedro Sánchez, desborda todas las expectativas de la cordura. Entendámonos, los liberales han rechazado siempre el proteccionismo pero ahora callan ante las políticas de Trump. Dedicar horas, días, páginas y páginas a las fascistadas de políticos antediluvianos con este panorama real que tenemos encima es francamente -francamente, sí- de una irresponsabilidad cósmica. Por mucha que sea la querencia ultra de muchos divulgadores mediáticos.

La ola que votó Trump llega en tsunami a Europa y al resto del mundo. Y hay una regla de tres que, salvo los que se comen las mascarillas para el pelo, entenderán: lo de Más América y Más España a la vez casan mal. Ir cada uno a la suyo no suele funcionar. Y andamos en tiempo de involución económica que suele acarrear la ideológica. Con todos los tambores de guerras interesados que ya suenan desde el Mar Rojo a los negocios de sangre del Erdogan turco, con decenas de victimas mortales.

Lo peor del momento que vivimos es ver desactivada en la banalidad a la ciudadanía que debe afrontar problemas vitales. La cortedad de miras de esa sociedad a la que dirigen malamente quienes solo quieren usarla en su provecho. Sin ver mucho más allá tampoco.

Menos de un mes ya para las elecciones. Necesitamos menos oropeles y distracciones. Y, de enarbolar banderas, que sean de cordura, responsabilidad, criterio, verdad, valentía, conciencia.

Trazos para el retrato de su España ejemplar

Llevan a España en la boca de la mañana a la noche, en un retrato del que escapan gruesos trazos de la verdad. Se diría que quieren derrotar a los ciudadanos por agotamiento, hastío, asco. El alongamiento de la campaña electoral para formar gobierno ha tenido el resultado degenerador que produce en los órganos vitales del cuerpo. Hay que ponerse una pinza en la nariz para atender a una buena parte de las noticias de la actualidad política. Si me siguen, con ella bien colocada y haciendo pausas para respirar, llegaremos a la conclusión del grave problema que nos aqueja. Y de ahí a la toma de alguna decisión efectiva.

Empecemos por el PSOE, Pedro Sánchez y el flamante Gobierno en funciones. Ellos mismos resumen en un tuit el eje de su campaña: «Nos han hecho trampas porque nos han hurtado un resultado electoral que no querían asumir y así han bloqueado este país». Ni Rajoy llegó a tanto cuando obtuvo mayoría relativa, insuficiente para gobernar. Ni el propio Sánchez en persona se planteó similar argumento cuando se animó a escuchar a quienes le pedían que presentara una moción de censura. En sus molinos ideológicos o tácticos se contradicen a sí mismos.

Pero sí han llegado al extremo del PP de Aznar, cuando –en los atentados del 11M- se dedicó a «hacer campaña exterior» por embajadas para convencerles de lo que no era. Ahora, «España Global», que dirige Irene Lozano, «organiza actos en embajadas y en el Cervantes para ensalzar la modernización del país», nos dicen, «sin aludir expresamente al desafío independentista». Y para ello cuentan hasta con Manuela Carmena. Lean de nuevo el titular: «una campaña exterior para defender la democracia«. Créanme que si el ordenador fuese un espejo verían mi sonrojo de pura vergüenza ajena.

José Luis Ábalos, como portavoz, lanza un tuit de un discurso –que luego borra- glosando la españolidad del PSOE. Ahora, España, más España. Parafraseando a Antonio Machado, canten menos a la España del madero, y más a la que anda en la mar. Mucha más a la que vive con sus problemas en suspenso mientras se prolongan las campañas electorales para ver si unos y otros consiguen más y mejor silla, o menos y peor.

Por cierto, el Gobierno en funciones, a través de la Abogacía del Estado, ha recurrido el procesamiento de 16 guardias civiles por la muerte de 14 personas en el Tarajal, en la frontera de Ceuta. Explican que los fallecimientos por los disparos «no se produjeron en España«.

En esta semana de enorme alongamiento de las conciencias, hemos visto que un tribunal ha absuelto a Francis Franco, nieto del dictador, por un hecho ocurrido en 2012. Su vehículo circulaba de noche, en sentido contrario y con las luces apagadas. Agentes de la Guardia Civil lo persiguieron durante 30 km, y, al detenerlo, fueron encañonados con una escopeta desde el interior, y su coche, el de la Guardia Civil, empujado y arrastrado. Estos agentes sí que precisan amparo.

En otra hazaña de esa España tan de moda hoy en la campaña, la Audiencia Nacional ha apartado al juez progresista de Gürtel, José Ricardo de Prada, del tribunal que juzgará la caja B del PP. Por 8 votos contra 7. Porque acreditó la existencia de esa Caja B del PP. Y no pasa nada.

Entretanto, los ultras de ‘España 2000’ interrumpen una proyección de la película de Amenábar en Valencia como en los peores tiempos de… España. Y la policía multa, al amparo de la aún vigente Ley Mordaza, a una activista de Femen por irrumpir en un acto franquista de Falange en 2018. Esto es España también. Y se juzga por ofensa a los valores religiosos a quienes incluyeron una figura de un vagina en un procesión, en un país europeo y en el siglo XXI. En España, vamos. ¿Estará alongada también España?

Recomiendo soltar la pinza de la nariz unos segundos, respirar, y seguir con el PP, la gran alternativa alimentada para que vuelva a crecer desde sus catacumbas electorales. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid se ha preguntado – leído y dramatizado- ante la exhumación de las cenizas de Franco: «¿Qué será lo siguiente? ¿La cruz del Valle? ¿Todo el Valle? ¿Las parroquias del Valle? ¿Arderán como en el 36?». Si pensamos que no cabe mayor indignación, su vicepresidente y socio de gobierno por Ciudadanos, Ignacio Aguado, va más allá para afirmar que «van a hacer todo lo posible para que no vuelvan a arder iglesias». Y luego llegan las matizaciones captando interminables micrófonos. Realmente lo que está ardiendo es la democracia y es responsabilidad en gran parte de la degeneración del ejercicio de la política.

¿Qué será lo siguiente? Más madera. La directora general de Educación Concertada, Becas y Ayudas al estudio, de Ayuso ha tenido que dimitir al publicarse que ha plagiado su tesis doctoral hasta de «el rincón del vago«. Esta España tenemos, sí. Bien lustrosa.

Y para redondear, el alcalde de Madrid, Martínez- Almeida, aterroriza a unos escolares con su peculiar visión de los que son nuestros valores que pasan por reconstruir Notre Dame antes que por salvar la Amazonía. Y luego obliga a cambiar la ruta de la manifestación por el derecho a la vivienda para que pase una procesión. Ya dicen Felipe Gónzalez y Rajoy que mejor un gobierno estable aunque implique «coaliciones incomodas».

La manifestación convocada por la derecha no logró alcanzar sus expectativas.
La triple derecha en la manifestación de Plaza de Colón EFE

Pablo Casado se dispone, según informan, a presumir de los gobiernos de Madrid, precisamente, y de Andalucía, como aval de las políticas que llevará a cabo desde la Moncloa con ayuda de Ciudadanos y Vox. Lo que la prensa afín llama centroderecha. ¿O en «coalición incómoda» con el PSOE? Todos y todo por su España.

Los fichajes irradiadores, los altamente destacados tropiezos o no, de la fuerza a abatir, nos llegan cuando estamos exhaustos. Con falta ya de oxígeno. La dura batalla se libra en la propaganda, en los medios, en las encuestas, en los hallazgos del marketing. Sobre todo en la pasividad, en la confusión si quieren, de la sociedad que no entiende lo que está pasando.

¿De qué España hablan? ¿De la que olvidan mientras buscan sus intereses? Porque lo peor es que las campañas electorales eternas desplazan los problemas reales de la sociedad y trapicheos graves que algunos dirigentes quieren tapar. Una inercia maldita, cuando no es deliberada, que nos lleva a hablar, en 2019, de absurdas quemas de iglesias y no de las trampas del PP y de Ayuso con Aval Madrid. Y, dramáticamente, de las maniobras de distracción de una serie de políticos en busca de sillón, posponiendo una y otra vez las necesidades reales de las personas reales.

 

*Publicado en eldiarioes

Las raíces de la crispación

Cuesta asimilar el profundo nivel de crispación alcanzado en España, equiparable solo a cuando el PP perdía el poder y el uso partidista de ETA era una  importante baza política. El tiempo pasa y la España de los poderes no cambia en lo sustancial. Quizás ayude a desenmarañar la madeja analizar cómo hemos llegado a esto otra vez, partiendo de algunos parámetros en apariencia distintos.

Pedro Sánchez ha convocado nuevas elecciones por, tal como ha dicho, disponer de una mayoría suficiente para gobernar a su gusto. Más aún, como declaró el lunes en La Razón la disyuntiva está en «gobierno progresista o más bloqueo«, entendiendo por «gobierno progresista» el suyo. En consecuencia, si los españoles tampoco votan bien ahora pero le mantienen al menos su mayoría relativa igual recurre a las urnas de nuevo.

Esta vez la maniobra de estimular el miedo a la violencia, tan útil en la ciudadanía proclive a atemorizarse, se centra en los catalanes. Se está produciendo una campaña brutal para asociar el independentismo a la violencia. Y es injusta y preocupante. Los catalanes no son en modo alguno un pueblo violento y los están asimilando en las tácticas de criminalización con un grupo terrorista, algo parecido a ETA.  Los catalanes no son violentos, tampoco sumisos en su mayoría. Y cada vez están más indignados, como lo está cualquier demócrata con los ojos de la conciencia bien abiertos.

Está por ver qué queda de las acusaciones a detenidos de los CDR que abren informativos como si hubiera estallado la III Guerra mundial. No es la primera vez que luego solo sale caldo de col lombarda, pero, aunque hubiera fundamento, tratar de tiznar con grupúsculos las manifestaciones pacíficas de miles de personas huele desde lejos.  En campaña electoral y con la sentencia del procés inminente viene a ser especialmente oportuno. Y toda la derecha lo está utilizando a fondo de forma impúdica.  Desde el centro-derecha a la ultraderecha. Pere Aragonés, vicepresidente del Govern denuncia que Lorena Roldán, la nueva líder de Ciudadanos en Catalunya, ha sacado imágenes de un atentado hace 20 años en Vic, como si fuera ahora del independentismo. La líder única del PP allí también procura sacarle partido.

En el Día D, 1 de Octubre, el independentismo llama a la «lucha no violenta y a la desobediencia civil» para responder a la sentencia. Pedro Sánchez advierte al independentismo en vísperas de la sentencia con un contundente mensaje: «Un Gobierno en funciones puede aplicar el 155».

Leemos, como hechos sin más, que el PSOE busca el centro disputando a Ciudadanos esa parcela del nacionalismo español beligerante con el catalanista ahora que las encuestas dan al partido de Rivera una caída en picado. Es un interés electoralista, partidista. De igual modo, se apoya el resurgir del PP de Pablo Casado desde los peores resultados de su historia para recomponer el bipartidismo. Casado retorna también «al centro», con barba y sonrisas, pretendiendo que la desmemoria olvide sus declaraciones ultras de todo este tiempo atrás. Y nombramientos como el de Cayetana Álvarez de Toledo o Almeida y Ayuso.  Casado no engaña a nadie que no se quiera entregar a la propaganda con los ojos vendados.

Intentan tumbar a Ciudadanos por un lado y a Unidas Podemos por el otro.  La felicidad bipartidista retorna, con su alternancia, sus periodistas de cabecera, su marcha contra la historia tan demostrada hoy. El fracaso del bipartidismo, siquiera en sus respuestas a la crisis, y, en particular, el abandono real de la socialdemocracia han abierto una peligrosa vía a los fascismos. Por supuesto que se mezclan intereses  y trampas superiores, manipulaciones en las campañas electorales, publicidad segmentada, desinformación en una palabra, como ha quedado demostrado en el Brexit, en la actividad de compañías como Cambridge Analytica que aún colea. El marketing, el moverse por encuestas. Ya nada es tan simple como los me gusta ésteodio al otro, que pueblan las redes, hay una ingenua ignorancia que roza lo patético.

Faltaba un ingrediente que pareciera aportar un cambio en el paisaje. Un nuevo partido. Más País -conocido como el Partido de Errejón- viene a sumar y combatir la abstención. La previsible por el hastío del electorado, dado que en abril la participación fue del 75,75%, que no está nada mal.  Y, para sumar, va exactamente a las circunscripciones donde Unidas Podemos sacó 36 de los 42 escaños obtenidos en abril.

Los 1 de Octubre son sonados en España como suelo constatar ya casi cada uno de ellos. En 1823,  Fernando VII abolió todas las leyes progresistas del Trienio Liberal y reinstauró la Inquisición, en forma de Juntas de Fe. En 1931, las españolas fueron autorizadas a votar cual si fueran hombres. Por poco tiempo todos, dado que en 1936, el 1 de Octubre, Franco fue proclamado Jefe de Estado, los ejércitos y las libertades, tras capitanear el levantamiento militar. Y ahí lo tienen vivo todavía en el alma turbia de España. En 2004, menos mal, el gobierno de Zapatero aprueba el matrimonio homosexual, en una acción pionera. En 2016, el PSOE echa a Pedro Sánchez de la Secretaría General en golpe de mano sumario con lloros, gritos y autoridades máximas y ahí lo tienen hoy convocando elecciones.  Sánchez dividía al PSOE, nos decían, Albert Rivera era el político más valorado e Íñigo Errejón todavía un detestable bolivariano podemita, aunque apuntaba maneras. En 2017 los catalanes son convocados a un referéndum por la independencia que es considerado ilegal y sufren una represión cuyas imágenes dan la vuelta al mundo.  En 2019, gobernantes de entonces y altos cargos, se enfrentan a presumibles duras sentencias por aquellos actos, mientras surgen detenciones por terrorismo, sin presunto ni nada, y peligrosas campañas de asociaciones malintencionadas. Y sigue la otra campaña, la eterna para acudir a las urnas. España empieza curso los 1 de octubre.  Y éste viene fino.

Más España, Más País, más «Constitucionalistas del 155 y del 135 y pare de contar».  Preferible priorizar la estima, el amor,  a las personas que habitan los territorios y luchar por sus derechos.

 

*Publicado en eldiarioes

Sánchez, republicano, monárquico y de izquierdas

«Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad y, si nada es verdad, todo es espectáculo». Interesado, añadiría de entrada. La cita procede de ‘Sobre la tiranía‘ del historiador estadounidense Timothy Snyder. Pedro Sánchez ha estado en Nueva York en la Asamblea General de Naciones Unidas y ha hecho allí varias declaraciones sobre España. Algunas tienen un difícil encaje con los hechos. Y no puede ser casualidad.

En entrevista con CNN, el presidente en funciones ha dicho que los valores de la II República se han recuperado «con la monarquía parlamentaria que representa el rey Felipe VI». Algunos dirigentes españoles tienen la costumbre de creer que fuera de España no están informados sobre nuestro país, ni, al parecer, sobre conceptos básicos como república y monarquía. Aunque es significativo que insista en ese argumento que ya expresó aquí.

Otra de las afirmaciones muy relevantes de Pedro Sánchez fue: «La extrema izquierda en cuatro ocasiones rechazó la formación de un gobierno progresista». Vayamos primero a refrescar la memoria de los hechos. Pedro Sánchez llegó a la secretaria general del PSOE en 2014. En sus primeras elecciones (diciembre 2015) cosecha uno de los peores resultados de la historia del PSOE: se queda con 90 diputados. Y casi empatado a votos con Podemos, ambos a más de 5 millones. Pero será a Ciudadanos y sus 40 diputados a quien Sánchez elegirá como socio para intentar una primera investidura de la que Mariano Rajoy se ha retraído (en otro patético momento de la política española). Ese acuerdo se firma y rubrica con un Albert Rivera tan conservador como hoy y ya la mayoría ha descubierto. 90 y 40 suman 130, no son suficientes y piden a Podemos sus votos. Y no se los dan, juzguen ustedes si con razón o no. Ahí tienen los dos primeros rechazos de los que habla Sánchez. En sesiones consecutivas como marca el reglamento.

En junio de 2016, cuando se repiten elecciones, todavía consigue el PSOE menos escaños: 85, que se quedarán en 84. Es entonces cuando, en uno de los sorprendentes giros de Sánchez, se niega a investir a Rajoy que tiene mayoría pero también insuficiente y el PSOE le monta la defenestración del 1 de octubre. Sánchez confesará al periodista Jordi Évole después que los poderes financieros y el grupo Prisa le presionaban para mantener a Rajoy.

Vuelve con aureola de remontada épica, coherencia y progresismo, las bases le aplauden y le aúpan. La condena de la Gürtel que incluye al Partido Popular marca un punto de inflexión decisivo. El PSOE presenta una moción de censura contra Rajoy. Pablo Iglesias la apoya y, con el concurso del PNV y otros grupos nacionalistas, saldrá triunfante. El papel de Iglesias es determinante, como se dice en el momento antes de los borrados de memoria. Sin todos los apoyos aglutinados, el líder del PSOE no hubiera sido presidente.

El Gobierno supone para Pedro Sánchez una plataforma de visibilidad inigualable, dentro y fuera de España. Las elecciones que adelanta para el 28 de abril, le dan ya 123 diputados. Siete menos de los que dispuso en su primer intento de investidura con Rivera, pero ahora cree haber obtenido algo así como la mayoría absoluta y con ella el derecho a gobernar. Puede ser el síndrome de la Moncloa, que altera algunas percepciones incluidas las matemáticas. Y, en una decisión que ha indignado a gran parte de la sociedad, convoca otras elecciones para el 10 de noviembre pidiendo a los votantes que hablen más claro. Ahí tienen los otros dos noes de los que presume Sánchez, eludiendo toda responsabilidad por la falta de acuerdo, si alguna vez existió tal intención.

Las relaciones de Sánchez e Iglesias pasaron por distintas fases. Y están muy relacionadas con los enfoques sobre decisiones sensibles. Aquel mismo 11 de octubre que Iglesias y Sánchez firmaban en la Moncloa el acuerdo presupuestario, el presidente del Gobierno se reunía en secreto con el embajador de la teocracia árabe. El contexto: la crisis por el asesinato del opositor Jamal Khashoggi y por la venta de un lote de misiles al reino saudí, que primero no se iba a autorizar, pero que «finalmente se llevó a cabo”, anotan Irene Castro y Aitor Riveiro en Eldiario.es entre divergencias.

Vayamos ahora a la ideología. Calificar de extrema izquierda a Unidas Podemos es una falacia. A menos que desde el lado derecho del tablero cualquier ideología que se aleje mínimamente de esa zona de confort en boga se sienta como un peligroso extremismo. Si se ve con buenos ojos a Ciudadanos, coaligado con un PP ultra y con Vox, está claro que todo lo que haya más allá se contempla como el borde del abismo izquierdista.

Lamentablemente apenas quedan partidos socialdemócratas en Europa –donde nacieron-, si exceptuamos al sueco, hoy en el gobierno. Camuflados en el término socioliberalismo se han plegado a los principales postulados de neocapitalismo. Esa es la gran factura que está pagando toda la sociedad. Muchos acusan a UP de excesiva comprensión con esta realidad. Pero todavía no es bastante. De hecho, Pedro Sánchez declaró también en rueda de prensa en Nueva York, como experto en tendencias de la izquierda, que Podemos es «el pasado» y Errejón, el impulsor de la recomposición de ese espacio.

En el debe del Gobierno de Sánchez quedan incumplimientos de promesas básicas como la derogación de la Reforma Laboral o de la Ley mordaza que entrarían, al menos, en lo que queda como distintivo de la socialdemocracia nominal con el liberalismo conservador de los actuales partidos de derechas. Y estos extraños sucesos que ocurren en España ahora, como los de tener a 7 personas encarceladas acusadas de terrorismo, pero cero víctimas, cero atentados y cero armas. Punto en el que coincido con nuestro compañero Arturo Puente. La ministra portavoz ha declarado que El ejecutivo no tiene nada que ver, que en España existe separación de poderes.

Seguía escribiendo Timothy Snyder que la verdad muere por «la hostilidad declarada a la realidad verificable». O por «la aceptación descarada de las contradicciones». O por «la fe que se deposita en quienes no la merecen».

Me hubiera gustado escribir hoy de las imágenes captadas por la NASA en las que un agujero negro se traga una estrella del tamaño del Sol. Pero, no sé, creo que lo he hecho igualmente.

Hubo un día en el que vimos una tierra llamada libertad

La otra noche, el domingo, constaté que aquello no fue un sueño. Un programa en la 2 de TVE dedicado al cantautor, profesor, escritor y político aragonés José Antonio Labordeta, me permitió recordar que en aquella época decisiva fuimos valientes y luchamos por la democracia y la libertad. Y no es un sueño edulcorado: fue así, y de ahí que resulte tan incomprensible, como seres humanos simplemente, la pasividad y el acatamiento a la involución que estamos padeciendo.

La alabada y denostada Transición desde la dictadura tuvo pilares tan sólidos –aunque hayan pasado más desapercibidos para la historia– que por fuerza han de estar ahí para volver a ser soporte y levantarnos. Al menos como referentes. Ocurría que nos había ahogado la dictadura y nos importaba la democracia. ¿Qué ocurre ahora? ¿Que no se la ve peligrar o decaer a una calidad ínfima a pesar de los preocupantes síntomas? Es un asunto clave. Nada haremos saltando de rama en rama de los estímulos que oferta la confusión, si no nos asiste el convencimiento absoluto de querer y luchar por los valores fundamentales de la convivencia democrática, por la justicia y la honestidad irrenunciables.

En Aragón, un terreno casi despoblado con apenas 1.300.000 habitantes, mucha gente se apuntó a luchar por un futuro distinto, como estaban haciendo otras comunidades. José Antonio Labordeta fue el cantautor aragonés, de la tierra y las ideas. Raimon, desde la Nova Cançó catalana, nos ayudó a decir con voz alta y firme un NO rotundo. No al miedo, a la tiranía, a las injusticias. Lluís Llach explicaba que unidos, tirando unos de aquí y otros de allá, la estaca caería. Y, Raimon de nuevo, rememorando un 18 de Mayo en Madrid del mítico 1968, aportó una verdad concluyente: «El que ha sentido la libertad tiene más fuerzas para vivir».

Quizás es lo que nos ocurrió a un gran número de españoles de aquella época. Tras padecer en el alma su ausencia, nos sentimos tan libres como para saber que eso es lo que verdaderamente importa. Les ha sucedido a muchos ciudadanos a lo largo de la historia. Y, desde luego, una vez que se sabe no sirven los remedos de libertad, ni la libertad tutelada, guionizada, encorsetada.

Vimos la tierra de Labordeta en la que ponía libertad, tuvimos ese privilegio ganado a pulso, bien es verdad. Con la fuerza de quererlo que ahora falta hasta para esfuerzos mínimos. El periodismo se abrió pasó desde antes que muriera el dictador. La revista Triunfo o Cuadernos para el diálogo y varios otros medios abrían ventanas que la dictadura cerraba. En Aragón fue el periódico Andalán. Con Labordeta también entre sus fundadores. Profesores, intelectuales –cuando pensar no estaba demonizado por la estulticia y la mediocridad–. No cobraban. Se solidarizaban en editoriales conjuntos, diciendo que lo habían escrito todos como en Fuenteovejuna, por si caía el secuestro y la condena. Eloy Fernández Clemente, su director, pasó por la cárcel. Comparen con el periodismo actual, amenazado también, más por la precariedad o por el miedo. Aunque no solo.

Y los políticos. Labordeta fundó con Emilio Gastón el PSA, el Partido Socialista de Aragón, que llevó un diputado al primer Congreso de la democracia. Al poeta Gastón. Para la campaña habían traído a Enrique Tierno Galván, a quien en 1977 llamaban ya «viejo profesor», con 59 años. El que sería un alcalde (de Madrid) sabio, socialista, llano, auténtico, molde irrepetible. En la plaza de toros de Zaragoza proclamó la disposición de «servir al pueblo hasta la última gota de nuestra sangre», dijo. Duro contraste con el momento político actual en donde vemos a líderes dispuestos a servir a sus intereses hasta la última gota de nuestra sangre, la de los ciudadanos.

Hay que ir por la vida muy ciego o atolondrado para no ver las gruesas cuerdas que mueven los intereses partidistas o personales. Las realidades y la propaganda. Las dianas y los pedestales. Esa fiesta que se apunta al follow the leader sin saber siquiera programas, financiación, ni equipos. A repetir elecciones porque casi cuatro millones de ciudadanos votaron mal –de izquierdas naturalmente, los demás están admitidos en el club–. La culpa la tienen cuatro millones de gilipollas (casi). Como escribe Jorge Armesto ¿A quién se le ocurre repetir elecciones tras ganarlas, para neutralizar a la izquierda desde presuntamente la izquierda? O a saquear las arcas públicas y la democracia, si se tercia, desde una triple derecha que trabaja para lo suyo. Y ¿cómo se asimilan las aparentes construcciones terroristas interesadas? Ver por uno mismo es esencial.

Decía Juana de Grandes, la sólida viuda de Labordeta, que las principales banderas rotas de José Antonio fueron el fracaso final del PSA y el cierre de Andalán. Pero, por el contrario, fueron un triunfo y un ejemplo. Como su paso por el Congreso para ser un diputado –esta vez por la Chunta Aragonesista– cercano, firme, infrecuente. Fueron aquellos años de la Transición muy difíciles. Baste decir que hubo más de 700 asesinados por la violencia política, de ETA, de la ultraderecha, de GRAPO, aunque la vicepresidenta Calvo, en una de sus versiones de la realidad, diga que, salvo ETA,  fue una balsa de aceite.  Hubo de abordarse además la tarea ingente de reconstruirlo todo. Y aun así –con todos sus defectos nacidos del tutelaje y alguna cosa más– echó a andar la democracia, y los derechos, el feminismo, el periodismo también, sí, hasta el de TVE, esencial en los cambios. Cierto que al final es el poder político, limpio o contaminado, quien decide en gran parte. No en toda. Quien pone o quita es el pueblo sobre todo cuando es sabio. No me hablen ahora de que se ahogan en un vaso de agua.

La batalla por la democracia nunca está ganada mientras existan intereses sin escrúpulos ajenos al bien común y no funcionen los diques de contención de sus abusos. Sin olvidar los que han de poner los ciudadanos afectados. Timoratos, constreñidos, resignados, vencidos sin resistencia, nada positivo cabe esperar. A pensar con criterio se aprende; a querer, no. Con rotundidad y desde el fondo de las entrañas, no. El convencimiento democrático no admite apellidos ni edulcorantes, atajos, posibilismos y males menores. Ese es el problema que no se entiende, que no se siente.

Esa tierra en la que ponía libertad, sí la vimos, limpiando parte del camino de siglos de destrozos contra ella. Y siempre ha habido, hay y habrá –esperemos– quien la empuje para que pueda ser. Pero para verla, como cantaba Labordeta, hay que levantar la vista; toda la cabeza, bien alta.

 

Cuando la política se convierte en problema

Durante muchos años, las sociedades confiaban en la política para afrontar sus grandes problemas. Por mucho que fuera el escepticismo, incluso el espíritu ácrata, sabíamos que ante una catástrofe estaban los gobiernos, las administraciones, para ocuparse de ello. La política se ha convertido ahora, por el contrario, en una losa con la que cargamos. En un avispero que nos vemos obligados a atender para calmar los ánimos y buscar salidas. Los llevamos en brazos, a la guardería incluso, en lugar de tenerlos como referentes para los problemas reales, algunos graves y urgentes de muchas personas. Ahora mismo, la política no es una solución, es un problema. Los barómetros del CIS lo reflejan textualmente.

Tras el espectáculo dado con las investiduras fallidas, la forma de abordarlas y las declaraciones adyacentes, volver a convocar elecciones para noviembre ha  indignado a la sociedad. Se lo diré con algo más de precisión. Las personas dicen estar, además de indignadas, desencantadas, tristes, abochornadas, ofendidas, airadas, pesimistas, cansadas, aisladas, hartas, asqueadas… sin poder dormir (casualmente). Algunos, todavía con la ilusión de luchar. Los calificativos los he recogido en Twitter y responden tanto o más a las hoy indispensables encuestas que surgen como setas en otoño. Y en la calle, al teléfono, al eco del viento.  Que dimitan, que se vayan todos, se oye insistentemente.

Estos estados de ánimo son un caladero para las ideas más involucionistas. Quienes los provocan están haciendo un peligroso ejercicio que no tiene que ver con la política, sino con su forma de llevarla a cabo. La política se definió ya en la Antigua Grecia para abordar cuanto se relaciona con los ciudadanos. Es la que dicta las normas generales. Es el trabajar por el bien común. Se ha escrito tanto de la política que igual hemos olvidado su esencia y su papel. Y, desde luego, los políticos que hacen mal su labor hacen mala política, o no hacen ni siquiera política.

España evidencia la falta de cultura política e incluso democrática. Actualmente, el franquismo pesa en las instituciones y la ultraderecha oficial se ha abierto paso con la facilidad del que hace un paseo triunfal por terreno amigo. Quizás éste sería el primer punto a resolver. Los países nórdicos se trabajan su democracia de forma cotidiana, y aun así les alcanza también el virus ultra. Menos.

No es de recibo que todo un ministro portavoz como José Luis Ábalos diga que siente que le han robado el voto y le han usurpado la victoria electoral. Un pensamiento que parece compartir el propio presidente en funciones, Pedro Sánchez. Eso equivale a decir que el PSOE robó el triunfo electoral de Rajoy con el acuerdo para la moción de censura. Eso induce a pensar que los altos mandos del PSOE desconocen u obvian el funcionamiento de la democracia parlamentaria. Porque así no funciona.

La entrevista al presidente saliente en La Sexta fue otro jarro de agua fría para quien esperara soluciones. «No podría dormir con un ministro de Economía o Energía de Podemos», dijo Sánchez, ofendiendo a quienes padecen severos insomnios por problemas que los gobiernos, el suyo incluido, no resuelven. Tras De Guindos, Montoro o Rato en el puesto, hace falta tener el sueño muy selectivo.

Es el PSOE con estas salidas, la vicepresidenta Calvo en el grupo, y es el PP con Casado diciendo «tenemos que reclamar que se pueda ir por Barcelona sin que te acuchillen por la calle» desde su peculiar viaje al «centrismo» o Cayetana Álvarez de Toledo adherida a la altanería, la mentira y la ultraderecha como forma política. O la ocurrencia de Albert Rivera intentando tomar aire demoscópico con un apoyo a Sánchez a cambio de un 155 para Catalunya –antes de que se produzcan delitos- fuera de los cauces de la Constitución y de la democracia.  En ellas, la justicia «preventiva» no se contempla.

Una política ejercida, además, con trampas. Facebook y Twitter han detectado cientos de cuentos falsas «operadas por el PP» para manipular el debate político. Twitter ha confirmado ahora que se manejaba desde el partido, como denunció eldiario.es

La sociedad está teniendo la impresión de que solo van a lo suyo. Los votantes y medios afines al PSOE y, menos, de la derecha atribuyendo parecidas motivaciones a Unidas Podemos. Y en medio vuelve Íñigo Errejón diciendo que no va a concurrir pero que se lo piensan sectores de su partido, y los medios entran en ebullición.

Nos estamos resintiendo todos. El malestar se contagia, se mira cada palabra, se producen equívocos. Estado de hiperexcitación a causa del clima creado por unos políticos que en lugar de resolver nuestros problemas, crean otros añadidos.

Y ahora la travesía al centro en objetivo común de PSOE y PP, tras echar la corrupción y la moción de censura como pelillos al mar, en virajes ideológicos de quita y pon. Para regresar a aquel paraíso añorado que perdieron por su mala cabeza y sus muchos incumplimientos con la ciudadanía.

Esto solo se resuelve con una regeneración profunda y estamos muy lejos del camino que la trae. Han estirado demasiado la cuerda de la mala política, está ahogando demasiados valores esenciales. Esperemos que la lógica ciudadana busque salidas positivas. De exigencia, inexcusablemente.

 

 

*Publicado en eldiarioes

Nuevas elecciones, la carrera interminable

Exhaustos llegamos a la convocatoria de nuevas elecciones. Una decisión previsible a la vista de cómo transcurría el proceso, de la que hemos hablado tanto que ha exprimido hasta el tuétano los argumentos. Y las consecuencias que cabe esperar. Nos quedan los estados de ánimo y las realidades que subyacen. Un escenario donde, en servicio al establishment, se huye de la izquierda aunque lo manden los votos. Y en el que la principal característica de los líderes políticos -salvo escasas y relativas excepciones- es la mediocridad.

Verán, me dormí y me desperté de forma intuitiva con la imagen de la carrera por la playa en Carros de fuego, la mítica película de 1981 encumbrada a la gloria por la música de Vangelis. Pies desnudos sobre la arena y el agua, que siguen después por pistas regladas y salvan obstáculos y continúan corriendo. Con placer o con dolor. El esfuerzo y el talento, la pugna. Duelo épico y bélico. Hombres solos, como solía suceder. Los atletas británicos de Carros de fuego llevan varias décadas desplazándose al ritmo acelerado del salto de sus pies. Con una meta: el éxito, quizás la conquista. Forrest Gump, en cambio, echó a correr un día simplemente para huir, para olvidar. Sin rumbo. Sin tiempo.

Llevamos en España 5 meses corriendo, sin avanzar. Desde el 28 de abril. No, desde que empezó aquella carrera. No, desde que hubo un cambio de gobierno por procedimiento excepcional y absolutamente justificado. No, desde 2016. No, desde 2015. Con las navidades encima, los turrones en la mochila y un plumífero por si acaso. Hemos atravesado nieves, vientos, brumas, lluvias, calor sofocante, dulces primaveras y cálidos otoños. Alcanzamos una meta y se desmorona. Se impone volver a emprender la marcha, llegamos y se cae también. Y otra, pero se aleja conforme nos acercamos y hay que continuar corriendo. La carrera interminable, mientras se orillan los problemas de la gente común.

Algunos gritan. Apenas siquiera ya en queja. En protesta sí, que es distinto. Animando a sus equipos, zancadilleando a los rivales. Muchos chillan para no oírse. El ruido apaga el sonido de los pasos. Hay una meta, precisamos coronarla y empezar a trabajar. Las metas no son para ponerse medallas, ni subir a los escalones del podio. No solo, son para sentar algún tipo de principio o fundamento.

Es difícil orientarse. Decenas de estímulos pugnan por distraer la atención. En realidad, por captarla para entretener y despistar. Cambian colores, brillos, sonidos, aunque los mensajes sean los mismos. Esto es así y no hay más que hablar. Por su propio bien, asústese. Surgen palabras nuevas para viejos conceptos que estimulen al personal (relato, DANA). Corra hacia ninguna parte. Compre. Compre productos, ideas, odios, fervores, prioridades. Ya le diremos.

Contratos a dedo, nuevas tramas de corrupción, las salas de juicio sientan acusados, algunos colegios siguen abriendo en barracones, el sueldo no llega y los pisos son cada vez más un bien de lujo. ¿Saben que en los aledaños de la M30 de Madrid o en la Avenida de Camilo José Cela no mucho más lejos hay gente viviendo debajo de un puente? Seres humanos aguardan a ser “repartidos” -con suerte- porque un día decidieron correr sobre las aguas y no les aguardaban las fanfarrias del triunfo. Y el machismo continua matando, ahora ya de tres en tres, con los hijos delante, heridos de muerte de por vida. Mientras la política sucia, suaviza la etiqueta real. Algunos han dejado de correr. Algunas, sobre todo. Las han apartado del camino.

Y mientras aquí los políticos se mandan cartas en el tiempo de descuento, más allá se envían drones con explosivos y sube el precio del petróleo. Con cuanto conlleva. Pero lo importante es el torpe teatrillo. Lo que éste dice, lo que el otro propone, desfachatez sonrojante queriendo trucar la voluntad popular, hablar de Estado cuando quieres decir intereses personales, avistadas las encuestas y con la silla en la mente. O el sentar simplemente los reales. El votante es lo de menos. Y crear ambiente: “estuvieron hablando de”…, oyes en la calle. “Dicen”. “Yo creo”. «Son unos impresentables». «¿Quiénes? Todos». «No, éste». «No, el otro». Y esto da para mes y medio más como mínimo.

Y el palacio y la foto, uno por uno, el apretón de manos, la sonrisa. Las mil, dos mil, opiniones que escudriñan los gestos. ¿Siguen corriendo? ¿Hay meta? ¿Volante o de fin de etapa? ¿o fin de carrera?

Los sueños vuelan más alto. Mirando los trompicones, las caídas, los esfuerzos, el talento, las ganas, el cansancio. La torpeza, la empecinada vanidad. Los que llegan adonde siempre estuvieron, siempre los mismos. Mientras salen conejos de las chisteras. Para carreras patéticas, por cierto, las de los conejos tras una zanahoria. Si lo siguen haciendo, porque es probable que hasta los gazapos –y nunca mejor dicho el sinónimo- hayan aprendido.

Pensamientos para entretener las horas de un día que iba a depararnos… ¡Nuevas elecciones! Salió la fumata blanca. Hay que seguir corriendo, la meta se va más allá. Otra vez. Y aunque hubiera sido gobierno en precario, con espadas en alto, por la incomodidad del vencedor, o la hipoteca del apoyo de última hora. A correr toca de nuevo.

Cómo agota volver a la caseta de salida. Cada vez con peores humores. Políticos abrasados y, lo que es mucho peor para la sociedad, insoportable descrédito a la política. Intolerable. La carrera sin fin. Carros de fuego de un profeta que sube a ninguna parte o Forrest Gump corriendo absorto para no llegar ni a sí mismo. Inmenso tedio, a ratos indignación. Un banco de los de sentarse (los otros tienen acceso reservado). “Mi mamá dice que tonto es el que hace tonterías”. Igual los hay por millones. Igual no. Se verá.

*Publicado en eldiarioes

La factura de una decisión equivocada

En todas las decisiones trascendentes hay que valorar los antecedentes y las consecuencias. Ninguna persona responsable se limita a reacciones viscerales sin tenerlos en cuenta. Pedro Sánchez, el candidato a la presidencia del Gobierno, volvió a dar un puntapié al pariente pobre que nunca aceptó a su mesa. La cadena de desprecios, tras vetarle -como él mismo no hubiera aceptado de nadie-, culminó este jueves con el rechazo a la última propuesta de Pablo Iglesias para la formación de gobierno en apenas minutos y ratificada este viernes por la portavoz… en funciones de partido. Los corifeos pueden vestirlo de seda y verosimilitud, pero no tiene soporte alguno si de lo que se trata es de formar un Ejecutivo progresista, tal como pidió la mayoría de los votantes.

¿Tenía otros planes Pedro Sánchez? ¿En qué día y a qué hora dados sus cambios de opinión? Los que por cierto se reparten por las hemerotecas y nunca ha explicado. El caso es que el PSOE no dispone de votos suficientes para gobernar, le faltan muy pocos y los que puede obtener no los quiere. Y se empieza a ver con buenos ojos, los corifeos también, una alianza entre PSOE y PP para después de las nuevas elecciones. El mismo PP al que echó la moción de censura por su insoportable corrupción. ¿Cabe más? En serio, ¿cabe más?

No se fían de Unidas Podemos, dicen, pero se fían del PP de Casado y sus máster y carreras exprés. De Ayuso y su gobierno de la provocación, del insultante reto a la cordura, escaparate orgulloso de la impunidad. El PP de Cayetana Álvarez de Toledo y todo lo que huela a ultra, trampa e involución. El PP con los peores resultados de toda su trayectoria vendría en un paquete con Ciudadanos y lo que quede de Vox. Con la ideología de Vox, que ha sacado del armario el corazón ultraderechista de esta derecha. Con un Albert Rivera que quiere emular el «Minority Report» de Spielberg para encarcelar a quién él decida, «sin esperar a que se cometan los delitos«: el sueño dorado de todo dictadorzuelo.

¿Es ése el proyecto de Pedro Sánchez? ¿Es lo que ven bien la CEOE y los bancos acreedores? ¿Qué pasa con las esperanzas y los derechos de la sociedad? Una sociedad que, en sus sectores decentes, está harta de corrupción y engaños.

El bipartidismo se ha hundido, cien veces hay que repetirlo porque las pruebas son concluyentes. Y se ha hundido por sus errores: sobre todo por el error de la socialdemocracia que se plegó al capitalismo, con apenas unos brochazos de políticas sociales distintivas. Si ése es el contexto profundo, los matices nos llevan a lo sucedido en otros países. Todas las complicidades y aún indefiniciones se han pagado. Bajón histórico en Alemania de ambos partidos, en particular los socialdemócratas. Barridos estos en Francia o en Italia. Por primera vez, no suman mayoría en el parlamento europeo.

El caso de Italia es el más citado en estos momentos. El Movimiento Cinco estrellas y el Partido Democrático formaron gobierno para echar al ultradererechista Salvini en tiempo récord. Dicen. Y no es exacto. Hay una historia detrás. Muy ilustrativa. Matteo Renzi era el Pedro Sánchez anterior. Adorado por la socialdemocracia europea –aunque él es más conservador- accedió a la presidencia de Italia en 2014, a los 39 años. La Revista Fortune le consideró la tercera persona más influyente del mundo menor de 40. Renzi, sin embargo, se empeñó en firmar un pacto, conocido como «pacto del Nazareno» entre su partido, el PD, y Forza Italia de Berlusconi. Nada menos. El fin era transformar el Senado y, sobre todo, practicar una reforma a la ley electoral italiana, dirigida fundamentalmente a poner trabas al M5S.

Renzi fracasó, se fue a negro su gobierno y su carrera en 2016. Y propició que 5 Estrellas pactara con Matteo Salvini en la que sería la proyección más espectacular que puede tener un neofascista desde el Ministerio del Interior. M5S y PD han superado este escollo, sin Renzi, y han formado gobierno. Pero Salvini está ahí, a manifestación diaria brazo en alto, y directo a conseguir el Gobierno. Renzi, echando valores fuera, sigue en sus trece: «Frente a la esquizofrenia vulgar de Salvini, el Cavaliere es un hombre tranquilizador de las instituciones», acaba de decir.

Porque ¿qué viene después? ¿Qué viene después de los pactos entre derecha e izquierda nominales, después, sobre todo de defraudar a la ciudadanía? Lo estamos viendo en el crecimiento de la ultraderecha, de los neofascismos y fascismos netos, el racismo y la xenofobia de los ataques a los derechos a los colectivos vulnerables incluidas las mujeres que somos la mitad de la población.

Los píopíos de las gradas creen estar disputando un partido de fútbol pero esto es la vida y nos jugamos nuestro futuro. No es posible una irresponsabilidad del calibre de la que se avecina convocando nuevas elecciones por no llegar a un acuerdo fácil de gobierno.

La mayoría absoluta no se va a producir. Más aún, la indignación de los votantes progresistas puede dar resultados inesperados a los estrategas de la demoscopia.  La figura de Pedro Sánchez queda muy dañada en ese sector de la izquierda, y el otro no es que precisamente le aprecie. Es asombroso cómo Sánchez ha dilapidado la leyenda de su coraje frente al aparato del PSOE que le ejecutó y la formación de un gobierno que se presumía ejemplar por su composición. Varios de sus integrantes se han quemado en la gestión de cuanto concierte a las fallidas negociaciones.

Lo peor es el convencimiento de que las puertas giratorias se abren oportunas, cuando lo hacen, que tampoco es siempre, y que la factura abultada y dolorosa la paga la sociedad.

*Publicado en eldiarioes

Para mujeres sin complejos o próximas a superlos

La imagen resultó insoportable incluso para la España que la repite de año en año y que ve reverdecer el machismo. La foto de apertura del Año Judicial sin una sola mujer. Otra vez. Los 13 miembros de la Sala de Gobierno del Supremo con el Rey, todos hombres. Lo curioso es que hay 2.858 mujeres juezas (53%) y 2.519 hombres jueces (47%), según los datos oficiales del Consejo General de Poder Judicial a enero 2018. Y que ni si siquiera se explica con la habitual excusa de la edad. En esa fecha había 875 mujeres juezas y 972 hombres entre 51 y 60 años.

Una de esas mujeres juezas era Victoria Rosell, que sería víctima de una conspiración por parte de otro magistrado de su misma jurisdicción: Salvador Alba. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias acaba de condenarle a seis años y medio de prisión y 18 de inhabilitación, por los delitos de prevaricación, cohecho y falsedad en documento oficial.  Una trama que la apartó en su día de la carrera política que había emprendido como diputada de Podemos.

No es casual que mencione ambas noticias que confluyen en fechas. La discriminación de la mujer sigue siendo un hecho, no ha dejado de exigir un esfuerzo extraordinario remontarla pero con determinación y fuerza sí se puede. Elementos que ha evidenciado en su caso Vicky Rosell.

El tema traspasa lo casual para convertirse en preocupante. Una reunión del equipo de dirección y de opinión de eldiario.es ha revelado que la labor de zapa del machismo puede estar influyendo en algunas mujeres. Se animan menos a expresar sus opiniones por temor a que no les compense de las críticas que pueden recibir o porque –ciudadanas multitarea– no dispongan del tiempo suficiente para todo. Y aún habría muchos más matices.

Sin duda, el tema esbozado en la reunión de eldiario.es merece un análisis mucho más completo, pero parece un hecho que los nuevos papeles de mujeres y hombres  han causado más efectos de los inicialmente advertidos.

Las mujeres españolas han vuelto a reivindicarse como se hizo en e,l último cuarto del siglo XX, masivamente ahora en los #8M que han sido ejemplo internacional.  Pero han tenido un potente rechazo del machismo que se ha rearmado. El destacado portavoz de Vox  en el ayuntamiento de Madrid recrimina a sus socios y correligionarios de PP y Cs que impulsen políticas que, según él, «criminalizan» al hombre por serlo. Y afirma que «la violencia de género es una gran mentira, negar esto es como negar el día o la noche. La violencia es violencia, no tiene sexo», desde su noche sin día porque en las mentes oscuras no entra la luz.

Lo dice el mismo día que la Fiscalía del Estado aporta datos terribles: las violaciones cometidas por menores aumentaron un 43% en 2018. Se denuncia más, pero no deja de ocurrir y con agravantes. Carne de porno desde muy temprana edad, desde la infancia, niños y jóvenes buscan vídeos de violaciones en grupo, con cifras récord de visualizaciones. El machismo en sí también ha aumentado en la adolescencia. Y aquí se puede hablar con toda contundencia de la relación causa efecto de las políticas que apoyan el machismo orgulloso de sí.

El machismo se ha crecido. Con consecuencias visibles. Y algunas mujeres, según nos dicen, se retraen en la práctica por las implicaciones que puede tener lo que digan. Se advierte una cierta inseguridad en ciertos casos. Y, desde luego, no es momento para tenerla. Estamos en uno decisivo. Tenemos que leer a mujeres, escuchar sus opiniones expertas, saber que se pueden equivocar o no, tanto como los hombres. Ya lo dijo alguien: «la igualdad llegará cuando haya tantas mujeres ineptas mandando como hombres ineptos». Y en el camino de ese objetivo ya vamos.

Es constatable que las críticas, tanto en Twitter como en los comentarios de las columnas de opinión, son más agresivas hacia las mujeres que hacia los hombres –por línea general, salvo excepciones–. Con descalificaciones personales y calumnias. Y no es plato de gusto. Sin embargo, las columnas de eldiario.es por ejemplo tienen entre 30.000 y 200.000 lectores de media, aunque algunas llegan hasta el millón. En un centenar de comentarios, pongamos por caso, el porcentaje de los que insultan apenas llegan a 10, 20 como mucho. Irrisorio porcentaje que no indica otra cosa que la memez y mala uva de quien los profiere.

En Twitter tienen más repercusión, pueden llegar a dañar cuando tienen como objetivo claro menoscabar o destruir la trayectoria de la víctima. Luego se amplifican en las redes de los medios basura, y los que pasan por prestigiosos –comprobable, con sus firmas y todo–, pero ni siquiera eso alcanza al criterio de toda la población o de aquellas personas que lo tienen.

Siempre fue difícil. A las mujeres nos lo ponen cuesta arriba. Las primeras –de esta etapa, dado que ha habido muchas antes– llegamos a redacciones, a salas de juicio, a quirófanos, solo de hombres; a universidades con mayoría de ellos, hasta a las gradas de los estadios. Todo es ponerse. Y levantarse, si se cae o se agota una. Ahora que la partida está con más elementos a favor en el tablero, no caben los complejos. También es cuestión de carácter, tener más miramiento, menos osadía, quizás. Quizás, tampoco es regla general.

Nunca he considerado al hombre como tal, enemigo. Algunos lo han sido, de uno en uno. Otros todo lo contrario. Muchas mujeres lo vemos y sentimos así. Pero no se puede bajar la guardia de nuestros derechos. El logro a conquistar por tanto es creer que las mujeres podemos. Lo hemos demostrado en todos los terrenos, contra el olvido, el borrado, los frenos, las mentiras.

Hace un par de días, Manuel Rivas, un hombre, escribió un texto estimulante en El País. Un hombre sin complejos para mujeres sin complejos. Aludiendo al Génesis, la gran literatura, dice: «Y la protagonista es Eva, la mujer. Es ella la activista de la desobediencia, la que toma la palabra y la que se atreve a probar el fruto del árbol del bien y del mal. Ese acto de desobediencia inaugura la libertad».

Así es, así somos.

*Publicado en eldiarioes

Camilo Sesto, el cantante al que quisimos sin confesarlo

 Le preguntaron en TVE por qué estaba mal visto decir: “Me gusta Camilo Sesto”, y apenas supo qué responder. Y lo cierto es que escuchábamos, incluso en secreto, sus canciones y todos los amores de nuestra vida tuvieron su momento para dejar que Camilo les dedicara su canto del desamor y la nostalgia. Hoy, en la muerte del músico -a los 72 años-, se constata que somos muchos quienes sentimos que fue importante en nuestras vidas al ponerles una parte de su banda sonora.

No revolucionó la música pero la interpretó magistralmente con una voz perfecta. Y sí se atrevió a afrontar la interpretación de la Ópera Rock, Jesucristo Superstar en una España con el dictador vivo, tan melindroso para estas cosas.  Y fue un hito. Montó y financió el muy costoso espectáculo que había visto en Londres. De gran calidad y fiel al original, se mantuvo cuatro meses en cartel. Con gran afluencia de público aunque no sin problemas. Porque un Jesucristo social y moderno – siquiera porque cantaba- , con dudas, llevado a los escenarios, fue demasiado para esa parte de nuestra sociedad que siempre intenta arrastrarnos hacia atrás.

Camilo Sesto era, además, un hombre hermoso cuyo error fue resistirse al hecho de envejecer y perder la tersura de la piel, embutiéndose agujas de un pasado inaprensible. Sus comienzos fueron duros, de trabajador todoterreno que se hace huecos en las orquestas que -en los años 60´- recorrían los pueblos para cantar en las fiestas. Canciones melódicas, de bailar agarrados, que se dejaban oír mejor que cuando ensordecen a decibelios y machacan a la vecindad con reguetones. Y luego en los grupos hasta alcanzar el estrellato de solista.  Pleno.

Un éxito atronador. Lleno de números 1 en las listas, cuando ya se empezaron a contar en ordinales, de discos de oro, conciertos, giras, premios.  Y un sitio en muchos corazones porque al final casi todos terminamos conociendo la experiencia de los amores que dejan el alma herida.

Por los sueños perdidos, por la inocencia, las costumbres, las voces quebradas, las realidades vividas, las ilusiones renacidas, el amor imperecedero al punto de volver a cantarlo una y otra vez como si fuera un hallazgo único. Algo muere y algo se queda, siempre se queda. Gracias, Camilo.