Halloween sanitario

Desde anteanoche siento como si me estuvieran cortando la espalda con una motosierra. Como la máxima intensidad –mucha- depende de movimientos entendí que podía ser una contractura o pinzamiento –no una fractura-, pero que necesitaba comprobación médica. Nunca lo hiciera, la que fue clínica de referencia en España, la Jiménez Díaz de Madrid, se ha masificado en la nueva filosofía de que la salud es una “oportunidad de negocio” y me tuvo 5 horas en urgencias, 4,45 de ellas esperando. Y no de cualquier forma.

Como en un cuento de terror, los pacientes son obligados a aguardar solos porque sus acompañantes no caben. No han previsto otra sala, por ejemplo, para ampliar el espacio. Y no se nos permite salir. Con las sillas desvencijadas (y eso sí todo muy bien pintado en los accesos), no se autoriza abandonar la habitación ni siquiera hasta el dintel de la puerta para –en mi caso- apoyar la espalda en la pared. Primero vino una mujer con uniforme que, incluso por su acento, parecía de la KGB. Luego, un cambio de turno nos trajo a un español que acariciaba una porra diciendo: Está prohibido. Todo allí estaba prohibido. Salvo permanecer solos durante horas, aspirando virus varios, y el dolor de tantas personas. Una mujer que se había roto el brazo al caer en una acera desvencijada de Gallardón (concretamente en la calle Caleruega) veía crecer la inflamación de su brazo sin que le llegara el turno, con una cara de pena que me daban ganas de abrazarla. Otra temblaba literalmente en su silla de ruedas. La cueva de los horrores sin otra salida que escapar sin diagnóstico. Pregunto ¿Qué necesidad hay de aumentar el sufrimiento de los ahora llamados “clientes”?

Ciertamente el personal no daba abasto a trabajar. Por eso, una joven doctora que me atendió me argumentó que “las urgencias están saturadas por gente como yo que acude sin necesitarlo”. Con un par de ovarios, lo ha puesto en el informe –un tanto dulcificado-, tal como le reté a hacerlo. De nada le sirvió que le argumentara que ellos deberían ser los primeros en negarse a que se comercie con la salud y se trabaje en esas condiciones. Pero yo trabajo desde los 13 años y creo he pagado con creces la atención que pueda necesitar.

Pendiente de un estudio de alergias medicamentosas desde hace dos meses en esa misma clínica, me recetó lo único que –por no haberlo tomado- no sé si me va a provocar alguna reacción. Lógicamente, no lo he tomado, no fuera a requerir volver a tan siniestro lugar.

En 2005 hice un reportaje sobre el sistema sanitario español que ya se veía amenazado. La OMS todavía nos consideraba el séptimo mejor del mundo. Y descubrí datos como éstos: Es la primera empresa de España, 300.000 empleos directos, y mas de dos millones indirectos, el 6% de la población trabaja en sanidad. Genera enormes gastos, pero también ingentes beneficios: el 5% del producto interior bruto. Han de cuidar de algo tan delicado como la salud de todos los españoles y residentes en nuestro país, prácticamente en cuanto necesiten para conservarla e incluso promoverla y gratis salvo en el copago de medicamentos a los menores de 65 años.

Mirad cómo terminé el reportaje:

La OMS definió la salud ya en el año 1947 como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedad o dolencia”. Una utopía hacia la que numerosos profesionales intentan caminar. Mientras, los números mandan. La mayor parte de los sistemas sanitarios tienden a priorizar, a racionar, porque dicen que ya no es posible dar todo, a todos y gratis. Los más utilitaristas favorecen a los ciudadanos que dicen merecen los recursos por su estilo sano de vida y discriminan a los que no se cuidan. Dicen que será el futuro inevitable. Es una labor de todos conseguir que la sanidad española, universal y gratuita, resuelva sus problemas para seguir siendo una de las mejores y justas del mundo.

Seis años más tarde, echad un vistazo a Cataluña o Madrid y decidme hacia donde ha evolucionado.

Eso sí, no volveré a “saturar” las colapsadas urgencias a no ser que me lleven inconsciente. Mejor la motosierra en la espalda, que el terrible cuento de terror que viví ayer y que, sin duda… ha empeorado mi espalda.

Soy un gasto público por Isaac Rosa

El escritor ha reaparecido en Público con esta impresionante columna:

La semana pasada, y les prometo que fue sin querer, me convertí en gasto público. Algo que hoy equivale a decir que eres un peligro público. Entré en un hospital para un asunto menor y acabé recorriendo varias plantas durante una semana. Me convertí en gasto público desatado, un arañazo en los presupuestos, varias milésimas más de déficit.

No me dieron la factura “en la sombra” ésa que ya reparten en algunos sitios, pero si me hubieran echado la cuenta sería cuantiosa, pues fue una semana de barra libre, atención médica a todo trapo, entre pruebas diagnósticas (con esas máquinas carísimas), estancia (a pensión completa, imagínense), tratamientos y tantos trabajadores pendientes de mí (y para colmo eran muy atentos, incluso cariñosos, en vez de limitarse a cumplir con lo mínimo, que el tiempo es oro). Tumbado en la cama, imaginaba que me colocaban sobre el cabecero un contador digital que sumase euros a medida que pasaban las horas.

Y en esto que, mientras estoy ingresado, oigo que Esperanza Aguirre inaugura en Torrejón un hospital 100% privado (“de titularidad pública”; qué consuelo cuando hasta el personal médico está en manos de una empresa). Y mientras recorre las instalaciones, Aguirre ve en cada habitación un juego de sábanas para la cama del acompañante, y exclama eufórica: “Eso es lo que quiero. Que en las públicas la gente esté igual que en las clínicas privadas.”

Me contuve la carcajada no fuera a ser que se me soltasen los puntos y acabase generando más gasto. Aunque en realidad es para llorar. Aguirre quiere (y lo está haciendo ya en los nuevos centros) que los pacientes estemos en manos de empresas cuya prioridad, por mucha propaganda corporativa que hagan, nunca será nuestra salud sino ganar dinero. Que estemos al cuidado de médicos sometidos a presiones laborales, como ya ocurre en algunos centros. Que nos curemos en hospitales donde la factura no quede en la sombra, sino en la mesa de un contable preocupado por gastar menos para ganar más.

Yo lo tengo claro: el trabajo impresionante del personal sanitario (y aprovecho para dar las gracias de corazón a todos los de Vascular, Cardiología y UCI Coronaria del Ramón y Cajal), que mantiene el tipo entre presiones y recortes, hace que vea el deseo de Aguirre como una amenaza, y los tijeretazos presentes y futuros como una declaración de guerra.

Mal mes para ponerse enfermo

Portada de Público…

A por el Estado del Bienestar

Paso a paso y sin pausa se está desmantelando el Estado del Bienestar que tanto nos costó conseguir. España –que aún permanece casi seis puntos por debajo de la media europea en “gasto” social- no conoció jamás las prestaciones de las que muchos de nuestros vecinos disfrutan. Los países nórdicos a la cabeza, Alemania o Francia invierten –incluso con gobiernos conservadores- mucho más en sus ciudadanos. Es decir, revierten en ellos los impuestos que les cobran. Del aire no vienen los dineros.

Las comunidades abren un debate sobre el copago, las del PP naturalmente, avanzan los titulares abriendo paso a lo que ha de llegar. Copago en sanidad y educación, ha dicho el Presidente de Murcia.

“Los defensores del copago argumentan que, cobrando una cantidad simbólica por estos servicios, se reduciría su demanda porque la gente no abusaría de ellos. Tal vez sea así en la Sanidad, aunque no creo que compense: pocos van al médico por gusto, ese pago simbólico –por pequeño que sea– no supondrá lo mismo para todos y nos arriesgamos a que algunos enfermos mueran por ahorrar tres pesetas. Sin embargo, ¿quién “abusa” de la Educación? ¿Qué clase de copago reduciría la demanda en los colegios sin provocar graves problemas de exclusión social?” escribe al respecto Ignacio Escolar.

Nos están vendiendo lo nuestro ante nuestra indiferencia. ¿De quién es el dinero público? Reacciona contiene todo un capítulo dedicado a ello. Porque lo asombroso es que asistamos al expolio tan contentos e incluso utilizando los mismos “argumentos” que nos inoculan. “Es que va mucha gente al médico”. Pocas ganas dan de hacerlo por capricho, al menos en la cada vez más masificada e impersonal sanidad de Madrid, gestionada ya por empresas privada en busca del lucro y privado, el suyo. En cuanto a la educación, la mala calidad de la española es la causa fundamental de que se carezca de información y criterio siquiera para saber y no oponerse a estos atropellos. ¿Copago para la educación? en vena y gratis habría que inyectarla.

Y, ya os digo, estamos -hoy como siempre- a la cola de Europa en inversión social (es más adecuado llamarlo así). Del eterno furgón de cola, ya se han bajado los viejos compañeros: Grecia y Portugal. Por detrás de España sólo quedan seis países del Este (Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Estonia, Letonia y Lituania) y Luxemburgo. Hasta ahora, hasta hace un tiempo en realidad, la sanidad española podía presumir de eficacia pese a disponer de menos fondos que otros países. Pero también se quiere acabar con eso. La apisonadora neoliberal camina imparable. ¿Es imparable?

Objetivo prioritario: ganar dinero

En el Reino Unido se están planteando gravar con impuestos la comida basura, el fast food. Lo más curioso es la razón: argumentan que quien ingiere estos alimentos de baja calidad tiene peor salud… y es más costoso para la sanidad pública.

El truco secreto para el éxito de estos comestibles es su bajo precio. Dudo que alguien prefiera una hamburguesa a un solomillo. Regularmente, otra cosa es hacerlo de ve en cuando por variedad o capricho.

¿Y por qué la comida basura es más barata? Perogrullo acude en mi ayuda: porque contiene lo peor del segmento alimentario. Así que los usuarios habituales enferman más y, ¡habrase visto! hay que curarlos con cargo al erario público.

Tengo por ahí un artículo que escribí en 1993. Un tal Harry Elphick fue la primera víctima conocida de la búsqueda prioritaria de la rentabilidad en la medicina, impuesta por Margareth Tachtcher. Ocurrió en Manchester. El hombre fumaba. Y tenía sobrepeso y colesterol alto. Y le dio un infarto, del que sobrevivió. Pero precisaba una operación posterior, y los médicos le dijeron que no lo harían hasta que no dejara al menos de fumar. Y el bueno de Harry murió sin conseguir su empeño.  Por aquel entonces la sanidad británica comenzaba a postergar en sus listas de espera a los chicos malos que no practican hábitos de vida sanos. Si uno ingiere hasta el colmo grasas de cerdo de primera, bebe D. Perignon (a más de 100 euros vi la botella el otro día pasando por una tienda de “ofertas”) y esnifa heroína pongamos por caso, para eso tiene médicos privados que le curarán. Y además sin demoras.

En la retina aún el Día de las enfermedades raras. Un día en el año (ellos los padecen los 365) nos cuentan que hay gente por ahí que deambula de médico en médico, hasta que llega a sufrir síntomas incluso invalidantes. Pero no tienen cura. Porque no se han investigado. Les ha tocado en la ruleta rusa que sus males solo afecten a una persona entre 2.000, que tampoco es una nadería. Y no es rentable invertir dinero en buscar soluciones. Se siente.

Palabra que puedo llegar a entender que una empresa farmacéutica privada decida no gastar dinero en fabricar medicamentos con los que no se va a forrar. Es mucho entender, pero intento hacerlo. Ahora bien ¿no hay nadie más por ahí que se ocupe de estos asuntos? Para eso está el sector público que pagamos con nuestros impuestos.  Ya, que mientras no me toque a mí… ¿no?

Los ejemplos se multiplican en otros sectores. Leo de vez en cuando que no se investiga en modelos superiores de aviones, por ejemplo, por lo mismo… porque no son rentables. Si el viajero ya vuela, para qué darle mejoras que cuestan dinero. Y los dueños están para ganar cuanto más mejor. Pero ¿no hay nadie más que lo haga? El desarrollo se detiene por el beneficio inmediato.

Y ya llegamos a la honda preocupación de los especuladores (dejémonos ya del eufemismo “mercados”) por las revueltas árabes. Señores, aguántense con su hambre, su humillación y sus dictaduras, que nos fastidian el negocio.

Lo más asombroso es la falta de criterio de una buena parte de la sociedad que todo esto lo ve muy bien. En twitter tengo yo unos “cons” (abreviatura cariñosa de “neocons”) que discuten y todo las bondades del neoliberalismo, de buscar el lucro privado contra viento y marea. Más aún, lo que deje vivo Zapatero del sector público, se lo ventilará en dos días el Partido Popular. Y les votaremos para que lo hagan, y nos quedaremos tan anchos.

No consigo recordar el autor de un cuento que me impactó sobremanera hace muchos años. Era del realismo mágico sudamericano. Creía que de Cortazar pero lo busqué y no lo encontré. La historia hablaba de una ciudad para cuyo obligatorio acceso y salida, para vivir simplemente en ella, se debía atravesar un túnel. Cada cierto tiempo, las compuertas de ese túnel se cerraban y gaseaban a quienes se encontraban allí en ese momento. Todos lo sabían, pero era inevitable atravesarlo. Si te tocaba morir, mala suerte. Cada día pues atravesaban el túnel la mayoría. Y unos cuantos perecían en el intento. Y la cotidianidad seguía. Lo tenían asumido.

Ahora también nos está ocurriendo. Salud, justicia, víctimas de los bancos… al que le toca, con su pan se lo coma. El egoísmo elevado a los altares por el neoliberalismo es la causa. Lo peor es que no sé si todos los sabemos. Si estamos dispuestos a hacer algo por las víctimas, aunque no seamos nosotros mismos o seres queridos. Pero pasen, señores, el túnel de la suerte o la desgracia nos espera.

El Colegio de médicos denuncia la situación de la sanidad madrileña

No era una impresión personal. El Colegio de Médicos de Madrid, institución poco dada a criticar públicamente las políticas sanitarias del Gobierno regional (dice con acierto El País), ha suscrito las quejas que buena parte de sus colegiados llevaron a la asamblea general la semana pasada. El colegio habla de “descontento generalizado” de los médicos que trabajan en la sanidad pública en un documento en el que enumera algunos de los problemas a los que se enfrentan y advierte de una posible huelga. Respecto a los nuevos hospitales dice: “Se han abierto utilizando plantillas de los antiguos hospitales sin reposición de las plazas vacantes”, lo que lleva a disponer de “recursos humanos y técnicos precarios”. El colegio (compuesto por 36.000 colegiados) lo ha hecho público días después de que las dos vocalías con más peso de la institución, la de primaria y la de hospitales, suscribieran un manifiesto en el que alertaban del “deterioro” y la “mercantilización” que sufre la sanidad pública madrileña debido a los recortes de financiación, la escasez de profesionales y la Ley de libre elección y área única, recién aprobada. El sistema sanitario “está sufriendo un proceso de privatización y mercantilización que cambia los objetivos del modelo diseñado en la Ley General de Sanidad”, aseguran.

Por mi experiencia, no es mucho mejor la sanidad pseudoprivada de las compañías y conciertos profesionales. Masificación, avidez por cobrar el talón o pasar la tarjeta, para luego oír decir a algún médico a quien uno confía su salud: “¿sabe Vd. lo que me pagan por esta consulta en…?” Esforzadas excepciones como siempre mantienen el sistema, pero el malestar se palpa.

Acabo de quedarme sin ginecólogo después de 20 años y coincidiendo con un problema que, por las continuas dilaciones, había llegado a aparentar ser grave, aunque afortunadamente no lo es, según acabo de saber, pero me ha traído en jaque –y en dolor- 8 meses. La mercantilización que propicia la sanidad de la comunidad de Madrid ha agobiado de tal manera a los profesionales que quien fuera mi querido doctor ya no atiende, ni por favor, a nadie del colectivo de la Asociación de la Prensa de Madrid. Creo que no lo entiendo, aunque quizás debería estar agradecida por haber gozado de su saber durante dos décadas en un cupo similar al de “Beneficencia”.

En un reportaje de Informe Semanal, de costosa elaboración, al que dedicamos mucho tiempo y mucha documentación, descubrí que en los pueblos y pequeñas ciudades, el médico todavía tiene tiempo de atender a los pacientes, recordar su historial y hasta sus manías, todavía les visita en casa si enferman seriamente. La sanidad de Madrid sume a veces en el desconcierto y por tanto en la indefensión. Imagino que no para un infarto o algo acuciante, espero que sea así. Quizás es que vivimos demasiados ciudadanos aquí y no se prioriza la inversión en lo que realmente afecta. Quizás es que descentralizar la sanidad fue un error garrafal, como aseguran muchos profesionales, que, como mínimo, ha ocasionado sustanciales diferencias entre comunidades.

Por fortuna, estoy básicamente sana y la tenacidad pone por fin en vías de solución algunos problemas largamente irresolutos. Pero no podemos depender de la suerte. Hasta de la de topar con profesionales cuyo hastío y decepción aún no les impida atender a cada paciente como si fuera un ser humano único.

Los famosos que merecemos

 Con horas de diferencia, han muerto esta semana dos actrices norteamericanas.  Jennifer Jones, la mítica e inquietante intérprete de “Duelo al sol” o “Madame Bovary”, ganadora de un Oscar, 5 veces más nominada, trabajó a las órdenes de John Houston, Vincente Minnelli, King Vidor, Ernst Lubitsch, William Wyler o Vittorio de Sica, y fue pareja cinematógrafica de Gregory Peck, William Holden, Humphrey Bogart o Laurence Olivier.

La otra, Brittany Murphy, a quien vi en un par de películas que no pasarán a la historia y cuyo rostro no se fijó en mi memoria.  Unas líneas mediáticas para la vieja actriz, el desparrame por la joven. Jenifer tenía 90 años, y la sociedad ya la había “matado”. Brittany, 32. Anoréxica, intrascendente, encajaba más con las musas de nuestro desmemoriado tiempo. Además, ha tenido la defencia de morirse antes de fecha, que eso gusta mucho a los espectadores.

En el blog de Toño Fraguas, de los Fraguas de toda la vida.

España asiste aterrada -o entusiasmada- al estrellato de una mujer que nació a la fama por haberse encamado con un torero de tan escasas luces como ella. Abandonada y con una hija, ha explotado su fama al extremo. Con la connivencia de quienes ven en ella un filón para ganar dinero. La llaman “la princesa del pueblo”, de esa España que, como Belén Esteban, es analfabeta, osada en su ignorancia, haciendo gala de su zafiedad y su incultura, frívola, cotilla, y con escasos escrúpulos. Y a fe que lo es, princesa de… ese pueblo. Belén Esteban se ha recauchutado entregando su cara al bisturí que ha trinchado y cosido a placer. España se paralizó para ver su primera aparición en pantalla tras la operación. Cifras millonarias de audiencia y la comidilla en todos los círculos. Ella cree que está muy guapa. “Se ha democratizado la cirugía estética”, dicen algunos. Cualquier rabalera deslenguada puede aspirar al remoce, salir en televisión… y ganar dinero por nada. ¿No se operó la princesa de verdad?

En 2004, España era el país europeo líder en cirugía estética, y el segundo del mundo, tras EEUU, con 350.000 operaciones plásticas anuales. Ahora ya son 400.000. Cincuenta mil más anuales en 5 años. La principal franquicia –labrada a costa de publicidad- cotiza en bolsa. La cirugía estética se incluye en el cómputo del IVA. Obama se propone que quienes se operan para “estar más guapos” sufraguen –con potentes impuestos- el costo de su plan de sanidad para atender enfermedades serias, más allá de las de la mente que llevan a alguien a un quirófano por motivos tan superficiales. Arriesgando su vida, incluso. Belén Esteban es diabética, y aún así afrontó una intervención de más de 5 horas para mejorar su físico.

Quizás no sea tan superficial la medida. La sociedad lo exige. Si solo la piel tersa y los rasgos más o menos perfectos, “venden” en la sociedad enferma en la que vivimos, asalta la tentación de intentar ser también competitiva y no verse relegada por las arrugas. Porque equivale a soledad, a cama vacía, a orfandad de la piel.

Los “famosos” marcan el modelo, cuidadosamente diseñado y premeditado. Y cada sociedad tiene los que se merece. Un congreso de científicos que nos cambian la vida, carece de esas patéticas muchachitas con micrófono haciendo estúpidas preguntas a famosos estúpidos que, por ello, se sienten los reyes del mambo.

Un día, en un telefilme, reparé en un extra con frase, acodado en la barra de un bar, cuyo rostro me resultó conocido. Pronto supe quién era: George Chakiris, mito sexual de los sesenta, actor protagonista de una película revolucionaria en su época e incluso aún: “West Side Story”. Nadiuska, un tal Tamara “la mala”, “triunfitos” y “granhermanos”, Galindo y el resto de colaboradores de aquellas fábricas de populares sin base ¿Qué fue ellos? ¿Cómo asimilaron el repudio de las cámaras? ¿Han engrosando el desván de los juguetes rotos?  Algunos se mantienen por largo tiempo en la brecha, otros desaparecen. Juan Antonio Canta, un cantante flojo, se suicidó tras dejar de ser llamado a un programa de televisión. El ciclista Marco Pantani también se quitó la vida al apearse de la bicicleta. Medio tarados y suplicando cámara y dinero andan el humorista y actor Andrés Pajares y el antiguo cantante y marido Junior, con sus descendencias para más abuso. La fama es un caramelo envenenado.

Vendiendo su vida por reconocimiento y dinero, ellos al menos han jugado sus cartas. Lo asombroso es que seres humanos hechos y derechos, con sus problemas y alegrías, participen adormecidos de este juego. Autómatas movidos por unos hilos que ni ven. La tal Brittany, que en paz descanse la pobre, también tenía –como Michael Jackson- la casa repleta de medicamentos.  Igual estaba muy enferma (realmente tenía mala cara la chica). O que la fama -o su ausencia- son difíciles de llevar.

Esta sociedad que consume sin tino, dirigida, dócil, y sin criterio, sigue a los dioses que merece. Más aún, ahora se vive el momento; lo bebemos a tragos cortos, nacemos cada día, como los flashes de la publicidad. En cada parcela, hasta la más inadvertida. Todo icono refleja a la sociedad que lo crea. Muchas buscaron -desde los griegos- armonía, equilibrio, perfección. El siglo XX se inicia con una explosión de creatividad y rebeldía. La misma que -algo más ingenua- impregnó los sesenta, exuberantes y coloridos. Los mitos de hoy son de plástico, artificiales, sin surcos ni matices -operados, alisados, estirados-, vulgares, para parecerse quizás a la sociedad a la que representan, absolutamente decadente. Cualquier tiempo pasado no fue mejor, ningún salvoconducto con más posibilidades a la esperanza que la vida que palpita en el presente y se abre al futuro. Pero elijamos al menos en nuestra admiración seres auténticos, con carne y peso, estimulantes,  alguien que no avergüence, Jenifers Jones (o quienquiera que sea) de sangre y hueso.

Asco

De ser cierto lo que publica El mundo, a Diego Pastrana, el joven falsamente acusado de la muerte de su hijastra de 3 años en Tenerife, la policía le enseñó una foto de la niña tras la autopsia ¿alguien imagina cómo es la imagen de un ser humano tras esa práctica?. Plácido Alonso Peña, el abogado de Diego, habría hecho estas declaraciones a Telecinco –y por la hora- al programa de Ana Rosa Quintana. Espero que ello no indique que está ya entrando en el circo.

Diego, a tenor de lo dicho por su letrado, tiene temblores y vómitos, está hundido, y es la causa por la que ha sido ingresado en un centro hospitalario. No parece nada extraño si consideramos que ha perdido a un ser querido y al tratamiento inhumano que él mismo ha recibido.

Fue juzgado de forma sumarísima por quienes no tienen capacidad de hacerlo. Y fue víctima de una cadena de errores imperdonables. Un médico que vio desgarros vaginales y anales donde no los había. El primer facultativo que mandó a casa a la cría porque “los niños son de goma” tras sufrir la caída de un columpio, cuando fue la causa de su muerte. Y la policía que decidió la culpabilidad de Diego sin pararse en barras, aplicándole la tortura de mostrarle la foto  de la pequeña autopsiada, y alimentándole con pan y agua, como en sus mejores sueños represores. Las autoridades sanitarias canarias –como revela este excelente reportaje que El País se ha molestado en elaborar a diferencia de otros medios-. Y el periodismo como veíamos en el post anterior. El director de ABC se disculpa hoy en su vídeo blog, “metimos la pata”, vaya qué mala suerte. También es culpable la sociedad que consume morbo y mentira mediática.

Ya se han empezado a escuchar voces también sobre que, “a lo mejor” no está descartado algún tipo de culpabilidad de Diego, a pesar de la autopsia ha certificado que no hubo malos tratos –remito al mismo reportaje de El País- y que el Juez decretó la libertad sin cargos del injustamente detenido. El daño está hecho. Diego es víctima de una pesadilla kafkiana porque llevó a la niña al hospital cuando, tres días después de la caída fatal, se desvaneció. Y era un hombre. Y joven. Y, quizás, no vestía de Armani.

Asistí como espectadora privilegiada al nacimiento de la basura mediática en el crimen de Puerto Hurraco. Era el estreno de las televisiones privadas. La primera vez que estaban presentes en un suceso. Había más informadores en el pueblo que vecinos y así lo mostré en el reportaje. Luego vendría Alcasser. Y todo lo demás. Había que repartir la tarta, y lograr la mayor porción.

El problema es que no parecemos distinguir entre ficción y realidad. Esto es auténtico. Hay una niña muerta, una familia desolada, un chico que ha sido linchado por todos los flancos. Ha sucedido, no es una película, no una serie de televisión. Todas las víctimas tendrán que afrontar el terrible hecho. Los errores médicos y policiales también son auténticos. Las portadas condenatorias existen. No se ha elaborado para entrenernos. Lo peor es que, si nos guiamos por la experiencia –y es racional hacerlo-, en cuanto esta familia deje de estar de moda, les dejaremos solos con su pena. Sin haber aprendido ninguna lección. A la espera, simplemente, del próximo “error” o “metedura de pata”. Impunes.

Para ello existe la legislación. Y su aplicación. En un reportaje en el que me interesé por los juicios paralelos, Manuel Camas, Decano del Colegio de Abogados de Málaga, aportó muchos datos. “Hoy, tanto la legislación como la jurisprudencia se han volcado en la protección del derecho a la información por encima de otro fundamental con el que colisiona: el de la presunción de inocencia. El sistema jurídico belga considera delito los juicios paralelos de la prensa y Francia promulgó en el año 2.000 una ley para proteger la presunción de inocencia. Por ejemplo se sanciona con una fuerte multa a quien publica fotografias que estan inmersas en una investigación judicial, se obliga a la administración de justicia a tomar todas las medidas para que no haya imágenes de personas esposadas, se puede llegar -ordenado por el juez- a la rectificación de una noticia que no sea exacta y que impute culpabilidad cuando todavía lo que hay es una investigación”.

   Hay salidas a los desmanes. No tanto, parece, a ese limbo en el que viven los consumidores de información basura.

El bebé de Dalila ha muerto por una negligencia médica

El hijo de Dalila, la primera víctima mortal por gripe A en España, ha fallecido por una negligencia médica. Lo ha reconocido el gerente del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en cuya Unidad de Cuidados Intensivos estaba ingresado el pequeño, al haber nacido prematuramente por cesárea. Anoche, se le suministró por error al pequeño alimento por vía venosa, en lugar de por la sonda nasogástrica.

La sobrecogedora noticia, no tiene excusa ni justificación posible. Ninguna. No pueden existir “terribles errores humanos” de ese calibre. O hay mala organización, o escasez de personal, o mala preparación de unos y otros, o todo unido. O el mal está mucho más arriba, en el diseño que se ha hecho de la sanidad de Madrid. Porque, además, si a este pobre niño, Rayan, que suscitaba una gran atención social y mediática, le han atendido con tal negligencia ¿cómo actúa con los demás la sanidad madrileña? Ya lo vimos. Así le fue a Dalila. Lo escribí hace unos días y hubo discrepancias. Algo falló con Dalila. Y con su hijo. Y esto es lo que vemos. Es imprescindible la dimisión, como mínimo, del consejero Juan José Güemes. Pero sobre todo que la sociedad madrileña reaccione al contemplar lo que están haciendo con algo tan esencial como su salud.

El mito de que España posee el séptimo mejor sanitario del mundo se debe únicamente, insisto, a que es gratuíto y abarca a toda la población. La realidad es que estamos a la cola del gasto sanitario de la UE15 (no contando a los nuevos, a los países del Este). España se sitúa, con 1. 329 euros, en el puesto número 13, sólo por delante de Grecia y Portugal. Luxemburgo invierte con 2.989 por ciudadano (más del doble); Países Bajos, 2.284, y Francia, 2.188.

  Sólo encuentro datos comparativos de la atención primaria por comunidades, dentro de España. La Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid denunció que el gasto sanitario per cápita de la Comunidad de Madrid, cifrado en 102 euros, es 36,23 euros menor que la media de las comunidades autónomas, que alcanza los 138,23 euros.

Actualización.

El País amplia datos

“La enfermera que cometió el error procedía de otro departamento y era el primer día que trabajaba en la UCI, según han revelado fuentes hospitalarias a EL PAÍS. La destinaron a la unidad para que fuera aprendiendo. Un auxiliar la supervisaba, pero se ausentó y en esos momentos fue cuando la enfermera habría confundido la vía de administración de la alimentación. “Es una gravísima negligencia que no tiene excusa”, porque en el envase viene “perfectamente especificado”, pero “por un error que desconocemos, el profesional se equivocó” al administrarle el producto.

(…) El secretario general de la sección sindical de Comisiones Obreras (CC OO) en el centro ha denunciado “el caos sanitario que vive Madrid”. En su opinión, “el problema es que hay una grave carencia de personal en el Gregorio Marañón. En la UCI, de las 16 personas que hay, ocho son eventuales. No pasan más cosas no sé muy bien por qué. Los trabajadores estamos al 150% de nuestra capacidad. La situación es caótica. Han desmantelado este hospital para llevarse el personal a los nuevos, pero si hay algún problema tienen que volver aquí porque no están dotados”. Fuentes del hospital han criticado que personal sin experiencia haga prácticas en un área tan crucial como la UCI.”

Madrid: último reducto liberal

No conozco Cuba. Los planes trazados para visitar la isla caribeña alguna vez se desbarataron siempre por una razón u otra. Y sé lo que me estoy perdiendo: ver de primera mano el último reducto comunista. Mi actividad laboral me otorgó el privilegio de ser testigo de excepción en el desmoronamiento de todo el bloque soviético –de la URSS, al pacto de Varsovia-, incluso asistí en directo –sin ningún otro periodista occidental al lado- a la caída del símbolo: el Muro de Berlín. Mantengo que realmente nadie lo tiró, cayó por su peso y sus cimientos podridos.

Ahora resido en el último reducto del liberalismo mal entendido, del ultracapitalsismo feroz: Madrid. Sistema tan contra la corriente y la lógica como en su día fue el comunismo. Se ramifica en Valencia, pero allí aún palpita un alma moderada que se rebela, lo que apenas sucede en la Comunidad que alberga a la capital de España.

Turbios métodos llevaron a la Presidencia de Madrid a Esperanza Aguirre tras una meteórica carrera en el PP. Dos corruptos diputados regionales del PSOE cambian su voto a última hora para privar a su partido de la mayoría absoluta que le han dado las urnas. Cadena de errores de planteamiento -Tamayo y Sáez nunca debieron ir en las listas-, el hecho pasa decisiva factura a los socialistas, pero queda en el limbo averiguar a qué y a cuánto asciende el cambio de postura, y a quién beneficia. Año 2003 y hasta ahora, 2009, no se había investigado. Hoy sabemos, gracias al periodista Nacho Escolar, de una sociedad Fundescam, creada entonces, para producir estudios según sus estatutos, cosa que prácticamente no ha hecho. En cambio canalizó ayudas a la campaña electoral de Esperanza Aguirre aportadas por una serie de nombres significativos. El actual presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, propietario de viajes Marsans, según la información de Público, contribuyó con 246.000 euros, pese a que la ley prohíbe hacer donaciones cuando se tienen subvenciones estatales como era el caso. Otros destacados empresarios completaron una cifra cercana a los 800.000 euros para sufragar la campaña de Aguirre. Posteriormente lograron contratos con el gobierno regional. Atención a cómo Díaz Ferrán se hizo con Aerolíneas Argentinas a través de Air Comet, filial de Marsans. Propiedad de Iberia, Aerolíneas fue privatizada por el Gobierno de José María Aznar en 2001 y Díaz Ferrán se la adjudicó por el precio simbólico de un dólar. Ese mismo año, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (Sepi) dio a Marsans 300 millones de dólares para cancelar las deudas de la compañía. El caso está siendo investigado por delito fiscal desde 2005.

   Todos los empresarios españoles eligieron después a Diaz Ferrán como su presidente. Los empresarios sustentan a Esperanza Aguirre, su máximo representante la considera incluso “cojonuda”. No son neutrales.

Un repaso por el entramado de asociaciones, organismos dependientes de la Comunidad de Madrid, fundaciones y demás entes abstractos –que os aconsejo hacer con la ayuda de Google- nos muestra siempre los mismos nombres que se reparten cargos y asesorías –y sueldos por tanto- como en un club de amigos.

Esperanza Aguirre, con su estilo populista, goza de gran éxito en Madrid. Una encuesta sobre la persona con la que desearían los ciudadanos salir a tomar copas, la situó en primer lugar, seguida de Ruíz Gallardón y de Joaquín Sabina. Y, desde luego, todos los sondeos la garantizar seguir revalidando la mayoría absoluta. A la descafeinada oposición socialista ni se la ve, ni se la espera.

Cuando el presidente estadounidense dice que se ha acabado la era del Hummer –el carísimo todoterreno dilapidador de gasolina- Esperanza Aguirre subvenciona a los coches más contaminantes. Devuelve 1.500 euros a quienes compren un Porsche Cayenne y no da nada a los ecológicos.

El gobierno anuncia que suprimirá la desgravación fiscal por vivienda a las rentas más altas. Aguirre –dentro de sus potestades- aumenta al 20% la exención de impuestos por este apartado. Los empresarios del ladrillo tienen muchos pisos sin vender.

Ha entregado la gestión de la sanidad de Madrid a empresas privadas, fundamentale a Capio, la misma que gestiona el pan de molde Panrico.

La educación sigue sendas paralelas beneficiando a la iglesia católica en su gestión u organizaciones ultraconservadoras como el Opus Dei. También favorece los colegios que segregan niños y niñas. Profesores que acudieron a una prueba escolar con una camiseta en defensa de la educación pública fueron amonestados, porque debían ser neutrales.

  Sabe como promocionarse. La vergonzosa cadena de manipulaciones de la televisión pública regional llega al punto de censurar la frase “cambio climático”, en un reportaje en defensa de Gas Natural. ¿Noticias contratadas? Sus licencias de radio y televisión para Madrid recaen siempre en las mismas manos: El mundo y Federico Jiménez Losantos.

  Además, Aguirre ha multiplicado el gasto por publicidad institucional en un 369%, hasta llegar a los 169 millones de euros, más de la mitad de toda la Administración central.

    Hambrienta de poder, es conocido su desencuentro con el alcalde de la capital, Alberto Ruíz Gallardón que pugna con ella por un hipótetico control del PP, una vez superada la etapa Rajoy contra el que también presumiblemente maniobra según numerosos episodios conocidos. Sus declaraciones a favor del ultraliberalismo son constantes: “la crisis es consecuencia de un exceso de intervencionismo estatal”. En la línea de Aznar, y en contra de la tendencia generalizada. Hasta Obama pretende moderar los excesos del capitalismo. Él ha sido el causante de los males que padecemos, que sufragan los trabajadores mientras la misma selecta élite de siempre se sigue beneficiando.

     El último reducto del liberalismo salvaje: Madrid. El muro de Berlín cayó abatido ante mis ojos, pero la España de charanga y pandereta puede reedificar desde el corazón de su territorio un sistema caduco.

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