¿Son coherentes los seguidores del R.Madrid?

El fútbol es un tema sobre el que todo el mundo tiene opinión. No requiere un gran esfuerzo intelectual por la simplicidad de sus contenidos y, para mí, ésa es la principal razón de su éxito. No hablaré de fútbol sin embargo pues con seguridad miles de personas me superan en información. Pero sí de cómo contempla una profana el espectáculo del Real Madrid.
Su presidente Ramón Calderón se ha visto obligado a dimitir, entre lágrimas, presionado por acusaciones de fraude electoral y no sé cuántas cosas más que él niega. Los aficionados toman partido, le insultan como nunca antes lo hicieron con otro presidente. Y eso que tuvieron a Lorenzo Sanz –recientemente detenido con cheques falsos por un presunto delito de estafa- o a Florentino Pérez y sus fructíferos negocios inmobiliarios relacionados con el club.
La presidencia del Real Madrid ha sido siempre un nido de millonarios, altamente conservadores, muy altamente conservadores, que han de llegar con mucha pasta bajo el brazo y que suelen salir con más. Los jugadores suelen formar otro club de nenes malcriados con sueldos que sonrojan. El Real Madrid es el club más rico del mundo, se forra con la venta de su marca. Quien esto escribe ha viso en otro club –el Valencia- a asalariados firmando camisetas en nombre de las estrellas del balompié. Porque ni en ese trabajo extra se molestan los admirados jugadores. Fue en una entrevista para otro tema cuando contemplé el fraude.
Al parecer, ha habido un complot para desalojar de la silla a Ramón Calderón. Familias mediáticas y tanto o más altamente conservadoras no querían a este señor y apostaban por otros candidatos. Se habla hasta de José María Aznar, el ex presidente español de nefasto recuerdo, de su antaño amigo y beneficiado con las becas de las privatizaciones, Juan Villalonga, Florentino Pérez –autor del hundimiento del Madrid y de su fortuna propia-, y hasta el piloto Carlos Saínz que acude a las manifestaciones del PP, e incluso a defender la piscina de Pedro J.Ramirez en Mallorca. Un edificante personal. Pero alguna tajada espera cuando hay tanta pugna.
Desde luego que la hay. Cuando me cruzo con las mareas humanas que van a ver los partidos, con las colas para sacar las entradas… cuando veo apasionarse con ahínco por todos los avatares –que son muchos del Real Madrid-, sólo pienso que sus seguidores con bastante imbéciles, dicho con todo respeto. Con sueldos mileuristas buena parte de ellos, alimentan un monstruo. Ayudan a mantener un emporio que podría resolver la crisis económica. Como tantas cosas en esta sociedad, había que dar la vuelta al calcetín y empezar de nuevo por la base. Pero, a buen seguro, ésta será una de las más reticentes a ello. Vamos, tarea imposible. Espero que los hinchas no se sientan, al menos, satisfechos de su obra. Porque es su obra, son colaboradores necesarios. Comprendo que es un entretenimiento, pero les sale -y nos sale- carísimo. Para algunos -más descerebrados aún-, habría que hablar de auténtica razón de sus vidas.

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2 comentarios

  1. Me da la sensación que es muuuuuucho más imbecil el que cree habla sin saber de lo que habla.

  2. Viator

     /  17 enero 2009

    A mí, francamente, cuando se habla del Real Madrid (o del fútbol en general) me parece que sí sabemos de qué se está hablando. Incluso los que, como yo, son marcianos en ese deporte. Quien ha escrito esta reflexión sí sabe lo que se dice. Sabe que, tras todos los reales madrides (o como quiera que se llamen los clubes) no hay deporte, no hay competición deportiva, hay… negocio.
    Si no me equivoco, el R. M. es una sociedad anónima, y las sociedades anónimas se constituyen para ganar dinero: con fútbol, con ladrillo o con ambos a la vez. Esa es su finalidad y no otra. Por eso, los que somos marcianos, o plutonianos (que están más lejos) no entendemos los apasionamientos que levanta ese -por otra parte- honrado oficio de patear balones con habilidad, tan honrado como vender pescado, aunque más fructífero.
    En mi caso personal, yo, que cobro la pensión en un banco archiconocido, nunca me he sentido obligado a jalearlo cada vez que suben sus acciones, o asimila bancos extranjeros. Y nunca se me ocurriría ir a que el director de la sucursal me firmase su camiseta sudada. Parece lógico ¿No?

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