Incongruencias de la vida cotidiana

1) ¿Con qué cara saldrán hoy los presentadores de los telediarios a dar noticias del día, supuestamente auténticas, después de habernos servido que unos milenarios magos de Oriente entraron por las ventanas, con imagen falseada incluida?

2) Vista la visceral polémica suscitada con la ley antitabaco, me pregunto: ¿Los ciudadanos iban a los bares a fumar? ¿¡¡¡?

3) ¿Los camareros no fumadores no podía emplearse en bares y restaurantes donde no se fumaba?

4) ¿En qué cementerio se agolpan las 50.000 víctimas que, dicen, ocasiona el tabaco anualmente?

5) ¿Cómo se puede defender en el Parlamento de Estrasburgo y en el español la prohibición de fumar en espacios públicos y, decir luego en las tertulias, que no están de acuerdo con la Ley (PP)?

6) ¿Cómo se puede dedicar tanto espacio y energía a discutir de la ley antitabaco mientras suben -en tibia respuesta social e incluso indiferencia- todos los precios de los servicios básicos y se rebajan todos nuestros derechos ciudadanos?

7) ¿Por qué pagamos los precios más elevados de Europa en numerosos servicios –tarifa plana, telefonía móvil, comisiones bancarias, cultura-, cuando nuestros sueldos son, con suerte, la mitad de los de nuestros privilegiados vecinos?

8 ) ¿Por qué salimos a la calle en masa para celebrar actos festivos (recibir a los Reyes Magos o a la selección de fútbol) y tan poco para exigir nuestros derechos?

9) ¿Tenemos los armarios vacíos y vamos desnudos por la calle como para necesitar nueva batería de compras en rebajas? ¿Por qué pueden ahora venderlas más baratas si antes nos cobraron mucho más?

10) ¿Qué argumento es: “me gusta” o “no me gusta” a la hora de enjuiciar incluso un sistema económico?

11) ¿Por qué la palabra “libertad” es un cajón de sastre?

12) ¿Por qué hasta en la equilibrada Alemania manipulan fraudulentamente los alimentos causando daños a la población humana y solo para abaratar costes?

13) ¿Por qué tenemos que ir viendo de “homologar” al infecto régimen chino cuando viene cargado de dinero sucio?

14) ¿Por qué nos fascinan las hojas del rábano mientras otros se comen el fruto?

15) ¿Por qué somos tan idiotas?

Noche de ilusos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie diría que es el mismo país. En España dos millones de niños, es decir, uno de cada cuatro, se encuentra en riesgo de pobreza. El informe lo elaboró UNICEF en Noviembre, asegurando que tenemos uno de los niveles de riesgo de pobreza infantil más altos de la UE, solo superado por Rumanía, Bulgaria, Letonia e Italia. Ya sabéis, los europeos de tercera a los que echamos a patadas, más la berlusconizada Italia. Y nosotros.

 Estiman en UNICEF que no implica que estos niños pasen literalmente hambre, pero sí les amenaza desnutrición al no tomar esos “caros” alimentos que nutren.

Nadie diría que es el mismo país al que llegan Papa Noel y los Reyes Magos atestados de obsequios como en pocos sucede. Y la despedida del año si se tercia. El que llena plantas enteras de juguetes y desvalija estanterías de los que, con marca, más “de moda” están.

Para uno de cada cuatro niños, el pan y la pasta, a agua seca. Para buena parte de los otros, Papa Noel desafiando las fachadas cargado de regalos el 24 de Diciembre, y los Reyes de Oriente otra vez en la noche del 5 de enero. Sí, nenitos, la vida es jauja.

Bombardean las televisiones, la pública incluso, incitando a comprar sin medida y sin criterio. Las cabalgatas se multiplican en un mundo retransmitido y se cuenta a los niños que “la magia” permite a Sus Majestades estar en todas partes. Si se avecina lluvia, se adelanta un día como en Sevilla, que no pasa nada.

Mientras, los adultos se afanan también en adquirir regalos por doquier, hasta en almacenes aún sin rebajas, de esos en los que venden bisutería cara que cuesta más para que el usuario publicite la marca y se distinga de quien no puede comprarla. Es el mismo país, éste. Con lo cálido que es un detalle simbólico que diga: me acuerdo de ti y te quiero.

 

Al 92% de los lectores de El Mundo le parece bien que los niños crean en los Reyes Magos. A mí aún me duele en el alma haberme enterado de la falacia. Porque era bien preciosa la fábula: alguien que desafía la gravedad para cumplir tus deseos. Por más que se empeñaran en traerme cosas distintas de las que pedía. Aquellas inútiles muñecas por ejemplo, que jamás incluí en mis cartas, y que descabezadas el mismo día 6, demostraban, como me temía, que no tenían nada dentro, ni servían para nada. Saber además que en un hogar con estrecheces se gastaba así el dinero, me produjo un sentimiento ambivalente.

Frente a las malvadas niñas del colegio que me advertían, yo mantuve que una noche llegué a escuchar a los Reyes Magos en el comedor -lo de la ingenuidad es genético-. Y aún pienso que la ilusión no puede basarse en la mentira. Lo que crea es ilusos, tierras movedizas. Y en ello seguimos. Cuéntame mejor fantasías verosímiles que ensanchen mi mente. Media una trascendental diferencia.

 Hoy hace dos años que comencé el blog, fue una magnífica idea. De amigos, a los que nunca agradeceré bastante la recomendación. Goza, en la actualidad, además, de una salud excelente, en vigoroso crecimiento. Y hoy hace también tres años que emití mi último reportaje en Informe Semanal. Un rey de mi sangre, avispado como pocos, me regaló entonces una brújula clásica para que encontrara un nuevo camino. Creo que lo conseguí. Hoy siento que la brújula tintinea inquieta pidiéndome cambios. Es lo que tienen las brújulas vivas, regaladas con criterio y con amor

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La Red

Viven en mundos endogámicos regidos por sus leyes. Apenas atisban lo que sucede alrededor, salvo para rechazarlo y combatirlo con miedo o con soberbia. En alguno de ellos aún andan empecinados en limitar el hecho social a normas morales que marca un dios desvirtuado por sus supuestos herederos en la tierra. Todo su horizonte se reduce al aborto, el matrimonio homosexual o los símbolos religiosos. En otro, se les observa atrincherados en un teórico poder de decisión, creyendo que cuatro leyes progresistas (aunque bienvenidas sean) solventan el gran caos en el que estamos viviendo. Recelosos, solo escuchan las voces de los amigos que piensan pueden sostenerles. Estos y muchos otros cuerpos celestes, etiquetados como políticos, se caracterizan por una gran cortedad de miras. Ven únicamente, como digo, los extremos de su territorio, su propia ordenación social. Hay también pequeños planetas ocupados por intereses sectoriales. Atesoran viejos privilegios y no piensan en que cada día giran sobre sí mismos y, aún menos, que lo hacen en un conjunto sideral. Se dedican a muy diferentes menesteres, pero todos se comportan de similar manera. Sobre todos ellos circula un sistema de astros habitados, enlazados entre sí en este caso, con una exigua pero poderosa población que se mueve entre el lujo y el boato. Ellos sí saben el universo en el que viven. Y lo usan.

Nunca antes existieron estos submundos aislados, o no de esta forma, porque nunca antes, tampoco, estuvieron sin saberlo tan conectados. La sociedad entre tanto sobrevive como puede. Unos se mueren literalmente de hambre sin tener qué llevarse a la boca, otros caminan como autómatas de tienda en tienda porque todas las Rosas Márquez cósmicas les ordenan consumir. Ninguna novela o película de ciencia ficción llegó a imaginar este escenario. Pero la mente humana no se detuvo como deben creer, a tenor de sus actos, esos mundos paralelos. Gracias a la innovación y la creación, hemos llegado a conectarnos en Red. Y hoy es posible saber, por encima de todos los reglamentos oficiales, que en cada crisis de este injusto sistema universal, la élite se forra mientras se empobrece más la ciudadanía, mermando de crack en crack su poder adquisitivo.

Los mundos endogámicos siguen girando a su aire. Sordos, ciegos, inútiles. Pero algo sospechan y por eso, movidos por los viejos esquemas, quieren destruir la trama social. Censurar Internet, acabar con ese molesto incordio. Cerrar páginas como prevé la nueva ley de Zapatero/Sinde/autores. Considerar más delito enlazar una información –para que cada cuál se surta a su critero- que “refritar” noticias, sin elaboración propia, como hacen cada vez más los periódicos oficiales. Los editores de prensa piden al gobierno que prohíba google news y los agregadores. Un juez sentencia cárcel e inhabilitación a dos periodistas de la SER que cuentan la verdad, pero lo hacen en una web.

Este gobierno y todos los demás. Puertas al campo, como reflexiona hoy el en teoría socialista –tan en teoría como casi todos los demás- Rodríguez Ibarra. Una joya, no os lo perdáis.

Hoy hace un año que empecé este blog. Justo hoy. Fue una gran idea. Porque hoy hace dos años, exactos también, firmé mi último reportaje en Informe Semanal. Hay regalos en serie, y hay regalos perfectos. Aquella noche de Reyes de 2008, recibí una brújula. Clásica, para orientarse. Tenía que encontrar mi camino en la dura tormenta. Hoy, gracias al blog, siento que sigo ejerciendo el periodismo, aunque mi empresa, como tantas otras, decidiera prescindir de los servicios de los mayores de 50 años y condenarnos a jugar a la petanca o aprender inglés y mandarín. He descubierto a gente, a vosotros, que me habéis llenado intensamente. He afianzado relaciones con otros a quien intuía, que se mueven en el siglo XXI, mucho más sanos y menos resentidos que algunos viejos colegas. La brújula servía, entre otras muchas cosas, para… navegar en la Red, y en la vida.

Esos mundos que se mueven tan ajenos a nosotros, a todos nosotros, a la sociedad en general, son nuestros cánceres en realidad. Estamos enlazados y podrán intentar torpedearnos con sus bilis putrefactas, pero no acabarán con lo que nos une, porque es imparable. Somos la argamasa que mantiene en pie el tinglado, su tinglado. Ha llegado la hora de salir también de ese planeta donde los sombreros son en realidad serpientes boas que digieren elefantes y los corderos se comen -o no- las rosas. Mundos de ocupantes únicos, hay que seguir dándose la mano. Virtual y real. Somos el tejido, el que forma músculos, órganos, huesos y conduce la sangre, la respiración, la vida. Y, por tanto,  quienes dictan las normas.

Por cierto, ¡gracias! :)

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