Pudo ser en el Mar Muerto

Pudo ser en el Mar Muerto donde una visionaria encontrase un pergamino en cuyo texto manuscrito leyó que la Cristiandad empezó en la Puerta del Sol de un ciudad llamada Madrid, que era España al igual que España era Madrid. Y quizás fue aquel día cuando se detuvo la civilización tal como se conocía. Aunque quién sabe si fue mucho antes, o algún tiempo después. Hoy en día cuesta estar seguros de casi todo: lo fundamental se banaliza y lo accesorio se magnifica.

La pandemia mundial de un virus especialmente contagioso lo complicó todo. La actividad productiva casi se paralizó para frenar los contagios que avanzaban enfermedad y muerte. Y todo se descarnó, dejando al aire el esqueleto apenas disimulado por los diferentes atuendos. Empezaron a ocurrir cosas extraordinarias y la frontera esencial entre lo real y lo ficticio se desdibujó. Vean si no.

Donald Trump –que también debió pasarse por el Mar Muerto- concluye cuatro años como presidente de los EEUU, aferrado desesperadamente al sillón. Como un niño septuagenario, usa su poder en decisiones estentóreas. Ha venido cambiando el mapa de fuerzas de Oriente Medio. En septiembre avaló el acuerdo de paz entre Israel, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos. Este jueves ha reconocido, por su cuenta, la soberanía de Marruecos en el Sáhara Occidental. Irán una vez más como objetivo a abatir. Y tener poder de decisión sobre muchos intereses en juego. España, afectada, pide respetar las resoluciones de la ONU sobre el Sáhara. Y de momento ha suspendido un muy aireado viaje a Marruecos el día 17. Por la pandemia, dicen.

Trump es un presidente que se despide matando: ha acelerado las ejecuciones de los condenados a muerte. Desde julio han consumado 13 sentencias y de hoy al 20 de enero -que deja el cargo- le quedan cinco condenados más en la recámara. Hechos reales.

Tangible y de gran influencia es el desbloqueo – largamente demorado- del Fondo anticrisis de la UE y de los Presupuestos, incluso de un acuerdo para la reducción de gases contaminantes. Hungría y Polonia han cedido por fin a cambio de concesiones mínimas, dicen, que les permiten salvar la cara a su falta de respeto a los Derechos Humanos, que era el escollo. Los 140.000 millones de euros van a venir a España pese a las trabas que ha insistido en poner el PP de Pablo Casado o las inquietudes que planteaba la presidenta Arrimadas del partido mínimo que no quería dejar en manos “populistas” un dineral así. Ahora se ha sumado también la CEOE. Ha dicho que habrán de ser las grandes empresas las que lideren los proyectos de fondo europeo y que, de momento, el Gobierno debe olvidarse de aumentar la cuantía del salario mínimo. La pena es que tampoco ganaron las elecciones. De hecho, no se presentaron.

Además –y esto es casi milagroso- el BCE garantiza financiación barata a los gobiernos al menos hasta marzo de 2022. El BCE presidido por Christine Lagarde que es aún más prodigioso. Su antecesor, Mario Dragui, fue muy selectivo en este punto. Ayudó por ejemplo a la España de Mariano Rajoy, mientras oprimía a la Grecia de Tsipras.

No acaban aquí los hechos extraordinarios. España coloca por primera vez deuda pública a 10 años con tipos de interés negativos (-0,016%). Ayuda el cambio radical de actitud de Bruselas y del BCE, porque esto solo le pasaba a Alemania. En la crisis-estafa de 2008 fue especialmente relevante.

Pero nos toca pasar al ruido, a lo que ocupa con mucho más espacio y fulgor a los medios. Los militares y civiles que sueñan con un golpe, o echar a Unidas Podemos del Gobierno al menos, buscan amedrentar fundamentalmente, que la sociedad tenga miedo y trague. Ni siquiera anidan en un mar sino en las cloacas oscuras de su mente.

El rey emérito tiene mucho que ver en las zozobras que se han desatado en España. Por hechos reales. Si me permiten el tópico fácil y plebeyo, es que Juan Carlos de Borbón se lo ha llevado muerto durante su reinado. La regularización fiscal de estos días no hace más que confirmarlo, aunque sus más fieles adeptos en los medios sigan con el calificativo comodín de “presunto”.

Bien, pues probablemente de regreso del Mar Muerto, de la mortandad neuronal, la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha defendido a Juan Carlos I con fervor: “Por supuesto que la ley es para todos la misma pero no todos somos iguales ante la ley. El Rey Juan Carlos no es como usted”, ha dicho. Esta última frase hecha suele acabarse con un “o yo” (usted o yo), pero no debe ser el caso. Su consejero de justicia, el magistrado Enrique López, trató de arreglarlo y dijo: “Es tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales”. Y Ana Pastor Julián, mano derecha de Rajoy, recurrió al “esa persona de la que usted me habla” para referirse a Juan Carlos de Borbón. Muertas las fuentes del entendimiento. Unidas Podemos dice que es una vergüenza nacional y Pedro Sánchez que hay que separar la figura del rey Juan Carlos de la institución monárquica pero no la de Felipe VI, que es un rey moderno con gran comprensión de los problemas de nuestro tiempo. El debate queda en punto muerto, aunque lo sigan agitando. Siquiera si fuera sin tantos privilegios y coros de vasallos… tendría mejor pase.

A la derecha, al PP en particular, no le gusta la igualdad, no cree en ella. Otro consejero de Ayuso dice que mejor gastar en el Hospital Zendal (sin camas, ni médicos) que en “mamarracherías” de campañas de igualdad. Y la presidenta vuelve a hacer ostentación de su clasismo y racismo al insultar a los vecinos del asentamiento de la Cañada Real a los que tiene sin luz eléctrica. Para ella todos son delincuentes. Idolatra a los de guante blanco. 1.812 niños de esos barrios y de pueblos de la Comunidad denuncian por carta ante la ONU la situación insostenible -e injusta- que viven.

Badalona. Provincia de Barcelona. Siglo XXI. Un incendio sacude una nave industrial en la que vivían unas 200 personas procedentes de la emigración. Mueren tres, hay 27 heridos, la mayoría lo pierde todo, lo poco que tenían era todo. Viviendo entre cartones, frío y a menudo sin luz. El alcalde es el acreditado xenófobo del PP García-Albiol. El desastre estaba anunciado. Llevan en estas infraviviendas, así ,desde hace unos 12 años, fueron llegando tres años después de que el edificio quedase abandonado. Con la pandemia han ido llegando más personas sin hogar. “Cada vez éramos más y teníamos menos”, explican: ni para comer. Dicen los afectados que el origen del fuego fue una vela: no, fue la inhumanidad, la injusticia. Claman las oenegés para exigir que se flexibilicen los permisos de residencia a los emigrantes: les son imprescindibles para tener trabajo y vivienda. Si todos los humanos merecemos oportunidades, con más mérito los valientes que se arriesgan por una vida mejor a pesar de la intolerancia.

Seguramente son los racistas, los indiferentes, los crueles, los clasistas, codiciosos, ladrones y aprovechados, los manipuladores y mentirosos quienes viven en un mar muerto que les permite flotar contranatura en esta sociedad.

*Publicado en ElDiario.es el 11 de diciembre de 2020

*Los artículos de ElDiarioes algunos no publicados en este blog, se pueden ver en este enlace.

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