El año de Atila

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No lo parecía por su aspecto gris, hasta por su pelo teñido, por el tic de sus ojos (sobre todo cuando miente), pero Mariano Rajoy se ha rebelado como un aguerrido guerrero, jefe de hordas bárbaras. Su labor se asemeja al sanguinario Atila, quien, al frente de los Hunos, arrasó con los restos del ya decadente y decaído Impero Romano. En solo un año, no ha dejado nada en pie del Estado del Bienestar y apenas de los derechos democráticos. Sin piedad por el enemigo. Nosotros.

Comanda un ejército que se despliega por el gobierno central, el parlamento, la administración, comunidades autónomas, ayuntamientos y la Unión Europea, lugares todos para los que obtuvo mayoría de votos del pueblo español. Abunda también en ellos la brillantina y la caspa, la mantilla en ellas, y el pío golpe de pecho en todos. Los suntuosos sueldos y las prebendas familiares. Y así han destrozado y privatizado la sanidad, la educación, la justicia, la ciencia e investigación, la cultura, la ayuda a la Dependencia, al Desarrollo, los transportes… En cabeza el empleo, con 800.000 mil parados más y la previsión de que se alcance en 2013 un porcentaje del 28%. Más de seis millones de personas. Reducción de sueldos y subsidios, facilidad de despido. Cierre de negocios por el-consecuente-  bajo consumo. Subida brutal del IVA, del IRPF. Copagos. Pensiones. Anuncia que como ya va a volver del revés “las profesiones”, liberalizando farmacias, despachos de abogados, estudios de arquitectura. Un “ambicioso plan de reformas”, dice, “de recortes obligados por el déficit heredado por Rajoy”, como opinó sin pestañear esta presunta periodista en la entradilla resumen del año, leyendo el texto del actual director de aquel programa mítico que se llamaba Informe Semanal.

Y aún así no le llega. Rajoy ha aumentado la deuda pública del 68% que la dejó Zapatero al 77,4, batiendo otro récord histórico.

Con eficacia y temple inauditos, a lomos del Decreto Ley, nuestro particular Atila enarbola la guadaña para recortar cuanto se encuentra a su paso. Los cascos de los briosos caballos de esta horda que nos asola han arrancado hasta las raíces de las plantas del crecimiento y la estabilidad, de la felicidad de los españoles. Como su mítico homónimo, tras el paso de Rajoy y su ejército… no volverá a crecer la hierba.

Porque a ver quién renacionaliza todo lo privatizado, deroga todas las leyes impuestas, restablece derechos, resucita muertos por la desatención sanitaria, o endereza las mentes devastadas por la reforma werteliana de la educación, los tajos a la cultura, o la información manipulada. La justicia para la que todo será delito y recurrir exigirá que te toque la Primitiva.

En ese solar en el que ya se está convirtiendo España piensan instalar un nuevo modelo de negocio: Casinos, con putas, croupiers y laxitudes todas. El único que puede florecer en un páramo. Para los ricos españoles y extranjeros que compren su ciudadanía a cambio de un dinero al que no se mira procedencia. La sacristía y el lupanar de la mano.

El año de Atila acaba. El próximo acaba en 13. Dice Merkel, la jefa, que será peor. Nosotros, con seguridad, seremos más pobres. Nuestro poder adquisitivo aún mermará más por las subidas de precios. Pero Mariano Rajoy y sus huestes siguen corriendo por las tierras de España y de Europa.

Buena entrada en ese año 13. Tomad fuerzas.

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