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Las madres de El Corte Inglés son las hijas de las hijas de sus primeras clientas. Y se diría que aquel concepto de la mujer quedó prendido de sus paredes por más que esas estancias hayan visto en tantas décadas, precisamente el cambio de las modas. El grupo se creó en 1935, cuando Ramón Areces compró una sastrería fundada en 1890 en la Calle Rompelanzas de Madrid. Los grandes almacenes, que llegaron a ser los primeros de España, echaron a vender en 1940. En el muy sombrío 1940. Tras la guerra civil y el inicio de la dictadura, el régimen franquista –éste sí era “el régimen”- se dedicó con pasión a cortar las alas de las mujeres, muchas de las cuales habían emprendido fructífero vuelo en la República agostada.

Las mujeres supieron que su misión en la vida se resumía en ser esposas y madres. Secundariamente, “amas de casa”, y, de no disponer de medios económicos, también trabajadoras fuera. Aunque los maridos lo veían como un desdoro y difícilmente lo aceptaban. Varias series española que hemos visto en los últimos años mostraban ese papel y esas dificultades para cualquier otro desarrollo al margen del hogar.

Así pues, las madres de la época fueron y serán para siempre, al parecer, 0% quejas, 97% entrega –no dedicación, entrega- y un 3% egoísmo dejando una pincelada humana de imperfección del modelo. La suma da un 100%… de madre. Fue una mentalidad que se trabajó a fondo y que, con excepciones, iba adiestrando a la descendencia femenina y de paso a la masculina en su superioridad. La misión histórica de las mujeres impregnó las costumbres de forma que ha sido difícil sustraerse a su influjo en sectores conservadores, como se puede apreciar.

Una labor abnegada donde las hubiera. Una de las primeras cosas que aprendían las hijas era que el estado de pulcritud del hogar estaba por completo a su cargo. Que si, por cualquier desgracia, llegaban extraños a casa y había un plato sin lavar el estigma caería sobre el honor de las mujeres de la familia. A pensar en un futuro que incluía el matrimonio. De ahí, que las chicas “no necesitaran estudiar”. Para conseguir casarse, ayudaba ser “como la mujer del Cesar”, no solamente honrada sino parecerlo.

Hasta el 21 marzo 1963 -con media juventud mundial prendida de flores e ingenua bohemia-, no se derogó la ley que permitía a maridos y padres matar a sus esposas o hijas si las sorprendían en adulterio, y también a sus parejas en venganza. El argumento se basaba en que se había quebrado la certidumbre del marido sobre la paternidad de los hijos que  nacieran. Es decir, se protegía la paternidad. Si se ejecutaba o no, ni se sabía.  La restricción no fue solo de no poder ni abrir una cuenta corriente sin permiso del varón al cargo, como tanto se ha contado y ha costado creer. Para viajar al extranjero, incluso para tener pasaporte hacía falta “licencia marital”, que no se suprimió hasta 1975. Y España no era el Tercer Mundo, era Europa. La que entonces acababa en los Pirineos.

El cuidado de los hijos durante varias décadas correspondió en exclusiva a las madres. Alimentación, cambio de pañales, aseo, lavado de la ropa, levantarse a los lloros. 97% entrega. 0% quejas.  Muchos músicos dedicaban canciones a sus madres. Diciéndoles por ejemplo que eran las más bellas del mundo y ellas se emocionaban mucho.

Se diría que la mayor parte de las letras, incluso las melodías, en homenaje a las progenitoras han venido teniendo un marcado cariz cursi. Manolo Escobar le puso su ritmo característico y de hecho se le hizo su querer canto campero, y saturado de ripios,  al decirle cuanto la quería a su madrecita.

Así crecimos. Así se formateó esta sociedad. Vedando a las mujeres hasta la educación que es el principal pilar del progreso. Éramos en torno al 35% cuando yo estudié Ciencias de la Información. Si lo pensamos bien, los avances obtenidos –la mayor parte debidos a la voluntad y lucha de las propias mujeres- son espectaculares. Avances y retrocesos, con balance positivo, que hemos ido viviendo y sufriendo. Fue la mayor revolución del último cuarto del siglo XX, y sigue y se reaviva masivamente. Así se explica nuestro presente y así las involuciones que se intenta volver a imponer desde el fondo de las simas de un pasado con grandes telarañas.

El vínculo es enorme, en general. De las madres a los hijos, y de los hijos a las madres. Personal y no excluyente de cualquier otra actividad. Ya está bien de misiones históricas, de madres abnegadas.  O de mujeres incompletas si han renunciado por cualquier causa a la maternidad, no lo olvidemos.

El Día de la madre se organizó para mayo, el mes de las flores y de la Virgen María en 1965 como una fiesta comercial. Ese año se trasladó de fecha desde el 8 de Diciembre. El Día de la Madre se había asociado durante décadas a la Inmaculada Concepción, que es todo un síntoma.  Yo lo celebro, secretamente, en cada cumpleaños de mi hijo.

 
 
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