22M, el periodismo culpable

Foto: Rosa María Artal

Foto: Rosa María Artal

Estaban allí los más perceptibles: en y como un montículo con visión privilegiada. Los periodistas fueron testigos de las casi cuatro horas de Marchas por la Dignidad que confluían en Madrid. Los grandes medios internacionales han hablado profusamente de su magnitud –hasta dos millones de personas dan de cifra-, de sus motivaciones, de cómo se desarrolló todo. Aquí, tras la oportuna intervención de la policía –a tiempo para entrar en los telediarios, en todos-, se han destacado… los incidentes. A este nivel, por ejemplo:

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 Seamos serios, aunque con infinita ingenuidad creyéramos que estos se produjeron espontáneamente, la autoridad competente nos habla hoy de 9 jóvenes detenidos con antecedentes por extremismo.  De los 23 detenidos por diferentes causas, los que destaca el gobierno son esos 9 superdotados jóvenes que –al parecer-  causaron heridas a 67 policías. Supermanes maléficos frente a indefensos defensores del orden.

Con varios tripis en el cuerpo una individua firma en ABC este denigrante episodio del periodismo ficción que avala su director. En donde contemplamos que pese a que los “antisistema” son, según ella, un millar, la policía solo detiene a 23. Claro, pobres, tan apaleados andaban que no daban pie con bolo.  Una vergüenza para la profesión. Para inhabilitarles a ambos, a la tal Tatiana y a Bieito, el director. Y en cambio, éste es colaborador fijo de los Desayunos de la televisión pública.

¿Dónde están esos periodistas que lo vieron todo? ¿Escribiendo para La Razón, ABC, El Mundo… o El País que tituló por la noches así?

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El subrayado y el comentario es de un periodista que capturó la pantalla y lo difundió en twitter.

Rectificó después pero luego en portada se impuso la versión… de la policía del PP

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La periodista Olga Rodríguez leyó parte del manifiesto. Hoy escribe en eldiario.es su sensación del conjunto. Todo el texto aquí. Pero quiero destacar algunas frases:

“Lo que están reivindicando son derechos fundamentales y el empoderamiento de la gente que se ha quedado sin lugar en esta sociedad. De eso se habló ayer en las marchas.

Se pidió trabajo y techo, el pan y las rosas, el derecho a decidir de todos, la unidad de la gente afectada por esto que algunos llaman crisis, y una democracia real, con una economía al servicio de las personas.

Hubo emoción, poesía, música y mucha dignidad. “Esto ha sido un éxito, tenemos que repetirlo de vez en cuando”, decía un representante de uno de los colectivos organizadores”.

Algo se tuerce entonces, mientras se canta el Coro de esclavos de Nabucco y el Canto a la Libertad de Labordeta (la música con Para la libertad de Serrat o Al Alba de Aute nos ha transportada a tiempos negros y ahora casi se apaga por el sonido de los helicópteros policiales), pero el acto se desarrolla en ambiente pacífico y hasta festivo. Y, sin embargo, como dice Olga Rodríguez:

“Los agentes irrumpieron en la concentración, avanzaron hasta la mitad de la plaza y ahuyentaron a parte de los manifestantes. Visto desde lo alto, su intervención se asemejó a la entrada de una mancha oscura, debido al color de sus uniformes, que fue apagando el ambiente colorido creado por las camisetas y chalecos reflectantes de muchos participantes en las marchas.

La Solfónica dejó de cantar, la gente levantó las manos, los integrantes del coro alzaron sus violines y partituras y todos corearon al unísono: “Estas son nuestras armas, estas son nuestras armas”. De fondo, se escuchaban los disparos de las pelotas de goma de la policía. La manifestación tenía permiso hasta las nueve de la noche, pero los agentes no quisieron esperar a que terminara para provocar su disolución”.

Sin prensa, con manipulación, no puede existir una sociedad libre. En tiempos de gobiernos autoritarios cuesta más, pero lo hicimos y lo hacemos. Informar. Desde medios digitales como eldiario.es en donde me honro en colaborar hacemos lo que podemos. Es preciso volcarse aún más. Porque, como dice Olga y comparto:

“En algunas portadas de los diarios de este domingo las Marchas de la Dignidad aparecen recortadas, estigmatizadas o ninguneadas. Mientras, una muerte que aún no se ha producido ha acaparado más atención que las marchas.

El discurso dominante se muestra más preocupado por la restricción del uso del coche en día de manifestación que por los seis millones de parados y los tres millones de niños en riesgo de pobreza. Importan más las marquesinas y los contenedores de las calles que el medio millón de desahucios y las personas amenazadas con perder su casa. El periodismo lleva una extraña deriva”.

Un experimento: Puta, hijo de puta, coño, sexo y caca

Muchos periodistas nos venimos preguntando qué es necesario escribir para tener “éxito”. Y no se trata de una vanidad, el “éxito” consiste en algo tan simple como que el artículo se lea. Si pocos o casi nadie le echan un vistazo el trabajo ha sido prácticamente inútil. Una reflexión personal que sin duda es un ejercicio saludable pero que no se “comparte”, queda en dique seco.

Está probado que palabras clave en el titular como puta, o hijo de puta, coño, sexo o caca atraen numerosas visitas. Arrasan. Mientras un artículo pensado y comprometido puede pasar totalmente desapercibido.

Hoy mismo, la revista Materia cuenta que “Los periódicos prefieren publicar noticias sobre investigaciones de peor calidad”. Un análisis de las investigaciones médicas que reciben la atención de los grandes medios muestra que los de peor metodología resultan más atractivos que los que ofrecen resultados más rigurosos, concluye.

La competencia es mucha. Una persona apenas puede leer ya todo lo que se publica, ni siquiera todo lo que se recomienda, porque no haría otra cosa en su vida. Hay que llamar la atención, enganchar con el título al menos al lector que pasa por allí. Darle productos digeribles para que no “se canse”.

Se diría por tanto que la sociedad se está nutriendo de temas sensacionalistas o al menos triviales. Que igual está perdiendo dos de los viejos tres grandes pilares de los medios: informar y formar. Le queda entretenerse. En casi todos mis libros insisto en que así tenemos la sociedad más entretenida de la historia. Entretenida, distraída de lo esencial.

He dudado si escribir hoy de esto. Todavía estamos muchos entristecidos por el falso documental sobre el 23F de Jordi Évole este domingo en La sexta. Pero el caso es curioso. El periodista no necesita en absoluto hacerse un hueco: tiene a la audiencia entregada desde el principio. Muy bien publicitado, su programa congregó ante la pantalla a casi la cuarta parte de la audiencia total de la televisión (un 23,9% de share). Casi –sin alcanzarlos- como algunos , sin ir más lejos, de mis últimos reportajes de Informe Semanal, por cierto. Y lo cito como ejemplo de que, solo hace 5 años, vivíamos otros tiempos. Todos, incluso el mítico programa hoy arrojado a las cloacas de la inmundicia por el PP.

5.200.000 espectadores seguimos a Évole. Ha demostrado hasta ahora ser un magnífico periodista, un entrevistador incisivo y respetuoso. Un modelo. Quiso hacer –lo dijo anoche- un experimento, una broma con el 23F, dado que los papeles siguen clasificados y no se puede contar con ellos para informar realmente. Se prestaron a la trama grandes políticos y periodistas, grandes y  menos grandes. Demostraron que son unos maestros en el arte de mentir.

Vivir el 23F fue muy duro. Corrían listas de ajusticiables. Hubo personas que quemaron papeles comprometedores según han contado en las redes sociales. Tuvimos mucho miedo. Sobre todo porque el anterior golpe de Estado llevó a una guerra civil y a 40 años de dictadura. Era volver a caer en el pozo y gritamos desde el fondo de las entrañas que no, que no nos merecíamos repetirlo, y mucho menos nuestros descendientes. En la larga noche en la que recorría Zaragoza para mandar informaciones a TVE, con los tanques de Milans del Bosch por las calles de Valencia, me paré a escribir un poema para mi hijo que entonces tenía 4 años. Por si acaso pasaba algo.

Han pasado 33 años, sí. Comentan algunos que no tenemos sentido del humor, ni aprecio por la innovación de los medios. ¿Qué innovación? La guerra de los mundos de Orson Welles en 1938 no ha sido superada ni de lejos nunca más.

Pero sobre todo es que no vivimos precisamente en una democracia que haya erradicado el miedo a los viejos fantasmas. Los viejos fantasmas están ahí, con mando en plaza.

Al final, todo se salda como suele hacerse ahora: unos a favor, otros en contra. Tablas. Equidistania en estado puro. Elija Vd. según su gusto y no más profundizaciones que hacen pupa.

Ando escribiendo el artículo que publico este martes en eldiario.es. Trata de un tema muy serio y trascendental: la justicia. Dan tentaciones de cambiarlo por éste. Tendrá más “éxito”, más lectores. Llegará a más gente que es de lo que se trataría. No lo voy a hacer. Éste va para el blog. Y el de la justicia se queda para eldiario.es.

Ahora bien, había pensado titularlo “Una sociedad ávida de sensacionalismo”. Aunque no sea el caso en concreto de la mayoría que seguimos a Jordi Évole guiados por su trayectoria, sí es la tendencia en la que educan a la sociedad. Con sus consecuencias bien palpables. Pero voy a optar, en este caso, por captar lectores. Se queda con Puta, hijo de puta, coño, sexo y caca. A ver qué pasa. Un experimento.

La prensa convertida en Reyes Magos para el gobierno

Los Reyes Magos han llegado ya para el gobierno y sin duda los esperan con igual generosidad los medios ávidos de un salvavidas de manos de aquellos que tienen, por mandato electoral, la llave de la caja fuerte.

De la entrega de diarios como ABC o La Razón  es innecesario hablar, más penoso es encontrarse –al levantarse de una inocente siesta- que andamos atando los empleos con longanizas o que nos gobierna la crema de la intelectualidad. Vayamos por partes…

EL MUNDO hace su tradicional lista de los personajes del año. Sobre quién elabora el ranking y con qué datos yo no encuentro nada, pero sí que hay muchos políticos –qué cosas- entre los españoles de pro. ¿Y quién es el primero de todos?, Sí…

1) Mariano Rajoy

“El año 2014 se inicia con la expectativa de ser clave: el ejercicio que marque el inicio de la recuperación. Al menos así lo espera, y lo anuncia, Mariano Rajoyapoyándose en datos que todavía no perciben los ciudadanos pero que el Gobierno ya considera sólidos.

De que este vaticinio se confirme depende el futuro de muchos españoles, incluido el propio presidente. Si los pronósticos optimistas se concretan, Rajoy y su partido podrán concluir el mandato con la comodidad natural de quien goza de mayoría absoluta, e incluso aspirar confiados a una reelección en la que las esperanzas económicas pesen más que los escándalos de corrupción, las promesas incumplidas, las salidas de tono de los ministros y la merma de derechos sociales que han jalonado sus primeros dos años de mandato”.

Seguid viendo, con extremo cuidado si sois espíritus sensibles.

Pasemos ahora a EL PAÍS, el periódico global.

Abre -en el momento en el que escribo- con una “noticia” titulada “El trabajo que viene”. Distribución, consumo, logística, tecnología y automoción tirarán de la contratación, añade en subtitulo. Y empieza así de bonito:

“Año nuevo, empleo nuevo. Esa sería la mejor noticia a recibir para los casi seis millones de personas que figuran en las listas del paro en España. Empieza a haber motivos para la esperanza. En el tercer trimestre de 2013 el desempleo bajó en 72.800 personas, cambiando la persistente tendencia alcista de estos últimos años de crisis y el año se ha cerrado con una caída del paro registrado y con la menor destrucción de empleo de toda la crisis. Diciembre ha sido un buen mes para el empleo y es posible que este mes haya más cotizantes que en enero del año pasado, la primera mejora interanual desde que empezó la crisis.

Con una tasa de paro rozando el 26%, se antoja demasiado pronto para lanzar las campanas al vuelo. Sin embargo, las previsiones apuntan hacia una cierta mejora durante el año que ahora comienza. “Los indicadores macroeconómicos reflejan que la tendencia positiva que iniciamos en el último trimestre de 2013 continuará en 2014. Nuestro país experimentará una mejoría gracias al tirón del sector exterior, el control de la inflación y el aumento de la inversión extranjera”, sostiene Enrique Sánchez, presidente de Adecco en España y Portugal. La empresa de recursos humanos asegura que desde el pasado mes de agosto la curva de la contratación temporal no ha dejado de crecer por primera en esta crisis, una buena noticia.”…

Aclaro que Adecco, a quien la autora de este reportaje llama “empresa de recursos humanos”, es una ¡¡¡ETT!!!

Ni una línea, en la larga extensión del artículo, dedicada a matizar o poner en cuestión la calidad del trabajo o el drama de nuestro mercado laboral. Periodismo en vena, vamos. La necesaria crítica al poder en ambos ejemplos.

Que a Vds les traigan los Reyes Magos un feliz 2016 como nos desea Carne Cruda Radio. Qué menos.

Periodistas ¿De qué os sirvió tragaros el plasma?

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Cuando creemos que no puede ser mayor el lodazal en el que andamos metidos –véase, caso Miguel Blesa-, ni llegar a más la iniquidad del individuo que ocupa La Moncloa, el PP da otra vuelta de tuerca. Sin duda Mariano Rajoy accedió a la presidencia del gobierno con la legitimidad que otorgan, unidos, los votos y la ley electoral española, pero cabe preguntarse si todo lo que está sucediendo desde entonces tiene el mismo sentido democrático.

Con unos síntomas de corrupción realmente aberrantes que comprobamos a diario, el gobierno del PP ha ido cortando servicios esenciales que son derechos ciudadanos. Estamos viendo actuaciones judiciales increíbles en un país serio y decente. El gobierno anda acotando también las libertades con sus leyes represivas –Reforma Código Penal, Seguridad Ciudadana, Seguridad Privada-. Faltaba el derecho a la información.

Los periodistas que tragaron con su comparecencia en plasma –y allí vimos hasta a representantes electos de este colectivo-, ahora ven consolidada la tendencia apuntada: Rajoy elige quién le pregunta (ABC en general, como ya pasó) y… ¡¡lee la respuesta!! ¡¡La trae preparada!! Dentro de poco se hará el mismo también la pregunta. Leída, naturalmente.

Eldiario.es en el que me honro en colaborar ha anunciado que no asistirá a estas falsas ruedas de prensa. Así lo aclara su director, Ignacio Escolar:

Desde eldiario.es nos reafirmamos en lo que ya dijimos hace unos meses a nuestros lectores: no vamos a acudir a ninguna falsa rueda de prensa donde los periodistas no puedan cumplir con su trabajo con libertad. Si el presidente del Gobierno quiere leernos algo, que nos mande la nota por correo. Si La Moncloa quiere público en la sala de prensa para aparentar normalidad, que contrate unos extras”.

Está siendo bastante debatida esta nueva humillación inferida a los periodistas. Pagan en muchos casos las servidumbres políticas y/o los agobios financieros de sus medios. Los auténticos responsables son los dueños y directores de esos medios, pero ¿y los periodistas? Les disculpan y se autodisculpan porque son trabajadores que tienen que comer, no héroes. Pero…

¿De qué les sirvió el acatamiento y la dejación de sus deberes a los trabajadores de la Radiotelevisión valenciana? ¿De qué les ha servido a todos los de los medios cerrados y ERE-rizados? ¿De qué sirvió tragarse el plasma?

Pues es bastante evidente, para que ahora el individuo de La Moncloa y todos sus cómplices en el gobierno se sirvan de los mamporreros para cortar la libertad de información. Esta progresión no se detiene nunca cuando se traga, siempre va un paso más allá y otro y otro. Lo previsible por tanto es quedarse sin el pan para mañana y, en ese mismo paquete, sin dignidad.

No es fácil, lo sé. Por experiencia incluso. Y a veces se sale magullado en algún sentido. Este país con una democracia de rigor tan laxo nos ha brindado estas experiencias prácticamente siempre. En general el poder tiene esa tendencia, lo que ocurre es que en los países democráticos, con sociedades maduras, se sobreponen a sus instintos y no sacan tanto la mordaza. Aquí las están aplicando todas.

La táctica Berlanga de la dictadura española, entre otros métodos, solía ser una buena guía de evasión de la censura en los tiempos más duros para la información libre. La precariedad actual de los periodistas, la complica. Pero ceder ante los atropellos es siempre la peor de las salidas. No es una salida, de hecho.

no hay salida

¿Y si el PP legislara que hay que colgar por los pies a los pelirrojos de 5 a 7?

Lo comenté hace unos días en Twitter, a raíz de la Ley Mordaza, y la gente aseguró que cuantos no fueran pelirrojos mirarían para otro lado. Muy probablemente. El resto de los partidos harían declaraciones y preguntas parlamentarias. Y en Europa diversos organismos mostrarían su seria preocupación. Pero empiezo a pensar que también los afectados, los pelirrojos, mostrarían una actitud parecida, dado que ya está ocurriendo. Varias leyes y actuaciones que ha llevado a cabo el PP son igual de arbitrarias que el asunto de los pelirrojos, igual o más dañinas, pero se contemplan como ejercicio del poder.

En ese caso pues, también les permitiríamos que dictaran una norma por la que los hombres solo pudieran comer los días pares y las mujeres los impares. Lo que quieran. Seguro que habría quien defendiera que “no se puede hacer otra cosa” y “es lo que toca”. Como si de vez en cuando nos atacara un virus maligno, irremediable. Y aunque vieran comer a cuatro mandíbulas a las élites que se autodesignan a sí mismas como tales.

Pero es malo caminar contracorriente. Una costumbre que a mí me afean desde hace muchos años. Una se topa con masivas reuniones de periodistas, con periodistas de renombre como interlocutores, y comprueba que no está en la corriente que se lleva.

He sabido así que el periodismo no puede ni debe hacer nada para detener el robo de la sanidad pública. Pongamos este caso que es extensible a la educación, a todos los servicios públicos, a sueldos, pensiones, derechos y libertades. Cada periodista, “como ciudadano” vota y puede acudir o no a la marea blanca o a la que quiera. Uno vota y ya está. Si el gobierno decide colgar por los pies a los pelirrojos -un ratito- no pasa nada, hay que esperar cuatro años –o los que resten- y votar a otro, o al mismo si les resulta decorativa la imagen de gente suspendida por los pies.

Es “política” hacer crítica al sistema hablando, expresándolo; no lo es apoyar al sistema con los hechos -haga lo que haga- y siendo muy objetivos en las expresiones. No, eso no es política.

Y en estas condiciones ¿la sociedad está informada? ¿También de lo que le atañe?

¿Puede un periodista descansar con su voto como ciudadano aunque vea que los otros ciudadanos no saben -a través del periodismo- lo que les ocurre y por qué?

Del periodismo como compromiso social, de eso ya… ni hablamos.

Pero el camino errático no lleva a parte alguna. No se resuelven los problemas ante el ingente número de personas que no se mueven. Se da la nota cuando no hay nada más elegante que el silencioSe siente una como si hablara en chino mandarín del Siglo II. Y hasta se crían bilis que enferman. Y tal como están dejando la sanidad el problema se acrecienta, puede ser hasta letal.

Hablando de periodistas, hay gente que siempre cae de pie. Siempre están donde quieren estar. En el resto de los poderes, ya se sabe, se utilizan todo tipo de soportes y atajos. Ganas tontas son las de llevar la contraria.

Y, además, en España la población es mayoritariamente morena de color de pelo, hay rubios también, pero los pelirrojos escasean. Qué más darían que los colgaran por los pies ¿No?

Tres millones de británicos no podrán calentarse en invierno ¿Y en España?

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El diario británico The Independent  lo trae en portada: 3 millones de personas no podrán encender la calefacción en invierno en el Reino Unido. No podrán pagar la factura de gas y electricidad para calentarse.  Se teme que esto cueste la vida a 200 personas diarias. Especialmente ancianos que son quienes lo han denunciado. “Los precios suben, las temperaturas bajan”, define el periódico.

El neoliberalismo mata. Globalizado, podemos encontrar problemas comunes en muchos países. También en España hay ya, justo, 3 millones de pobres y otros muchos en el umbral, con menor población. Y, como en todo el mundo desarrollado, el ataque sistemático a los ancianos a través del recorte de sus pensiones y los repagos farmacéuticos los sitúa como sector destacado entre las víctimas. Pasa en España. En Gran Bretaña se quejan. Pero no es éste la única diferencia.

Como aquí, las compañías de suministro de energía han elevado drásticamente las tarifas. Al punto –dicen allí- de facturar 1.267 euros anuales por gas y electricidad como media. Y eso porque acaban de subirlas. ¿Leo bien? ¿Los británicos pagan apenas 100 euros al mes por ambos suministros? ¿Y sabemos, saben los españoles, que el sueldo medio duplica el nuestro como poco? ¿Qué nos hemos perdido nosotros?

Hay un fuerte debate en el país, además. Las seis mayores compañías van a comparecer esta semana ante el Parlamento. Se les acusa de haber actuado como un “cartel” que acuerda y sube precios, se les critica que evadan impuestos a paraísos fiscales, y se estudia un impuesto especial.

La mayoría de los políticos se muestran indignados con esta situación –aunque sin duda la han propiciado-.  Danny Alexander, el secretario jefe del Tesoro, por ejemplo, declaró: “La gente está furiosa con razón acerca de las empresas y los individuos que evitan el pago de la cantidad correcta de impuestos. Yo estoy furioso por eso. Es algo que no es aceptable en ningún momento, pero particularmente en éste en que estamos pasando por gastos difíciles “. No todos. Angela Knight, directora ejecutiva de Energía del Reino Unido, que representa a las empresas, ha dicho que sus ganancias no son excesivas y que las empresas también “están haciendo grandes inversiones en el Reino Unido y por lo tanto tienen que tener un “margen de explotación“. ¿Grandes inversiones? ¿Y en España invierten en mejoras las colegas?

La preocupación por los jubilados que no podrán calentarse ha llevado a estudiar sensibles rebajas en sus facturas. Y se prodigan las alarmas acerca de cómo influye en la salud pasar frío. El Dr Paul Cosford, director de protección de la salud y director médico del Sistema de Salud Pública de Inglaterra (PHE), explicó: “En un clima más frío, mantenerse caliente es esencial para mantenerse saludable, especialmente para los más jóvenes, las personas mayores o los que tienen una dolencia crónica, como las enfermedades del corazón y el asma. Hay una amplia gama de problemas de salud relacionados con la vivienda y el frío clima de invierno, pero, sobre todo, un ambiente interior o al aire libre frío puede empeorar los problemas del corazón y respiratorias y pueden causar la muerte.

El invierno es mucho más frío en Inglaterra que en algunos lugares de España –no en todos que buenos bajoceros se registran aquí-, pero al menos allí se habla de las consecuencias de la brutal religión del lucro a toda costa que ha impuesto el neoliberalismo que nos aqueja. En España nada. Claro que muchas personas no podrán encender la calefacción en invierno, ya pasaron así el pasado. El poder adquisitivo aún se ha mermado más ahora. Pero aquí nos dice el gobierno que la recesión se ha terminado y el inefable ministro Cristóbal Montoro se atreve a declarar que “la gente ya nota la recuperación”. De la cordura, querríamos. La recuperación de la cordura si alguna vez la tuvimos.

La máxima diferencia es ésa. Los ingleses se quejan, debaten, piensan los unos en los otros algo más que nosotros. Obligan a los políticos a mojarse. Aquí la mayoría está en la inopia. Aún así, es muy probable que 200 británicos mueran de frío cada día. En España ni nos enteráramos de cuántos.

(Gracias Gonzalo Semprúm por enlazar periódicos cada noche)

Noticias para usar la cabeza

elpais.huelga

elmundo.huelga

Quién te ha visto y quién te ve. El País y El Mundo coinciden en foto ninguneadora y destructora para “ilustrar” la huelga y manifestación contra la Ley Wert. La marea verde arrasó las calles de España y vació las aulas, pero la prensa “seria” sigue a lo suyo. Lástima ver así a El País que tanto amamos –yo sí-. Fui corresponsal en Aragón durante la Transición.

Se despide semana con los principales líderes mundiales reunidos en un Consejo Europeo en lo que los graves temas que deberían tratar quedan en segundo plano porque todos están dolidos por el espionaje que les ha perpetrado el Premio Nobel de la Paz que está al mando de EEUU, y que conocemos por el perseguido Snowden. Por cierto nuestro Mariano anda silbando a ver si evita protestar por ser también espiado su gobierno. Ahora que Obama y él eran ya amiguitos cómo le va a hacer un feo. La dignidad de España le importa un pito.

Avanzado el día y cuando el asunto era ya un clamor, Rajoy ha llamado al embajador de EEUU “a preguntarle si la NSA ha espiado a políticos españoles” aunque “él cree que no”.

En España, el sector financiero hace balance. El BBVA ha ganado un 85,8% más el trimestre pasado que en el mismo período de 2012. Caixa Bank, un 164%.

Entre tanto, en estos dos años de gloria del PP, han perdido su empleo 400.000 funcionarios, de todo tipo, sanidad, educación, todo, debilitando también los servicios que se ofrecen al ciudadano.

En el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) han despedido a 54 empleados. Los más afectados por la poda son el programa de biotecnología y las terapias experimentales.

ERC, es decir, Ezquerra Republicana de Catalunya, partido con las mayores expectativas de voto en este momento allí, ha evitado con sus votos que el Parlament exija la dimisión del jefe de los Mossos. Miembros de la policía catalán se cargaron a palos a un señor. Existen vídeos espeluznantes de los gritos del pobre hombre antes de morir. ERC prefiere escuchar los sonidos de su poltrona.

El aeropuerto de Castellón tiene goteras y humedades por falta de uso. Han de enterrar allí más de 600.000 euros de dinero público si se quiere abrir. Ahora que todos los aeropuertos están en crisis.

Las víctimas del brutal incendio de Bangladesh llevan 6 meses sin cobrar. Los familiares de los muertos o los heridos, entiéndase.

Y finalmente destaco que el PP se propone asistir a una manifestación contra el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo por haber anulado la Doctrina Parot. A mí no me representa un gobierno que va contra los más elementales fundamentos democráticos de la convivencia internacional. Si este fuera un país serio no se consentiría. Iñigo Sáenz de Ugarte firma un equilibrado artículo sobre la Doctrina Parot y la actitud del gobierno que merece leerse: La Conspiración de la AVT contra la democracia.

Acabo. Hay más pero todo esto es suficientemente ilustrativo para todo aquél que no huye de relacionar datos y sacar conclusiones. La Razón –publicación dirigida por el tertuliano más solicitado de España- considera que lo más importante que sucede, tanto como para copar portada, es que el Rey posó sin muletas.

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Las reformas del Gobierno están dando ya fruto: el que se busca

El Gobierno prosigue su ambicioso plan de reformas que pronto darán fruto. Nos lo dice todos los viernes la vicepresidenta con voz de querer ser especialmente convincente, y, cuando les toca, el resto de los miembros del Ejecutivo. Entre las muchas virtudes que adornan a este equipo sin par debemos añadir su modestia: las reformas aplicadas sin pausa ya son más que evidentes.

Comenzaron buscando que el mercado laboral español ganara competitividad. Y sí, ahora ya rivalizamos en sueldos y derechos del trabajador con los chinos y bangladesíes o, entre los europeos, con rumanos y búlgaros. Había otras formas de ganar en la competencia. Se podían haber buscado proyectos innovadores de desarrollo como país que arrasaran por su originalidad y calidad, pero se optó por la devaluación de las personas como deferencia con los empresarios en cuyas cabezas y bolsillos no entra el concepto inversión productiva. Tanto ha gustado esta reforma del PP que el FMI ha pedido que se ahonde en ella.

Esto acarrea beneficios añadidos: se reforma también la sociedad. Quien tiene preparación, arrojo y ganas se va de España y salen de las listas del paro, y los que se quedan tragan y callan ante el temor de verse aún peor. Para los más rebeldes del interior, se aplican reformas del Código Penal y se ejecutan con severidad, logrando el mismo resultado: que no píe casi nadie y pasen por ser la dulce mayoría silenciosa que, dicen ellos, todo lo avala.

José Ignacio Wert ostenta un papel fundamental en el proyecto de reformar la propia sociedad. Ha emprendido acciones de amplio alcance. Devaluar la educación para que no se cuestione nada. Menos becas y más restrictivas para reservar la formación universitaria a los hijos de la gente destinada de forma natural a mandar, los de toda la vida. Se deja también a casi 600.000 escolares (más de la mitad de ellos) sin ayuda para libros de texto con idéntica finalidad. Se reduce drásticamente la promoción de la enseñanza de idiomas y de las becas Erasmus. Aunque se impulse la movilidad exterior y el espíritu aventurero conviene que emigren atados por el desconocimiento de la lengua y vuelvan con la cabeza baja a asumir la gloria de ser español. ¿Erasmus? Eso es lo que menos interesa, una convivencia universitaria sin barreras en donde prenden costumbres tan nefastas como la de pensar.

Las comunidades autónomas colaboran de forma entusiasta con la tarea del Gobierno. Sobre todo en la desvalorización de la sanidad pública y en su privatización. Ya se quejan las asociaciones médicas de la insalubridad de los centros gestionados por empresas con afán de lucro. Hasta ratas han mostrado como evidencia. Y ya se nota también el deterioro en la salud de los pacientes. Estas moderneces de asistencia de calidad para todos son equívocas.  La enfermedad propia o de seres queridos convierte en más vulnerables a las personas y es el momento de que asuman que mantener su salud cuesta dinero –los impuestos en realidad son los diezmos para los nuevos señores feudales- y que ese bocado es apetitoso como negocio. Que se lo pregunten a González y Lasquetty en Madrid que braman iracundos por la obstrucción judicial a su empeño.

A los ancianos ya apenas se les puede exprimir sino en adquisición de bienes y servicios y en voto. A un gran estadista, como quien tenemos al frente del Gobierno, no le tiembla el pulso para llevar a cabo las reformas precisas. Por eso se les baja las pensiones “ahorrando” 33.000 millones de euros que salen de su bienestar e instándoles a morirse rápido. Por su propia voluntad o por inanición, dado en cómo les quedará la pensión conforme más vayan viviendo. O hacerse un plan privado. Además vienen muy bien al Estado cuando las cuentas se desmandan. Está pasando en Polonia, cuyo Gobierno se propone confiscar la mitad de los activos de esos planes privados de jubilación.

Con todo esto y alguna cosa más, se ha logrado transformar también los hábitos de consumo. Han regresado a niveles de hace 20 años. O más allá en el equilibrio alimenticio. Ha aumentado la ingesta de pan y ha disminuido la de carne y otras proteínas como sucedía en la posguerra. ¿Qué nos creíamos? ¿Que todos podíamos comer como los ricos? O viajar  y gastar como los ricos al modo como se ha hecho en la promoción de una candidatura olímpica que se le había apetecido al PP y a sus amigos constructores, de ésos que tienen jet privado e invitan.

El que quiera casa que la pague. Quien pretenda calentarse o refrigerarse según las inclemencias del tiempo que apechugue con su costo. Los resultados de las reformas están siendo ya muy palpables.

La vuelta a una sociedad que sabe de su condición desigual trazada por el destino ha propiciado también que toda España esté en venta. Hasta los pisos de alquiler social se han entregado a una empresa como dios manda que meterá a los inquilinos en cintura. Lo más granado de la riqueza mundial –rusa, china, venezolana, estadounidense- está adquiriendo a precio de saldo nuestros edificios históricos o esos pisos que dejó la oportuna burbuja inmobiliaria –el antecedente de las reformas del PP-. Nos vamos a volver muy cosmopolitas. Con la gente que cuenta, con la que echa por delante el dinero y no hace ascos a nada.

El diseño es perfecto ¿es posible que no se haya advertido? No se trataba de crear empleo sino de abaratarlo. Ni de solucionar otra crisis que la que hace entrar los beneficios en aluvión a ciertas cuentas corrientes. De modular caracteres para crear súbditos dispuestos a acatar lo que ordena el poder y mostrarse convencidos de que “no hay otro remedio” que el propuesto, por muy a aberrante que parezca. De tomar el bastón del mando y aporrear con él si se hace preciso.

Eso sí, en tanto las reformas de Wert y Gallardón, dan sus frutos educacionales, se echa mano de otra reforma: la de los medios de comunicación. Se trata de pagar esbirros en dinero o en prebendas que manipulen la realidad. Es rentabilísmo. O de acogotar por sus deudas contraídas a quienes no se prestan con la misma diligencia a cumplir esa labor.

La intención era refundar la sociedad no el capitalismo. Si Europa se desangra en aumento de la pobreza, aquí nos la dan incluso toreada a puyazos. Y muchos aún ríen contemplando –incluso sufriendo- el espectáculo. ¿Quién ha dicho que el ambicioso plan de reformas no está funcionado? no cabe hacerlo mejor.

*Publicado en eldiario.es

La prensa española y Madrid 2020; pecado mortal de omisión

El artículo es del periodista y profesor José Cervera y coincidó plenamente con él. Así que le cedo el espacio:

El fracaso de la candidatura olímpica de Madrid 2020 puede leerse como el fracaso del modelo de gobierno español; tal vez la puntilla para una clase dirigente social, política, económica y mediática con orígenes en la Transición. Pero si el que Madrid no haya conseguido ser sede olímpica en su cuarto intento puede poner en cuestión las motivaciones y mecanismos de la élite empresarial y política, en el caso de la prensa la duda es mucho más grave. Porque el desastre afecta a la esencia misma de lo que es el periodismo y el papel social de los medios.

En efecto, ¿para qué sirve la prensa? ¿Debe ser un reflejo fiel de la realidad, o debe recoger y amplificar las esperanzas y sueños de la sociedad a la que sirve? Si los medios se limitan a transmitir lo que ocurre sin voluntad de mejora, pueden caer en la frialdad y el desapego; si se dejan llevar por la pasión y abandonan la realidad por el activismo, dejan de ser testigos para convertirse en activistas, o peor aún; en forofos.

Si esta tercera candidatura democrática de Madrid a los Juegos ha desnudado un modelo de política y de desarrollo económico, a la prensa la ha dejado hecha astillas. Y no hablamos de opinión, ese campo donde cada columnista y cabecera debe aguantar su propia vela y justificar lo que opinó, sino de información: de lo que se supone es el meollo del periodismo, la razón de su existencia.

En general, los medios españoles han funcionado como partidarios y no como críticos, como parte y no como analistas. Se han sumado al discurso oficial y han arrimado el hombro intentando vender un proyecto en lugar de informar sobre el mismo. El resultado ha sido una mezcla tóxica de informaciones sesgadas hacia el discurso oficial con clara intención propagandística y, lo más grave, estratégicos silencios que dejaban de lado los defectos de la candidatura y las realidades de la competencia. Este cóctel torticero ha confundido a la ciudadanía haciendo que la realidad nos pillara por sorpresa. Con escasas pero honrosas excepciones, la prensa no ha contado lo que pasaba, sino lo que quería que pasara: la definición de la propaganda.

Y así hemos visto a los medios dedicarse a repetir las cifras que daba la candidatura oficial, sin cuestionarlas ni comprobarlas: 91% de aprobación por la ciudadanía, 96% fuera de Madrid; 350.000 puestos de trabajo a crear; menos de 1.700 millones de euros de inversión; 80% de las infraestructuras terminadas. Periódicos de uno y otro signo político, los unos por cercanía ideológica, los otros por mal entendido patriotismo, han actuado como propagandistas en el sentido estricto. Muchos medios digitales se han limitado a publicar de modo automático los comunicados de prensa de la candidatura repartidos vía Efe; una abdicación completa de su tarea como localizadores, validadores y jerarquizadores de la información.

Lo peor del caso es que algunas pistas permiten sospechar que los medios, o al menos los periodistas, conocían la verdad; que sabían de la falsedad de ciertos datos, que sospechaban de la veracidad de según qué declaraciones. No hablamos de los 50 votos amarrados según El Mundo que para otros pueden haber costado los Juegos a Madrid, sino de las cifras presuntamenteobjetivas. Así en algunos artículos de El País se citaban 50.000 puestos de trabajo a crear, en lugar de los 300.000 oficiales. Pero cuando estas cifras contrarias a la versión oficial aparecían era en el último párrafo de una larga información, y sin ser destacadas, ni respaldadas. Escondidas.

Los ejemplos de flagrante forofismo son demasiados y demasiado obvios, aunque alguno ha rozado el ridículo; las alabanzas de La Razón al discurso de la alcaldesa Ana Botella –”la sorpresa agradable provino de Ana Botella, natural, inglés fluido, y relajada”– están ya en el museo de la infamia informativa. No son estos flagrantes intentos de tergiversación lo más preocupante; tal vez el mayor fallo del sector medios español no haya sido un pecado de acción, sino de omisión. Lo peor no era lo que decían los periódicos, sino lo que no decían.

Como ya hemos comentado, las cifras no se cuestionaban, o cuando se ponían en duda era de modo casi subrepticio; los números se consideraban sagrados. Pero además hubo otras clamorosas ausencias. Así brillaron por su ausencia cuestiones clave como las consecuencias que podía tener la política antidopaje del Gobierno español, y la vinculación de personas relacionadas con casos de doping con candidaturas anteriores y con el partido en el poder; la proximidad personal de algunas de las candidaturas precedentes con implicados en casos de corrupción como el Caso Nóos (y con delegados presentes en Buenos Aires como Rita Barberá); el posible efecto del caso Madrid Arena tanto en las deliberaciones del COI (era una de las sedes olímpicas) como en los costes previstos; la falta de análisis críticos de la oferta propia y de las ventajas de las ofertas competidoras…

Como en otros casos de flagrante fracaso de la función periodística como la Guerra de Irak o la crisis financiera, lo peor no ha sido el fanatismo forofo de algunos, sino el silencio de todos a la hora de hacer preguntas importantes. La propaganda puede equilibrarse con la verdad, pero triunfa si enfrente no hay más que silencio. Algunos medios mantuvieron una posición crítica y cuestionaron las cifras y los mensajes de la candidatura, pero en conjunto la prensa fracasó. Y si malos fueron los mensajes torticeros de algunos, peor ha resultado el silencio de muchos. E insuficiente la crítica del puñado que ha osado ir contracorriente. Ojalá que esto sirva para que descubramos lo mucho que necesitamos a esos pepitos grillos; para que estas cosas no vuelvan a pillarnos por sorpresa.

*Publicado en eldiario.es 

 

La democracia en caída libre

Vivimos en un mundo en el que la guerra asesina ciudadanos con gases neurotóxicos, como ha ocurrido en Siria según certifican Médicos Sin Fronteras. No le quita hierro que ocurriera antes, allí probablemente y en otros lugares. Un conflicto que se inició como revuelta popular ante la tiranía de Al Assad y que derivó en enfrentamiento civil. Una conjura premeditada en opiniones que tildan de ingenua la explicación más evidente. Sea como sea en este complejo entramado de intereses y emociones, durante más de dos años la Comunidad Internacional mostró varias veces su preocupación por el conflicto, pero no hizo nada por resolverlo, ni por los miles de muertos, heridos y desplazados. Ahora –ante la gravedad de los intolerables hechos- varios gobiernos planean atacar Siria sin la ONU, dado que la ONU –para nuestro mal- es absolutamente inoperante. Como les parezca. Lo peor es que desde hace tiempo no hay diplomacia, ni juicios, ni presiones económicas disuasorias de quien puede ejercerlas, ni se cierra el grifo al gran negocio que surte armamento, solo se opta por las bombas. En ese mundo vivimos.

Perplejos nos quedamos –algunos- al ver cómo no se considera golpe de Estado a un levantamiento armado del ejército contra un gobierno salido de las urnas, el de Egipto. Ese ejército masacra a la parte de su pueblo que ideológicamente no le gusta, aunque comparta con ella postulados religiosos. Y no se puede intervenir –ni retirando subvenciones de gobiernos extranjeros por lo menos- dado el tinglado que mantienen, como parte fundamental de la economía egipcia,  esas fuerzas armadas con grandes empresas privadas norteamericanas. Y mientras la sangre inunda de nuevo las calles de la destrozada primavera árabe, sale de la cárcel el dictador Mubarak, para que no quepan dudas.

Un mundo en el que el gobierno de EEUU –el país más poderoso aún- espía a otros gobiernos y ciudadanos impunemente. Más aún, con ayudas. La persecución de Edward Snowden, a la que varios países prestaron apoyo fuera de las leyes, resulta muy ilustrativa. El gran delito del espía informático fue –recordemos- divulgar los programas “de vigilancia” de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense que transita por las vidas de cualquiera –en su país y fuera de él- con total soltura. Estamos todos a la intemperie. Menos mal, por cierto, que esto sucede teniendo en la Casa Blanca nada menos que un Premio Nóbel de la Paz. Todo un síntoma.

Todos parecen espiar a todos. Que los ciudadanos se enteren de los tejemanejes, la información, se considera un atentado a la Seguridad, y bien que lo viven en sus carnes Manning y Assange. Agentes de la Inteligencia británica entran en un periódico, The Guardian, a borrar discos duros. Retienen al novio de un periodista como coacción. Todo esto está pasando. Y en la antigua potencia rival -Rusia como cabeza- se puede llegar a pagar con la vida informar y a palos o en ocultamiento la orientación sexual no considerada ortodoxa.

En Europa andamos dilucidando si es lícito y positivo que Alemania nos lleve a todos al pairo. Mientras, su insostenible burocracia no hace otra cosa que emitir comunicados de preocupacióntambién –la eternamente “concerned” UE- ante graves hechos sobre los que debería tomar postura eficaz.

Lo de España es de nota. Siempre significando la diferencia de la caspa pegada a nuestras raíces. Estamos contemplando cómo el presidente se prepara para el curso político y segunda parte de su mandato. Es el mismo que ha elevado la deuda pública como nadie lo hizo en un siglo y aspira -en sus siempre incumplidas promesas-a dejar el paro en 2016 “solo” en un 25 % cuando lo cogió en un insostenible 22,80%. El que ha propiciado el destrozo de la sanidad pública cambiando por completo el modelo lo que puede tener consecuencias de muy difícil reversión. O de la educación. O el que ofrece a científicos y jóvenes la patada en el trasero para que se vayan de España como horizonte profesional y de vida. Y es, por encima aún de ese desastre, el que preside un partido enfangado, a cuyas escaramuzas asistimos como si fueran algo normal. Incluso en este mundo corrompido que vivimos, en muchos otros países Mariano Rajoy estaría fuera del gobierno y su partido obligado a enfrentarse de nuevo a las urnas. En cambio, lo vemos afrontar el futuro como si nada de lo sucedido fuera con él, o con ellos.

No hablemos ya del renacer de la moda franquista –brazos en alto, aguiluchos, loas municipales a los asesinatos de la dictadura- tildados de gracieta. En esa deriva dislocada hacia la ultraderecha un alto cargo del partido en el poder dice  las consecuencias de la  República condujeron a un millón de muertos” y a estas horas sigue en activo. También andan por Europa en similares aficiones a pesar del recuerdo de en qué desembocaron tales prácticas. Estamos tolerando más allá de lo tolerable, mucho más allá.

Suele recordarse como un hito que, en 1972, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon se vio obligado a dimitir por el escándalo Watergate. Por una trama de espionaje y también de corrupción económica. Claro que lo negó previamente. Y se resistió. Y cesó y persiguió a quienes pretendían esclarecer la verdad, por todos los métodos a su alcance. Legales y sucios. Por mucho más, hoy todo está aparentemente tranquilo. En EEUU, en Rusia, en Europa y varios de sus países, en la España del PP.  Un cisco descomunal sin consecuencias.

La diferencia básica entre aquella época y ésta es la sociedad que muestra tan pocos escrúpulos hacia la perversión de la democracia. Si ha aparcado su dignidad, la lógica impele al menos a obrar por egoísmo. En su suprema comodidad e ignorancia no calcula las secuelas que puede tener su actitud.  Cuando su infantilidad haya de enfrentarse a días muy duros. Las protestas en la calle de los setenta en cambio marcaron época. También hubo entonces objetivos comunes, “ingenuos” y algo más descontaminados de visceralidad ideológica.

La segunda, la comunicación masiva con masivos mensajes idénticos. Apenas independiente –particularmente en España- desinforma y surte las ideas que convienen al poder del que participa. Puede que esa ciudadanía amorfa y sumisa sea el resultado del trabajo ejercido por los medios pero cada individuo debería tenerse en más estima y buscar la realidad. Lo que le afecta a él y al bien común. Bernstein y Woodward, los periodistas del Washington Post se encontraron con enormes dificultades para llevar a cabo su trabajo pero finalmente contaron con el decisivo visto bueno de sus jefes. Hoy su periódico acaba de ser vendidos para darle un cambio bien moderno. Gran parte de los restantes en el mundo entero se enfrentan a crisis y créditos que anteponen al ejercicio del periodismo. Eso en el mejor de los casos, la manipulación deliberada es patente en algunos casos españoles.

Pero por encima de todo en el Watergate fue determinante el valor de personas con poder ejecutivo. Jueces, como John Sirica, que no se dejaron sobornar ni intimidar. Que tomaban el relevo de la dignidad cuando Nixon sacrificaba al colega molesto. Y, desde luego, políticos incluso del Partido Republicano que investigaron a fondo en el Senado qué había ocurrido y exigieron responsabilidades. ¿Dónde están hoy en parte alguna cargos con esa actitud? ¿Dónde están en España? ¿Puede ser cierto que todos avalen lo que está ocurriendo?

No hay excusas para lo que nos sucede. Ninguna. Sobre las ruinas de la democracia solo anidará la barbarie.

*Publicado en eldiario.es

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