Sin Rajoy sería mucho peor

Nos decía Mariano Rajoy que imagináramos lo mal que hubieran ido las cosas para España de no haber accedido él a la presidencia del gobierno. Sí, podíamos tener en su lugar –pongamos por caso- a Pelayo de Arriérez y Torquemada. Hijo de una estirpe acreditada ya en la Hispania Romana, impulsora de la Reconquista patria y de esplendoroso apogeo en la Edad Media. Conservador, vetusto, clasista, sumiso con los poderosos, autoritario con los débiles, nos habría hecho comprobar que, en esta tierra, todo es susceptible de empeorar, según quien consiga el mando. Imaginémoslo, podemos.

A sobresalto diario, sabríamos que el partido de Arriérez lleva varias décadas –incluso desde antes de su refundación en lo que hoy es- financiándose ilegalmente a través de empresas interpuestas. Sus dirigentes cobrando sobresueldos millonarios procedentes prácticamente en su totalidad de dinero público y subiéndose los oficiales en las épocas de la más dura crisis. Que reciben donaciones de empresas a las que a cambio dan negocio en las distintas administraciones que regentan. El propio partido vinculado a la mayor trama de corrupción a la que ha asistido este país. Una podredumbre estructural, de fondo. Sí, los tiempos de Rajoy  están siendo mucho más honestos.

En el gobierno de Arriérez, lo más granado. Desde un ex presidente de una empresa cuya quiebra fue determinante para el hundimiento de la economía internacional, a una monja seglar –corta y deslenguada- que confía la resolución del insostenible desempleo a la virgen. Una receptora de sobres y confetis para festejos privados que mata la sanidad pública. Una vicepresidenta aspirante al Oscar de Hollywood y que, como los demás, ha colocado parientes y gremio profesional en los más altos cargos y remunerados puestos. Un ministro de Hacienda que se ríe a carcajadas en cada recorte. Un par de beatos recalcitrantes que se empecinan en coartar nuestras libertades y devolvernos a los tiempos más florecientes de los Arriérez y Torquemada. O un tertuliano, también ultracatólico, a cuya reforma educativa llegaría a criticar de tal forma el Consejo de Estado que prácticamente le diría fuera consciente de que España es también Europa. Por no seguir en la descripción y por no incluir al resto de los prebostes del partido. O sí. Uno que, de joven, se solazaba en barco y otros viajes de placer con un conocido narcotraficante. Una aguijonera líder de vuelta e ida, populista y campechana, acérrima admiradora del brutal neoliberalismo de Margaret Thatcher. O la Cruella de Vil de las mentiras compulsivas que presenta su rostro cementado para explicar lo inexplicable. Siempre mejor, sin embargo, que el propio Arriérez que la rara vez que comparece ante la prensa lo hace a través de un monitor de plasma.

Con todo, en poco más de un año de mandato, el gobierno de Pelayo habría logrado cifras espectaculares de fracaso. La recesión triplicando los cálculos iniciales. Elevación de la deuda del 68,5% al 84,2%. Récord europeo de déficit, superior a los países más rescatados que el nuestro. Los inmigrantes huyen, los españoles emigran, y con ello la población desciende en la mayor proporción desde que se hacen registros. El propio Rajoy habría increpado con dureza a este presidente. Abochornado le tendría todo el PP, los medios afines y buena parte de la sociedad.

El gobierno de Arriérez y Torquemada pone en marcha una nueva Reforma laboral, para hacernos “más competitivos” al cobrar sueldos todavía más miserables. En el primer año de vigencia el desempleo crece en 691.700 personas y se destruyen 850.500 puestos de trabajo. El número de personas ocupadas está en mínimos: 16.957.000 en una cifra de destrucción de empleo sin precedentes. La ley además  devalúa las condiciones laborales, con un despido más fácil y barato para la empresa. Son las reformas que había que hacer - dicen los responsables- para solucionar el problema  y todo es culpa de la “herencia” recibida. Entre la larga lista de eufemismos con los que agreden nuestra inteligencia, dicen ver signos positivos porque, aseguran, “hay una desaceleración relativamente sincronizada, relativamente homogénea del aumento del paro”.

Repagamos en sanidad lo que ya abonamos con nuestros impuestos. Nos venden hospitales y edificios públicos sin resarcirnos. Amontonan y merman la educación. Nos suben los impuestos. Cada vez pagamos más por menos. Nos han incrementado el precio del gas y la electricidad, la gasolina, los peajes, los medios de transporte. Sí, realmente, gracias a que contamos con Rajoy en lugar de Pelayo de Arriérez y Torquemada para frenar todo esto.

Se entrega dinero público a las autopistas deficitarias, a los hospitales privatizados. Se regalan bancos y cajas cargados de viejos pufos propiciados por mala gestión y corrupción políticas por un euro, tras ser inyectados con cifras millonarias del erario. Se  juegan, literalmente, nuestras pensiones invirtiendo toda la hucha en deuda española y ya estudian cómo devaluarlas para “hacerlas sostenibles”.

No podríamos creerlo, pero asistiríamos a cómo el Fiscal General del Estado ordena, exige, encausar por el grave delito de colaboración con banda armada a dos policías con el mejor historial de detenciones de ETA. Por una vieja filtración de la política antiterrorista practicada por todos los gobiernos, sin que la que la investigación haya encontrado pruebas de la autoría concreta de los encausados.  Asombrosamente, sin pasar nada. Por nada. Tampoco pasa ahora pero es que tenemos un gobierno ejemplar.

Algunos grandes medios haciendo política de partido, del partido de Arriérez. Enmascarando cifras, desvirtuando transgresiones, alabando triunfos inexistentes, próximas recuperaciones sin base.

Uno de los ministros de Arriérez pergeñando una reforma de la ley del aborto que obliga a seguir con el embarazo incluso de fetos con graves malformaciones.  Ni siquiera se mantiene que la mujer pueda opinar sobre su descendencia como si en lugar de un ser humano fuera una máquina de parir. A quienes protestan por lo desahucios les llaman acosadores e incluso nazis. A los que luchan por la sanidad pública en peligro, que montan  barricadas y… que no servirán para nada. Y no sirve. No escuchan a nadie.

Sí, Pelayo de Arriérez y Torquemada sería mucho peor que Rajoy y todos sus antecesores.  Sería capaz de privatizar el Registro Civil para entregarlo al cuerpo profesional al que pertenece: los Registradores de la Propiedad. Bueno, casualmente, el mismo de Mariano. Pero es mera coincidencia.

Arriérez, todo su partido, la oposición responsable también, habrían hundido la consideración de la política al subsuelo. Al tiempo que seguirían idiotizando a la sociedad o amedrentándola para que no reaccionara. Nuestro presente sería patético, el futuro sombrío. Menos mal que está Rajoy para marcar diferencias de buen gobierno. Incluso debemos rogarle que se quede para siempre. Él es nuestra única esperanza.

*Publicado en eldiario.es 

El ECOFIN con la tijera

Se reúne uno de los órganos con más poder en la UE: el ECOFIN, el consejo de ministros de finanzas. Tan expertos como son y no les salen las cuentas, la economía europea va de pena. Y así lleva desde que se siguen las políticas de “austeridad”. Pero ellos insisten. A Chipre, después de saquear las cuentas corrientes de los ahorradores, le van a apretar el duro gordiano y le van a pedir lo que a los demás: que eche funcionarios y recorte servicios sociales por todas partes. Ahora resulta que se “equivocaron”, y en realidad el país necesita 23.000 millones. La diferencia de más de 6.000 va también a las costillas de los contribuyentes. Parece que unos cuantos potentados se llevaron el dinero aunque “no se podía”, no podían los ciudadanos de a pie, y ha engordado la factura. Piden también privatizaciones para que se sigan lucrando los mismos y venta de reservas de oro. Que Chipre se vaya al cuerno no importa, lo importante es que los acreedores cobren.

Con Portugal también están muy enfadados. El Constitucional anuló por ilegales parte de los recortes y hay que hacer más. Lo habitual: sanidad, educación, gasto social. Esto de la justicia y la democracia es un asco para los negocios, y merece un castigo ejemplar.

Para España, ese país que va tan bien según cuentan Rajoy y sus secuaces, solicitan más impuestos, tajo a las pensiones y una reforma laboral aún más agresiva.

¿Creceremos así y se solucionará la crisis? No, iremos a peor. Como vamos cada uno de estos países y el conjunto de la UE, pero… no tenemos a nadie quien nos defienda.

Mientras tanto son intocables las grandes corporaciones y millonarios particulares que tienen entre 16 y 24 billones de euros en paraísos fiscales, según ya hemos contado. Un tercio de la riqueza mundial. Traduzco: a nosotros por ejemplo nos suben el IVA o el IRPF cuanto estimen oportuno y no se puede ni rechistar. Estos no pagan apenas impuestos. Para ellos gobiernan los elegidos por una cuadrilla –amplia- de obstinados papanatas. Aunque sufren también los recortes, les consuela mucho decir: “Pues… el otro más”.

¿El futuro? Como las cuentas irán a peor…habrá que seguir recortando. No es un error, es auténtica mala voluntad. Una pura estafa. Pero mientras se consienta, así continuará.

elrich.amanecer.tijera

 

El pensamiento lógico de un votante del PP

Los votantes del PP, como gran parte de los españoles, también andan tristes y preocupados por la situación que vivimos. La corrupción -aunque su hedor atufe- no es algo que les preocupe especialmente dado que, argumentan, “todos los hacen”, “siempre ha sido así ” y suelen corear con grandes sonrisas el orgullo español del robo y la trampa, mal llamados “picaresca”. Pero sí les duele algo el bolsillo y, por encima de todo, el futuro de sus hijos y los jóvenes en general.

Están desencantados. El 21 de Noviembre de 2011, exultantes, ya hacían planes, de empleo, casa y vacaciones. Y ahora el plazo de la presunta recuperación se alarga a 2014, cuando ya había sido anunciada para Junio de 2013.  Es que la “herencia” socialista está siendo difícil de roer.  Aqueldespilfarro de los “cheques bebé” (4.000 millones en 3 años) o el “Plan E” (13.000) o subir mínimamente la inversión social para dar cobertura por ejemplo a la Dependencia. Sin llegar jamás, ni de lejos, a la media europea. Y, además, el déficit que se les disparó a las comunidades autónomas, la mayoría en manos… del PP. Ahora hay más paro, más recesión, se han recortado servicios esenciales y la deuda se ha catapultado del 68,5% al 85.3%. El votante del PP, ni aún frustrado, logra relacionar estas variables. No consigue aceptar que se han restado muchos más millones a la sociedad de los que hubiera necesitado compensar el “despilfarro” de Zapatero. Que estamos infinitamente peor que hace año y medio y que nos dan mucho menos, por muchos más impuestos y repagos. “Hay que dar tiempo a las reformas ”. ¿Cuánto? No saben. ¿Qué reformas? ¿Las destinadas a precarizar el empleo? ¿Las de dejarnos sin sanidad o educación públicas?

“No hay otra solución”, “es que les debemos dinero a los bancos”. ¿Y los miles de millones que han recibido de fondos públicos?  ¿Y los beneficios que sacan a nuestra costa con la inventada “crisis de la deuda” los bancos alemanes sin ir más lejos? ¿Y la ingente evasión a paraísos fiscales que se detrae del erario? “Siempre ha sido así ”. Pero ahora es peor. “Ya cambiará, hay que dar tiempo ”. Además, “la crisis ya se acaba”. Y ¿volverán las oscuras golondrinas portando en las alas todo lo que nos han quitado?

Vieron un halo de esperanza en los cinco mil empleos creados en la Semana Santa de Marzo, la primera en ese mes desde el inicio de la crisis en 2008. Aunque se les argumente que han sido en el sector servicios, han bajado todos los demás, y son efímeros. Que una cosa es el paro registrado y otro el real. “Cuando falta el aire, sirve respirar ”. Uno respira un rato, luego vuelve ahogarse, pero hay que ser “positivos”… cuando algo es obra del PP. Por eso también están dispuestos a aceptar todos los recortes: “algo es mejor que nada ”. Las viejas cadenas que viven y viven. “Si todos nos sacrificamos un poco, saldremos adelante”. Olvidando a quien, lejos de “sacrificarse”, se lucra obscenamente.

¿Y las mentiras? ¿Por qué alguien que ha engañado hasta nuestra extenuación va a decir finalmente una verdad? Ni se inmutan. El incumplimiento del programa electoral, la presunción de falsos logros, las esperanzas en futuros inmediatos de recuperación persistiendo en los errores, son, para un votante del PP ilustrado, “la dialéctica política tradicional”. Para el conjunto, el “todos los hacen”. No reparan ni en la impúdica entrega del Registro Civil nada menos que a los Registradores de la Propiedad (cuerpo al que pertenece Rajoy) o en la gestión de alto riesgo con la hucha de las pensiones.

Lo que no entiendo –avanza alguno - es por qué “antes” no había tanto paro. Por añorar, añoran hasta a Felipe González al cuál ponían tibio. De la crisis internacional no les hables, es un tema demasiado amplio.  De hecho abrevian las explicaciones y piden una respuesta corta. Un culpable. Uno. ¿La burbuja inmobiliaria ? Por lo menos la gente tenía trabajo. Pero se estaba gestando un enorme problema, no podía durar. El votante del PP no logra tampoco establecer esa relación. Si así se creaban empleos, no hay porqué dejar de construir.

De ahí -entre otros muchos descalabros- han venido los desahucios, les dices. En este punto se ilumina su rostro: pueden explayarse en la respuesta. Todos, sin excepción, conocen a alguien que “se embarcó en un crédito sin tener ingresos suficientes ”, que se convierte en regla de oro. Ya, pero otros, la mayoría, contaban con un trabajo que se esfumó y no por su culpa, o les rebajaron el poder adquisitivo, y no advirtieron las trampas de los bancos en cláusulas muy bien camufladas. “Siempre ha sido así”, “no hay otra solución”, “nos apretamos todos un poco”, cortan rápido para poder avanzar su postura: “es que la dación en pago tampoco es solución, quebraría el sistema”. Otros países la tienen. “Bueno, pero estas protestas van a acabar en violencia”.

Un votante del PP, lo mismo que los “apolíticos” y muchos establecidos de toda condición, mantienen una idea de la violencia de doble dirección. No entienden como tal la que se ejerce contra los ciudadanos, en sanidad, educación, vivienda o el trato con los bancos (no les salpica directamente sangre en la cara). Solo reventarle un ojo a una ciudadana en una manifestación les parece que es “pasarse un poco”. Pero les resulta intolerable la protesta o la presión pacífica a los suyos. “Hay que respetar la intimidad de las personas, la de los políticos también ”, aunque ellos no respeten ni nuestros derechos. Por ejemplo, el de manifestación al acotar los escraches.

La lección surtida por los medios, por algún intolerable presunto debate-encerrona a Ada Colau camuflado de progresista, ha trocado la admiración por la PAH en recelo. Un votante del PP es muy aficionado a los debates sesgados en los que le dicen lo que tiene que pensar, lo que quiere pensar. Y no puede ni llegar a concebir que, quien tiene sus mismas ideas y –sobre todo- habla en televisión, pueda obedecer a intereses espurios.

Por eso, los papeles de Bárcenas “no son verdad hasta que se pruebe”, aunque se amontonen evidencias. Todas las corrupciones que emergen necesitan el trámite judicial, siquiera para informar de ellas, por más que sepamos de dilaciones, amnistías e impunidad. “Siempre ha sido así”. Y… “todos lo hacen”, ese peligroso meme que pretende hundir la democracia más de lo que está.  Hasta risas histéricas provoca el ascenso en intención de voto de Izquierda Unida. Para un votante del PP, para todos ellos casi sin excepción, IU es un remedo de la Rusia de Stalin, y quiere salir de Europa, lo cual –como socios “privilegiados” que somos- es un horror. A Rosa Díez y su UPyD la ven, en cambio, con muy buenos ojos. Es lista y no tiene pelos en la lengua, aunque los haya mudado cien veces . Y decantarse por EQUO es… una ingenuidad. “No, no, yo voto a quien tiene posibilidades de gobernar”, afirman con alta suficiencia. Y ésos son PP y PSOE, el único que –de mal grado- admite su imaginario.

Porque esa sociedad que salió a la calle el 15M con un enorme grado de aceptación popular -aplaudida también por votantes del PP y de otros partidos que… terminarían por otorgar a los conservadores la mayoría absoluta- no es una alternativa para ellos. “Sería el caos”. ¿Mayor del que ahora vivimos?

Están tristes pese a todo. Cuando tienen en su mano exigir responsabilidades si consideran que –a pesar de las evidencias que se anticipaban y obviaron ver- fueron “engañados”. Pero, según muchos de ellos –todavía, aunque parezca inconcebible-, “hay que darles tiempo”. A que la putrefacción nos embadurne hasta la mirada, el oído, el olfato y el gusto, si no lo ha hecho ya. A que todas las mentiras – 2013 el último año de la crisis y demás- caduquen dejando el esqueleto de la más aguda precariedad. Se acabó la tregua. Y la paciencia. Los votantes del PP son responsables de los males que hoy sufrimos el resto. Tienen que saberlo y afrontarlo.

(“Que no me lloren, que luchen”, dijo José Luis Sampedro antes de irse. Pues eso).

*Publicado en eldiario.es

El programa que el PP tuvo que haber contado

Mariano Rajoy ha reconocido que tendrá que revisar las previsiones económicas que había hecho su gobierno para 2013. Y se ha quedado tan ancho. Sus cálculos fueron tachados de optimistas a todas las bandas. Todos los organismos internacionales y fundaciones de estudios españolas les dijeron que no era creíble una caída del PIB del 0,5%. Estimaban que andaría entre el 1,3% (FMI, por ejemplo) y el 1,4% (OCDE).  Un error de estas características influye –para mal- en toda la economía. De serlo. El objetivo último es presentar mejores registros aunque sean ficticios y tengan un elevado coste. Han hecho lo mismo con el déficit, al que ha maquillado retrasando pagos a enero. Y la deuda se les ha disparado del 68,5% en que la dejó Zapatero al 85,3% llegando al mayor endeudamiento en más de un siglo. Una gestión rotundamente nefasta.

Lo asombroso es que Rajoy ni se inmute –ni lo haga tampoco la sociedad- al quedar en evidencia, tanto la gestión como los cálculos presuntamente fallidos. Las mentiras a fecha fija tienen este recorrido. Cuando caduca el plazo marcado emerge la verdad. Entonces se vuelve a mentir y se mira para otro lado. Hasta ahora les ha funcionado. Pero ¿Qué pasará cuando la recuperación que sacan de la chistera cada poco se estrelle de igual modo contra la realidad?

Si un partido político no es honesto, la verdad debería ser exigible por el propio sistema democrático. El PP tenía que haber contado lo que pensaba hacer. Ayudémosles en la tarea. Cuanto sigue son actuaciones –reales- del Partido Popular de las que no dijo ni palabra en campaña. Esto es lo que debió contar:

Haremos una reforma laboral del gusto de los empresarios para que puedan pagar menor salario y despedir sin apenas costo. Una economía “competitiva” se labra con bajos costes salariales. Que luego no sea tampoco competitiva da lo mismo, mientras unos cuantos -quienes deben- ganen más.

Solo en el primer año elevaremos el paro en más de 800.000 personas y reduciremos los subsidios de desempleo que “desestimulan” de buscar trabajo. En particular, iremos contra los parados mayores de 55 años que tengan algún familiar del que tirar porque “la familia” está para eso. Un nuevo empleo no lo van a encontrar en su vida.

Lo mismo haremos con los jóvenes a los que animaremos a hacer las maletas y marcharse de España para que nos bajen un poco las cifras del INEM. Son los más molestos si se ponen a protestar.

No creemos en lo público. Cuando uno enferma, si no lo puede pagar, ha de recurrir de nuevo a la familia o buscarse la vida como pueda. La sanidad –que tan bien funcionaba hasta nuestra llegada- es cara –diremos-, y, sobre todo, muy rentable gestionada por amigos de beneficios privados. Pondremos repago farmacéutico, sacaremos de la sanidad pública más de 400 fármacos, haremos pagar por las sillas de ruedas, las muletas y hasta las ambulancias. Suprimiremos pruebas diagnósticas, incluso de prevención en los bebés. Como lo que importa es reducir el déficit –aunque no lo consigamos ni hasta arriba de anteojeras y rímel- nos cargaremos también la formación de médicos para trasplantes. De toda la vida los pobres han muerto más que los ricos.  Privatizaremos cuanto podamos. Nos obstinaremos hasta volver a quedar en evidencia porque da igual.

Subvencionar la ayuda dependencia es un regalo innecesario, cuando hay familiares –particularmente mujeres- que pueden cumplir esa función. Esto lo recortaremos hasta el chasis.

Suprimiremos médicos y maestros en el ámbito rural, y servicios de transportes. Lo bucólico se paga. Una nueva Ley de Costas, con ladrillos por doquier, hará emigrar al secano y eso no puede ser gratis. Nada es gratis.

Ya hemos avisado –esto sí- que nos sobra la asignatura de Educación para la Ciudadanía y también la de Ciencias para el Mundo Contemporáneo. Hacen pensar. Hacinaremos las aulas para fomentar la comunicación de los escolares. Pondremos a trabajar el doble y en materias que no dominan a los profesores a ver si se estrellan. De universitarios nada. Solo los ricos estudian, aunque tengan pocas luces.

Como no creemos en lo público, los funcionarios son nuestro principal objetivo. De todo tipo. Fuera pagas extraordinarias, más horario, puteo sin fin a ver si se hartan. Si protestan, campañas de desprestigio, que los españoles suelen tender a culpabilizar más a sus iguales. Fuera sindicatos, por lo mismo.

Buena tijera a la ciencia, la investigación, la cultura. Cuanto más burros, mejor. El modelo es el ocio, el juego, el lavado de dinero de negro, las prostitutas, que -si logramos apañarlo- exigirá importantes créditos bancarios que se detraerán de otras cosas. Pero contaremos que proporciona puestos de trabajo inmediatos aunque luego todo se vaya a pique.

Las pensiones son cosa del pasado. Que se acojan a un plan privado o que les atienda la familiacomo dios manda también.

Elevaremos el IRPF, el IVA, el precio de los transportes. Hay que pagar “la herencia” que permitía tener todo lo que antecede, procurando que no se note que pagan más por menos servicios, ni adviertan cómo habremos hundido la economía y aumentado el déficit y la deuda a pesar de mermas y recobros. A los bancos de la jefa Merkel –a todos en general, a los nuestros que nos subvencionan- esto les gustará.

Subiremos las tasas judiciales. Disminuiremos el número de jueces y de inspectores fiscales aunque nos llenaremos la boca de palabras como “transparencia” y “lucha contra la corrupción”. Para el Registro Civil tenemos una idea mejor: entregarlo a los Registradores de la Propiedad para que amplíen el negocio y cobren también por esto como por el resto de sus gestiones que en toda Europa son gratis para los usuarios. Es el gremio del presidente y la vida puede dar muchas vueltas.

Estableceremos una nueva ley del aborto que obligue a las mujeres a volver a ser tuteladas en sus decisiones. Y una a modo de cadena perpetua que tan bien queda de cara al exaltamiento de pasiones populares. La resistencia a la autoridad será muy penada. No nos atrae de lo público más que las Fuerzas de nuestra seguridad. La de permanecer en el cargo por más tropelías que cometamos.

Cuando no nos gusten las leyes –que en Europa se envician con tachar de ilegales tantas de nuestra querida España- sacaremos la “ingenieria judicial” y las dejaremos niqueladas. Al menos hasta la próxima reclamación.

Seguiremos colocando a familiares y parientes en todos los puestos que den dinero y aseguren un vivir como corresponde a nuestra estirpe superior.

Les trataremos a Vds., sobre todo eso, como a tontos. Ya sabemos que no todos los españoles lo son ¡ni mucho menos!, pero nos bastan con unos cuantos millones que nos den mayoría y que traguen con cuanto se les haga. Los medios afines echarán una mano. Sacarán al Papa nacido santo y sencillo. Fútbol, escándalos, lo habitual. Plantearán las manipulaciones de la economía –previsiones, déficit o deuda- como un “rifirrafe” entre gobierno y oposición. Y enviaremos a tertulianos de confianza las consignas que interese cada día difundir.

Hay muchos tontos. Que incluso nos defenderán, repetirán que “todos hacen lo mismo”, creerán que nuestras medidas van encaminadas a la resolución de la crisis y seguirán esperando que “ya pronto” todo cambiará.

Y, nada, hasta las próximas campañas electorales (europeas, municipales y autonómicas, generales). Les volveremos a contar a Vds. las mismas milongas. Y volveremos hacer lo mismo.

Lo más triste es que, incluso contando lo que iban a hacer y han hecho, igual muchos les hubieran votado y les volverán a votar. Pero, insisto, un sistema democrático debe prever estas eventualidades.

*Publicado en eldiario.es

 

O povo é quem mais ordena

  Cientos de miles de portugueses han salido a la calle a protestar por los recortes, tanto en Lisboa como en otras ciudades del país.  Supone la contestación más masiva de los últimos tiempos, desde que la Troika y el gobierno conservador de Passos Coelho los cogió en sus manos. Ciertamente, fue al que votó la mayoría desencantada con los socialdemócratas.

   Dice el presidente del gobierno que todo marcha bien y se encaminan a la recuperación. Que las medidas adoptadas son las que había poner en marcha. Que ya se ven datos positivos. Que Portugal ha logrado credibilidad en los mercados financieros con sus reformas y que la deuda a diez años se cotiza ahora  a un interés del 6,3%, cuando hace un año rozaba el 17 %. Algo que, por cierto, puede cambiar en cualquier momento dada la impunidad y el amparo de los gobiernos neoliberales con la que operan. De algo nos suena todo esto a los españoles.

Lo cierto es que, como ya os conté de primera mano, los portugueses viven ahora mucho peor y los datos económicos van en despeñe, exactamente igual que aquí. Allí el paro se ha disparado al 17,6 % (el doble que hace tres años) y el PIB ha caído al 3,8 %. Nuestra recesión económica no es aún tan grande, pero en la tasa de desempleo les ganamos por goleada.

Los portugueses han vuelto a cantar con lágrimas en los ojos el himno de la Revolucíón de los Claveles. Está ya en sus raíces. Y desde luego si o povos maltratados por el neoliberalismo en Europa se unieran volvería a caer el tinglado que se han montado a nuestra costa, como sucedió en Portugal en 1974, totalmente en paz. Y es que, sí, el pueblo es el que más ordena.

Cuando pase la crisis

Rajoy ve signos de recuperación. Draghi, señales positivas porque las reformas están “en el buen camino”. Rajoy se felicita por su propia labor y afirma que “la reforma laboral deja ver ya su efecto en la economía”. El presidente del Banco Central Europeo alaba las medidas del colega y nos dice: “tendrán que reconocer el enorme progreso realizado por España”. Mientras nos recuperamos del espasmo de escuchar eso sin anestesia, nos damos cuenta de que nosotros vivimos en un país diferente al que vive Rajoy y contempla Draghi. La mayoría solo vemos 6 millones de parados, 400.000 desahuciados, alzas de precios, merma de nuestras condiciones de vida y derechos, y las víctimas que ya está dejando esta recuperación tan estupenda. Un futuro muy negro por las “reformas” que –dicen los que mandan- es necesario realizar todavía. Un “plan creíble” define el italiano; ‘el afán reformista ni se distrae, ni flaquea, ni se agota”, precisa el gallego.

Hasta personas críticas con las políticas que siguen el PP y la UE dicen alguna vez: “Cuando pase la crisis”… Temen –más bien, esperan- que eso suceda a tiempo para que Rajoy revalide su cargo en las próximas elecciones. Es una característica humana soñar –aunque sea sin fundamento- en que el dolor y la penuria tienen un final… positivo. Creer – tener por cierto lo que no está comprobado ni demostrado- que las cosas cambian porque sí, sin intervención que enderece el rumbo erróneo. “Siempre ha sido así, todo termina por arreglarse”. Sí, aún recordarían los ciudadanos del final de la Edad Media cómo sus lejanos antepasados de diez siglos antes esbozaron el mismo comentario que se transmitió de generación en generación.

El PP intenta con fruición pasar la página de los múltiples escándalos de corrupción. Su ejército de altos cargos y voceros mediáticos han logrado sembrar dudas. Y muchos ciudadanos “ecuánimes” están más atentos al “todos lo hacen” y “solo son indicios y no pruebas hasta que decida la justicia”, que a las mil y una fumarolas que se escapan de una raíz podrida ( presuntamente) que bulle en magma bajo los pies de todos. Así que toca sacar la zanahoria otra vez: la crisis se está terminando.

En el improbable caso de que así fuera a la vista de los datos (el BBVA acaba de “mejorar” las previsiones para 2013 y nos da un -1,1%) ¿Cómo saldríamos los ciudadanos de la crisis? Bien claro dicen Rajoy y Draghi que una de las causas es que hemos ganado competitividad, al rebajar los costes laborales. En el país de los salarios más bajos de la UE 15 (junto a Portugal) se ha practicado una seria poda a los sueldos. Y además echamos a los jóvenes para que se busquen la vida fuera de España y bajen las cifras del paro. Pero hay mucho margen para lograr más “competitividad”. Ahí tenemos las fábricas de APPLE en China –y muchas otras en muchos otros países- con semanas de 60 horas laborales por 220 euros al mes y empleo de niños. Pagándose ellos el dormitorio hacinado y la comida.¿No tenemos en España un gran margen para lograr esa “competitividad”?

Se reactivará el crédito, aseguran. Dice Draghi que España es el mayor receptor de fondos del BCE del que se lleva el 30% del total (ése que nos cobran a los ciudadanos en dinero o en especie). Y que como los bancos tiene “crédito ilimitado” al “precio oficial”, ya pronto empezarán a surtir a empresas pequeñas y ciudadanos. El precio oficial es el 1%, ellos lo prestan a no menos del 5%, incluso a los Estados. Pero hay unos fondos y una deuda pública que aporta grandes rentabilidades si se quiere especular. Y, de momento, ahí estamos. ¿Por qué van a cambiar? ¿Por su demostrado altruismo? ¿Por su patriotismo acreditado quizás?

Ahora bien ¿quién consumirá? Parados precarios, empleados y pensionistas devaluados, ciudadanos todos ahogados por la brutal elevación del coste de la vida ¿Cómo habrá crecimiento si cada segundo somos más pobres? Las empresas se vuelcan en exportar a otros países, a nosotros ya no nos toca. Obama anuncia que va a reactivar el sector público en EEUU para crecer, nuestros jefes se espantan.

Aquí andamos en “el buen camino”: mermar las condiciones de vida de la población en general en vistas a enriquecer más al selecto grupo para quien se gobierna. Y hacer pagar mucho más por menores servicios, como vengo diciendo y demuestran los hechos. Ni un solo país se ha recuperado con las recetas neoliberales, no lo han hecho quienes cuentan: los ciudadanos que son ahora mucho más pobres. Grecia, Portugal, Irlanda, Letonia…

Existe otro camino más. Islandia nos da una lección. Crece más que ninguno en Europa. Y ha logrado que la justicia falle a su favor y pagar a su criterio todo el daño que hicieron sus bancos. No pagar a ingleses y holandeses que buscaron rentabilidades desmesuradas sin mirar más, hasta que no vendan los activos del principal banco causante del desastre. Dos diferencias fundamentales nos separan. Allí es mayoría una ciudadanía real no lastrada por siglos de incultura y mojigatería. Aquí lo es la masa ameba, aunque estemos viendo una minoría crecientes de gran arrojo. Y otra fundamental: al ser poca población están mucho mejor comunicados para compartir información.

Hay quien cree al PP y a sus homólogos europeos. Hay quien cree que habrá una recuperación y que el Estado del Bienestar volverá con su lluvia de jamones de jabugo y langostas y largas vacaciones en la playa. O al menos con lo que había. ¿Qué más datos necesitan para ver lo que muestra, fehaciente, la realidad?

Cuando pase la crisis, si pasa, no pasará para ti.

*Publicado en eldiario.es

 

Yo me sacrifico, tú te sacrificas, él nos sacrifica

 Últimamente ese corifeo que forman -en distintos tonos y timbres- el gobierno y los altos mandos del PP, repiten que nos han “pedido” sacrificios. Les confieso que yo siempre me quedo perpleja. Si es una solicitud, implica que podemos negarnos. E incluso responder: sacrifícate tú. En todo caso, sacrificarse siempre es voluntario, porque de ser otros los que te inflingen “sacrificios” se trata con mucha más propiedad de tortura.

Veamos. El concepto se las trae. Habla de “ofrecer o dar algo en reconocimiento de la divinidad” en la primera acepción de la RAE. ¿Los mercados directamente o sus representantes en la tierra FMI, UE, BCE e incluso Angela Merkel o el propio Mariano Rajoy y todos los actores y beneficiarios del neoliberalismo? La primera reflexión fundamental es saber quién ha establecido esa jerarquía, tan drástica e incontestable que impone perjuicios y privaciones al resto.

“Poner a alguien o algo en algún riesgo o trabajo, abandonarlo a muerte, destrucción o daño, en provecho de un fin o interés que se estima de mayor importancia”, aclara el diccionario. Y se ajusta a la realidad. Ya vimos y vemos que cada vez se nos hace pagar más por menos servicios, y es evidente que esos dolores y quebrantos se practican “en provecho” de algo superior a nosotros, el común de los mortales. La divinidad propiamente dicha. De “matar reses u otros animales, especialmente para el consumo”, empezamos, por tanto, a no estar muy lejos (entiéndase el consumo de la deidad). ¿Quién ha elegido y aceptado esa superioridad de algo o alguien por la que se sacrifica a los demás?

La Real Academia de la Lengua ofrece también dos acepciones más concordantes al siglo XXI, sin dioses ni nada. Para ellos, sacrificio es igualmente: “Sujetarse con resignación a algo violento o repugnante”. A las pruebas me remito sobre las arcadas que nos producen a muchos –diría que hasta a la masa ameba- las medidas políticas, sociales y económicas que nos están aplicando. Pero de “resignación” en buena parte de los casos ni un ápice, más bien nos generan indignación y hasta exacerban bajos instintos. Hay quien sin embargo se tapa la nariz y los ojos, al parecer, y acepta el suplicio seguramente basado en otra definición: “Renunciar a algo para conseguir otra cosa”. ¿Qué? ¿Ser cada día más pobres y más desgraciados? Ah, la divinidad asegura y las protozoos creen que será la recuperación económica, el empleo y el maná en lluvia profusa. Pero la gente que piensa y saca conclusiones ya sabe que esto no va a suceder y que -el lejano día en el que por este camino cuadre alguna cifra- será a costa de unos ciudadanos altamente “sacrificados” de vida y futuro. ¿Quién gobierna realmente y para quiénes se gobierna? ¿Creen que oleremos siquiera el botín que, a nuestra costa, se han reservado?

De cualquier forma, usar la palabra “sacrificio” en política, lo mismo que el “gobernar implica repartir dolor” de Gallardón, es concebir la vida pública como una religión. Como la católica para ser más precisos que lidera (con el judaísmo) el uso de la tristeza, el daño, el castigo, la resignación, la culpa y la pena entre todas las existentes hoy. Ya sabemos que los “sacrificios”, incluso humanos, sí se practicaban en las épocas previas al conocimiento, o en las que quisieron apagarlo. Aceptar esa directriz en el lenguaje, no es inocuo: se interioriza en la mente. Y hace aparecer el sacrificio como algo bello y esforzado. Para algunos al menos. Nunca el lenguaje es inocuo.

Siempre he imaginado al PP metido en una cámara de criogenización, en la que entraron cuando la dictadura franquista se encontraba en pleno apogeo, a conservar su naturaleza. Algunos, por edad, debieron nacer incluso dentro de ella. Alimentados todos ellos con las esencias de Torquemada y otros ilustres antecesores que aún deben levitar sobre las cápsulas. Salían, descongelados temporalmente,  a esparcir declaraciones. Ahora ya, con el poder en las manos, hacen daño y destruyen como manda el sacrificio. A otros.

Pero que no nos engañen, esto no lo sufrimos por propia voluntad. Yo no me sacrifico. Tú tampoco, creo. Nos sacrifican. Y, a veces, aún dicen que “no les gusta” hacerlo. Nadie nos “ha pedido” nada, es impuesto. Y sacrificar a otros viviendo uno, además, divinamente –nunca con más propiedad- tiene un nombre bastante menos bucólico: tortura y, en todo caso, privación de bienes.

No queremos ganarnos el cielo que es asunto muy personal, queremos una sociedad real, moderna y avanzada en la que se busque el bien de todos los ciudadanos. Compuesta -precisamente- por ciudadanos, no por feligreses. Y en la que un mandato de gestión no implique creerse una divinidad. Mal andamos, por cierto, si estos personajes son nuestros dioses.

La gran estafa: pagar más por menos

Desde el 1 de enero, somos aún más pobres. El festín de incrementos de precios de comienzo de año no ha tenido en cuenta las brutales subidas de 2012, y ha vuelto a aplicarse con rigor, corregido y aumentado. La técnica la conocen sobradamente griegos y portugueses a quienes se sigue exprimiendo cuando ya parecía que no pudiesen sangrar más sus bolsillos… y sus vidas. Todo se resume en una máxima neoliberal: hacer pagar a los ciudadanos mucho más, por mucho menores servicios. La cuadratura del círculo, la llaman. Lo asombroso es que se acepte.

Muy notable el incremento de la electricidad (aplazan gas y butano para inducir a pensar en su buena voluntad). Transportes, peajes, correos, teléfono. Madrid y Barcelona suben el agua. Y la capital registra un fuerte recargo del IBI. Se nos aplica también el euro por receta. La gasolina vuelve a las andadas tras el estratégico descenso de noviembre para colarnos un IPC más moderado.  No hay quién dé más. Por el momento, que todo se andará. Insisto, miren a Grecia y Portugal.

 En consecuencia, baja nuestro poder adquisitivo. Significativamente. Porque además, entretanto, los nuevos parados cobrarán menos a partir del sexto mes. Siguen congelaciones y bajadas de sueldo, y se esperan muchos más despidos. Es así aunque De Guindos haya vuelto a sacar la bola de cristal para incautos y diga que como a finales de 2013 se empieza a crear empleo. ¿Cómo si no se reactiva el consumo y es imposible hacerlo con tanta merma? Igual tienen Rajoy y sus huestes alguna explicación que darnos sobre de qué forma se puede comprar cuando falta el dinero, y a qué Virgen o Santo Patrono se han encomendado para que la economía crezca y cree empleo en un país cuyos ciudadanos tienen cada vez menos dinero que gastar.

 Lo que resulta aún más pasmoso es que todas estas subidas dan derecho… a menos servicios. Con incrementos y repagos, cada vez es más difícil acceder a ellos y muchos no van a poder. Algo se ha hecho muy mal –o muy bien según el objetivo- para que con tanto recorte y alzas de precios la deuda pública se le haya disparado a Rajoy del 68,5% que la dejó Zapatero al 77,4% en el tercer trimestre y, a la espera de los datos del cuarto, la previsión del gobierno sea que haya cerrado el año en el 85,3%.

¿La herencia? Todo el “despilfarro” que se atribuye al presidente socialista se centra en el mal diseñado cheque bebé (4.000 millones en 3 años), aunque a muchos vino bien. Y en el Plan E que –si bien es cierto que de plan-ificado no tenía nada tampoco- fue gestionado de muy diversas maneras. Aunque fuera edificando una réplica de la Puerta de Brandenburgo y demás monumentos europeos (como hizo el alcalde del PP de Torrejón de Ardoz), algún albañil, fontanero o pintor se emplearían. Y, en ningún caso, los 12.000 millones (en dos fases) destinados a ese fin justifican los recortes infinitamente más elevados que ha aplicado el PP. Tantos que ya se pierde la cuenta, pero solo en los primeros Presupuestos Generales del Estado de 2012, fueron 47.000 millones y luego siguieron en cadena, con entusiasta colaboración de las Comunidades Autónomas. ¿A quién benefician estos tijeretazos? Es pregunta clave. Y ¡aún así no les llega! Y tienen que seguir cortando.

¿A que va a ser otra cosa lo que pasa? Pagamos la crisis internacional, la “refundación” de la sociedad por el capitalismo –cuando iba a ser al revés-, despilfarros reales y múltiples, la burbuja inmobiliaria con sus corrupciones y pésimas gestiones, o ese rescate estupendo a bancos y cajas enladrillados de 100.000 millones de euros. Pero hay más…

¿Cómo ha aumentado Rajoy la deuda casi 17 puntos en solo un año si esas cifras se mueven tan despacio? Por los intereses. Como no pide el rescate para el país que los especuladores esperan, cobran más caro el préstamo y ellos tienen bula. Ya sabemos que al BCE le prohíbe su religión (o sea su estatuto) prestar a los gobiernos directamente. Así que da dinero, mucho, a los bancos privados al 1% y estos lo cobran al 5% o 6%, incluso a los gobiernos. Además de nuestros amigos “los mercados” que buitrean cuanto pueden.

Rajoy -como todos los neoliberales-, puestos a sacrificar a alguien, lo hace a los ciudadanos que pagan impuestos… y se callan. Los especuladores son intocables. Y salivan al ver que cada vez hay más tajada a la que hincar el diente. La deuda es un gran negocio, una ganga. Ya nos apañamos con Zapatero y Rajoy una reforma constitucional que consagra de por vida –o hasta que se cambie- que ésta sea la ley.  A los mercados –bancos incluidos- que no nos los toquen. Y no hay límite. Como del cerdo, de los ciudadanos se aprovecha todo, hasta el hígado. Y ahora van también a por las pensiones, después de cotizar toda la vida para pagarse un sustento en la vejez.

 A ver, Sr. Rajoy, Frau Merkel y toda su parentela local, nacional e internacional…  El Estado del Bienestar era sostenible hasta que llegaron Vds. a los grandes órganos de poder. No se entiende que saqueen la hucha de nuestros impuestos por muchas explicaciones técnicas que nos inyecten en vena sobre “ el reparto de partidas contables diseñadas” –definición que presto a sus creadores de neolengua- y, encima, cada vez nos den menos a cambio. En una empresa mercantil –y en eso han convertido Vds. los países- lo que están haciendo se consideraría una estafa. Y, en las empresas, cuando los contratados para la gestión –su caso-,  timan, expropian y desfalcan al personal, no cabe otra solución que el finiquito y una denuncia en comisaría.  Una inmensa tela de araña, tejida a propósito, impide que buena parte de los ciudadanos lo contemple así. Pero ¡ay! del día en el que, exprimidos hasta el tuétano de los huesos, el soplo de la cordura aviente esa turbia red y todos -salvo los adocenados sin remedio- lleguen a verlo claro. No tendrán campo para correr. No es la primera vez en la Historia que el poder no advierte el profundo e irreprimible hartazgo que las medidas arbitrarias causan en sus víctimas.

 *Publicado en eldiario.es

La OCDE dispuesta a que no queden de los españoles ni las raspas

La OCDE que en su último informe avanza que 2013 va a ser el peor año de la crisis en España y que llegaremos casi al 27% de desempleo con 6,2 millones de parados, acaba de pedir al Gobierno una serie de medidas:

Subir el IVA a turismo, del transporte y de los libros. Y aplicar el régimen general a más bienes y servicios.

Endurecer las condiciones para cobrar el desempleo.

Un contrato único y un menor coste del despido improcedente.

Una nueva reforma de las pensiones y la supresión de la jubilación parcial.

Suprimir las deducciones en el IRPF por pensiones y por compra de vivienda.

Abolir la extensión legal de los acuerdos de negociación colectiva de nivel superior o reemplazarla por un régimen de consentimiento previo.

Liberalizar completamente los horarios de venta de las grandes superficies, llamando al orden a las regiones que mantienen aún restricciones.

Todo ello, política neoliberal de la que gusta y ejerce el PP.

Como expertos, saben que así todo irá mucho peor, pero como decía el viejo chiste: “Mejorar no mejorarán pero la vida se les va a hacer muy larga”.

 

No pensar para no sufrir

La actitud se extiende por un sector de la sociedad cansado de luchar sin ver frutos. Evadirse de la realidad para no sentir un permanente desasosiego. Muchos ciudadanos se unen así a las legiones que nunca usaron su cabeza más allá de para peinarse. Quienes no se informan porque “leer las noticias da ganas de cortarse las venas”.

Suelo mantener que vivimos en la sociedad más “entretenida” de la historia. La que tiene a su alcance el mayor cúmulo de distracciones del que jamás dispuso pueblo alguno. Entran por los ojos en tal profusión de fuentes que incluso pueden llegar a saturar. Pero “distraer” tiene un significado más real: apartar la atención de lo esencial. La búsqueda de compensaciones y la disuasión del esfuerzo caracterizan a nuestra vida en comunidad. En buena parte son inducidos. El viejo invento romano del “pan y circo” ha seguido hasta nuestros días, aumentando su número e intensidad. Las diversiones  son muy positivas ¡quién lo duda!… cuando no entran en la adicción compulsiva y nublan la mente.

No pensar no evita sufrir. La ciudadanía española vive uno de sus momentos históricos de mayor depresión y desasosiego. Incluso quienes huyen de la información y la reflexión, están doloridos y atemorizados. No es por falta de ocio el desánimo. Y cuanto más “distraídos”, más vulnerables. Pese a su frustración, son más felices quienes mantienen una actitud activa frente a los problemas. La pasividad desarma. Quienes se abrazan a ella,  solo parecen esperar el golpe final en el pescuezo. Aguantan. Una y otra merma, una más, las que sean. Algunos se engañan en la creencia (considerar cierto lo que carece de razones para serlo) de que todo se arreglara por sí solo. O por las medidas que no deja de contradecir la evidencia. O esperando que “otros” les saquen del atolladero. Y, sin embargo, andan agazapados aguardando el descabello. Sí saben que eso puede ocurrir. Pero “no lo piensan”, soslayan hacerlo.

 No todo el tiempo. La realidad resiste mal ensoñaciones y distracciones y se muestra terca. Los recortes siguen ahí. Y sigue el paro y el dinero que no llega. Y los desahucios. Y el miedo. Y los derechos en peligro… aunque este punto interesa menos a quien ya ha rendido su condición de ciudadano libre. Mucho más a quien ahora se apunta a la tendencia de “no pensar para no sufrir”.

 Repetir los errores por no reflexionar. Los ciudadanos catalanes parece se disponen a avalar un redoble de recortes, privatizaciones o cuentas poco claras. La pelota que deja sin ojo y la porra que abre heridas en la represión de las manifestaciones. Tienen un caramelo al que aferrarse, otra salida, un aparente cambio: la presunta independencia que ofrece quien nunca creyó en ella. Los gallegos, hace poco, anduvieron una senda similar al poder decidir quién iba a representarles en la gestión. Los griegos también meses atrás. Syriza se abría como una opción diferente, pero el conciliábulo mundial se alió para atemorizarles y dejaron las cosas como estaban. Exactamente igual. O peor. Más tijera, más autoritarismo, los nazis del descontento irracional invadiendo las calles.

¿Cómo es posible que se caiga una y otra vez en los mismos errores? Por no pensar. Siempre hay opciones cuando todavía se mantiene en pie la democracia e incluso cuando ha caído. Entonces resulta más difícil volver a la cordura, eso sí.

Madrid reventó un día del Siglo XVIII en el llamado Motín de Esquilache  y tras la capital se levantó gran parte de España. Reinaba Carlos III y, tras una enésima hambruna, había subido el pan. Luchas de poder por en medio. El malestar social hervía. Leo que José Mª Pemán, un escritor que gozó de gran predicamento en el franquismo, glosó cómo se desarrollaban los momentos previos:“El rey Carlos III se burlaba de buena fe de esta especie de resistencia pasiva que advertía en el pueblo frente a sus mejoras, y solía decir que sus súbditos españoles eran como los niños, “que lloran cuando se les lava y se les peina”. Como si fuera hoy.

Hubo tal revuelta, sin embargo, que el Rey temió perder la corona. Y se dejó de peines y lavados infantiles para sentir miedo. Chivos expiatorios, un mejor abasto… y todo volvió a su cauce. Una vez más. No todos pensaban, todos sufrían.

“La historia no devolverá jamás la razón que hoy se nos lleva. Cada milímetro que el mercado y el capital ganen a la razón hará falta luego reconquistarlo, contra la historia, con los mismos esfuerzos con los que en su día se le arrancaron”, escribe el fascinante filósofo Carlos Fernández Liria, en su último libro ¿Para qué servimos los filósofos? Para pensar, para inducir a pensar. Para ser más libres y adultos, para no dejarse servir cocinados voluntariamente en un plato. ¿Se sufre en el hervor? Por los resultados, se deduce que sí.

 Federico Mayor Zaragoza anima de continuo a la reflexión y a la acción diciendo por ejemplo:“Cada persona tiene el don de la libertad y puede con ella construir su futuro”. O, citando una frase de Burke que adora y hace suya: “Qué pena que por pensar que puedes hacer poco, no hagas NADA”. Y es que pensar es inevitable, vale la pena el esfuerzo de hacerlo con sensatez y visión de futuro.

 *Publicado en eldiario.es

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