Ya debemos un billón de euros: 270 mil millones más que en 2011

La deuda pública española se ha disparado en manos de Rajoy, sobrepasa ya el billón de euros. Su gestión nos ha ocasionado  endeudarnos en 269.913 millones de euros, un récord histórico. Mes tras mes, la deuda crece de forma vertiginosa. Solo en Julio nos alarmábamos –algunos- porque estábamos a 3.000 millones de euros de esa cifra diabólica que hoy alcanzamos. Entre mentira y mentira, el PP de Rajoy ha llegado a ella tan campante.

Es cierto que lo que llamaron crisis y cada vez aparece más claramente como una estafa, un cambio de paradigma, también incrementó la cifra notablemente durante el gobierno de Zapatero. No en su primera legislatura en la que incluso rebajó la deuda pública (ved), sino a partir del inicio oficial de la crisis con la caída de Lehman Brothers cuando las economías cayeron como un castillo de naipes. Sin embargo, España la contuvo más que otros países en nuestra situación, hasta el 68,5% en 2011, ajustado a final de 2011 en cifras definitivas en un 70,50%.

Grecia estaba en el  142%, Italia en el 120%, Irlanda, Bélgica, Francia y, curiosamente, Alemania, sobrepasaban el 80%. EEUU, el 100% del PIB. (Datos de mi libro La Energía Liberada, 2011).

Era el mazazo de la crisis. Se tomaron medidas, muy “dolorosas” dicen, recortes sin cuento. Nos han vendido recuperación ahora. De hecho las grandes fortunas se han “recuperado” muchísimo. ¿Por qué pues seguimos pidiendo dinero a este ritmo de escándalo?

El gobierno y sus medios (cómo duele calificar así al periodismo) apenas dan importancia a deber un billón de euros. Se comen las palabras de hace un tiempo de De Guindos achacando este aumento a distintos eufemismos:

Los déficit públicos acumulados, las medidas específicas como el pago a proveedores o el Fondo de Liquidez Autonómico, que facilita fondos a las regiones pagar sus deudas”, es decir que están gastando lo que no está en los escritos y que si fuera para invertir en la sociedad aún sería admisible, pero es que el endeudamiento ocurre cuando nos han restado servicios e incrementado impuestos. El Ministro de Economía aludió también como causa a “cuestiones como el programa de asistencia financiera para los bancos españoles”, vamos que seguimos rescatando bancos o regalándoles dinero.

Un aumento tan brutal de la deuda pública (ya en el 98,4% del PIB) exigiría un debate parlamentario de urgencia, una reacción de los medios y de la sociedad. El nuevo PSOE no deja de atacar a Podemos porque cuestiona el pago de la deuda. Ellos, al parecer, ven normal lo que está haciendo Rajoy, o al menos no piensan cuestionar los porqués de este incremento.

Los medios están destacando más el frenazo en la zona euro, aunque sin mencionar prácticamente los datos que aportaba anoche The Guardian: la producción industrial está cayendo en la zona euro, una media de 0,3% y preocupa que España está tirando para abajo con su descenso del 0,8%. Frente a ese dato, los medios españoles cuentan que “el negocio” industrial creció en junio. No es lo mismo.

Este jueves, en la SER, en Hoy por Hoy, el economista José Carlos Díaz apuntaba que la recesión es seria porque, además de Europa, han decrecido EEUU y Japón. Añadía que España lo tiene peor por las cifras de paro (cada día descubrimos el engaño que escondían los datos de creación de empleo con una temporalidad que los invalida) y la deuda pública cuyo escalofriante ascenso aún no se conocía.

Pero estamos en el puente de Agosto, Ferragosto que dicen los italianos, el gobierno de vacaciones y la mayoría sin ganas de pensar en grandes cosas. Aplacemos pues responder a un par de preguntas: 

¿Quiénes y cómo vamos a pagar un billón de euros que debemos a los prestamistas con sus correspondientes intereses?

¿Se puede seguir consintiendo el endeudamiento diario al que nos está llevando Mariano Rajoy?

Actualización:

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Compareció este jueves Rajoy con su séquito, presumió de sus presuntos éxitos y no dijo ni media palabra de la deuda, ni hubo periodista al parecer que le conminara a hablar de ello, quizás ni se lo preguntaron.

Hace 5 años, con la deuda en el 54% y por tanto prácticamente la mitad de las abultadas cifras que hoy manejamos, el hoy presidente decía esto:

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Rajoy consigue dejar el paro al nivel que se lo encontró

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Los medios están alborozados y la mayoría de ellos se desparraman en columnas para dar la gran noticia: tras dos años y medio de gobierno, Rajoy ha logrado volver al paro que se encontró. El registrado, aunque también la EPA refleja cambios en el mismo sentido.

Muchas cosas han quedado en el camino. Por ejemplo, ha disminuido la población activa en 651.864 personas. Con enorme alegría y disposición se han ido a la “movilidad exterior”, a conocer mundos, a ganar igual 9 euros a la hora, o 7,  en el paraíso alemán para luego ir regresando a casa, mermadas bastante las esperanzas. O a ver si exprimen un poco más a la familia porque ya acudir a apuntarse en el INEM no merece la pena.

Ocurre también que ahora el trabajo que se obtiene en España -gracias a la Reforma laboral de Rajoy- es mucho más emocionante. Nunca sabe uno cuándo, ni cuánto va a trabajar, ni cuando le van a echar, trasladar o cambiar las condiciones laborales. Solo el 4% de los nuevos contratos, por ejemplo, son indefinidos. La EPA contaba entre los empleos, al 1.200.000 personas que trabaja un día a al semana. O a los 837.000 que tan solo tienen que molestarse en ir a la empresa una hora a la semana. Claro, se cobra lo que se cobra, lo que estipula el mercado, que eso sí tras la reforma se ha quedado muy apañadito, a nivel de tercer mundo.

Las ministras de Sanidad, Ana Mato y de Empleo, Fátima Báñez, acudiendo a un festejo en foto de archivo

Las ministras de Sanidad, Ana Mato y de Empleo, Fátima Báñez, acudiendo a un festejo en foto de archivo

Báñez además ha conseguido ahorrar un montón de dinero a las arcas del Estado. Ana Requena cuenta en eldiario.es que en junio el gobierno pagó 1.945,7 millones de euros, 19% menos que en el mismo mes del año anterior. En prestaciones al desempleo, millones de personas que no encuentran nada cobran menos, y algunas no reciben subsidio alguno. Si por falta de medios, la gente palma, aún “ahorrará” más. Y su colega, otra ejemplar ministra, Ana Mato, que lleva Sanidad. No olvidéis que el dinero, nuestro dinero, se dedica a lo importante, a regalar bancos, por ejemplo, como esa Caja que ha comprado el BBVA a precio de amigos. O para aviones de combate.

El País ha elaborado este cuadro, muy claro, de esos números que representan a personas. Más del 68 % no reciben prestación, según sus datos.

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Realmente merecía la pena tanto recorte (sanidad, educación, servicios, todo), la devaluación absoluta del trabajo en España, la merma de derechos, para conseguir que nuestro gran problema, el paro, se viera solucionado por Rajoy: después de haberlo aumentado, ¡ya lo tiene como lo encontró! ¡Qué maravilla!, precarizado como dios manda, pero igual. Menos mal que hay más de 600.000 personas que, por lo que sea, ya no se apuntan al paro, porque si no a Rajoy no le cuadrarían las cifras. Pero es una persona afortunada. No hay más que ver adónde ha llegado.

El electorado sabe reconocer la gran recuperación llevaba a cabo por Rajoy y la férrea oposición socialista, y así el Barómetro del CIS de Julio refleja una nueva caída del bipartidismo.  Y un nuevo ascenso de Podemos, que se sitúa como tercera fuerza política y a solo 6 puntos del PSOE.  En la intención de voto directo los resultados son espectaculares: 12,8 PP, 11,9 Podemos, 10,6 PSOE (antes de la elección de Pedro Sánchez en la que ellos confían). Un 19% no votaría y un 18% no sabe.

Ahora bien, el PP sigue ganando. Hay millones de personas a las que les gusta la emoción y valoran estos logros. Y el servilismo, no veas.

 

Mariano Rajoy, récord histórico en demolión de un Estado Social

Autor: Artsenal

Autor: Artsenal

Quienes acusan a Mariano Rajoy de ser tonto, decir insensateces o “no haber tomado la medicación”, confunden conceptos con tierna ingenuidad. Se puede ser mediocre, acumular muy escasa cultura y curiosidad intelectual, poseer incluso poco criterio en asuntos generales y tener muy claro el objetivo de sus esfuerzos. Existen numerosos ejemplos de este tipo de personalidad, en la historia de España en particular. Mariano Rajoy sabe perfectamente lo que hace: lo que se propuso, ha conseguido destruir el Estado social y el modelo de convivencia que teníamos, en apenas dos años y medio. Un maestro con la piqueta. Va quedando menos tiempo y como, a tenor de sus actuaciones, el Parlamento le sobra, ha comenzado a esprintar.

 En el último Consejo de Ministros, el 5 de Julio, el gobierno llegó al colmo del abuso del Decreto Ley al aprobar de golpe decenas de medidas sin pasar por el Congreso. El Decreto Ley está previsto, según la Constitución, solo para casos de “extraordinaria y urgente necesidad”. Ni siquiera existe en los países con gran tradición democrática, y, cuando como Obama estos días se utiliza, piden excusas. Pero el equipo de Rajoy lo ha usado con profusión hasta llegar a este macropaquete de 172 páginas del BOE, como si hubiéramos sufrido el impacto de un meteorito de monumentales proporciones y hubiera que hacer frente a graves emergencias. Entre el sinfín de medidas, hay algunas de tan extrema y perentoria necesidad como privatizar el Registro Civil. Y de paso privatizar nuestros datos para que el Libre Mercado, o quien sea, tenga una sólida base de información. Y casi nadie se ha inmutado, eso es más alarmante aún. Algunos sí, calificando los hechos de “ escándalo democrático”. Lo es. Luego, a lo largo del martes, la oposición se plantó exigiendo al gobierno que tramite esas leyes -26- por el procedimiento ordinario. Veremos.

Curiosamente, mientras leía esta noticia, los informativos irrumpieron con la vomitona propagandística de Rajoy en FAES que los medios compraban sin rechistar. Vivimos, con su gestión, en el mejor de los mundos. La sanidad es hoy más universal que nunca. No ha acabado con el Estado del Bienestar, sino que lo ha potenciado. Más aún, en España, gracias a él, disponemos de uno como no lo tiene casi nadie en el mundo. A Rajoy no le importa pasar ni por tonto ni por mentiroso -lo revierte  a su favor-, sabe a quién dirige sus palabras. Con asegurar los votos precisos para ganar, el resto no cuenta. Nada, ni nadie cuentan, solo sus fines y los de los suyos. Y eso lo viene cumpliendo con la máxima eficacia. Inigualable.

La demolición del sistema social en el que vivíamos ha sido sistemática, programada e inapelable. La primera gran andanada se produjo en febrero de 2012, apenas iniciada la gestión, con la Reforma Laboral. Un año después 691.700 personas habían engrosado el paro y se habían destruido 850.500 puestos de trabajo, según la Encuesta de Población Activa (EPA). El número de personas ocupadas se había precipitado a mínimos, al nivel de 2002. Y así siguió.

 Todavía padecemos hoy más paro que cuando Rajoy llegó al poder, pero el gran objetivo se ha cumplido: todo el trabajo en España se ha degradado y ya es  “competitivo”, ya proporciona los beneficios necesarios a quien los tiene que tener. Somos la mano de obra barata, tirada, que ya ha descendido a rivalizar con la de los países en desarrollo. Es suprimir derechos laborales, regalar el despido y rebajar los sueldos como no suele tolerarse. Por mucho que quieran creer a Rajoy, todos cuantos hoy cobran menos que hace 4 ó 5 años mantendrán siquiera alguna duda. Un titular encantador resumía la paradoja: “Los salarios vuelven a bajar en el primer trimestre [2014] pese ala recuperación”. Sí, y los ricos son cada vez más ricos, sorprendente ¿eh?

 Rajoy, de la mano de Fátima Báñez, ha convertido en basura el empleo en España. Hemos llegado a la profunda anormalidad de que los contratos indefinidos y a tiempo completo ya no sean mayoría, como lo eran. Temporales y por horas ¿quién organiza así su vida? Trabajar ya no da para vivir, ya no saca de la pobreza. Por algo nos encontramos con la aberración de tener a un tercio de los niños españoles con necesidades incluso alimenticias. Hablamos de desnutrición (la de los niños) y de hambre (de los padres por quitárselo ellos para dar de comer a sus hijos) ¿Cómo se atreve a presumir de nada Rajoy? ¿Cómo se atreven a amparar los medios sus mentiras no aportando los datos completos? Esa indiferencia ante el daño causado aumenta el agravio.

 El siguiente paso fue empezar a desmontar la sanidad y la educación públicas. Con enorme prisa, con decisión. No les tembló la mano, no. Los prepuestos de 2013 -presentados en Abril de 2012 para no perjudicarse en las elecciones andaluzas- les daban fuertes tajos a ambos conceptos. Pero es que 6 días más tarde, añadieron 10.000 millones de merma. 28.500 empleos ha perdido la sanidad española. 24.000 profesores en los colegios, 8.000 en las universidades públicas.  Cifras récord, desconocidas en España, y solo entendibles si nos hubieran caído encima miles de obuses.  Así ha sido. Rajoy dice mantener en España un Estado del Bienestar como pocos. Siempre muy modesto, solía situarse 6 o 7 puntos por debajo de la media europea, a años luz de los países nórdicos, Francia o Alemania. Zapatero lo incrementó ligeramente, ahora no quedan ni los restos y menos dejarán si pueden.

El copago en dependencia crece un 68%… desde la crisis, nos vuelve a contar una noticia. No, todos los repagos parten de Ana Mato, otra de las ejecutoras de Rajoy. Los mismos que han llevado a pensionistas y parados a tener serios problemas para re-pagar medicamentos y por tanto se ven privados de elementos esenciales para su salud. Para dos años y medio de labor, no se puede pedir más.

 El PP que comanda Rajoy reúne una explosiva amalgama: derecha aguda e integrismo religioso, una falta de escrúpulos de dejar atónitos, ultraliberales en lo económico y con acentuadas dosis de populismo y manipulación. Son los perfectos representas del “padre estricto”, autoritario y paternalista, que definía George Lakoff en “No pienses en un elefante”. Él, ellos, saben lo que hacen. Reconstruir lo devastado por Rajoy será muy costoso. Añadamos las privatizaciones y ventas de saldo de cuanto era nuestro o el insostenible palo asestado a la investigación, al futuro, al modelo de país. Épica labor… si llega la ocasión. Porque ¿cuánto tardará en decir que la democracia ha alcanzado con él la cota del ideal soñado? ¿Se atreverá a alguna “reforma” más para que nadie, a través de “sorpresas” en las elecciones, tuerza la misión que parece creer le ha reservado la Historia?

*Publicado en eldiario.es

A este ritmo, ya sólo faltan 41 años para volver a las cifras de paro que se encontró Rajoy

Hoy las noticias resultaban realmente animosas. Baja la prima, sube la bolsa, se cree empleo por primera vez desde el inicio de la crisis en un mes de Febrero. Hasta los anuncios invitaban al consumo porque ya se ve la luz de la primavera, tras el invierno del túnel.

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Señores y señoras, el paro baja en 1.949 personas, hasta 4.812.486. Y así lo muestra este gráfico de la Cadena SER que se inicia a mediados de 2012. Mostrando cómo fue subiendo y ahora baja algo, todavía se había incrementado más desde que llegó Rajoy al poder como veremos enseguida. La afiliación a la seguridad sube en 38.694 personas, tres millones menos que en 2007.

El gobierno del PP se montó este lunes en Bilbao un foro de apoyo a sus políticas y perspectivas electorales –imagino que con dinero público-. Vino hasta Lagarde, directora del FMI,  que por cierto no se entera de la recuperación tan estupenda que estamos experimentando gracias a Rajoy y dijo que había que hacer más reformas laborales. Que no basta con haber abaratado el despido y rebajado el sueldo de todos los españoles.

Acabo de hacer un cálculo apresurado y –corregidme si me equivoco- me sale que si Rajoy cogió el paro en el 22,85% y lo tiene en el 26%, se precisan 500 meses a razón de 2.000 empleos creados al mes, es decir, 41 años, para volver tan solo a la cifra que había en 2011. Son 205 años para el pleno empleo. Eso sí, trabajando ya solo por un plato de garbanzos y catre en un barracón igual aceleramos la marcha y en un siglo nada más, ya se trabaja por la comida, pero se trabaja.

Insistamos en la cifras oficiales que son de paro registrado en las oficinas del INEM -las de la EPA son peores-. 4.420.462 parados en noviembre de 2011. 4.812.486 ahora. Mientras tanto, 17.548.230 eran los afiliados a la seguridad social, ahora 16.212.304.

Como se trata de hacer una extrapolación, simplemente para hacer visible la realidad que tanto se enmascara, para el cálculo he tomado una media de 1 millón de parados añadidos por la gestión de Rajoy. Maticemos que la destrucción de empleo fijo y a jornada completa ha sido durante el bienio Rajoy la mayor de la historia.

La ministra Fátima Báñez, portavoz de la Virgen del Rocío, se muestra muy satisfecha del logro. De Guindos en torno a un espectacular besa manos a Lagarde dijo que hemos cambiado el modelo productivo y que la recuperación ya no tiene marcha atrás. ¿I+D? ¿Industrialización? No¡, rebaja espectacular del costo de la mano de obra. Entretanto, tenemos 7 multimillonarios más en España, y el querido Amancio Ortega se mantiene firme como el tercer rico mayor del mundo. Ya lo dijo Rajoy muy firme y enfadado: el que no vea que la crisis se ha superado es porque tiene trasnochados prejuicios ideológicos. Hasta su viejo amigo El Tato lo sabe.

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¿Y si no tuvieras trabajo nunca más?

Lo dicen ya sin pudor: “ Llevará 10 años arreglar la crisis española” (Olli Reh desde la UE).  “El alto desempleo en algunos países europeos, España entre ellos, persistirá durante años” (FMI). 20 años  da la auditora PWC para volver a crear el empleo destruido. Y eso intensificando las reformas, el eufemismo neoliberal que se traduce por recortes y mermas a los ciudadanos para que unos cuantos se enriquezcan obscenamente.

El gobierno y ya prácticamente todos los medios grandes nos están vendiendo una recuperación engañosa, en la que advierten algún problemilla para curarse en salud. Una bicicleta de ruedas cuadradas que por más que no deje de ocasionar batacazos a sus usuarios –los ciudadanos- sigue en los primeros puestos de ventas. Nunca ha funcionado mejor la propaganda. Por algo es masiva y uniforme. Y porque, mientras se cae, los ilusos creen que vuelan y ya remontan.

Por el empleo en España, pues, ya nadie da un euro seriamente. Todo el que venga a cuentagotas y buena parte del preexistente será -como suelo insistir- con sus premisas, con las premisas del PP y sus colegas ideológicos: parcial, temporal, precario y abaratando el trabajo, el despido y las condiciones laborales de todos los ciudadanos. Cuando Rajoy no está ocupado en dictar propaganda para su audiencia española, presume de ello; de lo asequibles que ya somos para cualquier empresario,  como hizo meses atrás en Japón.  Avisamos, aceptar humillantes rebajas no es el final sino el principio: equivale a abrir la puerta a mayores desafueros. ¿Para qué van a pagar a nadie ya salarios ni de mil euros cuando lo pueden solventar con la mitad o menos? El plato de garbanzos y el catre como modelo de “competitividad”.

Las cifras son tozudas: el PP ha destruido en solo dos años más de 1 millón de empleos.  Rajoy cogió el paro en el 22,85% y lo tiene en el 26%. Es su obra, su propia herencia para la posteridad. Cada registro, cada EPA, arroja una nueva bofetada: cada vez hay menos gente trabajando y buscando empleo. El drama mayor es el de los jóvenes. Las cifras han pasado del 48,9% al 58%. Cargarse 9 puntos de empleo juvenil en tan corto espacio de tiempo debería llenar portadas a diario, aunque las cifras sean repetitivas y “aburran”. Y lo que viene es pura basura: tenemos el nivel más alto de contratos temporales de la OCDE, un 62,4%.

Parémonos a reflexionar. Muchos de quienes hoy están en paro, tú, usted, ya no encontrarán trabajo. Sus hijos no tendrán con qué ganarse la vida si no se van de España y fuera tampoco todo es jauja. Lo primero que perderán será el derecho a la sanidad pública. Sin haber cotizado, tampoco les pagarán pensión. Las de los abuelos –mermadas- acabarán cuando fallezcan los titulares si no son drásticamente esquilmadas mucho antes. El trabajo ya no garantiza tampoco salir de la pobreza, ni siquiera “ tener necesariamente un estándar de vida decente“. ¿Qué van a hacer? ¿Qué vamos a hacer?

Los conclaves neoliberales se muestran satisfechos: han conseguido imponer su ideario, no importa que implique un abrumador aumento de la desigualdad social. Se hace preciso visualizar que 85 personas poseen el mismo dinero que la mitad de la población mundial. En España son 20 individuos quienes atesoran la cantidad con la que sobrevive el 20% más pobre. Pero ellos no cesan, mandan a todos hacer deberes neoliberales para tener un futuro neoliberal: el de España hoy.

Hagamos deberes. Empecemos de nuevo por el abecedario. La crisis financiera actual –dejando al margen el cenagal español que añade problemas- es el resultado de haber desregulado la economía. De haber roto la separación que existía entre la banca comercial de la de inversión, la hucha del casino. Si queremos cambiar el negro futuro que nos han preparado hay que, como mínimo, volver a establecer normas. Acabar con los trucos financieros especulativos (del tipo delos CDS)  que rozan la ilegalidad y sobrepasan con creces la indecencia. Impedir el lucro a toda costa por encima de las personas, arrasando a las personas.

Hemos olvidado los pasos clave que llevan a un imprescindible cambio de tendencia. La política fiscal es básica. Los ciudadanos debemos pagar impuestos según nuestros ingresos, los ricos también. Hay que poner fin a las excepciones y la pirámide invertida. Es decir, a los paraísos fiscales, las evasiones, las elusiones, y todos los tratos de favor que propician los gobiernos del tipo del PP y en su día el PSOE.

Siguiendo con el manual: Banca Pública. En nuestro caso no tenerla -en competencia con la privada- es de auténticos idiotas. Hemos metido en algunas entidades cantidades astronómicas de dinero: 280.000 millones de euros entre créditos a fondo perdido y avales. Son nuestras. Y ahora el PP las vende para que otros hagan negocio. ¿Insisto en algunos datos? Regalamos el Banco de Valencia a La Caixa, por un euro, perdiendo 5.449 millones; Novagalicia a Banesco, un banco privado venezolano, tirando a la basura otros 8.000 millones; el Banco Gallego al Sabadell, por otro euro, tras inyectarle 245 millones. Y ahora nos vamos a dejar vender Bankia que se ha llevado el grueso del pastel, mientras muchos ciudadanos están pasando hambre. Además de empresas públicas, espacios, y todo cuanto el PP está enajenando. No es preciso por tanto ninguna medida drástica: esas empresas son nuestras total o parcialmente.

Con los nuevos ingresos, se ha de invertir en los ciudadanos, en su Estado del Bienestar que -además de crear puestos de trabajo- contiene elementos esenciales para la vida.

En España es ineludible, forzoso, vital, imperativo, sanear el manto de mierda sobre el que se asienta nuestra vida pública. Hay que poner freno a la corrupción. Un primer paso inexcusable, apremiante, es acometer una reforma en profundidad de la justicia para que acabe el escándalo de impunidad que nos devasta a diario. Vamos por el camino contrario.

Igual de necesario y urgente es ayudar también a desbrozar en la educación e información de los ciudadanos la pestilencia de manipulación mediática que padecemos.

¿Tiene todo esto -y algunas cosas más- relación con el empleo? Lo tiene, con un futuro humano también. Hay que variar el rumbo. ¿Cómo se hace? No es fácil. Exige riesgos, tenacidad e ingenio. Algunos los afrontan. En Gamonal o en la sanidad pública de Madrid con éxito. Lo único cierto es que estamos ante una disyuntiva muy clara: es o seguir aguantando esta situación, no tener o no volver a tener trabajo nunca, ni pensión, ni horizonte… o tomar las medidas que llevan al cambio. Es lo uno o lo otro. No hay más.

*Publicado en eldiario.es

Peligro, ha llegado Vd. a Madrid

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Da igual que uno viaje con la mejor de las sonrisas, llegar a Madrid, a la estación ferroviaria de Atocha, equivale a irritarse de inmediato. Deberían avisar con un gran letrero: Peligro, ha llegado Vd. a Madrid. Hace ya tiempo que averías, o ese “ahorro” que nuestros dirigentes reservan a quienes no son ellos, están paralizando los pasillos andadores. Hasta no hace mucho no hacían falta, pero también decidieron construir una nueva terminal de condiciones ¡y gasto! considerables y ahora los trenes aparcan en lo que suele llamarse el quinto pinto. El trayecto hasta la salida se lleva de este modo un buen trecho. Y ya no funciona ninguna de las vías cómodas.

La cosa no termina ahí. La parada de taxis es la más caótica del país. Son los viajeros los que deben andar con el equipaje a cuestas avanzando entre los taxis que no se mueven. Lo lógico, lo que hacen en todas partes, es cargar en las dos primeras filas. Avanzar, cargar. Lógica. Son los coches los que se mueven. En Atocha no. Un empleaducho no solo lo “organiza” de esa forma sino que, ante las reticencias, coge el pito y manda pasar a los demás “ciudadanos” para que quien proteste se quede el último. El solidario pueblo español pasa, sin pensar en los demás. Consolidando la chapuza. “Vaya a quejarse a atención al cliente”, dice soberbio. Es decir, cruce, baje, espere… Disuasorio.  Y para nada.

Pero yo me pregunto por la impresión que se lleva un turista extranjero. Viendo que nada funciona, viendo cargar sus maletas hasta a los ancianos que pierden el resuello de la caminata cargados, sorteando coches con equipaje para tomar un taxi si es el caso. Qué pensará una mente racional que acaba de llegar a la capital de un país y se encuentra ese desastre.

Hay problemas mucho más graves en España, sin duda. Madrid no es sino el síntoma. El Madrid que pierde turismo cuando el resto crece. El que pierde empleo. El que ofrece un mapamundi de socavones que pone en riesgo la integridad,  mientras su alcaldesa o su presidente lo pasan en grande en sus festejos de representación. Tenemos a Ana Botella a cuerpo de rey en Davos (Suiza) ahora mismo. Madrid aparece pues como la capital de un país que se desmorona salvo para los cuatro ricos para quienes se gobierna actualmente.

Algún día habrá que animarse a dar la vuelta a esta situación. Se empieza por tareas abarcables. ¿Cómo diría? Mandar a casa –o al spa de Portugal o el ático de Marbella siempre que se lo paguen ellos y no nosotros- a los dirigentes locales. Es un comienzo. Ese punto sólido que se precisa para hacer palanca y construir el mundo. O reconstruirlo, vaya.

 

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De qué nos quejamos

Le sorprenden a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, las protestas de estos días en España porque “no casan” con la recuperación. El conciliábulo neoliberal de alto rango se ha puesto de acuerdo para corroborarlo, desde el acomodaticio Obama a Lagarde. Se hace ineludible, por tanto, explicarles de qué nos quejamos.

Hemos entendido que, si hubieran existido más Gamonales, se habría evitado el pozo sin fondo de las inversiones públicas ruinosas que nos han hipotecado más allá de lo tolerable. No hace falta buscar mucho: la Comunidad Valenciana, por ejemplo, está llena. Desde la Ciudad de las Arts al circuito de Fórmula 1, pasando por el puerto deportivo, parques temáticos o donaciones deportivas. ¿Hablamos de la Ciudad de la Cultura gallega? ¿De las exposiciones universales? ¿De los aeropuertos inútiles que ni siquiera han visto pasar aviones? ¿De las radiales que ahora también hemos de rescatar? Si la sociedad hubiera protestado como en Burgos, nos habríamos ahorrado un buen pico.

Nos quejamos porque nos hemos encontrado con que nuestros derechos constitucionales están supeditados al pago de una deuda que, lejos de disminuir, ha crecido a niveles récords en la historia. Si hace un año ya hablábamos de que era la mayor que se había registrado jamás, comprobamos que sigue aumentando con el mismo vigor. Añade unos 10.000 millones de euros cada mes. Aún con los insufribles recortes estamos así, ¿cómo esperan, y con qué, paguemos semejante agujero?

El déficit lleva parejo camino. Porque mientras se merman sanidad y servicios esenciales, crecen los asesores como esporas. Porque el pozo bancario y una pésima gestión mantienen las arcas vacías. Añadamos la imprevisión continua de este Gobierno que le lleva lo mismo a vaciar la hucha de las pensiones como a gravar hasta los vales de comida con los que algunas empresas retribuyen a sus empleados. Recaudar, aunque se cause un perjuicio mayor.

Estamos hartos también –y mucho– de los cuentos sobre el empleo. El Gobierno de Rajoy ha elevado el paro desde el 22,85% que se encontró en 2011 al 26%. Ha destruido casi un millón de puestos de trabajo. Ésa es la verdad de los datos, y muchos lo sabemos. Que está lejos siquiera volver al número de parados con los que el PP inició su mandato. Eso sí, el objetivo se ha cumplido. Se trataba de abaratar todo el empleo en España para ser más “competitivos”. Aunque fuera a costa de una gran precarización y del descomunal aumento de las desigualdades sociales. Mucha gente es consciente, sin embargo, de que hasta llegar a trabajar por un cuenco de arroz y un catre hay mucho camino donde mejorar la “productividad”. Y ése es su único “modelo” de país. ¿Tienen otro? ¿Cuál? No lo vemos.

Es sencillamente flagrante que se atrevan a hablar de recuperación con unos seis millones de parados reales, según la EPA. Sobre todo habiendo destruido a una generación de jóvenes. A finales de 2011 nos angustiábamos porque el 48,95% de ellos no tuvieran trabajo. Ahora el paro juvenil alcanza casi el 58% y tienen el cuajo de decir que esto es el país de las maravillas.

Los ERE y despidos ya de mayores de tan sólo 45 años. El contrato temporal y por horas como gran hallazgo, lo mejor para labrarse un porvenir estable. Por eso los ciudadanos se van como nunca. La emigración ha causado una caída de la población española sin precedentes. Otro récord. Ni en la gran oleada del franquismo se registró tan elevado número. Y encima, a quienes tienen el coraje de iniciar la aventura de buscar trabajo fuera de su país les van a quitar la tarjeta sanitaria a los 90 días. Aunque no lo encuentren. Empieza a ser más que evidente lo que han hecho con una sanidad universal que sí podía pagarse.

Nos quejamos de la corrupción. Muchos ciudadanos han entendido ¡por fin! esa obviedad: es imposible edificar nada sano en semejante sustrato de podredumbre. A todos los niveles. Perplejos de ver pasar sobres, comisiones, sueldos y sobresueldos, estamos asistiendo a espectáculos que “casan mal” –en este caso sí–, pero con la democracia. No percibimos la separación de poderes, sino todo lo contrario. Y organismos solventes internacionales nos dan la razón, impelidos a intervenir por lo que están viendo.

El Grupo Anticorrupción del Consejo de Europa, el prestigioso GRECO, urge a las autoridades españolas a restablecer la confianza en las instituciones políticas y judiciales, como si hablara con una república bananera. Dedica un especial apartado a la Fiscalía General del Estado, a los fiscales. Si nosotros estamos estupefactos de los manejos que estamos viendo con la infanta Cristina, o con Miguel Blesa, este organismo internacional, también. Por eso, por primera vez en la historia, llama a “reforzar la imparcialidad” de la Fiscalía. Y a nadie se le ha caído la cara ni de vergüenza.

Nos quejamos de ver cómo dan millones de dinero público a los bancos, en una factura que no deja de crecer mientras osan hablar de recuperación. Luego los venden de saldo. El Banco de Valencia, por un euro, perdiendo 5.449 millones; Novagalicia tirando a la basura otros 8.000 millones; el Banco Gallego, por otro euro. Éste nos salió más barato: sólo habíamos metido en él 245 millones. Ahora preparan dar negocio privado con el apenas apañado –gracias a nuestro dinero, nuestra sanidad o nuestra investigación– gran pufo de Bankia. Para seguir rebuscando por las esquinas algo con lo que paliar el fiasco que nos han montado.

Nos quejamos –todavía no suficiente– de la venta de España por parcelas a fondos buitre, cuya misión no es precisamente la inversión productiva. ¿Cómo no va a ser atractivo acudir a las suculentas rebajas con las que se están desprendiendo de todo cuanto era nuestro? ¿Y quién compondrá después el destrozo que no dejan de causar? En algunos casos es ya irreparable.

Nos quejamos del enorme retroceso que en sólo dos años de gobierno han perpetrado contra los derechos y libertades civiles. De su ley del aborto alabada tan sólo por la ultraderecha francesa. De cuanto pergeña Wert en educación. De las leyes represoras de Fernández Díaz y Gallardón. De la destrucción de nuestra sanidad pública, que era una de las mejores del mundo. De sus mentiras, de que nos tomen el pelo. De sus momios y prebendas, de su autoritarismo. De su política de comunicación sectaria y manipuladora, de sus mamporreros, que están privando de la información imprescindible a los ciudadanos.

¿Empiezan a ver que algo “sí casan” las protestas? Muchos intuyen que sólo los “Gamonales” podrán detener el podrido pastel de bodas que aún nos reservan.

*Publicado en eldiario.es

La izquierda indigente cultural y los mercados no gilipollas

“Izquierda indigente cultural”. La definición procede de un empresario de derechas. Su preclaro autor dirige una concesionaria de autopistas deficitarias, mal planificadas pero mucho mejor estructuradas contractualmente para que sus fiascos los pague el Estado. Se diría que este señor le concedió una entrevista a Jordi Évole, emitida este domingo, sólo para poder decir paladeando cada sílaba: la izquierda indigente cultural. Es que la izquierda no sabe leer la Ley del Suelo de Aznar/Rato en el 98 por la que declararon prácticamente todo el suelo urbanizable. Una decisión que llevaría a astronómicos aumentos del precio de la vivienda y al inflado de la burbuja inmobiliaria. El empresario pertenece a la derecha culta, eficiente y ejemplar de este país. Los que sí saben leer y hacer contratos.

De esa misma derecha, pulida, audaz, brillante, sutil, ha salido el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Como todo el resto del Gobierno, de munícipes y presidentes de CCAA. Montoro acredita una gestión eficaz donde las haya en los impuestos para las grandes fortunas que han triplicado el número de SICAV, y, además, es una persona prolija en declaraciones afortunadas. Ahora acaba de brindarnos una nueva frase de enjundia, de mesura, de profundidad sin límites: «El PP volverá a ganar las elecciones porque “los mercados no son gilipollas”». No, él sabe que los gilipollas son los ciudadanos. Algunos, muchos, ciudadanos.

Rajoy habla para El País y cinco diarios internacionales. Foto: Ricardo Gutiérrez

Rajoy habla para El País y cinco diarios internacionales. Foto: Ricardo Gutiérrez

Nos hubiéramos quedado huérfanos de sabiduría, de democracia genuina, sin embargo, si no hubiera hablado también Mariano Rajoy, el máximo representante hoy de esa derecha extraordinaria, patrón y guía que todo pueblo merece. Tanto es así que el presidente ha sido coronado en su foto por un aura eléctrica. Seis grandes medios internacionales han estado pendientes de su lúcido y elaborado discurso lleno de ideas tan agudas como: “Tener un déficit público elevado y una deuda pública elevada no es bueno y ese es el mensaje que he transmitido a los españoles”. Por más que haya subido ambos, sobre todo la deuda, a récords históricos. Hemos podido leerlo apenas repuestos de este gran hallazgo intelectual: “Creo que hay mucha gente que ha perdido su puesto de trabajo en los últimos años. Lógicamente esas personas tienen más dificultades…”.

Pero lo que realmente el presidente del Gobierno español –o eso creíamos– quería comunicar era que él está para lo que está, nada más: “Lo que más me preocupa es que Alemania tenga claro adónde vamos”. Pobre, lo suyo es ofrecer al mundo su peculiar versión de la realidad, tan deformada día tras día, que se diría padece delirios de mentira compulsiva o… tiene la cara de cemento. Para negar que recibe sueldos en B de una contabilidad B de la que el juez Ruz ve indicios claros, aunque sí admite sobresueldos en A, “como en todas partes” y porque ellos lo valen. Está, sobre todo, para dictar leyes represoras que están causando estupor en Europa, como si no conocieran a la derecha española, reserva inquisitorial del mundo desde los tiempos de Torquemada.

El gobierno de España se lo deja a Merkel, echando un rezo o un puro para que acierte. De momento no lo ha hecho y mucho menos su delegado en la colonia española del sur, Mariano Rajoy. Aunque, según se mire, porque hay gente realmente contenta con la gestión, como hemos ido viendo.

Los mercados no son gilipollas; la izquierda, sí, indigente cultural, de hecho, y la sociedad completa, sojuzgada, cretina de manual, a juzgar por los resultados. Todos los ciudadanos, sí, capaces de mantener una situación que se hace insostenible por todos los flancos y todos lo días. Debería dar qué pensar algo más que España sea hoy el sexto país de Europa con mayor número de ultrarricos. Superando incluso a Suiza. Éstos jamás entraron en la UVI –esa de la que se llena la boca el Gobierno–. En la misma puerta del fiasco financiero, les metieron una transfusión multimillonaria de la sangre que se restó y resta al conjunto de la población, aunque nos dejen exhaustos. El récord de ganancias de los mercados no gilipollas coincide con la pérdida de ingresos netos y de poder adquisitivo del común de los ciudadanos.

Al paso que vamos, haría falta más de un cuarto de siglo para que Rajoy lograra dejar el número de parados tan sólo en el punto en el que se lo encontró cuando accedió al Gobierno. El cuarto trimestre de 2011 se cerró con 5.273.600 personas desempleadas y hoy son 5.904,700, según el INE, y, en similar proporción, el resto de los indicadores. Sólo que todavía es más drástica la reducción de la población activa: 17.807,500 eran los ocupados en 2011 y 16.823,200 ahora. Quien puede, se va. El roto hecho por el PP al trabajo es desgarrador y, encima, lejos de asumirlo, presumen de él.

Depende de para quién se gobierne, desde luego. Porque el empleo ya se desarrolla con las condiciones requeridas: inestable, con sueldos míseros, despido prácticamente gratuito y ninguna garantía laboral. Con miedo y sometimiento por la precariedad. Sólo eso ha cambiado. Es decir, ayuno para la anemia de una sociedad basada en el consumo, y hoy aniquilada.

¿Han podido hacerlo mejor los Montoro, Báñez, Rajoy y toda la representación actual de la derecha española de toda la vida? Para los mercados no gilipollas, imposible. La sociedad es quien ha perdido. La izquierda no es indigente cultural sólo, es vergonzante en ética, miserable en dignidad, más tonta que un higo al menos. Porque esta derecha esperpéntica e inane está cambiando el país de arriba abajo con toda tranquilidad. Una derecha capaz de ir al funeral de Mandela mientras coloca cuchillas para rechazar emigrantes. Tozudas circunstancias que concurren cuando, precisamente, una sociedad elude ser dueña de su destino, capitana de su alma. Todo va a juego.

Las reformas del Gobierno están dando ya fruto: el que se busca

El Gobierno prosigue su ambicioso plan de reformas que pronto darán fruto. Nos lo dice todos los viernes la vicepresidenta con voz de querer ser especialmente convincente, y, cuando les toca, el resto de los miembros del Ejecutivo. Entre las muchas virtudes que adornan a este equipo sin par debemos añadir su modestia: las reformas aplicadas sin pausa ya son más que evidentes.

Comenzaron buscando que el mercado laboral español ganara competitividad. Y sí, ahora ya rivalizamos en sueldos y derechos del trabajador con los chinos y bangladesíes o, entre los europeos, con rumanos y búlgaros. Había otras formas de ganar en la competencia. Se podían haber buscado proyectos innovadores de desarrollo como país que arrasaran por su originalidad y calidad, pero se optó por la devaluación de las personas como deferencia con los empresarios en cuyas cabezas y bolsillos no entra el concepto inversión productiva. Tanto ha gustado esta reforma del PP que el FMI ha pedido que se ahonde en ella.

Esto acarrea beneficios añadidos: se reforma también la sociedad. Quien tiene preparación, arrojo y ganas se va de España y salen de las listas del paro, y los que se quedan tragan y callan ante el temor de verse aún peor. Para los más rebeldes del interior, se aplican reformas del Código Penal y se ejecutan con severidad, logrando el mismo resultado: que no píe casi nadie y pasen por ser la dulce mayoría silenciosa que, dicen ellos, todo lo avala.

José Ignacio Wert ostenta un papel fundamental en el proyecto de reformar la propia sociedad. Ha emprendido acciones de amplio alcance. Devaluar la educación para que no se cuestione nada. Menos becas y más restrictivas para reservar la formación universitaria a los hijos de la gente destinada de forma natural a mandar, los de toda la vida. Se deja también a casi 600.000 escolares (más de la mitad de ellos) sin ayuda para libros de texto con idéntica finalidad. Se reduce drásticamente la promoción de la enseñanza de idiomas y de las becas Erasmus. Aunque se impulse la movilidad exterior y el espíritu aventurero conviene que emigren atados por el desconocimiento de la lengua y vuelvan con la cabeza baja a asumir la gloria de ser español. ¿Erasmus? Eso es lo que menos interesa, una convivencia universitaria sin barreras en donde prenden costumbres tan nefastas como la de pensar.

Las comunidades autónomas colaboran de forma entusiasta con la tarea del Gobierno. Sobre todo en la desvalorización de la sanidad pública y en su privatización. Ya se quejan las asociaciones médicas de la insalubridad de los centros gestionados por empresas con afán de lucro. Hasta ratas han mostrado como evidencia. Y ya se nota también el deterioro en la salud de los pacientes. Estas moderneces de asistencia de calidad para todos son equívocas.  La enfermedad propia o de seres queridos convierte en más vulnerables a las personas y es el momento de que asuman que mantener su salud cuesta dinero –los impuestos en realidad son los diezmos para los nuevos señores feudales- y que ese bocado es apetitoso como negocio. Que se lo pregunten a González y Lasquetty en Madrid que braman iracundos por la obstrucción judicial a su empeño.

A los ancianos ya apenas se les puede exprimir sino en adquisición de bienes y servicios y en voto. A un gran estadista, como quien tenemos al frente del Gobierno, no le tiembla el pulso para llevar a cabo las reformas precisas. Por eso se les baja las pensiones “ahorrando” 33.000 millones de euros que salen de su bienestar e instándoles a morirse rápido. Por su propia voluntad o por inanición, dado en cómo les quedará la pensión conforme más vayan viviendo. O hacerse un plan privado. Además vienen muy bien al Estado cuando las cuentas se desmandan. Está pasando en Polonia, cuyo Gobierno se propone confiscar la mitad de los activos de esos planes privados de jubilación.

Con todo esto y alguna cosa más, se ha logrado transformar también los hábitos de consumo. Han regresado a niveles de hace 20 años. O más allá en el equilibrio alimenticio. Ha aumentado la ingesta de pan y ha disminuido la de carne y otras proteínas como sucedía en la posguerra. ¿Qué nos creíamos? ¿Que todos podíamos comer como los ricos? O viajar  y gastar como los ricos al modo como se ha hecho en la promoción de una candidatura olímpica que se le había apetecido al PP y a sus amigos constructores, de ésos que tienen jet privado e invitan.

El que quiera casa que la pague. Quien pretenda calentarse o refrigerarse según las inclemencias del tiempo que apechugue con su costo. Los resultados de las reformas están siendo ya muy palpables.

La vuelta a una sociedad que sabe de su condición desigual trazada por el destino ha propiciado también que toda España esté en venta. Hasta los pisos de alquiler social se han entregado a una empresa como dios manda que meterá a los inquilinos en cintura. Lo más granado de la riqueza mundial –rusa, china, venezolana, estadounidense- está adquiriendo a precio de saldo nuestros edificios históricos o esos pisos que dejó la oportuna burbuja inmobiliaria –el antecedente de las reformas del PP-. Nos vamos a volver muy cosmopolitas. Con la gente que cuenta, con la que echa por delante el dinero y no hace ascos a nada.

El diseño es perfecto ¿es posible que no se haya advertido? No se trataba de crear empleo sino de abaratarlo. Ni de solucionar otra crisis que la que hace entrar los beneficios en aluvión a ciertas cuentas corrientes. De modular caracteres para crear súbditos dispuestos a acatar lo que ordena el poder y mostrarse convencidos de que “no hay otro remedio” que el propuesto, por muy a aberrante que parezca. De tomar el bastón del mando y aporrear con él si se hace preciso.

Eso sí, en tanto las reformas de Wert y Gallardón, dan sus frutos educacionales, se echa mano de otra reforma: la de los medios de comunicación. Se trata de pagar esbirros en dinero o en prebendas que manipulen la realidad. Es rentabilísmo. O de acogotar por sus deudas contraídas a quienes no se prestan con la misma diligencia a cumplir esa labor.

La intención era refundar la sociedad no el capitalismo. Si Europa se desangra en aumento de la pobreza, aquí nos la dan incluso toreada a puyazos. Y muchos aún ríen contemplando –incluso sufriendo- el espectáculo. ¿Quién ha dicho que el ambicioso plan de reformas no está funcionado? no cabe hacerlo mejor.

*Publicado en eldiario.es

Un paseo para charlar con la mayoría silenciosa

Me he ido a ver si escuchaba a la mayoría silenciosa. El gobierno sí la oye, lo dijo la minivicepresidenta del máximo poder. Nixon también le dio enorme valor para sacudirse las protestas por la crisis social abierta a causa de la guerra de Vietnam. Casualmente cuando andaba pringado hasta las pestañas de corrupción y de prepotencia. Casualmente nada más.

Lo decía Soraya Sáenz de Santamaría sobre todo para evidenciar que la mayoría de los catalanes está con la unidad de España, porque no todos salieron a hacer una cadena humana, como nos cuenta estupendamente Angels Martínez Castells. No os lo creeréis pero a ella misma la han contado como “mayoría silenciosa”.

El PP no oye a las mayorías abrumadoras que le pidieron el cese de la invasión de Irak en aquellas multitudinarias manifestaciones del “No a la guerra”. Ni las que ahora le exigen deje de bombardear los servicios públicos del Estado del Bienestar. Sin embargo, cuando está en la oposición y con ese poderío económico del que disfrutan fleta hasta autobuses para que vengan a Madrid a protestar, cree que “todo el mundo” está contra todo lo que a ellos les molesta y se aparta de su ideología. Ahora, en su opinión, “la mayoría silenciosa” aprueba esa gestión tan estupenda que están haciendo de nuestras cosas. Elevar ya al 92,2%¡¡ la deuda pública, cuando ya pusimos el grito en el cielo no hace ni un mes porque la tenía en el 90.3 habiéndola cogido en el 69,3. Y eso en la mayor etapa de recortes que se conoce. Y con la inmundicia moral que no asola. Rajoy es plusmarquista en aumento de deuda y en tijera. Pero ¿Qué piensa la mayoría silenciosa?

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A los dueños de esta tienda no les he podido oír porque, cerrados, se han ido con su silencio a otra parte. En el mercado contiguo –vacío a las 11 de la mañana de un viernes- sí se quejaban. De que la gente no tiene no tiene dinero. De que la mayoría que puede se va a los grandes centros comerciales. Sí, esos cuya promoción se propicia.

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Esta anciana tampoco ha dicho ni media palabra cuando ha sorteado uno de los hermosos socavones de las aceras de Madrid con su bastón.

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Ni está joven cuando ha atravesado un paso de peatones con su carrito sin meter el pie el agujero.

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En el parque no pronunciaba ni palabra la gente que no podía sentarse en este banco, dado su privatizado estado.

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Estaban los mendigos habituales apostados a las salidas del metro. Con transeúntes que ni les miran. Ni les hablan por supuesto. Un señor caminaba abrazando el ABC y sus soflamas por la unidad de España y los malvados que la atacan. En las oficinas del paro la gente que acude a sellar o a mirar si hay alguna oferta de trabajo en los carteles de la pared, suele permanecer en silencio. Así veo yo a la mayoría de los 6 millones de parados reales, los de la EPA: callados. Y eso indica, incontestablemente, que todos están muy contentos con el gobierno. Como no dicen nada, debe ser así.

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Esta otra tienda ha dejado enjaulado su silencio con las persianas echadas por cierre.

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Pero sí he visto que alguien se ha manifestado en una pintada en otro lustroso banco. En voz muda, eso sí. Creo que estos han entendido los mensajes del ministro Gallardón, de Wert, de Ana Mato y del resto del gobierno.

Las mayorías silenciosas son muy suyas.  Lo mismo se quedan impertérritas  cuando unos colegas más participativos sacan las guillotinas, que les da por gritar y afilarlas ellos en un pronto. Es tan difícil escuchar el silencio.

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