Vuelve el “a por ellos”… que ya somos casi todos

Rosa María Artal

Vuelve el “a por ellos”. Vuelve porque nunca se frenó. Primero fueron a por los catalanes que votaban en un referéndum que el Gobierno de España consideraba ilegal. Un gobierno del PP. Las imágenes de la brutal represión policial de los ciudadanos dieron la vuelta al mundo y les explicaron, más que ningún discurso ni propaganda, qué estaba pasando en España.

Tres años después, una pandemia devastadora, una gran crisis económica, una lucha política a muerte encubridora de corrupciones, el germen del “a por ellos” se reproduce. Ahora con un gobierno progresista formado por el PSOE (en mayoría) y Unidas Podemos. Y de nuevo aflora toda la miseria estructural de España cuya limpieza jamás se aborda.

Los afectados son dos frentes esenciales en un Estado de Derecho: la Justicia y el Orden Público. La entrega de diplomas a la nueva promoción de jueces en Barcelona ha hecho estallar un motín de la España inamovible, insufrible, como la calificaría Alberti. Tradicionalmente presidía el acto el Rey. Tradicionalmente. Y parece que fuera un precepto constitucional la asistencia del monarca. No lo es en absoluto. Es un signo y un detonante de cuanto se cuece aquí para dolor y abandono de los ciudadanos.

Empecemos porque la Casa Real se ha permitido comunicar que el Rey quería ir pero no se lo permite el Gobierno. Algunos letrados de prestigio se han echado las manos a la cabeza ante esta nueva torpeza. Pero no acaba ahí el problema.

Un Consejo del Poder Judicial, caducado desde hace dos años, atrincherado junto al Partido Popular que se niega a renovarlo en un ejercicio “manifiestamente anticonstitucional“, según opiniones autorizadas como la del catedrático Pérez Royo, monta en cólera por no tener a Felipe VI en su fiesta. Carlos Lesmes, su presidente caducado, se proponía, según difundía la prensa, ¡amonestar! al Gobierno, expresarle su malestar y todo un surtido de verbos críticos. Los que tanto callan, amonestando al gobierno legítimo de un Estado de Derecho. ¿Tenemos en España separación de poderes?

Finalmente, Lesmes ha expresado su profundo pesar por no contar allí con Felipe VI y ha argumentado: “La administración de Justicia se hace en nombre de quien simboliza la unidad y permanencia del Estado, conjugándose así, armónicamente, en la fórmula constitucional, las ideas de soberanía y unidad de nuestra nación”. O sea, en nombre del rey. En el siglo XXI. Felipe VI se lo ha agradecido llamándole por teléfono, significándose de nuevo.

Para calibrar a qué punto llega la bola,  recordemos que no es la primera vez que el monarca en ejercicio no preside este acto tan querido de los jueces. Entre las más significativas ausencias, la de 2013. En aquella ocasión no acudió el Rey Juan Carlos I, sino el Príncipe de Asturias. El día anterior había sido imputada por la justicia la Infanta Cristina, como recuerda Elisa Beni.

La caverna mediática es un hervidero. Hablan del intento de Moncloa por controlar a los jueces, siendo el control de facto del PP que ostenta una mayoría que no le corresponde en este momento. Más aún, callan y la aprovechan. En las radios, voces realmente de ultratumba, con sonido de pasados franquistas reciclados incluso, encrespan los ánimos de los que se dejan. Su modelo es la monarquía, haga lo que haga. Recordemos que hasta la corrupción del emérito justifican. Braman contra Bildu y el independentismo, cuando la derecha a la que sirven no han condenado el genocidio franquista y gobierna gracias a pactos con sus herederos. Su pensar está claro. Viva el vino y Felipe VI que defendió la Constitución hace tres años, han dicho. En referencia a aquel discurso airado del 3 de octubre que más parecía defender su cargo y ser el Rey de algunos españoles.

El Rey no ha ido, lo decidió el Gobierno. Sobrevuelan como causa problemas de seguridad por la probable inhabilitación de Quim Torra como president de la Generalitat de Catalunya que toda esta gente ve absolutamente justificada. Por mantener un cartel pidiendo la libertad de los presos y algunos lazos amarillos, y decretado por una Junta Electoral. Estos casos flagrantes que empobrecen el prestigio de nuestro país y que acaban en Tribunales europeos. Esos que dejan a ciertos de sus homólogos españoles con las vergüenzas al aire.

En pocas palabras, en España hay un problema de enorme envergadura con la desvirtuación y uso del Poder Judicial, como también está próximo a ocurrir en los EEUU de Donald Trump. Y es grave. Intolerable. Toda la ciudadanía debería “amonestar” a los culpables de esta situación, de arriba a abajo tanto en sus silencios como en sus palabras fuera de lugar.

Y otro problema serio con el Régimen de Madrid y cuanto implica. El gobierno de Díaz Ayuso se ha negado a ampliar las restricciones en la Comunidad -la más afectada de Europa- para frenar el coronavirus como le pedía el Gobierno. El infumable pacto de las banderas parece haberse quedado en cumplir la estrategia de PP y Ciudadanos de tener más policía sin resolver el problema sanitario creado. Ese auténtico caos que aumenta con cada decisión. Ayuso y Aguado decretan zonas de restricciones que coinciden con los barrios menos favorecidos de Madrid. Sin rigor, hasta de una acera sí y otro no. Hasta de bingo sí, parques no. Hasta de trabajar fuera, vivir dentro. Metro atestado (e inundado) sí, reuniones no. Anticipando males mayores por venir.

Y así Vallecas, barrio permanentemente abandonado y en el que se ubica la Asamblea de Madrid, sale a protestar y pedir más servicios públicos, la sanidad vital en este momento. Y la policía carga, en una secuencia perfectamente visible en los vídeos, que no responde a ninguna provocación y sí da la impresión de una táctica premeditada. Como para asociar la violencia que despliegan –a cabezazo con casco incluido– a las propias manifestaciones. El “a por ellos” revive en Vallecas y lo denunciamos igual que entonces. Por supuesto, algunos de los pocos medios que lo destacan le dan la vuelta y mienten, como si no tuviéramos el resto de los humanos ojos en la cara. La violencia fue policial. Hasta caemos de nuevo en una pregunta sesgada al máximo, opinativa, en RTVE a Isa Serra, portavoz de Podemos. Tras la violencia que habíamos visto además.

Poder judicial y Orden Público. Al Gobierno le han metido goles diversos (de ser con su connivencia estaríamos hablando de otra cosa). Cada minuto que pasa sin aclaraciones y tajantes destituciones es un lastre. Si se trata de un pulso de derechas extremistas, lo están ganando. Y no nos jugamos sus puestos en gobiernos y administraciones sino -llegado este punto- la democracia. Y al tiempo, la salud. La comparación con las sonrisas y selfies de algunos policías con los cayetanos ultraderechistas de Núñez de Balboa durante el confinamiento es una auténtica bofetada a quienes luchan por su vida y su salud, y no por sus privilegios.

Con un agravamiento récord de la pandemia , la solución del despliegue policial y militar sin precedentes que pidió Ayuso, en la que entra el gobierno de Pedro Sánchez, es otra peligrosa deriva. El ejército mediático tiene muy claro a dónde apunta sus dardos. El judicial, también. Los ciudadanos agraviados no tienen la culpa. Los gravísimos hechos que están sucediendo obligan a una respuesta enérgica e inmediata.

*Publicado en ElDiario.es el 25 de septiembre de 2020

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