¿Nos vamos de Kosovo?

 

Manel Fontdevila en Público

Manel Fontdevila en Público

Tenemos nueva polémica ¿Retiramos las tropas de Kosovo? ¿El Gobierno español lo ha hecho mal «como siempre»? ¿Está muy enfadado Obama? ¿Nos importa que esté enfadado Obama? ¿Han dejado a Chacón en entredicho? ¿El PP, que exige por enésima vez no sé qué, se opone a la medida?

    Las formas del anuncio no han podido ser peores: sin informar ni al ministro de exteriores, ni a los embajadores, ni a los aliados. Reflejan una pipiolez  y una imprevisión de Chacón y de Zapatero muy preocupantes.

 Javier Valenzuela lo analiza en su blog. Como sabréis, es un auténtico experto: Corresponsal permanente de El País en Líbano (1986-1988), Marruecos (1988-1990), Francia (1990-1993) y Estados Unidos (1996-2001).  Además, ha cubierto como enviado especial, acontecimientos informativos en Irán, Irak, Israel, Bosnia, Egipto, Turquía, Argelia, Senegal, Sudáfrica, Cuba y China, entre otros países. Entresaco algunos pàrrafos:

«No obstante, lo que me llama la atención es lo poco que se habla del fondo del asunto: ¿qué carajo hacen los soldados de España garantizando la seguridad de un micropaís artificial e inviable, fruto de un secenionismo probablemente contrario a la legalidad internacional y con toda seguridad contrario a nuestros intereses nacionales?

España hizo bien en no reconocer la independencia unilateral de Kosovo y dio muestras de coherencia al no aceptar la posterior independencia -alumbrada por Rusia- de Osetia del Sur. Todo el mundo parece estar de acuerdo con eso, desde el Partido Popular hasta los editorialistas de la prensa madrileña más críticos con el anuncio de la ministra Chacón. Entonces, la cuestión no debería ser más bien: ¿por qué hemos tardado un año en optar por salir de ese avispero? ¿Por qué el contribuyente español debe gastar sus magros recursos en proteger la «soberanía» de una entidad política en la que la mayoría de nosotros no creemos? Y sobre todo, ¿por qué deben nuestros soldados jugarse la vida para defenderla?

En mi opinión, que coincide con algunos comentarios efectuados estos días por dirigentes del PP, hemos tardado demasiado (de hecho, Reino Unido, que reconoce a Kosovo, ya ha efectuado una sustancial reducción de sus tropas sin que haya habido tanto ruido). Pero puesto que ha habido retraso, mejor irse hoy que dentro de unos meses (¿cómo podría justificarse ahora la muerte de algún soldado español en ese territorio?).

Sobre las torpezas diplomáticas, las pocas habilidades en materia de comunicación y las descoordinaciones del Gobierno de Zapatero ya me he pronunciado críticamente por escrito y en tertulias de radio y televisión en diversas ocasiones. No me sorprende, pues, que una cosa bien hecha, en el sentido de que había que hacerla, se vuelva contra ese Gobierno. Dicho esto, me viene a la mente el refrán chino: cuando el dedo señala la luna, siempre hay quien se fija en el dedo. Puede que éste, el dedo, no tenga en esta ocasión la uña bien aseada, pero lo importante tendría que ser la luna: tenemos que irnos de Kosovo ya mismo».

Javier Valenzuela estima, en cambio, que nuestra presencia en Afganistán es imprescindible «allí sí que tenemos que implicarnos los españoles, porque allí sigue estando la mata del terrorismo yihadista del que ya fuimos víctimas el 11-M. La seguridad de los ciudadanos de Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga también se defiende en Afganistán».

Opino lo mismo. En España interesan poco o nada las noticias «internacionales». Hacemos mal. Porque ¿sabemos qué pasa en Afganistán y por qué es necesario estar allí? ¿Su importancia estratégica que la sitúa como tierra de nadie que todos se disputan? ¿El peligro que entraña el antaño apoyado por EEUU movimiento talibán?

Afganistán es un país algo mayor que España sumido en una guerra eterna. Situado en una encrucijada entre grandes potencias -la antigua Unión Soviética, China, la India e Irán, y limítrofe con Pakistan-, muchos han intentado su control. Desde el imperio británico a la URSS que lo invadió durante 10 años. Principal productor de opio del mundo y con ingentes reservas sin explotar de gas natural, es además zona de paso del petróleo del Golfo Pérsico. La población vive sin embargo en la Edad Media y proliferan las tribus enfrentadas aspirantes al poder. Los desgraciados afganos, cuya esperanza de vida no llega a los 46 años, no saben que su patria es ficha clave de un parchís internacional.  En la infructuosa búsqueda de Bin Laden, emprendida por George Bush  para castigarle por el 11S,  murieron más afganos que lo habían hecho en las Torres Gemelas. Ni siquiera conocían el rostro de quienes les había mandado matar -lo vi en un reportaje-.

    Toda la zona, es un polvorín que no se puede dejar con la puerta abierta. Somos una aldea global. Las famosas alas de mariposa pueden aletear en las antípodas que terminarán por ocasionarnos un tifón o un buen resfriado como mínimo.

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2 comentarios

  1. Fina

     /  23 marzo 2009

    Si mis hijos fueran soldados no quisiera que los llevaran a Kosovo, ni tampoco a Afganistan, es terrible lo que está pasando ¿Por que tantas guerras? ¡Hasta cuando! ¿A quien le conviene que no se acaben? A medida que me hago mas mayor, mas duro me resulta aceptar que los seres humanos no cambiamos, seguimos matandonos como hace miles de años.

  2. Los paises son inventos mentales que sólo existen en las mentes calenturientas de los políticos. Kosovo no me importa un carajo. Pero los seres humanos que viven ahí, sí.

    Las guerras les interesan a nuestros gobiernos, que en los últimos años han vendido al tercer mundo minas antipersonas como churros. Y nuestro gobierno de los primeros. Y luego hablan de paz. ¿Hipocresía?

    Y sobre todo perduran porque seguimos el juego de los políticos. Mientras los judíos y palestinos se estaban dando de tortas, nosotros los occidentales debatíamos quién tenía razón. Igual que las peleas de patio de colegio, donde todos miran y ríen y nadie hace nada. Vergonzoso.

    Un abrazo.

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