Hay una pandemia de coronavirus ¿lo saben?

A veces me hago esa pregunta al ver lo que dicen y hacen algunos políticos y periodistas. Y es vital porque tienen en sus manos capacidad de acción e influencia. Cada sesión en el Congreso para decidir sobre una nueva prórroga del estado de alarma o de control al Gobierno es un festival de disparates sobrecogedor. No es posible que sepan lo que está ocurriendo en España quienes usan esa tribuna para decir que la izquierda desprecia secularmente a los homosexuales o para mentar Paracuellos a estas alturas de la Historia. Hijos directos del franquismo y del fascismo, esta gente de Vox tiene una peculiar visión del pasado, pero por encima de todo es que hay que afrontar una enfermedad y sus consecuencias hoy.

Creo que otro diputado sacó al estrado a ETA. Y la guinda, dado que pasa por ser el líder de la oposición, la pone Pablo Casado. Escuché en TVE que había hecho “un discurso muy duro” contra el Gobierno y no quise quedarme a que me cayera en el estómago. Cada vez me irrita más que no se usen las definiciones precisas de los hechos: era una pataleta porque la decisión de Arrimadas de apoyar la medida había dejado al PP y su deseo de acabar con el estado de alarma en la irrelevancia. Pero sí leí lo que había dicho. En esta ocasión, acusó a “Señoría Sr. Sánchez” de querer implantar una “dictadura constitucional”. Casado se negó hace unas semanas, vean, a firmar una carta con 13 partidos del PPE que pedían expulsar a Orbán de la Unión Europea. El ultraderechista líder de Hungría se había cargado a la oposición, la Constitución, y la democracia, al decidir gobernar por decreto de forma indefinida. ¿Para quién habla Casado? ¿Cree que todos los españoles somos idiotas?

Parece una pregunta obvia pero ¿de verdad saben todos estos políticos que hay una pandemia de coronavirus y las consecuencias que está teniendo? Mantener en Madrid como presidenta a esa jaula de grillos que llena sus huecos de prepotencia es una temeridad y un auténtico agravio a los ciudadanos. Y se lo debemos a PP y Ciudadanos, lo de Vox se da por supuesto. A la desastrosa gestión en hospitales y residencias, se une ahora el episodio de la fase 1 del estado de alarma. Tras sus “ahora sí, ahora no”, Ayuso vuelve a pensar que hay que reactivar la economía sea cual sea el estado de la pandemia en Madrid. Le dimite la Directora de Salud porque no quiso firmar el informe para que Madrid entrara en la siguiente fase de la desescalada. Yolanda Fuentes cree que no cumple los requisitos y que habría riesgo de “colapso” de las UCI. Y Ayuso manda la petición, sin firma y concluido el plazo. En estas circunstancias, Sanidad no ha dado el pase a Madrid para el lunes. Mientras se divertía en el Hospital de IFEMA ¿no le alcanzó para ver que allí había enfermos con coronavirus y sanitarios dejándose la piel por curarlos? ¿Se ha enterado del balance de muertos de Madrid? Y sus señorías del Congreso, los de Paracuellos, gays o ETA, ¿saben lo que está pasando y cuál es su obligación?

No solo sufrimos una pandemia sanitaria sino que se avecina una crisis económica de entidad. Más dura aquí por haber fiado todo al turismo y al ladrillo. En tiempos de contagios, es una fatalidad.

Tenemos pues dos problemas de enormes dimensiones y los que de ellos se derivan. La incompetencia de políticos y periodistas no hace sino agravarlos. Porque cierto periodismo también tiene su cuota de responsabilidad en lo que ocurre y en lo que no se resuelve. Lleva demasiado tiempo categorizando la anécdota sobre la información sustancial. Y, tanto o más, sujeto a clichés.

Si por el periodismo con barniz de “progre” fuera, Ciudadanos tendría hace años mayoría absoluta. Aquel espíritu de la serie de encuestas que hundieron hasta el prestigio de la demoscopia para aupar a Albert Rivera se reproducen para elogiar a Inés Arrimadas. La que pedía votar en conciencia en enero para que este gobierno no se formase. Ahora ha sido más lista que Casado y ha pensado en práctico: sabe que en la ultraderecha hay overbooking. En la realidad, sigue sosteniendo a Ayuso, por ejemplo, a través de Aguado.

Acusar a Pedro Sánchez de falta de diálogo cuando tanto él como su gobierno han de operar entre zancadillas y navajazos es vivir en un país o momento inexistentes. ¿Qué tipo de democracia es esta que escenifica un juego parlamentario basado en empujones en busca del !quítate y me pongo yo” o “¿qué hay de lo mío?” Con una pandemia.

El coronavirus causa problemas de salud muy serios. Hay que escuchar a los recuperados y sus familias cuando relatan que a lo largo de las cuatro, o cinco o seis semanas de internamiento hay momentos que se cansan de forzarse a respirar. Ha consagrado además la mala muerte, en soledad, con las manos de muchos sanitarios que suplen por humanidad a la familia que no puede estar. ¿Qué saben de todo este sufrimiento los políticos y periodistas de salón?

Carmen Calvo ha pasado el coronavirus. La vicepresidenta del Gobierno ha dado sobradas muestras de dureza de carácter, demasiado muchas veces. Pues en una entrevista en Los desayunos de RTVE dijo: “He tenido que mirar de frente al COVID y siento lo que está sintiendo mucha gente ahora: miedo, inseguridad, mucho dolor por los fallecidos”. Y dejó como reflexión que “el reto debe ser rehumanizar la sociedad, tener más tiempo para cuidar de los mayores, de los pequeños, para ser más felices”.

Parece que no saben de ese dolor, de esa realidad, los políticos que nos avergüenzan con sus soflamas desde el Congreso o los periodistas que toman partido en los conflictos de intereses o que simplemente no son capaces de mirar lo que quieren, sienten y sufren las personas destinatarias de la información.

 

 

*Publicado en Eldiario el 8 de mayo de 2020

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