La baraja la rompieron los políticos

Han vuelto. Todos. A sus rutinas. A la ceremonia de lo que quieren hacer pasar por normalidad. A intentar hacer pasar como “regeneración” un ataque frontal a la democracia perpetrado exclusivamente por intereses de partido, usando las instituciones y reglas de todos en su provecho. A hacer declaraciones como si la pesada mochila de sus atropellos y turbios manejos fuera un apósito que ni se ve. Lo que en cualquier país tumbaría a un gobierno, aquí se mete en el saco -allí están desde los SMS del presidente a Bárcenas al borrado de sus ordenadores- y se sigue andando con la cabeza muy alta, incluso presumiendo y afeando las críticas. Somos una anomalía. La hegemonía de la desfachatez. Lo asombroso, literalmente, de pasmo, es que cuele.

Están ahí. También quienes modulan la opinión de los más vulnerables en criterio. Y es que, en el tranquilo escenario en el que vivía la Congregación de notables, ha surgido algo tan insólito como gente a la que no le gusta que la estafen –ni que estafen a unos cuantos pardillos-, que aspiran a tener una vida y un futuro, y se ha organizado para hacer lo que no hacen los políticos o para contar lo que no cuentan los medios.

Mientras se prepara un pucherazo electoral de los que cambian la historia, el mantra a difundir por los guardianes del sistema es que Podemos –por ejemplo, están también Guanyem Barcelona y otras plataformas ciudadanas- tienen una ideología acartonada del siglo XIX que usa como nadie la comunicación del siglo XXI. Un gran avance si así fuera porque la política que ahora lleva a cabo en España el PP y que ellos defienden es directamente el feudalismo medieval.

 Amedrentan sobre los peligros que, en su opinión, entrañaría votar fuera del bipartidismo, hasta medidas encuestas se difunden en apoyo sutil de la idea. Por lo visto es mucho mejor seguir como hasta ahora, con políticos –algunos- que te estafan, saquean, despojan, engañan, manipulan o alteran las leyes a su favor para perpetuarse. Al parecer entraña una dificultad insalvable trabajar por el bien común en lugar de para el lucro desaforado de unos pocos que sus métodos tiene. Eso son promesas gratuitas, irrealizables.

 De sobresalto en sobresalto,  desde influyentes diarios han encontrado la clave de lo que se debe hacer: bipartidismo, con una derecha como dios manda y una izquierda como mandan los mercados. Por eso saludan con pasión, en Francia, a “ Macron, el revulsivo que la izquierda necesita”. Es decir, el joven exbanquero de Rothschild que de lo primero que habla es de aumentar la jornada laboral y suprimir convenios. El muchacho forma tándem con Manuel Valls, autor de la frase:  “La izquierda puede morir si no se reinventa y renuncia al progreso”. Desde que pronunció su sentencia se le ha ido a pique el gobierno y la popularidad: en 6 meses ha caído al 36%.  Como el presidente Hollande que anda buscando apoyo social bajo los adoquines y la arena de la playa, porque se le ha esfumado. Todos olvidan un pequeño detalle: los franceses votaron socialdemocracia, no ésta sin complejos de parecer derecha neoliberal aguda.

Las ideas tan intensamente inoculadas calan en ciertas personas, temerosas de soluciones fuera de la política tal como la conocen. Tal como la sueñan en realidad. Tal como la engullen con enormes tragaderas. Tal como nos la imponen a todos. Ni unos ni otros parecen reflexionar sobre hechos decisivos. Las nuevas propuestas ciudadanas nacen como fruto de un inmenso hartazgo hacia la política tradicional, por necesidad, por puro instinto de supervivencia. No les dio un pronto, las razones de la indignación están sobradamente demostradas. La política, el ejercicio de la política, ha fallado y nada conseguirán imponiéndose por la fuerza sin enmendar uno solo de sus errores. El PP, lejos de rectificar, prepara un pucherazo con la reforma que se ha empecinado en aplicar en los ayuntamientos –como primer paso- para echar a los partidos que amenazan su permanencia en el poder. El colmo. Es insólito incluso plantearlo y que no hayan saltado ya todas las instituciones ante semejante cacicada. Claro que algunas igual están también algo contaminadas.

Y aún hablan de temor. A otra forma de hacer política. A las búsquedas de los ciudadanos para remediar una solución que para muchos es ya irresistible. ¿Por qué el miedo? ¿En qué son mejores que cualquier ciudadano? ¿en que velan mucho mejor por lo que les conviene a ellos mismos? No, es que sin duda, tu empleo lo gestiona mejor que tú Báñez, tu pensión y tus impuestos Montoro.  ¿Tu salud? ¿Puedes imaginar una persona en todo el país mejor que Mato para cuidar de ella? ¿Que Wert de la educación de las nuevas generaciones, futuro de España?  Y sigue imaginando a alguien a cargo de la Justicia para acabar con la corrupción que pueda hacer sombra siquiera a Gallardón. O a Soraya Sáenz de Santamaría para vigilar se cumpla el programa prometido. A Fernández Díaz para tus libertades, las libertades. Y sobre todo, a Rajoy. No encontraras nadie más preparado y más honesto que ellos, infinitamente más que tú mismo.

 Aristóteles llego a plantear una selección de cargos públicos por sorteo entre los ciudadanos, rotatorio, y con controles del resto. Cierto es que entre esos ciudadanos y dada la época, faltaban por ejemplo todas las mujeres, pero el planteamiento no deja de ser revelador en este momento. No sitúa ante una verdad desnuda. Llegados a este punto de rapiña y abuso, de alejamiento de la realidad sobre todo del grueso del clan, es difícil encontrar algo peor que lo que tenemos.

 ¿Miedo a los cambios? El miedo lo tienen ellos. Cuidémonos, sin embargo, de los zarpazos del poderoso atrincherado en lo que es una representación de la sociedad y ha convertido en su cortijo. Por lo que están demostrando no piensan ceder ni un milímetro.

El #pucherazoPP es un golpe de Estado, según Cospedal

Al menos, así calificó una reforma electoral, guiada, según ella, por similares intereses que los que alumbran ahora al PP.  Las referencias a sus palabras están bastante desaparecidas en youtube, esto es lo único que he encontrado. Sus palabras y sus mentiras posteriores, están clarísimas.

El PP de Rajoy sigue empecinado en hacer alcalde al candidato de la lista más votada, con el 40% de los votos y primando el resto, probablemente con un bonus de concejales que nadie ha elegido. Lo explicaron muy claro, esta cacicada es para echar a partidos hoy pequeños que pueden estropearles el  tinglado. Y mucho se juegan cuando están apostando tan fuerte. Es decir, hacen una ley en su propio provecho como partido. Es tan osado y descarado que cuesta creerlo.

El pucherazo les beneficiaría y lograrían más alcaldías. Conseguirían también que no se destaparan las miserias que, con seguridad, guardan las alcaldías largamente dirigidas por el PP como Madrid o Valencia.

Nosotros también nos jugamos mucho: la democracia. Si esto sale adelante, este país se ha acabado. Porque aún late en algunos rincones que quieren acallar.

El catedrático de derecho constitucional Javier Pérez Royo escribe hoy en El País una tribuna titulada: Basta ya. Entresaco la idea fuerza aunque es imprescindible leer lo que antecede:

“En mi opinión, el asunto tiene tal gravedad que exigiría que los partidos de la oposición se negaran a participar en el simulacro de negociación que está ofertando el Gobierno. Los partidos deberían anunciar que renuncian a participar en la tramitación parlamentaria de la reforma. Rechazo frontal al proyecto o proposición de ley en el momento en que se deposite en el Registro del Congreso. Y nada más. Ni presentación de enmiendas, ni participación en el debate en comisión y en pleno, así como en la votación. Los partidos de la oposición no deben dar cobertura parlamentaria a lo que es una quiebra del consenso constitucional.

Lo que está en juego es la expresión del principio de legitimación democrática del poder, que se pretende alterar por primera vez desde la recuperación de la democracia tras la muerte del general Franco. Es un momento para decir BASTA YA”.

Parece que Cospedal no andaba tan descaminada.

Podemos, un impacto en aguas estancadas

Estanque Parque de la Fuente del Berro, Madrid

Estanque Parque de la Fuente del Berro, Madrid

El éxito electoral de Podemos parece haber caído sobre un estanque de aguas encharcadas y no precisamente limpias. Cuando la corriente fluye, cualquier incursión en el cauce –una piedra, una rama– apenas se percibe. En la quietud, en cambio, supone una auténtica convulsión, la superficie se agita en círculos desplazando lo que era estático. Ese efecto, ocasionado por Podemos, revela la grave anomalía que vivimos en España. Ha sido el catalizador de una política podrida y hedionda, la sociedad que la sustenta –o la sufre–, y los medios que la amparan –o la critican–. En todo caso, no es normal en un país equilibrado que un partido nuevo –con cinco europarlamentarios– produzca semejante cataclismo. Indica una preocupante disfunción.

Circulos expansivos que empujan lo aposentado, lo largamente acumulado, a otra ubicación. Primero fue la Corona, la Jefatura del Estado. Había razones, pero el apresurado relevo de Juan Carlos se precipitó en parte por el resultado electoral que preveía más turbulencias.

Estanque Parque de la Fuente del Berro, Madrid

Estanque Parque de la Fuente del Berro, Madrid

Izquierda Unida se encuentra en plena zozobra. Dado que el PSOE no recogía electoralmente el malestar por la política practicada por el PP, las miradas se volvieron a IU. Un momento único porque pocas veces como ahora un gobierno ha trabajado tan intensamente en la  demolición del Estado del Bienestar, de lo público, y del propio sistema social en el que vivíamos. Y, aunque subieron en votos, no fueron los depositarios del descontento y de las esperanzas de la sociedad como sí ocurrió con Podemos.

Otro detonante, la sicav para las pensiones de los parlamentarios europeos –revelada por Infolibre–, se lleva a Willy Meyer que, con todo, no deja de ser el participe más digno. Y las aguas se agitan ya de forma imparable. Cayo Lara es cuestionado como coordinador federal –o aflora lo que era una realidad– y se propone la alternativa del joven economista Alberto Garzón. No será fácil. IU tiene su propia parcela en el cenagal del fondo, pero sería saludable para el país que una corriente renovadora –siempre es una corriente, fluida– lograra limpiarlo.

En el PSOE el impacto ha sido devastador. Alfredo Pérez Rubalcaba que -pese a la caída en picado de las expectativas electorales- permaneció en la dirección para cumplir grandes servicios a la España del PP como el apoyo a la monarquía hereditaria y el no a toda consulta popular, decide irse hasta de la política. Entre sentidos lamentos del gobierno que veía en él un fiel aliado en “asuntos de Estado”.

El PSOE que queda es otro fangal que apenas deja vislumbrar el fondo. El aparato, la empresa, las redes clientelares que se sustentan a su calor, la delfina de ese entramado que espera su turno, tienen un claro candidato: Pedro Sánchez, el mismo que toda la derecha mediática incluido quienes no lo son para algunos ingenuos: El País o el debate de los sábados por la noche de la Sexta.

Y no están dispuestos a que nadie alborote sus aguas no vaya a ser que las limpien y alguien pierda su puesto. Y porque igual, la empresa, no pasa por sus mejores momentos, como buena parte de los partidos tan dependientes de créditos bancarios. Con Pérez Tapias, como honesta vieja guardia de la izquierda y menores apoyos, el adversario es Eduardo Madina. Quien merecería un margen de confianza solo por las cuchilladas amigas que debe estar sufriendo en su intento. El problema es que el PSOE perdió con el equipo de Zapatero toda la confianza de sus votantes más críticos y, aunque tarde, Madina formó parte de él. Como todos los demás, realmente. Tampoco es fácil empezar de cero. Las aguas se agitan de todos modos, el monstruo del pantano está vivo, ya nada puede seguir igual. Salvo que quieran hundirse más en esa política de la que huye la sociedad.

 Ada Colau irrumpe con la plataforma Guanyem para optar al ayuntamiento de Barcelona. Una decisión meditada, trabajada, y una forma de hacer política desde la sociedad, en paralelo a Podemos. Madrid se mueve para las municipales en opciones similares. Equo parece estar en la idea de la unión de fuerzas progresistas. Algo se ha movido y mucho, aunque de forma desproporcionada a lo que de verdad es la irrupción de un partido nuevo.

 La superficie vibra pero ¿y el fondo? Allí tenemos a un ministro de Hacienda que elude impuestos en una sicav de un paraíso fiscal y semejante inmundicia ética no conlleva su abandono del cargo, no aflora para producir reacciones. Ninguna de las que con tanto ahínco y tanta impunidad fabrica el PP. Desde la ministra de sanidad a la de empleo, pasando por los titulares de justicia, interior o educación; desde su secretaria general al presidente de un partido con Caja B y sobresueldos. El mismo que dirige un gobierno con tintes autoritarios y represivos de tal magnitud que, como en el caso, de la persecución de personas que ejercen su derecho a la huelga recuerda las etapas más negras de nuestra historia. Y ahí siguen tan campantes en las aguas ocultas.

 Y allí están también todos los elementos de esta sociedad clasista de Villa y Corte renacida, donde las altas magistraturas judiciales impugnan imputaciones de infantas negándose en redondo a que haya juicio. Donde se reverencia con genuflexión incluida a la Iglesia católica, y siempre al poder financiero. A ellos no ha llegado aún la onda de las convulsiones, ni tampoco a los grandes medios de comunicación, o al sector de la sociedad que siempre traga. Pero el movimiento causado por un solo impacto, indica que ya difícilmente sobrevivirá todo tal cuál lo tienen, salvo que la ciénaga acabe por engullir hasta las piedras que encuentre como obstáculo.

 Solo las sociedades dinámicas generan proyectos, ilusiones, vida. Con la savia que los movimientos sociales organizados representan ha entrado agua que fluye en el remanso de aguas muertas.  Se precisa más, desde distintas fuentes. España necesita un torrente para limpiar bien tanta mugre.

*Publicado en eldiario.es

El empacho monárquico

Es como si, tras darse un auténtico atracón en la fiesta, las sobras siguieran en la nevera prestas a saltar en cuanto entreabramos la puerta. Es tal la abundancia, que se desparrama el merengue revenido sobre la pizza de anchoas seca y los chorretones de miel se deslizan por los bordes de los yogures (caducados, naturalmente). Todo está pringado. Hasta en el cajón de las lechugas se ha colado el sirope de bote. Un cierto olor a vinagre y ácido. Dios, qué empacho.

Han terminado las clases en los colegios. Un tercio de los niños españoles pasan hambre y allí tenían algo que comer. Da mala imagen mantenerlos abiertos dicen los gestores del asunto, casi todos del PP. El asunto es la educación. Y el nivel de vida consecuente con el trabajo devaluado, con los recortes y repagos que aumentan el problema. ¿Y la sanidad? ¿Qué ángeles de la muerte cruzaron nuestra tierra para haberla así arrasado? ¿Y la democracia? ¿Qué ha pasado con ella que no se puede ni disentir del autoritarismo? ¿Qué desaprensivos nos trajeron esta peste y ahora miran para otro lado?

Reina la felicidad en la casa de quienes dirigen el emplasto. Reina la hipocresía en los medios. La búsqueda de la mejor hamaca para arrimarse al sol que hoy más calienta. La irrealidad que interesadamente atesoran. Reina la contradicción inmensa. Teórica, la verdad casi siempre es una.

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Como una losa pesa en nuestros estómagos la tralla orgánica convertida ya en empacho. Hay gente con dolor y muerte que sufre mucho, no podemos quejarnos, pero esas toneladas de mugre con guindas de colores impiden moverse con soltura.  Cuánta tristeza nos han escupido con tanta involución. Habrá que remontar una vez más. Como el salmón. Quitándose de encima la nata ácida, el bizcocho revenido, la crema agria, nos haremos paso otra vez si acaso. A ver si nos quedan fuerzas.

Adolfo Suárez, fin de trayecto para un superviviente

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Adolfo Suárez fue un superviviente, un luchador contra la adversidad que un día se cansó y borró todo recuerdo. Las dificultades que afrontó, las traiciones incluso, fueron numerosas y de envergadura. Grandes triunfos ahogados de sinsabores. Y una obra que deja huella.

Una vida adulta que se inicia haciéndose cargo de su madre y sus cuatro hermanos, cuando el padre les abandona y huye de Ávila donde reside la familia por un escándalo económico. Adolfo ejerció todo tipo de profesiones, mientras estudiaba. Como vender lavadoras a domicilio hasta licenciarse en derecho acudiendo a la Facultad poco más que a examinarse. Su entrada en política, en busca de mayores horizontes, se produce de la mano de Herrero Tejedor –falangista y del Opus Dei-. Recorre todo el escalafón. Le ayuda tener una gran capacidad de liderazgo, audacia, enorme encanto personal y saber estar en el lugar oportuno en el momento preciso.

Conocer, en 1968, a los príncipes Juan Carlos y Sofía ya como –recién nombrado- gobernador de Segovia cambiaría su vida. El joven Borbón estudia su estrategia para afianzarse cuando muera el dictador, y ésa pasa por la democratización de España. Suárez es la persona idónea. Escucha a los demás, sabe negociar e integrar puntos de vista diversos y sigue tirando hacia delante para resolver su futuro, ahora ya viendo más claras sus perspectivas. Tiene un nuevo valedor en la sombra, Torcuato Fernández Miranda, probablemente el ideólogo de la Transición.

Muerto Franco circula una terna para sustituir al triste Carlos Arias Navarro, empecinado en sus espíritus “asociativos” por toda libertad y un 3 de Julio de 1976 el Rey nos sorprende con el nombramiento de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno. Es entonces Ministro Secretario General del Movimiento, el peor aval para los demócratas. El Movimiento anquilosador y tenebroso era lo que menos queríamos. Pero Suárez sueña con otros mimbres: “Que los gobiernos del futuro sean resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles“. El líder del PCE, Santiago Carrillo, me comentaría en un reportaje: “Ese discurso no era el discurso de un fascista, era el discurso de un demócrata europeo como podía haber muchos en Europa“. No, no era el de un fascista.

Aunque no lo percibiéramos con toda nitidez, ni fuera suficiente, había dado ya sólidas pistas en su etapa como Director General de RTVE. Su talante aperturista y sus habilidades políticas supusieron un cierto oasis de libertad. Incluso se prolonga, con insólitos nombramientos que él propicia ya como presidente del Gobierno, justo hasta la llegada de Calvo Sotelo que desmonta aquella primavera. El periodismo es esencial en el proyecto.

La Transición no salió bien, se negoció bajo la bota de los vencedores de la guerra. Pagamos aún los errores de ese desequilibrio. Pero el tiempo demostró que la eficacia y valentía de Adolfo Suárez no tienen parangón. Se aplicó a la tarea con la misma entrega que en toda su trayectoria, luchando contracorriente. Achicando agua cuando se le hacía un boquete y siguiendo adelante.

Tenía 43 años al acceder al cargo en 1976. 11 meses más tarde, el 15 de Junio de 1977, se celebran ya las primeras elecciones democráticas. El gobierno Suárez reedificó con resolución absoluta todo el entramado de las instituciones democráticas. Con tesón y astucia, -y no sin dura oposición- logra que las Cortes franquistas aprueben la Ley para la Reforma Política que implica el fin del régimen. El hondo suspiro en la grada del Congreso, al final de la votación, ha quedado para la historia. Ha comenzado la siempre inacabada tarea de desmontar el franquismo.

Y sigue resoluto con las medidas elementales. Con el “puedo prometer y prometo” que cumplía. Amnistía a los presos políticos, supresión del Tribunal de Orden Público para delitos de opinión y manifestación o legalización de partidos políticos. Sucede lo que parecía impensable poco antes: se legaliza el PCE. Y en un país sacudido por el terrorismo de todo signo –desde ETA a la ultraderecha- donde hubo semanas con asesinatos cada dos días.

España ha vuelto a ser, formalmente, una democracia. Las reformas avanzan. Pactos económicos y sociales, ley de divorcio. Pero, como suele suceder con los regímenes autoritarios, el franquismo había dejado una herencia económica lamentable y un país muy atrasado en su desarrollo. Y a ella se suman las secuelas de la Crisis del Petróleo del 73. Hay una inflación del 30% y son necesarias dos devaluaciones de la peseta –la moneda en vigor entonces-. Se terminará por negociar y firmar los Pactos de la Moncloa, un salvavidas para momentos tan críticos. El intenso déficit democrático de la sociedad, absolutamente anulado durante varias décadas, tardó más en reconstruirse. De hecho, aún se duele de carencias en algunos sectores.

Suárez gobernó siempre en minoría. Quienes se habían aprovechado de su liderazgo, le ponían la zancadilla. Muchos le traicionaron. Tuvo que afrontar una cuestión de confianza en el parlamento de su propio partido y una moción de censura de los socialistas, que hicieron una férrea oposición.

El 27 de Enero de 1981, menos de un mes antes del golpe de Estado de Tejero, Adolfo Suárez presenta la dimisión. Palabras enigmáticas que para muchos aluden a fuertes presiones de los poderes fácticos: “Hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permanecido en su puesto o renunciando a él. (…) “He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.”

El día de su relevo, el 23F, dio una imagen de gran dignidad y coraje al permanecer sentado en su escaño frente a los órdenes –a punta de pistola- del golpista Tejero.

La vida le trató duramente, también en lo personal, al arrebatarle a su mujer y a una hija, víctimas del cáncer. De la política, se fue amargado. Hoy muchos de quienes le traicionaron le portan en sus banderas. Nada más injusto y miserable. La deriva política de este país que, tras tan larga carencia, se rindió de amor ante la democracia, también ha sido engañada y violentada. Y es ahora, y ya desde hace algún tiempo, cuando la figura de Adolfo Suárez se agranda, aunque entonces nos pudiera parecer mentira. Él cumplió con su cometido. España avanzó en materias fundamentales.

Cabe pensar si no hizo otra cosa que remontar la corriente, sorteando obstáculos, porque no podía hacer otra cosa. Y porque la libertad y la democracia sí anidaban como meta de corazón. Su memoria rota es el mejor símbolo de esta España que erró y yerra tantos pasos y que nunca parece terminar de encontrar su camino. Hasta su agonía la han convertido en circo de consumo. El recio superviviente se apeó un día de la carrera en la estación del olvido y hoy se ha ido. A su lugar en la Historia. En la escueta esquina que este país reserva a la dignidad de sus dirigentes.

 *Publicado en eldiario.es, junto con otros artículos de interés que os recomiendo, en su cobertura de la muerte del ex presidente del gobierno.

Despidiendo a Rouco

“Hay individuos y grupos sin escrúpulo alguno, que desprecian el valor de la vida humana y su carácter inviolable, subordinándolo a la obtención de sus intereses económicos, sociales y políticos”, dijo Antonio María Rouco Varela en su despedida –obligada- como presidente de la Conferencia Episcopal. Lo sabe bien. Toda su gestión ha sido un desprecio de la vida humana, en unión de individuos y grupos que –como él- todo lo subordinan a la obtención de sus intereses económicos, sociales y políticos.

Rouco

Jamás se le ha visto u oído al lado de los más débiles. De los hambrientos, desahuciados de sus casas, empobrecidos por las políticas de esos individuos o grupos a los que él defiende. Solo se ha movido –y mucho- por perpetuar la ideología política más ultraconservadora  y el catolicismo más integrista. Se ha metido en las camas, cuerpos y cerebros de quién le ha parecido, salvo en los abusos de la pederastia de sus sacerdotes. Ni una palabra sobre la corrupción de individuos y grupos sin escrúpulos a quienes tan bien conoce. Y así hasta el final. “Volvió a mostrar su aprecio por las virtudes teologales que se llevaban en el siglo XIX, por citar una fecha reciente”, dice José María Izquierdo.

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Rouco Varela amparó que desde la COPE, la emisora de los obispos, se difundiera y alentara la teoría de la conspiración del 11M, inventada por El Mundo de Pedro J. Ramírez. Destrozó la vida de muchas personas. En algunos casos literalmente. Y aún tiene el valor de dar lecciones y aún tiene el valor el gobierno de encomendarle ese funeral.  Bien pensado no es extraño: son iguales. Del mismo grupo.

“Le escuchaba atentamente la crème del Gobierno: Santamaría, Gallardón y una Cospedal que acababa de hacer las siguientes declaraciones: “Ha habido una sentencia, pero con todo y con eso… toda la luz que se pueda arrojar sobre este acontecimiento será bienvenida”. ¿Impresentable? Pues espere a escuchar lo que había dicho unas horas antes Ignacio González, el del ático, sin inmutarse: “Lo importante es saber quién hizo aquel atentado tan salvaje”, escribe Javier Pérez de Albéniz. La crème de la créme, sí.

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Una España de sotana e incienso, de púrpura y velatorio. De reyes. Hasta mal avenidos que aguantan el tipo por interés. De autoridades enlutadas capaces de jugar con la vida y los sentimientos de las personas como hicieron el 11M de 2004 y darse golpes en el pecho 10 años después. O seguir sembrando basura como acabamos de ver. Un funeral de Estado. Una misa poblada de polillas que es lo único que dan a las víctimas en busca de consuelo. Ésa es la España de Rouco. La que elige a un presidente de obispos ambicioso y maniobrero hasta el último de sus días en el puesto. Cómo serán sus electores.

O la que de entre todo el empresariado español, opta por los Díaz Ferrán o Arturo Fernández que manipulan empresas o estafan a sus trabajadores. Cómo serán quienes les votan.

Juan Tortosa le dedica diez admoniciones a Rouco en “este deseado y gozoso día de su jubilación”. Las que siempre debió recordar… Así empieza, y luego sigue

1. La iglesia no debe patrocinar ninguna forma ni ideología política, y si alguien utiliza su nombre para cubrir sus banderías, está usurpándolo manifiestamente.

2. No pertenece a la misión de la iglesia presentar opciones o soluciones concretas de gobierno en los campos temporales de las ciencias sociales, económicas o políticas.

3. La fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con ninguna de ellas.

4. La iglesia nunca debe determinar qué autoridades han de gobernarnos.

5. Hay que exigir a todos los gobernantes que trabajen al servicio de la comunidad entera, que protejan y promuevan el ejercicio de la adecuada libertad de todos y la necesaria participación común en los problemas comunes y en las decisiones de gobierno.

“Adiós, monseñor y, como dicen en mi pueblo, tanta paz lleve como descanso deja”, concluye Tortosa.

“Tenemos el gusto de decirle, alto y claro, vaya con Dios, don Antonio María Rouco. Vaya, vaya…”, apostilla Izquierdo.

Yo no paro de recordar a Machado estos días: “Aquel trueno, vestido de nazareno”.  ¿Esta España del incienso tapa olores es la que nos representa? Es que esto ya lo contamos por siglos y ya vale ¿no?

 

Manual para mirarse al espejo

No tendríamos consciencia de nosotros, al menos de nuestro aspecto físico, a no ser por los espejos. Desde el comienzo de los tiempos el ser humano buscó mirarse para poder verse, como lograba hacer con los otros.

El espejo se ha desarrollado mucho, claro. Al infinito. Existe tal variedad que se diría pasamos por la vida observando la realidad a través de reflejos. Y que posiblemente los marcos condicionan en gran medida lo que creemos ver.

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Ex presidentes del gobierno andan estos días –como ya hablamos- mostrando su visión de sí mismos. La suya, la subjetiva. En algún caso –quizás en todos- con tales omisiones y deformaciones que tienen poco que ver con lo que pasó y los demás vivimos.

La idea que Rajoy  y su gobierno tienen –o dicen tener- de España, su gestión y la crisis roza el surrealismo. En el caso del ministro Cristóbal Montoro, la enajenación mental o la evidencia del consumo de alguna sustancia que altera por completo las percepciones por las grandes dosis de euforia que despliega. Eso o nos está tomando el pelo. Más.

En la conferencia del PSOE contemplamos similar dosis de irrealidad. Al menos en sus principales responsables hoy. Se ven guapos, dispuestos, responsables, racionales, mientras la sociedad les contempla decrépitos y en tremendo declive. Ellos solo miran los espejos del circuito cerrado en el que se mueven y los cristales ya han interiorizado el moho. Como no entre aire fresco -así como un huracán- criarán telarañas. Más.

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La izquierda anda revuelta. Hay gente que lanza piedras al lago y enturbia el agua para poder mirarse. Se ponen nerviosos. A estas alturas, lo mejor es adquirir un espejo de calidad, y con varios aumentos para detectar imperfecciones y corregirlas.

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Todos los partidos, al parecer, prohíben airear defectos a sus militantes. Leed hasta el final la denuncia periodística. Lo peor es que algunos abducidos ven bien la censura. Lo defendían ayer en twitter. Su espejo ha ennegrecido.

Es humano –en sus aspectos menos racionales-  buscar la aprobación en los espejos. Imaginarse más atractivo, pero mirarse en esos cristales azogados que reflejan y no atraviesan exige criterio. Si son defectuosos marcarán el camino equivocado.

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Hay gente mucho más sensata y lógica. La madrastra de Blancanieves sabía de sobra al contemplarse que era más vieja que la princesita, lo que no debería implicar necesariamente que fuera más fea, pero no le hacía ninguna gracia desmerecer ante la lozanía de la joven. Lo malo de ella es cómo quería alterar la realidad con trampas. Coaccionando al espejito, vamos. Pero la madrastra bien que se veía sus arrugas, no se engañaba. Eso es lo último.

Conviene, como digo, un espejo de buena factura. Fiable. Limpiarlo con frecuencia. Alejarlo de humedades y agentes contaminantes. Y situarse ante él con las emociones templadas. Indagando en la sentencia real, sin paños calientes. Buscar la verdad sea cual sea.

Nada más patético que contemplar a un cuasimodo presumiendo de belleza y gallardía, cuando tras el espejo muestra sus miserias al aire, tan desnudas como un culo sin cubrir.

 

¿Sueños o despertares?

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“Cuando este diario habló por primera vez con Xabier Etxeberria, guipuzcoano de 47 años, en junio pasado, su lucha particular era conseguir que Osakidetza, el servicio público de salud vasco, le administrara el tratamiento que más posibilidades tenía de curar su hepatitis C, la llamada triple terapia. Un mes antes había reclamado por escrito porque consideraba que se le denegaba “por razones económicas”. Osakidetza contestó, y vino a darle la razón. Le decía que, como su hígado aún tenía un grado 2 de fibrosis, no se le podía administrar, puesto que el criterio consistía en tratar con triple terapia los casos más avanzados, de grado 3 y 4 —el 4 equivale a cirrosis—.

Etxeberria, monitor de enfermos psiquiátricos, casado y con tres hijos, cuenta esta semana desde su casa en Oiartzun que ya está recibiendo el caro (30.000 euros; dura entre seis y doce meses) tratamiento que aumenta la tasa de curación del 45% al 75%. ¿Buena noticia? En realidad, no. Lo que ocurre es que, mientras esperaba — “totalmente agotado, sin energía”, cuenta—, Etxeberria ha empeorado y su hígado ya tiene una fibrosis de grado 3. Ahora sí, Osakidetza financia su tratamiento”.

Así comienza un reportaje de El País sobre la preocupante situación que vivimos. Se están escatimando medicamentos caros para enfermedades reales. Todas las medidas van en el mismo sentido. El Gobierno ha establecido ya también el copago farmacéutico hospitalario para dolencias muy graves como el cáncer o el SIDA. Hace falta tener mucho cuajo para hacer eso, pero se tiene y ya está. No pasa mucha factura. Gasas y tiritas van a pasar de tener un IVA del 10% al 21%. Parece ser que obedece a algún mandato europeo –que estos siempre están para “ayudar”- pero el resultado es el mismo.

Me he quedado muy pensativa con la viñeta de El Roto tras leer estas cosas. Mi vocación es despertarlos, pero prefieren sueños. Tampoco están mal si son constructivos, si sientan las bases de algo mejor. Docentes y padres de Baleares ya han despertado, quizás porque soñaban con una educación que no sea torticera y reaccionaria. La marea blanca sanitaria sigue dando guerra y éxitos en Madrid, habiendo logrado parar de momento la privatización de hospitales en la que tan empecinado está el PP local. Y eso que Gallardón el ultra entre los ultras se ha mercado un Código Penal que castiga hasta los twits que hablan de manifestaciones. Los portugueses han mandado a galeras al partido del conservador Passos Coelho en las municipales. Aunque, según nos cuenta la prensa, están “creciendo” y van tan bien. Evidentemente no lo ciudadanos. Como aquí. O es que son francamente desagradecidos con los amos de la tijera.

Hay quien se empecina en no abrir los ojos. Alguien me ha dicho en Twitter sobre mi queja de la elevación del precio en gasas y tiritas que “de toda la vida” se hizo con trapos desinfectados en agua hirviendo y no pasaba nada. Lástima que la fibrosis hepática no le haya tocado a ese ser tan comprensivo con la bota en el cuello.

Yo me voy a inclinar también por un sueño esta hermosa mañana de otoño. Por este sueño que esbozó Rafael Alberti.

Carta abierta al 24,5% de los españoles que aún sigue apoyando al PP con posdata para el resto

Está Vd. entre los 8.112.582 de personas que, según una encuesta de Metroscopia, votarían de nuevo al PP allá donde se les convoque. Representan Vds. el 24,5% de los ciudadanos con derecho a sufragio y el 17,2% de los residentes en España. Apenas 6 puntos más de electores otorgaron la mayoría absoluta a Mariano Rajoy, el 30,2%. La primera cuestión es saber si esos porcentajes le parecen democráticamente significativos para respaldar un cambio del modelo de Estado como el que se está dando en nuestro país. Pero hay muchas más que le planteo siempre que no sea beneficiario del sistema creado. Es decir, marido, mujer, hijo, primo, tío, amigo, vecino, chofer, o simple siervo clientelar del PP. No es previsible que ese grupo alcance ni al millón de personas, así que todavía se encuentra Vd. en un sector muy amplio cuyas motivaciones nos interesan.

¿Qué piensa cuando asiste a diario al rosario de robos de dinero público a gran escala que muestran las investigaciones judiciales y periodísticas? Ya sé que me dirá el consabido “todos lo hacen” pero ¿de verdad cree que son lo mismo de “iguales” todos o que no es punible un solo euro sustraído por parte de quien sea? Más aún ¿Vd. apoyaría a quienes atracan su propia casa? ¿Estima que un país puede funcionar con gente que, como Vd., avala la corrupción?

Nos gustaría saber también cómo se le queda el cuerpo al conocer que con el dinero de todos –el presupuesto del PP procede en un 95% de subvenciones públicas- sus favoritos se están llevando impresionantes sobresueldos, “indemnizaciones” y “becas” de alojamiento. Hasta un millón de euros más ha cobrado el propio Mariano Rajoy solo en un quinquenio, según las propias cuentas del partido presentadas al juez Ruz, y así buena parte del staff y durante años. ¿Sabe cómo se nos queda a la gente decente conocer estos datos? ¿Le importa algo?

¿Le da igual que le mientan? Porque Vd. sabe que nos han mentido a todos y reiteradamente. A la mayoría no nos da igual. ¿Confía en sus afirmaciones actuales que anuncian futuros prósperos? ¿En qué basa su confianza a la vista de la trayectoria?

Imagino que no ignora cómo ha crecido la desigualdad social en nuestro país. Estamos a la cabeza de Europa en esa progresión desde el inicio de la crisis. Y debe conocer que ya hay muchos niños que solo comen lo que les dan en el colegio. Una comida al día. No desayunan, ni cenan. Y que se están habilitando soluciones individuales para que durante las vacaciones la caridad les nutra al menos con esa ración mínima: una vez al día. O que han aumentado escandalosamente los juicios de faltas por hurto de comida. ¿Que siempre ha habido ricos y pobres? ¿Tanto? ¿De nuevo? ¿Se le ha ocurrido relacionar esta amarga realidad con las respuestas a las preguntas precedentes?

Es interesante que nos cuente qué le parece que haya gente que no paga apenas impuestos, que evade capitales mientras los demás cotizamos escrupulosamente, y que se les haya regalado, encima, una amnistía fiscal. La secretaría general del PP en su día consideraba una barbaridad algo similar.

¿Tampoco le importa que con el repago farmacéutico y la reducción de servicios de salud pública haya seres humanos que ya no siguen en la medida necesaria sus tratamientos médicos?  ¿Sabe que es por su culpa? ¿Es Vd. votante en Madrid? ¿Qué sensación le causa que empresas especulativas extranjeras estén pujando por nuestros hospitales como en una subasta? ¿Tampoco eso le mueve un músculo?

¿Y qué miles de familias pierdan sus casas por impago de créditos mientras se subvenciona con dinero público a los bancos? ¿Y que Europa pida también la dación en pago y el PP, al que Vd. apoya, se niegue?

¿Sabe que el PP ha creado en su mandato un millón de nuevos parados? ¿Que en las positivas cifras de empleo registrado de Mayo hay gente que figura 4 veces porque solo tiene un contrato de un día a la semana? ¿Y que el otoño se llevará los contratos estacionales? ¿Le parece que una reforma laboral que facilita el despido y la bajada de salarios es la solución? ¿Qué solución? ¿No recuerda lo que nos dijo la hoy Vicepresidenta de todo con otra mucho más tibia?

Cuando el partido que Vd. vota le dice que estamos “en el buen camino” ¿se ha preguntado en qué dirección va ese camino? ¿Qué modelo de país se ha previsto cercenando la investigación y devaluando sueldos o echando a la gente más valiosa hacia la emigración. ¿Eurovegas? ¿Conoce por cierto que el proyecto está parado acosado fuera de España por sospechas de corrupción?

Sabemos que Vd. es sobre todo una persona a quien le gustan las cosas “como dios manda”. Y parece ser que ese dios manda que la iglesia católica imponga sus normas en la justicia y en la educación de este país, que nos las imponga a todos. ¿Le compensa eso del desastre económico que nos aflige? ¿En qué dios cree que, según le dicen, propicia todas estas atrocidades?

¿Quiere Vd. para sus hijos una educación de asalariados precarios o la emigración?

¿Se ha enterado que la nueva Ley de Costas permite construir al lado del mar y que eso inflará de nuevo la burbuja inmobiliaria creada por José María Aznar y Rodrigo Rato –causa fundamental de nuestra crisis particular-  y puede alejar el turismo que es casi lo único que nos queda? ¿Tiene noticia de que también quieren acabar con los parques naturales para dedicarlos al lucro especulativo?

¿Se ha planteado que igual sus tertulianos gurús también le están mintiendo porque actúan más como propagandistas del PP (del cupo beneficiarios) que como periodistas o analistas? ¿No ha notado Vd. nada raro?

Sabemos que, si no vota al PP, no sabe a quién votar. Les ocurre algo parecido  a los 7.119.387 (el 21,5% del electorado) que también mantienen su apoyo al PSOE. A ese que suscribe pactos para secundar las políticas del PP y que espera que Vd. por ejemplo termine votándoles a ellos. ¿Ha pensado que hay otras soluciones?

Tampoco ignoramos que a Vd. le da miedo “lo difícil” ¿es más fácil sobrellevar los recortes actuales y futuros?

¿Cree que a la larga esto se arreglará por este camino? ¿Ha mirado cómo les va a los ciudadanos de Grecia y Portugal? Si “cree” que nosotros somos “diferentes”, debería revisar la diferencia entre considerar cierto lo que no se ve y valorar la razón y los datos. Debería por fin enterarse de que los Reyes Magos y Santa Claus son los papás.

¿A Vd. le importa lo que le pase a la sociedad o solo a Vd. y su familia? En el segundo de los casos ¿Qué hace en un comunidad constituida en lugar de vivir en una isla para Vds.  solos? ¿Sabe que hay personas que se están jugando la vida por ayudarle? ¿Conoce por ejemplo lo que está haciendo -y lo que le cuesta- a Hervé Falciani?

Posdata para el resto de los españoles no adictos a PP y actual PSOE:

Dado que somos mayoría ¿Es lógico lo que nos está ocurriendo? ¿Qué mecanismos lograrían acabar con este insostenible desvarío?

Buscando desesperadamente soluciones a una política terminal

Todo lo que está vivo se mueve hoy. Existen numerosos grupos formando plataformas –con o sin partido adjunto- para activarse en política y poner remedio al caos que vivimos. Imaginemos que en la mayoría es ésa la intención. Los únicos que no parecen enterarse en toda su profundidad de lo que sucede son las grandes formaciones tradicionales, pese a que ellas también registran sacudidas, en algunos casos se diría que solo son estertores. Todo empieza a recordar a la Transición aunque en circunstancias tan distintas que no cabe aplicar ni los mismos métodos, ni siquiera la denominación.

Más de setenta candidaturas se presentaron a las elecciones del 15 de Junio de 1977, las primeras en 41 años desde las celebradas en la República. De ellas obtuvieron representación 12 y apenas la mitad consiguió capacidad de maniobra. La crisis, tan desastrosamente conducida por la UE -junto a las peculiaridades de España-, ha puesto en cuestión la política tal como la hemos conocido, al punto de pensar que “No nos representan”. El 15M decantó ese sentimiento, esa razón.

Europa muestra similar rechazo, revitalizando fascismos o buscando salidas aglutinadoras de la izquierda social como la Syriza griega. “No mojarse” y no tener peso ni programa lleva al batacazo en la siguiente confrontación electoral como le ha sucedido al grupo de Beppe Grillo en Italia. Se busca efectividad. El momento es crítico.

En nuestro país, el PP en el poder, con mayoría absoluta, dominando las políticas locales y mayoritario también en el Parlamento europeo, muestra  una descomposición que no se correspondería con su éxito electoral. En su vieja escuela, el PP es capaz de acuchillarse por las esquinas sin perder la expresión imperturbable pero asiste a un desgaste de votos y hasta el menos avispado sabe que no le esperan futuros muy halagüeños. Las maniobras para desplazar a Mariano Rajoy tienden a derechizar más aún si cabe el partido. Todavía es posible lograr mayor involución y despropósito.

El PSOE, en caída libre, anda sumido en el desconcierto. Paga sus múltiples errores, pasados y actuales. Tampoco se entera de lo que piensa la sociedad, confía en los habituales desgastes del contrario, y anda viendo quién “gusta más” al personal, según las encuestas. La lentitud con la que adopta sus cambios, logra quemar candidatos antes casi de que hayan abierto la boca.

UPyD se beneficia del  supuesto fin del bipartidismo (aún por ver de forma inmediata), comandando por una socialista que vio frustradas sus ansias de poder en un gran partido y apoyada por una amalgama en la que solo parece existir de argamasa el populismo y el ultranacionalismo español. Sus expectativas de voto no apuntan a mayoría.

IU presenta signos de reactivación notable, a través de figuras emergentes y no contaminadas. Y se mueve, dice, para abrirse a la sociedad. En espera de si esa tendencia se confirma, tampoco despierta ahora masivas intenciones de voto, aunque hayan crecido. Como al resto de las formaciones, les afecta el desencanto social hacia la política.

A EQUO menos como partido nuevo. En progresivo despegue, le resta potencia la ley D´Hontd y la rigidez de las normas electorales en su aplicación mediática a través de  “cupos” que restringe su voz.

Los nacionalismos están siendo igualmente un hervidero. En realidad, toda España lo es, se multiplican las conversaciones. Eso sí recuerda a la Transición como vemos. Entre otras muchas, nos presentan una plataforma - Foro +Democracia- que une a los ex ministros Jordi Sevilla (PSOE) y Josep Piqué (PP). Y en la que se encuentran gente tan dispar como la filósofa Adela Cortina y el periodista José Antonio Zarzalejos. Reúne a casi 150 intelectuales, exdirigentes políticos  o profesionales como Fernando Vallespín, José Antonio Gómez Yáñez o Manuel Villoria. Otra se articula en torno a los economistas ultraliberales de FEDEA con César Molina, y además Elisa de la Nuez y Luis Garicano. Nombres de mucho peso como Manuel Conthe, Fernando Savater, Ignacio Camuñas, Antonio Muñoz Molina, Andrés Trapiello o Santos Juliá son algunos de los primeros firmantes de su manifiesto “ Por una nueva ley de partidos”. Todos ellos buscan sobre todo una regeneración institucional.

Hay muchos más movimientos. Baltasar Garzón, Federico Mayor Zaragoza o Julio Anguita son buscados como tablas salvadoras y participan en conversaciones, aunque sin querer figurar en una candidatura. Al menos por el momento. Más que a nadie se persigue a Ada Colau como el ideal a conseguir. Ella declaró que no descarta la participación electoral… tras un proceso robusto. Muchos más nombres suenan en el baile, despertando los tradicionales resquemores tajantes de la izquierda: Si está éste, yo no estoy.

Entretanto al 15M le brotan grupúsculos al calor de su marca –y más que saldrán-, siendo la más jaleada por los medios la que apunta a un radicalismo… de derechas. Una oportunidad de los gerentes del sistema para mantener todo como está, en el bipartidismo. La mayoría de quienes han permanecido fieles al movimiento y trabajando en proyectos se decantan más por seguir cambiando la sociedad desde abajo. El proceso robusto al que se refiere Ada Colau.

Todos los proyectos elaboran estrategias, la mayoría bastante razonables, que chocan con elcómo llevarlas a cabo, cómo romper la inercia. De un lado, grandes sectores de la sociedad no quieren ni oír hablar de cualquier político que haya tenido algún papel en el desastre, por acción u omisión. Solo admiten un cambio drástico, otra política. Pero, sobre todo, existe una masa aletargada que parece esperar que escampe el temporal y hay muchos que con tal de que les den una solución mascada votarían lo que fuera, presente o futuro. Ahí es donde reside el obstáculo: saber de qué forma pueden motivarse unos y otros porque en ese punto está la llave del cambio democrático.

Un deterioro que provoca tanta búsqueda de alternativas es muy significativo. Indica que el actual sistema se encuentra en fase terminal. Algo está cambiando porque algo hay que hacer. Tampoco se dispone de tiempo ya para demoras, sino para trabajos simultáneos en todas las direcciones que sean efectivas. Se precisan cambios profundos. Y a eso se tiende. Sin consenso. Pero la ciudadanía y el momento vital son completamente diferentes a los de la Transición. Algo se mueve. Qué emerja. A ser posible, limpio y buscando el bien común.

*Publicado en eldiario.es

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